El Observador de la Actualidad

 

Periodismo católico para la familia de hoy

27 de enero de 2002 No. 342

SUMARIO

bullet Asís: todas las religiones descalificaron a la violencia en nombre de Dios
bulletDiez claves para construir la paz
bulletLos sacramentos de la vida
bullet¿USTED QUÉ OPINA? Dos pilares de la democracia
bulletDILEMAS ÉTICOS ¿Por dónde empezar?
bulletDESDE EL CENTRO DE AMÉRICA ¿Cansado de pecar?
bulletREFLEXIÓN POLÍTICA Se eligen los gobiernos, no los pueblos
bulletALACENA Consideraciones sobre Harry Potter hechas por un reciente converso
bulletOPINIÓN La crisis argentina también es nuestra
bulletCada día nace la esperanza
bulletPINCELADAS Un granito de oro

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Asís: todas las religiones descalificaron a la violencia en nombre de Dios



Este jueves 24, en la localidad de Asís, en Italia, líderes de las principales religiones del mundo participaron en un encuentro de oración por la paz convocado por Su Santidad Juan Pablo II. La primera jornada de estas características se celebró en la propia ciudad cuna de San Francisco el 27 de octubre de 1986, bajo una clara premisa refrendada para esta ocasión: «No se trata de rezar juntos, sino de estar juntos para rezar por la paz». Lo anterior indica que, tras de los testimonios inaugurales, que concluyeron con el discurso del Papa, los representantes de las diferentes religiones se trasladaron a diferentes lugares para rezar según su propia tradición y ritos. El Papa presidió la oración particular de los cristianos.

Terminada la oración que los representantes de las diferentes religiones ofrecieron cada uno en el lugar que les fue asignado, en el refectorio conventual hubo un ágape fraterno tras del cual los asistentes formularon en diez idiomas un compromiso común por la paz que implica no invocar nunca la violencia en nombre de Dios. Ratificaron su compromiso encendiendo una de las velas de un gran candelabro que será colocado en la basílica de San Pedro del Vaticano para recordar este acuerdo.

El Papa había anticipado: «Frente a la violencia que en estos tiempos golpea tantas regiones de la tierra, los creyentes experimentan la necesidad de mostrar que las religiones son un factor de solidaridad, desacreditando y aislando a quienes manipulan el nombre de Dios con objetivos o métodos que, en realidad, le ofenden». Y aclaró: «La jornada de oración por la paz no pretende condescender con el sincretismo religioso. Todo grupo religioso, de hecho, rezará en lugares diferentes, según su propia fe, su propio idioma, su propia tradición, en el pleno respeto de los demás».

EL OBSERVADOR 342-1

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Diez claves para construir la paz


1.
Mira a todos con respeto y benevolencia.
2. No hables mal contra nadie, no condenes a ninguna persona, a ningún grupo, a ningún pueblo, a ninguna institución.
3. Perdona las injurias presentes y pasadas, líbrate de las garras del odio, guarda la libertad de tu corazón para amar, para convivir, para comenzar una vida nueva cada día.
4. Desea simplemente la paz con todos, la colaboración, la convivencia, el gozo de la fraternidad y del servicio.
5. Trata de simplificar los problemas en vez de agrandarlos; no acumules las sombras, busca en todo los resquicios de luz y los caminos de la esperanza.
6. Ten el valor de negarte a colaborar con cualquier proyecto violento, apártate de los que enseñan y practican el odio, la venganza, el amedrentamiento y la violencia.
7. Crea en torno a ti sentimientos y actitudes de paz, de concordia, de convivencia, de misericordia y de consuelo.
8. Apoya a los que trabajan sinceramente por la paz, en la verdad, en la libertad y en la justicia.
9. Dedica algún tiempo a trabajar tú también por la paz, con serenidad, esperanza y generosidad.
10. Pide a Dios que te dé el espíritu de la sabiduría de la bondad, de la fortaleza y de la generosidad para ser instrumento de su bondad y de su amor en un mundo renovado donde todos podamos vivir en la verdad, el amor, la libertad y la fraternidad.
Decálogo elaborado por Mons. Fernando Sebastián Aguilar,
arzobispo de Pamplona y obispo de Tudela

EL OBSERVADOR 342-2

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TEMAS PARA NUESTROS TIEMPOS
Columna coordinada por Sergio Casas

Los sacramentos de la vida
Por Dilia Suárez Maristany, de la Universidad La Salle

Recientemente y por recomendación de mi buen amigo el P. Eleazar Silva, emprendí la lectura de un pequeño libro: Los sacramentos de la vida, de Leonardo Boff. Me sorprendió mucho la lectura de este documento ya que me di cuenta de que en realidad no tenía una idea precisa de lo que es un sacramento. Al leer este libro descubrí no sólo esto, sino algo muy importante: lo que son los «sacramentos naturales», los que pude identificar fácilmente en mi vida cotidiana.

El sacramento es una manera de vivir, de ver las cosas para que dejen de ser cosas por lo que éstas implican a la persona. En la forma de relacionarse con el mundo, el ser humano vive o simplemente pasa por la vida, porque todo puede ser un sacramento. A éstos, se les llama «sacramentos naturales». El autor de los sacramentos de la Iglesia es Jesucristo, que en sí, su propia persona, es el Sacramento de Dios Padre. Estos otros sacramentos son cruciales en el transcurso de la vida del ser humano; se presentan en esos momentos clave en los que uno se cuestiona seriamente acerca, no sólo de la propia existencia, sino de la de Dios mismo. Es entonces cuando Cristo se hace presente una vez más, para recordarnos que existimos por y para el amor. A esto último se le llama «gracia».

Como el ser humano es material, requiere también de cosas materiales para recordar, vivificar y simbolizar su espiritualidad y su pertenencia a Dios; por lo tanto, los sacramentos no pueden involucrar sólo la parte espiritual, sino los símbolos materiales y palpables a la vista del hombre. Aquí entonces encontramos el uso de diversos objetos que no son sólo eso, sino signos vivos de la presencia de Dios en nuestra vida.

Tanto lo espiritual como lo material constituye al ser humano, y lo mismo sucede en los sacramentos. Si faltase alguno de estos dos elementos se corren dos riesgos: el primero es que confundamos con la magia la presencia de Dios en el sacramento, ya que no podemos visualizar ni palpar los símbolos. Y el segundo es hacer de nuestro sacramento sólo un símbolo, sin invocar la gracia y la presencia verdadera de Dios, por lo que sería una condenación y una burla.

¿TE CUENTO MI SACRAMENTO?

Quisiera hablarte de mi vida sacramental a partir de hace algunos años: inscribí a mi hija, de 6 años en aquel entonces, en una escuela muy recomendada por mis amigas. Siendo un colegio católico, me invitaron a participar en la Escuela Bíblica, a la que asistí por curiosidad, ya que no le supe explicar a mi hija la relación entre los huevos de chocolate que dejaba el conejo de Pascua y la Pasión de Jesús. Es increíble, pero mi vida cambió radicalmente desde entonces; por primera vez sentí la presencia de Dios en toda mi vida, y, a lo largo de los 4 años que estuve asistiendo a estas sesiones donde se leía y se explicaba la Biblia, no he dejado ni por un momento de sentir ese amor que es lo que me impulsa hoy a seguir adelante desde lo más cotidiano de mi vida, hasta en los momentos de crisis, al lado de mi Padre Dios.

Hace un año mi hija mayor celebró su Primera Comunión; fue algo tan hermoso que lo recordaré todos los días de mi vida. Me esmeré en prepararla junto con la escuela; hasta la fecha y desde entonces le he tratado de dar testimonio de la presencia de Dios en nuestras vidas; pero lo más maravilloso es que ella me da el mismo testimonio día con día, su sola presencia en mi vida es signo de que Dios me ama. Ahora, mi hija menor y yo nos estamos preparando para el mismo acontecimiento, que será dentro de unos meses. Éste es trabajo de titanes, la pequeña es un torbellino, pero estoy convencida de que el amor se corresponde con amor; apenas iniciamos la preparación y ya se notan los cambios de actitud en ella.

Después de leer el "librito" me vino a la mente una "rutina" que realizo a diario y que descubrí como sacramento en mi vida. No importa lo tarde que se me haya hecho ni lo apurada que esté a esa hora tan conflictiva en casa, todos los días, sin excepción, llevo una taza de café con leche a mi esposo y lo despierto con un beso. No hay mucho tiempo para platicar en ese momento, pero su taza de café caliente en el buró todos los días no es sólo eso, no sirve sólo para alimentar su cuerpo ni para que no se vaya con la panza vacía al trabajo, significa el amor que nos une, la atención que siempre quiero tenerle, mis buenos deseos de un día tranquilo y feliz, una sonrisa al empezar el día... En fin, una simple taza de café significa muchas cosas para ambos, y por nada dejaré de hacerlo todos los días, ya que éste es uno de mis «sacramentos naturales».

Estimado lector: ¿Qué temas te gustaría que desarrolláramos en nuestras futuras entregas de "Temas de nuestros tiempos". Contáctanos en nuestra dirección de internet: "Sergio Casas" rodobooks@yahoo.com 

EL OBSERVADOR 342-3

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¿USTED QUÉ OPINA?

Dos pilares de la democracia
Por Genaro Alamilla Arteaga


Hoy hablamos mucho sobre la democracia. Se habla de democracia de izquierda, de derecha, de centro, cuando que la democracia está limpia de extremismos y fundamentalismos. La democracia como sistema político debe ser limpia, pura en su esencia para que sea auténtica y confiable.

Cuando se la altera por extremismos se la destruye, y se hiere u ofende la dignidad de los ciudadanos y se corrompe la misma política al calificarla con una democracia adulterada.

Y, claro, como hoy por hoy la democracia es el sistema político que mejor promueve y defiende los derechos humanos y el bien común, cualquier ideología la quiere izar por más que sus principios la contradigan, y sólo la mencionan como ardid para atraer adeptos. ¡Cuidado!

Hay que tener presente que la democracia se sustenta en dos principales pilares por los que se identifica: la verdad y la justicia.

Se trata de la verdad real, objetiva, que se refleja no sólo en el pensamiento, en el orden filosófico, sino en los hechos de toda la gama social en la que se mueve y actúa el hombre: cultura, ciencia, política, economía, arte, técnica, etcétera; podemos decir que la verdad es el santo y seña de la democracia.

Pero sin justicia no hay verdad, por eso el otro pilar de la democracia es la justicia. Justicia que funciona en el respeto a los derechos del otro y de las instituciones que hacen caminar rectamente en el ámbito social de la vida en el que todo el pensar, sentir y actuar del hombre en lo personal, familiar y social lleva la impronta de la justicia.

En el clima político que estamos viviendo y en el que la democracia es traída y llevada —como un eslogan-gancho— para aquí y para allá, es indispensable, para no ser engañados, que los ciudadanos analicen bien los grupos o partidos políticos, no sea que de demócratas no tengan nada sino sólo como gancho hablen de democracia; y si descubre un partido auténticamente democrático, a él adhiérase y con confianza despliegue su actividad cívico-política para bien de México. ¿Usted qué opina?

EL OBSERVADOR 342-4

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DILEMAS ÉTICOS

¿Por dónde empezar?
Por Sergio Ibarra



— ¿Cómo que estás en quiropráctico? —le pregunta Juanito a Panchito, su compadre el diputado.
— Sí, hombre —le contesta—; tengo los pies y las rodillas deshechas.
— ¿Pues a dónde te fuiste de vacaciones en diciembre?
— ¿Cuáles vacaciones? No hubo chance ni de irnos a nuestras comisiones ni nada; nos tuvimos que quedar a trabajar.
— Oye, ¿y qué es eso de las comisiones?
— Pues, mira, es un encargo que te hacen con otros compañeros del Congreso; pero lo suave es que uno puede viajar, ya sabes, con el pretexto de ir a ver otros gobiernos y otros países. Ya que vas, te das cuenta, pues, de que en aquellas tierras están muy adelantados, y ¿en tres años?, no se puede hacer nada.
— Ah, o sea que te la pasas bien cachetón. Y, cuéntame, ¿a dónde fuiste el año pasado?
— Sólo el año pasado a Brasil, Italia, China, Francia y a Estados Unidos. Hubieras visto a los compañeros del Congreso, ya me andaban reclamando que por qué no me presentaba a mis obligaciones. Tú sabes que tu compadre estas cosas las maneja con inteligencia. Una cartita y ahí murió, todo mundo, chitón.
— Ah, oye, ¿y por qué estás en el quiropráctico?
— ¿Pues que no te has enterado de la miscelánea fiscal? Ya no hayamos cómo remediarla por andar trabajando sobre las rodillas y con las patas.
— Y ahora, ¿por dónde le van a empezar?

La respuesta para Panchito, el diputado, está en la filosofía. Es la ciencia de las ciencias, la que descubre la verdad, la que nos enseña la auténtica libertad, porque sólo con la verdad se puede aspirar a vivir plenamente y en paz.

¿Deseamos la verdad por la verdad misma o nos inventamos nuestra verdad y nos la ajustamos? Es de tal forma el dilema original de la ética, que el primer problema es lograr reconocer e identificar con toda claridad que se ha dado una situación en donde reconocemos que nuestro actuar debe ser de una forma, y el segundo problema es lograr asumir cómo actuar. Los diputados no lo asumieron. Y, para llamarle a las cosas por su nombre, hicieron su trabajo, sí, pero con las patas y sobre las rodillas.

EL OBSERVADOR 342-5

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DESDE EL CENTRO DE AMÉRICA

¿Cansado de pecar?
Por Claudio de Castro S.

Me encanta leer la Biblia porque siempre pareciera estar la palabra adecuada esperando. Me ha ocurrido cientos de veces. Tengo una inquietud, ignoro las respuestas, abro la Biblia y allí, ante mis ojos, justamente está lo que yo buscaba.

Pensaba en la presencia de Dios en el hombre y me decía: «Somos templo del Espíritu Santo», pero necesitaba algo más contundente. Entonces vino Jesús y me dijo: «Si alguno me ama, guardará mi Palabra. Y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada en él» (Jn 14, 22). Sí, Jesús aún nos habla. Cuando tú oras, le hablas a Dios, y cuando lees la Biblia Dios te habla a ti. Tienes un encuentro personal con Él.

Escucha a Jesús que también quiere hablarte: «Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en Mí y yo en él».
Señor, yo quiero que permanezcas en mí.

Descubrí que la Comunión frecuente te fortalece, te llena de Dios, te convierte en un sagrario vivo y llevas a Jesús donde quiera que vayas. No es asunto de beatas y de ancianos que no saben lo que hacen. Al contrario, ellos están en lo correcto al ir a Misa con frecuencia. Nosotros somos los que nos perdemos esas gracias que Dios derrama en abundancia sobre aquellos que lo reciben.

Con la comunión diaria los pecados me duelen más. Y siento la necesidad de acudir al confesionario. Me di cuenta de que, cuando dejo de comulgar con frecuencia, los pecados me duelen menos y peco con más facilidad.

Todo pecado hiere a Dios, tan bueno, y justo, pero uno en particular parece entristecerlo más. Recuerdo haber leído un libro que escribió un sacerdote. Me impresionaron mucho estas palabras: «Cuando murmuramos contra alguien, le arrojamos dardos envenenados; pero estos dardos, antes de alcanzar a nuestra víctima, primero atraviesan el corazón de Dios».

No sé tú, pero yo estoy cansado de ofender a Dios. En estos momentos sólo desearía tener paz interior y que Dios estuviera contento conmigo.

Los santos suelen decirnos que Dios habita en el interior del hombre y que podemos encontrar a Jesús, no sólo en la Santa Eucaristía sino también en el pobre, el que sufre, el vecino, aquel inválido al que nadie acompaña.

Hemos dejado tan solo a Dios.

Recuerdo una visita que hice a un hogar para ancianos. Una bella ancianita me tomó del brazo y me dijo:
— ¿Me ayuda a ir a mi casa?
— Será un honor servir a tan bella dama —le respondí.
Ella me sonrió feliz y dijo:
— ¿Sabe?, mi hijo es doctor. Yo me sacrifiqué mucho y le ayudé a ser médico. Pero vive lejos de aquí. Y no puede venir.
Me preguntó si tenía hijos, si trabajaba, cuál era mi nombre. Entonces agregó:
— ¿Sabe?, mi hijo es doctor.

EL OBSERVADOR 342-6

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REFLEXIÓN POLÍTICA



Entre líderes políticos parece haber esa confusión. Parece que tienen la facultad —ellos— de elegir al pueblo que desean gobernar, cuando es el pueblo el que eligió al gobierno que creyó prudente para gobernarlo, servirlo y administrar sus haberes.

Una historia del escritor alemán Bertold Brecht (pronúnciese Brejt) insiste en la figura de un gobierno que, decepcionado por el pueblo que le había tocado en suerte, deliberaba sobre la posibilidad de disolverlo y elegir uno nuevo...

Guárdese el verdadero político de caer en esta esquizofrenia. El gobernante es la expresión viva de la voluntad popular, y no el pueblo la expresión viva de la voluntad del gobernante. (J.S.C.)

EL OBSERVADOR 342-7

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ALACENA

Consideraciones sobre Harry Potter hechas por un reciente converso



De ministro evangélico a fiel católico, don Luis Miguel Boullon, confesando su perplejidad por las incoherencias que descubre en muchos católicos, dirige preguntas que obligan a reflexionar sobre la fidelidad a Cristo.

Lo primero que confesaré a los lectores es que soy converso reciente. Lo segundo que confesaré es mi perplejidad y decepción por la actitud de muchos católicos incoherentes. A mi ingreso a la Iglesia católica esperé ver mucho más unión y amor por la verdadera doctrina que gozan poseyendo, pero a poco que voy internándome en el aspecto humano de la Iglesia, me desilusionó mucho. No puedo entender cómo es posible que echen a olvido toda la Verdad contenida en las Sagradas Escrituras, en las enseñanzas de los papas y de los santos y toda la Tradición de la Iglesia, que es tan Revelación como la de la Santa Biblia.

A veces tengo la impresión de que muchos católicos, acomplejados con no ir a la par de la mentalidad «moderna», entienden la fe como una variedad de ofertas de supermercado, de las cuales pueden escoger según sus preferencias. O sostienen lo que yo entiendo como un error gravísimo: que la Iglesia se equivocó durante casi 2000 años y que sólo la manera moderna de vivir la fe es aceptable. En otras palabras, Cristo es un mentiroso porque no le dio asistencia a la Iglesia, ni la hizo santa o infalible.

Es una verdadera angustia para mí leer lo que tantos dicen sobre temas revelados y enseñados por Dios como verdaderos, santos y justos. Y tomo el caso de Harry Potter para dar un ejemplo.

Muchos católicos modernos, que quieren pasar por tolerantes, abiertos, cultos y antifanáticos, aplauden esos escritos. Pero mucho más que entusiasmarles las obras en sí mismas, lo que realmente les apasiona es encontrar una causa más para combatir con un fanatismo inaudito a quienes critican o tienen reservas sobre las supuestas bondades de las ideas contenidas en esos libros. Porque la cuestión de fondo no es el valor literario (que hasta ahora pocos se atreven a defender) sino las ideas que promueve. Hasta he visto en importantes sitios católicos en internet defender la brujería «siempre y cuando sea en el campo de la imaginación». Curiosa respuesta saldría aplicándola a otros campos de la moral.

Imaginemos, por ejemplo, decir: «en un mundo de fantasía, donde corriesen sus propias reglas, el robo, el asesinato, la infidelidad o la mentira son acciones legítimas y acostumbradas». O en el caso concreto de «sólo si es imaginación», podríamos suprimir de un golpe de pluma el 9º y el 10º mandamiento. ¿Por qué va a seguir siendo pecado el codiciar bienes ajenos o la mujer del prójimo si «sólo son en el campo de la imaginación»? ¿Dejarían de ser pecado, a juicio del lector, sólo porque en ese mundo rigen otras leyes como otras leyes rigen en el mundo de la mafia, de las sectas o del crimen? No me dejan tan tranquilo las explicaciones de glosa difícil de ciertos intelectuales católicos siempre entusiastas de conciliar lo bueno con lo malo, de extraer bondades de los males y maldades de las virtudes.

Al leer las defensas de Potter me pregunto: ¿son realmente católicos? Y me preocupa más esto: ¿cómo responderán ante Dios el día de su juicio? «El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán» (Lc. 21, 33), dice el Señor. Dios no revela verdades mudables, que cambian con los tiempos o se adaptan a ellos. Dios no es esquizofrénico y tiene múltiples personalidades y lo que una vez era pecado luego deja de serlo y hasta es agradable ante sus ojos. Es verdad, por cierto, que en la medida que avanza la plenitud de los tiempos y se perfeccionan las eras, algunas formas cambian, pero nunca el fondo. El mismo Cristo dice que Él no viene a abolir el Antiguo Testamento sino a perfeccionarlo.

Tal vez para los estómagos sensibles algunos pasajes de las Escrituras, inspiradas por el Espíritu Santo, puedan ser impresionantes. Pero nuestros gustos deben adaptarse a los de Dios y no los de Él a los nuestros. Recuerdo, sin citar todas las menciones en la Biblia, lo que Dios ha dicho sobre la brujería y hechicería: «A la hechicera no la dejarás con vida» (Ex 22, 17); «¡Fuera (de la ciudad celestial) los perros, los hechiceros, los impuros, los asesinos, los idólatras, y todo el que ame y practique la mentira» (Ap 22, 15)

Ahora bien, es evidente que la Iglesia no sale, como otrora lo hicieron los protestantes, a cazar y quemar brujas, pero cito las Escrituras para mostrar al lector qué opinión tiene Dios del tema y qué debemos querer o rechazar para agradarle.

No nos puede producir simpatía un personaje tenido por violador, mentiroso, asesino, sodomita, adúltero, estafador, idólatra, ladrón o delincuente en cualquiera de los pecados resumidos en los diez mandamientos. Tampoco nos puede parecer digno de simpatía un «héroe», hecho simpático por ser un niño, que recurre a medios siniestros para cumplir sus fines, cualesquiera que sean. El fin no hace lícitos los medios. Sostener que la hechicería de Potter es lícita por los medios que pretendía lograr equivale a afirmar que Stalin, Hitler, Dantón o Isabel I son exculpables de sus crímenes por el fin que querían alcanzar.

A mis hermanos que se apresuran a seguir los pasos de las modas y que corren a atacar a quien recuerda lo bueno y a excusar y defender a quienes enseñan lo malo, les recuerdo las palabras del Apóstol: «Y no os acomodéis al mundo presente, antes bien transformaos mediante la renovación de vuestra mente, de forma que podáis distinguir cuál es la voluntad de Dios, lo bueno, lo agradable, lo perfecto» (Rm 12, 1-2)

(Resumido de cristiandad.org)

EL OBSERVADOR 342-8

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OPINIÓN

La crisis argentina también es nuestra


A miles de kilómetros de distancia, un país hermano está pasando por una crisis terrible. Podemos pensar por un momento que esto no tiene nada que ver con nosotros; sin embargo, lo que ocurre allá es una manifestación de algo más amplio y profundo, un reflejo de una economía injusta a nivel mundial.

Hemos construido una sociedad sin Dios, una cultura donde los valores prioritarios no coinciden con los del Evangelio. Podemos señalar cientos de causas para las crisis que vivimos, pero en el fondo de todas ellas está la estructura de pecado. El capital por encima del hombre, el anhelo de posesiones y de poder, la libertad considerada como un absoluto, el individualismo y las muchas formas de enajenamiento son algunos de los signos de una sociedad que no es cristiana, aunque bautice a sus hijos y vaya los domingos a Misa.

La realidad de muerte que ensombrece al mundo reta al mensaje cristiano con toda su fuerza esperanzadora y su proyecto de vida. "Hoy, como siempre, y quizá más que nunca, es necesario afirmar que hay un Dios por encima de los demás dioses, que no es un dios de muerte, sino un Dios de vida" (Álvarez Icaza).

Nuestro Dios es un Dios de vida, ¿cómo oponernos a los proyectos de muerte con los que convivimos? Ya lo ha dicho una y otra vez la Iglesia: tenemos que comenzar por la evangelización; evangelizando la cultura, a nuestros hermanos y a nosotros mismos, en forma constante y cada vez más profunda para entonces actuar en consecuencia. Vale recordar en estos momentos críticos para Latinoamérica la propuesta de Pablo VI: «Se trata de alcanzar y transformar con la fuerza del Evangelio los criterios de juicio, los valores determinantes, los puntos de interés, las líneas de pensamiento, las fuentes inspiradoras y los modelos de vida de la humanidad, que están en contraste con la Palabra de Dios y con el designio de salvación". (EN 19). (Yusi Cervantes)

EL OBSERVADOR 342-9

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Cada día nace la esperanza
Por Ma. Teresa Esquivel



A la mitad de la noche, en la más espesa niebla, empieza el amanecer.  Aún persisten la tinieblas, mas la noche está vencida: despunta el nuevo día.

Cada día que nace, nace una esperanza.

No olvidemos las lecciones de la historia, experiencias de la vida.

Hay millones de pequeñas luces en el mundo imposibles de apagar. Dan vislumbre a la vida y al andar.  Son gestas heroicas y tenaces de tantas compañeras, de tantos compañeros del largo camino.

Sueños que vigorizan, que calientan, que estimulan corazones cansados de luchar.

El discurso y la palabra ya no convencen.  Mueve la pedagogía del ejemplo, eso sí:

Amor sencillo y pleno a la creación, hermanada de veras. Cálidas acogidas, apoyos decididos, solidarios, reconciliaciones sinceras, deudas eternas condonadas sin condiciones alevosas. 

Aceptación gozosa y activa de lo que sí podemos cambiar, empujar la historia para lo que nos falta andar.

Globalizar no el mercado y la ganancia, sí la justicia, la hermandad y la paz. 

Participación equitativa de los bienes de la humanidad con auténtica dignidad, respeto y amor a todas y todos: hombres, mujeres, razas, culturas, religiones, naciones y ecología.

Redescubrir con alegría que nuestro mundo no está totalmente abocado al fracaso total.  Puede cambiar, lo podemos cambiar y hacer feliz.

Hay nuevas utopías, hay modelos nuevos evangélicos de ser. 

A la mitad de la noche más densa, en la cueva del mundo y del corazón, nació la Luz, el Gozo, la Esperanza, el Amor y la Paz. 

Humanidad: en marcha; alza la vista, levanta la frente. Peregrinos del mundo: caminemos a Belén.

(Con retraso, a causa de las distancias, recibimos este mensaje navideño.  Conscientes de que Navidad no termina con las fiestas, y que no la guardamos junto a las esferas en un rincón, compartimos con ustedes  este mensaje, para que aceptemos la Navidad cada día en nuestros corazones, para que estemos siempre en marcha hacia Belén)

EL OBSERVADOR 342-10

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PINCELADAS

Un granito de oro
Justo López Melús


Un místico oriental nos ofrece varias sentencias sobre la generosidad: «Mientras voy caminando, se me derrama el agua de mi cántaro. ¡Qué poca me queda para mi casa!». Canta la cascada: «Aunque una poca de mi agua basta al sediento, ¡con qué alegría se la regalo toda!».

«Caminaba mendigando hacia la ciudad, cuando vi aparecer tu carroza de oro. 'Se acabaron los días malos —pensé lleno de esperanza—. Llegó por fin mi suerte'. Te paraste y me tendiste la mano: '¿Qué tienes para darme?'. Confuso, saqué de mi alforja un granito de trigo y te lo di. Cuando por la noche vacié mi saco, encontré un granito de oro entre el mísero montón. Entonces lloré amargamente: '¿Por qué no tuve ánimo para darme todo entero?'».

EL OBSERVADOR 342-11

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