El Observador de la Actualidad

EL OBSERVADOR DE LA ACTUALIDAD
Periodismo católico para la familia de hoy
26 de enero de 2003 No.394

SUMARIO

bulletPORTADA - Democracia, laicidad y ética en la vida política
bulletCARTAS DEL DIRECTOR - Ni hombre sin Dios, ni política sin moral
bulletEL RINCÓN DEL PAPA - La oración al inicio del día
bulletAL PASO DE DIOS - Rezar a diario
bulletDESDE EL CENTRO DE AMÉRICA - Un movimiento de amor
bulletFAMILIA - Virginidad y matrimonio no se contraponen
bulletPINCELADAS - El sentido de la vida
bulletREPORTAJE - El evangelio copto de Tomás y su supuesto ocultamiento por la Iglesia católica
bulletLA VOZ DEL PADRE LORING - Cómo y para qué adquirir la fe
bulletPREGUNTAS CON RESPUESTA - ¿Es verdad que el condón no reduce el riesgo de las enfermedades venéreas?
bulletLOS VALORES DE LOS MEXICANOS - ¿Qué son los valores?
bulletCULTURA - El ejecutivo que encontró a Cristo
bulletCUESTIONES DE BIOÉTICA - La tecnología al servicio de la vida (I)
bulletCONTEXTO ECLESIAL - Comediantes y sofistas

  [SUMARIO] [SIGUIENTE] [INICIO]


PORTADA
Democracia, laicidad y ética en la vida política


La Santa Sede acaba de publicar una nota doctrinal sobre algunos puntos del compromiso y la conducta de los católicos en la vida política. Éste es un resumen:

I. Una enseñanza constante

El compromiso del cristiano en el mundo, en dos mil años de historia, se ha expresado en diferentes modos. Uno de ellos ha sido el de la participación en la acción política. La Iglesia venera entre sus santos a numerosos hombres y mujeres que han servido a Dios en las actividades políticas y de gobierno. Entre ellos, santo Tomás Moro, proclamado Patrón de los Gobernantes y Políticos, que supo testimoniar hasta el martirio la inalienable dignidad de la conciencia. Afirmó con su vida y su muerte que el hombre no se puede separar de Dios, ni la política de la moral. He aquí algunos principios que deben inspirar el compromiso social y político de los católicos en las sociedades democráticas.

II. Algunos puntos críticos en el actual debate cultural y político

Quieren hoy algunos que un cierto relativismo cultural, manifiesto en el pluralismo ético, sea la condición que hace posible la democracia; pero la libertad política no está ni puede estar basada en la idea relativista según la cual todas las concepciones sobre el bien del hombre son igualmente verdaderas y tienen el mismo valor. Se necesitan fundamentos verdaderos y sólidos, esto es, principios éticos que, por su naturaleza y papel en el caso, no son "negociables". La estructura democrática de un Estado moderno sería sumamente frágil si no tuviera como fundamento propio la centralidad de la persona: el respeto de la persona es lo que hace posible la participación democrática.

Quienes se comprometen directamente en la acción legislativa tienen la precisa obligación de oponerse a toda ley que atente contra la vida humana. Para ellos, como para todo católico, no es legítimo participar en campañas de opinión a favor de semejantes leyes ni apoyarlas con el propio voto.

Cuando la acción política tiene que ver con principios morales que no admiten derogaciones, excepciones o compromiso alguno, es cuando el empeño de los católicos se hace más evidente y cargado de responsabilidad. Tal es el caso de las leyes civiles en materia de aborto y eutanasia; la promoción de la familia, fundada en el matrimonio monogámico entre personas de sexo opuesto; la libertad de los padres en la educación de sus hijos; el derecho a la libertad religiosa; el desarrollo de una economía que esté al servicio de la persona y del bien común, y el respeto de la justicia social, del principio de solidaridad humana y de subsidiariedad.

III. Principios de la doctrina católica acerca del laicismo y el pluralismo

Para la doctrina moral católica, la laicidad, entendida como autonomía de la esfera civil y política respecto de la esfera religiosa y eclesiástica —nunca de la esfera moral—, es un valor adquirido y reconocido por la Iglesia, y pertenece al patrimonio de civilización alcanzado. Los ciudadanos católicos tienen el derecho-deber, como todos los demás, de buscar sinceramente la verdad y promover y defender la vida social, la justicia, la libertad, el respeto a la vida y todos los demás derechos de la persona. El hecho de que algunas de estas verdades también sean enseñadas por la Iglesia no disminuye la legitimidad civil y el "laicismo" del compromiso de quienes se identifican con ellas. Sería un error confundir la justa autonomía que los católicos deben asumir en política con la reivindicación de un principio que prescinda de la enseñanza moral y social de la Iglesia.

Vivir y actuar políticamente en conformidad con la propia conciencia no es un acomodarse en posiciones extrañas al compromiso político o una forma de confesionalidad. Aquellos que, en nombre del respeto de la conciencia individual, pretendieran ver en el deber moral de los cristianos de ser coherentes con la propia conciencia un motivo para descalificarlos políticamente, negándoles la legitimidad de actuar en política de acuerdo con las propias convicciones acerca del bien común, incurrirían en un laicismo intolerante.

IV. Consideraciones sobre aspectos particulares

Incluso en el seno de algunas organizaciones de inspiración católica han surgido apoyos a fuerzas y movimientos políticos contrarios a la enseñanza moral y social de la Iglesia en cuestiones éticas fundamentales. El compromiso social de los católicos no se debe limitar a una simple transformación de las estructuras, pues si en la base no hay una cultura capaz de acoger, justificar y proyectar las instancias que derivan de la fe y la moral, las transformaciones se apoyarán siempre sobre fundamentos frágiles. Recordemos una verdad que la opinión pública corriente no siempre percibe o formula con exactitud: el derecho a la libertad de conciencia —y en especial a la libertad religiosa— proclamada por la declaración Dignitatis humanae del concilio Vaticano II se basa en la dignidad ontológica de la persona humana, y de ningún modo en una inexistente igualdad entre las religiones y los sistemas culturales.

V. Conclusión

Estas orientaciones quieren iluminar uno de los aspectos más importantes de la unidad de vida que caracteriza al cristiano: la coherencia entre fe y vida, entre evangelio y cultura, recordada por el concilio Vaticano II.

EL OBSERVADOR 394-1

  [SUMARIO] [SIGUIENTE] [INICIO]


CARTAS DEL DIRECTOR
Ni hombre sin Dios, ni política sin moral
Por Jaime Septién

Entiendo que a muchos políticos que se dicen católicos cayera como balde de agua helada la Nota doctrinal sobre algunas cuestiones relativas al compromiso y la conducta de los católicos en la vida política que acaba de publicar la Congregación para la Doctrina de la Fe, del cardenal Ratzinger, con el visto bueno del Santo Padre. Lo mismo pasa cada vez que la Santa Sede nos recuerda la radical obligación de imitar a Cristo a la que estamos llamados, la vocación de santidad que nos es propia.

Como siempre, los políticos, los que son, los que aspiran a serlo, no se esperaban tanta exigencia. Menos ahora, en México y en buena parte del mundo, cuando lo que les importa a ellos y a sus partidos es llegar al poder a como dé lugar, sin valorar ni los medios ni la dignidad de las personas, en el relativismo brutal al que ha llegado el ejercicio de una de las vocaciones humanas más necesitadas de santidad, porque en la política, en la verdadera política, se nota la huella cristiana como servicio incondicional al otro-Cristo, es decir, a todos los hombres.

La Nota habla de principios básicos de la conciencia cristiana, de compromisos, de la esencia del católico en el mundo. Y, como decía Jean Guitton, lo que hoy existe es el «silencio sobre lo esencial». Queremos navegar entre dos aguas. Quedar bien con dos amos. Servir, al mismo tiempo, a Dios y al diablo. Y viene la Iglesia a decirnos que no: que no se puede ser católico e inmoral; católico y corrupto; católico y ladrón; católico y abortista; en fin, católico y blandengue, fofo, ñoño, permisivista, manga ancha, adúltero, infiel y, si mucho me empujan, que no se puede ser católico y tonto (entiendiendo "tonto" como "hacerse el tonto", esto es, simular que no me doy cuenta de que ofendo a Dios cuando ofendo la dignidad del otro). Y esto vale para los políticos tanto como para los empresarios, los comerciantes, los maestros, los padres de familia…

Fe y vida han de ser una sola y misma corriente en el río de la vida del católico. Pero las queremos separadas, alejadas. La una, para los domingos, la otra para los días de la semana. «¿Coherencia? ¿Qué es eso?», preguntan con cara de no romper un plato las nuevas generaciones. «¿Para qué sirve ese estorbo; esa palabreja de los abuelos, ese imperativo de los dogmáticos?». Envueltos en la ética del «todo lo que deseo se debe alcanzar, por los medios que sean necesarios», los nuevos políticos, incluso los que se dicen católicos, mandan a volar las exigencias del Evangelio y se concentran en vivir a fondo «el pedazo de tiempo que les tocó vivir»; esto es, sacarle la mayor raja, el mayor provecho personal, el mayor rendimiento económico posible a una situación de «privilegio».

Un tipo de los que no faltan en la política mexicana decía a los cuatro vientos: «Yo no pido que me den, sino que me pongan donde hay». La Nota vaticana, que tan mal cayó en círculos de nuestro país (fue criticada, como siempre, por los periódicos como si se tratara de una «ocurrencia» más del Papa y del «nuevo inquisidor» Ratzinger), viene a oponerse a esta máxima del más puro cinismo. El católico debe emprender y llevar a cabo sus deberes en la Tierra siempre con la mirada puesta en el Cielo. Guiados por Cristo, pero sirviendo a su prójimo, en el aquí y el ahora. Como decía el papa Juan Pablo ll en la carta encíclica motu proprio dada para la proclamación de santo Tomás Moro, patrón de gobernantes y políticos, «ni el hombre se puede separar de Dios, ni la política de la moral».

EL OBSERVADOR 394-2

  [SUMARIO] [SIGUIENTE] [INICIO]


EL RINCÓN DEL PAPA
La oración al inicio del día


Esta meditación del salmo 118 fue ofrecida por Juan Pablo II en audiencia general de los miércoles:

«En nuestro ya largo recorrido por los salmos llegamos a una estrofa de la oración más amplia del salterio, el salmo 118. Se trata de una parte del inmenso cántico alfabético. La estrofa (versículos 145-152) está caracterizada por la letra hebrea 'Coph', y representa al orante presentando a Dios su intensa vida de fe y de oración.

«La invocación al Señor no conoce descanso, pues es una respuesta continua a la propuesta permanente de la Palabra de Dios. Por un lado, se multiplican los verbos de la oración: 'Te invoco', 'a ti grito', 'pido auxilio', 'escucha mi voz'. Por otro lado, se exalta la palabra del Señor, que propone 'leyes', 'decretos', 'palabras', 'promesas', 'la voluntad', 'mandamientos', 'preceptos' y testimonios de Dios. Juntos forman una constelación que es como la estrella polar de la fe y de la confianza del salmista. La oración se revela, por ello, como un diálogo que se abre cuando ya es de noche y cuando la aurora no ha salido, y continúa durante todo el día, en particular en las dificultades de la vida.

«San Ambrosio, en su Comentario al salmo 118, haciendo referencia a los versículos que hablan del momento específico de la mañana, comenta que 'sería grave el que los rayos del sol naciente te sorprendieran desperezándote en la cama con descaro y si una luz más fuerte te hiriera los ojos soñolientos, sumidos todavía en la pereza. ¿Acaso no sabes, hombre, que todos los días estás en deuda con Dios por las primicias de tu corazón y de tu voz? La mies madura todos los días; todos los días madura el fruto. Corre, por tanto, al encuentro del sol que sale... El sol de justicia quiere ser anticipado y no espera otra cosa... Si te adelantas a la salida de este sol, recibirás como luz a Cristo'. Acojamos también nosotros el llamamiento de san Ambrosio y que todas las mañanas abramos la mirada sobre la vida cotidiana, con sus alegrías y pesadillas, invocando a Dios para que esté cerca de nosotros y nos guíe con su palabra, que infunde serenidad y gracia».

EL OBSERVADOR 394-3

  [SUMARIO] [SIGUIENTE] [INICIO]


AL PASO DE DIOS
Rezar a diario
Por Amadeo Rodríguez Magro


Al ojear los expositores de una librería religiosa, compruebo que proliferan ciertos libros con los que se pretende ayudar a los cristianos de a pié a rezar a diario. Se trata, en la mayoría de los casos, de adaptaciones de los salmos o de escritos de maestros de espiritualidad, presentados en itinerarios anuales, mensuales o semanales. Pero lo verdaderamente reseñable es que actualizan una tesis permanente: hay que rezar todos los días y hay que hacerlo en unos momentos determinados y con unos modos concretos.

Es verdad que lo más contrario a la oración es el formalismo, porque los verdaderos adoradores lo han de ser en espíritu y en verdad; pero no es menos cierto que la oración del corazón no es incompatible con las fórmulas y los tiempos. No nos engañemos, vivimos tan aprisa y nos distraen tantas cosas, que se nos sube «el santo» al cielo pero nunca nos acordamos de Él, que es tres veces Santo.

Hemos de mantener un ritmo temporal para la oración con las formas más adecuadas a nuestras circunstancias personales. La única condición es que éstas han de equilibrar nuestra vida cristiana y jerarquizar nuestras devociones: al Padre, por Jesucristo, desde la Virgen y los santos, y siempre en el Espíritu Santo. Al comenzar el día lo ofrecemos, poniendo nuestro yo en situación de que viva Cristo en nosotros; a lo largo de la jornada nuestro trabajo bien hecho santifica y los tiempos que dedicamos a la oración y a la celebración ratifican nuestro vivir en el Señor; nuestros recuerdos a María (ángelus, rosario) nos ponen en camino hacia Jesús; y al final del día damos gracias por todo lo recibido o nos arrepentimos por no haber sabido acogerlo dándonos.

EL OBSERVADOR 394-4

  [SUMARIO] [SIGUIENTE] [INICIO]


DESDE EL CENTRO DE AMÉRICA
Un movimiento de amor
Por Claudio de Castro S.


En Italia, durante la segunda guerra mundial, una jovencita llamada Chiara Lubich veía a su alrededor cómo las bombas iban destruyendo todo lo que las personas estimaban: sus hogares, sus posesiones, el novio perdía a la novia, la esposa al esposo... Hubo escasez de alimentos y de esperanza. En medio de aquel torbellino se dijo: «¿Habrá algo que realmente perdure, que las bombas no puedan destruir?». Concluyó que sí lo había. Era Dios.

Se reunió con algunas amigas y se dispuso a vivir la vida evangélica con ellas. Amando, compartiendo, siendo todos uno. La destrucción de la guerra no la desanimó, sino que la motivó a hacer algo para que el mundo fuera mejor. Fundaba, sin saberlo, un movimiento en la Iglesia católica: "el Focolar". Actualmente son más de cuatro millones los focolares alrededor del mundo, incluyendo sacerdotes, obispos y laicos.

Chiara les enseña a los miembros del Focolar que deben amar primero, antes que los amen, amar a todos, inclusive a aquél que nos hace daño.
Se cuenta que el primer focolar varón fue un señor que llegó a casa de Chiara para hacer unas reparaciones. Veía tanto afecto entre las focolares que, cuando le iban a pagar, les dijo: «No, yo no quiero que me paguen. Yo quiero lo que ustedes tienen. Deseo quedarme aquí, aunque sea viviendo en el patio».

EL OBSERVADOR 394-5

  [SUMARIO] [SIGUIENTE] [INICIO]


FAMILIA
Virginidad y matrimonio no se contraponen


Es necesario «dejar caer definitivamente» la «latente contraposición entre virginidad y matrimonio, que tanto afectó a estas dos vocaciones cristianas». Y es posible hacerlo situándose en la perspectiva de los «carismas», dijo el predicador del Papa, el sacerdote capuchino Raniero Cantalamessa, quien explicó que esto supone superar la mentalidad antimatrimonio de los Padres de la Iglesia.

«Yo amo mucho a los Padres de la Iglesia, pero sobre este punto me veo obligado a hacer algunas reservas sobre ellos. Los tratados sobre la virginidad, tanto de los Padres griegos como de los latinos, se dedican casi en un 50% a destacar los males del matrimonio». En este aspecto, el padre Cantalamessa aludió a su propia experiencia personal para indicar ejemplos muy concretos.

«El Señor me hizo conocer, en mi ministerio, diversas familias, y en modo particular, a un grupo de parejas jóvenes con sus hijos. En ellas descubrí algo que me impactó positivamente: esos papás y mamás jóvenes debían levantarse no una sino tres o cuatro veces durante la noche para dar de comer a su hijo, suministrarle un medicamento, tomarlo en brazos porque llora, estar a su lado si tiene fiebre. Y por la mañana uno de los dos, o los dos, a la misma hora, salir corriendo al trabajo, después de haber llevado al hijo o a la hija a la casa de los abuelos o a la guardería, porque hay que registrar la hora de entrada al trabajo, estén sanos o enfermos».

«Lo que unos padres buenos son capaces de hacer por sus hijos carnales, el grado de olvido de sí mismos que son capaces de alcanzar para atender a su salud, a sus estudios y a su felicidad, debe ser la medida de lo que deberíamos hacer nosotros por nuestros hijos espirituales y por los pobres».

Según el padre Cantalamessa, un «conocimiento adecuado» de la vida de los casados ayuda a los sacerdotes a no quedarse toda la vida con la idea romántica del matrimonio que se tenía cuando adolescentes o seminaristas. Ello educa a un sano realismo, tan necesario a quien debe anunciar la palabra de Dios. Estoy convencido de que si los sacerdotes y los religiosos conocieran la vida de los casados no como se ve en televisión, sino como es en la realidad, bendecirían a Dios desde la mañana a la noche por el don recibido y serían mucho más comprensivos para con ellos».

Pero demuestra también «la utilidad de que haya en la comunidad cristiana una sana integración de los carismas, para que los casados y los célibes no vivan rígidamente separados los unos de los otros, sino en forma tal que puedan ayudarse y exhortarse mutuamente a crecer».

Ser célibes y vírgenes por el Reino —agregó Cantalamessa— debe inducir a la alegría, pero no a la contraposición con el matrimonio, típica de los Padres de la Iglesia y que ha de superarse. Al contrario, hay que «aprender» de los casados.

«Hoy —explicó el religioso— hay algo nuevo que el Espíritu nos llama a hacer: nos llama a dar testimonio al mundo de la inocencia originaria de las creaturas y de las cosas. El mundo cayó muy bajo; el sexo se nos fue a la cabeza. Hace falta algo muy fuerte para romper esta especie de embriaguez de sexo. Es menester despertar en el hombre la nostalgia de inocencia y de simplicidad que atormenta su corazón, aunque muchas veces recubierta de fango».

Si la castidad por el Reino «es un carisma», hay que vivirla «con alegría». En el pasado, los religiosos y las religiosas daban testimonio -con el color de su hábito y con otros signos– sobre todo del «aspecto de renuncia al mundo. Sería muy oportuno que las comunidades religiosas manifestaran también otro aspecto de su carisma: el de ser un anticipo, en la fe y en la esperanza, de la luminosidad y la alegría de la Jerusalén celestial».
(Fuente: AICA)

EL OBSERVADOR 394-6

  [SUMARIO] [SIGUIENTE] [INICIO]


PINCELADAS
El sentido de la vida
Por Justo López Melús *


La logoterapia, fundada por el doctor vienés Viktor Frankl, cura ayudando a descubrir el sentido de la vida. Una señora, con cáncer incurable, fue a visitar al doctor, llorando por tener que despedirse de sus hijos, tan buenos y valiosos. Frankl le dijo que qué diría si no tuviera hijos. Y le hizo ver que lo importante para que la vida tuviera sentido no era tener que dejar a los hijos, sino tener o no tener hijos. Y ella comprendió que lo más importante de la vida es que exista algo que podamos legar tras nosotros en el mundo, que dé sentido a nuestra existencia, antes de que nuestro tiempo se haya consumado. Algo que haya llenado nuestros días y haya enriquecido a los demás. La paciente experimentó un gran alivio.

* Operario Diocesano en San José de Gracia en Querétaro.

EL OBSERVADOR 394-7

  [SUMARIO] [SIGUIENTE] [INICIO]


REPORTAJE
El evangelio copto de Tomás y su supuesto ocultamiento por la Iglesia católica
Por el Pbro.Juan García Ruvalcaba, diócesis de Tijuana


En la trama de algún filme de 1999 [Estigma] aparece el descubrimiento de un evangelio anterior a los aceptados en la Biblia y escrito en arameo occidental —la lengua de Jesús—, y la Iglesia católica es el villano que trata de ocultar este descubrimiento para protegerse del derrumbamiento.

El tema de ciertas «verdades y documentos ocultados por la Iglesia católica» no es ninguna novedad, y ha significado una rica veta de fantasía ampliamente explotada en la literatura y cine recientes.

De la fantasía a la calumnia

Lo del «evangelio arameo» es fantasioso, lo cual es perfectamente válido al entrar en los límites de una cierta licencia poética, pero trata de justificar la posición contra los supuestos representantes de la Iglesia católica al final de la película con una tergiversación a propósito de lo que se conoce como el Evangelio de Tomás.

Pretendiendo fundamentar el filme en hechos reales, se concluye con un enunciado escrito que reza más o menos:

«En 1945 fue descubierto en Nag Hammadi, Egipto, Las palabras secretas de Jesús, conocido como el Evangelio de Tomás. El Vaticano inmediatamente consideró el escrito hereje».

Dicho escrito existe en realidad, y contiene las palabras atribuidas a Jesús que se repiten en el filme como parte del imaginario evangelio arameo: «Parte un madero y allí estoy yo; levanta una piedra y me encontrarás allí» (NHC2 46,26-28). Nótese enseguida que el contenido de la cita es totalmente panteísta. El cristianismo cree en la omnipresencia divina, es decir, en el hecho de que Dios está en todas partes; pero en el panteísmo se afirma que todo es Dios, quitándole su carácter trascendente, personal, superior y distinto de las creaturas.

Nunca fue una amenaza para la Iglesia

La Iglesia católica jamás vio este escrito como una amenaza; al contrario, estudiosos de todo el mundo, católicos y no, se dieron a la tarea de abordar este fascinante descubrimiento.
Fue identificado como perteneciente a un movimiento que tuvo su auge durante los siglos II-III d.C., llamado gnosticismo. Ubicado geográficamente sobre todo en Egipto, era una mezcla de corrientes filosóficas de origen griego y judaico, con un fuerte sabor mistérico, lleno de supuestas revelaciones secretas, y muy selectivo.

Los gnósticos tomaron prestado a Jesucristo

En un determinado momento, los gnósticos asumieron como su protagonista al Jesús de los cristianos. Es decir, un movimiento no cristiano se apropió al Jesús del cristianismo y lo hizo gnóstico.

En sentido estricto, el gnosticismo no llega ni siquiera a herejía, pues no surgió dentro de la Iglesia.

Pero los cristianos de los siglos II-III, con exponentes como Orígenes y Atanasio de Alejandría, tuvieron que defenderse de este movimiento que distorsionaba la figura de Jesús, asumiéndolo como «el principal gnóstico».

El descubrimiento

El que se haya descubierto recientemente el Evangelio de Tomás significó para la Iglesia católica y para los investigadores de todo el mundo una fabulosa oportunidad de confirmar lo que ya se conocía y de tener más elementos de juicio para estudiar aquella época.

¿En qué consistió el descubrimiento de Nag Hammadi, Egipto? En 1945 unos campesinos encontraron unos códices de papiro que después fueron fechados alrededor del s. IV d.C.

El contenido más asombroso se encontraba en el segundo de los doce códices descubiertos: en los folios 33 al 52 había un texto en lengua copta (antiguo egipcio) en perfectas condiciones en el que se recoge una colección de dichos introducidos con la frase «Jesús dijo» o «Él dijo»,y que concluye diciendo: EYYAGELION KATA TOMAS, que significa «evangelio según Tomás».

Imposible que el Vaticano lo «ocultara»

Actualmente el Evangelio de Tomás se encuentra en el Museo copto del Antiguo Cairo, en Egipto.
Es y siempre ha sido propiedad del pueblo y gobierno egipcios, no del Vaticano ni de ningún grupo religioso.

Ni original ni evangelio

El Evangelio de Tomás no es un evangelio como tampoco un escrito original, sino copia de copias anteriores que ya circulaban, al igual que sucede con los fragmentos que conservamos de los verdaderos evangelios.

Etimológicamente «evangelio» significa «buena noticia», y se refiere en concreto al anuncio que se hace de que Jesús ha muerto y resucitado por la salvación de todos.

Como género literario (un escrito de cierto tipo), se refiere a los escritos que se desarrollaron en algunas comunidades primitivas cristianas con la finalidad de anunciar de manera sistemática la Buena Nueva de Jesús, explicándola a través, sobre todo, de la narración de los hechos y palabras de Él.

Existen muchos escritos de los primeros siglos del cristianismo (y otros de siglos muy posteriores) que se llaman a sí  mismos evangelios. Estos «evangelios», junto con otros tantos escritos, han sido clasificados en la historia de la Iglesia como libros apócrifos.

Los verdaderos evangelios

¿En qué creían los primeros seguidores del Carpintero de Galilea? ¿En los evangelios? No, porque aún no existían. El primer evangelio escrito apareció algunas décadas después de que ya había cristianos. Creían en Jesucristo como Dios hecho hombre, muerto y resucitado para que todos alcancemos la salvación que no nos merecíamos.

Ni los mandamientos, ni la Iglesia, ni ningún escrito ni ninguna costumbre son más importantes que la fe en este Jesús resucitado.

Después de que Jesús ya no estuvo físicamente presente en la Tierra ¿cómo podían saber los cristianos que estaban siguiendo al verdadero Jesús y sus enseñanzas? Gracias a la Iglesia. Quienquiera que lea el libro de los Hechos de los apóstoles se dará cuenta de lo celosísimos que fueron los primeros cristianos no sólo de anunciar a Jesús, sino de conservar aquello en lo que creían libre de distorsiones y de interpretaciones desviadas.

La transmisión de la Buena Nueva se hacía de manera oral. Pero conforme crecían las comunidades cristianas con nuevos miembros provenientes de todas partes y con todo tipo de costumbres y creencias, se hizo necesario no confiar sólo en la memoria y en la transmisión oral. Por eso la Buena Noticia sobre Jesús fue puesta por escrito por miembros de la misma comunidad cristiana, naciendo así los evangelios.

Los distintos orígenes geográficos explican las diferencias entre los cuatro. En Roma se vivieron fuertes persecuciones y por eso la comunidad transmitía con fuerza las palabras alentadoras de Jesús: «El que quiera seguirme, que tome su cruz y me siga» (Mc 8,34; 10,21). El Evangelio según san Marcos, que refleja la vida de la comunidad de Roma, abunda por eso en el aliento ante el sufrimiento.

El Evangelio según san Lucas, en cambio, dirigido a no judíos, tiene un lenguaje más accesible y más agradable de leer, además de que selecciona entre las palabras de Jesús aquellas que hablan del «verdadero tesoro en el Cielo» (Lc 18,22; 12,15; 12,33), pues entre los miembros de las comunidades donde surgió este evangelio había muchos ricos.

¿Por qué el de Tomás no está incluido en la Biblia?

Porque, a diferencia de los evangelios canónicos (los que sí son considerados como inspirados por Dios: Mateo, Marcos, Lucas y Juan) no surgió de una comunidad cristiana.

Lo más probable es que haya circulado como un escrito gnóstico, pues tiene un estilo que se asemeja mucho en lo arcano, esotérico y lleno de frases mistéricas a este movimiento.

Y aun cuando hubiera surgido en una comunidad cristiana, lo que determinó que algunos libros fueran aceptados como canónicos y otros no, fue el consenso entre las iglesias (las distintas comunidades cristianas pertenecientes a la única Iglesia de Jesucristo).

Por otro lado, hay especialistas que afirman que el copto sahídico, la lengua en que se encuentran los códices de Nag Hammadi, nunca se habló entre la gente común y corriente.

Como el gnosticismo era más bien elitista, prácticamente se inventaron su propio idioma: una mezcla de egipcio con palabras y caracteres griegos.

El asunto no es tan sencillo, pues no se sabe si lo que conservamos actualmente responde a un original copto, o si más bien es traducción de un original griego, como parecen mostrarlo algunos fragmentos descubiertos en 1896-1905 en otro pueblo egipcio llamado Oxirrinco.

De cualquier modo, quienquiera que lea los 114 «dichos de Jesús» contenidos en esta obra, agrupados sin un aparente orden lógico, y algunos de los cuales idénticos a los de los evangelios canónicos, se dará cuenta del gran abismo que hay entre el Evangelio de Tomás y los cuatro que por dos mil años se han utilizado en la Iglesia.

La utilidad del Evangelio de Tomás

Los escritos de Nag Hammadi sirvieron para confirmar una hipótesis que ya existía: que circulaban como un género literario propio colecciones de dichos de Jesús.

Esta hipótesis sirvió desde 1838 de base para explicar el origen de muchos pasajes evangélicos que se encuentran en Mateo y en Lucas, pero no en Marcos. A esta colección hipotética de dichos de Jesús que sirvió de fuente para Mateo y Lucas se le llamó Q (en alemán Quelle, fuente).

Así, esta obra encontrada en el códice II de Nag Hammadi, conocida como el Evangelio de Tomás, es paralela en estilo a Q, pero no a los evangelios canónicos.

EL OBSERVADOR 394-8

  [SUMARIO] [SIGUIENTE] [INICIO]


LA VOZ DEL PADRE LORING
Cómo y para qué adquirir la fe


La fe es un don de Dios . Es una gracia de Dios, que debemos pedir sin descanso. Incluso el que cree que no tiene fe, debe orar. Al menos podría decir: «Señor, si existes, concédeme el don de la fe» . Como es cierto que existe, será oído y obtendrá la fe. Dios sale siempre al encuentro del que sinceramente le busca .

Para creer, el hombre necesita los auxilios interiores del Espíritu Santo. Con la fe profundizamos en el conocimiento de la religión y vemos cosas insospechadas para el que no la tiene. Es la diferencia entre la contemplación de la partitura de un concierto hecha por un profano o por un gran músico. El espíritu de fe nos hace juzgar de todas las cosas desde el punto de vista de Dios. Esta iluminación hay que pedírsela al Espíritu Santo. La fe ilumina la noche. Pero no suprime la noche. Como las luces que señalan al piloto la pista de aterrizaje. Le señalan el camino, pero no iluminan las tinieblas. Vamos viendo según vamos avanzando. Como con la linterna que alumbra nuestros pasos. La fe ilumina la verdad. Nos da a conocer cosas insospechadas, y nos lleva a aceptar la verdad y a adherirnos a la Persona que nos la transmite. Es una opción por algo y por Alguien. Dios no se impone. Quiere ser elegido libremente. La fe nos adhiere a Dios y nos impulsa a adherirnos cada vez más perfectamente a Él por la gracia.

En la fe el hombre se entrega entera y libremente a Dios, le ofrece el homenaje total de su entendimiento y voluntad, asintiendo libremente a lo que Dios revela. La fe da optimismo para llevar esta vida tan llena de calamidades. Es como el pájaro que oye crujir la rama sobre la que está, al ser zarandeada por el vendaval: él no teme, porque tiene alas.

(Fuente: http://www.spiritusmedia.org/ )

EL OBSERVADOR 394-9

  [SUMARIO] [SIGUIENTE] [INICIO]


PREGUNTAS CON RESPUESTA
¿Es verdad que el condón no reduce el riesgo de las enfermedades venéreas?


Así es. El uso del condón, además de ser contrario a la voluntad de Dios, no es una solución contra las enfermedades de transmisión sexual (ETS), incluido el SIDA. Hay muchos estudios que lo han confirmado, entre ellos el muy reciente del Medical Institute for Sexual Health (Instituto Médico de Salud Sexual, de Estados Unidos), cuyos resultado se publican en el informe Sexo, preservativos y ETS: Lo que ahora sabemos. Dice el texto que aun cuando los condones «sean usados el 100% del tiempo», no logran reducir el riesgo de las enfermedades, y que Estados Unidos vive una auténtica epidemia de ETS con más de 15 millones de nuevos individuos infectados de ETS por año. Los descubrimientos incluyen que «no existe evidencia de ningún tipo de reducción del riesgo de transmisión de la infección del virus del papiloma humano (IPH)».

También que «en la transmisión de sífilis, el uso del preservativo deja un riesgo relativo de 50 % a 71% de infectarse; y en enfermedades como la gonorrea y la Chlamydia, el uso de preservativos deja un riesgo aproximado de 50% de infectarse».

Otro estudio, también reciente, mostró que con los preservativos el riesgo de transmisión de herpes genital se reduciría en un mínimo porcentaje para mujeres, pero no para hombres, y que cuando se usaron preservativos en el 65% o más de los actos sexuales se deja un riesgo de infección de aproximadamente 60%.

EL OBSERVADOR 394-10

  [SUMARIO] [SIGUIENTE] [INICIO]


LOS VALORES DE LOS MEXICANOS
¿Qué son los valores?
Por Antonio Maza Pereda*


Si hay un fenómeno notable en los últimos años, este ha sido el gran interés que existe en la sociedad por los valores. Y este interés ha crecido cada vez más. Escuelas, universidades, iglesias, gobiernos, todos hablan de valores. Hay una creciente producción de estudios y de libros sobre el tema, Por otro lado, no puede uno dejar de tener la impresión de que, en general, hay una gran confusión sobre el tema. Muchos autores ni siquiera se molestan en ir más allá de una definición de diccionario antes de darnos «grandes» textos sobre los valores.

Esto trae una gran confusión. En muchas ocasiones se mezclan valores con opiniones o con observaciones, como si fueran la misma cosa. También es frecuente la confusión entre valor y virtud. Muchas veces se dice, o por lo menos supone, que un valor es lo mismo que una virtud. Se piensa que un valor sólo lo es cuando se vive y que si no se está viviendo, no existe como tal. En una sociedad que es laica como la mexicana (al menos en lo público), se está usando a veces el concepto de «valores» como una manera «políticamente aceptable» de referirse a virtudes y evitar ser visto como una persona religiosa.

Es tan extendida esta confusión que he encontrado personas que se indignan cuando se les dice que los valores no necesariamente son virtudes. Déjeme poner un ejemplo. Para una persona las utilidades, la buena música, su satisfacción sexual o su propio bienestar pueden ser valores (y muy legítimos, por cierto), pero difícilmente puede decirse que sean virtudes. No pretendo dar la definición última de lo que es un valor, pero he encontrado muy útil decir que  valor es aquello que es percibido como un bien y preferido a otros bienes. Por supuesto, esta definición no es mía; la tomo de William Johnson, en su libro Construyendo sobre roca firme. Esta definición tiene varias consecuencias. El valor es una percepción de nuestra razón, a diferencia de las virtudes, en las que interviene toda la persona. Una virtud, podríamos decir, es un tipo de valor que se vive consistentemente, hasta que se vuelve un hábito. Dicho de otro modo: no todos los valores son virtudes, pero las virtudes si se forman a partir de valores. Otra consecuencia: los valores no «se tienen» o «se pierden». No son sino maneras de percibir y apreciar la realidad.

¿Ya logré confundirlo, estimado lector? Supongo que sí. Creo que, si El Observador sigue prestándome amablemente este espacio, en las siguientes notas podré aclarar ( o confundir) aún más estos conceptos. Entre tanto, creo que sería muy útil que todos nosotros, la próxima vez que alguien nos hable de valores o nosotros mismos lo hagamos, nos cuestionemos: ¿realmente estoy hablando de valores? ¿No me estoy refiriendo a opiniones u a observaciones? ¿No los estoy confundiendo con virtudes y, por lo tanto, pidiendo que se les dé el mismo trato que a éstas? En mis próximas notas ampliaremos el concepto de valor, nos cuestionaremos si existen los «antivalores» y entraremos a un aspecto crucial: el modo como jerarquizamos en México los valores. Los espero.

*Antonio Maza Pereda es un consultor a cargo de la investigación «Tendencias de los Valores en México», de la Fundación México Unido en sus Valores Culturales

EL OBSERVADOR 394-11

  [SUMARIO] [SIGUIENTE] [INICIO]


CULTURA
El ejecutivo que encontró a Cristo
Por Vittorio Messori


Quizá haya sido un signo de predilección por parte de ese Dios del que se había fiado desde hace ya unos años, con el candor de una infancia recuperada. Un Dios que para llevarlo consigo ha elegido el amanecer del día de Santa Lucía, cuando los niños de muchas regiones descubren alborozados los regalos y toda la familia está de fiesta. Esa familia cuyos valores tradicionales defendía feliz y férreamente desde hace más de diez años. Y esto además, matizaba enseguida, porque estaba autorizado a hacerlo: hijo de padres divorciados, también él divorciado dos veces y con tres hijos nacidos de esos matrimonios, y con un currículum de turbias convivencias y «amistades sentimentales».

Tras todo esto llegó el descubrimiento de ese viejo texto que llaman «Buena Noticia» («Evangelio» en griego) y que proponía instrucciones para el uso de la vida que él mismo había considerado más que anacrónicas pero que hete aquí que, puestas en práctica, ¡oh sorpresa!, funcionaban. En la fe en Cristo, repetía, había encontrado la justa jerarquía de los valores, un significado para las cosas grandes y las pequeñas, para los días serenos y esos otros oscuros. Y de esa fe brotaba una felicidad que había terminado por transfigurarle el rostro. Cuando una de sus mujeres, al verle tras su conversión, le preguntó si se había hecho la cirugía estética, porque nunca le había conocido con aquella sonrisa, él le contestó que sí, que se había hecho la estética, pero del alma. Y es que realmente no había nada de artificioso o hipócrita en aquella felicidad, en esos gestos generosos y cordiales con todos, desde los choferes a los compañeros y altos ejecutivos como él, heredero de un nombre legendario y presidente de un grupo con una facturación de 3 mil millones, 5 mil cien empleados, 30 colecciones editoriales y 49 cabeceras periodísticas.

Nadie ignora hasta qué punto los edificios de las grandes empresas encierran altas concentraciones de veneno, ocultan largos y afilados cuchillos. En especial, desde luego, las de la llamada «industria de la cultura», abierta y dispuesta a todo, excepto a los buenos sentimientos. Pues bien, la redacción de estas líneas ha sido interrumpida continuamente por llamadas que me llegaban desde el interior de esa nave espacial que Oscar Niemeyer, el constructor de Brasilia, instaló junto al Hidroparque milanés. Muchas de esas voces difícilmente escondían sollozos, todas estaban marcadas por una dolorosa sorpresa, por un llanto amargo, todas teñidas por un dolor sincero por aquel a quien nadie llamaba «el Presidente» o «el Jefe», sino todos y con afecto «Leonardo». Generoso y bueno en público, y todavía más en privado, para seguir el consejo evangélico de hacer el bien de forma escondida. La discreción, que me hizo prometerle como condición de una amistad que se fue convirtiendo poco a poco en fraternidad, me impide dar al menos algún ejemplo de una liberalidad inspirada en la escuela espiritual del Opus Dei, esa que le había llevado hasta la fe: el dinero y el prestigio no son culpas que expiar, sino ocasiones que utilizar al servicio de quien lo necesita. Con todo, hay un aspecto que he admirado todavía más en el amigo perdido momentáneamente. Se ha ido el primero pero, cuando se nos conceda volver a vernos, le diré (aunque realmente allí él ya tendrá noticia más que de sobra) todo el bien que les ha hecho a muchos su testimonio de valentía. Sí, de valentía: la valentía de mandar al diablo —nunca mejor dicho— ese «respeto humano» según el cual, en cierta cultura y ciertos ambientes, es de mal gusto revelar lo que siente el corazón y cree la mente siempre que, claro está, se trate de fe, de religión. Leonardo fue valiente al aceptar la propuesta de contarme la historia de su encuentro con Cristo para que se la contase a los lectores. ¿Cuántos —con su categoría profesional, con su estatus social, entre los tics, los complejos, las censuras, las frivolidades y los cotilleos de una cierta «cultura»— cuántos, decía, habrían aceptado salir a la plaza pública como él hizo, sin nada que esconder? En los días que pasamos juntos en la masía de Ostuni, hace menos de un año, mientras él hablaba y yo tomaba nota, me di cuenta, con admiración, de que aquella valentía pasaba a ser temeridad. Este gran burgués, este ejecutivo con casas desde Nueva York a Tokyo me hablaba, con la sencillez de un niño, de sus promesas a la Virgen para conseguir el don de la castidad, de su devoción al Ángel de la Guarda, de la suerte de redescubrir procesiones, reliquias, novenas, y de los beneficios de la confesión y la comunión frecuentes. Él mismo quiso, además, un título seco y provocador —Conversión— mientras que yo, lo confieso, era más bien partidario de algo más «matizado». Y, cuando salió el libro, pudimos ver al célebre «Presidente» aceptar con alegría invitaciones para hablar por igual en sencillos auditorios parroquiales o en reuniones de ilustres y poderosos, éstos al inicio un poco incómodos aunque finalmente conquistados por esta especie de infancia evangélica de un hombre que lo había experimentado todo. En realidad, había en él un ansia por comunicar a todos los que pudiera, la experiencia que él mismo vivía, aunque se sabía amenazado por una enfermedad implacable: la vida, cualquier vida, puede colmarse de significado, y en consecuencia de gozo, con tal de que se acepte el abrazo de un Padre que nos espera a todos.

Bajo el prestigioso nombre heredado del abuelo, ha impreso numerosos libros. Sólo uno ha llevado en la portada su nombre. Pero esto le ha bastado, según me dicen que susurró en sus últimas horas, aunque fuera en pocas páginas, para dar testimonio de que existe una Verdad que tiene el nombre y el rostro de un judío colgado de una cruz bajo Poncio Pilato.

(Fuente: catholic.net)

EL OBSERVADOR 394-12

  [SUMARIO] [SIGUIENTE] [INICIO]


CUESTIONES DE BIOÉTICA
La tecnología al servicio de la vida (I)
Por Humberto M. Marsich, m.x.


Todo lo que cae «en manos» del hombre se vuelve ambivalente, o sea, puede ser usado para el bien o para el mal; para la vida o para la muerte; para construir o para destruir; para el gozo o para el dolor. Todo esto por la libertad humana. Hermosa facultad innata que, sin embargo, puede convertirse en la peor máquina de destrucción. Los hechos amarillistas que los medios de comunicación publicitan todos los días para alimentar, lucrativamente, el morbo de la gente son la mejor e inconfundible prueba.

También la tecnología, que, en las últimas décadas, ha experimentado un increíble avance; puesta en las manos del hombre puede ser utilizada para la vida o para la muerte. Tecnologías capaces de dirigirse hacia el bien son también capaces de operar un mal inmenso y, árbitro de su aplicación y de su uso, es solamente el hombre. Hoy queremos analizar su uso para la vida.

Los transgénicos

Se trata de un fenómeno que hoy día se ha convertido en un gran y aparentemente benéfico recurso para mejorar ciertas especies animales y aumentar, a bajo costo, determinados alimentos.

En la década de los 70 la genética dio un paso trascendente: dejó de ser una ciencia teórica, empeñada en el conocimiento de los mecanismos más recónditos de la vida, para comenzar a ser también una ciencia manipulativa, una tecnología. La genética, desde entonces, ha comenzado a tocar un gen, es decir, se han comenzado a articular técnicas que permiten trocear el ADN en lugares específicos e introducir fragmentos de ADN procedentes de otros seres vivos.

Estos procedimientos han dado resultados muy positivos, como la producción de insulina humana, la hormona de crecimiento, la vacuna contra la hepatitis B, etc.

Por otra parte, podrían conseguirse también grandes beneficios si se modificase genéticamente a ciertos microorganismos, de tal forma que fuesen capaces, por ejemplo, de disolver mareas negras petrolíferas, de rebajar la temperatura de congelación del agua o de asumir el nitrógeno atmosférico.

Monod decía que, dado que los procesos biológicos básicos de los seres vivos son similares, lo que es aplicable a la bacteria también lo es al elefante. De hecho, se han comenzado a modificar organismos superiores mediante manipulación genética, constituyéndose los OGM, organismos genéticamente manipulados. O sea, los transgénicos. De esta forma se han conseguido ratones de tamaño doble, y también los llamados animales transgénicos: ovejas y cerdos de tamaño superior. Los logros más importantes conseguidos se centran en la producción de ciertos animales transgénicos en cuya leche se encuentran productos de interés farmacológico y alimenticio. En cualquier caso se considera que la manipulación genética puede tener consecuencias positivas en la mejora animal y en el servicio de la vida humana. También se está trabajando en el mundo vegetal: plantas resistentes a insectos y a productos tóxicos, por ejemplo.

La reflexión ética

La manipulación genética de los seres vivos y sus productos transgénicos obviamente no ha quedado exenta de polémicas y de interrogantes. Puesto que existen muchos riesgos se piden barreras de seguridad jurídica y ética. Para algunos, los posibles beneficios no serían comparables con los riesgos inherentes a tales técnicas. Actualmente la opinión es la de ubicar los peligros más en los fines que se quiere perseguir, y en las consecuencias de las aplicaciones técnicas más que en la propia técnica. Se han disipado hoy los grandes miedos y temores suscitados inicialmente y se han flexibilizado las regulaciones. Lo que se pide para los productos transgénicos comercializados es su etiqueta de identificación. Hoy se considera que la biotecnología y la ingeniería genética ofrecen grandes esperanzas para resolver los graves problemas que aquejan a la humanidad.

La postura de la Iglesia

Desde el punto de vista de la Iglesia predomina un mayor énfasis en la necesidad de poner todo este progreso al verdadero e integral servicio del hombre. Se pide una creciente conexión entre la ciencia y la conciencia. Para la moral cristiana debe ser la dignidad humana el criterio básico de referencia para evaluar las nuevas tecnologías genéticas.

Si de un lado la postura moral de la Iglesia se expresa con mucho rigor acerca de las manipulaciones genéticas humanas, por otro lado no se pone ningún reparo a las aplicaciones de la manipulación genética a los vegetales o animales superiores. Se insiste, más bien, en el valor positivo de este nuevo desarrollo de la tecnología genética ante el gran reto del hambre en el mundo. Se insiste en las limitaciones racionales de la experimentación animal, pero dentro de un contexto en que se afirma paladinamente el señorío del ser humano como rey de la creación.

La irrupción de la ciencia en el santuario de la materia y de la vida no constituye, a nivel de principio, para la fe cristiana ninguna profanación o sacrilegio. El único límite que exigimos es el bien, el bien para la humanidad y la verdadera mejora de su vida y de la vida de todos los humanos.

EL OBSERVADOR 394-13

  [SUMARIO] [INICIO]


CONTEXTO ECLESIAL
Comediantes y sofistas
+ Mario De Gasperín Gasperín, obispo de Querétaro


Cuando en Atenas se instauró la democracia en el llamado Siglo de Pericles, se alzó una ola increíble de comediantes, burlones y delirantes contra el gran legislador. Los comediantes cumplían entonces el papel que suelen desempeñar ahora los medios de comunicación. Hubo entre ellos genios como Aristófanes, pero pocos alcanzaron su altura y calidad. La mayoría se quedaron en la mediocridad, tratando de justificar su impotencia e incapacidad mediante la afrenta y la ofensa contra los triunfadores. Es prerrogativa de la democracia ofrecer a los resentidos la oportunidad de manifestar su malestar, aun denigrándola. Los que no saben o no pueden triunfar sí saben y sí pueden oponerse y denigrar.

Rechazar y oponerse a todo es algo muy distinto de la crítica y del análisis riguroso a que debe someterse toda actividad pública en un régimen democrático. Característica singular del gobernante democrático será siempre reconocer sus limitaciones y su papel de servidor de los demás. Aceptar la crítica razonable y razonada es prerrogativa del gobernante inteligente. La humildad tiene siempre que ver con la verdad y se expresa en la capacidad de escucha y de diálogo. Gobernar es, en breve, ofrecer y aceptar la colaboración de los demás.

Los opositores sistemáticos y los críticos resentidos no sólo faltan a la verdad, sino que la envilecen y opacan. Aprisionan la verdad en la injusticia, dice san Pablo. Verdad y libertad, o bien van juntas o juntas perecen miserablemente, comenta Juan Pablo II. A esta clase pertenecen los sofistas, esos seudo intelectuales y leguleyos cuyo oficio es sembrar confusión para conseguir su propio bienestar. Un ambiente así viciado imposibilita el diálogo sereno y la crítica inteligente, hace que el gobernante se retraiga y que se debilite la democracia. Los comediantes y sofistas, en nombre de la democracia, cavan su tumba y preparan la propia. A Pericles lo derrotaron los ataques de sus adversarios, pero quien perdió fue Atenas. Luego vino el caos.

Usted, católico, tiene la luz del Evangelio, la Doctrina Social de la Iglesia y la sabiduría que viene del Espíritu Santo, para distinguir al sepulturero del constructor.

EL OBSERVADOR 394-14

[SUMARIO] [INICIO]


FIN

 
De acuerdo con las normas internacionales de Propiedad Intelectual y Derechos de Autor, podrá reproducir parcial o totalmente la información, pero siempre citando nuestra fuente. La reproducción de los artículos y/o noticias firmados con Zenit.org-El Observador requieren permiso expreso de zenit.org
La publicación de algún artículo no implica compromiso. Los artículos firmados son responsabilidad del autor.
Los artículos publicados en esta Web son una selección de la edición impresa.
D.R. Clip Art de Querétaro, S. de R.L. de C.V. 1995-2006