El Observador de la Actualidad

EL OBSERVADOR DE LA ACTUALIDAD
Periodismo católico para la familia de hoy
28 de julio de 2002 No.368

SUMARIO

bulletYa llega a México, de nueva cuenta, Su Santidad Juan Pablo II
bulletUn desafío para México
bulletSOBRE LA MARCHA - «¡México siempre fiel!»
bulletCARTAS DEL DIRECTOR - La Iglesia tiene que encarnarse
bulletREPORTAJE - El Papa mexicano
bulletPrograma de la visita del Papa a México
bulletJÓVENES - Así vivieron los jóvenes las Jornadas de Toronto
bulletNUESTRO PAÍS - México, listo para para recibir al Papa
bulletDEBATE - Muchos creen equivocadamente que Juan Diego era un indio ignorante
bulletTESTIMONIO - «Él espera algo de mí»

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Ya llega a México, de nueva cuenta, Su Santidad Juan Pablo II

* El Papa ya inició su viaje apostólico número 97 fuera de Italia.
* Las anteriores visitas a México fueron en 1979, 1990, 1993 y 1999.
* Sus acciones en México serán un impulso al indigenismo.


Este martes 23 el Vicario de Cristo dio comienzo a su 97a. peregrinación apostólica internacional, esta vez con destino a tres países de América: Canadá, Guatemala y México.

En Canadá con los jóvenes

En la primera etapa de este viaje, en la ciudad de Toronto (Canadá), Su Santidad presidió las celebraciones de la XVII Jornada Mundial de la Juventud. Los principales actos fueron: la acogida de los jóvenes, el jueves 25 por la tarde; la vigilia con los jóvenes, el sábado 27 por la noche, y la santa Misa para la celebración de la Jornada, el domingo por la mañana.

Guatemala tendrá su primer santo

Viene la segunda etapa: en Guatemala, el martes 30 de este julio, el Pontífice presidirá la santa Misa de canonización del hermano Pedro de San José de Betancur; en México, el miércoles 31 por la mañana, celebrará en la basílica de Nuestra Señora de Guadalupe la santa Misa de canonización del beato laico Juan Diego Cuauhtlatoatzin, el indígena al que se apareció la Virgen en los primeros tiempos de la evangelización del continente americano, y el jueves 1 de agosto, por la mañana, también en la basílica guadalupana, presidirá una liturgia de la Palabra para beatificar a los mártires Juan Bautista y Jacinto de los Angeles. El viernes, día 2, emprenderá el viaje de regreso a la ciudad de Roma.

Las estadísticas que se han hecho públicas respecto a estos tres países son las siguientes:

Canadá, país que visitó el Papa en 1984 y en 1987, tiene 30 millones 750 mil habitantes, de los cuales 13 millones 453 mil son católicos, es decir, el 43.75% del total. Hay 137 obispos, 9 mil 832 sacerdotes, 26 mil 171 religiosos y 985 seminaristas.

Guatemala ya fue visitado por Juan Pablo II en 1983 y 1996. Esta país cuenta con 11 millones 390 mil habitantes. Los 9 millones 471 mil católicos representan el 83.15% de la población. Hay 21 obispos, 970 sacerdotes, 2 mil 242 religiosos y 967 seminaristas.

México será visitado por quinta vez, tras los viajes a él realizados en 1979, 1990, 1993 y 1999. México, según las estadísticas vaticanas, tiene 97 millones 20 mil habitantes, con 89 millones 664 mil católicos, que constituyen el 92.42% de la población. Hay 139 obispos, 14 mil 49 sacerdotes, 30 mil 320 religiosos y 12 mil 192 seminaristas.

EL OBSERVADOR 368-1

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Un desafío para México

Este es el desafío que Jesús lanzó al mundo, y que el Santo Padre hace a México con la canonización de Juan Diego: que no son los poderosos, los grandes, los líderes de opinión que aparecen en la televisión o escriben en los periódicos, ni los dueños del dinero, ni los manipuladores del mercado o de las conciencias, ni los hacedores de guerras, sino los humildes Juandiegos los escogidos por Dios para manifestar en ellos su amor y su poder.

Mario De Gasperin Gasperin
+ Obispo de Querétaro

EL OBSERVADOR 368-2

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SOBRE LA MARCHA

«¡México siempre fiel!»


«¡México siempre fiel!», se escuchará en estos días por todos lados. Envalentonados por esta frase altisonante, muchos podemos olvidarnos de los compromisos de la fidelidad. Uno de ellos es que la fidelidad al Papa y a la Iglesia exige seguir, en la vida personal, el magisterio de la fe. De dientes para fuera es muy fácil decir: «¡México, siempre fiel!».
SANTIAGO NORTE

EL OBSERVADOR 368-3

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CARTAS DEL DIRECTOR

La Iglesia tiene que encarnarse
Por Jaime Septién Crespo

Cuando se revisa la historia de México, se suele hacer a un lado el hecho católico de su gestación. Los historiadores oficiales, aún aquellos que declaran ser católicos, olvidan al espíritu para hablar de los cañones. Bien se ve que no hay conciencia -no la tenemos-de nuestra identidad mestiza, indígena y católica.

Juan Diego resume, en su calidad de mensajero de la Divina Señora del Cielo, los dos mundos: fue indígena de cepa y corazón abierto a la Mensaje de Cristo. Una síntesis de amor cuya teología profunda -me decían hace un par de meses los padres Guerrero y Chávez, postuladores de la causa-todavía los mexicanos no alcanzamos a comprender. Mucho menos a llevar a la práctica. La razón es que nos han enseñado que el catolicismo debe quedarse en la sacristía o en casa; que salir a la calle diciéndose católico, es una especie de herejía constitucional.

Nos han contado que los frailes misioneros vinieron a hundir a los mexicanos con la fuerza del crucifijo, ayudados por el látigo del encomendero rapaz y por la gripe y la viruela. Nos han contado muchos cuentos sobre «la conquista espiritual», de principio turbio y final feliz (que siempre acaban con la «reivindicación» de los indígenas por Benito Juárez García). Habrá quien se haya desviado. Fueron los menos. La cruz y la espada, en la historia de México, no hicieron síntesisLa historia verdadera es la del Evangelio, porque es la historia de la Salvación. «La evangelización es la misión de la Iglesia. La historia de la Iglesia es, fundamentalmente, la historia de la evangelización de un pueblo que vive en constante gestación, nace y se inserta en la existencia secular de las naciones», dice el Documento de Puebla (1979).

Entre nosotros, en este México que hoy espera al Papa por quinta vez (una visita por cada siglo de evangelización), la misión civilizadora de la Iglesia ha sido segregada a último término. Incluso en el corazón de la Iglesia misma. Una gesta de inmensa heroicidad, de frutos abundantes como la de los frailes misioneros, se nos viene a la mente envuelta en el velo de la rapiña. Pero la verdad es la verdad. Y con la verdad habló Juan Pablo ll en Santo Domingo (1984): «Los hombres y los pueblos del nuevo mestizaje americano, fueron engendrados también por la novedad de la fe cristiana. Y en el rostro de Nuestra Señora de Guadalupe está simbolizada la potencia y arraigo de su primera evangelización». Rostro mestizo. Casa acogedora. Manantial que no se seca. La canonización de Juan Diego, ¿lo hará brotar en nuestras venas?

EL OBSERVADOR 368-4

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REPORTAJE

El Papa mexicano

México es un país muy afortunado por haber contado con la presencia de Juan Pablo II en cuatro ocasiones. ¡Y vamos por la quinta!


En casi 24 años de pontificado Juan Pablo II ha visitado cerca de 130 países en 96 viajes apostólicos. Lugares tan lejanos como Zaire, Alaska, Papúa Nueva Guinea, Islas Salomón, Islas Seichelles, Swazilandia y Timor Oriental han contado con su presencia.

Fue el 16 de octubre de 1978 cuando Karol Józef Wojtyla dejó este nombre para cambiarlo por el de Juan Pablo II y convertirse en el obispo de Roma y, en consecuencia, en el Papa de la Iglesia católica. De inmediato, en enero de 1979, Su Santidad decidió realizar su primer viaje al extranjero y escogió Iberoamérica para llevarlo a cabo.

La primera visita

El máximo jerarca de la Iglesia católica viajó del 25 de enero al 1º de febrero de 1979 a República Dominicana, México y Bahamas.

Eran otros tiempos los que se vivían en México y en el mundo. Precisamente en nuestro país el Estado se encontraba completamente separado de la Iglesia y por ello el gobierno, encabezado por José López Portillo, no acudió a ningún acto religioso; solamente se le dio al Papa un recibimiento en el aeropuerto internacional de la ciudad de México por ser el máximo representante del Vaticano.

Resulta increíble el ver aquellas imágenes con más de 20 años de antigüedad, en donde la seguridad era un asunto secundario; no había indicio alguno sobre un posible atentado en contra del Papa; incluso el «papamóvil» era un «moderno» camión de volteo con las adecuaciones necesarias para que Su Santidad pudiera ver a la gente que le saludaba por las calles.

El pueblo de México le entregó todo su cariño de diversas formas: ovacionándolo, aplaudiéndole, cantándole. Nuestro país no dejó descansar a Juan Pablo II ya que la gente le iba a cantar las tradicionales Mañanitas por la madrugada.

En esta primer visita el Papa estuvo en el Distrito Federal, Guadalajara, Oaxaca, Monterrey y Puebla. Ahí encabezó la Tercera Conferencia General del Episcopado Latinoamericano. Cinco días inolvidables para el pueblo de México.

La segunda visita

Tuvieron que transcurrir once años para que Juan Pablo II besara por segunda ocasión suelo mexicano. A principios de mayo de 1990 Su Santidad regresaba a lo que él llamaba su casa.
En cuanto arribó a territorio mexicano, el Papa recibió infinidad de muestras de cariño por todos lados. El entonces presidente de México, Carlos Salinas de Gortari, tuvo que comenzar a acercar el Estado con la Iglesia.

La tercera visita

El tercer viaje a México se produjo dos años después, en 1993. La gira por América incluyó Jamaica, Estados Unidos y, por supuesto, México. Su Santidad llegó a Yucatán, donde fue recibido por el presidente Carlos Salinas de Gortari.

De nueva cuenta el calor del pueblo mexicano se vio reflejado con un enorme júbilo y exaltación al Sumo Pontífice.

La cuarta visita

Finalmente, el cuarto viaje que realizó el Papa fue a finales de enero de 1997, quizá la visita más emotiva que haya realizado Juan Pablo II a México. Entre dos y tres millones de personas salieron a las calles para intentar verlo de cerca. Durante los cinco días de su estancia la gente no hablaba de otra circunstancia que no fuera en torno al Sumo Pontífice.

El Santo Padre llegó a la ciudad de México el 22 de enero para entregar la exhortación apostólica Iglesia en América, que recoge las conclusiones del primer Sínodo de los Obispos de América que se celebró a finales de 1997 en Roma.

El autódromo de los Hermanos Rodríguez sería el escenario en el cual alrededor de 1.2 millones de fieles se congregaron para participar en la Misa con Juan Pablo II.

Fue el entonces jefe de Gobierno, Cuauhtémoc Cárdenas, quien le entregó las llaves de la ciudad en el Museo de la ciudad de México. En la visita anterior del Papa a México, Cárdenas había declarado al Santo Padre persona non grata. Ahora tenía que guardar silencio y darle su lugar a la investidura papal.

También por primera vez en la historia un presidente de México recibía en la residencia ofical de Los Pinos a un Papa: Ernesto Zedillo y Juan Pablo II pasaron a la historia por este acontecimiento. El Sumo Pontífice acudió a la reunión acompañado de cardenales, obispos y sacerdotes, que no necesitaron ocultar sus vestimentas eclesiales. El Estado aceptaba la existencia de la Iglesia.

Para esta quinta visita de Juan Pablo II se espera que, aproximadamente, 12 millones de visitantes lleguen al Distrito Federal. Para el próximo 31 de julio, cuando el Papa visite la basílica de Guadalupe, 22 mil personas podrán acudir con boleto a esta Eucaristía. Dieciocho mil policías, apoyados por funcionarios de la Delegación Gustavo A. Madero, vigilarán que no ocurran incidentes, y todas estas cifras giran en torno a la canonización de Juan Diego.


(Baudelio García E.)

EL OBSERVADOR 368-5

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Programa de la visita del Papa a México

Martes 30 de julio de 2002
19:30 hrs., llegada al aeropuerto internacional de la ciudad de México. Ceremonia de bienvenida, saludo del Papa.

Miércoles 31 de julio de 2002
9:45 hrs., llegada a la basílica de Nuestra Señora de Guadalupe. Santa Misa y canonización del beato Juan Diego Cuautlatoatzin. Homilía de Su Santidad.
Estancia en privado.

Jueves 1 de agosto de 2002
09:00 hrs., despedida de la nunciatura apostólica.
10:15 hrs., llegada a la basílica de Nuestra Señora de Guadalupe. Liturgia de la palabra y beatificación de los mártires Juan Bautista y Jacinto de los Ángeles. Homilía del Santo Padre.
13:00 hrs., llegada al aeropuerto. Ceremonia de despedida.
13:30 hrs., salida hacia Roma.

EL OBSERVADOR 368-6

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JÓVENES

Así vivieron los jóvenes las Jornadas de Toronto


Doscientos mil jóvenes se habían inscrito en a la XVII Jornada Mundial de la Juventud (JMJ), que inició el 23 de julio, y que culmina el día de hoy, en Toronto (Canadá).

Se había calculado que sería mayor el número de jóvenes inscritos con anticipación, pero, tal como previeron los organizadores, muchos acudieron sin haber avisado, especialmente entre los jóvenes canadienses.

Por desgracia muchos jóvenes de países pobres no pudieron conseguir la visa canadiense. Para muchos el precio del billete de avión para llegar hasta Canadá ya había sido un gran desafío, pero la meta que no pudieron conquistar fue que el gobierno del país anfitrión de la JMJ les concediera la visa.Las principales denuncias en este sentido las realizaron iberoamericanos de Haití, República Dominicana y Colombia, pero no se quedaron atrás las de jóvenes de Uganda, Sudán y otros países pobres. En total el gobierno canadiense impidió la entrada de unos seis mil jóvenes católicos en su territorio, alegando la posibilidad de que aprovechen el viaje para inmigrar clandestinamente.

El Pontificio Consejo para los Laicos ha publicado el programa de los acontecimientos previstos para la JMJ, cuyo lema es «Usted son la sal de la tierra... Ustedes son la luz del mundo».

Algunas delegaciones

Italia se convirtió en uno de los países que envió a más jóvenes a la JMJ. Unos once mil 500 se inscribieron a través de la Pastoral Juvenil del Episcopado Italiano, mientras que poco más de ocho mil lo hicieron directamente ante el comité canadiense, dando la suma de casi 20 mil jóvenes.

Por su parte, el presidente de Cuba, Fidel Castro, concedió permiso a 200 jóvenes isleños para que pudieran salir del país y participar en la JMJ, en Toronto, Canadá.

Las actividades

La JMJ empezaron la tarde del martes 23 de julio con una Eucaristía en la «Exhibition Place», presidida por el arzobispo de Toronto. El purpurado dio la bienvenida a los jóvenes y a continuación se les ofreció un concierto de bienvenida.

Los días 24, 25 y 26 por la mañana, en más de cien templos y salas de Toronto (los denominados «centros cívicos»), hubo sesiones de catequesis para los jóvenes en varios idiomas, dirigidas por obispos de todo el mundo. Los temas de las catequesis fueron «Ustedes son la sal de la tierra», «Ustedes son la luz del mundo» y «Déjense reconciliar con Dios». Todas las catequesis concluyeron con la celebración de la Eucaristía.

Durante la tarde del 24 y del 26 muchos jóvenes visitaron el «Coronation Park», un parque situado a orillas del Ontario, que para esta ocasión fue bautizado con el nombre de «Duc in Altum Park» (Parque «Rema már adentro»). Allí se instalaron confesionarios, donde había sacerdotes que confesaron en distintos idiomas.

Una zona del parque quedó reservada a la adoración eucarística. Otros de los chavos aprovecharon para asistir en la «Exhibition Place» al «Festival de la Juventud», que incluyó experiencias artísticas, culturales y espirituales basadas en la vida y en la fe de los jóvenes de todo el mundo.

Pero la tarde del jueves 25 de julio fue distinta: en ella tuvo lugar la gran fiesta de acogida al Papa, también en la «Exhibition Place».

La tarde del viernes 26 se celebró también el Via Crucis en varias zonas de Toronto. La procesión principal salió del Ayuntamiento a las 19:30 horas y atravesó el centro de la ciudad a lo largo de la «University Avenue».

La vigilia y la celebración eucarística, presididas por el papa Juan Pablo II en «Downsview Park» la tarde del sábado 27 y la mañana del día de hoy, domingo 28, fueron el centro de la JMJ. Los jóvenes caminaron hasta ese lugar a partir de las 8:00 de la mañana partiendo desde distintos puntos de la ciudad. El recorrido fue de entre seis y kilómetros. La vigilia comenzó a las 20:00 horas e incluyó oraciones, música, testimonios y, desde luego, las palabras del Papa.

El Santo Padre celebró la Misa de clausura de la XVII Jornada Mundial de la Juventud a las 9:30 horas del día de hoy.

Las Jornadas Mundiales de la Juventud fueron creadas por el papa Juan Pablo II en 1984 y se celebran anualmente, pero cada dos años toman la forma de un gran encuentro mundial de jóvenes católicos de todo el mundo.
(Fuentes: ZENIT y ACI)

EL OBSERVADOR 368-7

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NUESTRO PAÍS

México, listo para para recibir al Papa

* La Lotería Nacional emitió billetes conmemorativos.
* Amnistía para algunos presos, otro modo de celebrar.
* Hay quien afirma que se discriminará a los indígenas.


Desde el lunes 15 de julio la Lotería Nacional comenzará a distribuir los billetes que imprimió para conmemorar la quinta visita del papa Juan Pablo II a México.

Con la leyenda «Un Papa entre dos milenios», se promueve el sorteo que se realizará el 31 de julio, día en que el Pontífice arribará a suelo mexicano. Sin embargo, se trata de un sorteo normal, en el que se jugarán nueve millones de pesos en tres series, pero en la compra del «cachito» se regala una estampa de recuerdo, en la que viene la biografía de Juan Pablo II.

Por otro lado, se espera que al menos 300 presos mexicanos que están por cumplir sus sentencias debidas a delitos menores serán liberados de manera anticipada con motivo de la quinta visita de Juan Pablo II a México, tal como se suele hacer para conmemorar el inicio de la lucha por la independencia nacional. Según informó el director de los Centros de Prevención y Readaptación Social, Héctor Cárdenas, se ha buscado que algunas de esas personas puedan asistir a las actividades públicas que presidirá el Sumo Pontífice.

Lo anterior es sólo una muestra de la espectación que causa entre los mexicanos la visita del vicario de Cristo. Pero no todos la esperan necesariamente con gusto; no han faltado los que, sin bases, hacen afirmaciones absurdas. Por ejemplo, según una nota de Karina Balderas para la agencia internacional Reuters, «sólo privilegiados podrán ver de cerca al Papa en México». La periodista lamenta que, de los aproximadamente 24 mil invitados a cada una de las Misas, sólo tres mil serán indígenas. «Aunque el motivo de la vista del Papa será la canonización y beatificación de indígenas —escribe—, el evento no será precisamente para ellos».

El obispo José Luis Chávez Botello, de Tuxtla Gutiérrez, informó que más de 300 indígenas de diversas comunidades de las tres diócesis de Chiapas participarán en la recepción del Papa, y, por parte de la diócesis de Morelia estarán presentes 35 purépechas. Si se considera que cada diócesis cuenta con sólo 50 boletos por Misa, y que dentro de dichas plazas hay que incluir a obispos, presbíteros, religiosos y laicos, la asistencia de grupos autóctonos no es nada escasa.

Cuando se canoniza a un beato lo que se está haciendo es presentarlo como modelo a toda la Iglesia (no a un país, una diócesis o un grupo racial); de manera que todos los sectores que conforman el Cuerpo Místico de Cristo han de estar reperesentados en una ceremonia de este tipo. Es por esta razón que la arquidiócesis de México, anfitriona del acontecimiento, se reservó 200 boletos para invitar a obispos de diversos países del mundo. Además se han destinado cinco boletos para cada una de las diócesis en América y Filipinas, así como 300 para cada una de las ocho vicarías del país, en tanto que la Nunciatura Apostólica dispondrá de cierta cantidad de entradas para diplomáticos de varias naciones que deseen participar en el acto litúrgico.

Canción de bienvenida

Se compuso una canción para dar la bienvenida al papa Juan Pablo II a la Ciudad de México; se titula «Mensajero de amor», y es del mexicano Alejandro Zepeda.

Después de la ceremonia de canonización de Juan Diego será cantada al Papa en su residencia temporal de la capital mexicana. La interpretarán unos seis mil 800 niños pobres y enfermos.

La compañía discográfica Universal Music ya grabó el disco, y el tema es cantado ahí por la actriz infantil Danna Paola, la conductora Paloma y el cantante Angel, del grupo Magneto. Los recursos obtenidos serán canalizados al programa de la Asociación Mexicana de la Orden de Malta denominada «Salva a un niño del SIDA».

EL OBSERVADOR 368-8

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DEBATE

Muchos creen equivocadamente que Juan Diego era un indio ignorante
Fue Caballero Águila y nieto de Netzahualcóyotl, nada menos.
Por Miguel Vázquez

«Nieto de Netzahualcóyotl y emparentado también con el emperador Moctezuma I, el noble Juan Diego nació en 1474, en lo que hoy es el pueblo de Santa Clara Coati-tle. Su nombre original era Cuautlizatzin Ix-lilxóchitl. Fue dueño de vastas propiedades e instruído en el sacerdocio y en el arte de la guerra, consiguiendo el grado de Caballero Águila. Juan Diego tuvo dos esposas a la vez, Beatriz y María Lucía. Con la primera procreó tres hijos, y con la segunda, dos hijas. Al convertirse al cristianismo, decidió vivir únicamente con María Lucía. Ya era viudo cuando en 1531 se le apareció la Virgen en el Tepeyac, a la que consagró los últimos años de su existencia. Murió en 1548, a los 74 años de edad». Así dice exactamente la biografía definitiva de Juan Diego, basada en las investigaciones que entregó personalmente al Papa el postulador de la causa de canonización, monseñor Enrique Salazar y Salazar.

«Es interesante conocer la historia», explicó el padre José Fortunato Alvarez, secretario canciller del obispo de Mexicali. «Algunos tenemos la idea de Juan Diego como la de un indio ignorante, y no es así. Él tenía una posición reconocida entre los aztecas. Esto hace más atractiva su conversión reconocida entre los aztecas. Todo el que se bautizaba era aquel que había dejado la idolatría, y nunca es fácil desprenderse de su cultura, prácticas y creencias.

«Juan Diego, por ser de la nobleza indígena, tuvo formalmente dos mujeres y, según los investigadores, pudo incluso haber tenido varias concubinas, como acostumbraban los señores de la época pre-hispánica. Pero Juan Diego, renunciando a sus tradiciones, aceptó y abrazó la fe católica que trajeron los españoles. En 1524 el fue bautizado junto con su esposa María Lucía, cuando el tenía 50 años.

«Juan Diego fue beatificado en 1990. El pasado 13 de diciembre del 2001 el Papa aprobó el decreto canónico de reconocimiento del milagro atribuído a la intercesión de Juan Diego. Este es el tercer y último milagro requerido para su canonización», dijo.

Ahondó: «El milagro ocurrió el 6 de mayo de 1990, en el mismo momento en el que el Santo Padre proclamaba beato a Juan Diego. Se trata del joven Juan José Barragán Silva, que desesperado y bajo el efecto de la droga, frente a su mamá, se hirió a sí mismo con un cuchillo y se tiró de cabeza al vacío desde un balcón a 10 metros de altura. La madre del muchacho, Esperanza, ha contado que justo cuando el joven estaba cayendo lo encomendó a Dios y a la Virgen de Guadalupe. Invocando a Juan Diego le dijo: `Dame una prueba. ¡Sálvame a mi hijo! Y tú, Madre mía, escucha a Juan Diego'. A juicio de los médicos, la muerte debía haber sido instantánea. Considerando la altura desde la que se aventó el muchacho, su peso de 70 kilos y el ángulo de impacto, se ha calculado que la caída ocasionó una presión de dos mil kilos en su cráneo. Sin embargo, a los tres días de estar hospitalizado, de manera instantánea e inexplicable, Juan José se curó completamente. No quedó con ningún daño neurológico o psicológico, y además sanó de su problema de drogadicción. Los especialistas dijeron que este caso era científicamente inexplicable».

«La canonización de Juan Diego tiene implicaciones muy grandes. La fe de México está sostenida en el milagro guadalupano, y es importante no pasar por alto a aquel hombre que, habiendo conocido a la Madre de Dios, no vaciló en dejar todas sus ocupaciones anteriores para dedicarse a Ella. Es un ejemplo de fe, esperanza y caridad. Él era el custodio de la imagen de la Virgen que se hallaba en una capilla que mandó construir el obispo Zumárraga. A partir de las apariciones, Juan Diego vivió en una consagración especial a la Virgen María. No hay que dejar de ver, pues, que en favor del milagro guadalupano existió una persona que, humildemente, en el silencio, con su vida, protegió ese milagro, que es grandísimo, y ayudó a que pudiera darse plenamente en México. Juan Diego estuvo presente para que el milagro guadalupano fuera posible y creíble. En los diez años anteriores a la aparición, los misioneros y franciscanos habían convertido al catolicismo entre 250 y 300 mil indígenas en México, mientras que, tras el milagro guadalupano ocurrido en 1531, en sólo 7 años se convirtieron 8 millones de personas».

«El Papa viene a hacer un homenaje a este hecho. Viene a resaltar las virtudes heroicas. Un santo es aquel hombre de carne y hueso que la Iglesia declara que vivió en fe, esperanza y caridad de forma heroica y grande. La iglesia lo hace santo para que todos veamos que podemos vivir las virtudes».

(Fuente: La Cruz de CalIfornia, Año 6, No. 3, marzo de 2002)

EL OBSERVADOR 368-9

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TESTIMONIO

«Él espera algo de mí»


Antes que nada, deseo presentarme. Me llamo Rafaela, tengo 25 años y vivo en Madrid. Durante 14 años fui a un colegio católico y estudié la carrera en una universidad de la Iglesia. Hace dos años acabé la carrera, y ahora estoy trabajando en el mundo de la publicidad. Como pueden ver, soy una persona corriente que ha llevado una vida normal, pero en la que la religión católica ha sido una constante. Aunque la cercanía con Dios es algo presente en mí día a día, he de reconocer que nunca había hecho nada especial por buscarla; sólo seguir los consejos de mis padres, educadores y religiosos. Más bien ha sido Él quien se ha acercado a mí, en los pequeños y grandes momentos, en los malos y en los buenos.

Pero hace ya algún tiempo que mi visión de la religión ha dado un giro de 180 grados. Se podría decir, o así yo lo veo, que he madurado en mi fe. Y todo gracias al Papa. Sí, han leído bien, todo gracias al Papa. Yo fui una joven del millón trescientas mil que acudió a la gran cita de la juventud en París, hace ya casi cinco años. Aunque sin tener la más remota idea de lo que iba a presenciar. Por aquel entonces, hacía un viaje por Francia y coincidimos cuatro días en París con la visita del Papa. No íbamos con la diócesis, no teníamos acreditaciones ni idea del programa de celebraciones. Pero queríamos ver al Papa. Sin problema. Nos acogieron en la parroquia del Espíritu Santo y allí comenzó nuestra aventura. Fueron cuatro días intensos, tanto física como emocionalmente. Cuatro días compartidos con más de un millón de jóvenes, que me enseñaron a enamorarme de mi religión. La religión católica está de moda. Y así lo manifestamos en la ciudad del amor por excelencia. Lo que vivimos fue la real comunión con Dios, presente en cada joven llegado de cualquier parte del mundo.

En aquel momento comenzó mi acercamiento activo a Jesús. Sabía que, si había tenido la oportunidad de presenciar aquello, era porque Él esperaba algo de mí; aunque en ese momento no supiera de qué se trataba. Tres años después tuve de nuevo el privilegio de vivir y compartir el encuentro con la Luz en Roma. Esta vez fue muy diferente, no sólo en lo que a organización se refiere. Hoy sé lo que Dios espera de mí. Y no es más que lo que hago escribiendo estas líneas: dar testimonio de Él en la Tierra. ¡Qué sencillo, ¿verdad?! Cuántas veces habremos oído y leído las palabras Id por todo el mundo y predicad el Evangelio sin que nos sonaran más que a uno de tantos fragmentos de las Escrituras. ¿Cientos?, ¿miles? Pues sumen una más a la lista, porque yo hoy les repito de nuevo sus palabras.

Suena extraño, pero me siento escogida (así como los dos millones y medio que peregrinamos a Roma), porque Dios ha vuelto a poner al Santo Padre en mi andadura… ¿Padre o abuelo?… Tal y como apuntaba uno de los obispos que tuve el honor de conocer en Tor Vergata, contemplamos la estampa de un abuelo cariñoso y firme en sus palabras, que disfrutó de la presencia de más de dos millones de nietos. Nietos que, a su vez, supieron disfrutar con su acogida, sus discursos cercanos y con el calor de su mirada rebosante de orgullo. Orgullo paternal por esos jóvenes en los que él pone «la Esperanza del tercer milenio que comienza».

Rafaela de la Brena.

(Fuente: El Rotativo, de la Universidad San Pablo-CEU)

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FIN

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