El Observador de la Actualidad

EL OBSERVADOR DE LA ACTUALIDAD
Periodismo católico para la familia de hoy
1 de septiembre de 2002 No.373

SUMARIO

bulletDÍA DEL MIGRANTE 2002 - Del «sueño americano» a la «pesadilla mexicana»
bulletCARTAS DEL DIRECTOR - El gran tentador
bulletEL RINCÓN DEL PAPA - La belleza abre el espíritu al misterio de Dios
bulletNUESTRO PAÍS - De escándalos, calumnias y cosas similares
bulletTres ideas sobre una película
bulletLAS HISTORIAS DE MÉXICO - Masacre en Cholula / No fueron traidores los tlaxcaltecas
bulletDEBATE - ¿La Iglesia un circo? No, señor Álvarez Icaza
bulletCORRESPONDENCIA - El escándalo, la libertad y el respeto

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DÍA DEL MIGRANTE 2002

Del «sueño americano» a la «pesadilla mexicana»
Por Baudelio García


La Organización Internacional del Trabajo, en un estudio dado a conocer este año, indica que el número de migrantes en el mundo asciende a 150 millones de personas, de éstas 90 millones lo son de manera ilegal.

Alrededor del 10% de los 150 millones de migrantes de todo el mundo procede de algún país de Iberoamércia o del Caribe, según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), de las Naciones Unidas. En el informe titulado Globalización y desarrollo la CEPAL dijo que siete de cada diez migrantes residen en Estados Unidos. Del resto, la mitad se va a otro país de Iberoamérica y el Caribe. Canadá, con más de 530 mil inmigrantes, y otros países, como Italia, España, Holanda, Reino Unido, Australia y Japón, figuran entre los otros destinos principales de los migrantes.

Iberoamérica se vuelca en Estados Unidos

La migración actual hacia EU proviene principalmente de naciones de Iberoamérica y el Caribe (46% del total), seguido por las asiáticas (34%).

Aproximadamente 20 millones de mexicanos viven de manera legal e ilegal en EU, casi el número de habitantes que habitan en el DF y su zona conurbada. Por ello hace unos días el presidente de México, Vicente Fox, se comprometió a dar un mayor apoyo a todos los connacionales que hay en aquel país, principalmente a los tres millones de ilegales.

Para nadie es un secreto la serie de maltratos y abusos que reciben los migrantes (no solamente mexicanos) en EU. Es común encontrar en los medios de comunicación una serie de atropellos por parte de las autoridades estadounidenses en contra de los ilegales, y el gobierno de nuestro país poco o nada hace para revertir esta situación.

El caso del recién ejecutado

Un claro ejemplo de esto es el del mexicano Javier Suárez Medina, acusado de asesinar a un policía en Dallas, Texas, en 1988, motivo por el cual fue condenado a muerte con una inyección letal. El gobierno de México hizo muy poco y reaccionó insuficientemente por salvarle la vida a este compatriota al no acudir a organismos internacionales para que se investigara su caso y se suspendiera la ejecución.

La defensa de Javier Suárez Medina alegó que existió una serie de irregularidades que pudieron ser determinantes para suspender la ejecución, entre las que sobresalieron que las leyes de Texas establecen la pena de muerte para los homicidas de policías, pero el mexicano disparó contra el oficial sin saber que éste era agente antinarcóticos. El policía no vestía uniforme. Además se violó el artículo 36 de la Convención de Viena sobre Relaciones Consulares, que obliga a las autoridades que detienen a extranjeros a notificarle su derecho a contactar al consulado de su país para recibir ayuda.

Javier Suárez Medina es un caso más de la férrea «justicia estadounidense».

Y siguen muriendo...

El mes pasado murieron 32 ilegales en su intento fallido por cruzar la frontera a los Estados Unidos, cifra récord que se empató con el mismo periodo del año pasado, pese a que hubo una disminución sustancial —un 30%— en el flujo migratorio.

En lo que va del año ya son 20 los indocumentados mexicanos que han muerto en su intento de cruzar la frontera, y de 1995 a la fecha han ocurrido más de 2,100 decesos.

Los «coyotes» y otra fauna nociva

Los llamados «coyotes» o contrabandistas de personas, que cobran grandes cantidades de dinero por cruzar a los inmigrantes por la frontera, también tienen que ver con el número de decesos que se registra en esta zona al dejar abandonados a sus «clientes».

Estados Unidos advierte regularmente sobre los peligros de cruzar ilegalmente la frontera a través de la televisión y el radio, pero la Patrulla Fronteriza ha rescatado este año a más de 1,600 personas. Seguramente esta cifra podría reducirse si se tomaran acciones más efectivas.

El proyecto denominado Migrantes Mexicanos por el Cambio (Mimexca) es tan sólo uno de los esfuerzos que realizan los propios indocumentados por mejorar las condiciones de vida de esta comunidad, ya que intenta proporcionar servicios de los que este tipo de personas carece totalmente o tiene disponibles pero a precios muy elevados.

Este programa ya inició en California y próximamente se planean abrir oficinas en Illinois, Texas y Arizona. El único requisito que se pide son 29 dólares de cuota inicial para recibir a cambio servicios médicos, operaciones de transferencias de dinero a sus familiares en México a través de una institución financiera nacional y seguros de conductor, entre otros beneficios.

Por todo esto es que el gobierno de nuestro país requiere ponerse a trabajar y atender a sus compatriotas que viven fuera de México con la coordinación de nueve secretarías de Estado para dar atención a los 20 millones de mexicanos que viven en los Estados Unidos.

«Queremos seguir avanzando en este terreno, hay propósitos más profundos, más amplios, como es el caso de los acuerdos que queremos lograr en materia migratoria con el gobierno y con el Congreso de los Estados Unidos», aseguró hace unos días Vicente Fox.

Explicó que la desaparición de la Oficina Presidencial para la Atención de los Mexicanos en el Exterior respondió a la necesidad de dar un siguiente paso en el fortalecimiento de los apoyos a los mexicanos que viven en los Estados Unidos y acrecentar los vínculos con sus comunidades de origen.

EL OBSERVADOR 373-1

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CARTAS DEL DIRECTOR

El gran tentador
Por Jaime Septién Crespo


Con la película del tal Amaro y su rotundo triunfo en taquilla hay dos cosas que pensar: una, que los mexicanos nos hemos vuelto locos, y dos, que el diablo está trabajando a todo vapor y nos está volviendo locos de remate.

Ya sé: no es normal hablar del diablo en estas cuestiones. Mejor un sesudo análisis sociológico, como esos de los «especialistas» en la religión que salen en la tele; hombretones que se llenan la boca con frases como «es evidente la crisis en la Iglesia católica», o «Dios ha muerto, como decía Nietzsche».

Desde luego, la cuestión del celibato sacerdotal... El caballo de batalla de quienes ni lo ejercen ni lo entienden. Los sacerdotes deben estar verdaderamente impresionados de tanta gente que ahora les quiere ayudar, de la mano del ansioso Gael García, para que salgan del clóset y muestren al mundo que no hay diferencias, que aquí todos somos máquinas sexuales y que lo de la dimensión mística de la entrega al servicio de Dios es eso: puro cuento.

Pero el diablo es el gran tentador, y su triunfo consiste en hacernos pensar que no existe, que todo lo que hay es lo que hay. Que la religión es superchería. Y los ministros de Dios, unos charlatanes. A lo sumo —con el discurso pansexualista de la actualidad— unos modestos (y molestos) reprimidos.

No está de más volver a recordar el decálogo sobre El Gran Tentador, que publicó el cardenal (ahora de Milán) Dionigi Tettamanzi:

1. No olvidar que el diablo existe.
2. No olvidar que el diablo es tentador.
3. No olvidar que el diablo es muy inteligente y astuto.
4. Vigilar con los ojos y el corazón. Fortalecernos en el espíritu y la virtud.
5. Creer, firmemente, en la victoria de Cristo sobre el diablo.
6. Recordar que Cristo nos hace partícipes de su victoria.
7. Estar a la escucha de la Palabra de Dios.
8. Ser humilde y amar la mortificación.
9. Orar siempre, sin descanso.
10. Adorar al Señor Dios nuestro, y sólo a Él rendirle culto.

El diablo tienta, y tienta en serio. Y, me parece, la gran tentación a la que estamos sometidos hoy es la de creer que la única realidad es la que puedo tocar y que la única verdad de las cosas es la interpretación que hacen de ella los medios de comunicación. Es decir, la voz del diablo nos invita a no penetrar en el misterio, a no entender nada de la gracia, ni del Verbo encarnado, ni de la Redención copiosa de Cristo, ni de su Presencia en la Eucaristía, ni del Bautismo o la Confesión, o el Matrimonio o el Orden sacerdotal...

Por hacerle caso terminamos embrutecidos, hechos unos asnos, capaces solamente de obedecer las campañas de los medios. Y repetir como loros frases estúpidas como la del tal Amaro: «Si el celibato fuera opcional, se evitarían muchos problemas». En efecto: si el amor fuera opcional, también.

EL OBSERVADOR 373-2

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EL RINCÓN DEL PAPA

La belleza abre el espíritu al misterio de Dios


«El fulgor de la belleza contemplada abre el espíritu al misterio de Dios», dice un mensaje enviado en nombre de Juan Pablo II al Meeting por la Amistad entre los Pueblos, que organizó el movimiento Comunión y Liberación en Rimini, Italia, del 18 al 24 de agosto, en torno al tema «El sentimiento de las cosas — La contemplación de la belleza».

El mensaje pontificio explica que «la belleza posee una fuerza pedagógica propia para introducir eficazmente en el conocimiento de la verdad. En definitiva, lleva a Cristo, que es la Verdad. Cuando el amor y la búsqueda de la belleza brotan de una mirada de fe, se logra penetrar en lo más profundo de las cosas y entrar en contacto con Aquel que es la fuente de todo lo que es bello».

«Nuestro tiempo tiende con frecuencia a pensar que la verdad, como tal, es ajena al mundo del arte. La belleza, además, según este planteamiento, afectaría sólo al sentimiento y representaría una dulce evasión de las férreas leyes que gobiernan el mundo. Pero, ¿es así?», pregunta el mensaje.

«La naturaleza, las cosas, las personas, si se miran con atención, son capaces de sorprendernos con su belleza —responde—. ¿Cómo es posible no ver, por ejemplo, en un ocaso de montaña, en la inmensidad del mar, en los rasgos de un rostro, algo que nos atrae y, al mismo tiempo, nos invita a profundizar en el conocimiento de la realidad que nos circunda? Basta pensar en la potencia de atracción espiritual ejercida por un acto de justicia, por un gesto de perdón, por el sacrificio por un gran ideal vivido con alegría y generosidad».

«En la belleza se manifiesta la verdad, que atrae a través del encanto inconfundible que emana de los grandes valores —aclara—. De este modo, el sentimiento y la razón se encuentran radicalmente unidos por un llamamiento dirigido a toda la persona. La realidad, con su belleza, permite experimentar el inicio del cumplimiento y parece susurrarnos: 'Tú no serás infeliz, la pregunta de tu corazón se realizará, es más: ya se realiza'».
(Fuente: ZENIT)

EL OBSERVADOR 373-3

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NUESTRO PAÍS

De escándalos, calumnias y cosas similares
+ Por Mario De Gasperin Gasperin


l. Las persecuciones y calumnias contra la comunidad cristiana y contra sus ministros no son algo ajeno a los verdaderos discípulos de Jesucristo: «Si me persiguieron a Mí, también los perseguirán a ustedes», nos advirtió Jesús. En México la Iglesia ha tenido perseguidores y calumniadores desde las alturas del poder. Nada de extrañar.

2. Jesús proclamó una bienaventuranza para sus discípulos calumniados: «Bienaventurados serán ustedes cuando los insulten y persigan y digan falsamente contra ustedes todo género de mal por mi causa...» (Mt 5). No hay hombre de bien ni cristiano de valer que no haya tenido que padecer; esto es señal de autenticidad y de felicidad. San Pedro comenta: Bienaventurados si por el nombre de Cristo son ultrajados, porque el Espíritu de la gloria, que es el Espíritu de Dios, reposa en ustedes. Que ninguno padezca por homicida, o por ladrón, o por malhechor, o por entrometido; mas si padece por ser cristiano, no se avergüence, antes glorifique a Dios por serlo» (1 Pe 4, 14-16).

3. Por tanto, la mejor y la única respuesta válida ante las calumnias es una conducta recta, santa y honesta. El pueblo cristiano, que tiene el Espíritu de Cristo, entiende y distingue bien estas cosas. Por supuesto que le asiste el derecho de proteger su buena fama y defender la verdad, y puede hacerlo.

4. Preocupación mayor debemos mostrar por la dignidad de la persona humana continuamente lastimada en la vida de todos los días. La televisión ha hecho de las miserias humanas un espectáculo barato, de alto rendimiento económico para los empresarios y promotores. La vulgaridad es la estrategia altamente redituable que siguen los medios, pasando sobre la buena fama y sobre la dignidad de las personas, sobre todo de la de los débiles.

5. La pérdida del sentido de lo humano es muy grave, pues tiene consecuencias lamentables como es la incapacidad de la compasión, el egoísmo individualista, el dinero a cualquier costo y una insatisfacción generalizada: el perverso sexual y el avaro no se sacian con nada y desembocan en el crimen con facilidad.

6. La libertad es un bien que hay que defender; por eso necesita protección. Ésta se la dan sus límites: el cacareado e incumplido respeto al derecho ajeno. Una libertad ilimitada, sin respeto a los demás, es pretensión satánica, autodestructiva y antisocial. La autoridad civil debe tutelar este don y señalar sus límites; para eso se requiere sabiduría y audacia sin complicidades. Necesita autoridad moral. Cuando la autoridad carece de soporte moral y de fortaleza de espíritu degenera en complicidad con el mal y pervierte el orden social.

EL OBSERVADOR 373-4

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Tres ideas sobre una película
Por Rodrigo Guerra López


1) Un vacío culpable: La aparición de la película El crimen del padre Amaro se da en medio del vacío de presencia cristiana en el espacio público. Este vacío provoca que la presencia pública de los cristianos en este y en otros casos surja como una mera reacción de condena ante la inmoralidad de ciertas iniciativas y espectáculos. Si bien es correcto juzgar que la película lastima los valores y sensibilidad de la sociedad mexicana, lo más grave no es el contenido de la película o su amplia difusión: lo realmente grave es que los cristianos nos hemos acostumbrado a no traducir nuestra fe en propuesta cultural al grado que ser presencia pública nos resulta del todo extraño. Los obispos mexicanos en su carta pastoral Del encuentro con Jesucristo a la solidaridad con todos han señalado a este respecto que es gravemente culpable la automarginación de los cristianos de la vida pública de nuestro país. Las actitudes de reacción intempestiva ante algo que nos ofende son explicables, pero no siempre son evangélicas. Lo que hace evangélica a una acción es que promueva desde la fe una propuesta más grande que nuestro pecado. El verdadero crimen no es el del ficticio padre Amaro, sino el de los cristianos que, en ocasiones de manera vergonzante y/o reaccionaria, afirmamos nuestra fe. La propuesta del Magisterio del Papa y de los obispos en estos asuntos es bien distinta. La nueva evangelización posee una lógica fundamentalmente propositiva, afirmativa y existencialmente interesante.

2) La misión del Estado: Es preciso entender que el Estado no está llamado a promover los máximos de virtud sino a proteger los mínimos de justicia. Al Estado le corresponde salvaguardar el derecho humano a la libertad religiosa. Esto significa que es preciso promover el respeto y tolerancia a toda denominación religiosa y sus valores constitutivos. Así pues, el Estado está llamado a convocar a quienes alientan al desprecio de cualquier expresión religiosa a no vulnerar el derecho de las personas ni tácita ni explícitamente. Buena falta hace que los católicos entendamos que nuestra Constitución posee deficiencias importantes en este aspecto. El artículo 24 de la Carta Magna no protege el derecho a la libertad religiosa sino solo a una de sus dimensiones: la creencia. Esto explica en buena medida la desorientación gubernamental al tratar este tipo de asuntos. Ahora bien, en muchas ocasiones, por una cuestión de orden prudencial, al no poder promover todo el bien posible, el Estado debe tolerar ciertos males. En estos casos, el único límite infranqueable es que el Estado si bien ha de tolerar algunos males, no debe colaborar proactivamente a su difusión por ningún motivo. Por ello, ningún recurso público puede ser utilizado para promover un mal como lo es una expresión de menosprecio a algún símbolo religioso o similar. De este modo, los cristianos podemos afirmar con todo rigor que es gravemente contrario a la naturaleza de la justicia, del derecho y del Estado que CONACULTA haya colaborado financieramente para la realización de la película El crimen del padre Amaro.

3) La película en sí misma considerada: La película posee una buena fotografía y edición. La iluminación es excelente. El sonido es más bien deficiente. El guión de Vicente Leñero está sobrecargado: en una misma historia se incorporaron una gran cantidad de elementos de contradicción y deficiencia atribuidos a la Iglesia católica que muestran la unilateralidad del juicio que intenta proyectar la película. Asimismo, el guionista parece no tomar en cuenta aspectos esenciales de la psico-dinámica humana de los sacerdotes, que hace que las reacciones del personaje central (el padre Amaro) no sean congruentes ni con el personaje ficticio ni con el estándar de formación sacerdotal mexicano. Este último, en ocasiones posee muchas deficiencias; sin embargo, para el que lo conoce es evidente que no se encuentra reflejado en la película.

EL OBSERVADOR 373-5

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LAS HISTORIAS DE MÉXICO

Masacre en Cholula
Por Diego García Bayardo


Uno de los puntos más negros en la historia de la conquista de México fue la tendencia española a hacer demostraciones de fuerza, basadas en el asesinato de masas, para desalentar la resistencia de los pueblos y paralizarlos por el miedo a las represalias.

La más conocida de las matanzas realizadas durante la campaña de Cortés es la de Cholula, acaecida en septiembre de 1519. Este hecho no fue propiamente una acción de guerra, pues las víctimas fueron civiles, no militares, y es precisamente esta característica, repetida luego en el Templo Mayor y en muchos lugares más, lo que hace odiosa y execrable la conducta del conquistador.

Lo que ocurrió en Cholula fue claramente previsible; quizá hasta inevitable. Veamos lo que pasó. Cuando Cortés y su tropa derrotaron al ejército otomí que defendía la frontera oriental de Tlaxcala, y luego vencieron también en batalla nocturna a un ejército tlaxcalteca (esta batalla es puesta en duda por varios historiadores), los jefes de la federación tlaxcalteca decidieron recibir a los españoles en son de paz. Cortés logró hacer con ellos una alianza duradera de tal importancia que es indudable que la conquista jamás se habría logrado sin la participación tlaxcalteca, lo mismo por su importancia política que por su relevancia estratégica, logística, táctica, etc. Al permanecer Cortés con los tlaxcaltecas, varios embajadores de Moctezuma llegaron a su presencia y trataron de convencerlo de moverse a Cholula, ciudad aliada de los mexicas. Estos embajadores le dijeron a Cortés que no confiara en los tlaxcaltecas, que eran malos, que no servían ni como esclavos. Mal se querían unos y otros.

Cortés sabía encender una veladora a Dios y otra al diablo; decidió complacer a los mexicas, por un lado, ordenando el movimiento hacia Cholula, pero también dio gusto a sus aliados al aceptar ser acompañado por un ejército de unos 5,000 tlaxcaltecas y 400 guerreros de Zempoala. Los tlaxcaltecas eran enemigos jurados de Cholula, así que pidieron a Cortés andar con cuidado y, si fuera posible, exterminar a los cholultecas, desde el niño hasta al anciano. Dicen los testimonios españoles que al llegar a dicha ciudad, se pudo percibir que había calles tapiadas, pocas mujeres y niños, y piedras amontonadas en los techos, como si se estuviera preparando una emboscada. Como si no hubiera suficiente tensión en el aire, se dice que doña Marina, la mal llamada Malinche, descubrió, por boca de una anciana lugareña, que estaban listos los cholultecas para caer sobre los españoles en cualquier momento. Cortés hizo comparecer ante él a todos los nobles y gente principal de Cholula y, reunida la gente, ordenó la masacre. Por horas los españoles y sus aliados se dedicaron a asesinar y a saquear la ciudad, con tal denuedo que Cortés escribió, con desparpajo, que sus hombres mataron a más de 3,000 cholultecas y que los tlaxcaltecas se dieron gusto matando a muchos más.

Otra razón, de tipo estratégico, por la que Cortés sometió de tal manera a Cholula es porque ésta era una importante plaza militar mexica; Cortés no podía seguir su viaje hacia Te-nochtitlan y dejar una amenaza tan poderosa entre su ejército y sus bases en Tlaxcala y Veracruz, pues así quedaría cortada su única vía de comunicación y escape.

Por todo esto, es absurda la versión de fray Bartolomé de las Casas, consagrada en la historia oficial, de que los españoles y tlaxcaltecas hicieron todo aquello nada más por pasatiempo, por que se les antojó, por avaricia o por simple y llana maldad.

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No fueron traidores los tlaxcaltecas
Por Jorge Vázquez-Mellado Zolezzi


"Y que, pues en aquellos sus altos cúes no había que tener más ídolos, él (Cortés) les quiere dejar una gran señora, que es madre de nuestro Señor Jesucristo, en quien creemos y adoramos para que ellos también la tengan por señora y abogada... "
(Historia Verdadera de la Conquista de la Nueva España,
Bernal Díaz del Castillo)

Tlaxcala era uno de los reinos más civilizados de México. Contaba con una especie de senado y pagaba tributo a los aztecas, que periódicamente se aparecían para extorsionar a los tlaxcaltecas y además les robaban a sus jóvenes para sacrificarlos, así como a sus doncellas. Aunque parientes en los rasgos lingüísticos y étnicos (ambos eran pueblos nahuas), aztecas y tlaxcaltecas eran enemigos.

Después de haber sido aconsejado de muy buena fe por el cacique gordo de Cempoala, Cortés decidió pasar por Tlaxcala con la intención de pactar una alianza con los tlaxcaltecas. El cacique puso a su disposición cuatrocientos indios de guerra a los que debían añadirse otros setecientos que recogió en las siguientes poblaciones. Mientras esto ocurría, Cortés seguía escuchando todo tipo de quejas sobre la tiranía que ejercía Moctezuma, lo mismo de Oaxaca que de Coatzacoalcos y otros muchos pueblos...

«Cortés desde entonces vio bien claro su plan militar: unir y encabezar a tantos pueblos víctimas y conquistar para libertar. El vocablo 'conquista' es, en el caso, secundario y hasta impropio; esta penetración hispano-cristiana en el lenguaje del derecho sano, debe llamarse liberación; sin que los desmanes reprobables de muchos conquistadores basten para quitarle su grandiosidad y su mérito, ante la civilización humana, al conjunto de estos grandes esfuerzos libertadores.» (Historia de la Nación Mexicana, Mariano Cuevas. S.J.)

Esta decisión de marchar hacia Tlaxcala fue precipitada; el avance de este ejército, como era natural, generó en el senado tlaxcalteca grandes suspicacias a pesar de las buenas intenciones que manifestaron los embajadores enviados por Cortés. Los tlaxcaltecas, pensando que Cortés era aliado de los mexicas, se pusieron en pie de guerra, librándose sangrientas batallas en las barrancas de Tecoac. La primera fue de día, de la cual los españoles salieron victoriosos. Por considerarlos hijos del sol, los sacerdotes tlaxcaltecas sugirieron: «si peleáis de noche, el sol no puede ampararlos». Sin embargo resultaron ser hijos de la luna: la derrota de los indios fue completa y final. La victoria de Cortés fue un verdadero prodigio, tomando en cuenta que peleó contra un ejército con más de diez mil hombres, por lo menos.

En el senado de Tlaxcala, el partido de la paz aprovechó estas derrotas para desarrollar su plan: pactar una alianza con los españoles con el fin de combatir juntos al poderío de Moctezuma. Vio Cortés que su principal aliado era la discordia que existía de pueblos a pueblos, lo mismo que vio Winfield Scott en 1847. Quiso Cortés ir a Cholula, república independiente, paso que militarmente le era necesario...

Entre tanto el conquistador iba ganando amigos y aliados para el combate final.

EL OBSERVADOR 373-6

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DEBATE

¿La Iglesia un circo? No, señor Álvarez Icaza
Por Carmen María Maldonado Franco

El periódico «La Jornada», en su edición correspondiente al día 3 de agosto del año en curso, publicó unos comentarios del señor José Alvarez Icaza acerca de las visitas papales. Este personaje, promotor de las teologías de inspiración marxista, se permitió declarar: «...yo le critico a Juan Pablo II que haya convertido a la Iglesia en un circo y le haya quitado espiritualidad; sin embargo, hay que reconocerle que él devolvió a la institución la movilización de masas». La autora de este artículo ve en tal actitud un signo más de un perceptible complot mundial en contra de la Iglesia católica.

Señor Alvarez Icaza: me extraña sobremanera la visión simplista y por demás ofensiva con la que se refiere a las visitas del Papa, diciendo que «...el Papa ha hecho de la Iglesia un circo...». Sólo que no señala quiénes son los payasos y quiénes los animales.

Usted, como muchos cristianos de los setentas, equivocaron las posiciones históricas de Cristo y Marx, y en lógica pura Cristo quedaba como profeta de Marx (no siendo, este último, salvador). Su movimiento «Cristianos por el socialismo» pertenece a esta cosmovisión, como si por fin el cristianismo encontrara su plenitud en el socialismo. Bueno fuera que el socialismo se nutriera y enriqueciera con el Evangelio. Éste es contenedor del socialismo y de mucho más.

También dice usted que lo valioso de las visitas pastorales es que Juan Pablo rescata (del marxismo, supongo, según su personal visión) el movimiento de masas. Éste no es una joya del marxismo, señor, es un signo de los tiempos.

La mirada no debe ponerse sólo en las apariencias, dicen los filósofos, sino en los significados profundos. El ser humano es un ser histórico, y su comportamiento se orienta a la develación del misterio, incluida también la sencilla fe de un pueblo que busca pasar del júbilo terrenal al júbilo celestial. Todo su comportamiento es simbólico.

En el 79, en la primera visita papal, estando yo en una posición como la de usted, de desprecio hacia la religiosidad popular y alejada de la Iglesia católica, me tocó «casualmente» cruzarme con Juan Pablo. Experimenté (no fue una emoción) el paso del representante de Cristo, vivencia que orientó mi vida para integrarme humildemente a la Iglesia. La gracia del Espíritu Santo se derrama al paso de Su Santidad, independientemente del juicio de los letrados y estudiosos, ya que él representa a Cristo, y así lo quiere Él.

Yo busco, como Blas Pascal, al Dios de Abraham, al Dios de Isaac, al Dios de Jacob, no al Dios de los filósofos e intelectuales.

EL OBSERVADOR 373-7

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CORRESPONDENCIA

El escándalo, la libertad y el respeto
Por Walter Turnbull


Sonado revuelo ha levantado en México la presentación de la película El crimen del padre Amaro. Era de esperarse: la película fue concebida con la intención de generar escándalo. El escándalo es un maravilloso producto de venta.

Yo no he visto la película ni la pienso ver, pero tengo entendido que presenta una imagen de la Iglesia católica como una escuela de vicio, y a la doctrina cristiana como un engaño milenario. Los católicos se sienten ofendidos y algunos hasta han propuesto la organización de algún tipo de boicot. Los «liberales» se sienten ofendidos contra los católicos alegando la libertad de opinión, la libertad de expresión, el derecho a la creación artística y algunos hasta la democracia. La Iglesia ha sido, como siempre, tachada de intolerante, oscurantista y retrógrada.

Sería bueno aclarar algunos conceptos:

Dice un dicho muy sabio: Mi libertad de alargar el puño termina donde empieza tu nariz. Este principio tan elemental es ignorado por la mayoría de los liberales defensores de la libertad. La libertad que no respeta la ética se convierte en anarquía, se convierte en violación, se convierte en abuso.

Se habla mucho de respeto a la opinión. Y tienen mucha razón. Toda opinión debe ser respetada. Pero el problema es que aquí no se trata de una opinión. No se trata de diferentes creencias o formas de pensar. Si la declaración atenta contra el prestigio del prójimo, entonces se llama acusación, y si es falsa, se llama difamación. La difamación es un crimen que no tiene que ser respetado por nadie. Y, como el que calla otorga, el difamado tiene casi la obligación de defenderse y denunciar la difamación. No se trata de imponer mi pensamiento, se trata de defender mi prestigio; de defender la verdad. Quieren que se respete su opinión personas que no saben respetar los derechos más elementales de las demás personas.

La dichosa película presenta situaciones ficticias como si fueran ciertas, y hechos aislados que podrían ocurrir ocasionalmente como si fueran lo más normal. Un afamado tirano hablaba de mentiras «suficientemente grandes para ser creídas». Si usted me dice que un cura es pederasta o estafador o tratante de blancas, yo puedo ir con el cura e investigar la verdad. Si usted me dice que la resurrección de Cristo es un fraude y que todos los obispos están involucrados en el narcotráfico y la venta de petróleo, nadie puede probar nada y la acusación queda para siempre en el aire.

Lo tenemos que decir siempre: tirarle a la Iglesia es divertido, es lucrativo y es popular. Para un productor es garantía de éxito comercial. Hace aparecer al que tira como conocedor, valiente y liberal; y hace sentir al que lo oye como disculpado de sus propios pecados.

Pero sucede que también es altamente descructivo. Por eso los católicos nos rebelamos. Cualquiera que se acerque a la historia o a la Iglesia, o a la historia de la Iglesia, con ánimo sincero y espíritu científico, descubrirá que las bendiciones que la Iglesia ha traído a la humanidad son enormes. Muy por encima de las que haya traído cualquier otro grupo, ideología o institución. Acusar sin pruebas es ya de suyo una irresponsabilidad; atacar a la Iglesia es atentar contra la realización de la humanidad, y eso sin mencionar la salvación eterna.

El hombre moderno, igual que los de todas las épocas, ha creado dioses falsos, o ha endiosado a las creaturas. Uno de ellos es la libertad. Habrá que reconocer que es un ídolo muy hermoso. Pero no por eso deja de ser falso. No se nos puede pedir a los católicos que toleremos la mentira, la difamación y la falta de respeto al derecho ajeno en nombre de una mal entendida libertad.

EL OBSERVADOR 373-8

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FIN

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