El Observador de la Actualidad

EL OBSERVADOR DE LA ACTUALIDAD
Periodismo católico para la familia de hoy
18 de agosto de 2002 No.371

SUMARIO

bulletLos muertos los pone México; los dólares, Estados Unidos
bulletCarta de un obispo a los migrantes de su diócesis
bulletEL RINCÓN DEL PAPA - El acontecimiento guadalupano constituyó un hito en la historia de la evangelización en México
bulletINTERNACIONAL - No puede haber paz sin defensa del ambiente
bulletSin Fronteras
bulletLa «píldora del día siguiente»: un abortivo
bulletTEMAS DE HOY - No me arrepiento de haber lanzado la bomba
bulletCORRESPONDENCIA - El amor tiene un nombre: Juan Pablo II
bulletDILEMAS ÉTICOS - Me voy pero no me voy
bulletCRÍTICA DE MEDIOS DE COMUNICACIÓN - Chacoteo y elecciones
bulletJÓVENES - ¡Hola, soy la minifalda!
bulletINTIMIDADES –LOS JÓVENES NOS CUENTAN- Mis papás no quieren que vaya al psicólogo
bulletFAMILIA - La trampa de la televisión
bulletPINCELADAS - Heno en el plato

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Los muertos los pone México; los dólares, Estados Unidos
A ocho años de la «Operación Guardián»
Por Jaime Septién/ EL OBSERVADOR


SAN ANTONIO, Texas.- «Abril es el mes más cruel» («April is the cruellest month»), comienza diciendo un poema famoso de T.S. Eliot, estadounidense de St. Louis, Missouri (1888), nacionalizado inglés (murió en Londres, en 1965) y Premio Nobel de Literatura en 1948.

Los trabajadores mexicanos y centroamericanos que cruzan los dos mil kilómetros de frontera con los Estados Unidos pueden, perfectamente, decir lo mismo, pero del mes de agosto. En efecto:  «August is the cruellest month» («Agosto es el mes más cruel») porque se trata del mes con mayor número de muertes entre los migrantes. O se trataba. La cuenta macabra de los fallecimientos tiene ahora una nueva estrella: el mes de junio de 2002. Según datos del gobierno mexicano, durante ese mes cayeron 67 de los nuestros, la mayoría en los desiertos de Arizona, lugares inhóspitos, a donde han llegado los «mojados» por la presión que sobre las ciudades y los puertos fronterizos ejerce la Border Patrol (la Patrulla de Frontera) de Estados Unidos.

Nunca tanta gente había expuesto tanto su vida

De los nueve extensos condados que existen como frontera con México (McAllen, Laredo, Del Río, Marta, El Paso, Tucson, Yuma, El Centro y San Diego), el más peligroso se ha vuelto, justamente, el de Tucson, seguido por El Centro, al este de California, lugar donde se asienta el llamado Desierto Imperial. Datos de la Border Patrol indican que del 1º de octubre de 2001 al 1º de agosto de 2002 han muerto ya 223 hombres, mujeres y niños mexicanos, en su intento por llegar a la tierra de la gran promesa:  90 de ellos en Tucson; 52 en El Centro.  Ninguno de los dos condados tiene población fronteriza significativa con México:  son puro desierto.  Los policías de El Centro creen que 2002 romperá el récord de 95 muertes registradas en 2001:  la más alta tasa observada en la historia del horror en ese condado insignificante, al norte de Mexicali, Baja California.

Un número tan elevado de muertes sería indicativo de la posibilidad de ganar mucho dinero en una economía pujante.  Pero la economía actual de Estados Unidos dista mucho de ser una economía en auge.   Lo cual significa, simple y llanamente, desesperación de los migrantes.  De acuerdo con opiniones de oficiales de frontera, jamás en la historia habían visto tanta gente exponiendo su vida por un empleo de lo que sea.  Porque los mexicanos vienen a Estados Unidos a realizar los trabajos que los estadounidenses no harían ni locos:  destapar cañerías, lavar platos, limpiar excusados, cosechar algodón... 

Donde no viven ni las víboras van los mexicanos

Según los especialistas en cuestiones de la frontera, mucho de este tremendo número de muertes tiene que ver con el trabajo que realiza la Border Patrol, apostándose sobre todo en los grandes centros de población y de cruces fronterizos como Tijuana-San Diego; Ciudad Juárez-El Paso; Nuevo Laredo-Laredo; Reynosa-McAllen y Matamoros-Brownsville.  De hecho, la migración mexicana ha bajado cerca de 28 por ciento desde el 11 de septiembre pasado, y el número de muertes ha descendido 20 por ciento, pero solamente en los lugares poblados.  Las muertes en despoblado permanecen anónimas o bien pasan a engrosar las listas de lugares donde antiguamente poco se sabía de los «espaldas mojadas», porque en ellos no vivían ni las víboras.

Este operativo de la Border Patrol obedece a uno mayor, iniciado en 1994, en plena administración de uno de los presidentes más cínicos de la historia de Estados Unidos:  Mr. William Jefferson Clinton ll.  La tenaza, conocida como «Operación Guardián» («Operation Gatekeeper») ha dado como resultado dos mil muertes desde entonces (una por día en promedio, los últimos dos años).  Y amenaza ser más severa, pues ha extendido su radio de acción (con más oficiales, equipo y más barreras físicas como los muros de concreto en San Diego) a estados como Arizona y Texas.

Obviamente, la Border Patrol asegura que está haciendo bien su trabajo y que no va a cambiar un ápice la forma de enfrentar el fenómeno migratorio mexicano. Algunos de sus miembros le echan la culpa al calor, otros a la corrupción que priva en nuestro país y otros a la simple mala suerte o a los «coyotes»:  un ilegal que muere es siempre un problema menos. Todo ello impulsado y reforzado desde la Casa Blanca, donde gobierna con puño de hierro (y más desde los ataques a las Torres Gemelas y al Pentágono) Mr. George Walker Bush Jr., quien, lejos de aminorar las presiones fronterizas, las ha aumentado, so pretexto de cazar terroristas en tránsito hacia «America».

Dos mil millones de dólares para cazar «mojados»

Cruzar la frontera con EU puede resultar muy peligroso, muy costoso, y en últimas fechas, por la «Operación Guardián», mortal. Peligroso por la cantidad de intereses que se mueven para explotar trabajadores migrantes mexicanos, y costoso porque —de acuerdo con datos de la Oficina de la Border Patrol, comandada por Mario Villarreal— cada persona tiene que pagar entre mil y dos mil dólares a los «polleros».
La tremenda paradoja de la «Operación Guardián» es la cantidad de recursos financieros que año con año pone en juego el gobierno de Estados Unidos para detener la ola migratoria mexicana.  Según cálculos del Instituto de Políticas Públicas en San Francisco, California, un organismo no partidista de investigación, cada año la administración Bush dedica dos mil millones de dólares a cazar «mojados». 
La pregunta es obligada:  ¿por qué esos recursos (astronómicos) no se dedican a crear empleos en México y en América Central para evitar el tráfico humano y miserable de la frontera con mayor intercambio de personas en el mundo?  Sobre todo si se revisa con detenimiento el resultado los últimos ocho años de la «Operación Guardián»:  lejos de disminuir la migración, lo único que ha provocado en abundancia son muertos.

EL OBSERVADOR 371-1

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Carta de un obispo a los migrantes de su diócesis*

Muy queridos hermanos y hermanas:

Rezamos por ustedes y su familia. Le pedimos al Señor que los cuide de todo peligro de alma y cuerpo; que no les falte el trabajo y un salario justo; que se les respete en su dignidad y sus derechos; que se valore su trabajo sacrificado como un valioso aporte al progreso y a la construcción de esa nación de los EU; que ustedes aprecien también todo lo bueno que les enseña ese país y cumplan con aquellas leyes que aseguran la sana convivencia humana; que mantengan su amor por México y sus valores culturales; que se mantengan firmes en su fe católica. Recordamos con gratitud que ustedes son el sustento de la familia que se quedó acá.Y que todos los migrantes mexicanos, con el envío de dólares, apoyan también la economía de México.

Quiero reiterarles mi palabra de aliento a ustedes que han tenido que dejar su tierra natal para sobrevivir y mantener a su familia; que enfrentaron mortales peligros para pasar al otro lado; que cada día viven con el temor de ser arrestados y deportados, o maltratados por su condición de migrantes o por su raza, color y cultura. Recuerden que la Iglesia católica de los EU y de México les ofrecen su solidaridad y se están comprometiendo cada día más por crear una mayor conciencia de las necesidades de ustedes y de una respuesta más justa y generosa a favor de ustedes; que las comunidades locales les brinden una digna acogida y que descubran que todos los migrantes son portadores de fe y cultura.

Les recuerdo un hermoso pensamiento del gran Papa Juan XXIII que decía en su carta Paz en la Tierra: «Todo hombre tiene derecho a la libertad de movimiento y de residencia dentro de la comunidad política de la que es ciudadano; y también tiene derecho de emigrar a otras comunidades políticas y establecerse en ellas cuando así lo aconsejen legítimos intereses».

Queridos hermanos migrantes:no olviden que los acompañamos siempre con el pensamiento, el cariño y la oración.¡Dios les bendiga y la Virgen Santísima de Guadalupe les proteja!

Su hermano Obispo que les aprecia y bendice.

*Extracto de la Carta Pastoral del 10 de junio de 2002 de Mons. Luis Morales Reyes, arzobispo de San Luis Potosí.

EL OBSERVADOR 371-2

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EL RINCÓN DEL PAPA

El acontecimiento guadalupano constituyó un hito en la historia de la evangelización en México


El primer miércoles después de terminado su viaje por el continente americano, el papa Juan Pablo II se asomó al balcón del patio interior del palacio apostólico de Castel Gandolfo para la tradicional audiencia.

En sus palabras a los peregrinos, el Papa ofreció diversos recuerdos y reflexiones sobre su reciente visita apostólica a Guatemala y México. Hablando de Guatemala, recordó al hermano Pedro de San José de Betancur, originario de Tenerife, a quien canonizó. El Papa definió al nuevo santo como «un hombre de intensa oración y un intrépido apóstol de la misericordia divina».

Más adelante trajo a la memora su visita a México, la canonización de Juan Diego y la beatificación de los mártires indígenas Juan Bautista y Jacinto de los Ángeles. Hablando de San Juan Diego, resaltó que fue «un hombre humilde y generoso» y añadió que «el acontecimiento guadalupano constituyó un hito en la historia de la evangelización en México y un modelo de evangelización perfectamente inculturada».

Sobre los beatos Juan Bautista y Jacinto de los Ángeles dijo que «fueron fruto de la primera evangelización entre los indios zapotecas», y un aliento para vivir el testimonio de Cristo hasta dar la vida.
(Fuente: NE)

EL OBSERVADOR 371-3

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INTERNACIONAL

No puede haber paz sin defensa del ambiente
Hacia la Cumbre Mundial de Desarrollo Sostenible
Por Jesús Colina / Roma

«No puede haber paz sin defensa del ambiente; la defensa de la Creación es indispensable para el desarrollo integral». Ésta es la revolucionaria propuesta que la Santa Sede ha presentado en el contexto internacional marcado en vísperas de la Cumbre Mundial sobre Desarrollo Sostenible, convocada por la ONU, que se celebrará del 26 de agosto al 4 de septiembre próximos en Johannesburgo (Sudáfrica). Monseñor Gianpaolo Crepaldi, secretario del Consejo Pontificio de Justicia y Paz, explica aquí el criterio de la delegación vaticana en dicha cumbre:

«La Santa Sede subraya la relación entre cuestión ambiental y paz: no puede haber paz si no se ofrece una solución a la cuestión ambiental. Es muy interesante este nexo que la Santa Sede subraya entre ambiente y paz: es necesario profundizar en él y darle la importancia que se merece. Por otra parte, la Santa Sede subraya la relación entre ambiente y desarrollo, sobre todo en referencia a la cuestión de la pobreza: la pobreza hoy en el mundo es el auténtico problema, que tiene rasgos dramáticos. El mundo actual cuenta con mil 300 millones de personas que viven en extrema pobreza. El adjetivo extremo tiene un significado muy concreto: se refiere a personas que tienen una esperanza de vida inferior a los 40 años, que no gozan de ningún servicio, que no tienen ningún nivel de escolarización. A estos mil 300 millones de personas hay que añadir tres mil millones de pobres. Y, entre otras cosas, los pobres no se ven favorecidos para mantener una buena relación con el ambiente.

«Al afrontar las cuestiones ambientales, la Santa Sede, en los organismos internacionales, tiende sobre todo a salvaguardar dos instancias: la de la paz y la justicia internacional, por un lado; y la promoción de los pueblos menos desarrollados, por otro. ¿Cómo? Esto requiere un replanteamiento del modelo de desarrollo seguido por los países occidentales ricos, que de manera cada vez más evidente es un modelo insostenible».

De esta cumbre «se espera una renovada voluntad de la comunidad internacional para volver a encontrar las sendas de un compromiso común sobre las cuestiones ambientales. Se espera que los compromisos asumidos sean seguidos después por los hechos. Por desgracia, si se comparan las determinaciones de muchas de las conferencias organizadas por la ONU con los hechos, se constata que los compromisos asumidos casi nunca son aplicados. Se espera, sobre todo, que emerja una revisión de los actuales modelos de desarrollo, como pidió Juan Pablo II en el Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz del año 2000.Ésta será la preocupación predominante de la Santa Sede en la Cumbre de Johannesburgo».

EL OBSERVADOR 371-4

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Sin Fronteras
Por Gilberto Hernández García

Cada año, en el mundo, millones de personas migran de un país a otro. Es gente común, hombres, mujeres, niños quienes, por diversos motivos e intervalos de tiempo, abandonan sus hogares para vivir en otro país. Algunos a los que se les llama "refugiados", huyen de conflictos bélicos, sociales, políticos, raciales o religiosos y van en busca de un lugar más seguro para vivir. Otros migrantes salen de sus países en busca de un nivel de vida digna o para reunirse con sus familiares.

México se distingue por presentar tanto un flujo de sus habitantes hacia los Estados Unidos como por la migración de centroamericanos hacia o a través de su territorio. En la actualidad unos ocho millones de mexicanos viven en los Estados Unidos y cada año cerca de 300 mil compatriotas entran a ese país. El número de centroamericanos que habitan en México es desconocido; sin embargo, algunos expertos estiman que unos 25 mil de ellos cruzan nuestra frontera cada año.

México, tradicionalmente ha sido un país de acogida; internacionalmente se le reconoce la disposición que ha tenido para recibir a personas que por diversos motivos ya no pueden vivir en su patrias originarias. Baste recordar a los famosos "niños de Morelia" que, con algunos familiares, salieron huyendo de la guerra civil española, allá por los años treinta del siglo XX; México les abrió los brazos y solidariamente promovió su vida en estas tierras. O el caso de los desplazados guatemaltecos, víctimas también de la ola de terror que ese país centroamericano vivó por 36 años.

Sin embargo, como en muchas regiones del mundo donde se encuentran, los refugiados son centro de ataques de diversa índole. Cada día más los gobiernos locales están implementando "cercos" legales para impedir que desplazados lleguen a sus territorios como una medida de "seguridad nacional". La sociedad civil se ha ido organizando en este rubro y busca la manera de dar la mano a esta gente sin tierra. Una de esta organizaciones es Sin Fronteras, una organización no gubernamental mexicana de carácter humanitario, sin fines de lucro y desligada de "todo interés político-partidista", que fue creada en diciembre de 1995 por un grupo de activistas sociales y académicos. Su figura legal es la de institución de asistencia privada.

A decir de Fabienne Venet, su directora general, la misión de Sin Fronteras es promover y defender los derechos humanos de las personas migrantes, y asistirles social y legalmente para coadyuvar al mejoramiento de sus condiciones de vida. Además colabora con otras organizaciones no gubernamentales en el ámbito local, nacional y regional para la construcción de una red amplia de defensa y apoyo a los refugiados y migrantes. Entre sus actividades se encuentra brindar asesoría legal a refugiados y migrantes, con especial atención a las necesidades particulares de las mujeres y menores. Igualmente promueven la información y sensibilización sobre el fenómeno migratorio y los derechos de estas personas.

Particularmente coordinan el Programa de Asistencia a Refugiados Urbanos; con base en un convenio con la oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) orienta y apoya a las y los refugiados reconocidos bajo la figura promovida por esa dependencia de la ONU, para que logren ser autogestivos y satisfacer sus necesidades básicas. Facilita la regularización migratoria, ofrece asesoría legal, acompañamiento, capacitación y apoyo a la repatriación voluntaria.

Comenta la Sra. Venet que es necesario que los ciudadanos nos demos cuenta de que los migrantes, en este caso los refugiados, no son delincuentes, no vienen a quitarnos el empleo; son personas que atraviesan por una situación difícil y necesitan de una mano amiga, que se tienda solidaria para ayudarlos.

EL OBSERVADOR 371-5

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La «píldora del día siguiente»: un abortivo
Los nuevos métodos de control natal: ¿interés por la salud o comercialización de las víctimas del sexo?
Por María Velázquez Dorantes


Una gama de anticonceptivos nos rodea día con día; los laboratorios no se detienen en sus invenciones con el pretexto de «protección» para las nuevas civilizaciones; las creaciones no tienen número y sus esfuerzos no paran; sus ventas se aceleran, las publicidades de estos productos se encuentran por todos lados y sus ganancias aumentan.

Las creaciones de estos métodos han revolucionado a grandes sociedades; pero, ¿en realidad buscan el bienestar de estás mismas? ¿ Será acaso que su interés primordial es la salud o, más bien, la comercialización de las víctimas embaucadas por el sexo?

Hoy el nuevo método anticonceptivo está en el altavoces de la llamada «anticoncepción de emergencia», y para las jovencitas algo moderno y de actualidad: «la píldora del día siguiente». La función de este método es mediante varios mecanismos que están involucrados, tales como la alteración de la ovulación o la modificación del revestimiento uterino, y consiste en la administración de un producto hormonal dentro de las 72 horas siguientes a un contacto sexual sin protección, y su finalidad es, supuestamente, «evitar la concepción».

La «píldora del día siguiente» que ahora se comercializa consiste en un gestágeno conocido ya desde hace treinta años, el Levonorgestrel. Actúa en el endometrio impidiendo " LA ANIDACIÓN DEL ÓVULO FECUNDADO", es decir provocando un ABORTO.

Las píldoras del día siguiente deben ser consideradas dentro de la medicina como píldoras abortivas precoces. Es un hecho que el óvulo fecundado en sus primeras fases es una vida; una vida que se verá paralizada por el uso de este tipo de métodos. Es por ello que lo llaman «anticoncepción de emergencia» va evitar que el producto crezca, lo destrozará con un veneno químico dentro de los siguientes tres días.

Es asombroso ver que en manos de los laboratorios están algunas de las respuestas para la salud; pero es más asombroso darse cuenta de que la realidad de hoy no es fomentar alientos de vida, sino muerte y destrucción.

En mayo de 1999 HRA Pharma lanzó un nuevo producto, NorLevo, Vikela, Vika, Duofem, el cual no contiene estrógeno. Éste es un producto fabricado para la llamada «anticoncepción de emergencia». Cuando el preparado llega al torrente sanguíneo, las altas dosis de hormonas que conlleva trastornan el tan delicado ciclo hormonal de una mujer, necesario para que la mucosa uterina acoja al embrión eventualmente concebido. En el caso de que exista una concepción, el embrión no llega a establecerse en el endometrio, el cual estará ya modificado por este fármaco. El resultado es la expulsión y muerte del embrión.

Las sociedades deben formar y educar en una sexualidad sana que promueva la dignidad humana y ataque a todo lo que atente contra la vida.

No es aplaudiendo nuevos tratamientos abortivos como la humanidad se desarrolla, sino con actos de humildad y conciencia mutua; sólo sembrando semillas de bienestar cosecharemos el fruto de la paz y el perfeccionamiento de una vida sana hasta la eternidad, junto con nuestro Creador.

EL OBSERVADOR 371-6

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TEMAS DE HOY

No me arrepiento de haber lanzado la bomba


Me ha dado mucha pena, y mucha rabia que uno de los pilotos estadounidenses que lanzó la bomba atómica sobre Hiroshima haya dicho con todo descaro: «No me arrepiento de haber hecho desaparecer a tantos japoneses». Individuos así hacen desaparecer a japoneses y a todo el que se le ponga por delante. Individuos así son los que no tienen perdón de Dios, aunque sus jefes los eleven a la categoría de héroes. Individuos así carecen de conciencia porque carecen de humanidad.

Fue el seis de agosto de 1945. Yo tenía un añito. Mira que ha llovido desde entonces, mira que se ha condenado aquella barbarie, mira que se ha hablado de los efectos subsiguientes, mira que hay gente que todavía sufre las consecuencias, mira que las consecuencias continuaremos sufriéndolas indefinidamente. Pues, nada, el piloto viene a estas alturas, cincuenta y siete años después, a decirnos: «no me arrepiento de haber hecho desaparecer a todos esos japoneses».

Lo dice con orgullo estúpido, lo proclama con deje racista, se pone a la orden de la insensatez para repetir su macabra hazaña. El día seis de agosto cumplió la misión de aquel día, pero para él se trata de una misión inconclusa. Dispuesto está el hombre a repetirla. Vamos, un Bin Laden cualquiera, uno de esos personajes que han nacido, o han sido educados, para cazar víctimas.

Ha declarado sin empacho que no dudaría «en lanzar nuevamente la bomba atómica», y agregó que nunca sintió culpa por haber matado a miles de inocentes. Eso de no sentir culpa, amigo enemigo, por matar a miles de inocentes es el mayor de los pecados que uno puede cometer. De arrepentimiento, nada. De reiterar la acción, todo.

Se llama Paul Tibbets, tiene 87 años y sueña todavía con subirse a un avión y esperar la orden para lanzar la tercera bomba, porque eran tres las bombas atómicas dispuestas para la operación. Al parecer a este individuo el único remordimiento que le queda es el de no haber lanzado la tercera.

De nada sirve que anualmente la ciudad de Hiroshima recuerde a las víctimas; de nada que un niño deposite una linterna flotante en las aguas del río Motoyasu para que esa luz mortecina anuncie que está prohibido repetir la masacre; de nada que el gobierno japonés abogue una y otra vez por la eliminación de las armas nucleares; de nada que todavía en el 2001 murieran cuatro mil 977 personas como consecuencia de las radiaciones del bombardeo. El señor Tibbets está vivito y coleando y con ganas de matar: «No dudaría en hacerlo de nuevo. Haría desaparecer a todos esos japoneses otra vez», ha dicho.

Pero, bueno, ¿por qué lugares andan buscando a los terroristas?

(Por Adolfo Carreto/ periodismocatolico.com)

EL OBSERVADOR 371-7

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CORRESPONDENCIA

El amor tiene un nombre: Juan Pablo II


Eran alrededor de las 5:00 AM; un grupo de jóvenes, animados por la quinta visita de Su Santidad Juan Pablo II, llegaron a la ciudad de México dispuestos a ver por lo menos un instante a tan distinguido personaje. Esperaron varias horas entre porras, cantos y gritos a que pasara el Papa más querido por los mexicanos.

Llegada la hora precisa, envueltos en un sinfín de sentimientos, difíciles de expresar, tuvieron la gracia de ver a un santo, de experimentar un encuentro personal con Juan Pablo II, a pesar de la multitud, la distancia y el poco tiempo para apreciarlo.

¿Qué nos provoca experimentar este tipo de sentimientos? La respuesta es sencilla, ya que todo se resume en el ejemplo de un hombre lleno de amor y que a su paso deja huella. En realidad es un hombre que mueve masas, debido a su liderazgo, gracias a su ejemplo dirigido a cada ser humano independientemente de la ideología o religión que profese.

Muestra de su inmenso amor por los mexicanos es que, pudiendo canonizar a Juan Diego desde el Vaticano, decidió viajar hasta el continente americano para hacer partícipes a los mexicanos de este glorioso acontecimiento.

Algo que no debemos pasar por alto es el gran amor que Su Santidad Juan Pablo II le tiene a nuestra Madre Santísima de Guadalupe, que, al igual que san Juan Diego, siempre se pone en brazos de María y escucha sus palabras de Madre que lo animan a continuar su camino como «peregrino del Evangelio».

Es necesario aumentar nuestra fe y mantener siempre el ánimo con el que recibimos al representante de Cristo. Tomemos en cuenta que Cristo mismo se encuentra entre nosotros, presente en la Eucaristía, cumpliendo así su promesa de quedarse con nosotros hasta el final de los tiempos.

Amada Botello Zamorano, Movimiento Testimonio y Esperanza.

EL OBSERVADOR 371-8

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DILEMAS ÉTICOS

Me voy pero no me voy
Por Sergio Ibarra


Ya paso la euforia, queda el mensaje, queda la memoria, queda la experiencia, quedan las imágenes, queda la voz, queda el sabor, quedan los gritos, quedan las porras, queda el haber sido testigos vitales de acontecimientos que marcan la vida, queda el haber sido testigos, física o virtualmente, de la presencia de Juan Pablo II.

Juan Pablo II, un líder ejemplar, un hombre —porque no hay que perder su dimensión humana— con una energía y sensibilidad suficiente para ser y estar con la comunidad de Cristo; un dignísimo sucesor de Pedro y Pablo, y menciono a ambos porque, como la misma Biblia testifica, fueron ambos quienes iniciaron esta dificilísima misión, la de ser portadores del mensaje de Jesús, el Cristo, el Ungido, al que, digamos, le untaron de AMOR para ser quien trajese al mundo la PAZ.

Y somos usted y yo, y también quien no lo reconoce, y el de enfrente, privilegiados de haber sido testigos de la labor del Papa, que estuvo a punto de no venir al mundo —a su madre, en medio de terribles enfermedades, le recomendaron abortar—; de este hombre que, a muy temprana edad, quedó huérfano de padres y sin hermanos; de este hombre que creció en medio de la guerra; de este hombre que luchó por salir adelante como un mensajero, que se asumió como un portador de aquella misión que llevó a Paulo a la muerte, que se convirtió en el primer Papa de origen polaco, en medio de lo que ello significó hace 23 años, cuando en aquellos países una Misa se hacía literalmente a escondidas (sí, leyó usted bien: a escondidas) cuando una buena parte del mundo vivía en la más amplia represión política y económica. No sé (ni tengo las pruebas para probarlo) hasta dónde tuvo Juan Pablo II influencia en la caída de la URSS y del muro de Berlin.

La obra de este hombre no la puedo ni siquiera poner dentro de los calificativos que mi dimensión humana me permite; un hombre que ha acercado el Evangelio donde ha sido necesario; un ser que ha ganado la admiración de propios y de reservados.

Yo soy uno de los privilegiados de haber sido testigo de su andar y peregrinar. Me siento tocado por Dios por haber vivido esta transformación que tanta falta le hacía a nuestra religión. Desde aquel temblor que antecedió a su llegada a México en 1979, hasta esta despedida en el año 2002. Soy parte de esta generación, y me enorgullece ser católico, como usted; y, aún más, me queda una enorme deuda con él para seguir su ejemplo. No conocí a Paulo, pero sí he conocido a Juan Pablo II. Y me doy cuenta de que, aun en medio de un mundo que nos invita a diario a abandonarnos a las pertenencias, el mensaje de Jesús tiene portadores dignos que nos recuerdan y nos dejan en la conciencia el mantenernos alertas y vigías de nuestra propia vida y de la vida de nuestra comunidad.

Ya pasó, ya se fue, no sabemos si volverá. Pero él lo dijo: ME VOY PERO NO ME VOY». Y el dilema que queda, un dilema distinto al que discutimos semana con semana, toma un nuevo carisma, el del compromiso con nuestra fe, con nuestra Iglesia, con nuestra comunidad, con uno mismo. Un dilema que tiene una profundidad inconmensurable. Un dilema que podría resumir en una simple reflexión que éste hombre polaco, ungido por el amor de Cristo, nos la dijo, y varias veces: «¿Somos o no somos fieles?».

EL OBSERVADOR 371-9

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CRÍTICA DE MEDIOS DE COMUNICACIÓN

Chacoteo y elecciones
Por Santiago Norte


El Instituto Federal Electoral (IFE) habrá elegido ya por estas fechas a la agencia publicitaria ganadora de la licitación para las elecciones legislativas del 2003. Se trata de encauzar el voto de la gente para que construya una Cámara de Diputados lo suficientemente decente como para que los ciudadanos empujen y hagan que los diputados se tomen en serio el trabajo de legislar (cosa que hasta ahora no han hecho ni por equivocación). Al entrar en el marketing electoral, el IFE se equivoca de cabo a rabo en las bases sobre las cuales deberá hacerse la campaña del 2003. Los 38 spots para televisión (en 35 milímetros), los 60 para radio (de 30 segundos), las 50 fotografías fijas (producto de la filmación de los anuncios televisivos) y las 20 fotos para medios externos (espectaculares) que forman la parte medular de la propuesta, no van a cundir ningún efecto si se acepta —y no hay mucho para dónde hacerse— que las caras visibles de la democracia sean cómicos y locutores de deportes.

Una vez más se estaría cayendo en la trampa de pensar que una cara conocida, anunciando un producto electoral, va a ampliar la participación ciudadana en los comicios. Se ha demostrado hasta el cansancio que la mercadotecnia electoral no juega con las mismas canicas que la mercadotecnia de productos comerciales. Son dos ámbitos diferentes y, si mucho me apuran, divergentes. La una, la electoral, intenta vender participación; la otra, la comercial, intenta vender consumo.

Considero que la batería de personajes propuestos cumple su labor en la televisión de manera más o menos eficiente, más o menos simpática. La idea del IFE es promocionar las próximas elecciones con Andrés Bustamante, Víctor Trujillo y Eugenio Derbez, así como con los comentaristas Enrique Bermúdez, Emilio Fernando Alonso, David Faitelson, Raúl Sarmiento y Antonio Rosique. Avalado por el jalón de la Copa Mundial de Futbol, el principal órgano electoral federal pretende, ahora, ocupar la conciencia del elector con mensajes de buena voluntad, dichos por famosos, para que la gente acuda a las urnas.

¿Sirve de algo? La verdad es que podría no servir de nada, a lo sumo de gastar dinero a raudales en algo que tiene efecto para el consumidor pero no para el votante. El IFE tiene un mensaje muy claro que hacer llegar a los mexicanos: la democracia es un valor, y la «llave de la democracia» tiene que ver con la decisión personal de acudir a las urnas, votar de manera diferenciada, buscar la mejor opción para el país, ser capaz, finalmente, de darle seguimiento a esa opción. La democracia, y menos la democracia adolescente de México, gana nada siendo auspiciada por payasos albureros de melena verde, o locutores con flagrantes faltas de dicción, autores, en el mejor de los casos, de una serie de barbarismos para rellenar el aburrimiento futbolero del domingo. En su campo de acción pueden ser excelentes. Éste no es su campo.

Como se ha repetido, la democracia no se define nada más por los procedimientos de los que echa mano, sino, sobre todo, por los valores que defiende. En el caso de las próximas elecciones intermedias, debe quedar clara la seriedad que revisten: el país se encuentra, literalmente, empantanado por una caterva de legisladores harto enganchada en el destino personal o de grupo como para pensar en hacer leyes consistentes, reformas impostergables o adecuaciones a la Constitución. El procedimiento de buscar voces y rostros conocidos, ¿añade valor a la democracia? ¿Añade conciencia en la gente sobre a quién buscar como representante popular, como voz de las demandas generales?

La elección de legisladores siempre ha sonado a chacoteo en México. Pero en esta legislatura nos hemos tomado con que los diputados son importantísimos a la hora de componer o, de plano, descomponer feamente el rumbo del país. No creo que esta importancia real se refleje en un spot con la presencia de un peladito con peluca y camisa floreada, por más inteligente que sea el cómico y más no haya hecho reír con sus ocurrencias en los mundiales o las olimpiadas.

EL OBSERVADOR 371-10

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JÓVENES

¡Hola, soy la minifalda!


Hola, soy la minifalda. Nací alrededor del año 1960; mi mamá fue Mary Quant. Mi género se extendió rápidamente por todo el orbe, pero yo me considero especial. Pues, ante todo, quiero dejar aclarado que no soy una minifalda común y corriente; soy una minifalda «cristiana». Concurro puntualmente a Misa todos los domingos. Pero tampoco soy la única minifalda «cristiana» en la ciudad; tengo otras compañeras que también van a la iglesia, como yo. Aunque estamos hechas de una gran variedad de colores y texturas, mis compañeras y yo tenemos algo que nos llena de orgullo: el modo que tenemos de hacer que nuestras dueñas luzcan sus atractivos muslos, especialmente cuando cruzan sus piernas. Claro, aunque ésa sea la única forma de sentarse cuando estamos a la vista.

También tenemos una misión moral muy especial: hacemos que nuestras dueñas sientan algo de pudor; si no me equivoco, esto es así porque, cuando mi dueña me lleva puesta, no deja de tironearme hacia abajo para que yo no trepe hacia sus caderas.

Aunque no soy una experta en la naturaleza humana, también noto que tengo la habilidad de atraer una buena cantidad de miradas masculinas (de jóvenes y no tanto) aun dentro del templo. Al principio creí que me miraban a mí, que admiraban mi diseño, mi calidad; pero luego, escuchando el sermón dominical (sí, mi dueña y yo escuchamos atentamente), el sacerdote dijo que yo no era «precisamente» el centro de atención, sino que miraban «tú-ya-sabes-qué». También me empecé a sentir incómoda, cuando dijo que había vestidos más bonitos que yo, y que mi existencia contribuía a que el hombre «adulterara en su corazón», «mirando a la mujer con malos deseos», tal como lo dijo Nuestro Señor. También nombró como «perdición de la carne» en pleno templo de Dios a otros amigos míos que también estaban presentes en el templo: los shorts o bermudas a medio muslo. Y, por último, que si nuestra dueña nos usaba, a nadie podría convencer que su cuerpo era templo del Espíritu Santo.

No sé si me hirió el sacerdote con sus palabras; más bien creo que me hirió LA VERDAD; no lo pude soportar más y apuré a mi dueña para que saliéramos corriendo de allí. Mis otras compañeras también hicieron lo mismo.

Creo que ya no me siento tan orgullosa de mí misma.
(Fuente: Infocatólicos)

EL OBSERVADOR 371-11

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INTIMIDADES –LOS JÓVENES NOS CUENTAN-

Mis papás no quieren que vaya al psicólogo
Por Yusi Cervantes Leyzaola


PREGUNTA:
Me siento muy mal, estoy desesperada. He pensado en el suicidio. No puedo hablar de estas cosas con mis papás, pero sí les he dicho que necesito ayuda, que necesito un psicólogo. Pero ellos dicen que no, que estamos bien, que ellos son buenos padres, y que ellos son suficientes para mí. Que les cuente qué me pasa. Les conté un poco, y comenzaron a decirme que no tenía por qué sentirme así, que pensara en forma positiva y otro montón de cosas que me hicieron ver, una vez más, que no me entienden. A veces pienso que solamente si me encontraran muerta aceptarían que necesitaba ayuda, pero sería ya demasiado tarde.

RESPUESTA:
Esto que me cuentas es terrible, y por desgracia, muy real. Yo he tenido en el consultorio chicos que llegan a escondidas o que van un par de veces y luego sus papás ya no los dejan ir. Y me quedo con la angustia de verlos irse con sus problemas, con sus miedos, de nuevo solos. Y sus padres no tienen idea de lo que están pasando. Chicos que han sufrido un abuso sexual, o que tienen dudas respecto a su identidad sexual, o que han caído en la adicción a las drogas, o que, como tú, han considerado quitarse la vida... Y los padres, inconscientes, se los llevan porque sus hijos están bien, eso creen, ellos están bien y no entienden la necesidad de una ayuda psicológica.

Hay padres de familia que consideran que llevar a un hijo al psicólogo equivale a aceptar que lo hicieron mal, que son malos padres. Esto es tan absurdo como no llevar a un hijo al médico cuando está enfermo porque equivaldría a aceptar que no lo cuidaron bien. Es verdad que en una terapia psicológica se descubren con frecuencia errores de los padres, pero ¿qué padres son perfectos? Todos cometemos errores con nuestros hijos, y aceptarlos y hacer algo por reparar el daño es una gran prueba de ser buenos padres. Además, hay que considerar que en los problemas de los hijos juegan también un papel importante el medio ambiente, el temperamento del hijo, las decisiones que ha ido tomando desde muy temprano en su vida y otras circunstancias fuera del control de los padres.

La idea de que el hijo no necesita ayuda psicológica, que los padres son suficientes para resolver los problemas del hijo tampoco tiene lógica. Entonces, ¿por qué lo llevan a la escuela, al catecismo, al dentista, al médico? Los seres humanos no somos autosuficientes. Nos necesitamos unos a otros. Necesitamos abogados, maestros, contadores, periodistas, agricultores, empresarios, técnicos, sacerdotes, constructores, médicos... y también psicólogos. Cada quien tiene su función, su campo de acción, su misión en el mundo.

En cuanto a tu caso, confío en ti. La claridad de tu pensamiento y el deseo que tienes de recibir ayuda indican que puedes salir adelante. Es cierto, necesitas ayuda. Sigue insistiendo con tus padres, pero procura que no se convierta en un enfrentamiento. Suavemente, con cariño, insiste. Háblales más claramente de cómo te sientes, aun cuando no tengas la confianza de entrar en detalles. Pide que te den más dinero para tus gastos y ahorra, y paga con esto la primera consulta; luego cuéntales que la terapia te está ayudando a crecer y a valorar lo que tienes (así debe ser en una terapia). Habla con el sacerdote de confianza de tu familia, con un tío, una tía, un abuelo, con alguien que tenga cierta influencia con tus padres y pídele que trate de hacerles ver la conveniencia de que acudas al psicólogo. Acude con el orientador de tu escuela y pídele que llame a tus papás y les diga que requieres ayuda psicológica... Otra persona a quien tal vez escuchen es el médico familiar.

Por lo pronto, y mientras logras el apoyo que necesitas para ir al psicólogo, encuentra alguien con quien puedas hablar: tal vez un sacerdote, un maestro, una tía... También puedes unirte a algún grupo juvenil, ir a un retiro, tomar un curso relacionado con el desarrollo personal, leer buenos libros... Nada de eso suple la terapia psicológica, pero te ayudará a ser más fuerte, a tener más ánimo y a madurar.

Y tú sigue insistiendo. De regalo de cumpleaños pide tu terapia. Y también por Navidad. Tú mejor que nadie conoces a tus papás. Ya los has convencido antes de otras cosas, así que sabes como llegar a ellos.

Mientras tanto, no olvides que hay muchas personas a tu alrededor que te quieren, que hay muchas personas a quienes puedes acudir por ayuda —ya hemos mencionado algunas—. Y, sobre todo, está Dios, que te ama, que sabe lo que sufres y que está contigo, aun cuando en estos momentos la depresión y la desesperación te impidan verlo. Pero tú sabes que, aun sin verlo, así es, que es cierto: esa luz puede sostenerte.

La psicóloga Cervantes responderá las preguntas que se le envíen a El Observador: Reforma 48, apdo. 49, Querétaro, Qro. C.P. 76000. Citas al 215-67-68 Correo e.: cervleyza@msn.com 

EL OBSERVADOR 371-12

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FAMILIA

La trampa de la televisión


Hubo un tiempo, cuentan nuestros abuelos, en que la gente dedicaba su tiempo de ocio a otra cosa diferente a ver televisión. Las familias o los amigos formaban grupos de teatro. O se reunían a tocar diversos instrumentos musicales y a cantar. Practicaban con constancia deportes diversos. Hacían paseos. Aprendían diferentes oficios o elaboraban artesanías. Leían, leían mucho. Escribían cartas. En fin, el tiempo era utilizado con algo más de imaginación que la nuestra.

No es que en la actualidad hayamos dejado abandonadas por completo esas actividades, pero el ritmo de vida vertiginoso que llevamos nos obliga a prestarles menos dedicación. Y si a esto agregamos la gran tentación de la televisión, resulta que nuestros buenos propósitos —sí, siempre los tenemos— acaban por diluirse comercial tras comercial.

Con frecuencia ni nos está gustando el programa. Pero con tan sólo pensar en levantarnos y emprender otra actividad, nos abruma el cansancio. Así que estiramos la mano, tomamos el control y cambiamos de canal, con frecuencia solamente para encontrar otro mal programa. O si encontramos uno bueno, tal vez nos da flojera verlo por la atención que nos exigiría, así que buscamos uno que no nos haga pensar ni nos cuestione en lo absoluto.

Sabemos que la televisión no es mala por sí misma. Lejos de serlo, es un medio de comunicación de nuestro tiempo que ofrece enormes perspectivas. Pero no es secreto para nadie que es un medio con frecuencia mal utilizado. Además de lo referente a los programas de mala calidad, la televisión debería provocar que cuestionáramos los valores que presenta tanto en los programas —también en los que podemos considerar buenos— como en los comerciales; la ideología tras ellos, la parcialidad de sus informaciones, los intereses que maneja. Con todo, la televisión nos pone en contacto en gran medida con el mundo en que vivimos, y no hay que menospreciar los valores de diversión y cultura que ofrece. En resumen: la mejor postura no es la de convertirse en enemigo acérrimo de la televisión, sino la de utilizarla racionalmente. Con sentido crítico, limitando el tiempo gastado frente a ella, seleccionando con tino los mejores programas. (Y.C.)

EL OBSERVADOR 371-13

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PINCELADAS

Heno en el plato
Por Justo López Melús


El trabajo de la espora fuera de casa es digno de respeto. Pero es necesario —dice Juan Pablo II hablando sobre la familia— que el trabajo de la mujer en casa sea reconocido por todos y estimado por su valor insustituible, respecto de las demás funciones públicas y las otras profesiones.

Un día una señora sorprendió a su marido y a sus hijos con la mesa bien puesta y adornada de flores, pero con un puñado de heno en cada plato.
— ¿Esto que es? —le dijeron— ¿Hoy nos vas a poner heno?
— No es eso —les contestó—. Enseguida les traigo la comida. Pero déjenme que les diga una cosa: llevo años tratando de variar, pero jamás han dicho: «¡Qué rico está! ¡Has estado estupenda!». Digan algo, por favor, no soy de piedra.

EL OBSERVADOR 371-14

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FIN

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