El Observador de la Actualidad

 

Periodismo católico para la familia de hoy

2 de septiembre de 2001 No. 321

SUMARIO

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Miércoles 5 de septiembre, «Día del Hermano»

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ENTREVISTA EXCLUSIVA Giuseppe Bertello, nuncio apostólico en México

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MUJER El sufrimiento lo hizo grande

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«El mundo no puede seguir ignorando a los 12 millones de católicos chinos, mártires vivos»

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DEBATE Sociedades de convivencia

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DILEMAS ÉTICOS Valores para «generar valores»

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COMUNICACIÓN Los católicos y la recuperación de la imaginación

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JÓVENES Un joven desfigurado encuentra a Dios y conquista el mundo con su talento

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INTIMIDADES -LOS JÓVENES NOS CUENTAN- En torno a la inmadurez

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FAMILIA ¿Qué se hace con los bebés muertos?

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PINCELADAS La peste y el miedo

 


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Miércoles 5 de septiembre, «Día del Hermano»
«Se trata de poner el amor en movimiento y la oración comprometida»



El 5 de septiembre de cada año se celebra, en homenaje a la madre Teresa de Calcuta, el «Día del Hermano».


La iniciativa fue propuesta por una seglar, la señora Teresita de Grau. Sugirió a su párroco, el presbítero fray Miguel Elías Alderete Garrido, de la parorquia de San Isidro Labrador, de Famailla Tucuman, Argentina, que en aquella fecha se recordara a la fundadora de las Misioneras de la Caridad haciendo precisamente lo que la santa religiosa hacía: servir a los más pobres de entre los pobres. Fray Miguel y un grupo de colaboradores de inmediato se dispusieron a difundir la idea para darle alcance mundial.

Desde luego, sor Nirmala, superiora de las Misioneras de la Caridad, recibió una carta donde se le pedía su opinión y su aprobación.

La respuesta de sor Nirmala


Querido padre Garrido:

Gracias por su carta en la que nos propone que se celebre el Día del Hermano en el día del aniversario del fallecimiento de nuestra madre, la madre Teresa.
«Nosostros no tenemos objeción alguna, siempre y cuando en ese día se invite a la gente a la oración y a poner el amor en acción, sin ningun objetivo de recaudar fondos o recolectar bienes. Sin embargo, no podremos hacer un carta apoyando el proyecto, pero póngalo como una iniciativa privada que surge como amor y respeto a la madre. Como no tenemos facilidades en el internet, no podremos obtener información de nuestra parte sobre el día. Si quiere tomar el día de aniversario de nuestra madre, le destaco que nuestra madre partió a la casa de Jesús el 5 de septiembre de l997.
Ténganos en sus oraciones. Yo le aseguro las nuestras para usted y su parroquia.
Suya en Jesús,
Hermana M. Nirmala M.C.,
superiora general.


Hermana M. Nirmala M.C.,
superiora general.


¿Cómo vivir el «Día del Hermano»?

Las propuestas del padre fray Miguel son, sencillamente, las obras de misericordia. Y es que de lo que se trata es de consagrar esta jornada a la solidaridad evangélica. Para celebrar este día podemos hacer una o varias de las siguientes cosas:

* Abre las puertas de tu casa al más necesitado.
* Comporte tu mesa con el hambriento.
* Viste al desnudo.
* Da de beber al sediento.
* Visita al enfermo.
* Hospeda al peregrino.

EL OBSERVADOR 321-1

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ENTREVISTA EXCLUSIVA

Giuseppe Bertello, nuncio apostólico en México
«El obispo es, tiene que ser la imagen viva de Jesús»
«El obispo es, tiene que ser la imagen viva de Jesús»
Por Jaime Septién

Nacido en Foglizzo, provincia de Turín, Italia, el 1 de octubre de 1942, Monseñor Giuseppe Bertello fue nombrado el 27 de diciembre de 2000 nuncio apostólico en México por Su Santidad Juan Pablo ll. En estos meses de trabajo, pocos pero significativos, el nuncio Bertello ha mostrado dos aspectos importantes en la encomienda que le dio el Papa: sensibilidad humana y profundidad teológica. Con ese bagaje ha iniciado su labor diplomática y eclesiástica en nuestro país, dejando ver conocimiento del episcopado mexicano y fidelidad al sucesor de Pedro. He aquí parte de la entrevista que concedió a EL OBSERVADOR.

EL OBSERVADOR. Señor Nuncio, primero que nada, nuestro agradecimiento. Para este periódico es muy importante que usted lo conozca...

MONSEÑOR GIUSEPPE BERTELLO. Bueno, y ahora que conozco su periódico digo que ésta es la tarea de los laicos comprometidos; propiciar una lectura cristiana sobre las cosas que están pasando en el mundo... Es una contribución que se da también a la sociedad en general.

¿Es esto a lo que estamos llamados los laicos; es esto “iluminar las realidades temporales”?

Es la “Gaudium et spes”, puesta en la hora de hoy.

¿Está la prensa mexicana capacitada para entender el fenómeno eclesial?

Ni la mexicana ni la de ninguna otra parte. La Iglesia es todo. No sólo en México un sacerdote hace alguna declaración un poco sonante y de inmediato se la pegan a toda la Iglesia; eso pasa también en mi país, en Italia. Es una cuestión universal. Pero lo que es importante es la responsabilidad tanto de ustedes los periodistas como de nosotros: cuando hablamos debemos tener siempre bien presente este sentido de Iglesia.

El sentido de Iglesia como...

El sentido de Iglesia como comunidad.

¿Cómo ve usted a los laicos mexicanos; entienden este sentido de la Iglesia?

Como en muchos otros países cristianos, el laico mexicano está un poco bajo el peso de la historia, es decir, un poco bajo el peso de la dicotomía creada por la historia entre fe cristiana y vida pública. Es, sin embargo, necesario que el cristiano participe en la conformación de una nueva sociedad. La democracia exige una sociedad civil participativa, donde todas las corrientes de pensamiento, de ideas y religiosas tengan posibilidad de expresarse. Es una cuestión de diálogo, de respeto, de colaboración.

Está ya muy cerca el Décimo Sínodo Ordinario de los obispos en Roma. En él existe una enorme oportunidad de revitalizar el papel de los obispos en el siglo 21, ¿no lo cree así?

Es necesario ubicarlo. Este Sínodo lo abre el Papa después de 35 años del Concilio Vaticano Segundo. Cuando el Papa habló durante el Jubileo de los Laicos, dijo una frase que se me quedó muy grabada, y que se la recordé a los obispos mexicanos en su reciente asamblea: “Es necesario volver otra vez al Concilio, al espíritu y a la letra del Concilio”. Durante estos años los sínodos se han ocupado de algunos sectores de la Iglesia, pero éste mirará al obispo en toda su dimensión, en toda su importancia.

¿Qué podemos adelantar sobre la figura y la acción de los obispos?

Ante todo, decir que el obispo no es una autoridad más en una región; el obispo es el corazón de la Iglesia, el centro de la unidad de la Iglesia. Esto lo dice claramente la “Lumen Gentium”, sobre todo cuando afirma que la Eucaristía del obispo, la unión con Dios, es el punto vital de la unión de la Iglesia. Entonces, el obispo es el hombre que sabe coordinar, en el nombre de Jesús, a los dones que el Señor da a una determinada comunidad.

En la “Lumen Gentium” hay una frase muy bella que dice que gracias a la Eucaristía presidida por el obispo, las pequeñas comunidades pobres, que están dispersas —¡cuántas tenemos en México!— tienen la Presencia del Señor.

¿Cuál es, bajo su punto de vista, la misión del obispo?

El obispo es, tiene que ser, la imagen viva de Jesús. Él tiene, ante todo, esta responsabilidad personal, su santificación, la obligación de vivir verdaderamente el Evangelio y, al mismo tiempo, ser lo que era Jesús: buen pastor. Hay que tenerlo muy claro: el obispo no va a buscar el poder, menos el poder temporal. No quiere estar en competencia con ninguna de las autoridades civiles, quiere ser maestro de la fe, testigo de Jesucristo, testigo de la esperanza.

¿Cómo ve usted al episcopado mexicano?

Con un celo definitivo por servir a la comunidad cristiana en cada una de sus diócesis. Y con la vocación de hacer de la Iglesia, casa y escuela de comunión.

EL OBSERVADOR 321-2

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MUJER

Luka Brajnovic (1919-2001)
El sufrimiento lo hizo grande
El sufrimiento lo hizo grande
Por Guadalupe Chávez Villafaña

La enfermedad no ha hecho sino resaltar sus grandes pasiones en esta vida: el amor a Dios y el amor a mi madre, que ha sido siempre como el de un recién enamorado», escribía Olga, la hija de don Luka cuando él todavía vivía.

«Uno de los peores infartos cerebrales le sobrevino en casa… Cuando llegó (a la clínica) no podía reconocerme y se encontraba totalmente desorientado… Llamamos al sacerdote para que le impartiera la absolución porque la situación era crítica. No pudo confesarse, aunque quería hacerlo, porque no comprendía las preguntas del sacerdote, pero en cuanto empezó a recitar las oraciones de la absolución, dejó de moverse, sonrió y contestó a cada una de ella con devoción.

«Cuando el sacerdote terminó, los médicos intentaban averiguar hasta qué punto estaba dañado el cerebro de mi padre y le hacían preguntas. No conocía a nadie ni sabía dónde estaba. En un momento el médico señaló a mi madre y le preguntó:

— ¿Conoce a esa señora?
De nuevo se calmó, sonrió y asintió.
— ¿Quién es? —insistió el médico.
—La mejor mujer del mundo —fue su respuesta.

«Aunque no podía recordar su nombre, sabía quién era ella: el amor de su vida. 'La mejor mujer del mundo'. A los demás no pudo reconocernos hasta varios días después, cuando empezó a recuperarse».

Don Luka, como todos sus alumnos lo conocíamos (a mí me dio la materia de deontología periodística en la Universidad de Navarra), es recordado en un folleto que la Universidad imprimió y envió a todos los alumnos y exalumnos para recordar a nuestro querido y añorado maestro.

¿Quién era?

Nació en Cracovia y sufrió los tiempos de la guerra. Su hija Elij dice: «Padeció el exilio y la persecución; presenció la miseria de los suyos, tuvo que cambiar de profesión y reiniciar su vida varias veces; sufrió la soledad, la separación de sus seres queridos y vio desgarrarse su patria».

De hecho, a ella, su hija mayor, la «conoció» después de años de separación. Él fue exiliado, y Elij y su esposa se quedaron en Cracovia, en donde su mujer tuvo que padecer trabajos forzados. Cuenta Elij: «Conocí a mi padre el 27 de octubre de 1956 en un andén de la estación de tren en Munich. Así por fin se cumplía algo que había deseado durante doce años: ver y, sobre todo, tocar a mi padre. Yo le di la mano y él me abrazó. Recuerdo el olor a su abrigo y el amor de su mirada, en la que me reconocí al instante porque siempre había estado ahí. Fue un flechazo con el que me robó el corazón».

Como nos los robó a sus alumnos de todo el mundo, que hoy lo recordamos con cariño, pero, sobre todo, quisiéramos tener siempre presente y aprender del testimonio de vida cristiano que nos dejó. Algunas de sus frases preferidas eran:

«Siempre con la verdad por delante; y, si uno se equivoca, pide perdón y ya está. Pero nunca disfrazar la mentira en un aspecto de verdad para quedar bien. Sólo hay que quedar bien delante de Dios».

«Hay que trabajar aunque duela, porque cuando se ha contraído un compromiso hay que cumplirlo».

Rezó todos los días, como siempre lo había hecho su madre, por todos aquellos que le hicieron daño, y se alegraba cuando descubría que algunos de esos había retomado el camino correcto, como leemos en sus memorias. Sí, tuvo muchos motivos para guardar rencor a quienes lo persiguieron, encarcelaron, condenaron a muerte y le negaron todos los derechos.

Una vez le preguntaron:

—¿No siente odio contra quienes le hicieron sufrir de esa formar?
— No —fue la respuesta.
— Pero, ¿cómo es posible?
— Desde entonces he pasado todos los días de mi vida luchando positivamente contra el odio.

Y don Luka sólo trasmitía paz, una tranquilidad que escondía un poquito de cielo en el azul cielo de su mirada. Y era también alegre y bromista, como suelen serlo los hombres y mujeres que están cerca de Dios porque saben que no hay que tomarse tan en serio las cosas ni a uno mismo.

Vale la pena conocer la vida de don Luka Brajnovic a través de sus memorias, acercarse a él y conocer también a su madre, quien le enseñó a rezar, y a Ana, su esposa, la mujer que estuvo siempre junto a él, aun en la distancia de los años de exilio, y con la que caminó hasta la vejez.

EL OBSERVADOR 321-3

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«El mundo no puede seguir ignorando a los 12 millones de católicos chinos, mártires vivos»

En una entrevista concedida a la agencia romana Il Corriere Latino, los directores de Revista Cristiandad.org y del periódico Panorama Católico Internacional hablaron sobre la situación de la Iglesia «clandestina» en China. Las denuncias hechas por estas empresas informativas provocaron tal presión del gobierno chino que hace unos días el sitio web www.cristiandad.org fue clausurado intempestivamente por la firma de alojamiento de internet. Ésta es parte de la entrevista:

¿Han cambiado las disposiciones del magisterio pontificio en cuanto a la relación del católico con el comunismo o socialismo? (Panorama Católico Internacional) No, en absoluto. La condena al socialismo es una enseñanza constante e ininterrumpida. No ha cambiado ni puede cambiar en tanto que lo que se condena (el socialismo y el comunismo) no han cambiado en absoluto ni en sus postulados ideológicos profundamente anticristianos, ni en su proceder violento y déspota una vez que alcanzan el poder.

Entonces, ¿cuál sería su evaluación sobre la Asociación Patriótica China? (Revista Cristiandad.org) Debemos recordar que esa organización no es una Iglesia sino que es un instrumento de manipulación ideológica. Por lo demás, quienes militan dentro de ella se niegan a reconocer al Papa como legítimo sucesor de San Pedro. Niegan el papado, lo que los convierte en cismáticos.

(Panorama Católico) Por lo mismo es la actitud de muchos católicos que abren las puertas y ayudan a la Asociación Patriótica China y olvidan a sus hermanos de fe, que por ser fieles al Papa y al Evangelio, son torturados, perseguidos y encarcelados.

Ante este panorama, ¿cómo ven sus medios de prensa la reciente designación de China como sede de los Juegos Olímpicos? (Revista Cristiandad.org) Con recelo y en actitud de alerta. Las jugadas diplomáticas y los intentos de cambiar su imagen no significan, necesariamente, que la situación interna o externa reciba cambios. Las giras de exhibición del dictador chino no han dado ni un solo indicio de posibilidad de libertad para la Iglesia, y las pocas luces que hay sobre esa amnistía son más bien sombrías. Sería una libertad relativa y a un costo muy alto para la Iglesia.

¿Se puede afirmar que China ve en estas Olimpiadas una excelente excusa para silenciar a los católicos o quizá para manipular a los chinos sometidos a su régimen? (Revista Cristiandad.org) Ambas cosas. Ellos no desperdiciarán ninguna oportunidad para ganar la colaboración de los occidentales incautos y simpatía para sus cómplices en el mundo occidental. Ellos juegan utilizando un binomio miedo-simpatía, es decir, que en lugar de proponer algo que por sí mismo sería rechazado por nosotros, entonces nos intimidan con algo peor, tan terrible que convierte a eso que rechazábamos en una cosa 'tolerable'. Es una vieja estrategia de guerra psicológica, y ahora la utilizan haciéndonos creer que si no cooperamos, que si no les concedemos todo lo que pidan, si no les sonreímos y ayudamos sin criticar, las cosas se pondrán peores.

(Panorama Católico) El mundo no puede seguir ignorando la cruel persecución a 12 millones de católicos chinos, la cual se ha recrudecido en los últimos meses con el secuestro de obispos, sacerdotes y fieles. Ha llegado la hora de levantar la voz en favor de esos hermanos perseguidos, mártires vivos del tercer milenio.

Ante casos de esta magnitud, ¿cómo debería reaccionar un católico?

(Revista Cristiandad.org)  Una movilización de los mil millones de fieles católicos en el mundo entero, presionando a las embajadas chinas de los respectivos países; de los medios de comunicación; de gobiernos; y de organismos de derechos humanos será capaz de crear un clima internacional que hará insustentable la continuación de la persecución en China, tanto por motivos religiosos, como es el caso de los católicos, cuanto ideológicos.

EL OBSERVADOR 321-4

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DEBATE

Sociedades de convivencia *
Por Paz Fernández Cueto

Próximamente se someterá a la consideración de la Asamblea Legislativa del Distrito Federal la iniciativa de ley presentada por el PRD sobre las llamadas «sociedades de convivencia», con el fin de obtener el reconocimiento legal de los derechos de las parejas homosexuales y lésbicas, apelando a la salvaguarda de los derechos sociales y ciudadanos de quienes han optado por determinada preferencia sexual y afectiva, planteando todo esto dentro de lo que denominan «un contexto histórico en el que se está renovando el pensamiento ético de la sociedad» .

Antes de precipitarse a legislar sobre un asunto de relevante trascendencia social, se impone una reflexión profunda sobre sus implicaciones ético-sociales. Paralelamente habría que determinar si esta cuestión es de competencia jurídica y en qué sentido puede legislarse en lo que concierne al comportamiento sexual.

Desde el punto de vista jurídico, aunque la sexualidad ha sido siempre, por su relación con lo social, asunto que llama la atención, el sexo por sí mismo no es relevante para el derecho, no es un bien jurídico en tutela y la razón es muy sencilla: no existe un bien jurídico llamado sexualidad, ya que el sexo es un mero hecho relacionado. Para el derecho las prácticas sexuales son relevantes en tanto su referencia a lo social al estar íntimamente relacionadas con la procreación, ya que de ellas se deriva la existencia de los hijos. Al tratarse de relaciones por sí mismas infecundas puesto que van contra natura, no hacen referencia directa a lo social y, por tanto, es absurdo pretender regularlas a la manera de una sociedad conyugal. La innovación que implica la iniciativa de ley de las Sociedades de Convivencia representa un intento de legitimar, al amparo del derecho, relaciones sexuales entre personas del mismo sexo, aludiendo a la supuesta violación de derechos humanos de quienes han optado por este tipo de uniones, presentando a estos grupos como minorías vulnerables. No deben existir derechos humanos específicos y distintos para cada grupo que se considere vulnerable. Es deber de la ley custodiar y garantizar el orden social, cosa muy distinta a pretender adaptarse a realidades que, presentes en toda sociedad, quedan fuera del orden ético establecido; sería tanto como pretender otorgar reconocimiento y protección jurídica a todas las irregularidades o disfunciones que proliferan en la sociedad actual.

La discriminación social de los individuos por sus prácticas sexuales contrarias a la naturaleza no tiene su origen en la legislación vigente, ni habrá de cesar por un mandato específico de carácter legal; la realidad natural se impone y está por encima de cualquier legislación. Aunque existiera una ley que promulgara la conveniencia de que los peces vivieran colgados de los árboles, éstos seguirían muriendo por asfixia y nada podría evitar su aniquilación. La ley natural está por encima de cualquier ley civil y es mucho más fuerte.

Va a ser muy difícil promover un orden social si, lejos de reforzar legítimamente a la familia conyugal y su concepto como base de una sociedad, se inventan sociedades antisociales, con supuestos derechos y prerrogativas que naturalmente no tienen, más allá de los derechos y garantías individuales que corresponden a todos.

* Artículo resumido

EL OBSERVADOR 321-5

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DILEMAS ÉTICOS

Valores para «generar valores»
Por Sergio Ibarra

— Oiga, ¿me vende una sandía? —dice un cliente entrando a una frutería.
— Con mucho gusto. Usted escójala —exclama Juanito, nuestro personaje de andanzas éticas.
— Mire, me gusta ésta; pero sólo quiero la mitad.
— Señor, aquí, en la frutería “La fruta”, vendemos las sandías completas —repone Juanito.
— Oiga, es que luego se me echan a perder.
— Lo lamento, pero no se puede. Es una política y yo estoy cumpliendo con mi trabajo, señor.
— Pues si usted no puede, ¿entonces quién?
— Pues el dueño.

En ese momento Juanito se dirige a la trastienda, entra al privado de su jefe y le dice: — Señor, allá fuera esta un necio que quiere que le venda la mitad de la sandía...

Justo en ese momento aparece el cliente en el privado. Juanito rápidamente agrega: —...y el caballero quiere la otra mitad.

Acto seguido el dueño autoriza la venta de la mitad de la sandía. Una vez que el cliente se ha retirado, el dueño llama a Juanito a su oficina para felicitarle por el tacto con el que ha tratado la situación. Pero además se abre una reflexión:

El dueño se preguntaba: ¿los consultores y la universidad que habían venido a su negocio y le dejaron un conjunto de políticas de calidad (ISO, el PMC, etc) estaban equivocados? ¿Se estaría sometiendo al cliente y al mismo personal a reglas difíciles de cumplir?

Ése es el dilema que planteamos a usted en esta sección esta semana. ¿Cuánto vale la flexibilidad? ¿Cuánto valen las tradiciones en nuestro mundo moderno frívolo y materialista? Es curioso que hoy muchas de las empresas productivas del Bajío estén viviendo una especie de fiebre de adquirir certificaciones que les aseguran que siempre hacen lo suyo de la misma forma, cuando, por otro lado, día con día se hace más evidente en la sociedad la necesidad del reconocimiento a la individualidad.

Usted, que tiene un negocio, que es un gerente, un ejecutivo, que atiende detrás de un mostrador, ¿que prefiere para sus clientes: estándares cumplidos a rajatabla o flexibilidad? No son gratuitos los “valores agregados al cliente”. Se necesitan valores para hacer realidad la parafernalia gerencial llamada “generación de valores al cliente”. ¿Usted genera valores con valores?

EL OBSERVADOR 321-6

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COMUNICACIÓN

Los católicos y la recuperación de la imaginación
Por Rodrigo Guerra López

Hace algunos años Carlo Caffarra comentaba, no sin cierta ironía, que algunos medios de comunicación, principalmente la televisión, se estaban convirtiendo en “prótesis de la inteligencia y de la imaginación”. Tal vez su intuición es correcta si observamos que el esfuerzo por crear leyendas, cuentos e historias, tan propio de todas las culturas hasta hace muy poco, ha quedado reservado para los profesionales de la literatura en nuestra sociedad. Durante siglos, los pueblos expresaban sus valores, sus temores y gran parte de su sabiduría a través de los cuentos que, de generación en generación, eran creados y recreados por los mayores al momento de tener que entretener a los hijos, sobrinos y primos de la familia (ampliada) que se reunía al menos semanalmente para convivir.

Sin embargo, la curiosidad espontánea de la inteligencia y la creatividad de la imaginación no pueden ser negados y clausurados como por edicto. La condición humana profunda en momentos se eclipsa pero resurge a través de manifestaciones y expresiones muchas veces inesperadas y sorpresivas. Así es como nos encontramos en un momento particular en el que una nueva oleada de literatura fantástica comienza a llenar los espacios vacíos que jamás pudo llenar la televisión o el cine. Este resurgimiento literario no deja de ser complejo y posee en ocasiones ingredientes provenientes del gnosticismo que tienden a aparecer como novedosos aun cuando se remonten a las andanzas de Simón el Mago, hace dos mil años. Sin embargo, como en tantos otros problemas, el diagnóstico de esta situación no debe derivar simplemente en lamentos y quejas sobre los problemas de quienes escriben y crean propuestas literarias deficientes. Es importante que los cristianos recuperemos la capacidad de construir propuestas culturales novedosas, bellas e interesantes que conmuevan la conciencia de los niños, de los jóvenes y de los adultos lectores de principios del nuevo siglo. No basta denunciar, necesitamos proponer. Cuando la fe no propone se encuentra enferma. El hecho empírico de que en la batalla de la literatura los católicos casi no estemos presentes es un indicador de que es preciso revisar algo al interior de nosotros mismos.

La cultura es una realidad siempre híbrida en la que las personas y los pueblos manifiestan sus cosmovisiones. «El corazón de cada cultura está constituido por su acercamiento al más grande de los misterios: el misterio de Dios» (Juan Pablo II, Discurso ante la Asamblea General de las Naciones Unidas, 5 octubre 1995). Por eso lo que está en juego no es solo la cultura sino la propia fe: «una fe que no se convierte en cultura es una fe no acogida en plenitud, no pensada en su totalidad, no vivida con fidelidad» (Juan Pablo II, Carta autógrafa por la que se instituye el Consejo Pontificio de la Cultura, 20 de mayo de 1982).

EL OBSERVADOR 321-7

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JOVENES

Un joven desfigurado encuentra a Dios y conquista el mundo con su talento


Esta historia comenzó hace más de 30 años. Es la historia desconocida de un apuesto joven con talento e ilusiones que se encontró con Dios en el momento más duro de su vida. Hoy brilla en Hollywood y es conocido por confesarse católico y pro-vida.

Este personaje reveló su testimonio hace algún tiempo y, pese a la fama mundial que ostenta, muy pocas publicaciones —incluyendo revistas de espectáculos acostumbradas a revelar cada detalle íntimo de la vida de los artistas— se atrevieron a publicarlo con todos los detalles.

Su familia emigró a Australia desde Nueva York cuando a su padre —un católico de ascendencia irlandesa— se le presentó una oportunidad de mejor empleo y decidió viajar con su esposa y once hijos a Sydney.

Estudió en un colegio católico y siempre mostró grandes cualidades para actuar, pero no se decidía a incursionar en el mundo del espectáculo y prefería trabajar para sostenerse. Al finalizar la escuela y siendo muy joven aún, obtuvo un empleo en los embarcaderos locales, ubicados en una de las zonas más peligrosas de la ciudad.

Una tarde, cuando regresaba a su casa, fue rodeado por cinco delincuentes que querían asaltarlo. Como opuso resistencia, los maleantes lo golpearon salvajemente en la cabeza y el cuerpo con pesadas botas y manoplas de acero, dejándolo al borde de la muerte.

Unos policías lo encontraron tirado en el camino y pensaron que estaba muerto. Llamaron a la camioneta de la morgue para trasladar su cuerpo, pero en el trayecto uno de los policías lo escuchó respirar roncamente y de inmediato lo trasladaron a un hospital.

En el hospital los médicos encontraron un cuadro terrible. El joven no tenía rostro. Sus ojos habían sido golpeados terriblemente, su cráneo, sus piernas y sus brazos estaban fracturados, su nariz colgaba de su cara, había perdido sus dientes, y los huesos de su mandíbula fueron separados de la estructura del cráneo.

Aunque salvó su vida, pasó un año en el hospital, y, cuando fue dado de alta, a pesar de estar curado, su apariencia producía rechazo entre los que lo veían. No era más el joven apuesto que soñaba con ser actor.

No podía encontrar trabajo. Era rechazado por su apariencia, e incluso recibía burlas de los posibles empleadores que lo “animaban” a unirse a un circo bajo el nombre de «El Hombre sin Rostro». La gente lo rechazaba; sólo encontraba consuelo en su familia, y llegó a tener pensamientos suicidas. Así vivió durante cinco años.

Un día, pasó frente a una iglesia e ingresó para rezar. Un sacerdote escuchó sus lamentos y se le acercó para conversar, impresionándose tanto por el testimonio del joven que le prometió ayudarlo para que recuperara su rostro y su vida a cambio de una promesa: que fuera un católico ejemplar y confiara que la piedad de Dios lo liberaría de su tristeza.

Desde ese día el joven asistió a diario a los servicios religiosos para agradecer a Dios por haberle salvado la vida, pidiéndole paz y gracia para ser la mejor persona posible ante sus ojos.

A través de contactos personales el sacerdote consiguió los servicios del mejor cirujano plástico en Australia, que ofreció operar al joven sin costo alguno. El médico resultó impresionado con el joven por su actitud de ver la vida con alegría y esperanza a pesar de la experiencia que había sufrido. La cirugía fue todo un éxito y se le hizo también un trabajo impecable de reconstrucción dental.

Aunque sus sueños de actuar seguían dormidos, su hermana envió una aplicación a su nombre y sin su consentimiento al Instituto Nacional de Arte Dramático, de Sydney, donde fue aceptado luego de una audición en la que mostró todas sus cualidades. Así comenzó su carrera artística y hoy su nombre es conocido en todo el mundo por sus premios y películas taquilleras: él es Mel Gibson.

Para nadie es secreto que Gibson —que actualmente tiene 45 años de edad— se confiesa católico y promueve la causa pro-vida con su propia familia. Fue bendecido con una esposa y siete hijos. Lleva 20 años de casado y su hija mayor ha mostrado cierta inclinación por la vida religiosa.

Según él mismo dice, el impresionante éxito que alcanzó en su carrera sólo ha sido posible por la gracia de Dios y el amor de las personas que se preocuparon por él.

Gibson ha protagonizado películas tan populares como Mad Max, Corazón Valiente, la zaga de Arma Mortal y El Patriota. Además comenzó su carrera como director de cine en 1993 con una película inspirada en su propia vida: El Hombre sin rostro, en que él mismo caracteriza a un maestro desfigurado que trasciende su apariencia física para ayudar a un niño con problemas.

La próxima película que dirigiría y protagonizaría es Farenheit 451. Hace unos años fundó la productora Icon y recientemente produjo la cinta Bless the child (La Hija de la Luz), una película que aborda la lucha entre el bien y el mal desde una perspectiva católica. (ACI)

EL OBSERVADOR 321-8

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INTIMIDADES -LOS JÓVENES NOS CUENTAN-

Esta historia comenzó hace más de 30 años. Es la historia desconocida de un apuesto joven con talento e ilusiones que se encontró con Dios en el momento más duro de su vida. Hoy brilla en Hollywood y es conocido por confesarse católico y pro-vida.

Este personaje reveló su testimonio hace algún tiempo y, pese a la fama mundial que ostenta, muy pocas publicaciones —incluyendo revistas de espectáculos acostumbradas a revelar cada detalle íntimo de la vida de los artistas— se atrevieron a publicarlo con todos los detalles.

Su familia emigró a Australia desde Nueva York cuando a su padre —un católico de ascendencia irlandesa— se le presentó una oportunidad de mejor empleo y decidió viajar con su esposa y once hijos a Sydney.

Estudió en un colegio católico y siempre mostró grandes cualidades para actuar, pero no se decidía a incursionar en el mundo del espectáculo y prefería trabajar para sostenerse. Al finalizar la escuela y siendo muy joven aún, obtuvo un empleo en los embarcaderos locales, ubicados en una de las zonas más peligrosas de la ciudad.

Una tarde, cuando regresaba a su casa, fue rodeado por cinco delincuentes que querían asaltarlo. Como opuso resistencia, los maleantes lo golpearon salvajemente en la cabeza y el cuerpo con pesadas botas y manoplas de acero, dejándolo al borde de la muerte.

Unos policías lo encontraron tirado en el camino y pensaron que estaba muerto. Llamaron a la camioneta de la morgue para trasladar su cuerpo, pero en el trayecto uno de los policías lo escuchó respirar roncamente y de inmediato lo trasladaron a un hospital.

En el hospital los médicos encontraron un cuadro terrible. El joven no tenía rostro. Sus ojos habían sido golpeados terriblemente, su cráneo, sus piernas y sus brazos estaban fracturados, su nariz colgaba de su cara, había perdido sus dientes, y los huesos de su mandíbula fueron separados de la estructura del cráneo.

Aunque salvó su vida, pasó un año en el hospital, y, cuando fue dado de alta, a pesar de estar curado, su apariencia producía rechazo entre los que lo veían. No era más el joven apuesto que soñaba con ser actor.

No podía encontrar trabajo. Era rechazado por su apariencia, e incluso recibía burlas de los posibles empleadores que lo “animaban” a unirse a un circo bajo el nombre de «El Hombre sin Rostro». La gente lo rechazaba; sólo encontraba consuelo en su familia, y llegó a tener pensamientos suicidas. Así vivió durante cinco años.

Un día, pasó frente a una iglesia e ingresó para rezar. Un sacerdote escuchó sus lamentos y se le acercó para conversar, impresionándose tanto por el testimonio del joven que le prometió ayudarlo para que recuperara su rostro y su vida a cambio de una promesa: que fuera un católico ejemplar y confiara que la piedad de Dios lo liberaría de su tristeza.

Desde ese día el joven asistió a diario a los servicios religiosos para agradecer a Dios por haberle salvado la vida, pidiéndole paz y gracia para ser la mejor persona posible ante sus ojos.

A través de contactos personales el sacerdote consiguió los servicios del mejor cirujano plástico en Australia, que ofreció operar al joven sin costo alguno. El médico resultó impresionado con el joven por su actitud de ver la vida con alegría y esperanza a pesar de la experiencia que había sufrido. La cirugía fue todo un éxito y se le hizo también un trabajo impecable de reconstrucción dental.

Aunque sus sueños de actuar seguían dormidos, su hermana envió una aplicación a su nombre y sin su consentimiento al Instituto Nacional de Arte Dramático, de Sydney, donde fue aceptado luego de una audición en la que mostró todas sus cualidades. Así comenzó su carrera artística y hoy su nombre es conocido en todo el mundo por sus premios y películas taquilleras: él es Mel Gibson.

Para nadie es secreto que Gibson —que actualmente tiene 45 años de edad— se confiesa católico y promueve la causa pro-vida con su propia familia. Fue bendecido con una esposa y siete hijos. Lleva 20 años de casado y su hija mayor ha mostrado cierta inclinación por la vida religiosa.

Según él mismo dice, el impresionante éxito que alcanzó en su carrera sólo ha sido posible por la gracia de Dios y el amor de las personas que se preocuparon por él.

Gibson ha protagonizado películas tan populares como Mad Max, Corazón Valiente, la zaga de Arma Mortal y El Patriota. Además comenzó su carrera como director de cine en 1993 con una película inspirada en su propia vida: El Hombre sin rostro, en que él mismo caracteriza a un maestro desfigurado que trasciende su apariencia física para ayudar a un niño con problemas.

La próxima película que dirigiría y protagonizaría es Farenheit 451. Hace unos años fundó la productora Icon y recientemente produjo la cinta Bless the child (La Hija de la Luz), una película que aborda la lucha entre el bien y el mal desde una perspectiva católica. (ACI)

EL OBSERVADOR 321-8

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INTIMIDADES -LOS JÓVENES NOS CUENTAN-

En torno a la inmadurez
Por Yusi Cervantes Leyzaola


Tengo un conflicto interno y no sé qué hacer. En marzo conocí a un muchacho y salimos aproximadamente seis veces. Luego me pidió que fuera su novia y no le di una respuesta concreta. Él es muy, muy católico, incluso está en un grupo de [...oración]. Me dijo que para tener una relación “madura”, por así decirlo, se necesitaba de una entrega mutua en todos los sentidos (incluyendo sexo). Esto no me gustó, pero le seguí el juego, diciéndole que sí lo haría. Le fui dando largas al asunto. Un día me dijo que estaba saliendo con otra joven. Me fui sin decirle nada ese día. Luego le escribí echándole en cara que sólo salía conmigo porque quería tener relaciones. Se comunicó conmigo para decirme que eso de que estaba saliendo con otra no era cierto, y que sólo era para probarme y saber si lo quería o no. Dijo que se había desilusionado de mí, porque no era la persona que esperaba que fuera. ¿Pero cómo quería que reaccionara entonces ante esta situación? Luego lo busqué y empezamos de nuevo. Un día me dejé llevar por sus caricias y estuvimos a punto de tener relaciones; pero no seguí, me dio miedo continuar. Después de esto hubo muchos cambios hormonales en mi cuerpo, al grado de llegar a pensar que estaba embarazada (gracias a Dios no fue así). Le comenté la situación y dijo que no estaba preparado para tomar una responsabilidad mayor. Eso me molestó aún más. Después de esto nos hemos visto dos o tres veces más, y en la última nos enojamos sin razón evidente. Hasta ahora no he tenido noticias de él y creo que no es pertinente que lo busque. Tengo un conflicto interno y no sé qué hacer. En marzo conocí a un muchacho y salimos aproximadamente seis veces. Luego me pidió que fuera su novia y no le di una respuesta concreta. Él es muy, muy católico, incluso está en un grupo de [...oración]. Me dijo que para tener una relación “madura”, por así decirlo, se necesitaba de una entrega mutua en todos los sentidos (incluyendo sexo). Esto no me gustó, pero le seguí el juego, diciéndole que sí lo haría. Le fui dando largas al asunto. Un día me dijo que estaba saliendo con otra joven. Me fui sin decirle nada ese día. Luego le escribí echándole en cara que sólo salía conmigo porque quería tener relaciones. Se comunicó conmigo para decirme que eso de que estaba saliendo con otra no era cierto, y que sólo era para probarme y saber si lo quería o no. Dijo que se había desilusionado de mí, porque no era la persona que esperaba que fuera. ¿Pero cómo quería que reaccionara entonces ante esta situación? Luego lo busqué y empezamos de nuevo. Un día me dejé llevar por sus caricias y estuvimos a punto de tener relaciones; pero no seguí, me dio miedo continuar. Después de esto hubo muchos cambios hormonales en mi cuerpo, al grado de llegar a pensar que estaba embarazada (gracias a Dios no fue así). Le comenté la situación y dijo que no estaba preparado para tomar una responsabilidad mayor. Eso me molestó aún más. Después de esto nos hemos visto dos o tres veces más, y en la última nos enojamos sin razón evidente. Hasta ahora no he tenido noticias de él y creo que no es pertinente que lo busque.


Como podrás darte cuenta, el ser muy católico no garantiza la madurez. Además, a ese ser muy católico le está fallando el asunto de la castidad, que la Iglesia nos pide a todos sus fieles.

Tienes toda la razón al sentir rechazo ante la idea de que la “madurez” de una relación se prueba con la entrega mutua, incluso sexual. Bien visto, la entrega mutua total sí es un indicador de que hay una relación madura; el problema es que ese nivel de madurez implica la entrega de toda la vida, es decir, sólo es posible en el matrimonio. Evidentemente una madurez así no puede darse en una relación que apenas inicia; es un absurdo pedir esa prueba de madurez de la relación cuando dicha madurez no existe ni tiene por qué existir a estas alturas.

Otro absurdo es condicionar la existencia del noviazgo a la presencia de las relaciones íntimas. Son dos cosas completamente diferentes. Ahí te faltó claridad. Debiste haber dicho abiertamente lo que querías y lo que pensabas. ¿Para qué seguirle el juego? Podías haber dicho algo así como: “Sí quiero ser tu novia, no quiero tener relaciones sexuales. Si te parece bien, qué bueno. Si no, ni modo, será señal de que no somos el uno para el otro”.

El jueguito de decirte que salía con otra joven es un signo más de inmadurez. Es no tomarte en serio. Tan fácil que es preguntar, ¿no crees? Y tendría que creer en tu respuesta, claro, porque se supone que entre ustedes hay sinceridad y confianza. ¿O no?

Tienes razón al considerar que la peor parte es la forma en que reaccionó cuando sospechaste que estabas embarazada. Entonces, ¿está listo para probar la madurez de una relación con las relaciones sexuales pero no está listo para asumir las consecuencias de estas relaciones?

Estás enojada por la forma en la que te ha tratado, por su inconstancia, por sus trampas, por su falta de tacto, su falta de respeto, por su inmadurez. No sé si es pertinente o no que lo busques; lo que sí sé es que no es pertinente continuar la relación bajo estos términos. Si has de buscarlo, que sea para plantear nuevos términos para esta relación. Creo que tienes que pensarlo muy bien. ¿Qué es lo que quieres para el resto de tu vida? ¿Qué clase de compañero quieres? Lo que respondas debes buscarlo desde el noviazgo.

EL OBSERVADOR 321-9

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FAMILIA

¿Qué se hace con los bebés muertos?


Aborté. Fue el más grave error que he cometido en mi vida. Pero ya no puedo dar marcha atrás. Estoy ahora pasando por una etapa muy difícil. Me confesé, le pedí perdón a Dios y al bebé, y un sacerdote me está ayudando a reconstruir mi vida espiritual. También estoy asistiendo con una psicóloga que me está ayudando a ubicarme como mujer y como ser humano.
De hecho, no es por eso que le escribo, sino por otra situación relacionad con el aborto: no sé que hacer con el cuerpo del bebé. Para sepultarlo en un panteón necesitaría permiso y un acta de defunción. Me gustaría una cripta en alguna iglesia, pero no puedo costearla. Todo esto me angustia mucho.


Desgraciadamente no tengo una respuesta para esta angustia tuya. Pero tal vez alguno de nuestros lectores sí tenga alguna sugerencia o alguna solución para tu problema.

Me sorprende mucho tu carta, es algo en lo que yo nunca había pensado, pero es en verdad un asunto difícil.

Me pregunto —y temo la respuesta, porque creo saberla— qué hacen las personas que practican los abortos y no entregan los pequeños cuerpos.

Muchos, no sé cuantos, son prácticamente destruidos para sacarlos. Otros son sumamente pequeños. Pero todos son cuerpos humanos y fueron habitados por un espíritu completo.

Hoy eres consciente de que el cuerpo de tu bebé es sagrado, porque es el cuerpo de un ser humano. Enterrar a los muertos es una obra de misericordia y es algo importante para el ser humano en todos los tiempos y en todas las culturas. Y hoy, ¿qué hacemos con nuestros muertos, con estos pequeñísimos muertos nuestros?

Sigue adelante con tu recuperación en todos los sentidos. Pese al gravísimo error que cometiste, ten presente siempre que eres un ser humano valioso y que eres hija de Dios. Y a través de Dios puedes reconciliarte con tu hijo, que está con Él.

No es insignificante tu angustia. Es profundamente humana. Ojalá alguien pueda orientarnos respecto a ella.

EL OBSERVADOR 321-10

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PINCELADAS

La peste y el miedo
Justo López Melús *

Una caravana atravesaba el desierto cuando apareció un jinete que corría hacia ellos. Los miembros de la caravana contemplaron con horror la figura esquelética del jinete. Era la Peste.
— ¿A dónde vas tan de prisa? —le preguntó el jefe.
— Voy a Damasco a cobrarme un millar de vidas.
Cuando la caravana llegó a Damasco todo era muerte y desolación. La peste se había cobrado cincuenta mil vidas. En todas las casas había algún muerto que llorar.
Un tiempo después otra vez se encontraron con la Peste, y el jefe le increpó: — Me has mentido miserablemente. Me dijiste que ibas a Damasco a cobrarte con mil vidas, y te cobraste cincuenta mil.
— No —respondió la peste—. Yo soy fiel a mi palabra. Yo acabé con mil vidas. El resto se las llevó el miedo.

Sí, muchas veces las cruces temidas son mayores que las cruces reales. La sombra de la cruz suele ser más larga que la misma cruz. Hay que huir lo más lejos posible de los profetas de calamidades.

* El autor es Operario Diocesano en el templo de San José de Gracia en Querétaro.
(FIN)

EL OBSERVADOR 321-11

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