El Observador de la Actualidad

 

Periodismo católico para la familia de hoy

25 de marzo de 2001 No. 298

SUMARIO

bulletEl exorcista vencedor de demonios
bullet¿Se hacen solos los santos?
bullet«No se puede imponer a toda una nación los criterios de un grupo»
bulletMIRADA CRÍTICA Evidencias conflictivas
bullet
bulletPROTAGONISTAS
bulletORIENTACIÓN FAMILIAR Falta de comunicación en la pareja
bulletPINCELADAS Tareas intransferibles

 

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El exorcista vencedor de demonios *
Maria Luisa medellín

Ana se acercó al templo, tenía días intentándolo, pero una sensación de asfixia la hacía retroceder. Esta vez no se permitió volver atrás, cruzó el umbral titubeante y confundida.
El padre Rodolfo Villarreal caminaba en el interior del recinto cuando vio a esta muchacha de semblante angustiado que no atinaba a decir palabra. Pasaron segundos hasta que el silencio se rompió.
Para ponerlo sobre aviso, Ana recogió su cabello y se descubrió la nuca. Giró un poco la cabeza y le mostró atrás de su oreja. En ambas partes tenía marcado a fuego y sangre el cabalístico 666. De la oreja de esta chica pendía un arete con la cabeza del diablo.
Dejó al descubierto sus rodillas, donde el sacerdote, atónito, pudo leer una leyenda a navaja: «Satanás».
Villarreal sacó una cruz del bolsillo del pantalón, le pidió que hiciera una buena confesión y siguiera el camino de Cristo.
Cuando puso la reliquia en la nuca de la mujer, cayó desmayada, comenzó a revolcarse y con una voz que no correspondía al desamparo de su semblante, gritaba: 'Me estás quemando'.
Todo hacía suponer la necesidad de un exorcismo. Pero dictaminar posesión diabólica no es tan simple, el caso debía pasar antes por el tamiz de la iglesia y la ciencia médica.
Pero, ¿cómo se prepara un sacerdote, a fin de cuentas hombre con limitaciones terrenas, para enfrentar el poder del maligno?
«Poniéndose en manos de Dios», responde resuelto el padre Rodolfo, hombre robusto y moreno de 1.80 metros de estatura y 50 años de edad.
En la sala de su casa en la colonia Paseo Residencial, de cuyas blancas paredes cuelgan crucifijos e imágenes religiosas, dice que la del exorcista es una labor ingrata y agotadora. Hay que vencer el miedo y la astucia del demonio -que no es poca cosa-
La lucha parecería desigual, pero desde la perspectiva religiosa, si el sacerdote es instrumento de Dios, sólo hay que asegurarse de que el elegido esté a la altura de las circunstancias.
El diablo mandará en sus terrenos, pero el derecho canónico consigna que se debe contar con la autorización del obispo para actuar. Con ella en mano, el Viacrucis del exorcista comienza. Ana tenía la voluntad de seguir cualquier camino por tortuoso que fuera, no sería peor que esos dolores que no la dejaban dormir, ese sentir que alguien dentro de ella obraba en su contra, ese ahogarse cuando trataba de entrar a la iglesia a pedir a Dios por su alma.
Los males humanos —tras una valoración física, psicológica y psiquiátrica— fueron descartados; los elementos de posesión se confirmaron. Era claro su rechazo a los símbolos religiosos y tenía una fuerza superior a la humana; quedaba la puerta abierta para atisbar en el campo sobrenatural.
Antes de expulsar los demonios, el padre Rodolfo fortaleció su espíritu. Siete días de preparación intensa: aislamiento, ayuno y oración continua. La naturaleza del encuentro lo exigía.
El pacto estaba sellado. La chica iría al templo todos los días a una hora específica. Sus familiares la llevarían y traerían, no podían permanecer en las sesiones, sólo el sacerdote, ella y dos mujeres fuertes —autorizadas por el obispo— para sostenerla si la agresividad de los entes en su cuerpo se desbordaba.
Contando éste, el padre Rodolfo acumula en su curriculum tres casos de exorcismo, aunque algunas personas se le acercan de cuando en cuando diciendo estar poseídas.
«Hay que ser cautos. A menudo la gente confunde problemas somáticos con el influjo demoniaco».
Por su experiencia, Gabriele Amorth, exorcista de la diócesis de Roma, considera que los auténticos «endemoniados» en el mundo no superan los 5 ó 6 por mil del total de personas que se confían a los exorcistas.
Pedro Garza Puente, rector del Instituto Fuego Nuevo, insiste en que el exorcista es una figura esencial del ministerio pastoral que ha sido descuidada. No se trata de un servicio macabro, mitificado por el cine, sino de dejar actuar la fuerza del Espíritu de Dios.
Una actividad recurrente de Jesús fue la de exorcista, lo recordó el Papa Juan Pablo II en una de sus audiencias en la Plaza de San Pedro.
«Fue tan claramente percibida esa labor, que la gente gritaba admirada: 'Manda incluso a los espíritus inmundos y le obedecen'».
Desde hace décadas, comenta el padre Garza Puente, en muchos seminarios se ha dejado de estudiar aquella parte de la teología que, al hablar de Dios Creador, habla de los ángeles, de su prueba y de la rebelión de los demonios.
«La disminución de exorcistas está llevando a muchas personas a dirigirse a magos, sectas satánicas y gente sin escrúpulos».
Pero la sola mención del tema causa cierto rechazo entre los sacerdotes, casi nadie se atreve a hablar.
Según la agencia católica Zenit, Juan Pablo II realizó un exorcismo hace unos meses a una muchacha de 19 años que gritaba y lanzaba injurias entre la audiencia de la Plaza San Pedro. El Pontífice ya había efectuado otros dos, uno a finales de marzo de 1982, a Francesca F., una mujer de Spoleto que después volvió a darle las gracias. Otro a principios de su pontificado, a petición del famoso exorcista Candido Amantini.
Quizá el contacto más cercano de los regios con el mundo de las tinieblas sea la escena de «El Exorcista» con el sacerdote listo para enfrentar a Satanás, bajo un haz de luz frente a la casa de Regan, la niña endemoniada.
La ficción cede paso a la realidad. El padre Rodolfo es el hombre que fortalecido espiritualmente comienza el rito en nombre de Jesucristo, invoca al Espíritu Santo, lee la sagrada Pasión y eleva cánticos y salmos.
Frente a él está Ana; sus demonios sueltan alaridos y maldicen. Ella se revuelca y las dos mujeres deben sujetarla. Ana se duerme, es una estrategia de los entes para que se detenga el exorcismo; por eso hay que obligarla a reaccionar y hacer que los espíritus no soporten más y se vayan. Para comunicarse con ellos, el manual establece ciertas preguntas: ¿cómo te llamas?, ¿por qué entraste?, ¿cuánto tiempo piensas permanecer ahí?, ¿por qué arte entraste?, si son varios, ¿cuántos son?, fuera de esto, al sacerdote le está prohibido hablar con la posesa.
El demonio es tan astuto que puede atemorizarlo si entra en diálogo, el exorcista sólo debe ordenar: «En nombre de Jesús yo te lo mando, cállate y obedece». El exorcismo tiene como punto de partida la fe de la Iglesia, según la cual existen Satanás y otros espíritus malignos que tratan de alejar a los hombres del camino de la salvación.
En este marco encuentran su puesto los exorcismos, expresión importante, pero no la única de la lucha contra el mal, explica el padre Garza Puente.
«Si en la historia se buscan revelaciones divinas, se verá que han sido más escasas. En este Siglo 21, no sólo en la pantalla y en la ficción, sino en el mundo, el diablo quiere desempeñar el papel protagónico para perdición del hombre».
La Sagrada Escritura, una cruz, reliquias de algunos santos, agua y aceite bendito son herramientas esenciales en la cruzada, que en el caso de Ana se prolongó por una semana.
Las sesiones, cuenta el padre Rodolfo, se suspendían después de horas -cuando ella o él estaban exhaustos- y reanudaban al día siguiente.
No había golpes ni gritos como alguna gente influenciada por la cinematografía pudiera pensar. El exorcista puede mandar en voz baja y mantener autoridad, eso no implica que la batalla sea fácil.
Ana vivía aterrorizada desde que se inició en un grupo de adoración a Lucifer. Como los novios se entregan anillos de compromiso, los miembros se obsequiaron aretes con la cabeza de un diablo. Hicieron un rito mágico invocando a Satanás, se consagraron a él en cuerpo y alma grabando a navaja sus símbolos en distintas partes del cuerpo, a cambio de riquezas y felicidad, pero su única «recompensa» fue perder la paz.
Conforme al rito antiguo, antes del Concilio Vaticano II se instituía como exorcista a todo sacerdote, era algo así como una orden menor. Ahora, sólo se designa a alguien para casos específicos. Al padre Rodolfo le tocó ser el exorcista de la diócesis de Monterrey por autorización de los arzobispos Alfonso Espino y Silva y José de Jesús Tirado.
Desde la llegada del Cardenal Adolfo Suárez Rivera, los presbíteros acreditados para abordar el tema son, además del padre Rodolfo, David García, Felipe Flores o Pedro Garza Puente, aún sin experiencia práctica.
«En Marcos capítulo 16, versículo 16, el Señor nos da poder de echar demonios. Todos lo pueden hacer, no es don especial de algún sacerdote en particular», insiste Villarreal.
Y para efectuarlo hay que seguir el manual en latín aprobado por el Papa Pablo V, en 1614. Son 21 normas para liberar a alguien de la posesión diabólica. Es un conjunto de ritos, oraciones y gestos -como la imposición de manos sobre la cabeza del poseído- introducidos por la fórmula Te exorcizo, que se recita repetidamente.
En los últimos años, una comisión internacional de teólogos, liturgistas y exorcistas ha trabajado en la reforma de este manual, adaptándolo al espíritu del Concilio Vaticano II. No hay un cambio sustancial, ni una ruptura con el texto anterior. Las adecuaciones se refieren al lenguaje, más sobrio, con menos adjetivos. Se da más libertad al sacerdote acerca de las oraciones a usar y se incluyen alusiones marianas, que no existían.
La actualización normativa es una necesidad, debido al incremento de cultos satánicos y otros ritos asociados al mal, explica el padre Villarreal.
También, a que situaciones consideradas como posesión diabólica pueden ser factibles con disciplina, como caminar sobre el fuego y levitar -porque incluso aquí está la escuela de Maharish Maheich con cursos para dar saltos volativos-.
La ouija y otras artes adivinatorias pueden ser la entrada a otras artes oscuras donde las personas queden atrapadas.
«Yo estoy convencido de que existe el demonio, que tiene tres maneras de poseer a una persona, una es la tentación, la obsesión y luego la posesión.
En sus misas, Villarreal hace liberaciones del alma y del cuerpo, que consisten en orar para quitar los obstáculos que tienen las personas para estar en paz.
Ana fue liberada, expulsó a los demonios. El sacerdote no sabe qué pasó con el resto del grupo adorador de Lucifer.
«Mi carácter es como el del toro que se crece cuando le colocan las banderillas, pero yo terminaba cansado, asustado, como si hubiera recibido el impacto de un choque hasta que pudimos liberar a la mujer». Ana volvía a gozar de paz. Aún tenía las rodillas marcadas con el nombre de Satanás, pero podía hincarse y dar gloria a Dios.
www.elnorte.com
* Artículo del periódico El Norte, del 11 de marzo de 2001. Se publica con autorización expresa.

EL OBSERVADOR 298-1

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¿Se hacen solos los santos?
(Segunda y última parte)
Carlos Francisco Vera Soto, MSpS

Un milagro es, por tanto, la confirmación de que Dios acoge benignamente la propuesta de la Iglesia de que determinado hombre o mujer venga propuesto como modelo de vida cristiana. Es por eso que la seriedad de los procesos queda sellada por la intervención divina.
+ La vida de los candidatos a los altares, debe darse a conocer y por su intercesión pedir favores y milagros. Es pertinente hacer esta distinción, ya que entendemos como «milagros» todas aquellas gracias, se puede decir extraordinarias, que por intercesión del venerable son concedidas con estas características: curación física, inmediata, inexplicable a la ciencia médica y de manera permanente. Las demás gracias, de conversiones, de trabajo, etc., son consideradas como «favores». Teniendo pues un milagro, se recoge la documentación pertinente, las pruebas médicas, los testimonios de médicos y enfermeras y/o de las personas cercanas al enfermo sanado o a quien ha contribuido a la oración por intercesión del venerable. Toda esta documentación viene reunida, se envía a la diócesis para realizar un proceso diocesano. Una vez terminado éste, se envía a Roma para que mediante una nueva positio que se elabora y entrega a la Congregación de los Santos sea estudiada y después turnada a la consulta médica ( que es secreta) que estudia el caso y da su voto. Esta consulta medica dictamina la inexplicabilidad o no del fenómeno; después los resultados son pasados a un congreso de teólogos para que emitan su parecer dictaminado de si hubo milagro o no. Los teólogos, a su vez, lo pasan a la Congregación de Cardenales y Obispos para que den su sentencia.
+ La sentencia de los cardenales y obispos es pasada al Santo Padre, que es al único a quien corresponde el derecho de decretar si hubo milagro o no y, en tal caso, declarar inaugurado el culto público eclesiástico, limitado a la Iglesia local que compete a los venerables. Si así lo estima conveniente, el Santo Padre otorga su consentimiento para que el venerable sea beatificado en solemne ceremonia que en la practica actual él mismo preside.
+ Para la canonización se siguen los mismos pasos que para la beatificación; es decir: obtener otro milagro por intercesión del beato, otro proceso diocesano, otro proceso romano: otra positio, otra consulta médica, otro congreso de teólogos y otra reunión de cardenales y obispos que culmina con la declaración papal de la santidad del beato y la solemne celebración litúrgica presidida por el Santo Padre, en donde se recita la fórmula de canonización, se inscribe el nombre del santo en el catalogo universal de los santos y se le asigna un día de celebración, que generalmente suele ser el día de la muerte del nuevo santo.
Como muy bien nos podemos dar cuenta a través de este recorrido breve que hemos hecho del proceso de canonización, para “hacer santos” se emplean muchos años, muchas personas, muchos estudios y reuniones, mucho tiempo y esfuerzo y, por qué no decirlo también, mucho dinero. Pero el motivo lo merece. Cuando el Papa declara a un hombre o a una mujer santo o santa está empeñando toda su autoridad apostólica. Por eso la Iglesia ha sido siempre concienzuda y cauta en estas declaraciones.

Tu deber es convertirte en santo

«En realidad, poner la planificación pastoral en clave de santidad es una opción cargada de consecuencias. Significa expresar la convicción de que, si el Bautismo es una verdadera puerta de entrada en la santidad de Dios a través de la incorporación en Cristo y la inhabitación de su Espíritu, seria contradictorio contentarse con una vida mediocre, vivida en la practica de una ética minimalista y de una religiosidad superficial. Preguntar a un catecúmeno: «¿Quieres recibir el Bautismo?» significa al mismo tiempo preguntarle: «¿Quieres ser santo?». Significa poner sobre su camino la radicalidad del Sermón de la Montaña: «Sed perfectos como es perfecto vuestro Padre Celestial».«En realidad, poner la planificación pastoral en clave de santidad es una opción cargada de consecuencias. Significa expresar la convicción de que, si el Bautismo es una verdadera puerta de entrada en la santidad de Dios a través de la incorporación en Cristo y la inhabitación de su Espíritu, seria contradictorio contentarse con una vida mediocre, vivida en la practica de una ética minimalista y de una religiosidad superficial. Preguntar a un catecúmeno: «¿Quieres recibir el Bautismo?» significa al mismo tiempo preguntarle: «¿Quieres ser santo?». Significa poner sobre su camino la radicalidad del Sermón de la Montaña: «Sed perfectos como es perfecto vuestro Padre Celestial».


(Juan Pablo II, en Novo millenio ineunte, No. 31 §2, pp.36-37, E. Vaticana, Città del Vaticano 2000)

En 22 años se ha canonizado y beatificado a más cristianos que en el resto de la historia de la Iglesia

Se ha criticado a Juan Pablo II por la cantidad de santos que él ha declarado (más que todos los anteriores Papas juntos). Con respecto a esto podemos decir algunas palabras:
- Se han simplificado grandemente los procesos de beatificación y canonización en 1983, con el documento papal Divinus perfectionis Magister.
- Las ciencias, los estudios y la comunicación han avanzado tanto que hoy se nos permite hacer mucho más rápido y mucho mejor lo que antes era muy difícil. Pensar en lo que han avanzado las ciencias históricas y la capacidad de reproducir documentación, cuando antes todo era hecho a mano.
- Hay que considerar lo que ha dicho Juan Pablo II: si nuestra Iglesia propone la santidad, debe producir frutos de santidad; por eso muchos hijos e hijas de la Iglesia deben ser santos (de altar cada vez más, del 1° de noviembre, todos).
- Los obispos y los sacerdotes y muchos laicos hemos caído en la cuenta de que los santos no se “hacen solos”, sino que hay que trabajar para que lo sean. Esto ha provocado interés por promover muchas causas.
- La promoción de estos hombres y mujeres al honor de los altares acerca la santidad a todos los cristianos y nos ayuda a ver que ésta es tarea de todos y no algo raro o ajeno a nuestra vida diaria. (C. F. V. S., MSpS)

EL OBSERVADOR 298-2

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«No se puede imponer a toda una nación los criterios de un grupo»
Extracto de un comunicado de prensa del cardenal Norberto Rivera Carrera, fechado el 11 de marzo de 2001.

Esperamos que la marcha de nuestros hermanos indígenas nos ayude a crecer en el aprecio a la dignidad de lo indígena. Casi todos los mexicanos, en mayor o menor porcentaje, llevamos sangre indígena, raíz que influye en nuestra idiosincrasia, en nuestra religiosidad y en nuestra identidad nacional.
Debemos apoyar que se conformen las normas legales y constitucionales para enfrentar la pobreza, marginación y exclusión de los pueblos indígenas, que son campo de cultivo para la violencia. Para lograr este fin, sin duda alguna, los diputados y senadores del H. Congreso de la Unión escucharán atentamente y dialogarán con apertura con los zapatistas y sólo después de oír sus planteamientos y las valiosas aportaciones de otros grupos, procederán con la responsabilidad y representatividad que la nación les ha confiado, a hacer los cambios constitucionales pertinentes.
Esta arquidiócesis hace suya la reflexión que el Episcopado Mexicano nos presentaba hace algunos días, en donde se nos invita a ser conscientes de que el país está conformado por grupos y corrientes de pensamiento muy diversos, y por lo tanto, la construcción de la democracia exige el respeto a la diversidad y el convivir con quienes son y actúan en forma diferente. Así pues, no se puede imponer a toda una nación los criterios de un grupo, aunque éste sea muy respetable y ofrezca elementos muy dignos de ser tomados en cuenta. Esto significa que, una vez que los diversos grupos hayan sido escuchados por los Legisladores, se ha de aceptar la ley resultante que estos decidan conscientemente y libres de presiones y así no alargar más el conflicto.
Todos los mexicanos, y de manera especial los que nos confesamos cristianos y católicos, estamos obligados a buscar la paz, sobre la base de la justicia social y desde la caridad de Cristo, para que nunca más México vuelva a resentir los efectos de la marginación y la inconformidad de los pueblos indígenas. Pero sería muy pobre y triste propugnar por una paz que sólo es ausencia de guerra, ya que no estamos en guerra o a lo más sólo estamos en guerra virtual. Es necesario propugnar por una paz basada en la justicia, en el desarrollo y en el progreso; una paz que muestre la fraternidad y la solidaridad de los mexicanos; por ello en estos momentos se necesita ser propositivo y alejar los resentimientos, los insultos y los protagonismos egoístas.
Ante tantos pronunciamientos y manifestaciones necesitamos ser críticos para no dejarnos sorprender por la magia del lenguaje y de la propaganda, pero también sencillos y humildes para dejarnos cuestionar en aquello que hemos fallado en relación a nuestros hermanos indígenas. En particular debemos estar muy atentos para evitar actitudes discriminatorias y racistas y sobre todo opuestos a cualquier provocación o agresión violenta que mucho dañaría a nuestra ciudad y al proceso de paz.

EL OBSERVADOR 298-3

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MIRADA CRÍTICA
Evidencias conflictivas
Por Santiago Norte

Este puede ser el centésimo artículo que escribo sobre el tema. No me voy a cansar de hacerlo hasta que descubra que, en sus casas, la gente está tomando conciencia para dejar menos expuestos a sus hijos al cuidado, casi se diría a la pedagogía propia, de la televisión.
De nueva cuenta las fuentes son Thomas N. Robinson, profesor asistente de medicina de la Universidad de Stanford, y la revista Archives of Pediatrics and Adolescent Medicine. Ya habíamos comentado un estudio realizado por el mismo investigador y publicado en esta importante revista médica en el que demostraba, claramente, que la exposición prolongada a la televisión estaba generando un problema de salud pública en Estados Unidos, por el aumento de niños obesos, sedentarios, hipertensos, etcétera.
Lo que ahora se publica es una comprobación de la relación televisión/videojuegos y violencia, pero en sentido inverso: menos televisión/videojuegos, menos violencia entre los niños. La prueba piloto se efectuó en dos escuelas primarias de San José California. El resultado es claro: los niños que se sometieron al experimento de dejar de ver televisión y apagar los videojuegos (monitoreados por sus padres) por diez días, redujeron 50% las agresiones verbales en el patio de la escuela y 40% en gestos de agresión física.
Cierto: muchos niños que ven televisión no son violentos, de forma similar a que muchos que fuman no desarrollan cáncer, pero la tendencia en el primer aspecto va en ascenso. Cierto, también: la televisión no es intrínsecamente mala, pero —opina Robinson— «apagarla trae beneficios para los niños». Para ellos y para los que los rodean en la escuela y en su familia.

EL OBSERVADOR 298-4

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PROTAGONISTAS
«Los caminos de la santidad son múltiples y se recorren a través de los pequeños acontecimientos concretos de cada día, procurando en cada situación un acto de amor. Aquí reside el secreto del cristianismo vivido en plenitud. Todos estamos llamados a la santidad». (S. S. Juan Pablo II)

«Tenemos que entrar en todos los medios de comunicación social para evangelizar en dos sentidos: proclamar el Evangelio de Jesucristo en los medios de comunicación y a través de ellos. Tenemos también que pensar en nuestros propios medios de comunicación así como en un programa de formación de las personas, dentro de los medios de comunicación en general, para obtener una visión más completa de la vida humana y de su finalidad. No una visión consumista, difundida en el mundo de hoy, sino inspirada en los valores del Evangelio de Jesucristo». (
John P. Foley, presidente del Consejo Pontificio para las Comunicaciones Sociales)

«El dolor aceptado y soportado en comunión con Cristo, crucificado y resucitado, encuentra un sentido profundo para la persona y para los demás; es más, puede convertirse en fuerza de curación. Ésta no es una especulación teológica sino una posición auténticamente realista, ya que un programa que no ayuda al hombre en el sufrimiento sino que le promete suprimirlo totalmente carece de realismo».
(Joseph Ratzinger, prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe)

EL OBSERVADOR 298-5

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ORIENTACIÓN FAMILIAR
Falta de comunicación en la pareja

Falta de comunicación en la pareja
Por Yusi Cervantes Leyzaola

Mi esposo y yo tenemos un grave problema: hace años que no nos comunicamos verdaderamente. Quizá nunca lo hemos hecho. Todos los demás problemas, que son muchos, derivan de éste. ¿Qué nos aconseja?

Les propongo un ejercicio de comunicación.
Escojan un lugar tranquilo, donde puedan hablar sin ser interrumpidos.
Cada uno de ustedes va a hablar durante media hora. La función del otro es sencillamente escuchar, sin interrumpir a la pareja. Las únicas intervenciones válidas son para preguntar más sobre lo que el otro está diciendo con el fin de entender mejor. Por ejemplo, preguntas como: “¿Qué quieres decir con eso?”, “¿Podrías hablarme más acerca de cómo te sientes?”. Hay que hacer a un lado las propias ideas y sentimientos y tratar verdaderamente de ponerse en los zapatos de la pareja. Se trata de crear una corriente de ternura y comprensión.
Es muy importante no ponerse a la defensiva, no juzgar, no buscar explicaciones, no acusar, no interpretar, no recriminarse a sí mismo, no asumir culpas falsas... Se trata solamente de escuchar, con la mayor serenidad, con atención respetuosa. Y cuando termine la primera media hora e intercambien papeles, lo que dijo el primero es tema concluido, al menos por el momento. Si se retoma más adelante, en todo tipo de diálogo deberá ser con respeto, en forma constructiva y jamás para ser usado en contra de quien lo manifestó. El segundo en hablar no debe aprovechar la oportunidad para retomar lo que dijo el primero, mucho menos si es para justificarse o para acusar. La segunda media hora es para que el otro miembro de la pareja tenga a su vez la oportunidad de expresarse y ser escuchado.
Esto tiene que ver con validar lo que cada uno piensa y siente. Si alguien dice, por ejemplo, que está triste, es porque está triste. No lo vamos a discutir. No podemos responder con un “no debes estar triste”, “estás equivocado al estar triste”. Hay que validar esa tristeza, así es, está ahí, existe.
Por su parte, el que habla, debe hablar desde sí mismo, haciéndose responsable de sus ideas y de sus sentimientos. Están prohibidas frases del tipo de “Tú hiciste…”, “Tú no me quieres”, “No te importa”... No se puede pensar por el otro, decidir lo que el otro siente o desea. Cada cual debe hablar de lo propio, sin acusar, sin juzgar. Desde el corazón. Decir, por ejemplo: “Me siento sólo”, en lugar de “Tú no me haces caso”.
Hay que evitar palabras como siempre, nunca, jamás, todo, nada... Son demasiado totales y no son reales. No se pueden manejar. Hay que ser específicos. No es lo mismo decir “Siempre me siento anulada”, que decir, “Me sentí anulada cuando...”.
Este no es un momento para resolver problemas, tomar decisiones ni ponerse de acuerdo en nada. Eso no es el objetivo del ejercicio. Esas metas entorpecen la libre expresión de sí mismos de los cónyuges… Tampoco se trata de buscar que la pareja cambie.
Es un ejercicio difícil, sobre todo cuando los esposos tienen guardado mucho dolor. Así que deben ser comprensivos y pacientes. Si en algún momento alguno de los dos siente que no puede más, hay que suspender el diálogo. Más tarde podrán retomarlo. Esto también puede ser indicio de que necesitan ayuda para entender los propios sentimientos y poder establecer esta comunicación.
Posibles temas son:
- Cómo me siento ahora con nuestra relación.
- Cómo me sentí al inicio de nuestro matrimonio.
- Cómo me siento respecto a nuestras relaciones sexuales.
- Cómo me sentí respecto a x problema.
Al terminar, tómense las manos y mírense a los ojos. Tal vez les resulte muy difícil. No importa, háganlo aunque sea un instante.

EL OBSERVADOR 298-6

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PINCELADAS
Tareas intransferibles
Justo López Melús *

Hay tareas que no se pueden encomendar a nadie. Son personales e intransferibles. Al final de la persecución religiosa en España hubo un fuerte resurgir religioso. Se pusieron de moda las tandas de ejercicios espirituales. El Athletic de Bilbao los practicaba todos los años. Eran seis días de riguroso silencio. En una ciudad los convocaron para las autoridades. Y como el gobernador civil no podía hacerlos, envió para que le «representara» a su secretario particular (!).
Hay misiones que nadie puede proyectar por mí. Visitaba el rey Alfonso XIII el colegio de los padres jesuitas de Madrid. El padre rector le iba presentando a los padres: «Éste padre es un sabio. Éste otro es un santo. Éste es un filólogo de fama internacional. Éste es un místico...». Entonces apareció un hermano hortelano, y el rey comentó: «Y éste, ni sabio, ni santo». Respondió el rector: «A éste, Majestad, lo tenemos destinado para mártir en las misiones de Japón».

*El autor es Operario Diocesano en San José de Gracia de Querétaro.

(FIN)

EL OBSERVADOR 298-7

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