El Observador de la Actualidad

 

Periodismo católico para la familia de hoy

10 de marzo de 2002 No. 348

SUMARIO

bullet ¿CÓMO VE? - Arriba la vulgaridad
bulletNos queda la dignidad
bulletDESDE EL PERSONALISMO COMUNITARIO - Orígenes del pueblo de Israel
bulletNUESTRO PAÍS - Reflexión política
bullet¿USTED QUÉ OPINA? - ¿Ética contra política o viceversa?
bulletCRÍTICA DE MEDIOS DE COMUNICACIÓN - Regular no es mutilar
bulletPENSAMIENTO A FONDO - Un breve acercamiento a la fe
bulletDILEMAS ÉTICOS - Más que un libro, EL libro
bulletDESDE EL CENTRO DE AMÉRICA - Ganar el corazón de Dios
bulletAL PASO DE DIOS - El último examen
bulletBiendezires de lo encarnado
bulletORIENTACIÓN FAMILIAR - Mi marido no entiende mi desconfianza
bulletCarta a las niñas violadas
bulletPINCELADAS - El amor y el tiempo

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¿CÓMO VE?

Arriba la vulgaridad
(Columna colectiva. Responsable: Jaime Septién)

Utilizamos, como cabeza de esta columna, el término «arriba» en su doble significado. El de poner encima de la escala social de valores una exclamación de orgullo (como «arriba México hijos de Villa…», por ejemplo); o en el sentido de arribar, caer, aterrizar (como: «arribó a nuestra ciudad el candidato que mejor representa los intereses de las mayorías…»). En ambos casos, vale el decir que con Big Brother ha arribado (y puesto arriba) la vulgaridad extrema a la televisión abierta de México, aquella que tiene por mandato constitucional velar por el interés de formación educativa y cultural del pueblo.

Hoy más que nunca el interés tiene pies. Y manos. Y aliados. Y bobos que lo dejan actuar. Y millones de personas enganchadas a él como si estuvieran enganchadas al Santo Grial. Nada más para escoger al elenco de figuras para el programa (doce), se inscribieron 155 mil jóvenes de todo el país, pagando la inscripción y dejando la piel en el camino; todo por cumplir el sueño de ser grabados por 40 cámaras durante las 24 horas del día, 106 días, en cadena nacional.

Mala suerte para la Ley

De la mano de Televisa y del gobierno, Big Brother llegó a las pantallas mexicanas. Importándoles un pepino las opiniones ciudadanas, las firmas, los desplegados, las advertencias, la oposición. Si el contenido de Big Brother viola la ley, mala suerte para la ley. Si la transmisión se hará en horarios de niños, mala tarde para los niños.

Si contribuye a extender la estupidez social, qué maravilla, porque es lo que necesita un gobierno al que se le olvidó de dónde viene: que existamos muchos estúpidos, incapaces de pensar por nosotros mismos, embrutecidos, amaestrados por las imágenes, complacidos en nuestras obsesiones primarias, que contestemos bien las encuestas de popularidad (a favor del jefe, claro está). Sobre todo, que entendamos que la realidad o es espectáculo, o no es algo que debamos fiarnos de ella.

Como en las mejores épocas del PRI: Televisa, ven acá, te perdonamos todos los atropellos que puedas cometer (con tal que nos ayudes, como decía «el Tigre» Azcárraga, a pacificar a «los fregados», a darles su probadita de miel, a ensartarlos en la rueda de la fortuna del sexo explícito, implícito, relamido, alambicado, a todas horas del día). En el colmo del neoliberalismo, lo que vale es no violar las leyes del mercado, violando las leyes generales, como la que se establece en la Ley Federal de Radio y Televisión.

En el máscara contra cabellera entre el mercado y la persona, los neoliberales le dan el triunfo -es decir la cabellera-al mercado. La persona, sus necesidades de desarrollo e identidad, yace en la lona, aplastada por toneladas de productos innecesarios, anuncios de cosméticos, detergentes, coches, papas fritas y refrigeradores.

¿Se vale decir mierda?

Valiente nos salió la nueva opción de bandera cristiana. Zedillo, de no muy profunda reflexión ni de probada moralidad, tuvo la suficiente sensibilidad para mandar sacar del aire programas como «Duro y directo» y «Ciudad desnuda», dos esperpentos que serían ridículos si no alentaran a la violencia. Fue lo único que hizo en esta materia elemental de comunicación pública, pero lo hizo bien.

Hoy tenemos a 12 humanoides en pantalla nacional, revolcándose por un premio absurdo en el fango (¿se vale decir mierda?) del comercialismo más absoluto. Y con el aplauso (a lo mejor hasta lo van a ver) de nuestras egregias autoridades.

Presentación estelar en Canal 2 (dos horas, el domingo 3 de marzo); el relato de las peripecias de los protagonistas a la 8 y media de la noche por Canal 5 (30 minutos diarios); Big Brother en vivo de 10 a 11 de la noche los miércoles en Canal 5; debates a todas horas, transmisión todo el día por internet y Sky.

¿Y la regulación que, por norma, le compete al gobierno? ¿Piensan los señores de RTC, Gobernación y anexas que a las ocho y media de la noche los niños ya se fueron a la cama (a leer, suponemos, los opúsculos filosóficos de Kant)? ¿Ya vieron las colas para inscribirse a Sky? ¿Se acuerdan de sus promesas de cambio? ¡Pura estrategia! Lo que nos vienen a decir con su silencio es que aquí el mercado es lo que vale; y si el mercado paga Big Brother, que con su pan se lo coman los mexicanos.

Hay unos más iguales que otros

Qué lejos anda aquello de que el Estado sirve para salvaguardar la dignidad de las personas; qué lejos las promesas de actuar en función del bien común. Nadie les está pidiendo que volvamos a la era de las catacumbas. Lo que la sociedad organizada pidió fue que se respetara la Ley y se hiciera cumplir, aun con la poderosa Televisa.

¿Por qué? Porque necesitamos proteger a nuestros niños y jóvenes de esta apología de la indiscreción, de este encumbramiento de la vulgaridad, que lo único que causará en algunos chavos que se prendan del Big Brother será inadaptación, estrés, vouyerismo, individualismo, antisolidaridad, ausencia de límites entre lo privado y lo público, etcétera, etcétera. Valores, todos, muy democráticos, como el lector puede concluir. Imaginemos, siquiera por un momento, que todo este despliegue de recursos se hubiera dirigido a la formación cultural de los televidentes, en especial de los jóvenes. Imaginemos que tenemos un gobierno que obliga a la televisión a cumplir su papel legal de bien de interés público (como está tipificado en la Ley).

Iban y le decían

Imaginemos que a los políticos de derecha les funcionara otra cosa que su pragmatismo mercadológico rapaz (que es mucho imaginar) y se pusieran los pantalones contra Televisa. Iban y le decían: Televisa, quiero que te pongas a formar con valores a nuestros niños y nuestros jóvenes; quiero que, en lugar de que les enseñes a las ocho de la noche, una sesión de ida al excusado de los doce mocetones del Big Brother, les inviertas tus recursos para enseñarles los rasgos esenciales de su identidad, de su cultura, de su idiosincracia... Televisa: quiero que cumplas tu papel, tal y como te lo marca la Constitución. Si no lo haces, pondré la fuerza del Estado a mi favor y te retiraría la concesión que te he dado, junto con la sociedad, para que ocupes el lugar de privilegio que ahora ocupas…Sí, ya lo sabemos, está en chino. ¿Por qué? Pues por la sencilla razón de que en México solo la porquería habla. Y el miedo.

EL OBSERVADOR 348-1

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Nos queda la dignidad
+ Mario De Gasperin Gasperin

Televisa se ha empeñado en pasar al aire el programa "Big brother", que consiste en encerrar durante varias semanas a unas cuantas parejas vigiladas día y noche por las cámaras de televisión para que el público vea, goce y se divierta con sus ramplonerías y excrecencias. Serán miles, millones los que seguirán el programa y hasta envidiarán a los actores. Como la miseria moral es mercancía codiciada, el éxito está asegurado. Un negocio así es imposible que falle y Televisa lo va a hacer porque lo va a hacer. Porque es negocio, porque es lo que sabe hacer y porque lo ha hecho siempre. Esto no es novedad. Después de haber llenado sus bolsas, lavará la mugre con el teletón o con alguna transmisión benéfica o religiosa. Lo mismo de siempre.

Por supuesto, el espectáculo comporta una violación cruda de la intimidad y de la privacidad de las personas, con invitación al cinismo y a la depravación. Contra ese atropello han levantado su voz personas, grupos, instituciones y empresas sensatas (que han retirado sus anuncios), advirtiendo sobre las consecuencias nefastas que esto acarreará a la sociedad. Esto no le precupa en lo mínimo a la empresa. Se trata de un negocio y en México manda el dinero y se acabó.

Los millones que votaron por un gobierno que prometió respeto a la dignidad de la persona, defensa de los valores humanos, promoción de la integridad familiar, una filosofía social de rostro humano... ese, ¿dónde está? De esos millones de electores lo que ha contado hasta ahora es sólo su voto, no sus personas. El poder político se ha quedado atrapado entre las antenas de la televisión, y con él el pueblo llano e indefenso.

Entonces, a usted, a mí, a todos los débiles y al pueblo sencillo y creyente que busca una vida digna y mejor, ¿qué nos queda? Aparentemente nada, sólo aguantar. Sin embargo, si vemos las cosas en profundidad, desde el campo de la fe, nos queda todo. Nos queda lo mismo que le quedó (y nadie le pudo arrebatar) al Padre Pro y a los mártires mexicanos frente al pelotón de fusilamiento; o a san Maximiliano Kolbe en los campos de exterminio nazi: nos queda la dignidad. Nos queda el honor y la satisfacción de haber librado el combate por la justicia y por la verdad. La batalla por la dignidad. Apague, pues, tranquilo su televisor y encomiende a este país a la misericordia de Dios.
(El autor es obispo de Querétaro)

EL OBSERVADOR 348-2

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DESDE EL PERSONALISMO COMUNITARIO

Orígenes del pueblo de Israel
Por Carlos Díaz

Si tomamos 62 años como esperanza media de vida para los últimos 50 mil años de la historia de la humanidad, ahora nos encontraríamos en la vida número 800, de las cuales 650 vividas en cavernas; desconocedoras de la palabra escrita, hasta la generación 70 anterior a nosotros; sólo en las 6 últimas se ha dado la palabra impresa al alcance de las masas; únicamente en las cuatro últimas exactos cómputos de tiempo; apenas en las dos últimas, motor eléctrico; y sólo una, la nuestra (la número 800), ha conocido la mayor parte de los bienes de consumo y —aun dentro de ella— únicamente en los tres últimos decenios se ha tenido acceso a la universalización de las redes informáticas y telecomunicativas.

Pero el mundo existe desde hace 13 mil millones de años o más; los humanos terrícolas desde un millón y medio; el homo sapiens desde hace 200 mil (Paleolítico); desde hace apenas 10 mil años (gran cambio del Neolítico), un número creciente de agricultores y ganaderos sedentarios; desde hace unos 5 mil años, grandes culturas y grandes religiones de la historia primitiva:

La primera se desarrolla antes del año 3,500 a.C. en Mesopotamia, entre los ríos Eufrates y Tigris, en aquellas ciudades-templo de Sumer, a las cuales debe la humanidad no solamente el invento de la rueda, del torno de alfarero, del carro, etc., sino también de la escritura, al principio jeroglífica sobre tablillas de barro, luego cuneiforme y, finalmente, silábica: en otras palabras, todo esto significa el fin de la prehistoria de la humanidad, ni más ni menos, pues la historia comienza cuando ella es capaz de dar noticia de sí misma por escrito.

La segunda gran cultura tiene lugar después del año 3,000 a.C. en el valle del Nilo. La tercera hacia el 2,500 a.C. en el valle del Indo. La cuarta, hacia el 1,500 a.C., en el valle del Río Amarillo (la cultura Schang).

Sin embargo, estas cuatro grandes culturas y sus religiones corrieron una suerte dispar. En efecto, mientras que la cultura del Indo fue suplantada por la cultura y la religión de los inmigrantes arios, mientras que la cultura y la religión chinas han sobrevivido hasta el siglo XX superando numerosas rupturas y transformaciones, las dos primeras culturas desaparecieron por completo, aunque algunos de sus grandiosos restos se encuentran en los museos más famosos del mundo. Pese a la grandiosidad de los templos de varios pisos que se levantaron en la planicie del Éufrates y del Tigris (la Biblia hebrea aludirá al zigurat de Babilonia), en el siglo VII a.C. pereció esa cultura mesopotámica (caldeo-asirio-babilonia), a la que debemos el primer relato de un diluvio, así como la historia de un paraíso (Edén es un término sumerio). A finales del s. IV a.C. la cultura y la religión egipcias perderán su independencia sucumbiendo ante el helenismo y, posteriormente, el Imperio romano.

Así las cosas, otra gran cultura tendrá un futuro duradero. Ella se desarrolla en el estrecho y disputado puente de tierra sirio-palestino situado entre Egipto y Mesopotamia y en el que sus moradores semitas habían conseguido pasar de la escritura silábica a la alfabética en la segunda mitad del segundo milenio, al alfabeto fenicio-cananeo de 22 letras que también llegarían a hacer suyo los griegos y cuyos testimonios más antiguos son breves palabras garabateadas en las rocas de la montaña del Sinaí por esclavos semitas que trabajaban para el faraón en aquellas minas de cobre y de malaquita. Estamos hablando de la religión y de la civilización de Israel.

Dentro del Oriente Próximo existieron antes del año 3.000 a.C. dos focos de civilización completamente distintos: uno en Mesopotamia, país en el que la Biblia sitúa el Jardín del Edén o paraíso terrenal, entre los ríos Eufrates y Tigris, en el denominado Creciente fértil, y el otro Egipto. Entre Mesopotamia y Egipto estaba Canaán, codiciada por los pastores nómadas del desierto y los grupos de población salidos de Egipto y de Mesopotamia para escapar de las adversidades climáticas. Cuando los israelitas comienzan a poblarla, la tierra de promisión cuenta con una historia milenaria de ciudades-Estado agrícolas compuestas fundamentalmente por cananeos semitas, cada una de ellas con sus reyes respectivos; en la planicie costera del sur viven además los filisteos (Pelista'im en arameo, palestinos por derivación). Pese a su penuria, a los azotados por el hambre y las adversidades climáticas del entorno se les antoja Canaán un paraíso que «mana leche y miel» (Ex 3,8.17), pues los abundantes pastos llenan las ubres de los animales y los viñedos segregan la miel de la uva.
Israel fue el primer pueblo que logró construir en estas tierras un pequeño imperio anexionando los varios reinos cananeos de la zona y sometiendo a tributo a los pequeños estados de los alrededores.

EL OBSERVADOR 348-3

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NUESTRO PAÍS

Reflexión política
Saber detenerse

Uno de los problemas básicos de la vida política consiste en no detenerse mientras se sube y tratar de detenerse mientras se baja. Hay un tiempo para todo. Y una lógica. Napoleón Bonaparte lo decía con extraordinaria claridad: «Podemos detenernos cuando subimos, pero nunca cuando descendemos». La llave del ejercicio político está en saber reflexionar (detenerse) cuando todo el mundo pide que vayamos desbocados, y saber ir a toda vela cuando todo el mundo quisiera vernos a buen resguardo. Porque la mejor manera de vengarse de un mal partido político, como de una mala persona, es no parecérsele; asimismo, la mejor manera de convencer a la sociedad es ir en sentido contrario de lo que líderes de opinión «quisieran» que fuera el político. (J.S.C.)

EL OBSERVADOR 348-4

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¿USTED QUÉ OPINA?

¿Ética contra política o viceversa?
Por Genaro Alamilla Arteaga

Es tan humana, material y temporal la acción política demócrata que, a primera vista, nada tendría que ver con la ética. Acción Nacional ha declarado que la política es incuestionablemente ética, y ésta, por lo tanto, rige la acción política del político en su actuar público(como funcionario) y en lo personal. De lo anterior se deduce que la ética debe ser norma para todos los miembros, sean funcionarios públicos o no.

Si la ética conlleva el respeto a la persona humana, no puede ser patrimonio de un solo partido sino de todos los partidos y de todos los hombres. Por eso no entendemos que haya miembros de un partido que ataquen al mismo partido o a sus miembros, y peor si se trata de funcionarios públicos y las críticas o ataques se hacen públicos. Cierto que todo hombre tiene derecho a disentir, pero aquí tiene aplicación el dicho mexicano: «La ropa sucia se lava en casa». Por eso pensamos que, si un miembro de un partido piensa distinto de su colega, presente su desacuerdo en el interior de su partido y no lo haga público porque no se logra nada bueno. Es más honesto renunciar al partido que convertirse en su enemigo interior. Hoy, lamentablemente, estamos contemplando en casi todos los partidos este fenómeno negativo, que desilusiona a los ciudadanos e incrementa el partido abstencionista en los procesos electorales con perjuicio a la política nacional. ¿Usted qué opina?

EL OBSERVADOR 348-5

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CRÍTICA DE MEDIOS DE COMUNICACIÓN

Regular no es mutilar
Por Santiago Norte

En una encuesta reciente sobre consumo televisivo y opinión del público sobre lo que pasa en la pequeña pantalla mexicana, la empresa BIMSA-Ipsos daba a conocer un dato por demás interesante: ocho de cada diez mexicanos piden a las compañías Televisa y TV Azteca que controlen los contenidos de sus emisiones, especialmente aquellos que vayan dirigidos a los niños.

Ochenta por ciento es un universo muy importante como para despreciarlo, más ahora que, en apariencia, hay un fuerte corriente en el Congreso según la cual estaría próximo a revisarse el régimen de concesiones; régimen que, dicho sea de paso, sería muy peligroso para el desarrollo del país que no se transformara en acuerdo con la apertura mundial de la competencia comunicativa.

Como sucede con el espectro telefónico, la apertura va a obligar a hacer caso a los usuarios por parte de las televisoras. Hasta ahora se han encogido de hombros y han practicado, con la anuencia presidencial y con su decidido apoyo, la política salinesca de «ni los veo ni los oigo». ¿Para qué ver, para qué oír a la gente si de todos modos la posee la televisión de manera cautiva? ¿Para qué hacer encuesta alguna sobre necesidades insatisfechas de comunicación verdadera, de información sin sesgo, si el imperio comercial permanece inexpugnable, robusto, ajeno a toda demanda de sus espectadores convertidos en súbditos?
Control democrático, es lo que exige un sistema de comunicación moderno. Esto significa, por lo menos, la erección de un defensor de los derechos del usuario, y un instituto cualificado —no exclusivo del gobierno, como actualmente es la Dirección General de Radio, Televisión y Cinematografía— que tenga personalidad jurídica propia y una composición mixta, con sitios para especialistas, profesores, la Cámara de la Industria de la Radio y la Televisión y representantes de los propios medios. Este instituto podría, en la medida de las posibilidades de cada entidad federativa, reproducirse y actuar para bien de todos, en un esquema de ganar-ganar. Hasta hoy las únicas que han ganado (dinero a manos llenas) son las televisoras. Es tiempo de incorporar al usuario en la programación. Si no es por convencimiento derivado de la apertura del mercado (la sombra de la competencia), que sea un acto de gobierno (que anda muy despistado al respecto).

De la misma encuesta de BIMSA-Ipsos se desprende que al 72% de los mexicanos nos extraña y nos preocupa tanta violencia televisiva en la barra «infantil». Violencia no es sólo matazón, es, en pocas palabras, persistencia discriminatoria de la diferencia (al modelo dominante). Enseñar a los niños la violencia simbólica es tan pernicioso para el desarrollo de un pueblo como entrenarlos para la violencia real: tan se mata con el desprecio como con las balas. Con éstas es más difícil, y lo otro es sencillo, fácil, directo, de efectos perdurables.

EL OBSERVADOR 348-6

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PENSAMIENTO A FONDO

Un breve acercamiento a la fe
Por Javier Sicilia

«He perdido la fe». Es una palabra que forma parte del drama espiritual del hombre contemporáneo enfrentado a un mundo en donde el poder económico, la tecnología y la destrucción de la capacidad simbólica y poética han ido borrando no sólo las huellas de Dios en la Tierra, sino incluso la capacidad de percibirlas.

La información, sin embargo, es extraña. ¿Realmente se puede perder la fe, como si se tratara de una cosa, de unas llaves, por ejemplo?

No lo creo. La fe, como el arte, es una dimensión del ser, una realidad connatural a su existencia. Nadie puede vivir sin fe, es decir, sin creencia, como nadie puede vivir sin arte. Cuando las circunstancias constriñen la experiencia estética, el ser humano busca suplirla en la pobre estética que puede proporcionarle el mundo que lo rodea. Si, por ejemplo, a causa de un mundo desespiritualizado y abierto al sin sentido, como el que el Occidente moderno ha construido, no se aprende a gustar la hermosa profundidad de Tarkovski, el hombre buscará suplir esa necesidad y encontrará su placer estético en Almodóvar -no en vano ese fabricante de embutidos fílmicos ha sido premiado en Cannes y aplaudido por un mundo que sólo reconoce la belleza en lo mediocre-; si está amputado del gozo de la música de Bach, la compensará con la de Los Tigres del Norte.

Con la fe sucede algo semejante. Cuando la fe teologal queda constreñida, el hombre corre en busca de sucedáneos: el quiromante, el horóscopo o todas las formas mercadológicas de la peor New Age; si eso no basta, está todo ese entramado que el cine de Hollywood ha creado en el orden del terror o de lo angélico en donde el ser humano sacia su necesidad de lo sagrado, su contacto con esa dimensión de lo trascendente que las circunstancias le han volado.

En realidad, el hombre siempre está necesitado de creer porque la creencia se alimenta de la confianza que damos a la palabra de otros; todo el tiempo estamos haciendo actos de fe. Cuando confiamos en alguien creemos en su palabra sin enfrentar a ella ninguna duda. Si la ciencia dice que la Tierra gira alrededor del sol, lo creemos «a pie juntillas», aunque la percepción que tengamos del fenómeno sea exactamente la opuesta.

La fe, por lo tanto, es una dimensión del ser, pero también una dirección de la voluntad. No se puede perder la fe -quien en realidad la pierde se suicida como el dominico la película El cuerpo o como el filósofo comunista Nicos Poulantzas que se suicidó en el momento en que perdió la fe en lo único que le daba sentido a su existencia: la verdad del marxismo.

¿Cómo volver a recuperar una fe sana en medio de un mundo que ha puerilizado todo?

Creo que la Iglesia, que en Occidente es la depositaria del sentido correcto de la fe, tiene frente a la realidad que estamos viviendo una responsabilidad muy grande. Dirigir la voluntad del don de la fe hacia el punto correcto significaría que la Iglesia debería dejar a un lado la satanización moral y volver a cultivar en sí misma y en el hombre de hoy una mirada nueva sobre el Evangelio y la dimensión de la oración.

¿Pero una Iglesia que ha sido alcanzada también por el vacío del mundo y contaminada con los valores que alimentan la fe de ese mismo mundo está en condiciones de hacerlo?

No lo sé. En todo caso hay un puñado de sus hijos que tienen esa capacidad; hay, además, el misterio de los sacramentos y la marea de fuego de la poesía. En ellos, al menos, deposito mi fe en que la fe en la verdadera trascendencia sobrevivirá en el mundo de los hombres.

EL OBSERVADOR 348-7

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DILEMAS ÉTICOS

Más que un libro, EL libro
Por Sergio Ibarra

— Juanito, te voy a contar una historia. Y es verídica. Los científicos de la NASA, al estar verificando la posición del sol, la luna y los planetas, como parte de sus programas espaciales, encontraron que faltaba un día en el tiempo transcurrido en toda la historia. De inmediato se dieron a la tarea de revisar los algoritmos y los modelos que venían empleando. Todo estaba bien. Luego revisaron si las bases de datos estaban bien. Todo en orden. Luego si las cuentas estaban bien y varias veces. Nada, todo estaba bien. Le hablaron al de sistemas para verificar si el hardware y la "red" se encontraban funcionando. Todo bien; vaya, ni siquiera había virus. Finalmente, luego de cuestionar muchas cosas, alguien propuso encontrar la respuesta en la Biblia.

— N'ombre, ¿pero qué les pasa? ¿La Biblia? Están locos, si no trae más que puro rollo para mochos —asegura Juanito.

Los científicos buscaron la respuesta. Y la encontraron para sorpresa de Juanito. La respuesta se encontró en dos pasajes. En uno, cuando Josué y su ejército estaban preocupados porque el enemigo los había rodeado; entonces él pidió a Dios que detuviera el sol. "Y el sol se paró en medio del cielo y no se apresuró a ponerse por casi un día entero".

Ese lapso, según los científicos, fue de 23 horas 20 minutos, por lo que faltaban 40 minutos, que también tuvieron una respuesta en la misma Biblia. He aquí su explicación. Cuando Ezequías le pidió al profeta Isaías una señal, a lo que el profeta respondió: "Fácil cosa es que la sombra decline 10 grados, pero no que la sombra vuelva 10 grados" (2 Reyes 20,11).

Esos diez grados representan exactamente 40 minutos, uno de los tantos cuarentas a los que se refiere la Biblia. Como los 40 días que ahora debiesen transcurrir delimitando la Cuaresma. Un problema complejo cuya respuesta justamente se encontró en la Biblia.

¿Cuál es el dilema? De entrada, en hacer de la Biblia nuestro auténtico libro de cabecera. Dicen los que hablan de estadísticas que los mexicanos en promedio no leemos ni un libro en forma anual. Ante las angustias, ante los problemas, los católicos solemos acordarnos de Jesús; entonces solicitamos que las cosas se nos arreglen. Entonces sí hacemos a un lado las finales de futbol, las fiestas, el pasársela sensacional, el hacer de la vida algo tranquilo.

La Biblia es más que un libro. El dilema es que busquemos al mundo, a la gente, al prójimo; el dilema es atrevernos a encontrar la razón del porqué estamos aquí usted y yo y los demás. Es la Biblia, El LIBRO, el de la vida. El dilema es decidirnos a nutrir nuestro espíritu y nuestras acciones con las verdades que El LIBRO enuncia. ¿Cuánto tiempo dedicamos a su lectura?, ¿cuánto tiempo dedicamos a su reflexión?, ¿cuánto tiempo la compartimos con nuestros hijos, amigos, pareja, etc.?
Ahí esta el dilema para nosotros, amable lector, los auténticos CRISTIANOS, que somos los católicos; son tiempos de CUARESMA, son tiempos de vigilia, de estar alertas y conscientes, son tiempos de la Biblia, El LIBRO.

EL OBSERVADOR 348-8

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DESDE EL CENTRO DE AMÉRICA

Ganar el corazón de Dios
Por Claudio de Castro S.

Hoy estuve con Jesús. Por la mañana temprano meditaba en las cosas que me ocurren y hasta me molesté con Él.
—¿Cuándo me vas a quitar estos problemas? –le reclamé.
Y es que siempre que hay algo que no puedo solucionar, acudo a Jesús. Es mi amigo.
— Mira, Jesús —le digo—, yo no sé cómo arreglar esto.
Entonces me olvido del asunto sabiendo que ha quedado en muy buenas manos.

Llevo más de cuarenta años descubriendo un tesoro inagotable. Jesús siempre interviene y lo que me parecía imposible de pronto no es más que un poco de arena que esparce el viento. Polvo que desaparece en el horizonte.

Dios escucha la oración de los niños porque son almas puras. Él merece que le ofrezcas un alma libre de pecados. Pensé en esto: Iré a confesarme, luego hablaré con Dios.

Fui a la iglesia y participé de la Hora Santa y de la Misa.
— Señor, ¿qué ocurre?—volví a preguntar— ¿Por qué no me quitas este problema?

Recordé en ese momento la historia simpática que me contó un diácono:
Cierto hombre le pidió a Dios que le quitara su cruz. Como Dios no le hizo caso, le devolvió la cruz. «No la quiero», le dijo. Y vivió feliz, sin problemas, sin sufrir. A los años se murió. Su alma se encontró camino al Cielo con otras muchas almas que marchaban en fila hacia el Paraíso. De pronto se vieron frente a un precipicio insalvable. «¿Y cómo vamos a cruzar? —preguntó— No hay forma de hacerlo». Entonces, el que iba delante de él tomó la cruz que llevaba al hombro y la colocó encima del precipicio. Así pudo cruzar. Le siguieron uno tras otro, cada cual colocando su cruz como un puente. «Señor —exclamó el hombre—, devuélveme mi cruz. Mira que no he podido cruzar». «Hay un tiempo para todo —le respondió Dios—. El tuyo ya pasó».

Reconocí entonces la sabiduría de Dios, que todo lo hace para nuestro bien. Por eso decidí aceptar esta pequeña cruz que Él ha querido poner sobre mis hombros, y que no es nada en comparación al premio que nos espera por ser hijos fieles.

EL OBSERVADOR 348-9

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AL PASO DE DIOS

El último examen
Por Amadeo Rodríguez Magro

Lo enseñó Jesús y lo recordó después un fiel discípulo suyo, san Juan de la Cruz: que «al atardecer de la vida nos examinarán del amor». Según parece, lo que va a contar como mérito, cuando nos presentemos ante el Padre, es el amor que hayamos puesto en todo lo que vivimos a lo largo de los días que nos toque estar entre los mortales. Pero el amor no es un concepto abstracto ni un vacío sentimiento, es concreto y real. El amor no es auténtico si no implica a toda la persona y si no se traslada a otras personas.

El amor, ante todo, es Dios mismo (en su relación amorosa en la Trinidad); y desde Dios pasa a los seres humanos, que sólo en la medida que se descubren amados conocen el verdadero amor. Y ese amor regalado gratuitamente que sentimos en nosotros es la medida de nuestros amores. Nuestro amor será más fino, más auténtico, de más solera, cuanto más sea reflejo de ese misterio que llevamos dentro. En definitiva, nuestros amores serán más fieles, más constantes, más universales y, sobre todo, más puros, cuanto mayor sea la profundidad de nuestra relación con la fuente del amor; una relación que hemos de cuidar y cultivar para que esté siempre activo «el tirón» de eso que llevamos dentro.

Pero la calidad del amor no está sólo en el origen, también está en su destino: en los sentimientos que experimentamos hacia los otros, en las actitudes con las que nos damos a ellos y en los gestos que los demás experimentan de nosotros. Y a todo esto parece que le da un plus de calidad el nivel de misericordia que pongamos en todo lo que hagamos.

EL OBSERVADOR 348-10

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Biendezires de lo encarnado
Por Fr. Eulalio Gómez, ofm.

El pecado del mundo es importante, pero lo es muchísimo menos que la presencia de la Gracia (Dios) en este mismo pecador mundo.

GLOSILLA.- Terrible y fatal puede llegar a ser el pecado. Tantas desgracias no nos permiten olvidarlo. Pero mayor potencia y eficacia que la suya tiene la sobreabundante gracia que impregna e impregnará siempre al mundo. Ni todos los pecados juntos de todos los seres humanos juntos pueden superar al sobreabundante Dios que ha querido sembrarse y florecer en esta tierra, que ha querido sembrar y hacer florecer a esta tierra en Él.

EL OBSERVADOR 348-11

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ORIENTACIÓN FAMILIAR

Mi marido no entiende mi desconfianza
Por Yusi Cervantes Leyzaola

CONSULTA:
Cuando escribió aquel artículo sobre que la infidelidad no es el fin de todo, nosotros estábamos pasando por esa situación. Mi esposo me lo enseñó cuando me pidió otra oportunidad y prometió cambiar. Efectivamente, ha cambiado, ya no vuelve tarde ni hace cosas sospechosas. Bueno, casi no las hace. Porque yo he detectado algunas, como que tiene el teléfono de esa mujer en su agenda nueva, que me hacen nuevamente dudar. Él se enoja conmigo, dice que me está demostrando que ha cambiado, que mis celos son absurdos y que tengo que confiar en él. Llega el punto en que termino sintiéndome culpable, además de seguir inquieta y angustiada por mis sospechas.

RESPUESTA:
Su marido tiene que entender que tiene la responsabilidad no solamente de cambiar su conducta, sino de reparar el daño que provocó con su infidelidad. Parte de ese daño es la desconfianza, los celos, la inseguridad. Él tendría que ser paciente y amoroso, aclarar todas sus dudas hasta que usted se sienta tranquila y no molestarse por esos celos que él mismo provocó. No se vale que la culpe a causa de lo que él mismo provocó. Estoy suponiendo, claro, que verdaderamente dejó aquella relación y que se ha propuesto rescatar su matrimonio, que ha sido tan lastimado. Dígale esto a su marido. Él tiene que entender. Tienen que buscar ambos una comunicación íntima, completa y comprometida. Hable con él y luego vuelva a escribirme para contarme cómo van las cosas.

La psicóloga Yusi Cervantes Leyzaola responderá las preguntas que se le envíen a la dirección de El Observador; Reforma 48, apdo. 49, Querétaro, Qro. C.P. 76000; o que se le hagan al teléfono 228-02-16. Citas al 215-67-68 Correo electrónico: cervleyza@msn.com

EL OBSERVADOR 348-12

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Carta a las niñas violadas
-Testimonio-

No es que menosprecie el dolor de las mujeres que han sido violadas, pero esta vez me dirijo a las niñas que lo fueron, porque éste es mi caso. Sí, yo pasé por esa terrible experiencia a los ocho años y quiero decirles que a mis cuarenta por fin me he liberado de esa carga tan pesada.

No importa que edad tengas ahora, si pasaste por esto de niña lo más seguro es que te sientas como me sentí yo durante tantos años.

Es una lástima que el silencio sea un común denominador. Si me hubiera atrevido a hablar cuando sucedió me hubiera evitado muchos sufrimientos porque cuando una niña es violada su vida no vuelve a ser la misma.

Hay muchas formas de violar, pero en el fondo son la misma cosa: una espantosa invasión a tu intimidad. Lo más increíble del asunto es que nos culpamos a nosotras mismas creyendo que de alguna manera somos responsables de lo que pasó.

A veces el recuerdo es tan duro que lo enterramos en lo más profundo de nuestro ser pensando que ahí no nos hará daño, pero ¡qué gran equivocación! Mientras siga ahí seguirá afectando nuestras vidas de una forma inimaginable.

¿Te suena familiar sentirte sucia? ¿Sentirte menos que las demás? ¿Te suena familiar escoger malos compañeros?

Se trata de que te sientes terriblemente culpable y tú sola te castigas por ello. Es una lástima que tú, que eras una hermosa e inocente niña, te creyeras responsable de los sucios actos de un hombre enfermo que fue capaz de lastimarte por satisfacer sus más bajos instintos, no importa que éste sea un familiar cercano -que es la mayoría de las veces- o un extraño.

Si éste es tu caso, pide ayuda, de preferencia profesional. Esto puede cambiar tu vida, darle calidad y paz. Yo sólo soy una madre de familia que quiere compartir contigo sus experiencias pensando que te pueden ser útiles.

Me indigna la injusticia y el hecho de que una víctima se autocastigue y se sienta poco merecedora de las cosas bellas de la vida es algo sumamente injusto. En tus manos está curar tus heridas. Tendrás que ser muy valiente, pero puedo asegurarte que vale la pena. Descansarás y te darás cuenta de lo equivocada que estabas. Vales muchísimo, sólo que no te has dado cuenta.

Toda mi vida me sentí poca cosa , culpable y sucia sin saber por qué. Desperdicié demasiados años pero no estoy dispuesta a seguir haciéndolo.

Quiérete mucho y enfrenta lo que te pasó de una vez por todas. Mereces ser feliz.

(Por motivos obvios, esta carta es anónima)

EL OBSERVADOR 348-13

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PINCELADAS

El amor y el tiempo
Por Justo López Melús

El amor entre los jóvenes esposos es muy fogoso; como las flores en primavera. En la tercera edad el amor entre los esposos es menos apasionado, pero más puro y acendrado. Las flores son ya fruto maduro. Suele decirse: ·El amor hace pasar el tiempo, el tiempo hace pasar el amor». En una reunión de matrimonios oí decir a una señora: «La segunda parte no es verdad. Mi marido y yo nos queremos cada día más». El auténtico amor en una pareja se da cuando los dos son ancianos.

Un dibujo de Claude Serre lo explica así: a la izquierda, Eva, muy seductora, presenta una manzana al joven Adán. A la derecha, Eva, muy ancianita, ofrece cariñosamente a Adán, que ya no tiene dientes, una cucharada de compota de manzana.
FIN

EL OBSERVADOR 348-14

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