El Observador de la Actualidad

EL OBSERVADOR DE LA ACTUALIDAD
Periodismo católico para la familia de hoy
9 de junio de 2002 No.361

SUMARIO

bulletCON ÉL Y EN ÉL - Un Papa a la medida del tiempo
bullet«El Papa no es un 'manager'; sus dimisiones están en manos de la Providencia»
bullet¿USTED QUÉ OPINA? - Juventud, luz del mundo
bulletAL PASO DE DIOS - Experiencia de Dios
bulletCRITICA DE MEDIOS DE COMUNICACION - Obsesión por la belleza
bulletPANTALLA CHICA - A Pinocho lo engañaron
bulletSi volviera Lutero, ¿qué pensaría?
bulletTESTIMONIO - Aquí estoy, Señor
bulletTEMAS DE HOY - Los embriones olvidados de la fertilización in vitro
bulletFAMILIA - A los jóvenes ¿Que onda con mi responsabilidad?
bulletORIENTACIÓN FAMILIAR - Hijos que no cuidan a su madre enferma
bulletPINCELADAS - Estrellas frías y calientes

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CON ÉL Y EN ÉL

Un Papa a la medida del tiempo
Por Jaime Septién Crespo

Cada vez somos más incapaces de ver el martirio. De distinguirlo. La entrega total a Cristo nos aparece como una locura. La Cruz siempre ha sido una locura. Lo mismo que la construcción de la paz. «Mientras tenga voz gritaré: ¡Paz en el nombre de Dios!», dijo Juan Pablo II en Azerbaiyán hace dos semanas. Los medios de comunicación se regodearon, sin embargo, en mostrar lo que ellos llaman decrepitud. Y, como si supieran de qué están hablando, exigieron su renuncia. Pobres diablos.

¿Por qué ahora tan preocupados por la salud de quien han ridiculizado hasta el cansancio? ¿No tienen vergüenza? ¿No se acuerdan de cuando han puesto al Papa en el banquillo de los acusados, señalándolo como el culpable del SIDA (por no aplaudir el condón); del machismo (por no permitir el aborto); del sadismo más refinado (por no estar de acuerdo con la eutanasia) o de la explosión demográfica que tantos males acarrea al mundo, males que el propio mundo ha generado (por no alentar el exterminio masivo de los pobres en nombre del progreso selectivo de los ricos)?

No sé si, legalmente, el Papa pueda o no renunciar. Soy poco menos que un novato en cuestiones de leyes y cánones. Mientras tanto, quiero verlo, quiero seguir viéndolo. Como sea que se baje del avión. Quiero verlo en México, canonizando a Juan Diego y dejando con un palmo de narices a los que ahora parecen tan preocupados por la pureza de su magisterio. Quiero verlo inyectando sentido de la vida -desde su enfermedad- a los jóvenes en Toronto. Quiero verlo en Polonia, este verano, besando la tierra que tanto ama y desde cuyo martirio nacional él tomó el camino del martirio personal. ¿Egoísmo el mío? Es muy probable. ¡Pero nos quedan tan escasos testimonios de santidad!

Juan Pablo II es un Papa a la medida de un tiempo como el nuestro. Ante la brutal indiferencia del hombre, ante sus (nuestros) dioses de lujuria, dinero, poder, la encorvada espalda del Papa se alza como enhiesta torre de amor a Cristo, verdadero Dios y verdadero Hombre. Ante la aparente extensión del mal, uno que pronuncia palabras de bien es necesario como una joya, como alguien que sostiene el fuego divino impreso en el corazón de nuestra especie. La fuerza vital de su testimonio -en su ancianidad- arrastra a la multitud de descreídos. «Cristo, pudiendo, no se bajó de la cruz; tampoco yo lo voy a hacer», le dijo a un colaborador cercano hace unos meses.

Mientras su mente gobierne su cuerpo, ¿qué le importan a él, a este coloso de la fe, el parkinson, la artrosis o los achaques de una vida entregada al Evangelio? Malo sería que su mente toda hubiera sido absorbida por la enfermedad. Pero, hasta el momento, los reportes son contrarios a esto. Cuando sea, estoy cierto de que el Espíritu Santo nos dará otra lección. Y Dios lo invitará a su Casa Celestial.

«La Iglesia se gobierna con la cabeza, no con las piernas».
(Card. Giovanni Cheli)

EL OBSERVADOR 361-1

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«El Papa no es un 'manager'; sus dimisiones están en manos de la Providencia»
ZENIT/ para EL OBSERVADOR

El Papa no es un manager y puede desempeñar su «papel espiritual» aunque no tenga la fuerza y el empuje de la juventud, afirma uno de los mayores directores de cine polacos, amigo de Juan Pablo II, para pedir que no dimita.

En declaraciones concedidas al diario de mayor tirada en Italia, Il Corriere della Sera, Krzysztof Zanussi, autor de tres películas sobre Karol Wojtyla, explica que se ha encontrado con él recientemente y que es más fácil constatar en privado que en público su «lucidez y agudeza».

«El Papa no es un manager que, al quedar debilitado o enfermo, es sustituido por considerar que ya no es capaz de atender con eficacia los intereses de la empresa», explica.

«En la Iglesia ortodoxa el anciano sabio es una figura imposible de remover. Me parece que es la mejor perspectiva para evaluar la cuestión (superflua desde mi punto de vista) de las dimisiones del Papa», aclara.

«En las otras religiones, pienso en el budismo o en el islam, el problema de las dimisiones no se plantea -recuerda-. A nadie se le ocurriría pedirle las dimisiones al Dalai Lama. Hay un pragmatismo occidental que deforma el problema».

Incluso considera que la vejez y los achaques del Papa son un elemento a su favor: «Al ver a un atleta viene la sospecha de que persiga objetivos inmediatos. Un hombre débil, sin embargo, sólo puede pensar en las cosas eternas y transmitir mensajes sumamente válidos».

Algunos han afirmado que el Papa podría anunciar sus dimisiones en agosto, durante su viaje a Polonia. Su amigo Zanussi responde: «No lo creo. Iría contra la Providencia. Más que el Papa, quien tiene que decidir es el Espíritu Santo».

EL OBSERVADOR 361-2

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¿USTED QUÉ OPINA?

Juventud, luz del mundo
Por Genaro Alamilla Arteaga

En reciente encuentro el papa Wojtyla dio un emotivo mensaje a miles de jóvenes que lo saludaban con su característica alegría y gritos de aclamación. «El Papa de los jóvenes» -como se le ha llamado- con su salud deteriorada ante ellos se reanima, se llena de entusiasmo y su rostro cobra una actitud de gozo; sería mucho decir que rejuvenece. Así se le contempla cuando está con los jóvenes.

«'Vosotros sois la luz del mundo...'. La luz tiene como característica disipar las tinieblas, calentar lo que toca y exaltar sus formas. Todo esto lo hace a una altísima velocidad.

«Para los jóvenes cristianos ser luz del mundo quiere decir difundir por doquier la luz que viene de lo alto. Quiere decir combatir la oscuridad, tanto la que se debe a la resistencia del mal y del pecado, como la causada por la ignorancia y los prejuicios.

«Jóvenes: sed rayos de la luz de Cristo. Él es la luz del mundo. Propagad esta luz en todos los ambientes, especialmente donde Jesús no es conocido y amado; incluso donde es rechazado. Con vuestra vida haced entender que la luz que procede de lo alto no destruye lo que es humano, sino, por el contrario, lo exalta, como el sol, que con su fulgor pone de relieve las formas y los colores. Dios no es el rival del hombre, sino su amigo verdadero. Su aliado más fiel.

«Es preciso transmitir este mensaje con la velocidad de la luz, no perdáis tiempo: vuestra juventud es demasiado valiosa como para desperdiciarla aunque sea sólo en una mínima parte. Dios os necesita y os llama a cada uno por su nombre».

Nada habría que añadir a este mensaje si no fuera necesario lanzar un grito para llamar la atención a las familias, a los educadores, a los medios de información, a las instituciones gubernamentales y no gubernamentales, al mundo empresarial y organismos políticos y a la sociedad en todo su conjunto: ¿Qué estamos haciendo por nuestra juventud tan acosada por la droga, el alcohol, las bajezas sexuales, por la corrupción generalizada, por una sociedad en bancarrota moral que hasta lo meramente humano pisotea? Pensemos que la juventud de hoy, mañana será la constructora de un México justo, honesto, pacífico y auténticamente democrático.

Un México que brinda posibilidades de trabajo para que sus hijos no lo abandonen para buscar lo que no encuentran en su propia patria. ¿Usted qué opina?

Comentarios o sugerencias: gealar@hotmail.com

EL OBSERVADOR 361-3

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AL PASO DE DIOS

Experiencia de Dios
Por Amadeo Rodríguez Magro

Dijo un gran teólogo del siglo XX que los cristianos del siglo XXI o somos místicos o no seremos cristianos. Su predicción, en efecto, se ha ido abriendo camino y es hoy una convicción común: los creyentes, para poder serlo, han de cultivar la experiencia de Dios. En tiempos recios y difíciles la fe se ha de apoyar en raíces muy sólidas y por eso hoy, más que nunca, hemos de cultivar nuestro ser en Cristo: tener sus mismos sentimientos y actuar del mismo modo que Él. San Pablo recoge esta aspiración del cristiano con una bella imagen: «Sois una carta de Cristo...escrita no con tinta, sino con el Espíritu de Dios vivo; no en tablas de piedra, sino en tablas de carne en los corazones» (Cor 3,3).

Sólo la adhesión y el seguimiento de Jesús configuran nuestra identidad cristiana. El que se identifica con Él refleja en su vida y en sus ambientes los valores de los que se nutre, que no son otros que los del Evangelio. Esa identificación se cultiva cada día con todo lo que aproxime a Jesús y ayude a encontrarle y a conocerle personalmente: en el trabajo bien hecho, porque es una colaboración con su tarea de construir el Reino de Dios; en los pobres, porque en ellos Jesús se identifica, se hace ver y se deja servir; en la oración personal, porque nos pone cara a cara y nos hace entrar en la intimidad de su corazón; en la oración que hacemos junto a otros creyentes, porque en ella se celebran las acciones de Dios en nuestro favor; y en la Palabra salida de la boca de Dios que leemos en la Biblia, porque es lugar de encuentro privilegiado con el Señor.
(amadeo.vgeneral@planalfa.es)

EL OBSERVADOR 361-4

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CRITICA DE MEDIOS DE COMUNICACION

Obsesión por la belleza
Por Santiago Norte

A toda criatura de la era de la imagen le ha pasado por la mente, siquiera un segundo, el deseo de ser como los modelos de belleza son, impulsados por la publicidad. La mercadotecnia de lo físicamente correcto se ha convertido en obsesión para muchas mujeres y, hay que decirlo todo, muchos hombres. En el afán de lo homogéneo, la televisión, el cine, las revistas «del corazón» han sembrado una necesidad donde no la había: la necesidad imperiosa de parecerse a los famosos, los que lo son o lo que pagan por serlo. Figuras-íconos de una época en los que el cuerpo casi esquelético representa el clímax de la corrección. Época la nuestra en donde la diferencia (como sinónimo de individualidad) ha cedido paso a lo igualitario; en que los niños con síndrome de Down son «corregidos» en la sala del cirujano plástico para que aparezcan «normales» ante los ojos de los demás, para eliminarles su «diferencia» (que repugna a la razón teleconstruida). Cada día más, entre la gente del capital, se estila como regalo de 15 años a la nena una operación de los pechos; lo mismo que los varones piden se les alargue el pene o se les ensanchen los hombros, para aparecer más fuertes, más rotundos, más iguales a los arquetipos del cine.

Esto se desprende del libro Beauty and the doctor, de Inez de Beaufort, holandesa, experta en ética médica y miembro del Grupo Europeo de Ética de la comisión Europea, recientemente entrevistada por EL PAíS. Según ella, la línea entre la necesidad de una corrección quirúrgica y la de la obsesión quirúrgica es cada día más difusa. Y es que, agrego yo, cada día que pasa se sufre menos, se soporta menos, se tolera menos la diferencia; la personal y la de otro. Para la personal, pensamos, «hay remedio» si se tiene el dinero suficiente para ponerse en manos de estos modernos modeladores de imagen que son los plásticos.. El problema está en las cantidades de dinero que se mueven justamente entre los plásticos y toda la restante industria de la belleza comercial; y en los riesgos que se corren de quedarse en la plancha (como «El Señor de los Cielos») o de salir más maltrecha que nunca (como Lucha Villa).

No hay datos confiables que nos hablen del tamaño del fenómeno, aunque se sabe que los europeos se gastan al año cerca de 10 mil millones de dólares en cosméticos, por unos 7 mil millones de dólares anuales de estadounidenses. ¡17 mil millones de dólares en potingues de todo tipo; o sea, el dinero suficiente para paliar el hambre en el mundo! Por lo que respecta al paso del cirujano plástico, crece a razón de 15% anual, estimándose que en Europa, como en Estados Unidos, las sumas ascienden, juntas, a los 10 mil millones de dólares...

La intolerancia al error físico crece a pasos de gigante. Nadie quiere tener ya la nariz chueca, los dientes incorrectamente situados, la oreja gacha o los senos flácidos, víctimas del tiempo. Nadie, pues, parece querer envejecer. La cirugía plástica al servicio de los barones del comercio y de la imagen ha establecido un submundo en el cual lo deseable (parecerse a lo que no se es) es posible (ser como otro) en la medida en que haya dinero suficiente. El caso paradigmático es el de Michael Jackson que, cuando yo lo conocí, cantaba en los «Jackson Five» y era como cualquier otro niño negro, y ahora es blanco (talqueado) y se parece brutalmente a Diana Ross...

EL OBSERVADOR 361-5

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PANTALLA CHICA

A Pinocho lo engañaron
Grupo Inter Mirifica

Si recordamos el famoso cuento de Pinocho, podemos comparar a la televisión con la zorra y el gato que embaucaron a este ingenuo títere de madera, porque, en general, los programas comerciales ofrecen un mundo maravilloso donde no hay reglas , y el placer es quien dirige este circo. Son mañosos y engañosos porque nunca advierten: «Si usted ve estos programas continuamente, puede contaminar su cerebro, tanto que pueden brotarle orejas de burro». Tampoco anuncian, ni con letra pequeña: «Este programa puede hacer que usted se olvide de su dignidad de Hijo de Dios». Entonces resulta fácil caer en este ambiente materialista y animal, donde los impulsos marcan las acciones y puede aprenderse que el hombre es el más divertido de los animales, que los supera en su naturaleza bestial y que, aparte, esto va muy de acuerdo con el prototipo del hombre moderno del siglo veintiuno.

La zorra y el gato hicieron creer a Pinocho que tenía una rara alergia para que no asistiera a la escuela. A nosotros, los católicos, se nos plantea que nuestra religión, los sacramentos y los Mandamientos son una especie de prurito que se debe eliminar evadiéndose a un entorno anárquico. Al disuadir estos bribones a Pinocho, evitaron que recibiera el sano beneficio de sus clases. Así, las imágenes de los programas que te avergonzaría recordar cuando estás sentado en una banca del templo, te hacen perder muchos valores que aprendiste y viviste de niño y que podrás seguir cultivando.

Pero la zorra y el gato dijeron mentiras a Pinocho y éste se las creyó. Así la televisión nos dice estas mentiras:

* El amor es, simplemente, una relación corporal, genital.
* Los maridos y las mujeres son intercambiables; pueden ser varios matrimonios, al gusto del consumidor.
* Los niños pueden conseguir nuevos papás y mamás como si fueran estampas o muñequitos coleccionables.
* El niño es sólo un chimpancé disfrazado de adulto que aún usa talla chica.
* El respeto en el noviazgo es anticuado, imposible.
* Los padres son útiles sólo cuando no eres autosuficiente; después, estorban.
* La meta del hombre moderno es hacer dinero para obtener placer y poder.
* La muerte es la que sirve sólo para desaparecer a un personaje de alguna serie de televisión. No existe si no te acuerdas de ella.
Por favor, ¡no seamos ingenuos!

EL OBSERVADOR 361-6

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Si volviera Lutero, ¿qué pensaría?
El papel de las Escrituras
Por el P. Flaviano Amatulli Valente, fmap

Para comprender correctamente cualquier asunto relacionado con la fe, es necesario partir siempre del dato revelado. De otra manera se corre el riesgo de salirse da la perspectiva correcta, hasta afirmar cosas que se le opongan directamente.

El grande error de Lutero fue el haber utilizado la palabra «solamente»: «Solamente las Escrituras». Tal vez fue un problema de temperamento, que se volvió en un problema teológico y llegó a la ruptura.

De todos modos, su grande mérito fue el de haber redescubierto el papel fundamental de las Escrituras en la vida del creyente y de la Iglesia, al estilo de los primeros siglos del cristianismo.

De hecho, en su polémica con los teólogos católicos, fue lo que más remarcó. Antes de acudir a los documentos patrísticos, pontificios y conciliares, hay que ver qué dice la Biblia, cuál es el rumbo que marca la Palabra de Dios. Claro que Lutero se voló la barda al afirmar «solamente la Escritura».

Un problema pendiente

Han pasado los siglos y parece que en la Iglesia haya cambiado poco al respecto. Para cualquier asunto, en lugar de acudir antes que nada a las Escrituras, muchas veces se acude al catecismo, al documento conciliar, pontificio o episcopal.

Claro que de por sí es legítimo hacer esto: en el fondo se trata del Magisterio de la Iglesia, que se fundamenta en la Biblia y la Tradición, dándoles el sentido auténtico y adaptándolas a las circunstancias concretas. Sin embargo, al no partir de las Escrituras y la Tradición y basándose exclusivamente en los documentos del Magisterio, seleccionados según los propios gustos, se corre el riesgo de perder la perspectiva correcta de las cosas o rebasar el mensaje original, contenido en la Biblia y la Tradición.

Solamente uniendo Biblia, Tradición y Magisterio se percibe el sentido real de la Revelación, desde la raíz hasta los frutos. Además, solamente partiendo de la Biblia, es posible mantenerse en la perspectiva correcta, sin perder el rumbo.

Ecumenismo y apologética

En las Escrituras se habla claramente acerca de la diferencia que existe entre el Pueblo de Dios y los demás pueblos. Se habla también claramente acerca del papel único e insustituible de Cristo y su pueblo (la Iglesia) en orden a la salvación de todos los hombres.

Y ¿qué pasó? Que, olvidando todo esto y haciendo ilaciones indebidas de ciertas afirmaciones conciliares y pontificias, se llegó a la conclusión de que todos los que creen en Cristo forman la única Iglesia de Cristo y que todas las religiones son «caminos de salvación» a secas, sin aclarar matices.

De esta manera, utilizando solamente los documentos del Magisterio e interpretándolos de manera arbitraria, se llegó a vanificar la misión, contradiciendo claramente la Biblia, la Tradición y el mismo Magisterio.

Lo mismo con relación a la apologética. Sea en el Antiguo Testamento o en el Nuevo Testamento se insiste en la necesidad de cuidar la propia fe, teniendo en cuenta los peligros que la asechan.

Pues bien, siguiendo el proceso anterior, se llegó a la conclusión de que la apologética ya pasó de moda y que el dejar la Iglesia para adherirse a otro tipo de creencias, más conforme a los propios gustos o intereses, no representa nada reprochable (pecado de herejía o apostasía) ni afecta mínimamente la propia relación con Dios.

Conclusión

Si volviera Lutero, ¿qué pasaría? Que aún estamos lejos de poner las bases del verdadero ecumenismo. Se necesita un cambio profundo de mentalidad, poniendo en la base de todo las Escrituras, aprendidas desde la niñez (cfr. 2Tim 3,15).

Haciendo esto se contará, además, con un alimento sólido para la propia vida espiritual y se evitará el peligro de desviarse del camino correcto, dejándose arrastrar por un «montón de maestros por el prurito de oir novedades» (2 Tim 4,3), fascinados por «doctrinas extrañas» (cfr. 1 Tim 1,3), que tienen poco que ver con el plan de la salvación.

Fuente: Periodismocatólico.com

EL OBSERVADOR 361-7

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TESTIMONIO

Aquí estoy, Señor
Por Javier Menéndez Ros

Desde Holanda
Hoy es domingo. La frase nos la sabemos de memoria: "hoy es el día del Señor". Quizás demasiadas veces olvidamos santificar las fiestas y si nosotros, los que nos llamamos cristianos, dejamos de adorar a Dios en la Eucaristía al menos un día a la semana, ¿quién lo hará?

Nuestra numerosa familia se sienta justo detrás del coro de la parroquia. De pequeño creo que admiraba el ver esas familias unidas y numerosas que ocupaban una fila de asientos entera. Quién me iba a decir a mí que yo sería ahora una de ellas.

Nos gusta sentir cerca de nosotros la música. Tras comulgar, los componentes del coro se sientan y en el aire se empieza a escuchar los acordes de un órgano que entona una de esas canciones que me tocan el corazón. El estribillo repite lentamente: " Here I am, Lord. Is it I, Lord?" "Aquí estoy, Señor. ¿Soy yo, Señor? ", y estas palabras calan lentamente en mi interior. El Señor me llama, dice mi nombre, sí, el mío y no el del vecino. ¿Pero de verdad me llamas a mí? Y revestidos de una falsa humildad a veces pensamos para nuestro interior: se debe de haber confundido...y no nos damos cuenta que la grandeza de la llamada de Dios está precisamente en el que llama y no en el que es llamado.

¿Hindú o católica?

Repito para mi interior el "Aquí estoy, Señor" y no puedo por menos que recordar la primera vez que asistimos a la Misa dominical de la Parroquia Internacional de La Haya. Sólo sabíamos que era en Inglés y no conocíamos a nadie. Nos costó entonces encontrarla, en medio de tanto nombre "raro" de calles. Por fin dimos con el Colegio de San Aloysius, antes usado por los Jesuitas (se ve que a ellos estaré siempre ligado).

Nada más entrar nos espera una cara sonriente de una señora mayor, arrugadita como la Madre Teresa, vestida con un sari indio de color verde e inmediatamente nos dice : Good Morning! Su cara de bondad y sus ojos llenos de amor me impresionan casi aún más que su indumentaria. ¿Nos habremos confundido de lugar? nos preguntamos al momento mi mujer y yo. Al asegurarnos de que es el sitio correcto, subimos una larga escalinata, una de esas que a los cincos años se te quedan grabadas en la memoria. Con curiosidad, asomamos la cabeza a un gran salón. Nada más entrar nos ofrecen un libro verde para las canciones. Nos sentamos ya entonces muy cerca del que luego sería nuestro "sitio fijo" para la Misa.

Diversos pero compartiendo una misma fe

No podemos dejar de mirar a la gente a nuestro alrededor. Mucha gente de color. Ellas, con vistosos vestidos de colores alegres y algunas con pañuelos y adornos en la cabeza. Luego nos enteramos de que son éstas sus mejores galas. Vemos bastantes familias con padres jóvenes y muchos, muchos niños, lo cual nos consuela bastante, pues nuestra presencia en Misa no suele pasar precisamente desapercibida.

Un sacerdote alto, delgado, rondando los cuarenta, preside la celebración. A partir de aquí debemos olvidarnos de nuestra tradicional misa española. Oímos de nuevo un cálido "Good morning everybody", contestado por la mayor parte de los presentes. La celebración empieza en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Realmente sentimos cómo Dios es Padre de muchos y muy diversos. Aquí la gente no habla nuestra lengua materna, no viste como nosotros, no tiene nuestras mismas costumbres, pero eso qué importa. Somos muy variados: muchos ingleses, americanos y canadienses. Algunos filipinos, nigerianos, hispano americanos, indonesios. Mezclados gentes de toda Europa.

El que canta ora dos veces

El coro nos sorprende con su primera canción. Mucho ritmo y voces que cantan con fuerza, sin complejos. Lo componen unas veinte personas, con mezcla de jóvenes y adultos. Las voces masculinas son muy buenas. Lo dirige una inglesa totalmente entregada a lo que hace. La comunidad le sigue y son mayoria los que cantan también.

Al poco tiempo el sacerdote llama a los niños menores de 8 años para la catequesis. Ellos tratarán a su manera el tema principal de la liturgia del día y volverán tras la homilía. Exactamente lo mismo que empezamos a hacer hace años en la Misa de primer domingo de la Congregación. Eso ayuda a que los más inquietos se centren en una idea en cada Misa, la expresen, dibujen o representen y así participan y no se le hace tan pesado.

Las canciones acompañan y son realmente una oración de la comunidad entera pues todos participan de ellas. Nuestros dos hijos pequeños están en una guardería perfectamente organizada. Me imagino que al principio tampoco entendían nada, aunque creo que los niños se comunican en un lenguaje internacional de gestos y sonidos, en el que a veces no se necesitan palabras. En el Padrenuestro se nos invita a darnos la mano. En este contexto tiene un sentido profundo de hermandad. Casi todos estamos fuera de nuestras patrias y gusta sentir que todos somos hermanos en Cristo Jesús.

Viajar con Cristo

Comulgamos bajo las dos especies y el sonido de la flauta travesera deja en el aire y en los corazones la melodía de la canción " Here I am, Lord. Is it I, Lord?" "Aquí estoy, Señor. ¿Soy yo, Señor? " Muchas veces me pregunto cómo hemos podido embarcarnos en semejante aventura de venirnos a vivir al extranjero con 6 hijos más el que ahora está por llegar. La respuesta se me presenta sóla con la canción: Señor yo estoy aquí, llévame donde Tú quieras.

Al finalizar la celebración el sacerdote invita a despedirse a aquellos que se van de la parroquia, asi como a presentarse los recien llegados. Nosotros lo hicimos sin miedo . A la salida son bastantes los que nos saludan, tanto en inglés, como otras familias españolas o de habla hispana. Se toma un café, los peques un donuts, hay una mesita con libros religiosos muy interesantes y mucha, mucha gente sonriendo. Desde entonces ya nunca más hemos sido extraños en la parroquia. Ahora empiezan diferentes catequésis para todas las edades en las aulas del colegio . Energía positiva a raudales. Realmente se palpa la sangre viva de la parroquia. Hay mucha gente comprometida con ella, dedicando su tiempo libre y eso se nota.

Cara de resucitados

Salimos del edificio y noto algo diferente. Creo que era Nietzche el que dijo que creería en el cristianismo cuando viera salir a los cristianos de la misa del domingo con cara de resucitados. Me parece que aquí le habríamos convertido.

EL OBSERVADOR 361-8

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TEMAS DE HOY

Los embriones olvidados de la fertilización in vitro
María Velázquez Dorantes

"No soy un futuro congelado, sino un presente que no quiere ser desechado"

El gran reto de hoy en día y de toda la vida es el llamado a ser padres. La responsabilidad de traer un hijo al mundo es aquello que está en la palma no sólo de la mujer ni del padre, sino de todos los que colaboran para la existencia de la humanidad.

Qué difícil es la incertidumbre de dar vida. Grandes son los cuestionamientos que surgen: ¿nacerá sano?, ¿vendrá bien?, ¿habrá complicaciones en el parto? Éstas, entre muchas más, son las preguntas que llegan con la decisión de tener un hijo, y cuando por fin ya todo está listo, unos lindos padres, una casa que los espera... el bebé no llega, porque mamá o papá tienen alguna complicación o, simplemente, hay un retraso desesperado del niño. Es aquí cuando la ciencia y las nuevas técnicas de reproducción humana se enlazan y los hombres comienzan a jugar a ser Dios, porque el tener un hijo para muchos es una felicidad; desearlo con todo anhelo y no lograrlo resulta ser frustrante y en algunos casos se convierte en obsesión. Por eso, hoy, los humanos nos encargamos de crear nuevas formas de «elaborar» bebés por medio de nuestras propias manos, retando a la naturaleza. Comenzamos cada día con nuevos avances, para lograr llenar esos vacíos de aquellos padres que buscan un hijo. Lo más moderno es la fertilización o fecundación in vitro; una tecnología de reproducción asistida en que se fecunda uno o varios óvulos fuera del organismo materno. Desde 1978 este tratamiento se ha aplicado con éxito en la reproducción humana.

¿Cómo se realiza dicho procedimiento? Los médicos, realizan la estimulación de muchos óvulos mediante la inyección diaria de hormonas (esto puede realizarse con un óvulo). Los óvulos se extraen mediante técnicas ecográficas (lo más frecuente) o mediante laparoscopia, introducción de un sistema óptico y quirúrgico por una incisión de 1-2 cm en la pared abdominal. Los óvulos extraídos se mantienen en medio de un líquido especial al que se añade semen lavado e incubado. Pasadas las dieciocho horas se extraen los óvulos, se cultivan como plantas que son objeto de experimentación, en un medio adecuado, y son examinados cuarenta horas después.

¿ Cuál es la probabilidad de fecundación? Aquí es donde radica uno de los grandes problemas de esta tecnología: la posibilidad de que los óvulos sean fecundados son mínimas, entre el 40 y el 50%. El siguiente paso es que los óvulos fecundados y con desarrollo embrionario normal se implanten en el útero materno. Por lo general se transfieren múltiples embriones para elevar las posibilidades de gestación. Dentro de esto, si llega a suceder que existen más de cuatro embriones normales, éstos son congelados para los futuros intentos en caso fallido de los anteriores. Es importante mencionar que también son únicamente cuatro embriones, los cuales se transfieren al útero de la madre, con la justificación de disminuir el riesgo de embarazos múltiples. Por último, tras la implantación se administran inyecciones de progesterona. Las perspectivas de que una gestación llegue a su término son del 20%.

¿Dónde queda aquel 80% de embriones utilizados para la elaboración de un hijo? Ésta es la pregunta a la cual el hombre debería tener respuesta. Acaso quedan dentro de esa cúpula invernal, dentro de un lente microscópico que los transforma en los ensayos de una nueva población elaborada por él mismo. No existe una respuesta de salvación, ni digna, que justifique todos los embriones perdidos y utilizados para las pruebas de laboratorio.

¿Qué sucede con tantos embriones que se encuentran paralizados? « Congelarlos», la respuesta de todos los científicos que buscan ayudar a las mujeres y a los hombres que se someten a este tipo de tratamientos. ¿Y después qué sucede, cuando su costo por mantenerlos ahí se va elevando?, ¿qué sucede cuando llegan más embriones y junto con los otros van formando redes y redes de vidas coaguladas y es imposible que la ciencia los conserve? Lo más fácil y rápido: «desecharlos», como sucedió hace algunos años en Inglaterra.

El congelamiento de los embriones abarata las futuras transferencias, ya que no hay que procurar nuevos óvulos, ni mucho menos pasar por todo el proceso de fertilización que es tan elevado en su costo. Pero hay que mantener en mente que con el tiempo aumenta el riesgo de que los embriones congelados no se desarrollarse una vez transferidos, por lo cual para este método se necesitaran nuevos embriones, que estén frescos, y no viejos como aquellos.

En algunos laboratorios los embriones se mantienen como propiedad de la pareja, quienes pagan una cuota para mantenerlos congelados; un nuevo problema se plantea: ¿qué sucede cuando la pareja deja de pagar la cuota? Nuevamente, lo más fácil, «donarlos»; pero, como consecuencia de que existe mucho tiempo de congelamiento, será difícil encontrar alguien que desee estos embriones.

Hay miles de embriones en los laboratorios, miles que se quedan olvidados lejos del crecimiento emocional; miles de embriones que son descartados para seguir formando la vida; que se van a la basura, a los crematorios; que son despojados de un hogar, de unos padres que desearon experimentar qué significa un hijo, no por un medio natural, sino por el del hombre: el artificial.

El análisis de unos 1140 nacimientos mediante técnicas de fertilización in vitro indica que cerca de un 9% de los niños nacidos por esos procedimientos han sufrido algún tipo de problema; entre otros, un riesgo de sufrir defectos físicos importantes, defectos en los cromosomas, músculos y esqueleto. Los datos referentes se han obtenido en tres registros de nacimientos de centros hospitalarios del oeste de Australia. El estudio ha permitido comparar los problemas sufridos tras los embarazos logrados por técnicas de reproducción asistida y los concebidos de modo normal.

En las manos de los nuevos científicos está el evitar que haya desperdicios de vidas que se consideran inertes; evitar riesgos de sufrimientos para estos seres que tienen mayores probabilidades de nacer mal. En manos de muchos de nosotros está el poder ayudar a que este sea un mundo mejor. Todos pueden colaborar para que la felicidad que se busca con la fertilización in vitro no se convierta en la verdadera frustración de la humanidad. Ayudemos para mejorar y ser mejores; que la mente no domine a la humanidad, sino que se conjugue con el corazón y el alma.

(Fuentes: El portal de la vida, Dra. Silvia Fernández-Shaw, Jefa de URH García del Real, Hospital de Zarazuela ( Madrid), información actualizada en marzo 2002. The Independent, Reino Unido)

EL OBSERVADOR 361-9

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FAMILIA

A los jóvenes ¿Que onda con mi responsabilidad?
Por Jesús Escamilla

Considero que muchas de las actitudes y comportamientos de los adolescentes se dan a partir de una situación ambiental; del acompañamiento que los padres den o no a sus hijos en determinadas etapas de su vida, fundamentalmente en la niñez; de cómo la sociedad orilla al consumismo y del desapego de lo importante, de lo valioso para vivir, haciéndonos olvidar en momentos lo hermosa que puede ser la vida, encerrándonos en lo vano y en lo superficial.

Por otro lado tiene su función, su "culpa" y su responsabilidad la hormona, aquella célula invisible y tan importante como para poder incluso justificar muchos de los comportamiento y actos en los jóvenes.

Pero y a todo esto, ¿en dónde se queda "el adolescente", en dónde esta su responsabilidad? ¿En donde queda su ser racional? ¿Qué acaso no se estará dando al adolescente el rol de la "víctima", del único que sufre porque ni sus padres ni la sociedad misma los comprende? Y entre ellos, ¿cómo se respetan?, ¿cómo se meten el pie?

El no respeto a la diferencia del otro es algo aniquilante entre ellos, es algo "intolerable", que, con todo, hay que aguantar y callar. ¡Cuántos de los alumnos en las aulas se detienen a realizar una pregunta o exteriorizar un punto de vista, por miedo a la burla de sus "iguales"!

La adolescencia, etapa preciosa de esplendor, del enamoramiento profundo, del desmadre, también es una etapa de sufrimiento, de angustia, de mucha soledad, aún estando entre ellos mismos, por el miedo a no ser aceptados, o bien por tener que hacer y realizar cosas con las que quizá no están completamente de acuerdo pero que "hay que realizar por ser respetados y aceptados".

Respeto es una palabra que quizá suene muy, pero muy trillada, aburrida y hasta cursi, pero es mal utilizada. Es una palabra que utilizan los chavos en las bandas para referirse a los contrarios cuando les tienen miedo (en el barrio somos respetados porque le atoramos bien a los chingadazos). Y es también utilizada para expresar que se toma en cuenta a otra persona, cuando en realidad pudiera ser que para hacerlo se le exija que no sea quien verdaderamente es, y por lo tanto, no se le está respetando en verdad.

Considero que el adolescente se cree en mucho las etiquetas que se le imponen de irresponsable, flojo, etc., y actúa como tal, pero ¿no le correspondería en ese momento al adolescente el confirmar o el refutar dichas afirmaciones? ¿No debería decidir cómo quiere ser, cuáles son sus valores y principios, cuáles sus proyectos de vida y actuar en consecuencia? Eso sería respetarse a sí mismo y no dejarse llevar por la corriente a causa de sus miedos.

Me gustaría con este artículo dirigirme a los jóvenes para tratar de hacer hincapié en que muchas, pero muchas de las actitudes que se tienen, no son otra cosa que el resultado de grandes miedos y necesidades de aceptación, y que en la medida en que a partir de nosotros mismos generemos un rechazo a la diferencia del otro, así mismo estaremos formando una serie de requisitos más complejos de pertenencia. Es decir, la pertenencia sería mucho más sencilla si nos aceptáramos unos a otros como somos.

Ante estas situaciones, les sugiero que busquen con quien poder compartir sus miedos, sus necesidades, sus satisfacciones y sus logros, y si estos no son escuchados por sus "iguales", sepan que quizá para eso existen los adultos. En algunos momentos los adultos no los escuchamos como ustedes quisieran, y tenemos que asumir la responsabilidad de aprender a hacerlo. Pero ustedes pueden pedirlo y exigirlo, y buscar a la persona adecuada. Ustedes pueden ayudarnos a aprender a escuchar.

Nada de esto es fácil. Superar los miedos, respetar y respetarnos, aprender a ser nosotros mismos implica un largo camino. Pero si claudicamos en la búsqueda, sería igual a creer que nada valdría la pena, y la verdad es que vivir y ser nosotros mismos sí lo vale.

EL OBSERVADOR 361-10

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ORIENTACIÓN FAMILIAR

Hijos que no cuidan a su madre enferma
Por Yusi Cervantes Leyzaola

Por lo que me cuenta, intuyo que el ambiente familiar no fue bueno en su infancia. Los hijos no parecen haberse formado en el amor, la generosidad, la responsabilidad, la solidaridad... Más bien parecen estar llenos de resentimientos, que cultivan cotidianamente.

Si sus hermanos no quieren apoyarla en el cuidado de su madre enferma, eso déjelo a su conciencia.

Mi consejo es que ya no espere nada de ellos. No les pida ya nada, ni los busque para que vean a su mamá. Como buena hermana, escríbales y llámeles para saludarlos de vez en cuando, pero no más.

No se preocupe por lo que ellos puedan pensar. Usted no puede arreglar a última hora lo que estuvo mal por años, y que, además, no es responsabilidad suya. Tampoco puede cambiar a los demás.

Hágase cargo de su mamá lo mejor que pueda, sin esperar nada de sus hermanos, aunque sepamos que tienen tanta obligación como usted. Es un asunto de salud mental, es para preservar esa salud. Ya de por sí es bastante difícil y desgastante hacerse cargo de una enferma como su mamá. Si a eso le sumamos la constante frustración por lo que debería ser y no es, verdaderamente esto provoca en usted ese sentimiento de estarse volviendo loca. En cambio, si deja de esperar algo de sus hermanos, ya no sumará más decepciones al sufrimiento que tiene.Cuide a su mamá lo mejor que pueda, dele cariño y comprensión y tenga su espíritu en paz. Acérquese mucho a Dios, pídale fortaleza. Y no importa que el sacerdote tenga muchas ocupaciones. No espere a que él le pregunte qué le pasa: vaya y pídale un momento. Él seguramente se lo va a dar.

La psicóloga Yusi Cervantes Leyzaola responderá las preguntas que se le envíen a la dirección de El Observador; Reforma 48, apdo. 49, Querétaro, Qro. C.P. 76000; o que se le hagan al teléfono 228-02-16. Citas al 215-67-68 Correo electrónico: cervleyza@msn.com

EL OBSERVADOR 361-11

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PINCELADAS

Estrellas frías y calientes
Por Justo López Melús

Los esposos deben ser solidarios en la marcha de la familia. Un marido tenía pluriempleo, hasta en los fines de semana, y cuando volvía por la noche, los hijos ya estaban dormidos, así que casi no los conocía. Un día llegó a casa pronto, por excepción, y su mujer le dijo con cierta ironía: «Te presento a tu hija mayor; ya está en tercero de farmacia. Éste es el mediano, estudioso y deportista, Y la pequeña».

Así fue el otro drama de Galileo. Abandonó a su mujer, Marina, en Padua, para ir a su cátedra de Florencia, y encerró a sus hijas Livia y Virginia en un convento para triunfar él en el mundo. Se dedicó a estrellas lejanas y frías, y se olvidó de tres estrellas calientes y tan próximas. ¿Y de qué sirve conquistar el mundo si olvidamos a los que viven con nosotros?.

EL OBSERVADOR 361-12

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FIN

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