El Observador de la Actualidad

EL OBSERVADOR DE LA ACTUALIDAD
Periodismo católico para la familia de hoy
8 de diciembre de 2002 No.387

SUMARIO

bulletEntrevista con el obispo de León
bulletCARTAS DEL DIRECTOR - El santo y la Virgen: mensaje de reconciliación
bullet¿USTED QUÉ OPINA? - Trabajo, empresa y capital
bulletINTIMIDADES –LOS JÓVENES NOS CUENTAN- Mi novio es pariente mío
bulletPINCELADAS - ¡Fuera caras largas!
bulletREPORTAJE - La Eucaristía, exclusiva de la Iglesia de Cristo
bulletDichosos los que saben reírse de sí mismos
bulletNUESTRO PAIS - Por su tranquilidad asegure su auto
bulletCULTURA - El derecho al propio patrimonio genético
bullet¿Clonar humanos en México?
bulletTESTIMONIO - Un condenado ofrece su vida por la salvación espiritual de otro
bulletMiss Estados Unidos rompe esquemas y defiende la castidad

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Entrevista con el obispo de León
Las nuevas leyes sobre las asociaciones religiosas y el culto público siguen revelando desconfianzas del Estado
El Observador / Exclusiva


Monseñor José Guadalupe Martín Rábago, obispo de León y vicepresidente de la Conferencia del Episcopado Mexicano, habla sobre un tema candente: las deficiencias de la Ley de Asociaciones Religiosas y Culto Público que se publicó hace diez años, en 1992. Si bien se reconocen avances, con disposiciones más abiertas y respetuosas, se sigue manteniendo un tenso clima de vigilancia, como si de evitar agresiones por parte de la Iglesia católica se tratara. Por su interés, reproducimos la versión íntegra de esta entrevista de EL OBSERVADOR.


El Observador: Señor obispo: ¿cuál es el alcance actual que el derecho a la libertad religiosa tiene en la legislación mexicana?

Monseñor Martín Rábago: De entrada puedo decir que la actual Ley de Asociaciones Religiosas y Culto Público emitida en 1992 fue un avance. Un avance, cierto, pero limitado. Tal vez era lo máximo que podía conseguirse en ese momento y circunstancia, que era un momento poco favorable para una reflexión serena que nos permitiera superar un pasado lleno de confrontaciones y de clara violación al derecho humano de la libertad religiosa.

El Observador: Un avance limitado, ¿deja sin tocar la esencia de la violación al derecho a la libertad religiosa del mexicano?

Monseñor Martín Rábago: Las nuevas disposiciones, ciertamente más abiertas y respetuosas, conservan, sin embargo, un fondo en el que se percibe la intención de mantener a las iglesias, y en particular a la católica, sujetas al control estatal; revelando desconfianzas, como si se estuviera ante un adversario con el que hay que lograr pactos, pero manteniendo una vigilancia estrecha para evitar agresiones…

El Observador: ¿Podría ejemplificar algunos de estos puntos?

Monseñor Martín Rábago: Hay muchos puntos que dan idea de esta vigilancia estrecha; por citar uno, el artículo 16 del capítulo tres afirma que las asociaciones religiosas y los ministros de culto no pueden poseer o administrar por sí mismos o por interpósita persona concesiones para explotación de estaciones de radio, televisión o cualquiera tipo de telecomunicaciones, ni adquirir o poseer, o administrar cualquiera de los medios de comunicación masiva.

El Observador: También hay un artículo que regula la adquisición de los bienes inmuebles que la Iglesia quisiera adquirir…

Monseñor Martín Rábago: En efecto, es el artículo 17, en el que se dice que es la secretaría de Gobernación la encargada de determinar si es indispensable o no la adquisición de cualquier bien inmueble del que pretendan hacerse las asociaciones religiosas. Es decir, Gobernación tiene que emitir una declaración de procedencia.

El Observador: Mayor muestra de desconfianza es difícil encontrar en una legislación…

Monseñor Martín Rábago: Es tanto como decir que en el fondo se nos considera como un riesgo o como en una condición de menores de edad, a quienes hay que estar tutelando para ver si la adquisición de propiedades es o no justificable.

El Observador: También hay un largo capítulo sobre sanciones. Un capítulo ridículo. ¿Cómo lo siente la Iglesia católica?

Monseñor Martín Rábago: Nos preocupa, primero, la extensa lista de infracciones posibles; por ejemplo, la infracción que consiste en “convertir” un acto religioso en “reunión de carácter político”; o lo que sea “oponerse a las leyes del país o a sus instituciones en reuniones públicas”… Y, segundo, que todo queda en manos del subjetivismo de los jueces, además de que las disposiciones están llenas de ambigüedades. Por lo que toca al monto de las sanciones, éstas van desde 20 mil días de salario mínimo hasta la cancelación del registro de la asociación religiosa. Realmente, sanciones muy rígidas.

El Observador: ¿Percibe usted en la ley un deseo de “igualar” a las asociaciones religiosas de la Iglesia católica con las que surjan de las demás iglesias?

Monseñor Martín Rábago: Es recurrente esta actitud de fondo en la Ley, Entiendo que los poderes públicos no son quién para emitir juicios de valor sobre los contenidos de determinada creencia religiosa; sin embargo, en el caso de la Iglesia católica se debería tomar en cuenta que ha sido forjadora, en gran parte, de la cultura nacional; ha acompañado la historia de la nación desde su nacimiento; agrupa a 87 por ciento de los mexicanos; contribuye con un aporte social enorme en beneficio de la salud, la educación y el cuidado, principalmente, de los pobres. ¿Cómo puede igualarse a cualquier grupo pequeño, recién instalado en el país y con poca o nula aportación social?

El Observador: Pero, ¿y el principio de la libertad religiosa?

Monseñor Martín Rábago: Es cierto que este principio se debe imponer, pero dentro del marco de respeto a una justicia proporcional. Mire usted lo que sucede con las prerrogativas a los partidos políticos. Todos tienen derecho a hacer propaganda, a alcanzar el poder, pero no tienen las mismas atribuciones financieras. Éstas se les dan de acuerdo al número de votos que hayan obtenido, en torno al número de militantes, etcétera.

El Observador: Hay molestia de la Iglesia por la forma como el Estado “otorga” el reconocimiento de una asociación religiosa, ¿no es así?

Monseñor Martín Rábago: Por supuesto. De nuevo, la discrecionalidad, en este caso de la Secretaría de Gobernación. Una de las disposiciones dice que se reconocerá en una asociación religiosa “el que cuente con un notorio arraigo entre la población”. ¿Cuál es el significado y los límites de esta afirmación? Cosa tan ambigua ha dado lugar al reconocimiento igualitario de miles de asociaciones religiosas.

El Observador: ¿En síntesis?

Monseñor Martín Rábago: En síntesis, si bien no es posible en este momento (así lo creemos) alcanzar una legislación verdaderamente respetuosa de las exigencias del derecho a la libertad religiosa, por principio debemos manifestar, con toda claridad, lo que dice la declaración conciliar “Dignitatis Humanae”: “La Iglesia católica requiere, para el cumplimiento de la misión recibida de Cristo mismo, un régimen jurídico que reconozca la libertad religiosa con todas sus implicaciones y sanciones, y su ejercicio con sinceridad”.

EL OBSERVADOR 387-1

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CARTAS DEL DIRECTOR
El santo y la Virgen: mensaje de reconciliación
Por Jaime Septién


Celebramos por vez primera la santidad de Juan Diego, el mensajero de la Virgen de Guadalupe. Una ocasión muy digna de reflexión para los mexicanos, y para todos los cristianos. La nota que me interesa resaltar es que san Juan Diego surgió como una gran figura de reconciliación en tiempos de crisis profunda: el trauma de la Conquista no es que estuviera cercano, es que se estaba viviendo por los antiguos habitantes de México: estaba en la carne viva, en la sangre, en el coraje y la ira de quienes veían sus vidas rotas. Apenas si habían pasado diez años…

El milagro del “hecho guadalupano” es la profunda fusión entre el alma indígena y el espíritu del cristianismo. El puente de esa fusión fue Juan Diego. Es el padre del espíritu del mestizaje. El padre de la nueva nación que se erigía desde el cerro del Tepeyac. No estoy hablando del mestizaje como un fenómeno racial ni de México como una entidad jurídica. Estoy tratando de explicar algo mucho más esencial que la carne, la apariencia o un Estado. Quiero enfocar el suceso desde la Gracia. Es decir, desde la Misericordia. El milagro guadalupano es, en síntesis, una Gracia. La intervención misericordiosa de Dios en la historia, en nuestra propia historia, para evitar el aplastamiento de una potencia militar a un pueblo bélico pero humillado por la superioridad de una civilización.

¿Qué nos dice hoy mismo esta intervención divina? ¿Qué huella de identificación traemos en la sangre los mexicanos? ¿Qué le dice a España? ¿Qué le dice al mundo cristiano? Son preguntas que debemos hacernos para comprender el estupor que nos invade cada diciembre, y a partir de ahora, por partida doble: con san Juan Diego el 9 y con la Santísima Virgen de Guadalupe el 12 de este mes en que celebramos su presencia en el alma de América.

Primero, que Dios, en verdad, interviene en nuestra vida: que el desarrollo de la historia tiene un alfa y un omega, un principio y un fin, que de Dios hemos partido y que a Él hemos de volver, tras el peregrinaje que es el mundo. Sobre las señas de identidad a los mexicanos, que Guadalupe y Juan Diego nos entregan, éstas no pueden ser otras que las del diálogo, la conversación íntima, la reconciliación y el encuentro amoroso: aquél que hace mirar al cielo y no a los asuntos eminentes (y urgentes, si se quiere) de la tierra.

Por lo demás, a España, ya de salida de la fe, una fuerza de esta magnitud, un encuentro de esta sazón, no puede sino transmitirle la vorágine magnífica de la fe, la pasión sensacional del espíritu, el triunfo del Amor sobre la Razón, del abrazo sobre la disección; de la libertad que consiste en la aceptación de Dios contra el nuevo esclavismo del hombre vuelto Dios. Y al mundo cristiano, también. Desde México, desde este “hecho” comprobado por los historiadores y afamado por siglos de veneración, el testimonio de un indígena nos llama ahora mismo a la puerta para dejarnos un recado: no importa la condición de la persona; si confiamos en Dios, a través de María, todos estamos llamados a la perfección de la santidad.

EL OBSERVADOR 387-2

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¿USTED QUÉ OPINA?
Trabajo, empresa y capital
Por Genaro Alamilla Arteaga


Son tres conceptos, tres valores, tres fuerzas que hacen el desarrollo integral de una nación en conjunción con sus valores culturales, espirituales y morales. Desde luego, la unión indispensable de trabajo y empresa supone un capital, o se ordenan a la creación del mismo capital. Por otra parte, un gobierno integralmente democrático está llamado a implementar las condiciones necesarias para el óptimo resultado de la vigencia de esos tres valores.

La empresa debe ser consciente de que, sin la eficaz presencia del trabajo, el capital con que se crea se arruina o se imposibilita para crearlo. Por esta razón la empresa debe tener una relación justa de remuneración salarial. Cualquier sindicato empresarial ha de estar ordenado a fortalecer las buenas relaciones entre empresa y trabajo, procurará las mejores condiciones en el área de trabajo para evitar lamentables accidentes, y no podrá descuidar su empeño en el mejoramiento cultural del hombre del trabajo.

El trabajo es, también, un elemento fundamental para la empresa y es vital para la subsistencia de la familia del hombre del trabajo. Es de ética que el hombre del trabajo lo desarrolle en conciencia, sin deterioro de los instrumentos; y lo debe desarrollar en el tiempo designado.

El sindicato de los trabajadores nunca debe ser arma destructiva de la empresa, y menos se orientará para poner en riesgo la estabilidad y la paz sociales. En cualquier conflicto que pudiera surgir entre empresa y trabajo deberá buscarse la solución con el diálogo amistoso y justo y nunca con una huelga o paros periódicos que más dañan a ambas partes. En todo caso habrá tribunales a los que se podrá acudir para dirimir con justicia cualquier desavenencia, teniendo en cuenta que primero están los derechos de toda una nación sobre los particulares.

La tarea más digna de un sindicato de los obreros no es provocar desavenencias entre empresa y trabajo, sino fomentar las buenas relaciones entre ambos, procurar la capacitación laboral para que el hombre del trabajo ascienda en su escalafón. El sindicato de los trabajadores -y cualquier otro- debe cuidar de no caer en las maniobras de partidos políticos; pero sí debe, a manera de escuela cívico-política, capacitar a sus miembros para que sepan defender sus derechos y cumplir sus deberes como ciudadanos.

Del pensamiento de Juan Pablo II bástenos las ideas siguientes: “Los que tienen y aportan el capital realizan una gran obra a favor del bien común, mereciendo la consideración y el respeto de todos al abrir fuentes de trabajo”. “Los trabajadores tienen derecho a formar asociaciones y exigir adecuadas condiciones de trabajo. Pero ellos también tienen la obligación de prestar un leal servicio, y los patrones tienen el derecho a recibir el servicio por el que ellos pagan”.

Ideas iluminadoras. ¿Usted qué opina?

EL OBSERVADOR 387-3

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INTIMIDADES –LOS JÓVENES NOS CUENTAN-
Mi novio es pariente mío
Por Yusi Cervantes Leyzaola


CONSULTA:

Tengo un problema muy grande, por lo menos así lo siento en estos momentos. Hace seis meses me enamoré de un chico que, según supe después, es mi primo cuarto. Mi padre jamás estuvo de acuerdo con esta situación. Cuando supo del parentesco empezó a gritarme cosas horribles, como que parecíamos animales y cosas así. Mi papá me prohibió llamadas telefónicas y salidas. Dijo que cuando lo dejara me iba a dejar ir a los bailes: libertad a cambio de dejarlo.

Tengo 23 años. Era mi primer novio. Todos los días despierto amando a mi novio, pero también sé el daño que le causo a mi padre que no quiere que su familia se revuelva ni pasar vergüenzas por mí. Leí que nadie puede ser feliz haciendo daño a otros, ¿usted qué opina? He dejado a mi novio por gusto de mi padre. He decidido ahora ser más hija que mujer, aunque él llene demasiado mis aspiraciones como hombre: yo le daba gracia a Dios por haberlo encontrado. La decisión la tomé porque primero me llevaron dizque a darme unas barridas y un señor me dio a entender que lo que estoy haciendo es un pecado que estoy cometiendo contra mis padres y la conciencia no me deja tranquila, aunque mi madre haya preguntado a los sacerdotes que si mi noviazgo podría seguir adelante, a lo que todos contestaron que sí. Ahora estoy muy triste, consciente de que lo deje ir de mí por el bien de mis padres, ya que todos hemos sufrido mucho: mi papá, al nunca aceptarlo; mi madre, al recibir los regaños de mi papá por eso; mi exnovio, por nunca ser libre conmigo; yo, porque todos los días al ver a mi padre siento cómo desaprueba mi conducta. Vivo en un pueblito donde todo lo que se hace es bueno o mal visto y provengo de una familia muy católica. Me han enseñado que lo que diga la gente es muy importante. Me siento como si esto fuera injusto. Mi padre me dice que lo deje, que así él podrá caminar por la calle con la cara de frente, no agachándola. No siento rencor por mi padre, ni por nadie, a todos nos ha educado muy bien. Ojalá que más adelante no me arrepienta de lo que he hecho. Amo a mis padres, a toda mi familia, pero también amo a mi exnovio. Me siento muy sola con esto que tengo en mi mente, sin nadie que me sepa dar un consejo o un sigue adelante.

RESPUESTA:

Me parece que tu padre no te ha educado tan bien como crees. Educar a un hijo significa prepararlo para que sea una persona plena, libre, responsable. Que sea verdaderamente un adulto, útil a la sociedad y buen hijo de Dios. Un hijo incapaz de tener un criterio propio, o que, aun teniéndolo, no actúe de acuerdo con su conciencia, es un hijo que no ha crecido, que no ha madurado.

Tú ya no estás en edad de ser hija en lugar de mujer. Tienes el derecho y el deber de construir tu propia vida. Cuando mueras y revises tu paso por este mundo frente a Dios no podrás decirle al Señor: “pregúntale a mi papá”.

A tu papá no parece preocuparle tu felicidad, sino su propia tranquilidad y el no pasar vergüenzas. Tampoco le interesa cuál es la verdad. Por lo que se ve, es un hombre dominante, controlador y hasta violento. Y ustedes le tienen miedo. Pero tú no puedes guiar tu vida en función al miedo que te provoca tu padre. Tienes que tomar las decisiones que te parezcan correctas aun cuando él se oponga. Y tú no le estarás haciendo daño con eso, sino que es él mismo quien se daña. En cambio, si te sometes y le permites ser injusto contigo, entonces sí lo estás perjudicando, le estás permitiendo actuar mal y no le estás dando la oportunidad de rectificar su actitud. Honrar a los padres, respetarlos, no significa obedecerlos cuando somos adultos y nos ordenan algo incorrecto. Si tu papá te ordenara asaltar un banco, ¿lo harías? ¿Sería eso respetarlo? Tu padre te ordena que renuncies a un amor honesto. ¿Te parece eso correcto? Intenta hablar con él con tranquilidad, con cariño y, al mismo tiempo, con firmeza. Que vea que eres una mujer, no una niña. También puedes intentar que un sacerdote de confianza para ustedes hable con él. Pero si aun así no lo convences, tú tienes que tomar las decisiones que te parezcan adecuadas, siendo fiel a una conciencia recta, a tus valores y a tu fe.

Me sorprende mucho que me digas que son una familia católica y que tomen más en serio a un hombre que te hace una “barrida” que a los sacerdotes. O a los chismes del pueblo que a lo que dice la Iglesia. Un hombre y una mujer no pueden casarse si los une un parentesco de tercer grado o menor, y en los casos del tercer grado puede conseguirse una dispensa. Entre los primos cuartos hay un parentesco de noveno grado. Por eso te dicen los padres que no hay ningún problema, en este sentido, para que te cases con tu novio.

Está bien que ames a tu padre, pero el auténtico amor no pasa por encima del amor y del respeto que debes tenerte a ti misma. Porque quien es responsable de tu vida eres tú, no tu padre. Piénsalo bien.

La psicóloga Yusi Cervantes Leyzaola responderá las preguntas que se le envíen a la dirección de El Observador; Reforma 48, apdo. 49, Santiago de Querétaro, Qro. C.P. 76000; o que se le hagan al teléfono 228-02-16. Citas al 215-67-68 Correo electrónico: cervleyza@msn.com 

EL OBSERVADOR 387-4

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PINCELADAS
¡Fuera caras largas!
Por Justo López Melús *


«Causa de nuestra alegría», llamamos a la Virgen en las letanías. De esta alegría participa todo buen cristiano. Por tanto, ¡fuera malos humores y caras largas! Presentaron un señor a un presidente estadounidense para que le diera un cargo importante. El presidente lo rechazó. Y dio la razón: un hombre a los cuarenta años es responsable de la cara que lleva. Razón tenía una niña al rezar así: «Señor, haz que los malos sean buenos, y que los buenos sean simpáticos».

Al buen cristiano no se le ahorra la cruz, pero debe ser radicalmente alegre, porque posee el tesoro mayor: la gracia divina. Por eso se ha podido decir, con su pizca de humor, que no hay mayor gozo que morir en gracia de Dios y con una pijama de vivos colores.

* El autor es Operario Diocesano en San José de Gracia de Querétaro.

EL OBSERVADOR 387-5

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REPORTAJE
La Eucaristía, exclusiva de la Iglesia de Cristo
Por Diana Rosenda García Bayardo


La mayoría de las religiones cristianas —y hasta de las que se dicen cristianas sin serlo (ejemplo, los Testigos de Jehová)— tiene, en su culto algo que llaman «la cena».

Para un cristiano de la Iglesia de Cristo no hay duda alguna de que en la Cena del Señor el pan se convierte en el Cuerpo, y el vino se convierte en la Sangre de Cristo. Los miembros de la Iglesia Ortodoxa tienen idéntico credo, y la consagración que realizan en todas sus misas es tan cierta y tan válida como la que ocurre en la Iglesia católica.

El verdadero problema vino cuando Lutero, después de separarse de la Iglesia, propuso que no había transubstanciación (cambio de la sustancia del pan y del vino en el Cuerpo y la Sangre), sino «empanación» (que Cristo «se metía» en el pan y en el vino, pero seguían siendo pan y vino).

Las otras «cenas»

Fuera de la Iglesia el modo de celebrar la «cena» y lo que se cree de ella es tan diverso como diversos son los credos. Algunos la tienen cada semana, otros cada mes, y unos más una vez al año. Y mientras unos emplean vino (como Jesús), otros usan jugo de uva porque tienen prohibido beber alcohol.

Dice el pastor Dawlin A. Ureña, de la secta Ministerios Antes del Fin: «Pablo nos recuerda en 1 Corintios 11:27-34 que uno debe cuidarse de participar en la Santa Cena 'de manera indigna'. Si usted participa de ella, mientras en su mente está pensando 'esto no es sangre… esto no es carne… ¿Qué efectividad puede tener esto?', entonces usted está participando 'de manera indigna'».

En cambio, para un evangélico ultrarradical de nombre Jack Chick, escritor de «tratados evangelísticos», está claro que «las palabras esto es mi cuerpo debían entenderse simbólicamente. No puede haber duda al respecto, porque después de decir esto es mi cuerpo lo llamó pan tres veces, lo cual no habría hecho si en ese momento ya no hubiera sido pan, sino que se hubiera convertido literalmente en Su cuerpo... El también dijo: Yo soy la puerta. ¿No quiso decir que por medio de Él tenemos entrada en el cielo, en lugar de que la sustancia de su cuerpo se había transformado en madera?».

Lo que la Iglesia creyó desde el principio

Los protestantes tiene razón al creer que lo que ellos celebran no es más que un símbolo. Cierto: sus pastores no tienen poder para convertir el pan y el vino en el Cuerpo y la Sangre de Cristo.

En cambio, los miembros de la Iglesia visible siempre celebraron la Eucaristía, también llamada Cena del Señor, o Fracción del Pan. Lo atestigua el libro de los Hechos de los Apóstoles: «Acudían asiduamente... a lafracción del pan... Partían el pan por las casas ...» (2, 42. 46).

Siempre creyeron que no se trataba de un símbolo sino de la presencia real de Cristo. De lo contrario, ¿por qué habría dicho san Pablo que quien participa de la Cena del Señor sin discernir el Cuerpo y la Sangre, come su propia condenación? ¿Dios sería capaz de condenarnos por no venerar (honrar, respetar) un pedazo de pan y un vaso de vino?

Tan es cierto que los cristianos primitivos creyeron que la Eucaristía era el mismo Señor en el sacrificio de la Cruz, que se dejaban matar con tal de no permitir que fuera mancillada. Recordemos, por ejemplo, al niño acólito san Tarsicio, asesinado a golpes cuando llevaba la Comunión a los cristianos encarcelados en el año 258 d.C.

No procede, pues, el argumento protestante clásico de que la idea de que el pan y el vino se convierten en Cuerpo y la Sangre de Cristo se introdujo en la Iglesia católica hacia el año 300 d.C

Cristo no hablaba de forma simbólica

Según los argumentos antieucarísticos, Cristo debió estar hablando simbólicamente, tal como lo hizo cuando dijo «Yo soy la vid», a pesar de no ser una vid, y «Yo soy la puerta», a pesar de no ser una puerta.

Pero el contexto en el que Jesús afirmó ser el Pan de Vida no es simbólico o alegórico, sino doctrinal. A las preguntas y objeciones que le hacen los judíos en el capítulo 6 del evangelio según san Juan, Jesucristo respondió reafirmando el sentido inmediato de sus palabras. Y entre más rechazo y oposición, más insistió en el sentido único de sus palabras: «Mi carne es verdadera comida y mi sangre verdadera bebida». Debido a esto muchos discípulos lo quisieron abandonar; pero Cristo no los detuvo para explicarles: «Han entendido mal». Y no lo hizo porque realmente habían entendido bien: «¿Cómo puede darnos Éste a comer su Carne?».

Otros objetan que las palabras de Jesús «Haced esto en memoria mía» no indican sino que ese gesto debía ser hecho en el futuro como un simple recordatorio, un hacer memoria de un hecho del pasado. Sin embargo, esto no es así porque memoria, anamnesis o memorial, en el sentido empleado en la Biblia, no es solamente el recuerdo de los acontecimientos del pasado, sino traer al tiempo actual aquel mismo acontecimiento. Así, pues, cuando la Iglesia celebra la Eucaristía, hace memoria de la Pascua de Jesús y ésta se hace presente, lo cual no tiene nada de raro porque Cristo es el mismo ayer, hoy y siempre.

El protestantismo no ha entendido bien las cosas, y por eso se alarma ante la idea de que se repita el sacrificio de Cristo, puesto que la Biblia atestigua que Él se ofreció de una vez para siempre en la Cruz (cfr. Hb 7, 25-27). Como no comprende la mentalidad bíblica, no ha caído en la cuenta de que el memorial de la Pasión no es un nuevo sacrificio, sino el mismo de hace casi dos mil años, en el monte Calvario, con el mismo Cristo, la misma cruz, los mismos clavos, los mismos verdugos...

Por si queda duda, hay milagros eucarísticos...

Son muchas las señales que Dios nos ha querido dejar de su presencia real en la Eucaristía. El hombre, de cabeza dura, de pronto se tambalea en su fe y comienza a dudar que en algo tan humilde como un pan ácimo y un chorrito de vino mezclado con agua pueda encerrarse algo tan grande como la Divinidad. Entonces, de pronto, Dios interviene.

El más famoso de los milagros eucarísticos es el de Lanciano, pero a él le daremos tratamiento especial en otra entrega. Me refiero esta vez sólo a algunos de los cientos de prodigios eucarísticos que ha registrado la Iglesia:

a) El milagro de Casia, Italia (año 1330).- El padre Simone, agustino, había perdido su respeto por la Eucaristía. Un día recibió una llamada de un enfermo, y en vez de poner la Eucaristía en el relicario para llevarla cerca de su corazón, el sacerdote tomó la Hostia e irreverentemente la puso entre las páginas del breviario. Cuando llegó a la casa del enfermo, abrió el libro para tomar la Hostia, encontrando dos manchas redondas de sangre en las páginas, una frente a la otra.

b) El milagro de Cebreiro, España (siglo XIV).- Celebraba la Misa un sacerdote benedictino, triste porque aquel crudo día de invierno sólo un feligrés, Juan Santín, había asistido al templo. El monje, de poca fe, menospreciba el sacrificio del campesino. Pero en el momento de la Consagración el sacerdote percibió cómo la Hostia se convirtió en carne sensible a la vista, y el cáliz en sangre, que hirvió y tiñó los corporales. Los corporales con la sangre quedaron en el cáliz y la Hostia en la patena.

c) Milagro de Santarem, Portugal (año 1247).- En el que se puede ver con claridad la sagrada Hostia con la preciosa Sangre de Jesucristo. El milagro ocurrió 245 años antes del descubrimiento de América, y hoy, 755 años después, la sangre sigue fresca.

También en la actualidad se siguen dando estos fenómenos extraordinarios. Pero lo mejor de todo es que el Cristo-Eucaristía de estos milagros es exactamente el mismo que nos espera, oculto, en cada Misa.

EL OBSERVADOR 387-6

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Dichosos los que saben reírse de sí mismos

DICHOSOS los que saben reírse de sí mismos, porque no terminarán nunca de divertirse.

DICHOSOS los que saben distinguir una montaña de una piedra, porque se evitarán muchos inconvenientes.

DICHOSOS los que saben descansar y dormir sin buscarse excusas: llegarán a ser sabios.

DICHOSOS los que saben escuchar y callar: aprenderán cosas nuevas.

DICHOSOS los que son suficientemente inteligentes como para no tomarse en serio: serán apreciados por sus vecinos.

DICHOSOS los que están atentos a las exigencias de los demás, sin sentirse indispensables: serán fuente de alegría.

DICHOSOS ustedes cuando sepan mirar seriamente a las cosas pequeñas, y tranquilamente a las cosas importantes: llegarán lejos en esta vida.

DICHOSOS ustedes cuando sepan apreciar una sonrisa y olvidar un desaire: su camino estará lleno de sol.

DICHOSOS ustedes cuando sepan interpretar con benevolencia las actitudes de los demás, aun contra las apariencias: serán tomados por ingenuos, pero es el precio de la caridad.

DICHOSOS los que piensan antes de actuar y rezan antes de pensar: evitarán muchas tonterías.

Santo Tomás Moro (1478-1535)

EL OBSERVADOR 387-7

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NUESTRO PAÍS
Por su tranquilidad asegure su auto
Por Baudelio García


Posiblemente usted sea uno de los “afortunados” que cuente en su hogar con un automóvil, y, si es así, no olvide asegurarlo, por bien suyo y de su familia. En los últimos seis años el robo de vehículos asegurados en México se incrementó en un 13.2%, y el estado de México, Jalisco y Baja California Norte encabezan la “penosa” lista.

De acuerdo con la Asociación Mexicana de Instituciones de Seguros (AMIS), de enero a octubre de los años referidos la entidad con mayor sustracción de autos fue Baja California Norte, al pasar de 185 a mil 728 unidades, lo que representa, un incremento del 834%.

Según Enrique Olmedo, director de autos de la AMIS, Morelos registró un incremento en el robo de vehículos del 194%, seguido por el estado de México con un alza del 50%, y Jalisco, con un incremento del 19%. Mientras que en el Distrito Federal mostró un repunte de apenas el 4%.

El funcionario agregó que, mientras que en el periodo de enero-octubre de 1996 se robaban 32 mil 538 unidades aseguradas, este año la cifra ascendió a 36 mil 826 unidades.

La ciudad de México ostenta el primer lugar en cuanto al número de vehículos desaparecidos con 17 mil 351 (47.1%), seguido por el estado de México, con 7 mil 529 unidades (20.4%), y Jalisco con 3 mil 874 (10.5%).

En cuanto al número de unidades recuperadas, a nivel nacional se observa un repunte de 1996 al 2002 del 55%o. La mayoría de los estados registró un avance significativo en la recuperación de las unidades robadas.

En el Distrito Federal el repunte en la recuperación de autos fue del 30%, al pasar de 7 mil 979 unidades a diez mil 355 unidades. En tanto que en el estado de México el incremento en la recuperación de las unidades fue del 95%, esto es de mil 241 vehículos que se encontraban hace seis años, ahora se recuperan 2 mil 424 automotores.

De cada cien automóviles que se roban en el estado de México, 54 son con violencia, lo que ubica a la entidad en el primer lugar a escala nacional en esta categoría, incluso por arriba del promedio nacional de 44 robos con violencia por cada cien.

Entre enero y octubre de este año se robaron en el país 36 mil 826 automóviles asegurados y se recuperaron apenas 18 mil 665.

En el estado de México el 81.1%s de los robos se da en solamente seis municipios: Nezahualcóyotl, Ecatepec, Tlanepantla, Naucalpan, Cuautitlán y Toluca. Nezahualcóyotl tiene el 22.6%, y en cuanto a los hurtos de autos cometidos con violencia, el 80.4%. Ningún municipio de la república mexicana tiene ese porcentaje de robo con violencia.

Después del estado de México el Distrito Federal tiene el mayor índice de robo con violencia, con 54 de cada 100, seguido de Puebla, con 30 de cada 100; Jalisco con 29 de cada 100; Sinaloa con 18 de cada 100; Sonora y Nuevo León con seis de cada 100, Chihuahua con 3 de cada 100. Querétaro, San Luis Potosí y Guanajuato presentan niveles muy bajos en el robo de autos a nivel nacional.

Entre los vehículos preferidos por los delincuentes está, en primer lugar, el Volkswagen Sedán, con 5 mil 585 vehículos; sigue el Tsuru, con 4 mil 452; el Jetta, con 2 mil 171; el Chevy Pop y el Monza, con mil 373, y vehículos de carga Nissan, con mil 306.

Al día son robados 122 carros asegurados, el 30% de los 409 que en promedio desaparecen en todo el territorio nacional. El parque vehícular del país es de 14 millones de unidades, y solamente el 39% están asegurados.

Por todo este mar de estadísticas lo mejor es que, si tiene un automóvil, procure asegurarlo.

EL OBSERVADOR 387-8

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CULTURA
El derecho al propio patrimonio genético
Rodrigo Guerra López


La bioética no se reduce a la ética médica o a los debates en torno a la vida humana naciente. Sin embargo, cabe reconocer que una de las más amplias discusiones de la bioética contemporánea gravita en torno a la vida humana y más específicamente alrededor del estatuto del embrión humano. Tanto cuando se debate en torno al aborto, a la clonación humana o a la manipulación del patrimonio genético es posible reconducir muchas de las cuestiones involucradas a la pregunta: ¿Qué estatuto posee el embrión humano? ¿Posee el embrión humano la misma dignidad que el ser humano adulto? ¿Es argumentable racionalmente que el embrión humano es persona y poseedor de derechos?

Estas preguntas son importantes para la cultura contemporánea. Sobre todo la última nos parece especialmente pertinente debido a que no es extraño escuchar en una gran cantidad de ambientes que los católicos afirman la condición personal del embrión humano sólo por motivos religiosos.

Cuando el espermatozoide y el óvulo humano se encuentran un nuevo sistema génico se construye con 46 cromosomas. Esta nueva célula (cigoto) no es la simple suma de los códigos genéticos de los padres. Es un ser con un programa de desarrollo físico y psíquico nuevo que no existía antes y que no existirá de nuevo. El programa de desarrollo físico (genoma) es absolutamente original y muestra la individuación del nuevo ser que, a partir de ese momento, se desarrollará de acuerdo con él. Aun una copia de este programa que eventualmente pudiera realizarse con alguna tecnología no produciría un individuo humano idéntico sino sólo similar. La unidad biológica del nuevo ser es tan fuerte y particular que todo el proceso de desarrollo morfogenético y diferencial muestran un perfecto continuum: no se producen saltos cualitativos o mutaciones sustanciales sino que el embrión se desarrolla de manera continua hasta convertirse en un ser adulto, manteniéndose –como es evidente– en la misma especie todo el tiempo. Por ello, sin posibilidad de error, nos encontramos siempre con el mismo sujeto desde el principio hasta la conclusión de su ciclo vital.

La situación de indefensión en la que existe el ser humano durante los primeros instantes de su desarrollo no debe hacernos creer que no goza de condición humana auténtica. La ausencia de habla o de actos libres no indica la ausencia de la capacidad sino simplemente de la ejecución. El ser humano naciente es potencialmente un ser humano adulto, es decir, aún está por desarrollarse en el plano de la maduración psíquica y corpórea. Sin embargo, en el plano de la identidad profunda que distingue a una especie respecto de otra y a un individuo respecto de otro, el ser humano naciente es plenamente humano. Por ello, los derechos subjetivos fundamentales del ser humano adulto son los mismos que aquellos atribuibles al ser humano naciente. El derecho a la vida, a la vida privada, al respeto de la intimidad, y en particular al respeto del patrimonio genético, no son concesiones gratuitas por parte del Estado sino verdaderas capacidades inalienables del hombre o de la mujer desde el momento de la concepción. La inalienabilidad es absoluta: ni siquiera el propio consentimiento “me da derecho”, por ejemplo, a acabar con mi propia vida.

La unidad psico-biológica del ser humano muestra, pues, la singularidad irrepetible propia de la condición personal. La condición personal es el fundamento de los derechos humanos. Todo ordenamiento legal que pretenda ser justo debe de reconocer explícitamente esta cuestión. Las dudas que acontecen en diversos terrenos respecto de la dignidad de la vida humana naciente han de iluminarse precisamente con un dato ético que brota de un hecho empírico: todo ser humano es persona, todo ser humano es sujeto poseedor –de hecho– de dignidad que le confiere derecho. La marginación o exclusión de los seres humanos por causa de su situación económica, preferencia política, convicción religiosa o edad es, entonces, totalmente inaceptable.

E-mail: guerrar@infosel.net.mx

EL OBSERVADOR 387-9

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¿Clonar humanos en México?
Reflexiones de la CEM sobre la clonación


Recientemente se ha hecho del dominio público que algunas instituciones mexicanas con responsabilidad nacional en los campos de salud, educación y tecnología, están interesadas en desarrollar en nuestro país una línea de investigación de células estaminales embrionarias, para lo cual se está promoviendo en el Congreso de la Unión una ley que permita la clonación de embriones humanos con fines terapéuticos y reproductivos.

Por estas razones las Comisiones Episcopales de Pastoral Familiar y su Departamento de Vida, de Pastoral de la Salud y de Doctrina de la Conferencia del Episcopado Mexicano ofrecen, conjuntamente, estas reflexiones:

* La clonación humana consiste en la creación artificial de embriones humanos, con patrimonio genético idéntico al de otro ser humano. Se hace con dos finalidades: reproductiva y “terapéutica”. La primera persigue obtener un hijo con un genoma idéntico al donante del núcleo. La segunda pretende curar enfermedades mediante la generación de un embrión humano al que se deja desarrollar sólo hasta el estadio de blastocisto, para tomar células de su masa interna, ocasionando la muerte del embrión, para obtener las llamadas células estaminales. A la clonación “terapéutica” en algunos ambientes se ha propuesto llamar “transferencia nuclear”; sin embargo, se trata de una manipulación eufemística del lenguaje, que pretendería evitar la carga negativa del término clonación. De esta manera se buscaría confundir, haciendo pensar que mientras la “clonación” se refiere a la reproducción de individuos genéticamente idénticos al donante del material genético, la “transferencia nuclear” se referiría tan sólo a una producción de determinado tipo de células.

* La licitud o ilicitud moral de la clonación humana, indistintamente de que se pretenda una finalidad “terapéutica” o reproductiva, en última instancia depende de la concepción que se tenga del ser humano. Ahora bien, a excepción de los regímenes totalitarios, todos los pensadores, investigadores y científicos —aun los que se declaran ateos— aceptan que el valor de la persona humana es radical. Esto quiere decir que este valor se encuentra en la raíz de lo que es el ser humano y no en la manera como actúa ni en función de lo que puede ser considerado. Esta convicción es la que debería estar detrás de toda investigación e inversión que se realice para mejorar la calidad de vida de los seres humanos.

* El embrión humano es el resultado de la fusión de los gametos humanos femenino y masculino. La biología nos revela que se trata de un individuo de la especie humana, con una identidad genética definida desde el momento de la concepción. Y si la biología constata que el embrión humano, desde su etapa unicelular, es un individuo de la especie humana, distinto del padre y de la madre, no podemos sino afirmar que se trata de una persona y que, por consiguiente, debe tratársele como tal. Por lo tanto, las leyes deben reconocerle derechos, el primero de los cuales es el derecho a la vida. En nuestro país la Suprema Corte de Justicia de la Nación ha confirmado que el ser humano, desde el momento de su concepción y/o fecundación, se encuentra protegido por la Constitución, y que el artículo 14, que establece que nadie puede ser privado de la vida, implica el derecho del concebido a la vida.

* Así pues, por tratarse de un ser humano, el embrión posee el mismo valor radical que todos reconocen al ser humano, con una dignidad inalienable, lo cual implica que no puede ser usado por otro, ya que existe una igualdad fundamental entre todos los hombres. A diferencia de los animales, que tienen un valor instrumental, el ser humano posee valor por sí mismo.

*En la clonación se pervierten relaciones fundamentales de la persona humana como la paternidad y la filiación. Esto no es trivial, pues en el caso del hombre es claro que su ser sociable es al modo familiar y no al modo gregario.

•En cuanto a la justificación “terapéutica” para la clonación, nos enfrentamos con el hecho de que ningún ser humano puede ser instrumentalizado o utilizado para lograr el bien de otro. La clonación “terapéutica” subordinaría al ser humano clonado al enfermo, alimentando la idea de que sería lícito que algunos hombres tuviesen un dominio total sobre otro ser humano, hasta el punto de determinar su identidad biológica, emulando el acto creador para llamar a la existencia a una persona humana, que ha de ser destruida y usada como residuo biológico para la extracción de algunas células troncales. Hacer las cosas de este modo niega la convicción de que el ser humano es único e irrepetible, implica negar su dignidad, sus valores y derechos, y lo considera susceptible de ser utilizado con fines instrumentales y manipulado como objeto.

EL OBSERVADOR 387-10

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TESTIMONIO
Un condenado ofrece su vida por la salvación espiritual de otro


La siguiente carta fue enviada a una hermana de la Visitación, de la provincia de Emmitsburg, Maryland, Estados Unidos, por Mary Columbia, superiora de las religiosas de Maryknoll, Nueva York. Estas religiosas llevan la Medalla Milagrosa al cuello, suspendida de una cadena. He aquí lo que explica dicha superiora:

«Un testigo ocular nos comunicó un hecho extraordinario en el que la Medalla Milagrosa manifiesta una vez más su poderosa intervención. Este testigo, sacerdote de la Sociedad del Verbo Divino, nos contó de viva voz que una noche fue llamado para asistir a un joven negro encarcelado y condenado a muerte. Este muchacho le dijo que una hermosa señora se le había aparecido junto a su cama y le había dicho: «Si quieres que yo sea tu madre y tú quieres ser hijo mío, pide que te dejen ver a un sacerdote católico». El joven condenado se puso a reclamar a voz en grito un sacerdote católico. Como no lograban calmarlo, hicieron llamar al mencionado sacerdote. Hay que notar que, poco antes de esta visión, el muchacho negro había visto una medalla colgada al cuello de otro prisionero negro. Como antes no había visto nunca medallas, le preguntó qué era aquello, y el otro, arrancándosela de su cuello, se la entregó. El joven condenado, que se llamaba Claudio Newman, recibió la medalla, pidió un trozo de cordel al carcelero y se la puso al cuello. El compañero de infortunio la había recibido de una maestra cuando asistía aún a la escuela elemental: era una Medalla Milagrosa.

El sacerdote se puso a instruir a Claudio en la doctrina católica y se quedó muy sorprendido de las inteligentes respuestas de aquel muchacho que no sabía leer ni escribir. Cuando le preguntó quién le ayudaba en aquel estudio, Claudio no quiso responder detenido por el temor. Es que el sacerdote no había prestado fe a su relato de la visión de la Virgen e incluso se había enfadado cuando insistía en decir que era verdad. Al fin, como que el padre le prometió no enfadarse, le dijo que era la Santísima Virgen quien le ayudaba a aprender la lección. A pesar de todo, el padre siguió incrédulo. Uno de los días siguientes, cuando el padre visitaba la prisión, Claudio le dijo: «Padre, la Santísima Virgen quiere que le diga algo que le convencerá de mi veracidad». Mencionó entonces una promesa que aquel sacerdote había hecho cuando estaba en las trincheras de Holanda. Le indicó la fecha exacta, así como el lugar en que hizo la promesa a la Virgen, y en qué consistía tal promesa. Desde aquel momento, el padre creyó los relatos de Claudio.

El prisionero fue bautizado y recibió la primera comunión. El padre estaba convencido de la inocencia de Claudio; hizo investigaciones y descubrió que la abuela de aquel muchacho había levantado un falso testimonio contra él, cuyo resultado fue el encarcelamiento y la condena a muerte por homicidio. El padre logró que varios funcionarios se interesasen por esta causa, de tal manera que todos los que tomaron parte en aquel asunto tuvieron que rendirse ante la evidencia y creyeron en la inocencia del acusado, el cual fue invitado a salir de la prisión.

Al saber esto, Claudio respondió que la Santísima Virgen le había pedido que ofreciera su ejecución por el alma de un prisionero blanco, inmoral y criminal, un hombre horrible que se había mostrado particularmente cruel con Claudio. En el día señalado, Claudio fue ejecutado haciendo una santa muerte. El P. Robert pidió sus despojos mortales e hizo celebrar por él solemnes funerales en la iglesia de la Misión.

El criminal blanco también fue condenado a ser electrocutado, y pronto llegó su día. Al dirigirse a la silla eléctrica, juraba y blasfemaba, y mientras lo ataban a la silla, insultaba a la Iglesia católica. De repente, su mirada se quedó fija y se calló. Después, pidió que acudiera un sacerdote católico. El P. Robert llegó, oyó en confesión al condenado, le dio la absolución, pues era un católico que había renegado de Dios y de la religión. Interrogado sobre lo que le había causado aquel cambio súbito de sentimientos, el condenado respondió: «He visto a Claudio de pie allá. La Santísima Virgen estaba detrás de él, con las manos puestas sobre los hombros de Claudio. Este me mostró con un gesto las llamas del infierno y me hizo saber que Nuestra Señora le había pedido que ofreciera su vida por mi alma, porque Ella quería salvarme del infierno.»

Cuando el condenado hubo dicho esto, su tiempo había transcurrido y se conectó la corriente eléctrica.

El sacerdote que asistió a estas escenas es el Pbro. Robert O´Leary, que vivía en Ciarksdale, Mississipi, como capellán de la prisión, y al mismo tiempo estaba encargado de una misión para personas de raza negra. Actualmente tiene unos 60 años de edad y es natural de Chicago.

EL OBSERVADOR 387-11

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Miss Estados Unidos rompe esquemas y defiende la castidad
* Su decisión le ocasionó originalmente una reprimenda.


En un mundo en el que el culto al cuerpo, la belleza física y el hedonismo como estilo de vida son una norma, encontrar una persona con capacidad de influir en la opinión pública que promueva abiertamente la castidad entre las adolescentes viene a ser algo así como encontrar una perla en un lodazal. En estos días y en los Estados Unidos, una perla de estas características tiene nombre y apellido: Erika Harold, Miss Estados Unidos.

Coronada el 21 septiembre de 2002, esta joven de 22 años, natural de Illinois, tenía ya un tiempo promoviendo la abstinencia sexual entre los adolescentes. Pero no fue sino hasta que ganó el título de Miss Illinois, en junio, que Harold dirigió conferencias a favor de la abstinencia a unos 14 mil jóvenes del estado.

Ya como ganadora del certamen nacional de belleza, George Bauer, director ejecutivo interino de la organización del Miss Estados Unidos, y otros funcionarios del certamen, le ordenaron directamente que se limitara a hablar de la prevención de la violencia juvenil, y le prohibieron hacer cualquier manifestación a favor de la abstinencia sexual

Desde el principio ella sabía que recibiría presiones, y al triunfar en el concurso dijo que resistirá los esfuerzos de los funcionarios del Miss América para silenciar sus opiniones a favor de la castidad. «No me intimidaré», afirmó.

Cuando se hicieron públicas las presiones anti-castidad contra Erika Harold, Bauer no respondió a la prensa sobre esta censura.

Lo que llama poderosamente la atención es la incoherencia de los funcionarios en el tema sexual, pues ahora se oponen a la difusión de la castidad, y por mucho tiempo prohibieron a las elegidas como Miss Estados Unidos —e incluso a las concursantes— estar a solas con un hombre, sea su padre o hermano, sin un chaperón.

Desde 1990 se ha exigido a las concursantes del certamen estadounidense adoptar un tema oficial de promoción. Harold ganó el concurso Miss Illinois con la plataforma «Abstinencia sexual en la adolescencia: respétate a ti mismo, protégete a ti mismo». Sin embargo, los funcionarios del certamen reemplazaron la abstinencia por la violencia juvenil, porque arguyeron que sería más «pertinente».

Erika Harold consiguió que los organizadores de Miss Estados Unidos levantaran el veto a que la habían sometido para poder expresarse con entera libertad respecto de la abstinencia sexual, de drogas y alcohol. La joven afirmó no estar dispuesta a renunciar a sus firmes creencias por el simple hecho de haber sido coronada reina de la belleza.

Declaró también que la educación en la abstinencia es un componente indispensable en la prevención de la violencia juvenil, porque esta violencia está relacionada con un permisivo comportamiento sexual y con la promiscuidad.

(Fuentes: AICA y ACI)

EL OBSERVADOR 387-12

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FIN

 
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