El Observador de la Actualidad

EL OBSERVADOR DE LA ACTUALIDAD
Periodismo católico para la familia de hoy
14 de julio de 2002 No.366

SUMARIO

bulletVolver a la Persona, libro sobre Juan Pablo ll de Rodrigo Guerra López
bulletLa verdad en la humildad
bulletHacia el pleno cumplimiento del mensaje dado por la Virgen en Fátima
bulletLos casinos: una consideración social y moral de la Conferencia del Episcopado Mexicano
bulletSúmese a la campaña contra la exhibición de una película anticatólica en la visita papal
bulletDEBATE - Otra vez Lammoglia
bullet¿Salvemos la Tierra o salvemos al hombre?
bulletCRÍTICA DE MEDIOS DE COMUNICACIÓN - El fin de la cultura
bulletLos comics
bulletCULTURA CATOLICA - El hombre clave del Siglo de Oro
bulletINTIMIDADES -LOS JÓVENES NOS CUENTAN- Quiero a mi amigo de otro modo
bulletPINCELADAS - Los técnicos de Houston

  [SUMARIO] [SIGUIENTE] [INICIO]


Volver a la Persona, libro sobre Juan Pablo ll de Rodrigo Guerra López
"Cuántos no quisieran ya la dimisión del Papa; pero la lógica cristiana funciona de manera muy diferente a la del mundo"
Por Jaime Septién


Con la inminente visita de Su Santidad Juan Pablo ll, coincide la presentación del libro Volver a la Persona de nuestro colaborador Rodrigo Guerra López (México, DF, 1966). Un libro necesario, para recuperar la dimensión de filósofo de Karol Wojtyla. En la esencia, Juan Pablo ll es un hombre de fe. Y la fe en Cristo ilumina toda su obra, toda su acción. He aquí un nuevo diálogo sostenido con Rodrigo Guerra López sobre la actualidad palpitante del pensamiento y la acción de este coloso de la fe que es el Papa.

JS.- Ante un mundo que se revuelve en el sin sentido de la vida, ¿cuál es la verdadera dimensión del pensamiento de Juan Pablo II?

RG.- En la encíclica programática Redemptor hominis pareciera que se nos ofrece precisamente el elemento que sitúa la dimensión central del pensamiento de Juan Pablo II: Cristo muestra al hombre lo que el hombre es. Juan Pablo II afirma con gran sencillez y profundidad que la esencia del cristianismo consiste en ser un acontecimiento relevante para el ser humano. ¡Y es relevante, precisamente, porque todo lo humano ha sido asumido por Dios! No hay situación humana que Jesús no abrace y comprenda.

JS.- ¿Cuál es la dimensión teológica y vital de la acción de Juan Pablo ll?

RG.- Juan Pablo II es un hombre de fe. Esto, que pudiera parecer una mera explicación piadosa respecto del Papa, no pretende serlo. Desde que era un joven estudiante, aún antes de ingresar al seminario, conoció a un sastre pobre que en medio de su limitación material le mostró al joven Wojtyla que existen certezas más grandes que las que ofrece el poder y el tener. Este hombre fue su principal guía espiritual durante su juventud. Me refiero a Jan Tyranowski. Tyranowski era un laico seguidor de la espiritualidad carmelitana, es decir, de una espiritualidad centrada en la primacía de la gracia y la conciencia profunda de la propia fragilidad. Cuando hoy decimos que Juan Pablo II es un hombre de fe lo que deseamos subrayar es que él es un hombre que posee una certeza en su corazón: que el hombre no basta para el hombre, ¡que Jesús es un acontecimiento que se nos dona gratuitamente rebasando todas nuestras expectativas y proyectos!

JS.- ¿Qué sentido tiene, desde tu punto de vista, la actitud de seguir adelante del Papa? ¿Tiene que ver con su concepción última del martirio cotidiano, de la santidad hoy?

RG.- Para Juan Pablo II la perseverancia y la valentía en el empeño misional no responde a un cálculo respecto de sus propias fuerzas. Responde a la fidelidad a una presencia. Ser fiel así a Cristo, es ser testigo... ¡Cuantos no quisieran que el Papa declinara en su ministerio cuando analizan sus posibilidades fácticas, estratégicas, políticas, etc.! Sin embargo, Juan Pablo II sabe que si Cristo perseveró hasta la cruz no fue porque "estratégicamente" le fuera muy conveniente sino porque existe una lógica diversa a la meramente instrumental al momento de proseguir en la vida cristiana.

JS.- Frente a una educación laica, frente a la televisión, que han robado el sentido de la muerte, del fin último, ¿cómo se puede interpretar la actitud del Papa? ¿Como una propedéutica? ¿Como una preparación para el morir bien, con la satisfacción del deber cristiano cumplido a tope?

RG.- Se puede interpretar como un gesto de fidelidad a un don recibido. Juan Pablo II no escogió el ministerio que ejerce. Él fue escogido y ser fiel a esa elección lo mantiene hasta al momento final. Su ejemplo, a este respecto, nos debe de motivar a todos a permanecer también fieles a los respectivos dones y ministerios que cada quien tiene.

JS.- Tu libro, ¿Cómo ayuda a interpretar la figura de Juan Pablo ll?

RG.- El libro que tuve la oportunidad de escribir muestra el modo como la metodología filosófica de Karol Wojtyla se fue fraguando a través del tiempo. Esta temática no es solo de interés para el especialista en estos asuntos sino para todos los que deseamos reaprender a pensar la realidad. En cierto sentido, Karol Wojtyla como filósofo, nos invita a través de sus textos a no renunciar a pensar de manera estrictamente racional. Esto es relevante en la actualidad debido a que la desconfianza hacia la razón ha cundido a través del pensamiento postmoderno. El libro Volver a la persona pretende mostrar que Karol Wojtyla no es solo grande por ser Sucesor de Pedro sino que ya desde su desempeño como filósofo se destacó enormemente al buscar nuevas vías para afirmar la dignidad inalienable de la persona humana a través de un método que permite que la filosofía pueda sustentarse como ciencia estricta.

EL OBSERVADOR 366-1

  [SUMARIO] [SIGUIENTE] [INICIO]


La verdad en la humildad
+ Mario De Gasperin Gasperin, obispo de Querétaro


El semanario EL OBSERVADOR acaba de cumplir siete años de informar a sus lectores sobre los acontecimientos más sobresalientes del mundo y de la vida de la Iglesia. Su propósito es un esfuerzo por irnos enseñando a interpretarlos con ojos cristianos, desde la fe católica. Para el creyente nada sucede al acaso, sino que todo está guiado por la mano providente de Dios. Pero no todos lo ven, ni tienen la capacidad para hacerlo. Aunque la película sea a colores, si el televisor es blanco y negro, se verá en blanco y negro. El color existe, pero no se ve.

Es necesario reflexionar seriamente en esto, porque de aquí depende el sentido que le demos a la vida. Una cosa es pensar que todo sucede de chiripa, por pura suerte o por influencia ciega de los astros, y otra cosa muy distinta -completamente distinta- es saber que estamos en las manos providentes del Padre del Cielo, y que todo lo que acontece Él lo va conduciendo y guiando para nuestro bien. Es la diferencia que existe entre caminar con rumbo o sin él, con luz o en la obscuridad.

Descubrir esta mano paternal de Dios en la vida no es fácil, porque todos los sucesos están como enredados y opacados por las torcidas y aviesas intenciones humanas; pero la fe nos enseña que la historia la guía y dirige Dios y no hombre alguno, por más poderoso que sea o se crea. Para acertar en la interpretación correcta de los hechos, como muy bien dice el director del semanario EL OBSERVADOR, «Nuestra vocación de creer en Dios nos lleva a asumir una posición de humildad para informar». Esto no lo encontrará en la prensa corriente, laica y presuntuosa, mucho menos en los informativos de la televisión. Desconfíe de todos aquellos pseudoinformadores que gritan, gesticulan, juzgan y condenan sin más. Sin humildad no hay verdad. Lea en cristiano y como cristiano. Lea EL OBSERVADOR. Le irá encontrando sabor a la vida.

EL OBSERVADOR 366-2

  [SUMARIO] [SIGUIENTE] [INICIO]

Hacia el pleno cumplimiento del mensaje dado por la Virgen en Fátima
Por el Pbro. Juan José Arteaga / Madrid, España


¿En qué parte de la historia de la salvación nos encontramos? Si al mensaje de Fátima se le otorgó tanto relieve e importancia durante el Gran Jubileo por parte de la Santa Sede, ¿en qué momento el mensaje de Fátima debe alcanzar su pleno cumplimiento? Porque, ciertamente, la Santísima Virgen prometió solemnemente que: «al final mi Corazón Inmaculado triunfará».

Un triunfo supone una victoria total y definitiva sobre el enemigo. El derecho público de Roma otorgaba los honores del «triunfo» al general romano que ensanchaba las tierras del imperio, cuando había derrotado a los enemigos de la nación y había reportado grandes beneficios a la causa común, a la res-publica. Si el pueblo y el Senado le otorgaban «triunfo», el general era subido a un carro «triunfal» detrás del cual iban atados y desnudos los enemigos, vencidos y humillados. Resonaban las trompetas y clarines del ejercito que desfilaba entre los cantos y vítores de la multitud que les aclamaba. Al lado del vencedor iba la esposa, que era participe de la gloria de su esposo.

Los cristianos aplicaron los honores del triunfo a la «Parusía» del Señor, cuando el Señor, vencedor absoluto en el Calvario, retorne glorioso al final de los tiempos. Cristo y su Madre y la Iglesia, su Esposa, recibirán los «honores del triunfo». Ciertamente Cristo es el único Salvador y Redentor, pero Él otorgó a su Madre él título de corredentora y, lo que más incomoda al orgullo de Satanás, es que la Mujer le aplaste la cabeza con su pie.

El papa Pablo VI, en su exhortación apostólica Signum magnum, dada el 13 de mayo de 1967, con ocasión de su visita como peregrino a Fátima para festejar el 50 aniversario de las apariciones, empezó así: «Apareció en el cielo una señal grande (Signum magnum): Una Mujer envuelta en el sol, con la luna bajo sus pies y sobre su cabeza una corona de doce estrellas» (Ap 12,1).

¿Qué ha querido decir Pablo VI con estas palabras? Ha querido afirmar que estamos viviendo en esos tiempos profetizados en el capítulo 12 del Apocalipsis; que el milagro del sol él lo asociaba con este texto del Apocalipsis. La más bella, pura e inmaculada hija de David, hija de Abraham dio a luz un hijo sin romperla ni mancharla. Pero el hijo fue arrebatado a Dios y a su trono cumplida su misión redentora, y entonces la mujer, es decir, tanto la Sinagoga como la Iglesia, sin distinción del Antiguo y el Nuevo Testamento, quedan en la tierra, en el desierto del mundo, bajo la protección de Dios, durante 1260 días. Los 1260 días equivalen a media semana y tanto como había durado el ministerio profético desde Abraham hasta la venida del Mesías. La otra media semana hasta completar el número 7, número de la plenitud de la obra redentora, se completará con la venida gloriosa del Señor.

En el desierto la Iglesia será alimentada como lo fue la sinagoga, con el pan del Evangelio y el maná de la Eucaristía. Ambas, juntas, forman una semana entera, símbolo del tiempo que han de durar las luchas de la Iglesia en el mundo.

Estamos, pues, viviendo tiempos apocalípticos, tiempos de tribulación, pero también de esperanza. En esta misma línea del papa Pablo VI se mueve también Juan Pablo II. En su carta al obispo de Fátima, del 12 de mayo de 1997, en ocasión del 80 aniversario de las apariciones, el Papa dice que «este mensaje, dirigido a la humanidad entera por la Virgen, continua resonando en nuestros oídos con toda la fuerza profética». Por tanto, el Papa afirma que es un mensaje profético.

Es necesario, dice el Papa, que resurja con fuerza la certeza de que «Alguien tiene en sus manos el destino de este mundo que pasa; de que Alguien tiene las llaves de la muerte y de los infiernos; de que Alguien es el Alfa y la Omega de la historia del hombre».

Y como Dios es Amor, nos mandó a principios del siglo XX a la Madre del Amor Hermoso, a la Mujer del Apocalipsis que se va a enfrentar con el Dragón Rojo, para asegurarnos que Ella, por voluntad y designio de Dios Uno y Trino, tras los dolores del parto, de una gran tribulación, nos alcanzará el triunfo de su Corazón Inmaculado. Pero el corazón de una madre no triunfa si no ve triunfar al Corazón adorable de su Divino Hijo.
(Artículo resumido)

EL OBSERVADOR 366-3

  [SUMARIO] [SIGUIENTE] [INICIO]


¿CASINOS SI O CASINOS NO?
Los casinos: una consideración social y moral de la Conferencia del Episcopado Mexicano *


En cumplimiento de nuestra misión pastoral, queremos ofrecerles nuestra palabra respecto a la propuesta que se viene anunciando en los medios de comunicación, de instalar en la república mexicana casinos o casas de juego. Instancias gubernamentales y empresarios nacionales y foráneos serían los interesados inmediatos en promover dicho proyecto.

Las bondades que se atribuyen al proyecto de instalación de casinos serían, entre otras, la generación de divisas, una competitividad turística mayor, la creación de empleos y la aceleración del crecimiento de un país en desarrollo con muy graves problemas financieros.

Es claro que no todas estas bondades tienen el mismo valor ni gozan del mismo crédito para todos. Su valoración depende, en parte al menos, de los intereses inmediatos, de las expectativas que despierta el proyecto y de las experiencias particulares de las empresas contratadas para su estudio y análisis. La vigilancia y control estricto sobre el manejo de las finanzas que se prometen en este campo están por fuerza condicionadas a la honestidad y eficacia de las instituciones gubernamentales y empresariales cuyo descrédito moral ha ido, por desgracia, en aumento. Las alianza entre políticos y empresarios han causado males gravísimos al país y nos impiden pensar que se cancelarán de raíz con la edición de una nueva ley y la creación de un consejo de vigilancia, sobre todo tratándose de materia tan codiciable.

No falta también quien ponga en duda el incremento turístico, al menos en grado significativo, ya que son relativamente pocos los turistas que deciden su destino por la existencia de una casa de juego. Ésta suele ser, por lo común, un motivo más pero no el determinante del destino de un viaje. Mayor sería la afluencia turística si los visitantes contaran con mejores servicios y más seguridad en calles y carreteras.

La presencia del narcotráfico en los casinos y su conexión con el lavado de dinero es algo que también a muchos ciudadanos y autoridades preocupa. Se llega, inclusive, a dudar del mismo beneficio económico de dichas empresas, ya que suelen tributar mayoritariamente en el extranjero a causa del origen de los capitales, de los insumos importados, del pago de regalías y de los costos de administración con personal y sueldo internacionales, entre otras. De la fuga de capitales y divisas tenemos los mexicanos una amplia y dolorosa experiencia; no vemos cómo en el caso de las casas de juego podría ser diferente.

La generación de este tipo de puestos de trabajo también es cuestionada, ya que el empleo de playa añade a la servidumbre el desarraigo del entorno de origen, y el contacto superficial con el extranjero es un aliciente para la migración. Los centros turísticos de este tipo se convierten muchas veces en trampolín para cruzar la frontera.

En una palabra, lo que se suele presentar sin más como bondad requiere de un análisis más objetivo y ponderado, difícil de lograr dado lo riesgoso del asunto y, sobre todo, de las condiciones tan desfavorables que privan para su manejo controlado y transparente. Estas casas de juego son, pues, discutibles aun desde el punto de vista económico y social para nuestro país.

Estas consideraciones no son, sin embargo, nuestra objeción principal al proyecto de la instalación de casinos en nuestra patria. Nuestro desacuerdo mayor es de índole cultural y moral. Se sitúa en el orden de los valores. El Catecismo de la Iglesia Católica enseña que, aunque «los juegos de azar no son en sí mismos contrarios a la justicia, no obstante resultan moralmente inaceptables cuando privan a la persona de lo que le es necesario para atender a sus necesidades o a las de los demás. La pasión del juego corre el peligro de convertirse en una grave servidumbre. Apostar injustamente o hacer trampas en los juegos constituye materia grave, a no ser que el daño infligido sea tan leve que quien lo padece no pueda razonablemente considerarlo significativo» (n. 2413).

Son, pues, los excesos y las circunstancias los que hacen inmoral esta práctica; circunstancias difícilmente superables a causa de la corrupción reinante, y excesos inevitables dada la pseudocultura del despilfarro y del dinero fácil que reina en el país y que estas casas de juego vendrían a incrementar. Con dolor tenemos que reconocer la ineficiencia de la administración de empresas en sí mismas altamente rentables y el descuido pecaminoso a que hemos sometido nuestros recursos naturales, incluidos los turísticos. Pretender un manejo limpio y provechoso para el país de un negocio tan codiciable y riesgoso resulta por desgracia impensable entre nosotros. Es, pues, de prever que los casinos contribuirán a aumentar la corrupción en diversos grados y facetas y a propiciar la pseudocultura de las apuestas y palenques que es lastre y cruz nacional.

En nuestro país necesitamos fomentar una auténtica cultura de la administración y uso correcto de los bienes de la creación y del trabajo humano. El «ganarse el pan con el sudor de la propia frente» es tanto un derecho humano como un precepto divino. A este precepto se opone el dinero fácil e injustamente acumulado y poseído, lo mismo que la indolencia y el providencialismo temerario. Debemos anteponer siempre la dignidad y el gozo que aporta al ser humano la conciencia de haber ganado el pan con el trabajo honrado al placer poco digno de quien simplemente despojó a otro del fruto de su trabajo.

La Iglesia nos enseña que «el respeto a la dignidad humana exige en materia económica la práctica de la virtud de la templanza, para moderar el apego a los bienes de este mundo; de la justicia, para preservar los derechos del prójimo y darle lo que le es debido; y de la solidaridad, siguiendo la regla de oro de la generosidad del Señor que, 'siendo rico, por vosotros se hizo pobre a fin de que os enriquecierais con su pobreza'» (2 Cor 8,9) (Catecismo, n. 2407). La ausencia de estas virtudes cristianas en el manejo de los bienes temporales nos ha acarreado grandes males, hasta dar la impresión de haber convertido a nuestro país, en ciertos renglones de la economía, en un gran casino donde ganan los ventajosos, los que juegan con cartas marcadas, los que encuentran cobijo y protección en la autoridad y donde irremediablemente pierde el pobre, es decir, el pueblo.

Aplicando estas consideraciones a nuestra situación concreta, pensamos que la instalación de casinos contribuiría a incrementar la corrupción y la injusticia en nuestro país. Con ellos se privilegia al especulador sobre el inversionista y pierde el trabajador. Sería más sano y a la larga más rentable ofrecer al visitante un turismo más humano, ligado no sólo a las playas y a los centros turísticos de despilfarro, sino sobre todo a nuestra rica y variada cultura y a la espléndida naturaleza que Dios nos ha regalado. El llamado ecoturismo, de moda ahora en numerosos países de arraigada tradición viajera, podría ser una alternativa válida, más acorde con nuestra tradición hospitalaria y cristiana, humanamente enriquecedora, que contribuiría al desarrollo social, cultural y económico de las regiones y no sólo de las casas de juego y de sus poderosos poseedores.

Recordamos, finalmente, a todos los fieles católicos el deber de orar por nuestra patria y por nuestros gobernantes, para que el Señor, «en cuyas manos está el mover los corazones de los hombres y defender el derecho de los pueblos», nos conceda «una paz duradera, un auténtico progreso social y una verdadera libertad religiosa» (Liturgia, Viernes Santo). Lo pedimos por intercesión de nuestra Madre y Señora la Virgen de Guadalupe.

* Emitida por la LX Asamblea Plenaria de la CEM el 19 de abril de 1996, bajo la presidencia de monseñor Sergio Obeso Rivera.

EL OBSERVADOR 366-4

  [SUMARIO] [SIGUIENTE] [INICIO]


Súmese a la campaña contra la exhibición de una película anticatólica en la visita papal

Diversas organizaciones de fieles y personalidades católicas en México se han unido para impedir la exhibición de "El crimen del padre Amaro", una película virulentamente anticatólica que sus productores pretenden exhibir durante la próxima visita papal al país.

La película, de Carlos Carrera, se hizo con financiamiento del gobierno, a través de Imcine. El guión de la producción, que es un ataque directo a la imagen del sacerdote, se basa en una novela portuguesa anticlerical del siglo XIX, en la que tanto un sacerdote anciano como otro joven son presentados cometiendo toda clase de crímenes y actos inmorales, y según sus críticos, «es una producción oportunista que quiere aprovechar los escándalos recientes».

Se invita a los católicos mexicanos a dirigirse a la Secretaría de Gobernación a través de su página web http://www.gobernacion.gob.mx/ 

Se sugiere más o menos este formato para las cartas:
«Lic. Santiago Creel:
«Me dirijo a usted para solicitar sea suspendida la exhibición de la película 'El crimen del padre Amaro', producida por el IMCINE, con dinero de todos los mexicanos. La razón es que se trata de una película que ofende a los sacerdotes de la Iglesia católica, a la cual pertenezco. La mayor parte de los contribuyentes en este país somos católicos.
«No existe un sistema democrático por el cual el gobierno consulte a la población acerca de qué tipos de películas queremos los mexicanos que se produzcan. Las producciones de cine del gobierno, hasta hoy y desde hace muchos años, están hechas de manera abusiva y arbitraria por un pequeño grupo de personas que no son elegidas por la población, siendo ésta una contradicción flagrante a la democracia por la que la mayoría del pueblo de México votamos el 2 de julio del 2000.
«La circunstancia en que se va a presentar esta película (la visita de Su Santidad Juan Pablo II) sería una imprudencia en política internacional.
«De conformidad con lo establecido en la fracción XXI del art. 27 de la Ley Orgánica de la Administración Publica Federal, corresponde a la Secretaria de Gobernación: 'Vigilar que las publicaciones impresas y las transmisiones de radio y televisión, así como las películas cinematográficas, se mantengan dentro de los limites del respeto a la vida privada, a la paz y moral publica y a la dignidad personal, y no ataquen los derechos de terceros, ni provoquen la comisión de algún delito o perturben el orden publico'. Por tal razón, en ejercicio de las facultades que me confiere el articulo 8° constitucional, solicito la aplicación de la ley antes citada, y derivado de lo anterior, se prohiba la exhibición de esa película».
(Infromación de ACI)

EL OBSERVADOR 366-5

  [SUMARIO] [SIGUIENTE] [INICIO]


DEBATE

Otra vez Lammoglia
Por Walter Turnbull P.

Queridos amigos: Otra vez me soplé a Lamoglia y otra vez me sentí obligado a contestarle. No creo que me haga mucho caso, pero uno nada pierde.

Sr. Lammoglia:

Va usted a pensar que ya lo agarré de puerquito. Lo que pasa es que usted es muy útil. Si quiere uno saber en qué andan los enemigos de la Iglesia, lo más seguro es recurrir a usted. Ahí se encuentran todas las habladurías comunes en forma clara, sucinta y ordenada.

Tuve la morbosa ocurrencia de volver a sintonizar su programa por un rato. Palabra más, palabra menos, usted sentenció que:

* Desde finales del siglo XIX la Iglesia ha resuelto con milagros y con apariciones de Vírgenes sus problemas de descenso de adeptos y sus deficiencias en materia evangélica y pastoral.

* Las apariciones de la Virgen de Guadalupe y la existencia de Juan Diego son mentiras, inventadas por una necesidad de mercado, con el fin de conquistar a las masas y en este caso a las masas indígenas, para buscar el enriquecimiento.

* La canonización de Juan Diego es una pachanga papal, y también una pachanga de los medios de comunicación, de los ricos, de los poderosos (como el Opus Dei y los Legionarios de Cristo) y de los ignorantes, que apoyan este acto de magia (la invención de un Juan Diego de 1.60 de estatura con un ayate pintado y repintado de 1.80 de largo) para darle a las masas pan y circo.

* La Iglesia se ha sostenido los últimos siglos a base de milagritos. Los milagritos son el «estate quieto». Son el Big Brother de la Iglesia. Son un mejoralito. Sirven para tener a las masas en la ignorancia.

* No hay ninguna relación entre creer en Dios y creer en esta bola de mentiras. Usted puede no creer en la aparición de la Virgen y en la existencia de Juan Diego y no por eso pierde su fe.

Sr. Lammoglia, yo soy uno de esos ignorantes que se han dejado embaucar con los milagritos, y quisiera presentarle mi versión de los hechos. No pretendo entablar un debate ni mucho menos un juicio. Es más fácil inventar calumnias que demostrar verdades. Usted puede en un segundo aventurar que la Iglesia es un ambicioso negocio. Yo no puedo ni en toda la vida reunir evidencia sobre el nivel de vida de todos los pastores que integran sus filas, y comprobar que, en promedio, es inferior al de un exitoso locutor de radio. No aspiro a librarlo en una carta de una serie de prejuicios que usted ha acumulado en una vida. Aun así, mi deber es decírselo. Su responsabilidad: oírlo o ignorarlo. Se trata de que el día de mañana usted no vaya decir: «Es que nunca me lo dijeron»; y yo tenga que cargar con la responsabilidad de no habérselo dicho. La teoría va más o menos así:

La Iglesia no necesita mayor número de adeptos para maldita la cosa. Trata de llevar la evangelización a todos los hombres porque es un mandato de Cristo, porque es el mayor bien que se puede hacer a la humanidad. Muchos muchas veces han presagiado su extinción, y han fracasado, con o sin milagros. Si el descenso de adeptos fuera real, no habrían sido necesarias las persecuciones en el siglo XX, incluyendo la de nuestro país.

Los milagros son la forma en que Dios nos demuestra su amor, y que la realidad abarca mucho más de lo que perciben nuestros limitados sentidos. Incluso los suyos (los de Lammoglia, no los de Dios).

La Virgen María es, ni más ni menos, nuestra madre en el espíritu, y, como toda madre que se respeta, nos acompaña, educa, protege y se hace presente de forma milagrosa cuando siente que hace falta.

La canonización de los santos es algo así como la certificación de que el Cielo existe y de que algunos ya lograron entrar. Un gran aliciente y ejemplo para los que estamos en camino. Por supuesto que es una gran fiesta. Usted le puede llamar pachanga.

Como verá, la teoría, en realidad, es simple. Más simple que la de la maquinación orquestada durante dos mil años por miles de hombres a costa de sus vidas y a fuerza de defender una doctrina que los conmina a renunciar a sus deseos naturales y sacrificarse por el bien del prójimo. Es tan simple que a los astutos les parece sospechosa. Fue el mismo Jesús quien dijo: «Yo te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios e inteligentes y se las has revelado a la gente pequeña». Y aun así Dios a veces echa mano de los inteligentes de buena voluntad. Hombres de ciencia verdaderos se han maravillado al estudiar con profesionalismo el ayate de Juan Diego.

En cuanto a mantener a las masas en la ignorancia, evalúe el fruto de la educación impartida en nuestro país en escuelas de religiosos o religiosas y compárela con la aportada por las escuelas públicas, o los medios de comunicación, como en el que usted trabaja.

Y, oiga, tengo una enorme curiosidad: ¿Concretamente qué es lo que piensa usted que la Iglesia le está ocultando a la gente y que para su bien (de la gente) le debería revelar? O ¿qué les está contando que no les debería contar? Si usted me lo clarifica, yo le prometo analizarlo con la mejor disposición.

EL OBSERVADOR 366-6

  [SUMARIO] [SIGUIENTE] [INICIO]


¿Salvemos la Tierra o salvemos al hombre?
Por Fernando F. Funes / Mar del Plata, Argentina


El mundo, afortunadamente, se está haciendo conciente de que «conservar el planeta -como dijera Buckminster Filler en cierta ocasión refiriéndose a la nave espacial Tierra- presenta el gravísimo problema de no traer manual de instrucciones».

Buscamos el crecimiento. Pero se hace necesario tener en cuenta que todo crecimiento es limitado. Así, hablamos de la «conquista» de la naturaleza por el hombre, mientras dependemos para nuestro propio bienestar y hasta para nuestra sobrevivencia de los sistemas en los que la naturaleza no obedece nuestras reglas sino a las propias.

Nuestros científicos e ingenieros proceden basándose en la simplificación y en el aislacionismo, mientras que debieramos poner atención a la complejidad existente y tratar pacificamente de delimitar sus recursos. El deterioro de éstos es vertiginoso. La tecnología avanza superando niveles sociales, éticos y naturales con una velocidad que posterga a la de la toma de conciencia de la población. Y vale recordar aquí, más allá de fundamentaciones teológicas, que en medio y sobre la naturaleza está el hombre, razón de existencia del mismo mundo si queremos recordar la lectura del Génesis. El mundo fue hecho para el hombre, con el cargo de cuidarlo y participar en una cocreación responsable que englobe las cosas creadas.

Salvemos al hombre nos refiere a la infravaloración que, con respecto a la naturaleza, tiene hoy el ser humano en muchos aspectos. La misma lógica utilitarista con la que se ha tratado a la naturaleza es aplicada a las relaciones humanas.

La vida, desde su misma concepción, no es considerada en su verdadera entidad. Es objeto de manipulación aética y amoral. Tanto que muchísimas legislaciones avalan la muerte de personas por nacer como un acto voluntario y de disposición, fundado en un derecho. Desde el mes de abril la ley nacional holandesa acepta la eutanasia. Ése mismo bien de la vida es dañado cuando egoísmos sectoriales enrolan a países y sociedades en guerras y guerrillas interminables y desgarrantes, más allá de toda la racionalidad de sus excusas. No escapan a esa realidad los bloqueos que, siendo económicos, se convierten en penas de muerte para sociedades enteras dejando para los sobrevivientes una importante e irreparable secuela de daños físicos y psicológicos.

La falta de seguridad social (educación, salud, justicia...) convierte al hombre en mero sujero de encuestas. Así es posible saber qué porcentaje de niños muere antes de los cinco años, cuántos por carecer de alimentación o atención médica, qué porcentaje de ancianos muere por enfermedades endémicas y epidémicas, qué región del mundo sufre más, y cuál menos,etc. El hombre es, en definitiva, para esta lógica, números. Un sistema político dominante y mundializante, supeditado a lo económico, subvierte el orden natural de referente y referido, expulsando insensiblemente de la mesa de la vida a millones de personas que dejan de servir en el planteo de lo macroeconómico.

Entonces, me pregunto, ¿podemos decirles a nuestros hijos que cuiden la Tierra, que salven a las ballenas, a los osos, a los pingüinos y a los monos, si no salvamos al hombre, que es el bien más valioso? ¿No sonará a doble discurso ese mensaje a los oidos de los chicos y jóvenes?

Salvemos al hombre es como decir cuidemos a las personas, respetemos al ser que tiene dignidad por el solo hecho de serlo y que, más allá de su destino de trascendencia, merece ser salvado junto a todo lo que lo rodea.

EL OBSERVADOR 366-7

  [SUMARIO] [SIGUIENTE] [INICIO]


CRÍTICA DE MEDIOS DE COMUNICACIÓN

El fin de la cultura
Por Santiago Norte


Concluyó Gran Hermano. Viene Operación Triunfo y otras derivaciones. Quizá Gran Hermano, segunda parte. O tercera, cuarta y quinta. Siempre con alguna variación imperceptible, pero capaz de vender algo diferente a un público al borde de un ataque brutal de aburrimiento. La variación de lo superfluo; la estrategia de vender con diferente marca la misma cosa.

Hoy se ejerce el mobbing; es decir, la capacidad de hurtar la diferencia de los acontecimientos, las cosas, las personas. No se vende lo rugoso sino lo superfluo; no se gana rating asomándose la diferencia sino variando sobre la pulida pantalla de la igualdad.

La similitud es lo que cuenta. La triunfadora de Gran Hermano no fue, según se lee en las crónicas, según confiesan quienes siguieron este obsceno espectáculo de la abulia, la persona más diferenciada de las que habitaron la casa. Fue, justamente, la que mejor encajó el ideal de la indiferencia. Ganó porque supo matar su singularidad y someterse a la vejación constante de hacer y decir lo que un guión interno le dictó que debía hacer o decir.

Una suerte de campo de concentración es el que más de cien días ocupó las pantallas de millones de casas. Seres humanos confinados al escrutinio público, sometidos a perversas discusiones, a ominosas pruebas para llegar a la nada. Igual que los experimentos con judíos del «Ángel de la Muerte», en Dachau. Con la única diferencia que allá era la muerte la que esperaba al conejillo de Indias, mientras que acá, en esta obsesionante serie, era el cuarto de hora de celebridad anunciado por el mago de los sueños de la era del consumo: Andy Warhol.

¿Diversión? Subversión de lo divertido. No puede divertir a nadie una secuencia ilógica, que permanece estática en el tiempo, con la sombra de lo previsible, que aspira tan sólo a cumplir con lo esperado por un Big Eye aún más estúpido que sus actores.

¡Y ésta es la experiencia del éxito en el mercado de la televisión global! Un fantasma recorre al mundo del siglo XXl: el del Gran Ojo sin vista, sin mirada. El televidente cómplice pide no problematizar la programación. No quiere más drama que el de su cotidiano trajín ni más crisis que la suya. Pide que sean «los buenos» aquellos que no destacan, y «los malos» los que, por alguna causa oscura, tienen el horrible padecimiento de su diferencia. El televidente, como los niños flojos de la escuela, hace «bolita» contra lo que se sale de la media; aplica «ley del hielo» a quien desvía hacia los lados (hacia el 10 de calificación) lo que debe permanecer en torno al 6, a lo mediocre, al tono visual del vacío, si es que el vacío pudiese tener algún tono de variación del gris.

Hace mobbing; rodea la diferencia, le echa montón. Y cuela la estrategia hacia otros menesteres de la vida. Lo que come, lo que bebe, lo que le gusta, lo que entiende, lo que lee, lo que disfruta, muy poco tiene de elección personal. Constituido como lo está en una «democracia de consumidores», entiende que consumir lo de todos es estar en la cresta de la ola, afianzar el gusto, el estilo personal, la diferencia indiferente. Miedo a salirse del rebaño. Como los de Gran Hermano, llanto y temblor cuando eran elegidos para salir porque se portaron mal, porque fueron diferentes, porque no elevaron por la mañana la oración del mediocre: «Señor, sálvame del agujero insondable de ser yo el que actúe en función de mi libre subjetividad; enséñame el camino de la tribu, sus ídolos preciosos, la adoración de la imagen, pero, sobre todo, sálvame de parecerme a mí o de ver en mí lo que soy. Tú, Hacedor de la libertad, libérame de ese yugo de tener que elegir desde la moral y no desde el guión que me han propuesto para ser nada…»

El mobbing es también ninguneo, nadificación. Fin de la distinción. Por lo mismo, fin de la cultura.

EL OBSERVADOR 366-8

  [SUMARIO] [SIGUIENTE] [INICIO]


Los comics
Por María Velázquez Dorantes

Lo que un día dio inicio como la búsqueda del entretenimiento infantil, en el desarrollo de la imaginación llamado comic, hoy es el rostro misterioso del engaño, producido por las mentes morbosas a quienes sólo les interesa la repercusión monetaria.

La fama del comic llegó inesperadamente para todos aquellos niños que buscaban una forma de distracción donde la mente comenzaba a crear héroes imaginarios, sacados de otros planetas, que eran invencibles. Poco a poco la popularidad de la creación de historietas fue tomando auge dentro de la cultura y la propia mercadotecnia; día a día empezaron a surgir nuevos personajes que motivaban a los niños con esas historias.

La cultura del comic no era cien por ciento portadora de formación; su emblema manifestaba violencia, una violencia disfrazada por aquel superhéroe futurista. Pronto, dentro del desarrollo de las imágenes con cuadros de diálogos, acudió a los espacios humorísticos; así se busca la creación de personajes llenos de carisma, ejemplo de ello es la creación de personajes como Mafalda.

Personajes como Batman, El Hombre Araña y el Capitán Trueno estuvieron por largos años en la vida de un comic; pero todo cambia, las cosas llegan en un momento y un momento desaparecen; así sucedió con estos superhéroes. Primero arribaron a nuestro país personajes caricaturescos como Dragon Ball, Pokemón, Ranma y medio, quienes fueron adoptados por la pantalla chica de México, rápido llegaron a las casas y los niños se olvidaron de las historietas. Pero está cultura no se conformó con manifestar violencia en una pantalla, también buscó vender violencia escrita.

La mercadotecnia superó los límites. Lo que un principio era entretenimiento hoy es el morbo latente, caracterizado por la animación hentai, es decir, dibujos animados pornográficos con estética japonesa. Engañosos ante los ojos de un niño, ya que estos son colocados en el puesto de revistas en el lugar que ocupan los comics tradicionales. La modernidad de nuestra actualidad sólo busca vender sexo, no le importan a quienes; su interés principal es una ganancia económica.

EL OBSERVADOR 366-9

  [SUMARIO] [SIGUIENTE] [INICIO]


CULTURA CATOLICA

El hombre clave del Siglo de Oro
Por Jaime Septién Crespo


San Juan de la Cruz atraviesa, junto con santa Teresa de Ávila y fray Luis de Granada, el llamado Siglo de Oro (siglo XVI) español. Nunca la literatura y la mística encontraron mayor punto de fusión. Nunca el alma se arrobó con tan buena métrica en el cielo de la contemplación de la Cruz; nunca la letra se encandiló tan dulcemente en la paz de Cristo.

San Juan de la Cruz, reformador del Carmelo, fraile descalzo, insigne poeta, maravilloso prosista, fue, ante todo, un hombre de una fe muy recia. Tentado mil veces por el diablo (o por los «diablillos», como él los calificaba), fundó monasterios y escribió obras que van a perdurar el tiempo que perdure la lengua castellana. Y el fervor religioso.

Ahora, el escritor español José Luis Olaizola (San Sebastián, 1927) nos regala una novela de su vida. Magnífica novela. Tiene los elementos indispensables para pasar por el rigor de la historia y, al mismo tiempo, las claves de imaginación poética, de construcción de personajes y situaciones, suficientes como para cumplir con las reglas de la novela misma. Fiel al género de las novelas históricas, Los amores de san Juan de la Cruz, de José Luis Olaizola, nos integra época, paisaje y paisanaje. No sólo conocemos al divino santo, sino asistimos a la increíble historia de amor de sus padres (Gonzalo de Yepes y Catalina Álvarez), a la conversión de un personaje que será fundamental en la vida de fray Juan, un negro, esclavo, que termina siendo secretario de la corte de Carlos V (Eusebio Latino) y a la vida de los tejedores del siglo XVI.

Paseamos por los riachuelos y la nieve de Medina del Campo, Fontiveros o Ávila. Y conocemos cómo vivían los nobles, las monjas, los frailes de clausura en plena época de la Santa Inquisición, con sus luces y sus sombras, con el trasfondo histórico (apasionante) de la guerra fratricida entre los descalzos y los calzados, de la que san Juan de la Cruz fue una víctima brutal.

En fin, un hermoso ejemplo de literatura, buena literatura católica. Ideal para quienes buscan una novela que haga entrañable un santo, como lo fue Juan de Yepes y Álvarez (en el siglo), san Juan de la Cruz (en la eternidad).

OLAIZOLA, José Luis. Los amores de san Juan de la Cruz. Ediciones Martínez Roca. España, 1999. 1ª edición. 253 páginas. Precio $170.00. De venta «En un lugar de la Mancha» y librerías de prestigio.



El demonio y san Juan de la Cruz

Pasó a un locutorio fray Juan, en compañía del lego, y allí les estaba esperando María de Olivares, joven de veinte años, muy agraciada, con un aire humilde y desprendido, como si se moviera en otro mundo y accediera a bajar a éste sólo cuando era requerida por los superiores.

Fray Juan comenzó a hablarle, con el sosiego con el que se servía para tratar con las almas, haciéndole preguntas sobre las Sagradas Escrituras y a todas respondía puntualmente la joven, sin marrar en nada. A sus respuestas hacía fray Juan consideraciones piadosas y la monja a todo asentía, o añadía otras consideraciones no menos oportunas. Llevarían en este juego cosa de una hora cuando fray Juan le dijo:

- Ahora, hija, vamos a considerar lo principal de nuestra fe. Tradúzcame su gracia esta frase del evangelio de san Juan: Verbum caro factum est et habitavit in nobis.
- El Hijo de Dios se hizo carne y vivió con vosotros -tradujo la monja sin una vacilación.
- ¿Cómo «con vosotros»? -saltó fray Juan-. El apóstol dice «con nosotros».
- ¡Se hizo hombre para vivir con vosotros, no con nosotros! -clamaron los demonios que poseían a aquella desventurada criatura.
Contó el hermano lego que él sintió un escalofrío a lo largo de todo su cuerpo ante semejante respuesta, y que no pudo evitar hacer la señal de la cruz, y ganas le dieron de salir corriendo. Por el contrario fray Juan se quedó más sosegado todavía, y prodigó palabras de consuelo a aquella mujer, diciéndole que en ella estaba el convertir el «vosotros» en «nosotros», y que él estaba allí para ayudarla.
Cuando salió del locutorio dijo al Padre general y a otros prelados que le acompañaban, con gran decisión:
- Señores, esta monja está endemoniada.

Fuente: Los amores de san Juan de la Cruz



Diez escritos breves de una grande voz

Verdaderamente aquel tiene vencidas todas las cosas que ni el gusto de ellas le mueve a gozo ni el desabrimiento le causa tristeza.

Si quieres venir al santo recogimiento, no has de venir admitiendo sino negando.

Yéndome yo, Dios mío, por doquiera contigo, por doquiera me irá como yo quiero para ti.

No podrá llegar a la perfección el que no procura satisfacerse con nonada, de manera que la concupiscencia natural y espiritual estén contentas en vacío; que para llegar a la suma tranquilidad y paz de espíritu esto se requiere; y de esta manera el amor de Dios en el alma pura y sencilla casi frecuentemente está en acto.

Mira que, pues Dios es inaccesible, no repares en cuanto tus potencias pueden comprehender y tu sentido sentir, porque no te satisfagas con menos y pierda tu alma la ligereza conveniente para ir a él.
Como el que tira el carro la cuesta arriba, así camina para Dios el alma que no sacude el cuidado y apaga el apetito.

No es de voluntad de dios que el alma se turbe de nada ni que padezca trabajos; que si los padece en los adversos casos del mundo es por flaqueza de su virtud, porque el alma del perfecto se goza en lo que se pena la imperfecta.

El camino de la vida de muy poco bullicio y negociación es, y más requiere mortificación de la voluntad que mucho saber; el que tomare de las cosas y gustos lo menos, andará más por él.

No pienses que el agradar a Dios está tanto en obrar mucho como en obrarlo con buena voluntad, sin propiedad y respectos.

A la tarde te examinarán en el amor; aprende a amar como Dios quiere ser amado y deja tu condición.


El alma «segura»
Por fray Juan de la Cruz

Otra causa también porque en estas tinieblas ha ido el alma segura es porque iba padeciendo; porque el camino de padecer es más seguro y aun más provechoso que el de gozar y hacer: lo uno, porque en el padecer se le añaden fuerzas de Dios, y en el hacer y gozar ejercita el alma sus flaquezas e imperfecciones; y lo otro, porque en el padecer se van ejercitando y ganando las virtudes y purificando el alma y haciendo más sabia y cauta.

EL OBSERVADOR 366-10

  [SUMARIO] [SIGUIENTE] [INICIO]


INTIMIDADES -LOS JÓVENES NOS CUENTAN-

Quiero a mi amigo de otro modo
Por Yusi Cervantes Leyzaola


PREGUNTA:
Quisiera ver si me podrías ayudar en un problema. Se trata de mis sentimientos, ya que no sé descifrar lo que siento por un amigo: cuando estoy con él me siento súper bien, quisiera que no se acabara ese día para estar con él; platicamos súper padre y nos llevamos muy bien, ya que tenemos seis años de conocernos.

Mi problema es que no sé qué es lo que siento por él. Lo quiero mucho y me duele pensar en la idea de perderlo algún día. Esto es porque él se va a casar; ya van dos veces que se ha querido casar, pero por algunas razones no lo hace y termina arrepintiéndose de casarse. Él me cuenta que sí la quiere, pero no sé qué hacer. En los días en que se iba a casar yo le pedí a Dios que, si ella es para él, pues que se casaran y fueran muy felices; pero que si no, pues que no lo dejara cometer el error de casarse. Fue entonces cuando mi amigo me dijo que se había suspendido la boda.

Ayer que salí con él me puse a pensar qué es lo que siento por él, pero no lo sé. Apenas ayer acepté que lo quiero, lo quiero muchísimo; daría cualquier cosa porque él fuera feliz. Entre nosotros nunca ha pasado nada, sólo cuando estábamos en la escuela se oían rumores de que él y yo andábamos, pero no era así. Él también me ha dicho que me quiere mucho y me estima. No sé qué hacer, sí decirle lo que siento por él o quedarme callada, como hasta ahora he hecho. Nunca lo había querido aceptar. La verdad, me daba miedo lo que él me fuera a decir, pero no aguanto más: cuando lo veo quisiera abrazarlo, besarlo, pero no puedo...

RESPUESTA:
Algo importantísimo que está ahí en juego es la amistad. Que tú le hables de tus sentimientos, si él no los corresponde, podría crear situaciones incómodas que terminen con la relación que ahora tienen. Aunque no necesariamente: hay amigos que sí han superado verdades como esa. Sin embargo, y pese a ese riesgo, creo que lo mejor es poner las cartas sobre la mesa. Sobre todo por que él tampoco parece muy seguro de sus sentimientos. Si estuvieras completamente segura de que con su novia ha encontrado a su pareja, si lo vieras feliz con ella, si no hubiera esos titubeos de me caso, no me caso, entonces discretamente guardarías tus sentimientos, no tendría caso manifestarlos. Pero, ante lo que has visto, vale la pena hablar con él.

Podrían ocurrir muchas cosas. Tal vez al oírte él reafirme sus sentimientos hacia su novia. O tal vez se cuestione qué está pasando en sus sentimientos. Existe la posibilidad de que él también sienta por ti algo distinto a lo que ha manifestado, pero que no se haya atrevido a manifestarlo por razones parecidas a las tuyas. No ha recibido señales que le hagan pensar que entre ustedes podría haber algo más que la amistad. O si verdaderamente no hay algo más, tal vez prefiera no frecuentarte más. O seguir como hasta ahora... Imposible saber lo que va a ocurrir. Pero, creo yo, no debes quedarte callada. Tienes que darle y darte a ti misma esta oportunidad.

Él tendría que analizar la relación con su novia. ¿Le falta con ella ese nivel de comunicación y comprensión que encuentra contigo? Si es así, le está faltando algo esencial en su relación de pareja. ¿Por qué hacen planes y se arrepienten de casarse? Esto, por supuesto, es algo que él tiene que resolver, no tú. Y piensa muy bien si ayudarle o no con estas preguntas sobre su relación, porque podría parecer que quieres que termine con la novia por ti, y no es así. Tú deseas su felicidad, y si casarse con esa novia es parte de su felicidad, tú lo aceptas. Eso está claro.

Habla con tu amigo con el corazón en la mano. Sin pedir nada, sin esperar nada, simplemente con tu verdad. O con tus dudas, si eso es lo que tienes. No te aseguro que las cosas van a salir como deseas, pero sí como deben ser, como quiera que esto sea. Y tú puedes aceptar las consecuencias. Lo que no me gustaría, y tal vez a ti tampoco, es que dentro de un tiempo, digamos dentro de 20 años, veas para atrás y te lamentes por no haber tenido el valor de haber hablado.

La psicóloga Yusi Cervantes Leyzaola responderá las preguntas que se le envíen a la dirección de El Observador; Reforma 48, apdo. 49, Santiago de Querétaro, Qro. C.P. 76000; o que se le hagan al teléfono 228-02-16. Citas al 215-67-68 Correo electrónico: cervleyza@msn.com

EL OBSERVADOR 366-11

  [SUMARIO] [INICIO]


PINCELADAS

Los técnicos de Houston
Por Justo López Melús


La etimología de comunión, mejor que «común unión», sería «con munus» («tarea llevada con», «tarea común»). Convivir es más que coexistir. Pero no basta la convivencia. Lo que une y solidariza es un ideal compartido y verificado, una tarea común. No nos unimos para estar juntos, sino para hacer algo juntos. Todos los carismas puestos en común, para un mejor entendimiento.

El éxito llega con la colaboración de todos. Los verdaderos artífices de la gran hazaña que supone poner los pies en la luna no fueron primordialmente Armstrong, Aldrin y Collins, sino los 500 técnicos que se quedaron en Houston. No son más fecundos los que brillan más, sino los que arriman el hombro y se dejan pudrir si hace falta.

EL OBSERVADOR 366-12

[SUMARIO] [INICIO]

FIN

Estadísticas de visitas
 

 
De acuerdo con las normas internacionales de Propiedad Intelectual y Derechos de Autor, podrá reproducir parcial o totalmente la información, pero siempre citando nuestra fuente. La reproducción de los artículos y/o noticias firmados con Zenit.org-El Observador requieren permiso expreso de zenit.org
La publicación de algún artículo no implica compromiso. Los artículos firmados son responsabilidad del autor.
Los artículos publicados en esta Web son una selección de la edición impresa.
D.R. Clip Art de Querétaro, S. de R.L. de C.V. 1995-2006