El Observador de la Actualidad

 

Periodismo católico para la familia de hoy

26 de agosto de 2001 No. 320

SUMARIO

bullet Entrevista exclusiva a Mons. Rogelio Cabrera, sexto obispo de la diócesis de Tapachula, Chiapas
bulletEN EL PRINCIPIO, LA PALABRA La magia del pensamiento light
bulletCLONACIÓN Y EUTANASIA Dos de las caras del “poliedro bioético”
bulletPENSAR EN CRISTIANO De Acteal a la ley indígena
bulletLos embriones, Bush y Juan Pablo II
bulletDILEMAS ÉTICOS Una nueva economía o un vértigo
bulletDESDE EL CENTRO DE AMÉRICA Te pido
bulletPANTALLA CHICA Sí sabemos por dónde
bulletPICADURA LETRÍSTICA Ginés y los payasos
bulletFAMILIA Formas de escapar
bulletINTIMIDADES –LOS JÓVENES NOS CUENTAN- Mi madre me maltrata

 


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Entrevista exclusiva a Mons. Rogelio Cabrera, sexto obispo de la diócesis de Tapachula, Chiapas
«La mejor manera de vivir el ecumenismo es ser buenos católicos»


¿Cuál es la visión que tiene de la problemática en el sureste mexicano?

En la diócesis de Tapachula, sin conocerla, asumimos dos retos: uno intereclesial y otro social. El intereclesial es, sin duda, el afianzar la fe en el gran número de católicos “indiferentes”. Falta un proceso de integración de las comunidades y del presbiterio. Es un presbiterio pequeño en número, pero muy plural en la procedencia de los sacerdotes.

Por lo que se refiere a la cuestión social, serían especialmente dos asuntos. Uno es el problema de la migración, el gran número de personas que vienen de Guatemala, lo cual plantea problemas sociales pero también problemas para la Iglesia, que es la atención y apoyo de estas personas. Luego el otro es que, por ser una zona de un gran potencial económico, el fruto de los recursos no se queda en la zona, tienen que emigrar como todos los capitales. Es una diócesis que siempre está en la incertidumbre social y económica, y falta un asentamiento en la vida comunitaria.

El estado de Chiapas, según el censo del 2000, es la única zona que supera el 35% de población no católica. ¿Qué reto platea esto, Mons. Cabrera?

El reto más serio es la inmensa variedad de opciones religiosas. Esto fractura demasiado a las comunidades, porque si fuera una agrupación definida se podrían establecer contactos de diálogo, ejercer el ecumenismo; pero en esas circunstancias es muy complejo y yo creo que en algunos casos, imposible. Como lo ha dicho siempre la Iglesia, la mejor manera de vivir el ecumenismo es siendo buenos católicos, y para un obispo la mejor manera de trabajar ecuménicamente es que ejerza su ministerio tal como debe de ser.

¿Cuál es el sentido del cambio de la diócesis de Tacámbaro a la diócesis de Tapachula? ¿Ha habido alguna instrucción de S.S. Juan Pablo II?

Lo principal es que, siguiendo el deseo de la Ecclesia in America, los obispos veamos más allá de nuestras fronteras diocesanas, que establezcamos una comunicación muy colegial entre los obispos de Chiapas.

Ya ningún obispo puede encerrarse en los límites de su diócesis, la Iglesia siempre ha sido amplia, abierta, y ahora nos lo exige la situación.

Son tres obispos jóvenes; se ha reformulado la presencia de la Iglesia en Chiapas.

Desde luego todo lo que significó el Jubileo y este arranque del nuevo milenio ha sido muy determinante para nuestra presencia en Chiapas. Todos vamos con gusto, con incertidumbre siempre, pero con esperanza, sabiendo que está muy clara nuestra misión y nuestro lugar en las diferentes comunidades de Chiapas.

Tapachula no es una región zapatista, pero participa de la problemática. Está recientemente promulgada la nueva ley de derecho y cultura indígena y, por el otro lado, el silencio del EZLN. ¿Ha tenido contacto con sus homólogos en Chiapas para enfrentar este fenómeno?

No, desde luego que no. La Iglesia es muy clara: nosotros no podemos tener ninguna injerencia antes de la toma de posesión. Sin embargo, creo que en estos temas tan difíciles debemos ir reflexionando cada uno en particular.

Por más que uno trata de meterse a lo de la ley indígena, uno ve que la realidad rebasa cualquier formulación legal. Aunque es importante una ley es más importante que la vida de la gente se vaya transformando, porque la ley no puede ir muy delante de la vida de la gente. Si queremos una ley perfecta, esa ley se va a quedar en el escritorio y no se va a cumplir. Creo yo que los principales rubros están contemplados en la ley; sin embargo, yo creo que el problema más serio detrás de todo es el de la tenencia de la tierra y que esa no se arregla con un dictamen, sino que tiene que tener un proceso de arreglo para que queden plenamente satisfechos unos y otros.

Finalmente, ¿cuál es su lectura personal del fenómeno del EZLN?

Lo complejo del problema está a la vista: se debe insistir en el diálogo porque alguien que no presenta su propuesta, que no tiene oportunidad de hablar, se convierte en una persona o en grupo problemático. Hay que tomar la iniciativa, que no puede quedarse el gobierno con los brazos cruzados ante este silencio que puede ser peligroso; hay silencios elocuentes pero hay también silencios riesgosos para el país. No debe frenarse la búsqueda de solución en una vía política, en una vía de desactivar todo lo que eso significa.

EL OBSERVADOR 320-1

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EN EL PRINCIPIO, LA PALABRA

La magia del pensamiento light
Por Jaime Septién Crespo

El número pasado EL OBSERVADOR imprimió una crítica proveniente de la Agencia Católica de Información (ACI), sobre “el fenómeno Harry Potter”. Numerosos lectores nos piden ser más explícitos ante esta serie de libros que glorifican la magia, la hechicería y el pensamiento débil como formas sustitutivas del amor, el perdón y el compromiso con los demás.

Primero que nada, decir que en Harry Potter se sustituye el misterio por la magia. ¿Qué quiere decir esto? Algo tan grave como lo siguiente: se anula, se borra la acción de Dios en el mundo. La acción de Dios se da a través del misterio, no de la magia. Es misteriosa la presencia de Cristo en la Eucaristía, no es mágica. La creación es un acto gratuito de amor, no un trabajo de hechicería sobre los elementos naturales. Si los niños comienzan a olvidar el misterio (por ejemplo, el misterio de la muerte), y lo cambian por una acción personal de dominio de la naturaleza, estarán disponiéndose a aceptar los mensajes de cualquiera que llegue y les venda espejitos (que reflejan su imagen) a cambio del oro de su alma.

Ahí está, pues, la primera cuestión que los papás tienen que reflexionar antes de cumplir con el mandato del niño que quiere leer a Harry Potter, “porque todos los de su salón de clase lo están leyendo”. La segunda tiene que ver con una cuestión de fondo, que es de singular importancia: la cuestión de la obediencia de la autoridad. Cuando se tiene la varita mágica de cambiar las cosas al gusto de la persona, es decir, cuando se cree tener esa posibilidad, entonces, ¿para qué se necesita obedecer a los papás, a los maestros, a las autoridades civiles legítimamente constituidas, en fin, a la Iglesia? No sé si Harry Potter ha contribuido a esto, pero lo que sí me queda muy claro es que a la larga la actitud desobediente que hoy contemplamos en muchos jóvenes viene de considerar que no hay razón ninguna para obedecer cuando cada quien, si lo desea, puede cambiar a su antojo las cosas, hacerlas coincidir con sus gustos, sus aficiones, su libertad.

Hay que mirar al fondo de las cosas. No queremos satanizar a Harry Potter; simplemente poner en actitud de alerta a los papás y a los niños y jóvenes que hoy lo compran y lo leen como si fuera la Biblia. No lo es, y puede tener múltiples consecuencias en la formación de la conciencia de quienes lo toman como el no va más de la literatura juvenil del momento. Porque confundir la verdad última con la magia, y al mago con Dios tiene sus bemoles. Sobre todo en el medio de una sociedad como la nuestra, que cada vez ocupa menos a Dios y más a lo esotérico para fundar su esperanza.

EL OBSERVADOR 320-2

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CLONACIÓN Y EUTANASIA

Dos de las caras del “poliedro bioético”
Por Sarkis Amin, teólogo

Desde la clonación...

La procreación artificial abre las puertas a la ingeniería genética a través de la posibilidad de manipular el embrión o a su patrimonio cromosómico. Es a la tecnología y a las consecuencias que se siguen de su aplicación a lo que el hombre debe prestar una mayor atención. Nuestra época se encuentra surcada por profundas contradicciones cuyo punto de partida resulta de la confrontación entre el progreso científico y técnico y el hecho moral. La biotecnología aplicada al hombre es el punto extremo que puede alcanzar la globalización de la ciencia moderna. Es reduccionista en el sentido preciso de tender a reducir los niveles más altos y menos cercanos de la realidad, como aquellos psicológicos y espirituales, a los niveles más bajos y completamente controlables.

Si lo humano tiene como componente esencial su corporeidad, entonces comienza a «ser» cuando ha iniciado el desarrollo de su propio cuerpo. Ahora bien, ¿cuándo ha comenzado el desarrollo de su propio cuerpo? Resulta indiscutible en la actualidad que el cuerpo se inicia en el momento de la fusión de los gametos, uno del padre y otro de la madre, dando como resultado un nuevo ser, es decir un hijo. Reiterando lo dicho, la vida comienza en el momento de la concepción.

La Iglesia, a través de la Pontificia Academia para la Vida, afirma que «la manipulación del ovocito fecundado es contraria a la dignidad humana, como lo son la selección, el congelamiento y la fabricación de embriones a partir de gametas humanas». Frenar el proyecto de la clonación humana es un compromiso moral que debe traducirse también en términos culturales, sociales y legislativos. Ciencia y técnica médica, estando ordenadas al hombre, que es el artífice, o se alimentan en los valores de fondo y se ponen a su servicio o, de lo contrario se colocan contra el hombre.

...hasta la eutanasia

¿Qué entendemos por eutanasia? Una definición puede ser: “una acción o una omisión que por su naturaleza o en la intención, procura la muerte, con el fin de aliviar todo dolor”.

La Declaración acerca de la Eutanasia, de la Congregación para la Doctrina de la Fe, toma una postura en lo que se refiere a la supresión de los medios terapéuticos que no son útiles. Mientras sostiene que, a falta de otros remedios, es lícito recurrir, con el consentimiento del enfermo, a los medios puestos a disposición por la medicina más avanzada, aunque estén todavía en fase de experimentación y no exentos de riesgos, no duda en afirmar que, ante la inminencia de una muerte inevitable no obstante los medios utilizados, es lícito en conciencia tomar la decisión de renunciar a tratamientos que sólo proporcionarían una prolongación precaria y penosa de la vida, pero sin interrumpir los cuidados normales debidos al enfermo. Se sanciona así la licitud de no someterse a tratamientos penosos, caros o de dudosa eficacia. Pero va más allá cuando declara que es lícito interrumpir tales medios cuando los resultados no son conformes con las esperanzas que se han puesto en esos medios. Pero en la toma de esta decisión se debe tener en cuenta el justo deseo del enfermo y de sus familiares.

La distinción entre eutanasia activa o eutanasia pasiva no tiene fundamento ético, es confusa y carente de base científica. Podría decirse que no es lo mismo «dejar morir» que «matar», pero, en cuanto que la verdadera eutanasia busca intencionalmente la muerte, no es un mero «dejar morir», sino «dejar morir a quien podría vivir si se le proporcionaran los medios adecuados». El paciente tiene derechos irrenunciables a aquellos cuidados mínimos, aquellos que se deben a toda persona por el hecho de serlo, por lo que nunca pueden abandonarse, ya que responden a la consideración debida a la dignidad de la persona humana. Es necesario decir que tenemos derecho a «vivir con dignidad no sólo desde el momento de la concepción, sino inclusive hasta el momento de la muerte», en lugar de un «derecho a una muerte digna», que la eutanasia no proporciona.

¿Tienes preguntas en el campo de la bioética a la luz del Magisterio de la Iglesia? Contáctanos en nuestra dirección de Internet: “Sarkis Amin” <
¿Tienes preguntas en el campo de la bioética a la luz del Magisterio de la Iglesia? Contáctanos en nuestra dirección de Internet: “Sarkis Amin” <
La procreación artificial abre las puertas a la ingeniería genética a través de la posibilidad de manipular el embrión o a su patrimonio cromosómico. Es a la tecnología y a las consecuencias que se siguen de su aplicación a lo que el hombre debe prestar una mayor atención. Nuestra época se encuentra surcada por profundas contradicciones cuyo punto de partida resulta de la confrontación entre el progreso científico y técnico y el hecho moral. La biotecnología aplicada al hombre es el punto extremo que puede alcanzar la globalización de la ciencia moderna. Es reduccionista en el sentido preciso de tender a reducir los niveles más altos y menos cercanos de la realidad, como aquellos psicológicos y espirituales, a los niveles más bajos y completamente controlables.

Si lo humano tiene como componente esencial su corporeidad, entonces comienza a «ser» cuando ha iniciado el desarrollo de su propio cuerpo. Ahora bien, ¿cuándo ha comenzado el desarrollo de su propio cuerpo? Resulta indiscutible en la actualidad que el cuerpo se inicia en el momento de la fusión de los gametos, uno del padre y otro de la madre, dando como resultado un nuevo ser, es decir un hijo. Reiterando lo dicho, la vida comienza en el momento de la concepción.

La Iglesia, a través de la Pontificia Academia para la Vida, afirma que «la manipulación del ovocito fecundado es contraria a la dignidad humana, como lo son la selección, el congelamiento y la fabricación de embriones a partir de gametas humanas». Frenar el proyecto de la clonación humana es un compromiso moral que debe traducirse también en términos culturales, sociales y legislativos. Ciencia y técnica médica, estando ordenadas al hombre, que es el artífice, o se alimentan en los valores de fondo y se ponen a su servicio o, de lo contrario se colocan contra el hombre.

...hasta la eutanasia

¿Qué entendemos por eutanasia? Una definición puede ser: “una acción o una omisión que por su naturaleza o en la intención, procura la muerte, con el fin de aliviar todo dolor”.

La Declaración acerca de la Eutanasia, de la Congregación para la Doctrina de la Fe, toma una postura en lo que se refiere a la supresión de los medios terapéuticos que no son útiles. Mientras sostiene que, a falta de otros remedios, es lícito recurrir, con el consentimiento del enfermo, a los medios puestos a disposición por la medicina más avanzada, aunque estén todavía en fase de experimentación y no exentos de riesgos, no duda en afirmar que, ante la inminencia de una muerte inevitable no obstante los medios utilizados, es lícito en conciencia tomar la decisión de renunciar a tratamientos que sólo proporcionarían una prolongación precaria y penosa de la vida, pero sin interrumpir los cuidados normales debidos al enfermo. Se sanciona así la licitud de no someterse a tratamientos penosos, caros o de dudosa eficacia. Pero va más allá cuando declara que es lícito interrumpir tales medios cuando los resultados no son conformes con las esperanzas que se han puesto en esos medios. Pero en la toma de esta decisión se debe tener en cuenta el justo deseo del enfermo y de sus familiares.

La distinción entre eutanasia activa o eutanasia pasiva no tiene fundamento ético, es confusa y carente de base científica. Podría decirse que no es lo mismo «dejar morir» que «matar», pero, en cuanto que la verdadera eutanasia busca intencionalmente la muerte, no es un mero «dejar morir», sino «dejar morir a quien podría vivir si se le proporcionaran los medios adecuados». El paciente tiene derechos irrenunciables a aquellos cuidados mínimos, aquellos que se deben a toda persona por el hecho de serlo, por lo que nunca pueden abandonarse, ya que responden a la consideración debida a la dignidad de la persona humana. Es necesario decir que tenemos derecho a «vivir con dignidad no sólo desde el momento de la concepción, sino inclusive hasta el momento de la muerte», en lugar de un «derecho a una muerte digna», que la eutanasia no proporciona.

¿Tienes preguntas en el campo de la bioética a la luz del Magisterio de la Iglesia? Contáctanos en nuestra dirección de Internet: “Sarkis Amin” <
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Si lo humano tiene como componente esencial su corporeidad, entonces comienza a «ser» cuando ha iniciado el desarrollo de su propio cuerpo. Ahora bien, ¿cuándo ha comenzado el desarrollo de su propio cuerpo? Resulta indiscutible en la actualidad que el cuerpo se inicia en el momento de la fusión de los gametos, uno del padre y otro de la madre, dando como resultado un nuevo ser, es decir un hijo. Reiterando lo dicho, la vida comienza en el momento de la concepción.

La Iglesia, a través de la Pontificia Academia para la Vida, afirma que «la manipulación del ovocito fecundado es contraria a la dignidad humana, como lo son la selección, el congelamiento y la fabricación de embriones a partir de gametas humanas». Frenar el proyecto de la clonación humana es un compromiso moral que debe traducirse también en términos culturales, sociales y legislativos. Ciencia y técnica médica, estando ordenadas al hombre, que es el artífice, o se alimentan en los valores de fondo y se ponen a su servicio o, de lo contrario se colocan contra el hombre.

...hasta la eutanasia

¿Qué entendemos por eutanasia? Una definición puede ser: “una acción o una omisión que por su naturaleza o en la intención, procura la muerte, con el fin de aliviar todo dolor”.

La Declaración acerca de la Eutanasia, de la Congregación para la Doctrina de la Fe, toma una postura en lo que se refiere a la supresión de los medios terapéuticos que no son útiles. Mientras sostiene que, a falta de otros remedios, es lícito recurrir, con el consentimiento del enfermo, a los medios puestos a disposición por la medicina más avanzada, aunque estén todavía en fase de experimentación y no exentos de riesgos, no duda en afirmar que, ante la inminencia de una muerte inevitable no obstante los medios utilizados, es lícito en conciencia tomar la decisión de renunciar a tratamientos que sólo proporcionarían una prolongación precaria y penosa de la vida, pero sin interrumpir los cuidados normales debidos al enfermo. Se sanciona así la licitud de no someterse a tratamientos penosos, caros o de dudosa eficacia. Pero va más allá cuando declara que es lícito interrumpir tales medios cuando los resultados no son conformes con las esperanzas que se han puesto en esos medios. Pero en la toma de esta decisión se debe tener en cuenta el justo deseo del enfermo y de sus familiares.

La distinción entre eutanasia activa o eutanasia pasiva no tiene fundamento ético, es confusa y carente de base científica. Podría decirse que no es lo mismo «dejar morir» que «matar», pero, en cuanto que la verdadera eutanasia busca intencionalmente la muerte, no es un mero «dejar morir», sino «dejar morir a quien podría vivir si se le proporcionaran los medios adecuados». El paciente tiene derechos irrenunciables a aquellos cuidados mínimos, aquellos que se deben a toda persona por el hecho de serlo, por lo que nunca pueden abandonarse, ya que responden a la consideración debida a la dignidad de la persona humana. Es necesario decir que tenemos derecho a «vivir con dignidad no sólo desde el momento de la concepción, sino inclusive hasta el momento de la muerte», en lugar de un «derecho a una muerte digna», que la eutanasia no proporciona.

¿Tienes preguntas en el campo de la bioética a la luz del Magisterio de la Iglesia? Contáctanos en nuestra dirección de Internet: “Sarkis Amin” <
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EL OBSERVADOR 320-3

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PENSAR EN CRISTIANO

De Acteal a la ley indígena
Por Rodrigo Guerra López

El asesinato de un grupo de indígenas indefensos que hacían oración en Acteal hace algunos años conmovió a la nación entera. Fueron acribillados por la espalda. No era población armada, había mujeres embarazadas, eran inocentes. Los grupos paramilitares que, con toda impunidad, preservan los intereses caciquiles en Chiapas fueron los responsables.

La conmoción pasó pronto. El efectismo de algunos medios de comunicación más o menos cauteriza cualquier posibilidad que exista de descubrir un significado mayor al que provee la nota del día, la emoción inmediata, el desastre de moda. Sin embargo, derrotados en el terreno de la fuerza, los muertos de Acteal providencialmente mostraron que, si bien el inocente puede morir a manos de quienes poseen poder, la dimensión más importante de la existencia no se puede cancelar ni siquiera a través de la violencia extrema.

En un universo en el que Dios ha sido eliminado existencialmente, desaparece también el motivo para respetar al ser humano. El hombre es simplemente un objeto, similar a otros objetos naturales sobre los que se ejerce el proyecto de dominio de otro hombre. Cada hombre trata a los otros hombres como instrumentos que la lógica del poder debe hacer dóciles y disponibles. Naturalmente cada hombre entra como objeto en los proyectos de los otros hombres, y la vida social se convierte en el lugar de recíproca instrumentalización en el que triunfa el principio pragmático-darwiniano de la “supervivencia del más fuerte”, que Spencer transfirió al mundo humano.

El horror de la masacre de Acteal es tan grande que no puede no tener un significado filosófico: no se trata sólo del número de víctimas y del carácter terrible de su asesinato. Acteal se ha convertido en el símbolo de una humillación del ser humano que, bajo formas diferentes, no cesa de repetirse y que extrae su propia fuerza de una profunda desviación espiritual que debe ser comprendida en su raíz si se quiere poner fin a la barbarie. ¿Cuál es la idea sobre el hombre que gravita en los asesinos? ¿Cuál es la idea sobre la dignidad que sostienen quienes no reconocen el derecho de los pueblos indígenas a su autodeterminación? ¿Qué filosofía justifica la exclusión sistemática de los más pobres? Cuando la fuerza se separa de la verdad y de la justicia aplasta la dignidad y crea una cosmovisión contraria a la vida, contraria al sentido profundo de la existencia, contraria al valor ontológico de los más débiles. Crea un utilitarismo que se legitima simplemente de acuerdo con las exigencias prácticas de la conveniencia, del mayor rendimiento, del “menor costo” político…

Acteal pasó y la reforma constitucional sobre derechos y cultura indígenas llegó. No deja de sorprender que los argumentos esgrimidos por una gran cantidad de organismos civiles y por diversos representantes eclesiásticos a favor del rechazo de esta reforma no fueran discutidos en sí mismos sino desviados hacia reflexiones de índole pragmática en el sentido de “hay que aceptar lo que venga”. El consecuencialismo ético de esta discusión debería despertar al menos alguna sospecha de las deficiencias en las que fue planteado el debate. La misma lógica pragmática que suprimió a los indígenas en Acteal condujo en buena medida la discusión sobre la reforma constitucional. De nada sirvió que México, al ratificar el Convenio 169 de la OIT, estuviera obligado a promover una reforma más integral, más amplia y más acorde con el derecho internacional en materia de derechos humanos. De nada sirvió que el debate sobre esta reforma tuviera la concreción de las vidas perdidas aquel día en Acteal. La prisa de quienes ya no desean que el tema indígena continúe punzando la conciencia de los mexicanos nos ha invitado a decir “ya fue mucha discusión”, “ya estamos saturados de este tema”. Esta prisa, este hartazgo en algunos sectores sociales manifiesta el aparente triunfo de la razón instrumental, del pragmatismo utilitarista, sobre el valor y la dignidad de quienes se encuentran en estado —muchas veces— de indefensión. Sin embargo, el triunfo es sólo aparente. La verdadera victoria ha sido la de aquellos hombres, mujeres y niños que, orando a su Señor y pidiendo la paz con los medios de la paz, murieron con inocencia.

Quienes hoy todavía vivimos y nos cansamos del reclamo de los indígenas, quienes instrumentalizan esta causa para lucrar políticamente, quienes estamos entretenidos en mil y un cosas “importantes” y “serias”, ¿podremos morir así?

Rocco Buttiglione alguna vez escribía: «El oprimido puede y debe combatir por la justicia con las armas de esta tierra, pero la verdadera victoria es la victoria espiritual, la que recobra y reconstruye la verdad del hombre en sí y en los otros. Sólo manteniendo la mirada fija en esta victoria es posible evitar, en los enfrentamientos del mundo, el pasarse insensiblemente al lado de la injusticia».
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Hasta ahora en el escenario del conflicto chiapaneco habíamos visto actuando al ejército mexicano, al EZLN y a los grupos paramilitares (...). Ante la promulgación de la ley indígena, opiniones de legisladores chiapanecos, como la del diputado [del PRD] Ulloa Pérez, contemplan la entrada en escena de otros grupos que vendrían a incrementar la violencia.

Hoy por hoy, los pueblos indios, no solamente de Chiapas sino de todo México, siguen siendo un punto de referencia para construir un México incluyente, con estructuras justas, que nos conduzcan a una paz duradera y auténtico desarrollo. Es urgente que se abra el camino de reanudación del diálogo en Chiapas con una ley que refleje lo pactado con ellos por el gobierno federal en San Andrés Larráinzar.

Raúl Vera López.

Hasta ahora en el escenario del conflicto chiapaneco habíamos visto actuando al ejército mexicano, al EZLN y a los grupos paramilitares (...). Ante la promulgación de la ley indígena, opiniones de legisladores chiapanecos, como la del diputado [del PRD] Ulloa Pérez, contemplan la entrada en escena de otros grupos que vendrían a incrementar la violencia.

Hoy por hoy, los pueblos indios, no solamente de Chiapas sino de todo México, siguen siendo un punto de referencia para construir un México incluyente, con estructuras justas, que nos conduzcan a una paz duradera y auténtico desarrollo. Es urgente que se abra el camino de reanudación del diálogo en Chiapas con una ley que refleje lo pactado con ellos por el gobierno federal en San Andrés Larráinzar.

Raúl Vera López.

EL OBSERVADOR 320-4

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Los embriones, Bush y Juan Pablo II
Por Emilio Palafox Marqués

Estos días comentó la prensa mundial el encuentro de Bush con Juan Pablo II en Castelgandolfo, regresando el Papa de su descanso en Les Combes. «En presencia del Papa Juan Pablo II, el jefe de la superpotencia mundial parecía cargado de humildad. En la residencia pontificia de verano de Castelgandolfo, como si fuera un colegial, George W. Bush siguió atentamente las palabras del jefe de la Iglesia católica. La lección, con voz baja, pero de contenido inconfundible, duró 25 minutos». Así susurraban, temerosas, algunas agencias.

Concretamente, Juan Pablo II pidió al presidente Bush que rechazara cualquier apoyo a la investigación con embriones humanos por la sencilla razón de que se trata de experimentar en personas, atropellando los derechos humanos. Bush debía decidir en las siguientes semanas sobre el financiamiento con fondos públicos a los proyectos de investigación con células madre de embriones humanos. Y decidió, negando ese apoyo.

Mal presentado por cierta «ingenua» prensa, parecería un dilema entre católicos y republicanos juntos —los «malos» de siempre, por un lado, rechazando la investigación en «embriones destinados a la destrucción»—, «mientras que el mundo científico y la industria están a favor», dicen. Pero no son así de simples las cosas.

Empezando porque se trata de embriones humanos —no embriones de cualquier especie animal— y, por tanto, de seres humanos con todos sus derechos. Pero en el mundo científico hay investigadores cualificados, católicos o no —siempre los ha habido— que se oponen racionalmente a toda experimentación en humanos.

El genetista Axel Kahn, por ejemplo, miembro del Comité de Ética francés, insiste en que la clonación terapéutica supone el riesgo de ver surgir un «mercado de mujeres transformadas en productoras de óvulos». Igualmente contrario a toda investigación en células madre de embriones humanos, pero por razones técnicas, es el autor de la clonación que trajo a la vida a la oveja Dolly, que —según informa— envejece alarmantemente. ¿A dónde iríamos con la experimentación y clonación en humanos?

Juan Pablo II es transparente: «Cada vez más insistentemente se perfilan proyectos que colocan los comienzos de la vida humana en contextos diversos de la unión matrimonial entre el hombre y la mujer; son proyectos a menudo sostenidos por supuestas justificaciones médicas y científicas». Y aclara: «El contexto del amor matrimonial y la mediación corporal del acto conyugal son el único lugar en el que es plenamente reconocido y respetado el valor singular del nuevo ser humano llamado a la vida», dado que «el hombre no es reductible a sus componentes genéticos y biológicos, que participan de su dignidad humana».

EL OBSERVADOR 320-5

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DILEMAS ÉTICOS

Una nueva economía o un vértigo
Por Sergio Ibarra

Hace unos días se lanzó a circulación una nueva revista con un trabajo editorial-comercial orientado hacia una serie de interpretaciones y conceptos que, lejos de orientar, lo que buscan es descalificar, con razón, o sin ella, la gestión del gobierno federal, del nuevo. El dilema al que me deseo referir es el trasfondo que tiene la descalificación de la situación actual de la economía.

El 2 de julio del 2000 el pueblo de México expresó su voluntad durante las votaciones federales. Aquel día se inició un cambio político. Una nación no funciona con variables sueltas y dispuestas al azar. La política, la economía, la educación, la tecnología, la ética y la sociedad misma son elementos interdependientes; lo que le ocurre a una variable le afecta a las otras.

No era posible esperar que el manejo de la economía siguiese siendo el mismo, no al menos el de los seis fatales sexenios que antecedieron al presente.

Pero parece que no queremos aceptar que las reglas han cambiado, que es un requisito el hacer las cosas con calidad. Aun cuando es grande la tentación de devaluar el peso, vivir con una mano de obra barata y una moneda barata, como los países asiáticos lo han hecho durante las últimas cuatro décadas, es una salida falsa.

Y no únicamente se requiere baja inflación. Se requiere de liderazgo y de un cambio radical en las estructuras productivas de bienes y servicios, se requiere de un cambio en la cultura de las organizaciones mas orientada al desarrollo del talento humano, más allá de la calidad, más allá de las practicas gerenciales que se han importado como panaceas, más allá del ISO 9000 y 40000 y de todos lo que quieran inventar. La cultura no se certifica, la cultura se transforma con la inteligencia y la unión de voluntades. No con códigos o nuevas constituciones. Se requiere de hacer frente a un dilema ético que subyace en la agenda gerencial: compartir y difundir conocimientos, enseñar y dar formación a los miembros de la organización. Aventurarse a ser más productivo, pero no con enunciados espectaculares; a tener a la productividad como un valor que hay que poner en acción. Igual en Bimbo que en la tienda de abarrotes, en General Motors que en el taller mécanico de la vuelta, en los VIPs que en las garnachas de la esquina, en el gobierno federal que en el municipio más alejado.. Ya lo dice la Biblia: Enseñales a pescar para que coman toda la vida.

EL OBSERVADOR 320-6

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DESDE EL CENTRO DE AMÉRICA

Te pido
Por Claudio de Castro S.

Te pido, si eres sacerdote, que nos ayudes a ser santos con tu ejemplo y tu santidad. Que al administrar los sacramentos lo hagas dignamente y con amor. Que vivas ilusionado por Jesús. Y que al dar la Comunión te cuides mucho de no dejarlo caer. Usa siempre una bandeja de comunión, o una patena. Cuida mucho a Jesús, quiérele más.

Tenlo presente en tu corazón y tu alma y tu vida. Tu fortaleza será nuestra fortaleza. Tus consejos nos guiarán por la vida. Por eso necesitamos tanto de ti. Eres nuestro pastor, nosotros tus ovejas. Y muchas veces estamos descarriadas.

Por favor, hermano sacerdote, no calles cuando debes hablar.

Cristo habita en ti. Por eso hazte siempre esta pregunta que solía hacerse un santo sacerdote: ¿qué haría Cristo en mi lugar? Ten más intimidad con el Señor. No dejes que el mundo te absorba con sus problemas. Lleva una vida interior rica, plena, llena de Dios. Una amiga me dijo una vez: «Usted viva en la presencia de Dios. Él se encargará de lo demás».

Te pido, si eres sacerdote, que enciendas nuestros corazones con el amor de Jesús Sacramentado. Hemos perdido tanto en el camino... Nunca te desanimes a pesar de los desaires que los laicos podamos darte. Ten presente que Jesús nunca se desanima.

Te pido, si eres laico, que reces mucho por los sacerdotes. Que los apoyes siempre que puedas. Que seas un amigo sincero y generoso. Ya ves, un sacerdote es otro Cristo. Un Cristo de verdad.

EL OBSERVADOR 320-7

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PANTALLA CHICA

Sí sabemos por dónde
Grupo Inter Mirifica

Conversaban dos hombres del campo mientras caminaban de Zonactoplatencan a Zaloponocteapan:

— Me dicen que andar a caballo es malo. Yo ya no sé ni qué pensar...

— No, Remigio, montar a caballo no es malo, te ayuda a llegar a donde quieres ir. Lo malo es que lo andes cargando o que te lleve pa' donde se le dé la gana; que se coma lo mejor del maíz que tienes para ti y que no reconozca tu autoridá. Eso es lo malo, Remigio.

— Pos sí; pero a veces me canso de decile pa' dónde quiero ir, y a luego más mejor dejo que me lleve onde sea.

— Acuérdate, Remigio, que tú eres el que lo comprates pa' tu beneficio. Si no te da buen servicio, véndelo o cómetelo asado, pero no dejes que abuse de ti... ¿Cómo te ha de llevar a donde él quera? ¿Y qué tal que te lleva a un lado donde te pierdas y ya no jalles camino? ¿Qué tal si es un lugar peligroso pa' tu pellejo?

— Tienes razón, Clariso, le voy a jalar la rienda, pos si yo tengo cabeza. Y si él no sabe pa' dónde, ¡yo se lo haré saber!

No es posible que los programadores de las televisoras avienten programas sin sentido, ignorando el rumbo que buscamos la mayoría de los mexicanos: el rumbo es hacia el bien común, hacia el bien del hombre, hacia todo lo que le es útil y le humaniza, no hacia lo que degrada y «animaliza».

Llama por teléfono a las televisoras o escribe una carta recordándoles que sí sabemos por dónde queremos que trabajen. Por supuesto, si tienes algo que elogiarles, dilo también.

EL OBSERVADOR 320-8

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PICADURA LETRÍSTICA

Ginés y los payasos
Por J. Jesús García y García

Cuando un hombre se transforma en payaso hace al auditorio el don
de sí mismo. Con el fin de poder regalar a los demás la salvadora gracia de la risa, acepta ser objeto de burlas, ser empapado, clavado, traicionado en el amor.
MORRIS WEST.

Con sobra de razón me han dicho eventualmente: ¡no sea payaso! Porque en más ocasiones de lo tolerable he sido payaso en el mal sentido de la palabra, es decir, comportándome poco serio en mis acciones o palabras y propenso, por lo mismo, a hacer reír a los demás (con una risa de pena, nerviosa o forzada, como es de esperar). En ese sentido he cumplido como los buenos. La otra acepción —la principal— del término es: «artista de circo que hace de gracioso con una vestimenta y un maquillaje muy llamativos». El payaso que responde a esta última descripción practica un oficio digno, mientras que el primero es, de suyo, detestable. Por ello no me da vergüenza confesar que en algún momento seriamente quise ser payaso y que me hubiera gustado recorrer la legua adscrito a una empresa circense, desempeñándome dentro de una carpa. No me tocó serlo pero anduve cerca: fui actor. En una u otra actividad el santo patrono que me correspondía era el mismo: san Ginés (ya saben ustedes que hay santos patronos para todos, ahora hasta para los políticos, rama en la que a veces cree uno que no pueden existir más que «transas» y negativos).

Refieren del romano Ginés, Genés o Genest (ayer fue su día) que, reinando todavía Diocleciano, le tocó en una comedia representar el papel de un pagano que recibía el bautismo y se convertía, por ello, en la burla de todos. Cayó el actor en su propio juego, recibió la gracia de la fe y, una vez terminada la representación, se declaró cristiano. Era tiempo de persecución y aquella confesión le condujo al martirio: fue decapitado.

«Dos situaciones peculiares —dice Sergio Golwarz— rodean al ser humano y producen en su espíritu dos reacciones correlacionadas de carácter distinto, aunque no pueda probarse que sean contrarias: lo serio y lo cómico. La parte medular de la vida constituye lo serio, y lo cómico —que puede desprenderse de muchas situaciones o intervenir en ellas—, la evasión, el descanso, la diversión».

En efecto, la risa es demostración de alegría y, si mucho me apuran, también de placer. De provocar la risa se ocupa, básicamente, lo cómico. Y está por verse «quién goza más de lo cómico, si el que lo descubre y lo celebra o quien lo inventa y lo provoca», afirma el mismo autor citado. Por ejemplo, «el niño, apenas comprende o intuye que es capaz de provocar la risa en los aduladores y esclavos que lo rodean, se convierte en un pequeño bufón y goza con ello desde que descubre que puede divertir».

Desde antiguo viene afirmándose que la risa es patrimonio exclusivo del hombre, y hasta se ha exagerado atribuyendo a ese gesto una parte más que grande en la pretendida superioridad humana. Pero también está, como señal inconfudible de humanidad, el conmoverse y llorar...

En Pierrot, Garrick, Calvero, Pirrín, Yoyito y en tantos clowns amorosamente exhibidos por Federico Fellini tenemos genuinos productores de risa, productores de humanidad... Nada denigrante había, pues, en mi deseo de hacer reír. Pero, bueno, también a los actores se les dice «cómicos», no porque se limiten a extraer la risa ni porque el teatro sea esencialmente «de comedia», sino porque, sobre todo en ciertas épocas, la facha y las actitudes de los actores son verdaderamente cómicas, de hecho «payasas» en el sentido peyorativo del término, de tan extravagantes y dizque «originales». ¿Se puede estar a salvo de esto y de la inmoralidad que impera en el medio? Y todavía más, ¿es imposible dar el testimonio de fe que dio Ginés?

EL OBSERVADOR 320-9

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FAMILIA
Formas de escapar

En muchos sitios y de muchas maneras hemos escuchado que nuestra sociedad de consumo es escapista. Ahí están los que huyen por medio de las drogas y el alcohol; los que se divorcian; los adictos al trabajo; los que corren sus autos a toda velocidad; los que escuchan “esa” música a un volumen ensordecedor.

Pero nosotros somos personas normales, ¿no? Afrontamos nuestras responsabilidades, no escapamos... ¿Y no será éste nuestro primer escape, creer que estamos bien y no escapamos de nada?

Hay aspectos de nuestra vida de la que nosotros, la gente común y corriente, huímos con frecuencia, que, por cierto, son situaciones profundas y vitales de nuestra realidad.

La cuestión social.- Vivimos como si la crisis que en todos los niveles padece la civilización fuera algo ajeno a nosotros. Nos afecta, claro, pero no nos parece que seamos parte de la causa ni de la solución; no procuramos un cambio. Mientras no toquen a la puerta de nuestra casa, es como si no existieran la miseria, las familias desintegradas, la violencia, las drogas, el abandono, la soledad, las lacras de la humanidad. En suma: no nos comprometemos.

Sentimientos.- Parece como si en “bien” y en “mal” se agotaran las respuestas que tenemos a la pregunta: “¿Cómo te sientes?”. Si presionamos un poco, salen no más de una decena de sentimientos, como alegría, tristeza, mal humor, entusiasmo, cansancio y angustia. Eso ya es un avance, pero las posibilidades son muchas más. No vemos la riqueza y profundidad de nuestros sentimientos porque esto nos obligaría a conocernos tal cual somos, incluso con nuestras debilidades y limitaciones. A fuerza de descubrir nuestros sentimientos tendríamos que destruir barreras y engaños que hemos construido para protegernos. Por otro lado, no expresamos nuestros sentimientos porque eso significaría mostrarnos a los demás.

Este huir de los sentimientos se traduce, entre otras cosas, en relaciones pobres, superficiales y rutinarias con nuestros seres queridos; en poco conocimiento de nosotros mismos y de los demás; en falta de intimidad con el cónyuge y en una serie de malos entendidos y situaciones difíciles, producto de transformar en uno distintos sentimientos. Por ejemplo, incapaces de aceptar sentirnos frustrados, impotentes, ridículos, fracasados o confundidos, expresamos estos sentimientos con ira que se dirige a los demás.

El yo interior.- Una vida interior nos obligaría a dar sentido a nuestra existencia, nos forzaría a definirnos y a ser fieles con hechos reales y cotidianos a aquello en lo que creemos. Tendríamos que crecer y madurar y dar cuenta de nosotros mismos. Todo esto es muy difícil, por lo que preferimos huir y escondernos en la rutina de todos los días, cumpliendo los deberes a los que nos obliga el buen desempeño de los papeles que nos ha tocado representar.

Dios.- Huímos de Dios haciéndonos un Dios a nuestro modo, que no nos comprometa demasiado, que no nos conozca tanto. Huimos de la relación personal con Él que nos darían la oración y la conciencia de que Él nos ama.

Tal vez usted no toma constantemente pastillas, ni es alcohólico, ni tiene un ritmo agitado lleno de actividades. Tal vez no tiene esas formas de huida obvias. Pero, ¿tiene una vida plena? ¿Está fuertemente arraigado a la existencia? ¿Conoce la paz y el gozo en su vida interior? ¿Ama en verdad? Si contestó no a alguna de estas preguntas, tal vez sea porque esta huyendo de algo profundo y vital en usted mismo. Y huir sólo conduce a una vida mediocre y, en buena medida, ajena a nosotros mismos. Para encontrar plenitud y verdadera satisfacción, gozo y paz, un sentido y una trascendencia, hay que vivir sin trampas, mirando de frente cada momento, cada situación y cada problema. Hay que vivir sin dar la vuelta. (Y.C.)

EL OBSERVADOR 320-10

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INTIMIDADES –LOS JÓVENES NOS CUENTAN-

Mi madre me maltrata
Por Yusi Cervantes Leyzaola

Yo tengo el problema de que mi mamá no me quiere y que siempre me ha hecho menos. Cuando yo era chiquita mi mamá me pegaba mucho por cualquier cosita, por mínima que fuera. Cuando era Día de las Madres le decía que fuera a mi escuela y prefería ir a la de mi hermano. Cuando yo le hacía su regalo en la escuela mis regalos los guardaba y me decía que no le gustaban; en cambio, los de mi hermano hasta los colgaba en la pared, y desde entonces dejé de darle regalos. Ahora ya tengo 15 años y todavía me sigue maltratando, me avienta vasos de vidrio, ceniceros; me avienta lo que tiene a la mano sin medir consecuencias. Ella vive con un señor a quien yo no le tengo confianza, es un señor muy morboso. Ella trabajaba en bares, y con cualquier persona con quien salía, siempre nos llevaba con ella. No quiero vivir con ella por los maltratos que ella me ha dado, porque habla mucho de mí, me maldice y me corre y me odia y dice que toda su desgracia he sido yo. Por eso no me quiero ir con ella; yo quiero vivir una vida tranquila y mi papá me ha dado esa tranquilidad; pero a ella le dio coraje que me fuera con mi papá y me quitó mis papeles de la escuela y ahora no me deja estudiar por el solo hecho de que no me quise ir a vivir con ella.



Leyendo tu relato tenemos la tentación de no creerlo, de decir: es imposible que una madre trate así a una hija. Sin embargo, desgraciadamente, hay mujeres tan enfermas emocionalmente que sí lo hacen. Esto es lo que tienes que tener siempre muy claro: tu madre está emocionalmente enferma. Entenderlo y aceptarlo te va a ayudar a darte cuenta de que no merecías ese trato, de que puedes dar y recibir amor en tu vida, aunque ella no te haya dado suficiente. También te va a permitir algún día perdonarla y liberar tu corazón de todo resentimiento. Tienes que saber que eres una persona sumamente valiosa y aprender a buscar lo mejor para ti.

Me alegra saber que cuentas con tu padre. Es muy importante que te mantengas cerca de él. Creo que este asunto deben solucionarlo por la vía legal. Un juez debe ser quien decida que tu madre no tenga derechos sobre ti y que sea tu padre quien se haga cargo. Vayan al DIF para que los ayuden y los asesoren. En cuanto a los papeles de la escuela, tú puedes obtener copias. Tu madre no puede impedir que sigas estudiando.

No va a ser agradable, para nada, enfrentarse a tu madre por la vía legal, pero es necesario. Recuerda que estás buscando tu bien, y ella no puede darte lo que necesitas para crecer sanamente.

Pon todos tus problemas en manos de Dios y acude a Él para que sane con su amor la falta de amor de tu mamá. Voy a pedirle a Él por ti.
(FIN)

EL OBSERVADOR 320-11

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