El Observador de la Actualidad

EL OBSERVADOR DE LA ACTUALIDAD
Periodismo católico para la familia de hoy
27 de octubre de 2002 No.381

SUMARIO

bullet«Proclamo el año que va desde octubre de 2002 a octubre de 2003 'Año del Rosario'»: Juan Pablo II
bulletCARTAS DEL DIRECTOR - “Tú estás siempre junto a todo sacerdote”
bulletCRITERIOS - Madre Santísima, a ti encomiendo mi futuro y el destino de la Iglesia
bulletSiempre es mejor amar que tener razón
bulletFAMILIA - No soy alcohólico
bulletPINCELADAS - Como el águila
bulletREPORTAJE - El día del demonio, fiesta que también celebra nuestro México
bulletCULTURA - Concilio Vaticano II o la necesidad de reforma en la Iglesia
bulletCOMUNICACIÓN- ¿Cuál es la idea: el televisor para los niños, o los niños para el televisor?
bulletCRÍTICA DE MEDIOS DE COMUNICACIÓN - «Como si fuera Dios mismo el que hablara»
bulletTESTIMONIO - Vittorio Messori: Doctor, mi hijo está muy grave, va a Misa
bulletCUESTIONES DE BIOÉTICA - Aclarando Principios
bulletCONTEXTO ECLESIAL - Rosarium Virginis Mariae

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«Proclamo el año que va desde octubre de 2002 a octubre de 2003 'Año del Rosario'»: Juan Pablo II

Al inicio del año 25 de su pontificado, durante la audiencia general del 16 octubre 2002, el papa Juan Pablo II declaró:

«El centro de nuestra fe es Cristo, Redentor del hombre. María no le ofusca, ni ofusca su obra de salvación. E, invitando a los creyentes a contemplar sin cesar el rostro de Cristo, deseé profundamente que en esta contemplación María, su Madre, sea maestra para todos.

«Hoy quiero expresar este deseo con mayor claridad a través de dos gestos simbólicos. Dentro de poco firmaré la carta apostólica Rosarium Virginis Mariae. Además, junto a este documento, dedicado a la oración del Rosario, proclamo el año que va desde octubre de 2002 a octubre de 2003 'Año del Rosario'. No lo hago sólo porque este año es el vigesimoquinto de mi pontificado, sino también porque se celebran los 120 años del aniversario de la encíclica «Supremi apostolatus officio», con la que el 1 de septiembre de 1883 mi predecesor, el papa León XIII, comenzó la publicación de una serie de documentos dedicados al Rosario. Además hay otro motivo: en la historia de los grandes Jubileos existía la buena costumbre de que, después del año jubilar dedicado a Cristo y a la obra de la Redención, fuera proclamado uno en honor de María, como queriendo implorar de ella la ayuda para hacer fructificar las gracias recibidas».

Cambia su rezo

La carta apostólica que menciona el vicario de Cristo, Rosarium Virginis Mariae, esta dedicada de manera exclusiva a fomentar y entender el rezo del Santo Rosario. Más aún, sostiene que los frutos abundantes que produce tal y como se reza actualmente no impiden «que pueda ser mejorado». Es por ello que hace una serie de propuestas, de manera que el carácter cristológico de este rezo sea más patente. Entre otras, dar fundamento bíblico y mayor profundidad a la meditación mediante la proclamación del pasaje bíblico del misterio que toque contemplar, así como el uso del silencio y el rezo pausado; incluso, cambiar la jaculatoria final por una oración dirigida a alcanzar los frutos específicos de la meditación del misterio.

Pero, sin duda, lo más novedoso es la propuesta de nuevos misterios. A los cinco gozosos, los cinco dolorosos y los cinco gloriosos se añadirían cinco más, llamados «de luz» o «luminosos», y que se refieren a la vida pública de Cristo. De este modo el Rosario competo quedaría integrado por veinte misterios de la fe cristiana.

El nuevo Rosario

Al añadir misterios al rezo del Rosario, la distribución de éstos en la semana sería modificada. Las razones específicas de la elección de los días queda perfectamente explicado en Rosarium Virginis Mariae.

Día de la semana Forma tradicional Propuesta del Papa
LUNES Misterios gozosos Misterios gozosos
MARTES Misterios dolorosos Misterios dolorosos
MIÉRCOLES Misterios gloriosos Misterios gloriosos
JUEVES Misterios gozosos Misterios luminosos
VIERNES Misterios dolorosos Misterios dolorosos
SÁBADO Misterios gloriosos Misterios gozosos
DOMINGO Misterios gloriosos Misterios gloriosos


Los misterios luminosos

1. El bautismo de Jesús en el Jordán.
2. La autorrevelación de Jesús en las bodas de Caná.
3. El anuncio del Reino de Dios invitando a la conversión.
4. La Transfiguración.
5. La institución de la Eucaristía.

EL OBSERVADOR 381-1

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CARTAS DEL DIRECTOR

“Tú estás siempre junto a todo sacerdote”
Por Jaime Septién


La frase del título pertenece a la oración final del documento que ha sacado esta semana la Congregación para el Clero, con el nombre de “El presbítero, pastor y guía de la comunidad parroquial”. Recomiendo a todos los señores párrocos su lectura. Y a los laicos su meditación reflexiva. Lo digo porque esta instrucción vaticana salió a la luz justo en el momento en que eran devueltas por la Santa Sede, para su revisión, las normas aprobadas por el episcopado de EU en junio pasado para afrontar los casos de sacerdotes que han abusado sexualmente de menores.

Roma no dio su reconocimiento inmediato a estas normas porque vio en ellas ambigüedades y contradicciones. Las reacciones que la prensa dedicó a este episodio fueron lapidarias: “Da el Papa revés a la Iglesia de EU”, encabezó el REFORMA. Por su parte, anticlerical pero conocedor del terreno que pisa, EL PAÍS, español, propuso este titular: “El Vaticano frena la 'purga' lanzada por los obispos de EU contra la pederastia”. En las dos hay mala leche, pero la de REFORMA, además, es ignorante.

Yo, como casi todos los lectores, me fui con la finta. Las dos cabezas periodísticas influyeron, rápidamente, para que formulara el comentario interno: “una vez más, la burocracia romana…”. Y con esa idea me hubiera ido a la cama si antes no hubiera leído la instrucción sobre el presbítero a la que hice mención líneas arriba. Caí en la cuenta de dos cosas:

1. La Iglesia no es una burocracia pazguata y acomodaticia, sino la misma barca de Pedro, que navega mar adentro, hacia las aguas profundas del Amor de Cristo.

2. La Iglesia es madre de humanidad y, como tal, no tiene por qué regirse de acuerdo con los cánones policiacos estilo “cero tolerancia”, desacreditando el perdón.

Los párrocos –esos que han sido señalados como hostigadores, sin distinción y sin freno—son el alma de nuestra Madre. En ellos Cristo se hace presente.

Yo sé que hay malos párrocos. Pero los hay santos: ¡y son la mayoría! ¿Por qué, se pregunta la Santa Sede, por unos cuantos malos se les va a quitar a los buenos párrocos sus derechos más fundamentales? ¿Cuántos casos no se han dado de sacerdotes acusados injustamente, sin preservar la presunción de su inocencia? ¿No existe, acaso, una ley universal de la Iglesia?

En fin, entiendo con claridad —y con tristeza— que la mayoría de los católicos nos vamos a quedar con que El Vaticano (o el Papa, según REFORMA) no quiere a los niños, víctimas de abusos sexuales por sacerdotes pederastas. Para los que deseen saber lo que es el párroco para Roma (y para el Papa) lean esta instrucción pastoral (en zenit.org, o pídanla en EL OBSERVADOR). Y saquen conclusiones. Verán cómo María está al lado de ellos.

EL OBSERVADOR 381-2

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CRITERIOS

Madre Santísima, a ti encomiendo mi futuro y el destino de la Iglesia


El miércoles en que celebró sus 24 años de pontificado, el papa Juan Pablo II dedicó su audiencia general a la presentación de la la carta apostólica dedicada a la oración del Rosario: Rosarium Virginis Mariae. También en ella declaró el Año del Rosario.

«Durante mi reciente viaje a Polonia —dijo—, me dirigí a la Virgen con estas palabras: 'Madre santísima [...], obtén también para mí las fuerzas del cuerpo y del espíritu, para que pueda cumplir hasta el fin la misión que me ha encomendado el Resucitado. En ti pongo todos los frutos de mi vida y de mi ministerio; a ti encomiendo el destino de la Iglesia [...]; en ti confío y te declaro una vez más: Totus tuus, Maria! Totus tuus. Amén'. Hoy repito estas mismas palabras, dando gracias a Dios por los 24 años de mi servicio a la Iglesia en la Sede de Pedro. En este día particular, pongo nuevamente en las manos de la Madre de Dios la vida de la Iglesia y la vida tan convulsionada de la humanidad. A ella le confío también mi futuro. Pongo todo en sus manos para que con amor de madre lo presente a su Hijo.

«El centro de nuestra fe es Cristo, Redentor del hombre. María no le ofusca, ni ofusca su obra de salvación. Tras la asunción en cuerpo y alma al Cielo, la Virgen, quien fue la primera en experimentar los frutos de la pasión y de la resurrección de su propio Hijo, nos conduce de la manera más segura a Cristo, fin último de nuestro obrar y de toda nuestra existencia. Por este motivo he invitado a los creyentes a contemplar sin cesar el rostro de Cristo, y que en esta contemplación María, su Madre, sea maestra para todos.

«Al repetir la invocación del Avemaría, podemos profundizar en los acontecimientos esenciales de la misión del Hijo de Dios sobre la tierra, que nos han sido transmitidos por el Evangelio y por la Tradición.

«¿Hay acaso un medio más adecuado que el Rosario para la exigente pero extraordinariamente rica tarea de contemplar el rostro de Cristo con María?».

EL OBSERVADOR 381-3

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Siempre es mejor amar que tener razón
Por el Pbro. Prisciliano Hernández Chávez, O.R.C.


No se trata de una propuesta irracionalista, antitética e indigna del ser humano, en la condición de la persona en cuanto tal, tan en boga por cierta filosofía existencial de quien se ha encerrado a cal y canto en el escepticismo emocional. Por el contrario, esta libre opción hunde sus raíces en el más puro cristianismo: «Amaos como Yo os he amado», programa, camino y verdad de Jesús. Es la suprema motivación del Dios Comunión Tripersonal, del Dios que es Amor: «siempre es mejor amar que tener razón».

La vida se desgasta a veces en discusiones inútiles. El hogar no es hogar cuando no se oferta el banquete de la mutua caricia, sino campo minado de batalla.

¿Qué esperar del mundo donde se atrincheran las naciones, las etnias y los partidos a fuer de tener razón cada cual en orden a imponer sus motivos, ayunos de amor, cargados de odios, de ideologías facciosas esclavizantes o de historias resentidas?

El amor oblativo y generoso es el secreto de los santos; son canonizados en virtud de haber vivido la caridad eminente, la cual es la forma de todas las virtudes, lo que determina que cualquier virtud sea tal, precisamente por ella.

Martín Luther King nos ofrece unas palabras que cimbran el alma: «Podéis hacer lo que queráis, pero nosotros seguiremos amándoos... Lanzad bombas contra nuestras casas, amenazad a nuestros hijos y, por difícil que sea, os amaremos también. Enviad, en las tinieblas de la medianoche, a vuestros sicarios a nuestras casas, golpeadnos y aun estando moribundos os amaremos. Enviad a vuestros propagandistas por todo el país para decir que no estamos culturalmente, ni de ningún otro modo, preparados para integrarnos en la sociedad, y os seguiremos amando. Pero llegará un día en que conquistaremos la libertad, y no sólo para nosotros: os venceremos a vosotros y conquistaremos vuestro corazón, y vuestra conciencia, y de este modo nuestra victoria será doble».

Por eso ni Solórzano, ni Blancarte, ni Carranco, ni López Dóriga, por muy ilustrados y razonables que sean, pueden hacernos mejores; a lo más abonan la parcialidad de la esquina reduccionista, mediocre y, por ende, miope. La totalidad exige abrazar al mundo, tener además de la razón razonante, el rajamim de Dios, las entrañas de una madre que van al núcleo de la persona; ahí donde se dinamiza la estructura originaria de la persona en la autocomunicación; ahí donde «la comunicación con el tú es comunión contigo en el ser», como nos dice el P. Laín Entralgo, en el ámbito de la solidaridad ontológico-humana, en la mismidad de la persona interpersona.

Si se oyen los tambores de guerra y los políticos la aprueban con silogismos en bárbara, celarent, darii o ferio , bien valdría la pena recordarles que la seguridad y el futuro del mundo no se construyen con el odio, el resentimiento o la indiferencia, la razón enciclopédica o la gnosis, con el ex alcalde de Nueva York o el garrote vil o de Bill o de Bin. Edificar la Ciudad de los Humanos requiere un poco más que lógica aristotélica o de simple casus belli. El verdadero desafío a los seguidores de Osama Bin Laden que existen en las diversas razas, ideologías y partidos, seguirá siendo el reto de Jesús: «Amaos como Yo os he amado», que los rumores de guerra o las bombas... pues es mejor amar que tener razón. Sólo así se construye la Civilización del Amor, la civilización del futuro. Si no, simplemente no seremos.

EL OBSERVADOR 381-4

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FAMILIA

No soy alcohólico


Eso dije mil veces. ¿Mil? ¡Muchas más! ¿Cómo se atrevían a decir que lo era? Jamás falté a mi trabajo a causa del alcohol, siempre di a mis hijos todo cuanto necesitaron en lo material, nunca tuve un accidente, ni una vez me puse tan mal que tuvieran que llevarme al hospital. Es más, siempre llegué a mi casa; de madrugada, pero llegué. Mi madre, mi esposa, mi mejor amigo y hasta mi suegra insistían en que yo lo era, pero yo les demostraba que no era así dejando de tomar un tiempo. «¿Ya ven? —les decía— Si fuera alcohólico no podría dejar de beber». Y, seguro de no serlo, retomaba el trago. Me relajaba, me divertía, me ayudaba a alejarme de mis problemas. ¿Qué mal podía haber en eso? ¿No tenía yo derecho a pasar mi tiempo libre como mejor me pareciera?

Las quejas de siempre

Permítanme exponer las quejas de mi esposa, que ahora veo muy lógicas, pero entonces me parecían exageraciones. No entendía por qué tanto pleito a causa de mi forma de beber. «Lo que pasa es que tú haces tormentas en un vaso de agua, te gusta atormentarte y atormentarme, tú no quieres ser feliz», le decía yo. Pero, bueno, van las quejas:

-Cuando tomas, eres odioso. Te enojas por cualquier cosa, eres hiriente en tus comentarios, cínico en tus apreciaciones. Eres injusto. Nos lastimas a mí y a nuestros hijos, nos insultas y no le das importancia al asunto.

-Cuando tomas, eres desconsiderado. No te importa el tiempo de los demás, ni dar molestias, ni cambiar los planes de los demás.

-El ambiente se vuelve tenso. Cuando te tardas en llegar, enseguida pensamos que te fuiste a tomar. Y estamos nerviosos esperando a ver cómo llegas y si llegas, porque nos asusta pensar también que pudieras tener un accidente. Cuando por fin llegas, si bebiste, sabemos que cualquier cosa te puede hacer estallar. Tenemos miedo de hablar, de movernos, de hacer cualquier cosa.

-Sabemos también que en esas condiciones no es posible hablar serenamente contigo y que no nos ofreces ningún razonamiento lógico. Es como perderte, o perder una parte de ti.

-A causa del alcohol, hemos perdido como familia valiosas oportunidades de intimidad, de convivencia, de relaciones sociales y de diversión. Para ti siempre es más importante la oportunidad de beber.

-Lejos de ganar el respeto de tus hijos, les provocas miedo. Y cuando no te das cuenta, se burlan. Imitan tu paso zigzagueante y tu voz pastosa. Se ríen de la imagen que les ofreces cuando te quedas dormido en el sillón o en la taza del baño. Y de tu aspecto al día siguiente de la borrachera. Y de las muchas veces que haces el ridículo y ni siquiera te das cuenta. Francamente, yo no veo cómo, en base a qué, exigirles que te respeten.

-Cuando has bebido, físicamente te vuelves repugnante. Tu olor, tu aliento, tu mirada, tu piel, todo me aleja de ti. Si quieres intimidad y te rechazo, te enojas sin tratar siquiera de entender lo que siento.

Ahora que escribo esas razones, entiendo. La vida matrimonial y la familiar está hecha de pequeños detalles, de un sinfín de hechos cotidianos. Yo pensaba que no era grave lo que hacía, en verdad creía que no era para tanto. Casi de la mano, mi esposa me llevó a un grupo de Alcohólicos Anónimos. Fue peor. Más me convencí de que yo no era alcohólico. Mi vida nada tenía que ver con la de las historias que contaban esas personas.

Si bebes, haces daño y si reincides, eres alcohólico

Una madrugada encontré mis maletas en la puerta. Ya me había dicho mi mujer que quería que nos separáramos, pero no la tome en serio. Aquella vez toqué, hice un escándalo y no me abrió. Me fui a un hotel, profundamente herido en mi dignidad, así lo sentía. Quiso el destino, mejor dicho, quiso Dios que por esos días me encontrara con un hombre que conocí en aquella fallida —para mí— sesión en doble A. Y por primera vez en mi vida me abrí sinceramente con alguien acerca de mi problema. Para mi sorpresa, él me dijo que su situación había sido similar. Tenía éxito en su trabajo, jamás había fallado en él a causa del alcohol. Tampoco había tenido problemas de salud. Él no se enojaba ni se volvía hiriente como yo, lo que hacía era ser infiel a su esposa: tenía relaciones sexuales con otras mujeres, la mayoría de las cuales jamás volvía a ver. Tal vez ni las reconocería al día siguiente en la calle. Alguien le dijo, y él me lo dijo a mí, que si cada vez que bebía hacía cosas que le hacían daño a él, a su pareja, a su familia y a otras personas, si hacía cosas que luego lamentaba, y las repetía cuando bebía nuevamente, y aun así volvía a beber, entonces tenía un problema de alcoholismo. «Mientras no lo reconozcas —me dijo— seguirás haciéndote daño y lastimando a quienes más quieres. Hoy puede ser el primer día de una vida feliz para ti y los tuyos, pero necesitas tener el valor de afrontarlo».

Lo hice. Fue el reconocimiento más difícil que he hecho jamás de mí mismo y ante mí mismo. Pero aquel hombre tenía razón. Ese fue el primer día de una vida feliz con mi mujer —quien tuvo la generosidad de perdonarme—, con mis hijos y conmigo mismo. Y yo sigo, lo más fielmente que puedo, el programa de doce pasos de Alcohólicos Anónimos. Han sido mi salvación.

EL OBSERVADOR 381-5

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PINCELADAS

Como el águila
Por Justo López Melús


La persona amada y el amante deben hacerse transparentes, diáfanos, para que su amor pueda ascender hacia el Amor Supremo. Así, amante y persona amada se remiten mutuamente a la trascendencia. Van der Meer, ordenado sacerdote después de la muerte de su esposa Cristina, le decía un día: «Cuando mirábamos juntos, en la misma dirección, mirábamos a Dios. En esto consistía el milagro de nuestro amor».

Amante y persona amada deben superarse, tender siempre a metas más altas, para lanzarse desde allí a vuelos infinitos. Deben elevarse para trascender. Como el águila. El águila no levanta bien el vuelo desde el suelo. Debe subir hasta una peña o la rama de un árbol. Desde allí se lanza a las estrellas.

EL OBSERVADOR 381-6

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REPORTAJE

El día del demonio, fiesta que también celebra nuestro México


Sería una ilusión creer que los cultos de origen demoniaco sólo los practican los miembros de las iglesias satánicas. México, por una lamentable falta de identidad, se ha apresurado a copiar a Estados Unidos en su más descarado culto al mal. Nuestros jóvenes, con sus fiestas de disfraces, y los niños, pidiendo, como auténticos limosneros, dinero o dulces por las casas —todo esto, claro, con el beneplácito de sus papás y el regocijo económico de los comerciantes—, de manera consciente o inconsciente, se adentran la víspera de Todos Santos en el mundo de las tinieblas.

El halloween está reconocido ritualmente como el día del demonio.

La celebración tiene un origen pagano, trescientos años antes de Cristo, en Europa, dentro de la civilización de los celtas y, más específicamente, de los ritos de los sacerdotes druidas, que invocaban a “Samhain”, dios de los muertos, y se invitaba a los malos espíritus a reunirse para examinar los acontecimientos del futuro y visitar sus antiguos hogares en la tierra. Esta fiesta, que se celebraba muy posiblemente entre el 5 y el 7 de noviembre, era conocida como «el festival de la muerte», y con ella se iniciaba el año celta.

Los sacerdotes druidas iban de casa en casa exigiendo toda clase de alimentos extraños para su propio consumo y como ofrenda para “Samhain”. Si la gente del pueblo no les daba los alimentos que ellos exigían, éstos les echaban un hechizo sobre sus casas.

La calabaza

Los druidas llevaban consigo un nabo hueco por dentro y con una cara grabada en la parte frontal, que representaba a un espíritu diabólico.

El nabo estaba iluminado por una vela dentro de él, que era usado como linterna cuando iban de casa en casa por la noche. Cuando esta práctica llegó a Estados Unidos los nabos no eran tan abundantes, pero lo sustituyeron por un vegetal nativo: la calabaza.

El origen de la fiesta de Todos los Santos

En el siglo VII el papa Bonifacio IV instituyó en Roma la fiesta en honor de Todos los Santos, que había de celebrarse el 13 de mayo; pero fue el papa Gregorio III quien la cambió de fecha al 1º de noviembre, que era el día de la «dedicación» de la capilla de Todos los Santos en la basílica de San Pedro. Más tarde, en el año 840, el papa Gregorio IV ordenó que la fiesta de «Todos los Santos» se celebrara universalmente.

Se forma la palabra «halloween»

Como toda fiesta mayor, la festividad cristiana de Todos los Santos inicia en la «vigilia». Dentro de la cultura anglosajona se tradujo al inglés como: All Hallow´s Even (Vigilia de Todos los Santos). Con el paso del tiempo su pronunciación fue cambiando primero a All Hallowed Eve, posteriormente cambio a All Hallow Een para terminar en la palabra que hoy conocemos: Halloween.

Por otro lado ya desde el año 998 san Odilo, abad del monasterio de Cluny, en el sur de Francia, había añadido la celebración del 2 de noviembre,como una fiesta para orar por las almas de los fieles que habían fallecido, por lo que fue llamada fiesta de los «Fieles Difuntos».

Un añadido: los disfraces

Europa sufrió durante un largo tiempo la peste bubónica (también conocida como la “muerte negra”). Esto creó un gran temor a la muerte. Se multiplicaron las Misas en la fiesta de los Fieles Difuntos y nacieron muchas representaciones satíricas que le recordaban a la gente su propia mortalidad. Los franceses, en la víspera de la fiesta de los Fieles Difuntos, adornaban los muros de los cementerios con imágenes en las que se representaba al diablo guiando a una cadena de gente hacia la tumba. De estas representaciones con disfraces se fue estableciendo la costumbre de caracterizarse durante estas fechas.

Obsequio o truco: protestantes contra católicos

La tradición del “obsequio o truco” (Trick or Treat) tiene su origen, además de las exigencias de los sacerdotes druidas, en la persecución que hicieron los protestantes en Inglaterra (1500-1700) contra los católicos. Los católicos no tenían derechos legales, eran acosados con multas, impuestos y hasta cárcel. Celebrar Misa era una ofensa capital, y cientos de sacerdotes católicos fueron martirizados.

Entonces un levantamiento entre católicos quiso asesinar al rey Jaime I, utilizando pólvora. Pero el intento fue descubierto cuando el que cuidaba la pólvora fue capturado y ahorcado. Esto muy pronto se convirtió en una gran celebración en Inglaterra. Muchas bandas de protestantes, ocultos con máscaras, celebraban esta fecha (los primeros días de noviembre) visitando a los católicos de la localidad y exigiéndoles cerveza y comida para su celebración, amenazándolos.

El día más importante del satanismo

Los grupos neo paganos, satanistas y ocultistas han tomado el 31 de octubre como la fecha más importante de su calendario. De hecho, es la víspera del año nuevo para la brujería.

Los hijos y la «noche de brujas»

Algunos padres de familia, aun conociendo el origen siniestro del halloween (más conocido en México como «Noche de brujas»), no se deciden a prohibir a sus hijos participar en esta fiesta de la oscuridad mientras que sus amiguitos se “divierten”. Los principales argumentos para hacerse de la vista gorda son: 1) Los niños son inocentes, no se dan cuenta. 2) Es que es una actividad de la escuela. 3) Es que ya tiene su disfraz. 4) Es que el pobrecito tiene mucha ilusión. 5) Es que todos los de la calle van a ir.

¿Pero se vale que, en aras de la diversión, nuestros niños vayan a molestar a los vecinos, exijiendo dulces a cambio de no hacerles un daño (estropear muros, romper huevos en las puertas, etc.? ¿No sería esto aceptar que, por lo menos una vez al año, se puede hacer el mal al prójimo? ¿Acaso no va esto en contra de lo que enseña Jesucristo?

¿Qué hacer entonces? Aquí hay varias opciones:

· Organizar una catequesis con los niños en los días anteriores al halloween para enseñarles el por qué de la festividad católica de Todos los Santos y los Fieles Difuntos, haciéndoles ver la importancia de celebrar a nuestros santos como vencedores de la fe.

· Explicarles de manera sencilla y clara, pero firme, lo negativo que hay en el halloween. Es necesario explicarles que Dios quiere que seamos buenos y que no nos identifiquemos ni con las brujas ni con los monstruos, pues nosotros somos hijos de Dios.

· Si los niños no se resignan a quedarse en casa la noche del halloween, organizar con los hijos y sus amigos una celebración diferente: que se disfracen de ángeles y preparen pequeñas bolsas con dulces; que vayan de casa en casa, y en lugar de hacer el “obsequio o truco” o de pedir dulces o dinero, regalarlos a los hogares que visiten y que expliquen que entregan dulces porque la Iglesia católica tendrá muy pronto una fiesta muy importante en la que se celebra a todos aquellos que fueron como nosotros deberíamos ser: los santos.

Aunque este cambio no será sencillo para los niños, es necesario vivir congruentemente con nuestra fe, y no permitir que los más pequeños tomen como algo natural toda la connotación negativa del halloween. Con valor y sentido cristiano, los católicos podemos dar a estas fechas la verdadera connotación que tiene en el marco de nuestra fe.

(Fuente: buzoncatolico,com)

EL OBSERVADOR 381-7

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CULTURA

Concilio Vaticano II o la necesidad de reforma en la Iglesia
Por Rodrigo Guerra López


Ecclesia semper reformanda, la Iglesia está siempre necesitada de reforma. Una dimensión esencial del cristianismo precisamente es la conversión permanente tanto de los individuos como de la comunidad en su conjunto. Sin embargo, la palabra “reforma” inmediatamente genera inquietud: en algunos ambientes tras este concepto se colocan los deseos del cambio total para lograr un ajuste eclesial de acuerdo con el paradigma filosófico de moda. En otros espacios la sola mención de esta noción genera temores debido a que es más cómodo permanecer sin cambios, sin cuestionarse a sí mismos.

Tanto los cristianos “de avanzada” como los cristianos ultraconservadores deforman grandemente la necesidad de la reforma permanente de la Iglesia. En ambos casos los criterios fundamentales de reforma eclesial tienden a olvidarse o a darse por supuestos. Si bien estos criterios pueden enunciarse bajo diversas formas, hoy podemos encontrarlos reunidos y expresados formalmente en el concilio Vaticano II.

Es realmente sorprendente la sintonía que se encuentra entre los mencionados cristianos “de avanzada” y los ultraconservadores: ambas posiciones, aparentemente en pugna, coinciden en creer que no necesitan de nadie más que de sí mismos para estar en la verdad. El cambio lo requieren “los otros”, la revisión doctrinal y práctica la necesita “el contrincante”, es decir, en ambas posiciones se elude sistemáticamente la conversión personal y comunitaria “en primera persona”.

La Iglesia, muy por el contrario, a través del concilio Vaticano II busca ofrecer un amplio programa para mantener la fidelidad a Cristo y a la humanidad revelada en Él. Este magno acontecimiento eclesial no es el punto de partida de un cambio total ni el parapeto para afianzarse en el inmovilismo. El Concilio continuamente desafía a los cristianos en su modo de concebirse como miembros de la Iglesia, en su manera de relacionarse con el mundo, en la apertura y disponibilidad para el diálogo interreligioso y ecuménico, en su docilidad a seguir la Palabra de Dios, etc.

De las muchas maneras como podemos evaluar nuestra asimilación de la letra y del espíritu del Concilio, escogemos una que nos parece provocadora y que se encuentra en la constitución Gaudium et spes: “Cristo, el nuevo Adán (...) pone de manifiesto plenamente al hombre ante sí mismo y le descubre las sublimidad de su vocación.” Esto podría parecer una expresión puramente “teórica”. Sin embargo, no lo es. La dimensión práctica de esta verdad se encuentra cuando nos preguntamos qué tanto nos preocupamos por asumir y abrazar todo lo humano para mostrarle a lo humano su plenitud en Cristo. Dicho de otro modo: ¿Acogemos como Iglesia a todos (¡todos!) con igual alegría y calidez? ¿Participamos como Iglesia en todos (¡todos!) los escenarios: científicos, culturales, económicos y políticos? ¿Ofrecemos la verdad y la misericordia de Jesús como propuesta al momento de juzgar al mundo y actuar con eficacia en él?

La Iglesia no sólo es “experta en humanidad” al mostrar su amplia capacidad asistencial sino, fundamentalmente, al mostrar que la gracia la impulsa a no estar ausente en ningún tema, en ningún problema, en ningún asunto. En este terreno sacerdotes, consagrados y fieles laicos necesitamos hacer una revisión profunda. Todos necesitamos mirar que la reforma que hoy necesita la Iglesia comienza por uno mismo y posee como programa el ambicioso itinerario pastoral y espiritual ofrecido en el concilio Vaticano II. La automarginación de los cristianos de una gran cantidad de ambientes y desafíos —señalada por los obispos mexicanos en la carta Del encuentro con Jesucristo a la solidaridad con todos— es un grave pecado de omisión que urge una nueva actitud más confiada en la gracia, más sólida en sus fundamentos, más enamorada de todo lo humano, y más arriesgada y valiente.

E-mail: guerrar@infosel.net.mx 

EL OBSERVADOR 381-8

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COMUNICACIÓN

¿Cuál es la idea: el televisor para los niños, o los niños para el televisor?
Por María Velázquez Dorantes


Hoy día los padres de familia deben reflexionar sobre algo muy moderno que en casi todos los hogares habita, del cual muchos hacemos uso pero, en especial, los niños. No es tan difícil de descifrar que el tema a debate es la televisión.La cuestión es: ¿ellos la utilizan o ella los utiliza?

Un aparato que ha modificado en gran parte las costumbres y los buenos hábitos que un niño necesita durante su crecimiento. Es muy fácil que el niño llegue de la escuela, coma y, después, se siente frente al televisor hora tras hora, y que deje a un lado las actividades recreativas e imaginarias que lo lleven un desarrollo mejor.

La televisión ha sido un poderoso avance tecnológico, y oponerse a su uso sería equivocado porque también es un medio con grandes ventajas.

El problema es el tiempo que un niño está frente al televisor (se habla de unas cuatro horas diarias). ¿ Qué provoca está situación? Un niño en su etapa de crecimiento necesita desenvolver aspectos fundamentales para su desarrollo psíquico y físico. Con tantas horas frente al televisor está desechando actividades de comunicación, aprendizaje, de interacción con sus padres y actividades motrices, cuya falta lo aísla dentro de una esfera, tan cristalina y opaca a la vez, que le impide sociabilizar con su entorno.

Es importante mencionar que los niños menores de 7 años no distinguen entre la fantasía y la realidad; por lo tanto, esas dos cosas toman el grado de ser iguales para ellos.

El lenguaje oral conjugado con la imagen produce tal efecto psicológico que capaz de modificar aptitudes y actitudes.

Es posible que el adulto comprenda que el hombre araña no trepa los edificios; pero un niño que lo está viendo no va distinguir ese hecho, no sabrá que es una paradoja lo que la televisión le está mostrando. Es una triste realidad saber que la televisión abierta de México padece de escasez cultural y educativa para los niños. Su fin central y por el cual se preocupan es la mercantilización.

Los niños adquieren roles ficticios, creen saber volar, hablan de guerra, de héroes invencibles, de batallas. ¿Por qué? Porque sólo les están proyectando violencia, generando historias superficiales. Sólo con el paso del tiempo tomarán conciencia de la distinción entre realidad y fantasía; mientras tanto, existe la adicción al televisor.

El televisor se ha convertido en la instructora y niñera pacífica: los toma y los coloca frente a él, los vigila, los mantiene atentos, de forma silenciosa. Los niños son “ cuidados “ por un aparato electrónico que los mantiene en casa. ¿Pero dónde se encuentra la formación? ¿Qué le provee de enseñanza, y valores? ¿Cómo los educa? ¡Con historias que no tienen contenido, alejados de sus padres, y estos no pueden ayudarlos a comprender lo que están viendo! Sería extremista decir que los niños se vuelven violentos porque les están inyectando violencia en la mente; pero es realista decir que, ante la violencia inyectada, se vuelven insensibles.

La televisión es la arena movediza que te puede atraer hacia ella y consumirte. Pero también tú mismo alejarte y saber cuándo esa arena ha dejado de ser peligrosa. La televisión para los niños puede convertirse en enseñanza práctica, en formación de valores, con programas educativos que los promuevan y les estimulen el conocimiento, el aprendizaje de nuevos idiomas, nuevas creatividades, etc. La definición de que la televisión es buena o es mala va de acuerdo con el criterio que se va formando en el seno familiar, en la ideología y cultura que se tiene y se transmite. Y en lo que se desea ver y escuchar.

EL OBSERVADOR 381-9

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CRÍTICA DE MEDIOS DE COMUNICACIÓN

«Como si fuera Dios mismo el que hablara»
Por Santiago Norte


Fue absolutamente inusitada la manera como el presidente Fox y el secretario Creel sacaron adelante el nuevo Reglamento de la ley federal de radio y televisión, y el decreto que redujo el tiempo destinado a la publicidad o la comunicación social del gobierno mexicano en la radio y la televisión.

Atrás quedaron las miles de horas de trabajo que algunos legisladores y organizaciones sociales venían celebrando para llegar a acuerdos sobre una ley y un decreto que ya no servían para nada al país y que debían ser mejorados. ¿A quién si no a los industriales estaban dedicadas estas modificaciones, toda vez que se hicieron en la mismísima convención anual de la Cámara Nacional de la Industria de la Radio y la Televisión? La “roqueseñal” de alguno de los concesionarios fue evidencia del triunfo que obtuvieron al tener que ceder menos tiempo al gobierno y no ver modificado el marco reglamentario sobre el cual operan. Tampoco tener que pagar impuestos para financiar la comunicación pública, como sucede en países verdaderamente democráticos.

La cuestión toral, la de la concesión, quedó sin tocar. Sigue siendo ésta un amarre de poder entre el Presidente (y su partido) con la herramienta que gana las elecciones: la comunicación electrónica. Más en un país donde nadie lee. La maniobra tiene un claro contenido político, de cara al 2003 y, ¿por qué no?, al 2006, con Creel a la cabeza. Queda claro que existe una obsesión industrialista de la actual administración federal, en donde los buenos son los del dinero y los malos, los demás. Un poco lo que pasaba con el populismo ramplón del PRI, donde los buenos eran los de la lealtad a las instituciones, y los malos los industriales y los intelectuales críticos del sistema.

Con la reducción de la capacidad de comunicar del Estado, la industria queda dueña y señora de todo el pastel. Con la retirada de su presencia, el Estado le allana el camino a la comercialización total del espacio televisivo a los industriales del ramo.

Sir Karl Popper dijo en alguna ocasión: “Una democracia no puede existir si no se somete a control la televisión” que “se ha convertido en un poder político colosal, potencialmente, se podría decir, el más importante de todos, como si fuera Dios mismo quien hablara”. Se supone que los mexicanos dejamos en claro el 2 de julio de 2000 que nos interesaba vivir en una democracia. Pero, al parecer ese mensaje no llegó tan claro a las nuevas autoridades políticas que han dejado sin control ninguno a la televisión.

EL OBSERVADOR 381-10

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TESTIMONIO

Vittorio Messori: Doctor, mi hijo está muy grave, va a Misa


Vittorio Messori, periodista italiano de 56 años, es conocido internacionalmente por haber entrevistado a Juan Pablo II en Cruzando el umbral de la esperanza, y al cardenal Ratzinger en Informe sobre la fe. Pero, en contra de lo que pudiera pensarse, no ha sido precisamente un «católico de toda la vida».

«Nací en plena guerra mundial, en la región quizá más anticlerical de Europa: en la Emi-lia, zona del antiguo Estado pontificio, la del don Camilo y Peppone (el cura de pueblo y el alcalde comunista) de Guareschi. Mis padres no estaban precisamente de parte de don Camilo y, aunque vivían de verdad unos valores —apertura, acogida, generosidad, etc.—, desde pequeño me inculcaron la aversión, no al Evangelio o al cristianismo, sino al clero, a la Iglesia institucional. Me bautizaron como si fuera una especie de rito supersticioso, sociológico, pero después no tuve ningún contacto con la Iglesia.

«Acabada la guerra, mis padres se trasladaron a Turín, la mayor ciudad industrial italiana, cuna del marxismo italiano —de Gramsci, Togliatti y otros dirigentes comunistas—, en la que los católicos hace tiempo que son minoría. Asistí allí a un colegio público, donde no se hablaba de religión más que para inculcarnos el desprecio teórico hacia ella. Obligada por el Concordato había, sí, una clase semanal de enseñanza religiosa, pero casi ninguno la tomaba en serio y yo, en concreto, eludía la asistencia con las más variadas excusas. O sea que si por mi familia estaba imbuido de anticlericalismo pasional, la escuela llovió sobre mojado al enseñarme la cultura del iluminismo, del liberal-marxismo».

Acabado el bachillerato, eligió como carrera universitaria la de Ciencias Políticas. Pertenecía a la famosa generación del 68, y convirtió la política en su pasión. «Decía el teólogo protestante Karl Barth que 'cuando el cielo se vacía de Dios, la tierra se llena de ídolos'. Para mí el cielo estaba vacío, y uno de los ídolos que llenaba la tierra era precisamente la política. Era para mí una auténtica pasión. Estaba muy comprometido con los partidos de izquierda».

Se da cuenta con el tiempo de que la política no podía proporcionarle las respuestas sobre el sentido de la vida. «Sin embargo, aun consciente de esas carencias de la política, a la vez estaba convencido de que no podría encontrar respuestas fuera de ella, precisamente porque formaba parte de los que rechazaban el cristianismo sin tomarse la molestia de conocerlo. Pensaba que cualquier dimensión religiosa pertenecía a un mundo pasado, al que un joven moderno como yo no podía tomar en serio. (...) El Evangelio era para mí un objeto desconocido: nunca lo había abierto, pese a tenerlo en mi biblioteca, porque pensaba sin más que formaba parte del folklore oriental, del mito, de la leyenda.

«Pero un día sucedió... Llegamos a un punto en que me es difícil hablar... por pudor. André Frossard, colega y amigo mío, entró un día en una iglesia católica en Francia y de la misma salió convertido. Mi proceso no es tan clamoroso. Pero un tipo semejante de experiencia mística, no tan inmediata sino diluida en el arco de dos meses, también la he vivido yo. Mi hallazgo de la fe fue muy protestante. Fue un encuentro directo con la misteriosa figura de Jesús, a través de las palabras griegas del Nuevo Testamento. No vi luces, ni oí cantos de ángeles. Pero la lectura de aquel texto, hecha probablemente en un momento psicológico particular, fue algo que todavía hoy me tiene aturdido. Cambió mi vida, obligándome a darme cuenta de que allí había un misterio, al que valía la pena dedicar la vida.

«La situación que se creó fue todo un drama para mí. De inmediato me vino un gran consuelo, una gran alegría, pero a la vez un miedo terrible, por varios motivos. Por una parte, me di cuenta de que mi vida debía cambiar, sobre todo en la orientación intelectual. (...) Me hacía sufrir especialmente el que, si mi familia se enteraba de lo que me sucedía, me echasen de casa. De hecho, cuando mi madre supo que asistía a Misa a escondidas, telefoneó al médico y le dijo: 'Venga, doctor. Mi hijo padece una fuerte depresión nerviosa'. '¿Qué síntomas tiene?', preguntó el médico. Y mi madre le contestó: 'Un síntoma gravísimo: he descubierto que va a Misa'. Esto da idea del clima que se vivía en mi familia y de lo mucho que podía afectarme.

«Otro ingrediente del drama era una especie de choque entre dos posturas que yo entendía como contrapuestas. Por un lado, algo me hacía ver que en el Evangelio estaba aquella verdad que había buscado. Se trataba de una experiencia del Evangelio como 'encuentro', no sólo como palabra, valor, moral o ética. Para mí, el Evangelio no es un libro, sino una Persona. Era la experiencia de un encuentro fulgurante, consolador y, a la vez, inquietante. Inquietante también porque entonces yo me sentí como aquejado por una especie de 'esquizofrenia'. Se trataba de la disociación entre la intuición que me había hecho entender que allí, en el Evangelio, estaba la verdad, y mi razón, que me decía: No, es imposible, te equivocas.

«Desde entonces, todo lo que he hecho y los muchos miles de páginas que he escrito, en el fondo no obedecen más que al intento de vencer esa esquizofrenia, procurando dar respuesta a esta pregunta: ¿Se puede creer, se puede tomar en serio la fe, puede un hombre de hoy apostar por el Evangelio? Todo ha girado en torno a la fe, a la posibilidad misma de creer.

«Ha sido una aventura solitaria —siempre he sido un individualista—, en la que me guió Pascal: un hombre de hace 300 años, también laico convertido, que razonaba como yo, que no quería renunciar a la razón y que, antes de rendirse a la fe, deseaba agotar todas las posibilidades. Él me ayudó a descubrir esa nueva Atlántida personal. He hablado de aventura solitaria y de mi individualismo, pero también digo siempre que no soy un 'católico del disenso'. Al contrario, soy un 'católico del consenso'. Y es que, en la lógica de la Encarnación, no sólo juzgo legítimo al Vaticano, a la Iglesia institucional, sino que la considero necesaria, indispensable.

«¿Cuándo decidí aceptar la Iglesia? Cuando, al reflexionar sobre el Evangelio para intentar conocer mejor el mensaje de Jesús, me di cuenta de que el Dios de Jesús es un Dios que quiso necesitar a los hombres, que no quiso hacerlo todo solo, sino que quiso confiar su mensaje y los signos de su gracia —los sacramentos— a una comunidad humana. Es decir, si uno reflexiona bien, acepta la Iglesia no porque la ame, sino porque forma parte del proyecto de Dios. Me ha costado muchos años, pero ahora estoy convencido de que sin la mediación de un grupo humano, en el fondo no tomaríamos en serio la mediación de Jesús.

«Mi aventura también ha sido solitaria porque era uno de los pocos que andaba contracorriente. Entraba en la Iglesia cuando tantos clericales salían de ella gritando: '¡Qué maravilla, finalmente la tierra prometida! ¡Hemos descubierto la cultura laicista!'. Yo, asombrado, intentaba pararlos: '¿Qué hacéis? ¡La verdadera cultura está aquí dentro, en la Iglesia!'.

«Por eso algunos me han acusado de ser un reaccionario, un nostálgico. Es absurdo. Yo no he conocido la Iglesia preconciliar, no he escuchado jamás una Misa en latín, porque antes del Concilio nunca había asistido a Misa, y cuando comencé a ir era ya en italiano. De ahí que no pueda ser un nostálgico. ¿De qué? No he tenido ni una infancia ni una juventud católica. Lo que sí he conocido de cerca es la cultura laicista. Y, luego, un encuentro misterioso y fulgurante con el Evangelio, con una Persona, con Jesucristo; y, después, con la Iglesia».

(Fuente: capellania.org)

EL OBSERVADOR 381-11

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CUESTIONES DE BIOÉTICA

Aclarando Principios
Por Humberto M. Marsich, m.x.

En “Cuestiones de bioética” anteriores hemos reflexionado, en un primer momento, acerca del concepto de bioética, de su campo de acción y de los grandes desafíos que debemos enfrentar; en un segundo momento evidenciamos la urgencia de imponer “fronteras éticas” para el uso de las biotecnologías, o sea, límites éticos y jurídicos para impedir la progresiva destrucción del concepto mismo de ser humano y el deterioro de la convivencia humana.

En esta ocasión la tentación sería charlar ya acerca de la licitud o no de las “nuevas formas de nacer”, del aborto, de la eutanasia, etc.; sin embargo, podría resultar todo inútil si no hacemos, previamente, el esfuerzo de ubicarnos en nuestra realidad cultural. El pensamiento, hoy, sufre por la presencia de muchos errores que debemos detectar y combatir con nuestra antropología cristiana y con nuestros valores evangélicos.

Los filósofos de la sospecha (Marx, Freud y Marcase, entre otros) han debilitado terriblemente la cultura universal al cuestionar y atacar los principio morales universales, la posible existencia de valores éticos objetivos y el mismo concepto de Dios. Si la única realidad significativa, para el ser humano, es la materialidad de las cosas (Marx); si el objetivo de la vida es responder únicamente a los impulsos sexuales, en cuanto fuentes de felicidad o causa de malestar (Freud), y si todas las instituciones que fundamentan la convivencia humana, como el matrimonio, la familia y la religión son idioteces inventadas por la burguesía para autosustentarse (Marcuse), será prácticamente imposible aferrarnos a principios éticos universales y a planteamientos teológicos para normar la licitud o ilicitud acerca de lo que sucede, hoy, en el campo de la biomedicina. El pensamiento débil imperante, que lo relativiza todo y que, absolutizando indebidamente al hombre, exalta su protagonismo ético, reconociéndolo como árbitro del bien y del mal moral, lo único que provoca es desconcierto y arbitrariedad. Dentro de esta filosofía, obviamente despercibida por la mayoría de la humanidad y que desplaza a cualquier otra, inclusive a la cristiana, prosperan principios destructivos e inocuos como:

* La reducción del concepto “persona humana” sólo a quienes tienen ya vida propia, sana y productiva. Los no nacidos, los enfermos crónicos y los ancianos improductivos, según este principio, pierden el derecho a vivir y la vida deja de ser valor fundamental y trascendente. Hoy, de hecho, se está intentando usar el término “persona” ya no como “confín ontológico” entre el universo no humano de lo humano, sino, dentro del ser humano, entre una fase y otra de su desarrollo.

* El intento descarado de dominar artificialmente los procesos de procreación humana. El biólogo, hoy, es “procreador” y, mañana, lo será el Estado. La función de los esposos, desde luego, ya no será la de colaborar con Dios en la transmisión de la vida.

* El Establecimiento de una “ética utilitarista” que justificaría todo en nombre de la eficiencia y del consenso social. Lo económicamente útil es el nuevo criterio de moralidad y la opinión de la mayoría sería fuente del bien y del mal moral.

* La autonomía y la neutralidad ética de las ciencias y de la biomedicina, o sea, la superioridad y del inocentismo ético de la ciencia respecto a todo imperativo moral y a toda norma.

EL OBSERVADOR 381-12

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CONTEXTO ECLESIAL

Rosarium Virginis Mariae
Extracto de la carta apostólica de Juan Pablo II sobre el Santo Rosario


El Rosario, aunque se distingue por su carácter mariano, es una oración centrada en la cristología. A esta oración le han atribuido gran importancia muchos de mis predecesores. Un mérito particular a este respecto corresponde a León XIII que, el 1º de septiembre de 1883, promulgó la encíclica Supremi apostolatus officio.

Con ocasión del próximo ciento veinte aniversario de la mencionada encíclica de León XIII, deseo que a lo largo del año se proponga y valore de manera particular esta oración en las diversas comunidades cristianas. Proclamo, por tanto, el año que va de este octubre a octubre de 2003 Año del Rosario.

Objeciones al Rosario

La oportunidad de esta iniciativa se basa en la urgencia de afrontar una cierta crisis de esta oración que corre el riesgo de ser infravalorada injustamente y, por tanto, poco propuesta a las nuevas generaciones. Hay quien piensa que la centralidad de la liturgia tenga necesariamente como consecuencia una disminución de la importancia del Rosario. En realidad, como puntualizó Pablo VI, esta oración no sólo no se opone a la liturgia, sino que le da soporte, ya que la introduce y la recuerda.

Quizás hay también quien teme que pueda resultar poco ecuménica por su carácter marcadamente mariano. En realidad, se coloca en el más límpido horizonte del culto a la Madre de Dios: un culto orientado al centro cristológico de la fe cristiana, de modo que «mientras es honrada la Madre, el Hijo sea debidamente conocido, amado, glorificado». Comprendido adecuadamente, el Rosario es una ayuda, no un obstáculo para el ecumenismo.

Pero el motivo más importante para volver a proponer la práctica del Rosario es por ser un medio sumamente válido para favorecer en los fieles la exigencia de contemplación del misterio cristiano.

Por la paz y la familia

Algunas circunstancias históricas ayudan a dar un nuevo impulso a la propagación del Rosario. Ante todo, la urgencia de implorar de Dios el don de la paz. Promover el Rosario significa sumirse en la contemplación del misterio de Aquél que «es nuestra paz: el que de los dos pueblos hizo uno, derribando el muro que los separaba, la enemistad» (Ef 2, 14). No se puede, pues, recitar el Rosario sin sentirse implicados en un compromiso concreto de servir a la paz, con una particular atención a la tierra de Jesús, aún ahora tan atormentada y tan querida por el corazón cristiano.

Otro ámbito crucial de nuestro tiempo es el de la familia, amenazada cada vez más por fuerzas disgregadoras. Fomentar el Rosario en las familias cristianas es una ayuda eficaz para contrastar los efectos desoladores de esta crisis actual.

El Rosario, oración contemplativa

El Rosario es una oración marcadamente contemplativa. Sin esta dimensión, se desnaturalizaría, como subrayó Pablo VI: «Sin contemplación, el Rosario es un cuerpo sin alma y su rezo corre el peligro de convertirse en mecánica repetición de fórmulas y de contradecir la advertencia de Jesús: 'Cuando oréis, no seáis charlatanes como los paganos, que creen ser escuchados en virtud de su locuacidad' (Mt 6, 7). Por su naturaleza el rezo del Rosario exige un ritmo tranquilo y un reflexivo remanso, que favorezca en quien ora la meditación de los misterios de la vida del Señor, vistos a través del corazón de Aquella que estuvo más cerca del Señor».

La contemplación de María es ante todo un recordar. Conviene, sin embargo, entender esta palabra en el sentido bíblico de la memoria (zakar), que actualiza las obras realizadas por Dios en la historia de la salvación. La Biblia es narración de acontecimientos salvíficos, que tienen su culmen en el propio Cristo. Estos acontecimientos no son solamente un 'ayer'; son también el 'hoy' de la salvación.

Misterios de luz

De los muchos misterios de la vida de Cristo, el Rosario sólo considera algunos. Dicha selección proviene del contexto original de esta oración, que se organizó teniendo en cuenta el número 150, que es el mismo de los Salmos.

No obstante, para resaltar el carácter cristológico del Rosario, considero oportuna una incorporación que, si bien se deja a la libre consideración de los individuos y de la comunidad, les permita contemplar también los misterios de la vida pública de Cristo desde el Bautismo a la Pasión.

Para que pueda decirse que el Rosario es más plenamente 'compendio del Evangelio', es conveniente, pues, que, tras haber recordado la encarnación y la vida oculta de Cristo (misterios de gozo), y antes de considerar los sufrimientos de la pasión (misterios de dolor) y el triunfo de la resurrección (misterios de gloria), la meditación se centre también en algunos momentos particularmente significativos de la vida pública (misterios de luz).

En realidad, todo el misterio de Cristo es luz, pero esta dimensión se manifiesta sobre todo en los años de la vida pública, cuando anuncia el evangelio del Reino. Deseando indicar a la comunidad cristiana cinco momentos significativos –misterios «luminosos»– de esta fase de la vida de Cristo, pienso que se pueden señalar: 1. su Bautismo en el Jordán; 2. su autorrevelación en las bodas de Caná; 3. su anuncio del Reino de Dios invitando a la conversión; 4. su Transfiguración; 5. institución de la Eucaristía, expresión sacramental del misterio pascual.

El Rosario, oración de meditación

El Rosario propone la meditación de los misterios de Cristo con un método basado en la repetición. Esto vale ante todo para el Ave Maria. Si consideramos superficialmente esta repetición, se podría pensar que el Rosario es una práctica árida y aburrida. En cambio, se puede hacer otra consideración sobre el Rosario, si se toma como expresión del amor que no se cansa de dirigirse hacia a la persona amada.

Si la repetición del Ave Maria se dirige directamente a María, el acto de amor, con Ella y por Ella, se dirige a Jesús. La repetición favorece el deseo de una configuración cada vez más plena con Cristo.

En Occidente existe hoy una renovada exigencia de meditación, que encuentra a veces en otras religiones modalidades bastante atractivas. Hay cristianos que, al conocer poco la tradición contemplativa cristiana, se dejan atraer por tales propuestas. Sin embargo, aunque éstas tengan elementos positivos y a veces compaginables con la experiencia cristiana, a menudo esconden un fondo ideológico inaceptable. En dichas experiencias abunda también una metodología que, pretendiendo alcanzar una alta concentración espiritual, usa técnicas de tipo psicofísico, repetitivas y simbólicas. El Rosario forma parte de este cuadro universal de la fenomenología religiosa, pero tiene características propias, que responden a las exigencias específicas de la vida cristiana.

En efecto, el Rosario es un método para contemplar. Como método, debe ser utilizado en relación al fin y no puede ser un fin en sí mismo. Pero tampoco debe infravalorarse, dado que es fruto de una experiencia secular. La experiencia de innumerables santos aboga en su favor. Lo cual no impide que pueda ser mejorado. Precisamente a esto se orienta la incorporación de la nueva serie de los mysteria lucis, junto con algunas sugerencias sobre el rezo del Rosario:

1) El enunciado del misterio.- Enunciar los varios misterios del Rosario es cierto que no sustituye al Evangelio. El Rosario, por tanto, no reemplaza la lectio divina, sino que, por el contrario, la supone y la promueve.

2) La escucha de la Palabra de Dios.- Para dar fundamento bíblico y mayor profundidad a la meditación, es útil que al enunciado del misterio siga la proclamación del pasaje bíblico correspondiente. Debe ser escuchado con la certeza de que es Palabra de Dios, pronunciada para hoy y «para mí».

3) El silencio.- Es conveniente que, después de enunciar el misterio y proclamar la Palabra, esperemos unos momentos antes de iniciar la oración vocal, para fijar la atención sobre el misterio meditado. El redescubrimiento del valor del silencio es uno de los secretos para la práctica de la contemplación y la meditación.

4) El Padrenuestro.- Después de haber escuchado la Palabra y centrado la atención en el misterio, es natural que el ánimo se eleve hacia el Padre. Jesús, en cada uno de sus misterios, nos lleva siempre al Padre. El Padrenuestro hace que la meditación del misterio, aun cuando se tenga en soledad, sea una experiencia eclesial.

5) Las diez Avemarías.- El centro del Ave Maria es el nombre de Jesús. A veces, en el rezo apresurado, no se percibe este aspecto central y tampoco la relación con el misterio de Cristo que se está contemplando. Pero es precisamente el relieve que se da al nombre de Jesús y a su misterio lo que caracteriza una recitación consciente y fructuosa del Rosario.

6) El Gloria.- La doxología trinitaria es la meta de la contemplación cristiana. Es importante que el Gloria sea bien resaltado en el Rosario. En el rezo público podría ser cantado, para dar mayor énfasis.

7) La jaculatoria final.- Habitualmente, después de la doxología trinitaria sigue una jaculatoria, que varía según las costumbres. Sin quitar valor a tales invocaciones, parece oportuno señalar que la contemplación de los misterios puede expresar mejor toda su fecundidad si se procura que cada misterio concluya con una oración dirigida a alcanzar los frutos específicos de la meditación del misterio..

8) El «rosario».- En la práctica más superficial, a menudo termina por ser un simple instrumento para contar la sucesión de las Avemarias. Pero sirve también para expresar un simbolismo, que puede dar ulterior densidad a la contemplación. A este propósito, lo primero que debe tenerse presente es que el rosario está centrado en el Crucifijo, que abre y cierra el proceso mismo de la oración.

9) Inicio y conclusión.- Hay varios modos de comenzar el Rosario. En algunas regiones se suele iniciar con la invocación del Salmo 69: «Dios mío, ven en mi auxilio; Señor, date prisa en socorrerme», como para alimentar en el orante la humilde conciencia de su propia indigencia; en otras se comienza recitando el Credo, como haciendo de la profesión de fe el fundamento del camino contemplativo que se emprende. Éstos y otros modos similares son igualmente legítimos.

La plegaria se concluye rezando por las intenciones del Papa, para elevar la mirada de quien reza hacia el vasto horizonte de las necesidades eclesiales.

El Rosario es realmente un itinerario espiritual en el que María se hace madre, maestra, guía, y sostiene al fiel con su poderosa intercesión. ¿Cómo asombrarse, pues, si al final de esta oración el espíritu siente necesidad de dedicar una alabanza a la Santísima Virgen, bien con la espléndida oración de la Salve Regina, bien con las Letanías lauretanas?

La distribución en el tiempo

El Rosario puede recitarse entero cada día. Pero es obvio –y eso vale, con mayor razón, si se añade el nuevo ciclo de los mysteria lucis– que muchos no podrán recitar más que una parte, según un determinado orden semanal.

Según la praxis corriente, el lunes y el jueves están dedicados a los «misterios gozosos», el martes y el viernes a los «dolorosos», el miércoles, el sábado y el domingo a los «gloriosos». ¿Dónde introducir los «misterios de la luz»? Considerando que los misterios gloriosos se proponen seguidos el sábado y el domingo, y que el sábado es tradicionalmente un día de marcado carácter mariano, parece aconsejable trasladar al sábado la segunda meditación semanal de los misterios gozosos, en los cuales la presencia de María es más destacada. Queda así libre el jueves para la meditación de los misterios de la luz.

El Rosario, un tesoro que recuperar

Queridos hermanos y hermanas: Una oración tan fácil, y al mismo tiempo tan rica, merece de veras ser recuperada por la comunidad cristiana. Hagámoslo, sobre todo, en este año.

EL OBSERVADOR 381-13

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FIN

 
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