El Observador de la Actualidad

EL OBSERVADOR DE LA ACTUALIDAD
Periodismo católico para la familia de hoy
2 de febrero de 2003 No.395

SUMARIO

bulletPORTADA - Beber el cáliz de la amargura
bulletCARTAS DEL DIRECTOR - Escúchelo; véalo; léalo… si trabaja por la paz
bulletINTIMIDADES -LOS JÓVENES NOS CUENTAN- Adicción a la masturbación
bulletPINCELADAS - Dos pillos menos
bulletREPORTAJE - En caso de adulterio ¿admitió Cristo el divorcio?
bulletCULTURA - Gollum o el poder como vicio
bulletCULTURA - Otra cara de Davos: la cuestión poblacional
bulletDOCUMENTOS - La familia fundada en el matrimonio es patrimonio de la humanidad
bulletCOMUNICACIÓN - Decálogo para el buen uso del teléfono celular
bullet¿Cómo ayudar a los niños a usar Internet? Una respuesta católica
bulletTESTIMONIO - El Santo Rosario es más poderoso que la bomba atómica
bulletCUESTIONES DE BIOÉTICA - La tecnología al servicio de la vida (II)

  [SUMARIO] [SIGUIENTE] [INICIO]


PORTADA
Beber el cáliz de la amargura
Por el Pbro. Prisciliano Hernández Chávez, ORC

Las estadísticas de la Santa Sede informan de los hermanos sacerdotes que abandonaron el ministerio desde el concilio Vaticano II: 50 mil sacerdotes. Es una cifra grande y preocupante. Pero aun así podemos afirmar que son más los sacerdotes fieles y los llamados a través de las diversas familias sacerdotales y de espiritualidad surgidos desde entonces. Esperamos aún la primavera vocacional augurada por el papa Juan Pablo II, si el sacerdote se empeña humildemente para lograr comunidades y parroquias santas según aquello de 'sed santos porque Yo, el Señor, soy santo'.

Constatamos, pues, que algunos hermanos sacerdotes no pudieron beber el cáliz de la amargura que bebió el Señor Jesús; pudo mas la desilusión, el fracaso, la indecisión e incertidumbre que el seguimiento en la noche oscura de la vida que exigía el abandono en las manos del Padre y la postura marial del 'hágase en mi según tu palabra': actitud propia de su descendencia, cuyo fundamento o talón aplasta la cabeza insidiosa y tramposa de la serpiente de las autonomías, de los colosos fieros y metálicos con pies de barro.

Crisis del sacerdote, que no del sacerdocio, que se agravó en el ambiente secularizado y carente de sentido, cuando se proclamaba al hombre como un absurdo, cuando caían las ideologías y los muros de las seguridades humanas.

¿Cómo no deplorar la mediocridad moral?

No me resisto a citar las palabras conmovedoras del inolvidable Pablo VI en la homilía del jueves santo de 1971: 'Hermanos, yo no puedo pensar en este trágico drama pascual sin que también, en mi espíritu de obispo y de pastor, se asocie el recuerdo del abandono, de la fuga de nuestros cenáculos de tantos hermanos nuestros en el sacerdocio, dispensadores de los misterios de Dios. Lo sé, lo sé, es preciso distinguir caso y caso; es preciso comprender, es preciso compadecer, es preciso perdonar y, tal vez, es preciso volver a considerar, y siempre es preciso amar; y recordar el amor angustioso que también estos hermanos por desgraciados o desertores que sean, han sido señalados con la impronta indeleble del Espíritu, que los hace sacerdotes para siempre, que cualquiera que sea la metamorfosis a la que ellos exterior o socialmente están sometidos, y muchos por sí reclaman por viles motivos terrenos. ¿Cómo no advertir en esta hora de comunión los puestos vacantes de éstos que fueron un día nuestros comensales? ¿Cómo no llorar por la decisión consciente de algunos? ¿Cómo no deplorar la mediocridad moral que quisiera hallar natural y lógico el romper una promesa propia, largamente premeditada, solemnemente profesada delante de Cristo y de la Iglesia? ¿Cómo no orar en esta tarde por estos hermanos que han huído y por las comunidades que han abandonado y escandalizado?... (AAS 63, 276. 1971)

Esto nos habla de efectos y de consecuencias, no de causas. Además de respetar a toda persona —porque toda historia humana es sagrada, en dicho de Vanier—, objetivamente, no se presentaron las crisis por generación espontánea. La desilusión, la amargura o la incertidumbre de la propia identidad sacerdotal apuntan a un olvido de la vida interior, obnubilación en la fe, falta de ascética,liberalidad de las costumbres; pero, sobre todo, ese abandono de la hermana menor de las virtudes teologales, la esperanza. La esperanza es la virtud que nos conduce a la purificación de la memoria con esa total confianza y abandono en el amor sanante del Padre; es el pasar por las llagas del Siervo Doliente Jesús, sobre todo la de su Corazón, para ser sanados en el núcleo de nuestra identidad personal. Ante el abismo de no saber, de no poder; ante la oración angustiante o del grito 'Padre, ¿porqué me has abandonado?', la oración confiada de quien en Jesús proclama con los latidos intensos del corazón: A tus manos encomiendo mi espíritu; o de la espiritualidad de Charles de Foucauld: Padre, me pongo en tus manos, haz de mí lo que quieras, lo acepto todo con tal de que tu voluntad se cumpla en mí. Ante un abismo de fragilidad y de miseria está el abismo amoroso del Padre.

Sacerdotes según el corazón de Cristo

El reto de ayer como de hoy es dejar la casa del miedo edificada por falsas seguridades, prejuicios y experiencias negativas por el hogar del corazón en la aceptación de la propia vulnerabilidad desde el corazón sacerdotal y misericordioso de Cristo, en una identificación plena con Él: ésta es la solución, como enseñaba el padre Enrique Amezcua Medina, fundador de la Confraternidad Sacerdotal de los Operarios del Reino de Cristo: 'sean sacerdotes según el corazón de Cristo'. De aquí que sean insoslayables la humildad, la misericordia, la oración en la vivencia consciente y gozosa del discipulado del Señor en orden a ser sus testigos. Sólo así se puede beber el cáliz de la amargura, tomar la cruz de cada día y seguirlo hasta la inmolación victimal del calvario de la vida. Beber el cáliz del rechazo, del menosprecio, de la soledad... por amor al Padre cuya gloria es la salvación de todos.

Finalmente recordamos al cardenal Newman, quien, de rodillas y ante el féretro del hermano y del amigo sacerdote desertor, hizo suyas las palabras de un salmo como plegaria inacabable: Señor, no abandones la obra de tus manos; Señor, no abandones la obra de tus manos; Señor, no abandones la obra de tus manos...

EL OBSERVADOR 395-1

  [SUMARIO] [SIGUIENTE] [INICIO]


CARTAS DEL DIRECTOR
Escúchelo; véalo; léalo… si trabaja por la paz
Por Jaime Septién


Cada 24 de enero, día de san Francisco de Sales, el Papa escribe un mensaje a los medios de comunicación, a los periodistas. San Francisco de Sales es patrono de los periodistas. El mensaje en esta ocasión se llama "Los medios de comunicación social al servicio de la auténtica paz a la luz de la Pacem in terris" y servirá de tema a la XXXVII Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales 2003, que va a celebrarse el 1 de junio. Ya analizaremos en esa fecha, que coincide con la Ascensión del Señor, su contenido específico. Hoy, a la salida del documento, quisiera dejar marcada una línea de pensamiento que se extrae de este espléndido —como todos los suyos— llamado de Juan Pablo II a los responsables de la comunicación social y al público consumidor de radio, cine, televisión y periódicos así como internet y revistas, que somos, prácticamente, todos.

Al apoyarse en la Pacem in terris, la gran encíclica del beato Juan XXIII, Juan Pablo II no solamente quiere resaltar el papel profético de aquel documento, publicado hace 40 años exactos; también desea dejar en claro que buena parte de los medios de comunicación (mundiales, nacionales, locales) han hecho caso omiso al llamado a trabajar por la paz, por la auténtica paz en sus respectivas áreas de influencia. Hoy los medios —en su mayoría— son instrumentos de guerra, de violencia, de discordia, de fuego cruzado entre grupos que quieren el poder. A escala mundial y a escala municipal, es igual. Unos y otros (los grandotes y los chiquitos) han perdido el rumbo y la responsabilidad. A unos y a otros les encanta fabricar enemigos, "amarrar navajas", mentir para vender, engañar para circular, amenazar para sobrevivir.

Por lo demás, es el público el que tiene el poder en las manos para impedir que este ambiente de violencia se siga propagando. "¿Cómo?" "¿Qué puedo yo hacer?", preguntará usted. Algo muy simple. De tan simple, hasta parece tonto (pero no lo es; exige disciplina y capacidad de discernimiento): no vea, no escuche, no lea (no les haga el juego) a quienes en lugar de la paz (por vía del bien común) se escudan en usted para vender violencia, desacuerdos, horrores y desalientos. Dicho de otra forma: premie a quien promueva la civilización del amor, y castigue a quien ande diciendo (o escribiendo) que la verdad es relativa; que la justicia es utopía; que la libertad consiste en hacer lo que a uno le plazca y que las relaciones humanas o son para el sexo o no son nada. Dé su tiempo (muy valioso, por cierto) a quien trabaje por el entendimiento entre los hombres y quíteselo al que sólo busca apesadumbrarlo, desesperarlo a usted, para que, en el colmo del desencanto diga usted "oh, qué valiente" y le haga ganar más rating, o más dinero, que para el caso es lo mismo.

EL OBSERVADOR 395-2

  [SUMARIO] [SIGUIENTE] [INICIO]


INTIMIDADES -LOS JÓVENES NOS CUENTAN-
Adicción a la masturbación
Por Yusi Cervantes Leyzaola


PERGUNTA:
Estuve buscando acerca de la adicción a la masturbación y sus consecuencias y en ningún lugar lo clasificaban como un verdadero problema, más que en el sitio donde está el artículo «De lasTinieblas a Luz». Este artículo me conmovió en realidad, ya que yo vivo el mismo problema, y además siento a veces la incapacidad de amar, de enfrentar la vida, de ser amado. Siento que mi carácter se ha ido debilitando poco a poco. He pensado que todo esto es debido a la conducta adictiva que tengo respecto a la masturbación. Me da mucho coraje el ver cómo los medios de comunicación, incluyendo el internet, nos bombardean a los jóvenes con este tipo de información. De veras, gracias a Dios que existen medios como el de ustedes, que nos muestran el otro lado de la moneda. Bueno, respecto a mi problema, me gustaría saber cómo tratarlo, qué hago; quiero saber qué consecuencias psicológicas, físicas y emocionales hay al respecto.

RESPUESTA:
Como bien dices, la masturbación obsesiva es una adicción y debe tratarse como tal. Las adicciones pueden ser no solamente a sustancias, sino también a relaciones y actividades diversas. Hay, por ejemplo, adicción al juego, al internet, al sexo, a determinadas personas... Una adicción se caracteriza por cuatro cosas, y en estas características puedes encontrar respuesta a tu pregunta sobre las consecuencias de tu adicción:

Obsesión.- La conducta adictiva es apremiante y obsesiva. Es el centro de interés para el adicto, quien gran parte del tiempo está pensando en el modo de conseguir el objeto de su adicción, a lo que le dedica gran parte de su tiempo, energía, recursos y atención.

Consecuencias negativas.- La adicción se vuelve contra el adicto y las personas que lo rodean, y, pese a esto, el adicto no desiste. Las conductas adictivas producen placer, alivio y otras compensaciones a corto plazo, pero provocan dolor, desastre, desolación y multitud de problemas a medio plazo. Pueden afectar:

· Las relaciones con la familia, la pareja o los amigos.

· El trabajo o los estudios, en los que baja la productividad y la calidad, hasta llegar incluso a la pérdida del trabajo o el abandono de los estudios.

· La economía, porque el adicto destina cada vez más dinero a la satisfacción de su adicción. Con frecuencia, al no poder sufragar los gastos de la adicción, el adicto comete actos ilegales, comenzando con robar dinero u objetos para venderlos a la propia familia.

· La salud psíquica: el vivir con una adicción provoca estados de ánimo negativos, irritabilidad, sentimientos de culpa, actitudes defensivas, pérdida de la autoestima, depresiones, pérdida del sentido de la realidad, egocentrismo, agresividad...

· La salud física. Además de los trastornos provocados por las sustancias adictivas, cuando ese es el caso, ser adicto a algo repercute en trastornos del sueño, del apetito, tensión y estrés frecuentes y fatiga.

Falta de control.- El rasgo distintivo de la conducta adictiva es que, al tratar de controlarla, la voluntad resulta insuficiente. La sustancia o actividad en cuestión controla a la persona, en lugar de ser al contrario.

Negación.- A medida que los adictos empiezan a acumular problemas (en el trabajo, en el hogar, socialmente), inevitablemente comienzan a negar dos cosas: que la droga o actividad en cuestión constituya un problema que no pueden controlar; y que los efectos negativos en sus vidas tengan alguna conexión con el uso de la droga o actividad. Como la negación es un proceso mental ficticio, negar la propia adicción o sus consecuencias significa, literalmente, estar fuera de contacto con la realidad.

Como puedes ver, las tres primeras características se parecen a la descripción que haces de tu problema (excepto quizá la parte económica, ya que tu adicción no cuesta dinero). Afortunadamente ya no estás negando la situación, estás reconociendo y aceptando que tienes un problema, y ése es el primer paso hacia la recuperación. Sé que en el caso de la masturbación hay situaciones especialmente delicadas, pues es un asunto muy íntimo, y claramente aceptado como pecado. Fumar, por ejemplo, otro caso de adicción, se hace en forma pública, y en general, las personas no piensan que sea pecado (aunque estrictamente hablando, puesto que perjudica la salud, va contra el mandamiento de "no matarás"), de modo que las personas están más dispuestas a reconocer su problema y a discutirlo con otras personas, incluso a buscar ayuda para dejar su adicción. En los casos como el tuyo, en cambio, no se habla del problema, se mantiene en secreto, es más difícil vencer la vergüenza y buscar la ayuda necesaria. Pero no te detengas por esto. Tú mereces ser ayudado y encontrar solución a tu problema.

Ya Rogelio, nuestro jefe de sistemas de información, te envió referencias de otros artículos, documentos y sitios en internet que puedes consultar, y que te pueden orientar en cuanto al aspecto moral de este problema. Reproduzco su nota, agregando algunos datos:

«Tu consulta la he enviado al correo de Yusi Cervantes. Como vez, ella ya ha escrito sobre el tema, aparte del artículo que mencionas  27 de mayo de 2001, No. 307 está: "Masturbación y educación sexual",12 de Noviembre de 2000, No. 279. Y en Catholic.net puedes consultar  donde hay al final otros enlaces muy interesantes: 'Conoce los pecados contra el sexto mandamiento' , para profundizar: 'Para salvarte - 6° mandamiento', del P. Jorge Loring, S.J., es un documento muy largo, pero puedes irte directamente a la parte que te interesa que es la 68,23: 'El vicio solitario (masturbación) consiste en...'
También puedes leer lo que dice el Catecismo de la Iglesia Católica
Ánimo, Cristo es la única solución».


Finalmente yo te recomiendo tres cosas: que acudas a una terapia psicológica, que te integres a un grupo de emotivos anónimos o neuróticos anónimos y, lo más importante, que te acerques mucho a Dios, en verdad, en forma personal y comprometida. Los doce pasos de Alcohólicos Anónimos han resultado eficaces en todo tipo de adicción. Los tres primeros son:

1. Admitimos que éramos impotentes ante (la adicción correspondiente), que nuestras vidas se habían vuelto ingobernables.
2. Llegamos al convencimiento de que un Poder Superior podía devolvernos el sano juicio.
3. Decidimos poner nuestras voluntades y nuestras vidas al cuidado de un Dios, como nosotros lo concebimos. y parten de reconocer que solamente Dios puede ayudarnos y por tanto hay que poner nuestra vida en sus manos.

Como ves, poner nuestra vida en manos de Dios es siempre el primer paso. Él es nuestra fuerza y sostén.

EL OBSERVADOR 395-3

  [SUMARIO] [SIGUIENTE] [INICIO]


PINCELADAS
Dos pillos menos
Por Justo López Melús *


Cuenta un maestro oriental que de joven rezaba así: «Señor, dame fuerzas para cambiar el mundo». Cuando fue mayor, al ver su fracaso, decía: «Señor, dame la gracia de transformar aunque sólo sea a mis amigos». Al final de la vida, al ver que nada había conseguido, su única oración era ésta: «Señor, dame la gracia de cambiarme a mí mismo».

Ésta es nuestra primera obligación: arreglarnos a nosotros mismos. Sin olvidar que detrás de la primera está la segunda: preocuparnos por los demás.

Dos amigos se lamentaban de lo mal que estaba el mundo. Discutían sin parar. Hasta que un día le dijo uno al otro: «Seamos tú y yo los mejores, y habrá dos pillos menos en el mundo».

* Operario Diocesano en San José de Gracia en Querétaro.

EL OBSERVADOR 395-4

  [SUMARIO] [SIGUIENTE] [INICIO]


REPORTAJE
En caso de adulterio ¿admitió Cristo el divorcio?
Por el Pbro. Miguel Ángel Fuentes, V.E.


¿Enseña Jesucristo que el divorcio es lícito al menos en ciertos casos excepcionales? ¿Cómo deben interpretarse las palabras de Cristo en San Mateo: "salvo en caso de adulterio"?

El matrimonio es indisoluble por naturaleza y por positiva institución de Dios. Como consecuencia, el divorcio —se entiende en caso de matrimonio válido— contradice los preceptos divinos. Sin embargo, históricamente sabemos que la ley mosaica permitió la práctica del libelo de repudio, es decir, permitía al hombre separarse de su mujer y volverse a casar, al menos en algunos casos. ¿Cuándo estaba permitido? La cláusula mosaica dice simplemente (Dt 24,1): «si nota en ella algo de torpe». Dos escuelas contendían fundamentalmente entre sí sobre este punto. La escuela del rabí Hillel era laxista y sostenía que el marido podía repudiar a su mujer por cualquier torpeza (incluso si dejó quemar la comida). La de Shammai era más rigorista y decía que la afirmación de Moisés se refiere a una torpeza moral grave, es decir, sólo en caso de adulterio de la esposa.

Jesucristo, al discutir con los fariseos que le plantean el caso, deja bien en claro que el motivo de esta permisión divina fue la dureza del corazón. Dios lo hizo sólo como dispensa, para evitar males mayores. «Yo aborrezco el repudio, dice Yavé, Dios de Israel» (Mal 2,14-16).

Cristo deroga la ley

Jesucristo legisló sobre el divorcio derogando explícitamente la dispensa que regía en el Antiguo Testamento. Esto aparece en cuatro lugares evangélicos: Mateo 19,3-9; Mateo 5,31; Marcos 10,2-12, y Lucas 16,18.

Sin embargo, en el mismo momento en que nuestro Señor restaura la indisolubilidad original, aparece en sus labios (aunque sólo en los dos textos de Mateo) una expresión que parecería conceder cierta excepción (es decir, cierta posibilidad de divorcio).

Pero el texto del capítulo 19 del Evangelio según San Mateo se ha de interpretar teniendo en cuenta el contexto histórico en que se desarrolla la discusión. Cristo está polemizando con los fariseos y son ellos quienes sacan la cuestión del divorcio; la pregunta apunta a ver en cuál de las opiniones más importantes del tiempo (la de Hillel o la de Shammai) se enrola Jesús.

Jesucristo responde apelando a la intención originaria de Dios en el Génesis: «¿No habéis leído que al principio el Creador los hizo varón y mujer? Y dijo: 'Por esto dejará el hombre al padre y a la madre y se unirá a la mujer, y serán dos en una sola carne'» (Mt 19,4-5); y termina su razonamiento diciendo: «Así pues, lo que Dios ha unido no lo separe el hombre» (v.6).

Los fariseos entienden claramente que Jesucristo no concede ninguna posibilidad (ni siquiera el caso restrictivo de Shammai), por eso objetan con la actitud permisiva de Moisés. Jesucristo, por tanto, debe explicar cómo se interpreta la actitud de Moisés y defender su posición intransigente, lo que hará apelando nuevamente a la intención originaria del Creador («Al principio no fue así», Mt 19,8) y explicando el por qué de la actitud mosaica (se debió a la dureza del corazón de los judíos).

Ahora bien, Jesucristo, después de recordar la permisión mosaica, va a lesgislar reinstaurando el matrimonio en su fuerza original. Él tiene conciencia de estar abrogando una ley transitoria del Antiguo Testamento; por eso introduce la nueva legislación (al menos en el texto de Mt 5) con las palabras «Mas yo os digo», locución con la cual en el sermón del monte opone precisamente a la enseñanza de los antiguos su propia superioridad. ¿Y cuál es la enseñanza que Él opone a lo que fue dicho a los antiguos? «Quien repudia a su mujer (salvo caso de adulterio) y se casa con otra, adultera» (Mt 19,9; cff. Mt 5,32).

Aquí está el problema. Mt 19,9: «Salvo en caso de adulterio (mé epì porneía)»; Mt 5,32: «excepto en caso de fornicación (parectós logou porneías)». El núcleo del problema consiste, en realidad, en la interpretación correcta de las dos expresiones griegas.

Cristo no se desdice

Hay una cosa que no puede discutirse y es la lógica que debe guardar el pensamiento de Cristo; no puede darse una interpretación que "fracture" el razonamiento de Jesús. Y si la controvertida expresión pudiese entenderse literalmente "salvo en caso de adulterio", Cristo no habría salido del marco mosaico. Por tanto, después de anunciar una derogación de la dispensa, habríamos encontrado un echarse atrás frente a la objeción de sus adversarios.

Las interpretaciones

Se han propuesto varias explicaciones:

1) Para algunos la expresión debe entenderse como se la traduce generalmente ("salvo en caso de adulterio o fornicación"), pero lo que permite aquí Cristo es sólo el "divorcio incompleto", es decir, la separación de los cuerpos (dejar de convivir) por motivos graves, y no equivale a un permiso para volverse a casar (así lo entendía, por ejemplo, san Jerónimo). Esta interpretación es ortodoxa pero no soluciona el problema, simplemente lo esquiva.

2) Para otros los términos "excepto" y "salvo" querrían indicar en boca de Cristo que Él no desea tocar, por el momento, ese caso particular (el del adulterio o fornicación). El texto debería, pues, entenderse: "... salvo el caso de adulterio, del que no quiero hablar ahora..." (así proponía, por ejemplo, san Agustín). Pero Jesús no tenía ningún motivo para evitarlo.

3) Otros han explicado el problema analizando más detenidamente el verdadero sentido o los posibles significados de las preposiciones mé y parectós. A simple vista mé parece indicar excepción, pero gramaticalmente admite tanto el sentido de excepción cuanto el de negación prohibitiva. Debería, por tanto, entenderse así: "ni siquiera en caso de adulterio". Lo mismo valdría para parectós que, junto al significado de "excepto" o "fuera de", también admite (aunque raramente) el de "además", "aun en caso de". Es una interpretación admisible pero discutible.

4) Finalmente, otros apuntan a interpretar más correctamente la expresión porneía. Ésta no sería simple fornicación ni adulterio, sino propiamente el estado de concubinato. El término rabínico empleado por Cristo habría sido zenut, que designa la unión ilegítima de concubinato; el griego carece, en cambio, de un nombre específico para designar a la "esposa", razón por la cual, se habría recurrido al término porneía. En tal caso, es evidente que no sólo es lícita la separación, sino obligatoria, puesto que no hay matrimonio sino unión ilegal. Esta explicación se refuerza tomando en cuenta que san Pablo, en su Carta a los Corintios, califica la unión estable incestuosa del que se había casado con su madrasta como porneía. A esto mismo haría referencia el Concilio de Jerusalén al exigir que los fieles se abstengan de porneía, o sea de las uniones ilegales aunque estables. Esta última es, tal vez, la más plausible de las interpretaciones.

Concordancia con San Lucas y San Marcos

Entendidas las dificultades como acabamos de exponer, se comprende que sean totalmente equivalentes con las de San Lucas y San Marcos:
1) San Lucas (16,18): «Todo el que repudia a su mujer es adúltero; y el que se casa con la repudiada por su marido, es adúltero».
2) San Marcos (10,11): «El que repudia a su mujer y se casa con otra, adultera contra aquélla, y si la mujer repudia al marido y se casa con otro, comete adulterio».
(Resumido de catholic.net)

EL OBSERVADOR 395-5

  [SUMARIO] [SIGUIENTE] [INICIO]


CULTURA
Gollum o el poder como vicio
Por Rodrigo Guerra López

La reciente aparición de la segunda entrega cinematográfica de El Señor de los Anillos nos invita a mirar nuevamente el modo como J. R. R. Tolkien logró articular sus reflexiones sobre la conciencia y el poder. Todos los personajes si bien viven una historia exterior, con sus aventuras y momentos épicos, no pueden eludir que la principal aventura la experimentan al interior de la conciencia. El Señor de los Anillos, en este sentido, no es sólo un relato de un viaje a través de la Tierra Media, sino un relato sobre el viaje del yo personal al interior de otra tierra, más interior que la patria, en la que se desenvuelve el drama de la libertad. Alguien podrá argumentar que la mítica Tierra Media no existe y, por lo tanto, que el viaje no es más que una historia trivial, un cuentito, una fantasía posmoderna. Sin embargo, para comprender el significado de la obra de Tolkien y la relación entre la travesía por la Tierra Media y la historia de la propia conciencia, tal vez sea útil recordar que lo importante «no aparece en ningún mapa; los lugares verdaderos jamás figuran en ellos» (Herman Melville).

Uno de los personajes más elocuentes de toda la historia es la criatura Gollum. En algún tiempo tuvo figura humana. Sin embargo, el poseer el poder (el anillo) lo fue corrompiendo hasta deformarlo horriblemente, de adentro hacia fuera. Gollum posee una peculiar característica al hablar en primera persona del plural: su yo se encuentra escindido entre su tendencia estructural a buscar una compañía y una amistad, y su profundo afán de dominio instrumental en el que la desconfianza y la mentira se tornan los criterios de interpretación fundamental para la comprensión del mundo. Gollum, de esta manera, se vuelve una metáfora viviente de los efectos de la posesión del poder en el corazón humano.

En efecto, el poder, cualquiera que sea su origen, tiene en su interior la secreta voz que dice: «eres mío», «soy tuyo», «poséeme». Tolkien coloca continuamente en la boca de Gollum expresiones donde el poder (el anillo) es calificado como «my precious», como el tesoro que no debe ser entregado a nadie, sino que se busca retener con irracional avidez y desenfreno.

Gollum, como todos los demás personajes que sienten la tentación del poder, buscan esgrimir argumentos para «poseerlo», para hacerlo «nuestro». Sin darse cuenta, no son ellos los que poseen el poder, sino el poder el que los va poseyendo y destruyendo cada vez más y más. Los «argumentos», «ideales» y «causas» que se esgrimen para adueñárselo no siempre son malos. Muchos son buenos. Sin embargo, en el momento de articulación del poder con la conciencia, la conciencia que cede al canto del poder busca «poseer» en lugar de «entregar».

El poder es una facultad de gobierno que en sí misma —cualquiera lo intuye— no es mala. El problema que Tolkien trata de mostrar es que el «adueñarselo» como bien exclusivo y no como don inmerecido para servir al otro, nubla la inteligencia al grado que las más importantes verdades sobre el mundo y la vida quedan eclipsadas. Las contradicciones, hoy por hoy tan comunes, entre las necesidades objetivas de los muchos y los supuestos «merecimientos» de unos pocos que poseen poder, fungen como prueba empírica del valor permanente de la obra de Tolkien. El poder puede ser utilizado rectamente cuando la persona está dispuesta al sacrificio radical de la propia vida y del poder mismo en función del bien (Gandalf). Sin embargo, el poder como vicio, si bien genera numerosos adeptos que se suman al momento de la convocatoria a una guerra para «ganar», destruye, confronta y enemista sistemáticamente.

Finalmente, vale la pena advertir que la criatura Gollum nos muestra, aun desde la segunda entrega de El Señor de los Anillos, que existe siempre un resquicio de luz, una grieta en la condición humana que, traspasando el orgullo y la avaricia, puede permitir el ingreso de una esperanza. Siempre existe una posibilidad de conversión de la conciencia y del corazón. Este será uno de los temas centrales de la tercera parte (El retorno del rey) que podemos leer desde ahora, o mirar en el cine dentro de un año.


E-mail: guerrar@infosel.net.mx

EL OBSERVADOR 395-6

  [SUMARIO] [SIGUIENTE] [INICIO]


CULTURA
Otra cara de Davos: la cuestión poblacional
Por Carlos Díaz


Según la prensa habitual, para que el Tercer Mundo salga de la situación de subdesarrollo en que se encuentra debería limitar su tasa de natalidad. Este falsísimo argumento constituye sin embargo uno de los tópicos favoritos del Norte. Pero es un argumento falsísimo porque:

La población de la Tierra dista aún mucho de haber llegado a su saturación; cualquier economista especializado en geografía de poblaciones sabe que podría multiplicarse todavía por cinco la población mundial sin que faltasen en absoluto alimentos para mantenerla, y ello sin contar con las eventuales potencialidades futuras derivadas del progreso.

En el supuesto falso de que la Tierra hubiera llegado a su saturación ¿por qué no se dice que los países con mayor densidad de población no son los países pobres, sino Japón, Países Bajos, Inglaterra, tan interesados en controlar la población fuera de sus fronteras?

¿Por qué están esterilizando a poblaciones autóctonas del Sur con baja natalidad (por ejemplo, poblaciones andinas, poblaciones indígenas muy reducidas que viven tranquilamente de la caza y de la pesca en las selvas amazónicas del Brasil) a cambio de prestaciones económicas?

¿Por qué se oculta que África es un continente cada vez más despoblado?

¿Por qué no se distribuyen mejor los recursos existentes, en lugar de postular el exterminio de los pobres del planeta, en medio de un ecodesarrollo insostenible?

Si el Norte se queja del avejentamiento de su pirámide poblacional ¿por qué no dejan entrar en sus países a jóvenes procedentes del Tercer Mundo?

No, no sobra población, sino que falta redistribución de la renta, y los ricos del Norte antes serían capaces de rematar a sus muertos que de autorrestringir su derroche insultante. Tratando de acallar todo esto, el rico sigue la táctica del cuco: da los gritos en un nido, pero pone los huevos en otro.

Lo que preocupa en el Norte es que en el Sur sean muchos y pobres, mas como no se quiere que dejen de ser pobres se intenta que dejen de ser muchos. Lo que asusta al Norte y a las oligarquías del Sur (también Norte) no es que las gentes sean pobres y mueran de hambre, sino que devengan un factor desestabilizador; que al crecer el número de pobres permaneciendo la desigualdad se altere la frágil paz de los poderosos mediante migraciones masivas, guerras civiles e interétnicas que bloqueen los trabajos de expoliación de materias primas, fenómenos de contestación en algunos gobiernos que busquen romper con la 'normalidad' de los precios en el mercado, integrismo de carácter religioso, etc.

Así las cosas, identificar «control de natalidad» con «disminución de la tasa de natalidad» resulta enteramente falso, ya que hay países infrapoblados pobres; de igual modo existen regiones superpobladas y otras vacías pero con posibilidades de desarrollo. Así las cosas, además de ser falsa la relación entre población y desarrollo enunciada por la Conferencia de El Cairo, además de eso no se ha concretado la asignación para el desarrollo pero sí, en cambio, se ha concretado la lucha contra la población (17 mil millones de dólares hasta el año 2000, de ellos, por cierto, 2/3 aportados por los países subdesarrollados, repartidos como sigue: diez mil 200 para planificación familiar; 5 mil para servicios de 'salud reproductiva'; mil 300 para educación y prevención del SIDA y otras enfermedades de transmisión sexual; 500 para investigación y análisis de datos sobre población); en definitiva, como ya había enfatizado canallescamente mucho antes Lyndon B. Johnson, siempre buscando perpetuar la desigualdad, «cinco dólares invertidos contra el crecimiento de la población resultan más eficaces que cien dólares invertidos en el crecimiento económico». De ahí las medidas antinatalistas: esterilizaciones en todo el Tercer Mundo no declaradas a los interesados, especialmente a minorías étnicas (desde aborígenes australianos a indios mexicanos), esterilizaciones y matanzas de nonatos a cambio de unos dólares o de un transistor (como en la India), negación de trabajo asalariado a mujeres embarazadas (también en Occidente), matanza obligatoria de nonatos bajo sanciones incluso penales (como es el caso de China), cierre de ojos universal ante la permanencia e incluso renacimiento de la práctica del infanticidio femenino, etc.

Entonces ¿por qué los países pobres aceptan esas asesinas imposiciones provinientes de los ricos? Porque son países endeudados con el Norte, eternos dependientes de los precios mercantiles marcados por el Norte, de los créditos, de los chantajes, etc, y no se quieren enfrentar a sus amos. Terriblemente triste.

EL OBSERVADOR 395-7

  [SUMARIO] [SIGUIENTE] [INICIO]


DOCUMENTOS
La familia fundada en el matrimonio es patrimonio de la humanidad
Discurso por TV de Juan Pablo II en el IV Encuentro Mundial de las Familias, celebrado en Manila del 22 al 26 de enero.


1. Estoy con vosotros con el pensamiento y la oración, queridas familias de Filipinas y de tantas regiones de la tierra, reunidas en Manila con motivo de vuestro IV Encuentro Mundial: ¡os saludo con afecto en el nombre del Señor!

En esta ocasión, me es grato dirigir un cordial saludo y la bendición a todas las familias del mundo, que representáis: a todos «gracia, misericordia y paz de parte de Dios Padre y de Cristo Jesús, Señor nuestro» (1 Tm 1,2).

Agradezco al señor cardenal Alfonso López Trujillo, Legado Pontificio, las amables palabras que me ha dirigido, también en nombre vuestro. A él y a sus colaboradores en el Consejo Pontificio para la Familia deseo expresar mi satisfacción por el cuidadoso y esmerado empeño que han puesto en la preparación de este Encuentro. Mi viva gratitud también al señor cardenal Jaime Sin, Arzobispo de Manila, que os acoge con generosidad en estos días.

2. Sé que en la sesión teológico-pastoral que acabáis de celebrar habéis profundizado en el tema: «La familia cristiana, buena noticia para el tercer milenio». He elegido estas palabras, para vuestro Encuentro Mundial, con el fin de subrayar la sublime misión de la familia que, acogiendo el Evangelio y dejándose iluminar por su mensaje, asume el necesario compromiso de dar testimonio del mismo.

Queridas familias cristianas: ¡anunciad con alegría al mundo entero el maravilloso tesoro que, como iglesias domésticas, lleváis con vosotros! Esposos cristianos, en vuestra comunión de vida y amor, en vuestra entrega recíproca y en la acogida generosa de los hijos, ¡sed en Cristo luz del mundo! El Señor os pide que seáis cada día como la lámpara que no se oculta, sino que es puesta «sobre el candelero para que alumbre a todos los que están en la casa» (Mateo 5,15).

3. Sed, ante todo, «buena noticia para el tercer milenio» viviendo con empeño vuestra vocación. El matrimonio que habéis celebrado un día, más o menos lejano, es vuestro modo específico de ser discípulos de Jesús, de contribuir a la edificación del Reino de Dios, de caminar hacia la santidad a la que todo cristiano está llamado. Los esposos cristianos, como afirma el Concilio Vaticano II, cumpliendo su deber conyugal y familiar, «se acercan cada vez más a su propia perfección y a su santificación mutua» (Gaudium et spes, n. 48).

Acoged plenamente, sin reservas, el amor que primero os da Dios en el sacramento del matrimonio y con el que os hace capaces de amar (cfr. 1 Jn 4,19). Permaneced siempre aferrados a esta certeza, la única que puede dar sentido, fuerza y alegría a vuestra vida: el amor de Cristo no se apartará nunca de vosotros, su alianza de paz con vosotros no disminuirá (cfr. Isaías 54,10). Los dones y la llamada de Dios son irrevocables (cfr. Romanos 11,29). Él ha grabado vuestro nombre en las palmas de sus manos (cfr. Isaías 49,16).

4. La gracia que habéis recibido en el matrimonio y que permanece en el tiempo proviene del corazón traspasado del Redentor, que se ha inmolado en el altar de la cruz por la Iglesia, su esposa, venciendo la muerte para la salvación de todos.

Por tanto, esta gracia lleva consigo la peculiaridad de su origen: es la gracia del amor que se ofrece, del amor que se consagra y perdona; del amor altruista que olvida el propio dolor; del amor fiel hasta la muerte; del amor fecundo de vida. Es la gracia del amor benévolo, que todo cree, todo soporta, todo espera, todo tolera, que no tiene fin y sin el cual todo lo demás no es nada (cfr. 1 Corintios 13,7-8).

Ciertamente, esto no siempre es fácil, y en la vida cotidiana no faltan las insidias, las tensiones, el sufrimiento y también el cansancio. Pero no estáis solos en vuestro camino. Con vosotros actúa y está siempre presente Jesús, como lo estuvo en Caná de Galilea, en un momento de dificultad para aquellos nuevos esposos. En efecto, el Concilio recuerda también que el Salvador sale al encuentro de los esposos cristianos y permanece con ellos para que, del mismo modo que Él amó a la Iglesia y se entregó por ella, también ellos puedan amarse fielmente el uno al otro, para siempre, con mutua entrega (cfr. Gaudium et spes, n. 48).

5. Esposos cristianos, sed «buena noticia para el tercer milenio» testimoniando con convicción y coherencia la verdad sobre la familia.

La familia fundada en el matrimonio es patrimonio de la humanidad, es un bien grande y sumamente apreciable, necesario para la vida, el desarrollo y el futuro de los pueblos. Según el plan de la creación establecido desde el principio (cfr. Mateo 19,4.8), es el ámbito en el que la persona humana, hecha a imagen y semejanza de Dios (cfr. Génesis 1,26), es concebida, nace, crece y se desarrolla. La familia, como educadora por excelencia de personas (cfr. «Familiaris consortio», 19-27), es indispensable para una verdadera «ecología humana» (Centesimus annus, n. 39).

Os agradezco los testimonios que habéis presentado esta tarde y que he seguido con atención. Me hacen pensar en la experiencia adquirida como sacerdote, arzobispo en Cracovia y a lo largo de estos casi 25 años de pontificado: como he afirmado otras veces, el futuro de la humanidad se fragua en la familia (cfr. Familiaris consortio, n. 86).

Queridas familias cristianas, os encomiendo dar testimonio en la vida cotidiana de que, incluso entre tantas dificultades y obstáculos, es posible vivir en plenitud el matrimonio como experiencia llena de sentido y como «buena noticia» para los hombres y mujeres de nuestro tiempo. Sed protagonistas en la Iglesia y en el mundo: es una necesidad que surge del mismo matrimonio que habéis celebrado, de vuestro ser iglesia doméstica, de la misión conyugal que os caracteriza como células originarias de la sociedad (cfr. Apostolicam actuositatem, n. 11).

6. En fin, para ser «buena noticia para el tercer milenio», no olvidéis, queridos esposos cristianos, que la oración en familia es garantía de unidad en un estilo de vida coherente con la voluntad de Dios.

Proclamando recientemente el año del Rosario, he recomendado esta devoción mariana como oración de la familia y para la familia: rezando el Rosario, en efecto, «Jesús está en el centro, se comparten con él alegrías y dolores, se ponen en sus manos las necesidades y proyectos, se obtienen de Él la esperanza y la fuerza para el camino» (Rosarium Virginis Mariæ, n. 41).

Al confiaros a María, Reina de la familia, para que acompañe y ampare vuestra vida, me alegra anunciaros que el quinto Encuentro Mundial de las Familias tendrá lugar en Valencia, España, en el 2006.

Os imparto ahora mi bendición, dejándoos una consigna: ¡con la ayuda de Dios haced del Evangelio la regla fundamental de vuestra familia, y de vuestra familia una página del Evangelio escrita para nuestros tiempos!

EL OBSERVADOR 395-8

  [SUMARIO] [SIGUIENTE] [INICIO]


COMUNICACIÓN
Decálogo para el buen uso del teléfono celular


El teléfono celular es algo en principio neutro, pero no lo es el uso que de él se haga y, por lo tanto, deben existir algunas pautas sobre su correcta utilización y, por qué no, un código ético:

1.- Desconectar siempre el móvil en actos públicos. Es una norma de elemental cortesía. Hágalo en cines, conciertos, conferencias, salones de clases y templos.

2.- Apagarlo también en las entrevistas y reuniones, a menos que se espere una llamada que sea importante para los que en ellas participan. Siempre tienen prioridad las personas que se encuentran en un lugar que las que irrumpen a través del celular.

3.- Preguntar si podemos ser atendidos en ese momento. Cuando llamamos a un teléfono celular debemos tener presente que no conocemos la situación de nuestro interlocutor: tal vez está atendiendo a otras personas.

4.- Identificarse y verificar con quién se habla. Cada vez es más frecuente que nos responda una persona que no es el usuario habitual del teléfono. Por ello no hay que presuponer que siempre estamos hablando con la persona con quien deseamos.

5.- Distinguir entre los temas de conversación presenciales y los telefónicos. Hay temáticas que, por su naturaleza, no pueden ser tratados por teléfono sino que requieren una conversación presencial. La comunicación no es sólo verbal: el rostro, la mirada, el gesto de nuestro interlocutor a menudo es fundamental para una conversación fructuosa.

6.- Usarlo con mesura con personas que tratamos cotidianamente. Es un comportamiento adolescente mantener una larga conversación telefónica con una persona con la que tenemos la ocasión de tratar fácilmente de modo presencial.

7.- Perder el miedo a poner y usar el contestador automático. Esto impedirá que se multipliquen innecesariamente las llamadas y que se dificulte una pronta comunicación.

8.- Advertir si uno va al volante. Cuando el conductor nos responde al volante del automóvil debe advertirnos de ello. En este supuesto, debemos procurar ser al máximo discretos, breves y concisos.

9.- Usar brevedad y prudencia por ambas partes. Abstenernos de alargar la conversación y mucho menos de plantear a nuestro interlocutor preguntas que le obliguen a una reflexión pormenorizada.

10.- Renunciar a usarlo como instrumento de control. Algunas parejas lo usan con frecuencia para tener localizado en todo momento a su compañero(a). También algunos padres lo usan así respecto a sus hijos. Antes de llegar a este penoso límite, es preferible educar y vivir en un clima de libertad responsable.


(Fuente: SOI)

EL OBSERVADOR 395-9

  [SUMARIO] [SIGUIENTE] [INICIO]


¿Cómo ayudar a los niños a usar internet? Una respuesta católica

El Servicio de Comunicaciones de la Iglesia Católica en Inglaterra y Gales ofrece «Los niños y la red. Una guía para los padres», elaborada por la Agencia Católica de Asuntos Sociales, en su página http://www.catholic-ew.org.uk/frameset.htm.

El hecho de que los niños pasen tanto tiempo navegando por internet que lleguen a descuidar sus tareas, actividades al aire libre o la vida social con su familia o amigos ya es un signo de alarma, advierte el documento. En la red los niños podrían llegar a entrar en contacto con personas que no son lo que parecen, facilitando información o concertando citas pueden poner en peligro su propia seguridad o la de su familia. Y accidental o deliberadamente, también existe la posibilidad de que el menor se encuentre frente a contenidos sexuales, violentos o racistas.

Además de ofrecer consejos para detectar y prevenir estas situaciones problemáticas, la guía sugiere a los padres las pautas para hacer un uso seguro de la red, como puede ser la instalación del ordenador en una zona de uso común del hogar.

La guía anima a los propios padres a aprender el uso de internet y a que acompañen a sus hijos cuando éstos naveguen por la red. Es importante que, además, conozcan las páginas web que visitan los niños.

Se recomienda también que se acuerde con los menores quién va a entrar en internet, cuándo y durante cuánto tiempo. Se les debe explicar que nunca faciliten datos personales o de uso privado. La instalación de filtros de internet puede ser útil, pero la guía recuerda que no existe aún un método infalible. Ante todo, hay que fomentar la comunicación. «La mejor protección —concluye la guía— es una sana vida cristiana en familia, cuyos miembros hablen y recen juntos».

(Fuente: FIDES-ZENIT)

EL OBSERVADOR 395-10

  [SUMARIO] [SIGUIENTE] [INICIO]


TESTIMONIO
El Santo Rosario es más poderoso que la bomba atómica
Testimonio del padre jesuita Schiffer, sobreviviente de Hiroshima, durante la Segunda Guerra Mundial

Durante la Segunda Guerra Mundial, una bomba atómica fue detonada sobre dos ciudades japonesas: Hiroshima y Nagasaki.

Una cosa extraordinaria sucedió en Hiroshima: una pequeña comunidad de padres jesuitas vivía cerca de la iglesia parroquial, a solamente ocho cuadras del epicentro del estallido de la bomba.

A pesar de que Hiroshima fue destruida por la bomba atómica y toda persona dentro de un radio de 1.5 kilómetros falleció, los ocho miembros de la pequeña comunidad jesuita escaparon ilesos. La casa de los jesuitas quedó en pie.

El padre Hubert Schiffer fue uno de los jesuitas en Hiroshima. Tenía 30 años cuando explotó la bomba atómica en esa ciudad y vivió otros 33 años mas de buena salud. El narró sus experiencias en Hiroshima durante el Congreso Eucarístico que se llevó a cabo en Filadelfia (EU) en 1976. En ese entonces los ocho miembros de la comunidad jesuita estaban todavía vivos.

El padre Schiffer fue examinado e interrogado por más de 200 científicos que fueron incapaces de explicar cómo él y sus compañeros habían sobrevivido en medio de miles de muertos. Él lo atribuyó a la protección de la Virgen María y dijo: «Yo estaba en medio de la explosión atómica... y estoy aquí todavía, vivo y a salvo. No fui derribado por su destrucción».

Además, el padre Schiffer mantuvo que durante varios años cientos de expertos e investigadores estudiaron las razones científicas del porqué la casa, tan cerca de la explosión atómica, no fue afectada. Él explicó que en esa casa hubo una sola cosa diferente: «En esa casa el Santo Rosario era rezado por todos juntos cada día».
(Fuente: http://www.corazones.org )

EL OBSERVADOR 395-11

  [SUMARIO] [INICIO]


CUESTIONES DE BIOÉTICA
La tecnología al servicio de la vida (II)
Por Humberto M. Marsich, m.x.


Las noticias que nos están llegando, en estos últimos días del año 2002 y primeros del 2003, con respecto a las clonaciones humanas, en la gente con sentido común y con un mínimo de sabiduría provocan consternación. Sentimos que la alteración caprichosa de los procesos naturales para transmitir la vida humana y las manipulaciones, a manera de experimentos, de los gametos de la reproducción humana, prescindiendo de las finalidades, buenas o malas que se quieran alcanzar, de alguna manera dañarán siempre a la humanidad.

Urge poner límites legales a todo tipo de aberración tecnológica. La biotecnología, en cuanto actividad humana, debe sujetarse a un mínimo ético, o sea, a valores perennes y universales como lo son la verdad, la vida, el bien común y la misma naturaleza humana que debe ser respetada. Lo antinatural, tarde o temprano, se revertirá en contra del mismo hombre. Una ciencia sin conciencia, es decir, sin límites éticos, será la ruina del hombre y de la sociedad. La irracionalidad de la donación humana debe ser reprimida.

Los humanos nos defendemos de los rateros, de quienes ocupan nuestros territorios, de quienes nos agreden físicamente; no se entiende por qué no deberíamos defendemos de quienes están jugando peligrosamente con nuestra misma naturaleza, patrimonio universal de la humanidad.

Aplaudimos la aplicación de la tecnología en vista del bienestar humano, con respecto a los transgénicos vegetales y animales; aceptamos la racionalidad y la moralidad del control responsable de la natalidad y, hoy, queremos manifestar nuestro consenso a propósito de la experimentación terapéutica humana.

La experimentación humana

Hablamos de experimentación cuando en el punto de partida de una acción o de un proceso concreto figuran unas intuiciones, unas hipótesis no comprobadas, sobre la posible utilidad de nuevos fármacos o nuevas técnicas. Esta experimentación pretende superar un estado de inseguridad, lo cual se logrará a través de una repetición de ensayos en condiciones adecuadas.

La distinción más importante dentro de los diversos tipos de experimentación tomó como criterio la finalidad inmediata: terapéutica o no terapéutica. En el primer caso el fin inmediato es la curación del enfermo y esto es plenamente lícito, sin excluir, desde luego, como otro fin lícito, los beneficios para el mismo progreso de la ciencia médica.

Aspecto moral de la experimentación

El desarrollo técnico y el progreso médico amplían constantemente el campo de la experimentación hasta los sectores más profundos de la persona. Puesto que, a veces, algunos caen en experimentaciones sin escrúpulos, que sacrifican la misma dignidad humana (por ejemplo: la clonación) y, atraídos por la fascinación de la ciencia y por la venalidad del mercado biotecnológico, no aceptan límites, necesitamos poner orden y moralizar también este campo. Debemos recordar que las degradantes experiencias llevadas a cabo por los nazis no son, desgraciadamente, un episodio aislado. El mito eugénico, o sea de la raza pura, es hoy una meta alcanzable.

Los diversos códigos (código de Nüremberg, declaración de Helsinki) con directrices éticas para la experimentación humana son una expresión bien clara de que ésta no es una actividad dotada automáticamente de bondad moral. También los códigos de deontología médica de los diversos países suelen recoger normas sobre la experimentación médica.

La necesidad de someter los experimentos con el hombre al juicio de la ética se ha afirmado con más fuerza en las conciencias en tiempos recientes, sea por las posibilidades, cada vez mayores, de intervenir en la intimidad de la persona, sea por los abusos cometidos en este campo. También la experimentación de la clonación humana es parte de este abuso.

El progreso científico por sí solo no justifica cualquier clase de experimentación. Incluso si los resultados de los experimentos prometen beneficios a largo plazo para la humanidad no quedan, ipso facto, como legítimos si se obtienen pisoteando la dignidad humana o su misma integridad. La ética puede significar un freno para la ciencia en cuanto a la "eficacia ", pero es garantía de humanidad frente a una búsqueda, cínica e inmoral, de resultados. De otro lado tampoco podemos poner trabas a toda experimentación en nombre de una falsa moralidad que podría frustrar sanos avances de la medicina. A veces, en nombre de la caridad, de la solidaridad y de la generosidad, la persona, libre y conscientemente, podrá sujetarse a la experimentación (por ejemplo: los transplantes). Además de estas razones la experimentación, para ser moralmente justificable, habrá de tomar en cuenta otros imperativos como la competencia del experimentador, la experimentación previa con animales, la ausencia de alternativas en conjunto más aceptables y el consentimiento informado del sujeto.

Con respecto a las experimentaciones que hoy se quieren llevar a cabo con los embriones sobrantes de las fertilizaciones in vitro, o sea, con sus células estaminales, queremos recordar la declaración de Juan Pablo II: "El caso de los experimentos con embriones, en creciente expansión en el campo de la investigación biomédica y legalmente admitida por algunos estados, son lícitas siempre que respeten la vida y la integridad del embrión; que no lo expongan a riesgos desproporcionados; que tengan como fin su curación y la mejora de sus condiciones de salud o su supervivencia individual" (E. V. n. 63).

EL OBSERVADOR 395-12

[SUMARIO] [INICIO]


FIN

 
De acuerdo con las normas internacionales de Propiedad Intelectual y Derechos de Autor, podrá reproducir parcial o totalmente la información, pero siempre citando nuestra fuente. La reproducción de los artículos y/o noticias firmados con Zenit.org-El Observador requieren permiso expreso de zenit.org
La publicación de algún artículo no implica compromiso. Los artículos firmados son responsabilidad del autor.
Los artículos publicados en esta Web son una selección de la edición impresa.
D.R. Clip Art de Querétaro, S. de R.L. de C.V. 1995-2006