El Observador de la Actualidad

EL OBSERVADOR DE LA ACTUALIDAD
Periodismo católico para la familia de hoy
30 de junio de 2002 No.364

SUMARIO

bulletEDITORIAL - Siete años
bulletCrisis en la Iglesia norteamericana por la pederastia
bulletEL CRISTIANISMO ORIENTAL - De nuevo, ¿quiénes son los maronitas?
bulletEL RINCÓN DEL PAPA - Dios no es una energía anónima
bulletDOCUMENTOS - «Caminar desde Cristo. Un renovado compromiso de la vida consagrada en el tercer milenio»
bulletCOMUNICACIÓN - Decálogo para «navegar» por Internet
bulletPICADURA LETRÍSTICA - Machacando con el número 7
bulletTESTIMONIO - En el siglo XX fueron asesinadas 45 millones de personas por ser cristianas
bulletAL PASO DE DIOS - El anuncio explícito
bulletFAMILIA - Carta a unos padres que perdieron al bebé que esperaban
bulletINTIMIDADES -LOS JÓVENES NOS CUENTAN- Soy mayor que mi novio
bulletPINCELADAS - Noche intranquila

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EDITORIAL

Siete años

Vivimos tiempos muy complejos. Sobre todo para la fe en Cristo. Tiempos en los que la Iglesia es atacada sin misericordia y tratada con desdén. A siete años de haber iniciado EL OBSERVADOR, nuestra apuesta sigue siendo la misma: «crear opinión católica entre los lectores del centro de México ante los acontecimientos del mundo».

Por lo demás, este «año horrible» de la Iglesia fundada por Cristo nos obliga a volver los ojos sobre lo esencial, sobre el núcleo de nuestra fe. Y lo esencial es volver nuestra fe cultura, hacerla llegar en cada lugar por el que pasamos; hacerla presente en todo los actos. Porque para mostrar la fe no hay ni sitios ni puestos privilegiados. El celo por Cristo, por su Evangelio, debe iluminar la casa, el campo, el taller, la oficina, la escuela, la vida privada y la pública. También un periódico.

Decir lo que se debe decir y no callar nunca lo que se debe decir, ha sido nuestra idea de periodismo católico. La fe toca todos los rincones de la realidad. La fe debe hacerse cultura para estar viva. Ser cristiano es, finalmente, una forma de amar al mundo y de querer transformarlo a la medida del sueño de Dios en la creación.

Con profunda gratitud al Padre y con renovado entusiasmo iniciamos nuestro octavo año de trabajo. También con un reconocimiento sincero a nuestros obispos, sacerdotes, religiosas, religiosos, suscriptores, lectores, distribuidores, anunciantes... Estamos «haciendo iglesia» en medio de la tribulación. ¡Estamos dando la batalla por la verdad!

EL OBSERVADOR 364-1

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Crisis en la Iglesia norteamericana por la pederastia
Conservadores y progresistas piden prudencia a la hora de juzgar: acusaciones sin pruebas para sacar dinero
Católicos del Siglo XXl / Para EL OBSERVADOR


Dos destacados responsables de revistas religiosas estadounidenses, First Things y Commonweal, y un sacerdote de origen hispano reflexionan sobre el tema de los sacerdotes acusados de abusos sexuales.

Ante esto, la revista First Things está haciendo un esfuerzo a través de enjundiosos editoriales de su director, el padre Richard John Neuhaus, pastor luterano convertido al catolicismo en 1990. «Los periódicos están atizando el fuego, es cierto -reconoce-. Basta pensar en la campaña del New York Times sobre los sacerdotes homosexuales, uno de los raros casos en los que se ama el pecado pero no al pecador».

Esta crisis tiene una consecuencia clara, afirma: «el papel moral del catolicismo resulta muy debilitado a los ojos de la opinión pública. Volveremos a ganar prestigio, pero es un proceso que podría exigir incluso años».

Commonweal, revista fundada en 1924 por un grupo de laicos, independiente desde siempre de la jerarquía, en un artículo publicado en el último número sugiere prudencia al valorar los testimonios de las víctimas. «A menudo exponen sólo lo que los abogados les aconsejan decir», admite el redactor jefe Paul Baumann, quien reconoce que en esta crisis la Iglesia se está jugando mucho.

«En el pasado, en Estados Unidos, la Iglesia ha desarrollado un excelente trabajo a nivel social -observa-, pero no se puede decir que haya tenido igual repercusión en materia, por ejemplo, de moral sexual».

¿Y los fieles? «En general están turbados por las revelaciones de la prensa -responde Baumann-, pero los más sensatos consideran la crisis como una ocasión para hacer oír la propia voz».

¿Qué debe hacer un obispo?

Monseñor Lorenzo Albacete, responsable de Comunión y Liberación en Estados Unidos y colaborador del New York Times, habla de la crisis eclesial suscitada por los recientes escándalos.

El sacerdote de origen puertorriqueño publicó un artículo en defensa del celibato sacerdotal en ese mismo diario el mes de marzo, acogida en plena polémica sobre los abusos sexuales de sacerdotes con gran respeto.

- ¿Qué opina de la crisis de estos meses?

- En ciertos aspectos es una crisis profundamente estadounidense. El respeto por la ley, por ejemplo: no debemos olvidar que es justo la ley la que garantiza la unidad de la nación. Este es un país compuesto por personas que provienen de culturas muy diversas, que sin embargo se reconocen iguales ante el mismo sistema de normas. En los últimos años, las leyes que se refieren a los abusos a menores han asumido una importancia cada vez mayor a los ojos de la opinión pública. Todo esto puede ayudar a comprender por qué el escándalo ha asumido proporciones tan impresionantes.

- ¿Y el presunto ocultamiento de los casos por parte de los obispos?

- A la sociedad estadounidense le cuesta mucho razonar en términos espirituales o, mejor, pastorales. Póngase en el lugar de un obispo que recibe la confesión de un sacerdote que ha realizado un abuso. ¿Qué debe hacer? En Estados Unidos, la opinión pública no tiene dudas y pide que se aplique la «tolerancia cero»: denunciar al culpable a las autoridades judiciales y luego «despedirlo», es decir, reducirlo al estado laical. Pero un obispo no es el responsable de personal de una empresa. Y un sacerdote no es un empleado. Su relación es en todo caso la de padre e hijo.

- Esto, sin embargo, los estadounidenses no lo comprenden...

- Es verdad; por una parte, porque se les escapa el concepto de respeto del «foro interno» (cuestiones de conciencia); por otra, porque provienen de una tradición en la que paradójicamente la figura del sacerdote ha sido demasiado idealizada. Todo esto se ha reflejado, entre otras cosas, en el modo en que se ve el celibato: no como un signo de amor hacia Cristo y su Iglesia, sino como un estado de perfección que debería salvaguardar de cualquier contaminación. Visión poco realista y privada de una verdadera dimensión espiritual.

- ¿Todo esta mal, entonces?

- No, estoy diciendo que hemos llegado al momento en que hay que refundar y reforzar nuestra experiencia religiosa. Por lo demás, es lo que el Papa invita a hacer desde hace mucho tiempo. «Nueva evangelización» significa retorno a las raíces, redescubrimiento de la relación originaria entre Cristo y la Iglesia. La cual, si olvida la propia pertenencia a Cristo, se convierte en una realidad únicamente humana, expuesta a todos los riesgos que caracterizan hoy la crisis estadounidense. Peor aún: sin el amor de Cristo la misma estructura de la Iglesia corre el riesgo de transformarse en un peso insoportable.

El episcopado estadounidense adopta la «tolerancia cero» en los abusos

En Dallas, los obispos estadounidenses reunidos en Asamblea General aprobaron el viernes 21 de junio, por amplia mayoría -239 votos a favor y 13 en contra- la «Carta para la protección de los niños y los jóvenes», el texto que de ahora en adelante regulará los casos de abusos sexuales. De acuerdo con el arzobispo de Sain Paul-Minneapolis, monseñor Harry J. Flynn, presidente del comité ad hoc, se trata de un momento «determinante» para «erradicar un cáncer en nuestra Iglesia».

EL OBSERVADOR 364-2

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EL CRISTIANISMO ORIENTAL

De nuevo, ¿quiénes son los maronitas?
Por Sarkis Amin, teólogo
Columna coordinada por el P. Yaacoub Badaoui O.L.M


Ni secta cristiana, ni una religión misteriosa, ni una Iglesia disidente; los maronitas son una nación católica, un pueblo de origen definido, y una Iglesia particular, siempre unida a Roma, que tiene un destino providencial en el desarrollo de su historia y en la mística de sus santos.

Los maronitas son los cristianos católicos orientales que deben su nombre a san Marón, santo hombre, rígido defensor de la fe católica en Oriente, monje modelo cuyo ejemplo siguieron numerosos discípulos, un apóstol que la Providencia de Dios eligió para confirmar a los vacilantes en su fe y para organizar el núcleo principal de la nación maronita que será baluarte de la lucha en favor de la fe y en beneficio del triunfo de la verdad sobre la mentira y de la libertad contra la opresión.

San Marón vivió en el siglo IV, en las cercanías de Antioquía, donde trabó relaciones de amistad con grandes figuras como san Basilio y san Juan Crisóstomo y otros ilustres Doctores de la Iglesia. De joven, siguiendo las enseñanzas del Divino Maestro, dejó su familia, sus bienes y fue a buscar la calma en una montaña, entregándose a la oración la contemplación y el trabajo. Muchos jóvenes siguieron su ejemplo, imitando sus virtudes y procurándolo para escuchar sus enseñanzas y adoptar su espiritualidad. Fueron llamados "discípulos de san Marón" y después de su muerte, ocurrida en el año 410, crecieron y formaron el "Convento de San Marón", que cobijaba a numerosos monjes que se dedicaron a luchar con heroísmo contra los errores doctrinales de su época. En el año 517, los cristianos monofisitas que no aceptaron la fe católica definida en el concilio ecuménico de Calcedonia (a. 451), mataron a 350 miembros de ellos que son conocidos como " mártires, discípulos de san Marón". El papa Hermes IV reconoció su martirio y así quedó sellada la fe maronita con su sangre. Al pueblo que en el patriarcado de Antioquía siguió la orientación religiosa de san Marón y sus discípulos, se le aplicó el nombre de "maronita".

En el siglo VII los maronitas, para escapar a la opresión de los conquistadores árabes, se refugiaron en los montes y los valles del Líbano donde formaron la Iglesia maronita bajo el liderazgo de san Juan Marón, un monje discípulo de san Marón, reconocido por el Papa de la época como el primer patriarca maronita de Antioquía y de todo el Oriente. Hasta hoy, los maronitas tienen un patriarca que lleva, junto a su propio nombre, el nombre de Pedro (Butros), el Apóstol de Cristo, quien fue el primer obispo de Antioquía y, más tarde, el primer obispo de Roma, vicario de Cristo y Papa de la Iglesia universal.

Perseguidos por causa de su fe, los maronitas se refugiaron en el Líbano, encontrando en él una tierra de libertad , su historia se identificó con la historia del Líbano y no será extraño verlos defender su patria con valentía, sangre y heroísmo. Jamás el Líbano, único baluarte del cristianismo en Oriente, se dejó avasallar por sus enemigos, gracias a la lucha de los maronitas y sus hermanos libaneses :"Toda la Siria -escribía Jaled el conquistador árabe- cayó como un camello, solo el Líbano quedó erguido".

Caro fue el precio que pagó la nación maronita por causa de la ayuda que prestaron sus fuerzas a los cruzados, en su marcha al santo sepulcro. Finiquitada la conquista europea, todo el odio de sus enemigos cayó sobre ellos, ensangrentando sus campos y arrasando su territorio. Esta historia dolorosa no se cerraba sino a cortos intervalos de tiempo, para volver a abrirse más triste y verter más sangre mártir. Tales fueron las matanzas feroces de los años 1834, 1845, 1860, 1914, 1920, 1925 y últimamente en la guerra de 17 años que comenzó el 13 de abril 1975.

Los maronitas son conscientes de que no son ellos los únicos dueños de la tierra de los Cedros, por esto siempre extienden sus manos y abren sus corazones a todos los habitantes que integran el territorio libanés para juntos construir un Líbano libre, unido y soberano, donde el perseguido encuentre un refugio seguro y donde coexistan pacíficamente las diversas comunidades que profesan distintas creencias y siguen diferentes ideologías.

Así pues, no todo libanés es maronita, como tampoco cada maronita es libanés; pero sí, todos los maronitas, y todos los que apreciamos y queremos a esta Iglesia, debemos defender la soberanía del Líbano, si queremos ser solidarios con la Iglesia universal y sentirnos como miembros de una única familia.

EL OBSERVADOR 364-3

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EL RINCÓN DEL PAPA

Dios no es una energía anónima

Juan Pablo II comentó en audiencia general el cántico de Moisés, que aparece en el libro del Deuteronomio (31, 30):

«El análisis del cántico ha revelado que se trata de un texto antiguo, pero posterior a Moisés, que ha sido puesto en sus labios para conferirle un carácter de solemnidad.

«La imagen de Dios presente en la Biblia no es la de un ser oscuro, una energía anónima y bruta, un hecho incomprensible. Es, por el contrario, una persona que siente, que obra y actúa, ama y condena, participa en el vida de sus criaturas y no es indiferente a sus obras. De este modo, en nuestro caso, el Señor convoca una especie de juicio, en presencia de testigos, denuncia los delitos del pueblo acusado, exige un castigo, pero deja empapar su veredicto por una misericordia infinita.

«Moisés desempeña el papel de fiscal. Llama al Señor la Roca, un título que salpica todo nuestro cántico, una imagen que exalta la fidelidad estable e inquebrantable de Dios, muy diversa de la inestabilidad e infidelidad del pueblo.

Después de la solemne presentación del Juez supremo, que es también la parte agraviada, el objetivo del cantor se dirige al imputado. Para definirlo, recurre a una representación eficaz de Dios como Padre. Sus criaturas tan amadas son llamadas hijos; pero, por desgracia, son 'hijos degenerados'. Sabemos, de hecho, que ya en el Antiguo Testamento se da una concepción de Dios como Padre cariñoso con sus hijos que con frecuencia le decepcionan. Por este motivo, la denuncia no es fría, sino apasionada: '¿Así le pagas al Señor, pueblo necio e insensato? ¿No es Él tu Padre y tu Creador, el que te hizo y te constituyó?'. Es, de hecho, muy diferente rebelarse a un soberano implacable que enfrentarse contra un padre amoroso. El gran pecado de la infidelidad coincide, entonces, con la 'falta de memoria', que cancela el recuerdo de la presencia divina en nosotros y en la historia.. El cántico de Moisés se convierte en un examen de conciencia conjunto para que al final no sea el pecado quien responde a los beneficios divinos, sino la fidelidad».

EL OBSERVADOR 364-4

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DOCUMENTOS

«Caminar desde Cristo. Un renovado compromiso de la vida consagrada en el tercer milenio»

Éste es un resumen de la instrucción recientemente elaborada por la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica para conseguir la renovación de este importante sector de la Iglesia.

El Espíritu llama a las personas consagradas a una constante conversión para dar nueva fuerza a la dimensión profética de su vocación.

Verdaderamente merecen agradecimiento por parte de la comunidad eclesial las personas consagradas: monjes, contemplativos, religiosos dedicados a las obras de apostolado, miembros de los institutos seculares y sociedades de vida apostólica, eremitas y vírgenes consagradas. Su existencia da testimonio de amor a Cristo cuando se encaminan al seguimiento como viene propuesto en el Evangelio y, con íntimo gozo, asumen el mismo estilo de vida que Él eligió para Sí.

Por la santidad de todo el Pueblo de Dios

La llamada a seguir a Cristo con una especial consagración es un don de la Trinidad para todo un Pueblo de elegidos. Viendo en el Bautismo el común origen sacramental, consagrados condividen con los fieles la vocación a la santidad y al apostolado. En el ser signos de esta vocación universal manifiestan la misión específica de la vida consagrada.
En el mundo actual es urgente un testimonio profético que se base «en la afirmación de la primacía de Dios y de los bienes futuros, como se desprende del seguimiento de Cristo casto, pobre y obediente, totalmente entregado a la gloria del Padre».

Afrontar las pruebas

Una mirada realista a la situación de la Iglesia y del mundo nos obliga también a ocuparnos de las dificultades en que vive la vida consagrada. Todos somos conscientes de las pruebas y de las purificaciones a que hoy día está sometida. El gran tesoro del don de Dios está encerrado en frágiles vasijas de barro (cfr. 2Co 4, 7) y el misterio del mal acecha también a quienes dedican a Dios toda su vida.

Sentido de la vida consagrada

Con la disminución de los miembros en muchos institutos y su envejecimiento, evidente en algunas partes del mundo, surge la pregunta de si la vida consagrada es todavía un testimonio visible, capaz de atraer a los jóvenes. Si, como se afirma en algunos lugares, el tercer milenio será el tiempo del protagonismo de los laicos, de las asociaciones y de los movimientos eclesiales, podemos preguntarnos: ¿cuál será el puesto reservado a las formas tradicionales de vida consagrada?

Ante la progresiva crisis religiosa que asalta a gran parte de nuestra sociedad, las personas consagradas, hoy de manera particular, se ven obligadas a buscar nuevas formas de presencia y a ponerse no pocos interrogantes sobre el sentido de su identidad y de su futuro.

Junto al impulso vital, capaz de testimonio y de donación hasta el martirio, la vida consagrada conoce también la insidia de la mediocridad en la vida espiritual, del aburguesamiento progresivo y de la mentalidad consumista. La compleja forma de llevar a cabo los trabajos, pedida por las nuevas exigencias sociales y por la normativa de los Estados, junto a la tentación del eficientismo y del activismo, corren el riego de ofuscar la originalidad evangélica y de debilitar las motivaciones espirituales. Cuando los proyectos personales prevalecen sobre los comunitarios, pueden menoscabar profundamente la comunión de la fraternidad.

Son problemas reales, pero no hay que generalizar. Las personas consagradas no son las únicas que viven la tensión entre secularismo y auténtica vida de fe.

Si en algunos lugares las personas consagradas son pequeño rebaño acausa de la disminución en el número, este hecho puede interpretarse como un signo providencial que invita a recuperar la propia tarea esencial de levadura, de fermento, de signo y de profecía.

La vida espiritual en primer lugar

La vida consagrada nació por el impulso creador del Espíritu, que ha movido a los fundadores por el camino del Evangelio, suscitando una admirable variedad de carismas. Es preciso, por tanto, dejarse conducir por el Espíritu al descubrimiento siempre renovado de Dios y de su Palabra. La vida consagrada hoy necesita sobre todo de un impulso espiritual que ayude a penetrar en lo concreto de la vida el sentido evangélico y espiritual de la consagración bautismal y de su nueva y especial consagración.

Caminar desde Cristo significa proclamar que la vida consagrada es especial seguimiento de Cristo, memoria viviente del modo de existir y de actuar de Jesús. Caminar desde Cristo significa reencontrar el primer amor, el destello inspirador con que se comenzó el seguimiento. Suya es la primacía del amor. El seguimiento es sólo la respuesta de amor al amor de Dios.

Los votos con que los consagrados se comprometen a vivir los consejos evangélicos confieren toda su radicalidad a la respuesta de amor. La virginidad ensancha el corazón en la medida del amor de Cristo y les hace capaces de amar como Él ha amado. La pobreza les hace libres de la esclavitud de las cosas y necesidades artificiales a las que empuja la sociedad de consumo, y les hace descubrir a Cristo, único tesoro por el que verdaderamente vale la pena vivir. La obediencia pone la vida enteramente en sus manos para que la realice según el diseño de Dios y haga una obra maestra.

Oración y Eucaristía

La oración y la contemplación son el lugar de la acogida de la Palabra de Dios y, a la vez, ellas mismas surgen de la escucha de la Palabra.

Toda vocación a la vida consagrada ha nacido de la contemplación, de momentos de intensa comunión y de una profunda relación de amistad con Cristo. Toda vocación debe madurar constantemente en esta intimidad con Cristo.

Dar un puesto prioritario a la espiritualidad quiere decir partir de la recuperada centralidad de la celebración eucarística, lugar privilegiado para el encuentro con el Señor. Aquí se puede llevar a cabo en plenitud la intimidad con Cristo, la identificación con Él, la total conformación a Él, a la cual los consagrados están llamados por vocación.

En comunión con los pastores

En vano se pretendería cultivar una espiritualidad de comunión sin una relación efectiva y afectiva con los pastores, en primer lugar con el Papa, centro de la unidad de la Iglesia, y con su Magisterio.

No se puede contemplar el rostro de Cristo sin verlo resplandecer en el de su Iglesia. Amar a Cristo es amar a la Iglesia en sus personas y en sus instituciones.

Hoy más que nunca, frente a repetidos empujes centrífugos que ponen en duda principios fundamentales de la fe y de la moral católica, las personas consagradas y sus instituciones están llamadas a dar pruebas de unidad sin fisuras en torno al Magisterio de la Iglesia, haciéndose portavoces convencidos y alegres delante de todos.

Anunciar el Evangelio

La primera tarea que se debe tomar con entusiasmo es el anuncio de Cristo a las gentes. La vida consagrada no puede contentarse con vivir en la Iglesia y para la Iglesia. Se extiende con Cristo a las otras Iglesias cristianas, a las otras religiones, a todo hombre y mujer que no profesa convicción religiosa alguna.

EL OBSERVADOR 364-5

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COMUNICACIÓN

Decálogo para «navegar» por Internet

1. Tener claro de antemano lo que deseo localizar.
2. Utilizar la función de «favoritos».
3. Desconfiar de todas aquellas páginas que no indican claramente a que grupos, instituciones o asociaciones pertenecen.
4. Nunca descargar archivos sin tener muy clara la procedencia del fichero. Buscar garantías mínimas acerca de infección de virus.
5. Emplear correctamente los buscadores.
6. Emplear las direcciones de correo electrónico que nos brindan las páginas web para solicitarles información.
7. Uno de los empleos más multitudinarios de internet es el de los chats. Se ha de tener claro en qué grupo de discusión uno desea intervenir. Tener en cuenta que la mayoría de los participantes utilizan el anonimato y emplean personalidades imaginarias.
8. Si no desea que sus hijos u otras personas accedan a determinadas páginas web (pornográficas, violentas...), utilice los bloqueos de control paterno.
9. Si va a realizar alguna transacción económica vía internet, asegurese de que la web le ofrezca garantías.
10. Utilice un buen antivirus y manténgalo actualizado.

(Fuente: Iglesia en Camino)

EL OBSERVADOR 364-6

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PICADURA LETRÍSTICA

Machacando con el número 7
Por J. Jesús García y García


Hay necedades bien adobadas,
como hay necios bien vestidos.
CHAMFORT


El séptimo cumpleaños de EL OBSERVADOR está anunciando importantes cambios en nuestro órgano periodístico. Este acontecimiento no se debe a la casualidad, pero sí es fortuito que acontezca precisamente en el aniversario número siete. Y viene al caso recordar que, entre las múltiples cosas de diferente naturaleza a las que el hombre, a lo largo de su historia, ha atribuido poderes, cualidades mágicas o ha creado mitos y supersticiones a su alrededor, están los números. Desde muy remotos tiempos el hombre se aficionó a dar cierta calidad simbólica a algunos números, es decir, con ellos quiso representar no sólo magnitudes, sino también creencias, conceptos o sucesos. De allí fue fácil pasar a lo prodigioso: considerar a esos números capaces por sí mismos de obrar fenómenos, maravillas, milagros. Finalmente se cayó en la degeneración consistente en lo mágico: se atribuyó a algunos números una potencia de influencia personal o de seducción. Uno de los números más recurrentemente reputados como simbólicos, prodigiosos o mágicos es el siete. Y por doquier lo encontramos a pasto.

Vaya usted contando: siete, usted lo sabe, son los días de la creación universal; el arca de Noé se detuvo después de siete meses de inundación universal; Faraón tuvo el sueño de las siete vacas gordas y la misma cantidad de flacas, de las siete espigas llenas y otras siete secas y que José profetizó que serían siete años de abundancia y siete de carestía; Moisés ordenó que sus leyes fueran leídas a su pueblo cada siete años; siete fueron las trompetas sonadas por los levitas de Josué, que hicieron el prodigio de derribar las murallas de Jericó, sitiada durante siete días; David cantaba siete veces al día las alabanzas del Señor; siete años tardó la construcción del espléndido templo a Dios, por orden de Salomón.

El candelero del tabernáculo, lleno de simbolismo, tenía siete brazos, y, por tanto, siete lámparas con siete llamas; fueron siete los altares erigidos a Dios que servían para ofrecer en holocausto siete ovejas y siete carneros ordenados por Balaam, falso profeta; los hermanos mártires macabeos que fueron echados a hervir por el feroz Antíoco Epifanio, fueron siete; en la segunda multiplicación de los panes relatada por Mateo, Jesucristo, con siete panes, quitó el hambre a más de 4,000 personas, y de lo que sobró se llenaron siete canastos; siete fueron los dolores de María Virgen; son siete los dones del Espíritu Santo; los primeros diáconos consagrados por los apóstoles fueron siete; siete son los sacramentos de la Iglesia; se manda que perdonemos a nuestro prójimo hasta setenta veces siete; siete son las horas canónicas y siete los salmos de penitencia; los pecados capitales son siete; siete fueron los sellos, los ángeles y las trompetas del Apocalipsis, y siete las tentaciones de San Antonio.

Los colores del arco iris son siete; las fases de la luna se suceden cada siete días; antiguamente era común hablar de los siete mares; siete estrellas componen la Osa Mayor; siete son las notas musicales, pues nuestra música es heptátona; se fijó en siete el número de las maravillas del mundo antiguo; se asegura que la laguna Estigia daba siete vueltas alrededor del infierno; el dios de los indios, Vishnú, se dice que encarnó siete veces; el siete era el número de los números para los iniciados en los «sagrados misterios»; Buda se reconoce bajo siete emblemas; el Nilo tiene siete deltas; siete reyes atacaron a Tebas en la antigüedad; siete fueron los Sabios de Grecia; siete las cabezas de la hidra matada por Hércules y siete las testas del dragón que guardaba el Vellocino de Oro; bajo Servio Tulio, Roma fue erigida en la Ciudad de las Siete Colinas.

En España, Alfonso X el Sabio compuso las célebres Siete Partidas, que es un código legal y de costumbres que rigió durante varios siglos y, además, escribió el «Setenario», trabajo de interpretación de la religión y el gobierno españoles a la luz del número siete; las míticas cuevas de Chimostoc, de donde supuestamente salieron los misteriosos antepasados de los nahuas, eran siete; en el siglo XVI una expedición partió hacia el norte en busca de las Siete Ciudades de Cíbola, que no fueron de oro como se creía; en el propio siglo XVI los Países Bajos conquistaron su libertad e instituyeron la república de las Siete Provincias Unidas; entre Austria y Prusia hubo la Guerra de los Siete Años; en México, en el segundo tercio del siglo XIX, estuvo vigente la constitución centralista llamada de las Siete Leyes, sostenida por el partido conservador.

El patrón del número siete se conserva en muchas anécdotas y cuentos, desde el famoso caballo Siete Leguas de Pancho Villa hasta los siete enanos de Blanca Nieves. ¡Arriba, pues, el número siete!

Con poco esfuerzo usted, querido lector, puede incrementar la lista de las glorias del número siete, entre las cuales está hoy, de pasadita, el séptimo aniversario de EL OBSERVADOR.

EL OBSERVADOR 364-7

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TESTIMONIO

En el siglo XX fueron asesinadas 45 millones de personas por ser cristianas

* La cifra supera con mucho la de los judíos víctimas de los nazis.
* En el año 2000 perecieron por la causa de Cristo 160 mil.


Los seguidores de Cristo sufren en muchos países discriminación, violencia, muerte y una feroz persecución, una realidad que pasa inadvertida al resto del mundo, e ignorada, incluso, por los propios bautizados.

Un informe publicado por «Ayuda a la Iglesia necesitada» refleja la muerte de 160 mil personas en el año 2000 por declararse cristianas. Asesinatos, torturas, secuestros, esclavitud, tráfico de mujeres y niños se repiten a diario en Sudán, Arabia Saudita, la India, Indonesia, China, Vietnam, Egipto o Corea. En el siglo XX murieron 45 millones a manos de musulmanes o comunistas; una cifra que supera a los judíos muertos en el terrible exterminio cometido por los nazis.

Cuando una parte del Cuerpo de Cristo sufre...

Caroline Cox, una ciudadana inglesa empeñada en la liberación de esclavos cristianos subyugados por los fundamentalistas musulmanes, especialmente en Sudán, lanzó hace unos años la siguiente cuestión: «Cuando una parte del Cuerpo de Cristo sufre, todo el cuerpo sufre. Por eso, me gustaría preguntar a los hermanos que están viviendo en la paz y la tranquilidad, ¿qué hacen por los hermanos perseguidos?».

El drama de los cristianos parece no existir. Los pueblos se golpearon el pecho al conocer la persecución nazi, y respiraron con tranquilidad ante la caída del comunismo soviético al que Occidente veía como una amenaza. Sin embargo, en el siglo XX murieron 45 millones de cristianos, o sea, el 65% del total de confesores de la historia de la Iglesia, (unos 70 millones). ¿Quién habló de ello?

Peter Hammond, experto en cuestiones sudanesas opinó: «Creo que se trata de la clásica mentalidad del ABC 'Anything But Cristianity' (todo menos cristianismo); cuando las víctimas son cristianos los medios de comunicación laicos no cuentan la historia».

Dos millones asesinados

En Sudán, desde fines del XIX, la población se vio sometida a un proceso de islamización; hace 17 años comenzó a exaltarse de manera extremista una guerra santa para transformar el país en una república árabe-islámica. Han muerto ya casi dos millones de cristianos.

El cerebro de la operación, el jeque Hassan el Tourabi, enunció en 1989 el credo que anima esa persecución: «La era del cristianismo se acabó. El 2000 será la era del Islam». Según informa la agencia Fides, en Sudán los islamizantes «son responsables del tráfico de adolescentes y jóvenes para ser vendidos en los mercados del Norte y Oriente Medio como esclavos y prostitutas».

En la periferia de Hajj Yssef, a pocos kilómetros de Jartum, la Iglesia creó un centro polivalente donde los jóvenes refugiados eran alimentados, se les enseñaba catecismo, y se celebraba la Eucaristía. La mayoría eran cristianos. La población fue forzada a evacuar la zona y expulsada al desierto.

La intolerancia hacia los cristianos se clasifica en tres grados, como señala «Ayuda a la Iglesia Necesitada»: discriminación, discriminación con indicios de persecución y persecución acuciante como en Sudán, China, Egipto, India, Indonesia y Timor del Este, país con un 95% de cristianos, de los cuales 200 fueron masacrados por las milicias indonesias. Más tarde el acoso llegó a las Islas Molucas.

La discriminación consiste en la prohibición absoluta de símbolos religiosos en edificios y sobre el cuerpo, el acceso a un puesto de trabajo y la celebración del culto.

(Fuente: AICA)

EL OBSERVADOR 364-8

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AL PASO DE DIOS

El anuncio explícito
Por Amadeo Rodríguez Magro

No hace mucho el Papa nos decía a los católicos que «el anuncio de Jesucristo es el primer acto de caridad hacia el hombre, más allá de cualquier gesto de generosa solidaridad». Como es evidente, no contrapone el anuncio al gesto, y sí los enlaza. Es natural que así sea, porque siempre estuvieron enlazados en el actuar de Jesús, que unió obras con palabras. Se nos pide, por tanto, que seamos explícitos tanto en el testimonio como en el anuncio.

En tiempos de pluralidad de opiniones y en una sociedad en la que lo religioso tiene cada vez menos relieve, es necesario que los cristianos seamos explícitos en el mostrar lo que somos y en hacer pública nuestra fe.

Cualquier signo a nuestro alcance ha de ser utilizado para el anuncio de Jesucristo: la palabra, las diversas formas literarias, los sonidos musicales, las artes plásticas, así como los medios de comunicación, y entre ellos las nuevas tecnologías, sobre todo internet, han de ser vehículo para expresar públicamente las verdades en las que creemos y los valores en los que vivimos.

El cristiano ha de mostrar explícitamente su fe en los espacios públicos a todo el que se preste, con un diálogo franco y audaz en el que dé razones de por qué cree.

Todo hay que hacerlo conociendo y amando el mundo de hoy, con los medios de hoy, desde la singularidad de la cultura actual y con la creatividad y profecía que requiere el saber que ya estamos trabajando para el futuro.
(amadeo.vgeneral@planalfa.es)

EL OBSERVADOR 364-9

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FAMILIA

Carta a unos padres que perdieron al bebé que esperaban
Por Yusi Cervantes Leyzaola


Me preguntaba estos días por qué siento tanto desasosiego cuando sé de un bebé cuyo aborto ha sido provocado, mientras que, respecto a un bebé que no ha llegado a término, pese a la tristeza, encuentro serenidad.

Creo que el punto crucial es si estamos o no en la corriente de la voluntad de Dios. Cuando nuestra vida fluye en ese sentido -con errores, limitaciones, desviaciones que luego nos esmeramos por corregir- podemos aceptar lo que sea con la certeza de que hay algo más allá de nosotros que le da sentido a lo que no entendemos. Cuando navegamos contra corriente, nos traicionamos a nosotros mismos, encontramos confusión, vacío... Así, acontecimientos similares -la pérdida de un embarazo- tiene significados muy distintos. El provocado es ponerse en contra del plan de Dios, sin entender que ese plan no es una imposición autoritaria, sino la propuesta de ser quienes verdaderamente somos, de acuerdo con nuestra naturaleza humana. El aborto natural, es, en cambio, parte de ese plan divino, aunque no tengamos la capacidad de entenderlo. Saber esto nos libera y nos permite encontrar el consuelo y la aceptación.

Por otro lado, es necesario que los padres que han sufrido un aborto espontáneo le den a esta pérdida su justo valor. Hay dos extremos dañinos. Uno es aferrarse al dolor y al miedo, vivir la experiencia como demasiado terrible, sin paz en el corazón. El otro es negar la pérdida o no darle importancia. Cualquiera de estas actitudes provoca que esa herida no sane y pueda manifestarse después de muchas maneras, por ejemplo, angustia frente a un nuevo embarazo o el transmitirle al nuevo hijo la sensación de que está sustituyendo a otra persona (el bebé perdido) lo que le impide ser plenamente él mismo. Para verdaderamente superar la pérdida, los padres necesitan vivir su duelo, para lo cual les ayudaría hacer un claro recuento de lo perdido. Además de la pérdida principal, la del bebé que no llegó a término, los padres han perdido también ilusiones, planes, tal vez seguridad y otras cosas, materiales y no materiales, que solamente ellos podrán enumerar. Necesitan escuchar su tristeza, sus enojos, sus miedos. Sólo así podrán asimilarlos, aceptar la pérdida y convertir la experiencia en crecimiento interior.

Finalmente, desde el corazón, tienen que entregar ese hijo al Padre. Evidentemente, ese hijo está ya con el Padre; a lo que me refiero es a esa disposición interior de los padres de soltarlo y de ponerlo en manos de Dios. Desde el momento de la concepción, su hijo tiene alma, un espíritu completo. Y espíritu humano, no es un ángel. Ese hijo puede amar y ser amado. Su presencia en el mundo no fue de acuerdo con el anhelo de sus padres, pero es una persona real, en presencia de Dios, y desde ahí, desde el corazón de Dios, padres e hijo pueden mantener una relación de amor.

Perder un hijo antes de su nacimiento es una experiencia dolorosa; pero el dolor es parte de la vida humana. Y el dolor, por cierto, no contradice ni se opone a la felicidad ni a la paz interior, siempre y cuando naveguemos en esa corriente segura que es la voluntad de Dios.

EL OBSERVADOR 364-10

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INTIMIDADES -LOS JÓVENES NOS CUENTAN-

Soy mayor que mi novio
Por Yusi Cervantes Leyzaola


PREGUNTA:
Soy mayor que mi novio; llevamos siete meses de noviazgo. Antes tuve otro noviazgo muy largo, de años, pero no terminamos muy bien que digamos. Yo me quedé con la idea de que nunca iba a estar bien con otra persona, de que todo lo malo me iba a volver a pasar, hasta que conocí a mi actual novio, al cual amo muchísimo y estoy segura cien por ciento de que él también me ama. Él me dice que ya no puede estar sin mí y me pidió que nos casáramos. Él trabaja en los negocios de su papá y yo sé que sí saldríamos adelante. Acabo de descubrir que él se siente inseguro por los problemas que tiene en su casa, ya que sus papás han estado muchas veces a punto de divorciarse, y así han estado muchos años. Mi novio ha estado presente muchas veces en las discusiones y, de alguna u otra manera, le han afectado. Su mamá es dos años mayor que su papá y le reprocha que sea inmaduro y que no sepa controlar sus cosas. Mi novio habló con sus papás de lo que siente por mí y de los planes que tenemos. Su papá le dijo que la diferencia de edades nos iba a afectar como les afectó a ellos. Trataron de desanimarlo. Mi novio se siente muy mal, no duda de querer estar conmigo, dice que cada día que pasa me quiere más, pero no sé cómo hacerle para ayudarlo con los problemas de su casa y hacerle entender que nosotros somos distintos y que no pienso hacerle daño, al contrario.

RESPUESTA:
Tienes razón al decir que ustedes son distintos, y no tienen que repetir la historia de los padres de tu novio. Sin embargo, para lograr una buena vida de pareja necesitan ambos ser maduros, independientes emocionalmente y verdaderamente amarse. Tal vez tu novio requiere ayuda para revisar su historia y aprender a manejar lo que le ha hecho daño. Ante esta situación, querer estar contigo podría tener que ver con un deseo inconsciente -o tal vez no tan inconsciente- de alejarse de una situación difícil. Tú le ofreces cosas que no encuentra en casa, tal vez comprensión, tranquilidad, qué se yo. Y eso no es malo, pero para hacer una vida en común sana, hace falta que ninguno de los dos lo tome como una forma de escapar de algo.

La diferencia de edades plantea situaciones especiales, a veces difíciles de manejar. Pero si los dos son verdaderamente adultos, su amor auténtico y su proyecto de matrimonio es sano, pueden tener una muy buena relación. Los dos años de diferencia de los papás de él son muy pocos, en realidad. Hay muchos matrimonios felices con una diferencia así. El problema de ellos seguramente es otro. O son otros. Imposible saberlo sin conocerlos realmente.

Por otra parte, ustedes pueden esperar un poco más, me parece. Si tu novio se siente confundido y presionado, quizás necesite volverse más independiente, madurar algunos aspectos de su persona, sanar emociones afectadas por las situaciones que ha vivido. Dense el tiempo necesario para tomar una decisión razonada, sentida y madura.

La psicóloga Yusi Cervantes Leyzaola responderá las preguntas que se le envíen a la dirección de El Observador; Reforma 48, apdo. 49, Santiago de Querétaro, Qro. C.P. 76000; o que se le hagan al teléfono 228-02-16. Citas al 215-67-68 Correo electrónico: cervleyza@msn.com

EL OBSERVADOR 364-11

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PINCELADAS

Noche intranquila
Por Justo López Melús

Tratándose del Evangelio no se puede ser simplemente razonable. Tratándose de amor de fe, no basta la razón. Hay que acudir también a las razones del corazón. El corazón tiene razones que la mente no puede comprender. La sola razón es buena en matemáticas, en la diplomacia... Lo razonable mata todo lo que constituye la grandeza del hombre.

Un conferencista terminaba así sus charlas: «El Evangelio no es un somnífero. El Evangelio es dinamita. En este momento miles de personas mueren de hambre, otros están a punto de suicidarse.

«Ahora yo podría decir: 'Señoras y señores, buenas noches'. Pero no, si ustedes no han hecho nada por los demás yo les deseo malas noches, que pasen ustedes una noche intranquila».

EL OBSERVADOR 364-12

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FIN

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