El Observador de la Actualidad

 

Periodismo católico para la familia de hoy

14 de octubre de 2001 No. 327

SUMARIO

bullet SÍNODO DE Y PARA LOS OBISPOS
bullet EL CRISTIANISMO ORIENTAL Los maronitas
bullet MUJER Sobre el terrorismo silencioso
bullet Respuesta a Krauze
bullet Propuestas del Papa para evitar el temido conflicto del milenio
bullet PICADURA LETRÍSTICA La compra del Cielo
bullet DESDE EL CENTRO DE AMÉRICA Los cuidados del buen Dios
bullet DILEMAS ÉTICOS Un gremio sin reglas, sin ética
bullet ¿USTES QUÉ OPINA? ¿Volverá la era de los católicos vergonzantes?
bullet SANTIDAD ABIERTA Cuando suena el despertador
bullet ALACENA Sólo los individuos se pueden salvar o condenar
bullet ORIENTACIÓN FAMILIAR Dolor por el aborto que se provocó la hermana
bullet PINCELADAS La mejor semilla

[SUMARIO] [SIGUIENTE] [INICIO]


SÍNODO DE Y PARA LOS OBISPOS

La pobreza, la santidad y el servicio evangélico, los signos distintivos del obispo del nuevo siglo: piden todos por la paz
Por Jaime Septién/ ENVIADO ESPECIAL


CIUDAD DEL VATICANO.- Ha terminado esta semana la ronda de intervenciones de los cerca de 250 obispos a quienes convocó el papa Juan Pablo ll a delinear el puesto que les corresponde en el nuevo siglo; un tiempo que se abre, como muy pocos, a las posibilidades de la fe. Destaca, en primerísimo lugar, la riqueza del episcopado mundial. Temas de espiritualidad y temas de gobierno diocesano; testimonios personales —algunos conmovedores, como los de los obispos de África— y temas que ven el otro lado de la moneda, es decir, el lado de la evangelización efectiva, manteniendo al alcance de los legítimos sucesores de los apóstoles todas las herramientas necesarias para poder cumplir su misión.

Sin embargo, tras un resumen extremadamente reductor, podemos afirmar que los obispos del mundo han iniciado un interesante movimiento de autocrítica mediante el cual renovarían su ministerio estando más cerca de las necesidades de los pobres, más al servicio de quienes necesitan la luz de Cristo para poder iluminar las tinieblas del desequilibrio que sufre el mundo

En este sentido, el de la pobreza, fue muy comentada la intervención del obispo de Riobamba (Ecuador), Mons. Víctor Alejandro Corral Mantilla, quien pidió a los obispos vivir una verdadera pobreza espiritual, desnuda de títulos y de nombres elegantes, porque «quienes tienen puestas sus esperanzas en la Iglesia y, por tanto, en los obispos, son los pobres». En esta línea se han pronunciado no pocos representantes de las llamadas iglesias del Tercer Mundo, particularmente las de América Latina.

Pero no basta ser pobres, hay que ser santos. El llamado a la santidad del obispo ha estado presente en un sinnúmero de participaciones en este Sínodo. Podría decirse que la santidad episcopal es la esperanza del nuevo milenio. A ella se refirió el cardenal Alfonso López Trujillo, colombiano, presidente del Pontificio Consejo para la Familia. En su momento, López Trujillo comparó la buena-bella batalla de la que hablaba san Pablo a Timoteo (1 Tim 6, 12) con el coraje que debe tener el obispo para dar testimonio de la verdad.

En lo que concierne al servicio pastoral, el obispo de Galveston-Houston y presidente de la Conferencia Episcopal de Estados Unidos, Mons. Joseph Anthony Fiorenza, dijo que, «a fin de que la solidaridad eclesial sea genuina y eficaz, debe comprender una adecuada subsidiaridad» Esto significa crecer, sin sombras pesadas, para las conferencias episcopales, para los propios obispos, las parroquias y cada uno de los niveles que componen la vida eclesiástica. Si se habla de solidaridad se debe hablar también de subsidiaridad para que la Iglesia completa cumpla su papel de transformadora del mundo.

En muchos otros testimonios se ha visto la necesidad de que los obispos accedan a su ministerio tras una instrucción profunda y profusa. Y la insistencia, marcada por la mayoría de los participantes, de poseer, penetrar, transformar los medios de comunicación, verdaderos artífices de la era tecnológica.

Una de las intervenciones más aplaudidas fue la del cardenal Daneels, de Bélgica, quien en muy pocas palabras dio la clave para ejercer a totalidad el papel de obispo. Afirmó que el obispo tiene que estar agusto en su relación con Dios, con la Iglesia y consigo mismo. Por su parte, el cardenal Tettamanzi, de Italia, se ha referido al mejor nombre que se le puede dar a los obispos: «sucesores de los apóstoles». Este concepto abarca la espiritualidad de comunión, la unidad, el caracter apostólico de la Iglesia, la apertura y solicitud a la Iglesia universal y la plenitud de la caridad de los obispos.

El encuentro ha estado, finalmente, marcado por la guerra. A la jornada de oración del 11 de octubre se han sumado los llamados del Papa y de los obispos a favor del diáologo, el entendimiento y la paz. Propio de los días que corren, la seguridad y los aparatos policiacos anti atentados han copado El Vaticano por estar en el punto de mira de los terroristas, ya que constituye el centro de la cristiandad occidental. Y ha sido también un Sínodo marcado por las salidas: la del cardenal Egan a Nueva York para celebrar los funerales un mes después de la tragedia, y la del obispo Lobo, de Islamabad, para estar cerca de su pueblo en los días de los ataques a Afganistán.

Con todo, en la primera quincena de trabajos queda para el recuento la existencia de un colegio episcopal muy fuerte y una Iglesia católica que renueva, mediante la autocrítica y la purificación de la memoria, sus métodos evangélicos, pero que reconoce a Jesús como único Señor de la historia.

Eliminar las pastorales paralelas
«La misión divina de apacentar a su pueblo, confiada por Cristo a los Apóstoles, se continua en los obispos, sus legítimos sucesores. (...) Es, por tanto, interés no sólo del Romano Pontífice sino de todos los obispos, el que cada obispo disponga de todos los medios jurídicos y pastorales para cumplir su misión. La III Conferencia del Episcopado Latinoamericano señaló la 'pastoral planificada como la respuesta específica, consciente e intencional a las necesidades de la evangelización'. (...) El obispo debe contar con la comprensión y colaboración de los movimientos, congregaciones y órdenes religiosas, eliminando las pastorales paralelas y las que sencillamente ignoran el plan de pastoral. Es necesario que este Sínodo haga al Santo Padre propuestas viables y operativas para ayudar a corregir esta situación».
Obispo Mario De Gasperin Gasperin,de Queretaro.

Primado de Pedro, don de Dios
«El primado de Pedro es un don de Dios a su Pueblo. La fidelidad a ese primado es parte integrante e irrenunciable de la fe cristiana. La colegialidad episcopal debe ser entendida a la luz de las fuentes de la Revelación y no de modelos humanos o sociales con los que pudiera tener alguna semejanza aparente. Los datos bíblicos y la enseñanza de la Iglesia piden que esta asamblea sinodal profundice en el tema de la espiritualidad de la colegialidad, a tono con 'Novo millennio ineunte'. Finalmente, expreso un anhelo: Que se siga profundizando en la naturaleza teológica y jurídica de las Conferencias de los obispos (...), y que 'la espiritualidad de la colegialidad' las penetre y transforme para hacer de cada Conferencia 'la casa y la escuela de la comunión'».
Arzobispo Luis Morales Reyes, de San Luis Potosí, presidente de la CEM

EL OBSERVADOR 327-1

[SUMARIO] [SIGUIENTE] [INICIO]


EL CRISTIANISMO ORIENTAL
Columna coordinada por el Pbro. Yaacoub Badaoui, O.L.M.
Los maronitas
Por Sarkis Amin, teólogo
Columna coordinada por el Pbro. Yaacoub Badaoui, O.L.M.
Los maronitas
Por Sarkis Amin, teólogo
Por Sarkis Amin, teólogo

¿Maronitas? ¿Quienes son? ¿Son católicos? ¿Obedecen al Papa?... Éstas y otras muchas preguntas son las que vienen primero a la mente de aquellos con quienes tenemos la oportunidad de platicar por vez primera acerca de una de las "joyas orientales de la Iglesia católica": la Iglesia maronita.

Los maronitas son los cristianos católicos orientales que deben su nombre a san Marón, santo hombre, defensor de la verdadera fe católica en Oriente, monje modelo cuyo ejemplo siguieron numerosos discípulos, en fin, un apóstol que la Providencia de Dios eligió para confirmar a los vacilantes en su fe. Marón vivió en el siglo IV, en las cercanías de Antioquía. De joven, siguiendo las enseñanzas del Divino Maestro, dejó a su familia y sus bienes y fue a buscar la calma en una montaña, entregándose a la oración, a la contemplación y al trabajo. San Marón nunca tuvo la idea de formar una Iglesia, más bien quiso iniciar dentro de la Iglesia de Antioquía un camino especial de santidad inspirado en el Evangelio donde Cristo es «el camino, la verdad y la vida». Su vida se resume en pocas palabras: fidelidad a Cristo, siguiendo los consejos evangélicos; fidelidad a la Iglesia de Cristo, defendiendo heroicamente a su cabeza visible: el obispo de Roma, y fidelidad a las santas tradiciones de la Iglesia oriental, llevando una vida de asceta en la cumbre de una montaña.

En vida de san Marón y después de su muerte, acontecida en el año 410, se incrementó la vida contemplativa en la Iglesia. Eran muchos los que, viviendo en pequeñas comunidades como monjes o como ermitaños solitarios, llevando una vida monástica comunitaria, a los que se les empezo a llamar con el nombre de "maronitas". En el año 517 los cristianos monofisitas, que no aceptaron la fe católica definida en el concilio ecuménico de Calcedonia en el año 451, mataron a 350 miembros de ellos, que son conocidos como "mártires discípulos de san Marón". El papa Hermes IV reconoció su martirio, y así quedó sellada la fe maronita con su sangre.

En el siglo VII, con ocasión de la invasión árabe a la region, los maronitas, para escapar a la opresión de los conquistadores, se refugiaron en los montes y los valles del Líbano donde formaron la Iglesia maronita , bajo el liderazgo de san Juan Marón, un monje discípulo de san Marón, reconocido por el Papa como primer patriarca maronita de Antioquía y de todo el Oriente en el año 685. Hasta hoy, los maronitas tienen un patriarca que lleva junto a su propio nombre el nombre de Pedro, el apóstol de Cristo, primer obispo de Antioquía y, más tarde, primer obispo de Roma, vicario de Cristo, Papa de la Iglesia universal. Actualmente el Patriarca maronita se llama Nasrala Butros (Pedro) Sfeir, y es al mismo tiempo cardenal de la Iglesia católica.

Los Papas de Roma han expresado a través de los tiempos testimonio de la continua fidelidad de la Iglesia maronita a Roma:

León X. Escribía en 1515 al patriarca maronita : "conviene que alabemos y bendigamos la divina clemencia, porque entre las naciones orientales infieles y en los campos del error, haya el Altísimo querido que sean los maronitas casi rosas entre espinos".

Clemente XII. En 1735 califica a la nación maronita de "rosa entre las espinas, de roca solidísima contra la cual se rompen las furias de la infidelidad y de las herejías".

San Pío X. Entre otras palabras dice, hablando de los maronitas : "Amamos a todos los cristianos del Oriente, pero los Maronitas ocupan un lugar especial en nuestro corazón porque han sido en todo tiempo la alegría de la Iglesia y el consuelo del Papado..., la fe católica está arraigada en el corazón de los Maronitas como los muy antiguos cedros están hincados por sus potentes raíces en las altas montañas de su patria".

La santidad de san Marón quedó reflejada en la vida de sus seguidores. Aparte de un número ilimitado de fieles, históricamente ignorados, que lucharon indefectiblemente durante 16 siglos para conservar su fidelidad al Evangelio y a Roma, la Iglesia maronita honra en los altares a muchos santos reconocidos, beatificados o canonizados por la Iglesia universal: san Marón; los 350 martires monjes degollados el año 517; los santos Liminaus y Santiago y las santas Marina, Domnina y Cora; san Juan Marón; los mártires Masabki: Francisco, Abdulmoti y Rafael; san Charbel Majluf; santa Rafqa (Rebeca), y el beato Nemtala Kassab el Hardini.

EL OBSERVADOR 327-2

[SUMARIO] [SIGUIENTE] [INICIO]


MUJER
Subeditora: Guadalupe Chávez Villafaña

Sobre el terrorismo silencioso

   Ahora sí las mujeres afganas están siendo centro de las noticias internacionales. ¡Ya era hora! Desde hace muchos años ellas han estado pidiendo ayuda; las organizaciones humanitarias han levantado la voz y mujeres de todo el mundo habíamos estado intentado que se volviera la vista hacia aquella nación para poner un freno a la violación de los derechos humanos. Aquí, en el Observador, denunciamos en repetidas ocasiones la atroz situación a la que están siendo sometidas las mujeres en el régimen talibán.

Pero, ¿por qué tuvimos que esperar a que sucediera un acto terrorista infame y espectacular, para prestar atención a todo ese sufrimiento silencioso pero igualmente infame? ¿Por qué no quisimos escuchar antes a todas esas mujeres, que también morían, muchas veces con sus hijos, nada más que lenta y calladamente?

Hoy, que por fin Afganistán acapara la atención mundial, esperamos que la comunidad internacional actúe y haga algo por rescatar las vidas y la dignidad de miles y miles de mujeres. Mientras tanto, nosotros, como homenaje a ellas y como protesta ante la violencia, recordamos algo de lo publicado en estas páginas.

Budas, talibanes y mujeres
(22 de abril de 2001. El Observador # 302)
Hace unas semanas escuchábamos el escándalo que causó la intolerancia talibán hacia las estatuas de Buda. Pero hay que recordar que los talibanes no sólo destruyen estatuas sino que empezaron a matar poco a poco al pueblo de Afganistán y especialmente a las mujeres desde hace mucho tiempo con la impasibilidad de la comunidad internacional, y de todos nosotros.
Recordemos que a las mujeres y niñas de ese país les usurparon los derechos más elementales convirtiéndolas en prisioneras dentro de sus propias casas.
La lista de prohibiciones es larga: no pueden ir a la escuela, no pueden ser curadas por un hombre, ni ir al hospital, ni tomar un taxi solas, ni entrar a una tienda, ni hablar con un comerciante, ni hablar con ningún hombre que no sea exclusivamente de su familia… No pueden viajar en autobús con hombres, mirar por la ventana de sus casas, salir a la calle sin un hombre de la familia, salir sin estar completamente cubiertas por el burka, salir sin calcetines, dejar ver sus manos, escuchar música…
Ni siquiera están protegidas en el interior de sus casas donde cualquier miliciano tiene derecho a entrar a cualquier hora del día o de la noche y golpearlas si escuchan música o leen poesía.

El marido tiene poder de vida o muerte sobre su esposa
(29 de octubre 200, El Observador #277)
Desde hace 5 años el régimen fundamentalista talibán llegó al poder en Afganistán, emprendiendo una guerra silenciosa en contra de la mujer. Ahora deben usar un vestido largo con capucha que esconde la cabeza y tiene una tela por donde mirar; son apedreadas en público si no usan el traje normal o no llevan la malla que cubre el frente de los ojos. Les está prohibido trabajar o estar en público sin un pariente masculino. Las mujeres profesionistas (profesoras, médicas, traductoras, abogadas, artistas…) fueron despedidas y consignadas a sus casas. Estas casas tienen que tener las ventanas pintadas para impedir que ellas sean vistas por extraños. Deben usar zapatos silenciosos para nunca ser oídas. No hay instalaciones médicas disponibles para mujeres y son muy raros los hospitales a los que pueden acudir.
Por si fuera poco, los hombres tienen poder de vida o muerte sobre ellas, especialmente su esposa; pero cualquiera posee el mismo derecho de apedrearla o golpearla, si ella simplemente expone una pulgada de su cuerpo, aunque sea accidentalmente.

Marcha mundial de las mujeres
(1 octubre de 2000. El Observador # 273)
La representante de Afganistán dice que está cometiendo dos crímenes: uno por presentarse a la Marcha sin un pariente varón y el otro, por quitarse el velo que la cubre.

Cómo pegar a la mujer sin dejar marcas
(Agosto 20 de 2000. El Observador # 267)
Reseñamos la indignación que causó en España y los movimientos de protesta que generó la publicación del libro La mujer en el islam, cuyo autor es el imán Fuengirola Mohamed Kemal, en el que se detallan los métodos más adecuados para pegar a una mujer y no dejar marcas

Sin perdón no hay paz
Hace años decía el Santo Padre que nunca antes se había hablado tanto sobre la dignidad humana y nunca se había violado tanto. Y yo añadiría, ni a tan gran escala. Quizás la crueldad la hayan presenciado otras épocas y otras civilizaciones, pero hoy, en un mundo globalizado, la violencia, la injusticia, la explotación, también se han globalizado.
Otro fenómeno indignante es que nunca como ahora hemos hablado de paz: existe el premio Nobel de la Paz, el Día Internacional de la Paz —que, por cierto, acaba de conmemorarse el pasado 1º de septiembre— y, sin embargo, nos encontramos en una situación de guerra mundial en la que todas y todos tememos por nuestras vidas.
Y es que no puede existir la paz si no construimos un mundo justo. Ya había dicho también Pablo VI que si queremos la paz hemos de luchar por la justicia. La paz no se construye con armas que aplastan al enemigo, la paz se edifica sobre la justicia y el respeto al otro, sobre la tolerancia y el perdón.
Juan Pablo II ya anunció el lema de la próxima Jornada de la Paz (1º de enero de 2002), y será: «Sin perdón no hay paz».

EL OBSERVADOR 327-3

[SUMARIO] [SIGUIENTE] [INICIO]


Respuesta a Krauze
Por Rolando García Alonso

Como todos los domingos, leer a Enrique Krauze, célébre historiador mexicano, es parte de mi rutina. Su artículo "Odios teológicos", publicado el pasado 23 de septiembre, me sorprendió por sus contradicciones, datos históricos evidentemente falsos.

Krauze, resumiendo brevemente su punto de vista, juzga los acontecimientos del 11 de septiembre como el punto culminante de una guerra santa (yihad) globalizada. En un buen aunque corto análisis histórico, traza los orígenes cercanos de esta yihad en dos hechos trascendentales: "la llegada al poder del Ayatollah Khomeini y la invasión soviética a Afganistán". Y prosigue diciendo que "el proceso de radicalización se avivó con la disputa por el petróleo en la guerra del Pérsico y la sorpresiva exacerbación de los odios raciales y nacionales contra los musulmanes en los Balcanes y la antigua Unión Soviética". Una serie de atentados aquí (Sudán) y allá (Yemen), y los ingredientes estaban listos para llegar al World Trade Center y al Pentágono.

En pocas palabras, lo que vimos no es más que el resultado esperado de una radicalización lenta pero evidente de una religión en donde todos sus jóvenes afilan sus espadas, como escribe citando al historiador Fouad Ajami.

Después, cita unas proclamas atribuidas a Mahoma que dicen que "en el Islam hay tres reinos, el bajo, el alto y el altísimo (...). El altísimo es el de la yihad en nombre de Dios, y a él sólo los mejores acceden". Y, para fortalecer su visión de que el Islam de los últimos años no es lo que era antes (menos mal que le reconoce algo), nos dice que basta mirar la tolerancia del imperio turco-otomano para con sus minorías cristianas y judías.

Krauze cae en graves errores históricos. De un plumazo olvida la terrible violencia que golpeó a los armenios en 1915, bajo el yugo del Imperio Otomano, en donde un genocidio perpetrado por quienes detentaban el poder en Istambul, acabó con la vida de un millón y medio de personas.

No creo que Krauze conozca claramente el significado del término yihad, el cual traducimos incorrectamente al español como "guerra santa". Yihad es uno de los principios básicos del Islam, al lado de la oración, la caridad, el ayuno y la peregrinación a los lugares santos. Su traducción más aproximada sería el de "lucha". Esta lucha es entendida de dos maneras: la primera es la resistencia a la tentación y a todo lo que aparte de la fe, en una lucha de perfección más personal, y la segunda es la lucha en contra de los enemigos del Islam.

Como bien dice la revista británica The Economist, la mayoría de los musulmanes casi todo el tiempo piensan en la yihad como el reto de perfeccionarse ellos mismos o como el hecho de brindar esperanza a los demás gracias al buen ejemplo.

A la luz de esta aclaración, la citación de Krauze pierde fuerza en su argumentación. Le recuerdo también al historiador, excelente en el tema mexicano, menos bueno en el tema medio oriental, que la palabra Islam viene del mismo origen que la palabra paz, salem, y que Mahoma dejó claramente establecido en el Corán que "aquél que mata un hombre mata a toda la humanidad".

EL OBSERVADOR 327-4

[SUMARIO] [SIGUIENTE] [INICIO]


Propuestas del Papa para evitar el temido conflicto del milenio

Antes de los recientes atentados Juan Pablo II afirmó la necesidad de cooperación entre las diferentes culturas en su mensaje con motivo de la Jornada Mundial de la Paz del 1 de enero de 2001.

* Indica la importancia de la cultura en la formación de la identidad personal. Es necesario tener raíces en una cultura específica para evitar la vulnerabilidad ante fuerzas conflictivas que pueden oponerse a un desarrollo personal equilibrado.

* En cambio, valores culturales como el amor por el propio país deben «cultivarse pero sin restricciones de espíritu, amando juntos a toda la familia humana y evitando las manifestaciones patológicas que se dan cuando el sentido de pertenencia asume tonos de autoexaltación y de exclusión de la diversidad, desarrollándose en formas nacionalistas, racistas y xenófobas».

*Se necesita un cierto equilibrio para apreciar los aspectos de la propia cultura, y reconocer al mismo tiempo sus límites. Para evitar que la pertenencia a una cultura concreta se convierta en aislamiento, recomienda el estudio de otras culturas, con el fin de apreciar los elementos comunes que hay dentro de las diferencias externas.

* Para evitar el conflicto, se deben examinar los principios éticos subyacentes a una cultura y ser conscientes de que su autenticidad y validez se miden por el grado en que se promueve la dignidad de la persona humana.
(Con información de ZENIT)

EL OBSERVADOR 327-5

[SUMARIO] [SIGUIENTE] [INICIO]


PICADURA LETRÍSTICA

La compra del Cielo
Por J. Jesús García y García

Dios vio el Caos, lo encontró bien y dijo:
«te llamaremos Mundo». Esto fue todo.
ANTONIO MACHADO.

Algunos (muchos, desgraciadamente) paterfamilias clasemedieros y pudientes de la segunda mitad del siglo XIX y principios del XX —baso mi afirmación en casos que me rozaron— dieron auge al machismo mexicano, fuente «generosa» de hijos bastardos, los cuales machos, sin embargo, se decían religiosos y se mostraban ostentosamente como tales. Su mecánica para conciliar los opuestos morales era muy sencilla: partía de aquello que se atribuye a una santa (cuál fuera esa santa es lo de menos) que afirmaba hablar personalmente con Dios y narraba que en una de sus conversaciones con Él y a falta de mejores y más trascendentales temas (que sin duda debía haberlos), le preguntó: «Señor, ¿se salvó Salomón?». A lo cual el Señor habría contestado con implícito asentimiento: «Hija: ¡me construyó un templo!». Ya estaba allí la clave: bastaba construir un templo (grande o pequeño, o aunque sólo fuera una parte, un altar, donar unas bancas, etc.) para tener ganado (comprado) el Cielo. Con este seguro de salvación los machos ya podían hacer lo que quisieran, aun vejar o traicionar a la esposa, y, claro, salomónicamente se abarraganaban por aquí y por allí, de lo que se derivó una legión de hijos ilegítimos.

Tal sistema para la compra del Cielo cayó en desuso al encontrar los estupradores y adúlteros que resultaba demasiado caro erigir total o parcialmente un templo, y decidieron jugársela sin el seguro. Menos mal que en México el machismo disminuye proporcionalmente, aunque sea en corta medida.

Lo anterior es un ejemplo particular. Pero el hombre —hablando ahora de todo el género humano y de todas las latitudes— cree necesitar el detestable recurso de la compra del Cielo. De la compra y no de la conquista por medios legítimos. Y en los pueblos de oriente está muy arraigada la forma de la guerra santa a los infieles, la guerra en nombre de Dios, incluyendo el suicidio sacro que alcanza su premio en razón directa del número de enemigos que se elimine, forma de entender las cosas que hicieron suya en diferentes ocasiones los pueblos de occidente.

Desgraciadamente a cuantas guerras santas se den en el mundo se producirá la respuesta de la ley del talión: «Ojo por ojo...». Y el círculo no tendrá fin.

EL OBSERVADOR 327-6

[SUMARIO] [SIGUIENTE] [INICIO]


DESDE EL CENTRO DE AMÉRICA

Los cuidados del buen Dios
Por Claudio de Castro S.

Empiezas a escuchar las historias de la familia y te das cuenta de que el buen Dios ha sido generoso con todos, por generaciones, desde siempre. No eres el primero ni serás el último en ser favorecido. Te contaré una historia que escuché de labios de mi madre y luego de mi abuelita.

Cuando nací, mi mamá envió un telegrama a nuestra familia en Costa Rica, anunciando el feliz acontecimiento. Mi abuelita quiso venir para conocer a su nuevo nieto. En esos días los viajes se hacían en autobús y eran largos e incómodos.

Mi abuela se encontraba un poco nerviosa por este viaje y se encomendó a Dios pidiéndole que la protegiera. El día previsto, estando en la fila para abordar el autobús, se colocó detrás de ella un joven al que nunca antes había visto.

— No tema, señora —le dijo con amabilidad —. He venido para acompañarla en este viaje.

Muy confortada, mi abuela se sentó en el último asiento del autobús... Y el joven, a su lado. Apenas cruzaron una palabra en el viaje, pero de alguna forma él le inspiraba una gran tranquilidad. Cuando llegaron a Panamá, ella esperó que bajaran todos los pasajeros antes de hacerlo también. En ese momento quedaron únicamente ella, el joven y el chofer. Mi abuela se inclinó un instante para recoger su bolso. Cuando se incorporó, ya el joven se había marchado.

— Aún no le he dado las gracias —se dijo a sí misma. Y le preguntó al chofer: —Señor, ¿dónde está el joven que me acompañaba?
El chofer,sorprendido, no respondió.
— ¿Dónde está? —insistió mi abuelita.
El chofer, desconcertado, se asomó por la ventana buscándolo inútilmente.
— Ésta es la única salida —respondió—. ¡Y no ha bajado por aquí!
Mi abuelita llegó a casa confundida y sólo decía: «Se me perdió el muchacho que me cuidó durante el viaje».

Qué bueno es Dios, que nos cuida con tanto esmero, y de formas insospechadas.

EL OBSERVADOR 327-7

[SUMARIO] [SIGUIENTE] [INICIO]


DILEMAS ÉTICOS

Un gremio sin reglas, sin ética
Por Sergio Ibarra

— Oye, estos se ve que tienen lana, ¿y que tal que ahora les cobramos las fuentes? —le dice Juanito a su socio.
— Que buena idea, así nos los....bolseamos. Oye, Juanito, pero nunca les dijimos que por hacer la programación cobraríamos esto al cliente.
— ¿Y eso que importa? Estamos en nuestro derecho; sin nosotros no tendrían la presentación en un CD.
— Pero los contenidos, los gráficos y los métodos ahí descritos son del cliente.
— ¿Y qué? Estos tontos no especificaron de quién era qué cosa. Si quieren las fuentes, ¿qué te parece si nos los sableamos con una cantidad unas diez o quince veces superior a lo que les hemos cobrado hasta ahora?
— Pero los derechos de autor les pertenecen a ellos. La verdad es que únicamente hicimos una programación básica.
— ¿Y que tal que no lo han registrado? Bueno, ¿eres mi socio, sí o no?

Cinco meses después Juanito y su socio enfrentan la necesidad de tener que vender hasta sus computadoras por una demanda ya no sólo de las fuentes del programa, sino de daños y perjuicios a una empresa importante que, confiando en ellos, les había proporcionado información confidencial de la que audazmente, como ocurre con algunos jóvenes sin ética de este gremio, habían decidido obrar de esta forma.

La era tecnológica nos ha enfrentado a un nuevo escenario a todos. Si usted ve a la tecnología lejos de su vida, le sugiero que se "avispe" y se aclimate a este nuevo ambiente. En esta era el conocimiento es un valor que ha adquirido nuevas y mayores dimensiones sociales, económicas y, por supuesto, éticas. De ahí que los legisladores están trabajando en estos temas que tiene tantos aspectos sutiles.

¿Cuál es el dilema de Juanito? Hacer suyo un conocimiento que, evidentemente, no lo es. De entrada no le pertenece ni siquiera el software que permite a los miembros de este nuevo gremio social hacer las digitalizaciones de imágenes y de textos. El marco legal deberá distinguir cuándo el trabajo es simplemente una maquila y cuándo se está generando un nuevo y original conocimiento.

La transferencia de tecnología se ha convertido en un tema controvertido que, en tanto la sociedad civil y el gobierno no fijen reglas y valores mercantiles y morales, se ve difícil que podamos aspirar a que individuos como Juanito y su socio dejen de hacer la vida de cuadritos a sus clientes.

¿Tiene un dilema para compartir? Póngase en contacto: situacional@infosel.net.mx

EL OBSERVADOR 327-8

[SUMARIO] [SIGUIENTE] [INICIO]



¿USTES QUÉ OPINA?

¿Volverá la era de los católicos vergonzantes?
Por Genaro Alamilla Arteaga

En un pasado no muy lejano fue práctica frecuente el triste espectáculo que daban algunos funcionarios hasta del más alto nivel, creyentes de fe católica pero que no tenían el valor suficiente ni la convicción profunda no para que la exhibieran o fuera gancho político sino para practicarla en público o en privado, como puede ser el bautizo y el matrimonio de sus hijos. En el pasado estos sacramentos los practicaban a escondidas, tras bambalinas. A tales funcionarios que así lo hacían se les llamaba católicos vergonzantes.

Quizá ignoraban el caso de Juárez, quien, con motivo del matrimonio de su hija, del cual se decía que sería sólo por lo civil, respondió de manera rotunda: «Mi hija es persona decente y su matrimonio será religioso y no sólo civil».

Todavía hay en nuestros días quien afirma: lo católico a escondidas, lo juarista en público y en oficinas. Palabras más, palabras menos, así lo declaró recientemente el gobernador de Zacatecas al declarar que antes de su tercer informe haría un retiro espiritual en el convento de Guadalupe, «lo que he practicado desde mi juventud. En ese retiro le pediré perdón a Dios por mis pecados». Hasta aquí es laudable lo afirmado por el alto funcionario; usted, acucioso lector, juzgará lo siguiente: «En mi oficina soy juarista, pero en mi casa soy católico».

Ante esto hay que reflexionar. Estamos iniciando el tercer milenio, pleno de esperanzas para una mejor vivencia cívico-política, esto es, más democráticamente y con mayor libertad religiosa, al grado de que ciudadanos o funcionarios puedan vivir su credo religioso tanto en privado como en público, con respeto y sin intervenir en el área que no les corresponda, terminando así la nefasta época de practicar a escondidas la fe católica por parte de algunos funcionarios, como anotamos antes.

Sin embargo, no deja de haber por ahí dinosaurios que aconsejan diciendo a otras personas: «No dejen que los trague la Iglesia». Quieren volver a siglos pasados en pleno tercer milenio. ¿Usted qué opina?

EL OBSERVADOR 327-9

[SUMARIO] [SIGUIENTE] [INICIO]



SANTIDAD ABIERTA

Cuando suena el despertador
Por María Mora Esquivel

El sonido de un despertador inicia el ajetreo de un día normal: arreglo personal, desayuno en la mesa, orden en la casa, niños en la escuela, compras necesarias, compromiso del día, entretener al pequeño entre una cosa y la otra... Vida de familia. Trabajo dentro y fuera del hogar: esto que algunas mujeres consideran un agobio es para otras su materia de santificación.

El espíritu de santificación en la vida ordinaria, bien conocido por los primeros cristianos, irrumpió con nueva fortaleza el 2 de octubre de 1928, cuando el beato Josemaría Escrivá de Balaguer empezó a difundir lo que Dios le había hecho ver, y que es actualmente una realidad entre hombres y mujeres del mundo entero.

Para una persona del Opus Dei el trabajo de cada día va entrelazado con la intensa vida espiritual y las prácticas de piedad que todo buen cristiano realiza por amor: ofrecer las obras del día, asistencia a la Santa Misa, rezo del Angelus, el Santo Rosario, un examen de conciencia sencillo y concreto...

Las labores diarias se entrelazan en una unidad armoniosa en la que cada minuto cuenta. Así, aseguraba el fundador, «el trabajo se convierte en oración y la oración en trabajo». La vida en el Opus Dei va dando su fruto. Una constante y profunda formación doctrinal, una piedad sencilla y fuerte, una fe viva y eficaz. El trabajo como mujeres, madres, esposas y amigas es agradable a Dios. Las labores dentro y fuera de la casa se combinan de tal manera que al ejercer unas no se descuidan las otras. La vida humana en cualquier etapa es considerada un don para ser agradecido y defendido. Los hijos llenan hogares luminosos y alegres. Marido y mujer, sin miedo al futuro y a las cifras divorcistas, trabajan codo a codo y mano a mano, con igual dignidad y una maravillosa complementariedad de funciones.

La confianza en Dios, serena y fuerte, permite vivir con alegría en medio de las contrariedades que nunca faltan. Las horas se multiplican en una convivencia agradable, llena de servicio a los demás. A veces todo se reduce a una sonrisa cariñosa cuando desfallecen las fuerzas. Se vive un optimismo alegre que no tiene miedo a la vida ni miedo a la muerte. Contando con la gracia de Dios, la oración y el esfuerzo, para una mujer en el Opus Dei no hay imposibles.

«Cualquier labor realizada en la familia esconde una gran sabiduría. Porque el hogar y la familia no son un conjunto tedioso de tareas materiales menudas. Detrás de cada servicio se esconde un detalle de cariño. El hogar es la primera escuela de la vida, donde aprendemos a ser personas. Quien sabe vivir en familia, sabrá vivir en la sociedad. Y la mujer es como la clave del arco en la familia: gracias a ella todo se sostiene».

(Extracto de una entrevista sobre la mujer a monseñor Javier Echevarría, actual prelado del Opus Dei).

EL OBSERVADOR 327-10

[SUMARIO] [SIGUIENTE] [INICIO]


ALACENA
Sólo los individuos se pueden salvar o condenar

La escena tiene lugar en el infierno durante el banquete anual de la Academia de Entrenamiento de Tentadores para Jóvenes Diablos. El rector, doctor Slubgob, acaba de brindar a la salud de los convidados. Screwtape, el invitado de honor, se pone en pie para responder:

«Señor rector, su inminencia, sus desgracias, espinas, sombríos y gentiles diablos míos:

«Sería vano negar que las almas humanas, con cuya congoja nos hemos regalado esta noche, eran de bastante mala calidad. Ni siquiera el hábil arte culinario de nuestros atormentadores podría mejorar su insulsez. ¡Ay! ¡Quién pudiera hincarle de nuevo el diente a un Farinara, un Enrique VIII o incluso un Hitler! En todos ellos había algo crujiente, algo que masticar. Todos tenían una furia, un egoísmo y una crueldad sólo superadas por la nuestra propia. El tipo de almas con cuya desesperación y ruina nos hemos… no diré regalado, pero por lo menos nutrido esta noche, está aumentando en número y continuará haciéndolo. Los informes del Mando Inferior así lo aseguran, y nuestras directrices nos advierten que orientemos nuestras tácticas de acuerdo con esa situación. Los grandes pecadores, que dedicaron una inmensa energía de la voluntad a objetos aborrecidos por el Enemigo y cuyas intensas y geniales pasiones fueron fomentadas más allá de todo límite, no desaparecerán. Pero disminuirán considerablemente. Nuestras capturas serán cada vez más numerosas. Sin embargo, consistirán en desperdicios que, en otro tiempo, hubiéramos arrojado a Cerbero y a los perros de presa del infierno.

«Es un cambio a mejor. Los grandes (y suculentos) pecadores están hechos de la misma sustancia que esos horribles hombres llamados santos egregios. La desaparición virtual de un material así puede significar comida insípida para nosotros. Ahora bien, ¿no es absoluta frustración y hambre para el Enemigo? Él no creó a los humanos —no se hizo uno de ellos ni murió torturado en medio de los hombres— para producir candidatos para el limbo, humanos 'malogrados'. Él quería hacer santos, dioses, cosas semejantes a Él. ¿No es la insulsez de nuestra comida actual un precio muy pequeño por el delicioso conocimiento de que Su gran experimento no está dando resultado? Y no sólo eso. Conforme disminuyan los grandes pecadores y la mayoría pierda toda individualidad, los primeros se convertirán en agentes mucho más eficaces para nosotros. Cada dictador o demagogo –la mayoría de las estrellas de cine y de cantantes– podrá arrastrar ahora consigo decenas de miles de ovejas del rebaño humano. Se entregarán (lo que hay de ellos) a él, y a través de él a nosotros. Vendrá un tiempo seguramente en que, salvo esa minoría selecta, no tendremos necesidad de preocuparnos en absoluto de la tentación individual. Si atrapamos el cabestro, el rebaño entero vendrá tras él.

«La palabra con que deben tenerlos agarrados por las narices es 'democracia'. El buen trabajo realizado ya por nuestros expertos filólogos en la corrupción del lenguaje humano hace innecesario advertirles que no se les deberá permitir nunca dar a esta palabra un significado claro y definible. La verdad es que no lo harán. Nunca se les ocurrirá pensar que 'democracia' es en realidad el nombre de un sistema político, incluso de un sistema de votación, cuya conexión con lo que están intentando venderles es muy remota. Deben utilizar la palabra puramente como un conjuro, o si prefieren, por su poder de venta exclusivamente. Es un nombre que veneran. He recibido información fidedigna de que los jóvenes humanos reprimen un gusto incipiente por la música clásica o la buena literatura, porque eso podría impedirles ser como todo el mundo. Personas que desearían realmente ser honestas, castas o templadas —y a las que se les ha brindado la gracia que les permitiría serlo— lo rehúsan. Aceptarlo podría hacerlas diferentes, ofender el estilo de vida, excluírlos de la solidaridad, dificultar su integración en el grupo. Podrían —¡horror de los horrores!— convertirse en individuos.

«Conseguir la condenación de estas mezquinas almas, de criaturas que prácticamente han dejado de ser individuos, es un trabajo laborioso y difícil. Pero si se emplean la habilidad y el esfuerzo convenientes, pueden tener absoluta confianza en el resultado. Los grandes pecadores 'parecen' más fáciles de atrapar. Pero luego son imprevisibles. Después de haberlos dirigido durante setenta años, el Enemigo puede arrebatárnoslos de las garras en el septuagésimo primero. Los grandes pecadores son capaces, créanme, de auténtico arrepentimiento, pues son conscientes de su verdadera culpabilidad. Si las cosas se tuercen, están dispuestos a desafiar la presión social del entorno por amor al Enemigo como antes estuvieron a desafiarla por nosotros.

«El verdadero fin es la destrucción de los individuos. Sólo los individuos se pueden salvar o condenar, llegar a ser hijos del Enemigo o alimento nuestro. Para nosotros el valor último de las revoluciones, las guerras o el hambre consiste en la angustia, traición, odio, rabia y desesperación individuales que puedan originar».

C. S. Lewis, de «El diablo propone un brindis» (Editorial Rialp)

EL OBSERVADOR 327-11

[SUMARIO] [SIGUIENTE] [INICIO]


ORIENTACIÓN FAMILIAR

Dolor por el aborto que se provocó la hermana
Por Yusi Cervantes Leyzaola

Por Yusi Cervantes Leyzaola

Soy la mayor de mis hermanos (la segunda después de un bebé muerto), y siempre me he sentido con la responsabilidad de todos. Mis papás trabajaban mucho y nunca sentí que nos dieran atención oportuna a cada uno. Por problemas en casa yo busqué la salida falsa y me embaracé de un hombre con el cual me casé y con quien, pese a todo, hemos buscado los medios para crecer.

Hace poco me confesó una de mis hermanas que había abortado y me impacto mucho la noticia, tanto que me hizo retroceder y recordar que, cuando le confesé que yo estaba embarazada, me dijo que me apoyaba incondicionalmente y que lo tuviera, me casara o no. Me fue de mucho apoyo la comprensión no sólo de ella sino de todos mis hermanos, no así la de mi mamá, que se encargó de hacerme sentir culpable. A lo que voy es: ¿por qué me siento tan mal cuando pienso en mi hermana?, ¿por qué me siento tan culpable?, ¿por qué ella no confió en mí como cuando yo confié en ella?, ¿por qué fui tan ciega y no me di cuenta de que los síntomas y actitudes que tenía eran de un embarazo evidente?, ¿por qué me encerré en mis problemas y no me abrí a los de ella? ¿por qué no puedo sacarlo de mi mente? ¿por qué me siento mal cuando ella llega a hacer referencia a lo que le pasó? Fui en busca de mi sacerdote que en ocasiones me da terapia breve (una o dos sesiones, pues yo estuve cerca de 3 años en terapia por problemas de autoestima y de relación con los demás) y me dijo que quiero ser como Dios y resolver todo y hay cosas que no me corresponden; pero, ¿dónde queda mi culpabilidad y mi sentir? No puedo superarlo. De hecho, cuando en oración pido por ese bebé, siento que me desmorono. No he hablado de esto con nadie más, ni con mi esposo por respeto a la privacía de mi hermana; pero ¿qué puedo hacer para no sentirme así? A veces pienso que lo que ella hizo puede estar removiendo mi situación pasada y que posiblemente quise en mi inconsciente haber hecho lo mismo que ella para evitarme «problemas», aunque siempre he reprobado el aborto: no creo que sea una buena salida.

Muchas veces nacer después de un bebé muerto provoca ciertos problemas en las personas, especialmente si los padres no han vivido adecuadamente su duelo, si aún están deprimidos o si inconscientemente desean que el segundo hijo ocupe el lugar del primero. Todo esto repercute en el nuevo hijo, y entre los efectos que esto puede tener es que, de alguna manera, se sienta responsable de lo que ocurre en su familia y que cargue con culpas que no le corresponden. Si a esto le sumamos el haber quedado como hermana mayor, es lógico encontrar esta tendencia tuya a sentirte responsable por lo que pasa con tus hermanos menores.

Si esto es así, algo importante que tienes qué hacer es convencerte de que no estás en el lugar de nadie, sino en el tuyo propio; y de que no eres responsable de lo que ocurra con sus papás o sus hermanos, así como no lo eres de la muerte del primer bebé. Esto es fácil decirlo, pero requiere de todo un trabajo psicológico para llevarlo desde la mente al corazón.

Hay dos bebés muertos que han dejado su huella en ti. Y tal vez tus fantasías de culpa inconscientes por la muerte del primero están provocando parte de tus culpas por el segundo. Y sí, efectivamente, tal vez también sientes alguna culpa por haber deseado de algún modo, aunque sea por un instante, abortar tú misma a tu hijo (¿o hija?).

¿Por qué tu hermana no confió en ti, siendo que tú sí lo hiciste con ella? Sólo ella podría decírtelo, pero no creo que haya sido por desconfianza hacia ti, sino porque sus circunstancias eran distintas. Quizá había más vergüenza y más miedo; seguramente su carácter es distinto al tuyo; tal vez no contaba, como tú, con el apoyo del padre de su hijo… No lo sé, pero debes tener claro que fue su decisión, no la tuya —incluso en el aspecto de no contarte—. Sin embargo, hubo pistas que en ese momento no fuiste capaz de traducir. Cuando hagas oración por ese bebé, imagínalo en brazos de Jesús y pídele que te perdone por esa incapacidad tuya que te impidió protegerlo. Él te perdonará seguramente, como Dios te ha perdonado. Si puedes, haz esa oración junto a tu hermana y pídele perdón también a ella.

Lo que estoy tratando de decirte es que negar toda culpa para no caer en el extremo de culparnos en demasía no es el camino adecuado. Hay que procurar ver nuestras culpas en su tamaño real. Así que acepta tu parte y reconcíliate con quienes tienes que reconciliarte. Pero ten mucho cuidado con tu tentación de cargar con las culpas de los demás y de exagerar las tuyas propias. Eso tienes que evitarlo.

Por otro lado, es perfectamente normal sentir un dolor profundo por ese bebé muerto en el vientre de su madre. Toda vida humana nos atañe a todos, y más cuando es sangre de tu sangre, hijo de tu hermana. Murió tu sobrino, por supuesto que estás de duelo. Y hay que hacer lo que hacemos con todos nuestros muertos: orar por él —o ella, no lo sabemos— y ponerlo en manos de Dios.

Ponte tú también en manos de Dios; pon en ellas todos tus miedos y angustias.

EL OBSERVADOR 327-12

[SUMARIO] [INICIO]


PINCELADAS

La mejor semilla
Justo López Melús *

Había un agricultor que siempre conseguía el primer premio en la feria con su maíz. Llamaba la atención la costumbre que tenía de compartir sus mejores semillas de maíz con los demás agricultores que rodeaban sus campos. Los demás agricultores de la comarca estaban intrigados por aquella prueba de generosidad, ellos que guardaban celosamente sus semillas. No entendían que quisiera compartir con ellos el primer premio.

Por fin le preguntaron por qué lo hacía, y les contestó:
— Es por puro interés. Ustedes saben que el viento traslada el polen de unos campos a otros. Por eso, si mis vecinos cultivaran un maíz malo, mi propio maíz bajaría de calidad. Por eso quiero que sólo planten el mejor maíz.

Efectivamente, la calidad de vida de quienes conviven con nosotros repercute también en nuestra vida. Los hombres no son islas. Todo lo que hacemos o decimos influye mutuamente entre nosotros.
* El autor es Operario Diocesano en San José de Gracia de Querétaro.

(FIN)

EL OBSERVADOR 327-13

[SUMARIO] [INICIO]

 

 
De acuerdo con las normas internacionales de Propiedad Intelectual y Derechos de Autor, podrá reproducir parcial o totalmente la información, pero siempre citando nuestra fuente. La reproducción de los artículos y/o noticias firmados con Zenit.org-El Observador requieren permiso expreso de zenit.org
La publicación de algún artículo no implica compromiso. Los artículos firmados son responsabilidad del autor.
Los artículos publicados en esta Web son una selección de la edición impresa.
D.R. Clip Art de Querétaro, S. de R.L. de C.V. 1995-2006