El Observador de la Actualidad

 

Periodismo católico para la familia de hoy

4 de noviembre de 2001 No. 330

SUMARIO

bullet MENSAJE AL PUEBLO DE DIOS El obispo es el padre y el hermano de los pobres
bullet EN EL PRINCIPIO, LA PALABRA Una carta de san Francisco
bullet DESDE EL PERSONALISMO COMUNITARIO ¿De dónde viene el islam?
bullet Afganistán: respuestas de la Iglesia
bullet TEMAS DE HOY ENTREVISTA CON ROCCO BUTTIGLIONE
bullet ALACENA Yo no creo en esta guerra
bullet ORIENTACIÓN FAMILIAR Bebé celoso de su hermanita
bullet ORIENTACIÓN FAMILIAR No puedo ver a mi hija

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MENSAJE AL PUEBLO DE DIOS
El obispo es el padre y el hermano de los pobres
Por Jaime Septién / EL OBSERVADOR

ROMA.- Concluyó la Décima Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos, celebrada en la ciudad del Vaticano del 30 de septiembre al 27 de octubre. Los 280 participantes (230 hicieron uso de la palabra), representantes de las 162 conferencias episcopales que hay en el mundo y de los cuatro mil 390 obispos (dos mil 490 diocesanos; mil 49 titulares y 851 eméritos) enviados a evangelizar la Tierra, cerraron este maratónico encuentro, presidido en su totalidad por el Santo Padre Juan Pablo ll, con un mensaje dirigido al pueblo de Dios y con 67 proposiciones de consenso, de las cuales el Papa podrá (o no) hacer un documento de cara a profundizar en el papel del obispo en el siglo XXl.Trabajando mañana y tarde (excepto un día), los obispos del mundo, junto con los diez superiores de congregaciones religiosas, los once patriarcas y metropolitanos orientales, los 27 jefes de dicasterios romanos, los 16 expertos y los 23 auditores, han entregado lo que monseñor Marcello Semeraro, obispo de Oria (Italia), consideró como «un fruto maduro» en el que se trazan las líneas espirituales de la figura del obispo a la luz de la Palabra de Dios. «El obispo: servidor del Evangelio de Jesucristo para la esperanza del mundo», rezaba el título de la Asamblea. Y ha sido la esperanza («la pequeña niña de las virtudes», como la llamó Charles Pèguy) la palabra más nombrada de todas las que se pronunciaron a lo largo de las intervenciones de los padres sinodales y de los trabajos en los círculos de estudio o círculos menores que se formaron para redactar el mensaje y las propuestas.

EVALUAR EL MINISTERIO

El mensaje de los obispos hace referencia al hecho mismo de la Asamblea: poner en tela de juicio el ministerio de los obispos, para encontrar un mejor camino a la evangelización. Como los apóstoles con María en el Cenáculo, orando y trabajando, vinieron a Roma a reflexionar sobre su papel de difusores de la esperanza en un mundo cerrado al amor. Reunirse, conocerse, compartir. Esa es la raíz última de este acontecimiento fundamental en el inicio de la Iglesia del nuevo milenio. Tanto así que monseñor Estanislao Esteban Karlic, arzobispo de Paraná y presidente de la Conferencia Episcopal Argentina, lo calificó como «un hecho histórico», no tanto por lo que se dijo sino por la reunión misma, la única verdaderamente de paz en tiempos de odio y violencia como los que se viven hoy en nuestro mundo atribulado.

A la luz de la Pascua de Cristo, de su Pasión, Muerte y Resurrección, los obispos han releído la situación del mundo y lo que ellos pueden (y deben) hacer para transformarla en paz y bien. Y han visto que, aunque parezca triunfar en todos lados el mal, «la tierna misericordia de Dios» lo supera, si somos capaces de entenderlo a la luz de la fe y de encontrar, en el origen del pecado, el rechazo a obedecer a Dios, las tendencias a negarlo para favorecer una opción eminentemente humana.

El obispo debe llamar siempre hacia la conversión, encarando la verdad. Quizá por ello, y porque la guerra entre Occidente y el fundamentalismo islámico ha planeado todo el tiempo en los trabajos del Sínodo, lo cierto es que a la condena del terrorismo, los padres sinodales no han cerrado los ojos a las «estructuras de pecado» que asolan al mundo; sobre todo las estructuras de la pobreza y el desequilibrio (mil 200 millones de personas «viviendo» con menos de un dólar al día; 80% de la población viviendo con el 20% del total de los recursos planetarios). Por ello, demandaron un cambio de orden moral; un cambio que debe ser abastecido por la Doctrina Social de la Iglesia, ante la cual se comprometieron los obispos a que sea mejor conocida en sus Iglesias particulares.

A la lista de los horrores del presente, los obispos abren su corazón para confesar que lo que más los lastima como pastores es «el desprecio a la vida, desde su concepción hasta su término; y la disgregación de la familia». Agradecen a quienes, desde sus realidades temporales, impulsan la civilización del amor y apoyan al Papa en el sí rotundo a la vida y el no de la Iglesia al aborto y la eutanasia.

LAS SEMILLAS DE LA ESPERANZA

El arzobispo de Ranchi (India), monseñor Telesphore Placidus Toppo, fue sumamente enfático al señalar que este Sínodo iniciaba la revolución silenciosa de la Iglesia, movida por el Espíritu Santo, hacia la salvación de los hombres. Lo consideró un Sínodo profético, y, por tanto, al obispo como el instrumento del Espíritu Santo en la construcción del nuevo orden que requiere, que demanda, que grita el mundo de las guerras y la violencia.De ahí que el más grande (y grave) apartado del mensaje haya sido, justamente, el del papel profético del obispo, como servidor del Evangelio y de camino a la esperanza. Los padres sinodales han llamado, con absoluta precisión, a la santidad de todos, empezando por la de ellos, obispos y pastores, testimonios vivos de la presencia de Cristo. Pero han sido muy claros también al decir que todo llamado a la santidad debe partir de la experiencia de luchar contra la pobreza con un corazón de pobre. Abundante pero pobre. «El obispo es el padre y el hermano de los pobres», nos recuerdan en su mensaje, y se recuerdan a sí mismos, volviéndose misioneros.Tras hacer un llamado enérgico a la comunión y a la colegialidad, los obispos, fieles al concilio Vaticano ll (1962-1965), invitan a hacer de la unidad una experiencia de vida, un combate espiritual para —como se dice en Novo millenio ineunte— «hacer de la Iglesia la casa y la escuela de la comunión». Unificar no es uniformar, sino poner al servicio de todos la esperanza del Evangelio, para que «todos sean uno». El obispo, como ministro del Misterio, debe impulsar a los sacerdotes, a la vida consagrada y a los fieles laicos a renovarse en el amor de Cristo y a cumplir con el papel tan importante que juegan en la vida de la Iglesia. Finalmente, hacen un llamado a los responsables políticos y económicos del mundo a que recuerden que todo poder no tiene otro sentido que el servicio. Y a los jóvenes, «centinelas del mañana», que no se dejen reclutar por la violencia ni gangrenar por la corrupción, sino amen a Dios, estén unidos con sus obispos y sacerdotes y, con Jesús, se hagan portadores del cambio que el mundo reclama.

El mensaje concluye con un llamado por Jerusalén para que todos los hijos de Abraham encuentren en ella el respeto de sus derechos, y a María, nuestra esperanza, para que interceda —como Madre de la Esperanza— ante su Hijo y la fuerza del amor nos haga ser una sola familia: la familia del hombre.

EL OBSERVADOR 330-1

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EN EL PRINCIPIO, LA PALABRA

Una carta de san Francisco
Por Jaime Septién Crespo

ASIS.- La ciudad de Francisco me acoge con su enorme fuerza espiritual. Dan ganas de llamar hermanas a las piedras; hermanos a los japoneses, aun con su imperiosa manía de retratar gatos y cubos de basura. En una pequeña tienda de artesanías en madera, escucho el parte de la guerra. Y pienso en que ya no somos instrumentos de la paz y del bien. Nunca lo hemos sido, salvo Francisco, Clara, Benito, Catalina, Teresita, Brígida, Antonio, Edith...Voy, más tarde, a la «Porziuncola», la pequeña iglesita que Francisco reparó y que sirvió para la oración y la difusión de su Regla. Ahí, en la tienda de souvenirs, le compro a mi hijo los «Escritos» del santo de Asís.Al abrirlo, entre flashes de los japoneses, me sale al encuentro una bellísima carta del «pobrecito» a los políticos del mundo (después de evangelizar en Oriente al sultán Melek-el-Kámel y dialogar con él sobre la Verdad y la Ley).Primero, el santo les pide que consideren que el día de su muerte se aproxima, por lo que, no obstante el peso de su responsabilidad, no se olviden del Señor ni de sus mandamientos. Si lo hacen —por estar tan ocupados dando órdenes— será el Señor el que se olvide de ellos, y serán malditos.

Luego les recuerda una cosa que debe caerle a más de uno que yo me sé como patada en el hígado. Que mientras más alto hayan estado, más al fondo estarán en el infierno, si se olvidaron de Dios. Para salvarse está la Eucaristía. «Y, junto con el pueblo que les ha sido confiado, rindan al Señor tanto honor que todas las tardes a través de un pregonero o cualquier otra señal, se exhorte a todo el pueblo a tributar alabanzas y acciones de gracias al Señor Dios omnipotente». Eso les será tomado en cuenta el día del Juicio y serán benditos.Benditos porque llamarán a la civilización del amor; porque harán de los ciudadanos instrumentos de la paz. Para salvarse está la oración, la propagación del bien, el uso de los medios de comunicación para fomentar el respeto a la dignidad del otro, a su diferencia. Salgo de la basílica de Santa María de los Ángeles. Veo más japoneses fotografiando más cubos de basura. Y más gatos. Son mis hermanos, pienso. Y no me río de su pasmosa pretensión. Francisco no se rió de la oración de los musulmanes, antes bien se mostró conmovido. Y se lo dijo al sultán, quien le regaló un cuerno de marfil con el que el muezín cada tarde llama al pueblo a la oración. Ese cuerno está entre los objetos del santo que se pueden ver hoy; muy cerca de la capilla del Tránsito, donde Francisco encontró la muerte, es decir la vida eterna.

Ahí está el principio de la paz duradera: en que nos tomemos en serio los unos a los otros, como hijos del mismo Padre.

EL OBSERVADOR 330-2

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DESDE EL PERSONALISMO COMUNITARIO

¿De dónde viene el islam?
Por Carlos Díaz

«Islam» significa «sumisión». La designación adecuada para esta religión es islam (de ahí, por derivación, muslim, musulmán), término elegido por Mahoma para designar su religión, porque lo característico de una actitud piadosa es el sometimiento voluntario a Dios (Alá). Árabe es nombre de raza, pero no de religión, y, aunque la mayoría de los árabes sean musulmanes, no todos lo son; mahometano sí es ya definición religiosa, aunque irritante para los islámicos, que no dependen de Mahoma, sino de Alá (Dios).

Religiosidad arábiga preislámica.- El islam nace en la actual Arabia Saudí, una región apartada —desierta casi en su totalidad, similar a una isla de arena inhóspita, con lava y dunas azotadas por el viento—; en nada se parece a la Arabia del Sur, también llamada la Arabia feliz o Yemen, célebre gracias al recuerdo de la reina de Saba. La Arabia de los desiertos, que ocupa como cuatro veces Francia, parecía modesta comparada con sus ilustres vecinos: por un lado, el imperio bizantino cristiano; por otro lado, el imperio persa sasánida, en donde se practicaba la religión de los Magos.

Aquel desierto se ve atravesado por caravanas de dromedarios conducidas por tribus de duros beduinos nómadas, que subsisten gracias a numerosos oasis, con sus palmeras de dátiles, habitados por agricultores. Los mercaderes están organizados en clanes donde tener hijos varones es un honor, pues ellos constituyen la fuerza de la familia: guardianes de los rebaños y guerreros, contribuyen a la gloria de la tribu y, si es necesario, practican la razzia, el pillaje, dada la dificultad de sobrevivir.

Cada una de las tribus beduinas adora a sus dioses protectores, carentes de templos fijos y de imágenes debido al nomadismo, aunque les está consagrada una de las tiendas de campaña, y temen a la mala suerte por encima de todo, por eso se preocupan de no contrariar a los djiins, esos pequeños y astutos demonios que se suponen escondidos en todas partes, en el interior de los manantiales, en las piedras, en los árboles.

De todos los núcleos de población surgidos a modo de mercados o centros comerciales, puntos de descanso para las caravanas de Siria, Persia, Abisinia, Egipto y Extremo Oriente, La Meca, ciudad-encrucijada a mitad de camino entre Arabia del Sur y la Palestina bizantina, cuenta con el más importante santuario, la Kaaba (llamada Ka'aba por su forma cúbica, en uno de cuyos muros está empotrada la Piedra Negra, en principio blanca y devenida negra por los pecados de los muchos que la besan), confiado a las familias influyentes, cuyos cargos muy bien retribuidos se transmiten de padres a hijos.

Mahoma, el «sello de los profetas». En ese ambiente el profeta (nabi, enviado de Dios) Mahoma nace en La Meca hacia el 570 p.C. Huérfano de padre y madre a los seis años, recorre algunos países comerciando (entre ellos Siria, donde contacta muy débilmente con el judaísmo y el cristianismo), y finalmente casa con su patrona, la rica viuda Jadiya, quince años mayor que él, su única esposa mientras ella vivió (después de su muerte, tomaría nueve mujeres). De Jadiya, quien más animó a Mahoma durante las pruebas a que se vio sometido por causa de su vocación religiosa, tendrá siete hijos, tres que murieron de corta edad, y cuatro hijas, la más joven de las cuales, Fatima, se casaría con Alí, primo de Mahoma.

A los 40 años padece una crisis y sufre hastío del mundo, retirándose a una de las cuevas de las cercanías rocosas de La Meca. Mahoma era un monoteísta, contra lo habitual en el politeísmo de La Meca, y gustaba de retirarse frecuentemente a las cercanas cavernas del monte Hira, para entregarse a la oración. Es allí donde —según la tradición— se le aparece el arcángel Gabriel y le muestra un libro, ordenándole leer (Iqra'!, ¡Lee!). Mahoma se habría resistido varias veces, con la excusa de no saber leer; pero, tras la insistencia del arcángel Gabriel, puede leer sin dificultad la sagrada escritura (el Corán), situada en el cielo junto a Alá, viajando en cierta ocasión su alma (con un aire chamánico) a Jerusalén y al más allá.

Al comienzo sólo le creen su mujer, algunos amigos, gentes sencillas, y esclavos, provocando una creciente hostilidad en el resto, que al cabo de diez años desembocará en persecución por parte de los de su mismo clan encargados de cuidar la Kaaba, de los judíos, y de los comerciantes más poderosos, debiendo entonces huir a Medina (hégira) en el 622 d.C., ciudad situada a unos cien kilómetros de La Meca, fecha que se convertirá en el inicio de la era islámica.

Tras varios enfrentamientos con los habitantes de La Meca (622-630), Mahoma se apodera de su ciudad natal e inicia la guerra santa, muriendo en el 632 tras su visita a La Meca desde Medina, conocida como «peregrinación de la despedida». Cuando muere ya es tenido por último profeta.

EL OBSERVADOR 330-3

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Afganistán: respuestas de la Iglesia

«Afganistán no tiene necesidad de bombas, sino de hospitales»

Ésta es la opinión uno de los grandes expertos católicos del diálogo con el mundo musulmán y presidente de la Conferencia Episcopal de Nigeria y arzobispo de Abuja, John Onaiyekan, quien considera que el terrorismo internacional no se combate con la guerra armada.

«Sabemos muy bien que el rico occidente no está animado por un espíritu cristiano —añade—. Por tanto, no se trata de un enfrentamiento entre cristianismo e Islam. Más aún, si hablamos de cristianismo, quizás los cristianos deberían luchar contra este mundo occidental tan injusto».

«Los misiles bélicos con orientación codificada cuestan millones de dólares y se están lanzando ahora en el desierto. Con uno de ellos —finaliza— se pueden construir al menos 20 hospitales en Nigeria. ¿No es algo verdaderamente loco todo esto? ¿No sería más eficaz rodear y tomar a Osama Bin Laden construyendo decenas de hospitales en Afganistán, en lugar de descargar cientos de bombas en el desierto?».

Miles de niños afganos están en riesgo de morir de hambre

La situación es dramática para todos los refugiados afganos, sobre todo para los más pequeños. La ONU, en declaraciones de una de sus portavoces, Jean Ziegler, ha constatado que la ayuda que lanza EU en Afganistán es recogida por los milicianos afganos, de manera que «los estadounidenses están alimentando a los talibán».

El Alto Comisario de Naciones Unidas para los Refugiados pide que la comunidad internacional envíe fondos para solucionar el grave problema de la población afgana. La Unión Europea envió ya 25 millones de dólares, que era lo que restaba de una suma ya prometida (50 millones de dólares). Se trata de que la comunidad internacional comparta los gastos de esta emergencia con los Estados fronterizos con Afganistán (especialmente Paquistán) que han hecho ya enormes sacrificios.

Los abortistas hacen de las suyas entre las mujeres afganas

Como ha ocurrido últimamente en cada uno de los grandes desastres internacionales (incluido el de Estados Unidos), organizaciones anti-vida como la International Planned Parenthood Federation (IPPF) se aprovechan de la situación para el aborto. Pero también Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA ya inició una agresiva campaña de «salud reproductiva» contra las refugiadas afganas en Paquistán. Según denunció Steve Mosher, del Population Research Institute (PRI), el UNFPA ha anunciado el suministro de 4.5 millones de dólares para que las refugiadas afganas no conciban o, en el caso de hacerlo, aborten. Mosher manifestó que estas mujeres, al igual que sus demás compatriotas, necesitan agua, alimentos, medicinas, ropa y un techo donde cobijarse, «no que maten a sus hijos no nacidos». ¿Por qué el UNFPA desperdicia tanto dinero en procurar diezmar al pueblo afgano?, cuestionó el experto.

Católicos asisten a los refugiados en Paquistán

El obispo de Faisalabad, Paquistán, Mons. Joseph Coutts, informó que cada vez hay más católicos que asisten a los refugiados afganos que huyeron de su país.

El también director de Cáritas Paquistán señaló que para eliminar el terrorismo «se debe eliminar primero la pobreza a través de una mejor distribución de la riqueza del mundo».

Los cristianos de México también pueden ayudar

Aunque difícilmente sea posible viajar a Paquistán a auxiliar a los refugiados, o más todavía internarse en Afganistán para curar heridos, los cristianos de México pueden ayudar no sólo haciendo oración sino depositando donativos en la cuenta que la Iglesia ha destinado para favorecer a los afganos. Está a nombre de CÁRITAS MEXICANA, I.A.P., en BANAMEX: No. de cuenta: 540511 Suc. 870 No. Referencia: 338

EL OBSERVADOR 330-4

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TEMAS DE HOY

ENTREVISTA CON ROCCO BUTTIGLIONE
«Estamos llamados a radicalizar nuestra experiencia de la fe, en tiempos en que todas las cosas cambian»
Por Jaime Septién / EL OBSERVADOR


ROMA. En la Plaza de El Jesús, frente a la impresionante iglesia que guarda los restos de San Ignacio de Loyola y del mártir misionero jesuita San Francisco Javier, nos encontramos con el ministro italiano para los Asuntos Comunitarios, el pensador y filósofo Rocco Buttiglione. Su oficina particular se encuentra en la sede del renacimiento de la Democracia Cristiana, partido político que Buttiglione dirige, bajo la austera mirada de uno de los grandes políticos católicos de todos los tiempos: Alcide De Gasperi. Atento, relajado, agudísimo, el Ministro Buttiglione, amigo personal del Papa Juan Pablo ll, con quien colaboró en la encíclica que el Santo Padre publicó sobre el mundo del trabajo, platica sobre las cosas que hoy, en un mundo que se nos rompe a pedazos, hay que platicar: la familia, los valores, la identidad... He aquí la conversación con este periodista.

EL OBSERVADOR. ¿Cuál es el gran reto de la democracia tras los atentados del 11 de septiembre?

ROCCO BUTTIGLIONE. Creíamos que ser democrático significaba aceptarlo todo. Pero el hombre no puede vivir sin identidad, y los fundamentalismos son fenómenos de identidad. Frente al fundamentalismo nos damos cuenta que también nosotros tenemos una identidad, una identidad cristiana, en donde cada persona es responsable por sí misma, donde no hay una responsabilidad colectiva y no puedo matar a uno por la culpa de otro. Esta identidad es propia de los cristianos, pero no existe en todas las culturas, en muchas de las cuales lo que importa es la masa. Aunque seamos malos cristianos, somos cristianos. Frente al conflicto, no podemos olvidar nuestra raíz: el diálogo. Para resistir al Islam y dialogar con él, es necesario volver a nuestras raíces cristianas.

EO. ¿Cómo volver a esa raíz cristiana de Occidente? ¿No estará ya demasiado alejada de nuestra forma de vivir o de entender la vida?

RB. No se trata de una decisión voluntaria sino de sumergirse en un proceso histórico. Hemos vivido la etapa de la desacralización de los valores cristianos. Por ejemplo, la familia. Hubo una idea de que sin familia era posible vivir mejor. Y una generación lo intentó. Fue un fracaso: divorcios, hombres y mujeres aislados, infelicidad sexual, niños y viejos se quedaron solos. El resultado fue una sociedad de átomos, con un nivel muy alto de alineación. Ahora hay una nueva generación que se plantea las cosas de otra forma. Las mujeres que hoy tienen cincuenta años vienen de una generación que creyó que la liberación era ser como el varón, negándose a ser madres. Las que tienen 20 o 30 quieren trabajar, pero también ser madres, recuperar la identidad femenina. Entonces, hay condiciones para crear nuevamente familia, que es el lugar fundamental de crecimiento de la persona y de enraizamiento de los valores.

EO. ¿Deben, entonces, los estados y los gobiernos invertir más en fomentar las condiciones para que la familia pueda florecer?

RB. En el encuentro del sábado (20 de octubre de 2001), el Santo Padre subrayó que la familia es el núcleo de la cultura. La cultura es el cultivo de lo humano en el hombre, que comienza y tiene su lugar privilegiado en la familia. La familia tiene, entonces, una misión social, cultural y material. Los viejos viven del cuidado de los jóvenes. Si no hay jóvenes, no hay nadie que cuide a los viejos. Pensemos en el problema más grande que tienen los países occidentales: el problema de las pensiones. Si no hay jóvenes que trabajen, no hay impuestos para pagar las pensiones. Hoy es evidente que tener una familia es mejor que no tenerla. Y nacen políticas para la familia. Cuando con un salario vive un hombre solo, es casi rico. Pero cuando con el mismo salario viven 6 o 7 personas, son casi pobres. No es justo que paguen los mismos impuestos. Hay un problema fundamental de justicia fiscal en las familias. Si los jóvenes -cuando sean grandes-van a ser los que sustenten a las familias, no es justo que la educación de los jóvenes actualmente la soporten solamente las familias. La contribución a las familias a causa de su contribución social es un derecho que no siempre se toma en cuenta.

EO. ¿Podría profundizar en el tema de la educación, profesor Buttiglione? Me parece un tema fundamental...

RB. Y lo es. La familia tiene el derecho de educar a los hijos. Por lo mismo, la familia debe estar en el centro de la escuela. Tenemos, muchas veces, un sistema de escuelas que viven en contra de la familia y que intenta desenraizar de los jóvenes los valores que su familia les comunicó. La escuela tiene la función de ayudar a la familia en el proceso de la educación.

EO. Aparte tenemos el problema de los medios de comunicación...

RB. Es así. Estos medios hay que verlos como un grande factor de deseducación. El joven vive siempre un período de búsqueda de identidad, su problema es encontrar un camino para madurar. Hay siempre dos posibilidades: hacerse adulto a través del trabajo o elegir el camino de la satisfacción imaginaria, ilusoria. El sistema de los medios de comunicación entra en alianza con el segundo asunto, el de la satisfacción ilusoria. En la televisión vemos gente que no trabaja, es muy rica, gana mucho dinero, vive cambiando su compañera o su compañero cada mes, los más fieles, y no resulta nunca un drama personal. ¡Eso no es cierto! Y los jóvenes no tienen a nadie que los introduzca en la realidad auténtica de la vida: falta la educación.

EO. ¿Cómo hablarle hoy a los jóvenes de los valores?

RB. El problema no es hablarles de los valores. Platón decía que hay cosas tan hermosas que no se pueden comunicar por escrito, se escriben en las almas de los otros a través de con-vivir, vivir juntos. Hay cosas que solamente se aprenden viviendo con el otro. Por eso la familia es el centro del proyecto educativo, y nada puede sustituirla. Hay hijos que son más cultos que sus padres; hay gente que tiene muchas más cosas que decir, pero no hay nadie que viva con el niño como los padres. Así la cultura es, en primer lugar, la comunión de vida. Después, los hombres que penetran en nuestra vida y la cambian son aquellos que tienen la capacidad de vivir con nosotros. El educador verdadero es aquél que tiene amor por el otro y la capacidad de aceptar al otro en su propio corazón para engendrarlo -como dice el Papa-hacia la vida eterna.

EO. Toca usted al Papa, que, a mi juicio, encarna hoy como nadie en el mundo el valor testimonial...

RB. Tiene, evidentemente, un sentido que éste haya sido el primer Papa mártir desde el siglo cuarto. Antes era normal para los papas derramar su sangre en testimonio de la fe. Juan Pablo ll es el primer Papa que ha tenido que derramar su sangre en testimonio de la fe. Él mismo lo anticipó en un poema (1979) sobre san Estanislao, el obispo mártir de Cracovia: «lo que no pudo la palabra, quizá lo pueda hacer la sangre». El testimonio a través de la sangre es la forma más impactante, pero no se da sólo ni principalmente a través de la sangre, sino a través de la vida.

EO. ¿Cómo compaginar la política con la fe católica? Se lo pregunto porque usted es un político católico, y en México tenemos un gravísimo problema de identidad de nuestros políticos católicos...

RB. No es un problema de estrategia. De lo que verdaderamente se trata es de no tener miedo de ser lo que uno es. Hubo un tiempo en que predominaba la idea de que ser católico era sinónimo de no ser un hombre culto y, así, no poder ser un dirigente. Yo veo que el proceso del Siglo XX muestra que todas las interpretaciones de la historia contemporánea que tenían que orientar a la acción política fracasaron. La única que no fracasó fue la de la doctrina social cristiana.

EO. Tenemos derecho y obligación de ser lo que somos, es decir cristianos, estemos donde estemos...

RB. Sí. Mira, hay también un error en el que no debemos caer: querer que el católico sea un hombre sin pecado. Somos todos pecadores. El signo de la fe es la capacidad de vivir el drama de la vida y afirmar la Presencia de Dios no obstante nuestro pecado o aún a través de nuestro pecado. Cristo es el Salvador. Y lo que salva da un sentido a lo que vivimos. Desde este punto de vista, hay que mirar a los políticos católicos desde la moral y desde el drama. Hans Urs von Baltasar escribió un libro que llamó Teodramática. La fe es lo que nos permite vivir el drama del hombre, el ser verdaderamente hombres.

EO. Este drama, hoy, ¿no se ensancha por el problema de identidad de muchas personas por tener que estar, constantemente, cambiando de trabajo?

RB. El Santo Padre dice en su encíclica sobre este tema que no es el trabajo el que da valor al hombre, sino el hombre el que da valor al trabajo. Por lo tanto, no es el trabajo el que da identidad al hombre, sino que es el hombre quien da identidad al trabajo. Trabajamos para vivir, pero no solamente para vivir. Un poeta polaco decía: «cómo es amargo el pan si el trabajo por el pan es sólo por el pan». El destino del trabajo es la supervivencia del hombre, sí, pero también la belleza. La primera belleza es la de la mujer querida; la de los hijos. Lo que dona sentido al trabajo es el hombre que vive el trabajo como don de sí para los que ama. Podemos, entonces, vivir un tiempo como éste, en el que el trabajo cambia, dando sentido al trabajo y dando identidad al trabajo, ejerciendo nuestra identidad a través del trabajo.

EO. ¿Entonces, solamente la familia da identidad?

RB. No, porque entonces el hombre sin familia estaría perdido, lo que no es cierto. Jesús dice que Dios puede suscitar los hijos de Abraham también de las piedras. La vida de cada hombre está en las manos de Dios. A través de los encuentros de la vida, el hombre, por Gracia, recibe su identidad. Muchas veces a través de la familia, otras no. Dios puede crear encuentros que dan identidad.

EO. ¿A qué estamos hoy llamados los cristianos?

RB. A radicalizar la experiencia de la fe en tiempos en que todo cambia. Lo único que no cambia es la relación del hombre con Dios.

EO. Los obispos han hablado, en este Sínodo, de austeridad y pobreza evangélica. Incluso han pedido algunos que les quiten tanto título de su eminencia, su excelencia, su reverencia, para estar más ligeros de equipaje y poder ejercer su ministerio mejor... ¿No será ésta una muestra de que en todos los ámbitos hemos un poco, o un mucho, perdido la brújula sobre lo que somos?

RB. Creo que lo que falta en la Iglesia y en el mundo es, de verdad, el sentido del humor. El problema no es cómo te llame el mundo sino que cada quien sepa lo que es. Que cualquiera que sea el papel que tienes dentro de la historia, en el mundo, sepas que, al final, eres un hombre frente a su Dios. La identidad viene del reconocimiento del pecado frente a Dios que salva. Hay un ceremonial muy impactante que era el funeral de los emperadores de Austria. El cortejo funerario se iba a la Catedral de San Esteban, en Viena, y el Gran Chambelán tocaba a la puerta cerrada. El sacristán que estaba dentro preguntaba «¿quién es?», a lo que el Gran Chambelán respondía con el nombre y toda la larga colección de títulos nobiliarios del personaje. Volvía a suceder lo mismo por segunda vez. Y la puerta permanecía cerrada. Hasta que, a la tercera vez, a la pregunta del sacristán, el Gran Chambelán de la Corte respondía: «una pobre alma pecadora». Entonces se abría la puerta, y el cortejo funerario entraba a la Catedral... En la sociedad, en la historia, uno puede tener muchos papeles; lo importante es que no se nos olvide lo que cada uno es.

EL OBSERVADOR 330-5

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ALACENA

Yo no creo en esta guerra
Por Rolando García Alonso

Si Salvador Dalí hubiera pintado en Afganistán, sus cuadros no serían catalogados como surrealistas sino como hiperrealistas. Si Franz Kafka hubiera escrito en Afganistán, sus novelas hubieran sido costumbristas. ¿Cuándo en la historia habíamos visto que se lanzaran despensas pletóricas de mantequilla de cacahuate al mismo tiempo que se acompañan de misiles y de bombas?

Sigo repasando en mi memoria, pero poniendo de lado la expedición punitiva del general John Pershing en México en 1916, con el fin de atrapar a Pancho Villa, no puedo encontrar ningún otro ejemplo de guerra de un Estado en contra de una sola persona.

Tengo centenares de ejemplos de guerras entre Estados. Conozco algunos casos de guerras entre un Estado y una raza, como la de la Alemania de Hitler, o actualmente Turquía e Irak en contra de los kurdos; e incluso existen guerras entre un país y una religión, como en la época de Felipe II de España. Pero ver cómo las energías del país más poderoso del mundo y de la mayor coalición que se ha armado en la historia se dirigen en contra de un hombre que dirige a una organización, es algo nunca antes visto.

Yo no creo en esta guerra iniciada el pasado 7 de octubre. Por más título pomposo que tenga, "Libertad duradera" o "Justicia implacable", esta operación bélica es una respuesta parcial a una realidad con muchas más aristas que las que se pretenden atacar. De hecho, la parcialidad de esta solución ya está dando pruebas de su ineficacia.

Buenos analistas europeos han señalado que los Estados Unidos requieren delimitar y reducir sus objetivos con el único fin de conservar la más amplia coalición de países de su lado. El privilegio de esta supuesta unión mundial ha tenido un costo enorme, tanto desde el punto de vista económico, como desde el punto de vista político.

En efecto, con el fin de que países como Paquistán, Uzbequistán, Tadjiquistán, Arabia Saudita, entre otros, apoyen la política estadounidense, tuvieron que olvidarse sus credenciales antidemocráticas y su realidad política que afrenta los derechos humanos de sus ciudadanos.

De una coalición tan disímbola, dispuesta a pagar costos tan elevados en cuestiones de derechos humanos, es difícil que pueda conseguirse algo bueno.

Los estadounidenses consideraron esencial darle un rostro a su enemigo. La principal fuerza del terror es carecer de rostro. Quizá logren acabar con el tal Osama Bin Laden y algunos cientos de sus seguidores, miles a lo mejor. Sin embargo, mañana nos enfrentaremos con un Osamita que seguirá avanzando en la misión sagrada que su maestro le enseñó.

Yo no creo en esta guerra porque simplemente no se dirige a las causas por las que nació un Bin Laden. El verdadero rostro del enemigo a vencer era precisamente el caldo de cultivo que representa todo territorio en donde el desarrollo simplemente no está a la orden del día; en donde los derechos humanos son pisoteados impunemente; en donde no hay instituciones; en donde la gente muere de hambre ante el olvido de la opinión mundial. Y eso era Afganistán. Y eso es Somalia, y eso es Eritrea, y eso es...

Hicimos más escándalo por unas estatuas de arena que dinamitaron hace algunos meses nuestros amigos talibanes, y poco o nada hicimos cuando sabíamos cómo eran tratadas sus mujeres. Éste y no el rostro de Bin Laden era el enemigo a vencer.

Me parece tan ilógico y fuera de cualquier explicación racional una guerra que costará más cara que lo que produce Afganistán como Producto Interno Bruto en un año. Sólo como dato, este país produce 20 mil millones de dólares al año. México produce 880 mil millones de dólares, es decir, 44 veces más.

Lo único que me queda claro ahora es que si se invirtiera en proyectos de desarrollo en Afganistán lo que se va a gastar en misiles y en destrucción no habría régimen talibán ni organización terrorista que resistiera a estos cañonazos.

No voy a engrosar las filas de las crecientes marchas pacifistas. Siento que su propuesta es no tener propuesta. Los ataques terroristas de' septiembre nos mostraron que hay un verdadero problema que exige una solución sin tardanza.

Se ha escogido una solución equivocada. No se está sembrando el terreno para el diálogo entre civilizaciones, que era a mi entender la única salida.

De esta guerra saldremos aún más divididos e incomprendidos. De ella no saldrá un mundo libre de los peligros que la originaron. Pero siempre hay tiempo para un nuevo inicio.

EL OBSERVADOR 330-6

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ORIENTACIÓN FAMILIAR

Bebé celoso de su hermanita
Por Yusi Cervantes


Mi pequeñín de dos años es muy inquieto, lo cual yo considero que es normal; sin embargo, mi esposa y yo creemos que a veces se porta agresivo porque considera una intrusa a su hermanita de 10 meses (él le lleva 17 meses). Es raro que él deje que su hermanita tome los juguetes de él y cuando no lo vemos le pega. Por fortuna, la frecuencia de estos sucesos va disminuyendo, pero hay ocasiones en que hace muchos berrinches, y al no hallar la causa nos sentimos impotentes. Lo amamos con toda el alma; inclusive, tal vez hasta lo consentimos en exceso, literalmente. Él muchas veces se golpea a sí mismo cuando le llamamos la atención por algo. Por supuesto, sus golpes serán 2 ó 3 a lo sumo, pero no es nada agradable que él sólo se dañe. Por otra parte, nosotros en ocasiones sí le pegamos, sobre todo si le pega a su hermanita, pero JAMÁS le damos más de una nalgada (sobre el pañal, pero fuerte), cuando mucho 2 nalgadas o hasta 2 fuertes manazos. Mi esposa y yo llevamos un matrimonio normal, es decir, donde la frecuencia y intensidad de los altercados es más bien baja, y guardando los lineamientos de respeto. Mi pregunta es: ¿Cómo podemos reprenderlo sin llegar a pegarle, si es posible?

Respuesta:

Efectivamente, es una intrusa. Le ha quitado su lugar de único hijo, ocupa mucha de la atención que antes le pertenecía exclusivamente a él. No es fácil para un niño aceptar una situación así. Pero ustedes pueden ayudarlo a superar este difícil trance. Denle, además de mucho amor, como han hecho hasta ahora, tiempo exclusivamente para él. Que alguna vez les oiga decir: "Tu hermanita puede esperar, ahora estoy contigo" (obviamente no cuando la hermanita esté llorando o tenga una urgencia). Háganlo participar en la atención a la hermanita (por ejemplo: "Ven, ayúdame a enjabonarle la espalda" o "¿Me quieres ayudar a escoger la ropa que le vamos a poner?"), pero no lo hagan responsable de su cuidado.

Todos esos mensajes de que no hagas ruido porque despiertas a tu hermanita, no juegues porque tienes que cuidar a tu hermanita, préstale tus juguetes porque está chiquita y, tal vez dentro de unos años, pórtate bien para que le des buen ejemplo a tu hermanita, pueden provocar una idea: todo sería mucho mejor si no estuviera mi hermanita.

Cierto, tener una hermanita tiene muchas desventajas, pero ustedes pueden ayudar a su hijo a ir descubriendo la parte positiva, que es mucho mayor. Ella puede ser su mejor amiga, su compañera de juegos, su cómplice en las travesuras… Claro que esto el niño todavía no lo sabe, pero lo va a ir descubriendo. Déjenlo jugar con ella, vigilándolos, claro. Respecto a los juguetes, estimulen que los preste, pero no lo obliguen: mejor convénzanlo. Y no se olviden de que el niño es todavía un bebé, que necesita ser abrazado, apapachado, cargado…

Me dice que está muy consentido y que hace berrinches. Está bien quererlo mucho, pero tendrán que dejar de consentirlo tanto. El niño necesita tener límites claros, y ustedes, firmeza y paciencia para marcarlos. Que no logre hacerles perder la calma. Si hace berrinche, déjenlo hacerlo hasta que descubra que no sirve para nada. Pero si comienza a pegarse a sí mismo, ofrézcanle un cojín para que golpee, y si esto no resulta, sujétenlo firmemente. Es importante que escuchen lo que el niño tenga que decir, aunque les parezca ilógico o excesivo, para que luego puedan ayudar al niño a reubicar sus ideas y sentimientos. Claro, hace falta esperar a que el niño se calme para que lo exprese. Ustedes pueden ayudarle. Si le dicen: "Quiero saber qué te pasa, pero así no te entiendo", él ira descubriendo que es mejor calmarse para ser escuchado.

Sería muy conveniente que tomaran ustedes un curso para padres, si es posible o, mejor aún, en forma paralela, que lean libros y revistas sobre la educación de los hijos en las distintas etapas. Esto les ayudaría mucho.

EL OBSERVADOR 330-7

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ORIENTACIÓN FAMILIAR

No puedo ver a mi hija
Por Yusi Cervantes

Por Yusi Cervantes


Siempre me he considerado ser una gente buena; asimismo, las personas que me rodean así lo consideran. Me enamoré de una mujer cuando tenia 17 años. Desde entonces le pedí que fuera mi novia, pero ella no quería, sólo me consideraba como amigo, ya que ella tenia un novio que amaba y que la hacia sufrir mucho. Así estuvimos muchos años hasta que me aceptó como novio, pero ella me trataba muy mal y decidí terminar esa relación después de tres meses. El destino nos unió un año después: nos hicimos novios nuevamente. Era muy claro que ella no me amaba, pero se sentía vieja y enferma, así que yo pensaba que mi amor la haría cambiar y se podría enamorar de mí. Nos casamos, y desde ahí vino mi martirio. No me trataba bien, me despreciaba a diario, yo le traía muchos obsequios y detalles ya que todo el día estaba pensando en ella. Su arma mas poderosa era dejarme de hablar por días, semanas e incluso por meses; así era más el tiempo que no me hablaba del que me hablaba.
Pasaron los años y, gracias a Dios, sus operaciones surtieron efecto y pudo ser fértil. Cuando que yo le pedía que primero arregláramos lo nuestro y luego traer familia, ella desesperadamente buscaba el embarazo y lo logró. Fue entonces que le pedí que con mucho amor y cariño recibiéramos a esa hija nuestra; pero más me despreció, me dejó de hablar todo el embarazo y, una vez naciendo mi hijita, no me dejaba cargarla, bañarla, cantarle ni salir con ella. No permitía que la visitaran por parte de mi familia, sólo su familia podía hacerlo. Ella me llegó a golpear. A los seis meses de edad de mi pequeña, se fue de la casa, se robó todo lo existente en ella, pero principalmente se llevó a mi hijita, a quien quiero tanto, e interpuso papeles legales en los que no puedo ver a mi hijita, aun cuando yo doy mucho dinero al mes para su manutención. Como medida temporal sólo la puedo ver los sábados 3 horas en un cuarto serrado de 3X3 y con vigilancia de psicólogas. Yo amo a mi bebé; me estoy perdiendo todas las etapas de su crecimiento, y me duele hasta el alma. ¿Que debo hacer?


Respuesta:

Para que una relación sea buena y plena necesita haber amor de parte de los dos. No basta con el amor de uno solo para que el matrimonio funcione, y nadie cambia nada más porque se casó y otra persona lo ama.

El enamoramiento debe ser antes del matrimonio, rara vez ocurre después. Ya te diste cuenta de eso, desgraciadamente con un costo muy alto.

No dices los argumentos que ella pone para que no veas a la niña. Si hay algo real en ellos, debes procurar cambiar. Pero tal vez lo que hace falta aquí es un abogado. Un juez es el encargado de decidir estos asuntos, y tú debes prepararte, estar bien preparado.

Para dar una opinión adecuada, haría falta escucharla a ella, por supuesto. Tú trata de escuchar sus quejas y sus críticas, porque es probable que de ello puedas tú lograr un crecimiento personal. Seguramente también tú has tenido fallas.

Trata tú de ser el mejor padre posible. Tal vez dentro de un tiempo esto no sea para ti más que una pesadilla y podrás estar pasando mucho tiempo con tu hija.

EL OBSERVADOR 330-8

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