El Observador de la Actualidad

 

Periodismo católico para la familia de hoy

18 de marzo de 2001 No. 297

SUMARIO

bulletEl país entero debe aceptar el desafío de respetar la dignidad, la cultura y los derechos indígenas
bulletCOLUMNA HUÉSPED Iglesia: madre y maestra
bulletLibertad sí, irresponsabilidad no
bullet¿Se hacen solos los santos? (1ª parte)
bulletMIRADA CRÍTICA Contra la mordida
bulletPANTALLA CHICA El cuarto de la abuela
bulletCarta abierta a J.J. Benítez
bulletEL TEMPLO DE BABEL Para defenderse de la televisión (II)
bulletMenú cuaresmal agradable a Dios
bulletContra el indigenismo
bulletMenú cuaresmal agradable a Dios
bulletContra el indigenismo
bulletMEXICANOS HACIA LA SANTIDAD Beato Juan Diego (1474-1548)
bulletLos diez mandamientos de la alegría
bullet
bulletORIENTACIÓN FAMILIAR Mi esposo es bisexual
bulletPINCELADAS El día más feliz

 

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“El país entero debe aceptar el desafío de respetar la dignidad, la cultura y los derechos indígenas»
Luis Morales Reyes, presidente de la CEM, arzobispo de San Luis Potosí

«Reconcíliense con Dios» (2 Cor 5, 20). Con este imperativo san Pablo nos recuerda que la necesidad que tienen los hombres de vivir en paz unos con otros no se logrará si no viven en paz con Dios. Y el Señor nos exige la otra ruta de la reconciliación, que se encuentra con la del Apóstol: «Deja tu ofrenda ante el altar y ve primero a reconciliarte con tu hermano» (Mt 5, 24).
En nuestro contexto social, local y nacional, a causa de distintos acontecimientos, estamos viviendo una situación de exasperación de voluntades, de crispación de ánimos y de violencia verbal que puede lastimar seriamente la transición sociopolítica que hemos iniciado con tanta esperanza.
«El único camino de la paz es el perdón», dice el Papa en su mensaje cuaresmal. Éste es, sin duda, un acto difícil y hasta heroico a veces. Perdón entre todos los mexicanos. Ese perdón interrumpe la espiral de odio y venganza, rompe las cadenas que atenazan el corazón de los adversarios, busca la reconciliación para cuantos esperan una coexistencia pacífica entre personas y grupos. «Amar a quien nos ha ofendido desarma al adversario y puede, incluso, transformar un campo de batalla en un lugar de solidaria cooperación» (Juan Pablo II).
Pienso que en este momento de agria controversia y mutuas descalificaciones por la marcha zapatista, son iluminadoras aquellas palabras que el Papa dijo a todos los mexicanos el 22 de enero de 1999, invitándonos a reconciliarnos y a hacer una lectura serena y objetiva de nuestra historia, enriquecida por grandes ríos culturales que no se excluyen sino confluyen en la formación de nuestra nación pluriétnica y pluricultural: «Llego a un país cuya historia recorren, como ríos, a veces ocultos y siempre caudalosos, tres realidades que unas veces se encuentran y otras revelan sus diferencias complementarias, sin jamás confundirse del todo: la antigua y rica sensibilidad de los pueblos indígenas [...]; el cristianismo arraigado en el alma de los mexicanos, y la moderna racionalidad de corte europeo que tanto ha querido enaltecer la independencia y la libertad».
«Reconcíliense con Dios»
«Reconcíliense con Dios» (2 Cor 5, 20). La concordia y la paz entre los hombres y mujeres creyentes debe terminar en la reconciliación con el Padre común. Ahí está el gran sustento de la armonía social. El papa dice: «mediante el sacramento de la Reconciliación, el Padre nos concede en Cristo su perdón, y esto nos empuja a vivir la caridad, considerando al otro no como enemigo sino como un hermano». La Cuaresma nos ofrece la oportunidad de este encuentro perdonador porque «es el tiempo favorable», es nuestro camino hacia la Pascua siguiendo los pasos de Cristo.

EL OBSERVADOR 297-1

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COLUMNA HUÉSPED
Iglesia: madre y maestra
Mario De Gasperín Gasperín, obispo de Querétaro


        El papa Juan XXIII hizo famosa la expresión Madre y maestra aplicada a la Iglesia con su famosa encíclica sobre la doctrina social cristiana. Estos títulos de la Iglesia son muy antiguos y corresponden a su misión fundamental: ser madre engendradora de hijos por la fe y educadora de pueblos mediante la doctrina del Evangelio.
        La tarea educadora de la Iglesia no se reduce a lo que ahora llaman colegios católicos o de inspiración cristiana. Esta tarea es valiosa, pero no es ni la principal ni la más importante. La Iglesia educa de múltiples formas y lo ha hecho siempre con tenacidad y eficacia. Quite aquí, o donde quiera, la obra cultural de la Iglesia y no queda sino un erial. Sobre ella otros han edificado y otros han tratado de destruirla o de negarla. La Iglesia es forjadora de pueblos y creadora de cultura. El pueblo mexicano no se explica sin la presencia educadora de la Iglesia y de santa María de Guadalupe. El corazón de México es cristiano gracias a la obra educadora de la Iglesia.
        La reciente visita de las reliquias de santa Teresita del Niño Jesús fue una manifestación de fe, de religiosidad y de promoción de valores humanos y cristianos. Hubo orden y participación de la comunidad creyente. El pueblo católico mexicano nos dio esta gran lección. Se hizo patente la solidaridad y caridad hacia los pobres, los enfermos, los encarcelados. Hubo en todos los rostros, y más en los corazones, alegría y sentimientos de paz, de perdón y de fraternidad. Cada uno pudo participar según la fe, el espíritu de sacrificio y el tiempo de que disponía.
        ¿No es esto un aporte valioso a la convivencia fraterna y a la solidaridad ciudadana? ¿No implica todo esto una contribución significativa a la democracia entendida como participación, corresponsabilidad y solidaridad? ¿Alcanzarán las autoridades a percibir en todo esto un aporte sustancial de la comunidad católica al bienestar del pueblo que gobiernan? Hay que percatarse de esto y subrayar este aporte de la Iglesia al bien común, pues aquí suele campear la sordera y la ceguera; en cambio, la lengua ha estado siempre lista para negar y denigrar. No sale sobrando la invitación a reflexionar sobre quiénes son los verdaderos contribuyentes al bienestar social. ¿Por qué tanta reticencia de las autoridades a atender a esta voz auténtica del pueblo? Aquí encontrarían apoyo para dejar de tener miedo a los vociferantes que exigen burdeles, cantinas, giros negros y salones de escándalos, que molestan a los vecinos y lastiman la dignidad humana. Un gobierno democrático exige poner a cada uno en el lugar que merece. Ésta también es una lección de Teresita.

EL OBSERVADOR 297-2

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Libertad sí, irresponsabilidad no
Por Lorenzo Servitje
Por Lorenzo Servitje
¿Puede alguien escandalizar a media noche y no dejar dormir a los demás? ¿Puede emborracharse y obligar a otros a oír sus impertinencias? ¿Puede enseñar a los niños a torturar a sus compañeros? ¿Puede incitar al robo, el odio o la violencia? ¿Puede desnudarse en un lugar público y obligar a ver su desnudez? ¿Puede enseñar a hacer explosivos y a emplearlos con fines terroristas? ¿Puede, sin razón, gritar «¡Fuego!» en un cine lleno de gente? ¿Puede invitar a mi hija a prostituirse? ¿Puede insultarme, calumniarme o difamarme?
Es obvio que estas acciones y otras semejantes no pueden justificarse en uso de la libertad de expresión. Es evidente que esta libertad está limitada por la responsabilidad de responder de todos sus actos y de no dañar u ofender a los demás. Y en muchas ocasiones la autoridad ha de intervenir para exigir esta responsabilidad y evitar que a nadie se ofenda o dañe.
Con demasiada facilidad, quienes hablan, escriben, enseñan o entretienen, hacen una defensa cerrada de la libertad de expresión: una libertad sin restricciones de ninguna especie. Y advierten de inmediato el peligro de «la mordaza» y la censura.
En toda sociedad la libertad de expresión es un derecho humano fundamental. Sin ella, el intercambio de ideas, valores y proyectos, la creatividad artística, el desarrollo científico y el progreso económico difícilmente podrían existir, y la crítica social y política, tan necesaria para una vida democrática, sería casi imposible.
La libertad entraña audacia, riesgo, creatividad, imaginación, retos y rupturas, pero la realidad de la vida exige también orden, sensatez, prudencia, responsabilidad y disciplina, cauces civilizados para la libertad. Y muchos sostienen que esa libertad de expresión, que ha de tener la responsabilidad de responder de su ejercicio y no ofender o dañar a los demás, debe asimismo contribuir, de algún modo, a su bien para justificarse socialmente.
Examinando la realidad observamos que existen ideas y valores que se oponen, pero que no se contradicen. Hace años el destacado economista Wilhem Roepke dijo que, «así como un reloj necesita no sólo un volante que regule su marcha, sino además una cuerda que lo mantenga en movimiento, así es imposible una economía satisfactoria sin un sistema de fuerzas propulsivas y ordenadoras».
Como conclusión puede decirse que la sociedad contemporánea, para asegurar una convivencia pacífica y civilizada, ha de esforzarse por respetar y sostener las ideas y valores fundamentales que le son indispensables y que, inevitablemente, han de conciliarse.

EL OBSERVADOR 297-3

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¿Se hacen solos los santos?
(1ª parte)
Carlos Francisco Vera Soto, MSpS.
Muchos de nosotros quizá nos hemos preguntado qué pasos hay que dar para llegar a la canonización. O quizá a muchos nunca se nos ha ocurrido que, detrás de cada santa y de cada santo, hay una cantidad enorme de trabajo y de esfuerzos, pues además de la vida y milagros de estas personas está la demostración de la veracidad de sus experiencias cristianas.

La Iglesia, desde sus orígenes, siempre creyó que los apóstoles y los mártires están más estrechamente unidos a nosotros en Cristo, y los ha venerado de una manera particular junto a la Santísima Virgen María y a los santos ángeles, y de ellos ha implorado la ayuda de su poderosa intercesión. A éstos pronto se agregaron otros que, imitando de cerca la virginidad y la pobreza de Cristo, tuvieron un singular ejercicio de las virtudes cristianas.
La Sede Apostólica, por la grave tarea a ella encomendada de enseñar, santificar y apacentar al Pueblo de Dios, desde tiempo inmemorial ha propuesto para su imitación, veneración e invocación de los fieles, a los hombres y mujeres que se han distinguido por la entrega de su caridad y de las demás virtudes evangélicas; y, desarrollando las debidas encuestas, en el acto de canonización solemne los declara santas o santos.
Esta práctica jurídica de la causa de canonización ha sufrido distintas transformaciones a lo largo del tiempo con diferentes leyes y sanciones. El actual pontífice, Juan Pablo II, abrogó todas las leyes antiguas al respecto y estableció nuevas normas que se hayan contenidas en la Constitución Apostólica llamada Divinus perfectionis Magister, del 25 de enero de 1983.
Siguiendo dicho documento vamos a tratar de explicar el procedimiento de canonización.

1. Fase preparatoria del proceso y proceso diocesano.
+ La persona que va a promover una causa de canonización puede ser cualquier bautizado: laico, sacerdote, religioso(a), obispo, o grupo de personas, aceptado por la Iglesia. A esta persona se le llama actor, o actores en caso de que sea un grupo el que promueve.
+ El actor nombra a un postulador, que debe ser aprobado por el obispo y que, normalmente, debe vivir en Roma para tramitar lo necesario en la Congregación para las Causas de los Santos. Puede ser postulador cualquier sacerdote, laico o religioso(a) siempre y cuando sea experto en teología, derecho canónico e historia. Las tareas fundamentales del postulador consisten en investigar la vida del candidato, para conocer su fama de santidad y la importancia eclesial de la causa y además administrar los bienes ofrecidos a ésta.
+ Al obispo del lugar en donde ha muerto el candidato es al que le compete instruir la causa de canonización.
+ Las causas de canonización pueden ser recientes o antiguas: recientes, cuando se puede probar a través de testigos vivos las virtudes o martirio del candidato, y antiguas cuando dichas pruebas se tienen que hacer a través de documentos. Las causas recientes deben introducirse no antes de 5 años de la muerte del candidato. Si se presentan 30 años después de la muerte, se consideran antiguas o históricas.
+ En toda causa (antigua o reciente) se debe preparar una biografía del candidato, que abarque, además de datos cronológicos de actividades, descripción de sus virtudes o de su martirio, sobre la fama de santidad y, en caso de que los hubiere, los milagros, sin omitir lo que pueda parecer desfavorable o contrario.
+ El obispo se dirige a sus hermanos en el episcopado informando que piensa instruir una causa de canonización, para sondear con ellos la fama de santidad y la oportunidad de la causa. Asimismo, publica en el boletín o gaceta de su diócesis sus intenciones, consultando al pueblo cristiano sobre la fama o no del candidato.
+ Se deben reunir todos los escritos publicados por el siervo de Dios y elaborar una lista (en las causas recientes) de las personas que pueden contribuir a explorar y favorecer o aun impugnar la vida del siervo de Dios.
+ Estos escritos son entregados a teólogos censores, que deben estudiar y juzgar si no hay nada en contra de la fe y las costumbres, dando sus votos. Si los votos son favorables, el obispo debe ordenar que se recojan todos los escritos del candidato que no han sido publicados o cualquier otro documento que se refiera a él. Los expertos en historia y archivística deben cumplir esta tarea y presentar al obispo, junto con los escritos recogidos, una relación detallada en donde se garantiza haber reunido todos los escritos posibles y un juicio de ellos sobre los escritos y la personalidad del candidato que emerge de dichos escritos.
+ Terminado este trabajo, el obispo entrega al promotor de justicia todo lo hecho hasta ese momento para que prepare un interrogatorio que permita indagar acerca de la vida, las virtudes, o el martirio y la fama de santidad del candidato. También recibe una lista, que ha sido preparada por el postulador, de los testigos a interrogar.
+ Durante este tiempo, el obispo avisa también a la Congregación de las Causas de los Santos y envía una breve relación sobre la vida del candidato para ver si la Santa Sede tiene algo en contra de tal causa. La Santa Sede indaga si no hay nada en contra y envía el Nihil obstat (No hay impedimento). A partir de ese momento, la causa es registrada en el Index ac status causarum de la Congregación para las Causas de los Santos y el candidato pasa a ser llamado siervo de Dios.
+ Llegado el Nihil obstat de Roma, se procede al examen de los testigos, que deberán ser, sobre todo, si es posible, familiares o parientes del siervo de Dios, o quienes hayan tenido trato de familiaridad con él; si fue religioso o religiosa, se procurará que los testigos sean en su mayoría ajenos a la Congregación a la que perteneció. Se excluirán de dar testimonio sacerdotes que hayan sido confesores o directores espirituales.
+ Además de estos testigos, llamados “ordinarios” o “de oficio”, el obispo que instruye la causa tendrá cuidado en llamar a otros que son llamados “ex officio”. Todos los testigos deponen bajo juramento de decir la verdad. Se levantan actas y se recogen todos los testimonios de manera escrita.
+ El obispo, antes de terminar todo este trabajo, debe inspeccionar la tumba del siervo de Dios, la estancia donde habitó y murió, para verificar si ha habido culto o no, y entonces debe hacer una declaración acerca de lo que se ha de observar según el decreto de Urbano VIII
1.
+Terminados estos trabajos, el obispo declara solemnemente que el proceso diocesano ha terminado; reúne todo el material, y lo envía a Roma.

2. Proceso romano
+ En este momento el postulador, en equipo con un colaborador externo, con todo el material a su disposición y guiado por el relator
2, prepara la Positio super Virtutibus, documento fundamental en el proceso.
+ Una vez terminada ésta, de acuerdo con el actor de la causa, presenta a la Congregación para las Causas de los Santos la Positio super Virtutibus que contiene las siguientes partes: presentación del relator en donde se justifica la oportunidad de la causa; marco histórico o contexto de la vida del siervo de Dios; breves biografías de las principales figuras relacionadas con el siervo de Dios: la información (parte más importante) en donde se trata de demostrar la heroicidad de las virtudes del siervo de Dios; el sumario, que es una colección de documentos y testimonios; los procesos de los escritos, y los juicios de los peritos en historia y archivística.
+ Este trabajo debe esperar su turno para ser examinado por los consultores teólogos (secretos), que deben dar su voto: favorable, suspenso (pidiendo aclaraciones) o negativo. Suelen ser ocho consultores, más el promotor de la fe. En el momento actual, una vez concluida la Positio, una causa debe esperar para ser examinada al rededor de 5 a 7 años. Cuando le llega el turno, los consultores teólogos se reúnen en un consejo ordinario para emitir su voto. El relator de la causa debe cuidar que todo el aspecto jurídico esté según las normas. El parecer de los consultores teólogos, en un documento llamado Relatio et vota, es remitido a la Congregación Ordinaria de Cardenales y Obispos (que son 12), para que estudien el material y puedan dar su voto sobre las virtudes heróicas del siervo de Dios en cuestión. Si el parecer es favorable, lo pasan al Santo Padre, pues hasta este momento todas las consultas son sólo eso. Toca al papa decir la última palabra. El Santo Padre, en una audiencia especial, declara que el siervo de Dios ha vivido heroicamente las virtudes cristianas y, por lo tanto, puede ser propuesto como modelo de vida cristiana y es declarado venerable. Los pasos que la Iglesia debe de dar han sido dados; ahora toca la “firma de Dios” mediante la súplica de un milagro por intercesión del venerable para proceder a la beatificación.

1 Urbano VIII reguló, mediante unos decretos de 1634 Caelestis Hierusalem Cives y Decreta Servanda in beatificazione et canonizatione Sanctorum de 1642, que los Siervos de Dios, no deben tener culto público antes de ser declarados beatos o santos por la autoridad papal; por eso a este decreto se le conoce con el nombre del decreto de “No culto”.
2 El relator de la causa, nombrado por la Congregación para las Causas de los Santos, es la persona encargada y responsable de guiar, junto al postulador, los trabajos de la Positio super Virtutibus.

EL OBSERVADOR 297-4

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MIRADA CRÍTICA
Contra la mordida
Por Santiago Norte
En un hecho sin precedentes, el gobierno que encabeza Vicente Fox ha lanzado una campaña contra la muy mexicana (y perniciosa) «mordida». En los medios electrónicos e impresos, así como en vallas públicas del país, están apareciendo estos reclamos a ya no ejercer más el arte de burlar la justicia —cuando de justicia se trate— mediante la compra del policía de crucero, del «tecolote», del «cuico», del «tamarindo», del «pitufo», en fin, del uniformado en turno.
El «arreglo» al que generalmente llegamos con la autoridad policiaca se extiende en la campaña a otro tipo de «acuerdos»: con funcionarios públicos de ventanillas, jueces, ministerios públicos, encargados de traer expedientes a la mesa de trabajo de los magistrados, en fin, toca la variopinta condición de corruptos de que se compone el servicio público mexicano.
La campaña tiene, a mi juicio, dos aciertos fundamentales: primero, que toma el acto de corrupción como una responsabilidad compartida; segundo, que enfoca los actos pequeños, amparados por el mexicanísimo «qué tanto es tantito», como actos torales, definitorios en la marcha del país entero. El primer acierto consiste en no cargar las tintas al servidor público, sino hacer corresponsable al ciudadano, por ejemplo, al ciudadano infractor de las reglas de tránsito. El segundo acierto tiene una raíz, por decir así, kantiana: todos los actos que cometemos, buenos o malos —en este caso malos— tienen una repercusión universal.
La comunicación sirve de muchas maneras a la sociedad. En materia de corrupción sirve claramente para mediar entre una práctica social y sus consecuencias nefastas. Así como la publicidad comercial tiende a crear necesidades, la propaganda política basada en principios morales pretende —y, si está bien dirigida, logra— cambiar hábitos. La corrupción es de todos y nos ha hecho daño a todos. Erradicarla exige agresividad, cero tolerancia, ganas de cambiar. Esta campaña tiene los ingredientes básicos. Ojalá cale hondo en la ciudadanía. Y entre los funcionarios corruptos, que son legión.

EL OBSERVADOR 297-5

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PANTALLA CHICA
El cuarto de la abuela
Grupo Inter Mirifica
En una sociedad democrática como la que estamos construyendo, sería muy sano propiciar que en casa nadie gozase de privilegios, y podríamos empezar por los aparatos electrodomésticos. ¿Por qué tantas consideraciones a la tele?
Podría decir la licuadora: «¡Cuando quieren que muela, muelo, y cuando quieren que pique, pico. Si me quieren calladita, ya está».
«Para calentar los alimentos soy más rápido que un rayo —diría el microondas—. Ayudo a servir en el momento, y me tienen un poco ignorado; en la cocina la tele es la estrella. ¿Es que ella sirve para algo?».
«Si mis dueños se cambian de casa, podrían arreglárselas sin mí, pero sin la tele nunca, ¡es la consentida!», diría con resentimiento el refrigerador.
Los tres preguntarían al unísono: «¿Para qué sirve el televisor?». La tele, sintiéndose muy agredida, respondería: «¡Para informar, para entretener! ¡Soy parte de la vida familiar!».
«¡Bah! —respondería altivo el tostador—. La gente que es gente no vive sólo de noticias y programas bobos. A ti, algún día, te mandan al cuarto de triques».
«No discutamos, por favor —diría con limpieza de intención la lavadora—. Sin mí no podría vivir la familia; la ropa sucia sería tanta que nadie podría entrar no salir de la casa; mas recordemos que todos somos iguales, todos tenemos un cable para alimentarnos de electricidad; todos estamos armados con tornillos y plásticos y, por qué no decirlo, tenemos todos muy buena presentación».
«¡Pero debemos buscar un trato igualitario! —agregaría con fuerza de octava velocidad la licuadora—. un manejo sin distinciones ni privilegios, ya que todos somos útiles para el ser humano, pues para esto nos fabricó. Por ello, no queremos más que la tele se sienta la reina... ¿Por qué no hay un cuarto de la licuadora y sí un cuarto de la tele? ¿Por qué todo el mundo le hace caravanas y callan a otros para seguirla escuchando?».
«Sí —diría el refri—. Todos a funcionar bien, y que la familia reconozca que la tele es un aparato más, y que, si no sirve para lo que fue fabricada, que la tiren; si lo que hay dentro de ella no es bueno, que la apaguen».
Muy contentos quedarían todos si la tele fuera relegada a un rinconcito, y en un espacioso lugar se colocara un cómodo sillón para que la abuelita pudiera sentarse a platicar con su familia; así, el cuarto no sería más el cuarto de la tele, sino el cuarto de la abuela.

EL OBSERVADOR 297-6

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Carta abierta a J.J. Benítez *
El P. Miguel Rivilla San Martín dirige unas palabras a quien no ha dudado en desacreditar y mitificar a nuestro Señor Jesucristo, su Santísima Madre y la Iglesia católica.
Señor J.J.Benítez: 
Tiene usted fama, dinero, un bienestar material y muchas otras satisfacciones, pero es un pobre hombre, de los más desgraciados de la Tierra, al carecer del verdadero tesoro, que es la luz de la fe cristiana.. 
Muy mal ha empleado, hasta ahora, los años que la Providencia divina le ha concedido de vida: ha dedicado todos sus esfuerzos y energías en ensuciar y enfangar las figuras de Jesucristo y su Madre, la Santísima Virgen María. Ha hecho una obra con sus libros, verdaderamente satánica: minar la fe de la gente sencilla. Satanás —según la Biblia, en la que usted dice no creer— es llamado «homicida y el padre de la mentira». Y usted continúa adelante su labor destructiva, matando almas y engañándolas con sus falsedades. Gravísimas son sus gratuitas afirmaciones, referentes al Evangelio, al decir que nueve de cada diez afirmaciones del mismo son falsas, y al negar sin más y absolutamente la divinidad de Cristo y la virginidad de su Madre la Santísima Virgen.
Confunde usted lo que es la fe con sus deducciones “racionales”, y echa por tierra todo lo que no le parece lógico ni humanamente explicable. ¿No sabe usted que PARA DIOS NO HAY NADA IMPOSIBLE? Todos respetamos su postura de ateo e increyente, pero usted se mofa y alardea de una estúpida autosuficiencia, echando aparentemente por tierra los dogmas de la Iglesia católica. Ha armado usted mucho ruido, destrozo y alboroto. Todo será inútil, créame. Muchas personas, antes que usted y como usted, han intentado, por todos los medios, a lo largo de los siglos, acabar con la figura de Jesús y su obra: la Iglesia. Han dado coces contra el aguijón. Hoy apenas nadie recuerda sus nombres y escritos, y ahí sigue Jesucristo, la Virgen y la Iglesia para irritación y confusión de los ateos y firmísima esperanza para todos los pobres pecadores.
Créame que no le deseo ningún mal. Espero que la misericordia infinita de nuestro Padre Dios, a quien usted ha perseguido con tanta saña como ignorancia, como el incrédulo y blasfemo Saulo antes de su conversión, se compadezca de usted y, algún día, le salga al encuentro en el camino de su vida y le descabalgue del caballo de su soberbia, haciéndole comprender el gran mal que ha sembrado en el mundo con sus escritos.
Ojalá que estas líneas, con mis pobres oraciones ante Jesús crucificado y su Santísima Madre, le obtengan el perdón de sus pecados y aproveche en el buen camino lo que le reste de vida.

* Fuente: cristiandad.org. Carta resumida. J.J. Benítez es el autor de la serie literaria
«El caballo de Troya» y de otros divertimentos seudocientíficos.

EL OBSERVADOR 297-7

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EL TEMPLO DE BABEL
Para defenderse de la televisión (II)
Diego García Bayardo
Diego García Bayardo
Los problemas morales que encierra la televisión no tienen su causa solamente en los programas, sino también en los elementos comerciales que los rodean. En primer lugar, los padres de familia debemos mantener una vigilancia constante de los anuncios que aparecen en la TV, incluyendo tanto la propaganda de las empresas y productos que ahí se anuncian como la de las propias compañías televisivas. Es muy común que a al mitad de una caricatura infantil pongan anuncios de la película de acuchillados que exhibirán otro día, o de la película prácticamente pornográfica que pondrán en la noche. Y escogen las escenas más fuertes para insertarlas en sus anuncios, como si nada (canal 5 de Televisa es experto en esta salvajada). Cuidado, padres de familia. Aunque sea la hora de las caricaturas es preciso mantener la vigilancia sobre los anuncios.
Merece mención especial el problema de la comercialización de productos y programas por TV. Debemos recordar constantemente a nuestros hijos que la felicidad y el bien no están en consumir todo lo que aparece en la pantalla, que las prodigiosas virtudes que parecen tener los productos en los anuncios televisivos son falsas y que los modelos y estereotipos humanos que nos trata de inculcar la TV no son reales ni realistas. También es preciso que hagamos una distinción entre lo que es un mal programa y lo que puede ser una comercialización excesiva del mismo, pues son problemas distintos, con causas diferentes y soluciones también diferentes. Muchos han criticado la famosa serie Pokémon porque miles de niños en el mundo llegaron incluso a abandonar por completo sus estudios por ver la caricatura, jugar con el videojuego, coleccionar tarjetas o figuras, etc. Sin embargo, hay que resaltar que el problema no estaba en la caricatura en sí, sino en su comercialización, en la forma en que los propios padres soltaban el dinero para comprarle a sus niños tantos productos alusivos a la serie (incluyendo algunos increíblemente caros) y en la poca vigilancia que los padres pusieron en el modo en que sus hijos ocupaban su tiempo. Aunque en esto me encuentro en disputa con muchos papás que conozco, creo que la serie Pokémon, analizada objetiva y sistemáticamente, puede ser catalogada como una de las más blancas e inocuas que han pasado por la televisión en los últimos diez años. Si pudiésemos dejar de lado el problema del significado del nombre del personaje Pikachu, ya comentado en esta columna hace poco tiempo, resultaría que muy poco más se puede criticar de la caricatura en sí. Donde la serie hizo estragos fue en su bien planeada comercialización masiva.
Otro ejemplo de que a veces lo malo no es el programa, sino su difusión y comercialización, es el caso de El chavo del ocho. Muchos padres han lanzado la alarma de que sus hijos ya no quieren hacer nada más que verlo todo el día, mañana, tarde y noche, aprovechando que esa serie sale al aire tres veces al día (¡exasperante!).
En los casos en que el programa televisivo no es propiamente dañino pero hay toda una campaña de consumo enajenante detrás, la táctica de los padres debe estar dirigida a mantener en sus hijos una sana limitación en el consumo de los productos asociados a la serie. No financiarles las compras, no dejarlos que ocupen demasiado tiempo en las cosas relacionadas con el programa, no permitir que esa diversión robe tiempo a los estudios y no dejar que el mundo de ese programa y sus personajes empiece a volverse más real para los niños que el mundo verdadero.

EL OBSERVADOR 297-8

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Menú cuaresmal agradable a Dios
Menú cuaresmal agradable a Dios
— Recetas al alcance de todos —
Mauricio Jazo, M.Sp.S.
1. TENER A LA MANO:

- Abrelatas, para abrir corazón endurecido
- Cuchillo, para cortar vicios
- Destapador, para destapar lo atorado en las relaciones familiares
- Colador, para pasar por alto las ofensas y purificar intenciones
- Mandil, para los casados

2. ABSTENERSE:
- ?Abstenerse de comer prójimo (chismes, murmuraciones, calumnias)
- ?Bajarle al condimento de desquites
- ?Evitar consumir altas grasas de egoísmo
- ?No tomar vinagre, que pone de mal genio
- ?Lavar bien el corazón, para que no se infecte de la cólera
- ?Evitar el consumo excesivo de picantes, para no enchilarse y decir maldiciones
- ?Evitar el camarón, porque adormece la conciencia, y “camarón que se duerme, se lo lleva la corriente”
- ?No tomar postres helados, que congelen el afecto
- ?Evitar comer pan de muertos -de envidia-, para que luego no te digan “que con su pan se lo coma”
- ?No echarle crema a tus tacos
- ?Evitar hacer de chivo los tamales

3. MENÚ RECOMENDADO:
- ?Como platillo fuerte: exquisita caridad para con el prójimo
- ?Caldo de atención a los desamparados y enfermos
- ?Ensalada de detalles de afecto para los suyos
- ?Pan abundante para compartir con el hambriento
- ?Vino de alegría para convidar a los tristes y desanimados
- ?Sopa de letras para escribir más seguido a familiares y amigos
- ?Sopa de zanahoria para ver con buenos ojos a los demás
- ?Pan bendito para los afligidos, ya que “las penas con pan son menos”

4. DE POSTRE SE RECOMIENDA:
- ?Perita en dulce, para ser buena persona
- ?Tuna para tapar... los defectos de los otros
- ?Yogur de guayaba para repetir... para repetir gestos de perdón
- ?Naranjas dulces y limón partido “dame un abrazo que yo te pido” (abrazar a los seres queridos, y darles besitos —de verdad, no de chocolate)

Y no olvides: “Donde come uno, comen dos” y “échale siempre más agua a los frijoles”. Comparte tu vida con los otros.
Finalmente, el chef celestial recomienda sobre todo el alimento espiritual: “El que come mi Carne y bebe mi Sangre, tiene vida eterna”.

EL OBSERVADOR 297-9

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Contra el indigenismo *Contra el indigenismo *
Por Porfirio Miranda
Cuando se habla de «conservar las culturas aborígenes» se ignora que los indios de este continente no conocían el asno ni el caballo ni la mula ni el cerdo ni la cabra ni la oveja (ni lana para hacer jorongos) ni la gallina (ni el huevo) ni el ganado bovino (ni la leche) ni el arado ni la vela de navegar ni el timón ni el hierro ni el acero (por tanto, ni el hacha ni el martillo ni los clavos ni el machete ni la sierra) y ni siquiera la rueda (por tanto, ni la carreta ni carretilla ni polea ni torno ni molino ni rueda para hilar ni rueda de alfarero). La escasez de proteínas en todo el México precortesiano era tal que los habitantes comían insectos. De hecho, un misionero describió a los indios como pajaritos delicados que si los tocas se caen. El cereal mismo, ya que no disponían de arado, no podía ser muy abundante, pues la tierra necesita voltearse para oxigenarse. ¿Y el abono?
Y bien, teniendo en cuenta los datos que he mencionado, ¿tiene algún significado la expresión «conservar las culturas aborígenes»? No puedo imaginarme al indio desprovisto de las herramientas y animales que trajeron los españoles. ¿Se puede imaginar el indio a sí mismo sin arado ni burro ni machete ni jorongo?
Pero supongamos que los indigenistas no son tan radicales. Supongamos que por cultura aborigen entienden (disimulando el absurdo) una cultura dotada ya de todas esas cosas traídas por los españoles, y lo que quieren es que la occidentalización no vaya más allá. Ahí tropiezan con duro, pues los indígenas mismos ya están demandando electricidad, teléfono, hospitales modernos, carreteras asfaltadas, presas, antibióticos, vacunas, escuelas modernas, etcétera. Todo lo cual es occidental. Entonces a los indigenistas no les queda más remedio que volver a ampliar su concepto de cultura aborigen de manera que abarque todas esas nuevas cosas (disimulando de nuevo el absurdo).
Pues bien, ahí se plantea el verdadero problema indígena que el presente artículo quisiera proclamar a los cuatro vientos. Financiar esos adelantos modernos presupone una productividad (rendimiento por hora-hombre o por hectárea) que las culturas aborígenes no pueden tener. «El agricultor africano produce sólo 600 kilos de cereales al año, en comparación con los 80 mil kilos (es decir, 130 veces más) del trabajador agrícola estadounidense» (Paul Kennedy: Hacia el siglo XXI, p. 93). El agricultor indígena mexicano produce muy poco más que al africano. Si tenemos en cuenta que los desafortunados Acuerdos de San Andrés exigen que se conserve «el modo de aprovechamiento de los recursos» y que, en efecto y objetivamente, ése es un constitutivo esencial de una cultura, el resultado sería que los indígenas tendrían que vivir de limosna perpetua suministrada por el resto del país, a menos que los indígenas estén dispuestos a abandonar las propias culturas. Este es el verdadero planteo que ordinariamente se soslaya.
La limosna perpetua es explotación invertida: los aborígenes serían los seres superiores que deberían ser alimentados y proveídos por los habitantes del resto del país. Lo cual es intolerable. Estamos obligados con los que no pueden, no con los que no quieren. En una moral verdadera la limosna es obligatoria, pero con tal que la pobreza que se trata de remediar sea involuntaria.
¿De dónde sacaron que todas las culturas deben durar eternamente? La cultura griega sólo duró 400 años. ¡La griega! Cuando el Convenio 169 de la OIT (Ginebra 1989) se pronunció por la conservación de las culturas aborígenes, dicha organización se salió del ámbito de su competencia; a la OIT le tocan los asuntos laborales, no los culturales.
El Evangelio dice «amarás a tu prójimo», no dice «amarás su cultura». Quienes sostienen que esas dos cosas son inseparables, que me digan cómo amar la cultura de los jíbaros de Ecuador Oriental que les manda colgarse al cuello un collar de cráneos humanos empequeñecidos por calentamiento en arena ardiente; que me digan cómo amar las culturas antropófagas de Africa Occidental de hoy mismo; que me digan cómo amar la cultura islámica que les niega casi todos los derechos a las mujeres; que me digan cómo amar la cultura hindú que manda quemar vivas a las viudas durante el sepelio de sus maridos, etcétera.
Es pasmoso que no se perciba que el indigenismo es pura consecuencia del disparate mítico de Rousseau sobre la bondad del hombre natural. Como los indígenas están más cerca de lo natural, a los indigenistas les resultó indudable que estaban más cerca de lo bueno. Pero Rousseau no sabía y los indigenistas pretenden ignorar que descendemos de los animales. Estar más cerca de la naturalidad es estar más cerca de la animalidad. El hombre no es un ente natural. Los antropólogos de hoy ya saben que es un ente cultural. La única definición posible de «natural» es lo que no ha sido modificado por la educación, la moral, la sociedad. Es el Imperativo Categórico (Dios) el que hace hombre al hombre al hacerlo responsable de sus propios actos. Y eso no tiene nada de natural.
* Publicado en la revista Proceso del 25 de febrero de 2001.

EL OBSERVADOR 297-10

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MEXICANOS HACIA LA SANTIDAD
MEXICANOS HACIA LA SANTIDAD
Beato Juan Diego (1474-1548)

El Vidente del Tepeyac se llamaba en la gentilidad Cuauhtlatóhuac, «El que habla como águila». Nació en el barrio de Tlayacac del señorío de Cuautitlán. Originalmente nos era presentado como un pobre macehual que se ganaba la vida gracias a muy modestas actividades, entre ellas la manufactura de petates que vendía en el mercado de Tlatelolco. La escasa educación que tendría la habría adquirido en el telpochcalli, centro de instrucción fundamentalmente para labriegos, antítesis del elitista calmecac, escuela para nobles.
En l524 fue bautizado. Contrajo matrimonio en 1526 con Malintzin, doncella que, al bautizarse, tomó el nombre de María Lucía. Ésta murió pronto, en 1529, terminando así una unión marcada por la virginidad que adoptaron los cónyuges, influida por las prédicas del padre Motolinia. Se habla de un hijo adoptivo de la pareja, quien habría escrito una apología de nuestro beato.
En diciembre de 1531 Juan Diego fue varias veces interlocutor y finalmente mensajero de la Virgen María. El retrato de la Señora del Cielo quedó prodigiosamente pintado en el burdo ayate del indígena. La narración detallada de las apariciones la encontramos en el documento Nican Mopohua, atribuido a Antonio Valeriano.
Sus últimos años los dedicó a cuidar la ermita que en seguida se construyó para venerar el milagroso ayate. LLevó entonces una vida muy espiritual, asociada con la oración y la penitencia, hasta su muerte en 1548. Su Santidad Juan Pablo II beatificó a Juan Diego en la basílica del Tepeyac el 6 de mayo de 1990. La fiesta particular del beato quedó fijada para el 9 de diciembre.
Todo hacía suponer que, cumplidos todos los requisitos, Juan Diego sería canonizado durante el tiempo jubilar conmemorativo del segundo milenio cristiano: el milagro requerido para tal efecto estaba en principio certificado. Era el caso de un drogadicto de la ciudad de México que trató de suicidarse y tuvo fractura de cráneo, a quien los médicos daban por muerto; sin embargo, sanó milagrosamente, debido a que su madre lo pidió a Juan Diego.
Pero se interpuso un cuestionamiento de don Guillermo Schulenburg, abad emérito de la basílica guadalupana, quien encontró apoyo en otras dos personas relacionadas con el culto, y el proceso se detuvo. Hacia finales de 1999 el padre Arturo Rocha Cortés, de la Comisión Postuladora para las Causas de los Santos, presentó su estudio «Documentos para servir en la genealogía del indio Juan Diego», y Miguel González Fernández, Eduardo Chávez Sánchez y José Luis Guerrero Rosado sacaron a luz su obra El encuentro de la Virgen de Guadalupe y Juan Diego, donde aportan información complementaria importante. Parece que ahora resulta que Juan Diego no sólo existió de verdad sino que fue descendiente de la nobleza de Texcoco (habría sido nieto del rey Nezahualcóyotl). Arrancó hace poco la construcción de un santuario dedicado a este beato en el cerro de Zacahuitzco, al costado norte de la basílica de Guadalupe, sobre la avenida Cantera. (J.J.G.G.)

EL OBSERVADOR 297-11

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Los diez mandamientos de la alegría
1. Pedirás al Señor la alegría cada mañana fielmente.
2. Demostrarás sonrisa y paz aun en caso de desagrado.
3. Te repetirás en tu corazón: «Dios, que me ama, está siempre presente».
4. Te aplicarás constantemente a ver el buen lado de las gentes.
5. Desvanecerás la tristeza, sin piedad.
6. Evitarás las quejas y críticas: no hay nada más deprimente.
7. Te emplearás en tu trabajo con corazón gozoso y alegre.
8. Reservarás para las visitas una acogida siempre benévola.
9. Te animarás en las penas olvidándote de ellas totalmente.
10. Repartiendo por todas partes la alegría, tú la tendrás para ti con toda seguridad.

(Tomado del calendario «Virgen del Carmen» de AMARAC,
Apostolado mariano-carmelita)

EL OBSERVADOR 297-12

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ORIENTACIÓN FAMILIAR
Mi esposo es bisexual
Yusi Cervantes Leyzaola
Necesito unas palabras que me ayuden a resistir mi pena. A los pocos años de casarme, y ya con hijos, me enteré de que mi esposo es bisexual. Se fue con un hombre al que dice amar, pero volvió porque quiere mucho a sus hijos. Me dijo que a mí no me puede querer. Conmigo no es cariñoso, pero delante de la gente es otro. Dice que ya cambió, pero yo le encuentro revistas de homosexuales y he descubierto que está en contacto con personas así. Se quiere casar por la Iglesia —estamos casados solamente por lo civil— y yo no he tenido fuerzas para decirle que no, porque, a pesar de todo, lo amo. Me entristece amar y no ser correspondida. Él me lastima y se queda como si nada. No está capacitado para amar y no se ama lo suficiente. Nos está haciendo daño y me preocupa que cuando los hijos crezcan se den cuenta de lo que es obvio. No sé qué hacer. Ayúdame, por favor.

Tienes razón: él no está capacitado para amar. Aparte de su problema sexual, ya de por sí bastante grave, te dice claramente que no te quiere. Es más, me parece que te usa para tener una imagen de hombre normal y padre de familia. Por eso te trata de diferente manera delante de la gente, por eso quiere casarse por la Iglesia. No es por ti, no es porque pretenda una íntima unión contigo; tú lo sabes bien, ya te lo dijo: no es por amor. El matrimonio por la Iglesia es un asunto muy serio, es una donación completa y es signo de la unión de Cristo con la Iglesia. Y, por lo que dices, él no tiene intención de entregarse a ti ni podrían ser ustedes testimonio del amor para el mundo. Así que, ¿qué sentido tendría ese matrimonio?
Es más, yo creo que debes considerar cuidadosamente si es bueno para ustedes —tú y tus hijos— mantener esta relación. ¿Qué modelo de hombre y de padre les están ofreciendo a tus hijos? ¿Qué modelo de pareja? ¿Qué ambiente hay en esa casa, donde él te lastima y no le importa, donde te dice claramente que no puede quererte? Quizá lo mejor para ustedes —tú y los niños— es que te divorcies y que vivan solos, sin él, pero tranquilos. No hay de por medio un sacramento que te impida este divorcio.
Amarlo no es suficiente para construir una pareja. Y aun amándolo no debes ponerlo por encima de tu bienestar y el de tus hijos. Dices que él no se quiere, y seguramente tienes razón, pero ¿qué tanto te quieres tú? ¿Qué tanto te respetas y te das a respetar? Aunque no sea más que por la más elemental dignidad, no te debes casar con él por la Iglesia. Tú debes construir tu vida, crecer como persona, ser una buena madre. Concéntrate en eso. No dependas de tu esposo para ser feliz.

EL OBSERVADOR 297-13

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PINCELADAS
El día más feliz
Justo López Melús *
El beato Pedro Ruiz de los Paños cuenta la conversión que tuvo, siendo seminarista de Toledo, con sus amigos Ignacio y Miguel. Discutían cuál sería el día más feliz de la vida. Uno de ellos opinó que era el día de la Primera Comunión. Pedro dijo que el día de su primera Misa. El tercero dijo: «En esos días Jesucristo se nos da a nosotros. Para mí hay otro día que vale más, cuando nos damos a Él: el día del martirio». Más tarde éste fue el día más grande para don Pedro también.
Bajando el listón, unos sevillanos discutían qué suceso les haría más felices. Uno prefería viajar; otros, ser ricos; otros, una «aventurilla»... Otro, fanático del Betis, el equipo de futbol rival del Sevilla, no dudó: «Yo seré feliz si el Sevilla baja a tercera división». No dijo «si el betis gana la Copa o la Liga», sino el ver al Sevilla en tercera.
Otro del Betis, estando para morir, se apuntó al Sevilla, para que la esquela dijera que había muerto un socio del Sevilla.

* El autor es Operario Diocesano en San José de Gracia de Querétaro.

(FIN)

EL OBSERVADOR 297-14

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