El Observador de la Actualidad

 

Periodismo católico para la familia de hoy

23 de diciembre de 2001 No. 337

SUMARIO

bullet La hoja en blanco
bullet EN EL PRINCIPIO, LA PALABRA ¡Esta belleza salva!
bullet EL RINCÓN DEL PAPA Navidad es la fiesta de la vida
bullet ¿USTED QUÉ OPINA? Nuestro saludo navideño desde la pobreza de Belén
bullet MATRIMONIOS CATÓLICOS DEL s. XXI Nos invaden los ancianos...
bullet REPORTAJE La primera Navidad no fue en diciembre
bullet No hubo rueda de prensa, sólo silencio ante el Portal
bullet CRÍTICA DE MEDIOS DE COMUNICACIÓN Algo sobre la mentira en tiempos de guerra
bullet PANTALLA CHICA Tu casita de Navidad
bullet AL PASO DE DIOS Nace el Hombre
bullet DESDE EL CENTRO DE AMÉRICA Para vivir la Navidad
bullet BiendeZires de lo encarnado
bullet INTIMIDADES -LOS JÓVENES NOS CUENTAN- ¿Amiga o novia?
bullet PINCELADAS Bocadillos y leche caliente

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La hoja en blanco
Por Rolando García Alonso

Lo que más ha golpeado nuestra mirada en el año que venimos terminando está originado en lo que llamaría el mal evitable, el mal que no tiene razón de ser, el mal que por esta causa resulta más incomprensible y doloroso.

«¿Hemos de perder nuestro tiempo o, mejor dicho, nuestra eternidad, por conservar en la memoria lo que sucede en el tiempo? Mejor haríamos en acordarnos del ser. El ser no pasa. Lo que pasa no es. Sólo parece».

Estas palabras del pensador italiano Lanza del Vasto me suenan un poco alejadas de la realidad. Sobre todo cuando sé que del otro lado del mundo, mientras duermo, están pasando cosas que suceden en el tiempo y que sí son.

¿Son o no son? Hace unos días vi una de las películas que más me ha impresionado en mi vida: «Kandahar». De producción iraní, esta película habla de la condición de la mujer bajo el régimen talibán. Los azares del destino quisieron que llevara por título el nombre de la ciudad que meses después vería la caída del hombre fuerte del régimen: el mollah Omar.

En esta película se explica que las mujeres, sepultadas bajo su velo inexpugnable que deja entrever la existencia de unos ojos que miran, son llamadas «cabezas negras», para mejor significar que no existen, que no son.

¿Son o no son? No muy lejos, en lo que fuera antes desierto y hoy son campos agrícolas exitosos, dos pueblos han escogido al odio como camino, como destino... como tumba. Puedo predecir, casi sin equivocarme, que mañana abriré un periódico y veré junto a la foto de una procesión llevando en hombros al último palestino muerto en la Intifada, otra imagen del entierro de algún joven judío llorado fuerte por sus familiares y amigos. Hoy son, mañana ya no.

¿Son o no son? Y releo entonces a Lanza del Vasto deteniéndome en su frase « lo que pasa no es. Sólo parece», y me rehuso a creer que lo que veo son solamente apariencias. Porque tan real es una vida que cae como una que permanece, feliz o infelizmente, para seguir viviendo.

La esperanza es ganar la paz

Yo creo que el mal que vemos en el mundo cae en dos categorías: el mal evitable y el mal inevitable. Ésta no es una idea mía, pues la escuché antes de Carlos Castillo Peraza. Lo que más ha golpeado nuestra mirada en el año que venimos terminando está originado en lo que llamaría el mal evitable, el mal que no tiene razón de ser, el mal que por esta causa resulta más incomprensible y doloroso.

El mensaje que escuchamos durante el Adviento es un mensaje de esperanza, no de espera vana en un dios sin rostro, como dijo el Papa el 2 de diciembre pasado, sino fe concreta y cierta en Aquél que ya nos ha visitado. La esperanza nos dice claramente de que no se trata de combatir para conseguir la victoria sobre el enemigo, sino de vencer la enemistad y ganar la paz.

Pienso que cada hombre y mujer pueden colaborar con su granito de arena en evitar el mal evitable. Eso siempre está al alcance de nuestro mano. Ni el odio es camino seguro ni la ignorancia de la dignidad de las personas. Ni la humillación del vencido ni el olvido de las razones del otro.

Cada día, cada año, son una hoja en blanco que se nos presenta enfrente. Escribe lo que quieras que suceda. Y sucederá.

EL OBSERVADOR 337-1

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EN EL PRINCIPIO, LA PALABRA

¡Esta belleza salva!
Por Jaime Septién Crespo

La fiesta de la misericordia de Dios. Tiempo de gracia. La Navidad nos hace niños, pone alas a la inocencia y razones a la fe. Bastaría mirarla de frente para convertir nuestro corazón y volcarlo en amor a los demás.

Porque se trata de la fiesta de la encarnación divina. Del infinito amor de Dios por su criatura. La respuesta humana ante tanta grandeza es el amor, la reconciliación, el perdón y la renuncia.

Ésta última es importante. Navidad es la renuncia infinita de un Dios que, por el amor al hombre, se hace pobre entre los pobres. Austeridad, ausencia de adornos, de cursilerías. Su presencia en el pesebre es un dardo en el exacto centro de nuestra época, ahogada en cada uno de nosotros por el consumo, por el placer y por el prestigio.

Llenarnos del otro y no llenarnos de la nada que son los objetos, las mercancías del mundo, los recados de una sociedad que ha puesto en la cima la sima, en el pico el fondo, en la cumbre el abismo.

Como ha escrito el cardenal Martini: "No somos soñadores, sino creyentes: hemos decidido acoger al Espíritu de Dios para vivir según la palabra de Jesús y damos testimonio de que esta vida es bella y de que esta belleza salva".

¿Existe, por ventura, alguna belleza más grande que la de Jesús en medio del frío de la noche, arropado por la vaharada de las bestias, el estupor de sus padres, la emoción de los pastores, las estrellas y el aleluya de los ángeles? No, no somos soñadores. Hemos sido salvados. Ésa es la diferencia. Nuestra diferencia.

EL OBSERVADOR 337-2

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EL RINCÓN DEL PAPA
Navidad es la fiesta de la vida

Celebramos (...) el misterio de Belén, el misterio de una noche singular que, en cierto sentido, está en el tiempo y más allá del tiempo. En el seno de la Virgen ha nacido un Niño, un pesebre ha sido cuna por la Vida inmortal.

Navidad es la fiesta de la vida, porque Tú, Jesús, viniendo a la luz como todos nosotros, has bendecido la hora del nacimiento: una hora que simbólicamente representa el misterio de la existencia humana, uniendo el padecimiento del parto a la esperanza, el dolor a la alegría. Todo esto ha ocurrido en Belén: una Madre ha dado a luz; «ha nacido un hombre en el mundo» (Jn 16,21), el Hijo del hombre. ¡Misterio de Belén!

El Verbo llora en un pesebre. Se llama a Jesús, que significa «Dios salva», «porque él salvará a su pueblo de sus pecados» (Mt 1, 21).

No es un palacio real donde nace el Redentor, destinado a establecer el Reino eterno y universal. Nace en un establo y, viniendo entre nosotros, enciende en el mundo el fuego del amor de Dios (cfr. Lc 12, 49). Este fuego no se apagará jamás.

¡Que este fuego arda en los corazones como llama de caridad efectiva, que se haga acogida y sostén para muchos hermanos aquejados por la necesidad y el sufrimiento!

Señor Jesús, que contemplamos en la pobreza de Belén, haznos testigos de tu amor, de aquel amor que te ha llevado a despojarte de la gloria divina, para venir a nacer entre los hombres y a morir por nosotros.

Haz que la luz de esta noche, más resplandeciente que el día, se proyecte sobre el futuro y oriente los pasos de la humanidad por los caminos de la paz.

(De la Homilía de Juan Pablo II para la Misa de nochebuena del año 2000)

EL OBSERVADOR 337-3

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¿USTED QUÉ OPINA?

Nuestro saludo navideño desde la pobreza de Belén
Genaro Alamilla Arteaga



Esta celebración navideña -primera del III milenio- no será como algunas del pasado porque la presente tiene muchos nubarrones, pero queríamos pensar que sería más auténtica por ser imagen de la pobreza en lo que se realizó por primera vez en Belén. Pero no, porque la pobreza de Belén fue virtud, ejemplo y lección y la que hoy viven 43 millones de hermano nuestros -sólo en nuestro México- es fruto de la injusticia, el egoísmo y la prepotencia de otro hermanos nuestros.

Saludamos a tantos hermanos, amigos y reconocidos lectores que tienen la virtud de leernos en esta Navidad, en un marco no sólo de injusticia sino de corrupción generalizada casi en todos los estratos sociales, de inseguridad, de violación de los derechos humanos; nuestro saludo navideño va enmarcado en la cultura del sexo y de la muerte, y sellado con la adicción a toda clase de drogas que enervan a nuestra niñez y juventud.

Esta Navidad la hubiéramos querido iluminada por la fraternidad y la concordia, por la solidaridad y respeto a los derechos de la persona; una Navidad en el marco de la justicia, de la paz, de la cultura de la vida y del amor.

Pero el hombre de hoy ha querido realizarse en el bienestar con el alarde de su técnica sofisticada que ha creado y la ciencia que ha invadido terrenos de la moral creyendo que todo lo que se puede hacer es moralmente bueno cuando técnica y ciencia de hoy lo conducen a la muerte.

Sí, hay nubarrones de bancarrota moral que empañan la celebración navideña pero precisamente Navidad es luz potente que disipa todas las tinieblas del mal y es grito potente cuyo eco resuena en todos los siglos: "Abran de par en par las puertas a Cristo: las puertas de la cultura, de la economía, de la política, de la familia y de la vida personal y social, no hay otro nombre por el que debamos salvarnos, sino el del Redentor del hombre", como dijera el Papa Juan Pablo II.

Sí, con esta fe y esperanza enviamos nuestro saludo navideño. Fe y esperanza en que el hombre de hoy logrará al fin superar los nubarrones del mal que lo han desviado del bien. ¡FELIZ NAVIDAD! ¿Usted qué opina?

Comentarios o sugerencias a gealar@hotmail.com

EL OBSERVADOR 337-4

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MATRIMONIOS CATÓLICOS DEL s. XXI

Nos invaden los ancianos...
Por el P. Ignacio Díaz de León, M. Sp. S.


La noticia fue, en verdad, impresionante. Apareció sólo hace unos días. Un anciano, en una ciudad de Estados Unidos, compró un revólver y asaltó un banco. Luego se entregó a la policía. Quiso cometer ese delito de orden federal porque así sería arrestado y pasaría a vivir en una prisión sus últimos días.

Esto nos hace pensar en el pavor con el que la mayoría de los ancianos ven venir esos años en los que prácticamente ya no son nadie ni nada. Sobre todo cuando a la vejez se añade la viudez y los achaques típicos de esa edad. ¿A quién le hacen falta? ¿Para que están en un mundo de aislamiento y de marginación? ¿Con quién dialogar? ¿Quién gusta de escucharlos? Casi todos sus contemporáneos, sus amigos, han muerto. Las nuevas generaciones: los hijos y los nietos les hablan en otro idioma, tienen otros intereses. El asilo los aterra; ahí pierden toda libertad. En casa del hijo o de la nuera causan compasión y reciben malos modos. ¿A dónde ir?

Ellos se dan cuenta de la disminución de sus facultades; el alcance de la vista es menor; asoma la sordera; el olfato, el gusto y el tacto se embotan. Los centros nerviosos de la sensibilidad son menos receptivos. Se fatigan más rápidamente; disminuye su capacidad de atención. La inteligencia causa un déficit, como se nota a las claras en la conversación; los viejos cambian de tema sin conexiones lógicas.

Dice el doctor José Ma. Forcada Casanova: «Da la impresión, al tratar con los ancianos, de que nos encontramos frente a unos seres que han sido vencidos por el tiempo, cuando en realidad son los vencedores del tiempo. Esto es frecuente. Si en la arquitectura y la decoración moderna los objetos, sean cuadros, esculturas, muebles antiguos se valoran tanto, cuánto más debe valorarse a una persona antigua, anciana».

Muchos pueblos africanos desean tener un anciano en la casa; es un triunfador, vencedor del tiempo, un libro viviente.

Nos ha llegado la comunicación de una iniciativa: DIVE: Dignificacion de la Vejez, A. C., consiste en la valoración practica de la ancianidad y de sus autenticas virtudes: su sabiduría, su experiencia, su madurez humana. Esta obra pretende educar a los jóvenes para la vejez. Espera que un día haya auténticos viejos: virtuosos, sabios, hombres de espíritu, iluminados, contentos y felices de ser viejos. Esto es muy bueno, pero suena, ante la cruda realidad de los ancianos, a optimismo ingenuo. Serán estériles todos los esfuerzos si, por otra parte, no se promueve entre las generaciones de los hijos y de los nietos un real espíritu de caridad y de solicitud por los viejos.

En nuestra sociedad ha subido el índice de longevidad. El promedio es de 70 años para los hombres y de 78 años para las mujeres. Ahora tenemos entre nosotros un mayor numero de ancianos que antes. Los asilos de ancianos no tienen vacantes. Me contaron que el Asilo de las Vicentinas tiene 250 ancianos en su lista de espera; pero así están también los demás asilos de la ciudad de México.

La gran mayoría de nuestros queridos viejitos tienen que permanecer, en casa, con nosotros. Y es saludable pensar que no pasarán muchos años cuando también nosotros nos vamos a incorporar -¡si tenemos suerte!- a ese venerable gremio. No hay alternativa.

Si, por otra parte se piensa que la solicitud, la paciencia y la abnegación a favor de los ancianos es de las pruebas más válidas de la caridad cristiana, ¿no estaría bien que revisáramos nuestro comportamiento con ellos?

Si deseas comunicarte con el P. Díaz de León, lo puedes hacer por medio de la siguiente dirección de Internet: "Ignacio Díaz de León" rodobooks@yahoo.com

EL OBSERVADOR 337-5

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REPORTAJE
La primera Navidad no fue en diciembre

Es de sobras conocido que Jesucristo no nació el 25 de diciembre. La fecha exacta de la Natividad ha sido un tema de debate desde los primeros siglos D de C. Para entender mejor la cronología, hay que entender cómo empezamos a usar el calendario actual.


Es de sobras conocido que Jesucristo no nació el 25 de diciembre. La fecha exacta de la Natividad ha sido un tema de debate desde los primeros siglos D de C. Para entender mejor la cronología, hay que entender cómo empezamos a usar el calendario actual.

En los tiempos de Jesús, el calendario común a la mayoría de los países era el calendario romano. El calendario romano se basaba en los años transcurridos ad urbe condita o desde la fundación de Roma. Según el calendario cristiano moderno, Roma se fundó en el año 753 antes de Cristo. Con la caída de Roma a principios del siglo quinto, el calendario romano dejó de ser la forma natural de calcular la fecha para la mayoría de los pueblos del mundo civilizado.

El error en el año del nacimiento de Cristo

El calendario cristiano data de aproximadamente un siglo después de la caída de Roma. La fecha y el año de Navidad fueron puestos por Dionisio Exiguus en el año 525 después de Cristo.

Dionisio decidió basar su nuevo calendario en la fecha de la Natividad. El único problema para Dionisio fue que él tampoco sabía de antemano cuándo había nacido Jesús y, por tanto, tenía que escoger una fecha mediante un proceso de cálculo. Se apoyó en la historia romana para calcular el año. Lo que hizo fue sumar los reinados de los emperadores de Roma hacia atrás en el tiempo.

El método es infalible si se aplica correctamente. Dionisio lo hizo mal. Cesar Augusto, emperador durante la Natividad, reinó cuatro años bajo su nombre propio de «Octavio», un dato que Dionisio olvidó. Por tanto, si fiamos que Dionisio no cometió ningún error más, Jesús nació en el año 4 A. C.

La elección del 25 de diciembre

La fecha de Navidad, el 25 de diciembre, tiene una larga historia. Parece ser que la fecha se ha utilizado desde aproximadamente 336 D.C., o sea, dos siglos antes de Dionisio.

La razón por escoger esta fecha fue muy sencilla: era la fecha tradicional de la fiesta invernal pagana. Hasta en la era de los romanos la fiesta tenia mucha antigüedad, siendo una celebración celta. Esta fiesta celebraba el solsticio.

Éste es un ejemplo de la capacidad de inculturar de la Iglesia cristiana: en vez de suprimir lo que era una fiesta muy popular, decidió adaptar y purificarla.

Lo que dice el Evangelio

En Lucas 2, 8-19 encontramos una descripción de la visita de los pastores al niño Jesús: «Había unos pastores en aquella misma región que pasaban la noche al aire libre, vigilando por turno su rebaño».

Durante el invierno la región de Israel y Palestina sufre de un clima, si no extremo, al menos desagradable. Hay muchas lluvias, heladas y, a veces, unas nevadas intensas. Los rebaños suelen mantenerse bajo cubierto hasta marzo cuando llegaría el momento de parir a las ovejas. Solo durante marzo, abril y mayo estarían los pastores con las manadas al aire libre las veinticuatro horas al día.

Es decir, la evidencia de Lucas apunta hacia una fecha de la Natividad a principios de la primavera. Entre Lucas y Dionisio, encontramos una fecha más probable del nacimiento de Cristo en marzo o abril.

Por otra parte, Lucas y Mateo apuntan a unas conclusiones diferentes entre sí: Lucas describe muy precisamente el censo y las circunstancias en torno al nacimiento de Jesús. Entre los datos que destaca encontramos que César Augusto era emperador de Roma; que se ordenó un gran censo antes de la Natividad; y que Quirinius era el gobernador de Siria en aquel momento.

Puesto que César Augusto reinó durante más de cuatro décadas, la primera información no nos ayuda mucho. Mas la segunda y la tercera son contradictorias: Quirinius no llegó a ser gobernador de Siria sino hasta 6 D.C., mientras que Cesar Augusto ordenó censos en 28 y 8 A.C. y en 14 D.C.

Mateo informa que Jesús nació mientras Herodes el Grande reinaba. Herodes murió entre la fecha de un eclipse de la luna observada en Jericó y la fecha de la fiesta de la pascua judía. Entre 9 y 2 A.C. los únicos eclipses de luna, parciales o totales, visibles desde Jericó fueron seis: 6 de marzo de 9 A.C., 28 de noviembre de 9 A.C., 18 de noviembre de 8 A.C., 23 de marzo de 5 A.C., 15 de septiembre de 5 A.C. y 13 de marzo de 4 A.C.

El único eclipse de los seis que se ajusta a los hechos históricos conocidos es el último, puesto que la pascua judía se celebró el 20 de abril en 5 A.C. (más de un mes lunar después del eclipse) y el 11 de abril en 4 A.C.

Puesto que Herodes ordenó la matanza de los inocentes precisamente para pescar al niño Jesús, la Natividad debe de haber tenido lugar antes de 4 A de C. Puesto que Herodes ordenó que se debía incluir a todo niño menor de dos años debemos suponer que Jesús tenía, como mucho, dos años de edad en el momento de dar la orden. Sin embargo, es probable que Herodes quería asegurarse totalmente que su peligroso rival no iba a sobrevivir y, por tanto, la cifra de dos años incluía un factor personal de seguridad. Seguramente si la orden era de matar a todos los niños menores de dos años Herodes sabía que el niño que buscaba solo tenía un año de edad. También se entiende implícitamente por la narrativa de Mateo que la muerte de Herodes seguía poco después de su acción punitiva.

En conclusión, la versión de la Natividad de Mateo implica que Jesús nació antes de 4 A. C., y es consistente con una fecha de nacimiento en 6 o 5 A.C.

Ahora bien, ¿cómo explicamos las contradicciones de Lucas? Aunque Quirinius no llegó a ser gobernador de Siria hasta 6 D.C., fue nombrado Legado de Emperador en Siria en 6 y 5 A.C. Parece razonable creer que Lucas se equivocó entre los dos oficios. No obstante, eso nos lleva a una segunda contradicción, la del censo. Se suele suponer que el censo descrito por Lucas era el de 8 A.C., pero, si el censo fue anunciado en 8 A. C., ¿como es que no se realizó hasta la llegada de Quirinius a Siria, dos años después? El censo de 8 A.C. fue para recaudar impuestos, pero José, al ser judío, no era un ciudadano romano y no sería obligado a pagar; Palestina era un Protectorado de Roma y no formó parte del Imperio Romano. Aun suponiendo que de alguna forma José sí tenía que pagar impuestos romanos y acudir al llamamiento de César, ¿cómo puede entenderse un intervalo de 2 a 3 años entre la proclamación del censo y su ejecución? Quizá la única explicación sea que César, conociendo los problemas implícitos en el movimiento masivo de muchas personas en muchos países, con su impacto en la economía, ordenara el censo para una fecha posterior. O sea, realizando la proclamación en 8 A.C. con la intención de llevarlo al cabo en unas fechas bien determinadas de un año posterior. De esta forma la noticia se promulgaría por todo el Imperio y ningún gobernador tendría una excusa por no tener el censo organizado.

Varias evidencias apuntan a que Jesús nació entre marzo y abril: el hecho famoso de que la posada estaba llena se explicaría fácilmente si la Natividad tuvo lugar muy cerca de la fecha de la celebración de la pascua judía, cuando más gente estaría desplazada a los centros de población para participar en las festividades. Entonces, de una forma muy incierta, podemos sugerir que, tal vez, Jesús nació durante la segunda quincena de abril de 5 A.C.

(Fuente: Cristiandad.org)

EL OBSERVADOR 337-6

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No hubo rueda de prensa, sólo silencio ante el Portal
Por José Francisco Serrano

Suerte que tuvimos que en Belén no se convocara una rueda de prensa, posterior al parto. Sólo la curiosidad nos lleva a imaginar cuáles hubieran sido los titulares del día siguiente. Dejemos que el fecundo silencio de la historia haga fructificar, en nosotros, algo de la semilla que se sembró en aquella ciudad levítica y sacerdotal. Romano Guardini lo ha dejado escrito en su obra El Señor:

«Las grandes cosas se realizan en el silencio; no en el fragor y la ostentación de los acontecimeintos exteriores, sino en la claridad de la mirada interior, en el discreto movimiento de la decisión, en el sacrificio y vencimiento ocultos, cuando el corazón es movido por el amor, y el libre albedrío es llamado a actuar, y su seno queda fecundado para la obra esperada. Las potencias silenciosas son las más eficaces. Vamos a fijar nuestra atención en el hecho más recogido, encerrado en el silencio de Dios e inaccesible a toda curiosidad».

Belén hace las delicias de los hombres y de la Trinidad, sólo con que miremos el portal de Belén, en silencio. (Alfa y Omega)

EL OBSERVADOR 337-7

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CRÍTICA DE MEDIOS DE COMUNICACIÓN

Algo sobre la mentira en tiempos de guerra
Por Santiago Norte

El 30 de enero de 1998, en el periódico francés Liberation, el ensayista Philippe Breton publicó un editorial en el que escribía: "Desinformar es cubrir una mentira con el disfraz de la verdad. En democracia, donde las empresas de manipulación son innumerables, la desinformación es la reina de las técnicas dirigidas a equivocar a la opinión pública".

La observación me parece de lo más pertinente ahora que enfrentamos la batalla más grande de la desinformación que haya sostenido Estados Unidos. Me refiero, obviamente, al asunto Afganistán. En él, como en su anterior episodio (y pudiera ser también posterior) con Irak, la maquinaria estadounidense de desinformación (o de cubrimiento de la verdad a base de mentiras) ha funcionado con una eficacia pasmosa.

La primera gran mentira es que hay una división de buenos y malos en Afganistán. A partir de esa inmensa superchería, la maquinaria de guerra ha activado a la opinión pública de todo el planeta para considerar como "justa" la muerte incluso de civiles afganos: algo habrán apoyado a los furiosos talibanes, nos decimos en voz baja cuando vemos a un miliciano de la Alianza del Norte pateando la cabeza de algún sospechoso pro-talibán abatido por las balas del Occidente. Es decir: estamos completos en nuestro juicio y apoyamos que les den su merecido a "esa gente" bárbara de turbante y ojos fanáticos. Poco pensamos en el otro lado, en el lado de los que reciben las bombas. Poco pensamos en la incubadora de odio que es la guerra. La técnica de la equivocación ha avanzado hasta hacernos creer que la "libertad duradera" se construye bombardeando Kandahar con todo y civiles dentro. Y aquí el gobierno de Bush ha tenido como aliadas invaluables a las empresas de televisión cuya consigna ha sido cubrir la guerra desde la óptica sin fisuras de la imagen de fuerza mayor, la imagen que apuntala la violencia y la respuesta a los atentados del 11 de septiembre.

Las técnicas de la equivocación de la opinión pública suelen disfrazarse de verdades sin discusión. Son los anunciantes de la conquista de nuestro espíritu que presagiaba Aldous Huxley en su famoso texto Un mundo feliz. Son los "amigos" del rostro sonriente que darán al traste con "el humanismo del otro hombre", como llamó Levinás al verdadero humanismo: ése que, ni por asomo, se ve en la televisión en tiempos de guerra, donde la fábrica de mentiras está desatada.

EL OBSERVADOR 337-8

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PANTALLA CHICA

Tu casita de Navidad
Grupo Inter Mirifica

¿Qué es lo que buscas en un «especial navideño»? ¿Qué buscas encontrar en una película de Navidad en la tele? Tal vez añores el calor del hogar, la esperanza, el amor familiar, el verdadero sentido de la Navidad. Quieres emocionarte, ver imágenes que te conmuevan, porque sin ellas parece vacía; pero date cuenta de que, aunque pases la noche viendo tele con tu familia, el vacío seguirá ahí, porque ningún programa sustituirá la reflexión profunda del nacimiento de Cristo, ni la convivencia amorosa de los miembros de una familia que se proyecta a la comunidad.

Con tiempo puedes ir pensando en la Navidad, en la manifestación de Jesús, nuestra salvación. Lee tu Biblia y, al hacerlo, reconoce la invitación para alegrarte porque en Él la muerte ha sido vencida. Si comienzas por este principio irás reuniendo elementos internos y externos para crear el ambiente navideño que anhelas. Éste se aleja mucho de lo que las campañas publicitarias de televisión presentan como necesario. Antes que nada ama y reconoce a tu familia, tan diferente a todas, con características únicas. Tu casa no necesita ser cabaña, como imponen las estampas navideñas; no necesita nieve, ni escarcha, ni renos asomándose por las ventanas.

El amor sí es indispensable para vivir la Navidad. La paz también lo es. Ambos anidan fácilmente en un medio de sencillez, tal vez hasta austeridad. En una casa donde Cristo es centro de esta fiesta afloran las más hermosas escenas familiares de Navidad; éstas muestran alegría, donación, alabanza y agradecimiento al Señor por su bondad.

Este ambiente navideño no lo encontrarás en las frivolidades de la televisión. Por ello te invitamos a apagarla en estos hermosos días para que vivas tu episodio especial de Navidad con Jesús.

EL OBSERVADOR 337-9

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AL PASO DE DIOS

Nace el Hombre
Por Mons. Amadeo Rodríguez Magro

Es imposible hablar de Jesús sin decir lo que es para nosotros, pues conocerle es el mejor camino para conocer al hombre. «Que yo te conozca a Ti, para que me conozca a mí».

Es por eso que la Navidad es una experiencia que humaniza, y ésa es la razón por la que contemplar al recién nacido es una lección de humanidad. El Niño de Belén es el vivo retrato del hombre, porque es un proyecto de vida y dignidad para todos los seres humanos. Si Jesús nace es para que todos podamos vivir dignamente, sin que nada ni nadie nos niegue ese derecho en ninguno de los momentos del recorrido vital que Dios nos conceda.

No hay Navidad sin respeto y sin amor a una vida digna para nosotros y para los demás. Por eso no son demagogos ni aguafiestas los que no dejan que el tierno ambiente y la dulce música de la Navidad nos evada de nuestro entorno, y nos recuerdan, con su denuncia, todo lo que no es digno en nuestro mundo. No se puede disfrutar del encanto del Niño si no somos capaces de percibir en su mirada un guiño de complicidad con todas las víctimas inocentes de nuestra cicatería y de nuestro derroche. Por eso la Navidad renueva cada año la tarea de trabajar, al calor del Portal de Belén, por un corazón que sienta el mismo amor de Jesús por los pobres y que lata en las personas y en las estructuras al ritmo de los valores del Reino, la gran apuesta de Dios en favor de la dignidad de todos los seres humanos.

EL OBSERVADOR 337-10

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DESDE EL CENTRO DE AMÉRICA

Para vivir la Navidad
Por Claudio de Castro S.

Hoy visité a mi cuñada. Íbamos a quedarnos cinco minutos y estuvimos en su casa más de una hora. Colocaba guirnaldas en las ventanas, mientras el esposo adornaba un arbolito. De fondo escuchábamos villancicos. «Empezó la Navidad», nos dijimos entusiasmados. Nos sentimos tan cómodos que mis hijos empezaron a ayudarles.

Mi esposa suele estar atenta a las actividades que hacen algunas empresas, y procuramos ir con los niños. Lo que más disfrutamos son los conciertos navideños. Hacemos tarjetas que luego salimos a repartir y aprovechamos para visitar a la familia. Por las noches vamos de paseo a ver las calles adornadas con motivos navideños. Pareciera que el mundo cambia en estos días. Y nosotros también. No es para menos.

«Qué bueno eres, Jesús» , me digo. Y medito en estas palabras suyas: «No temas, pequeño rebaño, porque al Padre de ustedes le agradó darles el Reino. Vendan lo que tienen y repártanlo en limosnas. Háganse junto a Dios bolsas que no se rompen de viejas, y reservas que no se acaban; allí no llega el ladrón y no hay polilla que destroce. Porque donde está tu tesoro, allí estará también tu corazón».

Parece que el mundo anda demasiado convulsionado. Como me decía una monjita, «está cansado de tantas palabras». Ha llegado la hora de vivir el Evangelio y dar ejemplo con nuestras vidas. Demostrar a los otros que se puede, como pudieron san Francisco, san Bernardo, santa Teresita, la madre Teresa, sor María Romero y otros muchos. Personas que fueron como tú y como yo, hasta que descubrieron el amor insondable de Dios. Su ternura y su paz. «Porque un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado; le ponen en el hombro el distintivo del rey y proclaman su nombre: Consejero admirable, Dios fuerte, Padre que no muere, Príncipe de la Paz».

Te deseo que en esta Navidad encuentres a Dios, y que habite en tu corazón. Que el Príncipe de la Paz te de paz. Que nada te falte. Que seas feliz. Y que Jesús te guarde a ti y a toda tu familia.

EL OBSERVADOR 337-11

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BiendeZires de lo encarnado
Por Fr. Eulalio Gómez, ofm.

No podemos ser peregrinos hacia la plenitud divina si vivimos como fugitivos de la ciudad terrena.

GLOSILLA.- Dios creó el mundo como lugar de salvación, no como trampa para ella. Dios Salvador camina salvadoramente con nosotros en esta Tierra; camina en y con nosotros EN ESTE MUNDO como el mejor promotor de la vida, no como miembro del Estado Mayor Presidencial que, desde el miedo, trata de evitar males a su protegido. Huir de esta Tierra es huir de la salvación que en ella está aconteciendo.

EL OBSERVADOR 337-12

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INTIMIDADES -LOS JÓVENES NOS CUENTAN-

¿Amiga o novia?
Por Yusi Cervantes Leyzaola

PREGUNTA
Hay una muchacha a la que quiero mucho; somos grandes amigos. Ella tiene novio. Yo comencé a tratar a una niña y a no sentirme a gusto. En los días que andaba con ella andaba de un humor que nadie me aguantaba, hasta que mi amiga habló y me pregunto que qué tenía y le contesté que era algo que no podía decir. Al andar con esta persona me di cuenta de cuán bien nos llevábamos mi amiga y yo, así que le  escribí algo; a grandes rasgos le comenté que me agradaba bastante estar con ella, que me sentía muy bien y que me gustaba bastante, así que le propuse que intentáramos una relación mas seria. Su respuesta no fue un sí, pero tampoco un no. Han pasado tal vez cuatro semanas y la relación con ella ha sido más que fantástica, a tal grado que escuché comentarios acerca de nosotros, que sí éramos novios. A la fecha ella sigue con su novio; igual y duran un día, igual y duran toda la vida, y la verdad no sé qué hacer con respecto a eso. Estoy muy confundido con ella, ya que ha tenido una gran cantidad de detalles para conmigo y he llegado a ilusionarme bastante, pero ha llegado el momento en que me siento deprimido porque no estoy con ella, y realmente lo deseo, deseo que esté conmigo pero no que truene con su novio; es un deseo encontrado ya que le deseo lo mejor. He llegado a fantasear con ella y, de hecho, ha realizado cosas que me agradan, así como la forma en que es conmigo.  No sé qué hacer.

RESPUESTA
Yo creo que también ella está confundida. Hay algo muy importante en juego: su amistad. Y deben cuidarla con mucha delicadeza y respeto mutuo. Esto significa tal vez que debas alejarte de ella para darle el espacio que necesita en su noviazgo y para tener claridad respecto a sus sentimientos. Si después de un tiempo ella sigue con su novio y tú ya te sientes más tranquilo respecto a tu amiga, podrán volver a frecuentarse y continuar esta amistad. Si ella descubre que lo que siente por ti es otra cosa, deberá terminar con el novio, esto es evidente. Y si ustedes logran establecer una relación de pareja, la amistad que ya se tienen será un elemento valiosísimo en su relación.Ten paciencia, deja que los sentimientos maduren, aun si no son los que tanto deseas.

EL OBSERVADOR 337-13

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PINCELADAS

Bocadillos y leche caliente
Justo López Melús

La noche de Navidad es una noche de contrastes. Recordamos que Dios se ha hecho hombre, se ha hecho niño desvalido. Recordamos su amor. Y esto nos inclina a ser sencillos, a sentirnos todos hermanos. Pero es también una noche triste. Los pobres se sienten más solos y abandonados. Según la estadística, es la noche con más suicidios.

Un grupo de seminaristas acudía la noche de Navidad a la boca del Metro. Recortaban la cena y el calor familiar y se iban a compartirlo con los mendigos que se encontraban allí. Les llevaban bocadillos, termos con café con leche, el recuerdo de Belén y amistad. Los mendigos se desahogaban con ellos, se sentían amados y felices de que alguien los escuchase y se acordase de ellos. Los mendigos les decían: «Esta noche Dios ha nacido para nosotros».

EL OBSERVADOR 337-14

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