El Observador de la Actualidad

 

Periodismo católico para la familia de hoy

10 de febrero de 2002 No. 344

SUMARIO

bullet MENSAJE DEL SANTO PADRE PARA LA CUARESMA 2002
bulletMisas «bonitas»
bulletAL PASO CON DIOS Cáritas es Cáritas
bulletBiendeZires de lo encarnado
bullet«La respuesta cristiana al dolor y al sufrimiento nunca se ha caracterizado por la pasividad»
bulletNUESTRO PAÍS Obispos mexicanos señalan que es un deber moral pagar impuestos
bulletOPINIÓN PUBLICA Corrupción: ¿el fin justifica los medios?
bulletPOLÉMICA / CARTAS AL DIRECTOR Cuesta demasiado la burocracia a México
bulletENTREVISTA Sobre la "Ley Robles" y la decisión de la Corte
bulletDILEMAS ÉTICOS Querer la virtud es querer hacer algo
bulletVOCES DE NUESTROS TIEMPOS ¿Existe sólo un día para el amor y la amistad?
bulletValidar los sentimientos
bulletDECÁLOGOS Decálogo para el fumador
bulletPINCELADAS El monje y el herido

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MENSAJE DEL SANTO PADRE PARA LA CUARESMA 2002
«Han recibido gratuitamente, den también gratuitamente»  

Queridos hermanos y hermanas:

1. Nos disponemos a recorrer de nuevo el camino cuaresmal, que nos conducirá a las solemnes celebraciones del misterio central de la fe, el misterio de la pasión, muerte y resurrección de Cristo. Nos preparamos para vivir el tiempo apropiado que la Iglesia ofrece a los creyentes para meditar sobre la obra de la salvación realizada por el Señor en la Cruz. El designio salvífico del Padre Celestial se ha cumplido en la entrega libre y total del Hijo unigénito a los hombres. «Nadie me quita la vida: sino que la doy por mí mismo», dice Jesús (cfr. Jn 10,18), resaltando que Él sacrifica su propia vida, de manera voluntaria, por la salvación del mundo. Como confirmación de don tan grande de amor, el Redentor añade: «No hay amor más grande que dar la vida por los amigos» (Jn 15,13).

La Cuaresma, que es una ocasión providencial de conversión . Es como un retorno a las raíces de la fe, porque, meditando sobre el don de gracia inconmensurable que es la Redención, nos damos cuenta de que todo ha sido dado por amorosa iniciativa divina. Precisamente para meditar sobre este aspecto del misterio salvífico, he elegido como tema del mensaje cuaresmal de este año las palabras del Señor: «Han recibido gratuitamente, den también gratuitamente» (Mt. 10,18).

2. Dios nos ha dado libremente a su Hijo: ¿quién ha podido o puede merecer un privilegio semejante? San Pablo dice: «Todos han pecado y están privados de la gloria de Dios, pero son justificados gratuitamente por su gracia» (Rom 3, 23-24). Dios nos ha amado con infinita misericordia, sin detenerse ante la condición de grave ruptura ocasionada por el pecado en la persona humana. Se ha inclinado con benevolencia sobre nuestra enfermedad, haciendo de ella la ocasión para una nueva y más maravillosa efusión de su amor.

«Han recibido gratuitamente, den también gratuitamente». Que estas palabras del Evangelio resuenen en el corazón de toda comunidad cristiana en la peregrinación penitencial hacia la Pascua. Que la Cuaresma, llamando la atención sobre el misterio de la muerte y resurrección del Hijo de Dios, lleve a todo cristiano a asombrarse profundamente ante la grandeza de semejante don. ¡Sí! Gratis hemos recibido. ¿Acaso no está toda nuestra existencia marcada por la benevolencia de Dios? Es un don el florecer de la vida y su prodigioso desarrollo .

Conviene recordar también a este propósito que no todo lo que es técnicamente posible es también moralmente lícito. Aunque resulte admirable el esfuerzo de la ciencia para asegurar una calidad de vida más conforme a la dignidad del hombre, eso nunca debe hacer olvidar que la vida humana es un don, y que sigue teniendo valor aun cuando esté sometida a sufrimientos o limitaciones.

3. La Cuaresma, proponiendo de nuevo el ejemplo de Cristo que se inmola por nosotros en el Calvario, nos ayuda de manera especial a entender que la vida ha sido redimida en Él. Por medio del Espíritu Santo, Él renueva nuestra vida y nos hace partícipes de esa misma vida divina que nos introduce en la intimidad de Dios y nos hace experimentar su amor por nosotros. Se trata de un regalo sublime, que el cristiano no puede dejar de proclamar con alegría. San Juan escribe en su Evangelio: «Esta es la vida eterna: que te reconozcan a ti, el único Dios verdadero, y a tu enviado, Jesucristo» (Jn 17, 3). Esta vida, que se nos ha comunicado con el Bautismo, hemos de alimentarla continuamente con una respuesta fiel, individual y comunitaria, mediante la oración, la celebración de los sacramentos y el testimonio evangélico.

En efecto, habiendo recibido gratis la vida, debemos, por nuestra parte, darla a los hermanos de manera gratuita. Y el primer don que hemos de dar es el de una vida santa, que dé testimonio del amor gratuito de Dios. Que el itinerario cuaresmal sea por todos los creyentes una llamada constante a profundizar en esta peculiar vocación nuestra. Como creyentes, hemos de abrirnos a una existencia que se distinga por la «gratuidad», entregándonos a nosotros mismos, sin reservas, a Dios y al prójimo.

4. «¿Qué tienes —advierte san Pablo— que no lo hayas recibido?» (I Co 4,7). Amar a los hermanos, dedicarse a ellos, es una exigencia que proviene de esta constatación. Cuanto mayor es la necesidad de los otros, más urgente es para el creyente la tarea de servirlos. ¿Acaso no permite Dios que haya condiciones de necesidad para que, ayudando a los demás, aprendamos a liberarnos de nuestro egoísmo y a vivir el auténtico amor evangélico? Las palabras de Jesús son muy claras: «Si ustedes aman solamente a quienes los aman, ¿qué recompensa merecen? ¿No hacen lo mismo los publicanos?» (Mt. 5, 46). El mundo valora las relaciones con los otros en función del interés y el provecho propio, dando lugar a una visión egocéntrica de la existencia. Por el contrario, toda persona, incluso la menos dotada, ha de ser acogida y amada por sí misma, más allá de sus cualidades y defectos.

Es muy significativo que Jesús pronuncie las palabras: «Han recibido gratuitamente, den también gratuitamente», precisamente antes de enviar a los apóstoles a difundir el Evangelio de la salvación. Así hicieron los apóstoles en el comienzo del cristianismo, y quienes los encontraban, los reconocían como portadores de un mensaje más grande que ellos mismos. También cuando el cristiano se hace cargo de las necesidades del prójimo, como en el caso del buen samaritano, nunca se trata de una ayuda meramente material. Es también anuncio del Reino, que comunica el pleno sentido de la vida, de la esperanza, del amor.
5. ¡Queridos hermanos y hermanas! Que sea éste el estilo con el que nos preparamos a vivir la Cuaresma: la generosidad afectiva hacia los hermanos más pobres. ¿Qué momento más oportuno que el tiempo de Cuaresma para dar este testimonio de gratuidad que tanto necesita el mundo?

EL OBSERVADOR 344-1

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Misas «bonitas»
Por Miguel Rivilla San Martín

Cuando en el pueblo cristiano se dan llamativas carencias de formación y catequesis, las cosas más sagradas se devalúan o desvirtúan poco a poco. Esto es lo que suele acontecer con la celebración más importante de la fe católica, que es la Eucaristía o la santa Misa. Un fiel bien formado sabe bien que nada es comparable a la Misa, «centro de toda la vida de la comunidad cristiana». No desconoce que es la renovación incruenta del único sacrificio de Cristo en la cruz, que se inmola al Padre por nuestra salvación; que es la acción de gracias por excelencia a Dios; que es el memorial o nueva presencia del sacrificio de Cristo; el convite pascual en el que se nos da Cristo en alimento; que es la comunión con el cuerpo y la sangre de Cristo que Él nos mandó hacer en memoria suya el primer Jueves Santo; que en ella se realiza la obra de nuestra redención, etc.

Al olvidar o ignorar estas realidades profundas, muchos -incluso bautizados y creyentes- se quedan tan sólo con los aspectos externos o, simplemente, con la cáscara o el envoltorio.... Juzgan la Misa a la que «asisten» pasivamente, como un mero espectáculo. Si en él ha habido guitarras, coros juveniles, batería, cantos rítmicos y pegajosos, celebrante simpático, expresiones corporales, intercambio efusivo de abrazos y besos, homilía untuosa y sensiblera, preces espontáneas, presentación rara y variada de dones, algo de folclore, creatividad del celebrante, etc...., salen eufóricos comentando: «¡Qué Misa tan bonita!».

Uno, como sacerdote, se pregunta perplejo: ¿Pero es que la misa tiene que ser «bonita»? Pocos se plantean si la celebración les acercó mucho, poco o nada a Dios y al prójimo, si les ayudó a transformar o mejorar sus vidas, si les acrecentó su fe, esperanza y caridad. ¡Qué falta de catequesis en el pueblo de Dios!

(Artículo publicado por acuerdo con «Periodismocatolico.com»)

EL OBSERVADOR 344-2

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AL PASO CON DIOS

Cáritas es Cáritas
Por Amadeo Rodríguez Magro

Es verdad que Cáritas es una organización no gubernamental (ONG), pero, sin desmerecer a las demás, estoy convencido de que merece ser tenida en cuenta en sí misma. Hay razones suficientes para no considerarla una más y, por tanto, para citarla por su nombre cada vez que se hace alguna referencia a su actuación.

Para defender esta afirmación, pienso que sería suficiente con apelar a lo que Cáritas es en la Iglesia católica: la expresión institucional de la caridad de todas sus comunidades. Pero no es esa la razón fundamental. Cáritas es Cáritas, sobre todo, por los merecimientos acumulados, que le han hecho granjearse la confianza y el respeto de gran cantidad de ciudadanos, católicos o no. Por su implantación permanente con infinidad de acciones y proyectos, por su prontitud y sensibilidad ante cualquier emergencia y por la abnegada, fiable y competente acción de sus voluntarios y voluntarias, se ha ganado en todo el mundo un prestigio y una credibilidad que hace casi moralmente obligatorio decir Cáritas con naturalidad.

Dicho lo anterior, y ya que hablamos de ella, aprovecho para llamar la atención, en su nombre, de todos aquellos que son su soporte social prioritario, los cristianos y cristianas y cualquier ciudadano generoso. A todos les recuerdo que Cáritas se mueve, naturalmente, porque el motor es la fe en Jesucristo, pero, además, por las cuentas corrientes que todos nosotros hemos de nutrir con nuestra solidaridad.

EL OBSERVADOR 344-3

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BiendeZires de lo encarnado
Por Fr. Eulalio Gómez, ofm.

La distancia o la cercanía que pongo ENTRE cualquier ser humano y yo, ésa misma es la distancia o cercanía que pongo ENTRE Dios y yo.

GLOSILLA.- Así es, puesto que en todo ser humano —especialmente en los más despreciados— está Cristo. La distancia o cercanía que vivamos con el primero, será la misma que estaremos viviendo con Cristo que está ahí. Recordemos que fue Dios mismo quien puso como criterio de una genuina vida cristiana la actitud que tengamos hacia el prójimo a quien vemos.

EL OBSERVADOR 344-4

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DOCUMENTOS

«La respuesta cristiana al dolor y al sufrimiento nunca se ha caracterizado por la pasividad»
Mensaje del papa Juan Pablo II para la X Jornada Mundial del Enfermo, 11 de febrero de 2002

1. Desde hace algunos años, el 11 de febrero, día en que la Iglesia conmemora la aparición de Nuestra Señora de Lourdes, ha quedado oportunamente unido a un importante acontecimiento:  la celebración de la Jornada Mundial del Enfermo. En el año 2002 tendrá lugar la décima celebración, que se realizará en el conocido centro de peregrinaciones marianas del sur de la India, el santuario de la «Virgen de la Salud», en Vailankanny, conocido como «La Lourdes de Oriente» (...).

En la India, tierra de religiosidad tan profunda y antigua, ese santuario dedicado a la Madre de Dios es realmente un punto de encuentro para miembros de diversas religiones y un ejemplo excepcional de armonía y diálogo interreligioso.

La Jornada Mundial del Enfermo comenzará con un momento de intensa oración por todos los que sufren y los enfermos. De ese modo expresaremos a los que sufren nuestra solidaridad, que brota de la convicción de la misteriosa naturaleza del dolor y su función en el proyecto amoroso de Dios para cada persona. La Jornada proseguirá con una reflexión y un estudio serios sobre la respuesta cristiana al mundo del sufrimiento humano, que parece aumentar día tras día, entre otras causas por calamidades originadas por el hombre y por opciones malsanas realizadas por personas y sociedades. Al volver a examinar el papel y la función de las instituciones sanitarias, de los hospitales cristianos y de su personal, esta reflexión destacará y reafirmará los auténticos valores cristianos, que deberían inspirarlos. Seguir las huellas de Jesús, el Médico divino, que vino «para que tengan vida y la tengan en abundancia» (Jn 10, 10) —tema de la reflexión de la Jornada— implica una clara actitud en favor de la cultura de la vida y un compromiso total en defensa de la vida desde la concepción hasta la muerte natural.

2. Está bien buscar medios nuevos y eficaces para aliviar el sufrimiento, pero el sufrimiento sigue siendo un hecho fundamental de la vida humana. En cierto sentido, es tan profundo como el hombre mismo  y afecta a su misma esencia (cfr. Salvifici doloris, n. 3). La investigación y los cuidados médicos no explican del todo ni eliminan completamente el sufrimiento. En su profundidad y en sus múltiples formas, es preciso considerarlo desde una perspectiva que trascienda su dimensión meramente física. Las diversas religiones de la humanidad siempre han tratado de responder a la pregunta del sentido del dolor y reconocen la necesidad de mostrar compasión y bondad a los que sufren. Por eso las convicciones religiosas han dado origen a prácticas médicas encaminadas a tratar y curar las enfermedades, y la historia de las diferentes religiones registra formas organizadas de asistencia sanitaria a los enfermos, practicadas ya desde tiempos muy antiguos.

Aunque la Iglesia considera que en las interpretaciones no cristianas del sufrimiento se hallan muchos elementos válidos y nobles, su comprensión de este gran misterio humano es única. Para descubrir el sentido fundamental y definitivo del sufrimiento «tenemos que volver nuestra mirada a la revelación del amor divino, fuente última del sentido de todo lo existente» (ib., 13). La respuesta a la pregunta sobre el sentido del sufrimiento «ha sido dada por Dios al hombre en la cruz de Jesucristo» (ib.). El sufrimiento, consecuencia del pecado original, asume un nuevo sentido:  se convierte en participación en la obra salvífica de Jesucristo (cfr. Catecismo de la Iglesia católica, n. 1521). Con su sufrimiento en la cruz, Cristo venció el mal y nos permite vencerlo también a nosotros. Nuestros sufrimientos cobran sentido y valor cuando están unidos al suyo. Cristo, Dios y hombre, tomó sobre sí los sufrimientos de la humanidad, y en Él el mismo sufrimiento humano asume un sentido de redención.

En esta unión entre lo humano y lo divino, el sufrimiento produce el bien y vence el mal (...).
La fe nos enseña a buscar el sentido último del sufrimiento en la pasión, muerte y resurrección de Cristo. La respuesta cristiana al dolor y al sufrimiento nunca se ha caracterizado por la pasividad. La Iglesia, urgida por la caridad cristiana, (...) sale al encuentro de los enfermos y los que sufren, dándoles consuelo y esperanza. No se trata de un mero ejercicio de benevolencia; brota de la compasión y la solicitud, que llevan a un servicio atento y asiduo. Ese servicio implica, en definitiva, la entrega generosa de sí a los demás, especialmente a los que sufren (cfr. Salvifici doloris, n. 29). La parábola evangélica del buen samaritano capta muy bien los sentimientos más nobles y la reacción de una persona ante un hombre que sufre y necesita ayuda. Buen samaritano es quien se detiene para atender a las necesidades de los que sufren.

3. En este momento pienso en los innumerables hombres y mujeres que, en todo el mundo, trabajan en el campo de la salud (...). Como recordé en mi exhortación apostólica postsinodal Ecclesia in Asia, en numerosas ocasiones, durante mis visitas a la Iglesia en diversas partes del mundo, he quedado hondamente conmovido por el extraordinario testimonio cristiano de muchos grupos de profesionales de la salud, especialmente de los que se dedican a cuidar de los discapacitados y los enfermos terminales, así como de los que luchan para evitar la difusión de nuevas enfermedades, como el SIDA (cfr. n. 36). Con la celebración de la Jornada Mundial del Enfermo, la Iglesia expresa su gratitud y su aprecio por el servicio desinteresado de muchos sacerdotes, religiosos y laicos comprometidos en el campo de la salud, que atienden generosamente a los enfermos, a los que sufren y a los moribundos, sacando fuerza e inspiración de la fe en el Señor Jesús y de la imagen evangélica del buen samaritano. El mandato del Señor durante la última Cena:  «Haced esto en memoria mía», además de referirse a la Fracción del Pan, alude también al cuerpo entregado y a la sangre derramada por Cristo por nosotros (cfr. Lc 22, 19-20), es decir, al don de sí a los demás. Una expresión particularmente significativa de este don de sí es el servicio a los enfermos y a los que sufren. Por tanto, quienes se dedican a ese servicio, encontrarán siempre en la Eucaristía una fuente inagotable de fuerza y un estímulo a una generosidad siempre renovada.

4. Al acercarse a los enfermos y a los que sufren, la Iglesia se guía por una visión precisa y completa de la persona humana «creada a imagen de Dios y dotada de la dignidad y los derechos humanos inalienables que Dios le dio» (Ecclesia in Asia, n. 33). En consecuencia, la Iglesia insiste en el principio según el cual no todo lo que es técnicamente posible es lícito moralmente. Los enormes progresos y avances de la ciencia médica, en tiempos recientes, nos dan a todos una gran responsabilidad con respecto al don divino de la vida, que sigue siendo un don en todas sus fases y condiciones.

Debemos vigilar para impedir cualquier posible violación y supresión de la vida. «Somos los custodios de la vida, no sus propietarios. (...) Desde su concepción, la vida humana implica la acción creadora de Dios y mantiene siempre un vínculo especial con el Creador, fuente de la vida y su único fin» (ib., 35).

Las instituciones sanitarias cristianas, firmemente arraigadas en la caridad, prosiguen la misión de Jesús de cuidar de los débiles y los enfermos. (...) Pido fervientemente a María, Salud de los Enfermos, que siga otorgando su protección amorosa a los que se hallan heridos en el cuerpo y en el espíritu, e interceda por los que cuidan de ellos. Que ella nos ayude a unir nuestros sufrimientos a los de su Hijo mientras nos encaminamos con gozosa esperanza hacia la seguridad de la casa del Padre.

EL OBSERVADOR 344-5

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NUESTRO PAÍS

Obispos mexicanos señalan que es un deber moral pagar impuestos
Los funcionarios públicos deberían disminuir sus propios salarios, conscientes de que sirven a un pueblo pobre.

El episcopado mexicano recordó a los católicos del país que el pago de impuestos es un deber moral que debe ser respetado para contribuir con el desarrollo del país; pero advirtieron también que es deber del Estado administrar equitativamente los recursos fiscales.

Ante la necesidad de que el gobierno federal cuente con mayores recursos para obras sociales la Conferencia Episcopal Mexicana (CEM) invitó a los mexicanos a cooperar con el país pagando los impuestos siempre y cuando «el gobierno garantice la transparencia en el uso de los mismos».

Monseñor Luis Morales Reyes y monseñor Abelardo Alvarado Alcántara, respectivamente presidente y secretario general de la CEM, señalaron, sin embargo, que la reforma fiscal lanzada por el gobierno de Fox en diciembre del año pasado debía tener en cuenta aspectos de sensibilidad social y eficacia como el no gravar el consumo, reducir el aparato burocrático y ajustar el sueldo de los servidores públicos de acuerdo con «las condiciones de un pueblo pobre a cuyo servicio están».

Los obispos recordaron que la evasión fiscal es un acto inmoral, y por tanto, también la actividad económica informal debe contribuir con las cargas fiscales, pues «es necesario promover la participación de todos en el pago de impuestos».

Sin embargo, aclararon que las contribuciones tendrán que equilibrarse por parte del gobierno con el compromiso expreso de dar a conocer la cantidad de dinero que se recabó, así como el destino que tuvo.

En conferencia de prensa monseñor Abelardo Alvarado, el secretario general de la Conferencia Episcopal Mexicana, señaló que no es intención del organismo eclesiástico «señalar los aspectos técnicos de la nueva ley hacendaria»; pero que sí era interés y deber de los obispos «proponer los aspectos morales que ayuden a una norma más justa».

«El pago de impuestos es una obligación moral de todo ciudadano, y el no cumplirla es una acción que va en contra de la justicia», señaló el Prelado.

Pero también agregó que «esta obligación presupone que las autoridades deben de administrar la hacienda pública con honestidad, austeridad y transparencia, lo cual implica, entre otras cosas, contar con el número de servidores públicos estrictamente necesario, y que los funcionarios de mayor responsabilidad reciban retribuciones acordes con las condiciones de un pueblo pobre». (ACI)

EL OBSERVADOR 344-6

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OPINIÓN PUBLICA

Corrupción: ¿el fin justifica los medios?
Por Pablo Parás

1) Importancia y principales resultados.- Los resultados de la Encuesta Nacional de Corrupción y Buen Gobierno, 2001 (consultar www.transparenciamexicana.org.mx) permiten por primera vez documentar para México la magnitud y características del fenómeno de la corrupción. En términos de alcance, profundidad y actualidad, es la mejor fuente de datos duros sobre el tema. Entre los principales resultados de esta investigación conducida por Transparencia Mexicana se encuentran los siguientes:

• Anualmente se registran 214 millones de actos de corrupción en el uso de servicios públicos.
• El gasto promedio por hogar en pago de mordidas es de 109 pesos.
• La corrupción en México representa un gasto total anual de 23 mil 400 millones de pesos.
• El 32% de los jefes de hogar opina que la corrupción se origina en los funcionarios, otro 32% piensa que los ciudadanos son quienes inician el proceso de corrupción, mientras que un 35% afirma que tanto los funcionarios como los ciudadanos son fuente de corrupción.

2) Tolerancia a conductas de corrupción de funcionarios públicos.- Los mexicanos estamos perfectamente familiarizados con la corrupción; nuestra convivencia con ella es frecuente y a veces pareciera inevitable. Los siguientes resultados sugieren que es inclusive un mal necesario, algo permitido en nuestros códigos de conducta, siempre y cuando —por supuesto— nos genere un beneficio.
• De los jefes de hogar que declararon que nunca habían tenido un acto de corrupción, uno de cada cinco dieron «mordidas».
• Un 53% de los jefes de hogar entrevistados expresó estar de acuerdo con la frase «un funcionario puede sacar provecho de su puesto, siempre y cuando haga cosas buenas».

Un estudio anterior, realizado en 1998 (encuesta realizada por Demotecnia, publicada en México Diccionario de Opinión Pública, p. 48) advertía ya sobre esta preferencia de los mexicanos:
«Ya sabemos que todos los extremos son malos, pero si usted tuviera que escoger, ¿qué escogería?
«Un gobierno que resuelve los problemas pero con corrupción: 52%
«Un gobierno sin corrupción pero que no resuelve los problemas: 41%
«No sabe / no contestó: 7%».

¿Qué debemos de querer? Por supuesto resultados y que funcionen las cosas. Pero necesariamente sin corrupción. De otra forma el costo de seguir conviviendo, permitiendo e inclusive fomentando la corrupción resulta muy caro en el largo plazo.

EL OBSERVADOR 344-7

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POLÉMICA / CARTAS AL DIRECTOR

Cuesta demasiado la burocracia a México

Estimado director:
Creo que México está enfermo, y de una grave, muy grave enfermedad, y esto no se cura con aspirinas. Requiere de una terapia enérgica, dolorosa, que implica sacrificio. Y esta acción sólo puede realizarse si hay una buena relación médico-paciente, lo que, a su vez, reclama la existencia de confianza en los que conducen el tratamiento. De no lograrse ello, las medidas se imponen por la fuerza, por una acción dictatorial, que nadie lo desea, pero, conociendo cómo es la humanidad, debe reconocerse que ha sido la forma como se ha logrado la recuperación en algunos otros países.

Siguiendo con el símil médico y reconociendo que hay algunos indicadores que señalan el inicio de falla orgánica múltiple, ¿cuáles son los riesgos que se contemplan? De seguir las cosas así, o sea, que la mayor parte de la población esté ya sufriendo grave merma en la satisfacción de sus requerimientos básicos, lo que hasta ahora se ha podido parcialmente compensar por la emigración y consecuente ingreso de dólares, hay razón para temer que en el futuro próximo vayan apareciendo más y más manifestaciones de malestar social y pueda estallar un movimiento grave generalizado.

¿Qué puede hacerse? Desde luego, habría que controlar el balance metabólico. Habría que restringir el ingreso de aquellos que tienen más de lo necesario y mejorar el de los que carecen de lo estricto. Al mismo tiempo habría que imponer medidas que induzcan a los que puedan a invertir sus capitales en empresas que beneficien al país y restauren la ecología. Además, cosa improrrogable, habría que reducir drásticamente la sobrecarga brutal del aparato de gobierno. El costo de la alta burocracia es uno de los factores que está desbalanceando la economía.

Otra acción urgente es la negociación del pago de la deuda externa. Los acreedores deben convencerse de que, de no aligerar sus exigencias, pronto se llegará a la suspensión forzosa. La tercera línea operativa es la revisión del TLC y control de puertos fronterizos y aduanas.

Los recursos que se lograran salvar por la puesta en práctica de las acciones anteriores serían encauzados a las impostergables medidas para la conservación del agua y de la energía, así como la educación y mejoramiento de la forma de vida de la población mexicana.

Esteban Paulín Cosío.
Santiago de Querétaro, Qro.

EL OBSERVADOR 344-8

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ENTREVISTA

Sobre la "Ley Robles" y la decisión de la Corte
"No podemos clasificar a determinados seres humanos como de segunda clase, o con derecho a no nacer"



Con ocasión de haberse pronunciado los once ministros de la Suprema Corte de Justicia de la Nación sobre la reforma legislativa al Código Penal y de Procedimientos Penales del Distrito Federal, promovida por la ex jefa de gobierno, Rosario Robles, y dada la importancia de este órgano de justicia y del asunto, relacionado directamente con la dignidad del ser humano y su derecho fundamental a la vida, EL OBSERVADOR ha entrevistado a monseñor Rodrigo Aguilar Martínez, obispo de Matehuala y presidente de la Comisión Episcopal de Pastoral Familiar de la Conferencia del Episcopado Mexicano.

EL OBSERVADOR. En la decisión de la Suprema Corte de Justicia de la Nación a la "Ley Robles", ¿descubre usted, monseñor, algunos aspectos positivos?

MONSEÑOR RODRIGO AGUILAR MARTÍNEZ. Hay dos aspectos positivos. El hecho de que, por primera vez en México, los once ministros de la Suprema Corte reconocen que existe vida humana desde la concepción y, por tanto, el bebé concebido es persona y tiene derechos comenzando por el derecho a la vida y a nacer. Esta afirmación contundente honra también, y de una manera muy especial, a la mujer y su maternidad pues, desde el primer momento de la concepción, ella lleva en sí no sólo una "masa" de células, llamada "producto", sino el misterio de una nueva vida humana. Además, que el aborto sigue siendo considerado un delito en cuanto significa la interrupción del proceso de una vida humana.

EO. ¿Y en cuanto a las contradicciones a las que la pastoral a su cargo ha hecho mención en un comunicado reciente?

MRAM. Las hay, sin duda. Por ejemplo, se dice que se despenaliza el aborto, habilitando al Ministerio Público para actuar, en caso de violación o de alteraciones genéticas o congénitas; en el primer caso, con la denuncia de la violación por parte de la mujer; en el segundo caso, el de malformación, con la expedición de dos constancias médicas que le den certeza al Ministerio Público que procede el aborto eugenésico.

EO. ¡Vaya contradicción! ¿O sea que se acepta la existencia de la vida humana desde la concepción, pero, al mismo tiempo no se acepta si el Ministerio Público o los médicos dicen que no se acepte?

MRAM. En efecto, si se acepta la existencia de una vida humana desde el momento de la concepción y que el aborto es la interrupción y eliminación de dicha vida humana, se está aprobando un crimen en caso de violación o de malformaciones genéticas o congénitas.

EO. Siempre habrá un argumento defensivo...

MRAM. En el primer caso, en el de violación, se aduce la defensa de la mujer y sus derechos, que no se le puede obligar a un acto heroico, después de que ha sido víctima. Ciertamente es un gesto humano, de nobleza, proteger a la mujer que ha sido víctima, pero esto ha de realizarse en contra del victimario, que es el violador, y no en contra del fruto de la violación, la nueva vida humana, la cual, a pesar de las circunstancias por las que ha llegado a la existencia, es vida humana con la misma dignidad de ser humano que cualquiera de nosotros, especialmente de la misma madre. Más aún, ese ser humano fruto de violación es el más indefenso, el que más necesita de compasión, de un corazón humano que lo acoja y lo ayude a sanar de ese inicio abrupto de su existencia.

EO. Se habla de que la mujer violada tiene derecho a deshacerse de un "producto" no deseado por ella...

MRAM. Sí, pero el bebé concebido si bien está dentro del cuerpo de la mujer, no es un órgano más del cuerpo de la mujer. La ciencia lo ha demostrado: El código genético del feto es diferente al de la mujer y del varón que han dado lugar a su fecundación. La mujer violada, con todo y que ha sido brutalmente atacada, es la persona que está más cerca de ese bebé indefenso; la mayor sanación incluye acoger y llamar "hijo" al que está sintiendo como un intruso y una carga. El misterio de la mujer se eleva en la maternidad, aceptada aun por caminos inesperados.

EO. Está también el segundo caso, el de las malformaciones congénitas. Nos parece una compasión muy peligrosa porque abre la puerta a otras modalidades de aborto aún más despiadadas, ¿no lo cree, monseñor?

MRAM. Aquí, aparentemente, se aprueba el aborto por compasión hacia un ser humano que vendría con serias limitaciones. Pero cabe preguntarnos: ¿No será más bien egoísmo o temor a batallar con un discapacitado? No podemos clasificar a determinados seres humanos como de segunda clase, o con "derecho a no nacer". Por otro lado, encontramos hechos elocuentes de personas con limitaciones que han dado ejemplo de aceptación de su realidad y superación de sus adversidades, que son modelo de amor a la vida; a familias que han sabido valorar esto como ocasión para amar con más generosidad, y que no cambian por nada dicha experiencia.

EO. Ya estamos oyendo por todos lados las críticas a esta postura de la Iglesia. La misma Rosario Robles ha dicho que la decisión de la Suprema Corte "es un triunfo contra los conservadores"...

MRAM. Se critica a la Iglesia católica de ser intransigente al no aprobar bajo ninguna circunstancia el aborto procurado; sin embargo el aborto procurado será siempre un crimen. La postura de la Iglesia es una defensa enérgica de la vida humana, de toda vida humana, incluso la que es fruto de violación o la que viene con malformaciones. ¿Quién es más humano, el que suprime o el que defiende y promueve a los seres humanos?

EO. ¿Cuál debe ser nuestra actitud como católicos ante la Suprema Corte, ante su decisión y ante la defensa de la vida?

MRAM. Primero, agradecer a los ministros su servicio al pueblo de México para cuyo bien fueron designados, en cuanto han confirmado la gran verdad de la dignidad y los derechos del ser humano desde el momento de su concepción; segundo, exhortar a los fieles católicos, a todo creyente y persona de buena voluntad, a promover con todos los medios a su alcance estos derechos del bebé concebido y por nacer. Esta resolución nos deja una tarea esencial: que sus derechos se cristalicen en garantías para el bebé y la madre, como por ejemplo, atención médica, acogerlo con amor y en condiciones dignas para su nacimiento y sano desarrollo, o una educación integral.

EO. Está en juego lo que hoy se ha llamado «progreso con rostro humano»...

MRAM. En efecto, el progreso no debe dejar de tener un rostro humano, compasivo y solidario especialmente en las situaciones más adversas, como son los niños concebidos por violación o que vienen con malformaciones. Existen medios y debe haber ayuda para recibirlos en nuestra sociedad.

EO. ¿Está pesando más el silencio de los buenos que el griterío de los malos?

MRAM. Los agoreros de la "cultura de la muerte" se han apoderado de muchos medios de comunicación. Pero la defensa de la vida debe vencer las amenazas de la "cultura de la muerte". Nuestra postura a favor de la vida humana, de toda vida humana, ha de ser pacífica y serena. Nos dice san Pablo: "No te dejes vencer por el mal, antes vence el mal con el bien". El amor a la vida vencerá al egoísmo.

EL OBSERVADOR 344-9

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DILEMAS ÉTICOS

Querer la virtud es querer hacer algo
Por Sergio Ibarra



El querer es un reflejo de la voluntad. Cada uno de nuestros quereres y queridos son parte de este reflejo. En nuestros actos diarios reflejamos la virtud que buscamos. Ciertamente las acciones cambian conforme cambia nuestra edad, y en cada etapa de la vida existe la posibilidad de encontrar la virtud, si tenemos la voluntad de empeñarnos en ello.

Querer la virtud es querer algo, no cualquier algo, no un "alguito", que por pequeño carece del mínimo reto que nos conduzca a ella, ni un "algote", que por grande nos remita a decir: "bueno, ya sabía que a lo mejor no me salía"; me refiero a esta búsqueda del "algo" que, ciertamente, sea mejor, mejor en su contenido y mejor porque nos hace mejores. Pero la pregunta es: ¿es posible hacer algo? y ¿por qué ese algo es mejor?

Todo comportamiento éticamente orientado parte de esta voluntad, la que vive en nuestro interior. De manera que este día el dilema no viene de las andanzas de Juanito, sino de lo que hay detrás de ellas, del deleite que nos da el poder percatarnos de que podemos encontrar en nuestras ideas y nuestras acciones la posibilidad de sorprendernos uno de estos días y sabernos más cercanos a nosotros mismos y a Dios. Y digo a nosotros mismos, porque sin armonía en nuestro interior es difícil proyectar al prójimo justamente paz y armonía.

Se avecina el Miércoles de Ceniza, que nos recuerda a los católicos lo que indefectiblemente cada uno enfrentará al final de su vida terrenal. La Biblia es clara al señalar que debemos estar preparados. Momento más que propicio para entrar en esta reflexión. No importa si usted es una persona liberal, que hace de las normas morales reglas de etiqueta, o sea, para etiquetar al otro; o si pertenece a la corriente racional, que hace de las normas la categorización de la acción humana. La virtud, finalmente, es una forma de ser para quienes, sin importar su postura, manifiestan en la comunicación con los otros la confirmación de su propia alma.

Ahí esta el dilema de la Cuaresma. Jesús se retiró 40 días a estar consigo mismo, a estar en armonía y en paz. El Virtuoso de los hombres nos lo enseñó. Son 40 días con la oportunidad de renovar, afirmar, nutrir, cambiar el algo. ¿Le entramos o no le entramos?

EL OBSERVADOR 344-10

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VOCES DE NUESTROS TIEMPOS

¿Existe sólo un día para el amor y la amistad?
Por María Velázquez Dorantes



Se aproxima el día 14 de febrero, en el cual se conmemora el día de san Valentín, pero que también se denomina Día del Amor y la Amistad. Muchos aprovechamos para manifestar cariño, otorgamos regalos y amor por aquí y por allá; pero, en realidad, pocos sabemos de dónde surgió este día.

La leyenda o mito de san Valentín surge en el siglo tercero con un tirano emperador y un humilde mártir cristiano: el emperador de nombre Claudio III, y el mártir, Valentino. Valentino era una persona con grandes ideales, que buscaba a Cristo y luchaba por practicar sus creencias; mientras que el emperador había ordenado todo lo contrario. Claudio gustaba de la adoración de doce dioses diferentes, y había ordenado la pena de muerte para quien no acatara dicho ley.

Cuando descubren que Valentino iba en contra del emperador, es arrestado y llevado a prisión. El carcelero se da cuenta de que Valentino es un hombre preparado y de sabias letras, por lo que decide llevar a su hija Julia para que le pueda enseñar algo de sus conocimientos. Julia era ciega, mas aprendió lo suficiente. Valentino le hablaba mucho de Dios y todos los días rezaban; pero hubo un día especial en el cual Julia y Valentino se arrodillaron para hacer su oración con fervor y, de pronto, una luz cubrió la celda; Julia había recibido algo que tanto pedía a Dios: ver.

La víspera de la muerte de Valentino, escribió la última carta para Julia donde le pedía que se mantuviera cerca de Dios, y la firmó como «Tu Valentino». Fue ejecutado al día siguiente, 14 de febrero del año 270, y enterrado en la iglesia de Práxedes en Roma. Cuenta la leyenda que Julia plantó un almendro de flores rosadas en su tumba; por lo tanto, este día se ha tomado para festejar el símbolo de la amistad y el amor duraderos.

EL OBSERVADOR 344-11

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Validar los sentimientos
Por Yusi Cervantes Leyzaola



 Desde la más corta infancia hemos sido educados para no escuchar nuestros sentimientos. Y lo mismo estamos haciendo con nuestros hijos. El sistema es muy sencillo:  el niño o la niña llora y los padres le dicen:  "no llores, ya pasó, mira, te traje esto, a ver, sonríe…"  (afortunadamente es menos frecuente aquello de que "los niños no lloran"). Cuando se enoja, las frases son en el sentido de «cálmate, no vale la pena enojarse, no es para tanto, te ves muy feo o fea cuando te enojas». Si tiene miedo, decimos cosas como: «no hay por qué tener miedo, no hay nada atemorizante aquí, yo te estoy cuidando…». Si ve a los padres pelear o los percibe tensos y se preocupa por ello, escucha un: «No pasa nada, no te preocupes».  Al final de este aprendizaje, y después de haber recibido cientos de este tipo de respuestas, nuestros hijos y nosotros mismos aprendimos que es inadecuado sentir, que es incorrecto:  no hay por qué experimentar  tristeza, miedo, enojo, preocupación, frustración ni ningún otro sentimiento considerado negativo por los padres (¿será que les asusta que sus hijos sientan eso?). Pero los sentimientos no desaparecen.  Quedan ahí, sin expresarse, reprimidos, incluso haciendo daño. Y la persona aprende a desconfiar de sus propias sensaciones y de su propio corazón. Con el tiempo ya no sabrá siquiera qué es lo que siente si es que siente algo.

Necesitamos recorrer el camino de regreso y comenzar a aceptar como válidos nuestros sentimientos y los de los demás, incluidos los sentimientos que no son agradables. Esta bien estar triste, enojado, asustado o lo que sea que estamos sintiendo. Ese sentimiento nos está diciendo algo sobre una pérdida, un abuso, una falta de respeto, un peligro…  Hay que escuchar atentamente esos sentimientos y saber por qué están ahí, qué es lo que los provoca. Algunas veces tal vez descubramos que fueron provocados por una interpretación equivocada de la realidad, y entonces cambiarán. Pero eso es muy diferente a no reconocerlos o no permitirlos. 

Validar los sentimientos, los nuestros y los de los demás, es uno de los elementos indispensables para la comunicación humana profunda. Es una manifestación del respeto. Más aún, es parte fundamental del amor a uno mismo y del amor a los demás.

EL OBSERVADOR 344-12

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DECÁLOGOS

Decálogo para el fumador

1. No se engañe a sí mismo diciendo que fumar es bueno.  Comience por aceptar que tiene una adicción. En todo caso diga que no quiere hacer nada para dejar esa adicción.

2. Cuando fume, pregunte a las personas que lo acompañan que si le permiten fumar. Pero hágalo de tal manera que éstas se sientan en verdadera confianza de manifestar su molestia, si es así. Cualquier signo de que la aceptación a que usted fume es forzada debe tomarse como un no. Si hay alguien comiendo, ni siquiera pregunte: no fume. Esto incluye el postre. Y, por supuesto, aunque tenga el permiso, no fume uno tras de otro. Tal vez alguien puede tolerar el humo de un cigarro, pero media hora aspirando el humo le puede resultar muy molesto.

3. El humo del cigarro es cancerígeno. No fume delante de personas que hayan tenido o que tengan cáncer o que tengan factores de riesgo para padecerlo. Si no sabe, no interrogue al prójimo sobre estos temas; mejor no fume. 

4. Lo mismo vale para el asma, el enfisema y otras enfermedades respiratorias, irritaciones en los ojos, dolores de cabeza y algunas alergias.

5. No fume dentro de ninguna casa habitación, incluida la suya. Mucho tiempo después de que usted apagó el último cigarro, aún quedan partículas dañinas en el ambiente que son respiradas por los habitantes de esa casa.

6. No fume delante de sus hijos. No les oculte que fuma; que sepan que es una adicción que no ha podido vencer, pero que no quiere que ellos la adquieran, por eso no quiere que lo vean hacerlo.

7. No permita que un no fumador se haga cargo de vaciar y limpiar sus ceniceros. Para quien no fuma eso puede ser sumamente desagradable.

8. Procure mantener su aliento lejos de lo demás. El mal aliento que provoca el cigarro dura horas, y en los fumadores empedernidos es permanente.

9. No fume delante de los jóvenes, especialmente no delante de sus hijos, sobrinos o alumnos, que pudieran tenerlo como un modelo a seguir.

10. Pague todo lo que destruya con el cigarro: manteles, muebles, vestiduras de muebles o de asientos de carro, ropa…  Incluso si son de su propia casa.  Los demás miembros de su familia no tienen por qué vivir en un hogar maltratado por quemaduras de cigarro.

Atención, no fumadores:  si les molesta el humo del cigarro de otra persona, díganlo.  Son los fumadores los que están pasando sobre el derecho de los demás a tener una vida sana y un aire limpio.

EL OBSERVADOR 344-13

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PINCELADAS

El monje y el herido
Justo López Melús

Cuenta la leyenda que un monje recibió un día una orden tajante. Debería encontrarse con Dios al otro lado de la montaña antes de ponerse el sol. El monje se puso en marcha rápidamente. Pero a mitad del camino se encontró con un herido que pedía ayuda. El monje le explicó que no podía detenerse, que Dios lo esperaba lejos, antes del atardecer, y que volvería apenas encontrase a Dios. Y continuó su marcha.

Horas más tarde, cuando todavía brillaba el sol, el monje llegó a la cima de la montaña y se puso a buscar a Dios. Pero Dios no estaba. Dios se había ido a ayudar al herido con el que poco antes se había cruzado. O quizá Dios era el mismo herido que le había pedido ayuda. El que busca a Dios y desprecia al hermano no encontrará a Dios ni en el Cielo ni en la Tierra, ni en este mundo ni en el otro.

EL OBSERVADOR 344-14

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