El Observador de la Actualidad

EL OBSERVADOR DE LA ACTUALIDAD
Periodismo católico para la familia de hoy
15 de septiembre de 2002 No.375

SUMARIO

bulletPORTADA - Bienaventurado el político...
bulletEDITORIAL - Para salir del hoyo
bulletCARTAS DEL DIRECTOR - ¡Viva México!
bulletEL RINCÓN DEL PAPA - La civilización del amor, anhelo de la humanidad
bulletLa verdadera belleza
bulletDILEMAS ÉTICOS - No hay nada como la libertad
bulletTEMAS DE HOY - La anemia espiritual
bulletDESDE EL CENTRO DE AMERICA - A los 45
bulletLa Academia o el Informe
bulletJÓVENES - ¿Por qué los católicos no deben creer en los horóscopos?

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PORTADA

Bienaventurado el político...
+ Mario De Gasperín Gasperín

El cardenal Francisco Xavier Nguyen Van Thuan, Presidente del Consejo Pontificio “Justicia y Paz”, recordó recientemente que el Concilio llama a la política “arte noble y difícil”, e invitó a los cristianos a “cumplir con fidelidad sus deberes temporales, guiados siempre por el espíritu evangélico” (GS 43 y 75). Propuso a los políticos las siguientes “Bienaventuranzas”, advirtiendo: “yo no entro en el terreno de la política... hablo como pastor”. Con el mismo espíritu las ofrezco a los fieles católicos como material de reflexión, ahora que comienza la efervescencia electoral:

1. Bienaventurado el político que tiene una profunda y alta conciencia de su papel.
Comentario: La globalización de la economía hace que los poderosos arrastren y pulvericen a los países más débiles; se necesita responder con altos principios de política internacional basados en la dignidad y respeto de la persona humana. El Papa habla de “globalizar la solidaridad”.

2. Bienaventurado el político cuya persona refleja credibilidad.
Comentario: Los presupuestos elevados de los partidos políticos, los gastos excesivos de las campañas electorales, las promesas no cumplidas y los escándalos provocados, han minado fuertemente la credibilidad del político. Su figura pública necesita una urgente rehabilitación.

3. Bienaventurado el político que trabaja por el bien común y no por su propio interés.
Comentario: Pregúntese el político: ¿Estoy trabajando para los demás o para mí, para utilidad de la comunidad o para mi propio bienestar, para el bien de la nación o sólo por intereses partidarios? A estas preguntas debe responder ante Dios y ante su conciencia, porque de ellas rendirá cuentas.

4. Bienaventurado el político que se mantiene fielmente coherente.
Comentario: Este es un punto clave en un político cristiano: Que las obras concuerden con su fe, que los actos respalden a las promesas, que las acciones respondan a las palabras, que cuando tenga el poder sea el mismo que cuando lo buscaba.

5. Bienaventurado el político que realiza la unidad y, teniendo a Jesús por centro, la defiende.
Comentario: Un pueblo dividido es un pueblo vencido. El político debe superar los límites de su partido y de sus ideologías, para construir una nación unida y solidaria. Esto no se hará sin un auténtico espíritu cristiano.

6. Bienaventurado el político que está comprometido con la realización de un cambio radical.
Comentario: Las cosas no pueden seguir así. Nuestro país debe cambiar. El cambio radical -de raíz- se logra sólo con un amor apasionado por la verdad, con honradez intelectual y moral: No llamar bien al mal y al mal bien, ni relegar las convicciones religiosas al campo de lo privado.

7. Bienaventurado el político que sabe escuchar.
Comentario: Que escucha la palabra de Dios, que escucha la voz de su conciencia, que escucha a su pueblo, de manera especial la voz de los humildes; y que lo hace con respeto y establece un diálogo sincero, que lleva a la comprensión y a la concordia.

8. Bienaventurado el político que no tiene miedo.
Comentario: Que no tiene miedo a la verdad, que defiende la justicia cualquiera que sea su precio, y que no tiene miedo a los medios de comunicación que, sin duda, lo atacarán. El político cristiano responderá ante el Juicio de Dios y no ante los medios de comunicación.

EL OBSERVADOR 375-1

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EDITORIAL

Para salir del hoyo


¿México tiene solución? Es la pregunta que nos hacemos día con día, millones de mexicanos. Con más política que tino, los últimos gobiernos federales han aplicado fórmulas que van desde el neoliberalismo salvaje al populismo ramplón. No han dado, ni de lejos, en el clavo. Si de 1930 a 1982, el poder adquisitivo de los mexicanos subió 70 por ciento; de 1982 al 2000, bajó 65 por ciento…

Los números explican algo, pero no lo esencial. Lo esencial en este caso es que la vida de millones de mexicanos pende de un hilo: el que separa la pobreza de la miseria. Y en todos lados se repite que no hay cambio, por lo tanto, que no hay remedio a la situación. Somos fatalistas, porque nos han enseñado a serlo.

Por supuesto que hay remedio. El problema está en enfocar bien la salida. En ensayar otro camino. Uno que es el camino de la verdad, pero que nunca hemos recorrido juntos: ése que el ensayista español José María Permuy llama «la necesidad social de un fundamento cristiano como única salida de la crisis».

¿De qué se trata este fundamento cristiano? Muy sencillo: desde el gobierno, se trata de poner siempre, en todas las decisiones de la política, la economía, las finanzas a la persona como centro y como fin. La persona que abre a la comunidad, la persona con rostro concreto. Sobre todo, la persona que sufre carencias injustificadas, mientras unos pocos lo tienen todo. Es la gran revolución de Jesús de Nazaret.

Desde nosotros, desde cada uno de nosotros, la solución al fatalismo de que «México no tiene remedio», se basa en llevar a Cristo a todos lados: a la calle, a la casa, a la oficina, al taller, a la milpa… Llevarlo en el corazón, no nada más colgado en el pecho o escondido en una estampa en la cartera. Cristo por delante. Con su exigencia absoluta de amor y perdón; de ayuda y esperanza.

Ahí está la salida: lo demás o es política sin caridad o es vida sin sentido de trascendencia, por tanto, sin sentido de servicio. Para bien de todos los mexicanos: aún de aquellos que no son creyentes ni cristianos.

EL OBSERVADOR 375-2

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CARTAS DEL DIRECTOR

¡Viva México!
Por Jaime Septién Crespo


Es curioso; cuando alguien viola una norma de tránsito, o se mete «a la brava» al principio de una cola para pagar la luz, no falta otro que grite «¡Viva México!» Es éste también el grito final de las borracheras o de las celebraciones «patrióticas», con varios litros de tequila entre pecho y espalda, cada 15 de septiembre.

México ligado a la corrupción; a la ventaja innoble, a la juerga y al alcohol... El México bronco, resabiado y víctima que nos han enseñado a padecer, cuando no a militar en él abiertamente. Con la celebración del 192 aniversario del inicio de la Revolución de Independencia (inicio que se dio por mediación de un sacerdote católico y bajo el estandarte de la Virgen de Guadalupe; que no se les olvide a los políticos de rompe y rasga que andan por ahí) este México deprimente volverá a salir a la palestra.

Y borrará lo mejor de nosotros: al México luminoso, al de las buenas maneras, la nación mestiza que fue cantada por ese portento poético que es la «Suave Patria» de don Ramón López Velarde, nuestro poeta nacional (y católico, para mayor información de los intelectuales comecuras y antimochos que pululan por todos lados).

Patria es una palabra muy bella. Es el lugar de nuestros padres; es el lugar del corazón. Patria trasciende todo determinismo biológico, geográfico o cultural. Significa mucho más que una palabra o una colección de símbolos. Habla de caridad, unidad, reconciliación. Habla de tierra que heredaremos a nuestros hijos y a los huesos de nuestro cuerpo, cuando nuestra alma peregrina salga hacia la Patria eterna.

México es, también, una palabra muy bella: «ombligo de la luna». Huele a pan recien horneado, a campanas de la tarde, a enredaderas, a colibríes, a chopos, a pirúes, a buganvillas. Es palabra de bronce, eco en la sierra, tierra costrosa «como pellejo de vaca» que diría el maravilloso escritor Juan Rulfo (hijo de cristero, para que lo recuerden los callistas de pacotilla que quieren revivir la persecución en nuestro país).

Respetar la dignidad de ser mexicanos, la altura moral de ser mexicanos; enorgullecernos hasta el tuétano de ser mexicanos: eso podría ser un principio real del cambio emparejado a este aniversario 192 del «grito de Dolores» (que no fue grito, sino arenga, en el atrio de una iglesia católica, para que lo recuerden los juaristas de quinta, que piensan que las iglesias son cuevas de holgazanes y vendepatrias).

Echar bala, correr la juerga y luego saltarse todas las leyes, transar para avanzar, entrarle al cochupo, a la mordida, al moche, al trastupije, puede sonar «mexicano», pero no lo es. Lo genuinamente mexicano es otra cosa: el cariño por nuestra Patria, por su historia apasionante, por sus monumentos, su ecología, sus recursos naturales, su espiritualidad cristiana y por el regalo cotidiano de los millones de personas humildes y tesoneras que están construyendo un país mucho más justo que el que recibieron en sus manos.

EL OBSERVADOR 375-3

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EL RINCÓN DEL PAPA

La civilización del amor, anhelo de la humanidad


La catequesis del miércoles del Santo Padre estuvo dedicada al Cántico del profeta Isaías.

«En nuestro recorrido por las oraciones de la Liturgia de los Laudes, nos hemos encontrado ya con muchos de estos cantos que salpican las páginas bíblicas. Ahora tomamos en consideración uno verdaderamente admirable, obra de uno de los máximos profetas de Israel, Isaías, quien vivió en el siglo VIII a. C. Es testigo de horas difíciles vividas por el reino de Judá, pero también es cantor de la esperanza mesiánica en un lenguaje poético sumamente elevado».

«Este himno -prosiguió- es una invitación a no estancarse en un presente tan mísero sino a saber intuir bajo la superficie de los acontecimientos cotidianos la presencia misteriosa de la acción divina que conduce la historia hacia un horizonte de luz y paz».

El monte Sión, habitado por Dios, explicó Juan Pablo II, es el centro del cántico de Isaías y hacia él afluirán pueblos de toda la tierra. «Este poder de atracción se funda en la Ley y la Palabra del Señor, que constituyen una realidad única, fuente de vida, de luz y de paz. Cuando las naciones llegan a la cima de Sión se produce el milagro que desde siempre espera la humanidad. Los pueblos dejan caer las armas, las espadas se transforman en arados y las lanzas en podaderas».

«Los Padres de la Iglesia -agregó- veían cumplido este milagro con la venida de Cristo y en consecuencia identificaban el 'monte del templo del Señor' con la Iglesia de la cual salía la Palabra del Señor y a la cual venían los pueblos paganos, en la nueva era de paz inaugurada por el Evangelio».

«Por eso, de forma particular -concluyó-, los cristianos recogemos el llamamiento del profeta e intentamos echar los cimientos de una civilización del amor y de la paz en la que no haya ya guerra 'ni llanto, ni gritos, ni fatigas, porque el mundo viejo ha pasado'».

VIS/ZENIT

EL OBSERVADOR 375-4

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La verdadera belleza
Por Bruno Ferrari


Estas líneas buscan la reflexión sobre un tema que puede ser de gran polémica: me refiero a la cirugía plástica. Ojo, no me refiero a la cirugía reconstructiva, que es aquella que busca volver a las circunstancias normales el aspecto de una persona después de un accidente o de una intervención quirúrgica; tampoco me refiero a las cirugías plásticas que eliminan malformaciones o deformaciones que hacen desagradable la imagen de una persona, precisamente por lo evidente de dichas malformaciones.

Dicho de otra forma, me refiero a aquella cirugía plástica a la que también se le da el nombre de cirugía estética, en la que una persona, cualquiera que sea su sexo, busca acrecentar o alcanzar la belleza mediante este tipo de cirugía, en muchas ocasiones incluso poniendo en riesgo su propia vida.

Todo esto me vino a la mente cuando escuché en las noticias que cuatro de cada diez mujeres mayores de 18 años, del Mediterráneo que baña las costas europeas, se han practicado cirugías plásticas en el pecho. En la misma información se daba a conocer la nueva tecnología brasileña para la novedosa cirugía plástica de glúteos. Esto me hizo pensar en los riesgos que tantos miles de mujeres, y seguramente también hombres, están corriendo en todo el mundo por este cada vez más alarmante culto a la belleza.

De la misma forma a las operaciones de busto, glúteo, la cada vez más popular liposucción, la tan común cirugía de nariz, los restirones, lo quita y pon, etcétera, ya no sólo es el riesgo físico, sino los gastos tan impresionantes en que se incurre para alcanzar esa supuesta belleza. Eso sin pensar en que también todos los días se escucha en las noticias alguna nueva demanda en contra de supuestos médicos que, en lugar de dar la belleza prometida, causan daños irreparables e incluso mutilan a los pobres inocentes que confiaron en ellos.

Siempre he reprobado la instrumentalización de una persona convirtiéndola en un mero objeto. Y, asimismo, creo y respeto la libertad humana en el ejercicio de su voluntad; pero esta voluntad debe de estar siempre ligada por la inteligencia, y ésta se debe iluminar por la razón.

¿Qué es la belleza? Realmente cada quien podría dar una respuesta distinta. Por ello es quizá que la cirugía estética se vuelve cada día un negocio más lucrativo. La que tiene mucho quiere tener menos, la que tiene poco quiere tener mucho, la que no tiene quiere tener, el que tiene quisiera no tener y la que tuvo quiere volver a tener. Ésta es casi una regla universal en toda cirugía estética, sea de busto, sea para agregar o eliminar el vello corpóreo, la barba partida, el abdomen, la cadera, etcétera.

Esto me resulta tan dramático como ir a la carnicería y preguntar cuánto cuesta el kilo de muslo, pechuga, lomo, etcétera. Sin embargo, esta interpretación irrestricta de nuestra libertad nos hace asemejarnos a cosas y caer en el libro de las tarifas de quien nos hará de ellos, a cambio de una jugosa suma.

De entre las muchas definiciones que hay de la belleza recuerdo aquella que se atribuye a Aristóteles: «La belleza es la armonía del todo con sus partes». Desde luego que esa armonía puede alcanzarse de muchas formas: el ejercicio, la dieta, los cuidados diarios, el evitar excesos, en fin, todos estos de una manera más humana pero no por ello más fácil que pagar una suma de dinero y resolver en unos días algo que quizá nos llevaría muchos años.

Por lo demás, nada mejor que estar contento con uno mismo, pues hay cosas que sólo pueden cambiarse con el bisturí. Yo he visto personas con su personalidad destruida por una simple cirugía de nariz: no sólo se ven en muchas ocasiones totalmente distintas, sino que empiezan a comportarse de una forma totalmente distinta.

Quien base su felicidad exclusivamente en la belleza física, se niega a reconocer el natural paso del tiempo y la belleza intrínseca de la misma vejez. Quien se hace esclavo de su apariencia deja de distinguir si se le ama por cómo se le ve o por lo que realmente lleva en su interior.

Es muy cierto que el ambiente lo hace uno mismo, y que la mejor forma de recibir algo es proyectando lo que uno realmente es, sin engaños. Para que una relación de amor, sea la que sea, incluso con uno mismo, sea verdadera, tiene que estar apoyada en la verdad, en la aceptación de uno tal y como es.

De hoy en adelante, antes de pensar en convertirse en una más de las cifras de las estadísticas, le invito a pensar cuál belleza es la más importante: la interior o la exterior.

EL OBSERVADOR 375-5

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DILEMAS ÉTICOS

No hay nada como la libertad
Sergio Ibarra


El sueño del hombre en vida, el ideario de todos los pueblos, los deseos de un niño, las irreverencias de un adolescentes, el gusto por los que te gusta, el tener por satisfacer, el querer para ser, el desafío que late en el interior de todas las sociedades.

El sueño del hombre vida que busca realizar sus anhelos, de ser él impulsor de nuevos proyectos y grandes empresas, de nuevos inventos y productos, de la conquista de mercados, de lo que ha llevado a muchísimos seres humanos a grandes descubrimientos, a las conquistas de nuevas tierras, de nuevos bloques económicos, de las posiciones ante la globalización.

El ideario de todos los pueblos que buscan su autodeterminación, de los pueblos que buscan su identidad, de los pueblos que defienden con su vida sus espacios, sus ideales, sus filosofías, sus religiones, de los pueblos que han preferido morir que sucumbir, de los pueblos que se han atrevido a ser ellos mismos.

Los deseos de un niño, de ser bombero, de ser policía, de ser el héroe de la película, de curar a los animales, de ser la estrella del equipo, de ayudar a una viejecita a cruzar la calle, de compartir de su pelota, de sembrar flores, de ver crecer un árbol, de regalar sonrisas por doquier.

Las irreverencias de los adolescentes, cuestionando todo por todo, sufriendo por todo, amando hasta los mas profundo cada vez que el amor se aparece, poniéndole objeciones a sus padres, riéndose de lo que un maestro intenta decirles, vistiéndose como se les pega la gana, llorando por que perdió su equipo favorito o porque el primer amor se ha ido, adoleciendo del valor para ser, con la convicción de querer ser.

El gusto por lo que gusta, por aquello que te complace, por aquello que puedes pedir y se te da sin regateos para disfrutarse, por sentarse a hacer lo que justamente el espíritu demanda, sin tener que privarse por checar una tarjeta de asistencia, ni dar cuentas a nadie.

El tener el amor, al Padre, a Mamá y a Papá, al hermano, a la hermana, al amigo, a la amiga, la novia, la esposa, los hijos, el compañero, el poder tener los pequeños logros que le dan asentido a la vida, que le hacen ser vida. No se trata de tener por tener, sino, tener por estar satisfecho con lo que uno es y para lo que estamos intentando mientras estamos en este mundo.

El querer para ser, considerando que queriendo y siendo queridos es como mejor nos manifestamos, que queriendo somos, que queriendo llegamos a los que más aspiramos, por que solo queriendo a los demás podemos aspirar a ser y estar en este mundo.

El desafío iniciado el 15 de septiembre de 1810 en Querétaro y que concluyó el 27 de septiembre de 1821 en la Ciudad de México, ha legado el ejercer él mayor derecho, que después de estar vivo, podemos ejercer, la Libertad, y con ella, los sueños, los gustos, los deseos, las irreverencias, el amor, el querer, y ¿sabe?, no hay nada como la libertad, ¿no le parece?.

EL OBSERVADOR 375-6

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TEMAS DE HOY

La anemia espiritual
+ Por Antonio Montero Moreno, arzobispo de Mérida-Badajoz (España)


Acudimos a la socorrida metáfora de servirnos de un elemento material o visible para explicarnos otro de naturaleza espiritual, que no captan los sentidos corporales aunque sí la inteligencia valiéndose de ellos. Estamos hablando del alma y del cuerpo, invisible aquella y macizo éste, como componentes inseparables del sujeto humano, vivo y coleando, sin adentrarnos ahora en las subidas disquisiciones, un tanto sutiles y tortuosas, de los viejos maestros Zubiri y Laín Entralgo, sobre la naturaleza del alma. Lo cierto es que hay fenómenos o situaciones de nuestro cuerpo que espontaneamente aplicamos al mundo anímico o espiritual: torpeza, fragilidad, ceguera, sueño, salud, enfermedad.

La anemia es, en sus múltiples acepciones, una escasez o una afección de sangre, con más exactitud, de los glóbulos rojos, que sostienen la energía o la vitalidad del organismo. Su presencia en el flujo circulatorio provoca, o no impide, determinadas quiebras o indefensiones del sujeto: cansancio, fragilidad, apocamiento. Dejo a los expertos otras precisiones y matices sobre el particular.

Lo psicológico y lo espiritual

Anemia espiritual. Entramos en el territorio de lo figurado y aproximativo, pues no tenemos otro, que yo sepa, para explorar las regiones superiores del yo humano. ¿Dónde está la radiografía, la ecografía, la resonancia magnética, que nos retrate en pantalla la anemia del espíritu? Sé que estoy rozando aquí otro mundo, el de la psicología, ciencia humana por los cuatro costados, que analiza y remedia con métodos propios las enfermedades psíquicas y mentales, tan comprobables y humanas como el dolor de muelas. Y en eso ya es más difícil fijar los linderos entre lo espiritual y lo anímico, entre el siquiatra y el confesor o guía de almas. Se trata, empero, de realidades que, aunque muy trabadas entre sí en la unidad de la persona, son elementos netamente diferenciados y con riquezas propias en la antropología religiosa y cristiana.

En la filosofía neoplatónica y en el lenguaje de la espiritualidad cristiana posterior, se ha hablado, no tanto de dos, cuanto de tres «componentes» del indivisible compuesto humano: cuerpo, alma y espíritu (en griego soma, psyche, neuma) que, sin perdernos demasiado, nos aclaran las diferencias entre lo psicológico y lo religioso, entre la enfermedad y el pecado, entre la euforia y la gracia, entre el equilibrio anímico y la santidad, entre el terreno, repito, del confesor y el del psiquiatra. Por ser elementos colindantes pueden ayudarse mucho en un mismo sujeto la buena salud psíquica, incluso apoyada por fármacos, con la conciencia ética y la búsqueda de la santidad y viceversa; puede resultar nefasto, y lo ha sido más de una vez, que cualquiera de ellos invada, ignore o destruya a su contrario.

Otra anemia

Con lo dicho, aunque prolijo, estamos en condiciones de hablar de anemia espiritual, sin confundirla con la apatía ni con la depresión y afrontándola desde la ética, desde la fe, desde la gracia y la oración. Hablamos de un fenómeno de patología religiosa, que puede ser y es compatible con una buena salud física y mental.

Por anemia espiritual entiendo la endeblez de nuestro compromiso creyente, en la poca fe, en la pereza de voluntad, en la escasez de oración, en el sueño interior, en la ausencia de proyectos de mejora. Un ir tirando en la vida cristiana, sin intenciones de ruptura, e incluso con descontento de uno mismo, pero con una pesadez profunda que impide levantar el vuelo. Fenómeno, por lo demás, bastante común. ¿Quién no lo ha vivido alguna vez o está amenazado de vivirlo?
A los anémicos se les recomienda, con las reservas convenientes, una sobrealimentación acompañada por medicamentos idóneos que aumenten los hematíes, y todos los medios necesarios para la plena recuperación sanguínea y de todo el organismo. Porque la sangre circula y vivifica todas las ramificaciones del sistema circulatorio y ¡ay de aquel a donde no llega! En este sentido, vida y sangre se confunden.

También para la anemia espiritual lo primero es comer. Y para el cuadro descrito en el párrafo anterior, desde un análisis teológico, espiritual y pastoral, a mí no se me ocurre otra receta más inmediata, garantizada y eficaz, que la doble mesa, recomendada por el concilio Vaticano II en su constitución Dei Verbum («La Palabra de Dios»): «La Iglesia nunca ha cesado de tomar y repartir a sus fieles el pan de vida que ofrece en la misa de la Palabra de Dios y del Cuerpo de Cristo... Es tan grande el poder de la palabra de Dios que constituye el sustento y vigor de la Iglesia, alimento del alma, fuente límpida y perenne de vida espiritual» (n. 21).

Una mesa con dos panes

En este y otros pasajes el Concilio equipara los dos manjares de la mesa eucarística, llamando pan de vida a la Palabra divina como Cristo llama a su cuerpo sacramentado. «Yo soy el pan vivo bajado del cielo. El que come de este pan vivirá para siempre»(Jn 6,51). Quizá defraude a alguien con esta receta mía del doble pan, para remediar la anemia espiritual. Pero, apelando a la experiencia pastoral, brotan por todas partes ejemplos que lo confirman. Están muy en auge, a Dios gracias, los llamados «Grupos de Biblia» que se reunen periódicamente para leer, meditar y comentar la Palabra de Dios, ya sea para preparar las lecturas del domingo, o bien siguiendo regularmente y con métodos apropiados los libros santos. Todo ello en espíritu de escucha y adoración, mirando la vida propia, según la tradición cristiana de la lectio divina. Está comprobado que los que personalmente o en grupo beben continuamente de las fuentes vivas de la Escritura, suelen ser más perseverantes que en cualquiera otra práctica religiosa y raramente se enfrían de su fervor.

Sobre lo que hemos llamado comunión frecuente o misa diaria está casi todo dicho. Sean testigos los que lo hacen. Pueden caer en la monotonía y en el aburrirmiento. Busquen apoyo en los grupos de oración y de animación litúrgica, que les harán revivir las mejores experiencias y sabores de la Eucaristía del Señor. En ella se juntan palabra y pan, se dan cita los dones más altos que Dios puede darnos, y nosotros a los demás. Adiós a la anemia.

No quiero cerrar el tema sin anticiparme a una pregunta: bueno, ¿y cómo un creyente anémico, él o ella, sacan bríos de su debilidad, para tener el arranque de abrir los libros santos, iniciar la lectio divina, comprometerse en un grupo de Biblia, recuperar el gusto por la Eucaristía? Los anémicos son, por definición, inapetentes y apáticos. Les respondo a mi manera: anda, invoca la ayuda del Espíritu, que para eso está, como Señor y dador de vida. Dile algo así como esto, de un sacerdote y poeta extremeño:

Ven, energía divina,
tempestad de Dios y viento,
que abres las puertas cerradas,
que quitas todos los miedos,
que liberas al esclavo,
que rompes todos los cepos.

EL OBSERVADOR 375-7

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DESDE EL CENTRO DE AMÉRICA

A los 45
Por Claudio de Castro S.


Estoy por cumplir 45 años. Nunca había pensado que podría llegar tan lejos. San Francisco de Asís murió a los 44. Siempre he tenido una predilección por este santo. Abandonó sus lujos y todo lo que significaba algo en su vida, para buscar a Dios. Dentro de mi corazón siempre he querido ser un pequeño Francisco. Pensé que sería como él, alguna vez. Pero nunca he tenido la fuerza ni el amor suficiente para dejarme arrastrar y envolver por el amor de Dios. Dar el salto definitivo.

¿Qué has hecho conmigo, Jesús? Has sembrado esta inquietud en mi corazón, me has seducido con tu amor.

No te he correspondido como debiera. Y sin embargo, nunca dejas de invitarnos a confiar: ”Por eso les digo: No anden preocupados por su vida, qué comerán, ni por su cuerpo, con qué se vestirán...” (Lc 12 22-24)

¿Confiar? ¿Arriesgarme? ¿Abandonarme en Dios? Te confieso que aún, a estas alturas, no lo he conseguido del todo. Lo que sí he logrado es asomarme por encima del muro de la vida. Ver un poco más allá. Y con pasos tímidos me he acercado a Dios. Un pie en la tierra, aferrándome a la seguridad; otro en el Cielo, buscando a Dios.

Tengo frente a mí una estampita de Jesús crucificado. Hilos de sangre corren por su frente coronada con la corona de espinas. Te mira con esos ojos llenos de ternura, y no puedes desviar la mirada, aunque quisieras: «¿Ves lo que hice por ti?». Pareciera preguntar: «¿Me consolarás?».

«¡Ah! ¡Si tuviésemos los ojos de los ángeles, viendo a Nuestro Señor Jesucristo que está aquí presente, en este altar, y que nos mira... cómo le querríamos!»,escribió san Juan Vianney.

A los 45 procuraré acercarme más a Jesús abandonado, acompañarlo en el Sagrario y decirle que le amo.

EL OBSERVADOR 375-8

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La Academia o el Informe
Por Baudelio García E.


No existe la menor duda que de los pocos logros que han conseguido los políticos mexicanos en nuestro país, es que cada vez nuestro pueblo se interese menos por ellos. Hablar de política entre la gente es prácticamente hablar de corrupción, de demagogia, de la serie de atropellos que cometen la mayoría de estas personas que solamente ven por sus propios intereses y no por los de sus votantes.

Los ejemplos sobran solamente hay que seleccionar un periódico o un espacio informativo para comprobar todo esto. Otro claro ejemplo del poco interés por la política en México fue lo que ocurrió el pasado domingo, cuando el presidente Vicente Fox entregó a la nación su Segundo Informe de Gobierno.

Los ratings de audiencia en televisión fueron más que evidentes al demostrar que los mexicanos están más interesados en los “reality shows” y las películas que lo que ocurre en materia política.

El martes siguiente al Informe de Gobierno varios periódicos de circulación nacional dieron a conocer el resultado de diversas encuestas que se aplicaron a nivel nacional sobre el impacto que había tenido entre los televidentes mexicanos la rendición de cuentas por parte del Jefe del Ejecutivo.

El resultado fue contundente: El Segundo Informe de Gobierno alcanzó los seis puntos de rating a nivel nacional. La película “Rescatando al Soldado Ryan” llegó a los 17 puntos de teleaudiencia y el “reality show” de TV Azteca “La Academia” logró las 22 unidades.

Para los mexicanos resultó más interesante y divertido el conocer que ex integrantes de “La Academia” regresaban a la escuela de formación artística que conocer las cifras “oficiales” del número de desempleados que se han acumulado a lo largo del presente año.

Los televidentes de nuestro país prefirieron ver el regreso de la tapatía María Inés y de la veracruzana “Toñita” que conocer a cuánto ascendió el Producto Interno Bruto (PIB) en el último año.

O simplemente prefirieron ver las escenas bien logradas de guerra en “Rescatando al Soldado Ryan” que enterarse cuántos secuestros se comenten en México.

Es evidente que al pueblo de México lo que le interesa son las acciones no las cifras; que en la calle donde viva no se entere de asaltos, de robos de autos, que exista un buen alumbrado, una mejor pavimentación y que los empleos se conserven y sean mejor remonerados.

A la gente no le importa los discursos “tecnócratas” que normalmente utilizan los políticos le interesan las acciones, el cambio motivo principal por el cual le dio el sí a Vicente Fox y no a los otros candidatos políticos.

Por su parte, al presidente Fox no solamente le “llovió sobre mojado” al ingresar al Palacio Legislativo de San Lázaro, sino también durante el Segundo Informe, los reclamos, los abucheos y las pancartas no se hicieron esperar tal y como ha ocurrido en los últimos años.

Vicente Fox intentó “esquivar” los ataques pero éstos fueron creciendo a medida de que se iban dando a conocer las cifras “oficiales” en materia de economía, seguridad, empleo y bienestar social.

El mayor rechazo durante el Informe vino por parte de la bancada del PRD al abandonar el Palacio Legislativo por no haber tenido la oportunidad de contestar el Informe, ya que por segundo año consecutivo la priista Beatriz Paredes lo llevó a cabo.

La confusión e incertidumbre de los ahí presentes no se hizo esperar y Beatriz Paredes tuvo que detenerse unos momentos para terminar con su contestación.

Nada de esto hizo que el pueblo de México le cambiara a los canales en los cuales se transmitía el Informe de Gobierno, por lo que se tiene que hacer un cambio radical a la estructura de este deber político, no solamente a nivel federal sino también en los gobiernos Estatales, ya que este modelo no da para más sino ocurre cualquier otro programa de entretenimiento será más importante que la figura presidencial.

EL OBSERVADOR 375-9

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JÓVENES

¿Por qué los católicos no deben creer en los horóscopos?


Como su nombre lo indica (oros-scopeo, examinar las horas), el horóscopo designa la observación que los astrólogos hacen del estado del cielo en el momento del nacimiento de un hombre pretendiendo con ello adivinar los sucesos futuros de su vida.

Es verdad que los astros ejercen algún tipo de influencia sobre las realidades del mundo, incluido el hombre: ¿quién no nota los efectos que producen los cambios de estaciones y condiciones meteorológicas, no sólo sobre las realidades materiales (como las mareas) sino sobre el humor, los estados anímicos y la misma salud humana?

Pero de ningún modo los astros pueden servir para predecir los actos futuros libres de los hombres. A lo sumo, como indica santo Tomás de Aquino, podría conjeturarse aquello que con mayor probabilidad harán algunas personas porque la mayoría se deja llevar de sus estados anímicos y sus disposiciones corporales; en tal sentido, si conociéramos la influencia que algún astro o estación climática ejercerá sobre los cuerpos en tal fecha, podríamos también conjeturar cómo obrarían aquellos que se dejen llevar por tales estados.

Afirmar otro tipo de influencia y, peor aún, pretender determinar los hechos futuros a partir de los astros, plantea necesariamente la negación de la libertad humana y de la Providencia divina.

En cuanto a los astrólogos (licenciados o no en ciencias ocultas y parapsicológicas), hay que decir que la gran mayoría son vividores que se aprovechan de la credulidad de mucha gente. Otros, forman parte convencida de la moderna seducción por el ocultismo, de la fascinación por lo misterioso y de la búsqueda de lo asombroso como alternativa a su fe superficial o vacía. Algunos, por último, practican la astrología como parte del culto a los demonios, y es por la intervención de éstos últimos que algunos “astrólogos” son capaces a veces de “predecir” algunos hechos futuros, por cuanto los demonios a quienes recurren, siendo ángeles caídos, conocen mejor que los hombres la relación entre las causas y los efectos naturales, así como tienen una gran experiencia del obrar humano, con sus debilidades y miserias. Pero todas sus “predicciones” sobre los actos futuros libres de los hombres no son más que conjeturas.

Todo género de adivinación nace de la falta de fe en el Dios verdadero. Si uno recurre a las prácticas astrológicas o consulta los horóscopos, creyendo seriamente en ello, comete un pecado de superstición propiamente dicho (pudiendo, incluso, llegar a la idolatría); si lo hace sólo por curiosidad y diversión, no hace otra cosa que recurrir a un pasatiempo fútil, que va poco a poco desgastando peligrosamente su fe verdadera. Si lo hace para granjearse la “protección” de los demonios, comete un pecado de idolatría diabólica.
(Fuente: ACI)

EL OBSERVADOR 375-10

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