El Observador de la Actualidad

EL OBSERVADOR DE LA ACTUALIDAD
Periodismo católico para la familia de hoy
2 de junio de 2002 No.360

SUMARIO

bulletENTREVISTA EXCLUSIVA - En México sigue siendo un estigma ser católico
bullet¿Maestros con vocación?
bulletREPORTAJE - ¿Y si el Papa dijera «no» a Medjugorje? (II y último)
bulletREFLEXIÓN POLÍTICA - Creer en lo que uno hace
bullet¿USTED QUÉ OPINA? - Los partidos políticos, ¿esperanza de México?
bulletEl Principito y los papás
bulletCOMUNICACIÓN - Decálogo para ver la TV
bulletCRÍTICA DE MEDIOS DE COMUNICACIÓN - Violencia en antena
bulletPICADURA LETRÍSTICA - La oratoria, arte en trance de desaparición
bulletTEMAS DE HOY - Todas las religiones no son iguales
bulletORIENTACIÓN FAMILIAR - Resentimiento
bulletPINCELADAS - El lobo y los bandidos

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ENTREVISTA EXCLUSIVA

En México sigue siendo un estigma ser católico
"En México sigue siendo un estigma ser católico; un absurdo en un país de mayoría católica: quizá ahí radique el cambio por el que votamos en 2000"
Por Jaime Septién, director de EL OBSERVADOR


*Toda negación de una parte de la historia es una mutilación. *Nadie en la Secretaría de Educación tiene idea de Nueva España. *Sigue pesando enormemente la idea de que hay que ocultar la fe.

Novelista, profesor universitario, ensayista, dramaturgo, conductor de programas de radio y televisión, crítico taurino, Paco Prieto (La Habana, 1942) es uno de los muy contados intelectuales en México que asume su condición católica. Desde la fe, con la experiencia de ser testigo privilegiado de las últimas décadas, platicamos con él, en una entrevista en la que se muestra hasta dónde el catolicismo público es, aún hoy, un "estigma" en nuestro país.

JAIME SEPTIÉN. Paco, ¿no te parece que uno de los más grandes errores que hemos cometido los mexicanos consiste en minimizar, casi en desaparecer de nuestra vida social, política, educativa, cultural la influencia de los tres siglos de la Nueva España?

PACO PRIETO. Creo que esto es un grave problema, y francamente no percibo en el nuevo secretario de Educación (Reyes Tamez) ningún planteamiento nuevo al respecto. Es más, no descubro ningún planteamiento. Esos años de la Nueva España -que son más que los de México independiente- habría que trabajarlos porque fue un tiempo riquísimo para este país, con enormes escritores, exploradores, científicos... Fue, para usar una expresión que mucho se usa hoy, un país "triunfante", en el sentido de afirmación de la vida.

JAIME SEPTIÉN. Y que tuvo una serie de logros muy importantes...

PACO PRIETO. ...que todavía se notan en los viejos cascos de las haciendas. Ahí se construía con la idea de que había mucho que hacer y un fortísimo porvenir. Uno lee a Sigüenza y Góngora, a sor Juana, a los científicos, los historiadores y se pregunta por qué han sido tiempos que han quedado tan olvidados y se lamenta de que los muchachos mexicanos no los conozcan. Nos han dicho que fue como "la noche oscura" de México: ¿qué "noche oscura"? Fue una "noche" de logros...

JAIME SEPTIÉN. ¿Por ejemplo, el logro del mestizaje, que creó una cultura nueva, única, sin paralelo en el mundo?

PACO PRIETO. Ha sido una negación de nuestra historia y, por tanto, una mutilación. Los mexicanos no podemos tener el sentido de la temporalidad porque nos han ocultado, sistemáticamente, la posibilidad de tomar conciencia de lo que hemos sido (a lo largo del tiempo) y de lo que somos ahora. Lo que somos en este momento es algo imperfecto. ¿Por qué? Porque nunca hemos podido trabajar sobre todos aquellos elementos que son impulsores, digamos, de la acción y de la imaginación, y de todo lo demás.

JAIME SEPTIÉN. ¿Como un totalitarismo?

PACO PRIETO. Como el de los soviéticos, que borraron a Trotsky, quien fue el creador del Ejército Rojo, que, de pronto, dejó de existir. Es lamentable. Pero yo no veo que haya alguien, en Educación, que diga: "Ahora sí se va a trabajar Nueva España". Ni en Educación ni en ningún lado. Y seguimos sin tener idea de quiénes fueron muchos grandes del período colonial. Ni siquiera en los lugares donde estos hombres vivieron. En sus casas, en sus laboratorios, en sus bibliotecas, ahora hay cantinas o sucursales de banco.

JAIME SEPTIÉN. Si nos atenemos a la historiografía oficial, este país pareciera haber nacido o en 1810 o, más acá, en 1917...

PACO PRIETO. Además, con el cambio democrático no se ha logrado otra cosa que yo, como muchos mexicanos, esperaba: que se iniciase la reconciliación nacional, en el sentido de que ¡ya basta! De que "todos los conservadores eran unos hijos de tales por cuales". Para empezar se olvida que tanto católicos como liberales del siglo XlX eran, unos y otros, católicos. La enorme mayoría eran católicos. Se olvida, también que muchos conservadores habían visto, con tremenda lucidez, lo terrible que sería caer en manos del imperio estadounidense. Por ello pactaron por un europeo. Y se olvidan también que un príncipe europeo que adoptara una corona estaba educado desde niño a serle fiel a la nacionalidad de esa otra corona. Como ahora sigue siendo así. Sofía, la actual reina de España, es griega; lo mismo que el marido de la reina Isabel de Inglaterra...

Se olvidan que las primeras leyes a favor de los indígenas en México, tras la Independencia, fueron las que expidió Maximiliano. Yo no digo qué bien los conservadores. Lo que digo es que ya no deberíamos satanizar a unos y canonizar a otros. Vamos a asumirlos a los dos grupos.

JAIME SEPTIÉN. ¿Podrían conciliar con los católicos?

PACO PRIETO. Ahí está el gravísimo problema: en este país sigue siendo un estigma ser católico. Lo cual es absurdo en un país de mayoría católica. Viene siendo desde el siglo XlX algo vergonzante. Hace poco, en la revista Letras Libres, que es una gran revista cultural no sectaria, me pidieron que recortara un artículo "porque era muy clara la profesión de fe católica". Yo les dije: bueno, claro, porque estoy hablando de un autor católico (Javier Sicilia), sobre una mística católica (Concepción Cabrera de Armida), y, además, lo estoy haciendo desde la fe; entonces, no veo por qué motivo no lo voy a poder hacer...

JAIME SEPTIÉN. ¿El pequeño jacobino que todos llevamos dentro?

PACO PRIETO. Sigue habiendo un horror por la fe; sigue pesando, mentalmente, la idea de que hay que disimular, que hay que esconder de alguna manera la fe. Pero, ¿por qué a estas alturas del partido seguimos con estos terrores? Y no estamos haciendo nada para superarlos; no se ha hecho un esfuerzo para reconciliarnos.

JAIME SEPTIÉN. ¿Qué sería de nosotros sin nuestros demonios, como Hernán Cortés?

PACO PRIETO. El año pasado salió una biografía magnífica, la de Miralles, sobre Hernán Cortés. Un libro ponderado. Hay admiración al personaje: ¿y qué? Los datos son, rigurosamente, históricos por otro lado. Entonces, como lector, puedes tomar partido, a favor o en contra, pero lo importante es que los conozcan; que ya olvidemos el mito de que en Cortés no hay nada positivo pues eso mutila el ser nacional.

JAIME SEPTIÉN. ¿Este miedo a la fe católica, a manifestarla públicamente, puede ser la explicación de por qué los mexicanos somos poco hábiles en llegar a acuerdos y en respetar los pocos que hemos hecho?

PACO PRIETO. Tenemos que aprender a construir a partir del diálogo. Permanecer unidos, olvidar las diferencias, hacer que las diferencias no sean obstáculos insuperables. En México pareciera que no entendemos nada de nada. La Revolución costó un millón de muertos, y luego, la Cristiada... Bueno, pero ¿en qué cabeza cabe atacar de frente las creencias populares, no respetar al pueblo? Mira, ahí está el problema del reparto agrario. En lugar de distinguir cuáles haciendas eran productivas y cuáles no, se llevaron parejo a todas, sin respetar lo que era un ejemplo de productividad. Y en el colmo del idealismo es la paradoja del general Cárdenas, que quiso implantar la educación socialista en un país como el nuestro...

JAIME SEPTIÉN. ¿Podremos aprender; hay esperanza?

PACO PRIETO. Tenemos que aprender. De lo contrario vamos, otra vez, hacia una dictadura camuflada. Y continuaría la corrupción, porque la corrupción es la manera de aceitar a los serviles. Setenta años que, como todo gobierno de partido único, provocaron el servilismo, no han desaparecido. El servilismo sigue existiendo como lo que es: una falta radical de dignidad. Partidos políticos que siguen pensando que el mundo se mueve por la ideología, sin darse cuenta de que el tiempo de las revoluciones ya terminó. No es ya manejarse a nivel de ideologías, sino del bien superior de la mayoría de la gente.

EL OBSERVADOR 360-1

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¿Maestros con vocación?
Por Carlos Díaz


La riqueza de las naciones tiene mucho que ver con el plantel de maestros con verdadera vocación y con la adecuada dotación de sus escuelas.

Todos los seres humanos compartimos, o al menos deberíamos compartir, la misma vocación, a saber, la de vivir como personas. Cuando, por el motivo que sea, nos apartamos de esta vida como personas, estamos dando la espalda a nuestra vocación primera y primaria.

Pero esta vocación primera y primaria puede manifestarse de muy distintas formas, es decir, según vocaciones particulares. Una de ellas es la de ser maestro.

Aclaremos que la condición de maestro no se reduce a la de profesional de la enseñanza, es decir, a la de profesor o catedrático. Dicho de otro modo: maestro es toda aquella persona que sepa que no sabe, que quiera saber más, y que busque compartir lo por ella sabido con quienes aún no lo saben. Desde esta perspectiva, la condición de maestro se revela como mucho más amplia que la de docente, pues una madre, un amigo, un padre, un jardinero o un ingeniero pueden aprender y enseñar, aunque no lo hagan por sueldo ni con horario fijo.

Todavía más: no todas las personas que se denominan o son denominadas maestros o maestras lo son, pues es común encontrarnos con gente sin vocación, ya sea porque creen que todo lo saben, porque creen que nada saben, porque lo que saben no tienen voluntad de compartirlo, o porque comparten lo que no tienen voluntad de aprender con más rigor. O sea que -como suele ocurrir en todas partes- no son todos los que están, ni están todos los que son.

Tampoco son maestros los eruditos que carecen de sentido de su prójimo, aquellos que sólo saben para sí, pero no logran transfundirlo o transmitirlo; o los que se limitan a repetir mecánicamente los programas exigidos para que sus alumnos reciban la correspondiente acreditación, sin generar en ellos deseo de saber ni voluntad de vivir más honradamente. Tanto los eruditos como los funcionarios mecanizados y burocratizados carecen de alma de maestro.

El maestro me hace ser más magister haciéndose a sí mismo menos, es por tanto el que educa educere leyendo las posibilidades de mi alma; el que riega mi planta sin inundarla con exceso de agua, ni dejarla sedienta por escasez de la misma educare. Para todo eso el maestro ha de ser un ministro minister, alguien capaz de hacerse él mismo menos para hacerme más a mí mismo. Hay, pues, en la vocación de maestro un ineliminable componente de servicialidad, de religiosidad, de afectividad, a partir de los cuales y con los cuales se imparten los conocimientos requeridos.

Tarea tan compleja y difícil no cuenta siempre con la estimación social ni con la retribución económica adecuada; pero la riqueza de las naciones tiene mucho que ver con el plantel de maestros verdaderamente vocacionales y con la adecuada dotación de sus escuelas. Un pueblo que no valora a sus maestros tampoco puede valorar a sus médicos ni a sus sacerdotes, pues las tres profesiones ayudan a sanar el cuerpo y el alma, y forman la tripleta central y eje de todas las demás vocaciones.

Por lo demás, por aquello de que todo se contagia menos la hermosura, unos maestros minusvalorados socialmente tienden a nimusvalorarse a sí mismos y a reflejar ambas minusvalías en un trato inadecuado al niño, que de este modo -aunque no lo parezca- termina siendo el gran perdedor. Y esta situación se agrava cuando en el interior de su propia familia las cosas no le ruedan bien a la pobre muchacha o muchacho.

En resumen, cuando se habla de fracaso escolar no debería olvidarse que quien fracasa cuando el alumno fracasa es la sociedad entera. Pero el triunfo escolar, a su vez, sólo alcanza la verdadera dimensión triunfal cuando lo enseñado por padres, adultos, sociedad, políticos y pueblo en general es un triunfo de la escuela que a su vez busca ser escolarizada bajo el signo de la libertad, la igualdad y la fraternidad.

Algunos dirán que esto ya lo sabían, y yo me alegraría pues comparto la vieja opinión de Sócrates de que no se enseña nada a nadie, tan sólo se le anima a recordar lo que es bello, bueno y verdadero si se es buen docente. Pero, además, para ir concluyendo estas palabras de un maestro que ya ha consumido 33 años sin interrupción en el ejercicio de la docencia, me gustaría subrayar que no basta con saber las cosas, ni con hablar de valores. Para que lo hablado sea verdadero y los valores sean valiosos es necesario asumirlos vitalmente, abrazarlos con el corazón y realizarlos -al menos intentar realizarlos- con toda el alma.

(Tomado de Signo de los Tiempos, mayo de 2002)

EL OBSERVADOR 360-2

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REPORTAJE

¿Y si el Papa dijera «no» a Medjugorje? (II y último)
Por Diana García Bayardo


Bien dice Joseph Ratzinger, prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, que «no podemos, ciertamente, impedir que Dios hable a nuestro tiempo», y que «la noticia sobre apariciones marianas se está multiplicando en el mundo». Pero también es verdad que muchas de éstas no vienen realmente del Cielo. ¿Qué razones tuvo la Conferencia de Obispos de Yugoslavia para decir que, hasta ahora, no hay indicios de que las apariciones de la Virgen de Medjugorje tengan un origen divino?

Medjugorje: personas que no rezaban nunca, rezan ahora diariamente el Santo Rosario; quienes no iban a la iglesia ahora lo hacen regularmente y frecuentan los sacramentos de la Confesión y la Eucaristía. Unos 25 millones de personas o más han visitado el lugar, y muchas de ellas han experimentado algún proceso de conversión.

Incluso en junio de 1986, en respuesta a un grupo de doce obispos italianos que buscaban consejo pastoral sobre la gente que va de peregrinación a Medjugorje, Juan Pablo II les respondió: «Dejen que la gente vaya a Medjugorje. Allá se convierten, oran, se confiesan, hacen penitencias y ayunan».


El padre René Laurentin, promotor de las apariciones de Medjugorje, declaró en 1988: «El discernimiento que hemos hecho, según los criterios de la Iglesia, manifiesta que hay en Medjugorje tantas razones como en Lourdes -y acaso más- para considerar auténticas las apariciones. Y no hay por ahora hechos negativos (...). Pero esto no quiere decir que todas las palabras de los videntes sean auténticas. Pueden equivocarse en algunos detalles, como muchos santos y videntes se han equivocado sobre algunos aspectos de detalle».

Pero los resultados de las investigaciones de la Conferencia de Obispos de Yugoslavia arrojaron que había equivocaciones que iban mucho más allá de ser simples «detalles» en las declaraciones de los seis videntes (Ivanka Ivankovich, Mirjana Dragicevich, Vicka Ivankovich, Ivan Dragicevich, Marja Pavlovich y Jakov Colo). Las apariciones de Medjugorje:

a) No concuerdan del todo con la doctrina de la Iglesia..- Se advierte la enseñanza de un falso ecumenismo. La vidente Ivanka declaró: «La Madre Bendita dice que todas las religiones son queridas por Ella y su Hijo". (Janice T. Connell, Las Visiones de los Niños, Las Apariciones de la Madre Bendita en Medjugorje, St. Martin's Press, agosto de 1992). Más aún, las apariciones afirman que «la religión de cada uno debe ser respetada, y ustedes deben conservar la suya para ustedes mismos y para sus niños». (Las Apariciones de Medjugorje, por el Padre Svat Kraljevic, 1984, p. 58). Esta visión herética, que acaba por poner al mismo nivel todas las religiones y recomienda que cada quien se quede con sus propias creencias, contradice lo enseñado por la Iglesia y por Cristo mismo, que ordenó: «Vayan, pues, y hagan discípulos a todas las gentes, bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo» (Mt 28, 19).

Se ha llegado a condicionar la salvación a las apariciones de Medjugorje. La vidente Ivanka envió este mensaje al obispo Zanic: «La Virgen declara: 'Dile al Obispo que yo pido su conversión urgente a los eventos de la parroquia de Medjugorje... le estoy enviando la penúltima advertencia. Si él no se convierte, mi juicio, así como el de mi Hijo Jesús, lo golpeará». Así, la salvación del prelado estaría condicionada a la creencia en las apariciones, no a la aceptación y vivencia del Evangelio de Cristo.

Vicka escribió en 1981 en su diario: «Nosotros le preguntamos (a la Virgen) sobre el hombre que vio a Jesús en la calle, cuando estaba manejando en su automóvil. Él se encontró a un hombre que estaba todo ensangrentado -este hombre era Jesús- quién le dio un pañuelo ensangrentado, diciéndole (al conductor) que lo tirara en el río. Siguiendo adelante en su camino, él se encontró a una señora -era la Santísima Virgen María-; Ella le pidió el pañuelo ensangrentado al conductor. El hombre le dio un pañuelo que le pertenecía a él, pero la Virgen le pidió el ensangrentado. 'Si él no me lo hubiera dado, habría sido el juicio final para todos'. La Virgen dijo que (el evento) era verdad». Es difícil imaginar que Dios, en su infinita Majestad, utilice un medio tan absurdo para determinar el fin del mundo.

b) Desobedecen la autoridad de la Iglesia.- A pesar de que el Obispo prohibió que se siguiera fomentando el fenómeno de Medjugorje, las puertas del templo parroquial continuaron abiertas para que los videntes pudieran tener las apariciones en dicho lugar.

En enero de 1982 la Señora afirmó que estaba bien que dos sacerdotes franciscanos, sacados de su orden y suspendidos por el obispo, continuaran diciendo la Misa y oyendo las Confesiones. Vicka había consultado el asunto con la Virgen. A la observación: «Si la Señora dijo esto, y el Papa dice que ellos no pueden...», la respuesta de Vicka fue: «El Papa puede decir lo que quiera. Yo estoy contando esto tal como es». Se considera señal de que una aparición es falsa cuando la autoridad de la Iglesia es desobedecida por la aparición misma.

c) Faltan milagros científicamente comprobables.- Así como para la canonización de los santos, aunque se haya demostrado la heroicidad de sus virtudes, se requiere la presencia de milagros que confirmen la santidad de la persona, también hacen falta signos objetivamente comprobables y comprobados que confirmen las afirmaciones hechas por los videntes o las personas favorecidas con la aparición.

Se habla de una oleada de curaciones, pero cuando el buró médico de Lourdes analizó las de Medjugorje, encontró que no cumplían los requisitos necesarios para poder ser declaradas milagrosas. Esto no significa necesariamente que en Medjugorje no ocurran milagros, pero sí que los que hasta ahora pudieran haber ocurrido no son verificables.

Conclusión

Los buenos frutos no son señal suficiente para determinar la veracidad de las apariciones de Medjugorje. Hace algunos años, en El Palmar de Troya, España, las que parecían ser auténticas apariciones marianas y fueron motivo de muchas conversiones, acabaron con el surgimiento de un antipapa. Es decir, no todo lo que en un principio parece bueno es necesariamente bueno. Así, la Iglesia, por prudencia, no puede dar el ansiado «sí» a Medugorje sino hasta que las apariciones acaben. Aunque, quizá, sí podría dar un «no» definitivo antes de su término en el caso de que se determinara que fueran falsas. Y nosotros, católicos, habremos de someternos, examinando todo y quedándonos con lo bueno (cfr. 1Tes.5,9). La obediencia es lo más importante.

EL OBSERVADOR 360-3

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REFLEXIÓN POLÍTICA

Creer en lo que uno hace

Hay muchos dirigentes que dan la impresión a la sociedad y a sus allegados de que son los últimos en estar convencidos de lo que están haciendo y cómo lo están haciendo. No es menester ser fanático de sí mismo para edificar una realidad diferente. Lo que se requiere es un nivel razonable de creencia en sí mismo. «Cree y no caerás», duda y perecerás», solía decir Lord Byron. Se trata de perseverar en los principios, en los mínimos no negociables. La Iglesia católica es ejemplo de este no doblegarse. Entendemos que ella fue fundada por el mismo Cristo; sin embargo, es una institución humana, y si se ha mantenido 2002 años es porque su corpus esencial apenas si ha sido modificado en los suplementario. (J.S.C.)

EL OBSERVADOR 360-4

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¿USTED QUÉ OPINA?

Los partidos políticos, ¿esperanza de México?
Por Genaro Alamilla Arteaga


Nuevamente abordamos el tema porque nos interesa México y todo lo que con él se relacione para bien o para mal.

Cualquier ciudadano que contemple el panorama que presentan los partidos políticos del país -de cualquier ideología o tendencia- tiene que caer en la cuenta de su ideología y contenido positivo o negativo, y se dará cuenta de la calidad de su cuerpo directivo y, desde luego, de su curriculum en la cosa pública o privada.

Pero de todas maneras el juicio que se forme el observador debe ser justo y objetivo, sin pasión alguna que no sea la verdad, teniendo en cuenta que ningún partido político en el mundo es perfecto. Habrá buenos, malos y peores; en todo caso habrá alguno menos malo.

En nuestro caso -creemos ser muy objetivos-, no aparece ningún partido que no sufra problemas internos por tendencias diversas entre los miembros; otros padecen claras divisiones; los hay con luchas por el poder de dirección; otros partidos sufren la actitud contraria a todo: contra la directiva, contra las decisiones que se toman, contra las estrategias en las lides electorales, etcétera. Cabe recordar que en México -por voluntad del pueblo- no puede haber o establecerse un régimen que no sea participativo y democrático, como lo establece el artículo 40 de la Constitución, así como el tercero, que define la naturaleza de la democracia que debe regir al país.

Obviamente nos podemos preguntar: ¿Tienen alguna misión en México los partidos que no sean auténticamente democráticos, o con una democracia maquillada o democracia-ficción? A nosotros nos parece que no, y nuestra opinión no es gratuita y traída de los cabellos, pues si los partidos políticos son los que proveen al país de funcionarios desde el nivel más bajo hasta el más alto, y los partidos son los que van delineando o configurando el tipo de régimen del país -en nuestro caso, régimen democrático-, ¿qué puede hacer en nuestra patria un partido que no sea democrático? ¿Podrá un partido ser escuela de formación democrática para sus miembros si no es demócrata?

Concluimos: los electores en México no deben dar su voto a candidatos que no sean democráticos y pertenecientes a un partido demócrata. ¿Qué esperanza tiene México contando con los partidos actuales? ¿Usted qué opina?

Comentarios o sugerencias: gealar_@hotmail.com

EL OBSERVADOR 360-5

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El Principito y los papás
Por Carlos Agustín Masías Vergara


Entre los libros que me acompañaron en mi infancia -junto a Corazón, y Platero y yo- se encuentra esa obra de modestas palabras que es El Principito. En sus páginas el escritor francés Antoine de Saint-Exupéry confronta la necedad del adulto promedio -o la necedad promedio del adulto- con el candor de un hombrecito extraordinario que, en medio del desierto, le pide a un aviador extraviado que le dibuje un cordero.

Ante este pedido, el piloto se queda sorprendido. Y es que «las personas mayores no comprenden nunca las cosas por sí solas». Los adultos muchas veces se crean categorías a través de las cuales intentan comprenderlo todo. No se admiran de las cosas-en-sí, sino que las analizan para ver si son cosas-importantes, cosas-económicas, cosas-útiles, cosas-políticas, dejando de lado la bondad y hermosura de la realidad. En vez de alma tienen una repisa en la cual ordenan todas las cosas de acuerdo con las categorías que se han inventado. Si dices a las personas mayores: «He visto una hermosa casa de ladrillos rojos con geranios en las ventanas y palomas en el techo», no acertarán a imaginarse la casa. Es necesario decirles: «He visto una casa de un millón de pesos». Entonces exclaman: «¡Qué hermosa debe ser!».

Pero para el niño que ha entrado al mundo a través de un milagro, todas las cosas son nuevas. Con cada niño Dios vuelve a crear el universo. En cada una de sus pequeñas cabezas «hay un sistema nuevo de estrellas, hierba nueva, ciudades nuevas, un mar nuevo» (Chesterton); y por eso comprenden mejor la vida, y por eso pueden ver corderos a través de las cajas. El niño posee una inagotable curiosidad y una capacidad de maravillarse ante el mundo y de darle un significado que trasciende los criterios como el de la simple utilidad. Y es que la utilidad se muestra incapaz de darle sentido al mundo -o, en todo caso, le da un sentido muy limitado. Como decía el poeta Antonio Machado:

Bueno es saber que los vasos
nos sirven para beber;
lo malo es que no sabemos
para qué sirve la sed.

En este sentido, El Principito plantea un intento de comprensión que vaya más allá de la utilidad: «Hace millones de años que las flores fabrican espinas. Hace millones de años que los corderos comen igualmente las flores. ¿Y no es serio intentar comprender por qué las flores se esfuerzan tanto en fabricar espinas que no sirven nunca para nada?». Pero los hombres mayores no tienen tiempo para esto, están demasiado ocupados en gobernar, en sacar adelante sus negocios y sus estudios, encerrados en sus vanidades y sus vicios; y no tienen tiempo para nada más, ni siquiera para domesticar un zorro o una flor. No es extraño, pues, que, atareados como están por tratar de vivir cada vez mejor, se olviden de las razones por las cuales vale la pena vivir. Dejan así de ser hombres y se convierten en hongos.

Es necesario que los adultos recuperen esa capacidad de los niños, que no es una capacidad infantil. El agua no puede ser para nosotros únicamente H2O, o el líquido elemento del que habla la mala prensa; ni el fuego, el causante de un incendio o un elemento más de la cocina. Debemos redescubrir en ellos -como lo hiciera san Francisco de Asís en su tiempo- a «la hermana agua, preciosa en su candor que es útil, casta, humilde (...) y el hermano fuego, que alumbra al irse el sol que es fuerte, hermoso, alegre».

A muchas personas circunspectas puede parecerles que lo que he escrito carece de sentido. Lo único que he pretendido es contar algo de lo que El Principito me ha dicho en diversas ocasiones; pero si el texto le ha parecido insubstancial, le recomiendo revisar la página económica. Allí encontrará cuadros y números, dólares y soles, y demás cosas serias en que ocuparse.

EL OBSERVADOR 360-6

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COMUNICACIÓN

Decálogo para ver la TV

1. Conozca usted la televisión.
2. Ámela en lo que vale.
3. No hay que verla solos.
4. No exija a la tele lo que la tele no puede dar.
5. Seleccione los programas.
6. Busque usted la almendra de cada programa.
7. Cambiar de canal es cosa sabia.
8. Rechace la violencia.
9. Hay que hablar de lo que se ha visto.
10. No todos los programas son iguales.
(Fuente: Iglesia en Camino / España)

EL OBSERVADOR 360-7

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CRÍTICA DE MEDIOS DE COMUNICACIÓN

Violencia en antena
Por Santiago Norte


Las matanzas escolares ya no son patrimonio exclusivo de los jóvenes estudiantes de Estados Unidos. Todo es exportable. Hasta matar a profesores y compañeros en las preparatorias. Como reflejo del modelo teledifundido por nuestros vecinos del norte a todo el planeta, hoy vemos que no nada más en la Unión Americana se cuecen habas. Con espacio de tres días de diferencia, hubo dos matanzas con suicidio (del homicida, obvio) incluido.

La primera, la de Erfurt, en Alemania, fue cometida por un ex alumno de la escuela de la pequeña comunidad, que contaba con 19 años de edad a la hora de cargarse a 16 personas, entre profesores y alumnos. Acto seguido se suicidó. La segunda, en Vlasenica, al noroeste de Bosnia. Ahí un chico de 17 años mató a su profesor de historia con un certero balazo en la cabeza e hirió de gravedad a su profesor de matemáticas. Acto seguido, se suicidó.

¿De dónde viene esta especie de cacería escolar que llena de estupor al mundo? Y lo llena de estupor por dos cosas: la crueldad de los homicidas y su edad. Los 14, los 17, los 19 años son, es cierto, etapas muy difíciles en el proceso de consolidación de una persona, en el proceso de ser persona. Pero de ahí a decidir acabar con tu vida, llevándote entre las espuelas a profesores y compañeros de escuela, hay un enorme trecho. El trecho entre encontrarle un sentido y no encontrarle ninguno a la vida.

La gente en Alemania, extremadamente conmovida por la llamada «carnicería de Erfurt», se preguntaba qué hacer para que no se vuelva a repetir una cuestión como ésta, que rebaja la moral pública a nivel cero. Como están cerca las campañas políticas para renovar la dirigencia germana, todos se apuntaron con una vía de solución (el problema es que, más tarde, la solución sería inviable, por los intereses comerciales que pisaría: por ejemplo, el mercado de armas de fuego, o, peor aún, el mercado de la venta de imágenes y violencia del que se alimenta la televisión y el internet).

Por lo pronto, el primer ministro alemán Gerhard Schröder anunció, de inmediato, un mayor control de las armas de fuego y una ofensiva «total» contra las imágenes violentas que se transmiten por televisión o circulan por internet. De que la lleve a cabo es otra cosa. Pero Schröder, hombre muy cercano a las tesis de la izquierda alemana, fue impulsivo y hasta conservador cuando dijo esto. Él mismo ha sido acusado por los conservadores de una «espantosa inactividad» para desarrollar esquemas que limiten a los menores de edad el acceso a la violencia teledifundida.

Como en México, en Alemania la televisión y su negocio, internet y su negocio gozan de cabal salud. Los llamados al «compromiso voluntario» que hacen sus presidentes (a los concesionarios o dueños de las televisoras privadas o, en el caso alemán, incluso las públicas) no han surtido (ni surtirán) ningún efecto. Por la principal razón de que son «llamados» para salir del paso, para, como se dice en México, «taparle el ojo al macho». En el fondo, se considera que la violencia teledifundida no afecta la conducta de los niños y de los jóvenes: ha de ser una invención más de los ultraconservadores, para ganar fama. Los resultados están a la vista.

Cuando por encima de la vida lo que se defiende es el negocio, el comercio, la libérrima concurrencia del mercado; cuando el Estado elude su misión de proteger a los más débiles de la sociedad, a favor de su uso comercial y de la capacidad de penetración ilimitada de las corporaciones mediáticas, es cuando sus directivos (los del Estado) nos recetan sus mejores deseos de que la cosa cambie. Pero no cambia, porque nadie quiere que cambie. Y la cosecha de sangre continuará.

EL OBSERVADOR 360-8

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PICADURA LETRÍSTICA

La oratoria, arte en trance de desaparición
Por J. Jesús García y García


Un buen orador es aquel que se convence a sí mismo
H. G. BOHN

Aquel niño quedó huérfano de padre a los siete años. Le correspondía heredar una importante fortuna, pero su tutor, corrupto y astuto, lo despojó de ella. En una ocasión el muchacho asistió a un juicio y escuchó el discurso del defensor; cuando vio al pueblo acompañar en triunfo al orador decidió dedicarse él también a la elocuencia; ello se convirtió en su único afán. No fue empresa fácil: a su primer discurso la multitud lo abucheó y le fue imposible llegar al final. Quería que se lo tragara la tierra. Abatido caminaba por la ciudad y entonces un anciano le infundió ánimo y lo alentó a seguir ejercitándose. Lo hizo con la mayor tenacidad, a pesar de que era blanco de mofas continuas por parte de sus contrarios. De vez en cuando se apartaba por completo de los hombres, y peroraba en grutas subterráneas. Tartamudeaba un poco al hablar; para remediar este defecto y para que su lengua se moviera sin trabazón, poníale una piedrecita debajo. Ibase a la orilla del mar y gritaba con todas sus fuerzas. Sus pulmones eran débiles: para robustecerlos daba grandes paseos al aire libre y recitaba en voz alta discursos y poesías. Siempre que oía una discusión interesante íbase al punto a su cuarto; pesaba una y otra vez los argumentos de ambas partes y procuraba determinar quién tenía la razón. Y hete ahí que, con esa inflexible formación de sí mismo, poco a poco corrigió sus defectos y llegó a ser un orador tan formidable que sus discursos, los discursos de Demóstenes (384-322 a. de J. C.), casi dos mil cuatrocientos años después, todavía son modelos que deben conocer quienes deseen sobresalir de verdad en el campo de la oratoria. El ínclito orador griego superó su condición de pobre huerfanito tartamudo y sacó de sí las admirables fuerzas que en él estaban latentes (¡Oh Tihamer Toth!).

Quiero salirme ahora de las cápsulas motivacionales y referirme en sí a la oratoria. Conocida y muy expedita es la definición que nos da Esteban Moréu: «La oratoria es el arte de emplear la palabra y el pensamiento de manera que el orador convenza, persuada y mueva a los hombres a un determinado fin».

Agrega el preceptista algo que es muy de considerar: «No debe confundirse la elocuencia con la oratoria: todos los oradores, si son dignos de este nombre, son elocuentes; pero no todos los elocuentes son oradores; la oratoria es arte, pero presupone dotes naturales» (en suma, tal como sucede en otras de las artes, el orador nace pero también se hace).

Hay (se dice y se dice bien) muchos modos de persuadir: con el dinero, con el ejemplo, con la mirada, con el gesto, con el llanto... pero eso no es la oratoria. «En un sentido traslaticio -añade Juan Rey sobre tales modos- se les llama a veces elocuentes. Al silencio mismo se le llama así. La persuación propia de la elocuencia y de la oratoria [de ambas a la vez] es la que se consigue por medio de la palabra oral».

Sobreabundando: «el fin propio de la oratoria es persuadir la voluntad; pero la oratoria debe enseñar, debe excitar los sentimientos y debe agradar si quiere conseguir dignamente su fin, la persuación». Ello sólo se logra siguiendo las reglas del arte en las tres implicaciones siguientes:

«1. Convencer la inteligencia con razones, con motivos, que presenten la conveniencia o disconveniencia de lo que se propone.

«2. Excitar sentimientos que refuercen las razones propuestas por la inteligencia.

«3. Agradar al oyente con el deleite estético que proporcione la forma bella del discurso; pues lo que se propone de una manera agradable se recibe mejor».

Hoy día, en suma interminable, políticos, maestros, comunicadores y líderes religiosos (que bien podrían aspirar a ser cultivadores de los géneros oratorios forense, político, académico o sagrado) nos abruman con millares de mensajes con los cuales no pocas veces arrancan decisiones a nuestra voluntad. Pero no son oradores. Ya prácticamente no los hay. ¿Dónde encontrar a los émulos de Cicerón o Demóstenes, es decir, los hombres capaces de combinar todas o la mayoría de estas dotes: probidad, fortaleza de espíritu, dominio de sí mismo, autoridad, inteligencia, imaginación, memoria, voluntad, sensibilidad, presencia exterior, y voz y gesto adecuados?

EL OBSERVADOR 360-9

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TEMAS DE HOY

Todas las religiones no son iguales
Por el Pbro. Juan García Inza


Flaco servicio nos han hecho los talibanes a todos los que creemos en Dios e intentamos practicar una religión. Los ateos de toda la vida han encontrado una ocasión de dulce para arremeter contra la religión, sea la que sea. Y algunos, haciéndose eco de Saramago, el apóstol Nóbel del ateísmo, o por cuenta propia, se dedican en los medios a denigrar a todas las religiones, y a meternos a los que creemos en Dios en el mismo saco de la estulticia. Y no sólo eso, sino que tienen el atrevimiento de considerarnos nada menos que un peligro para la humanidad.

En el periódico español ABC leo con estupor un comentario de Javier Reverte que aprovecha la «hazaña» de Bin Laden para echar un cubo de basura contra el cristianismo. Éstas son algunas de sus afirmaciones: «La democracia que hoy disfrutamos algunos países de la Tierra, todos ellos de carácter cristiano, nació de la lucha civil contra el poder de la Iglesia, en sus orígenes aliada de los reyes y de los más pudientes. Quizás, desaparecido Bin Laden, sea esta la ocasión para que el mundo islámico alumbre su primera democracia en contra de su propia iglesia y de su propio clero. Debemos ayudarles a conseguirlo para bien de la historia humana». Y afirmaciones parecidas vienen publicándose con frecuencia en otros diarios y revistas.

No se puede tildar al clero de cualquier iglesia o credo como enemigo de la sociedad. Eso es una afirmación tremendamente injusta. No hay que confundir a la Iglesia con otras creencias religiosas, y menos aún si se practican sin sentido común, porque entonces allí Dios no puede estar. Ni podemos catalogar a todo el mundo de fanáticos peligrosos. Tampoco en el Islam son todos iguales.

Es injusto decir que la Iglesia siempre ha estado junto a los poderosos. Habrá habido sus fallos históricos debido a nuestra condición humana, y de los cuales reiteradamente el Papa ha pedido perdón, y todos los días lo hacemos en Misa entonando el mea culpa. Pero, históricamente, ¿quién ha estado siempre junto al pobre, el enfermo, el abandonado, el despreciado, el indigente? ¿Quién fue, si no la Iglesia, la que abrió asilos y hospitales, y orfanatos, y casas cuna, y Cáritas, y tantas instituciones a favor del pobre? Ordenes enteras y congregaciones nacieron para servir a los necesitados. Y hoy, un ejército numerosísimo de «voluntarios cristianos» están por esos pueblos perdidos del tercer mundo dando la vida por los excluidos del banquete de los todopoderosos, entre los que incluyo a muchos políticos e intelectuales que se pasan la vida hablando de democracia.

En contrapunto a este tipo de escritores sin fe, que tratan de servir al ateísmo «saramagoniano», es un gozo leer algunas de muchas cosas que dice en un artículo sin desperdicio del periodista italiano Vittorio Messori:

«Las religiones no son iguales. Palabras fuertes, pero que pueden tener una cierta justificación, reconozcámoslo. Naturalmente, pero siempre que se precise en seguida que las religiones no son todas iguales, y que hay cierta diferencia entre la liturgia del degüello en masa de jóvenes sobre los altares-pirámides de los aztecas y la liturgia eucarística de un altar católico; entre Ben Laden y el papa Juan.

«¿Qué es lo que pasó cuando se trató de extirpar la religión de la sociedad y del corazón de los hombres? ¿Se desplegó entonces el reino de la paz, de la humildad, de la fraternidad, de la convivencia justa y armoniosa? La verdad es que los hechos muestran que, en las dos principales ocasiones en las que, por limitarnos a Europa, se ha tratado de imponer la perspectiva atea que todavía alguno hoy propone como panacea, sucedió exactamente lo contrario (...). Como ha demostrado Jean Dumont (...), la campaña de descristianización conducida con el Terror de la Revolución Francesa no fue un episodio más entre otros muchos, sino la revelación de su intención profunda y primaria. Precisamente, la de dar el finiquito sobre todo al catolicismo, pero también a cualquier religión 'revelada' (junto al culto católico se prohibieron, bajo pena de muerte, también el protestante y el judío) para pasar a un culto totalmente humano, en nombre de la Razón… (...) Entre las 40 mil víctimas, nada menos que el 84% pertenecía al Tercer Estado: pequeños burgueses, obreros, y campesinos.

«Otro historiador, Reynald Sécher, ha hecho las trágicas cuentas de la Vandea, surgida en nombre de la fe de sus padres: sobre un territorio de nada más que diez mil kilómetros cuadrados, 120 mil masacrados (...). Con la piel de aquellas mujeres, muy suave, se confeccionaron guantes para los oficiales, mientras que la de los hombres se destinó a fabricar botas. Los cadáveres desollados fueron hervidos para obtener grasa para las armas y jabón para el ejército.

«Lo repetimos, hay religión y religión. No toda concepción de lo divino es siempre y de cualquier manera aceptable. Hay una religiosidad inquietante, hay fes oscuras. No nos contamos, desde luego, entre los ecumenistas del abrazo fácil, aquéllos para los que cualquier escritura sagrada o cualquier Dios valen lo que otro. Es más, respondemos sólo por la nuestra, hablamos de 'religión'».

(Resumido de Periodismocatólico.com)

EL OBSERVADOR 360-10

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ORIENTACIÓN FAMILIAR

Resentimiento
Por Yusi Cervantes Leyzaola


PREGUNTA:
Mi hermana se embarazó y mis papás la obligaron a casarse con su novio. Le ha ido muy mal en su matrimonio. Por supuesto, él tampoco quería casarse. A partir de entonces, y cada vez más, como que mi hermana ha desarrollado un resentimiento y un rencor contra mis papás enorme. De hecho, es como si ya no fuera parte de la familia. Al principio sí la veíamos, pero se ha ido alejando. Luego hubo conflictos por una propiedad, y desde entonces ni mi hermana ni su esposo ni sus hijos nos hablan. Tanto así que si mis papás los buscan, no les abren, y si se los encuentran en la calle, les dan la vuelta. En realidad no sabemos cuál es la verdadera razón de tan grande disgusto porque, en cuanto al conflicto por la propiedad, mis papás tenían razón, pero mi hermana, no sé por qué, se volvió ambiciosa, no entiende razones y temo que también se volvió envidiosa.

Mis papás están tristes y lamentan mucho los errores que cometieron, pero están serenos, porque son personas de fe. Me preocupa más mi hermana. Mis papás están viejos, mi papá enfermo. Dios quiera que falte mucho, pero cualquier día podríamos perder a uno de ellos y mi hermana tendría que vivir el resto de su vida lamentando no haberse reconciliado con ellos; eso, claro, si algún día se arrepiente.

RESPUESTA:
¡Qué terrible situación! Es muy triste darse cuenta de cómo un ser querido amarga su existencia, y no poder hacer nada -o casi nada- al respecto. El resentimiento enferma física, mental, emocional y espiritualmente. Y lo más absurdo es que no daña tanto a quien va dirigido -podría ni siquiera tocarlo- como a quien lo genera.

Con esto no estoy diciendo que hay que dar carpetazo al resentimiento y perdonar, así, sin más. No. El perdón es un proceso largo y complejo en el que es necesario escuchar el propio enojo, los miedos, las necesidades y nuestros sentimientos de culpa. Significa dejar atrás la actitud de víctima y asumir el de persona íntegra. Significa abandonar los mezquinos deseos de venganza y de querer ser recompensado. Significa rescatar la dignidad.

Perdonar es una tarea difícil, pero sumamente necesaria. No solamente para reconciliar a las personas, cuando esto es posible, sino para sanar el alma. Si su hermana perdonara a sus padres, ella misma se liberaría y podría ser feliz. Así como está, seguramente no lo es. La ambición de cosas materiales, por ejemplo, indica un vacío interior, así como la envidia es señal de poca aceptación de sí misma.

El resentimiento va destruyendo poco a poco. La persona puede llegar a enfermar -de cáncer, por ejemplo-. Su mente se confunde, como su hermana, que no puede ver con claridad; sus percepciones pasan por el cristal del odio, que lo distorsiona todo. También las emociones enferman. La persona se siente insatisfecha, tal vez deprimida o enojada, devaluada, cansada, oprimida, y se generan, como ustedes han constatado, envidias, celos, ambición, odio y mucho, mucho dolor. El espíritu está enfermo.

No es fácil perdonar. Aun deseándolo, muchas personas pasan por muchas dificultades antes de lograrlo. Imagine lo difícil que es cuando no se desea hacerlo. Y éste, tal vez, es el principal obstáculo que tiene su hermana. Por eso es tan importante acudir a Dios y pedirle valor para perdonar. Pedirle que nos ayude a cambiar nuestro corazón de piedra por uno de carne y que nos enseñe a amar.

Lo que los familiares y amigos pueden hacer por su hermana es hablar con ella, mostrándole apoyo y auténtico interés, ayudándola a sentirse amada. Tal vez entonces ella caiga en la cuenta de que lo mejor para todos, especialmente para sí misma y sus hijos, es perdonar. Por supuesto, ella tiene motivos auténticos para el enojo, y necesita escucharlo, pero también tiene que darse cuenta de cuál fue su propia responsabilidad en el asunto y comprender que sus padres actuaron en forma equivocada a causa de las creencias que tenían en ese tiempo, no porque desearan lastimarla. Comprender las limitaciones de quienes nos han hecho daño, el por qué cometieron ese error y permitirnos creer en la buena intención que muchas veces hay en el fondo de los actos de quien nos lastimó, aunque se hayan equivocado, nos ayuda a finalmente aceptar lo que ocurrió sin juzgar a nadie y lograr el perdón. Por ejemplo, en el caso de su hermana, tal vez sus padres creyeron que era el deber de ella y su novio el dar una familia a esa criatura, y creían que su propio deber era hacer de su hija (la hermana de usted) una mujer responsable. El problema fue que sumaron un error (forzar un matrimonio sin amor y sin pleno consentimiento de los cónyuges) a otro error (el embarazo fuera del matrimonio). Pero seguramente ellos lo vieron como solución, no como otro error.

Su hermana también tiene que darse cuenta de que no puede cambiar el pasado, y que necesita revisar las necesidades que tenía entonces para darse cuenta de cuáles ya no las tiene y cuáles son todavía actuales. Esas necesidades del presente deberá buscar por sí misma satisfacerlas, sin colgarse ya de otras personas. Eso significa, finalmente, crecer, ser en verdad adulta.

Hay algo absurdo en el resentimiento, y es que nos sometemos, de alguna manera, a quien nos hizo daño, y le permitimos seguirnos lastimando, aunque esta persona ya no esté ahí y ni se acuerde, o aun cuando lo último que desee sea seguir haciéndolo. Pero nosotros hemos metido a nuestro corazón la imagen destructiva, como una daga que nos clavamos una y otra vez. Por eso perdonar es conquistar la libertad, soltar a quien nos hizo daño, sanar el corazón...

Ojalá su hermana consiga darse cuenta de lo necesario que le es perdonar. Ojalá pueda ella encontrar la paz interior y el gozo de amar. Ustedes permanezcan ahí, cerca. Que ella sepa que cuenta con su familia, pese a todo. No tengan para ella reproches ni resentimientos. Ella bastante ha sufrido. Si vuelve a ustedes, recíbanla con cariño y alegría. Acójanla, junto a los suyos. Mientras esto ocurre, tengan presente siempre a su hermana en su amor y en sus oraciones.

EL OBSERVADOR 360-11

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PINCELADAS

El lobo y los bandidos
Por Justo López Melús


La providencia divina vela sobre nosotros con solicitud paternal. «Os he llevado sobre alas de águila y os he traído hacia Mí» (Ex 19, 4). «Has visto cómo te ha llevado el Señor, tu Dios, como lleva a un hombre a su hijo, por todo el camino que has recorrido» (Dt 1, 31). «Fortaleciste las rodillas que se doblaban» (Job 4, 4).
Dice la leyenda que un rey iba por el camino con su hijo, que marchaba delante de él. Llegaron unos bandidos para capturar al niño, y el rey puso a su hijo detrás de él para defenderlo. Entonces se acercó un lobo por detrás para despedazar al niño. ¿Qué hacer? Los bandidos estaban delante, el lobo detrás. El rey tomó a su hijo y se lo puso sobre los hombros. Allí nadie lo podría tocar.

EL OBSERVADOR 360-12

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FIN

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