El Observador de la Actualidad

 

Periodismo católico para la familia de hoy

20 de mayo de 2001 No. 306

SUMARIO

bullet EN EL PRINCIPIO, LA PALABRA La banalización del mal
bulletINFORME ESPECIAL Los cristianos, a la cabeza de las religiones del mundo
bullet¿CÓMO DIJO? La «inmoralidad» de la Biblia (según sarmiento)
bulletMUJERES EN EL MUNDO Huellas eternas
bulletMIRADA CRÍTICA La antorcha del odio
bulletDEBATE ¿Adopción por parejas homosexuales?
bulletCUÉNTAME UNA ANÉCDOTA Un seguidor auténtico
bulletORIENTACIÓN FAMILIAR Cómo decirle que es adoptiva
bulletPINCELADAS Las tres pipas

 

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EN EL PRINCIPIO, LA PALABRA
La banalización del mal
Por Jaime Septién Crespo
Cuando uno mira con detenimiento la televisión infantil que se proyecta en las pantallas mexicanas no puede sino ser sacudido por un escalofrío: millones de niños mexicanos están —en ese preciso instante— siendo domesticados por un manga (especie de cómic) japonés, distribuido por una compañía japonesa de entretenimiento, en el que los valores sobre los que se construyó la cultura (y, por tanto, la identidad) del pequeño son, literalmente, pulverizados, vueltos al revés, volatilizados en fracción de segundos.
Momento: no se me califique demasiado pronto de gazmoño u apocalíptico. Lo que quiero decir es muy simple: es imposible generar una identidad (individual, social) estable y coherente cuando las fronteras del bien se borran para que surja (y viva y cobre) el espectáculo del mal. Y es que un somerísimo análisis de las caricaturas japonesas (y de todos lados) arroja este resultado: lo bueno es, hoy, que el mal triunfe, que la violencia se entronice y que en todos los televidentes infantiles quede claro que para avanzar (en la vida, en el deporte, en el trabajo, en las relaciones interpersonales) hay que desgarrar, romper, aplastar, excluir...
Leo a Hannah Arendt en sus trabajos postreros, tras la escucha de las declaraciones de Adolf Eichmann en su juicio en Israel: el gran poder contaminante del nazismo (que se transmitió a intelectuales y, más tarde, ahora mismo, a grupos radicales como los «cabezas rapadas») consistió en la banalización del mal: en volver al mal (como si fuera el bien) una cosa baladí, indiferente, que se puede aplicar sin contexto, olímpicamente, a la hora que nos dé la gana, con quien sea, siempre y cuando ese «quien sea» muestre su inferioridad, su débil inacabamiento, su posición de excluido. Banalizar el mal corroe la conciencia personal sobre el otro y lo reduce a mero instrumento, objeto manipulable y desechable. También acaba con el concepto sobre el que se construyó Occidente: el de persona individual, el de persona como centro de la historia. Es decir, Cristo.
Hannah Arendt se sumergió en los infiernos del totalitarismo, no nada más el ejercido por el Estado, sino aquel que se genera desde el grupo «real» sobre los demás «imaginarios». Y en la nuez halló la capacidad inmensa de supresión que consiste en mirar el mal con indolencia, sin frontera con el bien, sin distinción, como una suerte de proceso industrial, burocrático, administrativo del exterminio de los otros. Allí, en esas «caricaturas» donde se aprende la ofensa y el pisoteo de la dignidad ajena (de la diferencia ajena) como principios básicos del éxito, está el huevo de la serpiente: minúsculo, insignificante, letal.

EL OBSERVADOR 306-1

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Informe especial
Los cristianos, a la cabeza de las religiones del mundo; de ellos, poco más de la mitad somos católicos. India es la potencia futura
El siglo XX comenzó con la profecía de la muerte de Dios. Los pronósticos de Friedrich Nietzsche, sin embargo, han sido contestados por las estadísticas que acaba de publicar la versión actualizada de la Enciclopedia mundial del cristianismo.
l siglo XX comenzó con la profecía de la muerte de Dios. Los pronósticos de Friedrich Nietzsche, sin embargo, han sido contestados por las estadísticas que acaba de publicar la versión actualizada de la Enciclopedia mundial del cristianismo.
En los últimos cien años el número de los cristianos se ha multiplicado por dos: de mil millones se ha pasado a dos mil millones, según constata la Enciclopedia mundial del cristianismo, de la Oxford University Press, que lleva por subtítulo Un estudio comparado de las Iglesias y las religiones en el mundo moderno. En el siglo XX, el cristianismo se ha convertido en la religión más extendida y más universal de la historia mundial.
En el año 2050 los cristianos serán tres mil millones, es decir el 34.3% de la población mundial. Será un pequeño incremento respecto al índice actual, situado en el 33%.
La Enciclopedia ha podido contabilizar, más o menos, diez mil religiones en el mundo. Los no creyentes y ateos son, en total, un 15%. Los cristianos van en cabeza en la lista de religiones, con el 33%, como ya se ha dicho, de los que un poco más de la mitad, el 17.5%, son católicos. Los siguen los musulmanes, con el 18.9%; los hindúes, 13.3%; religiones chinas, 6.6%; budistas, 6%.
(Fuente: Alfa y Omega núm. 258)

Las sorpresas con las que comienza la Iglesia el tercer milenio
- Estados Unidos pronto podría convertirse en el segundo país católico del mundo. Con sus más de 60 millones de católicos y con el crecimiento que está experimentando la comunidad hispana en cincuenta años debería superar a México, quedando sólo detrás de Brasil.
- India es actualmente el país con el mayor número de estudiantes en el Seminario Mayor: 10 mil 320.
- En 1978 había cinco mil 562 diáconos permanentes en el mundo, mientras que en 1998 pasaron a ser 24 mil 407.
-        Corea del Sur es el país con el mayor número de conversiones de adultos al año: unos 150 mil bautismos.

EL OBSERVADOR 306-2

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CRITERIOS
¿Cómo dijo?
La «inmoralidad» de la Biblia (según sarmiento)
(Columna colectiva. Responsable: Jaime Septién)
* Recomienda a funcionarios que prohíban la Biblia a sus hijas * Dice que Dios y los autores de la Biblia «prefirieron el anonimato» * Confunde la Biblia con un texto piadoso lleno de «escenas» * Se escandaliza por la desnudez de Adán y Eva en el Paraíso * Acaba por demostrar que leyó la Biblia engañado.
Varios lectores nos han referido su malestar
y su desconcierto ante la columna «Jaque Mate» del periodista Sergio Sarmiento, publicada en Reforma el pasado 4 de mayo bajo el título de «Libro inmoral». El libro de marras, es decir, el «inmoral» es, para Sarmiento, ni más ni menos, la Biblia. Comienza así Sarmiento: «Entre abucheos y ajetreos, algunos funcionarios públicos ya no tienen tiempo para encontrar los libros cuya lectura hay que prohibirle a sus hijas. Por ello he tratado de identificar algunas obras que se pueden colocar ya en la lista negra. Por lo pronto he hallado uno que se intitula la Biblia. Ésta es una colección de libros en un solo tomo, cuyo autor ha preferido mantenerse anónimo...». Así, en un tono irónico, Sarmiento utiliza las «inmoralidades» de la Biblia para disculpar las inmoralidades que pudieran encontrarse en Aura, de Carlos Fuentes, y Doce cuentos peregrinos, de Gabriel García Márquez.
Vamos por partes: primero, lo del autor anónimo. Para los judíos, protestantes y católicos el autor principal de la Biblia es Dios. Si don Sergio no lo cree así, es asunto suyo; pero no haber oído hablar de Isaías, Jeremías, Ezequiel, Oseas, Joel, Malaquías, Mateo, Marcos, Lucas, Juan, Pablo, etcétera, no proviene de una falta de fe sino de cultura general. La frase de que «el autor de la Biblia ha preferido mantenerse anónimo» es una perla, es de esas frases que se deben colocar en la antología del disparate, en un lugar eminente, aunque haya querido ser chistosa.
El asunto de los episodios o escenas de violencia o agresión sexual que cita Sarmiento de la Biblia (hay muchas más, por cierto) no muestran nada más que lo que muestran: que en la Biblia está la vida del hombre, tal y como es, pero que en ningún caso son «escenas» propuestas para su imitación o alabanza (como hacen los pornógrafos y los inmorales). Al contrario: de todas ellas se desprende una lección moral; ninguna queda sin castigo y sin enmienda.
La Biblia no es un libro piadoso, es un libro religioso. La Biblia no es un libro de piedad, aunque también la enseñe, sino un texto profundamente religioso, que trata de la relación del hombre con Dios. Y el hombre que es religioso es el primero de todos en reconocerse pecador. La Biblia es un espejo de lo que es el hombre, con su grandeza y su miseria, sobre lo cual (sobre la miseria) siempre campea la misericordia de Dios. La Biblia trata al hombre real, concreto, tal y como aparece en su larga y dramática historia. Éste —y no otro— es el hombre por el cual se encarnó y murió Jesucristo. San Pablo (1 Cor 10, 11ss) nos dispara al corazón que: «todas estas cosas les sucedieron [a los hombres] como anticipo para nosotros, y fueron escritas para escarmiento nuestro, que hemos llegado a la plenitud de los tiempos; así, pues, quien presuma de mantenerse en pie, tenga cuidado de no caer».
Otra frase de colección que nos regala Sarmiento es cuando habla de la inmoralidad de nuestros primeros padres Adán y Eva, que «sin estar casados» andaban desnudos por el Paraíso. Cualquier estudiante mediano del catecismo sabe que allí lo que Dios crea es nada menos que la institución matrimonial. Y Dios lo vio «muy bueno». Sólo don Sergio lo ve inmoral. A lo mejor quería que en el Génesis se narrara un rito matrimonial como la monotonía cursi de los de ahora, con marcha nupcial (a escoger, la de Mendelssohn o la de Verdi), arrocito blanco y confetti de colores, y el novio «yaciendo» frente al altar, a la espera de la novia «que lucía elegantemente ataviada con el mismo vestido blanco con aplicaciones de hollín» de todos los sábados de boda en México... («queremos pastel, pastel, pastel...»).
Y se mete, claro, con Jesús, porque Jesús defiende a la pecadora ante las críticas del fariseo. Es cierto, este pasaje es de los más conmovedores del Nuevo Testamento. Lo mismo que el de la adúltera a quien iban a apedrear. En ambos casos Jesús dice: «No vuelvas a pecar». Pero el articulista calla esta parte porque lo que desea insinuar no es la grandeza de Cristo, sino una supuesta complicidad de Cristo (un Cristo light, buena onda, que nos quiere vender la new age) con las pecadoras y los pecadores. Y así todo el texto de Sarmiento, quien, estamos seguros, no deseaba torpedear la fe católica (que profesa más del 85% del pueblo mexicano), sino burlarse de Carlos Abascal por llevarla a cabo. En el intento mostró un desconocimiento palpable de cultura religiosa general.
Vale la pena, finalmente, recordar una sentencia de san Agustín que le viene al pelo al artículo de Sarmiento: «La Biblia no engaña si el hombre no se acerca a ella engañado». Dicho de otra forma, en la santa Biblia solamente encontrará inmoralidad quien ya lleva la inmoralidad por dentro.

EL OBSERVADOR 306-3

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MUJERES EN EL MUNDO
Huellas eternas
Vivimos en una sociedad globalizada en que la productividad es lo único que cuenta, por lo que muchas veces la autoestima se baja a los suelos y emocionalmente nos percibimos como no valiosas. Si sólo trabajamos en casa, barrer, planchar, lavar, sacudir y cocinar se vuelven actividades que agotan el cuerpo y nos llevan a la monotonía y al sinsentido. Creemos que sólo laborando en algo que produce dinero seremos valiosas.
Sin embargo, si además trabajamos fuera del hogar y sí ingresamos dinero, el agotamiento de la doble jornada –casa, empleo- nos obliga a un ritmo de vida en el que no tenemos tiempo para nosotras mismas, para descansar, para pensar...
Si, para colmo, nos dejamos llevar por la publicidad, ya sea de televisión o revistas, nos percibimos como no valiosas al confrontarnos con el ideal de felicidad y belleza: cuerpos esculturales, juventud radiante, autos, ropa, joyas.
La depresión es el mal de nuestra época, y somos las mujeres las que más la padecemos, pero tenemos que buscar una salida.
Así que, cuando el ánimo decae, cuando en ocasiones pareciera desvanecerse el sentido de nuestra propia existencia, buscar la respuesta en el silencio de nuestro propio corazón es el mejor camino.
En el recogimiento nos redescubrimos y, sobre todo, podemos encontrar a Dios, que con su profundo amor ilumina nuestras vidas y guía nuestros pasos, y con su mirada amorosa nos reconforta.
Si aprendemos a mirar la vida con ojos de eternidad, si vamos tomando conciencia de que cada uno de nuestros actos en la vida tienen un propósito, seguramente recuperaremos el sentido, la brújula y el ánimo.
Tomemos conciencia de que una sola sonrisa brindada a alguien triste y solitario, incluso a algún desconocido en la calle, puede dejar una huella en su corazón. Una palabra de aliento, una caricia, un rato de escucha atenta, son capaces de cambiar el sentido de la vida de quienes nos rodean y, como por arte de magia, el nuestro.
El mundo actual busca frenéticamente elaborar productos y más productos que son caducos, desechables, la mayoría de las veces inútiles y de los cuales al cabo de unos años no tendremos el menor recuerdo.
En cambio, todos los “productos” humanos, todo lo que sale del corazón humano, todos aquellos que se elaboran con paciencia, amor, caridad, fe, ternura…, todos ellos tienen una permanencia eterna, jamás desaparecerán.
En este mes de mayo, mes de la mamá, y de la maestra, les propongo que reencontremos el sentido de nuestras vidas volviéndonos creadoras (cocreadoras) de una mejor forma de vida; que nos convirtamos en constructoras de la civilización del amor, dejando diariamente una huella, que se conservará por toda la eternidad.
Alguien te necesita
Diariamente, ¡gracias a Dios!, me llegan por correo electrónico mensajes de ánimo, de aliento y de amor de parte de amigas y amigos con los que compartimos la vida. A veces es difícil vernos, por las prisas, el trabajo, las ocupaciones cotidianas; sin embargo, un pequeño mensaje leído al iniciar el día nos ayuda a cambiar la perspectiva y lanzarnos al mundo con nuevos bríos. Ahora, amigas, les comparto estas palabras que me llegaron al corazón. En estos momentos:
        alguien está muy orgulloso de ti
        alguien está pensando en ti
        alguien se preocupa por ti
        alguien te extraña
        alguien quiere hablar contigo
        alguien quiere estar contigo
        alguien está agradecido del soporte que le has provisto
        alguien quiere que estés feliz
        alguien quiere que lo encuentres
        alguien está celebrando tu éxito
        alguien quiere darte un regalo
        alguien piensa que TÚ eres un regalo
        alguien quiere abrazarte
        alguien te ama
        alguien admira tu fuerza
        alguien quiere protegerte
        alguien haría cualquier cosa por ti
        alguien quiere que lo perdones
        alguien esta agradecido por haber sido perdonado por ti
        alguien se quiere reír contigo
        alguien te recuerda y quisiera que estuvieses ahí
        alguien le reza a Dios por ti
        alguien necesita saber que tu amor es incondicional
        alguien atesora tu espíritu
        alguien desea detener el tiempo por ti
        alguien tiene fe en ti
        alguien necesita que tengas fe en él (ella)
        alguien escucha una canción que le hace recordarte

EL OBSERVADOR 306-4

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MIRADA CRÍTICA
La antorcha del odio
Por Santiago Norte
La locura hitleriana no termina. Antes bien, se extiende de la mano de internet. El acceso libre a la red ha propiciado una montaña de perversidades. Una vez más la herramienta de comunicación se convierte en herramienta de la promoción de la violencia. Lo que puede unir, en manos de imbéciles excluye, discrimina, aniquila.
Por fortuna, la aniquilación es sólo verbal. Pero está ahí, en 2 mil 200 páginas electrónicas que el Centro Simon Wiesenthal ha detectado -este año 2001- como neonazis; páginas dedicadas al odio, con propaganda descarada a favor de la superioridad de la raza aria, el antisemitismo y la homofobia. Dos mil 200 sitios de internet donde los cabezas rapadas (y huecas) pueden encontrar, latiendo, el mezquino espíritu de Hitler.
Recordar, primero que nada, que el Centro Simon Wiesenthal es un observatorio internacional de manifestaciones y propaganda neonazi, en homenaje al célebre «cazador de nazis» que fue, justamente, Simon Wiesenthal. Con este monitoreo constante, ahora en la www, de cuando en cuando el Centro atrae la atención internacional sobre las formas como se incuba el huevo de la serpiente, formas inimaginables para quien haya sentido el holocausto como lo fue: el descenso al nivel más bajo que la humanidad haya realizado jamás.
El «modelo» de «hombre» que promueven estas páginas electrónicas es muy parecido al recientemente ejecutado Timothy McVeigh (al que Gore Vidal -de quien prometo no volver a leer una línea en mi vida- tanto alabó): un hombre blanco, rapado, duro, sin contemplaciones ni piedad por los seres inferiores, capaz de matar a 168 personas de una sola vez. Un «ideal ario», superhombre (en la tergiversación nietszcheana del nazismo), carente de moral y de sentido de la vida, avergonzado de que la raza humana albergue escorias tales como los negros, los niños, los judíos o los homosexuales.

EL OBSERVADOR 306-5

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DEBATE

DEBATE

Es tanto lo que un niño o una niña suponen para una familia, que, desde el respeto a cada persona, es explicable que quienes se consideran familia, aunque no lo sean, deseen tener ese bien inmenso —el hijo— que no pueden engendrar por la sencilla razón de que la naturaleza lo ha querido así.
Ahora bien, puesto que el fin de la adopción no es tanto dar un hijo a unos padres, que no lo tienen, como dar unos padres idóneos a un niño que carece de ellos, ¿es conveniente o no para un niño, tener por padres a una pareja de homosexuales? En la respuesta que demos a esa pregunta está la solución del problema.
Supongamos que se aprueba una ley que permite que las parejas homosexuales puedan adoptar, y entremos con nuestra imaginación en uno de esos hogares. Lo primero que observaremos es que los niños, al ir creciendo, descubren que su familia no es como la de los demás; que sus amiguitos y amiguitas tienen un padre varón y una madre mujer, mientras que ellos tienen por padres a dos personas del mismo sexo; que aquellos dos hombres o aquellas dos mujeres con los que conviven no pueden ser sus padres… ¿Nos imaginamos su desconcierto y, en no pocos casos, su angustia?
Por otra parte, si es un niño adoptado por dos lesbianas, desconocerá el modelo de varón que le hubiera ayudado a ir formando su personalidad masculina: ¿una mujer le va a dar los valores correspondientes a un hombre? Y si es una niña adoptada por dos gays no podrá recibir de éstos la imagen femenina que precisaría para su correcta evolución como mujer. Dicho de otra forma: no recibirán de esas parejas homosexuales la imagen masculina y la imagen femenina que todos los niños y niñas necesitan recibir de sus padres, sean éstos naturales o sean adoptantes.

Un desconcierto explicable

Hay algo mucho más grave: ¿quién nos asegura que ese niño o esa niña no van a ser educados con las mismas inclinaciones de sus padres? Y, aunque así no fuera, esto es, aunque esos gays o lesbianas trataran de educarles no en la homosexualidad que practican sino, cosa difícil, en la heterosexualidad que rechazan: ¿qué ejemplo les ofrecen cada día? Ese ejemplo, tan importante para la educación de los hijos, que hacía decir a Jaurés: No se enseña lo que se sabe ni se enseña lo que se dice: se enseña lo que se hace… Y lo que se hace, en este caso concreto, es vida matrimonial entre dos personas del mismo sexo. Ése es el ejemplo que les dan. Ahora bien, si, receptivos a ese ejemplo, los niños o niñas adoptados deciden hacer lo mismo que hacen sus padres, el día de mañana buscarán también, en conformidad con lo aprendido, a una persona del mismo sexo para formar su hogar en lugar de una persona del sexo opuesto con la que casarse y tener hijos.
Desconcierto, angustia en ocasiones. No reciben lo que deberían recibir y reciben lo que no deberían recibir: he ahí tres razones que bastan y sobran para rechazar que a las parejas homosexuales se les conceda la posibilidad de adoptar.
Por otra parte, no debemos olvidar lo que esa ley supondría:
- Un daño para los niños candidatos a ser adoptados, que prefieren serlo no por dos personas del mismo sexo, sino por un hombre y una mujer.
- Un daño para tantos cónyuges, hombre y mujer, que sueñan con dar un hogar normal –el suyo– a un niño o una niña que carecen de él. De cada cien matrimonios españoles, quince, más o menos, no pueden tener hijos y desean adoptar. Verían disminuir sus posibilidades de hacerlo ya que, al amparo de esa ley, les serían entregados —pese a los perjuicios anteriormente señalados— a parejas homosexuales.
- Un daño para el conjunto de los ciudadanos, que verían cómo se retraían de sus impuestos las cantidades que habría que dar a las parejas de homosexuales, las cuales, al tener hijos gracias a esa ley, reclamarían inmediatamente, como padres y como esposos, pensiones de viudedad, atención sanitaria del cónyuge, declaración del I.R.P.F. conjunta, etc.
- Un daño para una sociedad imperiosamente necesitada de niños. Con 1.07 hijos por mujer, España es el país con el índice de natalidad más bajo del mundo. Índice que esa ley contribuiría a que descendiera todavía más.
- Una conculcación del principio 7 de la Declaración Universal de los Derechos del Niño que dice textualmente: «El interés superior del niño debe ser el principio rector de quienes tienen la responsabilidad de su educación y orientación».

Esto dicen los niños

Y a todo esto, ¿qué dicen los niños? Del 1 al 3 de diciembre de 1994, con ocasión del Año Internacional de la Familia y organizado por el Consejo de Europa y el Ministerio de Asunto Sociales de España, se celebró en Madrid un congreso sobre La evolución del papel de los niños en la vida familiar. Uno de los aspectos más interesantes de dicho Congreso fue la participación en los debates de niños y niñas de diferentes edades, razas, culturas y países. Fue muy significativa la respuesta que dieron a la pregunta que se les hizo sobre si, en caso de haber sido adoptados, hubieran preferido que sus padres fuesen dos personas del mismo sexo o, por el contrario, un hombre y una mujer. Al principio no comprendieron la pregunta –¿tener por padres a dos hombres?, ¿tener por padres a dos mujeres?–, pero, aclarada la cuestión, su respuesta fue unánime: ¡Hubieran deseado tener por padres a un hombre y a una mujer, no a dos personas del mismo sexo!
La Asociación Española de Pediatría dice lo que conviene o no a los niños: «Un núcleo familiar con dos padres o dos madres (dos varones o dos hembras), o con un padre o una madre de sexo distinto al correspondiente a su rol (un hombre haciendo el papel de mujer o una mujer haciendo el papel de varón), es, desde el punto de vista pedagógico y pediátrico, claramente perjudicial para el armónico desarrollo de la personalidad y adaptación social del niño».
Para educar hace falta amor, lo que concedemos que podrían ofrecer las parejas homosexuales. Pero hacen falta muchas más cosas que ello no están en condiciones de ofrecer. Las parejas homosexuales ni son matrimonio ni deben recibir en adopción el bien más precioso: los niños. (Fuente: Alfa y Omega, n. 258)

EL OBSERVADOR 306-6

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CUÉNTAME UNA ANÉCDOTA
Un seguidor auténtico
Un hombre que acababa de encontrarse con Jesús resucitado, iba a toda prisa por el camino de la vida, mirando por todas partes y buscando. Se acercó a un anciano que estaba sentado al borde del camino y le preguntó:
— Por favor, señor, ¿ha visto pasar por aquí a algún cristiano?
El anciano, encogiéndose de hombros, le contestó:
— Depende del tipo de cristiano que ande buscando.
— Perdone, pero soy nuevo en esto y no conozco los tipos que hay. Sólo conozco a Jesús.
Y el anciano añadió:
— Pues sí, amigo, hay de muchos tipos y maneras. Hay cristianos por cumplimiento, cristianos por tradición, cristianos por costumbres, cristianos por superstición, cristianos por obligación, cristianos por conveniencia, cristianos auténticos...
— ¡Los auténticos! ¡Esos son los que yo busco! ¡Los de verdad! —exclamó el hombre emocionado.
— ¡Vaya! —dijo el anciano con voz grave— Ésos son los más difíciles de ver. Hace ya mucho tiempo que pasó uno de esos por aquí, y precisamente me preguntó lo mismo que usted.
— ¿Cómo podré reconocerle?
Y el anciano contestó tranquilamente:
— No se preocupe, amigo. No tendrá dificultad en reconocerle. Un cristiano de verdad no pasa desapercibido en este mundo de sabios y engreídos. Lo reconocerá por sus obras. Allí donde van, siempre dejan huellas.
«Cada árbol se conoce por sus frutos... Así el hombre bueno saca cosas buenas del tesoro que tiene en su corazón» (Lc 44-45).

EL OBSERVADOR 306-7

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ORIENTACIÓN FAMILIAR
Cómo decirle que es adoptiva
Por Yusi Cervantes Leyzaola
Tenemos una nena, una niña preciosa de cuatro años, que es adoptiva. Estamos decididos a decirle cuanto antes la verdad sobre su adopción; pensamos que ya tiene edad para empezar a saberlo, pero no sabemos cómo hacerlo. ¿Qué hay qué decir?

Muchas veces padres adoptivos me han contado la historia de la adopción. Siempre es una historia hermosa, de amor, donde se ve la mano de Dios. ¿Por qué entonces la dificultad de contar la misma historia a los protagonistas?
Tienen que partir de esto: estar convencidos de que es una bella historia, que ustedes y la niña han sido bendecidos al poder ser una familia. Y esto precisamente es lo que hay que transmitir: la alegría, el gozo, la gratitud...
Puede ser algo así como esto: «Teníamos muchos deseos de tener un bebé, y no habíamos podido tenerlo. Le pedimos mucho a Dios y un día nos hizo un gran regalo. Había un bebé que no tenía unos papás que lo cuidaran y nos preguntaron: ¿quieren ser sus papás? Y dijimos: claro que sí. Entonces te recibimos ¡y estamos felices de que seas nuestra hija! Te queremos mucho» (Todo esto va acompañados de exclamaciones y gestos de alegría y de besos y abrazos).
Con eso basta en un primer momento. Luego hay que ir contestando las preguntas que la niña vaya planteando, en ese momento o más adelante, siempre con respuestas de acuerdo con su edad. Por ejemplo: «¿Yo no tenía papás?». «Sí tenías, pero no podían cuidarte». «¿Por qué?». «Lo único que yo sé es que tu mamá tenía problemas muy serios y no podía tenerte con ella, por eso buscó quien sí pudiera darte una familia» (Más adelante, tal vez cuando la niña esté en la adolescencia o en la juventud, y si quiere saber más —eso si ustedes saben más— pueden darle más información con criterios de compasión y respeto).
«¿Ya no es mi mamá?». «Siempre será tu mamá, la que colaboró con Dios para darte la vida y te dio amor y te ayudó a crecer en su vientre». «¿Por qué me regaló? ¿No me quería?». «Te quería tanto que protegió tu vida y luego hizo un enorme sacrificio al separarse de ti y dejar que otros padres te dieran el hogar que ella no pudo darte».
Hay preguntas para las que normalmente no tenemos respuestas y hay que responder con eso: no lo sé. Preguntas cómo «¿Mi papá también quería que me adoptaran? ¿Sabe que existo?». Claro, si ustedes saben algo al respecto, hay que seguir el mismo criterio: la verdad de un modo adecuado a la edad.
Ante la pregunta «¿Quiénes son mis padres naturales?», lo sepan o no lo sepan, respondan que no lo saben. Si la niña manifiesta que quiere conocerlos, díganle que cuando crezca, si es que ella todavía lo desea, le van a ayudar a encontrarlos. Ese cuando crezca déjenlo vago, porque si le dicen que cuando sea adulta es como decirle de aquí a una eternidad.
Por lo demás, cuenten la historia tal cual fue. Cómo se enteraron, cuánto esperaron, dónde estaba el bebé, cómo lo recibieron, qué gusto les dio a sus abuelitos... Siempre buscando la parte positiva. Por ejemplo, cuidado con las palabras que puedan tener connotaciones socialmente negativas; no digan un asilo o un horfanatorio, sino una casa donde hay personas que cuidan a los niños mientras encuentran una familia para ellos.
Hay partes dolorosas, claro. Pero si se plantean desde la comprensión y el amor, se logra sanar ese dolor. Nunca olviden que ésta es, finalmente una historia de amor, una jubilosa historia de amor.
La psicóloga Yusi Cervantes Leyzaola responderá las preguntas que se le envíen a la dirección de El Observador; Reforma 48, apdo 49, Querétaro, Qro. C.P. 76000; o que se le hagan al teléfono 228-02-16. Citas al 215-67-68 

EL OBSERVADOR 306-8

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PINCELADAS
Las tres pipas
Justo López Melús *
La precipitación es mala consejera. Es mejor seguir el consejo del jefe de una tribu de Madagascar. Si has peleado contra tu hermano y decides matarlo, busca tu pipa, siéntate tranquilo, cárgala de tabaco y fuma hasta terminarla. Cuando hayas terminado la primera pipa te darás cuenta de que la muerte era un castigo desproporcionado, y te convencerás de que basta con darle una buena paliza.
Carga entonces la segunda pipa y fúmala sin prisa, contemplando el paisaje. Cuando la hayas terminado te convencerás de que unas enérgicas palabras son suficientes en vez de los golpes. Carga la tercera pipa, y cuando la hayas terminado es más fácil que vayas a donde está tu hermano y lo abraces.
Sí, dominados por la pasión se pueden cometer muchos errores. La verdad no puede cabalgar sobre los lomos de la pasión.

* El autor es Operario Diocesano en San José de Gracia de Querétaro.


(FIN)

EL OBSERVADOR 306-9

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