El Observador de la Actualidad

EL OBSERVADOR DE LA ACTUALIDAD
Periodismo católico para la familia de hoy
24 de noviembre de 2002 No.385

SUMARIO

bulletMENSAJE AL PUEBLO DE MEXICO Y A LOS HERMANOS MIGRANTES Y RESIDENTES EN EL EXTRANJERO
bulletCARTAS DEL DIRECTOR -El católico es un arma cargada de futuro
bullet¿USTED QUÉ OPINA? - La Iglesia se renueva
bulletEL RINCÓN DEL PAPA – Jerusalén, madre de todos los pueblos
bulletORIENTACIÓN FAMILIAR - Ataques de ansiedad
bulletCómo defenderse de los “conquistadores”
bulletPINCELADAS - Agua y pan
bulletLAS HISTORIAS DE MÉXICO – Respuestas ciertas a preguntas clásicas sobre la inquisición
bulletDEBATE - Invadidos por las marcas comerciales
bulletDILEMAS ÉTICOS - «La moral no es tanto una forma de obrar como una manera de querer»
bulletCUESTIONES DE BIOÉTICA - Valoración moral de las procreaciones artificiales (I)

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MENSAJE AL PUEBLO DE MEXICO Y A LOS HERMANOS MIGRANTES Y RESIDENTES EN EL EXTRANJERO

Cuando era forastero me acogieron


Perseveren en el amor fraterno. No descuiden la hospitalidad. Al practicarla, algunos hospedaron ángeles sin saberlo. (Hb. 13,1-2)

Los obispos de México hemos dedicado las labores de nuestra LXXIV Asamblea al tema de las migraciones. En la reflexión nos acompañó un hermano obispo de la Conferencia Episcopal Guatemalteca y otro de la de los Estados Unidos.

Las migraciones son connaturales al ser humano: así se pobló nuestro continente. Sin embargo, nos preocupa el hecho de que el fenómeno de las migraciones se haya incrementado hacia el interior y exterior del país, y las causas de este aumento desmedido, las condiciones en que se vive y el impacto que causa en los migrantes, en sus familias y en nuestros pueblos.

Reconocemos el derecho que tienen los Estados soberanos de proteger sus fronteras y el esfuerzo de las autoridades de los Estados Unidos al acoger a cientos de miles de mexicanos cada año; sin embargo, queremos señalar que cuando las leyes y políticas migratorias se vuelven rígidas e inflexibles, imposibilitan la migración legal y provocan la no legal, dando lugar a mafias sin escrúpulos que trafican con personas y lucran con su necesidad y su vida.

Si la entrada ilícita a un territorio se cataloga como un delito, se ignora la dignidad y los derechos fundamentales de los migrantes indocumentados. Éstos posiblemente infringen una norma, pero no son delincuentes y no es lícito tratarlos como tales, y menos aprovecharse de su situación de desventaja para violar sus derechos humanos y laborales.

Después de los sucesos dolorosos del 11 de septiembre de 2001, es comprensible que las autoridades y el pueblo de los Estados Unidos de América experimenten una gran preocupación por la seguridad nacional. Esto, sin embargo, no es razón para etiquetar a todo migrante como presunto terrorista y mucho menos para que algunos ciudadanos por propia iniciativa se dediquen, bajo este pretexto, a la persecución y cacería de los mismos, como si se tratara de simples animales.

Los mexicanos que laboran en los Estados Unidos, por concepto de remesas, envían a nuestro país alrededor de 8 a 10 mil millones de dólares anuales. Constituyen así, para la nación, la tercera fuente de ingresos en divisas extranjeras. A pesar de lo anterior, las autoridades no han instrumentado, hasta la fecha, mecanismos idóneos y justos para que llegue este dinero a sus destinatarios sin mengua alguna.

Irónicamente, al pretender conseguir una vida digna y mejor, muchos migrantes la pierden o, en caso de sobrevivir, sufren fuera de su país vejaciones sin cuento, y en su propia patria son esquilmados por retenes abusivos y por cobros excesivos que se apoderan del fruto de su trabajo.

Al denunciar las injusticias padecidas por los mexicanos en los Estados Unidos, no podemos menos que avergonzarnos del trato inhumano dado muchas veces en México a los migrantes de Centro y Sudamérica, e incluso a nuestros paisanos que emigran a otras entidades del país.

La ley evangélica que nos manda auxiliar al necesitado y acoger al peregrino y que hace del cumplimiento de este precepto materia de bendición o de maldición eternas (cfr. Mt 25,38s) se expresa en la terminología de la doctrina social de la Iglesia como el derecho inalienable que tiene toda persona a una vida digna, y, por tanto, a encontrar en su patria las oportunidades suficientes para lograr con su trabajo el sustento propio y el de su familia. Cuando estas condiciones no se dan en el propio país, le asiste al ser humano igual derecho a migrar, derecho que debe ser respetado tanto por el país de origen como por el de destino. Los Estados y sus leyes legítimas de protección de fronteras serán siempre un derecho posterior y secundario respecto al derecho de las personas y de las familias a la subsistencia.

(Resumen del mensaje de la CEM)

Texto completo en: http://www.cem.org.mx/DocumentosEpiscopado/mens1102.htm

EL OBSERVADOR 385-1

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CARTAS DEL DIRECTOR
El católico es un arma cargada de futuro
Por Jaime Septién Crespo


Al finalizar el lV Congreso Católicos y Vida Pública, celebrado en Madrid del 15 al 17 de noviembre, me queda la luminosa idea de que el futuro es nuestro. Así de sencillo. Y de tajante.

Nuestro no por exclusión. Cristo integró a todos los hombres en una mismo acto de Redención. Nuestro por la fuerza de la verdad. Caminamos seguros, de la mano de la verdad. Y la verdad tiene su esplendor propio. No depende más que de llevarla a cabo en el mundo que nos tocó vivir.

Estadistas, ministros, laicos, sacerdotes, periodistas, empresarios compartimos, por tres días, una misma idea: hay que cambiar el curso de la historia (de nuestra historia, de la de todos los días) a partir de la fe en Cristo resucitado. No es utopía: se puede hacer, a condición de no tener miedo.

El mensaje de este encuentro —que, como todo encuentro entre católicos, ha venido guiado por el Misterio— se resume en una frase: los desafíos globales y locales a los que nos enfrentamos hoy, deben ser reconocidos en su dimensión humana y afrontados desde la verdad, desde la doctrina social de la Iglesia, guía y madre de nuestros pasos por la vida pública.

Quererlos reconocer y afrontar desde nuestras solas fuerzas es tanto como quedar a merced de estos retos, de la tentación de pactar con ellos, haciéndonos indiferentes, irresponsables, como otro cualquiera que no cree. Nuestra fuerza está en Cristo, y es a partir de la doctrina de su Iglesia como podemos comenzar hoy la tarea de ser instrumentos útiles (aunque seamos “siervos inútiles”) para trocar la injusticia en justicia, la guerra en la paz, el odio en amor y el egoísmo en perdón. La única condición es la conversión propia. No existe nada en el mundo que pueda detener a un corazón convertido. Ni montaña ni abismo. El que ha puesto su mirada en Cristo (y sólo a Cristo sirve cuando sirve a los demás; o, más bien, sólo es su Rostro el que ve encarnado en los otros) es, como diría acerca de la palabra poética el español Gabriel Celaya, “un arma cargada de futuro”.

Los católicos apenas si nos hemos percatado de la fuerza, del esplendor de la Verdad; es decir, de la dimensión que emana de nuestra vecindad con Cristo. Sin embargo, no es una condición fatal de los tiempos que corren. Nada hay de eso. Al contrario: es motivo de alegría inmensa saber que podemos transformar al mundo si tan sólo transformamos la parcela pequeña y a veces seca de nuestro corazón; si sabemos que no es necesaria la apuesta de Pascal; es decir, si sabemos que Dios es, y está con nosotros.

Más allá de las ideas que se vertieron en el Foro, lo importante, lo esencial es que nos reconozcamos como herederos responsables de la luz. Y que, hagamos lo que hagamos, no nos es lícito apagar esa antorcha, sino esparcirla “desde los tejados” a todas las mujeres y a todos los hombres de buena voluntad. Por lo que respecta a EL OBSERVADOR, ése será nuestro camino: nuestro único camino.

EL OBSERVADOR 385-2

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¿USTED QUÉ OPINA?
La Iglesia se renueva
Por Genaro Alamilla Arteaga


La cultura humana se renueva. Las instituciones se actualizan y la humanidad avanza con sofisticadas técnicas en todos los órdenes, y la Iglesia católica no se aleja de estos fenómenos.

Con cuánta razón el papa Juan Pablo II, en septiembre pasado, expresó con energía: «Desearía hacer algunas consideraciones con respecto a los seminarios en la formación de los futuros presbíteros, como prioridad absoluta para una pastoral renovada y misionera». Claro, la Iglesia no puede quedarse a la zaga de las renovaciones humanas, dada la sublime misión de la misma; por eso el Papa urge la actualización en los seminarios para la renovación de la pastoral; que sea eficaz en su misión.

Es interesante considerar lo que en el pasado mes de marzo declaró el distinguido pastor de San Cristóbal de las Casas, monseñor Felipe Arizmendi, al afirmar, no sin preocupación: «Esto nos reta a plantearnos de qué manera debemos mejorar nuestra pastoral, para saciar la sed de Dios... No podemos quedarnos en un espiritualismo sin dimensión social, pues nuestro pueblo tiene también sed de paz, de justicia, de verdad, de seguridad, de una democracia transparente y participativa. Mucha gente ya se cansó de exigir el cambio tan esperado, y por ello se manifiesta, a veces, en forma violenta, incluso perjudicando derechos de terceros».

Es evidente que con una pastoral rutinaria y sofocante de siglos pasados no se evitará el riesgo ni satisfará las ansias de Dios, como lo señala el pastor de esa Iglesia particular.

Lo anterior invita, si no es que urge, a que a nuestros pastores se les forme con una verdadera renovación en los estudios de las casas de formación, poniendo el acento en la estrategia de la nueva evangelización, como insistentemente el papa lo urge.

¿El panorama pastoral de la Iglesia en México responde a las inquietudes del Papa?

A esto quienes deben responder serán los mismos pastores, al hacer una urgente y auténtica revisión de la pastoral que se realiza en los diversos niveles de su propia Iglesia particular.

Para no pocos analistas de dentro y fuera de la Iglesia la pastoral, en líneas generales, que se realiza en algunas de las diócesis del país está requiriendo de revisión anotada.

Pues es claro que aquí y allá nos topamos con rasgos de una pastoral preconciliar.

Podemos creer que, en parte, se debe a que en las casas de formación no se llega a fondo en la formación conciliar, por una parte; y, por otra, no se ilumina la enseñanza con el nítido pensamiento conciliar de Juan Pablo II.

Parece que la misma novedosa estrategia de la nueva evangelización no ha calado profundamente en la enseñanza pastoral, para lograr un claro y conciliar desenvolvimiento que conduciría a una eficaz y actualizada acción pastoral en la iglesia; de tal manera que los futuros pastores, al egresar de los centros de estudios eclesiásticos, sean auténticos factores de la urgente renovación y actualización de la acción pastoral en las diócesis.

Finalmente, nos parece que sería de grandísima utilidad un explícito estudio y profundización de la nueva evangelización, para que los alumnos de seminarios y casas de formación penetren en la estrategia del Papa para lograr una eficaz pastoral, y no que quede la nueva evangelización en un simple slogan sin calar su auténtico sentido. Aquí tendrían la palabra los pastores y los maestros de seminarios y casas de formación. ¿Y usted qué opina?

EL OBSERVADOR 385-3

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EL RINCÓN DEL PAPA
Jerusalén, madre de todos los pueblos


Juan Pablo II comentó durante reciente audiencia general el salmo 86, himno a Jerusalén, madre de todos los pueblos:

«El canto de Jerusalén, ciudad de la paz y madre universal está, por desgracia, en contraste con la experiencia histórica que está viviendo la ciudad.

«La perspectiva universal del salmo 86 puede recordar el himno del libro de Isaías, en el que se ve cómo convergen hacia Sión todos los pueblos para escuchar la Palabra del Señor y redescubrir la belleza de la paz, forjando de las 'espadas azadones' y de las 'lanzas podaderas'. En realidad, el salmo se presenta en una perspectiva muy diferente, la de un movimiento que, en vez de converger hacia Sión, sale de Sión. El salmista ve en Sión el origen de todos los pueblos.

«Sión es cantada como madre de toda la humanidad y no sólo de Israel. Una afirmación así es de una audacia extraordinaria. ¿Cómo es posible que la modesta capital de una pequeña nación pueda ser presentada como el origen de pueblos mucho más potentes? La respuesta se ofrece en el mismo salmo: Sión es madre de toda la humanidad, pues es la 'ciudad de Dios'; está, por tanto, en la base del proyecto de Dios. «Tres veces se repite la fórmula 'uno por uno todos han nacido en ella'.Es la expresión jurídica oficial con la que entonces se declaraba que una persona era originaria de una determinada ciudad y, como tal, gozaba de la plenitud de los derechos civiles de aquel pueblo.

«Página de auténtico diálogo interreligioso, el salmo 86 anticipa la tradición cristiana que aplica este salmo a la 'Jerusalén de arriba', de la que san Pablo proclama que 'es libre y es nuestra madre' y tiene más hijos que la Jerusalén terrena (cfr. Gálatas 4, 26-27). La lectura eclesial del salmo se abre a una relectura en clave mariológica. Jerusalén era para el salmista una auténtica 'metrópolis', es decir, una 'ciudad-madre', en cuyo interior estaba presente el mismo Señor. Desde esta perspectiva el cristianismo canta a María como la Sión viviente, en cuyo seno fue engendrado el Verbo encarnado y, por consecuencia, fueron engendrados los hijos de Dios».

EL OBSERVADOR 385-4

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ORIENTACIÓN FAMILIAR
Ataques de ansiedad
Por Yusi Cervantes Leyzaola


PREGUNTA:

Tengo 26, soy diseñadora gráfica y actualmente me dedico a la docencia. Fíjese que desde hace tiempo, tal vez 15 años, sufro de nerviosismo; pero es una extraña combinación de miedo, angustia, y desesperación. Suele presentarse cuando en ocasiones me siento presionada por mi trabajo; no se sí es porque me gusta cumplir al máximo y quiero que todo salga bien. También me da esta desesperación en la que me late muy rápido mi corazón y siento sudor en las manos y como si quisiera devolver el estómago, cuando me encuentro ante alguna situación desconocida para mí; no sé si es mi mecanismo de defensa o qué pasa.

El punto es que esta situación me hace daño, porque soy muy alegre; y cuando siento esto, pues mi estado de ánimo cambia y mi familia lo nota y les causa preocupación.

La otra vez le comenté a mi hermana cómo me sentía; ella es psicóloga, y al alcance de sus posibilidades me ayuda y me dijo que todo estaba en mí, porque, gracias a Dios, de salud estoy bien; entonces, que cuando me sintiera así, respirara hondo y soltara el aire poco a poco. Sé que los psicólogos no pueden ayudar a sus familiares, y eso lo comprendo; es por ello que le escribo buscando en usted ayuda y respuesta.

También en ocasiones estoy consciente de que yo misma lo provoco; es decir, como si me pusiera a prueba para saber qué tanto he avanzado en ello. Le pido de favor me aconseje porque tengo muy poca voluntad de abandonar esta situación aunque sepa que me hace daño; es como si ya me hubiera «acostumbrado» a vivir con ella (qué tonta, ¿verdad?).

También esto lo siento cuando estoy con mucha gente, no se si sea fobia o qué, aunque siento en mi interior que he avanzado algo, porque cuando yo me predispongo a no a sentir aquello, Dios me ayuda siempre.

En mi familia todos somos nerviosos. Me acuerdo que mis hermanos y yo, cuando íbamos a presentar algún examen, nos enfermábamos del estómago. Creo que se le llama colitis nerviosa o algo así. Y en ocasiones mi mamá me dice que se siente mal, casi a diario. No le echo la culpa de cómo me siento, pero no sé si tenga que ver en cómo me siento el ambiente en el que vivo.

RESPUESTA:

Esto que te ocurre es más frecuente de lo que tal vez piensas. Hay muchas personas que padecen de ataques de angustia y pánico similares a los tuyos, con frecuencia incapacitándolos más de lo que ocurre contigo.

Por supuesto, el ambiente en el que vives, y sobre todo, en el que creciste, tienen que ver con la formación de estos síntomas. En tu caso, nos cuentas, todos en la familia son nerviosos, por lo tanto podemos pensar que no tuviste en tu aprendizaje un modelo para enfrentar las situaciones difíciles con serenidad. Al ver nerviosos a tus padres y hermanos, tú descubrías, equivocadamente, que la vida es difícil y peligrosa. Sí lo es, claro, pero no tanto como podría pensarse observando ese nerviosismo.

Dos características que con frecuencia tienen las personas con este padecimiento son falta de confianza en sí mismas y afán de perfeccionismo, provocado por el deseo de encontrar aprobación en los demás. Probablemente esto te ocurre también a ti.

Respirar profundamente es muy buen consejo, por supuesto. También podrías aprender alguna técnica de relajación y practicarla diariamente. Un ejercicio suave sería bueno. Hay otro punto esencial: necesitas darte cuenta de cómo cada ataque de ansiedad comienza con un pensamiento, algo así como: “me voy a sentir mal”; y al primer signo (un leve mareo, un poco de sudor, una palpitación), se reafirma el pensamiento: “efectivamente, me estoy sintiendo mal” e, inmediatamente, como consecuencia, aumentan los síntomas. Y así comienza una espiral: mientras más piensas que estás mal, más angustia tienes y, por lo tanto, aumentan los síntomas. Mientras más síntomas, mayor reafirmación de estar mal y por lo tanto más angustia. Tienes que aprender a detectar el primer momento, a parar el primer pensamiento para entonces tener el control. Otro asunto muy conveniente es aprender a resolver los asuntos de tu vida cotidiana de modo tal que no se acumule el estrés en tu vida.

Pero todos estos consejos te ayudaran a controlar el problema, no a resolverlo. Necesitas terapia psicológica para ir al fondo del asunto y sanar profundamente. Por supuesto, sigue acudiendo a Dios. Eso es fundamental. La buena noticia es que puedes salir de esto. Busca la ayuda que requieras. Estoy segura de que vas a lograrlo.

La psicóloga Yusi Cervantes Leyzaola responderá las preguntas que se le envíen a la dirección de El Observador; Reforma 48, apdo. 49, Querétaro, Qro. C.P. 76000; o que se le hagan al teléfono 228-02-16. Citas al 215-67-68 Correo electrónico: cervleyza@msn.com

EL OBSERVADOR 385-5

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Cómo defenderse de los “conquistadores”

Desarrolle una sólida seguridad en usted mismo y en su fuerza interna. Los conquistadores tienen la habilidad de manejar los aspectos débiles y sensibles de los demás.

Tenga mucho cuidado cuando alguien quiera cambiar su vida o cuando simplemente ignore los valores en los que usted cree. El respeto hacia usted, sus creencias, su estilo de vida, debe ser siempre algo evidente. Prenda una luz de alerta frente a argumentos que defiendan que lo más importante es el presente, que critiquen los valores anticuados sin analizarlos, que pretendan que usted se relaje y se deje llevar, que pretendan que no se sienta culpable...

Es sospechosa toda relación que deba ser manejada discretamente, o peor aún, en secreto. Si él o ella no le presenta a su familia y a sus amigos, si no quiere que usted sepa dónde vive o dónde trabaja, algo anda mal.

Huya de los casados «incomprendidos», con vidas «desdichadas». Si tienen problemas en su matrimonio, deberían estar resolviéndolos.

Por doloroso que le resulte, termine una relación que se establezca en un plano de sentimientos y sensaciones intensas, pero poca comunicación intelectual y espiritual. Deshaga toda relación supuestamente amorosa que no logre tocar las raíces de su ser. El amor es mucho más que un sentimiento.

Cuidado con los que juegan al estira y afloja, hoy me ves y mañana no, hoy estamos en el paraíso, mañana quién sabe. Cuidado con los que se dan a desear. Cuidado con los que tienen gracia para que usted les perdone prácticamente cualquier cosa.

No se muestre disponible ni vulnerable con personas a quienes no tiene plena confianza. Si lo está, acuda a su familia y a sus verdaderos amigos. El afecto de ellos lo protegerá.

Aléjese de quienes no aceptan un no como respuesta.

Y obviamente: aprenda a decir no.

Termine la relación si tiene la sensación de que lo están usando o de que están ejerciendo cierto poder sobre usted.

Tenga cuidado con los que huyen de cualquier tipo de compromiso, y en general, con los que muestran signos de inmadurez. (Y.C.L.)

EL OBSERVADOR 385-6

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PINCELADAS
Agua y pan
Por Justo López Melús *


Hay dos peticiones muy concretas en el Evangelio. Cuando Jesús habló a la samaritana de un agua maravillosa la samaritana exclamó: «Señor, dame siempre de esa agua». En otra ocasión, en la sinagoga de Cafarnaum, hablaba Jesús a los judíos de un pan celestial, y los judíos le pidieron: «Señor, danos siempre de ese pan».

Pero hay otra ocasión, muy evangélica también, aunque no figura literalmente en el Evangelio, una ocasión sugestiva y paradójica: «Señor, dame un vaso de sed, que me estoy muriendo de agua». Porque en la vida espiritual estamos rodeados de agua y pan en abundancia, pero existe el peligro de morir de deshidratación y de inanición por falta de hambre y sed».

* El autor es Sacerdote Operario Diocesano

EL OBSERVADOR 385-7

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LAS HISTORIAS DE MÉXICO
Respuestas ciertas a preguntas clásicas sobre la inquisición
Por Diego García Bayardo


1.- ¿La Inquisición es una sola institución? R= No. Hubo varias inquisiciones, algunas presididas por los obispos, otras por el Papa y sus delegados, y una, la Inquisición española, aunque estaba formada por miembros del clero, era como una secretaría del gobierno.

2.- ¿La Inquisición consideraba culpables a todos los individuos que eran acusados ante ella de algún delito contra la fe? R= No. La mayor parte de las denuncias que se presentaron ante el Santo Oficio no concluyeron en nada. Muchas denuncias no eran ratificadas por el denunciante, de modo que el caso se daba por cerrado. Otras tantas veces los inquisidores consideraban que no había causa suficiente para pasar adelante con el proceso. En muchas ocasiones sí se abrió una investigación, pero el caso acabó olvidándose, sin llegar a conclusión alguna. Cuando el acusado sí era procesado, muchas veces se dio el caso de que los jueces declararan inocente al reo, de modo que sólo una fracción de los acusados ante el Santo Oficio resultaron declarados como culpables.

3.- ¿La Inquisición torturaba a todos los que caían en sus manos? R= No. La tortura se aplicaba con rigor cuando el acusado no confesaba a pesar de que había numerosos o fuertes testimonios en su contra, pero esto era mucho menos frecuente de lo que se supone.

4.- ¿La Inquisición inventó nuevas y sádicas torturas? R= No. Ciertamente el Santo Oficio podía contar con una gran variedad de suplicios, pero en realidad usó pocos, siempre los mismos, que databan de las épocas romana y medieval. Éstos fueron el potro, los cordeles, la garrucha y el agua. Nunca se usaron vivisecciones (como en los tribunales judiciales europeos), el tormento de la rata (que es de origen chino) ni tantas otras que fácil pero falsamente se imputan a la Inquisición. Tampoco se usaron aquí los sistemas medievales penales para matar reos por inanición y encierro (oubliettes, jaulas suspendidas, emparedamientos, etc.).

5.- ¿La Inquisición se dedicó especialmente a perseguir a las mujeres y a los indios? R= No. Aunque exposiciones itinerantes baratas de instrumentos de tortura digan que la Inquisición fue esencialmente misógina, las estadísticas señalan que las mujeres nunca sobrepasaron el 25 % de las personas procesadas, y normalmente constituyeron un porcentaje mucho menor al señalado (Alberro, 2000; p. 218). Fueron pocos los indios procesados por la Inquisición episcopal, precursora del Santo Oficio, aunque tales casos provocaron gran escándalo. Por ello, por decreto del 30 de diciembre de 1571 los indios fueron oficialmente puestos fuera de la jurisdicción del Santo Oficio y dependientes sólo de su obispo. A partir de entonces la Inquisición no los volvió a tocar, de modo que, a veces, algunos mestizos, mulatos y hasta criollos procesados por el Santo Oficio trataron de hacerse pasar por indios, para alcanzar la inmunidad.

6.- ¿La gente odiaba o temía a la Inquisición? R= No. Los documentos de la época revelan que la mayoría de la población española y novohispana veía con agrado la implantación del tribunal del Santo Oficio, pues la consideraba protectora de la ortodoxia católica y de las buenas costumbres.

7.- ¿La Inquisición condenó a muerte a miles de personas? R= No. La mayoría de los condenados recibieron penas leves: la abjuración de sus pecados, hacer oraciones en días determinados o asistir a Misa portando alguna señal de su culpa. Otros, más graves, fueron condenados a reclusión por algún tiempo, sirviendo en hospitales o conventos, a azotes, destierro o galeras. Sólo el 1 % de los procesados entre los años 1571 y 1700 fueron relajados (condenados a muerte). En sus 250 años de existencia, el Santo Oficio no condenó a muerte a más de 43 personas.

8.- ¿Todas las denuncias eran tomadas como ciertas? R= No. Los inquisidores investigaban al denunciante y lo castigaban duramente si había mentido. Los falsos testimonios fueron escasísimos. Por cierto, como nota curiosa, un falso denunciante, Juan Márquez de Andino, fue condenado a un leve pero notable suplicio: lo enmielaron y emplumaron de la cintura para arriba y estuvo así, expuesto al público, por tres o cuatro horas.

9.- ¿Las penas eran aplicadas a los condenados durante los llamados Autos de Fe? R= No. Un Auto de Fe era una ceremonia litúrgica impresionante, a la que solían asistir todas las autoridades civiles y eclesiásticas locales. Durante el acto se presentaban ante el público los condenados y se leían las sentencias. Cuando había condenados a muerte, éstos eran llevados a lomo de mula a otra plaza, al terminar el Auto, para aplicarles el castigo.

10.- ¿Los inquisidores creían en supersticiones y manifestaciones sobrenaturales? R= En la mayoría de los casos, no. Es cierto que la antigua Inquisición medieval tuvo a la brujería como uno de sus principales delitos por perseguir, pero la Inquisición novohispana, más moderna, se caracterizó por su racionalismo e incredulidad ante las denuncias fantasiosas. Durante el siglo XVII ninguna persona fue condenada por brujería; todas las denuncias fueron desechadas y la única que prosperó un poco llegó a su final cuando los inquisidores, escépticos, enviaron a un médico que certificó que la supuesta víctima de un embrujo sólo tenía una enfermedad común.

¿ERA LA TORTURA ESPECIALMENTE GENERALIZADA O RIGUROSA?

La famosa cuestión de tormento en el proceso inquisitorial ha sido el centro de interés –y de morbo- entre los creyentes de la Leyenda Negra española y del público en general. Está tan extendida la suposición de que la Inquisición torturaba a cuanto infeliz pasaba por sus cárceles, así como la fantasía de que los inquisidores inventaron diversos aparatos y métodos de tortura, cada uno más cruel que el otro, que hoy en día los investigadores dan casi por perdida la batalla por enseñar al público la verdad sobre el funcionamiento del famoso tribunal del Santo Oficio.

De entrada hemos de decir que la tortura siempre es mala, pero no es válido descontextualizar a la Inquisición: quiero decir aquí que las mentalidades de nuestro siglo y del Renacimiento son diferentes, y lo que a nosotros nos parece intolerable, aquella gente lo consideraba normal, justo e incluso edificante. Lo malo es malo siempre, pero no es absoluta la percepción que las sociedades tienen de ello; por eso la Iglesia de ese tiempo no tuvo los medios intelectuales para contener o incluso rechazar el uso de la tortura.

Todos los historiadores profesionales que se han dedicado al estudio del Santo Oficio de México han señalado que la tortura fue muy poco usada; por ejemplo, el ilustre historiador Edmundo O'Gorman, que no fue parcial hacia el catolicismo, escribió lo siguiente acerca del tormento en la Inquisición novohispana:

Este inhumano procedimiento era de uso común en todos los tribunales de la época y en todos los países de Europa; pero por el ambiente de misterio y secreto que rodeaba a los de la Inquisición, y por ser ése uno de los principales de la “leyenda negra”, el tormento ha sido errónea y popularmente considerado como lo propio y característico de los tribunales del Santo Oficio.

La prueba del tormento era excepcional, puesto que se reservaba para casos graves, bien por la enormidad del delito, bien por la contumacia del reo. Debe desvanecerse la idea, muy generalizada, de que en todos los casos se usaba esa prueba. Pero, además, cuando se estimaba que un reo debería someterse a “cuestión de tormento”, era necesario que el fiscal presentara petición expresa y debidamente fundada y que el reo fuera previamente notificado para darle oportunidad de evitarse tan espantosa prueba (O'Gorman; s/f, p. 19).

El tormento, entonces, era aplicado con especial parsimonia para la época, si consideramos que en las naciones protestantes y en los tribunales judiciales de la época eran de uso común diversas y sofisticadas torturas. Por supuesto, aunque los demás fueran peores, nada justifica el uso de tormentos, y menos en relación con la fe religiosa de los seres humanos (D. G. B.).

EL OBSERVADOR 385-8

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DEBATE
Invadidos por las marcas comerciales
Por María Velázquez Dorantes

¿Nos hemos preguntado alguna vez con cuántas marcas comerciales nos encontramos desde que inicia el día hasta que termina? La cantidad podría ser infinita. Hoy día la mercantilización y comercialización ocupan un lugar en nuestras vidas; estamos expuestos al consumo de manera directa e indirecta. Es como sí el mundo girara en torno a las marcas comerciales, y se encontrara en los campos de concentración de la mercadotecnia y la publicidad. La mayoría de la gente ya no acostumbra nombrar a las cosas por lo que son, sino por las marcas a las que pertenecen. Si queremos un pan, decimos su marca, si queremos refresco, lo pedimos por la marca. Ya estamos sumergidos en los avances de una era consumista. Nos sucede en el trabajo, en la escuela, en la calle, en el hogar, y en las avenidas con esos enormes espectaculares que despiertan en nuestro inconsciente una necesidad de consumo y adquisición.

Definitivamente la mercadotecnia ha logrado avanzar dentro de las casillas y, ayudada por la publicidad, ha colado en la mente del ser humano la frase indicada, la marca comercial específica y hasta la canción deseada.

Las marcas comerciales nos ofrecen un lugar en la sociedad, son vanguardistas y están a la moda. Quienes no consumen de ellas no se encuentran en lo «in».

Si en realidad nos pusiéramos a la tarea de contar las marcas comerciales que nos rodean, comprenderíamos entonces por qué nos encontramos en la era consumista; las marcas han hecho de la humanidad la satisfacción de los bienes y servicios, creando e innovando día por día, para la comodidad, el deleite y hasta el propio placer humano. Ellas tienden a florecer en distintas sociedades, y se colocan dentro de diversos grupos con características económicas y psicológicas determinadas, para exigir una demanda de abastecimiento, generada por la propia publicidad que nos bombardea.

Asimismo, las marcas comerciales no entrarían en nuestra vida si no es por la ayuda de la propia publicidad. Algunos críticos argumentan que la publicidad y su creación de marcas se ha convertido en un instrumento de control social. Por otro lado, se sostiene que la elaboración de marcas sostenidas por la publicidad tiene el poder de dictar el comportamiento de la gente. Sin embargo, no existen evidencias lo suficientemente sólidas para comprobar el poder de manipulación, debido a que son muchos los factores que contribuyen a elegir un producto; pero, dentro de ellos, uno de los más poderosos es la propia marca.

Sería interesante interrogarnos hasta qué punto somos capaces de ser persuadidos por la marca comercial de moda, y cómo podemos manejar esa persuasión en la vida cotidiana.

Es importante reflexionar que las marcas comerciales, junto con la mercadotecnia y la publicidad no son del todo malas, y una ventaja de esto es que la sociedad tiene un carácter selectivo y con ello satisface una necesidad. Pero también es importante pensar en lo que vamos a comprar: ¿Compramos porque es una buena marca? ¿Por qué está de moda?¿ O compramos por comprar, aunque no lo necesitemos? Si este es el caso, nuestro consumismo ya no es una invasión de marcas comerciales, sino un posicionamiento fijo en ellas, dejando a un lado las necesidades básicas, para convertirnos en adictos a las marcas.

El golpe a la invasión de las marcas comerciales lo marcas tú.

EL OBSERVADOR 385-9

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DILEMAS ÉTICOS
«La moral no es tanto una forma de obrar como una manera de querer»: Kant
Por Sergio Ibarra


Pregunta el maestro:—Juanito, ¿tú tienes moral?

— Claro que sí, ¡qué pregunta!

— Dime por qué llegas tarde.

— Bueno... usted sabe, el tráfico.

— ¿Y dónde está tu trabajo?

— Pues fíjese que la impresora se descompuso y la memoria de la computadora se agotó.

— ¿Y... se podría saber qué es lo que quieres al estudiar?

— ¿Cómo que qué quiero? Pues un título. ¿Qué no sabe que sin uno de esos luego no consigue uno un trabajo? Y, además, ¿se imagina, si no estudio, qué me harían mi papás?

La moral es un asunto que no tiene tanto que ver con la forma como con el querer, dice Kant. En un principio este enunciado nos dice que la moral está directamente relacionada con la forma de querer, más que con nuestros actos. Luego, ¿dónde quedaría el obrar? Si esto es así de cierto, las obras pasarían a segundo término. Muchos de los actos humanos son más producto del instinto. Es decir, son producto de una reacción ante hechos inminentes, o bien, son actos que se relacionan con la propia sobreviviencia. Así también Juanito estudia porque las circunstancias lo meten, literalmente, a la preparatoria y luego a la universidad.

La reflexión es: ¿lo que nos mueve a la virtud es la virtud misma, o nos mueve el instinto, o los intereses individuales, o los materiales? No hay acceso a la moral si no se lanza el individuo tras la virtud, si no se busca a través de las decisiones diarias. Poner la voluntad es poner el tiempo de nuestra vida, el mas valioso recurso del que disponemos. Hay más profundidad en la voluntad que en el instinto. ¿Qué clase de virtud estará desarrollando Juanito cuando va a la fuerza a la escuela, “porque no le queda de otra”? Ésa es la forma de querer de Juanito. Luego Kant no andaba tan extraviado.

¿Cuántas de las obras que manifestemos en las semanas que se avecinan estarán fundadas en el instinto, en la inercia o en la costumbre? Esta clarísimo: los católicos estamos llamados a la virtud, no al instinto.

EL OBSERVADOR 385-10

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CUESTIONES DE BIOÉTICA
Valoración moral de las procreaciones artificiales (I)
Por Humberto M. Marsich, m.x.


Las procreaciones artificiales, sobre todo en los angustiosos casos de infertilidad conyugal, parecen encontrar bastante consenso social y aceptación jurídica (informe Warnok, 1984; informe Palacios, España, 1986). Sin embargo, desde el punto de vista moral, no pueden ser aceptadas tranquilamente. Hay toda una serie de valores éticos implicados en el desarrollo de estas técnicas de procreación asistida que no se pueden menospreciar inocentemente (la paternidad, la maternidad, la filiación, el respeto al nuevo ser, la sexualidad conyugal, el matrimonio como contexto adecuado, etc.). No todo lo que es técnicamente posible es también moralmente aceptable.

1. La opinión común es la de:

* aceptar la técnica con fines terapéuticos (para vencer la esterilidad de la pareja y para evitar el nacimiento de un niño enfermo) y de rechazarla con fines eugénicos (para mejorar la raza humana);

* aceptarla sólo para parejas heterosexuales (no a la “mujer sola”, soltera, viuda, separada o divorciada y también al “hágalo usted mismo”). El hágalo usted mismo se refiere a la posibilidad que una mujer tiene de adquirir, en “farmacia”, lo necesario para auto inseminarse, incluyendo el esperma;

* exigir un estudio previo de las personas cuyas células germinales van a ser utilizadas;

* controlar el número de donaciones de gametos;

* evitar el mercantilismo procreativo y las maternidades sustitutivas;

* impedir la clonación, la partenogénesis, la selección de sexo, las experimentaciones con embriones humanos, la hibridación de la especie humana con otras;

* rechazar la “medicina predictiva”, con sus “niños a la carta”, o sea, “sobre pedido”.

2. La doctrina del Magisterio de la Iglesia:

* Pío XII. Este papa condena, por inmoral, toda inseminación artificial, heteróloga y homóloga, fuera del matrimonio y en el matrimonio. Acepta sólo la “inseminación artificial impropia”, refiriéndose a los procedimientos médicos que sólo facilitan la capacidad procreadora del acto sexual. En este caso, después del acto conyugal, se interviene con la técnica para acompañar el semen y superar así algún obstáculo que impida la fecundación. Fuera de esta situación (y la de la GIFT, cuando los gametos son homólogos y son tomados después del acto conyugal normal, cosa muy difícil) no habría ninguna otra técnica moralmente lícita porque todas excluyen el acto conyugal y reducen la concepción a un acto de laboratorio.

EL OBSERVADOR 385-11

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FIN

 
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