El Observador de la Actualidad

 

Periodismo católico para la familia de hoy

13 de enero de 2002 No. 340

SUMARIO

bullet NOVEDADES EDITORIALES El papa oculto
bullet ENTREVISTA EXCLUSIVA El Papa considera que la inserción cristiana en la historia, en la vida cotidiana, es absolutamente factible
bullet Pluma contra plomo
bullet TEMAS DE HOY Ignacio Larrañaga, fundador de los Talleres de Oración y Vida
bullet LOS DECÁLOGOS ¿Para ser feliz?
bullet AL PASO CON DIOS A vueltas con los pobres
bullet La grandeza de la vida corriente
bullet PICADURA LETRÍSTICA La «maldición» del trabajo
bullet PINCELADAS Leche y café

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NOVEDADES EDITORIALES
El papa oculto

Pocas veces un libro de más de 400 páginas se lee con tanta rapidez e interés. Darcy O'Brien, recientemente fallecido, lo ha logrado en El Papa oculto, la historia de una amistad y sus repercusiones en las relaciones entre católicos y judíos.

La amistad es la de Karol Wojtyla con Jerzy Kluger (judío de Wadowice, compañero del Papa en la escuela primaria y secundaria, íntimos amigos hasta 1938, y luego, desde la elección del papa en 1978). Las repercusiones: la modificación sustancial de Israel y la Santa Sede, que ha culminado con el reconocimiento del Vaticano al Estado judío.

Jerzy (Jurek) y Karol (Lolek) van tejiendo una amistad que trasciende el tiempo y las circunstancias. Una amistad que nace en el patio de futbol de la escuela de Wadowice (cuando hacía falta, Lolek se ponía de portero en el equipo de los judíos) y que, hasta donde se sabe, no concluye todavía. Una amistad rota, como tantas cosas, por la guerra, pero que la violencia humana no pudo detener.

Aparece un Papa muy diferente al que la prensa ha querido construir. Un Papa abierto a la tremenda importancia del diálogo; a la vocación de conciliar y pedir perdón, llegando a construir puentes sobre los lugares donde muchos veían solamente abismos. De él es la definición que hoy priva en la Iglesia católica sobre los judíos como «nuestros hermanos mayores en la fe».

Se nota —y ése es el gran tema del libro de O'Brien— el tacto, el conocimiento filosófico, el humanismo católico de Juan Pablo II. Sin renunciar jamás a su identidad, ha ido incorporando a las maneras de la Iglesia una apertura que nadie apostaba porque se fuera a producir. Abrirse al mundo, haciendo historia la experiencia personal y cristiana. He aquí al «Papa oculto», ése que va a ser, tras su paso a la Casa del Padre, Juan Pablo II «el grande», el mayor, el mayúsculo Papa que al Espíritu Santo le plugo dar al atribulado mundo del fin del segundo milenio y principios del tercero después de Cristo. (J. S.C.)

DARCY O'BRIEN. El Papa oculto. Editorial Vergara. Buenos Aires, 2001. 438 páginas. Aproximadamente, 200 pesos.

EL OBSERVADOR 340-1

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ENTREVISTA EXCLUSIVA

El Papa considera que la inserción cristiana en la historia, en la vida cotidiana, es absolutamente factible: Rodrigo Guerra López
Por Jaime Septién Crespo



Con la disertación «Volver a la persona. El método filosófico de Karol Wojtyla», Rodrigo Guerra López (México, DF, 1966) ha obtenido el grado de doctor en filosofía (summa cum laude) por la Academia Internacional de Filosofía del Principado de Liechtenstein el pasado mes de diciembre de 2001. Su objetivo es trazar el método, las influencias, las novedades que aporta la filosofía del Papa al pensamiento contemporáneo. Investigando el camino de los descubrimientos filosóficos y teológicos de Karol Wojtyla, Rodrigo Guerra López muestra cómo, desde sus inicios, el Papa ha abogado por el respeto a las personas como fines en sí mismas y jamás como medios, como cosas utilizables en beneficio de algo o de alguien. Distinción que atraviesa el pensamiento del Papa y que lo deposita en centro de la construcción de la civilización del amor.
JAIME SEPTIÉN.


JS. ¿Cuál es la actualidad del pensamiento filosófico de Karol Wojtyla, sobre todo en este entorno mundial de violencia y guerra?

RODRIGO GUERRA. En mi opinión, el pensamiento del Papa aporta un ingrediente novedoso al restablecimiento de la paz mundial y una paz duradera: la paz debe basarse sobre una adecuada concepción de la persona humana y sus derechos fundamentales. Éste es el único modo de conseguirla y hacerla duradera.

JS. ¿Qué pasa cuando la paz no se construye sobre este cimiento?

RG. Cuando la paz está sostenida en acuerdos puramente políticos, la paz no es duradera porque no está respondiendo a las exigencias del corazón humano.

JS. ¿Cómo resumir, en pocas líneas, el pensamiento filosófico de Karol Wojtyla?

RG. A través de dos caminos. Por un lado, el Papa es fundamentalmente un creyente, es cristiano, y reconoce que Cristo es el que revela al hombre lo que el hombre es. Para él el dato de la fe no solamente es un dato para la motivación religiosa sino para una antropología (una concepción del hombre) integral. Por el otro, desde la perspectiva puramente racional, la persona es, para el Papa, el principio y el fin de la organización de la vida en sociedad.

JS. ¿Qué dimensión adquiere esto en, por ejemplo, la generación de leyes o de políticas sociales?

RG. El Papa es consciente de que existe una crítica de las modernas teorías del derecho sobre la antigua concepción del derecho natural; por eso él ha elaborado un camino de pensamiento que denomina «ius personalismo», que consiste en la necesidad de reformular las leyes tomando en cuenta, principalmente, la dimensión de la persona humana. Éste es un dato que puede ser entendido y aceptado aun por el no creyente; aun por el que no tiene estudios filosóficos especiales: toda ley es justa en la medida que responda a la dignidad humana y a los derechos fundamentales. Así, el Estado debe reconocer que hay un parámetro más allá del poder para gestionar el bien común y para legitimarse ante el pueblo.

JS. Ahora, con respecto a las prácticas políticas, ¿en qué podría modificarlas, mejorarlas quizá, el pensamiento de Karol Wojtyla en un régimen concreto?

RG. En que, aun cuando suele ser afirmado que la gran mayoría de los regímenes políticos respetan los derechos humanos, la gran respuesta del Papa es que, realmente, los derechos humanos sean el parámetro de conducta para el ejercicio del poder. Cuando un gobernante no respeta radicalmente los derechos humanos —que son los mínimos presupuestos para la convivencia social—, se ilegitima, grado a grado, en el uso del poder. Los derechos humanos son la justificación ética y jurídica para que un gobernante se mantenga y se respete por parte del pueblo que lo ha elegido democráticamente.

JS. Yo descubro en el Papa y el filósofo Karol Wojtyla una especie de obsesión buena por demostrar la verdad, no de imponerla sino demostrarla mediante su esplendor... ¿Estoy en lo correcto?

RG. Así es, pero también hay una novedad muy grande en la forma como él afirma, demuestra, argumenta respecto de la verdad: que la acción es un momento especial para mostrar la verdad. Esto significa que no basta demostrar en un pizarrón o frente a un foro académico lo que se considera verdadero, sino que es necesario mostrar a través de la acción que es posible vivir de acuerdo con la verdad. Este principio permite afirmar al Papa en su Magisterio que el cristianismo en la historia es una propuesta factible, absolutamente realizable. Es ahí, en nuestro trabajo, en nuestro oficio, en la vida cotidiana, donde cada uno muestra el esplendor de la verdad.

JS. ¿Cuál es, desde el punto de vista del Papa, la verdad que anhela el corazón humano?

RG. No sólo aquella que conmueve la inteligencia sino, ante todo, aquella que redime y libera a la persona de las opresiones y problemas en que se resume la situación del mundo contemporáneo.

JS. Hay un tema que me parece digno de ser comentado. Cuando muchos querían un Papa cerrado al diálogo, él lo ha abierto, reconociendo los errores de la Iglesia, pidiendo perdón por ellos e interpelando a todas las corrientes de pensamiento a fundamentar su verdad. A más de dos les cayó muy mal aquello de que «aún el comunismo tiene semillas de verdad»...

RG. Es interesante ver cómo en la perspectiva del Papa no existe la idea de que la verdad sólo se manifiesta en aquellos que se encuentran en perfecta comunión con la Iglesia y con el depósito de la fe, sino también en todos los hombres que en conciencia buscan auténticamente la verdad, aunque partan de premisas muy distintas a las cristianas: si tienen la verdad, esa verdad, como decía santo Tomás de Aquino, «procede del Espíritu Santo», aun cuando ellos no la reconozcan con este origen. Por eso el pensamiento social del Papa ha asimilado muchos de los ingredientes de la filosofía contemporánea, incluyendo pensadores no específicamente cristianos; y los ha integrado en una matriz cristiana, que permite valorarlas en su justa dimensión. Hoy el pensamiento social de la Iglesia realmente se encuentra a la vanguardia del pensamiento contemporáneo sobre la sociedad y la justicia. La Iglesia, fiel a sus orígenes, está abierta a la verdad, aparezca donde aparezca. Porque esta verdad siempre será parte de la verdad que Dios le quiere dar al hombre para su liberación.

EL OBSERVADOR 340-2

Estimados amigos:
 
El portal www.periodismocatolico.com dirigido por Jaime Septién y Jesús Colina ha colocado el texto completo de la tesis  doctoral "Volver a la Persona. El método filosófico de Karol Wojtyla" en su página web para ser descargado de modo gratuito. Esta tesis fue defendida el 14 de diciembre en la "Internationale Akademie für Philosophie im Fürstentum Liechtenstein" y se realizó con la asesoría del Dr. Josef Seifert y del Dr. Mariano Crespo.
 
En este libro podrán encontrar cómo Karol Wojtyla desarrolló un método filosófico original que permite reconocer la especificidad de la persona humana desde el inicio del proceso del conocimiento. En este método si bien se advierten diversas influencias (Aristóteles, Tomás de Aquino, Max Scheler) es preciso observar que incorpora descubrimientos auténticos que trascienden en mucho una simple hibridación filosófica. En el texto encontrarán que se argumenta que el método filosófico de Karol Wojtyla se puede encuadrar dentro del realismo fenomenológico (A. Reinach, E. Stein, D. von Hildebrand, etc.), que este método posee realmente alcance metafísico y que el personalismo es un elemento constitutivo del mismo.
 
Así mismo, en esta obra, se advierte que algunas interpretaciones del pensamiento filosófico de Wojtyla han reducido el método wojtyliano ya sea a una suerte de adaptación del tomismo al lenguaje contemporáneo, ya a un método meramente descriptivo de la realidad. Tras el análisis crítico de toda la obra filosófica de Karol Wojtyla es posible concluir que estas interpretaciones se encuentran equivocadas, que el mismo Wojtyla realiza correcciones importantes al propio tomismo, y que precisamente al recuperar una comprensión más integral de su método podemos afirmar que él ha sido sin lugar a dudas uno de los más importantes filósofos del siglo veinte convergiendo en algunos puntos capitales con autores como Emmanuel Levinas.
 
Les compartimos a continuación la liga que conduce directamente al texto:
 
 
Sin más por el momento que rogarles nos compartan sus comentarios y observaciones, se despide.
 
Sinceramente,
 
Rodrigo Guerra López

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Pluma contra plomo
Por Jaime Septién

Como ya viene siendo una (macabra) costumbre, el 2001 que acaba de pasar no fue parco en sangre regada por periodistas de todo el mundo y en todo el mundo. Sangre inútil, por cierto, para detener la violencia. Los señores de la guerra no detendrían jamás sus maquinaciones para proteger la información a la que todos tenemos derecho.

Queda, eso sí, el gesto, la gesta más bien, de aquellos hombres y mujeres entregados hasta la muerte por defender la pasión de transmitir la verdad, por muy ardua que ésta sea, y por mucho mal que le haga a las ambiciones de los poderosos gobiernos bélicos.

Según el dato que dio a conocer a principios del 2002 la organización Reporteros Sin Fronteras (RSF), el año pasado cayeron abatidos por las balas de la ira 31 periodistas. Dos factores concurren, monótonamente, en el «por qué». Por expresar sus opiniones (contrarias a la camarilla en el poder) o por ejercer su profesión (que es una manera de molestar a los que quieren paz duradera desde los sepulcros). El número revela la peligrosidad de la profesión, jamás exenta del coraje de irracionales, que van desde el caciquillo ramplón hasta el talibán en turno de poder en cualquiera nación del planeta.

Por lo demás, se echa de ver que el periodismo sigue siendo la profesión más arriesgada de todas cuantas haya concebido la mente humana: no fueron corneados de muerte 31 toreros en el 2001; tampoco perecieron 31 corredores de autos en ese mismo lapso.

RSF tiene su sede en París. Desde ahí, cada enero, se lanza el S.O.S. sobre los periodistas, particularmente sobre aquellos que cubren conflictos en África. En efecto, el continente africano es el campeón de las matanzas del 2001 con quince periodistas en sus alforjas: doce a manos de milicias o grupos armados y tres con un fuerte ingrediente gubernamental. Nuestra América ocupa el deshonroso segundo lugar con nueve periodistas asesinados.

Caso especial es el de Colombia, donde, por los conflictos entre FARC, ELN y el gobierno de ese caótico país hermano, tres periodistas murieron en el cumplimiento de su labor y 30 reporteros fueron agredidos con la intención de acallarlos. Afortunadamente, siguen vivos y en la brega.

Estados Unidos, el campeón de los derechos humanos (cuando no se interponen en la «seguridad nacional») tiene responsabilidad, por sus bombardeos en Afganistán, de ocho decesos. Europa contribuye con siete periodistas muertos: uno de ellos en la cobertura de la distensión (es un decir) irlandesa. Cabe mencionar que, tristemente, no había un periodista asesinado en Irlanda desde principios de la década de los setenta, en el momento más duro del conflicto con Inglaterra. La lista la complementan dos muertes en Argelia, una en China, dos en Filipinas, dos en Kuwait, una en Ucrania y otra en Serbia.

Por lo demás, el reporte de RSF, si bien señala que el número de periodistas asesinados bajó en 2001 en comparación con 2000 (de 32 a 31), también deja en claro que la libertad de prensa obtuvo una considerable degradación en 2001 puesto que el año pasado 489 periodistas fueron detenidos por policías, gobiernos, aparatos judiciales, militares y paramilitares: 50 por ciento más detenciones que en el año 2000. Lo mismo sucedió en el ominoso renglón de las agresiones y amenazas a reporteros cuya suma mundial llegó a 716; 40 por ciento más casos que en el 2000. Completa esta minuciosa lista de RSF los encarcelamientos y la censura. De los primeros hubo 110; de la segunda se reportan 83 casos.

Como se puede colegir, lejos de estar construyendo una civilización del respeto a la dignidad de la persona, en la que la información forma parte constitutiva, lo que estamos haciendo —muchas veces en nombre de la paz y la libertad— es callar con plomo la palabra. Por fortuna, la palabra vencerá siempre.

EL OBSERVADOR 340-3

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TEMAS DE HOY
Ignacio Larrañaga, fundador de los Talleres de Oración y Vida

«Ante el miedo y la depresión, sólo Dios puede equilibrar el interior»
El padre Ignacio Larrañaga, sacrerdote capuchino vasco, se dedica a enseñar a orar desde hace cuarenta años. También fundó los Talleres de Oración y Vida, un movimiento con aprobación vaticana, en los que miles de personas logran hablar con Dios y sentir su amor. Esta entrevista, que resumimos a continuación, fue hecha para el sitio español

«¿Qué le sugeriría a alguien que está estresado, triste o abatido?

«La gente podría encontrar un efecto efímero viendo una película, un partido de futbol, saliendo un poco... pero no sería ninguna solución, sino una evasión. No creo que haya otra cosa que no sea la fuerza equilibrante de Dios en el interior de la persona, porque el encuentro con Dios presupone concentración. No hay una solución verdadera y permanente que no sea una vivencia de fe en profundidad con el señor Dios vivo.

«¿Cree que es posible dejar de sufrir y encontrar una paz total?

«Yo ya tengo setenta años, y a lo largo de este trayecto me he encontrado con el manjar que nunca falta en el gran banquete de la vida: el dolor y el sufrimiento en sus mil formas y maneras. Más de una vez me he sentido impotente a la hora de llevar un vaso de alivio, de esperanza, de alegría, incluso, a la gente que sufre tanto y de tantas maneras diferentes. Por esa razón fui tomando durante mucho tiempo apuntes sobre mi propia experiencia con esas gentes. Lo abordé desde un punto de vista radiográfico y, después, terapéutico, intentando quitar, dentro de lo que cabe, espinas y aguijones al sufrimiento humano de los corazones.

«¿Cuál cree que es uno de los mayores problemas que tiene el hombre del siglo XXI?

«Una de las más graves enfermedades del hombre de hoy es la dispersión mental. Es decir, cuando nos sentimos vencidos por estar divididos y derrotados al estar desintegrados. La mayor calamidad que puede suceder es no sentirnos señores de nosotros mismos y, en lugar de sentir unidad, coherencia, estabilidad emocional, sentirnos como un montón de pedazos (entusiasmos, preocupaciones y ansiedades); entonces la unidad interior queda desintegrada. Debe entonces realizarse un vacío interior de imágenes, emociones, ideas..., de manera que al final tenga la impresión de que dentro de él no hay nada y fuera de él no hay nada, de que lo que queda es lo más importante: la presencia de uno mismo en uno mismo; sólo en ese momento podrá decir: 'Yo soy yo mismo'; y en la oración sólo en este momento podrá decir: 'Tú eres mi Dios'. Esa relación ya no quedará dispersa por la polvareda de los ruidos, de imaginaciones, el hombre habrá tocado la esencia del yo, de la unidad interior.

«¿Qué es lo que hay que hacer para encontrar la paz interior?

«Abandonarse. Hay un 'no' y un 'sí' en la vida. 'No' a lo que yo quería (me calumniaron y brota espontáneamente el impulso de venganza). 'No' a esa venganza (estoy resentido porque todo me ha salido mal en la vida). 'No' a ese resentimiento. Vamos suprimiendo todos los impulsos negativos, autodestructivos y regresivos del corazón humano, y decimos 'sí' a lo que Dios ha dispuesto: 'Sí, Padre, hágase tu voluntad'. Los problemas que tienen solución se solucionan luchando, y los que no la tienen se solucionan poniéndolos en las manos de Dios. Es decir, no se solucionan, pero dejan de ser una fuente de amargura y resentimiento.

«Nada de lo que nos ha sucedido hasta este mismo momento será alterado jamás. Las personas permanecen sufriendo, avergonzándose y entristeciéndose porque aquello no resultó, porque no tuvieron suerte, por aquel accidente, porque se equivocaron..., por realidades que no serán alteradas ni un milímetro por los siglos de los siglos. ¿Qué logramos con resistirnos? Nuestra destrucción. He aquí de qué manera sufre la sociedad. Para todo aquello que duele, avergüenza y entristece, hay que decir: 'En tus manos lo dejo, Dios mío, y haz de mí lo que quieras. Acepto todo lo que hayas hecho. Hágase tu voluntad'».

EL OBSERVADOR 340-4

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LOS DECÁLOGOS

¿Para ser feliz?
Por Sergio Barrón


Primero:
Ámate a ti mismo.
Segundo: Lucha, a como dé lugar, por ser siempre el  mejor.
Tercero: Respeta el pensamiento del otro, para que respete el tuyo.
Cuarto: Esfuérzate por alcanzar aquello que crees que lo vale.
Quinto: Interésate por aquello que te gusta.
Sexto: Satisface tus gustos con todo lo que puedas.
Séptimo: Acepta a los que te acepten.
Octavo: Haz a un lado todo aquello que te resta libertad.
Noveno: Busca y escucha tu fuerza interna.
Décimo: Cuida la naturaleza, pues es lo mejor que tienes.

Si crees con todo tu corazón que, llevando a cabo cada uno de los anteriores preceptos de verdad serás feliz, lamento decirte que no.
Profundamente feliz no serás...
¿Por qué? Analiza cada uno detenidamente y luego el conjunto y lo sabrás.

EL OBSERVADOR 340-5

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AL PASO CON DIOS

A vueltas con los pobres
Amadeo Rodríguez Magro

Los pobres son destinatarios de una permanente preocupación de la Iglesia: cómo servirles en todas sus necesidades.

Hay asuntos que, si no estamos siempre sobre ellos, se olvidan rápidamente; e identificar a los pobres en la diversidad de necesidades, porque a cada uno de ellos hay que servirles puntualmente («Tuve hambre y me diste de comer...») ha de ser una tarea permanente. Si no andamos a vueltas con los pobres, no lo andamos con Jesús. Ellos son la medida del grado de nuestro compromiso: no somos buenos cristianos y tenemos una visión parcial de la fe si no nos ocupamos de los pobres, como nos hace ver Juan Pablo II en Novo millennio ineunte al poner de relieve que en el servicio a los pobres la Iglesia comprueba su fidelidad a Jesucristo no menos que en la confesión íntegra de las verdades de la fe.

La ortodoxia de la caridad ha de ser efectiva; la confesión de fe desde el rostro de los pobres ha de llevar al servicio generoso y solidario de cada cristiano según sus posibilidades: unos pondrán su contribución, otros su tiempo y dedicación, otros quizás puedan ofrecer su vida y su entrega total. Todos pondrán lo mejor de si mismos, desviviéndose por los pobres, como reflejo del amor condescendiente y providente de Dios.

EL OBSERVADOR 340-6

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Centenario del fundador del Opus Dei
El congreso internacional conmemorativo del centenario de Josemaría Escrivá de Balaguer, fundador del Opus Dei, en el que participaron personas de diversos países, quiso evocar su figura, ahondar en el contenido de sus enseñanzas y mostrar cómo el espíritu que Dios le confió —que une lo humano con lo divino, sin confundirlos— es una fuente de fecunda evangelización del mundo.

«La grandeza de la vida corriente», título de una de las homilías del beato Josemaría Escrivá, expresa un aspecto nuclear de sus enseñanzas; quizás por ello fue escogido como tema del congreso, que se efectuó en Roma del 8 al 11 de enero de 2002.

El beato Josemaría ha animado a buscar los tesoros escondidos en la vida ordinaria, a encontrarlos y a amarlos. Su predicación ha ayudado a comprender a muchos que es posible transitar con Jesús «los caminos de la tierra». Dar un alma cristiana al mundo, un día tras otro: en el trabajo, en la familia, en el compromiso cívico y social, en la amistad y en la conversación con los demás; en todos los hechos y acciones de cada jornada. Su ejemplo y su enseñanza exhortan, con la memoria de los primeros cristianos, a revitalizar todas las realidades temporales, a transformarlas desde dentro respetando su propia naturaleza, a santificarlas con el Espíritu de Cristo y a llevarlas a Dios, sin salir del lugar que cada uno ocupa en el mundo, con el mismo corazón y la misma inteligencia con que vivimos la existencia corriente.

Todo hombre, uno a uno, dice el beato Escrivá, está llamado a comprender y experimentar que el Cielo y la Tierra no se unen allá lejos, en la línea del horizonte, sino dentro del propio corazón, cuando vivimos santamente la vida ordinaria. «Sabedlo bien —ha escrito—: hay un algo santo, divino, escondido en las situaciones más comunes, que toca a cada uno de vosotros descubrir» (Conversaciones, n. 114). Este mensaje resuena como una sacudida en la raíz de los modos de pensar y de vivir de tantas personas, y como un desafío de amor que ha sido lanzado y reclama ser recogido.

Es habitual contemplar la vida ordinaria, la que se presenta en la sencillez y normalidad de cada jornada, como el lugar de trabajo rutinario y sin valor, de lo que carece de significado trascendente. Con frecuencia la religión —la relación con Dios— se ve como un salir de la normalidad, como un hacer cosas extraordinarias, alejadas de la existencia concreta. Dios queda fuera de la vida corriente y ésta acaba por identificarse con lo profano. Además, amplios estratos de la cultura hoy dominante consideran la vida de cada día en medio de los quehaceres ordinarios como un ámbito distinto del que corresponde a los grandes hombres y mujeres, y la entienden como un obstáculo a la libertad y a la realización personal.

La concepción cristiana, fundada sobre la revelación de Dios en Jesucristo, contempla la vida cotidiana desde otra óptica más favorable: Jesucristo, el Hijo eterno del Padre, ha revelado con su encarnación una realidad radicalmente nueva: su propia existencia humana, santa y santificadora, su plenitud filial, de la que todos recibimos gracia sobre gracia (cfr. Jn 1, 16).

A la luz de Cristo, Hombre perfecto y Dios verdadero, la vida corriente ha de ser entendida como el lugar y el tiempo reales, cuya grandeza no se teje de acciones y gestos clamorosos, sino de actos de amor ligados a las tareas más normales.

EL OBSERVADOR 340-7

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PICADURA LETRÍSTICA

La «maldición» del trabajo
Por J. Jesús García y García

Trabaja, negro, trabaja
y vive de tu sudor...
CANCION POPULAR.

Por sabido tenemos que entre los paganos el trabajo manual era objeto de menosprecio. Griegos y romanos negaban a los obreros el título de ciudadanos. Tal postura encontraba apoyo en las tesis de Aristóteles y Platón, entre otros, quienes sin recato proclamaban que el trabajo degradaba al hombre libre. Y no era precisamente que se desconociera la necesidad de trabajar, sino que esto se dejaba a los esclavos.

El cristianismo vino a darle un vuelco a las cosas: combatió la esclavitud (ya no eres siervo sino hijo) y rehabilitó al obrero (Jesucristo fue carpintero, y los apóstoles, pescadores en su mayoría), y con esto tuvo lugar la revolución social más profunda de que la historia haya conservado recuerdo. Todos los Padres de la primitiva Iglesia afirmaron resueltamente, en presencia de la sociedad pagana depreciadora del obrero, la necesidad y la dignidad del trabajo. Una gran ley divina —que jamás debió ser entendida como una maldición— estipula: «Comerás el pan con el sudor de tu frente». Y se entiende que nadie, sea rico, sea pobre, queda al margen de esta ley. San Pablo reglamentaría el mandato: «El que no trabaja no merece comer». Algunas instituciones monásticas incorporaron el trabajo manual a las obligaciones específicas de sus miembros (prototipo de esto, los cartujos).

La simple subsistencia impone, cuando menos, un mínimo de trabajo, y ya no un mínimo sino un máximo de éste es necesario para la generación de riqueza. Estimular el trabajo sería, así, promover grandemente el progreso material de una nación.

Para no empequeñecer o limitar el concepto de trabajo hay que recordar que «es la actividad inteligente del hombre aplicada a la producción de bienes económicos»; que «corresponde al trabajo el descubrimiento de las materias naturales que han de utilizarse para satisfacer las necesidades humanas, y la transformación y adaptación de las que así lo requieran»; que, «por la forma exterior en que se manifiesta, puede clasificárselo en intelectual y manual, según predominen en su ejecución la actividad intelectual o la física; y, por último, que el trabajo es un conquista de la persona humana, consagrada en la Declaración Universal de los Derechos del Hombre: «Toda persona tiene derecho al trabajo, a la libre elección de su trabajo, a condiciones equitativas y satisfactorias de trabajo y a protección contra la desocupación». Esto último falla en México, a pesar de las desmesuradas, demagógicas promesas hechas por quienes, enconada y no muy generosamente interesados en el poder, no se tentaron el corazón para hacer los más fantásticos ofrecimientos. En México, hoy por hoy, no es bastante visible la creación de empleos sino la desaparición de muchos que ya existían. ¡Cuidado!, Argentina ciertamente no tiene por qué ser un espejo en que debemos mirarnos, pero no deja de ser una advertencia.

Y ni para qué abundar sobre el valor terapéutico del trabajo. Mi médico y yo parecemos disco rayado, pues a cada consulta reproducimos el mismo diálogo:

— ¿Y usted sigue trabajando?

— Sí, doctor, el trabajo me ayuda muchísimo a sobrellevar mis achaques.

— Pues le sobra razón.

Lo mejor que pude desear —y deseé— a mis lectores al despuntar este 2002 fue que no les faltara el trabajo y que éste se acomodara lo más posible a sus gustos. «Bienaventurado aquel que encuentra el trabajo que le gusta; que no se preocupe por otra bendición», escribió Thomas Carlyle.

Por supuesto que el trabajo se puede volver una adicción, pero qué bueno que de ese tipo fueran todas. Salvador Novo decía: «El trabajo es la mejor droga, el único paraíso artificial absorbente; que nos aísla, nos anestesia»

Bueno sería que, elevando el trabajo a un nivel de espiritualidad, todos pensáramos con Constancio C. Vigil: «Sea tu trabajo tu plegaria a Dios».

EL OBSERVADOR 340-8

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PINCELADAS

Leche y café
Justo López Melús

«Era invierno. Mi mujer, mis padres y yo quedamos atrapados por una gran nevada en la casa de campo. Teníamos comida, pero ni un grano de café.

«Pero peor sería la situación de mis vecinos, con siete hijos, que no tenían vaca y, por tanto, no tendrían leche.

«Llené de leche un tarro de ocho litros y me dirigí hacia su vivienda. A mitad del camino me encontré con el vecino que venía a nuestra casa con un paquete de café.

«Mientras intercambiábamos los obsequios, el buen hombre me dijo: — Yo sabía que los abuelos tienen pasión por el café, y pensé que quizá la nevada los habría sorprendido faltos de él».

Como se ve, nadie pensó en sí mismo. Hermosa escena, digna de la leyenda dorada.

EL OBSERVADOR 340-9

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