El Observador de la Actualidad

EL OBSERVADOR DE LA ACTUALIDAD
Periodismo católico para la familia de hoy
1 de diciembre de 2002 No.386

SUMARIO

bulletPORTADA - Velando armas contra la cultura dominante
bulletLa parroquia, clave para resistir a la cultura secularizada; según el papa Juan Pablo II
bulletEl sacerdote, columna vertebral de la parroquia
bulletINTIMIDADES –LOS JÓVENES NOS CUENTAN- Conocí a un chico con esquizofrenia
bulletINTIMIDADES –LOS JÓVENES NOS CUENTAN- Mi ex novio infiel llama mi atención
bulletPINCELADAS - Te quiero como eres
bulletREPORTAJE - «Tus pecados te son perdonados»
bulletCUESTIONES DE BIOÉTICA - Valoración moral de las procreaciones artificiales (II)

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PORTADA
Velando armas contra la cultura dominante
Por Mario De Gasperín G. *


La fe católica, la fe que usted profesa (y que sus padres solicitaron a la Iglesia para usted y que usted ha pedido para sus hijos), es continuamente agredida, hostigada y calumniada. ¿Y usted —otra vez usted— qué hace para defenderla y defenderse? Probablemente la respuesta sea poco o nada. Más aún, los católicos le damos cabida al enemigo y agresor en nuestro hogar, y lo dejamos que arremeta contra los hijos. Lo grave no es que se hostilice la fe o a la Iglesia, sino que los católicos no hagamos nada por defenderla. Por eso, nuevamente la pregunta: ¿Cuáles son sus armas para defender su fe?

Porque si usted es católico y no va a Misa, no lee libros de instrucción y cultura cristiana — ¡al menos El Observador!— y se quedó con las pocas doctrinas que recibió para la Primera Comunión, seguramente es un candidato para engrosar las filas del enemigo. La fe católica es un combate, es lucha, y los esforzados, dice Jesús, son los que se salvan. La fe católica no es para mediocres, nos acaba de decir recientemente el Santo Padre.

Por lo pronto le vamos a recomendar ir alistando las armas. Coloque en un lugar visible y principal de su casa el altar familiar. En el centro, el Crucifijo o el Sagrado Corazón de Jesús, porque usted cree y espera en Jesucristo que murió por sus pecados. A la derecha, la Virgen de Guadalupe u otra advocación mariana; a la izquierda, el santo o santos de su devoción. Éstos son sus protectores de arriba.

Las armas de aquí abajo son: la santa Biblia, para que la lea y medite, sobre todo el Nuevo Testamento: cinco minutos de lectura al día, al menos. Luego, el Catecismo de la Iglesia católica (la obra más importante del magisterio de Juan Pablo II), para que sepa usted contestar las dudas de sus hijos sobre religión y no se anden creyendo lo que oyen en la escuela laicista y anticatólica; y, finalmente, el santo Rosario, para que lo rece con su familia. Esto, si quiere usted permanecer católico y hacer algo por su fe y su familia. Y por México, por supuesto.

Se me olvidaba decirle, pero sin duda ya adivinó usted cuál es el enemigo que tiene en casa. Ése mero: ¡La televisión!

* Obispo de la diócesis de Querétaro.

EL OBSERVADOR 386-1

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MENSAJE A LOS LAICOS
La parroquia, clave para resistir a la cultura secularizada; según el papa Juan Pablo II
* Corazón de la vida sacramental comunitaria; asegura.
* El secreto: la centralidad de la Eucaristía.


El secreto para que los laicos puedan resistir al impacto de la «cultura secularizada dominante» es, según Juan Pablo II, el redescubrimiento de la parroquia, lugar de encuentro con Dios en los sacramentos, en particular, en la Eucaristía.

Así lo expresó al encontrarse con los participantes en la asamblea plenaria del Consejo Pontificio para los Laicos, que se celebró en Roma sobre el tema: «Es necesario seguir caminando recomenzando desde Cristo, es decir, de la Eucaristía».

En su discurso recordó que «la comunidad parroquial es el corazón de la vida litúrgica; es el lugar privilegiado de la catequesis y la educación en la fe. En la parroquia se desarrolla el itinerario de la iniciación y de la formación para todos los cristianos. ¡Qué importante es redescubrir el valor y la importancia de la parroquia, como lugar en el que se transmiten los contenidos de la tradición católica!», insistió.

«Muchos bautizados, en parte a causa del impacto de fuertes corrientes de descristianización, parecen haber perdido el contacto con este patrimonio religioso. La fe es arrinconada con frecuencia en episodios y fragmentos de vida», constató con tristeza el obispo de Roma.

«Un cierto relativismo tiende a alimentar actitudes discriminatorias en relación a los contenidos de la doctrina y de la moral católica, aceptados o rechazados basándose en preferencias subjetivas y arbitrarias —siguió diciendo—. De este modo, la fe recibida deja de ser vivida como don divino.

Inicio y formación de los católicos

«Sólo una fe que hunde sus raíces en la estructura sacramental de la Iglesia —aseguró—, que bebe de las fuentes de la Palabra de Dios y de la Tradición, que se convierte en nueva vida e inteligencia renovada de la realidad, puede hacer que los bautizados sean efectivamente capaces de resistir al impacto de la cultura secularizada dominante».

Esta labor de iniciación y formación realizada en la parroquia, debe culminar —según Juan Pablo II— en la relación personal con el sacramento de la Eucaristía, presencia real de Jesucristo para los católicos.

La Eucaristía «acrecienta nuestra unión con Cristo, nos separa y preserva del pecado, refuerza los vínculos de caridad, sostiene las fuerzas, permite pregustar la gloria a la que estamos destinados».

El secreto, por tanto, concluyó el Santo Padre para superar la secularización dominante está en «tener siempre presente esta centralidad de la Eucaristía en la formación y en la participación en la vida de las comunidades parroquiales y diocesanas. Es importante volver a comenzar siempre desde Cristo, es decir, de la Eucaristía, en toda la densidad de su misterio».

EL OBSERVADOR 386-2

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El sacerdote, columna vertebral de la parroquia
Por Jesús Colina / Roma


«El párroco es la columna vertebral de la comunidad parroquial y debe ser el centro de su vitalidad», afirmó el cardenal Darío Castrillón, el pasado 18 de octubre, al presentar la instrucción vaticana El presbítero, pastor y guía de la comunidad parroquial. El documento, redactado por la Congregación para el Clero, tiene dos objetivos principales: subrayar el papel del sacerdote –pastor sacramental–; y ayudar a los párrocos a vivir plenamente su misión.

«No se ejerce de sacerdote, se es sacerdote», afirmó el cardenal Castrillón en la rueda de prensa, en la que fue presentada la instrucción El presbítero, pastor y guía de la comunidad parroquial, recordando la labor única del párroco sumergido entre la gente, entre los problemas de cada día y de todos –jóvenes, adultos, niños, ancianos–. En la primera parte del documento, de carácter doctrinal, se recuerda la diferencia que existe entre el sacerdocio común de todo bautizado y el sacerdocio ordenado propio del sacerdote, y se insiste en que el párroco es «el hombre de la comunión con la Iglesia particular y con la Iglesia universal. Por eso debe ser un modelo de adhesión al magisterio de la Iglesia, y sentirse realmente padre de la comunidad y de cada uno de sus miembros. Es un auténtico guía de las almas», aclaró el cardenal. Cumple esta misión cuando «visita tanto las bellas casas como los tugurios y barracas, con el mismo corazón. Está junto a la vida que nace y que crece con los sacramentos de la iniciación cristiana, como junto a los esposos y a las vocaciones, al igual que con los agonizantes».

La segunda parte de la instrucción toca los desafíos positivos de la pastoral parroquial, y constata que la cultura «ampliamente secularizada tiende a homologar al sacerdote con las propias categorías de pensamiento, despojándolo de su fundamental dimensión mistérico-sacramental». El sacerdote –explicó el cardenal– no tiene nada que ver con la figura que, en ocasiones, se ha querido presentar a la opinión pública: «Sociólogo, terapeuta, obrero, político, manager..., e incluso el sacerdote jubilado».

Esta visión del sacerdote confunde su misión propia, y puede llevar a los mismos sacerdotes a convertirse en víctimas de la indiferencia, la desilusión, que podrían conducir al fracaso, siguió aclarando el Prefecto de la Congregación vaticana para el Clero. Y, sin embargo –insistió–, en la parroquia «reside la vitalidad de la Iglesia» y, en ella, las asociaciones, grupos y movimientos «pueden constituir un formidable recurso para la obra misionera de la nueva evangelización», a condición de que sean «complementarios» a la parroquia, «alentados e inteligentemente coordinados por el párroco».

Entre los peligros más agudos para el sacerdote hoy día, la instrucción señala «la burocratización, el funcionalismo, el democraticismo, o la planificación que atiende más a la gestión que a la pastoral». Por desgracia –explica el texto–, en algunas circunstancias, el presbítero puede encontrarse oprimido por un cúmulo de estructuras no siempre necesarias, que terminan por sobrecargarlo, y que tienen consecuencias negativas tanto sobre su estado psicofísico como espiritual y, en consecuencia, repercuten negativamente sobre el mismo ministerio». De este modo, el documento vaticano se convierte en un reconocimiento único de la labor de los miles de párrocos cuya difícil labor en medio de la indiferencia religiosa y la humillación, casi siempre en la precariedad, no es reconocida por la sociedad actual y, en ocasiones, ni por los mismos bautizados.

EL OBSERVADOR 386-3

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INTIMIDADES –LOS JÓVENES NOS CUENTAN-
Conocí a un chico con esquizofrenia


PREGUNTA:

Tal vez me puedas ayudar. Conocí a un chico que, al parecer, padece esquizofrenia, y no sé como puedo saber si realmente la padece y, si es así, ¿cómo puedo ayudarlo? El es una persona muy linda, que me gustaría ayudar, pero no sé cómo.

RESPUESTA:

Solamente un psiquiatra puede valorar si ese chico tiene esquizofrenia o cuál es su padecimiento. La familia muy cercana puede tener sospechas al respecto, pero no la seguridad, hasta que reciban el diagnóstico del especialista.

Si este chico padece esquizofrenia, si ésta no es muy grave y él está recibiendo un buen tratamiento, es muy probable que pueda tener una vida prácticamente normal, y que las personas con quienes convive no se den cuenta de que tiene este problema. Si a ti te lo dijo él mismo o alguien muy cercano a él, debe ser cierto. Esa es información que los enfermos y sus familiares no comparten con facilidad, a menos que sientan la confianza necesaria para hacerlo.

La mejor manera de ayudarlo es siendo su amiga, una excelente amiga, que no lo vea como a un bicho raro, sino que lo ayude a sentirse adecuado, valioso, único. Toma en serio lo que te diga, o más bien, tómalo en serio a él, aun cuando llegara a decirte cosas que te parezcan absurdas. Respétalo siempre. Date cuenta de que, más allá de su enfermedad, él tiene un espíritu completo y es hijo de Dios. Por lo tanto, valora mucho su amistad: él también es un gran don para ti. Es uno de los pequeños de Dios –como lo son los niños, los pobres, los enfermos, quienes sufren- que nos acercan más estrechamente a nuestro creador. (Y.C.L.)

EL OBSERVADOR 386-4

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INTIMIDADES –LOS JÓVENES NOS CUENTAN-
Mi ex novio infiel llama mi atención


PREGUNTA:

Tengo un problema con mi ex novio. Nuestra relación duró aproximadamente tres años, de los cuales nueve meses los pasamos súper bien. El tiempo restante fueron puros engaños de él con muchas chicas. Yo creía que lo amaba, por eso le soportaba todo; pero me di cuenta de que no era amor, y al fin lo pude dejar porque me dolió mucho que anduviera con una de mis primas. Más que nada me dolió la traición de los dos, porque ella sabía que era mi novio y que lo quería. Pasaron casi seis meses en los que no le dirigía la palabra, pero hace poco él me detuvo y estuvimos platicando. Desde ese momento me sonríe mucho y me empieza a llamar la atención como lo hacía antes. Me invitó a salir a pasear con él y yo acepté, pero tengo miedo de volver con él y más conociéndolo como es. Quiero que me dé una orientación sobre lo que debo hacer.

RESPUESTA:

Parece que tienes una gran carencia afectiva, o una gran falta de seguridad en ti misma, o que te valoras y aprecias muy poco. Tienes razón, lo que sentías no era verdadero amor, porque el amor busca el bien, la verdad, la justicia; y tú a tu novio le tolerabas un mal comportamiento y una permanente falta de respeto. Pero hasta que el dolor fue demasiado tuviste el valor de dejarlo. Eso, aunque fue difícil, fue bueno para ti. Te liberaste de una mala relación. ¿Qué haces ahora acercándote de nuevo a la tentación? Aléjate de ese muchacho. ¿Basta con que te sonría y te diga palabras lindas para que vuelvas a caer en su red? Necesitas cuidar verdaderamente de ti misma, y si ya conoces ese peligro, sal corriendo. No basta con que alguien llame tu atención. Tal vez ese muchacho te atrae mucho, quizá hasta sientes cariño por él. Es más, podrías estar enamorada, pero nada de eso es razón suficiente para volver con él. Ni siquiera como amigo podrías aceptarlo, porque su mera presencia te inquieta y confunde. Además, si como novio fue incapaz de ser honesto y leal, yo creo que tampoco tiene las cualidades necesarias para ser un buen amigo.

No te dejes seducir por su linda sonrisa. No revivas ese fuego que tanto daño te hizo. Aprende a valorarte y a respetarte a ti misma.

La psicóloga Yusi Cervantes Leyzaola responderá las preguntas que se le envíen a la dirección de El Observador; Reforma 48, apdo. 49, Querétaro, Qro. C.P. 76000; o que se le hagan al teléfono 228-02-16. Citas al 215-67-68 Correo electrónico: cervleyza@msn.com 

EL OBSERVADOR 386-5

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PINCELADAS
Te quiero como eres
Por Justo López Melús *


Un joven libertino era el escándalo del barrio. Todos le decían que debía cambiar. Su amigo le insistía más que nadie. Esto era lo que más lo deprimía, porque se sentía incapaz de cambiar. Hasta que un día le dijo su amigo: “No importa que cambies o no. Yo te quiero tal como eres y no puedo dejar de quererte, aunque no cambies”.

“Estas palabras –cuenta el joven- sonaron en mis oídos como música. Me tranquilicé y me sentí vivo. Y entonces, ¡oh maravilla!, cambié”. Y es que sólo el amor convierte. Muchos son malos, no crecen, porque no son bastante amados. El día que ustedes no ardan de amor otros muchos morirán de frío.


* El autor es Operario Diocesano en San José de Gracia de Querétaro.

EL OBSERVADOR 386-6

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REPORTAJE
EL SACRAMENTO DE LA RECONCILIACIÓN
«Tus pecados te son perdonados»


Benjamín R. Manzanares

Iniciamos el Adviento, tiempo de conversión. Pero un número cada vez mayor de fieles ya no se confiesa o lo hace muy raramente. ¿Por qué la Iglesia nos sigue proponiendo el sacramento de la Confesión? ¿Por qué hay que abrir el corazón a otro hombre? Vivimos una época en la que el hombre se ha creído que es el último tribunal de toda la realidad, y que no tiene que rendir cuentas de sus hechos ante Alguien.

Hoy día decir que el hombre es por naturaleza pecador parece políticamente incorrecto; es decir, no se advierte el sentido del pecado.

Aunque, según el sociólogo Franco Garelli, para el hombre de hoy creer en la existencia de Dios es un hecho más plausible que en el pasado, «se cree más en una sensación de fondo de la vida, que en un Dios que te llama. Se cogen de Él algunos aspectos más cercanos a nuestra autorrealización, pero se deja en la sombra lo más esencial como la Cruz, o la idea de salvación. Hay unos para los que Dios es sustancialmente alguien que consuela, una solución para cuando la vida te pone delante el problema del sentido último; luego están los que le consideran tan sólo una herencia de nuestras raíces culturales. Hay muchos que admiten la existencia de Dios, pero sin hacerse muchas preguntas. Por último, obviamente, están los que tienen una idea más madura; aunque hablamos de una minoría».

La iniciativa es de Dios

Alguna experiencia incómoda, o haberse sentido a disgusto, la sensación de haber sido más juzgado que perdonado, la falta de confianza en el sacerdote o en la Iglesia son algunos de los motivos, o excusas, para que se acuda con poca frecuencia a la Confesión. Otro es también el pensar que, con el consejo o dirección espiritual, ya no hace falta.

Sin embargo, en la Confesión decido cambiar mi actitud con la gracia de Dios. El protagonista del sacramento no es el hombre y sus pecados, sino Dios, que actúa el primero. La Confesión es pedirle perdón a tu mejor amigo, a Dios, a quien le has fallado haciendo algo contrario a ese destino precioso que Él tiene preparado para ti, haciendo algo que, además, es contrario a tu humanidad, a los deseos verdaderos de tu corazón, haciendo algo que no te ha hecho bien a ti.

Dios nos quiere salvar y restituirnos a la vida verdadera, y esto, de forma gratuita. No le importan tus miserias o tus debilidades, pues las conoce, pero sí te pide que las digas.

De pecador a pecador

Algunos pueden decir que no tienen confianza en el sacerdote, al ver que es también pecador. Pues bien, Cristo lo quiso así; quiso quedarse en la carne y en la voz de los Apóstoles y sus sucesores, sabiendo que eran humanos y pecadores. Uno no puede pensar que no son dignos de perdonar mis pecados, ya que el perdón que pasa a través del sacerdote no es de él, sino de Dios. El perdón y el amor de Dios tampoco cambian según el cura con el que uno se confiese.

La necesidad de un signo visible del perdón

Escribe Milosz en uno de sus poemas: «Soy sólo un hombre. Por lo tanto, tengo necesidad de signos sensibles. El construir escaleras de abstracción, de ideales abstractos, de razonamientos abstractos, me cansa pronto. Suscita, pues, oh Dios, un hombre en cualquier lugar de la tierra, y permite que, al mirar a este hombre, pueda yo admirarte a Ti». Cristo es la respuesta a esta suprema invocación humana. La encarnación del Hijo de Dios corresponde a la exigencia propia de la naturaleza del hombre. Y menos mal que quiso Dios que fuese así: que su misericordia y perdón pasara a través de un sacerdote de carne y hueso. «A quienes les perdonéis los pecados, le serán perdonados».

(Fuente: Alfa y Omega)

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Los errores más comunes

Hay fundamentalmente tres maneras equivocadas de interpretar el sacramento de la Reconciliación, también llamado Confesión o sacramento del Perdón:

- Sea inútil porque los pecados vienen perdonados gracias a una relación individual entre la conciencia de cada uno y Dios.- Uno de los mayores riesgos es autogestionarse una relación abstracta con Dios, cuando precisamente Dios no quiso esa abstracción, sino que se hizo hombre para acompañarnos y regalarnos su Presencia concreta en su Iglesia.

-No sea necesario, porque el perdón ha acontecido de una vez por todas para siempre en el Calvario.- Dios nos ha justificado por el sacrificio de su Hijo en la Cruz, pero fue el propio Cristo quien instituyó el sacramento de la Penitencia a favor de todos los pecadores de su Iglesia, ante todo para los que hayan caído en pecado grave, de modo que puedan recuperar esa gracia de la justificación. Cristo quiso acercar y hacer visible bajo los signos ese perdón para garantizárselo al pecador.

-Sea una terapia psicológica.- «En los tratamientos psicoterapéuticos —recuerda el prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe— se exige que las personas carguen con el peso de profundas y, con frecuencia, peligrosas revelaciones sobre su interioridad. En el sacramento de la Penitencia se presenta con confianza en la bondad misericordiosa de Dios la simple confesión de la propia culpa. Es importante hacerlo sin caer en los escrúpulos, con el espíritu de confianza propio de los hijos de Dios. De este modo la confesión puede convertirse en una experiencia de liberación, en la que el peso del pasado nos abandona y podemos sentirnos rejuvenecidos por el mérito de la gracia de Dios».

(Fuente: Alfa y Omega)

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Es como si volviera a nacer

Mi relación con el sacramento de la Penitencia no siempre ha sido igual. En la adolescencia y bastante tiempo después lo frecuentaba poco más que por Pascua florida, y casi no veía otros pecados que los relacionados con el sexto mandamiento. Me acercaba al sacramento para tranquilizar mi conciencia personal y por temor al Dios del palo, pero no entendía muy bien lo que significaba la conversión.

Sólo más tarde vi la importancia de otros muchos pecados: el juicio a los que me rodean, el amor al dinero, la envidia, la pereza y todos los demás pecados capitales, la murmuración… Pero lo más maravilloso que he descubierto es la misericordia de Dios con los pecadores como yo, que cada vez que me acerco al confesor, sin miedo de reconocer mis pecados, de alguna manera es como si volviera a nacer, como si me volvieran a bautizar.

Antes creía que como yo no había matado a nadie físicamente, ni había atracado un banco, ni dicho grandes mentiras, pues lo que tenía era cosillas sin importancia. Hoy sé que eso no es verdad.

Doy gracias a Dios de que que exista el sacramento de la Reconciliación, este camino de conversión, a través de su Hijo Jesucristo, para volver a la Casa del Padre.

Ángela Hidalgo.

(Fuente: Alfa y Omega)

EL OBSERVADOR 386-7

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CUESTIONES DE BIOÉTICA
Valoración moral de las procreaciones artificiales (II)
Por Humberto M. Marsich, m.x.


En la enseñanza de la Iglesia el acto de amor conyugal es el único lugar considerado digno de la procreación humana sin que el acto procreador padezca la pérdida de “personalización” por estar separado del amor conyugal, por dejar de ser aquélla “una caro” (una sola carne), en la cual el Creador ha puesto juntos la expresión del amor y la facultad de procrear. La procreación artificial altera indebidamente esta realidad simbólica y también la de Cristo y su Iglesia

* El documento Donum Vitae (Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe, 22 de febrero de 1987) considera ilícitas e inmorales todas las procreaciones artificiales, por falta del acto conyugal o por el protagonismo de terceras personas o por la disociación de las finalidades en el acto conyugal entre esposos o por el dominio de la técnica sobre los procesos de procreación o por las consecuencias abortivas respecto a los embriones sobrantes o por las finalidades eugénicas y mercantilistas, etc.

La D.V. distingue la valoración moral de la procreación artificial heteróloga y de la homóloga en razón de la infidelidad que se daría en la primera; sin embargo, nosotros no creemos necesaria esta diversidad, puesto que, en realidad, la utilización de los gametos ajenos al matrimonio no corresponde propiamente al concepto de infidelidad conyugal. La diversidad se da en el hecho de que los cónyuges se comprometieron a donarse física y espiritualmente sólo entre ellos. En la procreación heteróloga, además de no donarse, recurre a elementos corpóreos ajenos al mismo matrimonio.

Con esta aclaración intentaremos recopilar sistemáticamente las razones éticas contrarias a todo tipo de procreación artificial:

a) Razones esponsales (desde el punto de vista de los esposos):

* La falta de la mutua donación personal de los esposos respecto a la procreación de una nueva persona.

* La disociación de los significados unitivo y procreador del acto conyugal. La inseparable conexión, que Dios ha querido y que el hombre no puede romper por su propia iniciativa, entre los dos significados del acto conyugal, es el argumento decisivo. Es decir, de la misma manera que todo acto amoroso, manifestado en la relación sexual, debe quedar abierto a la vida, así también todo acto procreador debe ser fruto del cariño que se expresa en la comunión corporal. La fecundación obtenida fuera del acto matrimonial se considera privada de su dimensión unitiva y ni la totalidad de la vida conyugal justificaría esta disociación en ningún caso. La procreación natural es la única conforme con la dignidad de la persona humana.

* La procreación humana es tal, y, obviamente, sería lícita sólo cuando es el fruto de un acto conyugal inseparablemente corporal y espiritual. El acto de amor conyugal es el único lugar digno de la procreación humana.

* El derecho de ser padre y madre es exclusivo de los cónyuges y sólo entre ellos. Las procreaciones artificiales no respetan la dignidad de los esposos ni su unidad insustituible, operando también, en algunos casos, una ruptura inhumana entre paternidad genética, gestacional y educativa.

b) Razones filiales (desde el punto de vista del hijo):

* El hijo tiene siempre el derecho a ser concebido naturalmente, o sea, llevado en las entrañas, traído al mundo y educado en el matrimonio; tiene derecho a ser fruto del acto específico del amor conyugal de sus padres.

* El hijo, más que algo debido y dependiente de los deseos del matrimonio, es su don y el testimonio vivo de la donación recíproca de sus padres, y nunca se le puede convertir en un objeto para satisfacer los deseos de alguien o en un objeto de propiedad.
c) Razones sociales (desde el punto de vista de la sociedad):

*El equilibrio mismo de la sociedad exige orden procreativo, o sea, que los hijos vengan al mundo en el seno de una familia bien determinada, con padres identificables. La familia sigue siendo, antropológicamente, el único lugar digno de una procreación responsable, y la alteración de las relaciones intraconyugales e intrafamiliares que producen las procreaciones, sobre todo heterólogas, de alguna manera afectan la armonía social y su tejido.

d) Otras razones:

* La destrucción de seres humanos (embriones sobrantes) en la FIVET.

* La utilización de la masturbación para conseguir el esperma (no siempre).

* La sustitución indebida del acto conyugal con una acción técnica y la presencia de terceras personas. La FIVET heteróloga, además, afectaría también la unidad entre los esposos y la unidad entre esposos e hijo introduciendo, en la intimidad conyugal, a una “tercera persona”. Es ética la exigencia de que un nuevo ser sea llamado a la vida sólo en un contexto personal y no técnico.

* La técnica, en estos casos, nunca es propiamente terapéutica, puesto que nunca mira a sanar de la infertilidad.

* Con estos procedimientos la vida y la muerte de los embriones dependen de la decisión del hombre, indebidamente constituido así en donador de vida y de muerte.

En pocas palabras: no se da buen servicio a la vida ni al hombre si no se respetan los mecanismos naturales e idóneos a la procreación que ya están inscritos en la naturaleza misma del ser humano y los valores específicamente humanos de la sexualidad y del amor conyugal.

El estado de infertilidad no debe ser razón de conflictos ni motivo de vergüenza. Puede ocasionar sentimientos de tristeza y de angustia en la pareja; sin embargo, pueden amplificarse los confines de la fecundidad social. Ésta puede extenderse a la adopción de criaturas abandonadas o a labores sociales.

EL OBSERVADOR 386-8

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FIN

 
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