El Observador de la Actualidad

EL OBSERVADOR DE LA ACTUALIDAD
Periodismo católico para la familia de hoy
29 de diciembre de 2002 No.390

SUMARIO

bulletPORTADA - Diez claves para entender Pacem in Terris, una tarea permanente, de Juan Pablo II
bulletCARTAS DEL DIRECTOR - La paz de Cristo; la paz de la Iglesia
bulletJUAN PABLO II HABLA A LOS NIÑOS - Jesús a los doce años
bulletCRITERIOS - Canto a los abuelos
bulletEL RINCÓN DEL PAPA - María, modelo de adhesión a la voluntad de Dios
bulletINTIMIDADES- LOS JÓVENES NOS CUENTAN- No doy el ancho
bulletSe solicita
bulletPINCELADAS - Dos madres
bulletLA VOZ DEL PADRE LORING - La ciencia no ha demostrado que Dios no exista
bulletCULTURA - Palabras, palabras, palabras...
bulletDOCUMENTOS - «Pacem in terris, una tarea permanente» (Extracto del mensaje de Juan Pablo II para la Jornada Mundial de la Paz 2003)

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PORTADA
Diez claves para entender Pacem in Terris, una tarea permanente, de Juan Pablo II


El Papa, recordando los 40 años de la encíclica Pacem in Terris del "Papa bueno", Juan XXIII, emitió su mensaje para la Jornada Mundial de la Paz 2003, a celebrarse el próximo 1º de enero. Lo dividió en diez puntos que pueden sintetizarse de la siguiente manera:

1. El papa Juan XXIII emitió hace casi 40 años la histórica encíclica Pacem in Terris, cuya primera afirmación era: "La paz en la tierra, suprema aspiración de toda la humanidad a través de la historia, es indudable que no puede establecerse ni consolidarse si no se respeta fielmente el orden establecido por Dios".
2. El mundo al que se dirigía Juan XXIII se encontraba en un profundo estado de desorden: había habido dos guerras mundiales, la amenaza de una nuclear, se habían consolidado sistemas totalitarios demoledores y se había desencadenado la mayor persecución contra la Iglesia que la historia haya conocido jamás.
3. Juan XXIII indicó las condiciones esencia-les para la paz: la verdad, la justicia, el amor y la libertad.
4. "La humanidad "escribió" ha emprendido una nueva etapa de su camino", caracterizada por "la convicción de que todos los hombres son, por dignidad natural, iguales entre sí".
5. En otro punto, anticipándose a la fase sucesiva de la evolución de las políticas mundiales, proclamaba que el concepto de bien común debía formularse con una perspectiva mundial: "Bien común universal". Por esto miraba con gran esperanza hacia la Organización de las Naciones Unidas y, en su momento, expresó un particular aprecio por la Declaración universal de los derechos del hombre, considerándola "un primer paso introductorio para el establecimiento de una constitución jurídica y política de todos los pueblos del mundo".
6. Es verdad que, a pesar de muchas dificultades y retrasos, en los 40 años transcurridos ha habido "un notable progreso" hacia la realización de la noble visión de Juan XXIII.
7. Precisamente porque las personas son creadas con la capacidad de tomar opciones morales, ninguna actividad humana está fuera del ámbito de los valores éticos. La política "incluso, por supuesto, la internacional" está sometida también al juicio moral.
8. Hay una relación inseparable entre el compromiso por la paz y el respeto de la verdad. La honestidad en dar informaciones, la imparcialidad de los sistemas jurídicos y la transparencia de los procedimientos democráticos dan a los ciudadanos el sentido de seguridad.
9. La paz no es tanto cuestión estructuras como de personas. La religión tiene un papel vital para suscitar gestos de paz y consolidar condiciones de paz.
10. Fijándonos en el beato Juan XXIII, nos sentimos invitados a comprometernos en sus mismos sentimientos: confianza en Dios misericordioso y compasivo, que nos llama a la fraternidad; confianza en los hombres y mujeres tanto de hoy como de cualquier otro tiempo, gracias a la imagen de Dios impresa igualmente en los espíritus de todos.

EL OBSERVADOR 390-1

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CARTAS DEL DIRECTOR
La paz de Cristo; la paz de la Iglesia
Por Jaime Septién


Con la publicación del mensaje del papa Juan Pablo ll para la celebración de la trigésima sexta Jornada Mundial de la Paz, que se celebra, por tradición, el día primero de enero, la Iglesia católica quiere llamar la atención de todos hacia el logro de lo que más ansiamos cada uno: vivir en paz. Pacem in Terris: compromiso permanente es el tema de reflexión que ha querido darnos el Santo Padre para meditar este año. Con la firme intención de que la "Paz en la Tierra" sea para los cristianos una obligación, una manera de ser, un distintivo sublime y, a la vez, civilizador.

Pacem in Terris quiere decir, hoy, muchas cosas. Primero: recuerda que se cumplen 40 años de la encíclica de Juan XXlll. Segundo: nos trae el ejemplo de este Papa, llamado "el Papa Bueno", que publicó la encíclica a los cuatro años y medio de su coronación y 53 días antes de morir. Y, tercero: repite el estribillo de la más bella canción jamás escuchada por oído de hombres: la que fue entonada por los ángeles en los campos cercanos a la hoy acribillada Belén. Algo más: la encíclica de Juan XXlll fue la primera en la historia que no sólo se dirigió a los obispos y fieles católicos sino, siguiendo la canción de Belén, "a los hombres de buena voluntad". A 40 años de distancia, el mensaje sigue siendo rabiosamente actual: la paz entre los hombres y entre las naciones "ha de fundarse en la verdad, la justicia, el amor y la libertad".

He ahí sus cuatro pilares. La verdad. Imposible la paz con la mentira, el engaño, la simulación, la puñalada, la tarascada, la corrupción... La justicia. Causa de la prosperidad: ni hombre ni sociedad se desarrollan si la injusticia, el desequilibrio, la desigualdad, son el pan de cada día... El amor. La imitación de Cristo: el camino en el bosque, puerta de entrada al otro, capacidad de encuentro, norma suprema, calor para nuestros entumecidos corazones... La libertad. El sí de la adhesión a Cristo, la fe, el testimonio personal de que Cristo habita nuestra alma"

La paz tiene una naturaleza humana y cristiana. Es la suprema aspiración del hombre como hombre y como hijo de Dios. Objeto deseable y fecundo que muestra la madurez de las personas y los pueblos... La paz está en el Evangelio, pero no basta enunciarla, hay que anunciarla en el testimonio de la solidaridad con el pobre, con el débil, con el desvalido. No florece si unos pocos tienen mucho y muchos no tienen nada. Trabajar por la paz significa renunciar al atesoramiento, repartir lo que tenemos, cuidar del enfermo, vestir al desnudo, dar de comer al hambriento...

La paz de Cristo es la paz de la Iglesia. Y exige: fomento de iniciativas a su favor; diálogo constante con quienes están en su contra; educación para comprenderla; amor para difundirla; valor para defenderla; tesón para testimoniarla. La paz es nuestro tesoro, a condición de que seamos santos, mártires cotidianos: que estemos dispuestos a perdernos por ella, por amor a Cristo. Y a la Iglesia"

EL OBSERVADOR 390-2

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JUAN PABLO II HABLA A LOS NIÑOS
Jesús a los doce años


El Niño, que en Navidad contemplamos en el pesebre, con el paso del tiempo fue creciendo. A los doce años, como saben, subió por primera vez, junto con María y José, de Nazaret a Jerusalén con motivo de la fiesta de la Pascua. Allí, mezclado entre la multitud de peregrinos, se separó de sus padres y, con otros chicos, se puso a escuchar a los doctores del Templo, como en una « clase de catecismo ». En efecto, las fiestas eran ocasiones adecuadas para transmitir la fe a los muchachos de la edad, más o menos, de Jesús. Pero sucedió que, en esta reunión, el extraordinario Adolescente venido de Nazaret no sólo hizo preguntas muy inteligentes, sino que Él mismo comenzó a dar respuestas profundas a quienes le estaban enseñando. Sus preguntas, y sobre todo sus respuestas, asombraron a los doctores del Templo. Era la misma admiración que, en lo sucesivo, suscitaría la predicación pública de Jesús: el episodio del Templo de Jerusalén no es otra cosa que el comienzo y casi el preanuncio de lo que sucedería algunos años más tarde.

Queridos chicos y chicas, coetáneos del Jesús de doce años: "no vienen a su mente, en este momento, las clases de religión que se dan en la parroquia y en la escuela, clases a las que están invitados a participar" Quisiera, pues, hacerles algunas preguntas: "cuál es la actitud de ustedes ante las clases de religión" "Se sienten comprometidos como Jesús en el Templo cuando tenía doce años" "Asisten a ellas con frecuencia en la escuela o en la parroquia" "Les ayudan en esto sus padres"

Jesús a los doce años quedó tan cautivado por aquella catequesis en el Templo de Jerusalén que, en cierto modo, se olvidó hasta de sus padres. María y José, regresando con otros peregrinos a Nazaret, se dieron cuenta muy pronto de su ausencia. La búsqueda fue larga. Volvieron sobre sus pasos y sólo al tercer día lograron encontrarlo en Jerusalén, en el Templo. «Hijo, "por qué nos has hecho esto" Mira, tu padre y yo, angustiados, te andábamos buscando» (Lc 2, 48). ¡Qué misteriosa es la respuesta de Jesús y cómo hace pensar! «"Por qué me buscaban" "No sabían que Yo debía estar en la casa de mi Padre"» (Lc 2, 49). Jesús volvió de Jerusalén a Nazaret con María y José, donde vivió sujeto a ellos. Sobre este período, antes de iniciar la predicación pública, el Evangelio señala sólo que «progresaba en sabiduría, en estatura y en gracia ante Dios y ante los hombres» (Lc 2, 52).

Queridos chicos: el muchacho de doce años que dialoga con los doctores en el Templo de Jerusalén es el mismo hombre adulto que, más tarde, con treinta años, comenzará a anunciar la palabra de Dios.

¡Dios los ama, queridos muchachos!

Vaticano, 13 de diciembre de 1994

EL OBSERVADOR 390-3

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CRITERIOS
Canto a los abuelos *
Por Carlos Castillo Peraza


Juan Pablo II es uno de los adoloridos viejos que recuerdan con horror la sangre derramada en el siglo XX y no bajan la guardia con tal de que el XXI sea un siglo de justicia, de libertad y de paz.

Quizá el cambio físico más impresionante, entre los muchos que es posible advertir en Juan Pablo II después de más de veinte años de pontificado, es el del rostro. Semicerrado el ojo izquierdo, ahondadas las arrugas, los labios en apretado rictus distendido intermitentemente por una sonrisa. No termina allí el deterioro corporal del Papa. Han estado, ante millones de ojos, el temblor de la mano izquierda agitada por el Parkinson, la fragilidad de las piernas que se mueven y flexionan con evidente dificultad, el encorvamiento de la espalda, el flaquear momentáneo de la voz, el cabello agostado y la piel deshidratada.

El Papa es un viejo. Es un hombre cuya edad lo ubica entre los abuelos del mundo. Esos que ayer caminaron con paso firme, trabajaron con entusiasmo, cargaron con los hijos "y con los padres de los padres-, se movieron con agilidad, corrieron, saltaron, leyeron hasta altas horas de la noche, laboraron al rayo del sol, lanzaron con fuerza las semillas al viento, apretaron con vigor las tuercas, construyeron, curaron, investigaron, estudiaron, escribieron, y hoy se doblan, se fatigan, sufren por el paso inexorable del tiempo; ésos son los hombres de su generación. Forman seguramente la mayoría de los que no pudieron verlo de cerca, ni acudir a vitorearlo; quizá la enfermedad "viejos ya ciegos, viejos ya sordos, viejos esposados a sus sillas de ruedas o atados a sus lechos- les impidió mirarlo y escucharlo por la radio o la televisión, leerlo en los periódicos. Él es uno de ellos, uno de los adoloridos viejos que recuerdan con horror la sangre derramada en el siglo XX y no bajan la guardia con tal de que el XXI sea un siglo de justicia, de libertad y de paz para quienes pertenecemos a la generación de los hijos y a la de los nietos.

Al Papa no le da miedo ni le causa vergüenza ser un viejo. Ni parecerlo. Ni ser visto en sus debilidades. No usa peluca, no disimula su cojera, no se hace maquillar ni reconstruir el párpado dañado, no esconde su necesidad de apoyarse en un bastón ni la de hacer una pausa a la mitad de una escalera; se muestra como es. Hace veinte años, cuando lo acompañaban la fortaleza de los músculos y el pleno control del cuerpo, tampoco dudó en dar prueba de su energía y su vitalidad. Acepta el tiempo y los efectos del tiempo. Sabe que éste es la materia prima de la eternidad. No ignora que el hombre está sometido al tiempo en el tiempo. Y que el pasar de los años obliga a pagar un tributo que no es vergonzoso ni es indigno. Esa humanidad sometida al tiempo, parece decirnos el Papa, es, en su fragilidad, el Belén del Universo, el sitio vivo de la encarnación de Jesucristo. Nos dice así que hay mucho que hacer por los que sufren "es una obligación- pero, sobre todo, nos dice qué hacer con el dolor: ponerlo sobre el altar en acto libre de sublimación.

Cristo no pasó de la juventud. Tal vez por eso el Dios encarnado nos parece siempre niño o siempre joven. Así nos lo han pintado, esculpido y contado. Así fue: murió a los 33 años de edad. Juan Pablo II "con su docilidad a la dimensión temporal de la condición humana- nos enseña que la vejez también está habitada por el misterio más misterioso de los misterios: el del Dios que se hizo carne, para el cual el hombre no tiene edad. Es el hombre en todos sus tiempos, géneros, números y personas. Como los verbos. Como el Verbo.

El Papa que fue obrero, actor, estudiante, alpinista, remero, caminante y corredor hubiera podido disimular la carga de los años, el dolor de la enfermedad, el temor de la inseguridad material. Pero no. No nos tendió ni cayó en la trampa según la cual la imagen de Dios sólo puede ser la de la frescura de la infancia, la del ímpetu de la juventud o la de la seguridad de la madurez, a las que rendimos culto casi idolátrico los hombres y las mujeres de hoy, cumpliendo mandamientos de moda, higiene y gimnasio: no fumarás, no comerás carbohidratos, amarás la salud y la lozanía sobre todas las cosas, honrarás a tu báscula, no envejecerás, no sufrirás. El Papa se somete a la ley del hombre que es la de la vida, la del amor, la de la muerte. Nacemos "con tres heridas", precisamente estas tres, como escribió el poeta Miguel Hernández, infinitamente más exacto que el entrenador, el cosmetólogo o el geriatra. Las lágrimas vertidas por muchos de los que fueron a despedirlo son las de quienes saben que muy probablemente el abuelo los visitó en su casa por última vez. Llanto que expresa el gozo de haberlo recibido, mezclado con la tristeza de un adiós que se intuye como probablemente el último en el tiempo y en el espacio. Vértigo, diría Borges, porque no estamos "acostumbrados a la eternidad".

Juan Pablo II ha hecho de su asumido deterioro físico un himno a eso que ahora llamamos tercera edad. Un sacramento a la vejez. Un poema a la debilidad. Una proclamación del dolor como parte esencial de la redención. Un canto a los abuelos.
*Tomado la revista Signo de los Tiempos, noviembre de 2002.

EL OBSERVADOR 390-4

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EL RINCÓN DEL PAPA
María, modelo de adhesión a la voluntad de Dios


Estas palabras las pronunció hace unas semanas el papa Juan pablo II ante varios miles de peregrinos congregados en la plaza de San Pedro, en el Vaticano:

«Con el rezo del Angelus todos los días repetimos tres veces Et Verbum caro factum est (Y el Verbo se hizo carne). La humilde muchacha de Nazaret, que con su "sí" al ángel cambió el curso de la historia. La primera en beneficiarse de la obra de la salvación realizada por Cristo fue precisamente ella, escogida desde la eternidad para ser su Madre. La liturgia subraya los prodigios que Dios realizó gracias a Ella: "La alegría que nos quitó Eva nos la devuelves en tu Hijo, y abres de par en par el camino hacia el Reino de los cielos" (Himno de los Laudes).

«Al mismo tiempo, estamos llamados a imitarla: Dios quedó prendado de su dulce humildad. Al mensajero celeste le respondió: Ecce Ancilla Domini, fiat mihi secundum verbum tuum (Lucas 1, 38), "¡He aquí la esclava del Señor! Con esta actitud interior los creyentes son llamados a acoger la voluntad divina en toda circunstancia.

«Los invito, queridos hermanos y hermanas, a que le pidamos a la Virgen que nos ayude a todos los cristianos a ser discípulos auténticos de Cristo para que en ellos sea cada vez más pura la fe, más firme la esperanza y más generosa la caridad».

EL OBSERVADOR 390-5

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INTIMIDADES- LOS JÓVENES NOS CUENTAN-
No doy el ancho
Por Yusi Cervantes Leyzaola


PREGUNTA
Tengo 29 años. Me peleo mucho con mi mamá. Yo la quiero mucho, pero su manera de ser es seca. Deja empezar con un detalle que he superado: cuando yo tenía 12 años un hombre abuso de mí. Mi papá jamás ha sabido esto. Y es difícil contarlo. No lo he superado totalmente, pues cuando estoy sola con un hombre en un cuarto cerrado me da miedo. Después de esto, le tomé coraje a los hombres. Lo he superado. Porque soy una muchacha con inquietudes. Me gustan lo muchachos. Cosa normal. Soy muy tranquila. Mi mamá me ha ayudado a superarme. Gracias Dios, a mi esfuerzo y a gente que confió en mí logré estudiar la licenciatura en Educación Preescolar. Aparte del problema de mi relación con mi mamá, tengo problemas de autoestima, y como te imaginarás, la relación con mi papá no es muy amena pues es hombre. Casi no tengo amigos(as). Pero soy muy sociable. En mi vida mi mamá me ha enseñado a confiar en Dios; de hecho, Él es mi mejor psicólogo, mi mejor amigo. Mi mamá es muy activa y rápida. Se desespera conmigo, porque ha veces no doy el ancho que ella quisiera. Cuando discutimos, la que lleva siempre la culpa soy yo, porque no sé callarme. Mi papá es neurótico aunque no lo reconoce. Cuando habla sus palabras son hirientes. Mi papá se desespera de ver mi reacción. En mi casa no sabemos dialogar. Yo soy muy sensible. Me da coraje que mi papá y mi mamá no puedan entablar una comunicación amena. Al ver la relación que llevan no se me antoja casarme. Yo ya estoy harta de mí, de mi carácter tan sensible, que por cualquier cosa me enojo. Mi autoestima la he ido superando poco a poco. Pero a veces decae. Por las exigencias de la vida, de la gente. Observo que el mundo esta hecho para la gente bien, con capacidad, para gente bonita. Cuando tengo problemas con mi mamá, siento que estorbo, quisiera desaparecer e ir a un lugar donde nadie sepa de mí. Para mi mamá el hecho de que ha veces no nos llevemos bien no es un problema. pero para mí, sí: me desespero, me deprimo. Casi no le cuento cosas personales, sólo lo principal; inquietudes e ilusiones, no. Porque no me gustan, me da coraje tenerlas. Porque no existen. Una vez tuve un dizque novio, porque nada más duré un mes y lo vi tres veces. Nos hicimos buenos amigos. Para mí es normal decir que me gusta un muchacho, pero ya se que no me hacen caso.

Hay muchos detalles en mi relación con mi mamá que me gustaría superar. Empezando por el saber controlar mi carácter y el enseñarme a entablar una relación más o menos amena con mi mamá. Que acepte que soy yo. Que ya crecí, que la vida enseña, sin necesidad que ella me esté diciendo cómo hacer las cosas. Aunque ha veces es bueno que me lo diga. Pero que me deje discernir, experimentar por mi misma, encontrar respuestas a la vida. Que a veces son amargas y otra veces agradables. Claro, sin olvidar que Dios existe, que es el único amigo fiel. Que siempre esta con nosotros. Que Dios es todo. En mi vida una vez opté por la vida religiosa. Pero después llegaron otras inquietudes y para poder optar por un camino quisiera sanar, liberarme de pequeños detalles que traigo arrastrando en mi vida: la relación con mis padres, aceptar la vida, saberla saborear sin que me afecte tanto y mejorar mi autoestima.

RESPUESTA
Esos pequeños detalles que tienes que resolver son, en realidad, asuntos muy profundos que tienen que ver con algo que mencionas varias veces: la autoestima. O diría mejor: el amor por ti misma. Es lo que te hace falta: amarte, respetarte, confiar en ti, en tus valores, en tus capacidades, en tus ideas, validar tus sentimientos. Entonces podrías controlar tu temperamento, aprender a comunicarte mejor y a manejar tus sentimientos, entre otras cosas. Por cierto, esa sensibilidad que tienes es un gran don, pero es necesario que sea fuente de riqueza interior y no causa de perder la paz y la serenidad. Esto también lo puedes aprender, a partir del amor por ti misma.

El origen de esta falta de autoestima me parece que está en errores que cometieron tus padres durante tu infancia, y que ahora expresas, como que tu madre es seca, tu padre dice cosas hirientes, sientes que no das el ancho respecto a las aspiraciones de tus padres y no confías en ellos. Quisieras que ellos cambiaran; en concreto, lo dices respecto a tu mamá. Pero tú no puedes lograr tal cosa. Lo único que puedes lograr es cambiar tú misma. Tienes 29 años. Ya no se trata de que tu mamá se dé cuenta de que creciste, sino de que tú te comportes como mujer adulta. Para esto sería muy conveniente tener ayuda profesional. Claro, como dices, sin olvidar la ayuda de Dios. Pero para recibir esa invaluable ayuda, la de Dios, es necesario creer verdaderamente que Dios te ama. Si estuvieras verdaderamente convencida de que Dios te ama, si lo sintieras en el corazón, si vivieras como persona que se sabe amada, tu vida cambiaría radicalmente. Pero, para lograrlo, necesitas sanar esas heridas que te han apartado del eje de tu vida, de ese eje interior que te conduce a Dios. Estar desviada de ese eje es lo que te provoca tantas confusiones, como el sentir que has superado y al mismo tiempo que no has superado ciertos problemas.

El abuso que sufriste por supuesto que es una de las heridas que necesitas sanar. Pero no es la única, como creo que te das cuenta. En todo caso, amándote a ti misma darás a esa experiencia el lugar que le corresponde, desde donde ya no podrá hacerte daño.

Gracias por tu confianza. Deseo que logres salir de esta confusión interior y que construyas tu vida. Sé que puedes hacerlo.

La psicóloga Cervantes responderá las preguntas que se le envíen a El Observador: Reforma 48, apdo. 49, Querétaro, Qro. C.P. 76000; o que se le hagan al teléfono 228-02-16. Citas al 215-67-68 Correo electrónico: cervleyza@msn.com 

EL OBSERVADOR 390-6

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Se solicita
Por Jesús Escamilla González


Solicito a una persona de sexo masculino entre 25 o más años (en realidad la edad no importa, únicamente que goce del mayor grado de madurez posible), con disposición aunque sea de unas 5 horas a la semana. No importa si tiene carro, dinero o una gran mansión. En cuanto a las características físicas, es realmente irrelevante.

Requiero que sepa jugar, o al menos le interese aprender y que juegue conmigo. Que tenga un poquito de paciencia como para enseñarme algunas cosas que desconozco. Que me mire a los ojos para que yo sepa que me está prestando toda su atención.

Me gustaría una persona que pueda mirar más allá de mis gestos y mis palabras y que pueda percibir cuáles son mis sensaciones, sentimientos o necesidades. Que sepa abrazar, de preferencia, o, por lo menos, que a veces pueda darme una palmada en la espalda como gesto de cariño.

Una persona que de vez en cuando me hable de él, de lo que siente, de sus gustos, de sus sueños; vaya, de cualquier cosa. Algo fundamental: que sepa reír y gozar del momento en el cual estemos juntos.

En realidad, yo no sé si esto sea realmente tan difícil de conseguir, o de poder brindar, ya que la persona que creí que podía hacerlo un día se fue, no sé si porque no le inspiré lo suficiente, o porque su situación personal fue mayor, no lo sé, simplemente se fue.

Me pregunto si yo algún día, al mirar un anuncio como éste, solicitando a alguien así, vaya a ser lo suficientemente capaz como para llenar esos breves y sin embargo muy valiosos requisitos.

Creo que ya son demasiadas palabras y me han dicho que un anuncio clasificado debe ser corto. Ahora el problema es en qué sección pondré mi anuncio de "SE SOLICITA PAPÁ".

EL OBSERVADOR 390-7

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PINCELADAS
Dos madres
Por Justo López Melús *


Tenemos dos madres, la madre de la tierra y la madre del cielo, y de las dos tenemos nostalgia. Y cuando la madre de la tierra nos deja, aún tenemos más necesidad de la madre del cielo. Cuando santa Teresa y santa Teresita perdieron a su madre, acudieron ante una imagen de la Virgen para pedirle una mayor protección.

Perico Delgado también sabe unir el amor a su madre con la devoción a la Virgen. Después de ganar el Tour de 1988, fue a Segovia a ofrecer un ramo de flores a la Virgen de la Fuencisla. «Mi madre "dijo" tenía gran devoción a nuestra patrona, y nos la inculcó a sus hijos. Hoy cumplo la promesa que le hice de venir a ofrecer el triunfo a nuestra patrona». Y lo mismo ha hecho Induráin, ganador del Giro y del Tour varios años, que, además de tanto entrenamiento, aún tiene tiempo de dirigir el rosario en familia.

* El autor es Operario Diocesano en San José de Gracia de Querétaro.

EL OBSERVADOR 390-8

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LA VOZ DEL PADRE LORING
La ciencia no ha demostrado que Dios no exista


El hecho de que haya tantos hombres de ciencia creyentes es prueba de que la ciencia no es obstáculo para creer. Si lo fuera, todos los científicos serían ateos. El hecho de que haya científicos ateos habrá que explicarlo por otros caminos, pero no por el hecho de ser científicos. El problema del hombre contemporáneo es la fraudulenta y persistente manipulación a que ha sido sometido por el racionalismo materialista que le asegura que «la ciencia» ha demostrado la no existencia de Dios . No hay ningún argumento científico que demuestre que no hay Dios. Por el contrario, hay muchos datos científicos que confirman la fe del creyente: desde lo que dicen los astrónomos sobre el origen del cosmos, hasta los estudios científicos realizados en la Sábana Santa de Turín.

Hay cosas inalcanzables para la ciencia experimental. La ciencia no sirve para demostrar la existencia de Dios, como tampoco sirve para demostrar el amor de una madre o la fidelidad de un esposo, aunque todo esto sea una realidad. Sin embargo, no hay duda de que la ciencia nos aporta datos válidos que confirman la existencia de Dios. Las razones para creer son suficientes, pero no evidentes como un axioma; pues Dios quiere que el hombre le acepte libremente y no a la fuerza. Las verdades de la fe son razonables y ciertas. Las podemos creer con toda firmeza, pero no se nos imponen con una evidencia aplastante, pues entonces la fe no sería meritoria, y Dios ha dispuesto que en esta vida merezcamos con la virtud de la fe.

La fe es segura y oscura al mismo tiempo. Segura porque se basa en la palabra de Dios, y oscura por la limitación de nuestro entendimiento. Por eso decía santa Teresita del Niño Jesús: «Señor, no te entiendo nada; pero te creo todo, porque me fío de Ti». Hoy, en algunos ambientes, está de moda el agnosticismo: personas que prescinden de Dios. No les interesa Dios. Se instalan en el mundo como si no hubiera nada al otro lado de la muerte. Lo primero que hay que decir es que negar a Dios no es destruirle; y el que piense que no hay nada más allá de la muerte, se va a enterar en cuanto se muera. Pues las cosas son como Dios ha dicho que son, no como nos puedan parecer a nosotros. Y si Dios ha dicho que seguiremos vivos más allá de la muerte, esto es así aunque haya quien no lo acepte. La fe es aceptar lo que no entiendo porque me fío del que me lo dice. Pero la fe es razonable. Si no lo fuera, los creyentes seríamos unos insensatos. Por eso la fe no es un salto en el vacío, a lo loco. Es muy razonable aceptar lo que no entiendo, si puedo fiarme del que entiende y me lo dice. La fe en Dios es perfectamente razonable.
(Fuente: www.multimedios.org/titulos/d000735)

EL OBSERVADOR 390-9

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CULTURA
Palabras, palabras, palabras...
Por Carlos Díaz


Por desgracia, casi ninguno de los vocablos alumbrados por la Ilustración y profusamente empleados hasta mayo del 68, última escalada verbal del repertorio contestatario, significa hoy casi nada.

Por desgracia, casi ninguno de los vocablos alumbrados por la Ilustración y profusamente empleados hasta mayo del 68, última escalada verbal del repertorio contestatario, significa hoy casi nada. Términos tan clásicos como socialismo, progreso, derechas, izquierdas, movimiento obrero, vanguardia del proletariado, soberanía y tantos más se usan inercialmente porque carecen de recambio con sentido (de resultas de lo cual los alemanes han desarrollado la cultura verbal del por así llamarlo, que podríamos traducir como discurso omoioideo), y esto sin hablar de otros ya totalmente borrados del mapa tras haber sido dramáticamente disueltos por el viento de la historia, tales como «comunismo», «anarquismo», «militancia», etc.

A la vista de todo ello "sería mucho pedir a los intelectuales orgánicos de los partidos políticos que al menos intenten definir en sus campañas electores qué quieren decir realmente cuando en sus respectivos eslóganes apelan emotivistamente a sus «opciones de progreso» ("qué partido no optaría por el «progreso»" "pero progreso también hacia el precipicio"), a sus «opciones de izquierda» (es decir, no de derechas; ahora bien, "cuál es la diferencia entre ambas"), a sus opciones como «partidos centrados» (pero "en qué centra tal o cual partido su condición centrada, en hallarse centrada en aforismos monetaristas"), sería mucho pedir que los filósofos a los cuales aluden los políticos citándoles «de oído» valgan por lo que nos dicen" "o habrá que esperar a que el pueblo se rebele contra las mitologías para retirar las estatuas faraónicas de las Plazas Rojas, o las ecuestres hagiolátricas del Caudillo de turno"

Lo más chistoso de todo este sistema de apelaciones a los símbolos y emblemas es que, incluso vaciados de contenido, continúen resultando argumento lacrimomucosonasal. ¡Valiente mayoría de edad ilustrada a que habríamos llegado manteniendo unos ídolos que sólo tienen el valor de símbolos desfigurados! ¡en tiempo de vacas rojas, rito de obligado cumplimiento citar a Marx; en tiempos de apuntarse a santo Tomás, tomismo al canto, y así sucesivamente! En fin, que para nadie es noticia que las universidades que más presumen de Ilustración son aquellas donde mayor grado de servilismo y de instrumentalización de los símbolos se registran, olvidándo que los argumentos valen o no valen, los utilice Marx o Tomarx de Aquino, marx o menox...

No. Las cosas no son verdaderas porque hoy las diga o no las diga la ya empalagosamente re-citada Escuela de Francfurt, entre otras cosas porque tiempos vendrán en que, pasada la pleamar, se descubra por ejemplo algo tan sencillo como que dicha académica Escuela nunca existió en singular (recuérdese que aquel taxista germano solicitado para dirigirse «a la Escuela de Francfurt» preguntó: «"A cuál de ellas"»), pues como todo ismo terminará usado exclusivamente por los argumentalmente perezosos.

En definitiva, mucho criticar al pueblo porque se deja llevar por lo que Marcuse denominase desublimación represiva, esto es, por el «sarna con gusto no pica» del obrero engañifado por el capitalismo que le explota a cambio del televisor en color, pero mucho contentarse también los intelectuales con la lucha de palabras, las contiendas verbales, los venablos satíricos.

Algo muy duro está teniendo lugar civilizatoriamente cuando, en lugar de esforzarse por encontrar nuevos conceptos para designar nuevas realidades, nos aferramos a vocablos del siglo anterior para definir realidades mutadas en el siguiente. Bajo tamaña irresponsabilidad, y a falta de categorías conceptuales más rigurosas, los políticos al uso se reparten el Eden según preferencias posicionales, y así unos le sitúan al Este (al Este del Eden), y entonces reducen la esperanza a sistema de seguridad, la caridad a distribución de la renta, y la religión a manerología etc; y otros le siniestrizan tanto que hasta de la foto le sacan, llegando a trucarla si es menester, y a superponer la cabeza del partido agiornato sobre el busto del Eden. Ambos, en cada caso, hacen todo lo posible por vallar el Eden a fin de convertirlo en su finquita particular: Paradise Now.

Mal, pues, nos ha de ir en el siglo XIX con morfemas, fonemas, y lexemas del XIX, no siendo una tarea de menor cuantía la de reformular un nuevo vocabulario básico donde las palabras no se desentiendan de las cosas. "Sería eso al fin la famosa «mayoría de edad» prometida por la Ilustración"

EL OBSERVADOR 390-10

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DOCUMENTOS
«Pacem in terris, una tarea permanente»
Extracto del mensaje de Juan Pablo II para la Jornada Mundial de la Paz 2003

1. Han transcurrido casi cuarenta años desde aquel 11 de abril de 1963, en que el papa Juan XXIII publicó la histórica carta encíclica Pacem in terris. Aquel día era Jueves Santo. Dirigiéndose « a todos los hombres de buena voluntad», mi venerado predecesor, que moriría dos meses después, compendiaba su mensaje de paz al mundo en la primera afirmación de la Encíclica: «La paz en la tierra, suprema aspiración de toda la humanidad a través de la historia, es indudable que no puede establecerse ni consolidarse si no se respeta fielmente el orden establecido por Dios».

Hablar de paz a un mundo dividido
2. En realidad, el mundo al cual se dirigía Juan XXIII se encontraba en un profundo estado de desorden. Sólo dos años antes de la Pacem in terris se erigió el « muro de Berlín ». Tanto como visión del mundo que como planteamiento concreto de la vida, aquel muro atravesó la humanidad en su conjunto y penetró en el corazón y mente de las personas, creando divisiones que parecían destinadas a durar siempre.
Además, justo seis meses antes de la publicación de la Encíclica, el mundo, debido a la crisis de los misiles en Cuba, se encontró al borde de una guerra nuclear.

Los cuatro pilares de la paz
3. Juan XXIII no estaba de acuerdo con los que creían imposible la paz. Con la Encíclica logró que este valor fundamental empezara a hacerse sentir en ambas partes de aquel muro y de todos los muros.
Con su espíritu clarividente, Juan XXIII indicó las condiciones esenciales para la paz en cuatro exigencias concretas del ánimo humano: la verdad, la justicia, el amor y la libertad.

Una nueva consciencia de la dignidad del hombre y de sus derechos inalienables
4. Ante la creciente conciencia de los derechos humanos que iba aflorando a nivel nacional e internacional, Juan XXIII intuyó la fuerza interior de este fenómeno y su extraordinario poder de cambiar la historia. Lo que ocurrió pocos años después, sobre todo en Europa central y oriental, fue una excelente prueba de ello. El camino hacia la paz, enseñaba el Papa en su Encíclica, debía pasar por la defensa y promoción de los derechos humanos fundamentales. En efecto, cada persona humana goza de ellos, no como de un beneficio concedido por una cierta clase social o por el Estado, sino como de una prerrogativa propia por ser persona.

El bien común universal
5. En otro punto el magisterio de la Pacem in terris se mostró profético. Ante un mundo que se hacía cada vez más interdependiente y global, el papa Juan XXIII sugirió que el concepto de bien común debía formularse con una perspectiva mundial. Para ser correcto, debía referirse al concepto de «bien común universal». Una de las consecuencias de esta evolución era la exigencia evidente de que hubiera una autoridad pública a nivel internacional que pudiese disponer de capacidad efectiva para promover este bien común universal. Esta autoridad no debería instituirse mediante la coacción, sino sólo a través del consenso de las naciones.
Por esto no sorprende que Juan XXIII mirara con gran esperanza hacia la Organización de las Naciones Unidas, constituida el 26 de junio de 1945. En ella veía un instrumento válido para mantener y reforzar la paz en el mundo.
La visión precursora del Papa, es decir, la propuesta de una autoridad pública internacional al servicio de los derechos humanos, de la libertad y de la paz, no sólo no se ha logrado aún completamente, sino que se debe constatar, por desgracia, la frecuente indecisión de la comunidad internacional sobre el deber de respetar y aplicar los derechos humanos. Al mismo tiempo, somos testigos del incremento de una preocupante divergencia entre una serie de nuevos «derechos» promovidos en las sociedades tecnológicamente avanzadas y derechos humanos elementales que todavía no son respetados en situaciones de subdesarrollo: pienso, por ejemplo, en el derecho a la alimentación, al agua potable, a la vivienda, a la autodeterminación y a la independencia. La paz exige que esta divergencia se reduzca urgentemente y que finalmente se supere.
Debe hacerse todavía una observación: la comunidad internacional, que desde 1948 posee una carta de los derechos de la persona humana, ha dejado además de insistir adecuadamente sobre los deberes que se derivan de la misma. En realidad, es el deber el que establece el ámbito dentro del cual los derechos tienen que regularse para no transformarse en el ejercicio de una arbitrariedad.

Un nuevo orden moral internacional
6. Es asimismo verdad que, a pesar de muchas dificultades y retrasos, en los cuarenta años transcurridos ha habido un notable progreso hacia la realización de la noble visión del papa Juan XXIII. El hecho de que los Estados casi en todas las partes del mundo se sientan obligados a respetar la idea de los derechos humanos muestra cómo son eficaces los instrumentos de la convicción moral y de la entereza espiritual. Y aunque se den concepciones erróneas de libertad, entendida como desenfreno, es sin duda significativo que, en los cuarenta años transcurridos desde la Pacem in terris muchas poblaciones del mundo hayan llegado a ser más libres, se hayan consolidado estructuras de diálogo y cooperación entre las naciones, y la amenaza de una guerra global nuclear haya sido controlada eficazmente.
Que haya un gran desorden en la situación del mundo contemporáneo es una constatación compartida fácilmente por todos. Por tanto, la pregunta que se impone es la siguiente: "qué tipo de orden puede reemplazar este desorden, para dar a los hombres y mujeres la posibilidad de vivir en libertad, justicia y seguridad" Y ya que el mundo, incluso en su desorden, se está «organizando» en varios campos (económico, cultural y hasta político), surge otra pregunta igualmente apremiante: "bajo qué principios se están desarrollando estas nuevas formas de orden mundial"
Estas preguntas indican que el problema del orden en los asuntos mundiales, que es también el problema de la paz rectamente entendida, no puede prescindir de cuestiones relacionadas con los principios morales.. Con otras palabras, la cuestión de la paz no puede separarse de la cuestión de la dignidad y de los derechos humanos. Ésta es precisamente una de las verdades perennes enseñada por la Pacem in terris.
"No es éste quizás el tiempo en el que todos deben colaborar en la constitución de una nueva organización de toda la familia humana, para asegurar la paz y la armonía entre los pueblos, y promover juntos su progreso integral" Es importante evitar tergiversaciones: aquí no se quiere aludir a la constitución de un superestado global. Más bien se piensa subrayar la urgencia de acelerar los procesos ya en acto para responder a la casi universal pregunta sobre modos democráticos en el ejercicio de la autoridad política, como también a la exigencia de transparencia y credibilidad.

Relación entre paz y verdad
7. Porque las personas son creadas con la capacidad de tomar opciones morales, ninguna actividad humana está fuera del ámbito de los valores éticos. La política es una actividad humana; por tanto, está sometida también al juicio moral. Esto es también válido para la política internacional.
Quizás no hay otro lugar en el que se vea con igual claridad la necesidad de un uso correcto de la autoridad política, como en la dramática situación de Oriente Medio y de Tierra Santa. Día tras día y año tras año, el efecto creciente de un rechazo recíproco exacerbado y de una cadena infinita de violencias y venganzas ha hecho fracasar hasta ahora todo intento de iniciar un diálogo serio sobre las cuestiones reales en litigio. La situación precaria se hace todavía más dramática por el contraste de intereses entre los miembros de la comunidad internacional. La lucha fratricida, que cada día afecta a Tierra Santa contraponiendo entre sí las fuerzas que preparan el futuro inmediato de Oriente Medio, muestra la urgente exigencia de hombres y mujeres convencidos de la necesidad de una política basada en el respeto de la dignidad y de los derechos de la persona. Semejante política es para todos incomparablemente más ventajosa que continuar con las situaciones del conflicto actual. Hace falta partir de esta verdad. Ésta es siempre más liberadora que cualquier forma de propaganda, especialmente cuando dicha propaganda sirviera para disimular intenciones inconfesables.

Las premisas de una paz duradera
8. Hay una relación inseparable entre el compromiso por la paz y el respeto de la verdad.. La honestidad en dar informaciones, la imparcialidad de los sistemas jurídicos y la transparencia de los procedimientos democráticos dan a los ciudadanos el sentido de seguridad, la disponibilidad para resolver las controversias con medios pacíficos y la voluntad de acuerdo leal y constructivo que constituyen las verdaderas premisas de una paz duradera. Los encuentros políticos a nivel nacional e internacional sólo sirven a la causa de la paz si los compromisos tomados en común son respetados después por cada parte. En caso contrario, estos encuentros corren el riesgo de ser irrelevantes e inútiles, y su resultado es que la gente se siente tentada a creer cada vez menos en la utilidad del diálogo y, en cambio, a confiar en el uso de la fuerza como camino para solucionar las controversias.
Pacta sunt servanda, dice el antiguo adagio. Si han de respetarse todos los compromisos asumidos, debe ponerse especial atención en cumplir los compromisos asumidos para con los pobres. El sufrimiento causado por la pobreza se ve agudizado dramáticamente cuando falta la confianza. El resultado final es el desmoronamiento de toda esperanza. La existencia de confianza en las relaciones internacionales es un capital social de valor fundamental.

Una cultura de paz
9. Si se examinan los problemas profundamente, se debe reconocer que la paz no es tanto cuestión de estructuras, como de personas. Estructuras y procedimientos de paz "jurídicos, políticos y económicos" son ciertamente necesarios y afortunadamente se dan a menudo. Sin embargo, no son sino el fruto de la sensatez y de la experiencia acumulada a lo largo de la historia a través de innumerables gestos de paz, llevados a cabo por hombres y mujeres que han sabido esperar sin desanimarse nunca. Gestos de paz se dan en la vida de personas que cultivan en su propio ánimo constantes actitudes de paz. Son obra de la mente y del corazón de quienes «trabajan por la paz» (Mt 5, 9). Gestos de paz son posibles cuando la gente aprecia plenamente la dimensión comunitaria de la vida, que les hace percibir el significado y las consecuencias que ciertos acontecimientos tienen sobre su propia comunidad y sobre el mundo en general. Gestos de paz crean una tradición y una cultura de paz.
La religión tiene un papel vital para suscitar gestos de paz y consolidar condiciones de paz. Este papel lo puede desempeñar tanto más eficazmente cuanto más decididamente se concentra en lo que la caracteriza: la apertura a Dios, la enseñanza de una fraternidad universal y la promoción de una cultura de solidaridad.

La herencia de la Pacem in terris
10. El beato Juan XXIII era una persona que no temía el futuro.. Lo ayudaba en esta actitud de optimismo la confianza segura en Dios y en el hombre, aprendida en el profundo clima de fe en el que había crecido. Persuadido de este abandono en la Providencia, incluso en un contexto que parecía de permanente conflicto, no dudó en proponer a los líderes de su tiempo una nueva visión del mundo. Ésta es la herencia que nos ha dejado. Fijándonos en él, en esta Jornada Mundial de la Paz de 2003, nos sentimos invitados a comprometernos en sus mismos sentimientos: confianza en Dios misericordioso y compasivo, que nos llama a la fraternidad; confianza en los hombres y mujeres tanto de hoy como de cualquier otro tiempo, gracias a la imagen de Dios impresa igualmente en los espíritus de todos. A partir de estos sentimientos es como se puede esperar en la construcción un mundo de paz en la tierra.
Al inicio de un nuevo año en la historia de la humanidad, éste es el augurio que surge espontáneo de lo más profundo de mi corazón: que en el ánimo de todos brote un impulso de renovada adhesión a la noble misión que la encíclica Pacem in terris propuso hace cuarenta años a todos los hombres y mujeres de buena voluntad. Esta tarea, que la Encíclica calificó como «inmensa», se concretaba en «establecer un nuevo sistema de relaciones en la sociedad humana, bajo la enseñanza y el apoyo de la verdad, la justicia, el amor y la libertad». El Papa precisaba además que se refería a las «relaciones de convivencia en la sociedad humana..., primero, entre los individuos; en segundo lugar, entre los ciudadanos y sus respectivos Estados; tercero, entre los Estados entre sí, y, finalmente, entre los individuos, familias, entidades intermedias y Estados particulares, de un lado, y, de otro, la comunidad mundial». Y concluía afirmando que el empeño de «consolidar la paz verdadera según el orden establecido por Dios » constituía una «tarea sin duda gloriosa».
El cuadragésimo aniversario de la Pacem in terris es una ocasión muy oportuna para beneficiarse de la enseñanza profética del Papa Juan XXIII. Las comunidades eclesiales estudiarán cómo celebrar este aniversario de modo apropiado durante el año, con iniciativas que pueden tener un carácter ecuménico e interreligioso, abriéndose a todos los que sienten un profundo anhelo de «echar por tierra las barreras que dividen a unos de otros».
Acompaño estos augurios con la oración a Dios Omnipotente, fuente de todo nuestro bien. Que Él ayude a las personas en cada lugar de la Tierra a construir un mundo de paz.

EL OBSERVADOR 390-11

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FIN

 
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