El Observador de la Actualidad

EL OBSERVADOR DE LA ACTUALIDAD
Periodismo católico para la familia de hoy
20 de octubre de 2002 No. 380

SUMARIO

bulletEL RINCÓN DEL PAPA - Ahora la Tierra ya sólo da frutos
bulletDel Dios que no recuerdo
bulletAL PASO DE DIOS - Devocionario
bulletFAMILIA -Cómo conseguir novio
bulletINTIMIDADES -LOS JÓVENES NOS CUENTAN- Fin de un noviazgo
bulletPINCELADAS - Misionero invisible
bulletDOCUMENTOS - La misión es anuncio de perdón
bulletCULTURA - «Situación y perspectivas de la familia y la vida en América»

  [SUMARIO] [SIGUIENTE] [INICIO]


EL RINCÓN DEL PAPA

Ahora la Tierra ya sólo da frutos


En su tradicional catequesis de los miércoles, el papa Juan Pablo II, comentando el salmo 66, señaló: «Es un texto breve y esencial, pero que abarca un inmenso horizonte hasta alcanzar a todos los pueblos de la tierra. Esta apertura universal refleja probablemente el espíritu profético de la época sucesiva al exilio en Babilonia, cuando se auspiciaba el que incluso los extranjeros fueran guiados por Dios a su monte santo. El coro universal de las naciones es invitado a asociarse a la alabanza que Israel eleva en el templo de Sión. En dos ocasiones, de hecho, se pronuncia la antífona: 'Oh Dios, que te alaben los pueblos, que todos los pueblos te alaben'.

«Al inicio y en la conclusión del salmo se expresa un insistente deseo de bendición divina: 'El Señor tenga piedad y nos bendiga, ilumine su rostro sobre nosotros...'. Es fácil escuchar en estas palabras el eco de la famosa bendición sacerdotal enseñada, en nombre de Dios, por Moisés y Aarón a los descendientes de la tribu sacerdotal: 'Que el Señor te bendiga y te guarde; que el Señor ilumine su rostro sobre ti y te sea propicio; que el Señor te muestre su rostro y te conceda la paz' (Nm 6, 24-26). Pues bien, según el salmista, esta bendición sobre Israel será como una semilla de gracia y de salvación que será enterrada en el mundo entero y en la historia, dispuesta a germinar y a convertirse en un árbol frondoso.

«San Agustín identifica el fruto germinado en la tierra con la novedad provocada en los hombres gracias a la venida de Cristo, una novedad de conversión y un fruto de alabanza a Dios. De hecho, 'la tierra estaba llena de espinas', explica. Pero 'se acercó la mano de Aquel que quita las raíces, se acercó la voz de su majestad y de su misericordia; y la tierra comenzó a cantar alabanzas. Ahora la tierra ya sólo da frutos'. Ciertamente no daría su fruto, 'si antes no hubiera sido regada' por la lluvia, 'si no hubiera venido antes de lo alto la misericordia de Dios'. Pero ahora asistimos a un fruto maduro en la Iglesia gracias a la predicación de los Apóstoles».

EL OBSERVADOR 380-1

  [SUMARIO] [SIGUIENTE] [INICIO]


Del Dios que no recuerdo
Por Sergio Barrón


Todos los días traemos miles de cosas en la cabeza sino es la preocupación por el pago del teléfono es la reunión de la tarde, la cita con el médico o el partido de futbol, el sillón descompuesto o la enfermedad del perro, la tenencia del auto o la dieta que está pesadísima, el hijo que no obedece o el abono del refrigerador etc. Todo el día transcurre lleno de estas cosas, algunas las solucionamos pero otras no. Gran porcentaje del día “se nos va” en cosas que son importantes pero, tal vez, no las más importantes. Por ejemplo, aquello del pago de teléfono. Primero, la presión porque la fecha de vencimiento está ya muy próxima y no se tiene la cantidad a pagar. Segundo, para reunir el dinero es necesario pedir un préstamo o tomar del pequeño ahorro que se ha hecho o sacrificar aquel regalo o lujo que se pretendía. Tercero, si se realiza el pago seguirá con el servicio pero se quedará sin otras cosas, entonces ahora la preocupación es la misma preocupación surgida por haber pagado el teléfono y no otra cosa... ¿se entiende? Es como un círculo vicioso, hago pero eso que hago me regresa a la misma preocupación -o tal vez mayor- Normalmente, y si analizamos con toda honestidad, la mayor parte de la vida “se nos va” en preocupaciones (“pre-“ prefijo que significa antes o previo) y no en ocupaciones. A lo mejor si nos ocupamos de nuestras preocupaciones viviríamos más tranquilamente. Ocuparnos de estás cosas es importante pero, tal vez, no lo más importante. Vivir lleno de preocupaciones -sobre todo si son a un nivel material- es como estar aniquilando, la llamaré de esta manera, nuestra memoria espiritual. Resulta que en la memoria tenemos todo aquello que la conciencia a captado desde que empezamos a existir. Llamo memoria espiritual a todo aquello que tiene relación con la formación religiosa que a través del tiempo se haya adquirido. Por ejemplo el tiempo de catequesis, la primera comunión, la confirmación etc. Hechos que, de alguna manera, precisamente se almacenan en nuestra memoria espiritual. Si estos hechos fueron vividos, en su momento, de una manera intensa seguramente estarán en esta memoria y serán una buena fuente para el futuro.

En conclusión, creo que las preocupaciones —sobre todo materiales— actualmente tienen mayor incidencia en nosotros, y si es de esta manera corremos el riesgo de ser absorbidos por ellas. Pero esforcémonos por revivir nuestra memoria espiritual, tengamos la seguridad de que ahí encontraremos un alimento que nos fortalecerá para seguir adelante y enfrentar la vida. Encontraremos a ese Dios que no recordamos.

¿Cómo está tu memoria espritual?

EL OBSERVADOR 380-2

  [SUMARIO] [SIGUIENTE] [INICIO]


AL PASO DE DIOS

Devocionario
Por Amadeo Rodríguez Magro


«Dime cómo rezas y te diré como es tu fe». No sé quien es el autor de esta frase, pero tendría razón aquel a quien se le hubiera ocurrido. Pues, aunque la oración no es la única manifestación de la vida cristiana, quizás sea la que mejor refleja de donde mana su autenticidad y su fuerza.No obstante, es de todos sabido que hay diversas formas de rezar, todas ellas necesarias y complementarias, por eso quiero insistir en la oración vocal y, dentro de ella, recordar el valor de las fórmulas sencillas que se nos ofrecen en los devocionarios.

Hoy son muchos los que dicen que nuestros niños no saben rezar, y la razón que dan es que no conocen las oraciones. Otros afirman lo contrario: que las fórmulas matan la espontaneidad de la oración y le impiden ser un diálogo que fluye del corazón del hombre al corazón de Dios. Yo pienso que en el medio está la virtud, y por eso abogo por unos formularios que ayuden a concretar los sentimientos, las actitudes, las vivencias y los compromisos sobre los que hablamos en la conversación con el Señor, pues la oración ha de ser eco de situaciones de vida. Un buen texto nos viene siempre bien como punto de partida y es una buena ayuda para centrar y mantener nuestra atención, tan dispersa muchas veces. En la educación en la fe de niños y jóvenes y en la piedad particular de cada cristiano se debería contemplar la memorización comprensiva de plegarias, recogidas tanto de la Biblia como de la experiencia acumulada por los creyentes a lo largo de la historia.

EL OBSERVADOR 380-3

  [SUMARIO] [SIGUIENTE] [INICIO]


FAMILIA

Cómo conseguir novio


PREGUNTA:

Tengo 23 años de edad, soy estudiante de medicina y pues no sé qué hacer para tener novio. Antes no me interesaba tanto o no me preocupaba, pero ahora siento que sería bueno conocer a alguien. Yo no he tenido novio (ni uno sólo, ni de relajo); tengo muchos amigos, y de hecho me gustan dos personas: uno está conmigo en el hospital y al otro lo conocí en la iglesia a la cual asisto. Con los dos he salido y somos amigos, digamos que yo no sé qué hacer para que alguno de los dos se fije en mí, es más, ni siquiera sé si estoy enamorada de alguno de los dos. Quisiera que me ayudaras porque a veces quisiera tener un novio y, la verdad, no sé cómo.

Creo yo que ni siquiera he tenido un pretendiente. No sé si sea por mi físico o mi forma de ser. Con respecto a mi físico, no me considero atractiva y, aparte, soy obesa. Y como en estos tiempos lo que importa mucho es el buen cuerpo, tal vez sea por eso. Además yo exijo mucho de un hombre porque no me gustaría que jugaran con mis sentimientos y también por eso no quiero arriesgarme a casarme por no sufrir. ¿Crees que tenga realmente algún problema?

RESPUESTA:

1. Antes que nada, deja de pensar en conseguir novio. Esto es algo que no conviene buscar por sí mismo porque entonces provocas dos problemas: dejas de ser tú misma, auténtica, espontánea; y provocas un ambiente tenso en la relación con los muchachos, que no se sienten cómodos al percibir tu interés.

2. Tú primera responsabilidad es ser cada día mejor tú misma. Vive tu vida plenamente, desarrolla tus talentos al máximo. No necesitas un novio para esto, y estarás tan ocupada con tu propia vida que no te dará tiempo de preocuparte porque no lo tienes.

3. Este es consecuencia del anterior: sé feliz. Cuando llegue el compañero de tu vida, si es que Dios quiere que lo tengas, compartirás con él tu felicidad (y con los hijos que tengan); pero tu felicidad es asunto tuyo, del gozo de estar viva, de la satisfacción de ser tú misma, de tener un sentido para tu vida, de amar (generosamente, sin esperar ser correspondida), de saberte amada por Dios. No depende ni debe depender de los demás, ni siquiera de un novio o un esposo.

4. Cuida tu cuerpo. Aliméntate sanamente, haz ejercicio, bebe suficiente agua, respira aire puro, descansa lo necesario… Si tienes problemas para adelgazar, tal vez necesites acudir a un médico, un nutriólogo o un grupo de personas con el mismo problema.

5. Arréglate bien. No digo que te cubras de maquillaje ni que te vistas todos los días como si fueras a una fiesta. Con estar limpia, bien peinada, bien vestida, con un maquillaje discreto… basta. Tú sabes qué te queda bien y qué no, y si no es así, busca consejo. Pero no esperes parecerte a ninguna modelo de revista. De lo que se trata es de que te veas lo mejor posible, que se note que estás satisfecha con lo que Dios te dio.

6. Confía en tu atractivo. Poco o mucho, cada mujer tiene el suyo. Y tiene mucho qué ver con estar cómoda contigo misma, con quien tú eres. Si no puedes sentirte así, entonces te falta desarrollar el amor por ti misma. Busca ayuda, si te hace falta.

7. No busques novio, pero sí amigos. Y amigas, claro. No se trata de buscar amigos para ver si alguno se vuelve tu novio, sino de verdad, sinceramente, aprender a ser amiga. Interésate auténticamente en los demás, apóyalos cuando lo necesiten, celebra la vida con ellos. Los amigos amplían tu universo y te enseñan a relacionarte y a confiar en los demás. Y son una bendición por sí mismos.

8. No necesitas hacer nada para que un hombre se fije en ti. Si se ha de fijar, debe ser porque le llamas la atención tú, tu forma de ser, tus valores, tus pensamientos... Si cambias para llamar la atención, estarás actuando, y le llamará la atención no tu persona, sino el personaje que estás representando. Eso no es sano ni lleva a una auténtica relación

9. Si no sabes si estás enamorada de alguien, no lo estás. No te precipites. No marques tus relaciones con el deseo de tener novio o de enamorarte. Si tienes amigos, disfruta su amistad. Cuando te enamores, lo sabrás.

10 . Vive cerca de Dios, con la seguridad de quien se sabe su hija, con el gozo de saberte amada por él.


La psicóloga Yusi Cervantes Leyzaola responderá las preguntas que se le envíen a la dirección de El Observador: Reforma 48, apdo. 49, Santiago de Querétaro, Qro. C.P. 76000; o que se le hagan al teléfono 228-02-16. Citas al 215-67-68 Correo electrónico: cervleyza@msn.com

EL OBSERVADOR 380-4

  [SUMARIO] [SIGUIENTE] [INICIO]


INTIMIDADES -LOS JÓVENES NOS CUENTAN

Fin de un noviazgo
Por Yusi Cervantes Leyzaola


PREGUNTA:

Se que no me conoce, pero le quiero pedir ayuda de corazón, pues sé que la necesito. Mi situación es, a grandes rasgos, que terminé con mi novio en mayo del presente, y aún totalmente no me lo puedo sacar. Duré con el tres años, y aún nos seguimos viendo por al escuela, somos compañeros de grupo y ya ni nos saludamos casi.

RESPUESTA:

Una relación de tres años no puede borrarse en unos cuantos meses. Cuentas muy poco, así que no sé cómo fue ese noviazgo y por qué terminó, pero como sea, el fin de un noviazgo es difícil. Y al mismo tiempo es una oportunidad de aprendizaje. Tienes que preguntarte cómo fue la relación, qué tanto amor hubo, o si fueron más el enamoramiento o la pasión. Vale la pena que analices qué tan dependientes fueron uno del otro o qué tanto lograron amarse sin perder la propia identidad. Este es un buen momento para revisar los errores que cometiste de modo que esta experiencia dolorosa te ayude a crecer. Tienes que pasar por la tristeza, el enojo y las fantasías de que se arreglen las cosas entre ustedes. Pero pregúntate: ¿verdaderamente valdría la pena? Si ya hubieran pasado diez años y mirarás hacia atrás, ¿qué pensarías? Seguramente esta ruptura, aunque hoy duela, es por tu bien.

El hecho de tener que verlo hace más difícil la situación, claro; lo ideal sería poner distancia de por medio para poder, con mayor tranquilidad, asimilar lo sucedido. Pero en este caso eso no es posible, así que trata de mantenerte tranquila. El que casi no se saluden está bien, ambos necesitan esa distancia emocional. Cuando sanen las heridas podrás verlo de otra manera, pero por ahora no te angusties por eso. Ten paciencia contigo misma: desprenderte de alguien tan importante en tu vida lleva tiempo y se logra poco a poco. Mientras, sigue viviendo tu vida: concéntrate en tus estudios, busca a tus amigos, acércate a tu familia, desarrolla tus intereses y pon tu vida en manos de Dios.

EL OBSERVADOR 380-5

  [SUMARIO] [SIGUIENTE] [INICIO]


PINCELADAS

Misionero invisible
Por Justo López Melús


La alegría es un misionero invisible que predica a Dios. Unos consejos de amigo: Debes sonreír en la prosperidad y en la adversidad. Cuando captas las bellezas del mundo y cuando descubres sus miserias. Cuando sufras, intenta tener más alegría, como organista que se sobrepone al ruido pulsando con más vigor las teclas.

Si sonríes, glorificas a Dios y alegras al prójimo. Con la alegría, el entendimiento se hace más lúcido (mayor talento) y más viva la imaginación (mejor poesía). La sonrisa sincera tonifica el organismo (mejor salud), acelera los cambios nutritivos (mejor digestión), afloja las tensiones (mejor descanso), plancha las arrugas (mayor belleza). Piscina de salud es la alegría, bañémonos en ella cada día.

EL OBSERVADOR 380-6

  [SUMARIO] [SIGUIENTE] [INICIO]


DOCUMENTOS

Mensaje de Juan Pablo II para la Jornada del DOMUND, 20 de octubre de 2002
La misión es anuncio de perdón


Queridos hermanos y hermanas:

1.La misión evangelizadora de la Iglesia es esencialmente anuncio del amor, de la misericordia y del perdón de Dios, revelados a los hombres mediante la vida, la muerte y la resurrección de Jesucristo, nuestro Señor. Es la proclamación de la gozosa noticia de que Dios nos ama y quiere que estemos todos unidos en su amor misericordioso, perdonándonos y pidiendo perdón a los demás, incluso por las ofensas más graves. Esta es la Palabra de la reconciliación que nos ha sido confiada porque, como afirma San Pablo, “en Cristo estaba Dios reconciliando al mundo consigo, no tomando en cuenta las transgresiones de los hombres, sino poniendo en nuestros labios la palabra de reconciliación” (2 Cor 5, 19). Estas palabras hacen eco y recuerdan el supremo anhelo del corazón de Cristo en la cruz: “Padre, perdónales, porque no saben lo que hacen” (Lc 23, 34).

He aquí, pues, una síntesis de los contenidos fundamentales de la Jornada Misionera Mundial, dedicada al estimulante tema: “La misión es anuncio de perdón”. Se trata de un acontecimiento que se repite cada año, pero que no pierde con el pasar del tiempo su significado e importancia, porque la misión constituye nuestra respuesta al supremo mandato de Jesús: “Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes... enseñándoles a guardar todo lo que yo os he mandado” (Mt 28, 19).

2. Al inicio del tercer milenio cristiano se impone con mayor urgencia el deber de la misión, porque, como recordé ya en la encíclica Redemptoris missio, “el número de los que aún no conocen a Cristo ni forman parte de la Iglesia aumenta constantemente; más aún, desde el final del Concilio, casi se ha duplicado. Para esta humanidad inmensa, tan amada por el Padre que por ella envió a su propio Hijo, es patente la urgencia de la misión” (n 3).

Con el gran apóstol y evangelizador san Pablo, queremos repetir: “Predicar el Evangelio no es para mí ningún motivo de gloria; es más bien un deber que me incumbe. Y ¡ay de mí si no predicara el Evangelio!... es una misión que se me ha confiado” (1 Cor 9, 16-17). Sólo el amor de Dios, capaz de hermanar a los hombres de toda raza y cultura, podrá hacer desaparecer las dolorosas divisiones, los contrastes ideológicos, las desigualdades económicas y los violentos atropellos que oprimen a la humanidad.

Son bien conocidas las horribles guerras y revoluciones que han ensangrentado el siglo apenas transcurrido, y los conflictos que, desgraciadamente, continúan hoy afligiendo al mundo. Esto no hace olvidar, al mismo tiempo, el anhelo de muchos hombres y mujeres que, aun viviendo en gran pobreza espiritual y material, experimentan gran sed de Dios y de su amor misericordioso. La invitación del Señor a anunciar la Buena Nueva sigue siendo válida hoy, más aún, se hace cada vez más urgente

3. En la carta apostólica Novo millennio ineunte subrayé la importancia de la contemplación del rostro doliente y glorioso de Cristo. El corazón del mensaje cristiano es el anuncio del misterio pascual de Cristo crucificado y resucitado. El rostro doliente del Crucificado “nos lleva a acercarnos al aspecto más paradójico de su misterio, como se ve en la hora extrema de su misterio” (n. 25). En la cruz, Dios nos ha revelado todo su amor. La cruz es la clave que da libre acceso a “una sabiduría que no es de este mundo, ni de los dominadores de este mundo, sino a la sabiduría divina, misteriosa, que ha permanecido escondida” (1 Cor 2, 6-7). La cruz, en la que resplandece ya el rostro glorioso del Resucitado, nos introduce en la plenitud de la vida cristiana y en la perfección del amor, porque revela la voluntad de Dios de compartir con los hombres su vida, su amor y su santidad. A partir de este misterio, la Iglesia, recordando las palabras del Señor “Sed perfectos como es perfecto vuestro Padre celestial” (Mt 5,48), comprende cada vez mejor que su misión no tendría sentido si no condujera a la plenitud de la existencia cristiana, es decir, a la perfección del amor y de la santidad.

En la contemplación de la cruz aprendemos a vivir en humildad y en el perdón, en la paz y en la comunión.

Ésta fue la experiencia de san Pablo, que escribía a los Efesios: “Os ruego, pues, yo, preso por el Señor, que viváis de una manera digna de la vocación con la que habéis sido llamados, con toda humildad, mansedumbre y paciencia, soportándoos unos a otros por amor, poniendo empeño en conservar la unidad del Espíritu con el vínculo de la paz” (Ef 4,1-3). Y a los colosenses añadía: “Revestíos, pues, como elegidos de Dios, santos y amados, de entrañas de misericordia, de bondad, humildad, mansedumbre, paciencia, soportándoos unos a otros y perdonándoos mutuamente, si alguno tiene queja contra otro. Como el Señor os perdonó, perdonáos también vosotros. Y por encima de todo esto, revestíos del amor, que es el lazo de la unión perfecta. Y que la paz de Cristo reine en vuestros corazones, pues a ello habéis sido llamados formando un solo Cuerpo” (Col 3, 12-15).

4. Queridísimos hermanos y hermanas: el grito de Jesús en la cruz (cfr. Mt 27, 46) no revela la angustia de un desesperado, sino que es la oración del Hijo que ofrece su vida al Padre para la salvación de todos. Desde la cruz, Jesús indica a qué condiciones es posible practicar el perdón. Al odio, con que sus perseguidores le habían clavado en la cruz, responde rogando por ellos. No sólo los ha perdonado, sino que continúa amándolos, queriendo su bien y, para esto, intercede por ellos. Su muerte se convierte en verdadera y propia realización del Amor.

Ante el gran misterio de la cruz no podemos sino postrarnos en adoración. “Para devolver al hombre el rostro del Padre, Jesús debió no sólo asumir el rostro del hombre, sino cargarse incluso del 'rostro' del pecado. 'Quien no conoció pecado, se hizo pecado por nosotros, para que viniésemos a ser justicia de Dios en Él' (2 Cor 5, 21)” (Novo millennio ineunte, 25). Con el perdón absoluto de Cristo incluidos sus perseguidores comienza para todos la nueva justicia del Reino de Dios.

Durante la Última Cena, el Redentor dijo a los Apóstoles: “Os doy un mandamiento nuevo: que os améis los unos a los otros. Que, como yo os he amado, así os améis también vosotros. En esto conocerán todos que sois discípulos míos: si os tenéis amor los unos a los otros” (Jn 13, 34-35).

5. Cristo resucitado dona a sus discípulos la paz. La Iglesia, fiel al mandamiento de su Señor, continúa proclamando y difundiendo la paz. Mediante la evangelización, los creyentes ayudan a los hombres a reconocerse hermanos y, como peregrinos en la tierra, aunque por caminos diversos, todos encaminados hacia la Patria común que Dios no cesa de señalarnos, a través de caminos conocidos sólo por Él. El camino real de la misión es el diálogo sincero (cfr. Ad gentes, 7; Nostra aetate, 2); el diálogo que “no nace de una táctica o de un interés” (Redemptoris missio, 56), ni tampoco es fin en sí mismo.

El diálogo que, más bien, hace hablar al otro con estima y comprensión, afirmando los principios en que se cree y anunciando con amor las verdades más profundas de la fe, que son alegría, esperanza y sentido de la existencia. En el fondo, el diálogo es la realización de un impulso espiritual, que “tiende a la purificación y conversión interior, que, si se alcanza con docilidad al Espíritu, será espiritualmente fructífero” (ibid. 56): El empeño por un diálogo atento y respetuoso es una “conditio sine qua non” para un auténtico testimonio del amor salvífico de Dios.

Este diálogo está profundamente ligado a la voluntad de perdón, porque quien perdona abre el corazón a los demás y se hace capaz de amar, de comprender al hermano y de entrar en sintonía con él. Por otra parte, la práctica del perdón, según el ejemplo de Jesús, desafía y abre los corazones, cura las heridas del pecado y de la división y crea verdadera comunión.

6. Con la celebración de la Jornada Misionera Mundial se ofrece a todos la oportunidad de medirse con las exigencias del amor infinito de Dios. Amor que demanda fe; amor que invita a poner toda la propia confianza en Él. “Sin fe es imposible agradarle, pues el que se acerca a Dios ha de creer que existe y que recompensa a los que le buscan” (Heb 11, 6).

En esta celebración anual se nos invita a rezar por las misiones y a colaborar con todos los medios en las actividades que la Iglesia despliega en todo el mundo para construir el Reino de Dios, “Reino eterno y universal: reino de verdad y de vida, reino de santidad y de gracia, reino de justicia, de amor y de paz” (Prefacio de la fiesta de Cristo, Rey del universo). Estamos llamados ante todo a testimoniar con la vida nuestra adhesión total a Cristo y a su Evangelio. Sí, nunca hay que avergonzarse del Evangelio y nunca hay que tener miedo de proclamarse cristianos, silenciando la propia fe. Es necesario, al contrario, continuar hablando, ensanchando los espacios del anuncio de la salvación, porque Jesús ha prometido permanecer siempre y en toda circunstancia presente en medio de sus discípulos.

La Jornada Misionera Mundial, verdadera y propia fiesta de la misión, nos ayuda así a descubrir mejor el valor de nuestra vocación personal y comunitaria. Nos estimula, asimismo, a ir en ayuda de los “hermanos más pequeños” (Cf. Mateo 25, 40) a través de los misioneros esparcidos en todas las partes del mundo. Esta es la tarea de las Obras Misionales Pontificias que desde siempre sirven a la misión de la Iglesia, no haciendo faltar a los más pequeños quien les parta el pan de la Palabra y continúe llevándoles el don del inagotable amor, que brota del corazón mismo del Salvador.

¡Queridísimos hermanos y hermanas! Encomendemos este empeño nuestro por el anuncio del Evangelio, así como también la entera actividad evangelizadora de la Iglesia, a María Santísima, Reina de las Misiones. Sea Ella quien nos acompañe en nuestro camino de descubrimiento, de anuncio y de testimonio del Amor de Dios, que perdona y dona la paz al hombre.

Con estos sentimientos, envío de corazón la bendición apostólica, como prenda de la constante protección del Señor, a todos los misioneros/as esparcidos por el mundo, a todos los que les acompañan con la oración y la ayuda fraterna, a las comunidades cristianas de antigua y nueva fundación.

EL OBSERVADOR 380-7

  [SUMARIO] [INICIO]


CULTURA

«Situación y perspectivas de la familia y la vida en América»
Declaración de Santo Domingo


Del 1 al 5 de septiembre de 2002 se reunieron los presidentes de las Conferencias Episcopales de América en la ciudad de Santo Domingo para tratar del tema «Situación y perspectivas de la familia y la vida en América». Los participantes aprobaron por unanimidad el documento que presentamos y decidieron hacerlo público en la significativa fecha del 12 de octubre.

Los presidentes del Pontificio Consejo para la Familia, de la Pontificia Comisión para América Latina y del Consejo Episcopal Latinoamericano, así como los presidentes o delegados de las Conferencias Episcopales de América, con algunos matrimonios y profesores universitarios, reunidos en la ciudad de Santo Domingo, hemos estudiado las legislaciones, la problemática de la familia y la vida en el Continente, dentro del contexto de la globalización cultural.

Nos dirigimos con respeto, insistencia y esperanza a todos los hombres y mujeres de buena voluntad, sensibles al gran valor de la familia y la vida, y en modo especial, a los responsables de los poderes ejecutivo, legislativo y judicial en nuestros países. Queremos compartir con ellos informaciones y preocupaciones, a la luz de la enseñanza de la Iglesia, dialogar sobre el respeto debido a la familia y la vida, que tiene su fundamento en la verdad del hombre y, por tanto, en una genuina antropología.

I. Situación de la familia

1. En muchas naciones la verdad sobre la familia está amenazada como institución natural (Juan Pablo II, homilía en Braga, Portugal 15/5/1982); bien necesario para asegurar el tejido social, sin el cual el futuro de los pueblos se halla en grave peligro. Más aún, debido a una fuerte presión ideológica, se diría que hay el propósito de desmontar pieza por pieza el edificio de la familia fundamentada sobre el matrimonio.

2. Con sutiles instrumentos de manipulación intelectual y jurídica y de ambigüedad terminológica se extiende cada vez má s una mentalidad que, con el pretexto de progreso y de modernidad, va destruyendo los principios y valores básicos del matrimonio y la familia. La humana donación recíproca amorosa entre los esposos, por toda la vida, la fidelidad y exclusividad matrimoniales, la fecundidad (Pablo VI, encíclica Humanae vitae, n. 9), se relativizan y presentan como si sólo fueran fruto de acuerdos externos y estadísticas sociales, mutables según las circunstancias.

3. Nos preocupa como obispos, pastores y ciudadanos del mundo que se viole la soberanía y cultura de nuestros pueblos y que no se responda a la profunda y legítima aspiración de nuestra gente de ver tutelada y ayudada la familia en su misión integral, como la mejor inversión y el más precioso «capital humano», en beneficio de la entera sociedad. Muchas familias, que viven heroicamente y merecen el reconocimiento de la sociedad, trabajan y luchan por educar integralmente, con todos los valores, a los hijos para asegurarles un futuro digno.

II. Verdad de la familia y la vida

4. La auténtica familia, santuario de la vida y primera y más profunda escuela de amor y ternura, anima e impulsa a la juventud a buscar la felicidad en los verdaderos valores humanos. Estos se encuentran en el señorío de la libertad, en la generosidad, solidaridad y sobriedad.

5. Una sociedad y cultura sanas se reflejan y se nutren de la salud de la familia. Igualmente, una sociedad y cultura enfermas se reflejan en una familia débil y deteriorada. El futuro de la humanidad no será posible sin el reconocimiento y respeto de los valores de la institución natural familiar. Los que tienen en sus manos y son responsables, en cierta forma, del porvenir de nuestros pueblos, deben ser guardianes y promotores de la familia y de la vida, ya que la salvaguarda de éstas es responsabilidad de toda la sociedad, especialmente de quienes están a su servicio, en la noble vocación de la política.

6. La familia, fundada en el matrimonio libre y vinculante del esposo y la esposa, es, por su propia naturaleza, célula básica de la sociedad y patrimonio de la humanidad. Jesucristo ha elevado a la dignidad de sacramento esa comunidad de vida y amor.

7. Nos aflige profundamente la pretensión de dar un reconocimiento legal, con los efectos jurídicos que la tradición de los pueblos sólo reconocía al matrimonio, un bien eminentemente público, a las llamadas «uniones de hecho», en sus diversas versiones y etapas. Es aún mayor nuestra inquietud cuando tal pretensión se refiere a personas del mismo sexo. Es inadmisible que se quiera hacer pasar como una unión legítima e incluso como «matrimonio» las uniones de homosexuales y lesbianas, hasta con el pretendido derecho de adoptar niños. Implícita e incluso explícitamente se presentan como alternativa a la familia. Reconocer este otro tipo de uniones y equipararlas a la familia es discriminarla y atentar contra ella.

8. La familia y la vida caminan juntas. Por eso, todo desconocimiento y ataque a la familia lo es a la vida, y todo desconocimiento y ataque a la vida lo es a la familia. En medio del debate científico y moral del momento sobre los complejos problemas de la bioética, entre los que cabe mencionar la ingeniería genética, la clonación, la fecundación asistida y la eutanasia, queremos reafirmar la sacralidad de la persona humana desde la concepción hasta la muerte natural. La ciencia no puede erigirse en exclusivo criterio al margen de los principios éticos, pues comprometería a la persona y a la sociedad.

9. Dice Juan Pablo II: «El hombre de hoy vive como si Dios no existiese y por ello se coloca a sí mismo en el puesto de Dios, se apodera del derecho del Creador de interferir en el misterio de la vida humana y esto quiere decir que aspira a decidir mediante manipulación genética en la vida del hombre y a determinar los límites de la muerte. Rechazando las leyes divinas y los principios morales atenta abiertamente contra la familia. Intenta de muchas maneras hacer callar la voz de Dios en el corazón de los hombres; quiere hacer de Dios el gran ausente de la cultura y de la conciencia de los pueblos. El misterio de la iniquidad continúa marcando la realidad de este mundo.» (Juan Pablo II, homilía en Cracovia, 18/8/2002).

Nos impresiona que mientras se proclaman, con legítima insistencia, los derechos humanos fundamentales, y sin duda que el primero es el derecho a la vida (cfr. art. 3 de la Declaración universal de derechos del hombre), se difunde cada vez más el crimen abominable del aborto. El mismo Santo Padre denuncia la conversión del delito en derecho (cfr. Juan Pablo II, Enc. Evangelium vitae, n. 11).

10. Nos interpela a todos la extrema pobreza de la gran mayoría de las familias en nuestro Continente. El capitalismo salvaje y la dictadura del mercado provocan cada vez más desigualdad entre los hombres y el crecimiento del desempleo. Compartimos el sufrimiento de tantas familias que experimentan la necesidad de emigrar por la falta de oportunidades de trabajo en muchas regiones.

Se requiere crear y mantener una red de solidaridad real, que reconozca en todo hombre a nuestro hermano. Así la globalización será, como propone el Santo Padre, una verdadera globalización humana y humanizante y una auténtica «globalización de la solidaridad» (Juan Pablo II, exhortación apostólica Ecclesia in America, n. 55).

Esta aspiración es compartida por diversas personas de reconocida autoridad en el campo de la política, de la sociología y de la economía.

11. No es verdad que el incremento de seres humanos sea la causa de la pobreza y la miseria. Sabemos que ellas son producto de la injusticia reinante. Esta es la que produce mayor enriquecimiento de los ricos y más empobrecimiento de los pobres. Nunca antes hubo mayor contraste entre riqueza y pobreza. Dentro de este contexto, la víctima principal es la familia. Para los niños, invitados al banquete de la vida, la mayor pobreza es carecer de una familia en la que sean acogidos, amados y educados. La pobreza se agrava sin la familia, y empeora notablemente al no poder tener una familia con una mínima dignidad. La voracidad del poder económico puede llegar a destruir otro elemento esencial de la vida, el equilibrio ecológico de la creación

III. Necesidad de actuar

12. Los políticos y legisladores, no sólo los católicos, son invitados en virtud del sentido mismo de las leyes en pro del bien común, a no dar su voto a proyectos de leyes inicuas. Les pedimos insistentemente que busquen iniciativas creadoras en favor de la familia y de la vida, que se plasmen en lo posible en una legislación orgánica y positiva.

13. El Santo Padre Juan Pablo II (Discurso a la Rota Romana, 28/1/2002), ante el crecimiento de una mentalidad divorcista, invita a una actitud coherente e incluso a la objeción de conciencia ante leyes injustas que, por serlo, no son obligantes. El derecho a la objeción de conciencia es particularmente urgente ante la avalancha de proyectos de ley sobre uniones de hecho en sus diversos niveles, que atentan contra la singularidad del matrimonio.

¿Cómo podría un cristiano, un político o legislador coherente, incluso si no comparte nuestra fe, dar su voto o prestarse para «celebrar» dichas uniones que discriminan de hecho su mundo moral?

14. En nombre de Jesucristo, a quien nosotros reconocemos como único Salvador del mundo, anunciamos el Evangelio de la vida, sin pretender imponerlo. La verdad vale por sí misma y es capaz, por su esplendor, de convencer y seducir a los hombres y mujeres de buena voluntad.

La historia interpela a la humanidad entera en el comienzo del nuevo milenio y urge especialmente a los dirigentes a gestar una sociedad digna del hombre.

Con el Santo Padre Juan Pablo II (Homilía en la Basílica de Ntra. Sra. de Guadalupe, 23/1/1999), concluimos diciendo: «La Iglesia debe manifestarse proféticamente contra la cultura de la muerte. Que el Continente de la Esperanza sea también el Continente de la Vida»


Santo Domingo, 4 de septiembre de 2002 (se ha convenido que esta Declaración se haga pública desde el Vaticano, en la significativa fecha del 12 de octubre de este año).

EL OBSERVADOR 380-8

[SUMARIO] [INICIO]


FIN

 
De acuerdo con las normas internacionales de Propiedad Intelectual y Derechos de Autor, podrá reproducir parcial o totalmente la información, pero siempre citando nuestra fuente. La reproducción de los artículos y/o noticias firmados con Zenit.org-El Observador requieren permiso expreso de zenit.org
La publicación de algún artículo no implica compromiso. Los artículos firmados son responsabilidad del autor.
Los artículos publicados en esta Web son una selección de la edición impresa.
D.R. Clip Art de Querétaro, S. de R.L. de C.V. 1995-2006