El Observador de la Actualidad

EL OBSERVADOR DE LA ACTUALIDAD
Periodismo católico para la familia de hoy
21 de julio de 2002 No.367

SUMARIO

bulletCARTAS DEL DIRECTOR - En defensa del Papa
bulletEl indigenismo subraya nuestra riqueza, que es la diversidad: CEM
bulletCORRESPONDENCIA - Los lectores hablan
bulletDOCUMENTOS - El fenómeno del satanismo
bulletLa lección de Argentina
bulletLAS HISTORIAS DE MÉXICO - "... Nuevo mundo halló Colón"
bulletLAS HISTORIAS DE MÉXICO - ¿Vino alguien antes de Colón?
bulletJuan Pablo II, desafío
bulletCONTEXTO ECLESIAL - El problema indígena paraliza las energías y la esperanza en un futuro mejor
bulletCRÍTICA DE MEDIOS DE COMUNICACIÓN - La generalización
bulletORIENTACIÓN FAMILIAR - Enferma de celos
bulletPINCELADAS - El filósofo y su hija

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CARTAS DEL DIRECTOR

En defensa del Papa
Por Jaime Septién Crespo


«Con paciencia, dulzura y una imperturbable tenacidad, el Papa se esfuerza por hacernos volver a lo esencial y por ensamblar los pedazos de nuestra partitura cristiana, despedazada por unos instrumentistas en estado de ebriedad metafísica», escribió André Frossard en un librito maravilloso que llamó como yo he llamado esta carta: En defensa del Papa (Juan Pablo ll).¿Necesita el Papa ser defendido? Ante Dios, no; ante los hombres sí, y mucho. Más ante los católicos, que en México confesamos ser 88% del total de mayores de cinco años de edad.

Ahora que lo tendremos por quinta ocasión entre nosotros, vale la pena reflexionar en la distancia que hemos puesto entre su mensaje y nuestra forma de vivir; entre su propuesta de encarnar el cristianismo hoy y nuestra propuesta de evadir al cristianismo hoy.

Lo esencial, que dice Frossard, de nuestra partitura cristiana (convertida en pedacería por la soberbia intelectual de muchos que nos sentimos más que Dios) es la evidencia de una Presencia, de una Persona, de Dios entre nosotros. Lo esencial es la Presencia hoy de Cristo. Y la obediencia al Evangelio que esa Presencia nos impone.

No es fácil, nunca es fácil, obedecer una mensaje que «nos compromete». Pero es el mensaje que salva. Su Santidad Juan Pablo ll, paciente, dulce, tenaz, no ha dejado un momento de su largo y fértil pontificado de hablarnos sobre «la presencia real de la verdad» (Frossard). 

Una verdad subordinada a la libertad.  Adherirnos a ella es volvernos absolutamente libres.  Mas esa verdad, la verdad de Cristo, no es la que quiere vivir el mundo.  El mundo quiere (yo quiero) verdades pasajeras, subjetivas, afincadas en mis deseos, en mis placeres, en mis desmedidas lujurias.  Nada que se oponga a mis dioses del Placer, el Poder y el Dinero.

Quisiéramos un Papa acomodaticio, uno que se apegue a nuestra necesidad de salvarnos y de pasarla bien; a nuestro doble discurso de ganar el cielo y el mundo. Quisiéramos no un Papa sino un jefe venal de una iglesita igualmente venal; una Iglesia, como dice Frossard, «a imagen de las sociedades civiles, en la que el poder sería ejercido por una dirección colegial, bajo el control parlamentario de buenos cristianos, sentados en asamblea permanente en cada diócesis que deliberarían sobre la Ascención, revisarían Pentecostés en comisión y acomodarían el Credo cada día, al gusto del día».

El Papa nos alienta a vivir un cristianismo robusto, viril, sin tregua. Pero, ay, nosotros lo queremos famélico, flácido, flaco.  Lo queremos como a una novia, a un novio de ocasión, para llevarla bien, para «hacerla» en el mundo; para «lucirlo» en fiestas, bautizos, bodas o funerales.  Somos los de la «escuela abandonista», los que dejamos a Jesús rezar solitario en el Huerto, mientras dormimos «la cruda» a pierna suelta.

Católicos así, mejor abstenerse.  El Señor nos vomita.

EL OBSERVADOR 367-1

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El indigenismo subraya nuestra riqueza, que es la diversidad: CEM

En la línea del pensamiento social de los grandes defensores y encauzadores de los aborígenes de la Nueva España (Julián Garcés, Bartolomé de las Casas y Vasco de Quiroga, señaladamente), los obispos mexicanos de hoy, agrupados en la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM), emitieron el 3 de este julio el mensaje «Y tú, tú eres mi embajador, en ti pongo toda mi confianza», encabezado que procede textualmente del relato Nican mopohua. Se trata de todo un pronunciamiento motivado por la inminente 5a. visita pastoral a México del papa Juan Pablo II para la canonización del beato Juan Diego Cuauhtlatoatzin, el 31 del presente mes, y la beatificación, el 1 de agosto, de Juan Bautista y Jacinto de los Angeles, mártires oaxaqueños, indígenas los tres. Dicen nuestros pastores:

«Es grato celebrar la canonización y beatificación de los hermanos indígenas, porque sabemos que el reconocimiento de sus personas conlleva el reconocimiento de los indígenas como pueblos. La inculturación del Evangelio pone de relieve la riqueza de cada cultura, de cada pueblo, en donde vemos clara la acción del Espíritu de Dios que actúa siempre y en todo lugar.- Como parte de la Iglesia que somos, mucho deseamos que este reconocimiento lo sea también al proceso en que los indígenas han emergido como sujetos de su historia, pues aunque los pueblos indios son antiguos en su existencia, son nuevos por su emergencia. Con Juan Pablo II afirmamos que los indígenas, 'al defender su dignidad, no sólo ejercen un derecho, sino que cumplen también el deber de transmitir su cultura a las generaciones venideras'».

Retomar los orígenes y las raíces indias de nuestro pueblo.- El mensaje es una acendrada manifestación de alegría ante el acontecimiento eclesial de la canonización y beatificación de referencia, «toda vez que su reconocimiento por la Iglesia universal significa que ellos son un ejemplo que nos puede ayudar a retomar los orígenes y las raíces indias de nuestro pueblo. Con su experiencia todos nos podemos identificar y, si vivimos como ellos, embajadores de Dios y de la Virgen, solidarios con los débiles, podemos llegar a Cristo y a Dios».

Juan Diego, nombrado representante personal de María.- «El hecho guadalupano -añaden los prelados- es, para todos los mexicanos, un horizonte para nuestra cultura y nuestra identidad como pueblo. Pero debemos reconocer que para los pueblos indios reviste una importancia especial, pues en el mensaje de Nuestra Señora Santa María de Guadalupe el indio es el protagonista, ella le pide que 'hable en su nombre', le dice que es su 'embajador muy digno de confianza'».

¿No hay salvación fuera del libre mercado?- Preocupa a nuestros guías religiosos que hay una «creciente exclusión de muchos hermanos y hermanas empobrecidos, entre ellos los indígenas; se va imponiendo la idea de que 'fuera del libre mercado no hay salvación'. Las fuerzas que están modificando la relación de derechos-deberes a nivel internacional son los tratados comerciales y de inversión, que otorgan amplios derechos a los inversionistas extranjeros sin tener, en cambio, iguales deberes con los países destinatarios de las inversiones».

La Iglesia, comprometida con los indígenas.- En el punto medular de su documento, la CEM enfatiza: «queremos reafirmar nuestro compromiso con los indígenas: '¿Cómo podría olvidar [la Iglesia] los enormes sufrimientos infligidos a los pobladores de este continente durante la época de la conquista y la colonización?' [Juan Pablo II, «Mensaje a los amerindios»] ¿Cómo olvidarlos ahora?... No es posible seguir viviendo en un México dividido por el racismo y la discriminación; los pueblos indios merecen con justicia un reconocimiento a sus culturas, a su modo de ser y a su autonomía».

Tampoco es cosa de cerrarse a la evolución.- Nada de lo dicho impide, como lo afirman los mitrados, «mejorar la manera como promovemos a las comunidades y a las culturas indígenas en el contexto de nuestra nación, para que, sin mermar la legítima autonomía que poseen se logre una adecuada y respetuosa integración de su aportes y riquezas particulares, a través de los cambios jurídicos necesarios para tal efecto... Tan peligroso es para las comunidades indígenas abrirse indiscriminadamente a procesos que destruyen su aporte específico, como cerrarse a la posibilidad de una eventual evolución que responda, entre otras cosas, al mundo que las rodea».

«Hoy —cierran los emisores del mensaje— las rosas que María nos manda cortar son los esfuerzos de los pueblos que se organizan para conseguir el pan a base de tenacidad, cuando los programas de asistencia social no llegan a ser satisfactorios», esas rosas «son aquellas que representan la hermandad, que eliminan los privilegios de unos cuantos y nos hacen un solo pueblo mexicano, respetando al mismo tiempo la diferencia de cada pueblo, porque ésa es nuestra riqueza: la diversidad».

EL OBSERVADOR 367-2

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CORRESPONDENCIA

Los lectores hablan


De Argentina para México
Carísimos amigos: desde mi Argentina doliente y querida, un gran abrazo y muchas felicitaciones.
Luis Antonio Ferrero.

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Mantengan la calidad que los distingue

Quiero felicitar ampliamente al periódico El Observador, y al equipo de trabajo que lo conforma, por la gran calidad de sus artículos. Es grato saber que lo que plasman en sus notas es de gran ayuda a todos sus lectores.

En lo personal la lectura de su periódico me ha servido para adquirir una cultura lectora más formativa, puesto que a través de sus apartados de comunicación, debate, comunión, temas de hoy, de testimonio, de notas internacionales, etc., se ha ampliado mi conocimiento y me ha acercado más a la Palabra de Dios; me ha motivado a estar al tanto de las cuestiones religiosas que nos acontecen actualmente.

Reconozco que el apartado que se dedica a la orientación familiar es muy bueno e importante hoy en día, por las situaciones familiares que se viven, ya que nuestra sociedad está necesitada de ayuda, y con los temas que manejan se está creando una educación hacia la familia, tanto en los padres de familia y los hijos, como en los demás miembros de la familia. Con las sugerencias que manejan se está ayudando a la mejora de la persona, de quienes integran una familia, y para la mejora de la sociedad en y desde las familias; fundamentalmente se está cumpliendo con una ayuda, una labor educativa, con la publicación de sus artículos.

Por lo que los exhorto a que continúen publicando este asesoramiento a las personas y a las familias en bien de nuestra sociedad, y a que sus contenidos mantengan esa calidad que los distingue.

Lic. Patricia Ramírez Martínez.

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Claridad, valentía y calor

Respetable señor Jaime Septién:

No tengo el honor y el gusto de conocerlo personalmente, sólo a través de sus editoriales y artículos, que publica en nuestro diario «El Observador».

Pero hace ya tiempo que tengo unas ganas enormes de escribir para manifestarle mi admiración por la claridad, valentía y calor de sus escritos; me entusiasman de verdad y no quiero postergar más la manifestación de mis sentimientos personales. Van, pues, con éstos, aparte de un agradecimiento sincero por el bien que hace —no sólo a nuestra amada Iglesia local sino, por extensión, a toda la Iglesia de Jesucristo—, el deseo de expresarle una sincera exhortación para que continúe en su hermosa misión apostólica.

Gracias, señor Septién, por afianzar más y más en el amor a la verdad, a la entrega y a la Iglesia, y gracias también a sus eficaces colaboradores.

Michele Serret, feligresa de la parroquia de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro.

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Séptimo aniversario

Me permito felicitar a todo el equipo que colabora para que muchas familias católicas reciban El Observador, en su séptimo aniversario, y para darles las gracias por mantenernos bien informados sobre lo que acontece a nuestro alrededor, ya que no todos los periódicos nos ofrecen esto.

Pbro. Tomás Ramírez Félix.
Parroquia de Jesucristo Sumo y Eterno Sacerdote.

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Bien, la nueva página de historia de México

Muchas felicidades al equipo de producción de este insigne periódico en su aniversario. Y todavía más felicidades por el inicio de la columna sobre la verdadera historia de México. Hace tiempo que los lectores estábamos esperando con grandes deseos esta información. Mis calurosos y sinceros agradecimientos al periódico, que lo promovió, y al escritor DGB (¿García Bayardo?).

Para muestra basta un botón. La presentación y el primer capítulo son claros, valientes, decididos y enormemente enriquecedores en cuanto a datos históricos. Siento que esta columna puede marcar un parteaguas en la historiografía y el periodismo en México.
Walter Turnbull.

EL OBSERVADOR 367-3

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DOCUMENTOS

El fenómeno del satanismo
Extracto de una carta pastoral de la Conferencia Episcopal de la República Dominicana


Es curiosos que a finales del siglo XX se haya producido este fenómeno, cuando a los comienzos del mismo siglo el problema era la duda o la negación de la existencia del demonio y la afirmación de que los planteamientos de Jesucristo sobre él no era otra cosa que reminiscencias del Antiguo Testamento, influenciado por el medio pagano circundante; y que, aun admitida su existencia, tal realidad no pertenecía al núcleo central del Evangelio y que, por lo tanto, no comprometía nuestra fe y podía ser dejada a un lado.

Defendían de buena fe que la idea de Satanás haría perder crédito a nuestra predicación y debilitaría nuestras enseñanzas acerca de Dios, que era lo importante.

Mas aún, no pocos proclamaban a todos los vientos que los nombres de Satanás, diablo y demonio no eran otra cosa que personificaciones míticas y funcionales del mal y del pecado sobre la humanidad.

Las cosas llegaron a tal extremo que la Iglesia oficialmente tuvo que exponer con claridad su genuina doctrina sobre el tema, y así la Congregación para la Doctrina de la Fe publicó el 26 de junio de 1975 un documento con el título Fe cristiana y demonología.

Increíble pero real

Resulta sorpresivo que de repente surja, con fuerza creciente, el hecho de personas, grupos y movimientos que, aislada u organizadamente, practiquen algún tipo de culto al que en la Biblia es llamado demonio, diablo y Satanás.

El satanismo es algo complejo. Bajo ese nombre se incluyen diversas formas de someterse al diablo, a Satanás; diversos modos de concebirlo, diversos ritos y ceremonias para expresar su sujeción o para ganar su favor y benevolencia, y diversas razones o motivaciones para actuar así.

Diversas formas de someterse al diablo

Hay quienes lo hacen en privado, de modo particular, aunque esporádicamente participen en actos de grupos llamados satánicos, y los hay que lo hacen a través de la integración a un grupo o secta satánica.

Existen grupos o sectas relacionadas entre sí y autónomas. Las hay públicas y clandestinas, de corta y larga duración. Casi todas se dividen y subdividen.

Diversas concepciones sobre Satanás en los que le rinden culto

Muchos defienden que Satanás es un ser real, príncipe de las tinieblas, al que es posible dirigirse para obtener favores y al que hay que adorar, venerar e invocar. No faltan quienes lo identifican con el «mal», con una especie de fuerza vital e impersonal, objeto de culto, para dominarla. Hay otros que creen que se trata de un ser más o menos simbólico del mal, adversario de Dios y de la Iglesia, que nos puede liberar de los condicionamientos religiosos, morales y culturales.

Diversos ritos

Los ritos son el aspecto más repugnante y sórdido, más perverso, destructivo de la personalidad y significativo del satanismo. Básicamente consisten en actos de reconocimiento, adoración, veneración e invocación para lograr determinados fines. Estos fines son variadísimos: liberarse de toda atadura religiosa, moral y cultural; mostrar su oposición y aun odio a la religión en general y en concreto contra el cristianismo, el Evangelio, la Iglesia y la liturgia; adquirir poderes especiales imposibles de conseguir por medios naturales; lograr toda clase de ventajas materiales; hacer daños profundos a personas o grupos enemigos; liberarse de miedos y tabúes irreprimibles; satisfacer ciertas desviaciones sexuales, etc.

Entre los ritos empleados para conseguir todos estos fines hay que explicitar, con horror, profanaciones de cementerios y cadáveres; violaciones de vírgenes y de menores; sacrificios de seres humanos y de animales; orgías sexuales con recurso a drogas; uso de Hostias consagradas para diversas prácticas, y las conocidas «misas negras», profanación y burla del santo sacrifico de la Misa.

Diversas motivaciones para actuar así

Es natural que muchos se pregunten qué es lo que ha podido inducir a la gente a practicar el satanismo. Empecemos diciendo que hay inclinaciones, tendencias anormales, creencias y actividades que predisponen e incitan al satanismo. Ejemplo: deseo de experimentar nuevas vías de conocimiento y poder; frecuentar ambientes esotéricos u ocultistas hasta habituarse a ellos; participación en reuniones espiritistas, y tendencia a recurrir a la magia y a la brujería.

La tentación del satanismo es una prolongación de la actitud de los ángeles caídos y de los primeros padres: hacerse Dios, subordinando a su propia voluntad la voluntad de Dios.

Dos posiciones peligrosas

La primera es subestimar el satanismo: negar su difusión, su importancia y relevancia; y, sobre todo, creer ingenuamente que nadie de sus allegados pueda estar metido en ese mundo.

La segunda es la de sobrevalorar el fenómeno, creyéndolo excesivamente difundido, viendo satanismo en todo y considerando, por ejemplo, «grupo satánico» a toda asociación dedicada al robo, al crimen o a cualquier forma de maldad.

Doctrina de la Iglesia

Detrás del pecado de nuestros primeros padres está la voz seductora de un ser opuesto a Dios (cfr. Gn 3, 1.5) que, por envidia, los hace caer en la muerte (cfr. Sb 2, 24).

La Escritura y la Tradición de la Iglesia ven en este ser un ángel caído, llamado satán o diablo (cfr. Jn 8, 44; Ap 12,9). La Iglesia enseña que «el diablo y los otros demonios fueron creados por Dios con una naturaleza buena, pero ellos se hicieron a sí mismos malos» (IV concilio de Letrán, año 1215).

La Escritura atestigua la influencia nefasta de aquel a quien Jesús llama «homicida desde el principio» (Jn 8, 44) y que incluso trató de apartarlo a Él mismo de la misión recibida del Padre (cfr. Mt 4, 1-11). Su poder, sin embargo, no es absoluto. El demonio no es más que una criatura, poderosa por ser espíritu, pero siempre criatura. Aunque pueda causar grandes daños al ser humano y a la sociedad, siempre puede ser vencido por Cristo.

La posesión diabólica

Existen diversas formas de influjo del demonio sobre una persona: la simple tentación, la perturbación y la posesión. La más grave y directamente relacionada con el demonio es la tercera. Consiste en que el demonio se adueña de un individuo por unas fuerzas que limitan y hasta suprimen el control de las funciones psíquicas y aun físicas, pero sin cambiar el núcleo profundo de la personalidad. Es evidente que existen fenómenos similares a los de la posesión que son síntomas específicos de enfermedades concretas. Hay que distinguir claramente la posesión diabólica de tales síntomas como criterio de posesión diabólica. Tal criterio es la actitud del poseso diabólico ante lo santo y las cosas sagradas.

EL OBSERVADOR 367-4

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La lección de Argentina

El problema de Argentina son los argentinos. Suena un poco fuerte la expresión, pero ésa es la verdad. El hambre y la violencia que están sufriendo los hermanos de ese país latinoamericano es fruto de su propio comportamiento. Porque Argentina no es Biafra ni Etiopía, desérticas y pobres, sino tierra pródiga y fértil, un verdadero granero de la humanidad.

Se dan cifras de 15 millones de argentinos sumidos en la pobreza, y, de éstos, la mitad con hambre todos los días. Ése número ya existía antes de la crisis actual, aunque no había estallado la violencia. Los pobres estaban allí, como lo están los cuarenta millones de pobres en México, pero nadie les hacía caso, y los ricos se paseaban por Europa y por Miami gastando a placer, sin tener en cuenta a sus hermanos. Por Argentina pasó la bota militar como por México el despotismo, que eliminó a todo opositor y asesinó, allá, al obispo Angelelli y, aquí, al cardenal Posadas.

La alusión del secretario de Hacienda a un posible parecido de la situación de México con la que vive Argentina desató una tormenta nacional. Hasta el peso se devaluó. ¿Qué significa eso? Significa que la conciencia nacional está dañada y el tejido social en descomposición y que, si no remediamos la situación de fondo: la injusticia, la impunidad, la inequidad y la falta de solidaridad, tarde o temprano llegaremos a una situación parecida. Nos asustó el espejo.

+ Mario De Gasperin Gasperin,
obispo de Querétaro.

EL OBSERVADOR 367-5

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LAS HISTORIAS DE MÉXICO

"... Nuevo mundo halló Colón"


No podemos hablar de la conquista de México sin hacer antes un alto en el acontecimiento humano más importante en la historia del mundo: el descubrimiento de América. Que dicho sea de un modo más comprehensivo, fue realmente el descubrimiento mutuo de las dos mitades de este curioso planeta.

Cristóbal Colón fue el tenaz navegante que, imponiendo su parecer sobre todos, incluyendo a sus propios marineros, logró llegar a tierras mucho más lejanas de lo que las autoridades afirmaban con soltura.

No debe ponerse en duda que el primer viaje de Colón fue uno de los avances científicos más importantes de la historia. Nosotros, que quizá hemos visto la llegada del hombre a la Luna o el paso de las sondas espaciales por los más remotos planetas de nuestro Sistema Solar, debemos reconocer que la hazaña de don Cristóbal fue muy semejante e incluso superior, porque la mayoría de los humanos no sacamos nada con que Armstrong y demás astronautas lleguen a la Luna, pero todos hemos podido llegar al conocimiento pleno de nuestro planeta gracias a aquel navegante que, en nombre de Dios y de España, nos puso en condiciones de saber el tamaño y la forma de la Tierra que habitamos.

No sabemos de dónde provenía Colón. Es tradición asignarle Génova como cuna, pero las evidencias a favor de esta suposición son tan débiles como las que se pueden esgrimir a favor de cualquier otra ciudad o país. Mejor, porque así, es de todos. Lo que no se puede cuestionar, aunque la historiografía anglosajona trate de ocultarlo u olvidarlo, es que todo el mérito del descubrimiento, en términos nacionales, es para España. Aunque el norte trate de cambiar Hispanoamérica por Latinoamérica en su discurso italianizante, antihispano y anticatólico, fue España la que de dos mundos hizo uno.

Este descubrimiento mutuo de los dos hemisferios fue tan crucial para ambos que derrumbó todas sus estructuras mentales y los lanzó, sin la posibilidad de la negación, a la formidable tarea de repensar al mundo entero y hasta a la existencia misma, sacudida por ese otro surgido de la nada, casi incomprensible, radicalmente distinto. El Viejo Mundo hizo el movimiento descubridor, con su avanzada tecnología, pero la América se mostró tan luciente que fue quizá el hombre europeo el más sorprendido de los dos. ¿Quién descubre a quién? ¿El vigía español que divisa Guanahaní en la distancia? ¿Los guerreros mayas cuando vieron por primera vez la caballería española embistiéndolos de frente? ¿O cada quién a sí mismo, reflejado en el espejo del otro?

Ojalá el México de la ignorancia oficialista disfrazada de historia, el de: "nos conquistaron", como si hubiésemos estado ahí, el que quiere sentirse indio puro, mas se niega a ver siquiera al indio real que pide limosna en las esquinas, ese México que quisiera cortarse la mitad Ibérica del cuerpo y del alma y no acaba de darse cuenta de que no puede (amputación imposible y, además, estúpida), ojalá, digo, despierte de esa ignorancia y al fin reconozca el heroísmo del hombre que, a costa de hacienda, salud, honra y vida, mal pagado al final, como suele pasar con los que de veras arriesgan la piel, nos dio un planeta entero para vivir (D.G.B.).

EL OBSERVADOR 367-6

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¿Vino alguien antes de Colón?
Por Diego García Bayardo

Uno de los más persistentes puntos de controversia en torno al descubrimiento de América es la interrogante de quién fue el primer viajero que logró pasar de Europa al Nuevo Mundo. Sabemos que Cristobal Colón es el descubridor indiscutible de estas tierras, si consideramos que nadie antes que él volvió para hacer pública demostración de su hallazgo; incluso, si hubo alguien antes que viajara para acá, sería más un encubridor que un descubridor, ya que se llevó el secreto de su viaje a la tumba; no lo difundió ante sus semejantes ni benefició a la humanidad de forma alguna con su conocimiento de un nuevo continente.

Es un hecho entonces que Colón des-cubrió un Nuevo Mundo. Ahora bien, aunque sea por mero interés académico, ¿no hay evidencias de que otros navegantes hayan llegado antes que el ilustre genovés (?) a tierras americanas?

Los vikingos.- Es bien conocida la afirmación de que navegantes vikingos, dirigidos por Erick el Rojo, zarparon de Escandinavia hacia occidente, costearon la bien conocida isla de Islandia y luego se aventuraron más lejos, hasta llegar a Groenlandia por los años 982-985. Según esta versión, los vikingos Leif Erikson y Thorfinn Karsefni, tomando Groenlandia como base, llegaron hasta la América continental y establecieron colonias temporales en la península de Labrador (actual Canadá), en el año 1000. Llamaron Markland y Vinlandia a los lugares que ocuparon. Después de costear Terranova y quizá llegar hasta el Cabo Cod, concluyeron que el lugar no tenía nada interesante y se regresaron a Noruega, donde no contaron nada a nadie. Después de todo, no tenían modo de saber que habían llegado a un nuevo continente. Esta historia, muy atractiva, tiene partidarios y enemigos en el mundo de los historiadores. Su mayor sustento está en un supuesto mapa de Vinlandia, cuya autenticidad, aunque está sujeta todavía a fuertes discusiones, ha sido virtualmente rechazada por los físicos que han analizado su tinta.

Los portugueses.- Señalemos antes que los mapas medievales de Europa ya ponían islas en el Atlántico que nadie había visto. Islas legendarias como la de las "Siete Ciudades", la de "Caníbales", la de "Gigantes" o las "Islas Bienaventuradas" aparecían y desaparecían alegremente en los mapas y en la fantasía de los marineros. Dos islas imaginarias: Brasil y Antilia, hubieron de desaparecer de las cartas al descubrirse América, pero sus nombres pasaron a la posteridad al llegar el momento de nombrar al Brasil continental y a las Antillas. Los portugueses, que mucho tuvieron que ver en este juego de las tierras imaginarias, ciertamente viajaron algo hacia occidente y llegaron quizá a alguna de las islas Azores, pero ya no hay duda de la falsedad de las leyendas que hablan de navegantes al servicio de Portugal que, perdidos en el océano, llegaron entre 1440 y 1480 a Brasil y al estrecho de Magallanes.

Los irlandeses.- Se dice que algunos monjes irlandeses llegaron a América en pequeñas barcas de piel y madera, pero las investigaciones modernas afirman que estos navegantes no profesionales nunca llegaron más allá de Islandia.

Y todos los demás.- Diga lo que diga cualquier anticuario excéntrico, los mormones o Von Däniken, no existe siquiera una evidencia arqueológica auténtica de supuestos viajes, con o sin retorno, de egipcios, hebreos, griegos, romanos cartagineses, Jesucristo, los apóstoles, extraterrestres voladores, etc., etc., etc.

EL OBSERVADOR 367-7

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Juan Pablo II, desafío
Por el Pbro. Prisciliano Hernández Ch., ORC


Te contemplo disminuido
Aunque Magno entre magnos;
De cuerpo encorvado
Enhiesto el espíritu
El rostro sereno.

Ante ti la humanidad joven
De corazón instinto
El cuerpo lozano
Derretida el alma.

Tus muchas palabras
Ahora silencio de icono
En Peregrinar de soles
Ante el cuadrante mundo
Aspas de luz
De caminar tranquilo,
Mas cruz llameante
de Cireneo Simón,
Vicario de Cristo
De nuestros eclipses.
De Cristo mismo Vicario.

Nuestras palabras miles
Confusión
Vientos rasantes
Destructoras trombas
Trotar de noches egoístas.

Tus días son años milenarios tres
Tus convicciones
Eternidad.
De los satisfechos hombres
Los muchos años
Segundos tránsfugas
Vacío
Convicciones de oropel
Serpenteantes .

Sigues aunque te vociferan 'detente'
Las sirenas de la tempestad virtual.

Eres... eres... eres...
Abismal desafío
Casa de la verdad
Santuario del amor
Fortaleza en nuestra orfandad.

La bondad de Dios
La bondad de Juan
Se anidó en tu corazón

La entereza
De Jesús Pablo
De Pablo Jesús
En tu bastón.

EL OBSERVADOR 367-8

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CONTEXTO ECLESIAL

El problema indígena paraliza las energías y la esperanza en un futuro mejor
Extracto del mensaje del Papa a favor de los indígenas y afroamericanos de Latinoamérica


La ayuda a los pobres es un imperativo del Evangelio que interpela de modo apremiante a todos los cristianos, los cuales no pueden pasar nunca de largo ante el prójimo desventurado (cfr. Lc 10, 33-35). A este respecto veo con tristeza que, si en algunos países en vías de desarrollo gran parte de la población sufre el flagelo de la pobreza, los grupos más marginados de esas sociedades carecen incluso de lo más imprescindible. Por eso quise contribuir a paliar los efectos de esa terrible situación creando hace diez años la Fundación Populorum Progressio (13-II-1992) para ocuparse especialmente de las poblaciones indígenas, mestizas y afroamericanas en América Latina. Pretende ser un signo que exprese mi cercanía con las personas que se encuentran en situación de grave penuria y que frecuentemente son dejadas de lado por la sociedad o las autoridades mismas, incapaces tantas veces de hacer algo por ellas. Este organismo lleva a cabo iniciativas concretas con las cuales quiere ser una manifestación del amor de Dios hacia todos los hombres, particularmente los pobres (cfr. Lc 7,22).

Esta Fundación financia cada año el mayor número posible de proyectos mediante los cuales favorece el desarrollo integral de las comunidades de campesinos más pobres. Es digno de mención que las Iglesias locales de América Latina participan también en la financiación de los proyectos. Además, una característica de la labor de la Fundación es que las personas que tienen la responsabilidad de decidir sobre la aprobación de los proyectos y la distribución de los fondos son de los mismos lugares donde aquéllos se van a realizar. En efecto, el Consejo de Administración está formado por seis Ordinarios de América Latina y del Caribe, llamados a examinar y decidir sobre las peticiones presentadas .

La situación social es, lamentablemente, muy difícil en muchos lugares de América Latina. Los Estados y las Iglesias particulares de cada país, cada uno desde la esfera que le es propia, han de trabajar para mejorar las condiciones de vida de todos, sin excluir a nadie. Sus causas se ven agravadas también por la presencia, en el ámbito político-social, de injusticias y de corrupción. Además, en algunos países, la deuda externa alcanza cifras astronómicas e impide el desarrollo económico. Por ello, la Santa Sede Apostólica se siente en la obligación de señalar este flagelo que paraliza las energías y la esperanza en un futuro mejor. En todos los lugares los católicos, como recordé en la exhortación apostólica postsinodal Ecclesia in America, han de sentirse interpelados a colaborar, pues «la caridad fraterna implica una preocupación por todas las necesidades del prójimo. 'Si alguno que posee bienes de la tierra, ve a su hermano padecer necesidad y le cierra su corazón, ¿cómo puede permanecer en él el amor de Dios?'(1Jn 3, 17)» (n. 27).

Quiero, por tanto, manifestar mi gratitud a todos los que, a lo largo de estos diez años, han trabajado para poner en marcha la estructura y la actividad de la Fundación «Populorum Progressio»: obispos, sacerdotes y laicos. Ellos han hecho posible que los proyectos hayan sido llevados a cabo de manera correcta, controlando y asegurando su financiación, a la vez que su dedicación generosa ha contribuido a dar a conocer la realidad de la Fundación, fomentando en los beneficiarios y en las comunidades cristianas en general la confianza en la ayuda de Dios y la esperanza en el futuro más llevadero.

Mientras aseguro mi oración por los frutos de esa reunión, implorando del Espíritu Santo su luz para discernir lo más conveniente para continuar esa importante labor, confío los trabajos de la misma a la materna intercesión de la Virgen María quien, bajo la advocación de Guadalupe, es venerada en todo el continente americano, a la vez que, como prueba de gratitud eclesial, imparto a los miembros de esa Fundación y a sus bienhechores una especial bendición apostólica.

Vaticano, 14 de junio de 2002.

EL OBSERVADOR 367-9

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CRÍTICA DE MEDIOS DE COMUNICACIÓN

La generalización
Por Santiago Norte


Con el avance de las tecnologías de comunicación se va retrocediendo, vertiginosamente, en el terreno del lenguaje. También en el terreno de la comunicación misma. La repetición y el vértigo (como en las películas porno) han empezado a proclamar la muerte del pensamiento para dar paso a la escueta acción, al puro acto de emitir y recibir. En el libro moderno, en alguna (buena) parte de lo que hoy se echa a circular, sucede un proceso similar que en la televisión o en internet: lo que se busca no es el compromiso con la circunstancia vital del receptor sino con su capacidad de consumo. Explotarla al máximo, rentabilizar la carencia de reglas del mercado comunicativo no para maximizar la libertad sino para maximizar el control. La lectura, de ser un proceso de emancipación, se empieza a convertir en una impostura. Por un lado, los editores, acosados por los costos, quieren recuperar dinero pronto y a tasas superiores a las de una inversión bancaria. Por lo tanto, buscan el producto fácil; el que más rápido exprima al mercado. Por el otro, los lectores, que se ha ido desinflando. Tanto así que hace poco decía el crítico literario Harold Bloom que «los lectores están en peligro de desaparición». La comunicación de este principio de milenio tiende a convertirse en un sistema de cápsula, resúmenes y síntesis rápidas de lo que es necesario saber para no perderse en las procelosas aguas de la aldea global, pero que, al cabo de unos minutos, muestra que no servía ni siquiera para la más elemental lección de buceo.

Estilo el éxito literario de la última década: Harry Potter. Éxito de ventas, claro está. Y de lectores. En un espejismo, algunos papanatas llegaron a creer en un renacimiento del joven lector de aventuras. Como si la nostalgia tuviera alguna razón de ser, después que hemos cambiado brutalmente con la llegada de la televisión. Ahora, como diría el mismo Bloom (en una conferencia en la que le abuchearon en Stanford), lo que interesa de una mesa (o de una novela) no es si tiene cuatro patas y está bien construida (o si es una buena novela y está bien escrita), sino saber si la hizo una carpintera lesbiana, de origen moluco y con ideas revolucionarias. O una divorciada inglesa, con un hijo pequeño, con ideas de hechicería.

Lo que interesa no es el qué sino el quién. La reducción (absurda) de la obra a la persona. La reducción (igualmente absurda) del mensaje al medio, a la rapidez, a la capacidad de almacenamiento, en fin, a un circunstancia completamente ajena al núcleo del mensaje. Más aún, la reducción de la «importancia» del hecho comunicativo a las ideas «contestatarias», alternativas, minoritarias o estrafalarias de la persona que creó el mensaje.

Lo que antes era impuro hoy es lo puro, y ataca la impureza con la misma violencia con que antes era atacado. El problema es que antes el alfabeto corría de la mano de una cierta capacidad de penetrar en la superficie de las cosas, y ahora, al inicio del nuevo milenio, hay millones de alfabetizados que son incapaces no digamos de leer sino tan sólo de entender lo que hay dentro de un mensaje medianamente complejo.

Todo mensaje duradero, toda comunicación que trascienda debe contener algo del «canon» humano; de la identidad humana, para no caer rápidamente en el olvido o alcanzar esa otra forma de olvido que es la fama. Lo que pasa es que estamos ante el universo de la generalización, del producto terminado, del producto que no se mide con base en las reglas de su propio arte, sino con base en especulaciones publicitarias, mitos de tres cuartos de hora en los que nadie cree, pero a los que todo mundo hace caso.

EL OBSERVADOR 367-10

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ORIENTACIÓN FAMILIAR

Enferma de celos
Por Yusi Cervantes Leyzaola


PERGUNTA:
Soy muy celosa. Me estoy dando cuenta de que con mi actitud estoy dañando gravemente mi matrimonio. Mi esposo ha cometido errores, nada demasiado importante, pero yo actúo como si él me fuera a traicionar a cada vuelta de la esquina. Lo vigilo, lo presiono, hago dramas cuando llega tarde, me enojo si ve a alguna muchacha (él dice que no son transparentes; que, por ejemplo, si haciendo cola en la caja del super hay una chica delante de nosotros, es imposible no verla), le prohíbo que tenga amigas, cosa que él, obviamente, no obedece pero me oculta para evitar mis enojos que, finalmente, se presentan peores cuando lo descubro y le reclamo además por haberme mentido. Es un infierno; pero, aunque me doy cuenta, no lo puedo evitar, una y otra vez hago mis escenas. Mi marido está fastidiado, y no lo culpo. Si tratara de calmarme diciéndome una y otra vez que me ama, me ayudaría a sentirme mejor, pero no lo hace. Al contrario, se enoja él también y peleamos. ¿Qué puedo hacer?

RESPUESTA:
Este es un problema que tienes que resolver tú, contigo misma. No depende de si tu marido deja de ver a las mujeres guapas, renuncia a las amistades femeninas o si busca formas diferentes para calmarte. Nada de eso resuelve el problema de fondo, que es tu terrible inseguridad. Es ese problema el que tú debes enfrentar y solucionar. Necesitas valorarte, amarte a ti misma y ser independiente emocionalmente.

Por independencia emocional no quiero decir vivir sin amor, sino aprender a amar sin colgarte del otro. Que tu felicidad no dependa de si tu marido te ama o no, sino de tú ser una mujer plena, viviendo una vida con sentido. Entonces compartirás esa felicidad con él. Cuando el fundamento de la relación es que lo necesitas, que necesitas su aprobación, su aceptación, entonces depositas en él responsabilidades que no le corresponden. El verdadero amor no nace de necesitar a alguien, sino de la decisión libre de darse a él. Cuando necesitamos al otro para sentirnos bien, nos llenamos de miedo ante cualquier amenaza de que él no esté. Y eso es lo que te ocurre. Pero, mientras más exiges, menos tienes, porque tu marido se siente controlado, prisionero, y eso, obviamente, cansa y enoja a cualquiera. No tiene una compañera: tiene una inspectora. Y parece que tú olvidas que el amor es gratuito, no lo puedes exigir.

Pero todo eso ya lo sabes. Tu pregunta es cómo salir de esto. Yo diría que necesitas comenzar por hacer una distinción: una cosa son los celos; otra, lo que haces con ellos. Es decir, con esa conducta controladora, vigilante, y agresiva, ya estás rebasando los límites del respeto a tu pareja. Lo ideal, y la meta, por supuesto, es superar los celos. Pero, mientras esto ocurre, cuando los sientas, aguántate, cierra la boca y mantén el buen ánimo. Que él no sufra a causa de un problema que es tuyo. Que él no sienta que dudas de su amor.

Si él está limitando su vida a causa de tus celos, está mal. Si ha dejado actividades o compañías honestas para evitar conflictos, se está equivocando. Tal vez de momento las cosas están un poco más tranquilas, pero a la larga él se va a ir sintiendo frustrado y resentido por esto. Así que, en un momento de calma, platica con él respecto a tu problema —estoy suponiendo que ya aceptaste ante tu marido tenerlo— y pídele que te escuche, y si le parece que tú estás equivocada, que haga lo que le dicte su conciencia. Que no se deje atrapar por tus celos, porque eso dañaría todavía más su matrimonio.

Después necesitas crecer, verdaderamente madurar. Tal vez requieras ayuda psicológica para descubrir cómo fuiste adquiriendo esas creencias equivocadas, esos miedos, esa inseguridad, y para ir aprendiendo otra forma de verte a ti misma y de relacionarte con el mundo. No obedezcas a tus miedos. Escúchalos, eso sí, porque te están remitiendo a tu pasado para indicarte cuáles son las heridas que tienes que sanar. Busca esa sanación, y eso depende de ti, no de tu marido ni de nadie más. No es de la noche a la mañana que vas a superar los celos, pero si realmente te lo propones y trabajas en ello, vas a lograrlo.

Nunca olvides que él te eligió como esposa porque para él eres maravillosa. Créelo. ¿O es que acaso se casó obligado, con una pistola al cuello? No caigas en el engaño de la sociedad respecto a los modelos de belleza y del éxito. Sé tú misma, auténtica, viva. No te compares con otras, no consideres que estás en una competencia.

Lo más importante es esto: ama a tu marido, con todo lo que eso implica. Y sé feliz. Goza el amor que das y recibes.

La psicóloga Cervantes responderá las preguntas que se le envíen a la dirección de El Observador; Reforma 48, apdo. 49, Santiago de Querétaro, Qro. C.P. 76000; o que se le hagan al teléfono 228-02-16. Citas al 215-67-68 Correo electrónico: cervleyza@msn.com 

EL OBSERVADOR 367-11

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PINCELADAS

El filósofo y su hija
Por Justo López Melús


Un filósofo se debatía día tras día en torno al sentido último de la existencia. Lo había estudiado durante muchos años. Había consultado a los mas grandes sabios de todos los tiempos. Y no logró encontrar una respuesta satisfactoria a tan torturante cuestión. Nada le llenaba.

Una tarde, en el jardín de su casa, dejando a un lado sus pensamientos y elucubraciones, reparó en su hija de cinco años, que estaba jugando alegremente. Se acercó a ella y le preguntó: «¿Para qué estás en la Tierra?». A lo que la niña le respondió rápidamente: «Para quererte a ti, papá». Para esto estamos en la Tierra, para amarnos y hacer el bien.

EL OBSERVADOR 367-12

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FIN

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