El Observador de la Actualidad

EL OBSERVADOR DE LA ACTUALIDAD
Periodismo católico para la familia de hoy
11 de agosto de 2002 No.370

SUMARIO

bulletMatrimonio: la unión más provechosa
bulletCARTAS DEL DIRECTOR - Que no se apague el eco
bulletEL RINCÓN DEL PAPA - Jesús no se limitó a enunciar las Bienaventuranzas, sino que las vivió hasta la entrega suprema
bullet¿USTED QUÉ OPINA - Un líder mundial nos visitó
bulletNUESTRO PAÍS - Canonización de Juan Diego: reflexiones
bulletLAS HISTORIAS DE MÉXICO - Sabores de México para el mundo
bulletCRÍTICA DE MEDIOS DE COMUNICACIÓN - Humanizar la era del recelo
bulletORIENTACIÓN FAMILIAR - Un corazón sin voz
bulletEl sufrimiento de la esterilidad conyugal

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Matrimonio: la unión más provechosa

¿Da lo mismo el matrimonio que la mera cohabitación? ¿No hay diferencia entre crecer en una familia monoparental o ser criado por los dos padres? Muchas veces se presentan estas situaciones como meros estilos de vida alternativos, que la sociedad debe tratar por igual. Pero un buen número de investigaciones han puesto de relieve los beneficios que el matrimonio aporta a las familias y a la sociedad, lo que justifica que sea tratado como una opción social preferente. En EU un grupo de investigadores sociales ha sintetizado en la publicación Why Marriage Matters las conclusiones de decenas de estudios sociológicos sobre este tema. Resumimos algunas.


La cohabitación no es el equivalente funcional del matrimonio. En conjunto, los miembros de parejas de hecho se asemejan más a las personas solteras que a las casadas, por lo que respecta a salud física, bienestar emocional, salud mental, patrimonio e ingresos. Algo similar se observa en los hijos de estas parejas: por su situación se parecen más a los hijos de familias monoparentales (o de padres que han vuelto a casarse después de un divorcio) que a los de padres casados y no divorciados.

Mayor seguridad económica

El matrimonio es una especie de seguro contra la pobreza de madres e hijos. Las investigaciones han mostrado de forma sistemática que tanto el divorcio como el tener hijos fuera del matrimonio hace que madres e hijos queden más desprotegidos económicamente. Los cambios en la estructura familiar son una causa importante de que las personas caigan en la pobreza (si bien el descenso de los ingresos del cabeza de familia es la primera de todas). Cuando los padres no se casan o el matrimonio se rompe, es más probable que los hijos sufran pobreza grave y persistente. La mayoría de los hijos extramatrimoniales pasan al menos un año en situación de pobreza extrema.

En promedio, los matrimonios crean más riqueza que las parejas de hecho o las familias monoparentales. No es sólo porque los matrimonios pueden contar con dos fuentes de ingresos; también se debe a algunas de las razones que hacen a los consorcios, en general, económicamente más eficientes: economías de escala, especialización, intercambio... Asimismo, parece influir que el matrimonio fomenta la salud y la productividad, así como la acumulación de riqueza.

Calificaciones y drogas

El divorcio o la cohabitación sin vínculo de los padres tiene una repercusión negativa, importante y duradera sobre el rendimiento académico de los hijos. Los hijos de padres divorciados o no casados obtienen peores calificaciones, y presentan mayor probabilidad de no terminar la escuela. Estos efectos son independientes de los antecedentes familiares. Los hijos de divorciados alcanzan un nivel de instrucción también inferior al de los hijos de viudos o viudas.

Existe una relación entre matrimonio y tasas bajas de consumo de alcohol y drogas, tanto en adultos como en adolescentes. Los casados, hombres o mujeres, presentan tasas menores de consumo y abuso de alcohol que los solteros. Lo confirman varios estudios que han seguido la trayectoria de los sujetos durante años: los jóvenes que se casan tienden a reducir el consumo de alcohol y drogas. También los hijos de padres casados presentan tasas más bajas de consumo de drogas, con independencia de los antecedentes familiares.

Matrimonio y buena salud

Los hijos de divorciados presentan tasas más elevadas de trastornos psicológicos y enfermedades mentales. Por lo común, el divorcio somete a los hijos a un golpe emocional considerable e incrementa el riesgo de enfermedad mental importante. Dichos peligros para la salud mental no se desvanecen poco después del divorcio. Al contrario, los hijos de padres divorciados siguen, en su vida adulta, expuestos a mayor riesgo de depresiones y otras enfermedades mentales: en parte, porque no llegan tan lejos en los estudios y porque presentan mayor probabilidad de divorciarse, de tener problemas conyugales y de sufrir dificultades económicas.

Malos tratos

Las mujeres jóvenes deben saber que el matrimonio no es una buena estrategia para reformar a hombres violentos. Pero un amplio repertorio de investigaciones muestra que convivir con un hombre al margen del matrimonio va asociado a un riesgo mayor de sufrir malos tratos. La probabilidad de que las discusiones acaben en violencia es tres veces mayor en las parejas de hecho (13%) que en los matrimonios (4%). La tasa de violencia doméstica también varía según la edad y la educación, pero sigue siendo mayor en las parejas no casadas. También un niño que vive con la madre soltera, el padrastro o el compañero de la madre tiene más posibilidades de ser víctima de malos tratos.
(Resumido de Aceprensa)

EL OBSERVADOR 370-1

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CARTAS DEL DIRECTOR

Que no se apague el eco
Por Jaime Septién


Se fue el Papa: nos queda el desafío. Así podríamos titular el momento que vivimos. Como Iglesia y como país. Se fue el Papa y nos dejó un santo y dos beatos. Los tres, Juan Diego, Juan Bautista y Jacinto de los Angeles, fueron hombres rectos y de vivir honesto, según la explicación de las dos homilías dichas por el Santo Padre.

Es decir: los tres fueron buenos ciudadanos. ¿Ser buenos ciudadanos es el origen de la santidad? No exactamente, pero ayuda. Llama la atención que la intención general de oración del Santo Padre para este mes de agosto sea: «Que crezca en la conciencia de los individuos y en la opinión pública mundial el respeto del ambiente, don de Dios para la entera familia humana».

El seguimiento de corazón que podemos hacer de la visita del Papa a México puede ser ése: empezar a respetar la Creación, empezando por respetarnos a nosotros mismos. En una de las cartas de los niños al Papa que publicó EL OBSERVADOR en el número especial pasado, la carta de Raquel Arias, con precisión admirable, decía: «Estoy dispuesta a ayudarte (a cambiar al mundo) portándome bien, respetar a mis hermanos, cumplir con mis deberes y no tirar basura».

Primero, la inconformidad. El mundo, tal como lo estamos tratando, se muere. Necesitamos niños, y hombres, y mujeres, que tengan el corazón valiente y caliente, para aportar al cambio. ¿Cómo? Portándose bien, como dice Raquel; respetando a los demás y respetando el ambiente, «don de Dios», que dice el Papa. También promete Raquel «no lastimar a Jesús haciendo cosas malas, viendo cosas malas que no hacen bien...»

¿Necesitamos más palabras para saber lo que tenemos que hacer? Si ponemos por pretexto que el lenguaje de las homilías del Papa es difícil de bajar a la práctica -objeción medio tontorrona, por cierto-, ¿pondremos letrero de dificultad a lo que nos dijo Raquel en EL OBSERVADOR?

Del amor a la acción. La intención misionera del mismo mes de agosto del Papa es: «Que en las grandes 'ciudades miseria' del mundo, la acción de los misioneros mitigue los sufrimientos ocasionados por las injusticias y favorezca la promoción integral de las personas». Al lado de nosotros están esas pequeñas o grandes ciudades miseria. El Papa les llama «barracópolis»: barriadas convertidas en ciudades perdidas. Ahí es donde los católicos debemos actuar. Por cierto, como misioneros.

EL OBSERVADOR 370-2

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EL RINCÓN DEL PAPA

Jesús no se limitó a enunciar las Bienaventuranzas, sino que las vivió hasta la entrega suprema


El Papa Juan Pablo II recordó el domingo pasado la reciente Jornada Mundial de la Juventud.

En sus palabras antes del rezo del Ángelus, en el palacio apostólico en Castelgandolfo, el Papa señaló que «a las riberas del lago Ontario parecía revivirse la experiencia de la gente de Galilea, sobre las orillas del lago de Tiberiades, cuando Jesús, llamando hacia sí a la gente, les entregó la espléndida y comprometedora 'proclama' de las Bienaventuranzas».

«Los jóvenes congregados en Toronto —señaló a continuación— han advertido que en las palabras de Jesús estaba la respuesta al deseo de alegría y esperanza que late en su corazón. Una respuesta que convence también porque Jesús no se ha limitado a enunciar las Bienaventuranzas, sino que las ha vivido en primera persona hasta la entrega suprema de sí.»

«'¡Bienaventurados ustedes!' Las Bienaventuranzas son la carta magna de aquellos que quieren introducir en el mundo una nueva civilización. Los jóvenes lo han entendido y han partido de Canadá decididos a confiarse a Cristo, porque saben que Él 'tiene palabras de vida eterna'. Un mundo sin referencia a Cristo — éste es el mensaje de Toronto— es un mundo que, tarde o temprano, termina por estar en contra del hombre. La historia de un pasado todavía reciente lo demuestra. No se rechaza a Dios sin encontrarse rechazando al hombre».

«Por esto los jóvenes de más de 170 países han acogido la invitación de Cristo a ser 'la sal de la tierra y la luz del mundo'. Ser ante todo sal y luz, para después actuar como sal y como luz. Ha sido este el desafío de la decimoséptima Jornada Mundial de la Juventud. Los jóvenes lo han acogido y ahora han regresado a sus países para ser constructores de la nueva 'civilización del amor'», concluyó.
(Fuente: NE)

EL OBSERVADOR 370-3

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¿USTED QUÉ OPINA?

Un líder mundial nos visitó
Por Genaro Alamilla Arteaga


Karol Wojtyla hace 23 años quizá podría decir que era un líder de su patria, y recientemente elegido para el ministerio petrino en servicio de la iglesia y de todos los hombres tampoco se podría decir que era líder mundial; pero, al correr de la historia y de Juan Pablo II con ella, se dijo que era el líder de la juventud porque era como un imán que atraía a los jóvenes cuando se presentaba antes ellos; y, siendo verdad esto, sin embargo en su ya prolongado ministerio se presenta ante la familia, ante el mundo del trabajo, ante el mundo de la política, ante las diversas culturas de los pueblos, ante el mundo de los negocios, etc., y todos lo proclaman su líder, y así se convierte en realidad en el líder mundial de los hombres.

Bien, este líder mundial por quinta vez visitó a México, en esta ocasión para proclamar la santidad de Juan Diego y para beatificar a los mártires de Oaxaca. Es evidente que esta presencia del sucesor de Pedro el pescador conmueve hoy más que en sus anteriores visitas a la Iglesia católica de México, y es admirado por los hombres que reconocen en él al «hombre más importante del mundo», como lo proclamara el anterior secretario general de la ONU. Conmueve al mundo católico hoy porque, a pesar de su quebrantada salud y el peso de los años, sin embargo sigue ejerciendo su ministerio papal en el mundo. Se ha dicho que ya tiene agenda para el próximo año.

Todos nos podemos preguntar cómo es posible que, a pesar de las limitaciones físicas del papa Wojtyla, tenga esa vitalidad que lo hace casi invencible. Es evidente que esto le viene al Papa de su fuerza espiritual, fuerza que está cimentada en su espíritu de oración y de unión con Dios. Pero también sus cualidades intelectuales lo hacen presentarse ante el mundo con tal convicción y tal fuerza que se revela como el hombre que posee, aún, la capacidad necesaria para cumplir con su misión para bien de la Iglesia y para bien de los hombres. Con razón cuando alguien le manifestó su preocupación por su salud y sus limitaciones físicas, que se manifiestan en la debilidad corporal, sobre todo al caminar, contestó: «La Iglesia se gobierna con la cabeza, no con los pies».

Teniendo en cuenta ahora la razón de su visita a su México querido, que fue, como dijimos antes, la canonización de Juan Diego con su alta significación de dignificar a los indígenas de México y América Latina, se acrecienta en nosotros no sólo la gratitud sino el entrañable amor que siempre hemos tenido por el sucesor de Pedro.

Pueden algunos no aceptar la figura de Juan Pablo II, lo que revela desconocimiento o desinformación o absurdo sectarismo, sobre todo cuando no sólo no se acepta al líder mundial como es el Papa, sino cuando se le ofende y se ataca a la misma Iglesia; pero, contra algunos que así se manifiestan, hay millones que proclaman al sucesor de Pedro su líder; y la Iglesia católica avanza en la historia lanzando el mensaje de Jesús en el mundo tan desquiciado en el que vivimos. ¿Usted qué opina?

EL OBSERVADOR 370-4

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NUESTRO PAÍS

Canonización de Juan Diego: reflexiones
Por Mario De Gasperin Gasperin, obispo de Querétaro


1. El 3 de julio de este año dos comisiones episcopales publicaron, en nombre de todos los obispos de México, un mensaje al pueblo con ocasión de la canonización de Juan Diego y de la beatificación de Juan Bautista y de Jacinto de los Ángeles, mártires de Cajonos, Oaxaca.

2. Estos actos religiosos, que hicieron presente entre nosotros por quinta vez al Sumo Pontífice, conllevan un reconocimiento solemne de los indígenas como pueblos, es decir, de la dignidad y respeto que merecen tanto sus personas como sus comunidades y culturas. Las comunidades indígenas tienen no sólo derecho a defender sus culturas sino el deber de transmitirlas a las nuevas generaciones: «La soberanía política o económica suponen la soberanía fundamental basada en la cultura y en el pueblo que constituyen la nación».

3. Cuando se transmite una cultura no se hace en «estado puro», como si fuera un fósil o una momia; sino que las culturas, como todo elemento vivo, deben crecer y perfeccionarse, asimilar valores y transformarlos sin perder la propia identidad. La «clonación» es un retroceso en el proceso evolutivo. Cultura que no evoluciona, se muere. Es aquí donde se inserta, sin violencia, el Evangelio en las culturas, elevándolas y potenciándolas. Por eso también dijo el Papa: «México necesita de los indígenas, y los indígenas necesitan a México». Nosotros podemos decir: la Iglesia necesita de los indígenas y los indígenas necesitan a la Iglesia. Es el diálogo intercultural. Esto es sabiduría cristiana. El acontecimiento guadalupano es un ejemplo acabado y fecundo.

4. La Iglesia ha estado siempre presente y atenta al mundo indígena. Esto lo sabe la historia y se demuestra porque los indígenas, en su inmensa mayoría, forman parte de la Iglesia y han permanecido fieles a la Iglesia. Hubo cierta lejanía el siglo pasado, pero fue el «siglo de las persecuciones» contra la Iglesia católica. No debemos olvidar que durante el siglo XX, en la ley y en la práctica, la Iglesia fue excluida y perseguida en sus expresiones públicas de fe, y vetados sus ministros. Aunque parezca paradójico, fue entre los indígenas donde se refugiaron numerosos sacerdotes perseguidos. Recordemos los relatos de Graham Greene en su novela El poder y la gloria y en sus memorias Caminos sin ley, libro vetado aquí, pero que dio la vuelta al planeta. Esto lo sabe el mundo, pero se ignora en México.

5. Los obispos de México afirmamos de manera contundente: «El mensaje guadalupano reivindica el lugar del pobre y del excluido en la construcción de una sociedad más justa y fraternal». ¿Podríamos hablar más claro? Otra cosa es que quieran escucharnos. Hicimos, inclusive, algunas propuestas concretas, por ejemplo:

* Reconocimiento de los derechos y culturas indígenas.
* Valoración de la ética indígena en su dimensión humana y cristiana.
* Educación de la niñez en sus propias comunidades, con apertura al mundo moderno.
* Promover organizaciones productivas y comercialización de sus productos.
* Ejercicio de la justicia en sus propias lenguas.
* Respeto a su hábitat y a su entorno agrícola y selvícola, etcétera.

6. Hay mucho en qué pensar respeto de esta quinta visita papal. Desde luego debe descartarse esa interpretación meramente pietista (piadosona) y sentimental que le dieron prácticamente todos los medios de comunicación. La fe es algo más que el pietismo y que el sentimiento. Debe ser también razonable y razonada. Hay que ir a las lecturas bíblicas de las celebraciones y a las homilías. Pero también debe descartarse ese jacobismo abierto o velado, sobre todo de ciertos políticos, articulistas, periodistas y de los ahora llamados «peritos en asuntos religiosos», que lanzan opiniones inexactas y se creen capaces de aconsejar al Espíritu Santo para elegir al sucesor de Juan Pablo II.

7. Volvió, como era de esperarse, la debatida y estropeada cuestión de si se violó aquí o allá, por éste o por aquel personaje público la Constitución. Los legisladores deben analizar a conciencia, con apertura de mente e inteligencia, la situación ya cambiada del país, y adecuar a ellas las leyes, no al revés. Se necesita con urgencia una reforma inteligente del Estado mexicano. ¿Habrán caído en la cuenta de que ya estamos en el tercer milenio y en un mundo globalizado, querámoslo o no? El país va a seguir cambiando con o sin los legisladores; la paz social, la salud pública y el estado de derecho reclaman su contribución generosa e inteligente.

8. Las celebraciones litúrgicas en la Basílica, tanto la eucarística en la canonización de Juan Diego como la liturgia de la Palabra en las beatificaciones de los mártires de Cajonos, han mostrado la posibilidad real de mutua fecundación entre la liturgia y la religiosidad popular (como lo pedía el Documento de Puebla), sobre todo incorporando el rico sentido simbólico de las culturas indígenas. México es un pueblo eminentemente simbólico: vive inmerso no en un «realismo mágico» sino en un «realismo simbólico», en un mundo lleno de signos, símbolos y significados. La liturgia, es decir, el Evangelio y la fe celebrados, tiene esa capacidad de asumir y asimilar los valores de las culturas, de purificarlos y enriquecerse ella misma: «Lo que no es asumido no es redimido», decía san Ireneo. Es el delicado pero prometedor proceso de la «inculturación» de la liturgia.

EL OBSERVADOR 370-5

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LAS HISTORIAS DE MÉXICO

Sabores de México para el mundo
Por Diego García Bayardo


Si intentamos una primera búsqueda de las aportaciones de México al mundo, hemos de comenzar por los recursos naturales, creados o desarrollados en estas latitudes, que desde aquí se han dado a conocer a la humanidad.

Algunas de las plantas que podemos mencionar tuvieron su origen biológico en territorio que ahora pertenece a México y otras quizá surgieron primero en Sudamérica o en Centroamérica, pero fueron conocidas en México por los españoles y de aquí las llevaron a todo el orbe.

El cacao y su derivado fundamental, el chocolate, constituyen nuestra primera parada en este viaje imaginario por los sabores y aromas de estas tierras. Llamado mecacauatl por los pueblos nahuas, el cacao era deliciosa moneda que se podía comer y beber. Ciertamente el chocolate original era una bebida áspera y amarga, hecha en agua y sin endulzar, pero al prepararla los españoles con leche y azúcar, la convirtieron en la delicia mestiza que a casi todos encanta. Muy otra cosa sería el mundo sin chocolates.

Buena parte de la cocina europea debe su existencia al jitomate. Esta planta maravillosa, aunque parece haberse originado en Sudamérica, fue cultivada en el México prehispánico con gran amplitud y en todas sus variedades, y fue aquí donde los españoles conocieron esa "fruta con ombligo" (xitomatl).

El chile, aunque no apropiado para el gusto de todos, fue apreciado en Europa como una variante de la pimienta y, trasplantado a tierras españolas, dio origen al pimiento, indispensable en el acervo culinario español.

La calabaza (Cucurbita pepo), en sus diversas variedades, cocinada mundialmente en platos dulces y salados, convertida en cabeza macabra en el Halloween, fue una de las primeras plantas cultivadas en Mesoamérica (o quizá la primera).

La flor de Nochebuena, planta indudablemente mexicana (descrita científicamente por primera vez por uno de los grandes enemigos de México, Joel R. Poinsett), se ha convertido en todo el orbe en ícono indispensable de la Navidad.

¿Y qué decir de la vainilla (tlilxóchitl), que por siglos fue el más popular y casi único sabor para lo dulce? ¿Y del tabaco, ciertamente peligroso, pero que es la delicia de millones de fumadores, desde el mismísimo Cristóbal Colón hasta nuestros días?

El eterno maíz, para comer y beber, o la guayaba, el aguacate, el zapote o los capulines, entre muchas otras frutas, son dones para el alma y el paladar. No por nada he conocido visitantes extranjeros que, ante la oportunidad única de saborear tales maravillas, dedican su estancia en nuestro país para comer cierta fruta hasta enfermarse; luego, cuando se recuperan, siguen con otra fruta, hasta el empacho, y así sucesivamente, hasta el día en que tienen que irse. No todos tienen nuestra suerte.

También recordemos el faisán, muy de la península yucateca, y el guajolote ("pavo" para los fresas), que preparado con mole sigue siendo plato de grandes fiestas aquí, mientras horneado y relleno es mundialmente reconocido como indispensable en la cena de Navidad. ¿Nopalitos? ¿Queso de tuna? ¿Un tequila? Salud y buen provecho.

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El místico juego de pelota
Por Diego García Bayardo


El más famoso juego prehispánico es el de pelota, pero la fama está sólo en el nombre: aunque se alude a él en todos los libros escolares de historia de México, y aunque siguen practicándose varias formas de juego de pelota en diversas regiones del país, no se conocen con exactitud sus características, reglas e implicaciones religiosas, y por todo eso no ha sido bien comprendido.

Comenzaremos diciendo que no había un solo juego, sino varios, con reglamentos y rasgos muy diferentes. Las canchas podían ser abiertas o cerradas, con forma de I o con forma de doble T. Sus tamaños varían enormemente de una zona arqueológica a otra. Se jugaba con una pesada pelota de hule natural, de unos tres kilos, que debía ser golpeada con determinadas partes del cuerpo; la regla más conocida señala que sólo se puede tocar o golpear la pelota con las caderas, protegidas con una especie de falda de cuero, aunque se habla también de variantes en las que se podían usar los hombros u otras partes. En la versión conocida como pelota mixteca se golpea con las manos, protegidas con recios guantes.

En el juego de pelota se trataba de hacer que el contrincante dejara caer la pelota en tierra o fallara al tratar de devolverla. El máximo logro consistía en hacer pasar la pelota por uno de los anillos de piedra fijos en las paredes laterales de la cancha. Parece que el juego terminaba cuando uno de los contendientes lograba tal hazaña.

¿Qué pasaba al terminar el juego? Ciertas versiones, que hacen hincapié en el carácter lúdico y deportivo del juego de pelota, afirman que los ganadores y sus amigos presentes como espectadores, tenían derecho a quitarles sus vestidos y adornos a los seguidores del equipo perdedor, de manera que al terminar el juego iniciaba súbitamente una gran corretiza en los alrededores de la cancha, con unos tratando de desvestir a los otros y éstos tratando de huir. Otros textos, que hacen hincapié en la parte religiosa del juego, señalan que éste era un rito, no un deporte, y que todos los movimientos, ceremonias, objetos y lugares de juego tenían un profundo contenido simbólico. En las regiones donde las cosas se tomaban tan en serio, el equipo perdedor era inmediatamente sacrificado, casi siempre por decapitación.

Algunos entusiastas de lo prehispánico, más dados a fantasear que a leer (v. gr. algunos maestros) afirman que eran los ganadores los que eran sacrificados, porque "a los dioses se les ofrecía lo mejor, no lo peor". Suena bonito, pero tal afirmación no tiene bases. En primer lugar, es increíble la suposición de que los indígenas no tenían siquiera instinto de supervivencia y que se dejaban matar como moscas. Mala comparación: hasta las moscas tratan de evitar el golpe. ¿Vamos a suponer que los indígenas no eran capaces de algo tan elemental? En segundo lugar, basta leer el Popol Vuh para darse cuenta de que la muerte es para el perdedor. En su segunda parte leemos cómo los señores del inframundo (Xibalbá) convocan a Hun-Hunahpú y Vucub-Hunahpú para jugar a la pelota con la intención de vencerlos y sacrificarlos. Como estos dos hombres no lograron pasar las pruebas previas al juego, fueron sacrificados. Más adelante, los dioses del inframundo llaman a los jóvenes héroes Ixbalanqué y Hunahpú también para jugar a la pelota y luego matarlos. Al resultar vencedores una y otra vez, y luego de escapar de la ira de los señores, estos hermanos regresan a Xibalbá disfrazados de magos bailarines y terminan por engañar y matar a los principales señores oscuros, Hun-Camé y Vucub-Camé. Así los perdedores, a pesar de ser dioses, no escaparon de la muerte.

En conclusión, el juego de pelota, al igual que otros "juegos", como el del volador o el del patolli, no era un simple deporte o una diversión, sino un rito religioso dotado de un complicadísimo contenido simbólico (ver el libro de Gabriel Weisz: El juego viviente, Siglo XXI Editores, México, 1986), y fueron precisamente los componentes religiosos de este juego los que llevaron a los misioneros españoles a prohibir para siempre su práctica en toda la Nueva España. Así fue como desapareció casi por completo, junto con sus reglamentos; sólo nos quedan versiones cuya identidad con las formas prehispánicas no es del todo probable, como el ulama, la ya mencionada pelota mixteca y la pelota tarasca o pasiri-a-kuri, que se juega con bastones de madera. Por cierto; si de todos modos ya la tradición está casi perdida, ¿no sería bueno relanzar este juego como simple diversión, con cascos, protectores y balones de plástico, zapatos de tenis y playeras vistosas, quizá con el logo del refresco, la cerveza o la cementera patrocinadora del equipo?

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¿Y qué pasaba en el Bajío antes de la Conquista?

Nuestra región parece una especie de agujero en la historia prehispánica, por la poca atención que ha tenido de los investigadores y la escasa difusión que se da a sus hallazgos. Vamos a tratar de aclarar un poco lo que sucedió en el Bajío durante la prehispania.

Casi siempre se dice que nuestra región no perteneció a Mesoamérica, de modo que estuvo habitado solamente por "salvajes" sin una cultura que valiera la pena. Pero esto es falso en dos sentidos, que explicaremos a continuación.

El Bajío sí fue parte de Mesoamérica durante los horizontes Preclásico (1200 a.C.-200 d.C.) y Clásico (200 – 800). A la antigüedad preclásica pertenecen, por ejemplo, las culturas de Tlatilco, Chupícuaro y El Opeño. La más notable fue la de Chupícuaro, pues abarcó buena parte de lo que ahora son los estados de Guanajuato, Querétaro, Jalisco, Nayarit, Sinaloa, Colima, Guerrero y el Estado de México.

Durante el Clásico, San Luis Potosí quedó integrado a la enorme región habitada por los huastecos, provenientes del Golfo de México, mientras en Guanajuato y Querétaro surgían varios grupos, sin nombre conocido, cuya cultura denotaba fuertes influencias huastecas y teotihuacanas. Ya en el Postclásico, la frontera Mesoamericana sufrió un retroceso y casi todo el Bajío quedó ubicado en la "Gran Chichimeca", donde grupos diversos, unos semi-sedentarios y otros nómadas, se disputaban el territorio. Todavía en esa época el sur de Querétaro y buena parte de Guanajuato fueron ocupados por los purhépechas o tarascos, y también por acá se hizo sentir la presencia otomí.

En el momento de la conquista española, el centro y norte del Bajío estaba ocupado por grupos cazadores-recolectores como los pames, jonaces, guamares, guachichiles, copuces y guaxabanes, conocidos todos con el nombre genérico, peyorativo, de chichimecas. Algunos de ellos habían pasado por una etapa sedentaria o semi-sedentaria en el pasado, pero luego volvieron a la vida nómada. Estas naciones se caracterizaban por su fiereza guerrera, el fuerte apego que tenían por su territorio y la carencia de jefes permanentes, reyes o caciques. Eran otra vez sociedades igualitarias. Todas estas características, aparentemente no muy halagüeñas, les dieron a dichos grupos una capacidad de resistencia ante la invasión española tan fuerte que se necesitaron hasta 50 años de guerra para someterlos, mientras estados bien conformados, como México-Tenochtitlan, cayeron en cuestión de meses.(DGB)

EL OBSERVADOR 370-6

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CRÍTICA DE MEDIOS DE COMUNICACIÓN

Humanizar la era del recelo
Por Santiago Norte


La comunicación interpersonal es una de las disciplinas menos investigadas dentro de las que componen el cuerpo de conocimientos de las licenciaturas que se dedican a explorar, justamente, el fenómeno de la comunicación. Derivadas hacia la urgente cuestión de la comunicación pública, las carreras han centrado su interés en los medios y no en las personas que comunican; en las audiencias y los mercados y no en las personas que reciben a menudo cargas insoportables de información, publicidad y productos.

En la era de la sociedad-red, cuando técnicamente tenemos más elementos que nunca para comunicarnos con los otros, resulta que no tenemos nada que comunicarles. O muy poco. El empobrecimiento real del lenguaje es uno de los escaparates en que podemos ver la nueva cultura audiovisual que nos envuelve y nos atrapa en su influjo. También es reflejo de esta incapacidad de tener algo que comunicar el espectáculo que a diario nos presenta la televisión comercial mexicana, por no decir la radio o los periódicos. Excelencia en recursos técnicos en una ausencia muy notoria de substancia humana.

Por sí misma, la comunicación interpersonal no acepta sino acercamientos. Un recetario para «mejorar la autoestima» o una serie de consejos «para tener éxito en las relaciones sociales» son lo más alejado que se pudiera pensar sobre la comunicación existencial, aquella que nos funda como singularidades en el mundo. Sin embargo, eso es lo que se nos ha vendido. De ahí el desencanto que provoca la materia y de ahí también el alejamiento que los intelectuales de la comunicación le han tenido. Una especie de aversión que ni se justifica ni se entiende cuando uno como estudiante, como maestro o como simple curioso se acerca de la mano de un experto como lo es Paco Prieto.

Paco presenta hoy un libro que muchos de los que fueron sus alumnos hubieran dado cualquier cosa por tenerlo en tiempo de su maravillosa carrera universitaria, ejercida en la Universidad Iberoamericana hasta 1994, año en que se refugió en la radio y, más concretamente, en Radio Centro. Apuntes, intuiciones, lecturas: en pocas páginas están sugeridos los temas principales de la comunicación entre personas en este libro que Editorial Coyoacán ha tenido el acierto de poner en circulación pública.

Es posible resumir (aunque todo resumen es arbitrario) la importancia del texto por la hondura de la crisis de comunicación interpersonal que aqueja a nuestro entorno, a nosotros mismos. El Yo que no reconoce al Tú, que no le da boca, que no lo in-voca, es un Yo perdido en el sin-sentido existencial; un Yo herido que no reconoce su herida, que la tapa a base de violencia. El Yo perdido de la relación de las existencias es capaz de cualquier monstruosidad, del crimen gratuito, de la supresión primero simbólica y luego real del Otro en su existencia. El libro, sin dejar el rigor académico, abre el camino al pensamiento dual, al pensamiento no totalitario, a ese modelo de la razón tan alejado del autoritarismo que es la razón que razona; la razón que da razones; la esperanza que da razones de la esperanza; la fe que da razones de la fe.

Como Dostoievski, el autor sabe muy bien que si el hombre no es capaz de inclinarse ante lo infinitamente superior, terminará arrodillándose ante lo infinitamente superfluo, ante cualquier cosa. Es decir; si el hombre no se abre a la experiencia del otro, si no transita con él su herida vital, si no se funda en la comunicación de la existencia, acaba por caer en la negación de sí mismo y, por tanto, en la negación del otro.

Los límites del mundo son los límites del lenguaje. Y si no aprendemos palabras que nos iluminan, si no las gozamos desde dentro, nuestro mundo y el que reflejemos a los otros será cada vez más oscuro, más carente de sentido.

EL OBSERVADOR 370-7

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ORIENTACIÓN FAMILIAR

Un corazón sin voz
Por Yusi Cervantes Leyzaola


PREGUNTA:
Siento que sobran las palabras, «mis palabras».En ocasiones, las más de ellas, siento que hay una bomba queriendo hacer explosión dentro de mi. Son sentimientos de todo tipo que guarda mi corazón. Desgraciadamente, un corazón que hace mucho tiempo podía hablar y expresarse, aprendió, por muchas razones que me parecen ahora tan poco válidas, a callar.

Ahora, cuando siento esa especie de tornado formándose en mi interior sin encontrar salida, me pregunto por qué aprendí a hacer algo tan ruin como dejar  a mi corazón sin voz. He tratado de rescatarme de ese error, pero me ha costado más de lo que creía, y no he podido hacerlo del todo. Quizá he avanzado unos cuantos pasos, pero no parece ser suficiente. Se ahogan las palabras, y los sentimientos siguen intentando salir a la superficie. Me da mucha tristeza haber llegado a esto y no sé como deshacer lo hecho. Siento miles de cosas fluyendo en mi interior, cosas que me gustaría compartir, y al no poder hacerlo se me hace un nudo en la garganta atado con un algo de frustración.

No sé que hacer con este torbellino dentro de mí, no sé cómo liberarlo sin sentirme desprotegida, no sé como regresar a mí, a esa persona que sabía expresar lo que sentía y no le importaba lo que pensaran o dijeran los demás. Necesito una pista.


RESPUESTA:
Haber dejado a tu corazón sin voz es terrible, pero debes ser compasiva contigo misma. Las actitudes negativas que adquirimos en nuestra vida no están ahí porque deliberadamente queramos hacernos daño a nosotros mismos, sino porque en ese momento es la mejor alternativa posible, o quizá la única posible, dadas las limitaciones personales y las circunstancias de la vida. Si dejaste a tu corazón sin voz fue, seguramente, para protegerte, para sobrevivir. Quizá el dolor de un posible rechazo era más de lo que podías manejar en ese momento.

Ahora las razones no te parecen válidas, pero en su momento no tenías la fortaleza, ni la claridad, ni la madurez que tienes ahora. Pero hoy, que te das cuenta, es el momento de crecer. ¿Una pista? Tal vez darte cuenta de que nada ni nadie puede dañar tu esencia como ser humano. En nuestro interior, en nuestra esencia, somos hijos de Dios y templos del Espíritu Santo. Santa Teresa hablaba de un castillo interior, cuya hermosura podía ocultarse con el polvo y las sabandijas que permitimos entren en nosotros, pero esa belleza jamás puede ser destruida. Basta con limpiar el castillo y alejar a las sabandijas. De modo que nada ni nadie, excepto Dios, pero él no va a hacerlo, tiene el poder de dañar tu esencia como ser humano. Ningún rechazo, ningún desamor puede destruirte.

Y con esto llegamos a otro punto: si aprendes a amar sin apego y expresarte sin esperar respuesta o aprobación, no solamente serás más libre, sino que evitarás el ser lastimada. Si tú le dices a alguien: te quiero, y esperas una respuesta que no se da, sufres, lógicamente. Pero si le dices: te quiero, nada más porque lo sientes y tienes ganas de decirlo, no importa si no hay respuesta. Habrás experimentado el gozo de expresarte y eso será suficiente.

Por último, date cuenta de que hay un punto donde nadie puede ayudarnos, nadie, sino Dios, puede rescatarnos. No es por falta de buena voluntad, ni de amor, pero hay ciertas áreas de nuestra vida que debemos enfrentar y sufrir solos. ¿Quién, por ejemplo, podría haber ayudado a Jesús en el huerto de Getsemaní o en el camino al calvario? Esto reafirma la necesidad de no depender de los demás ni de su respuesta; amarnos unos a otros, sí, apoyarnos mutuamente. Pero no colgarnos de los demás.

Tú eres libre para compartir lo que tú eres, lo que sientes. Y si hay alguien que reciba tu don, eso es una fiesta y habría que celebrarlo. Pero si no lo hay, si no eres comprendida, escuchada o aprobada, de todos modos puedes seguir expresándote, ese es tu privilegio. Ojalá estas ideas te ayuden a tener valor y aceptar el riesgo de expresar tus sentimientos. Verás: tu corazón no es tan frágil como crees.

La psicóloga Cervantes responderá las preguntas que se le envíen a la dirección de El Observador; Reforma 48, apdo. 49, Querétaro, Qro. C.P. 76000; o que se le hagan al teléfono 228-02-16. Citas al 215-67-68. E-mail: cervleyza@msn.com 

EL OBSERVADOR 370-8

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El sufrimiento de la esterilidad conyugal
Por M.E.F. Marisela Enríquez de Ledesma *


La esterilidad conyugal es uno de los problemas que está alcanzando cifras muy elevadas en los matrimonios jóvenes de la actualidad. Por desgracia, en un índice muy alto la esterilidad es causa de separación de muchos matrimonios, quienes al ver frustrado su deseo de descendencia, optan por "liberarse mutuamente" o en su desesperación natural son orientados hacia practicas poco éticas como "el alquiler de un vientre materno", que representa una falta muy grave contra la fidelidad conyugal y la maternidad responsable, ofende la dignidad y el derecho del hijo a ser concebido, gestado y traído al mundo.

La esterilidad conyugal es una dura prueba para los matrimonios que atraviesan por ella, y se encuentran en una situación dolorosa. Las tensiones y los pequeños roces cotidianos muchas veces son signo de desesperanza, lo que lleva al matrimonio a la desesperación y en vez de buscar ayudas para superarlas, encuentran la cada vez mas "fácil" y tentadora solución de la separación o el divorcio, con el daño consiguiente que deja en cada uno el triste dolor del fracaso matrimonial. Sin embargo, no se debe olvidar que, incluso cuando la procreación no es posible, no por ello la vida conyugal pierde su sentido y su valor. El matrimonio no tiene como único fin la procreación, sino también la mutua ayuda y perfeccionamiento a través del amor conyugal. Se puede ser estéril físicamente pero inmensamente fértil en lo espiritual, dándose mutuamente ese amor incondicional, luchando juntos por su matrimonio, buscando ayuda profesional. Cada uno de los cónyuges tiene por delante una gran obra que realizar; deben ser, mutuamente, fuente de apoyo, amor y aceptación volcando uno a otro toda su ternura, delicadeza y amor que le habrían dado a sus hijos.

Si tienen la inmensa dicha de tener fe, busquen apoyo espiritual en Dios, pues en Él encontraran la fuerza y la gracia que necesitan para sacar adelante su matrimonio con éxito.

Al respecto, S.S. JUAN PABLO II dice: "El matrimonio no ha sido instituido solamente para la procreación; por esto, aunque la descendencia tan deseada muchas veces falte, sigue en pie el matrimonio, como intimidad y comunión total de vida"

* Miembro de la Asociación Internacional para la Educación Familiar.

EL OBSERVADOR 370-9

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FIN

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