El Observador de la Actualidad

EL OBSERVADOR DE LA ACTUALIDAD
Periodismo católico para la familia de hoy
13 de octubre de 2002 No.379

SUMARIO

bulletFrontera México- EU: cruce de esperanza
bulletEl libro de la vida de la fe (a 10 años)
bulletEL RINCÓN DEL PAPA - Himno a Dios, «roca eterna»
bulletEl canto del hombre (Tercera y última parte)
bulletAL PASO DE DIOS - El quinto mandamiento
bullet¿Por qué los “inteligentes y sabios” rechazan la apologética?
bulletCuestiones de bioética - La perspectiva cristiana
bulletCONTEXTO ECLESIAL - Cumbre de sacerdotes católicos hispanos en Las Vegas
bulletTESTIMONIO - Segunda sesión del exorcismo que conmocionó a España
bulletINTIMIDADES LOS JÓVENES NOS CUENTAN- Mi vida no es la misma sin él
bulletORIENTACIÓN FAMILIAR - Hija poco comunicativa
bulletPINCELADAS - Invitado al cielo

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Frontera México- EU: cruce de esperanza
Un maratón desde la basílica de Guadalupe, en el Tepeyac, hasta la catedral de San Patricio, en Nueva York
El Observador / REPORTAJES ESPECIALES


Al día de hoy, casi 36 millones de personas que habitan Estados Unidos son de origen iberoamericano. Con ello, Estados Unidos es la quinta nación hispana más grande del mundo. Y va en aumento. Desde 1990, la población hispana en el gigante del Norte creció 57%; es decir, en tan sólo 12 años se duplicó el número de hispanoparlantes viviendo allende el Río Bravo. De ese gran total de incremento, 53% es de origen mexicano.

Una carrera desde hace cuatro años

Los mexicanos forman el 58% de la población hispana en Estados Unidos (unos 23 millones de personas) y, de acuerdo con los sondeos realizados por diversas asociaciones de ayuda, son los que más sentimiento de pertenencia muestran con su país de origen, es decir, con México. Por ello es muy importante conservar sus rasgos de identidad.

Nada los une más que la Virgen de Guadalupe. Por ello, la organización más grande en la ciudad de Nueva York, que es el lugar donde crece más rápidamente la población mexicana, la Asociación Tepeyac de Nueva York de ayuda a la comunidad inmigrante, organiza desde hace 4 años, la carrera Antorcha Guadalupana. En esta ocasión será una carrera internacional que irá desde la basílica de Guadalupe hasta el corazón de la Gran Manzana, que es la catedral de San Patricio.

Se trata —según han relatado los directivos de la Asociación Tepeyac— de que el cruce de fronteras entre México y Estados Unidos se convierta en el cruce de la esperanza, a partir de la luz emanada por la Reina de toda América: la santísima Virgen de Guadalupe.

La ciudad de Nueva York contempla un crecimiento acelerado de población latina. Tras de las comunidades puertorriqueña y la dominicana, sigue la comunidad mexicana, con medio millón de paisanos nuestros establecidos en la ciudad y su enorme área metropolitana. Los acontecimientos del 11 de septiembre de 2001 reflejaron, a las claras, la composición multiétnica de la llamada “Babel de hierro”. En el ataque murieron muchos latinos, entre ellos 17 mexicanos registrados (otros, como eran “ilegales”, nadie pudo saber de su muerte).

El papel que jugaron —en su defensa como seres humanos y como víctimas— organizaciones como la Asociación Tepeyac fue determinante para obtener un status igualitario en las indemnizaciones a sus familias y a sus deudos. En medio del humo y del terror, Tepeyac supo infundir el espíritu católico a los inmigrantes para ayudarles a superar el trauma de vivir anónimos en un país, en una ciudad, que los necesita y los rehuye al mismo tiempo. Esta Asociación actualmente alcanza a 10 mil mexicanos en la zona. Su labor es eminente: integrar a los mexicanos en su historia, en su fe, en su pasado y en su presente. No obstante las condiciones de vida les sean adversas, hay una antorcha de esperanza en la fe y en la identidad guadalupana.

La carrera del 2002

Este año la Asociación Tepeyac organiza el Maratón Internacional Antorcha Guadalupana como símbolo de unión familiar, comunicación y fortalecimiento de la herencia mexicana a través de las fronteras. Como un signo de diferencia, y tras los acontecimientos del 11 de septiembre y el sellamiento de la frontera por el gobierno estadounidense, la carrera que corrían 3 mil maratonistas locales desde la Quinta Avenida hasta la Union Square, y desde ahí a sus comunidades cargando antorchas como símbolo de fe, cambia y se vuelve internacional.

Las fechas

La Antorcha Guadalupana saldrá desde la Basílica de Guadalupe de la Ciudad de México el 29 de octubre de 2002, a las 11 de la mañana (tras una misa de despedida del cardenal Rivera Carrera); cruzará la frontera por Matamoros el 6 de noviembre a las 8 de la noche y llegará a la catedral de San Patricio el mismo 12 de diciembre de 2002 a las 10 de la mañana, con una Misa celebrada por el cardenal Egan. La primera en portar la antorcha será la extraordinaria atleta Ana Gabriela Guevara.

Como parte de la cobertura periodística, diversas empresas mexicanas y estadounidenses, entre ellas EL OBSERVADOR, darán seguimiento puntual de este acontecimiento histórico. Nunca antes se había producido un evento deportivo y humanitario de esta naturaleza en los muchos años de tensa relación entre México y Estados Unidos; entre los hispanos y los norteamericanos. Cuando la Virgen de Guadalupe sea antorcha de unión, habrá entendimiento, piensan los organizadores.

Entre ambos países, México y Estados Unidos, las creencias culturales y tradiciones se mantienen vivas en los mexicanos y sus familias. Parte de esta tradición es la Virgen de Guadalupe. El 12 de diciembre, implantado por el papa Juan Pablo II como fiesta de toda América, puede ser, a partir de este 2002, el día de la fe en un continente en el que la huella del cristianismo es, sin más, la huella de la esperanza.

EL OBSERVADOR 379-1

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CARTAS DEL DIRECTOR
El libro de la vida de la fe (a 10 años)
Por Jaime Septién


Al finalizar el sínodo extraordinario de los obispos en 1985, e inspirados en lo que Pablo Vl llamó “el gran catecismo de nuestro tiempo”, es decir, el concilio Vaticano II, los padres sinodales le expresaron a Juan Pablo II su deseo de que fuese “redactado un catecismo o compendio de toda la doctrina católica tanto sobre la fe como sobre la moral” y que fuese referencia de los catecismos locales, expresando una doctrina segura. Lo que se pedía era la doctrina eterna de la Iglesia adaptada a la vida actual de los cristianos. Tarea complicadísima.

Siete años más tarde, tras una amplía, casi se diría universal, consulta, el 11 de octubre de 1992, el día exacto en el que se cumplían 30 años de la apertura del Vaticano II, el Papa daba a la cristiandad este verdadero tesoro de la fe; este texto de referencia obligatoria “para una catequesis renovada en las fuentes vivas de la fe”.

Catecismo deriva del verbo griego “kathachein”, que indica una forma de instrucción religiosa elemental y sistemática, pero también un compendio particular de la fe cristiana; un libro total preparado como instrumento de la catequesis. El antecedente inmediato al de 1992 era el Catecismo romano o Catecismo tridentino, expedido por el papa Pío V “a los párrocos” en 1566. De más de cuatro siglos fue la espera.

Tanta espera rindió frutos: el Catecismo de la Iglesia católica, el que gozamos, por esfuerzo de Su Santidad Juan Pablo II, con la coordinación del cardenal Ratzinger, valdría, por sí mismo, para hacer pasar a la posteridad a nuestro Papa actual como una figura de dimensiones extraordinarias en lo que se refiere al cuidado del delicado depósito del amor a Cristo.

Este catecismo cumple con creces el ser: iniciación en la fe (para los que no la conocen); instrucción de la fe (para los bautizados) y regla de la fe (para todos los que formamos la Iglesia). Además de ser libro de “Magisterio”, es, verdaderamente, magistral; magnífico. Como aliento de la fe en la comunidad cristiana, pocos textos pueden cumplir mejor su tarea. Porque este Catecismo, como “libro de la vida de la fe”, dejó atrás su intención de hablarle a los niños, para hablarle, al corazón, a los jóvenes y, sobre todo, a los adultos.

Es, pues, obligación nuestra tenerlo en casa, leerlo, consultarlo, hacerlo vida en nuestra vida: en el Catecismo de la Iglesia católica está la enseñanza de la Sagrada Escritura, la Tradición viva de la Iglesia, el Magisterio auténtico, así como la herencia espiritual de los padres de la Iglesia, de las santas y los santos que nos permiten entender, gozar y entusiasmarnos hasta el tuétano con el Misterio cristiano: el Misterio del que está constituida nuestra maravillosa condición humana.

EL OBSERVADOR 379-2

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EL RINCÓN DEL PAPA
Himno a Dios, «roca eterna»


Juan Pablo II, en audiencia general, comentó el cántico del capítulo 26 de Isaías, himno a Dios, «roca eterna» para quien confía en Él:
«En el libro del profeta Isaías se encuentra una serie de capítulos, que va del 24 al 27, generalmente llamada por los expertos 'el gran Apocalipsis de Isaías'. Luego aparecerá otra serie, de menor extensión, entre los capítulos 34 y 35. Ahí, con frecuencia, como sucederá en el Apocalipsis de Juan, se oponen dos ciudades antitéticas entre sí: la ciudad rebelde, encarnada en algunos centros históricos de entonces, y la ciudad santa, en la que se reúnen los fieles. Pues bien, el cántico del capítulo 26 de Isaías es precisamente la celebración gozosa de la ciudad de la salvación. Se eleva fuerte y gloriosa, pues es el mismo Señor quien ha puesto los cimientos y las murallas defensivas, haciendo de ella una morada segura y tranquila.

«Quien entra en la ciudad de la salvación debe tener un requisito fundamental: 'Su ánimo está firme..., porque confía en Ii; confiad' (versículos ,3-4). La fe en Dios, una fe sólida, basada en él, es la auténtica 'roca eterna'. La confianza, ya expresada en el origen hebreo de la palabra amén, sintética profesión de fe en el Señor.

El don que Dios ofrece a los fieles es la paz. Es un don confirmado con fuerza también en el versículo final del cántico de Isaías: 'Señor, tú nos darás la paz, porque todas nuestras empresas nos las realizas Tú'. Este versículo llamó la atención de los Padres de la Iglesia: en aquella promesa de paz vislumbraron las palabras de Cristo que resonarían siglos después: 'Mi paz os dejo, mi paz os doy' .
El texto de Isaías menciona la aurora, esperada después de una noche dedicada a la búsqueda de Dios: 'Mi alma te ansía de noche, mi espíritu en mi interior madruga por ti' . Precisamente a las puertas del día, cuando comienza el trabajo y late la vida diaria en las calles de las ciudades, el fiel debe comprometerse de nuevo a caminar 'por la senda de tus juicios, Señor', esperando en Él y en su Palabra, único manantial de paz».

EL OBSERVADOR 379-3

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El canto del hombre *
(Tercera y última parte)
Por Rolando García Alonso


La búsqueda de la verdad y de la vida. La primera, que exige la inmutabilidad. La segunda, que es la mutabilidad misma. Las dos, que representan lo que hay de más esencial para el hombre y en el hombre.

En la libertad. Este requisito no es accesorio. Es una condición sine qua non de la religión, pues el ejercicio de esta búsqueda exige la acción de la voluntad, y ésta no puede ser mas que en la libertad. Lo contrario es automatismo, rutina, servilismo o esclavitud... todo, menos religión.

Es tiempo ya de concluir

En efecto, a lo largo de estas líneas he evocado una serie de interrogantes que conviene ahora unir. Recordemos, pues, que el hombre libre es aquel que puede consagrar su vida a conseguir y construir lo que para él es esencial. Siendo la religión la búsqueda de la verdad y de la vida en la libertad, vemos que ella misma conduce al hombre a conseguir y construir lo esencial, que es la verdad y la vida.

El hombre del siglo XX y del siglo XXI tiene un concepto muy primitivo de libertad: lo que yo llamaría apenas un esbozo de libertad. No está del todo equivocado, pues un esbozo no es un espejismo, sino las primeras pinceladas de algo que puede resultar una pintura hermosa.

El hombre del siglo XX y del siglo XXI ha creído conquistar la libertad, y en parte la tiene. Como hemos visto, casi hemos desaparecido la esclavitud (recordemos la venta de cristianos en el Sudán), casi el racismo (recordemos las propuestas de Jean Marie Le Pen en Francia o de Jorg Haider en Austria), casi el despotismo (recordemos la junta militar en Birmania), casi el colonialismo (o de qué otra forma podríamos llamar la compra del patrimonio genético de la isla de Tonga por una compañía farmacéutica australiana).

Pero el hombre no puede darse por satisfecho con estas conquistas casi totales. Aunque aún falte mucho por hacer desde este punto de vista, lo que mantiene al hombre insatisfecho es que no sabe qué hacer con esta libertad que alcanza a un número nunca antes visto de hombres y mujeres sobre la tierra.

El hombre del siglo XX y del siglo XXI ya no está satisfecho con un esbozo de libertad. Sabe que puede dirigirse a donde quiera, pero desconoce a dónde dirigirse. Sabe que puede comprar casi lo que quiera, pero ignora para qué comprar casi lo que quiera. Sabe en demasía, pero no entiende para qué saber.

De este modo, el hombre es libre inútilmente. ¡Oh lacerante paradoja! Tantas luchas, tanto esfuerzo, tantas vidas, para darse cuenta de la inutilidad de una libertad vivida así.

La libertad debe servir para conseguir y construir lo que es esencial para el hombre. Lo que es en verdad esencial. Si no, la libertad se vuelve inútil.

De allí la necesidad de la religión. Ella enseña, muestra y acompaña en esta búsqueda de lo esencial, en completar el esbozo de libertad para darle los trazos que completan su razón de ser.

Sin ella, el hombre es libre sin sentido, es decir, inútilmente.
Con ella, se oye al hombre cantar.
* Tomado de la publicación Bien Común y Gobierno, agosto de 2002.

EL OBSERVADOR 379-4

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AL PASO DE DIOS
El quinto mandamiento
Por Amadeo Rodríguez Magro


Hay cristianos que piensan que ya no están en vigor los mandamientos de la Santa Madre Iglesia porque no los encuentran formulados en los catecismos actuales. Sin embargo, nada más lejos de la realidad: el consejo que se nos daba en el quinto, sobre el deber de colaborar en las necesidades materiales de la Iglesia, sigue y seguirá estando en vigor, si bien ya no se presenta con las viejas fórmulas que muchos hemos recitado del Astete y del Ripalda. En ellas incluso se nos indicaba cuál habría de ser la aportación adecuada: «los diezmos y primicias» de nuestros bienes.

Parece, en efecto, que el contenido y el método eran poco pedagógicos, pero lo cierto y verdad es que las fórmulas de los viejos catecismos dieron como fruto mucha responsabilidad y, consiguientemente, también mucha generosidad. Es de esperar que la evidente calidad de los modelos educativos actuales produzca una más fuerte y arraigada conciencia de que los cristianos deben colaborar económicamente al sostenimiento de los gastos que acarrean las tareas pastorales, sociales o culturales de la Iglesia. Esa conciencia se ha de plasmar, además, en unas aportaciones que habrán de hacerse con estos criterios: han de ser generosas y en proporción adecuada a lo que cada uno tiene; normalmente serán asiduas, con una cuota fija; se cuidará la motivación teológica y espiritual de la ofrenda litúrgica, que debe limitarse a las celebraciones que sean expresión significativa de la vida comunitaria; se cultivará la transparencia económica, para que todos los miembros de la parroquia conozcan las necesidades y los ingresos.

EL OBSERVADOR 379-5

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¿Por qué los “inteligentes y sabios” rechazan la apologética?
Por el Pbro. Flaviano Amatulli Valente, fmap.



Es asombroso ver cómo a veces personas muy cultas e inteligentes parecen tan cerradas, completamente refractarias, ante ciertos aspectos de la realidad. ¿Por qué? Algo está sucediendo en su mente, que la vuelve insensible frente a los hechos. Veamos.

Mucha gente, angustiada por el problema de las sectas, me pregunta: ¿Por qué el párroco, el catequista o el laico comprometido no hacen nada para orientar debidamente al pueblo católico, atacado y confundido por la acción proselitista de las sectas? ¿Por qué insisten tanto en el ecumenismo, si nosotros aquí tenemos que ver solamente con grupos proselitistas?. Respuesta: Porque en el seminario estudiaron 'solamente' el ecumenismo, convencidos de que la apologética no sirve.

¿Y por qué están convencidos de que la apologética no sirve, si es lo que más necesitamos ahora, puesto que las sectas nos están atacando por todos lados y no sabemos cómo defendernos?

Continuando en este mismo orden de ideas, podríamos seguir preguntándonos: ¿Por qué los maestros de nuestros seminarios no permiten investigaciones sobre el fenómeno religioso, cuando las universidades y demás instituciones profanas manifiestan tanto interés en un aspecto tan importante de la realidad?

Sin duda, nos encontramos ante un fenómeno de ceguera tan hondo y generalizado, que es muy difícil de explicarse a primera vista. Es lo mismo que pasó hace años con el asunto del marxismo. No obstante todos los reveses sufridos en el campo de los hechos, los “intelectuales” seguían tercos con su ideología, hasta que el derrumbe del comunismo no los despertó.

Ahora yo me pregunto: ¿Qué tenemos que esperar, para que se implante en nuestros seminarios la apologética como materia escolar? ¿Que primero se derrumbe totalmente el catolicismo? ¿Es posible que no se den cuenta de su extrema necesidad en los tiempos que estamos viviendo? ¿A qué se debe, pues, este bloqueo frente a la apologética?

Este breve ensayo puede ayudar a explicar este fenómeno, que de otra manera parece realmente un absurdo. Ojalá que en algún seminario se promueva una investigación más amplia al respecto.

La utopía: ecumenismo bíblico

Para el Antiguo Testamento, es suficiente examinar la visión de Isaías, en que se nos presentan numerosos pueblos que se dirigen a la Casa del Dios de Jacob, siendo Yahveh el árbitro supremo y en un clima de completa paz (Is 2, 2-5). Para el Nuevo Testamento es suficiente contemplar la visión de san Juan: 144 mil sellados del pueblo de Israel y una inmensa multitud de toda nación, raza, pueblo y lengua, delante del trono de Dios y de Cristo, el Cordero inmolado (Ap 7, 4.9-10).

Dos observaciones:

- Esto sucederá al final de los tiempos.
- Hay una diferencia entre el Pueblo de Dios (Antiguo y Nuevo Israel: Ap 7,4 y 14,1) y las naciones. Aquí está la utopía cristiana: una humanidad unida bajo la mano poderosa del único Dios.

La realidad: cuidar la propia fe

Sin embargo, mientras vive en este mundo, el creyente tiene que cuidar la propia fe para no dejarse desviar del camino correcto, dejándose arrastrar por los dioses de las naciones.

En el Antiguo Testamento es suficiente recordar el caso del rey Salomón, que, no haciendo caso a la voluntad de Dios, se casó con mujeres paganas, “que inclinaron su corazón tras otros dioses” (lRe 11, 4). En el Nuevo Testamento basta recordar las recomendaciones que hace san Pablo a Timoteo, invitándolo a cuidarse de los falsos maestros (lTim 1,7) para no apostatar de la fe (lTim 4, 1). Otro elemento importante, que hay que subrayar con relación al Nuevo Testamento, es la misión, es decir, la obligación que tiene la Iglesia de anunciar el Evangelio a todas las “naciones” (Mc 16, 15).

Problema actual

¿Dónde está el problema actual?
- En dejarse deslumbrar por la utopía, hasta volverse ciegos frente a la realidad, sin fijarse en el peligro que pueden representar los demás sistemas religiosos.
- En querer imponer la utopía, pensando que con esto se va a cambiar la realidad.
Las consecuencias son:
- La realidad se resiste y el creyente se confunde y se aparta del verdadero camino.
- Se desvanece la misión.

Sano realismo

¿Qué hacer, entonces? Antes que nada, cuidar la propia fe, estando preparados para “dar razón de la propia esperanza” (1Pe 3,15) frente a cualquier tentación que venga de afuera. Es lo que llamamos apologética. Y después, cuando y donde sea posible, tratar de dialogar, convivir y compartir la propia fe con los demás, anticipando la utopía. Es lo que llamamos ecumenismo o diálogo interreligioso. Sin olvidar nunca la misión.

Algo sencillo, ¿verdad? Bueno. Ahora traten de explicar esto a los “inteligentes y sabios”. A ver si lo logran.

EL OBSERVADOR 379-6

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CUESTIONES DE BIOÉTICA
La perspectiva cristiana
Por Humberto M. Marsich, m.x.


Hace sólo 18 años, cuando empecé a dar clases de bioética en San Juan del Río, Qro., la mayoría de mis alumnos me miraba como se mira a un loco o a una persona fuera del mundo. Ahora, cuando me encuentro con alguno de ellos, me agradece aquellas clases, entonces incomprensibles. Lo cierto es que las perspectivas y los problemas provocados por el gran desarrollo de las ciencias médicas y biológicas son muchísimos. Lo que hasta hace unos cuantos años parecía imposible ahora ya no lo es. Piénsese en la clonación animal y humana, en las procreaciones artificiales en probeta, en la ingeniería genética, en los trasplantes, etc.

La tecnología,aplicada a la medicina ha progresado de una manera casi milagrosa. Sin embargo, todos estos progresos médicos y biológicos interrogan, cuestionan y provocan al hombre de hoy y a la sociedad civil y cristiana. Además tienen repercusiones económicas no indiferentes y políticas significativas.

En relación con este gran desarrollo surgen nuevos cuestionamientos éticos, y a la bioética le corresponde elaborar respuestas sólidas y fundamentadas. Justamente definimos a la bioética como «la ciencia que reflexiona sistemáticamente sobre las intervenciones y los problemas que se ponen en el campo de la biomedicina, con la finalidad de establecer criterios y limitaciones entre lo lícito y lo ilícito».

El objeto de estudio bioético, o sea material, son las intervenciones biomédicas y sus problemas, mientras que el objeto formal es el aspecto ético, o sea, la licitud o no de las intervenciones mencionadas. Éstas incluyen, en sentido estricto, las nuevas formas de nacer o procreaciones artificiales humanas, y la ingeniería genética aplicada a los vegetales, a los animales (transgénicos) y a los humanos, sea con finalidad terapéutica como alterativa. En sentido amplio abarca todos los fenómenos relacionados con la vida y la muerte humana: el aborto, la eutanasia, los trasplantes, la experimentación humana, la ecología, las enfermedades contagiosas, el suicidio, la pena de muerte y la contracepción.

Seguramente los lectores captarán la complejidad de todos estos problemas bioéticos porque no son de fácil solución si tomamos en cuenta la pluralidad de interpretaciones y de filosofías con las cuales hoy debemos convivir. Esta última es propiamente la razón por la cual desde hace unos 35 años nació el neologismo de «bioética» y la correspondiente nueva ciencia.

También la moral cristiana se ha sentido sacudida por estos nuevos problemas. El Magisterio intervino sobre algunas cuestiones; sin embargo, a pesar de su gran y experimentada sabiduría, no siempre ha sido aceptada. Los teólogos moralistas, guiados por el espíritu de estas intervenciones y con el afán de ayudarnos a comprender mejor, aun hoy siguen reflexionando y buscando la verdad moral.

En las reflexiones que llevaremos a cabo trataremos de analizar los nuevos problemas y de proponer las soluciones según nuestra perspectiva teológica cristiana. Ojalá logremos el objetivo de ayudar a los lectores con respecto a la comprensión de los desafíos bioéticos contemporáneos, y en orden a solucionarlos cristianamente.

EL OBSERVADOR 379-7

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CONTEXTO ECLESIAL
Cumbre de sacerdotes católicos hispanos en Las Vegas
Por Valdemar González
* Fortalecimiento de la identidad sacerdotal * La crisis reciente * Los retos


Más de 120 sacerdotes católicos hispanos que ejercen en diferentes diócesis de los Estados Unidos llevaron a cabo su reunión anual en Las Vegas. Abordaron temas de mejoramiento de su labor pastoral, estudio y actualización del derecho canónico; pero también analizaron la crisis por la que atraviesa la Iglesia en este país debido a los escándalos desatados por algunos de sus miembros.

Los religiosos —originarios de México, Cuba, Colombia y otros países— pertenecen a la Asociación de Sacerdotes Católicos Hispanos de los Estados Unidos (ASCHEU), creada hace 13 años de una fusión de dos organizaciones que, con nombres diferentes, tenían propósitos y funciones similares. De acuerdo con estimaciones del Obispado Auxiliar de Denver, Colorado, hay entre 2 mil y 2 mil 500 ministros católicos de origen hispano ejerciendo a lo largo y ancho del país.

Los trabajos de esta asociación se hicieron en uno de los hoteles y en instituciones de la ciudad, del lunes 23 al jueves 25 de septiembre, y entre las actividades hubo seminarios, conferencias y una Misa concelebrada en la «Catedral Ángel Guardián», de Las Vegas.

Una de las actividades fue la cena del «Buen Pastor», en la que se distinguió a un sacerdote hispano y a otro no hispano por su trabajo a favor de la comunidad latina. En el primer caso fue el padre Pedro Luis Pérez, de Miami. El otro fue monseñor John Coffield, de California.

Los temas

«Cada año nos reunimos en diferentes partes de la Unión Americana para prepararnos, tratar nuestros asuntos, actualizarnos, analizar diversas temáticas y convivir, —dijo padre Enrique Sera, de la diócesis de Orange, California, y presidente de la ASCHEU—. Esta ocasión (en Las Vegas) tuvimos sesiones de teología, de pastoral, y, tristemente, dedicamos tiempo a examinar la problemática que han creado algunos sacerdotes».

¿Los casos de abuso sexual?, preguntamos, a lo que el sacerdote asintió con la cabeza y la mirada, para enseguida precisar que analizaron el caso desde el punto de vista sicológico y también los lineamientos aprobados por los obispos estadounidenses en junio pasado. «Los sacerdotes hispanos tenemos que prepararnos y servir mejor al pueblo», agregó el ministro.

¿Por qué una reunión en Las Vegas? «Se escogió la ciudad de Las Vegas porque teníamos que enfrentar la imagen de ciudad del pecado que se tiene en la costa este del país. Los que vivimos en la costa oeste (California, Nevada, etc.) sabemos bien que Las Vegas es una ciudad como cualquier otra, con una comunidad católica y vida social normal; entonces teníamos que hacer conocer esto y que los miembros de la asociación lleven el mensaje a sus parroquias y a sus fieles».

Se dice que la gente se está alejando de la Iglesia católica luego de la crisis por la que atraviesa. ¿Qué opina? «Rumores no son realidad —contestó Sera—. Escuchar esos rumores siempre duele, pero los rumores no son realidad. Las encuestas que se han hecho en medio de esta desgracia comprueban que la gente está enfadada con algunos obispos y no con los sacerdotes. A nosotros nos ha dado mucho apoyo la gente, nos ha dicho: «Pase lo que pase, nosotros los apoyamos a ustedes». Eso nos da ánimo y por eso nos reunimos para mejorar y servir mejor a Dios y a la gente».

El panorama

El obispo auxiliar de Denver, José Gómez, por separado coincidió con lo explicado por el padre Sera: «Esta reunión fue para prepararnos y mejorar para servir a Dios y al pueblo católico de los Estados Unidos».

¿Cómo se observa la situación de los católicos en los Estados Unidos? «Estamos muy bien, gracias a Dios. La Iglesia católica de este país ha estado recibiendo muy bien a la comunidad hispana. Cada vez los obispos se abren más al ministerio hispano, el cual está creciendo mucho. Hay alrededor de 35 millones de hispanos en los Estados Unidos, y de ellos más o menos el 70% somos católicos, de tal suerte que hay mucha labor pastoral qué hacer. Uno de los retos más grandes que tenemos es la evangelización de nuestra comunidad. La gente llega a este país con poca formación religiosa; necesitamos dedicarnos con más energía a la labor pastoral».

¿Faltan sacerdotes católicos en los Estados Unidos? «Así es. Hay aproximadamente entre 2 mil y 2 mil 500 sacerdotes hispanos en los Estados Unidos, para una población de unos 25 millones de católicos; eso es muy poco, aunque también hay sacerdotes estadounidenses que han aprendido el español y con generosidad se dedican al ministerio hispano; eso es una bendición para nosotros. Otro reto que tenemos es la promoción de la vocación sacerdotal y religiosa. Porque la migración latinoamericana ha llegado a los Estados Unidos sin sacerdotes, a diferencia de la migración europea, que llegó aquí con sus propios pastores».

Seminario binacional

«La escasez de sacerdotes católicos se da aquí pero también en México y en América Latina. Por eso la urgencia de promover la vocación entre nuestra gente, en las comunidades, porque no podemos eternamente seguir importando sacerdotes de nuestros países», consideró Enrique Sera, y agregó: «Por fortuna hay un programa binacional, México-Estados Unidos, que se llama 'Seminario Hispano Nuestra Señora de Guadalupe'. Yo personalmente he estado en contacto con monseñor Norberto Rivera, arzobispo de México. Este seminario está orientado a promover las vocaciones sacerdotales. Uno de los puntos es que los sacerdotes de aquí salgan del país, vayan a México y en tres años se empapan de la cultura y luego regresen a Estados Unidos para ejercer su ministerio».

¿Cambios a la vista?

En el marco de la crisis que vive la Iglesia por los casos de abuso sexual, y de algunos cambios que se dan en la sociedad en general, ¿piensa usted que se estaría abriendo el camino para revisar el asunto del celibato, y eventualmente abrir la puerta para permitir el matrimonio a los sacerdotes? «No. El problema de la Iglesia en los últimos 6 meses viene de 20 ó 25 años atrás, y desde el punto de vista psicológico y profesional el abuso sexual no tiene qué ver con el celibato; la mayoría de los casos de abuso sexual en la sociedad ocurren entre las familias, con gente que está casada, por ejemplo; no tiene que ver con el celibato».

Otros retos

El reto de la Iglesia en estos momentos es ser auténtica, fiel a sus principios y a la moral católica, afirmó enfático el obispo Gómez. «El sacerdote, como persona dedicada a Dios tiene que vivir una vida espiritual muy intensa y tratar de imitar a nuestro señor Jesucristo».

EL OBSERVADOR 379-8

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TESTIMONIO

Segunda sesión del exorcismo que conmocionó a España

En el número anterior de El Observador, bajo el título de «Los exorcismos no son cosa del pasado», se publicó el testimonio de José Mauel Vidal durante una sesión de exorcismo en Madrid, a la que él y otros periodistas españoles fueron invitados. Aquí transcribimos lo que sucedió en la segunda sesión, realizada a la misma joven de 20 años, conocida sólo como «Marta». La información fue puesta a disposición del público el pasado 30 de septiembre por «Hispanidad». Escribe el periodista Luis Losada, testigo presencial.

«Regreso de una de las sesiones de exorcismo realizadas por el padre Fortea. Escribo impresionado. Los gritos de Zabulón, y los rezos del sacerdote y de la madre de la poseída todavía martillean mi conciencia. Creo en el 'No prevalecerán', pero tengo miedo. Si pudiera dar marcha atrás, lo haría, sin ninguna duda, y no hubiera acudido a esa sesión».

«Sin duda —continúa—, algún sentido debe tener mi presencia en ese exorcismo, que, con el paso del tiempo, acabaré descubriendo. Entretanto, sólo puedo manifestar motivaciones a ras de suelo. La inquietud periodística, la curiosidad malsana y, sin duda, la ingenuidad y la inconsciencia me hicieron aceptar la oferta de mi amigo y compañero de Radio Intereconomía, Javier Paredes, para acompañarle a una sesión de exorcismo».

Comenzada la sesión de exorcismo de parte del P. Fortea sobre «Marta», los periodistas descubren cuán poco preparados se encontraban: «Le pone la mano encima de la cabeza y comienza a invocar a Dios. Sólo con pronunciar su nombre el cuerpo de Marta sufre un espasmo, sus pupilas se ocultan y sus ojos permanecerán en blanco durante toda la sesión. Después, invoca a san Jorge, y Marta vuelve a convulsionarse en medio de gritos desgarradores».

«Lo que vivimos Javier y yo durante dos horas y media fue una prolongación de este comienzo, en un estado de tensión que todavía ahora oprime mi alma. Son las dos y media de la madrugada. Han pasado más de doce horas desde la finalización del exorcismo. Sigo tenso y sin paz. Pero rezo. Por Marta y por su madre. Pero también por todos los testigos que hemos pasado por esa capilla donde Zabulón se ha hecho palpablemente presente», escribe el periodista.

El relato es, en efecto, extenso y detallado, evidenciando que el periodista no ha podido olvidar los detalles del drama:

— ¡En nombre de Jesucristo, sal de la chica!

— ¡No! —responde la voz de ultratumba que sale del cuerpo de Marta. No es la voz de Marta, es una voz ronca, fuerte y cargada de odio. Hay odio en todas las respuestas de Zabulón. Hasta un simple sí o un no, se pronuncia envuelto en odio. Lo palpas.

— Por mi poder sacerdotal, te ordeno que salgas de esa mujer —prosigue el padre Fortea.

— ¡Aggghh! —responde Zabulón, en medio de espasmos, convulsiones y gritos. Marta se retuerce. Desde su posición yaciente, bota con una elasticidad extraña. Si no fuera por la colchoneta, se provocaría lesiones graves... Aunque vaya usted a saber, porque, después de haber estado gritando, muy fuerte, durante más de dos horas, cuando nos despedimos no apreciamos en Marta el menor signo de ronquera.

Después de dar detalles de la espeluznante batalla con el demonio, el periodista cuenta una nueva arremetida del exorcista: «Ordena al demonio: 'Besa el crucifijo': '¡Noooo!'».

«Cuando la sesión parecía que no avanzaba, ni hacia adelante ni hacia atrás, Zabulón, mudo, hace con la mano el signo de «querer escribir».

«A toda velocidad y, por supuesto, sin mirar al papel, la mano de Marta comienza a deslizarse por el folio. Si los gritos y la voz ronca te hacen sentir la presencia de Zabulón, ahora, mientras escribe, se le siente todavía más cerca. Javier y yo no entendíamos bien lo que pasaba».

Según el periodista, el diálogo oral-escrito, en el que el padre Fortea pregunta y Zabulón responde escribiendo a través de la mano de Marta, dice lo siguiente:

— Quería desesperate porque tenía refuerzos.

Con esa frase escrita, Zabulón explica el estancamiento del exorcismo que se había producido durante la primera hora.

— ¿Qué refuerzos, quién ha venido? —pregunta el exorcista.

— Satán –responde Zabulón—, pero ya se ha ido. Y, a continuación, y sin preguntarle nada, vuelve a escribir: «Falta 1 persona». Y subraya el '1' varias veces.

— ¿Qué persona?

Ante esta pregunta, la mano suelta el lápiz y Marta cierra fuertemente los labios. Zabulón no quiere responder.

— Dame un signo para que sepa quién es —insiste el exorcista, pero los labios de la endemoniada permanecen sellados.

Tras un largo e impresionante forcejeo, descrito detalladamente por el periodista, el P. Fortea logra finalmente obtener el nombre del «faltante»: se trata de una persona conocida que permitiría cumplir el objetivo verbalizado en anteriores sesiones: «Que se conciencien»... de la existencia de los demonios.

Muchas preguntas surgen en la mente del periodista: «No tengo respuesta para muchas cosas... Sólo sé que lo que usted lee yo lo vi con mis ojos descreídos y morbosos. ¿Para que se conciencien de la existencia de los demonios?»

«No entiendo de psiquiatría ni de teología. Simplemente doy testimonio de lo que vi, y como notario de la realidad, certifico que lo que aquí se contiene es cierto. Espero que para el bien del lector, de Marta, de su madre y de cuantos testigos hemos pasado por esa capilla. Que así sea», concluye el periodista Luis Losada.

(Fuente: ACI)

EL OBSERVADOR 379-9

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INTIMIDADES -LOS JÓVENES NOS CUENTAN-
Mi vida no es la misma sin él


PREGUNTA:
Tengo problemas con mi persona. No me concentro de lo mejor en mis estudios y en todo lo que abarca mi vida. Terminé con mi novio por una tontería, y ahora él ya no quiere saber nada de mí. Siento que me muero, aunque todos los días me digo que puedo salir adelante; pero ya se ha de imaginar que no puedo. Lo veo a él todos los días pues somos compañeros de grupo y, para colmo, estamos en los mismos equipos. Mi vida ya no es la misma sin él. Deseo pedirle que volvamos, y ya lo intente en algunas ocasiones y él me dijo que no. Ya me cansé de recibir sus indirectas, sus desplantes, pero aun así mi corazón dice que no lo puede olvidar.

RESPUESTA:

Así es, no lo vas a olvidar, a menos que por alguna razón, más adelante en tu vida, sufras amnesia. Porque un novio que fue importante en tu vida siempre tendrá un lugar en tu memoria. Lo que sí va a ocurrir es que su recuerdo dejará de ser doloroso y ya no sentirás este amor. Quizá siempre tendrás por él un cierto cariño, pero esto que sientes ahora pasará a la historia, aunque hoy no lo creas.

Por lo que cuentas, me da la impresión de que había entre ustedes mucha dependencia emocional. Y eso no es sano. Ser pareja no es anularse ni convertirse en una mitad de algo, sino relacionarte de la forma más plena posible siendo ambos personas completas, con una vida propia y un proyecto común. Cuando una relación así termina, hay mucho dolor, pero cada uno sigue teniendo una vida que vivir, y sobre todo, se tiene a sí mismo. Pero cuando te cuelgas de tu pareja y la relación termina, el vacío que se experimenta es muy grande, se percibe la vida como algo extremadamente difícil y la persona siente que muere, de alguna manera.

La buena noticia es que puedes rescatarte a ti misma. Ésta es una oportunidad para que procures conocerte a ti misma, para que tomes decisiones de tu vida y aprendas a ser independiente.

Tu vida no es la misma sin él, es cierto, pero date cuenta de que puede ser mejor. Que la relación haya terminado así (por cierto, tal vez eso que llamas “sin importancia” sea mucho más significativo de lo que crees), y la actitud que él ha tomado, me hacen pensar que esa relación no era lo suficientemente buena. Valora lo que viviste, agradece lo que él y esa relación te dieron, pero déjalos atrás. El resto de tu vida comienza hoy, y no te conviene seguir arrastrando el pasado. Tienes mucho por delante, sé feliz.

La psicóloga Yusi Cervantes Leyzaola responderá las preguntas que se le envíen a la dirección de El Observador; Reforma 48, apdo. 49, Santiago de Querétaro, Qro. C.P. 76000; o que se le hagan al teléfono 228-02-16. Citas al 215-67-68 Correo electrónico: cervleyza@msn.com 

EL OBSERVADOR 379-10

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ORIENTACIÓN FAMILIAR
Hija poco comunicativa
Por Yusi Cervantes Leyzaola


PREGUNTA:
Yo, como mamá preocupada por mis hijos, quisiera comentar algo sobre la atención que exige una de mis hijas. Tengo tres, una de 14, una de 11 y uno de 9. Los del medio, según he leído, son los más problemáticos, y no es que me este sugestionando, pero en mi caso, ella quisiera ser la hija única, que toda mi atención fuera solo para ella, y yo trato de atenderla. Por las tardes estoy completamente dedicada a mis hijos: los llevo a sus clases, ayudo con la tarea, trato de platicar con ellos; pero en el caso de mi niña de en medio, es muy sociable en lo exterior, pero ya al tratar temas más serios, como: ¿Quién te gusta? ¿Esa compañera nueva no es muy adelantada?, etc., no quiere hablar al respecto y se molesta. Su hermana mayor es muy comunicativa y no hay tema que no platique conmigo, quizá por eso yo quiero que sea como la otra; pero me preocupa que, ya entrando a la adolescencia, se haga aún más cerrada y que no me entere de lo que le pase. ¿Debo respetarla o tratar de sacarle lo que le pase? Me gustaría que tratara algún día sobre los hijos que exigen toda la atención en la familia.

RESPUESTA:
Me parece que su hija no va a entrar —en futuro— a la adolescencia, sino que ya está entrando a ella, es algo presente. Cada vez más pronto los chicos, especialmente las niñas, tienen conductas y actitudes relacionadas con los profundos e intensos cambios que viven en la adolescencia. Es una edad en la que los padres tenemos que armarnos de paciencia y tolerancia. Tenemos que aprender a no tomar tan a pecho el que los hijos se molesten, no quieran hablar o les parezcamos inadecuados. Efectivamente, debe respetar a su hija. Si ella no quiere hablar de ciertas cosas, acéptelo así. Pero mantenga abiertos los canales de comunicación. Que ella sepa que usted está ahí, dispuesta a escucharla, cuando ella lo desee o lo necesite. Esto incluye propiciar momentos de convivencia y de intercambio de opiniones. Por supuesto, si notara algo que fuera motivo de preocupación grave, no hay que darle vueltas sino enfrentarlo directamente, aunque ella no quisiera hablar. Pero eso no está sucediendo, ni esperamos que suceda. Así que interésese en ella, pregúntele sin atosigarla y sin entrometerse en sus asuntos personales y tome con calma el que ella no quiera hablar. Agradezca lo que ella quiera compartir con usted, cuando lo haga. Y si ella manifiesta disgusto por sus preguntas, pregúntele por qué y pídale que sugiera una mejor forma de relacionarse con ella. Tal vez descubra que nuestros hijos tienen mucho que enseñarnos.

El hecho de ser la de en medio efectivamente es una posición difícil. Los mayores y los menores suelen tener privilegios que los del medio no tienen. O al menos, así suelen percibirlo y eso es suficiente como para prestarle atención al asunto. Es muy importante ayudar a estos hijos a saberse igualmente amados, que estén seguros de su propio valor y de la importancia que tienen en la familia. Si nuestros hijos medianos se quejan, hay que escucharlos. Los padres con frecuencia tendemos a no darle la debida importancia a estas quejas porque interiormente sentimos que amamos a nuestros hijos por igual, pero tal vez no nos hemos dado cuenta de algunos errores que cometemos. Y nuestros hijos nos pueden ilustrar al respecto.

No compare a su hija mediana con la mayor, ni siquiera sin decírselo. Es decir, no espere que sea como ella. Mejor valore a cada una como es. Y a cada uno –también a su hijo- dígale lo que aprecia de ellos. Que cada uno sepa que ha sido creado de una forma única, y que ser uno mismo es algo maravilloso.

El amor, por cierto, es algo que, lejos de agotarse cuando se da a más personas, se multiplica, se hace más grande y profundo. Hay que enseñar a los hijos a distinguir entre las atenciones –que llevan tiempo, y el tiempo sí es limitado- y el amor, que viene de Dios y por eso es inmenso.

EL OBSERVADOR 379-11

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PINCELADAS
Invitado al cielo
Por Justo López Melús


Mis contemporáneos —dice Gheorghiu—, los hombres de este siglo científico y materialista, que no pueden vivir sin medirlo todo, se han esforzado en comprobar científicamente la dirección de mi vida, de mis pensamientos, de mis actos. Para ello han empleado, naturalmente, la brújula. Desgraciadamente, la brújula sólo indica las direcciones de la Tierra.

Mis contemporáneos han comprobado, brújula en mano, que no me dirijo ni a la derecha, ni a la izquierda, ni hacia adelante ni hacia atrás. ¿Por qué utilizan aparatos como la brújula, que no señalan más que los puntos cardinales, y nunca el cielo? Precisamente el cielo es el punto de mi dirección. Estoy invitado al cielo.

EL OBSERVADOR 379-12

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FIN

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