El Observador de la Actualidad

 

Periodismo católico para la familia de hoy

29 de julio de 2001 No. 316

SUMARIO

bullet EN EL PRINCIPIO, LA PALABRA Por una moral de la alegría
bullet¿CÓMO DIJO? Los nuevos fariseos
bulletPICADURA LETRÍSTICA Reparación del daño
bulletDILEMA ÉTICOS Tú véndelo...a lo mejor no llegan
bulletEnfermos: ustedes son fuertes como Jesús en la cruz
bulletPANTALLA CHICA No siempre Disney es lo mejor de Walt Disney
bulletREPORTAJE Ecología:la necesidad de evitar posiciones extremas
bulletOPINIÓN La falta de sentido
bulletINTIMIDADES –LOS JÓVENES NOS CUENTAN- Soy un hombre de éxito, pero estoy deprimido
bulletUrbanidad al teléfono
bulletPINCELADAS Feministas sensatas

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EN EL PRINCIPIO, LA PALABRA
Por una moral de la alegría
Por Jaime Septién Crespo

Uno de los escritores católicos que más puede cambiarnos el concepto de vida según el Evangelio es, seguramente, el menos solemne de todos, el menos dado a la predicación: el escritor Inglés Gilbert Keith Chesterton. Cuando menos a quien esto escribe ha influido enormemente. La razón es sencilla: por su complejidad. Tiene la capacidad de hacernos entender lo que es el misterio de la Encarnación mediante el método de hacer del Misterio de la Encarnación un milagro que nadie puede entender.
Su polémica con George Bernard Shaw, ateo, es muestra del abrazo universal que el católico debe dar. No había un asunto en el cual pudieran estar de acuerdo. Y, justo por ello, nunca hubo entre los dos más que una intensa amistad, disfrazada de polémica. Shaw afirmaba que la historia de Cristo era demasiado perfecta para ser verdadera, a lo que Chesterton, demoledoramente, católicamente, contestaba que la historia de Cristo era verdadera por ser demasiado perfecta.
Su método consistía en no enseñar nada, sino mostrarlo todo con alegría. La ética de la oposición de Chesterton no trabajaba desde los sótanos de la amargura, sino desde las azoteas de la esperanza: se oponía por sistema al sistema, que es la única manera de ser revolucionario. Nunca disparó un tiro, pero echó abajo todas las prácticas políticas basadas en la violencia del Estado contra los ciudadanos.
Vivió su catolicismo a pleno sol. Se convirtió porque oyó a un sacerdote decir tonterías en una homilía. Y pensó: «si con estas insensateces de sus ministros la Iglesia ha durado casi dos mil años, no hay duda de que ésta, la católica, es la Iglesia verdadera». Claro que no fue así, pero la anécdota demuestra no sólo la vena alegre de Chesterton, sino, lo que es más importante, su capacidad de comprender el lado sombrío de los hombres, sus torpezas, su desaliño intelectual, su orgullosa mediocridad y, por supuesto, sus errores.
Hay, por lo demás, una idea que recorre toda su obra: que el católico debe hacer cada día que el sacrificio de Cristo valga la pena. ¡Qué estupendo compromiso adquirimos en el bautismo! Completar en nosotros la alegría de la vida de Cristo, de su vida completa, con la Pasión, como pedía san Pablo. El seguir de Cristo, el ortodoxo seguidor de Cristo y de su Iglesia, diría Chesterton, no sufre porque quiere sino porque quiere sufre; no ama porque necesita al otro sino porque necesita al otro ama; en fin, no es bueno por ser católico sino es católico, simplemente, porque es bueno.

EL OBSERVADOR 316-1

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¿CÓMO DIJO?
Los nuevos fariseos
(Columna colectiva. Responsable: Jaime Septién)

* Nuevo deporte nacional: acusar sin límite.
* Por qué prohíben el amor, si es tan bonito.


Aunque la palabra es dura, Jesús en el Evangelio calificó de hipócritas a aquellos que dicen una cosa y hacen otra, o dicen y no hacen, sobre todo cuando se trata de aparecer ante los demás. Se refería Jesús a la secta de los escribas y de los fariseos. La incongruencia entre el modo de pensar y la vida de cada uno es siempre grande, y todos estamos expuestos a la hipocresía, defecto que debemos combatir. Pero lo que caracteriza al hipócrita farisaico es que lo hace en público, clama y grita denunciando la paja en el ojo ajeno y no repara en la viga que lleva en el propio. Es acusador de los demás y cómplice de sí mismo.
En la vida moderna este tipo se refleja a las claras en los medios de comunicación (siempre con alguna notoria excepción). Desde sus respectivas tribunas a todos gritan, delatan, denuncian, critican, exhiben, acusan, condenan; pero ellos, los responsables de los medios de comunicación, jamás se autocritican ni asumen su responsabilidad social: mucho menos brindan la posibilidad a los agraviados de defenderse. Como tienen el micrófono o la pluma en la mano, pretenden tener siempre la razón, aunque digan desatinos.
Vociferan cada vez que hay un asalto, un secuestro, una violación, un robo, un cohecho, una extorsión, un fraude, un error político, un escándalo, pero ellos nunca han asumido su responsabilidad en la promoción de la violencia, del pansexualismo, de la ambición, del escándalo, del deterioro de las costumbres, de la inmoralidad pública y del maltrato del lenguaje. Jamás de los jamases hemos escuchado a alguno de ésos reconocer el mal infligido a la sociedad al amparar, proteger, aplaudir y justificar, durante décadas, a un régimen de gobierno que empobreció al país y envileció la justicia y la verdad. Fueron cómplices, ahora son víctimas de ese envilecimiento.
La libertad de expresión es un derecho indecible, pero exige sujetos responsables. Es un bien precioso que hay que tutelar con la coherencia en el obrar, porque libertad sin responsabilidad es tiranía, y sin moralidad es hipocresía.

Un comentario al jacobino Carlos Fuentes

Caso concreto sobre esta materia es el observado por el periodista católico Alfonso Navarro, colaborador nuestro y columnista de El Universal, que en su artículo El mensaje de un ateo, que se refiere, a su vez, al artículo México, Roma y un matrimonio legal, del escritor Carlos Fuentes, dice:. «Tal escrito ejemplifica el anticlericalismo no vulgar, como ahí se afirma, pero sí el ilustrado... Un burdo espíritu recorre cada línea a impulsos de graves imputaciones históricas y morales a la Iglesia católica. La gravedad del hecho saca a flote una de mis más caras convicciones: al escritor, especialmente al novelista, debe dispensársele del rigor histórico en favor de la creación literaria, mas no de la invención infamante.
«Y, dice un refrán, lo que mal comienza mal acaba. Fuentes empieza por asentar que 'la Iglesia romana siempre ha tenido una difícil relación con la República mexicana'. No parece casual la antítesis romana-mexicana. Pero, pasándola por alto, cabe interrogar: ¿cuál república mexicana? Historiadores serios documentan una Iglesia vejada y perseguida injustamente, no por la república mexicana, sino por algunos de sus gobiernos. Éstos originaron la difícil relación. La confusa imprecisión de Fuentes aparece todavía más clara si, brincado este punto, se lee su audaz minisíntesis de la historia de México, encorsetada en dos párrafos solemnes, engolados. El escritor se remonta a la corona española, a los Reyes Católicos, cuando la república mexicana no existía. Este y otros ingredientes de esa píldora histórica muestran una esquizofrénica repetición de tópicos anticatólicos, trillados y venteados por el anquilosado pensamiento laico-jacobino.
«Así, la referencia a la corona española sirve de mera pantalla a la infaltable mención de la Inquisición. Y dos líneas le bastan a don Carlos para finiquitar el asunto: la Inquisición, 'una arma autoritaria esencial para las ambiciones temporales de la Iglesia'. Confieso que he leído y escuchado muchas apreciaciones abstrusas acerca de la Inquisición, pero ninguna como ésta. Hasta los enemigos más acérrimos de la Iglesia reconocen en esa institución un objetivo preciso: defender y preservar la fe católica, muy diferente al que urde Fuentes. Por sí mismo, ese fin no es condenable... A la Inquisición se le condena por sus medios, por sus métodos que, curiosamente, eran los mismos que utilizaban, incluso con mayor crueldad y escarnio, todos los tribunales de la época, absolutamente todos, incluidos los civiles, los ateos y, posteriormente, los protestantes. Tal vez don Carlos deba informarse mejor acerca de este complejo tema. La acuciosa y documentada investigación del sueco Enigssen puede ser una excelente opción.
«Siguiendo el curso de la historia, el novelista salta hasta el siglo XIX, a la Reforma. Abandona bajo el puente tres siglos gloriosos de la Iglesia católica en México: su titánica e inigualable labor civilizadora en el campo de las artes, de las letras, de la arquitectura, de la agricultura, de la música, de la educación, de la asistencia social. Todo esto no cuenta para don Carlos. Pero México sí cuenta, afortunadamente, con la perspicacia de Octavio Paz quien, no sólo reconoció esa verdad histórica, sino que denunció 'la cesura histórica', las páginas 'tachadas, borroneadas y enmendadas con más furia': las de la Nueva España. Pero, instalados ya en la Reforma, don Carlos afirma temerariamente que la Iglesia 'quiso apoderarse de la nueva nación mexicana y acabó dividiéndola'; que, aliada con criollos y conservadores, provocó la reacción de la Reforma y sus leyes 'laicas'.
«Pero la verdad histórica no comulga con esa rueda. Lejos de existir una sociedad 'laica', como supone Fuentes, Juárez y sus secuaces, usurpando el poder que le correspondía a Zuloaga tras el desconocimiento de Comonfort, se impusieron —¡y de qué manera!— imbuidos de la filosofía positivista de Comte y de Saint-Simon e inoculados de odio contra la Iglesia por el jacobinismo francés y español. La manera consistió en venderse y vender al país mediante el ignominioso Tratado McLane-Ocampo y la convocatoria de la fuerza militar y naval de Estados Unidos, en Veracruz, contra mexicanos. Los conservadores, a los que supuestamente se alió la Iglesia, fueron mucho más dignos mexicanos que los liberales. Los conservadores no se arrodillaron ante Forsyt —aunque perdieran el apoyo estadounidense y el poder en México— como lo hicieron los liberales ante McLane. Ya con el poder en la bolsa, Juárez descubrió —¡qué casualidad!— que la culpable de todos los males de México era la Iglesia católica. Su ambición y su odio, sus decretos persecutorios, los crímenes y las ambiciones de los juaristas, descritas por Manuel Payno, partidario de Juárez, cayeron en olvido como rosas en el mar».

Los mandamientos son los mandamientos

Nuestro lector y amigo Walter Turbull, ahondando en el asunto de las segundas nupcias, tan venidas a cuento últimamente y tan manipuladas en los medios, responde a estas preguntas: ¿Por qué si hay amor de por medio se habla de pecado? ¿Por qué algunos en la Iglesia critican algo tan bello como es una unión por amor?
«Si nos vamos a la doctrina, la respuesta es fácil. Los mandamientos de Dios (o al menos el Dios del que habla la Iglesia católica, que en lo sucesivo llamaremos simplemente Dios) dicen claramente 'no fornicarás', y toda relación sexual que se realiza fuera del compromiso matrimonial se considera como fornicación. Siendo el matrimonio por la Iglesia una unión indisoluble, cualquier relación sexual fuera de él (el primer y único matrimonio) se considera como adulterio. Ésta es la doctrina que la Iglesia ha heredado de sus antecesores y, afortunadamente, no está autorizada a cambiarla para ajustarse al gusto de la mayoría. La Iglesia se mete porque, como heredera de la misión de Cristo, tiene la obligación de dar a conocer la verdad, le guste a quien le guste; y como maestra tiene derecho a llamar la atención a quienes voluntariamente se han afiliado a su magisterio. A nadie se le obliga a adherirse a la Iglesia, pero el que se adhiere está moralmente obligado a obedecerla, como sucede con cualquier institución.
«Creo que, en todo caso, la pregunta que se podría justificar es otra. Es una pregunta tan antigua como la lucha entre la moral y el libertinaje: ¿Por qué Dios prohíbe el amor si el amor es tan bonito? ¿No la misma doctrina cristiana nos dice que Dios es amor? Lo primero que encontramos es un mal uso que se ha hecho de la palabra amor. Dios es amor, y la Iglesia predica el amor. Pero esa sagrada palabra se empezó a malusar (usar mal) desde hace siglos para designar cosas tan variadas como el apetito sexual, la afinidad de caracteres, el placer de agradar, la satisfacción de poseer cosas o personas, el placer estético ante la presencia de la belleza, el miedo a la soledad, etc...  A todo eso le llamamos equívocamente 'amor'.
«No podemos saber qué pasa con los que se casan a tontas o a ciegas y años después se tienen que separar y con sincero corazón encuentran una relación que parece ser el escape a su soledad. No podemos saber qué pasa con los que juran, que simplemente no les alcanzaron las fuerzas para la carga.  Pero tampoco podemos abolir los mandamientos de Dios en atención a los que no los pudieron cumplir».

EL OBSERVADOR 316-2

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PICADURA LETRÍSTICA
Reparación del daño
Por J. Jesús García y García

Hay un punto, pasado el cual, hasta la justicia se vuelve injusta.
SÓFOCLES
Reparación del daño, restitución, indemnización, devolución, reembolso, restauración, reintegro, son, entre otras, acciones que el derecho penal, lo mismo que el eclesiástico, establecen como obligatorias para quien ocasionó, sobre todo delictuosamente, perjuicio económico, físico o moral a alguien.
Normalmente toda acción reparadora está precedida por una reclamación interpuesta en un juicio. Reclamaciones hay que sobrepasan los límites de lo sensato: algunas son insustentables, otras excesivas; en otras el agente del daño se quedó muy atrás en el tiempo y ahora pagarían justos por pecadores y, de paso, sería imposible identificar a los individuos concretos que deben recibir la reparación. También hay reclamaciones moralmente improcedentes.
Inviable es la que nos cuenta la revista La aventura de la historia (Madrid, agosto de 2000): «Aunque constituye una quimera y la Historia muestre que ningún pueblo jamás restituyó nada, ya hay una demanda de compensación presentada por el Tribunal de Derechos de los Indios de Bolivia ante el Tribunal de La Haya (1989), en la que solicita que el Vaticano y España les paguen diez billones de dólares, en concepto de indemnización por el genocidio y robos cometidos en la conquista y evangelización de América, ¡a razón de 500 dólares por cabeza y año de los afectados!». Y eso es Bolivia, ¿pues cuánto no valdrían, con igual criterio reparador, Perú, Brasil, Argentina, etc.? Las preguntas se multiplican y no encontramos respuesta: ¿cuánto valdrían —y a quién se le pagarían— los estados de California, Nevada, Utah, Arizona, Nuevo México y Texas, sin contar porciones importantes de Wyoming, Colorado, Nebraska, Kansas y Oklahoma? Sin contar que todo el territorio estadounidense fue mal habido y, de igual forma, habría que pagarlo. ¿Y cuántos casos semejantes no hay en el mundo, grandes, medianos y pequeños?        
Impracticable por excesivo —en otro género de reclamaciones— es un fallo judicial por el que se condenó a un banco de nuestro país a entregar a una señora 448 mil millones de pesos, suma que el banco infractor no podría acercarse siquiera a pagar aunque diera todo su capital (la suma representa como un tercio del presupuesto nacional de un año).
Y no falta el disparate: «En Francia —reporta la agencia ZENIT, 16 de julio— quien viene al mundo con una minusvalía tiene derecho a una indemnización por haber nacido. Le pagarán los médicos culpables de no haber aconsejado el aborto a la madre [o la demanda puede ser en contra de los padres si no se encuentra otra parte culpable...]. El Tribunal de Casación parisino ha establecido que es 'mejor morir que nacer con una minusvalía', sirviéndose de un silogismo bastante discutible. Si el médico sabe que el niño nacerá enfermo, dice la sentencia, tiene el deber moral [sic] de aconsejar a la madre el aborto terapéutico. Si no lo hace, se hace automáticamente responsable de la enfermedad y, como tal, debe pagar el perjuicio al pequeño 'obligado' a venir al mundo cuando habría podido evitarse tales sufrimientos no viendo la luz». ¿Si lo querían matar para qué lo quieren ahora indemnizar? ¿Y va a ponerse en contienda legal con los que, por lógica, serían los más indicados y también más dispuestos para cuidarlo? ¿Y por qué —bueno, sí sé por qué— algunos están empeñados en quitar a los médicos todo escrúpulo de conciencia y hacerlos abortistas a la fuerza?

EL OBSERVADOR 316-3

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DILEMA ÉTICOS
Tú véndelo...a lo mejor no llegan
Por Sergio Ibarra
Nos encontramos a Juanito colaborando en la taquilla de una empresa que, buscando el mejoramiento y la ampliación de los servicios que ofrece, decide instalar una alternativa de servicio directo al aeropuerto. Le toca a Juanito ser el operador de la venta de boletos. Y, como ahora todo es controlado por los sistemas computacionales, ha sido cuidadosamente entrenado para manejar esta operación y registrar diligentemente esta tarea.
Un buen día el gerente de la operación detecta que algunos pasajeros, habiendo comprado el boleto, a la mera hora por alguna razón no se presentan o sencillamente llegan tarde, lo que al jefe de Juanito, manager de la situación, le parece una oportunidad.
— ¿Cuál es la oportunidad? —le pregunta Juanito.
— Fácil, vendemos algunos más y así aseguramos una lana extra que ahí nos repartimos.
— Oiga, jefe, ¿y qué pasa si llegan más pasajeros?
— Tú véndelos, de lo demás yo me las arreglo.
Días mas tarde despiden a Juanito porque un turista extranjero presenta una queja a la alta gerencia debido a que se queda en el aeropuerto al rehusarse a viajar en la cabina del operador parado.
¿Cuál es dilema ético? Muchas veces uno se pregunta «¿Qué debo hacer?», «¿Qué pasará si no hago lo que debo?», o, quizá, «¿Por qué debo hacer lo que debo?».
Juanito, ante la primera pregunta, sucumbe porque el jefe lo involucra y, de hecho, le da una orden. El «debo» aquí se traduce en hacer caso a lo que se le indica. Mas, si analizamos el punto desde la perspectiva de la segunda pregunta, entonces la respuesta involucra no a su jefe, sino a sus clientes, porque al sobrevender el cupo del transporte lo que va a provocarse tarde que temprano es justamente conflictos, incomodidades, incumplimientos del servicio, quejas, mala imagen para la empresa y para quienes laboran en ella.
Y ante la tercera pregunta quizá surja el dilema mas grave: ¿Por qué Juanito debe hacer lo que debe hacer? Por una razón simple. Él ha sido contratado por un patrón al que, de acuerdo con la ley laboral, debe cumplirle con una responsabilidad. Y aun más allá de ello, ¿puede Juanito engañar a su corazón? ¿Engañar a su conciencia? Tarde o temprano se encontrará con su almohada; sobre todo el día en que lo despidan tendrá una resaca —o una cruda, si usted lo prefiere—de orden moral.

EL OBSERVADOR 316-4

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Enfermos: ustedes son fuertes como Jesús en la cruz
Por el Pbro. Prisciliano Hernández Ch., O.R.C.
A Roberto Velázquez, a Ricardo Gallegos, a Susana Valencia y a todos los enfermos.

El Santo Padre Juan Pablo II ha sido atrevido en su vida, en su palabra y en sus gestos. Pasar por la memoria del corazón su acontecer sería saludable para recobrar la confianza los que sufren alguna enfermedad mortal o los que tienen traspasada el alma, o ambas cosas. Es el vicario de Cristo, no sólo en la presidencia de la fe, en su potestad de jurisdicción universal sobre la Iglesia, sino testigo de la esperanza que aclara su arrojo en las dificultades de su vida, de la Iglesia y de la humanidad: «¡No tengáis miedo! ¡Abrid las puertas al Salvador!».
Ha sido dichoso por creer en el amor de Dios, como Abrahán, como la Santísima Virgen María; por eso confía contra toda esperanza. Nadie mejor que él para escribir la encíclica sobre “El o”, y estas palabras acrisoladas en las pruebas de la vida, de su orfandad, de las humillaciones del nazismo y del comunismo, del atentado del 13 de mayo de 1981 y de sus padecimientos atendidos en la clínica Gemelli: «Enfermos: ustedes son fuertes como Jesús en la Cruz» ( Roma, Jubileo de los Enfermos, 11- 02- 2000).
¿Cómo? Si además de la lucha contra la enfermedad se libra el combate contra la tristeza, la angustia y las redes de muerte que nos invaden , de modo que se está en situación de total indefensión, el Papa dice de antemano que se es fuerte. ¿Fuertes en esta situación que abre las puertas de par en par a las tentaciones del nirvana budista —o sea, aniquilar en sí mismo todo deseo— o a las prácticas irracionales de curanderismo, de eutanasia, o, simplemente, a la desesperación, de modo que se da pauta a la rebeldía contra Dios por su aparente abandono y sus oídos sordos?
Jesús compendía y supera en sí mismo toda experiencia de abandono, y es ejemplo a seguir por lo que toca a la plena confianza en el Padre, quien permite esta peregrinación por las noches y las cañadas oscuras de la vida para llegar a la hora de la suprema inmolación: «Padre, me pongo en tus manos, haz de mí lo que quieras; sea lo que sea, lo acepto todo, con tal de que tu voluntad se cumpla en mí ...» (Charles de Foucauld).
Acoger la palabra de Jesús, mirar serenamente la Cruz, esperanza única, y recibirlo en la Eucaristía —en el coloquio íntimo de los amigos— nos da la fuerza en el martirio del dolor: habrá un cielo nuevo y una tierra nueva (cfr. Ap 21,1 ), «ya no habrá noche; no necesitarán luz de lámparas ni la luz del sol, porque el Señor Dios alumbrará a sus habitantes, que reinarán por los siglos de los siglos» (Ap 22,5).
Ciertamente que el sufrimiento posee un valor salvífico, como enseña el Santo Padre: para purificarnos del mal, para reafirmarnos en el bien y, sobre todo, para asociarnos con Cristo en la redención de la humanidad.
A toda noche le corresponde su aurora: Abrahán se pone en camino para sacrificar a su hijo Isaac; era de noche para la aurora de la promesa: «Te haré padre de multitud de pueblos». Israel sale de la esclavitud de Egipto: era de noche, a la aurora de la libertad de los espacios abiertos. Jesús en la agonía del huerto y en la muerte del Calvario, era de noche; ante las tinieblas que cubrieron la tierra despunta la aurora de la Resurrección. Ésta es la lógica que implica la promesa cristiana ante el misterio del dolor: «Acuérdate de Jesucristo, resucitado de entre los muertos... si con Él morimos, viviremos con Él; si con Él sufrimos, reinaremos con Él» (2Tim 2, 8-12).
Ésta es la estructura de la Pascua y la hondura del amor: la entrega amorosa implica anonadamiento o negación de sí, donación total hasta la muerte; es la realización total de la existencia en tanto personas, y es el misterio supremo de nuestro hogar trinitario, explicitado en la Pascua, la muerte y la resurrección de Cristo: Dios es amor y «amaos como Yo».
Si la enfermedad lesiona la integridad del cuerpo, ahí está Cristo Jesús, nuestro camino, nuestra verdad, nuestra vida, nuestro hermano, nuestro compañero, como en otro tiempo con los discípulos de la aldea de Emaús; nos alienta y nos ofrece espíritu de consuelo, de luz y de fortaleza: «¿No era necesario que el Mesías sufriera todo esto para entrar en su gloria?» (LC 24, 26).
Acojamos la palabra del Papa como la palabra del buen samaritano, como la palabra del padre a los hijos: enfermos, sean tan fuertes como Jesús en la Cruz. Así los necesitamos; así serán plenamente fecundos para la edificación de la nueva humanidad; así luchan los soldados de Cristo; así llegan a su plenitud las bienaventuranzas del Sermón de la Montaña en ustedes: «enfermos, ustedes son fuertes como Jesús en la Cruz». Es el término de una aceptación que implica agonía del alma, previa a la paz y a la serenidad: «Qué bien sé yo la fonte que mana y corre, aunque es de noche». «...a escuras y segura por la secreta escala, disfrazada, ¡oh, dichosa ventura! A escuras y en celada, estando ya mi casa sosegada» (San Juan de la Cruz).

EL OBSERVADOR 316-5

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PANTALLA CHICA
No siempre Disney es lo mejor de Walt Disney
Por el Grupo Inter Mirifica

En un mundo en el que las firmas y las marcas son importantes, se generaliza la calidad del producto que puede estar detrás de ellas. En el caso de Disney Channel (canal de televisión por cable) podemos decir que, en general, tiene buenos programas; sin embargo, no es como algunos suponen: un canal para que los niños lo vean a libre albedrío y sin límite de tiempo, ya que no está enfocado únicamente a los niños pequeños, y no todos los programas son útiles o positivos para ellos.
Posiblemente el usuario que compra este canal busca esencialmente los programas «clásicos» de Disney, con los personajes y las caricaturas «clásicas». Pero, definitivamente, éstas constituyen un mínimo porcentaje del canal.
Tiene algunos programas excelentes para niños, como son Artemanía y Mecánica popular para niños —los cuales no son exclusivos, ya que también los tiene el canal Discovery Kids—, y exhiben las películas cinematográficas de Walt Disney, que generalmente son buenas. Fuera de esto, hay algunos programas que muestran las ideas más comunes de la sociedad estadounidense, en la que el desapego a la familia por parte de los adolescentes es muy normal, así como el relajamiento de las normas morales, por lo que es importante que, aun siendo Disney, los padres estén al pendiente de lo que ven sus hijos, como cualquier otro canal de televisión. En estos tiempos decir Disney no es necesariamente una garantía para los pequeños.

En memoria de don Esteban Vera Olvera*

Amalgama de tristeza y alegría...
Tal vez algún día la sana añoranza
de su presencia se torne en prisa
por seguir sus pasos, don Esteban,
y en ansia por seguir su ejemplo,
cuando fue capaz de desprenderse
de todo para entregarse al Señor.
Una mezcla de dolor y consuelo
ha sido su muerte. Con ella nos queda
más claro el camino a seguir, el
camino que tenemos que vivir y el
que hemos de andar para morir.
Evidente relució siempre su amor
a Cristo y a la Virgen María, con
el rezo diario del Rosario y el
corazón atento a la voluntad de Dios.
Cumplió fielmente y con esmero
como esposo y padre de familia;
cumplió fielmente como cristiano,
como enamorado guadalupano.
Entre esta alegría cristiana y la
natural tristeza humana, el tiempo
hará maravillas, y tensará en un
gozo vivo la esperanza de abrazarlo
de nuevo, don Esteban.
Nos queda el consuelo de esperar
que Jesús y María le susurrarán al oído nuestros recuerdos y oraciones.
Con amor y gratitud:
Mayela Fernández de Vera.

* Don Esteban fue un animador constante del trabajo del Grupo Inter Mirifica.

EL OBSERVADOR 316-6

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REPORTAJE
Ecología:la necesidad de evitar posiciones extremas
Por Jesús Colina / Roma

Hoy todos somos conscientes de la necesidad de proteger el medio ambiente, y se han hecho grandes progresos en los últimos años para reducir la contaminación industrial. Pero, aunque la preocupación por la naturaleza es muy recomendable, algunos grupos exageran los peligros ecológicos.

«Niños: no tomen leche»

Un ejemplo: la campaña que lanzó «People for the Ethical Treatment of Animals» (PETA), que empezó a visitar escuelas de toda Gran Bretaña repartiendo propaganda con el fin de disuadir a los niños de beber leche. Según el Wall Street Journal del 28 de mayo, estas tarjetas con dibujos, basadas en el modelo de las de los personajes de Pokémon, contienen figuras como «Chubby Charlie», un niño con una enorme barriga blanca, que hace el gandul en una sucia silla verde bebiendo leche. Cuando bebe del cartón de leche, el líquido blanco se le sale por las orejas y el ombligo. Otra figura es «Spotty Sue», una niña rubia que se mira en el espejo con la cara cubierta de granos.
La campaña de PETA está siendo duramente atacada por el Consejo Nacional Británico de Productores Lácteos como «totalmente irresponsable» y ha sido condenada también como engañosa por la Agencia de Alimentación del Reino Unido, según informa el periódico.

Las pequeñas focas que nunca existieron

Otro ejemplo es el susto del que se difundió amplia información en la prensa internacional hace unas semanas. Se hablaba de más de 200 mil crías de foca atrapadas y en peligro de muerte en el Mar Blanco de Siberia. La revista británica New Scientist informaba después, el 15 de mayo, que la alarma era falsa.
Ninguna foca estuvo en peligro, dijo Masha Vorontsova, directora de la Fundación Internacional para la Protección de los Animales de Moscú, que sobrevoló los témpanos de hielo del Mar Blanco. «Vi sólo decenas de focas en los témpanos. La situación es normal», declaró al New Scientist. «La circunstancia actual es que no hay ningún desastre ni lo hubo jamás». Naturalmente, esta información nunca recibirá el mismo espacio en los medios de comunicación que ala primera alarmante noticia.

¿Se acaba el Amazonas?

Otro caso de exageración es la situación de la selva brasileña. Las advertencias de que Brasil está siendo deforestado rápidamente son cada vez más comunes. Pero, de acuerdo con un reportaje de la BBC, del 23 de enero, un informe científico publicado por la revista Science, que predecía la pérdida de gran parte de la selva amazónica hacia 2020, se basa en hechos poco fiables y «futurología ecológica», dijo el ministro de Ciencia y Tecnología de Brasil.
La embajada brasileña en Londres declaró que el estudio proyectaba erróneamente las tasas actuales de deforestación al futuro. «Si continuara el mismo índice de deforestación durante los próximos 20 años, lo que es altamente improbable teniendo en cuenta la serie de medidas puestas en práctica para proteger la selva, la pérdida podría llegar al 8% y no al 42% como afirma el artículo».

La vena pesimista de la psique europea

Mientras tanto, en Europa la gente se interesa cada vez más por los temas de salud y ecología, fenómeno que fue analizado por el Washington Post el pasado 1º de marzo. Parece que casi todo en la vida diaria encierra un peligro mortal, desde un tazón de cereales, hasta un bocadillo de jamón, por no mencionar los viajes en avión o el uso de teléfonos móviles. El Post comentaba que la «falta de base científica de muchas de las inquietudes no detiene la avalancha» de preocupaciones.
Mart Saarma, un biólogo del Instituto de Biotecnología de Helsinki, atribuye a la «cultura del temor» el sobrevalorar los auténticos problemas de salud, las tendencias del medioambientalismo, el anti-americanismo y la vena pesimista de la psique europea.
Otra teoría relaciona este fenómeno con el descenso de las creencias religiosas. «Los que acuden a la iglesia ahora son menos del 15% de la población», dijo Philip Lader, el embajador estadounidense en Gran Bretaña, y esto podría producir «una necesidad humana por otros temas más importantes que la vida. Quizá ello tiene algo que ver con el fervor casi religioso de la oposición a los alimentos genéticamente modificados».

Grupos extremistas en Estados Unidos

Pero no solo Europa sufre excesos. En Estados Unidos, el «Frente de Liberación de la Tierra» (ELF) está considerado por las autoridades como responsable de varios atentados con incendios provocados. En el último, hace unas semanas, un fuego destruyó un laboratorio de investigación en el Centro de Horticultura Urbana de la Universidad de Washington, y otro acabó con edificios y vehículos de un vivero en Oregón.
Según informaba el New York Times el 23 de mayo, las autoridades federales tienen fuertes indicios de que ambos incendios fueron realizados por ELF, un grupo de ecologistas radicales que se oponen a la investigación sobre la modificación genética de árboles, aunque los estudios se dirijan a la protección y regeneración del medio ambiente.
ELF se formó en Inglaterra, a principios de los años 90, copiando estrategias del «Frente de Liberación Animal», un grupo radical de defensa de los derechos de los animales. La rama estadounidense del ELF empezó a actuar en 1997, y pronto fue bien conocida por sus tácticas peligrosas, como la de poner espigones en los árboles para impedir su tala. Creen que los humanos cometieron un error fundamental hace diez mil años al pasar de la caza y la recolección al cultivo agrícola.

La voz de la Iglesia

En su audiencia general del 17 de enero pasado, el papa Juan Pablo II daba la bienvenida a la creciente sensibilidad hacia los temas ecológicos y urgía a los cristianos a ser fieles administradores del Reino de Dios. Pero advirtió que hacerlo así requiere evitar exageraciones no científicas y posiciones extremistas que solamente desacreditan el interés auténtico por el medio ambiente.

La ecología vista por Francisco de Asís


Considerado desde siempre el santo más «ecologista» de la historia, su figura ha sido presentada como modelo para militantes de organizaciones ecológicas radicales para quienes la divinidad parecería confundirse con la «Madre Tierra». Es decir, han convertido al «pobrecillo» de Asís en algo así como un «ecoterrorista».
El padre Luigi Iammarrone, teólogo franciscano, dice que quienes emplean así la figura del santo «no han leído una palabra sobre san Francisco ni conocen la historia de su vida. Para ofrecer una correcta interpretación del pensamiento de san Francisco basta recordar las palabras de fray Tommaso Celano, contemporáneo del santo de Asís: 'Nuestro bienaventurado peregrino tenía prisa por dejar este mundo, que para él era como una tierra de exilio. Sin embargo, sabía sacar gran consuelo de las cosas de este mundo (...) Atribuía al Creador las cualidades que descubría en cada una de sus criaturas, y de este espectáculo, que se convertía en su alegría, se remontaba hasta su causa. Iba en busca de su Amado en todo lugar de su creación, sirviéndose de todo el universo, como una escalera para elevarse al trono de Dios'». Es decir, «san Francisco respetaba la creación porque es obra de Dios. Pero la naturaleza no es Dios. San Francisco hablaba claramente de creación y no de identidad de la naturaleza. Sin embargo, hoy día hay ideologías que llegan a divinizar la naturaleza, como si fueran nuevas formas de paganismo. Si san Francisco viviera hoy, condenaría la ecología entendida en este sentido».

EL OBSERVADOR 316-7

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OPINIÓN
La falta de sentido


Decía Viktor Frankl que la enfermedad de este tiempo es la de la falta de sentido. No basta con tener un buen trabajo, bienestar material, una familia, relaciones sociales, viajes, diversiones, éxito según los criterios de nuestra cultura. Algo falta en la mente, en el corazón y en el espíritu de muchas personas. El vacío existencial puede confundirse con frecuencia con una depresión soterrada, confusa. ¿O son acaso las dos caras del mismo asunto?
Pablo VI afirmaba, respecto a la evangelización, que «Se trata de alcanzar y transformar con la fuerza del Evangelio los criterios de juicio, los valores determinantes, los puntos de interés, las líneas de pensamiento, las fuentes inspiradoras y los modelos de vida de la humanidad, que están en contraste con la Palabra de Dios y con el designio de salvación” (EN 19). Lograr esto no es lo mismo que encontrar el sentido de la vida personal, pero con toda certeza, nos permite hacerlo con más claridad y seguridad. Hay que pasar del ciclo fatal que consiste en nacer, crecer, estudiar, trabajar, tener hijos y morir a encontrar verdaderamente que para mí, Jesús es el camino, la verdad y la vida. ¿De qué manera? ¿Cuál es mi misión personal? ¿Cuál es la forma peculiar en la que yo puedo dar y recibir amor? Contestar estas preguntas es tarea ineludible de cada uno de nosotros, y buscar las respuestas es ya, en sí mismo, el primer sentido que podemos encontrar. (Y.C.)

EL OBSERVADOR 316-8

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INTIMIDADES –LOS JÓVENES NOS CUENTAN-
Soy un hombre de éxito, pero estoy deprimido
Yusi Cervantes Leyzaola


Tengo 30 años, soy soltero, profesionista y, a la vista de quienes me rodean, soy un hombre de éxito, con un buen trabajo y buen estilo de vida. Pero, para ser sincero, no me complace vivir así y he caído en un estado depresivo del cual no he podido salir desde hace mucho tiempo. Le escribo para pedir ayuda antes de que mi estado de ánimo me orille a extremos no deseados. Sé que puedo hacer más por los demás y no sé cómo hacerlo. Si me puede ayudar lo agradeceré infinitamente.

La depresión es una enfermedad emocional y, como tal, debe ser tratada por un especialista. Todavía en nuestra cultura muchas personas no tienen suficientemente claro que cuando tenemos un trastorno emocional hay que ir con el psicólogo o con el psiquiatra, así como cuando nos duele una muela vamos al dentista y cuando tenemos fiebre vamos con el médico. Si estás deprimido, tienes que atender este problema. Puedo escribir páginas enteras para animarte, y tal vez lo lograría… por un rato. Si no sanas profundamente esa depresión volverás a sentirte mal muy pronto.
Tal vez tu depresión se originó durante tus primeros tres meses de vida. Quizá algo te falta desde entonces... También puede tener relación con pérdidas significativas en tu vida, con un pobre sentimiento de pertenencia y, por supuesto, con la falta de sentido que experimentas respecto a tu vida. Puede haber otros factores relacionados con tu depresión. Pero realmente para ayudarte quien lo haga deberá, además de estar capacitado, conocerte bien.
Como tú mismo expresas, ser un profesionista de éxito y tener una buena vida según lo entiende la sociedad no es suficiente para ser feliz. Hay algo más profundo, más íntimo y más trascendente en la experiencia de la felicidad. Pero la depresión es como un niebla espesa que no te permite ver el camino. Es como una piedra en el corazón que paraliza a la esperanza. Es una sombra en la mirada que oscurece todo cuanto miras. Escúchame: no tienes por qué sufrir esto; este dolor no es necesario. Puedes salir de esta depresión. Puedes curarte.
Y tienes razón, seguramente puedes ayudar más a los demás. Pero ten paciencia contigo mismo. El cómo hacerlo irá surgiendo a medida que te recuperes, porque esto implica conocerte a ti mismo y valorarte; por lo tanto, saber cuáles son tus talentos y cuál es tu misión. Por ahora, el primer tramo del camino para ayudar a los demás pasa por ayudarte a ti mismo. Ése es el primer paso.
Toma la decisión ahora mismo, haz esa cita con un especialista y comienza tu terapia. Pronto esta depresión será un recuerdo y tú descubrirás una nueva vida.


La psicóloga Yusi Cervantes responderá las preguntas que se le envíen a la dirección de El Observador; Reforma 48, apdo. 49, Querétaro, Qro. C.P. 76000; o que se le hagan al teléfono 228-02-16. Citas al 215-67-68. 

EL OBSERVADOR 316-9

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Urbanidad al teléfono

1.Cuando usted llama, ¿debe dar su nombre sólo si se lo preguntan? No, lo correcto es que usted se identifique desde un principio.


2.Si a usted le llaman y le preguntan “¿Quién habla?”, ¿debe dar su nombre? No. Conteste a su vez: “¿Con quién desea hablar?”. Por seguridad, no debe dar su nombre ni su dirección a desconocidos. Por supuesto, tampoco debe informar si se encuentra solo en la casa.


3.¿Por qué es incorrecto ocupar demasiado tiempo el teléfono? Porque puede haber alguien en su domicilio o en el de su interlocutor que lo necesite, o puede haber alguien intentando comunicarse a cualquiera de los dos teléfonos, quizá hasta para algún asunto de urgencia.


4.¿Puedo hacer varias llamadas desde un teléfono público si hay gente esperando? No, a menos que sean extremadamente breves. Como máximo, ocupe el teléfono tres minutos, pero es mejor si lo desocupa en un minuto.


5.Su interlocutor se eterniza en la llamada. ¿Es correcto terminar la llamada? Sí. Discúlpese amablemente, explique que tiene que hacer algo (no necesita especificar qué). Pero pregúntese si esa persona necesita atención o afecto. ¿Es para usted un llamado a la caridad? Entonces visítela.


6.Si alguien le pregunta el teléfono de un familiar o conocido, ¿debe darlo? No, a menos que esté completamente seguro de que él o ella está de acuerdo en que dé su teléfono a esa persona. Mejor pida a esa persona su teléfono para dárselo a su familiar o conocido, invitándolo a comunicarse con el interesado.


7.¿Cuántas veces debe permitir que el teléfono suene cuando usted llama? Al menos ocho timbrazos. Más si la casa a la que habla es grande, hay sólo una extensión o telefonea a una persona mayor. Es muy molesto dejar lo que se está haciendo para acudir al teléfono y encontrar que algún impaciente ya colgó.


8.¿Hasta qué hora en la noche es correcto llamar? Depende de los hábitos de las personas a quienes llama. Si usted sabe que se acuestan tarde o temprano, adáptese a esas costumbres. Si no lo sabe, procure hablar antes de las ocho, a más tardar a las nueve de la noche.


9.¿Desde qué hora se puede hablar en las mañanas? Depende también de los hábitos de las personas, pero procure no hablar antes de las nueve de la mañana. Los fines de semana es mejor esperar todavía más.


10.¿Se puede hablar a las personas a su casa para asuntos de trabajo? Es preferible evitarlo. Todo el mundo desea —y necesita— descansar en su casa, no llevarse a ella los problemas laborales.

EL OBSERVADOR 316-10

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PINCELADAS
Feministas sensatas
Justo López Melús *



Las feministas sensatas tienen un ejemplo preclaro en santa Teresa de Jesús. En el lenguaje escrito se muestra hija de su tiempo, en el que la mujer tenía poca relevancia. Repite con frecuencia: «Aunque me vi ruin y mujer», en oposición al estilo varonil. Pero en la práctica no tenía complejos ante los varones. Un provincial dominico fue a visitar a santa Teresa y comentó: «He ido a verla. ¡Qué monja! Aquello era un fraile, y muy barbado».
Se las tuvo tiesas con el nuncio Sega, que pretendió encerrarla en un convento de Toledo, declarándola «fémina inquieta y andariega, desobediente y contumaz». Pero ella discutió con príncipes y prelados, desenredó madejas y siguió adelante con la reforma. Ella aportó su generosa colaboración, siempre apoyada en la gracia de Dios. Solía repetir: «Teresa sola no vale nada». Teresa y un maravedí ya es algo. ¡Teresa, un maravedí y Dios lo pueden todo!

* El autor es Operario Diocesano en San José de Gracia de Querétaro.


EL OBSERVADOR 316-11


(FIN)

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