El Observador de la Actualidad

EL OBSERVADOR DE LA ACTUALIDAD
Periodismo católico para la familia de hoy
6 de octubre de 2002 No.378

SUMARIO

bulletA 40 años de que la Iglesia pusiera su reloj a la hora mundial, en el concilio Vaticano II
bulletTres santos para nuestros días
bulletEL RINCÓN DEL PAPA - Conversión, el «regreso» de Israel
bulletCRITERIOS - El canto del hombre (II)
bulletCEM - Participación solidaria para afianzar la transición democrática
bulletNUESTRO PAÍS - En educación: mucha tarea por hacer
bulletDEBATE - Los exorcismos no son cosa del pasado
bulletJuan XXIII y el concilio Vaticano II
bulletJosemaría Escrivá de Balaguer, hoy santo
bulletCULTURA - Canonización de la vida ordinaria
bulletREFLEXIONES DE UN SÁBADO POR LA NOCHE - El amor es más que sexo -Los enfermos de SIDA, ¿no pueden amar?
bulletPINCELADAS - Simbiosis enriquecedora

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A 40 años de que la Iglesia pusiera su reloj a la hora mundial, en el concilio Vaticano Segundo
El Observador/ REPORTAJES ESPECIALES


Habían corrido 1637 años, y otros 19 concilios, desde el primero de Nicea (Bitinia) en 325, hasta que aquel 11 de octubre de 1962, el querido papa Juan XXIII iniciaba, con solemnidad, el concilio Vaticano II, distinguiendo entre la fe y las formas de expresarla; definiendo la unidad en la diversidad y ofreciendo una visión positiva del mundo.

Han pasado 40 años de aquella fecha, y el concilio Vaticano II sigue siendo fuente inagotable de discusiones. La principal tiene que ver con si la Iglesia católica del siglo XXl es o no capaz de asimilarlo.

Tal fue la iniciativa que llevó a Juan XXlll, “el Papa bueno”, a convocarlo. Creía este santo varón, en su ingenuidad bondadosa, junto con gran parte de los dos mil 190 padres conciliares de todas las regiones del mundo, que el Concilio iba a durar dos o tres meses: duró cuatro etapas anuales.

El concilio Vaticano II fue el vigésimo primero en los dos mil años de historia de la Iglesia que fundó Cristo, con Pedro a la cabeza: un concilio pastoral, ecuménico, que se distinguió de todos los anteriores concilios –que habían sido dogmáticos y condenatorios de desviaciones—por su carácter abierto, de diálogo con un mundo que salía de dos guerras devastadoras y se encontraba sumido en la llamada “guerra fría”; que veía en todos lados el desencanto de sus jóvenes y la indiferencia brutal de los poderosos hacia los débiles.

Esos años que van de octubre de 1962 a diciembre de 1965 cambiaron el rostro de la Iglesia. Todos los protagonistas, desde Juan XXIII hasta Pablo VI; desde los teólogos neo-escolásticos hasta los padres conciliares; desde los burócratas de la curia romana hasta los periodistas asignados a la fuente, se vieron rebasados por una atmósfera en la que se discutió en latín cada aspecto de la Iglesia y de su mensaje al mundo. Comenzando por los cardenales y los obispos, quienes, al primer día de trabajo, declararon al Concilio como soberano (de cualquier imposición jerárquica).

Pronto, pues, la curia aflojaba las riendas.Y se colaba un viento fresco de libertad en la basílica de San Pedro, auspiciado por Juan XXIII.Tan sólo para el primer esquema –sobre la reforma litúrgica— se presentaron 327 intervenciones orales y 360 escritas: el texto se devolvió a la Comisión con una consigna: hay que elaborarlo otra vez. En la primera sesión, que concluyó el 8 de diciembre de 1962, de siete esquemas presentados, sólo fueron aceptados cuatro, pero para volverlos a discutir.

Como nadie de los ahí presentes había vivido jamás un concilio (el Vaticano I fue en 1870), el método, los temas, la independencia de la Curia y las tendencias teológicas fueron cuesta arriba. Con la muerte de Juan XXIII el 3 de junio de 1963, la respiración de la Iglesia se cortó angustiada. Pero sólo unos instantes. Pablo VI tomó la estafeta, y estableció una rigurosa metodología hacia el seguimiento, la información, el ecumenismo y la reforma de la curia romana.

Apenas hasta la segunda sesión, de septiembre a diciembre de 1963, se aprobaron una constitución (sobre la sagrada liturgia) y un decreto (sobre los medios de comunicación). Este último, francamente flojo; quizá el lunar de los documentos del Vaticano II: prevalece la moralización sobre la acción en el mundo. Y si algo se quería en este concilio era mostrar a la Iglesia como una institución divina, encarnada en las entrañas del tiempo.

Vientos nuevos: la tercera sesión, a partir de septiembre de 1964, aceptó la presencia de 15 mujeres como oyentes y se comenzó a trabajar en un polémico esquema, dividido en 12 puntos sobre libertad religiosa. Esa sesión aprobó la constitución sobre la Iglesia (la Lumen gentium) y los decretos sobre las Iglesias orientales católicas y sobre el ecumenismo. Punto cumbre fue la sesión de clausura, cuando Pablo VI nombró a María como Madre de la Iglesia.

La cuarta y última sesión (septiembre a diciembre de 1965) fue la más acelerada y la más fértil aprobando en octubre tres decretos (sobre el ministerio pastoral de los obispos; sobre la vida religiosa y sobre la formación sacerdotal) y dos declaraciones (sobre la educación cristiana y sobre las religiones no cristianas); en noviembre una constitución (sobre la divina Revelación) y un decreto (sobre el apostolado de los seglares), y al principio de diciembre una declaración (sobre la libertad religiosa), dos decretos (sobre la actividad misionera de la Iglesia y sobre los presbíteros) y la constitución pastoral sobre la Iglesia y el mundo moderno, Gaudium et spes.

El mundo católico y el no católico habían visto, primero con escepticismo, después con estupor y al final con esperanza, cómo la institución más venerable de la historia de la humanidad, lejos de esconderse en su prestigio moral, salía a conquistar un mundo convulso y distante. No a condenar sino a conquistar.

Los 16 documentos que emanaron del Concilio, siguen siendo vigentes. Siguen a la espera de ser leídos por los mil 100 millones de católicos del planeta. El tema del poner al día la Iglesia (el “aggiornamento”) con el horario de la realidad mundial es un reto que permanece

Como ha escrito uno de los padres conciliares, Arturo Szymanski (quien estuvo ahí junto a otros padres conciliares mexicanos como Samuel Ruiz, Ernesto Corripio, Genaro Alamilla, Carlos Quintero, Rafael Bello, Estanislao Alcaraz, Adalberto Almeida, Manuel Talamás y Anselmo Zarza): “Cuando uno se pregunta ¿es válido hablar, seriamente, de un tiempo “antes” y otro “después” del Concilio?, se está ignorando la vida de la Iglesia anterior al Concilio. Dicha pregunta tiene una respuesta negativa, según lo expresó el eminente teólogo –que nada tenía de conservador— von Balthasar: hemos de colocarnos en el centro de la Iglesia, que no cambia ni cambiará nunca en lo esencial; porque ella es la tradición viva que se apoya en la fidelidad a la fe y en la adaptación pastoral”.

EL OBSERVADOR 378-1

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CARTAS DEL DIRECTOR

Tres santos para nuestros días
Por Jaime Septién Crespo


Los santos ven a la creación —decía Bernanos— como lo que es: un acto de amor. Encuentran que Dios no necesita milagros para expresar su Existencia al hombre. Basta mirar la hormiga o la estrella para descubrir algo extraordinario, un hecho de remotas dimensiones, un gran acontecimiento. Basta mirarnos con detenimiento a nosotros mismos. Los santos son grandes destinos que se escapan a nuestra comprensión: brutales explosiones de libertad en un mundo aterrado ante la libertad. Esta semana tenemos tres ejemplos para habitar en ellos.

1 de octubre.- Santa Teresita del Niño Jesús y de la Santa Faz: el camino de la humildad. Su ejemplo es la entrega total al amor de Cristo. Con una inteligencia mayúscula y con una voluntad de hierro, no le importaba caer, sino que en la caída no pudiera reconocer su debilidad. Contra la soberbia que en nosotros crea el poder (cualquier poder), lo que Teresa Martin quería era no gustarse a sí misma. Sólo negándose, el hombre puede ofrecer al divino Maestro un dulce asilo. Enseñanza: La humildad del corazón, única vía para buscar y para encontrar la verdad.

4 de octubre.- San Francisco de Asís: el camino del abrazo a la Creación completa. Su ejemplo es un llamado a la “conversión ecológica”. Despojado de todo, incluso del instinto a conservar la propia vida, sabía extraer el jugo de las cosas del mundo. Pero ese “jugo” no lo tomaba para sí mismo, sino como un combate frontal contra el demonio; el demonio del dinero, del placer, del poseer. Su admiración por Dios no conoce límites. Sólo los de su cuerpo terrestre. Enseñanza: La austeridad para combatir la tentación, única vía para poder dejar entrar a Dios en el alma.

6 de octubre.- Josemaría Escrivá de Balaguer: el camino de la santificación diaria. Su ejemplo es el de la totalidad de la santidad. Para quien el día de hoy sube a los altares, nadie escapa de poder hacer de su vida, de su trabajo, de su profesión, un himno a la misericordia divina; a la esperanza de que Dios existe. Y si existe, y está a nuestro lado, nunca tenemos que hacer cosas raras: todo lo que debemos hacer es hacer aquello que hacemos entregándoselo a Él. Enseñanza: La transfiguración de lo ordinario por el amor, única vía para hallar a Dios al lado de nosotros.

Finalmente, lo que los santos nos vienen a decir es que, de verdad, hemos sido creados a imagen y semejanza de Dios; que esto es genial, y que el amor salva.

EL OBSERVADOR 378-2

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EL RINCÓN DEL PAPA

Conversión, el «regreso» de Israel


En audiencia general el papa Juan Pablo II se centró en el salmo 84, «Nuestra salvación está cerca». Dijo el vicario de Cristo:

«El salmo 84 es un canto gozoso y lleno de esperanza en el futuro de la salvación. Refleja el momento entusiasmante del regreso de Israel del exilio de Babilonia en la tierra de los padres. En el original hebreo del salmo se siente resonar repetidamente el verbo shûb, que indica el regreso de los deportados, pero significa también el 'regreso' espiritual, es decir, la 'conversión»'. El renacimiento, por tanto, no afecta sólo a la nación, sino también a la comunidad de los fieles, que habían sentido el exilio como un castigo por los pecados cometidos y que veían ahora la repatriación y la nueva libertad como una bendición divina por la conversión que habían experimentado. Precisamente la liberación del mal, el perdón de las culpas, la purificación de los pecados, crean el nuevo pueblo de Dios.

«A este 'regreso' de Dios que perdona le debe corresponder el 'regreso', es decir, la conversión del hombre que se arrepiente. Es sabido que con frecuencia los términos bíblicos sobre el pecado evocan un error en el camino, un fracaso a la hora de llegar a la meta, una desviación del recorrido recto. La conversión es precisamente un 'regreso' al camino derecho que lleva a la casa del Padre, quien nos espera para abrazarnos, perdonarnos, y hacernos felices.

«Llegamos así a la segunda parte del salmo. Se describe un mundo nuevo, en el que la verdad germina en una nueva primavera y la justicia, que para la Biblia es también salvación y santidad, y se asoma desde el cielo para comenzar su camino en medio de la humanidad. Todas las virtudes antes expulsadas de la tierra a causa del pecado vuelven a entrar ahora en la historia y, al cruzarse, dibujan el mapa de un mundo de paz. Misericordia, verdad, justicia y paz se convierten como en los cuatro puntos cardinales de esta geografía del espíritu».

(Fuente. ZENIT)

EL OBSERVADOR 378-3

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CRITERIOS

El canto del hombre *
(Segunda de tres partes)
Por Rolando García Alonso


¿Por qué ya no se oye cantar al hombre?

Quizá convenga, antes de responder esta pregunta, decir qué entiendo por cantar. El hombre canta cuando es feliz. El canto expresa la intimidad del hombre. El canto muestra, mejor que nada, el estado de ánimo de una persona. El canto, más que la palabra hablada, ha logrado expresar a lo largo de la historia humana lo que resulta esencial para el hombre de cada época.

El hombre del siglo XXI ya no canta porque ha hecho un silencio sobre lo esencial, como titulaba su último libro el filósofo francés Jean Guitton. En efecto, por ignorancia o apatía, los hombres de este siglo corren, por no decir vuelan, cada vez más rápido, se comunican de manera más veloz, conocen más leyes naturales que los ilustres filósofos griegos y no saben qué es lo esencial en sus vidas. Y el canto, que servia precisamente para musicalizar y expresar lo esencial, se ha olvidado.

El siglo pasado entendió la lucha por la libertad como el medio de liberar cada vez al mayor número de hombres y mujeres sobre la tierra, lo cual es un indispensable y nada despreciable inicio, pero no prosiguió con la última y más difícil etapa, que consiste en liberar cada vez más al hombre.
¿Qué es un hombre libre?

Esta es, probablemente, la pregunta que más ha querido responderse el hombre en los últimos tiempos. En todo caso, quizá sin conocer su respuesta, ha consagrado las vidas y el esfuerzo de millones de hombres y mujeres a buscar al hombre libre. Sin embargo, y como vemos en tantos lugares del mundo, ha conseguido a hombres y mujeres «libres» que ya no saben ni pueden cantar.

El hombre libre es aquel que canta, aquel que es feliz. El hombre libre es aquel que puede consagrar su vida a conseguir y construir lo que para él es esencial. Por eso canta, porque así expresa lo esencial. Por eso es feliz, porque va conquistando lo esencial.
Sin embargo, si desconoce lo esencial, si ni siquiera se ha detenido a pensar qué es lo esencial, ¿sobre qué versarán sus cantos? ¿Cómo podrá ser feliz?

¿Por qué la religión contribuye a la libertad?

Es riesgoso a estas alturas, cuando aún no esbozo todos los puntos que quiero expresar, sacar a colación esta pregunta. El simple hecho de evocarla hará gesticular a más de uno. Iré incluso más lejos, al citar unas palabras de Lord Acton, pensador inglés del siglo XIX, quien dijo que «ninguna nación puede ser libre sin religión. La religión crea y fortalece la noción del deber. Si los hombres no son rectos por el deber, deben serlo por el temor. Mientras más controlados estén por el temor, menos libres serán. Mientras más grande sea la fuerza del deber, mayor será la libertad».

¿Qué es religión?

Sin tratar de responder esta interrogante no podría ir más lejos. Sin clarificar un poco el concepto de religión no creo poder concluir adecuadamente. Con el único propósito de acercarme a este concepto y sin el ánimo de agotar cualquier otra definición, diré que la religión es la búsqueda de la verdad y de la vida en la libertad.

Decía san Agustín que «hay que buscar como aquellos que deben encontrar y hay que encontrar como aquellos que deben seguir buscando». La religión es una búsqueda en ambos sentidos de la palabra: es la búsqueda de aquel que no posee y de aquel que, poseyendo, quiere más poseer.

La búsqueda es cruzar un puente entre dos realidades distintas. Es, como bien dice Guitton (Silence sur l'essentiel), conducir a los seres libres del tiempo a la eternidad, tiempo y eternidad siendo dos cosas distintas.

* Tomado de la publicación Bien Común y Gobierno, agosto de 2002.

EL OBSERVADOR 378-4

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CONFERENCIA DEL EPISCOPADO MEXICANO

Participación solidaria para afianzar la transición democrática


Introducción

1.- Siguen vibrando, con intensa emoción, en el corazón del pueblo católico mexicano, las palabras y el testimonio del papa Juan Pablo II en su quinta visita pastoral a nuestra patria para canonizar a Juan Diego y beatificar a los Mártires de Oaxaca. Necesitamos conservar su mensaje evangelizador y convertirlo en fuerza que nos impulse, como él nos ha dicho, para “la construcción de la nación mexicana; promover la fraternidad entre todos sus hijos y favorecer cada vez mas la reconciliación de México con sus orígenes, con sus valores y tradiciones” (Homilía en la Misa de canonización de Juan Diego, 31-VII-2002).

2.- Las palabras del Papa resultan de singular valor profético en este tiempo en que México vive un momento rico en posibilidades, si aportamos todos nuestra colaboración para edificar una patria mejor, más justa y solidaria. Pero también es un momento cargado de incertidumbre y preocupación, de desconfianza y de temores.

Luces y sombras

3.- Los obispos mexicanos dirigimos la presente reflexión a todos los sectores de la sociedad mexicana, movidos por nuestra preocupación pastoral que nos hace sentirnos solidarios y comprometidos con la marcha histórica de nuestra patria. Nuestra reflexión desea iluminar los retos del momento presente, en continuidad con las enseñanzas que ofrecimos en la última Carta Pastoral: “Del encuentro con Jesucristo a la Soslidaridad con todos”.

4.- Hemos logrado significativos avances en la transición a la democracia en un ambiente de paz y de ejemplar respeto a la voluntad popular; vamos consolidando estructuras que nos permiten confiar en el ejercicio de procesos electorales verdaderamente democráticos; hemos avanzado en una sana autonomía de los poderes federales y la autoridad presidencial se va ejerciendo por los cauces que marcan las exigencias de un régimen republicano. Es evidente que estamos construyendo un auténtico estado de derecho.

5.- Sin embargo, “como todo proceso de cambio, nuestra transición no posee un rumbo asegurado. Por ello es necesario hacer un esfuerzo permanente de búsqueda de consensos y de reorientación de iniciativas basadas en principios que permitan mantener, entre todos, un rumbo fundamental que tienda a lograr el bien común, paso a paso y con efectividad” (Del encuentro con Jesucristo a la solidaridad con todos, Nº 253).

6.- Vemos, con preocupación, que no hemos alcanzado el afianzamiento de una democracia madura que sólo se consigue con el trabajo de todos los ciudadanos unidos en la responsabilidad y el entusiasmo y con oportunidades de participación para todos (cfr. Del encuentro..., Nº 304).

7.- Percibimos que hay algunos sectores sociales que no logran ajustarse a la novedad de los tiempos que vivimos; se han multiplicado los grupos de presión, más preocupados en la consecución de sus propios intereses y mantenimiento de sus privilegios, que en la búsqueda del bien común. Tenemos la impresión que, en ciertos momentos, hay quienes están decididos a frenar la marcha del país y a dejar la puerta abierta a la riesgosa aventura de la anarquía.

Llamamiento a la participación solidaria
8.- Con respeto, pero con la firmeza que se deriva de nuestra preocupación por el bien de todos nuestros hermanos, nos permitimos hacer un llamamiento decidido a todos los actores políticos, sociales y económicos, así como a los responsables de los medios de comunicación: es la hora de atender el anhelo del pueblo mexicano decidido a construir su destino como nación libre, solidaria y justa.

9.- No permitamos que se nos escape esta excepcional oportunidad que hoy se nos ofrece. No permitamos que el enfrentamiento, la descalificación como sistema y la oposición irracional, se vayan imponiendo como estilo ordinario en la vida política y social. Estos no son caminos que nos permitan alcanzar una convivencia armoniosa, dentro de la legítima pluralidad. Aprendamos de nuestro pasado histórico: cada vez que nos hemos dividido nos hemos debilitado y no hemos sabido enfrentar con éxito intereses externos que nos han resultado adversos.

10.- Hoy no se puede caminar con excesiva lentitud ante la urgencia de los cambios que se requieren para sacar este país nuestro de la vergonzosa pobreza y de la injuriosa desigualdad social. Se espera de quienes tienen responsabilidades políticas, financieras, empresariales y sindicales, testifiquen con hechos concretos su compromiso de asumir decisiones de fondo que nos aseguren los cambios reales y profundos que necesitamos para la obtención de una justicia social, tantas veces añorada y otras tantas postergada.

11.- Conseguir estos nobles ideales sólo será posible si se subordinan los intereses parciales de los grupos y partidos políticos a los consensos comunes necesarios para el bienestar patrio. Seguirnos desgastando y posponer indefinidamente las reformas urgentes nos podría llevar a una crisis que sería la antesala de un desquiciamiento social que a todos afectaría, pero que, como siempre ha sucedido, tendría como primeras víctimas a los más pobres, que son siempre los más desprotegidos.

12.- La gran esperanza del pueblo mexicano, alcanzada con la transición pacífica, es una fuerza transformadora que no debemos destruir. Quienes apostaran al fracaso engendrarían un derrotismo y una desesperanza que sería muy difícil superar en el futuro.

13.- No es sano fomentar un clima de pesimismo, ni alentar actitudes infundadas de crítica destructiva que desorientan las conciencias y debilitan las voluntades para la superación en el esfuerzo. Reconocemos las ventajas de la pluralidad y la discrepancia, propias de una auténtica democracia en la que todas las voces cuentan y ninguna sale sobrando. Bienvenida siempre la palabra que sabe enjuiciar y señalar errores, pero desde una óptica propositiva y con un interés sincero por la búsqueda de soluciones creativas, acordes a las nuevas circunstancias que vivimos.

Tareas pendientes en el panorama nacional.

14.- Entre las reformas que hoy urge implementar debemos señalar aquellas que permitan avances verdaderamente significativos en la superación de la pobreza, atendiendo no sólo las consecuencias, sino sobre todo las causas. Estamos convencidos de que la pobreza y la injusticia social son un grave obstáculo para consolidar las instituciones democráticas. Se requiere una reforma social de grandes proporciones que sitúe el bienestar de los ciudadanos como el sostén de la actividad gubernamental. La solución al problema social no es consecuencia automática de la apertura política. Nosotros, por nuestra parte, nos comprometemos a emprender, con más ahínco, tareas de promoción social.

15.- Urge que alcancemos un marco que ofrezca certezas jurídicas para la inversión, fuente del empleo bien remunerado.

- Se requieren avances significativos en la reforma política del Estado.

- Necesitamos acciones urgentes y eficaces en el combate a la corrupción y la inseguridad pública.

- Deben asumirse con decisión las reformas que el país necesita para su crecimiento integral: reforma fiscal, laboral, energética, etc.

16.- Se hace indispensable que el Ejecutivo Federal marque el rumbo hacia la transición con decisiones claras, veraces y oportunas, sin titubeos, que sólo engendran desconfianzas y ambigüedades. Es preciso mantener y acrecentar la esperanza del pueblo, realizando con constancia los cambios que de manera clara testifiquen que hemos transitado hacia tiempos nuevos. Son las acciones coherentes las que mostrarán al pueblo el cambio.

17.- Estamos convencidos de los grandes aportes que puede ofrecer el poder Legislativo para la consolidación democrática de nuestro país. Es necesario, sin embargo, ejercer la relación entre los diferentes partidos políticos, favoreciendo procesos de negociación en torno a objetivos comunes. La política democrática resuelve problemas mediante acuerdos y diálogo, logra superar la tendencia a polarizar posturas rígidas y evita los chantajes y la incomunicación. Es urgente superar el afán por conseguir logros partidistas de corto plazo, con detrimento del bien común, que debiera siempre prevalecer.

18.- La consolidación de la democracia en nuestro país requiere la colaboración positiva de los medios de comunicación: “Cuando los medios de comunicación... colaboran unilateralmente con un solo tipo de propuesta política o económica, traicionan su compromiso con la construcción de una sociedad más plural, sanamente crítica y capaz de trabajar a favor de los cambios que necesita México” (Del encuentro..., Nº 384).

Conclusión

19.- Para quienes somos cristianos, la motivación más profunda para asumir nuestras responsabilidades comunitarias arranca de nuestra vocación a la caridad fraterna y a la santidad. No podemos ser peregrinos hacia el cielo si vivimos como fugitivos de la ciudad terrena. Superar las tentaciones de individualismo, personal o grupal, y de egoísmo supone comprometernos en un proceso de sincera conversión para vivir en comunión y solidaridad.
A todos saludamos con afecto cordial de servidores en Cristo.

Por los obispos de México, los miembros del Consejo Permanente de la Conferencia del Episcopado Mexicano.

+Luis Morales Reyes
Arzobispo de San Luis Potosí, presidente de la CEM

+Abelardo Alvarado Alcántara
Obispo Auxiliar de México, secretario general de la CEM

México, D. F., Septiembre 23 del Año 2002.
(Responsable de la publicación: Mons. Abelardo Alvarado Alcántara).

EL OBSERVADOR 378-5

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NUESTRO PAÍS

En educación: mucha tarea por hacer
Por Baudelio García E.


Aproximadamente 31 millones de mexicanos están inscritos en los distintos niveles educativos del ciclo 2002-2003. De ellos, el 80% en educación básica, es decir preescolar, primaria y secundaria. Y son un millón 557 mil docentes los que enseñan en los 204 mil 886 planteles educativos que existen en el país.

El costo medio de desembolso para los padres por cada alumno es de 1,072 pesos por ciclo escolar, lo que representa casi 30 salarios. En la mayoría de los casos, y sobre todo cuando los hijos estudian en una institución privada, el gasto se eleva considerablemente.

El gobierno federal invierte, aproximadamente, 850 pesos mensuales en cada uno de los 31 millones de estudiantes que tienen acceso a la educación pública, es decir más de 320 mil millones de pesos en este sector. El compromiso del Estado es invertir en educación el 8% del Producto Interno Bruto (PIB), que es el mínimo recomendable para contar con un sistema de educación que responda a las exigencias del tercer milenio. El PIB de México para este año es de 6 billones 183 mil 700 millones de pesos.

El actual gobierno puso en marcha el Sistema Nacional de Becas y Financiamientos, que el año pasado entregó más de cuatro millones de apoyos. El 80% fueron destinados a jóvenes de escasos recursos, además de que más de 600 mil corresponden a estudiantes en educación media superior y superior. El presidente Vicente Fox asegura que para este año se superarán los 5 millones 250 mil apoyos, y para ello se invirtieron poco más de 12 mil millones de pesos.

El esfuerzo educativo no solamente tiene que ser del gobierno, sino también de la iniciativa privada para que la educación llegue cada día a más mexicanos. Ejemplo de esto es el nuevo edificio de las carreras de arquitectura, diseño y comunicación en la Universidad Anáhuac de la ciudad de México.

El complejo educativo, cuyo costo fue cercano a los cien millones de pesos, se concretó gracias al apoyo de 21 empresas, en particular Pegaso, de Alejandro Burillo; Grupo IUSA, de Carlos Peralta; Cementos Apasco; Grupo Bimbo; Mabe; Procter and Gamble; Grupo Alfa, y Epson.

Otro grave problema que enfrenta la educación en México es que nos estamos convirtiendo en un país de pasantes. En nuestro territorio existen 2.2 millones de estudiantes en educación superior, y la meta para el 2006, según el Plan Nacional de Educación 2001-2006, es llegar a los tres millones. No obstante, al egresar, más de la mitad de ellos no podrán exhibir ese papel que los acredita como profesionistas.

Datos de la Asociación Nacional de Universidades e Instituciones de Educación Superior (ANUIES) revelan que del total de mexicanos que ingresan a nivel licenciatura, 6% concluye el plan de estudios, y sólo el 45% de éstos logra titularse en un plazo de cinco años.

A nivel mundial México ocupa el penúltimo lugar en materia de educación dentro de los países integrantes de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), según los resultados arrojados por el PISA (Programa Internacional para la Evaluación del Estudiante), en donde nuestro país salió reprobado. Por ello hay mucha tarea por hacer, y mientras no se inviertan más recursos para hacer competitiva la educación, ésta seguirá siendo un reflejo del país.

EL OBSERVADOR 378-6

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DEBATE

Los exorcismos no son cosa del pasado


José Manuel Vidal, del diario español El mundo, acudió, incrédulo, al exorcismo que iba a realizar un sacerdote autorizado por el Vaticano. Salió conmocionado, escribiendo una crónica que ha sorprendido a la opinión pública española.

Vidal, junto al especialista de temas religiosos de la agencia de noticias EFE, presenció el exorcismo realizado en Madrid por el padre José Antonio Fortea, párroco de Nuestra Señora de Zulema.

El rito tuvo lugar en una capilla. La poseída era una «preciosa» chica de 20 años.

«No soy ningún showman ni quiero publicidad. Si están aquí es porque los necesito para liberar a la chica. Tendrán que ser muy prudentes —dijo el sacerdote a los dos periodistas antes de que llegara Marta con su madre—. Llevo ya 16 sesiones y todavía no he conseguido expulsarlo [al demonio], cuando en los casos más normales basta con dos o tres».

Nada más entrar en la capilla, madre e hija se preparan para el rito —rememora Vidal—. Marta se pone unos calcetines blancos, mientras su madre saca del bolso un rosario, un crucifijo de unos 15 centímetros y una postal de la Virgen de Fátima, y los coloca al lado de la colchoneta. Trato de registrar el más mínimo detalle en mi mente. Sigo pensando que asisto a un montaje.

Presiento que el rito va a comenzar. Me siento, expectante, en el banco —sigue recordando el cronista—. El exorcista extiende su mano derecha y la impone sobre el rostro de la joven, sin tocarla. Luego cierra los ojos, agacha la cabeza y susurra varias veces una plegaria ininteligible. Un alarido desgarrador, el primero, rompe el silencio de la capilla, penetra en mi alma y me pone la carne de gallina. No es humano. Es un chillido sobrecogedor y profundo el que sale de la garganta de Marta. Pero no puede ser ella. No es su tono de voz. Es ronco y masculino. El padre Fortea sigue rezando y los rugidos se suceden. Poco a poco el cuerpo de la joven se estremece vivamente. Su cabeza se mueve de un lado a otro con lentitud al principio, con inusitada rapidez después».

Ante la salmodia del exorcista, la joven gime y se retuerce sin parar. Al instante, el gemido se convierte en rugido desgarrador, altísimo, furioso. El exorcista acaba de colocar el crucifijo sobre su vientre y entre sus pechos, mientras la rocía con agua bendita. Patalea con tanta furia que el crucifijo se cae y la madre lo recoge una y otra vez y se lo vuelve a colocar de nuevo, mientras le acerca el rosario que Marta arroja a lo lejos, con furia.

Parece tranquilizarse un poco pero, inmediatamente, vuelve a rugir. No hay un momento de respiro. El padre Fortea acaba de invocar a san Jorge y, al oírlo, la joven grita, bufa, pone los ojos totalmente en blanco, arquea el cuerpo y se levanta toda entera un palmo de la colchoneta. No doy crédito.
— Besa el crucifijo, dice el exorcista.
— No.
— Jesús es Rey.
— Assididididaj.
— Secuaz de Satanás, estás en tinieblas.
— Assididididaj
— Estás haciendo mucho bien. Por tu culpa, mucha gente va a creer en Dios.
— No.
— Sal, Zabulón, te lo ordeno en nombre de Cristo. Te espera la condenación eterna. No hay salvación para ti.
Al ser invocado el nombre de san Jorge, la chica arquea el cuerpo y levita sobre el suelo.

Mi mente gira a toda velocidad —confiesa el periodista—. Estamos en el clímax de un ritual que, hasta ahora, no encajaba en mis esquemas. Y eso que en el seminario los curas siguieron alimentando mi miedo infantil al Maligno, siempre dispuesto a tomar posesión de un alma.

Después del concilio Vaticano II, el dogma de la existencia del diablo pasó a ser una «parte vergonzosa de la doctrina» y, como tantos otros católicos, también yo prescindí de ella.

Los gritos se detienen en seco en el momento en que el sacerdote sale de la capilla. «Noto cierta decepción en el rostro de la madre. Me da la sensación de que esperaba que fuese hoy. Ha pasado casi tres horas de rodillas, pero en su cara no hay signos de cansancio, sólo de cierta desilusión.

Recoge con paciencia la estampa de la Virgen y el crucifijo y sale de la capilla. Mi compañero y yo nos quedamos solos con la endemoniada. Unos segundos que se hacen eternos. Nos hemos quedado pegados al banco, sin respiración. De pronto se vuelve hacia nosotros, abre los ojos (que ha mantenido en blanco durante tres horas) y nos lanza una mirada que no olvidaré mientras viva.

Sus ojos son de otro mundo. Nunca vi algo así en mi vida. Al instante, la mirada vuelve a ser la de Marta, que nos sonríe, se levanta con tranquilidad, se sienta en el banco y se quita los calcetines blancos que dobla con sumo cuidado. Noto que apenas suda, a pesar de las tres horas de ejercicio continuo. Se pone los pendientes y nos vuelve a sonreír.

— ¿Cómo éstas?
— Cansada
— ¿Sabes lo que ha ocurrido?
— No, no recuerdo —y mientras nos habla, coge la estampa y el crucifijo, a los que hace un rato tanto odiaba, y los besa con cariño.
— ¿Te duele la garganta?
— No.
Y su voz es tan suave como cuando llegó. Nadie diría que por esa misma garganta salieron aullidos durante tres horas.
— ¿Sabes por qué estás aquí?
— Sí, eso lo sé. Sé que tengo... —No termina la frase. Respetamos su silencio.

«Rezo por Marta y por su madre. Lo que vi no es un montaje», concluye el periodista.

EL OBSERVADOR 378-7

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Juan XXIII y el concilio Vaticano II
Por el Pbro. Prisciliano Hernández Ch., O.R.C.


El 11 de octubre del 2002 se cumplen 40 años de la solemne apertura del concilio Vaticano II, realizada por el hoy beato Juan XXIII, el «Papa Bueno».

Después de su anuncio (25 de enero de 1959), de su período antepreparatorio (1959-1960), y de su período preparatorio (1960-1962), finalmente se inicia la primera etapa conciliar (11 de octubre de 1962 al 8 de diciembre de 1962). No se promulgará en esta etapa ningún documento.

El año siguiente, el 3 de junio, morirá nuestro buen papa Juan.

Después de electo Paulo VI (21 de junio de 1963) se inicia la segunda etapa conciliar (29 de septiembre al 4 de diciembre de 1963), y así la tercera (14 de septiembre al 21 de noviembre de 1964) y la última (14 de septiembre al 8 de diciembre de 1965).

Este concilio Vaticano promulgó 16 documentos: 4 constituciones(Lumen gentium, sobre la Iglesia; Dei Verbum, sobre la Divina Revelación; Sacrosanctum concilium, sobre la Sagrada Liturgia; Gaudium et spes, sobre la Iglesia en el Mundo Actual); 9 decretos (sobre los obispos, sobre los presbíteros, sobre la formación sacerdotal, sobre la vida religiosa, sobre el apostolado de los seglares, sobre las Iglesias católicas orientales, sobre la actividad misionera, sobre el ecumenismo, y sobre los medios de comunicación social) y 3 declaraciones (sobre la libertad religiosa, Dignitatis humanae; la declaración sobre la educación cristiana de la juventud, Gravissimum educationis, y la declaración sobre las relaciones de la Iglesia con las religiones no cristianas, Nostra aetate).

Los concilios anteriores, veinte, revelan una Iglesia fiel a la verdad con el toque característico de la defensa; las circunstancias así lo exigían. Este último tendrá en el diálogo su clave interpretativa.

Nos ofrecerá la lozanía de la Iglesia, del humanismo cristiano, la visión histórica y trascendente de la persona humana y del mundo en que vivimos. Será un Concilio que llevará la impronta de la personalidad del papa Juan, no afecto a condenas, sino afable, y quien tiene el corazón de niño; nos ofrece la frescura de una nueva primavera para la Iglesia y para el mundo.

¿Qué esperaba el beato Juan XXIII del concilio Vaticano II? Se acercó a una ventana de sus aposentos y en gesto de abrirla expresó la frase más elocuente: “Un poco de aire fresco”; y en otro momento: “Hay que sacudir el polvo imperial que se ha acumulado sobre el trono de san Pedro desde Constantino”.

En 38 años es posible que el polvo imperial aún permanezca en algún intento de retorno al pasado, que no en las fuentes transparentes del Evangelio.

En tiempos de cambios vertiginosos, de anhelos de oropel y de poder, de vacíos y mediocridades, el polvo imperial es una tentación que puede obnubilar la mirada del niño y opacar el rostro del cristiano en el cual sólo debe brillar el rostro de Cristo, quien es “la suma humildad”, en dicho de otro Juan: san Juan de la Cruz.

EL OBSERVADOR 378-8

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Josemaría Escrivá de Balaguer, hoy santo

Hoy, domingo 6 de octubre, Juan Pablo II declarará santo al beato español Josemaría Escrivá de Balaguer, quien en 1928 recibió la inspiración de fundar el Opus Dei para ofrecer el camino de la santidad a personas de todo tipo y condición santificándose en su trabajo ordinario en medio del mundo.

Josemaría Escrivá de Balaguer nació en Barbastro (Huesca, España) el 9 de enero de 1902. Sus padres se llamaban José y Dolores. Tuvo cinco hermanos: Carmen (1899-1957), Santiago (1919-1994) y otras tres hermanas menores que él, que murieron cuando eran niñas. El matrimonio Escrivá dio a sus hijos una profunda educación cristiana.

El 2 de octubre de 1928, durante unos ejercicios espirituales en Madrid, ve qué es lo que Dios le pide, y funda el Opus Dei. Desde entonces comienza a trabajar en la fundación, a la vez que sigue ejerciendo el ministerio sacerdotal, especialmente entre pobres y enfermos. Además, estudia en la Universidad de Madrid y da clases para mantener a su familia.

En 1946 fija su residencia en Roma. Obtiene el doctorado en Teología por la Universidad Lateranense. Es nombrado consultor de dos congregaciones vaticanas, miembro honorario de la Pontificia Academia de Teología y prelado de honor de Su Santidad. Desde Roma va en numerosas ocasiones a distintos países de Europa —y en 1970 a México— para impulsar el establecimiento y la consolidación del Opus Dei en esos lugares. Con el mismo objeto, en 1974 y en 1975 hace dos largos viajes por América Central y del Sur, donde además tiene reuniones de catequesis con grupos numerosos de personas. El beato Josemaría falleció en Roma el 26 de junio de 1975.

(Fuente: Encuentra.com)

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El milagro para la canonización

Juan Pablo II aprobó el 20 de diciembre de 2001 un decreto que reconoce la curación milagrosa del médico español Manuel Nevado, aquejado de una grave enfermedad profesional en las manos (la radiodermitis crónica) que le desapareció en noviembre de 1992 tras acudir a la intercesión del beato Josemaría Escrivá de Balaguer.

(Fuente: Encuentra .com)

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El Opus Dei

En una ocasión, un miembro del Vaticano dijo al beato Josemaría que el Opus Dei había llegado «con un siglo de anticipación». La novedad del espíritu del Opus Dei se refiere a:

* Seguir activamente la llamada universal a la santidad
* Una espiritualidad basada en el valor santificador del trabajo ordinario
* Un profundo respeto a la libertad de los cristianos en sus propias actividades, viéndoles no como una especie de representantes de los clérigos, sino como plenos miembros de la Iglesia.

Cuando fue fundado, muchos aspectos del espíritu del Opus Dei fueron considerados revolucionarios durante un tiempo, hasta el punto de que algunos lo consideraron una herejía: el papel radical de los laicos en la Iglesia y en el mundo; la visión del matrimonio como un camino para ser santo; el amor al mundo creado por Dios, como un lugar donde se puede buscar la santidad; y que las dificultades y alegrías de la vida ordinaria, de día a día, pudieran servir para santificarse. Muchas de estas ideas formaron parte más tarde de la enseñanza oficial de la Iglesia, especialmente durante el concilio Vaticano II.

EL OBSERVADOR 378-9

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CULTURA

Canonización de la vida ordinaria


Hoy, domingo 6 de octubre, el papa Juan Pablo II proclamará santo a Josemaría Escrivá de Balaguer (1902-1975), fundador del Opus Dei, en una de las canonizaciones que congregarán al mayor número de fieles en Roma (unos 300 mil). Para comprender mejor la figura del nuevo santo y lo que este hecho representa, presentamos una entrevista realizada a monseñor Flavio Capucci, postulador de la causa de canonización.

Hay muchas personas que sólo conocen a Josemaría Escrivá por las noticias de los medios de comunicación. Indudablemente, en años anteriores se dieron campañas contra su persona. ¿Qué le diría usted a quien ha conocido a monseñor Escrivá sólo por noticias de prensa?

Creo que lo más importante es ir a la verdad de los hechos, y la verdad queda determinada por la canonización. La canonización presenta un santo de la Iglesia universal, modelo para todos los cristianos. Para un católico, tras este acto pontificio, todo lo que fue polémica —más o menos surgida de prejuicios— queda como algo anacrónico.

Antes de la beatificación se dieron polémicas. Quizá esto ha ayudado a explicar y comprender mejor quién era monseñor Escrivá.

De hecho, estoy seguro de que todo lo que ha pasado tiene un sentido. Dios saca bien del mal. Lo compruebo al ver la acogida positiva que está teniendo la canonización. Hubo campañas ideológicas contra el Opus Dei, como cuando se le acusó injustificadamente de cercanía al general Francisco Franco, y otras cosas que se han dicho y escrito. Estos años, sin embargo, han permitido a todos conocer mejor la verdad de la figura del santo. De hecho, es sorprendente la acogida que está teniendo la canonización en muchos países, sobre todo en muchos que no tienen una tradición cristiana.

Al canonizar a Josemaría Escrivá el Papa está proponiendo a la Iglesia y al mundo el ejemplo de vida de este hombre. ¿Cuál es la lección que deja su vida?

Pienso que ésta es la canonización de la vida ordinaria. La vida del cristiano que trabaja, la vida del hombre sencillo, la vida de la mujer que vive de su trabajo, que vive para su familia. La realidad más prosaica, más monótona, de la que está entretejida nuestra vida es el camino de santidad. Para llegar a Dios no hay que hacer cosas extraordinarias, sino hacer lo que hacemos. Es el mensaje de la santificación de los cristianos de a pie. Recuerdo unas palabras del Fundador en las que decía que los cristianos tienen que ser los aristócratas del amor, porque descubren un rubí o una esmeralda allí donde sólo hay fondos de botella. Su mensaje es la transfiguración de lo ordinario por el amor.

¿Cuál son, según usted, los rasgos desconocidos de la personalidad de Escrivá?

Es difícil escoger un rasgo específico, pues tuvo una personalidad muy rica. La virtud que más destacó en él era la caridad.

¿Cómo era la caridad del fundador del Opus Dei?

Te quería como eres, con tus defectos. Se trataba de un ejercicio constante de paternidad. Era un padre, un hombre cariñoso, dispuesto a perdonar.

Con un temperamento muy fuerte...

Sí, tenía una voluntad de hierro y una dulzura muy grande. Te pedía metas altas y exigentes, pero era capaz de motivarte con su caridad, de manera que te sentías motivado a alcanzarlas. No pedía imposibles.

La canonización supone también la ratificación del carisma de monseñor Escrivá, el Opus Dei, para la Iglesia en general, para cualquier católico. ¿Qué es el Opus Dei ahora que recibe este espaldarazo del sucesor de Pedro?

La naturaleza de la canonización por su índole teológica es la universalidad, es decir, se trata de un acontecimiento eclesial para todos los cristianos. Un santo no es el representante de una sensibilidad espiritual peculiar, o de un grupo. No es el promotor de una línea pastoral, que se puede concebir en alternativa con otras. Un santo pertenece al patrimonio de la Iglesia entera. Todo cristiano puede encontrar en él una fuente de inspiración. Por tanto, Josemaría Escrivá ya no es propiedad exclusiva del Opus Dei.

Esto implica también un cambio para el Opus Dei...

El Prelado del Opus Dei, monseñor Javier Echevarría, insiste en que, para los hijos e hijas del Fundador, la canonización debe ser sinónimo de conversión.

Usted ha pasado casi 25 años trabajando en esta causa de canonización. ¿Cuáles han sido los testimonios que ha recogido y que recuerda particularmente?

El más rico ha sido el del obispo monseñor Álvaro del Portillo, sucesor de Escrivá en la guía del Opus Dei, ya fallecido. Se trata de más de dos mil páginas mecanografiadas llenas de anécdotas. Me impresionaron mucho los testimonios de sacerdotes que, en los años treinta o cuarenta, acudieron a retiros espirituales predicados por el beato Josemaría. Uno de ellos era el cardenal Ángel Suquía, arzobispo emérito de Madrid. Aquellos sacerdotes escribieron testimonios que coincidían entre sí: decían que habían sido predicados por un santo.

La curación inexplicable de un médico ha sido el milagro que ha abierto las puertas de la canonización a monseñor Escrivá. ¿Han recogido ustedes testimonios de otros milagros?

Hasta hoy hemos recogido la documentación completa de 48 casos de curaciones inexplicables. De estos 48, creo que tan sólo tres han sido experimentados por fieles de la Prelatura. Al recibir sus testimonios pensaba que, si bien hablamos tanto de la degeneración moral de nuestro mundo (violencia, drogas, etc.), sin embargo Dios hace muchos milagros. Una causa de canonización permite también tocar con las manos su presencia en nuestra humanidad.

(Fuente: Alfa y Omega)

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El hombre y la gracia según Josemaría Escrivá


El beato Josemaría Escrivá es un extraordinario ejemplo de un cristianismo con hechos, que se manifiesta en la actividad, en el trabajo y en el apostolado para la propia santificación y la santificación del mundo. Proclamaciones como ésta se encuentran frecuentemente en su obra: «Trabajo hay; el mundo es grande y son millones las almas que no han oído aún con claridad la doctrina de Cristo. Me dirijo a cada uno de ustedes. Si te sobra tiempo, recapacita un poco: es muy posible que vivas metido en la tibieza; o que, sobrenaturalmente hablando, seas un tullido. No te mueves, estás parado, estéril, sin desarrollar todo el bien que deberías comunicar a los que se encuentran a tu lado, en tu ambiente, en tu trabajo, en tu familia».

En tales apelaciones vibra la noble pasión de la acción incansable y del afán misionero, que, sin embargo, podría aparecer como sospechosa de un activismo humano, de una búsqueda del resultado y de la mera confianza en las propias fuerzas. En este caso esa noble pasión estaría atravesada por la justicia de las obras y por el pelagianismo.

Pero Escrivá también conoce el otro polo de la realidad cristiana, que incluso tiene prioridad y es predominante: la fuerza de la gracia: «Lo verdadero, lo primero y lo último tiene que realizarlo la gracia», ya que, «sin el Señor –ésta es la fuente de toda gracia–, no podrás dar un paso seguro».

¿En qué relación se encuentran la gracia y el hombre, la divina causalidad universal y la libre cooperación humana? ¿Es todo gracia divina, de modo que el actuar del hombre carece de importancia, o es todo fuerzas humanas, que degradarían a la gracia a la condición de innecesaria añadidura? Escrivá no explica este misterio teóricamente, sino que lo despliega en el ejemplo de la vida humana. El hombre, como imagen de Dios, está en una intrínseca relación con la gracia divina. Ésta no se sitúa ante el hombre como lo totalmente diferente y extraño, sino que ella es una más alta dimensión, a la que el hombre puede asomarse: «La gente tiene una visión plana, pegada a la tierra, de dos dimensiones. Cuando vivas vida sobrenatural obtendrás de Dios la tercera dimensión: la altura, y, con ella, el relieve, el peso y el volumen».

La gracia no significa simplemente un nivel superior ni una añadidura exterior al hombre. Por eso, no es ajena al hombre natural, sino que le está muy próxima. En Escrivá esta convicción se expresa, entre otras manifestaciones, en la estimación de las virtudes humanas naturales. Esto es lo que dice con esta frase: «Para ser muy divinos, hay que ser también muy humanos». De ahí que esto incluso sea válido para el pecador: «No existe corazón, por metido que esté en el pecado, que no esconda, como el rescoldo entre las cenizas, una lumbre de nobleza. Y cuando he golpeado en esos corazones, a solas y con la palabra de Cristo, han respondido siempre». Por tanto, en el hombre hay siempre un punto de apoyo para la gracia y una disposición para recibirla.

La donación de la gracia es un acto de la pura misericordia divina.
Card. Leo Scheffczyk.

EL OBSERVADOR 378-10

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REFLEXIONES DE UN SÁBADO POR LA NOCHE

El amor es más que sexo -Los enfermos de SIDA, ¿no pueden amar?-
Por Yusi Cervantes Leyzaola


PREGUNTA:

Hola, Yusi: Siempre leo tu sección porque la mayoría de las veces son temas que me hacen pensar en las experiencias que vivo. Quiero compartirte algo que he traído en la cabeza desde que hablé con un gran amigo y que, de cierta forma, lo relaciono con mi actual relación de noviazgo, en la que quiero vivir de acuerdo con mis principios y con la voluntad de Nuestro Señor.

Tal vez alguna chica ande pensando en perder su virginidad por presión o porque piense que no tiene nada de malo (y en realidad el sexo no es malo), pero creo que no estamos dándole el sentido correcto al sexo ligado con el amor... que no sólo es sexo.

Fue una sorpresa mirar aquel día los ojos de mi amigo con un aire de tristeza, cuando, sentados en el restaurante que frecuentábamos para vernos y platicar, él intentaba, con tranquilidad y la honestidad necesaria en toda relación, explicarme por qué aquello que un día comenzó a convertirse en más que amistad no podía continuar.

Hace más de cinco años se lo detectaron.... él está infectado con el VIH (virus de la inmunodeficiencia humana, que provoca el SIDA)... y aunque sólo es portador, nunca podrá tener una relación en la que se involucren sentimientos más fuertes y profundos que la amistad. No sabe cuánto va a vivir, ni cómo va a vivir.

En aquel momento a mi cabeza sólo venía la pregunta que suele acorralarnos cuando algo malo le sucede a personas buenas: «¿Por qué, Señor? ¿Por qué, si fue sólo una intervención quirúrgica donde se contagió?... Ni siquiera lo merecía». Desde esa tarde, sólo pienso en la idea de que el amor es mucho más que el sexo.

Parecería mentira comentar que la mayoría de mis amigas tienen relaciones sexuales con sus novios, porque les parece normal y necesario para fortalecer la relación.

Definitivamente estoy de acuerdo en que el sexo es la mayor prueba de amor que puedas dar a tu pareja, pero a la que será tuya para toda una vida. Si el sexo es parte imprescindible en una relación... entonces ¿a mi amigo le está prohibido amar? El verdadero amor está en dar, en compartir cada día las ilusiones y los proyectos de vida, entre otras cosas.

Hoy somos «especímenes en extinción» quienes creemos en la virginidad; y aunque tengo firmes mis convicciones de por qué esperar, en ocasiones me crea conflictos porque muchos opinan diferente que yo, inclusive mi novio. Pero no pienso flaquear. Porque, finalmente, para mí el amor es más que el sexo.

Gracias, Yusi; en realidad no sé distinguir entre lo bueno y lo malo. Creo que más que el sexo hoy sea tan común, lo que más me dolía era pensar que la Iglesia no aprueba matrimonios con personas con SIDA, por no poder crear una familia. Y es una idea que actualmente me rehúso a aceptar, porque todas aquellas personas que están infectadas tienen derecho a amar y a ser amadas.

Un abrazo muy fuerte y sigue con este gran apostolado que tienes.


RESPUESTA

Nadie merece un castigo como el SIDA. Aun si tu amigo hubiera adquirido el virus por vía sexual, no merecería sufrir esta enfermedad. El SIDA no es un castigo. Quienes se contagiaron como consecuencia de tener relaciones sexuales son responsables de haberse contagiado, hasta ahí; pero la enfermedad —ésta, o cualquier otra— no es un castigo. Si así fuera, ¿por qué enferman personas inocentes?, ¿por qué enferman los buenos?, ¿y por qué hay gente malvada rebosante de salud? No, así no funciona la justicia divina.

Por qué se contagió tu amigo, no lo sé. Éste es uno de los puntos donde tocamos el misterio. Hay sufrimientos en los que encontramos cierta lógica, pero hay muchos otros en los que el por qué queda sin respuesta. Y es entonces cuando debemos dar el siguiente paso: aceptarlo. Hay un paso más: podemos aprender a darle un sentido al dolor.

Y ese sentido tiene que ver con el amor. Por ejemplo, hay personas contagiadas con el VIH que han formado grupos de apoyo para otros que están pasando por lo mismo; o que emprenden una campaña de prevención para que otros jóvenes no se contagien. Y está, por supuesto, el medio de darle sentido al dolor que la Iglesia siempre ha propuesto: ofrecer el sufrimiento a Dios pidiéndole que derrame más gracias sobre la humanidad.

En cuanto a que la Iglesia no puede admitir que enfermos de SIDA y personas con el virus se casen, piénsalo de este modo: imagina un pintor maravilloso que un día, por desgracia, queda ciego. Ya no puede ver los paisajes ni los rostros bellos; ya no puede ver los colores ni mezclarlos en su paleta. Ya no podría ver lo que sus manos plasmarían en un lienzo. Él tiene derecho a pintar, pero ya no puede. Los fines del matrimonio son la unión completa del hombre y la mujer y la procreación de los hijos. Ninguna de estas dos cosas puede hacer una persona con SIDA, así que no puede casarse. Es doloroso, terrible, pero real.

Podría ocurrir, sin embargo, que alguien amara profundamente a una persona así, y que aceptara tener una relación de pareja con ella. Sería una forma de noviazgo (al eliminar la posibilidad del matrimonio ya no sería noviazgo): sin vida en común, sin proyectos en común (en todo caso, con proyectos a corto plazo), sin relaciones sexuales, sin besos en la boca, pero sí con abrazos, con caricias, con apoyo, con comprensión... Significaría, para la persona sana, aceptar de entrada un gran sufrimiento. Sin embargo, un enfermo de SIDA que sabe que va a morir más o menos pronto, y que verdaderamente ama a ese alguien que quisiera que fuera su pareja, es muy probable que renunciara a esa relación de pareja por el bien de su amado o su amada. No querría someterla o someterlo a tanto sufrimiento; no querría que cancelara sus proyectos de vida para entregarse a una relación sin futuro... Eso es exactamente lo que hizo tu amigo: su renuncia fue un gran acto de amor.

¿Qué queda entonces? El amor no se agota en la relación de pareja. Hay muchas manifestaciones del amor. Está el amor hacia los padres, los hijos, los hermanos... Está, por supuesto, la amistad. También el amor al prójimo, expresado en formas concretas de servicio a los demás.

¡Qué bueno que consideres que ese muchacho es un gran amigo! La amistad siempre es algo valiosísimo, pero en las circunstancias por las que pasa es vital. Tienes toda la razón, los enfermos de SIDA y quienes están infectados tienen derecho a amar y a ser amados. Con la mentalidad romántica que nos han vendido las canciones y novelas, nos cuesta un poco de trabajo comprender que hay ocasiones en que la renuncia a formar una pareja es precisamente la mayor muestra de amor, y tendemos también a considerar a la amistad como un amor menor, pero no es así. Piensa, por ejemplo, en que el hombre que más ha amado y ama es Jesús, y él no tuvo pareja, sin embargo dijo: “ustedes son mis amigos”.

Y fíjate cómo el amor siempre tiene frutos. Por lo pronto, el amor de tu amigo te ha ayudado a fortalecer tus convicciones y a tener más claridad respecto a que el amor es más que sexo. Efectivamente, el sexo es una de las más grandes expresiones de amor. Es tan valioso y tan grande que significa una entrega total, una intimidad absoluta. Por eso su lugar es el matrimonio. Tantas ideas en contra pueden llegar a confundirnos, pero tú mantente firme en tus convicciones. Sé congruente contigo misma. Eso es parte del camino a la felicidad.

EL OBSERVADOR 378-11

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PINCELADAS

Simbiosis enriquecedora
Por Justo López Melús


El amante despierta en la persona amada nuevos valores dignos de amor que una mirada indiferente no sabe descubrir. Por eso la persona amada percibe que el amante ama en ella más de lo que tiene. También la persona amada despierta el amor en el amante con su sola presencia. Hay entre ambos una simbiosis mutua y enriquecedora.

Buero Vallejo lo expresa bellamente en Casi un cuento de hadas. Leticia es una princesa bella, pero necia. Riquet es un príncipe feo, pero inteligente. Se enamoran. El amor de Riquet descubre y despierta la inteligencia de Leticia, y el amor de Leticia traspasa su belleza a Riquet. Así se enriquecen y complementan. Como decía Benavente, el que nos consideren mejor de lo que somos nos obliga a serlo.

EL OBSERVADOR 378-12

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FIN

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