El Observador de la Actualidad

 

Periodismo católico para la familia de hoy
9 de septiembre de 2001 No. 322

SUMARIO

bullet Septiembre, mes de la patria y... en el mes de la Biblia te sugerimos...
bullet ¿CÓMO DIJO? La verdad: no estamos decepcionados
bullet EL CRISTIANISMO ORIENTAL Descubriendo el valor del sufrimiento y del dolor
bullet REPORTAJE Millones de hombres son golpeados en sus hogares
bullet Revelación histórica: Hitler ordenó atacar al Vaticano y deportar a Pío XII
bullet PICADURA LETRÍSTICA Las máscaras van al cielo
bullet Premiar al Papa, sí o no
bullet DESDE EL CENTRO DE AMÉRICA Sólo Dios basta
bullet PANTALLA CHICA El destino fatal de vivir sin tele
bullet ORIENTACIÓN FAMILIAR Dejé al padre de mi hija
bullet PINCELADAS El esclavo y la tempestad

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Septiembre, mes de la patria y...
en el mes de la Biblia te sugerimos...

Septiembre, mes de la patria y...
en el mes de la Biblia te sugerimos...
EL OBSERVADOR / Redacción *

«Ignorar las escrituras es ignorar a Cristo»
(San Jerónimo, fiesta 30 de septiembre).

1. Leer este resumen del Catecismo de la Iglesia Católica (134-141):

Toda la Escritura divina es un libro y este libro es Cristo, «porque toda la Escritura divina habla de Cristo, y toda la Escritura divina se cumple en Cristo» (Hugo de San Víctor).

«La sagrada Escritura contiene la Palabra de Dios y, en cuanto inspirada, es realmente Palabra de Dios» (DV 24). Dios es el Autor de la Sagrada Escritura porque inspira a sus autores humanos: actúa en ellos y por ellos. Da así la seguridad de que sus escritos enseñan sin error la verdad salvífica (cfr. DV 11).

La interpretación de las Escrituras inspiradas debe estar sobre todo atenta a lo que Dios quiere revelar por medio de los autores sagrados para nuestra salvación. Lo que viene del Espíritu sólo es plenamente percibido por la acción del Espíritu (cfr. Orígenes, hom. in Ex. 4,5).

La Iglesia recibe y venera como inspirados los 46 libros del Antiguo Testamento y los 27 del Nuevo. Los cuatro evangelios ocupan un lugar central, pues su centro es Cristo Jesús. La unidad de los dos Testamentos se deriva de la unidad del plan de Dios y de su Revelación. El Antiguo Testamento prepara el Nuevo mientras que éste da cumplimiento al Antiguo; los dos se esclarecen mutuamente; los dos son verdadera Palabra de Dios.

2. Entronizar la Biblia:

Significa ponerla en un trono. Porque está en la sede de nuestro corazón se le coloca en lugar escogido de la casa y puede ser el oratorio familiar, ya que la familia es la iglesia doméstica. Ubica un crucifijo que te recuerda que el criterio católico para entender toda la Escritura Santa es el misterio pascual de Cristo; ubica una imagen de la Santísima Virgen, de preferencia la imagen de la Virgen de Guadalupe, porque ella es modelo de escucha de la Palabra y criterio para poner en práctica la Palabra del Señor, y para ser dichosos como ella porque creyó en la Palabra de Dios (cfr. Lc 1,45).

3. Iniciar la práctica de la “lectura orada” de la Sagrada Escritura a nivel personal o familiar:

La oración debe acompañar a la lectura de la Sagrada Escritura, a fin de que se establezca un coloquio entre Dios y el hombre, puesto que «con él hablamos cuando oramos, y a él escuchamos cuando leemos los divinos oráculos» (S. Ambrosio).

a) Ponerse en la presencia de Dios, porque Dios Padre nos va entregar a su Hijo Palabra en nuestro corazón como hijos de la Iglesia.

b) Invocación al Espíritu Santo, para que sea él quien nos ilumine y nos conduzca a la plenitud de Revelación en la Iglesia.

c) Invocar la intercesión de la Virgen, Icono de la Iglesia y modelo de oración.

d) Leer pausadamente un pasaje de la Escritura (te sugerimos en este mes el Evangelio de San Juan). Qué dice literalmente (te pueden ayudar las notas explicativas para entenderlo mejor). Confrontar la Palabra de Dios con mi vida personal, familiar y social

e) Comprometerme con la Palabra escuchada para que así se cumpla aquello de “Dichosos los que oyen la Palabra de Dios y la ponen en práctica”.

f) Responder con una oración de acción de gracias, de alabanza o de petición según nos inspira la misma lectura, o un salmo.

g) Terminar con la recitación pausada del Gloria al Padre, del Padre Nuestro y del Ave María.

* Con información del Pbro. Prisciliano Hernández Ch., ORC.

EL OBSERVADOR 322-1

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¿CÓMO DIJO?

 La verdad: no estamos decepcionados
(Columna colectiva. Responsable: Jaime Septién)

Hoy en día es lugar común leer sesudas interpretaciones en los periódicos y las revistas (que siempre incluyen comentarios de Roberto Blancarte y Alberto Barranco, parece que son los dos únicos que “saben” de qué va la onda) sobre “la decepción” de los católicos, en especial de los obispos y sacerdotes, ante las políticas seguidas en el régimen de Vicente Fox.

Hombre, no es para tanto. Hay, sí, un hecho objetivo: Vicente Fox propuso un decálogo por ahí del 6 de mayo de 2000, que, hasta ahora no ha cumplido ni mínimamente. Pero la propuesta fue de él, no de la Iglesia católica. Ésta tiene 20 siglos de enfrentarse al poder: no iba a cambiar por un plato de lentejas su misión que, dicho sea de paso, nada tiene que ver con la conformación de un poder temporal.

Según los reportes periodísticos, los católicos mexicanos andamos de capa caída, como si alguien nos hubiera dado con la bota en el estómago. No es cierto. Primero, porque la Iglesia —que somos todos los bautizados— exige libertad pero no espacios de poder, y, segundo, porque su fidelidad está con la Ley de Dios, nunca con las leyes de los hombres.

A los católicos jamás se nos podrá ver como un obstáculo para el desarrollo equitativo, antes al contrario, nuestro mandato es único: saber que todo aquello que hagamos (o no hagamos) por los pobres, es a Cristo al que se lo hacemos (o se lo dejamos de hacer). Los analistas que tanto se llenan la boca de ansias por gritar que la Iglesia católica quiere el poder, ¿habrán, alguna vez, meditado sobre la importancia de la misión de la Iglesia en el mundo?

Nosotros mismos no lo aquilatamos como deberíamos. Envueltos en el ambiente de mediocridad que nos rodea, dejamos escapar frases pesimistas, como si la Iglesia dependiera del orden político. La Iglesia tiene por único Señor a Cristo. Lo que haga en su favor o en su contra el orden político no añade ni resta al mandato de amar a los pobres, socorrerlos en sus necesidades y evangelizar al mundo.

Ahora bien, si a lo que se refieren los críticos es a las condiciones sobre las que se desenvuelve la libertad religiosa, tienen razón: los católicos somos —por obligación— muy ambiciosos. Queremos lograr que todo a nuestro alrededor (la política, la economía, la educación) tenga el espacio para reflejar el rostro de Cristo, para hacer de Cristo el motor de la historia. Quizá eso sea lo que no les gusta. Ellos han de querer (como antaño muchos líderes políticos) a Cristo encerrado en la Iglesia, entre inciensos y sacristanes.

Nunca más Cristo así. Tras el Jubileo del 2000, tras un año santo de reconciliación, conversión y purificación de la memoria, la Iglesia de hoy está preparada para renovar la lucha y extender el Mensaje de Cristo vivo hacia el mundo.

EL OBSERVADOR 322-2

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EL CRISTIANISMO ORIENTAL
Columna coordinada por el P. Yaacoub Badaoui O.L.M.
Descubriendo el valor del sufrimiento y del dolor
Santa Rafqa ElRayes (1832-1914)

Por Mons. Georges Abi Younes O.L.M., superior de la Orden Libanesa Maronita en México.

¿Cómo puede encontrar el hombre moderno aquello que lo impulse a encontrar un estímulo para superar las difíciles condiciones de su vida?

Una de las formas será aprendiendo a “respirar con sus dos pulmones”, el oriental y el occidental, y no sólo con este último, como ha sido la costumbre histórica del hombre en la Iglesia católica. El mundo católico en particular, y todo hombre en general, pueden nutrirse del misticismo y la religiosidad viviente de las Iglesias católicas orientales. En México tenemos la oportunidad de vivirlo a través de la Iglesia Maronita, cuyo obispo, el P. Wadih Boutros Tayah, tiene su sede en la Catedral Maronita de la céntrica iglesia de Nuestra Señora de Balvanera, así como también en el sur de la ciudad, en la parroquia de Nuestra Señora del Líbano, de la Orden Libanesa Maronita.

El 10 de junio en la plaza de San Pedro tuvo lugar la canonización de la primera santa de los tiempos modernos perteneciente a una Iglesia oriental: Rafqa (Rebeca) ElRayes, de la Orden Libanesa Maronita, beatificada con anterioridad en 1985 por el papa Juan Pablo II, y que se une a san Charbel Makhlouf y al beato Nemetala Kassab Al-Hardini, los tres de la Orden Libanesa Maronita (OLM).

Rafqa nació en Hamlaya, en el corazón del Monte Líbano, el día de san Pedro y san Pablo, por lo que fue bautizada Boutrosieh (Pedra). Ingresó en la congregación de las Religiosas de María, siendo Rafqa (Rebeca) el nombre que adopta cuando a los 39 años de edad entra en el convento de clausura de San Simeón Estilita, perteneciente a la Orden Libanesa Maronita. Se encuentra en la ciudad de Deir el-Kamar durante las masacres del Chouf, perpetradas en 1860 por los drusos contra los cristianos, siendo afectada por las matanzas y padeciendo varias veces el tormento del éxodo forzado de una región a otra. Siguiendo la invitación de san Pablo a ofrecer, con el ejemplo de Cristo, nuestros sufrimientos por la salvación del mundo, Rafqa (Rebeca) acepta con gozo todo tipo de enfermedades, acompañadas por terribles dolores físicos (ceguera, parálisis, etc.) después de haber pedido a Cristo Crucificado poder participar de sus sufrimientos. En 1897 fundó con otras cinco religiosas el convento de clausura de Jribta, donde permaneció hasta su muerte y donde se encuentra hoy su tumba.

La vida de la primera santa libanesa de los tiempos modernos refleja la de la comunidad maronita, “caracterizada por el sufrimiento y el dolor, que nos exhorta a superar las dificultades actuales», dijo el cardenal Nasrallah Pierre Sfeir, patriarca de la Iglesia Maronita.

Matanzas, éxodos, persecuciones raciales, religiosas y sociales; enfermedades, sufrimiento y dolor... No cabe duda de que Rafqa es una santa de nuestros tiempos, una cuya vida nos enseña a aceptar todos estos infortunios con gozo, descubriendo en ello, de forma increíble, su valor salvífico.

Si deseas ahondar en el conocimiento de la Iglesia Maronita en particular, o de las Iglesias Católicas Orientales en general, te puedes comunicar a esta columna en la dirección de internet: “Yaacoub Badaoui” <rodobooks@yahoo.com>

EL OBSERVADOR 322-3

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REPORTAJE

Millones de hombres son golpeados en sus hogares
Por Diego García Bayardo

Un dogma feminista, ampliamente difundido por los medios, afirma que “los hombres son responsables del 90% de la violencia familiar”. Los estudios científicos han demostrado que esto no es cierto, que las mujeres son por lo menos igual de violentas que los hombres y que, en algunos aspectos, la violencia femenina puede ser más destructiva y de mayor alcance que la ejercida por el clásico macho de los mitos.

La violencia intrafamiliar es un problema mundial de extrema gravedad. Destruye a las personas, divide a las familias y deja en las víctimas secuelas psicológicas de consideración. Seguramente para cualquier persona de buena voluntad es de crucial importancia el combatir y prevenir la violencia doméstica. Pero en todo el mundo la lucha contra esta forma de violencia está partiendo de bases equivocadas; de ideas que no salieron de estudio científico alguno, sino de la propaganda feminista solamente.

Diversos estudios científicos realizados a partir de los años 70's han demostrado, contra toda idea preconcebida, que muchos hombres son golpeados severa y frecuentemente por sus novias o esposas y que las mujeres son al menos tan violentas como los hombres. Las investigaciones permitieron descubrir que:

1.- Las mujeres son tres veces más propensas que los hombres a usar armas al cometer actos de violencia marital.
2.- En los casos de violencia marital, las mujeres inician los golpes en la mayoría de los casos.
3.- Las mujeres cometen más actos de violencia contra niños y ancianos.
4.- Las mujeres violentas golpean más seguido y más fuerte a sus hijos varones que a las niñas.
5.- Los asesinatos de niños son cometidos en su mayoría por mujeres, y el 64% de las víctimas son hijos varones.

Estos resultados difieren enormemente de lo que suelen decir los medios, contradicen los clásicos slogans feministas y cuestionan todo el aparato anti-masculino de las organizaciones de defensa de la mujer. La razón de que la verdad sea tan poco conocida es una combinación de ignorancia y mala fe. Los hombres que han sido golpeados por sus mujeres rara vez denuncian ante la policía o en los tribunales a sus agresoras, pues sienten una vergüenza profunda por la debilidad que eso implica; su imagen masculina se encuentra muy disminuida, la figura del macho les impide hablar, saben que muchos se burlarán de ellos y además saben que ningún juez va a creer que ellos puedan ser alguna vez las víctimas de la violencia marital. Además, los hombres golpeados tienen el mismo problema de baja autoestima que caracteriza a las mujeres golpeadas, así como la misma convicción de que si se les golpea es porque “tienen la culpa” de lo que les pasa. El resultado es que de todos los hombres que ingresan a los hospitales por heridas causadas por su pareja, sólo el 1% hace la denuncia ante la policía. Como las feministas usan las estadísticas policiales de denuncias como única fuente, de ahí sacan la idea de que el hombre es el agresor en más del 90% de los casos, así como el estereotipo del hombre=villano, mujer=víctima.

La verdad sobre la violencia femenina es ocultada deliberadamente en muchos casos. Cuando el Dr. R. L. Mc Neely, de la Universidad de Wisconsin, publicó sus descubrimientos sobre violencia doméstica, recibió mensajes de feministas que amenazaron con hacer valer sus influencias en Washington para que Mc Neely perdiera los fondos que recibía para sus investigaciones. Cuando Suzanne K. Steinmetz publicó The Battered Husband Syndrome (El síndrome del esposo golpeado), fue hostilizada por feministas radicales, las cuales la amenazaron no sólo de lastimarla a ella, sino también a sus hijos. Hay mucho dinero detrás de la asistencia a mujeres golpeadas, y si se publicara que las mujeres no son necesariamente las víctimas, las feministas se quedarían inmediatamente fuera del negocio.

La solución de este problema está en que la verdad se difunda, que se reconozca el papel de víctimas tanto a los hombres como a las mujeres y que los programas de asistencia social, legal y psicológica no sean sólo para mujeres, sino para la familia como totalidad, sin prejuicios feministas o anti-masculinos. Sólo entonces cederá el círculo pertinaz de la violencia doméstica.

Descubrimientos sobre la violencia femenina

Estadísticas levantadas en Estados Unidos revelaron que:

1.- 1.- El 41% de los asesinatos maritales fueron cometidos por las esposas.
2.- 2.- En el 55% de los casos de hijos asesinados por uno de sus progenitores la madre fue la asesina.
3.- En los matrimonios donde uno de los cónyuges mata al otro, el 47% de los muertos son hombres y el 53% mujeres.
4.- El 11% de los matrimonios en EU y Canadá reconoce que se han cometido actos de violencia en su interior; en contraste, el 54% de parejas de lesbianas ha reportado violencia interna, lo cual parece indicar mayores tendencias agresivas en la mujer que en el hombre.
5.- Las mujeres inician los golpes en más del 50% de los casos y además tienden a usar más algún tipo de arma. Los hombres que golpean usan, mayoritariamente, manos y pies. Las mujeres que golpean usan, por lo general, manos, implementos de cocina, objetos contundentes, agua hirviendo, etc.

Varios investigadores han señalado que las estadísticas en otros países del mundo son muy similares. Por otra parte, un estudio a gran escala realizado en EU en los años 70's y 80's dio la información, tan difundida por las feministas, de que en ese país una mujer es víctima de violencia marital cada 15 segundos. Lo que no se publica nunca es que ese mismo estudio demostró que en EU un hombre sufre violencia marital cada 14 segundos. También se descubrió que a partir de los 80's la violencia masculina ha disminuido, mientras la violencia femenina ha aumentado.

Para saber más...

En Internet, la organización Vida Humana Internacional nos ofrece una síntesis muy buena del problema de la violencia contra los hombres en:
www.vidahumana.org/vidafam/violence/hombres.html

También en Internet se puede leer un completísimo tratado sobre este problema en el sitio:
www.vix.com/menmag/batsewel.htm
Se trata de un texto en inglés, pero vale la pena porque contiene datos y estadísticas, argumentaciones, testimonios y mucho más.

EL OBSERVADOR 322-4

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Revelación histórica: Hitler ordenó atacar al Vaticano y deportar a Pío XII

Durante la presentación de un revelador libro sobre la vida del papa Pío XII, el ex presidente italiano Giulio Andreotti reveló un desconocido episodio histórico producido el 8 de septiembre de 1943: la orden dada por Adolf Hitler de tomar el Vaticano a sangre y fuego y deportar a Pío XII.

Andreotti hizo el anuncio en Rimini, durante la presentación del libro del investigador Andrea Tornielli titulado «Pio XII. El Papa de los Hebreos», publicado por la editorial italiana Piemme.

La presentación de la obra contó también con la presencia del rabino de Nueva York, David Dalin, quien señaló que el papa Pacelli, injustamente fustigado por algunas organizaciones judías, es «un gentil justo».

«Él fue un gran amigo de los hebreos y merece ser proclamado Justo entre las Naciones, porque ha salvado a muchos de mis connacionales, incluso más que Schindler... por lo menos 800 mil según algunas estadísticas. Y es correcto que también los líderes de la comunidad hebrea internacional recuerden el gran bien hecho por el Papa», agregó el Rabino.

Durante la presentación de la obra, Andreotti señaló que las acusaciones contra el papa Pacelli «no sólo son una tontería, sino una falsedad histórica», y reveló a los presentes el recuento estenográfico del general Wolff, jefe de las temidas SS en Italia. El oficial nazi relató que Hitler le dio la orden de «destruir el Vaticano» y de arrestar al Pontífice para luego desterrarlo.

Tornielli explica en su libro que el «Führer» montó en cólera tras la firma del armisticio entre el gobierno italiano del mariscal Badoglio y los aliados el 8 de septiembre de 1943, y ordenó al cuerpo de élite de las SS arrasar «a sangre y fuego» la Santa Sede.

El destierro, según el recuento del general Wolff, se habría producido en el pequeño Liechtenstein, el ducado entonces neutral. El General, opuesto a aplicar la orden de Hitler, solicitó un encuentro reservado con el Papa, a quien le reveló las intenciones de su líder. Luego Wolff logró disuadir a su superior para que la orden no tuviera que cumplirse.

El rabino Dalin dice: «Nunca un Papa ha sido más felicitado por los hebreos. Inmediatamente después de la Segunda Guerra Mundial y en los años sucesivos, cientos de manifestaciones de estima por Pío XII llegaron de las máximas autoridades de Israel, desde Golda Meyr al Gran Rabino de Jerusalén, Isaac Herzog, del Secretario del Congreso Mundial Hebreo, que donó al Pontífice 20 mil dólares en signo de gratitud, hasta el rabino de Roma Elio Toaff».


Durante la presentación de un revelador libro sobre la vida del papa Pío XII, el ex presidente italiano Giulio Andreotti reveló un desconocido episodio histórico producido el 8 de septiembre de 1943: la orden dada por Adolf Hitler de tomar el Vaticano a sangre y fuego y deportar a Pío XII.

Andreotti hizo el anuncio en Rimini, durante la presentación del libro del investigador Andrea Tornielli titulado «Pio XII. El Papa de los Hebreos», publicado por la editorial italiana Piemme.

La presentación de la obra contó también con la presencia del rabino de Nueva York, David Dalin, quien señaló que el papa Pacelli, injustamente fustigado por algunas organizaciones judías, es «un gentil justo».

«Él fue un gran amigo de los hebreos y merece ser proclamado Justo entre las Naciones, porque ha salvado a muchos de mis connacionales, incluso más que Schindler... por lo menos 800 mil según algunas estadísticas. Y es correcto que también los líderes de la comunidad hebrea internacional recuerden el gran bien hecho por el Papa», agregó el Rabino.

Durante la presentación de la obra, Andreotti señaló que las acusaciones contra el papa Pacelli «no sólo son una tontería, sino una falsedad histórica», y reveló a los presentes el recuento estenográfico del general Wolff, jefe de las temidas SS en Italia. El oficial nazi relató que Hitler le dio la orden de «destruir el Vaticano» y de arrestar al Pontífice para luego desterrarlo.

Tornielli explica en su libro que el «Führer» montó en cólera tras la firma del armisticio entre el gobierno italiano del mariscal Badoglio y los aliados el 8 de septiembre de 1943, y ordenó al cuerpo de élite de las SS arrasar «a sangre y fuego» la Santa Sede.

El destierro, según el recuento del general Wolff, se habría producido en el pequeño Liechtenstein, el ducado entonces neutral. El General, opuesto a aplicar la orden de Hitler, solicitó un encuentro reservado con el Papa, a quien le reveló las intenciones de su líder. Luego Wolff logró disuadir a su superior para que la orden no tuviera que cumplirse.

El rabino Dalin dice: «Nunca un Papa ha sido más felicitado por los hebreos. Inmediatamente después de la Segunda Guerra Mundial y en los años sucesivos, cientos de manifestaciones de estima por Pío XII llegaron de las máximas autoridades de Israel, desde Golda Meyr al Gran Rabino de Jerusalén, Isaac Herzog, del Secretario del Congreso Mundial Hebreo, que donó al Pontífice 20 mil dólares en signo de gratitud, hasta el rabino de Roma Elio Toaff».

Acabar la leyenda negra contra Pío XII

El libro El Papa de los Hebreos sale a la luz cuando está en marcha el proceso de beatificación de Pío XII, rechazado por algunos sectores de la comunidad judía.

El Vaticano, para que el pueblo judío pudiera examinar el papel de la Iglesia durante el Holocausto, inició una comisión investigadora judeo-católica. Sin embargo, a fnales del mes de julio dicha comisión fracasó por disputas internas. Algunos judíos de la comisión estuvieron infiltrando comentarios distorsionados a los medios de comunicación.

Los miembros debían analizar los 12 volúmenes de la obra Actes et Documents du Saint Siège relatifs à la seconde guerre mondiale, en la que se recogen todos los documentos del archivo de la Santa Sede durante la Segunda Guerra Mundial, pero la parte judía no cumplió con lo que se le encomendó. Prefirió mentir diciendo que la Santa Sede tenía documentos comprometedores en los archivos vaticanos, y que no le permitía el acceso a ellos.

Fuentes: ACI y ZENIT.

EL OBSERVADOR 322-5

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PICADURA LETRÍSTICA

Las máscaras van al cielo
Por J. Jesús García y García
«...por lo menos habría que demostrar que el arte y la religión son incompatibles,
cuando en realidad están llamados a entenderse y armonizarse».
M. S. GILLET

El título de hoy es plagio del de una obra de Juan Guerrero Zamora, publicada allí por el lejano 1954, cuyo enfoque es hacia el acontecimiento teatral en general, con predilección de la autoría, en tanto que el mío es completamente hacia ese ser extraño, a menudo ridículo, que es el actor.

Nunca fue más grave que hoy el conflicto moral de los artistas y, para particularizar, el de los actores. Muy criticados fueron éstos, desde antiguo, con argumentos que hoy son casi leves sutilezas, como el de que no tendrían derecho a fingir, ya que fingir es una forma de la mentira, y que, por lo tanto, es intrínsecamente malo el hacerse pasar por otro. Y los llamaron hypocrités, concepto que, debidamente castellanizado (hipócrita), es hoy completamente peyorativo.

Es un trágico ser el actor. No sabe cuándo la sociedad lo va a vilipendiar. Cuentan que a Molière se le negó sepultura en sagrado y que en la España del siglo XVIII las autoridades eclesiásticas se oponían a administrar los sacramentos a los actores, al paso que la autoridad civil, además, privaba a los histriones del goce de otros derechos, quitándoles la facultad de recibir legados, mandas, etc. Bossuet, La Bruyère y Leon Bloy los pusieron como lazo de cochino: para éste último, la condición de actor es «la vergüenza de las vergüenzas» y la vocación teatral «la más baja de las miserias». A Louis Jouvet le dijeron en su casa, tratando de disuadirlo del arte escénico: «el teatro es un oficio vergonzoso», pero al teatro fue a dar finalmente con una vaga obstinación. «La vergüenza del teatro y su indignidad —concluye él mismo— no van más allá que las vergüenzas e indignidades que se pueden encontrar en otras profesiones. Yo desafiaría el deshonor y probaría a toda mi familia que no hay vergüenza alguna en recitar versos, ni la menor indignidad en permitir circular dentro de uno los sentimientos y las ideas nacidas del corazón de Shakespeare, Racine, Molière o de Musset».

Pero también al actor lo pueden poner por las nubes, o incluso, condecorarlo (por ejemplo,entre otros, Laurence Olivier y Alec Guinness fueron sires, es decir, caballeros de la élite británica, y el francés Louis Jouvet fue designado caballero de la Legión de Honor).

Pero los tiempos han empeorado. El arte —y particularmente el arte escénico— se ha convertido, por empeño de los empresarios y de agentes diversos de la amoralidad, en el más temible enemigo de la religión, en el disolvente más eficaz de las conciencias. La industria cinematográfica-televisiva-teatral, por motivos de interés monetario, explota todos los apetitos individuales, halaga todas las pasiones y en todo el mundo quiere encender deseos sensuales. Dominan el encueratismo (perdón por el horrible vocablo), la procacidad y la irreverencia, excitando peligrosamente pasiones viciosas.

Por otra parte, la fama afecta la psiquis de muchos actores que se lanzan al escándalo social, a la incurrencia en los antivalores, desde meras extravagancias hasta verdaderas canalladas. Su egolatría lleva a esos tales a repudiar la decencia como cosa irrisoria o, más aún, como incómoda retrogradación, escudados en un real o aparente indiferentismo religioso.

En estas circunstancias, ¿puede el Espíritu Santo soplar en el alma de los artistas? ¿Puede ayudar san Ginés, patrono de los actores y de los payasos? Evidentemente los actores tienen perfecto derecho, puesto que es su deber, de tener una vida espiritual y de cuidar de ella. Pueden vivir cristianamente, a condición de que también ellos se dediquen a cooperar en la acción de la gracia sobre sí mismos, por la práctica de las virtudes propias de nuestra fe. Hay que devolverles un poco de la confianza en Dios y en sí mismos que perdieron en otros tiempos en que se les trataba con desconfianza como a ciudadanos y cristianos de segunda clase, cercenados a un tiempo del mundo y de la comunión de los santos, desconfianza que, sin quererlo nosotros, parece retornar en estos calamitosos días por culpa de los que hacen una atmósfera envenenada.

Por su lejanía en el tiempo ya no se le recuerda como antecedente, pero en 1927, con asistencia semanal a Misa y con supervivencia de por lo menos dos años, funcionó en París una Asociación Católica del Teatro, que se definía como «una asociación que agrupa a los profesionales del teatro o de otros espectáculos, con el fin de afianzar su vida espiritual». Y se editó un libro, El credo de los artistas, con las interesantes al par que amenas pláticas dominicales que estuvo dirigiendo a los asociados el padre M.S. Gillet, O.P. Aquello es digno de que hoy fuera imitado, porque las máscaras, ciertamente, pueden ir al cielo si se lo proponen.

Vale en el caso lo que Cristo afirmó: «Yo no he venido por los justos sino por los pecadores».

EL OBSERVADOR 322-6

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Premiar al Papa, sí o no
Por Diana R. García Bayardo

Todos los años —desde hace algunos— aparece el nombre de Juan Pablo II entre la lista de los candidatos al Premio Nobel de la Paz. Sus acciones en pro de la paz mundial son muchas y conocidas, y le han valido numerosos premios. El mes pasado, por mencionar un caso, la institución italiana «Perdonanza Celestiniana» decidió concederle la primera versión de su premio por la paz.

El caso del Papa no es el primero de un católico al que se le reconoce su lucha por las causas justas. Recordemos que la madre Teresa de Calcuta se hizo merecedora al Premio Nobel de la Paz en 1979, y que monseñor Carlos Felipe Ximenes Belo lo obtuvo en 1996 por su trabajo orientador para alcanzar una solución pacífica en el conflicto de Timor Oriental.

También a muchos otros católicos, cargados de méritos, se les ha nominado para el prestigioso Premio Nobel. Hay quien dice, sin embargo, y creo que con mucha razón, que las nominaciones al Nobel están cada vez más cargadas de maña y de tintes políticos. Y, ciertamente, algunas se ven muy turbias. Aquí, en México, por ejemplo, el PRD, uno de los grandes promotores de los valores anticristianos, muy presto impulsó en varias ocasiones la candidatura de monseñor Samuel Ruiz al Premio Nobel de la Paz, quizá porque percibía simpatías con la izquierda en sus actividades pastorales.

Es difícil ser totalmente imparciales. Todo lo que hacemos va acompañado en algún grado de nuestros intereses, de nuestra ideología. Y es por eso que el obispo luterano de Oslo, Gunnar Staalseth, ve difícil que algún día Juan Pablo II reciba el Nobel de la Paz. Él es uno de los jueces del comité encargado de otorgar el galardón, y sabe bien que el Papa ha sido una de las figuras decisivas para el final de la Guerra Fría, y que ha sido mediador para alcanzar la paz entre varios países; pero tiene un «defecto»: se opone a la promiscuidad sexual y propone el amor y la fidelidad matrimonial como mejor preservativo contra el SIDA. Eso, según las tendencias del nuevo orden mundial impulsado por organismos internacionales tales como la ONU, convierte al Papa en un ser repudiable.

Staalseth dijo el 21 de agosto ante Kofi Annan, el secretario general de la ONU: «La actual teología romana católica está más a favor de la muerte que de la vida (...).Desafío al Vaticano a que replantee su posición sobre los preservativos».

El nombre del ganador del Premio Nobel de la Paz 2001 será hecho público el próximo mes de octubre. Y adivine qué: no será Juan Pablo II.

EL OBSERVADOR 322-7

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DESDE EL CENTRO DE AMÉRICA

Sólo Dios basta
Por Claudio de Castro S.

¿Quién podrá comprender el valor  del misterio eucarístico y las gracias innumerables que recibimos al participar dignamente y con devoción de la santa Misa? Alguien escribió una vez que si las personas entendieran esto tendríamos que poner guardias a los costados de las puertas de los templos, pues las personas asistirían masivamente y los abarrotarían.

En las iglesias se encuentra el gran tesoro de Dios: Su Hijo unigénito. Habitando silencioso en el sagrario, en espera por nosotros. Nada, salvo una lucecita roja, da a entender que Él se encuentra allí.

Verdaderamente es un misterio, algo incomprensible para nosotros, saber que cada vez que comemos ese pedacito de pan en verdad recibimos a Jesús de Nazaret.  Al amigo tierno y bueno.

Oh, si tan sólo lo supiéramos. Jesús, el Humilde, el Bueno, el Amigo, el que dio su vida por nosotros, el que resucitó, el que es Rey y Todopoderoso, el Hijo de Dios, nos espera en la Eucaristía. La búsqueda para muchos terminaría al reconocerlo... Jesús estaba tan cercano y nosotros le buscábamos sin encontrarlo; porque buscábamos mal. Queríamos llenar nuestras vidas con tantas cosas. y ninguna nos llenaba.

Ya lo decía santa Teresa: «Dios es y basta». No necesitamos más. Dios todo lo suple y todo lo da en abundancia. Hace falta tener un encuentro profundo con Dios. Dejar a un lado  el orgullo, los odios, la violencia, el temor, la avaricia, la inseguridad. y seguir la senda que  conduce a la casa del Padre. Cuando sigas el camino correcto la luz del creador inundará tu alma para que no te vuelvas a perder.

EL OBSERVADOR 322-8

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PANTALLA CHICA

El destino fatal de vivir sin tele
Grupo Inter Mirifica

Si por algún siniestro motivo tuviera que vivir sin mi tele...

¿Qué haría yo? ¿En qué podría gastar las horas sobrantes de mi larga vida? ¿Qué pensaría yo?

Tal vez tendría que pensar pensamientos reales, encontrarme conmigo mismo, con lo que soy, ¡y eso sería terrible!

Tal vez observaría lo que me rodea y posiblemente tendría que modificarlo o mejorarlo; eso implicaría un gigantesco esfuerzo.

SI no pudiera ver más mis telenovelas, mis programas... ¿qué otro pretexto podría inventar para desatender a mi familia? ¿Qué otro invento ocultaría mi pereza y mi pérdida de tiempo?

Necesito mi tele porque ella me resguarda de la realidad, me enseña un mundo fácil y ligero; aquí se tiene que trabajar. Necesito mi tele para mirarla; sin ella no tengo conversación. No me gusta leer porque el libro me pesa en las manos y las pestañas se me debilitan; prefiero ver la tele. Necesito mirarla porque ella no me mira. Sin ella tendría que mirar de nuevo a los ojos de mi cónyuge, y ya he olvidado de qué color son. Sin ella tendría que voltear a ver a mis hijos, apurarme para abrazarlos, porque recordaría que están creciendo y que muy pronto se irán.

EL OBSERVADOR 322-9

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ORIENTACIÓN FAMILIAR

Dejé al padre de mi hija
Por Yusi Cervantes Leyzaola

Soy madre soltera. El papá de mi hija es divorciado. Teníamos muchos años de relación, incluso vivíamos juntos; pero cuando quedé embarazada, al ver que él seguía sin querer comprometerse ni conmigo ni con el bebé por venir, decidí dejarlo. Afortunadamente cuento con el apoyo de mi familia. Él no me apoyó ni durante el embarazo ni en el parto, ni moral ni económicamente. No conoce a su hija. Hace poco habló, dijo que iba a venir a esta ciudad (él vive en una ciudad cercana) y que quería conocerla. Pero a la mera hora habló diciendo que tenía un encuentro con su familia —al que, por cierto, asistió su ex-esposa, a quien los papás y hermanos de él siguen considerando su esposa—. Me dolió mucho otra vez. Uno de nuestros constantes problemas era que a mí no me daba el lugar de su pareja, no me presentaba como tal, no me llevaba con su familia; en cambio, su ex-esposa siempre estaba presente. Él decía que yo tenía que comprender que ella es la madre de sus hijos. Pero ahora que soy la madre de su otra hija la situación es la misma. Estoy triste, cansada de esto. A él le duele que le haya puesto a la niña sólo mis apellidos, pero yo quise evitarle daños a la niña por si él alguna vez quería pelear por ella. Pero a veces pienso que hago mal quitándole al padre.

Desgraciadamente, aceptaste una situación de desventaja desde un principio. Un hombre divorciado y con hijos siempre es un hombre que no es completamente libre. Y, en este caso, parece ser que él no rompió del todo los vínculos con su esposa en lo que a la relación de la pareja se refiere. O tal vez sea la presión de la familia, para quien no hay y no puede haber otra esposa que la que recibió el sacramento con él.

Desde una perspectiva católica, así es. Para nosotros el vínculo del sacramento del matrimonio es indisoluble, y sólo la muerte puede romperlo. Por otro lado, desde un punto de vista meramente humano es muy probable que esa mujer —la ex-esposa de este hombre en tu vida— tenga cualidades y una forma de relacionarse tales que se haya granjeado el cariño y el respeto de su familia política. Y cuando él decide romper con ella la familia decide, a su vez, no hacerlo.

Como te digo, desde un punto de vista católico tú te pusiste en una posición de clara desventaja. Aun casándote con él por el civil, la Iglesia dice que los divorciados vueltos a casar y sus cónyuges siguen siendo parte de la Iglesia, y los exhorta a practicar la oración, asistir a Misa y educar a sus hijos en la fe; pero es firme al subrayar que están en una situación que contradice la ley de Dios y, por lo tanto, les impide recibir el sacramento de la Eucaristía. ¿Qué necesidad tienes de ponerte en esa situación? Tú eres libre y es posible que encuentres un hombre con quien puedas unirte a través del sacramento del Matrimonio, con la bendición de Dios y de la comunidad cristiana.

Pero vayamos a una perspectiva humana y psicológica. Acá también aceptaste una situación de desventaja. Él no rompió del todo el vínculo con su ex-esposa ni defendió tu lugar como su pareja frente a su familia. Durante años, no quiso comprometerse. ¿Tal vez pensaste que un hijo lo iba a hacer cambiar de opinión? Desgraciadamente, no ocurre así; algunas personas sí lo hacen, pero para la mayoría no son suficientes acontecimientos como casarse, o tener un hijo para cambiar y madurar. Esto tiene que venir de una convicción interna, de una decisión personal que él no ha tomado. Fíjate, ni siquiera asumió la mínima responsabilidad de hacerse cargo de los gastos del embarazo y el parto. Hiciste bien en dejarlo, aunque estuvieras embarazada. Mantén esta ruptura. Te libraste de una mala relación. Dedícate ahora a reconstruir tu vida, a recuperar tu dignidad, a ser libre, a amar a tu hija. Tal vez más adelante encuentres a un hombre que te ame verdaderamente a ti y que ame también a tu hija. Tal vez no lo encuentres. Pero tú puedes sacar adelante a tu hija y ayudarle a ser una mujer de bien, fuerte y feliz. No tengas miedo.

En cuanto a su padre, tienes que valorar bien que cercanía le permites. Si él da muestras de un genuino interés por su hija, y en verdad la apoya, creo que es bueno permitir esta cercanía entre ellos. Pero si no es genuino su interés, si la usa para acercarse a ti, o si para la niña es fuente de inestabilidad o confusión, quizá sea mejor que no la vea. Creo que el tiempo te irá indicando qué hacer. Por lo pronto, plantea con claridad las cosas. Si decides que la vea, que él sepa sin lugar a dudas que es por la niña y que entre ustedes ya no hay nada.

En verdad tú mereces una mejor relación de pareja y un mejor trato. Vas a estar triste, claro. Eso es inevitable. Perdiste algo valioso, como quiera que sea, algo que te tuvo internamente atada muchos años. Llora todo lo necesario. Acepta esta tristeza, vívela. Poco a poco se irá agotando. Descubrirás que la vida de todos modos es bella. Y, además, tienes la bendición de una hija. Es una responsabilidad, claro, pero también un gozo. Disfrútala y dale gracias a Dios por ella. Entiéndeme: no te estoy diciendo que agradezcas esa mala relación. Pero sí puedes agradecer el privilegio de ser madre y la vida que tienes en las manos.

La psicóloga Cervantes responderá las preguntas que se le envíen a El Observador.

EL OBSERVADOR 322-10

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PINCELADAS
El esclavo y la tempestad
Justo López Melús *

Un rico marajá de la India se embarcó y se desató una gran tormenta. Uno de sus esclavos empezó a llorar de miedo, tanto que la tripulación empezó a irritarse, y poco faltó para que el marajá lo arrojase al mar. Pero su consejero le dijo:

— Yo lo arreglaré.

Entonces ordenó arrojarle al mar atado con una cuerda.

El pobre esclavo empezó a gritar, sacudido por las olas que lo zarandeaban en todas direcciones. Luego lo sacaron.

Una vez en cubierta, el esclavo se tendió en un rincón, silencioso y tranquilo.

El consejero explicó al marajá a qué se debía semejante cambio de actitud:

— Los seres humanos nunca nos damos cuenta de lo afortunados que somos hasta que nuestra situación empeora.

Nadie aprecia tanto la salud como el que ha estado gravemente enfermo. Cristina lloraba porque no tenía zapatos, hasta que vio a una niña que no tenía pies.

* El autor es Operario Diocesano en San José de Gracia de Querétaro.
(FIN)

EL OBSERVADOR 322-11

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