El Observador de la Actualidad

 

Periodismo católico para la familia de hoy

18 de febrero de 2001 No. 345

SUMARIO

bullet CON ÉL Y EN ÉL - Una vocación frustrada
bulletLos trapos sucios del divorcio
bulletREFLEXIÓN POLÍTICA - La mujer de Lot
bullet¿USTED QUÉ OPINA? - Fraternizando con Schulemburg
bulletBiendeZires de lo encarnado
bulletPANTALLA CHICA - Buena masa
bulletPICADURA LETRÍSTICA - Patronos e intercesores
bullet¿Matar a un inocente por culpa del crimen de su padre?
bullet¡Gracias, Emilia!
bulletIdolos: pobre humanidad
bulletSabios de pacotilla
bulletPalabras incómodas
bulletDECÁLOGOS - Decálogo del buen padre de familia
bulletFAMILIA - Silvia escogió la mejor parte
bulletPINCELADAS - Juicios temerarios

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CON ÉL Y EN ÉL

Una vocación frustrada
Por Jaime Septién

Un texto hermoso, ligero, bien escrito, pero, sobre todo, profundamente humilde, como humilde lo fue «el Papa Bueno», Juan XXIII. ¿De dónde viene lo de una vocación frustrada?  De que Angelo Giuseppe Roncalli, nacido el 25 de noviembre de 1881 y muerto en olor de santidad el 3 de junio de1963, habiendo convocado al concilio Vaticano II, nunca quiso ser otra cosa que cura rural, sacerdote de pueblo, párroco de su pequeñísimo Sotto Il Monte, en la provincia italiana de Bérgamo.

Lección de amor por lo sencillo. Libro que debe figurar en la formación de los seminaristas y de todos los sacerdotes, con independencia del lugar al que Dios les haya llamado para ejercer su ministerio de amor por los demás y de propagación de la Buena Nueva.

La gran virtud de este libro, escrito por José Luis Olaizola (San Sebastián, España), estriba en haber encontrado el lugar exacto para entrar en la historia del alma de Juan XXIII; esto es, en la recurrencia de la nostalgia por Sotto Il Monte. Todos cargamos un recuerdo de nuestra casa primera, de nuestra primera infancia. Es la revelación de un olor, la persistencia de la luz, cierta composición del horizonte, un sabor, un sonido. Sea uno Papa o fiel laico, sacerdote o sacristán, el trallazo es el mismo: ahí está el recuerdo, asociado, cómo no, a la madre

Y, por el otro lado, presentar «la bondad» de Juan XXIII sin afectaciones. Lo mismo que su buen humor, su disposición para el chiste cuando era necesario (como pedirle a Dios que si ya sabía que iba a ser Papa por qué no lo hizo menos barrigudo y orejón, y más fotogénico, a la manerade monseñor Fulton J. Sheen, por ejemplo) o para la anécdota iluminadora (como aquélla de la homilía al cuerpo de paracaídas del ejército francés:  «No quisiera que, a fuerza de bajar del cielo, se les olvidara la manera de subir a él», de la que después resultó que un teniente dejó el ejército y se hizo, junto con un compañero, sacerdote). «La risa —piensa el Juan XXIII de Olaizola; un Juan XXIII inolvidable—, cuando es sin malicia, ensancha el corazón y así cabe mejor en él Jesús».

Considerado por los críticos de la Iglesia (yo mismo escuché, en Madrid, a un mi profesor —Jesús Ibáñez [qepd], ateo donde los hubiera— decir que Juan XXIII «le había hecho un favor a la Iglesia muriéndose pronto, porque la iba a revolucionar hasta tal punto que haría a los cristianos creer que el Papa cree») un hombre de vanguardias, alguien que vino a romper el hielo de la historia de la Iglesia en su relación con el mundo moderno, lo cierto es que «el Papa Humilde», que también así se le conoció, era absoluta, totalmente conservador. Una de las frases finales de este libro, que vuelvo a recomendar a todos los sacerdotes, en especial a los párrocos que creen —cosa muy humana— que su pequeña parroquia rural, o urbana, o semiurbana, es una suerte de «rito de paso» hacia mayores cuotas de... ¿de qué?, enseña la verdad de Juan XXIII, de Pablo VI, de Juan Pablo I, de Juan Pablo II: «Entiendo que los verdaderos progresistas, que trabajan para el futuro, son losgrandes conservadores. Y yo me considero un firme conservador del patrimonio de la fe y de la tradición, en todo lo que contienen de tesoros inmarcesibles. Hablar de reformas radicales no tiene sentido, pues en la raíz de todo está Jesucristo y la Iglesia fundada por Él».

Obediencia y disposición agradecida a querer a la gente son las dos grandes líneas que atraviesan la vida de este cura rural frustrado, de este inmenso personaje de nuestra Iglesia actual, ya beatificado, cuyo cuerpo permanece incorrupto. Y el crucifijo frente a su cama, para que la cruz fuera lo primero que viera al despertarse y lo último al dormirse. Sus últimas palabras, antes de ir a la Casa de Dios (que se la imaginaba como Sotto Il Monte) fueron un compendio de su vida: «Jesús, Tú lo sabes todo, Tú sabes que te quiero».

EL OBSERVADOR 345-1

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Los trapos sucios del divorcio
Por Jesús Colina / Roma *

En su alocución a los miembros del Tribunal de la Rota Romana, Juan Pablo II les exhortaba a combatir la «mentalidad de divorcio» que ha inundado la sociedad de hoy. Tiene buenas razones para estar preocupado.

Los niveles de divorcio en las naciones anglosajonas, por ejemplo, han sido altos durante muchos años. Según un estudio, el 40-45% de los matrimonios contraídos ahora en Estados Unidos acabarán en divorcio, si continúa la actual tendencia.

La mentalidad de divorcio ha comenzado a asentarse también en otros países, incluyendo aquellos de larga tradición católica. En Italia, los divorcios se han triplicado en el periodo que va de 1980 a 1999. En España, donde el divorcio se legalizó hace 20 años, uno de cada tres matrimonios acaba en divorcio.

La gran controversia

Recientes estudios han establecido claramente los altos costos de las rupturas matrimoniales. Los niños que han crecido en familias divorciadas son menos propensos a casarse, más propensos a divorciarse, y mas propensos a tener hijos fuera del matrimonio y a abusar de las drogas. Los adultos hijos de divorciados tienden a esperar que sus relaciones fallen y se angustian con el miedo a la pérdida, al conflicto, a la traición y a la soledad.

En los años 60 y 70 los estudiosos pro-divorcio produjeron informes alegando que el divorcio podría tener consecuencias benéficas para algunos niños. Investigaciones posteriores han probado que aquel optimismo fue falso.

En 1994, por ejemplo, un investigación llevada a cabo en Inglaterra, mostró que incluso en las familias altamente conflictivas (pero intactas), hay menos niños infelices en comparación con aquellos de los hogares rotos. Además, los niños que viven con una madre o un padre sustitutos corren casi nueve veces más peligros de sufrir abusos que los niños que viven con ambos padres casados en una familia tradicional.

En cuanto a los adultos, un tercio de los padres se deprimen profundamente tras el divorcio. La depresión es especialmente común entre las mujeres, afectando casi al 50%. Incluso 10 ó 15 años después del hecho, la herida y la humillación del divorcio seguían ocupando una posición central en las emociones de muchos adultos.

¿Para mejor?

Aunque es verdad que algunos hijos se benefician de que se ponga fin a matrimonios altamente conflictivos, tales situaciones representan una proporción muy pequeña en los divorcios.

El futuro de la sociedad depende del caso que se haga a las palabras del Papa.

EL OBSERVADOR 345-2

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REFLEXIÓN POLÍTICA

La mujer de Lot

Una de las aberraciones más graves de la política consiste en aferrarse al pasado. Tiene como premisa no ver el presente ni ser capaz de vivir en el presente. La tentación es constante. Nada de lo que pasa ahora tiene importancia.

Para el político que está ligado al pasado la verdadera importancia la tiene lo que pasó. En este punto contemplamos con admiración a nuestra maestra ejemplar de la Biblia, la mujer de Lot... El ángel dijo a Lot y a su familia: «Escapa, por tu vida. No mires atrás ni te detengas en toda la llanura...». Pero la mujer, su mujer, «miró atrás y se convirtió en estatua de sal» (Gen 19, 17-26). La acción política que vive mirando al pasado tiende a convertir a sus operadores —como la mujer de Lot— en estatuas de sal. (J.S.C.)

EL OBSERVADOR 345-3

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¿USTED QUÉ OPINA?

Fraternizando con Schulemburg
Por Genaro Alamilla Arteaga

Parece que el agua vuelve a su cauce; después de la tempestad vuelve la calma. El caso de Juan Diego levantó polémica, pero impulsó a historiadores e investigadores a profundizar más en su histórica existencia. Es evidente que confiamos más en los estudios e investigaciones hechos por el Vaticano —donde las cosas no se hacen a la ligera— que en las «investigaciones» del ex abad de la Basílica y sus seguidores. Pero no deja de ser penoso que sacerdotes de relevante calidad intelectual salgan ahora con que no está probada la existencia de Juan Diego.

Nuestro intento hoy no es probar lo que ya está probado, ni menos participar en la absurda polémica en que se ha caído lamentablemente; no, nuestro intento es reflexionar un poco sobre el tema. Por mucho culto que haya podido recibir nuestro beato Juan Diego, él y hasta el mismo hecho de la aparición guadalupana no son dogma de fe; pero sí es temerario negar el hecho guadalupano porque contradice a la fe divina y porque, por otra parte, históricamente está probado. Mas esto no autoriza condenar o satanizar, menos romper la fraternidad con hermanos de la misma fe, a pesar de que estén equivocados o sean ignorantes o no piensen como nosotros sobre el hecho guadalupano. Cierto que ha habido silencios, pero los estudios e investigaciones por personas no prejuiciadas han dado un resultado positivo.

Abordando el hecho guadalupano por el lado de la virtual canonización del beato Juan Diego, sería la oportunidad de retomar el añejo problema indígena. Al canonizarlo se dignifica a las etnias; ahora lo que hay que hacer es emprender una intensa evangelización en ese mundo al estilo de la nueva evangelización según Juan Pablo II: primero, profundizar en la fe porque no basta tener un conocimiento superficial de la doctrina; segundo, enraizarla en la vida pública, pues el cristiano, el hombre no vive en solitario sino en comunidad familiar, ejidal, municipal, estatal y nacional; por eso los cristianos de fe católica deben hacer presente a la Iglesia en la cultura, en la economía, en la política, en la ciencia, en la técnica, en el arte, etcétera.

También sería interesante que las autoridades correspondientes, con este mismo motivo de la canonización de Juan Diego, caigan en la cuenta de que nada de lo que han hecho ha podido resolver el problema de los diez millones de indígenas que viven tan precariamente. ¿Por qué no intentar hacer vigente la Constitución para que los hermanos indígenas vivan como el resto de los mexicanos, ejerciendo sus derechos y cumpliendo sus obligaciones? ¿Usted qué opina?

EL OBSERVADOR 345-4

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BiendeZires de lo encarnado
Por Fr. Eulalio Gómez, ofm.

Dice Juan Pablo II: «Si no hay lugar para Cristo, no hay lugar para el hombre». Podemos complementar así: Si no hacemos lugar para EL HOMBRE, no hacemos lugar para CRISTO.

GLOSILLA.- Esto, porque en Cristo están lo divino y lo humano, sin división ni confusión. Cristo es EL LUGAR de ambos y para ambos. Si de ese lugar eliminamos a uno, eliminamos al otro. Sería dividir a Cristo, dividir a Dios, dividir al hombre. Por ello, un buen humanismo, al tomar en serio a todo el hombre, toma en serio a Cristo, aunque no lo preconice así. ¿Acaso no es el beneficio al ser humano lo que buscan el Padre, el Hijo y el Espíritu? Quien beneficia, pues, al ser humano —así lo haga un ateo— está actuando igual que la Trinidad. — Haciendo así, todo está dicho, todo está hecho.

EL OBSERVADOR 345-5

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PANTALLA CHICA

Buena masa
Grupo Inter Mirifica

 Inicialmente la televisión era considerada simplemente un medio de comunicación para el entretenimiento y la información; pero ahora desempeña estos papeles en las diversas comunidades mundiales:

• Vincula las opiniones de las masas, originando homogeneidad de pensamiento.
• Provoca reacciones comunes a los diferentes eventos o acontecimientos.
• Promueve actitudes, hábitos y costumbres mediante la repetición y frecuencia de éstas en sus transmisiones.
• Marca la pauta a seguir en los comportamientos o conductas cotidianas.
• Crea modelos de personalidad e imagen.
• Genera necesidades de consumo mediante la publicidad que le sostiene.

Si éstas son las funciones que realiza, con o sin intencionalidad en sus producciones, es imperativo que tengan objetivos positivos para el desarrollo social y la convivencia humana.

Si, en lugar de describir en una telenovela (el género más visto en nuestro país) las pasiones más bajas del ser humano, se mostraran y resaltaran los valores, el heroísmo de la bondad, la tenacidad en el trabajo y la honradez en la vida cotidiana, el mimetismo que se genera en los televidentes tendría un efecto benéfico para la sociedad.

Es necesario que las televisoras reconozcan la mala influencia que realizan con programas que promueven la delincuencia, el crimen, la violencia y los desórdenes morales, para que cambien y, efectivamente, tengan responsabilidad social.

Aunque a muchos nos disgusta el complejo de masa y preferimos que en el mundo haya individuos pensantes, el hecho es que el fenómeno de masa existe, y la televisión tiene muchísimo que ver en ello; por eso, si hay masa, hay que hacer que sea buena masa.

EL OBSERVADOR 345-6

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PICADURA LETRÍSTICA

Patronos e intercesores
Por J. Jesús García y García


...arpas y copas llenas de perfumes,
que son las oraciones de los santos.
APOCALIPSIS

Centenares de prestidigitadores e ilusionistas, «magos» al margen de la superstición y el ocultismo, acaban de peregrinar a Roma para regalar al Papa una varita «mágica» proveniente de la India «para que siga haciendo la gran magia que sirve al mundo: la paz y la serenidad» y, además, pedirle que declare patrono de su gremio a San Juan Bosco. Estos promotores son, en su mayoría, miembros de la fundación «Magos sin Fronteras» que financia proyectos a favor de los niños del tercer mundo con los ingresos producidos por espectáculos. Cabe mencionar como antecedente que a Don Bosco le gustaba rodearse de niños a los que, además de impartirles el catecismo, entretenía con trucos y juegos de manos. Esta petición confirma el deseo de hacer más formal el nombramiento de patronazgos y abogacías de los santos: no hace mucho tuvimos el caso referente a santo Tomás Moro, nombrado oficialmente por la Iglesia patrono de los políticos.

Muy antes era el pueblo ordinariamente el que, sin otro argumento que su espontánea devoción, sin seguir algún canon estricto, otorgaba a los santos la condición de patronos de un gremio o de una categoría social, o bien los elegía intercesores ante Dios para cierto tipo de necesidades o remedio de males determinados. Hay múltiples ejemplos de una aparente incongruencia o, por lo menos, inconsistencia o sobreabundancia de razones. Por ejemplo, santa Bárbara, a quien se invoca - o se le invocó en el pasado- como protectora contra las tempestades, como abogada para no morir sin sacramentos, como intercesora en caso de males diversos (lepra, peste, enfermedades eruptivas), y es, de muy antiguo, patrona de bomberos, matemáticos, artilleros, sombrereros, arquitectos, albañiles y mineros (gran variedad de especies).

Suceden otras aparentes incoherencias. Similia similibus curantur («Los semejantes se curan por los semejantes») es la máxima fundamental de la medicina homeopática. Y homeopático me parece el enfoque de los que idearon tomar a santa Apolonia virgen de Alejandría por abogada celestial de quienes tienen achaques dentales. Porque no era una médica odontóloga (ni existía en su tiempo tal profesión, de la que apenas serían precursores los barberos sacamuelas) ni era en modo alguno curandera en la materia, sino que sufrió ella misma, como parte de su martirio, la violenta rotura de todas sus piezas dentales. De modo por demás similar, Santa Agata o Agueda se convirtió en protectora de las mujeres que amamantan, ya que a ella, en el suplicio, le arrancaron los senos. Y hubo un san Ligero -¿qué habrá sido de él?- a quien le arrancaron los ojos y esa era la causa de que lo invocaran los enfermos de la vista.

Más alópata y por tanto de mayor aceptación general parece el criterio de ponerse bajo la protección de un santo que no haya sido víctima del mal con el que se le vincula sino triunfador sobre ese mal; por ejemplo, santa Otilia, abogada también de los ciegos, quien nació invidente pero fue curada por un santo obispo; o san Claudio, protector de los niños porque resucitó a tres, un milagro que repite el de san Nicolás de Bari.

Acudir a la abogacía de los santos, aun con ciertas impertinencias, es un recurso legítimo; sin perder de vista que los milagros los hace Dios, único dispensador de gracias y dones. Los santos intervienen como agentes del prodigio, que no como causa del mismo, pues esto sólo Dios...

Los caminos del Altísimo son infinitos, las maneras de llegar a Él no tienen valladar. Recuerdo que a mí no me gustaba esa práctica popular de sobar las imágenes; hasta que un día alguien me hizo ver que eso no es en el fondo diferente a lo que hizo la enferma aquella que iba siguiendo a Jesús para tocar la franja de su vestido, porque consideraba —y el resultado la apoyó— que con sólo eso bastaría para que ella sanara.

La hagiografía «especializa» a Don Bosco: un «mago» para los «magos», éstos que no convocan a fuerzas oscuras y malignas, sino que hacen inocentes escamoteos, juegos de manos, ilusionismo, o que inducen la mente de una manera positiva, tal como hace Juan Pablo II, esforzado mago, para mantener en paz y serenidad a una Iglesia y a un mundo donde bullen muchas fuerzas rijosas.

EL OBSERVADOR 345-7

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¿Matar a un inocente por culpa del crimen de su padre?
Por Rosa Martha Abascal de Arton

La Suprema Corte de Justicia de la Nación ha aprobado la aplicación de la llamada "Ley Robles" en el D.F., por medio de la cual el aborto será legal en casos de malformaciones genéticas o en caso de violación.

Hoy nos enfocaremos al caso de violación.

Imaginemos una mujer apanicada, golpeada, trastornada, que acaba de ser víctima de un violador. Tiene dos opciones:

1. Ir inmediatamente a un hospital, en donde es atendida, se levanta el acta correspondiente y se le practica un lavado vaginal por medio del cual se imposibilita un embarazo
2. Ir a su casa, llorar en silencio, no denunciar el hecho ni ser tratada, ni recibir el lavado vaginal, en cuyo caso puede tener varias consecuencias:
        a) Ninguna
        b) Embarazo
        c) Enfermedad venérea

Debemos puntualizar que, aun cuando la mujer no reciba el lavado vaginal, es muy raro que quede embarazada; esto por diversas razones:

1. Puede estar tomando anticonceptivos con su pareja
2. Puede ocurrir en días infértiles
3. El violador o ella pueden ser estériles
4. Puede ser o muy joven o muy vieja para concebir
5. Puede haber un cambio hormonal por el estrés que evite el embarazo

En un estudio efectuado en Washington por las denuncias presentadas entre 1989 y 1990, se incluyeron 2190 mujeres violadas de las cuales 23 quedaron embarazadas, lo que equivale a 10.5 embarazos por cada 1000 casos.

Aún así, con un porcentaje tan bajo, es innegable el shock que debe producir saberse embarazada de un criminal. Pero, ¿es la salida convertirse en asesina de tu propio hijo?
Eliminar al bebé no es eliminar la violación, es decir, el trauma psicológico de la violada permanecerá con ella el resto de su vida; pero si aborta añadirá otro trauma quizás mayor y de más trascendencia, eliminará la vida de un ser humano que no puede defenderse y que no tiene la culpa de nada.

Siempre hay una salida más digna y humana: la adopción. Hay miles, millones de parejas que ansían un hijo y no lo tienen. Ésa es una salida muy conveniente para todos: la madre violada, no se queda con el niño producto de su violación y no asesina, el niño encuentra una familia que lo ame, la pareja encuentra y acoge al niño con el que ha soñado.
Es importante decir que el 80% de las mujeres que están decididas a dar a su hijo en adopción, al oírlo llorar o al verlo cambian de opinión debido al vínculo tan fuerte que existe entre madre e hijo, aun siendo éste producto de una violación.

En su bellísima autobiografía "His Eye is on the Sparrow", Ethel Waters (1896-1977) revela que fue concebida cuando su madre, de 13 años, fue violada. Todo el mundo aconsejó el aborto, los médicos estaban dispuestos a hacerlo. Su abuelo había presenciado la violación y, a pesar de ello, se negó al aborto: "Aunque sea por una violación, se trata de una criatura humana, y no voy a permitir que lo maten". Ethel reveló que no sabía como agradecer a Dios haber tenido esa familia, esa madre, que le dieron la oportunidad de nacer y haber sido una de las actrices y cantantes de jazz más importantes de EU.

¿No es una lógica perversa aquella por la cual se mata a un inocente no nacido, a raíz del crimen cometido por su padre?

EL OBSERVADOR 345-8

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¡Gracias, Emilia!

Emilia pertenecía a una familia de clase media en un país europeo que sufría estragos y carestías después de una prolongada guerra nacional. Hambre y epidemias amenazaban a toda la población. Emilia desde pequeña había tenido una salud delicada, que no había podido mejorar por las condiciones en las que vivía.

Siendo muy joven se casó con un obrero textil y se establecieron en una población nueva lejos de familiares y conocidos. Poco tiempo después nació su primer hijo, Edmundo, un chico atractivo, buen estudiante, atleta y con gran personalidad. Unos años más tarde, Emilia dio a luz a una niña, que sólo sobrevivió pocas semanas por las malas condiciones de vida a la que la familia estaba sometida.

Catorce años después del nacimiento de Edmundo y casi diez de la muerte de su segunda hija, Emilia se encontraba en una situación particularmente difícil. Tenía cerca de cuarenta años y su salud no había mejorado: sufría severos problemas renales y su sistema cardiaco se debilitaba poco a poco debido a una afección congénita. Por otro lado, la situación política de su país era cada vez más crítica, pues había sido muy afectado por la recién terminada primera guerra mundial.

Vivían con lo indispensable y con la incertidumbre y el miedo de que estallase una nueva guerra. Y justamente en esas terribles circunstancias, Emilia se dio cuenta de que nuevamente estaba embarazada. A pesar de que el acceso al aborto no era sencillo en esa época y en ese país tan pobre, existía la opción y no faltó quien se ofreciera para practicárselo. Su edad y su salud hacían del embarazo un alto riesgo para su vida. Además, su difícil condición de vida le hacía preguntarse: ¿Qué mundo puedo ofrecer a este pequeño? ¿Un hogar miserable? ¿Un pueblo en guerra?.

Emilia desconocía que sólo le quedaban diez años de vida a causa de sus problemas de salud. Trágicamente, también Edmundo, el único hermano del bebé que esperaba, viviría sólo dos años más. Algunos años más tarde estallaría la segunda guerra mundial, en la que el padre de la criatura que estaba por nacer también perdería la vida. Emilia optó por darle la vida a su hijo, a quien puso el nombre de Karol.

Ese niño, ahora anciano, todavía vive, le gusta mucho venir a México y cada vez que pasa por sus calles millones de gargantas exaltadas le gritan «Juan Pablo Segundo, te quiere todo el mundo»...
¡Gracias, mil gracias, Emilia!

* Enviado por Sergio Ibarra.

EL OBSERVADOR 345-9

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Idolos: pobre humanidad
Por Miguel Rivilla San Martín

Cualquier persona, creyente o no, que se haya puesto en contacto con la Biblia, por fe o simple curiosidad, habrá podido constatar, sin ningún género de dudas, que el pecado que más rechaza Dios es el pecado de idolatría (divinización de alguna criatura o adoración de dioses falsos). Yahvé se muestra como el único y verdadero Dios. Es un Dios celoso que corrige, educa y a la vez premia y castiga a su pueblo cuando éste le vuelve la espalda y se va tras los ídolos extranjeros, los baales, o construye con manos humanas el becerro de oro. No soporta en modo alguno el pecado de idolatría e inculca en todos los israelitas su principal y primer mandamiento: «Escucha, Israel: el Señor nuestro Dios es solamente uno. Amarás al Señor tu Dios con todo el corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas».

No es exagerado afirmar que hoy el pecado más extendido en el mundo entero es el de la idolatría. En general, esta pobre humanidad desnortada y materialista ha dado la espalda al único y verdadero Dios y corre, insensatamente, tras toda clase de ídolos, forjados a su gusto y medida. Dios Padre y su único Hijo, Jesucristo, es suplantado, abierta y descaradamente, por multitud de ídolos de carne y barro en casi todos los sectores de la vida humana. ¿Nos extrañaremos luego, algunos, de las terribles consecuencias que sufrimos a todos los niveles por nuestra insensatez?

Artículo publicado por convenio con periodismocatolico.com

EL OBSERVADOR 345-10

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Sabios de pacotilla

Los grandilocuentes discursos de la modernidad, plagados de lugares comunes e incoherencias, tienen reunión en esta finamente irónica conversación entre dos grandes exponentes de los raciocinios del mundo. La apariencia racional de los negadores de lo evidente y verdadero queda atrás con la aguda moraleja que consignamos.

— Estoy convencido: ¡No hay Dios!
— Perfectamente.
— Y no habiendo Dios, no hay religión
— Muy bien.
— Y sin religión no hay moral.
— Deducción lógica.
— Y faltando la moral no hay ley que obligue.
— ¡Admirable!
— Y no habiendo ley soy dueño de hacer lo que me dé en gana.
— Exacto.
— Y de apropiarme de lo que usted posee.
— Y yo de apoderarme de lo de usted.
— Y saquear las casas de los ricos.
— Y yo también.
— Y de quemar las iglesias y todo lo que tiene relación con la religión.
— Y yo puedo pegar fuego a los centros abortistas, a los sex shops, clubs gays, dispensadoras de droga y a todo lo que haya dentro
— Eso no es posible.
— ¿Por qué razón?
— Porque la modernidad lo prohíbe.
— ¿Pero no habíamos quedado en que no habiendo Dios no hay religión, y que sin religión no hay moral, y que sin moral no hay ley que obligue?
— Sí, señor; pero se entiende que hablamos de la ley invocada por la ignorancia, el fanatismo y la reacción.
— De modo que la ley de usted es la ley del embudo.
— Es la ley de la libertad, del consenso, de la razón, de la ciencia, del progreso, del ecumenismo... la de...
— Sí, sí... entendido.

El pensamiento libre
proclamo en alta voz,
y muera el que no piense
igual que pienso yo.
(Fuente: Cristiandad.org)

EL OBSERVADOR 345-11

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Palabras incómodas
Por Bruno Ferrari

Hace apenas unos días que las declaraciones de Juan Pablo II han desencadenado nuevamente grandes polémicas. El Papa, frente a la rota romana (tribunal eclesiástico), ha pedido a los abogados juristas y jueces que se opongan al divorcio: "rehúsense a colaborar, la ruptura del matrimonio es una plaga devastante". Por supuesto, inmediatamente después se presentaron las más diversas reacciones en los distintos foros políticos y del poder judicial en diferentes países. No me extrañaría que el eco de esta noticia, y sobre todo el enfoque extremista que se pretende dar a la misma, repercuta también en nuestro país. Sin embargo, el Santo Padre sigue fiel a su misión, sin miedo, con la paz de quienes saben ser coherentes entre lo que dicen y hacen, entre lo que aprenden y predican.

Santo Tomás de Aquino, filósofo y uno de los más grandes teólogos de la Iglesia, citando al mismo Aristóteles, insistía en que para poder argumentar bien es necesario saber distinguir, ya que, de otra forma, se ofende a la lógica y a la verdad. Este hecho sucede, por ejemplo, cuando se sacan conclusiones superiores a las premisas que se tienen como base. El Papa sabe esto y por ello hace un llamado como éste lleno de firmeza y caridad, de dolor y de amor. Y no es sólo el que él siente sino el que infringe el que escucha, y, sobre todo, a quienes quisieran ignorarlo. Por ello, una vez más, sus palabras ponen el dedo en la llaga, esta vez mediante una dura reclamación a los jueces y abogados católicos. En particular aquellos que tratan en materia civil sobre los asuntos matrimoniales, para que entiendan y definan su postura frente a este "pecado" no contra la fe o la moral católica, sino contra la razón.

El Pontífice a hecho dos consideraciones. La primera es por demás evidente: la sociedad actual, cada día más permisiva e indiferente, está destruyendo los fundamentos de la familia amenazando la estabilidad del matrimonio. Esto se pone en evidencia frente al aumento preocupante de separaciones y divorcios, convirtiéndose en un mal, en una enfermedad, en las palabras del Papa "en una plaga devastante", que debería de preocupar no sólo a la Iglesia, sino a los responsables del poder político. Podría decirse que ignorar todo esto sin hacer algo es hasta cierto punto una forma de complicidad. Ojo, para los que leen entre líneas y les gusta poner palabras en la boca de los demás; el Papa no ha condenado a los divorciados, ni a los concubinos, ni a persona alguna. De hecho, la misma Iglesia tiene una pastoral religiosa dedicada a las personas divorciadas y separadas. No hay ninguna persecución del Papa, de la Iglesia o de los católicos en contra de quienes, ya de por sí, sufren los efectos de este fenómeno.

La segunda consideración, aquella que ha escandalizado a algunos es el reclamo que el Pontífice hace a los estudiosos del derecho, abogados y jueces que desempeñan su actividad profesional en relación con el matrimonio. Ellos, dijo, "deben evitar involucrarse personalmente en toda aquella actividad que pueda implicar una cooperación al divorcio".Para los jueces, explicó el Papa, "esto puede resultar difícil, ya que los ordenamientos jurídicos no reconocen una objeción de conciencia que los exima de dictar sentencia". Por el contrario, los abogados que ejercen libremente su profesión tienen la obligación moral de proteger, cuanto sea posible, la integridad del matrimonio. Tanto los primeros como los segundos deben realizar "un esfuerzo de conciliación", con determinación, inteligencia y sentido de responsabilidad, teniendo en cuenta que se pone en juego el bien de los cónyuges, de los hijos y de toda la sociedad.

Desde luego se trata de palabras duras, exigentes, pero cautas, bien meditadas. El Papa cumple con su obligación, aun a costa de nadar contra la corriente, y nadie tiene el derecho de callar sus palabras o de o manipular la invitación que nos hace a la reflexión y a la coherencia.

EL OBSERVADOR 345-12

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Decálogo del buen padre de familia

1. Amarás a tu hijo con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas; pero sabiamente, con todo tu cerebro.
2. Verás en tu hijo a un ser y no a una cosa de tu pertenencia.
3. No habrás de exigirle amor ni respeto. Esto tratarás de ganarlo.
4. Cada vez que sus actos te hagan perder la paciencia, intenta traer a tu memoria los tuyos propios cuando tenías su edad.
5. Recuerda también que tu propio ejemplo será más elocuente que el mejor de tus proverbios moralizadores.
6. Recuerda que tu hijo ve en ti a un ser superior. No lo desilusiones.
7. Serás en el camino de su vida una señal que impedirá que tome rumbos equivocados y de los cuales difícilmente se retorna.
8. Le enseñarás a admirar las cosas bellas, a practicar la bondad y la amistad y a amar la verdad.
9. Brindarás atención a sus problemas cuando él piense que puedes ayudarlo.
10. Harás de tu casa un verdadero hogar, un cielo de felicidad para ti mismo, para tus hijos, para tus amigos.

EL OBSERVADOR 345-13

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FAMILIA

Silvia escogió la mejor parte
-Carta a los padres de una religiosa-
Por Yusi Cervantes Leyzaola

Mi querida amiga Silvia ingresó a la congregación de las Misioneras de la Caridad.  Antes de irse me pidió que le escribiera a sus padres, para ayudarles a aceptar esta renuncia que hoy les pide el Señor.  Esta es la carta, que ojalá sirva también a otros padres que estén pasando por un momento similar.

«En aquel tiempo entró Jesús en un poblado y una mujer, llamada Marta, lo recibió en su casa. Ella tenía una hermana, llamada María, la cual se sentó a los pies de Jesús y se puso a escuchar su palabra. Marta, entre tanto, se afanaba en diversos quehaceres, hasta que, acercándose a Jesús, le dijo: 'Señor, ¿no te has dado cuenta de que mi hermana me ha dejado sola con todo el quehacer?  Dile que me ayude'. El Señor le respondió: 'Marta, Marta, muchas cosas te preocupan y te inquietan, siendo así que una sola es necesaria. María escogió la mejor parte y nadie se la quitará'».(Lc 10, 38-42).

Hay momentos difíciles en la vida, y uno de los más difíciles es separarse de los hijos. Hay muchos modos de separarse: cuando los hijos se casan o se van lejos queda el consuelo de verlos de cuando en cuando, de estar en contacto con ellos. Pero cuando toman una decisión como la de Silvia, la pérdida es más grande, el cambio es más radical. Sin embargo es una separación por Dios y para su Reino. Esta renuncia que ustedes hacen, me recuerda la disposición de Abraham de sacrificar incluso a su hijo Isaac si Dios se lo pedía. Dios a ustedes les ha pedido a su hija amada. Todos los proyectos y anhelos que pudieron haber tenido respecto a ella se fueron al suelo porque Dios les dijo: tengo otros planes para ella.  Y ustedes no han tenido más remedio que decir  "sí" a Dios.  La decisión no es de ustedes, claro. Pero lo que sí pueden elegir es hacer de esta renuncia un acto de amor, y por lo tanto, finalmente, un acto gozoso. Yo creo que esto es lo que Dios espera de ustedes en este momento: que pese al dolor de la separación, entreguen a su hija con la alegría de quien sabe que cumple con la voluntad del Señor, con la certeza de que esta entrega amorosa se multiplicará infinitamente por medio del cumplimiento de la misión de Silvia. Dios, mientras tanto, les tiene reservado un tesoro mucho más grande en el cielo.

Que les consuele saber que Silvia, como María, escogió la mejor parte. Contaminados como estamos con los valores de la sociedad, afanados en quién sabe cuántas cosas que en realidad no son esenciales, quizá nos cuesta entender el gozo y la paz que se encuentran en la pobreza y la oración. Pero Silvia ya lo entiende. Estoy segura de que, efectivamente, escogió la mejor parte y eso me provoca incluso un poco de nostalgia por ese tipo de vida tan lejano a mis quehaceres cotidianos. Pero saber que existen hombres y mujeres como Silvia, capaces de buscar lo esencial, de escoger el amor y la oración ante todo, estimula el espíritu y hace crecer al mundo. Su labor no aparece en los titulares de los periódicos, pero es como un río profundo que fertiliza la tierra. Hay que dar gracias a ellos y a Dios por ello.
Sean felices, gócense con su hija. Ése es el don más grande que le pueden dar.

Que Dios los bendiga.


La psicóloga Yusi Cervantes Leyzaola responderá las preguntas que se le envíen a la dirección de El Observador; Reforma 48, apdo. 49, Querétaro, Qro. C.P. 76000; o que se le hagan al teléfono (442) 228-02-16. Citas al (442) 215-67-68  Correo electrónico: cervleyza@msn.com

EL OBSERVADOR 345-14

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texto 15
PINCELADAS

Juicios temerarios
Justo López Melús

Hay que admitir honradamente que, con demasiada frecuencia, estamos fallando en el doble sentido de la palabra: juzgar y equivocarse. «Piensa mal y acertarás» no es cristiano. Como aquella familia que pasaba el día en la playa. Apareció una anciana algo extraña y mal vestida que recogía algo del suelo y les sonrió. Los padres dijeron a sus niños que no se le acercaran. Más tarde supieron que limpiaba la playa de cristales para que los niños no se hirieran los pies.

Como aquel buen cristiano, devoto y cumplidor, que, de repente, empezó a desaparecer misteriosamente los fines de semana. Pronto se empezó a murmurar: ¡Quién sabe a dónde irá! Luego se supo que atendía a una mujer pagana paralítica, limpiando su cabaña y preparándole comida para toda la semana.

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