El Observador de la Actualidad

 

Periodismo católico para la familia de hoy

12 de agosto de 2001 No. 318

SUMARIO

bullet ¿CÓMO DIJO? Hablar por hablar
bulletPENSAR EN CRISTIANO Postmodernidad y vida burguesa (II)
bulletSan Chárbel: su silencio y soledad
bulletREPORTAJE Responden a un intento de desacreditar el códice 1548
bulletPANTALLA CHICA Es más fácil prender la tele
bulletPICADURA LETRÍSTICA Canícula
bulletTEMAS DE HOY Como otro Juan
bulletAcompañando a Jesús
bulletEN EL PRINCIPIO, LA PALABRA ¿Por qué habríamos de amar a la Iglesia?
bulletJÓVENES Mensaje para la Jornada Mundial de la Juventud 2002
bulletINTIMIDADES –LOS JÓVENES NOS CUENTAN- Él tiene novia
bulletUno de cada tres niños, sin papá
bulletOPINIÓN No prejuzgar
bulletPINCELADAS Tres clases de esposas

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¿CÓMO DIJO?
Hablar por hablar

(Columna colectiva. Responsable: Jaime Septién)


Cuando algunos políticos no tienen foro, les da por hablar de lo que no saben, y ya entrados en gastos, arremeten contra lo primero que encuentran. Y, por curioso que parezca, lo primero que encuentran es la Iglesia católica. Tal es el caso de un experimentado político priísta, Óscar Levín Coppel, quien está muy enfadado porque algunos fondos de Sedesol destinados al combate a la pobreza extrema en México van a ser «disfrutados» por organizaciones de la propia Iglesia católica.

Cáritas y Pro-Vida son los grupos contra quienes arremete Levín Coppel. Dice el político del PRI que en esta ayuda se nota la mano del clero y su manejo de secretarías de Estado, como la que encabeza Josefina Vázquez Mota. La verdad es que con estas ayudas apenas se empieza a hacer justicia al trabajo solidario que desde hace siglos viene realizando la Iglesia católica en México. Más del 80% de las organizaciones altruistas que hoy operan en el país poseen inspiración cristiana, y de ellas el 90%, católica.

¿Conoce el señor licenciado Levín Coppel lo que hace Cáritas? Por descontado que no. Cáritas atiende a los más pobres de los pobres: da de comer al hambriento, ropa al desnudo, medicina al enfermo, cobijo al vagabundo. Hemos visto desfilar por sus agencias diocesanas —en León, en Querétaro, en San Luis Potosí, en Matehuala, en Celaya— a mexicanas y mexicanos hechos pedazos por las condiciones de injusticia que imperan en el país; condiciones de desigualdad que Juan Pablo II calificó (en 1992) de «estridentes». Cáritas es la agencia de la caridad de Cristo con el pobre. ¿Qué daño le hace al señor Levín una acción de esta naturaleza? Lo dicho, habla por hablar.

Por otro lado, Pro-Vida, en sus delegaciones en buena parte del territorio nacional, tiene como misión disuadir a las mujeres —sobre todo a las jóvenes— de practicarse un aborto. Conocemos la metodología de Pro-Vida, la hemos visto en acción. No existe en ella ningún reclamo ni ninguna sospecha de presión hacia las mujeres asustadas que acuden a los centros instalados en ciudades como León o San Luis Potosí. Se las ve como seres humanos que llevan en su seno a otros seres humanos. Y se las persuade por la vía más humana de todas: el diálogo.

¿Ha visto el señor Levín Coppel una demanda en contra de Pro-Vida por parte de alguna muchacha disuadida de abortar? Nosotros no conocemos caso alguno, y ya van más de dos mil seres humanos que son salvados por las sucursales de Pro-Vida en el país. Vidas preciosas que se iban a truncar, por ignorancia, principalmente. También por miedo. El papel de Pro-Vida es dar un sí rotundo a la vida. Y si ese sí pasa por las formas de resistencia pacífica, sus militantes resisten pacífica y civilmente leyes u ordenamientos que ellos consideran que atentan contra la dignidad humana. Pero en el trabajo de fondo, en el que vale pues salva niños y niñas de la muerte, es donde la organización cumple una tarea decisiva y que nadie, absolutamente nadie dentro del gobierno estaría dispuesto a llevar a cabo.

Es la misma cantaleta de siempre. Los que no entienden ni la o por lo redondo, pero ocupan puestos de poder, se desgañitan para aparecer ante la prensa como los «duros», estilo Levín Coppel. Gente que se espanta ante la primera insinuación de que lo que ellos llaman «la clerigalla» está, de nueva cuenta, actuando en la política. Se piensa que los tiempos son como los de la Reforma, y sudan y se acongojan por «creer» (en el fondo no creen nada de lo que dicen) que, ahora sí, ahí viene la marea de ensotanados a mangonear al presidente, a sus secretarios y a lo que ellos suponen le importa a la Iglesia: el erario público.

Lo que ni saben ni se imaginan es la labor que desde la Conquista hace la Iglesia por los más necesitados de México. Señor Levín: ¿Quién fundo el primer hospital, el primer dispensario, la primera guardería, el primer leprosario, el primer manicomio en lo que hoy es México? ¿El PRI? No, ¿verdad?

EL OBSERVADOR 318-1

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PENSAR EN CRISTIANO
Postmodernidad y vida burguesa (II)

Por Rodrigo Guerra López

La postmodernidad burguesa ofrece desafíos nuevos a la conciencia cristiana. Por el candor con el que se desenvuelve, en ocasiones pasa desapercibida o es acríticamente aceptada. La nueva vida burguesa es decente (no hace cosas que sean mal vistas), es amable (porque cuida su honra más no su honor), es emotiva (llora fácilmente), es ecológica (detesta la basura), es pulcra (no se ensucia las manos), busca estar a la moda (se avergüenza si no alcanza el estándar), es multilingüe (utiliza anglicismos aunque no sepa inglés), es “light” (baja en calorías, baja en responsabilidades), está bien informada (mas no comprende la realidad sobre todo cuando le es ajena), habla de todo (pero no educa) y defiende con todo desparpajo su derecho a no-pensar: «¿para qué piensas tanto?, ¡no te compliques la vida!». Aparenta siempre estar bien, aún cuando experimenta un gran vacío en el fondo.

La diferencia entre el existencialista ateo de mediados del siglo veinte y el burgués postmoderno que vive en el vacío de sentido de manera habitual, es, precisamente, el alto sentido estético que posee el segundo. Un existencialista ateo al toparse con la realidad del desamor, de la muerte o de la injusticia se suicidaba de la manera más patética y espantosa que pudiera encontrar. La vida burguesa contemporánea es ajena a este drama. Los suicidios se presentan, pero rodeados de confort, placer y hedonismo: El ser se percibe tenue, débil y tarde o temprano se torna insoportable.

Ante este escenario, el cristianismo se ve desafiado. La Doctrina social de la Iglesia, al afirmar el primado del ser sobre el tener, al optar metodológicamente por el amor preferencial a los más pobres, al afirmar que la justicia social es una dimensión constitutiva del mensaje del Evangelio, no pude ser indiferente a esta dimensión de la nueva cultura adveniente que es la postmodernidad burguesa. Es preciso que el cristianismo nos enseñe cómo recuperar la realidad ante la fuga a la que nos invita este nuevo fenómeno cultural.

El acontecimiento cristiano, a través de la Cruz, muestra que el camino humano atraviesa por la constatación del dolor, del cansancio, del agotamiento ante una realidad que requiere ser salvada. La Cruz no es solo un motivo, pues, para la piedad personal. Es parte del itinerario pedagógico para recuperar el sentido de realidad que la postmodernidad desdibuja a través del cuidado esmerado de la pura apariencia.

Definitivamente Cristo no era un hombre aburguesado. Nada le era indiferente. Su persona muestra un compromiso con el aspecto denso y profundo de la vida, de toda la vida, de todas las vidas.

Por ello la Iglesia, al afirmar que Cristo es una persona viva que permanece en la historia, posee en su interior una propuesta realmente alternativa al muy atrayente y comodón aburguesamiento postmoderno.

E-mail: guerrar@infosel.net.mx

EL OBSERVADOR 318-2

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San Chárbel: su silencio y soledad
Por Mons. Georges Abi Younes O.L.M., superior de la Orden Libanesa Maronita en México

San Chárbel Majluf es conocido y venerado por muchas personas en el mundo, que han sido testigos de su poderosa intercesión ante Dios. Nuestro deber, aparte de agradecer a Dios por la misericordia que nos ha mostrado a través de san Chárbel, es conocer las virtudes que lo hicieron llevar en esta tierra el camino de la perfección, para llegar a la santidad, a la cual estamos llamados todos sin excepción.

Muchas veces se ha comentado su vida de sacrificio y oración; las dificultades que enfrentó para llegar a la santidad, y, finalmente, hemos reflexionado sobre su muerte y la cantidad de prodigios y milagros que se sucedieron después de ella.

Ahora, hermanos, los invito a todos a reflexionar sobre dos de las virtudes menos comentadas de nuestro santo, y que son de primordial importancia para comprender su vocación y fructífera obra; me refiero al silencio y a la soledad.

Para ello la Palabra de Dios nos ofrece oportuna explicación del amor que san Chárbel sintió por estas virtudes.

Es seguro que san Chárbel conocía y amaba la Palabra de Dios, por lo cual también es lógico pensar que sólo en el silencio podía meditar, disfrutar y sacar provecho de ella. Porque sólo podemos escuchar la voz de Dios en el silencio. Chárbel, como sabemos, escuchó esta voz a temprana edad y se dedicó, desde aquel momento, a guardar silencio cada vez que podía, para seguir escuchando a Dios. Es evidente que su atención se centró en aquello que Dios le pedía; así, por el silencio alcanzó muy pronto el sentido de la verdadera oración, es decir, el diálogo íntimo con el Señor, que ya no interrumpiría durante toda su vida.

Él comprendió, como nos dice el Deuteronomio, que los mandamientos de Dios estaban a su alcance, y se dedicó a cumplirlos, en la fe absoluta de que el Señor se encargaría de todo lo demás. Y, desde luego, lo primero que san Chárbel comprendió fue que «Cristo es la imagen de Dios invisible... en el cual tienen su fundamento todas las cosas... que Él quiso reconciliar el cielo y la tierra, dándoles la paz por su sangre derramada en la cruz».

Hermanos, es esa síntesis maravillosa de san Pablo por la cual san Chárbel buscó el silencio y la oración que lo hizo abismarse en las verdades de la fe, y lo logró de tal modo que únicamente vivió para ellas, por ellas y en ellas. Ésta es la razón por la que andando el tiempo su único anhelo fue aunar al silencio la soledad. Si, hermanos, la soledad para mejor meditar y vivir estas profundas verdades de nuestra fe.

Pero no vayamos a pensar que san Chárbel deseaba la soledad y el silencio como un escape del mundo, por comodidad o como un capricho egoísta. ¡No1 El silencio, como ya dijimos, le ayudó a descubrir la voluntad de Dios. Sabemos que, siendo seminarista, sacerdote y maestro, se dio íntegramente a su comunidad asistiendo con bondad y esmero a todos los seres humanos que se acercaban a Él para pedir su ayuda. Buscó la soledad como un medio de ofrecerse a Dios en un holocausto de amor, para vivir mejor esta parábola del 'Buen Samaritano'. Porque san Chárbel llevó a la ermita todos los dolores, problemas y tribulaciones de su patria, y de todos los seres humanos, hombres y mujeres, que necesitaran la gracia de Dios para curar las heridas del cuerpo y del alma.

San Chárbel se unió a la soledad de Cristo en la cruz, y, como Él, ofreció su vida en un sacrificio de amor, del cual todos nos hemos beneficiado porque, en efecto, si san Chárbel nos amó en el silencio, la soledad y la penitencia continua; si por amor él sacrificó su vida al Padre, imitó a Jesús en su pasión y obedeció todas las inspiraciones que el Espíritu Santo suscitaba en su alma pura y generosa, podemos estar seguros de que su muerte fue sólo un paso obligado para seguir ayudándonos, como el 'Buen Samaritano', a todos los que estamos necesitados de salud, conversión, libertad, alegría y amor. Y así Dios, que otorgó a san Chárbel dones tan extraordinarios, desea que no sólo pidamos milagros y prodigios, sino que nos convirtamos de corazón e imitemos las virtudes que llevaron a san Chárbel a la santidad, especialmente, la del silencio, para escuchar la voz de Dios, y la de la soledad, en la medida de nuestras posibilidades, para reflexionar y meditar lo que ha sido de nuestra vida y lo que Dios quiere de ella.

Pidamos a Dios que, por la poderosa intercesión de san Chárbel, sigamos obteniendo las gracias y favores que necesitamos, así como las virtudes que llevaron a san Chárbel a la santidad. Que así sea.

Si deseas ahondar en el conocimiento de la Iglesia Maronita en particular, o de las Iglesias Católicas Orientales en general, te puedes comunicar en Internet a: “Yaacoub Badaoui” <rodobooks@yahoo.com>

EL OBSERVADOR 318-3

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REPORTAJE
Responden a un intento de desacreditar el códice 1548

Por Diego García Bayardo

Un miembro del equipo que autentificó el documento guadalupano llamado Códice 1548 o Códice Escalada refuta las incrédulas afirmaciones aparecidas en el sitio www.proyectoguadalupe.com
Responden a un intento de desacreditar el códice 1548

Por Diego García Bayardo

Un miembro del equipo que autentificó el documento guadalupano llamado Códice 1548 o Códice Escalada refuta las incrédulas afirmaciones aparecidas en el sitio www.proyectoguadalupe.com

Por centurias, los estudiosos del fenómeno guadalupano se habían preguntado por qué todos los documentos sobre las apariciones de la Virgen del Tepeyac habían sido escritos un siglo después de los hechos. Esta laguna documental quedó cerrada cuando se descubrió en Querétaro el Códice 1548, que es un antiguo folio en el que aparece dibujado Juan Diego postrado ante la Virgen de Guadalupe en el Tepeyac. En el códice aparecen dos textos breves en náhuatl, la firma de Fray Bernardino de Sahagún y un glifo que hace referencia al juez Antón Valeriano, cuyo nombre aparece escrito junto a aquél.

Este documento llenaba por sí solo un gran hueco historiográfico, por lo que su fechamiento y autentificación eran de crucial importancia. El códice fue llevado ante los peritos del Instituto de Física de la UNAM para su datación y ante los expertos en grafoscopía del Banco de México, quienes dictaminaron que la firma de fray Bernardino de Sahagún era auténtica, conclusión a la que llegó también, trabajando en forma paralela, el Dr. Charles E. Dibble, de la Universidad de Utah, EU. Al final, las pruebas químicas, físicas y de investigación histórica permitieron dictaminar con toda certeza que el Códice Escalada o 1548 es un auténtico documento del siglo XVI.

Sin embargo, apareció recientemente en internet una página llamada: www.proyectoguadalupe.com, coordinada por el licenciado en Ciencias de la Comunicación Alberto Peralta de Legarreta. Este sitio se presenta como un lugar donde colaboradores de todas las tendencias pueden escribir sobre el guadalupanismo. De momento cuenta con poco material, y el texto principal que tiene es un artículo escrito por el propio Alberto Peralta, llamado: El Códice 1548. Crítica a una supuesta fuente guadalupana del siglo XVI. Es un trabajo bastante extenso, de línea escéptica, en el cual el autor pone en duda la imparcialidad del equipo del Padre Escalada, cuestiona la validez de uno de los peritajes (el del Dr. Dibble) y afirma que el códice es posterior al año 1690.

Dado que el artículo de Peralta contradice con poco fundamento el dictamen de los peritos y lesiona la credibilidad del P. Escalada y sus colaboradores, apareció entonces un comentario crítico del Ingeniero Manuel Betancourt V., quien formó parte del equipo de estudio del códice y está perfectamente calificado para discutir sobre los sutiles detalles historiográficos que rodean tan importante documento.

El Ing. Betancourt comienza por señalar que Alberto Peralta nunca ha visto el Códice original ni lo ha sometido a su propia serie de estudios científicos de datación, por lo que este investigador aficionado parece un tanto temerario al proponer a la ligera que el códice no es auténtico del siglo XVI. Después nuestro apologista señala cómo el Lic. Peralta evita en su artículo hacer referencia a los peritajes del Instituto de Física de la UNAM y del Banco de México, pues no le convienen, y en cambio hace mucho ruido alrededor de la opinión del Dr. Dibble, quien no vio el códice original y, por lo tanto, no pudo afirmar de forma tajante y absoluta que la firma de Fray Bernardino de Sahagún que aparece en el códice sea auténtica. Aquí el Ing. Betancourt nos recuerda que el dictamen del Dr. Dibble fue publicado íntegramente en el Apéndice de la Enciclopedia Guadalupana y no mutilado (como afirma también Peralta) y que dicho perito validó de manera suficiente la hipótesis de que la firma de fray Bernardino es auténtica al afirmar en su dictamen que así lo creía.

El Lic. Peralta basa su escepticismo hacia el códice en la similitud que hay entre los dibujos que aparecen en él y ciertos grabados que fueron publicados en libros guadalupanos del siglo XVII, de donde saca dicho comentarista que el códice en realidad es una copia tardía, calcada de esas ilustraciones. Aquí el Ing, Betancourt demuestra que el Lic. Peralta no sabe a ciencia cierta de lo que está hablando, que se equivoca en las fechas de publicación de los libros en que aparecen aquellos grabados, adjudica erróneamente la autoría de éstos y hasta confunde los países donde tales obras fueron publicadas.

Dado que el Códice 1548 ha sido debidamente autentificado, sólo queda afirmar que éste es el dibujo más antiguo y que los otros grabados que tanto se le parecen son, en realidad, las copias.

EL OBSERVADOR 318-4

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PANTALLA CHICA
Es más fácil prender la tele

Grupo Inter Mirifica

Con mucha frecuencia se hace alusión a la adicción que niños y adolescentes tienen a la televisión, y cuando los adultos hablamos del problema caemos en la cuenta de que somos nosotros quienes hemos propiciado, por temor y pereza, esta actitud.

¿Temor a quién? Actualmente existe un horror generalizado, consciente o inconsciente, a los niños y a sus actividades normales y su desenvolvimiento, a sus juegos, gritos y brincos... a su ruido. Se prefiere el ruido de la televisión. Los padres no hemos cultivado la paciencia dentro de nuestras virtudes, y evadimos la responsabilidad de conducir y guiar la energía que tienen para que crezcan no sólo en talla, sino como verdaderas personas, capaces de amar, trabajar y descubrir desde sus primeros años el sentido de la vida. Mejor prendemos la tele. Ésta nos evita, incluso, interactuar con ellos, mirarlos a los ojos, decirles con ello: me importas.

El temor a los niños se ha ido acentuando en toda la sociedad: en la mayoría de las escuelas los profesores sientan los niños a ver la televisión si tienen un ratito libre; en los cursos de verano no falta la «pantalla práctica» (por si ya no los aguantan); en las fiestas de cumpleaños grises y sin color los sientan a ver una película toda la tarde; en los transportes, para algún paseo escolar, les ponen un video, en lugar de dejarles mirar por la ventanilla. Les prenden la tele en las escuelas de natación, en el club deportivo, en el consultorio del doctor, en el supermercado, en los restaurantes... ¿Por qué? Por pereza, por temor a permitirles ser lo que son ahora: niños.

Tal vez cuando ellos sean adultos y nosotros ancianos, también sentirán temor y pereza para convivir con nosotros y solucionarán todo sentándonos frente a un televisor; así tendrán las manos libres para hacer cualquier cosa; podrán ignorarnos y dejarnos solos.

EL OBSERVADOR 318-5

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PICADURA LETRÍSTICA
Canícula

Por J. Jesús García y García

Por J. Jesús García y García

Nada dura más que el cambio.
L. Bourne


A buen seguro que por estos días hemos de andar en plena canícula. Lo tiene dictado el calendario juliano. Quien posea el Galván de este año podrá comprobarlo.

El nombrecito ya a nadie impresiona, y es muy probable que algunos no lo hayan oído en su vida. Significa perrita y habría sido tomado de Sirio, apodada «La Perrita», que es la estrella principal de la constelación del Can Mayor. Ya desde el milenario Egipto, este lapso anual, que denotaba la temporada más calurosa del año, se iniciaba al asomar Sirio por el horizonte a la vez que el Sol. La canícula era, desde antiguo, motivo de temores que casi podríamos ascender a terrores: se le llegó a asociar con la peste; si uno se exponía demasiado al sol podía contraer la rabia o la erisipela; las heridas en ese tiempo se enconaban (los del vulgo manejábamos el verbo «inconar»); los animales y los vegetales, sobre todo los primeros (y era notable en los domésticos), sufrían alteraciones funcionales y del comportamiento, y disminuía la cantidad y la calidad de sus productos. En Roma, antes del cristianismo, para conjurar los efectos del insalubre calor canicular, se hacían sacrificios de perros de pelo rojizo.

Fenómeno identificable, la canícula tenía presencia en la creación literaria. Veamos, por ejemplo, este trozo de Flor de juegos antiguos, de Agustín Yáñez:

«La canícula. Por el día de san Bartolomé, en que los diablos tienen vacación. Agosto: mes de aerolitos, de luna, de calma y de muerte. La vida, raya fugaz -como en los cielos el tránsito de los asteroides, como en las noches obscuras el rastro fosfórico-. Días de los nardos. En las iglesias han tendido, entre nardos y jaulas de palomas tristes, a la Virgen muerta. La canícula pudo matar también a la Virgen. Los muchachos comemos membrillos, duraznos, sandías, granadas. En estas tardes, si llueve torrencialmente, nos metemos a las corrientes, hacemos barquitos de papel, y después, con la arena húmeda, construimos pirámides, tiros, cuevas y sorprendentes bóvedas, casi aéreas. Vida y enfermedad. Gozo de las tormentas, de las frutas de estío, de las flores y de las noches estrelladas. Angustia de los enfermos que se agravan, de los muertos velados y sepultados, de las fiebres que azotan nuestra golosa infancia. Canícula dejó su daño en el agua, sin que esta inocente lo sepa: brillan como siempre sus ojos cándidos, de espejo. Llegó el tiempo de ir al campo verdecido, llovido: a cortar elotes y anís, a bañarnos en los arroyos y mojarnos bajo las lluvias. ¡Vivir! Porque la vida cae como estrella de agosto y su fulgor es de lejano relámpago estival. Muerde la flor de anís y los membrillos carnosos. Huele la flor del nardo. Refréscate con el don del granizo. Mañana puedes enfermar. La canícula vaga sospechosa y vigilante como un fantasma envuelto en sudario...»

Ahora la canícula es un ejemplo de la mudanza de las cosas, del cambio constante que se registra en todos los órdenes de la vida. La canícula ya no asusta a nadie ni es señal clara de nada. Hace muchos años que caducó su asociación con la temporada de máximo calor. Por otra parte, las epidemias y calamidades de toda laya van y vienen a lo largo del año, de todos los años, sin necesidad de temporada específica, sin necesidad de canícula. Ni las condiciones atmosféricas estacionales son como antes. La naturaleza también es caprichosa. O ha hecho sus renuncias.

EL OBSERVADOR 318-6

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TEMAS DE HOY
Como otro Juan *
Por Paz Fernández Cueto

Esa noche, al encender de improviso la TV, en todo pensabas menos en un encuentro personal que cambiaría el rumbo a tu vida. Eran como las tres de la mañana, hora que quedaría marcada a fuego, como le sucedió a ese otro Juan que hace 20 siglos dejó inmortalizada en su Evangelio la hora de su encuentro personal con Jesucristo: aquella vez «eran como las cinco de la tarde» (Juan I, 39).

En el marco de la XV Jornada Mundial de la Juventud, Juan Pablo II dirigía un mensaje durante la Misa de clausura. Entre todas las preguntas que surgieron en las jornadas precedentes, las decisivas no se referían al qué, sino al quién: ¿hacia quién ir?, ¿a quién seguir?, ¿a quién confiar la propia vida?, ya que lo que verdaderamente cuenta en la vida es la persona con la que uno decide compartirla. Fue entonces cuando escuchaste esas palabras con sabor a confidencia personal que te quemaron por dentro como fuego del Espíritu Santo: «Si alguno de vosotros, queridos jóvenes, siente en sí la llamada del Señor a darse totalmente a Él para amarlo con corazón indiviso, que no se deje paralizar por la duda o el miedo. Que pronuncie con valentía su propio sí sin reservas, fiándose de Él que es fiel a todas sus promesas. ¿No ha prometido, al que lo ha dejado todo por Él, aquí el ciento por uno y después la vida eterna...?» A partir de ese momento tu vida había cambiado para siempre.

¿Qué te hizo pensar que esas palabras iban dirigidas precisamente a ti? ¿Por qué adjudicártelas radicalmente y en primera persona? Justo ahora, cuando los diagnósticos más certeros respecto al momento en que vivimos coinciden al menos en un punto: el imperio de un hedonismo pragmatista y utilitario que centra a las personas de manera obsesiva en el propio yo, en un yo a menudo raquítico y tiránico que admite como único valor aquello que enaltece su ego, sea el dinero, el éxito, la influencia o el poder. En medio de este ambiente que consume el espíritu humano, pensar en dar la vida por entero o decidirse por un «Bien» en grado superior es un altruismo que difícilmente cabe en la cabeza del hombre de hoy.

Sobran razones para sentirte muy cercano a los cristianos de los orígenes: a Pedro y a Pablo, a tu homónimo Juan, a Inés y Cecilia, pero también a Isaías, a Oseas o a Jeremías. En el marco de la Iglesia y por la llamada Comunión de los Santos, te puedes sentir unido a los que ya no viven, a los que tuvieron la misma fe, a quienes fueron fieles a la misma llamada y que, por lo tanto, son tus hermanos, tus amigos, tus interlocutores, tus contemporáneos, todos ellos compañeros de una única e idéntica misión.

La fecundidad de la Iglesia se manifiesta a través de dos sacramentos íntimamente unidos entre sí: el Matrimonio, que engendra la vida humana, y el Orden Sacerdotal, que, a través de la administración de los demás sacramentos de la Iglesia, engendra vida divina. Por lo tanto, cada vocación es un milagro de continuidad para la salvación universal en Jesucristo: si el cristiano es «otro Cristo» el sacerdote es «el mismo Cristo» y su respuesta fiel da testimonio en el tiempo de la verdad intemporal que es la Palabra eterna hecha carne.

Querido Juan: dentro de unos días emprenderás el camino hacia el sacerdocio. No olvides que la vida lo es plenamente cuando se la entrega sin reservas ni restricciones. Un camino que prevé la ruptura, que se entiende como revocable y no definitivo, tiene pocas probabilidades de alcanzar la intensidad, la plenitud, el interés del gesto que envuelve la vida entera, para siempre y sin retirada.

* Artículo resumido.

EL OBSERVADOR 318-7

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DESDE EL CENTRO DE AMÉRICA
Acompañando a Jesús

Por Claudio de Castro S.
Hoy he pasado un rato maravilloso. He estado pensando en Jesús. Son las once de la noche. En casa todos duermen. Solamente he quedado yo, despierto.

En realidad no estoy solo: estamos Jesús y yo. Somos buenos amigos y nos da por conversar. ¿Cómo decirle: «Bueno, Jesús, que ya debo irme a dormir»? Me agrada su presencia y las horas se pasan casi sin sentirlas. Al contrario, le digo: «¡Quédate conmigo, Señor!».

«¿En qué planeta vive éste?», me podrás decir. Y es que a veces parecemos bichos raros. Me encanta ser un bicho raro cuando es por Jesús.

No es fácil tomar opciones de vida por Jesús. Lo sé bien. Te decides arriesgándolo todo. Pero también sé que ninguno que se haya atrevido se ha arrepentido luego de esta decisión.

Un sacerdote me contó de un joven que estuvo todo el día sentado en una banca de la Iglesia, acompañando a Jesús crucificado un Viernes Santo.

— Ve a descansar —le dijo el padre— y regresas luego.

El muchacho le miró sorprendido y respondió: — Padre, él sufriendo, ¿y yo descansando?

Esta respuesta debiera salir también de nuestros labios, y de todos los laicos que estamos llamados a servirle en su Iglesia. ¿Él sufriendo, y yo descansando?

Entonces nos atreveríamos a salir por el mundo a llevar su Palabra, dando esperanza.

EL OBSERVADOR 318-8

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EN EL PRINCIPIO, LA PALABRA
¿Por qué habríamos de amar a la Iglesia?

Por Jaime Septién Crespo
Las puertas del templo está abiertas a los hombres y mujeres que quieran entrar obedeciendo.

«¿Por qué habríamos los hombres de amar a la Iglesia?, se pregunta en el Canto VI de su impresionante poema Coros de «La Piedra» el poeta T. S. Eliot (Saint Louis Missouri, 1888 - Londres, 1965). En efecto, «¿por qué habrían de amar sus leyes?». Las leyes de la Iglesia son extremadamente incómodas, más aún para los hombres (como nosotros) acostumbrados a la estrategia del menor esfuerzo; a caminar por el sendero holgado, donde quepan el mayor número de imperfecciones, inconsistencias, blanduras, paradojas, justificaciones y pecados.

El mismo Eliot da una respuesta del por qué la Iglesia no forma parte de la experiencia vital contemporánea: Ella habla a los hombres de lo que los hombres no queremos escuchar:

Ella les habla de vida y muerte,
y de todo lo que ellos
querrían olvidar.
Ella es tierna cuando ellos quieren
ser duros, y dura
cuando a ellos les gusta
ser blandos.
Ella les habla del mal y del pecado,
y otros hechos
desagradables.

La Iglesia es exigente para con sus hijos. Pero, al mismo tiempo, una Madre amorosa, siempre dispuesta a estrecharlos en su corazón.

Las puertas del templo están abiertas a los hombres y mujeres que quieran entrar obedeciendo, y cerradas para los cobardes que sólo tienen ojos para alabar su propia miseria:

Ellos tratan constantemente
de escapar.
De las tinieblas de fuera y de dentro
A fuerza de soñar sistemas
tan perfectos que nadie necesitará
ser bueno.

Seguir a Cristo y sus leyes es aceptar el sacrificio al que diariamente nos llama la Iglesia: como el timonel de Moby Dick, nunca —en medio de la tormenta— tratar de buscar el refugio en la playa (allí están afiladas crestas de los arrecifes, esperando al que escapa), sino enfilar el barco hacia el centro de la tormenta.

Enfrentarse a las tinieblas (de fuera y de dentro) como una única vía de salvación. Ser bueno sin esperar que el sistema (político, económico, social) lo sea por nosotros.

Pero el conflicto existe, incluso en el espíritu de los cristianos de buena voluntad. T. S. Eliot lo expresa poéticamente:

¿Ha fallado la Iglesia a la humanidad
o la humanidad
ha fallado a la Iglesia?

Obviamente la humanidad le ha fallado a su Señor. Y su templo, su casa, ya no es más Casa de Oración. Hoy, responde el Coro de «La Piedra»:

... a la Iglesia ni se le considera ya,
ni se oponen
siquiera a ella, y los hombres han olvidado
a todos los dioses excepto a la Usura, la Lujuria y el Poder.

¿Por qué habríamos de amar a la Iglesia? Por la sencilla (y bendita) razón de que Ella nos enseña —como Madre y Maestra— a ser buenos.

EL OBSERVADOR 318-9

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JÓVENES
Mensaje para la Jornada Mundial de la Juventud 2002

«Jóvenes: ustedes son la sal de la tierra, la luz del mundo»

Se ha publicado el mensaje de Juan Pablo II para la Jornada Mundial de la Juventud 2002. El tema del mensaje, fechado el 25 de julio y publicado en inglés, francés, español, italiano, portugués, alemán y polaco es: «Ustedes son la sal de la tierra. (...) Ustedes son la luz del mundo».

Extractos del documento

«Aún permanece muy vivo en mi memoria el recuerdo de los momentos extraordinarios que hemos vivido juntos en Roma durante el Jubileo del año 2000, cuando ustedes vinieron en peregrinación a las tumbas de los Apóstoles san Pedro y san Pablo. (...) La celebración de la Jornada Mundial de la Juventud se ha convertido ya en un momento importante de su vida, como lo ha sido para la vida de la Iglesia. Los invito, pues, a que comiencen a preparararse para la XVII edición de este gran acontecimiento, que se celebrará internacionalmente en Toronto, Canadá, el verano del próximo año».

«'Ustedes son la sal de la tierra... ustedes son la luz del mundo': éste es el lema que he elegido para la próxima Jornada Mundial de la Juventud. Las dos imágenes, de la sal y la luz, utilizadas por Jesús, son complementarias y ricas de sentido. En efecto, en la antigüedad se consideraba a la sal y a la luz como elementos esenciales de la vida humana».

«'Ustedes son la sal de la tierra'... La sal por la que no se desvirtúa la identidad cristiana, incluso en un ambiente hondamente secularizado, es la gracia bautismal que nos ha regenerado, haciéndonos vivir en Cristo y concediendo la capacidad de responder a su llamada para 'que ofrezcan sus cuerpos como una víctima viva, santa, agradable a Dios'».

«Durante mucho tiempo la sal ha sido también el medio usado habitualmente para conservar los alimentos. Como la sal de la tierra, están llamados a conservar la fe que han recibido y a transmitirla intacta a los demás. Su generación tiene ante sí el gran desafío de mantener íntegro el depósito de la fe».

«Es propio de la condición humana, y especialmente de la juventud, buscar lo absoluto, el sentido y la plenitud de la existencia. Queridos jóvenes, (no se contenten con nada que esté por debajo de los ideales más altos). No se dejen desanimar por los que, decepcionados de la vida, se han hecho sordos a los deseos más profundos y más auténticos de su corazón. Tienen razón en no resignarse a las diversiones insulsas, a las modas pasajeras y a los proyectos insignificantes. Si mantienen grandes deseos para el Señor, sabrán evitar la mediocridad y el conformismo, tan difusos en nuestra sociedad».

«'Ustedes son la luz del mundo'... Para todos aquellos que, al principio, escucharon a Jesús, al igual que para nosotros, el símbolo de la luz evoca el deseo de verdad y la sed de llegar a la plenitud del conocimiento que están impresos en lo más íntimo de cada ser humano. Cuando la luz va menguando o desaparece completamente ya no se consigue distinguir la realidad que nos rodea. En el corazón de la noche podemos sentir temor e inseguridad, esperando sólo con impaciencia la llegada de la luz de la aurora».

«La luz de la cual Jesús nos habla en el Evangelio es la de la fe, don gratuito de Dios, que viene a iluminar el corazón y a dar claridad a la inteligencia. (...) El encuentro personal con Cristo ilumina la vida con una nueva luz, nos conduce por el buen camino y nos compromete a ser sus testigos. Con el nuevo modo que El nos proporciona de ver el mundo y las personas, nos hace penetrar más profundamente en el misterio de la fe, que no es sólo acoger y ratificar con la inteligencia un conjunto de enunciados teóricos, sino asimilar una experiencia, vivir una verdad; es la sal y la luz de toda la realidad».

«En el contexto actual de secularización, en el que muchos de nuestros contemporáneos piensan y viven como si Dios no existiera, o son atraídos por formas de religiosidad irracionales, es necesario que precisamente ustedes, queridos jóvenes, reafirmen que la fe es una decisión personal que compromete toda la existencia (Que el Evangelio sea el gran criterio que guíe las decisiones y el rumbo de su vida)».

«Queridos jóvenes, ha llegado el momento de prepararse para la XVII Jornada Mundial de la Juventud. Les dirijo una especial invitación a leer y a profundizar la carta apostólica Novo millennio ineunte que he escrito a comienzos de año para acompañar a los bautizados en esta nueva etapa de la vida de la Iglesia y de los hombres».

«Profundicen en el estudio de la Palabra de Dios y dejen que ella ilumine su mente y su corazón. Tomen fuerza de la gracia sacramental de la Reconciliación y de la Eucaristía. Traten asiduamente con el Señor en ese 'corazón con corazón' que es la adoración eucarística. Día tras día recibirán nuevo impulso, que les permitirá confortar a los que sufren y llevar la paz al mundo. Muchas son las personas heridas por la vida, excluidas del desarrollo económico, sin un techo, una familia o un trabajo; muchas se pierden tras falsas ilusiones o han abandonado toda esperanza».

«Queridos jóvenes amigos, para todos los que puedan, (la cita es en Toronto) (...) Vengan para hacer resonar en las grandes arterias de Toronto el anuncio gozoso de Cristo, que ama a todos los hombres y lleva a cumplimiento todo germen de bien, de belleza y de verdad existente en la ciudad humana. Vengan para contar al mundo su alegría de haber encontrado a Cristo Jesús, su deseo de conocerlo cada vez mejor, su compromiso de anunciar el Evangelio de salvación hasta los extremos confines de la tierra». (VIS)

EL OBSERVADOR 318-10

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INTIMIDADES –LOS JÓVENES NOS CUENTAN-
Él tiene novia

Por Yusi Cervantes Leyzaola



Soy una chica de 22 años y creo estar enamorada de una persona de 28, pero tiene novia. Él me ha dicho que siente algo por mí y que le agrada que yo también sienta lo mismo. Siento que está feliz cuando está conmigo, pero cambia radicalmente cuando está con ella. Me ha dicho que no la piensa dejar. Estoy a punto de concluir mi carrera y sé que puedo conocer a alguien más, pero él me ha impactado por su forma de ser. Además no creo encontrar a alguien porque cada que he tenido una relación me aburro y siempre estoy comparando mi noviazgo con otros que todo el tiempo me parecen mejores. Necesito su consejo, por favor. Muchas gracias.


El siente “algo” por ti. ¿Qué es “algo”? Tal vez le gustas, le agradas, está cómodo contigo. ¿Y eso qué? Ese “algo” lo puede sentir por muchas más. Y tú puedes sentir “algo” por muchos hombres. Elegir una pareja no significa dejar de sentir atracción por las demás personas del sexo opuesto; es, simplemente, optar por una, amarla y comprometerse con ella. Y eso, obviamente, a ese hombre no le interesa tenerlo contigo, te lo ha dicho claramente. Por supuesto que a él le agrada que tú sientas algo por él. Se siente halagado, deseado, admirado... Pero si le importaras un poco más, se alejaría de ti para no hacerte daño.

Por supuesto que puedes conocer a alguien más, alguien dispuesto a valorarte y a comprometerse contigo. Tal vez sea cuestión de tiempo y de que te des la oportunidad. Si te han aburrido tus anteriores relaciones quizá sea porque, efectivamente, no has encontrado al hombre adecuado. Pero también podría ser que, por alguna razón, le tengas miedo a la relación de pareja. Esto explicaría que no te interese la relación con muchachos libres, pero sí con alguien que no lo es, con un imposible. Podría ser, tienes que analizarlo. Por lo pronto, aléjate de ese hombre. Déjalo en paz con su noviazgo y defiende tu dignidad y tu paz interior.

La psicóloga Yusi Cervantes Leyzaola responderá las preguntas que se le envíen a la dirección de El Observador; Reforma 48, apdo. 49, Querétaro, Qro. C.P. 76000; o que se le hagan al teléfono 228-02-16. Citas al 215-67-68 

EL OBSERVADOR 318-11

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Uno de cada tres niños, sin papá
Por Guadalupe Chávez Villafaña


La tercera parte de los bebés nacidos en Estados Unidos llegan al mundo sin una familia constituida pues oficialmente se confirmó que la cifra de madres solteras alcanzó su pico en la historia de ese país, con 1.3 millones de niños nacidos sin padres unidos en matrimonio.

Algo que como mexicanas nos debe importar, y mucho, es que el 42.2% de estos niños sin padre son hijos de mujeres hispanas. El 69.1% nacieron de mujeres negras, y el 22.1% de mujeres blancas no hispanas. Además, las estadísticas indican una ligera disminución en el número de madres negras solteras y un aumento en la proporción de hispanas y blancas.

Las consecuencias son muchas y negativas, por ejemplo, afirma la columnista Suzanne Fields de una agencia de internet, «los hijos de madres solteras sufren una letanía de problemas cuando llegan a la edad adulta, como menores logros educativos, salud pobre y miseria económica».

El problema de las familias no constituidas, afirma Fields, es que los niños con problemas no tienen un padre que les dé la estabilidad emocional que necesitan en su infancia. Cada vez son más los niños que «crecen sin una figura paterna que imitar, ningún hombre grande que les enseñe a lanzar una pelota de béisbol o resolver un problema de matemática».

Fields aclara que nadie «quiere regresar a los días en los que «una maternidad en soltería era un estigma», pero hay que recordar que ésta es dañina para el niño y también para la madre.

EL OBSERVADOR 318-12

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OPINIÓN
No prejuzgar

Nos escribe una lectora con afán de ayudar, y menciona dos puntos que todo padre de familia debería tener en cuenta: no hay que prejuzgar a los hijos ni etiquetarlos. Cualquiera de estas dos actitudes perjudica el sano crecimiento y cancela muchas oportunidades. Cuando prejuzgamos, ya no nos permitimos buscar la verdad y, por supuesto, no podemos conocer verdaderamente al otro. Y si, además, le ponemos la etiqueta de nuestro prejuicio, el chico puede llegar a creérselo. Etiquetas de “inútil”, “torpe”, “travieso”, “enojón”, etc., han hecho mucho daño a muchas personas.

Por cierto, esto de no prejuzgar ni etiquetar es válido también en el resto de nuestras relaciones humanas.


Etiquetado como hiperactivo
— Carta de una lectora —

Me interesó la carta que le enviaron acerca de un niño supuestamente hiperactivo. Quería comentarle que yo tengo un hijo, actualmente de 12 años, bastante tranquilo, pero que en los primeros años de escuela tuvo problemas y lo tenían etiquetado como hiperactivo. En el colegio incluso tenía una doctora de planta.

Cuando en primaria lo cambié de colegio, la maestra me comentó que el niño no se estaba quieto pero que ella en general consideraba que no era hiperactivo, sino que tenía otro problema, porque muy seguido le pedía permiso de ir al baño, y me sugirió la conveniencia de ver a un doctor y pedirle que lo revisara de sus vías urinarias, con tan buen tino que le detectaron al niño una infección precisamente en sus vías urinarias.

Ello era lo que motivaba su aparente hiperactividad, detalle que a varios médicos, incluida la del colegio, una sicóloga y varias maestras con innegable experiencia, y además a su servidora, nos había pasado desapercibido. Se le dio el tratamiento adecuado y, como decimos, «con mano de santo» quedó curado, y se terminó su constante brincar y cambiar de postura.

Obviamente vivo muy agradecida a aquella buena maestra por no prejuzgar a mi hijo y buscar con sentido común la razón de su inquietud. Tal vez esta vivencia pueda ser útil en algo a las personas que tienen problemas con su niño.

EL OBSERVADOR 318-13

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PINCELADAS
Tres clases de esposas

Justo López Melús *


Justo López Melús *

Hay tres clases de esposas: las que frenan a sus maridos, las que los sostienen y las que los empujan. Las primeras son egoístas y mediocres, que ni sueñan ni dejan soñar a sus maridos. Demasiado alicortas, no permiten a sus maridos participar si no se ve alguna ventaja material. Las segundas son como un amuralla ante los fracasos; son buenas para los días difíciles. Muchas de ellas han salvado a los maridos de la quiebra y la desilusión. Pero hace falta algo más.

Las mejores esposas son las terceras, las que les sobra coraje para empujar, para exigir más y seguir avanzando. También hay maridos frenantes, hombres sostenedores y algunos multiplicadores de sus mujeres. La pareja ideal es la que junta a dos multiplicadores, que son estímulo y freno, y más aún si saben transmitir a sus hijos esos ideales. Pero, «¿quién encontrará a esa mujer fuerte? Vale mucho más que las perlas» (Prov 31, 10). Pero, ¿dónde encontrarla? Feliz el marido que la encuentre.

* El autor es Operario Diocesano en el templo de San José de Gracia de Querétaro.

(FIN)

EL OBSERVADOR 318-14

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