El Observador de la Actualidad

 

Periodismo católico para la familia de hoy

3 de junio de 2001 No. 308

SUMARIO

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¿Entrampados en la corrupción?

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¿CÓMO DIJO? El fin del mundo

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REPORTAJE ¿Se puede ser masón y católico al mismo tiempo?

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Tiempos de vendaval

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PICADURA LETRÍSTICA ¿... y sólo vanidad?

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DILEMAS ÉTICOS Y ¿quién se atreve a reconocerlo?

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Amigos...

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ORIENTACIÓN FAMILIAR Si se obtiene un no como respuesta

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PINCELADAS El país de la alegría

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Libertad de ser informado para ser libres

 

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¿Entrampados en la corrupción?
Los casos de Mario Villanueva Madrid, Rosario Robles Berlanga y Oscar Espinosa Villarreal, los más de moda, nos ponen de nueva cuenta atentos a la odiosa lacra de la corrupción, cuyo destierro conviene no sólo al orden político, sino al ámbito social común. He aquí diez puntos propuestos por Antonio Argandoña, profesor del IESE de Barcelona, para que todos nos libremos de incurrir en la «mordida» o compra-venta de favores:
1 Recuerda el Padrenuestro. En él pedimos que Dios nos libre de la tentación. Advirtamos que la corrupción se extiende con facilidad, cuando las ocasiones son muchas, los beneficios elevados y los riesgos pequeños. Y cuando vemos que, a nuestro alrededor, otros sucumben, creando un ambiente de permisividad.
2 Tengamos presente que la corrupción se da, frecuentemente, en la administración pública, pero ocurre también en las empresas privadas, especialmente en los departamentos de compras o suministros, en los que unas pocas personas tienen gran autonomía para comprar a un proveedor o a otro, y a un precio o a otro. La honestidad debe guardarse en todos lados.
3 Concienticémonos de que la inmoralidad va todavía más allá del provecho personal de quien exige la retribución por el favor y de quien la otorga. Si el que gana el contrato no es el que ofrecía las mejores condiciones de precio, calidad, etc., se causa un perjuicio -a veces muy grave- a quien paga en último término: el contribuyente o el usuario, según el caso. Se puede cometer una injusticia contra la institución porque la operación le acaba costando más de lo que debiera.
4 Tanto el que paga como el que cobra «aprenden» fácilmente a ser corruptos: la próxima vez será más fácil. Y los que se dan cuenta del ilícito también «aprenderán»: ellos podrán hacerlo la próxima vez. Así ya no triunfará el mejor, sino el que tenga menos escrúpulos.
5 No debe extrañarnos que, en el ámbito oficial, después de conocerse algunos casos de corrupción, la gente pague sus impuestos de mala gana. El «pecadillo» de unos pocos se convierte en un cáncer social.
6 Como las desgracias no vienen solas, luego hay que «maquillar» la contabilidad y hacer facturas falsas para que los pagos ilegales parezcan legales. Cada vez habrá más gente involucrada.
7 El día que se intenta dar marcha atrás, la salida puede ser muy difícil.
8 Si alguna vez se encuentra usted envuelto en un caso de corrupción, párese a pensar en serio sobre el asunto. Casi siempre, detrás de un caso de corrupción descubrirá usted un error de dirección. Por tanto, si el que puede parecer responsable es un subordinado, no diga usted sin más: «yo no tengo ninguna culpa». Haga cambio de estrategias para salirse del ambiente corrupto.
9 Si en verdad quiere salirse de la corrupción, hágalo en serio, drásticamente, sin un «ésta será la última». Hable claro con la otra parte.
10 Busque apoyos. Diversifique sus negocios, enfilando a otros en los que la práctica incorrecta pueda evitarse.

EL OBSERVADOR 308-1

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¿CÓMO DIJO?
1 Recuerda el Padrenuestro. En él pedimos que Dios nos libre de la tentación. Advirtamos que la corrupción se extiende con facilidad, cuando las ocasiones son muchas, los beneficios elevados y los riesgos pequeños. Y cuando vemos que, a nuestro alrededor, otros sucumben, creando un ambiente de permisividad.
2 Tengamos presente que la corrupción se da, frecuentemente, en la administración pública, pero ocurre también en las empresas privadas, especialmente en los departamentos de compras o suministros, en los que unas pocas personas tienen gran autonomía para comprar a un proveedor o a otro, y a un precio o a otro. La honestidad debe guardarse en todos lados.
3 Concienticémonos de que la inmoralidad va todavía más allá del provecho personal de quien exige la retribución por el favor y de quien la otorga. Si el que gana el contrato no es el que ofrecía las mejores condiciones de precio, calidad, etc., se causa un perjuicio -a veces muy grave- a quien paga en último término: el contribuyente o el usuario, según el caso. Se puede cometer una injusticia contra la institución porque la operación le acaba costando más de lo que debiera.
4 Tanto el que paga como el que cobra «aprenden» fácilmente a ser corruptos: la próxima vez será más fácil. Y los que se dan cuenta del ilícito también «aprenderán»: ellos podrán hacerlo la próxima vez. Así ya no triunfará el mejor, sino el que tenga menos escrúpulos.
5 No debe extrañarnos que, en el ámbito oficial, después de conocerse algunos casos de corrupción, la gente pague sus impuestos de mala gana. El «pecadillo» de unos pocos se convierte en un cáncer social.
6 Como las desgracias no vienen solas, luego hay que «maquillar» la contabilidad y hacer facturas falsas para que los pagos ilegales parezcan legales. Cada vez habrá más gente involucrada.
7 El día que se intenta dar marcha atrás, la salida puede ser muy difícil.
8 Si alguna vez se encuentra usted envuelto en un caso de corrupción, párese a pensar en serio sobre el asunto. Casi siempre, detrás de un caso de corrupción descubrirá usted un error de dirección. Por tanto, si el que puede parecer responsable es un subordinado, no diga usted sin más: «yo no tengo ninguna culpa». Haga cambio de estrategias para salirse del ambiente corrupto.
9 Si en verdad quiere salirse de la corrupción, hágalo en serio, drásticamente, sin un «ésta será la última». Hable claro con la otra parte.
10 Busque apoyos. Diversifique sus negocios, enfilando a otros en los que la práctica incorrecta pueda evitarse.

EL OBSERVADOR 308-1

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¿CÓMO DIJO?
El fin del mundo
(Columna colectiva. Responsable: Jaime Septién)
* Según un reportero, el obispo de Querétaro ya «logró ubicar» el día de la semana en el que se acabará el mundo. * Que el anuncio causó revuelo en la parroquia, pero ni quitó el apetito a nadie, ni hubo confesiones masivas, ni la Misa se celebró en un templo. * ¿Habrá diferencia entre un creyente en Cristo resucitado y un astrólogo de la escuela de Nostradamus?
La capacidad de sorprendernos de algunos reporteros parece que no tiene límite.
Estamos profundamente agradecidos de esa misión tan noble que a veces cumplen a su pesar: denigrar a la Iglesia, a los obispos, a los sacerdotes y a todos los hombres y mujeres que creemos en Cristo resucitado; enseñarnos que somos sujetos de burla, cuando no de compasión, por andar en creencias tan fofas y más ahora que lo que está a la moda es no creer en nada, o creer en cualquier cosa, lo cual es lo mismo. Es notable su empeño. Tan notable como su ignorancia. Tocó ahora el turno al obispo de Querétaro, don Mario De Gasperin Gasperin, sufrir el embate del «cuarto poder» mexicano. Y todo por una homilía, en una comunidad rural, con la más que probable ausencia del reportero que, más tarde, enviaría —a través de REFORMA (mayo 22 de 2001)— la noticia urbi et orbi:  «La Iglesia católica de Querétaro —de acuerdo con el Obispo de la entidad (sic)— ha logrado ubicar el día de la semana en que se registrará el fin del mundo».
¡Caracoles! Ya tenemos un obispo que, a la vez que es funcionario público, admira a Walter Mercado, habrán pensado algunos. Lo de funcionario público, porque el reportero —que se llama Fernando Paniagua Palacios— acota que el obispo lo es «de la entidad» de Querétaro, cuando el obispado de Querétaro rebasa la división territorial política y ocupa parte de Guanajuato, por ejemplo. Pero no nos fijemos en minucias. Confundir la Iglesia católica con el poder político es una práctica subconsciente, si se quiere. Lo que no es subconsciente es la «mala onda» que le tiran a los obispos. Y esta vez consistió en hacer a don Mario una especie de vidente, de astrólogo con mitra, y ponerlo en evidencia ante el público de uno de los diarios más leídos (y respetados) del país: REFORMA
Eso sí no se vale, no se vale airear la ignorancia periodística a nivel nacional, sin posibilidad real de réplica. Nada más leer la nota, los dos días siguientes Germán Dehesa la utilizó en su columna sin tomarse, él tampoco, la molestia de cotejar si era verdad o simple petardo reporteril, como en efecto lo fue. La grabación, que obra en poder de EL OBSERVADOR, hace ver las cosas muy diferentes (como deberían verse si, ay, nuestros reporteros nacionales investigaran y transmitieran esa cosa tan rara para ellos que es la verdad). En efecto, don Mario, en coordinación con la doctrina de la Iglesia católica (y con la carta apostólica Dies Domini o «La santificación del domingo», de Su Santidad Juan Pablo ll), dijo en la comunidad de San Isidro Miranda (Querétaro) el domingo 20 de mayo: «Cada domingo es una preparación para el encuentro definitivo con Cristo resucitado. Domingo a domingo vamos caminando, preparando este encuentro con Jesús resucitado que será el domingo final, la consumación de este mundo. Este será el último y definitivo domingo».
Pero a este reportero la doctrina no le interesa, le interesa el escándalo. Y, sin decir «agua va», hace que el Obispo diocesano logre «descubrir» aquello que ni el mismo Jesucristo quiso revelarnos y que la Iglesia, durante dos mil años, ha confesado siempre ignorar:  el día en que Cristo habrá de venir de nueva cuenta al mundo.  Por eso, anota nuestro reportero, «el anuncio causó revuelo entre la feligresía que atiborraba la parroquia del pueblo». La cosa no sería para menos. Pero, mire usted, nadie se percató de ese «revuelo» que el reportero creyó ver, o le dijeron que pasó. Y esto porque, terminada la homilía y la Misa, el señor Obispo desayunó con todos los fieles en la plaza del pueblo, y, que se sepa, ninguno perdió el apetito, ante la inminente llegada del fin del mundo, ni tampoco hubo confesiones colectivas o muestras de pánico. ¿Que por qué intuimos que el reportero no fue testigo directo del «revuelo»? Ah, por la simple razón de que él anota que la feligresía abarrotaba la parroquia del pueblo. Y, mire nomás por dónde, la Misa se celebró al aire libre, en la plaza pública.
De toda esta serie de engaños periodísticos se desprende una moraleja:  la información religiosa no tiene por qué coincidir con la realidad. Se da por hecho en gran cantidad de publicaciones que los obispos y los sacerdotes manipulan a la grey de crédulos para lograr fines inconfesables.  El señor obispo de Querétaro —según se desprende de la nota y de los posteriores chascarrillos de Germán Dehesa—  lo que quiere es asustar a los fieles y atraparlos los domingos en la Misa para que palmen la limosna. Éste es un truco periodístico viejísimo que puede resumirse así: si quieres publicar en primera plana, pégale al que está desarmado, y que tu nota sea lo suficientemente ambigua como para que, si te responden, haya gritones que te defiendan.
Por último, dos obsequios, cortesía de EL OBSERVADOR, al reportero. El primero, un ejemplar de Dies Domini, la carta apostólica sobre la santificación del domingo, en la que Su Santidad Juan Pablo ll habla del domingo como el que acompaña y sostiene la esperanza de los hombres.  El segundo, unas palabras del Papa, para que nuestro reportero se dé un ligero quemón sobre el asunto, y que están contenidas, justamente, en la conclusión de Dies Domini:  «El domingo es el tiempo habitado por Jesús resucitado, Señor de la historia; no es la muerte de nuestras ilusiones sino la cuna del futuro siempre nuevo, la oportunidad que se nos da para transformar los momentos fugaces de esta vida en semillas de eternidad. De domingo en domingo, la comunidad cristiana iluminada por Cristo resucitado camina hasta el domingo sin fin de la Jerusalén celestial». (DD, n. 84).  ¿Verdad que hay diferencia entre un creyente en Cristo resucitado y un astrólogo de la escuela de Nostradamus?

EL OBSERVADOR 308-2

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REPORTAJE
¿Se puede ser masón y católico al mismo tiempo?
Hace algunos días la masonería internacional inició en la ciudad de Madrid su V Conferencia Mundial, con la participación de 80 Grandes Logias regulares procedentes de 85 países de los cinco continentes.
Según dijo a la prensa Tomás Segorbe, el gran maestro de la Logia de España, dentro de la masonería conviven católicos, protestantes, judíos y musulmanes, y qno existen conflictos con ninguna confesión religiosa. Es más, afirmó haber tenido contactos con obispos, pero no citó nombres propios.
Sin embargo, según se desprende de la enseñanza de la Iglesia, la masonería cuestiona los fundamentos cristianos. En el canon 1374 del Código de Derecho Canónico de la Iglesia, por ejemplo, en donde se puede leer: «Quien se inscribe en una asociación que maquina contra la Iglesia debe ser castigado con una pena justa; quien promueve o dirige esa asociación ha de ser castigado con entredicho». Ciertamente el Código, aprobado en 1983, supone dos novedades con respecto al Código de 1917: la pena no es automática y no se menciona expresamente a la masonería como asociación que conspire contra la Iglesia. Por eso, previendo posibles confusiones, un día antes de que entrara en vigor la nueva ley eclesiástica del año 1983, fue publicada una declaración firmada por el cardenal Joseph Ratzinger, prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe. En ella se señala que el criterio de la Iglesia no ha variado en absoluto con respecto a las anteriores declaraciones, y la nominación expresa de la masonería se había omitido por incluirla junto a otras asociaciones. También se indica que los principios de la masonería siguen siendo incompatibles con la doctrina de la Iglesia, y que los fieles que pertenezcan a asociaciones masónicas no pueden acceder a la sagrada Comunión. (Jesús Colina)


Características masónicas incompatibles con la fe católica
- El Gran Arquitecto del Universo es un concepto abstracto, no un ser personal.
- La moral no está ligada a ninguna creencia religiosa en particular; se trata de una moral subjetiva.
- El antropocentrismo propio del humanitarismo masónico, que contrasta con el teocentrismo cristiano.
- La libertad es el valor absoluto de los masones, que se contradice con los juramentos que hacen en los ritos iniciáticos y las normas que se imponen.
- La razón es autónoma de cualquier instancia para los masones, en contraposición con la relación fe y razón de la Iglesia católica.
- Dado el carácter esotérico de la masonería, ésta pretende nivelar todas las religiones: Jesús sería un gran maestro, al nivel de Buda, Mahoma, Zoroastro, etc.
- Sincretismo religioso: la tolerancia masónica considera iguales a todas las religiones.
- Su concepto ambiguo de la verdad implica que no es posible llegar a su conocimiento.

(Fuente: Alfa y Omega n. 257)

La masonería y la new age
Por Fernando José Vaquero Oroquieta
Por Fernando José Vaquero Oroquieta
En cualquiera de las numerosas librerías de temática esotérica figura un espacio importante dedicado a la masonería y a autores de esa filiación con prestigio en ciertas materias, caso de estudios de simbolismo.
Las corrientes espirituales que integran el fenómeno actual de la new age mantienen una estrecha relación con la masonería. No en vano comparten una buena serie de principios comunes: subjetivismo moral, sincretismo religioso, individualismo, relativismo filosófico, reducción del cristianismo a una religión más, deísmo, etc. Así, la new age constituiría, en el actual supermercado espiritual, una vulgarización de los valores masónicos, integrando, en el plano religioso, el pensamiento políticamente correcto.
Ilustraremos, a continuación, esta tesis con el caso de René Guénon.
Este escritor francés, nacido católico y muerto musulmán en El Cairo en 1951, es autor de una compleja obra de pretensiones metafísicas, cuya influencia sigue siendo notable entre masones, ecologistas, neofascistas (de la mano de su discípulo Julius Evola), los autodenominados tradicionalistas guenonianos, adeptos de la new age, incluso entre algunos católicos.
Iniciado muy joven, perteneció a varias logias masónicas, tanto regulares como irregulares. Hermano dormido durante muchos años, hasta el final de sus días se consideró masón, conforme su propia interpretación. A su juicio, el depósito iniciático y metafísico del cristianismo se conservaba en la Orden del Temple hasta su disolución. Algunos templarios se habrían refugiado en Escocia, ingresando en la Gran Logia Real de Edimburgo. Allí transmitieron sus conocimientos, de donde pasaron a la masonería actual, percibiéndose su influencia en algunos grados de los ritos masónicos.
Esta interpretación no es asumida por los estudiosos masónicos, tachándola de antihistórica. Pero los discípulos de Guénon inciden en la importancia simbólica e iniciática del «mito», más decisiva que su realidad histórica literal.
Para Guénon, la corriente iniciática de Occidente (expresión de la que denomina Gran Tradición Promordial, uno de cuyos reflejos sería el fondo común de todas las religiones o Unidad Trascendente de las Tradiciones) sólo es posible rastrearla en la Iglesia católica, que a su juicio ha perdido todo sentido esotérico (oculto), y en la propia masonería. En ésta confluirían, siempre según Guénon, las tradiciones esotéricas occidentales: hermetismo (cuya expresión más conocida sería la de los rosacruces), el pitagorismo (estudios de geometría y arquitectura desde una clave esotérica), cristianismo y judaísmo. En este contexto, la masonería constituiría una vía adecuada para el trabajo propuesto, de ahí que aprobara la creación de una logia de guenonianos dentro de la Gran Logia Nacional Francesa: La Gran Tríada.
René Guénon es un ejemplo de voluntarismo. Autor de una estructura teórica coherente, atractivo, sugerente, proporciona herramientas intelectuales para quienes deseen forjarse una cosmovisión, a la carta, de cierta consistencia.
Hasta aquí hemos encontrado, pues, gran parte de los ingredientes serios de la new age.
Para un católico, el camino, la verdad y la vida tiene un rostro concreto: Jesucristo. Y un lugar preciso: la Iglesia católica. Ese rostro y ese lugar son una posibilidad para todo tipo de hombres, mientras que la vía Guénon sólo es posible para unos pocos. De nuevo, la Iglesia es un espacio de racionalidad y humanidad, frente a la soledad propuesta por Réne Guénon y demás inspiradores de la new age.
Fuente: Alfa y Omega, n. 257)

EL OBSERVADOR 308-3

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Tiempos de vendaval
*
Por Alfonso Navarro
Las dos grandes autoridades del país, la civil y la religiosa, pasan por momentos borrascosos. Por un lado, el gobierno de Vicente Fox se ve rebasado por la furia de la crítica en muchos espacios de la opinión pública, y tal parece que también a nivel del suelo, entre el común de los ciudadanos. Se habla ya de un gobierno que, paulatinamente, se debilita, que pierde fuerza social y política a causa de una sobreexposición mal calculada y de supuestos nulos resultados. Por su parte, a la Iglesia católica no le va mejor.
Una mirada somera a diarios y revistas descubre un turbión de reproches, de descalificaciones, de imputaciones. ¿Responde todo ello a una estrategia maquinada por enemigos comunes a ambas autoridades? No parece del todo descabellado, si se toma en cuenta la persistencia de un común denominador que da origen al vendaval: es lo que artificiosamente muchos llaman “el avance de la derecha”, expresión bajo la cual se intenta desacreditar, colocando esquizofrénicamente en el mismo plano, a la autoridad civil y a la religiosa. Intento lunático.
Existe un segundo factor que flota en el actual vendaval de las críticas. Es el recurso frecuente a distorsión los hechos, ya sea por magnificación o por acallamiento. Ante lo cual conviene insistir: ¿es posible cambiar al país en seis meses, como si fuera un guante que se puede voltear a placer? De manera simplona se condena al todo por una o algunas de sus partes: que si Abascal (adulterados sus conceptos hasta la perversión), que si la reforma hacendaria. Resulta, entonces, que se pierde de vista el bosque por clavar la mirada sólo en algunos árboles, es decir, queda ignorado el esfuerzo global del incipiente gobierno por llevar al país a una cultura de anticorrupción (que si sólo esto se lograra, valdría la pena el esfuerzo sexenal) y a estadios de mejoría económica.
Pero también la Iglesia, en los últimos meses, se ha visto envuelta en un remolino de inculpaciones y condenas a raíz de hechos en los que, directa o indirectamente, se le involucra de manera casi siempre dolosa. A crear este ambiente ríspido contribuyen las falsas “católicas por el derecho a decidir”, los intelectuales “liberados”, y cierto extremismo en el PRD, que presentan a la Iglesia como enemiga de media humanidad. Todo un conglomerado, en fin, de personas físicas y morales que se han dado a la tarea de crearle, con toda suerte de artimañas, una falsa imagen de intolerancia.

* Artículo resumido, publicado en El Universal.. E-mail: navarroa@infosel.com

EL OBSERVADOR 308-4

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PICADURA LETRÍSTICA
¿... y sólo vanidad?

Por J. Jesús García y García
Periodista que diga que no es vanidoso, una de dos:
o no es periodista o está mintiendo. (MANUEL BUENDÍA)

Celebro que ahora me hayan recordado eso que solía decir Manuel Buendía. Yo había almacenado ese concepto en una parte muy recóndita de mi memoria, tal vez porque lo creí perogrullesco. Pero resiste una reflexioncita circundante.
Certísimo es, para empezar, que no existe en parte alguna del mundo la prensa asépticamente imparcial. Y qué digo prensa: en nada en lo que hayamos de formarnos opinión o juicio somos estrictamente imparciales, mucho menos en aquello que sea, de suyo, conflictivo.
Hay un viejo axioma: no podemos ser sin ser de algún modo. Y este modo de ser es ya una cierta forma de parcialidad. Porque si estamos en un lugar no podemos a la vez estar en otro y mucho menos en el opuesto. Nuestros principios, pues, cualesquiera que sean, van a hacernos tomar una posición. Y la consiguiente discriminación que hagamos del punto de vista ajeno puede tomar un titipuchal de formas, entre ellas: combatirlo veladamente, combatirlo abiertamente, asediarlo con cuestionamientos lógicos o ilógicos, asignarle un lugar secundario en nuestra atención o, de plano, ignorándolo. Casi todo eso puede darse en un número infinito de grados.
Ahora bien: la vanidad, etimológicamente hablando, es una condición de vano, es decir, hueco, vacío... o, por extensión, inflado. Pero más usualmente designamos con este término el deseo excesivo de mostrar las propias cualidades y ser reconocido y alabado por los demás, con la arrogancia y presunción anexos.
Esto se liga con el hecho de que, establecidas tres cualidades primordiales de la información: veraz, oportuna y de interés extenso, el periodista, mientras mas vanidoso es, más importancia le concede a las dos últimas cualidades, muchas veces con franco detrimento de la primera. No nos limitamos a ser oportunos: queremos ser nada menos que los primeros y usar triunfalmente la palabra exclusividad. ¿Por qué? Por lograr un interés tan extenso que nos haga ser más leídos que los demás, con todo lo que haya en ello de mercantilismo. Eso nos lleva a ver por todos lados -sin comprobación y menos ponderación- sensacionales violaciones a derechos humanos, inconstitucionalidades en general, fraudes, traiciones, absurdos... Y, claro, en tanto se pueda, hay que amarrar navajas a los gallos en las patas (válganos el símil), para que el cotarro se anime.
Celosísimos de la libertad de expresión, los periodistas no admitimos, desde luego, censura alguna, aunque a veces estemos violando flagrantemente la privacía, la dignidad y el honor de las personas. Incluso, todos lo sabemos, existen vulgares «periodistas» extorsionadores. No ha faltado quien proponga que, en una especie de estado de excepción, los medios sean los únicos jueces de sí mismos, conforme a su propio código de conducta. ¿Pero será posible que ello ocurra, dado nuestro engreimiento, fatuidad y egolatría que se resuelve en llana falta de autocrítica?
En tanto se discute si nuestra actividad debe o no ser regulada, algo podemos hacer, en medio de nuestras limitaciones, quienes estamos inconformes con el status actual: simplemente acercarnos lo más que podamos a la objetividad, aun a sabiendas de que acaso nunca la alcanzaremos plenamente. Así se puede estar orgulloso —así pretendo estarlo yo— de pertenecer a este debatido gremio, tan necesitado de dignificación.

EL OBSERVADOR 308-5

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DILEMAS ÉTICOS
Y ¿quién se atreve a reconocerlo?
Por Sergio Ibarra
Por Sergio Ibarra
Es común encontrarnos con personas que «se sienten ofendidas» cuando alguien se atreve a expresarse en público en relación con algún tema de la religión. Particularmente nos ocurre a los católicos. Sin perjuicio de que ocurra también en las demás corrientes religiosas, merecedoras de mi respeto, que ahora vemos promoverse y apropiarse de una serie de elementos de imagen y contenido que, evidentemente, han llegado hasta nuestros días gracias al trabajo de miles de sacerdotes y de feligreses que durante más de dos mil años no han quitado el dedo del renglón.
¿Acaso alguien no se ha llegado a burlar de usted por seguir y respetar los lineamientos de nuestra religión llamándole «mocho» y cosas por el estilo? Más aún, cuando, fuera del contexto religioso, usted hace mención atenta de nuestra Iglesia católica, ¿no se le ataca y se reduce el asunto a decir que uno es un fanático? ¿O acaso ha escuchado por ahí «para no discutir, como en política, de eso mejor ni hablamos»?
Hace unos días, un alumno de posgrado me hacía ver que un compañero de él «se había sentido profundamente ofendido» por los conceptos del queridísimo maestro, ya finado, don Isaac Guzmán Valdivia, quien en sus obras, en un contexto mucho más cerrado que el actual, tuvo, al decir de esta persona ya adulta, el «atrevimiento» de hablar de los principios de nuestra religión en libros dirigidos al mundo empresarial, lo que en política se ha dado en llamar corriente social-demócrata y nosotros conocemos como el pensamiento social-cristiano.
En alguna otra ocasión escuché decir a alguna señora en una reunión: «no metas a tus hijos en esa escuela; les enseñan religión y les hacen escuchar Misa los viernes primeros de cada mes». Vaya, vaya, nos preocupamos más por ello que por los efectos que tiene el transferirles primero la lengua anglosajona y alguna que otra de las costumbres de la misma procedencia. Como si se tratara de algo ridículo el que nuestros hijos asistan a escuelas católicas.
En cambio, un alto ejecutivo de una organización protagonista en su sector el otro día me dio su tarjeta. Para mi sorpresa, aparece en la misma el icono del pescado que utilizaron los seguidores de Jesús para identificarse como tales, ya que eran objeto de persecución. Si, lo leyó usted bien: en una tarjeta de presentación. De repente, cuando nos encontramos con expresiones de esta naturaleza, recordamos el valor que implica el reconocer sin ninguna vergüenza el ser católicos. Mucha gente intenta ocultarlo. ¿No me cree? La próxima vez que se encuentre en un avión observe la reacción de los que le rodean cuando usted se persigne antes de despegar, o bien al bendecir los alimentos.
Y he querido compartir con usted, amable lector, esta reflexión; porque me parece un dilema ético el tener el valor de confesarnos católicos en cualquier ámbito social. Finalmente debe ser el principal elemento de identidad entre usted, yo, el de enfrente y nuestra comunidad entera, por encima de preferencias políticas, deportivas, culturales, etc.
¿Usted se atreve a reconocerlo?

EL OBSERVADOR 308-6

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Amigos...
Por Claudio Guillermo de Castro Ros-Zanet (15 años)
*Puedes confiar siempre en ellos. Jamás te negarán su ayuda
*Saben decirte la verdad sin herirte.
*Te acompañan en todos los momentos de la vida, en las buenas y en las malas.
*Nunca te defraudan intencionalmente.
*Saben qué es lo mejor para ti.
*Cada vez que tienes un problema intentan ayudarte sin que se los pidas.
*Saben perdonar. No guardan resentimientos.
*Siempre cuestionan tus acciones cuando saben que no son las correctas.
*Te brindan su apoyo cuando caes.
*Te felicitan cuando logras tus objetivos.
*Jamás hacen algo que pueda herirte.
*Prefieren tu felicidad a la de ellos.
*Saben qué hacer para animarte cuando estás deprimido.
*Te entienden sin que les tengas que explicar cómo te sientes.
*Su amistad dura para siempre y no se deshace con el tiempo.

EL OBSERVADOR 308-7

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ORIENTACIÓN FAMILIAR
Si se obtiene un no como respuesta
Por Yusi Cervantes Leyzaola
Al leer durante la semana pasada y ésta su sección con el tema «La infidelidad», me pregunto: ¿Qué procede cuando ya has actuado como Rebeca, pero en lugar de recibir un sí como respuesta se obtiene un «no, eso no es cierto, bla, bla», y en vez de un «eso terminó desde esa misma noche» se continua por meses y no se ve que tenga para cuando? Estoy 100% de acuerdo con usted en la definición que da del amor, y en la actitud de Rebeca; pero, ¿en qué momento se pierde verdaderamente la dignidad cuando es obvio que la otra persona sabe que, haga lo que haga, encontrará perdón sin reproches, sin desconfianza? ¿ No será que el esposo de Rebeca verdaderamente la amaba, y ésa no sea mi situación? Y, si no me ama, ¿qué caso tiene? Felicito de todo corazón a ese matrimonio, y también creo que Dios está con ellos. Me encuentro perdida en un huracán donde mi fe se confunde con el sentido común, con el respeto por mí misma y por la certeza de que «lo que Dios unió, que no lo separe el hombre».

Tiene razón, en el caso de Rebeca la clave está en ese sí del esposo, en ese amor que luchan por rescatar ambos. Hay otras historias en las que el cónyuge que engaña al otro jamás confiesa que lo hizo, sin embargo cambia, deja esa otra relación y lucha por recuperar la relación con su pareja, no sólo mejorando él o ella, sino manifestando también sus deseos y necesidades.
Pero cuando hay un no como respuesta, cuando la infidelidad continúa, no se puede responder como lo hizo Rebeca. ¿Qué hay qué hacer? Cada caso es distinto, pero en términos generales, la persona que sufre el engaño debe comenzar por decidir mantener su dignidad y el respeto por sí misma. Necesita también tener una vida propia, con sentido; esto implica no depender emocionalmente del cónyuge (hay que hacer una distinción: una cosa es el amor –maduro, generoso- y otra la dependencia, que implica poner la responsabilidad de la propia felicidad en manos de otro). Luego tendría que hacer un análisis sincero de la relación, aceptar y corregir sus fallos, comunicar claramente al cónyuge lo que piensa, lo que desea, lo que necesita. Para todo esto le serviría mucho la ayuda de alguien en quien pueda confiar plenamente y que sepa de estas cosas, preferentemente una ayuda profesional.
Si él cónyuge permanece en la posición de no cambiar, de no comunicarse, habrá que poner límites. Permitir que alguien nos trate con injusticia, que maltrate nuestra dignidad o que abuse de nosotros no es amarlo. Es algo muy distinto. En la Iglesia no existe el divorcio, sin embargo, en determinadas circunstancias la Iglesia permite una separación por el bien de los miembros inocentes de la familia. En caso extremo, y después de haber agotado las otras posibilidades, se puede presentar el caso y escuchar lo que la Iglesia tiene que decir. Definitivamente no es ningún bien que una persona sepa que, haga lo que haga, encontrará perdón sin reproches, sin desconfianza. No se trata de pasar sobre la justicia y el respeto. Tienes que recuperar tu dignidad y luchar por lo que es importante en tu vida. Sé fuerte.

La psicóloga Yusi Cervantes Leyzaola responderá las preguntas que se le envíen a la dirección de El Observador: Reforma 48, Querétaro, Qro. C.P. 76000; o que se le hagan al teléfono 228-02-16. Citas al 215-67-68 Correo electrónico: yusicervantes@terra.com.mx

EL OBSERVADOR 308-8

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PINCELADAS
El país de la alegría
Justo López Melús *
Un maestro oriental indicaba un día a sus discípulos las fases por las que había pasado en búsqueda de Dios.
— Primero Dios me condujo al país de la acción. Después me llevó al país de la aflicción para purificar mi corazón de todo afecto desordenado. Luego estuve en el país del amor, y sus ardientes llamas consumieron lo que me quedaba de egoísmo. Más tarde llegué al país del silencio, donde se me desvelaron los misterios de la vida y de la muerte.
— ¿Ésa fue la fase final? —le preguntaron los discípulos.
— No —respondió el maestro—. Un día me dijo Dios: «Hoy voy a llevarte al altar más escondido del templo, al mismo corazón de Dios». Y fui conducido al país de la alegría.
Esto recuerda el grito de los ángeles a los pastores: «Os anuncio un gran gozo, os ha nacido el Salvador». Y a la Virgen María la llamamos en las letanías causa de nuestra alegría.

* El autor es Operario Diocesano en San José de Gracia de Querétaro.

EL OBSERVADOR 308-9

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Libertad de ser informado para ser libres
Por Javier Algara C.
El artículo 6° de la Constitución General de la República deja en claro que nadie puede ser molestado por expresar sus opiniones. La salvaguarda de este derecho ha sido preocupación constante de la ley desde que los franceses lo incluyeron en su famosa “Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano”, de 1789. Era una reacción lógica a la forma como las autoridades constituidas habían tradicionalmente reprimido cualquier crítica ciudadana. Por ello todos los países incluyen ese derecho en sus listas constitucionales de garantías individuales. Hasta 1917, cuando se redactó nuestra Carta Magna, no existía en ella mención alguna del derecho de los ciudadanos a ser informados. En 1977, sin embargo, la legislatura federal en ejercicio entonces añadió al texto del citado artículo una frase que, si no se lee dos veces, parecería ser un apéndice innecesario. Dice textualmente la adición: “El derecho a la información será garantizado por el Estado”. Estas pocas palabras, añadidas al texto original sesenta años después, refleja lo que la ONU ya había descubierto desde que promulgó la Carta Universal de los Derechos Humanos en 1948.
Ésta hace del derecho a expresarse libremente uno que no estaría completo sin la garantía para el ciudadano de obtener información veraz y oportuna. Esta relación mutua, intrínseca, de los dos derechos se percibe más claramente cuando se ejercitan en referencia a los asuntos públicos. La democracia se fundamenta, entre otras cosas, en la posibilidad de las personas de expresar libremente, sin miedo a represalias, su opinión propia. Pero, también, recíprocamente, en la posibilidad de que el ciudadano cuente con información confiable acerca de aquellos asuntos sobre los cuales desea y necesita opinar libremente. Mas la garantía de que un ciudadano ejerza su derecho a ser informado, en México, no existe más que en la letra constitucional. No hay leyes secundarias que regulen ese ejercicio y las obligaciones consecuentes de quienes deben dar información. Las autoridades, con honrosas excepciones, no informan voluntariamente sobre sus quehaceres y normalmente rechazan cualquier solicitud al respecto (y sustentan su rechazo en la carencia de dichas leyes). La información que proveen nuestros medios está generalmente manipulada por grupos de interés y crean en la ciudadanía una “verdad” convencional. Los congresos locales y el federal no pueden soslayar ni posponer el tratamiento parlamentario del derecho a la información. Las palabras del Señor en el evangelio de San Juan referentes a que es la verdad lo que nos libera también tienen aplicación a lo sociopolítico. Las comunidades cristianas, fundadas sobre la Verdad, no pueden estar ajenas a los procesos informativos tanto de los medios de comunicación como de las autoridades.


(FIN)

EL OBSERVADOR 308-10

 

 

 
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