El Observador de la Actualidad

EL OBSERVADOR DE LA ACTUALIDAD
Periodismo católico para la familia de hoy
9 de febrero de 2003 No.396

SUMARIO

bulletPORTADA - ¿Por qué Dios permite tantos males?
bulletCARTAS DEL DIRECTOR - En la Iglesia no hay extranjeros
bulletVIENTOS DE HOLANDA- Las nubes son dulces
bulletINTIMIDADES -LOS JÓVENES NOS CUENTAN-¿Amor u obsesión?
bulletPINCELADAS - El tesoro cercano
bulletDOCUMENTOS - «En la atención a los enfermos, más que en otras cosas, se hace creíble el amor»
bulletCULTURA - Neoliberalismo globalizador
bulletDILEMAS ÉTICOS - IMSS, ¿seguridad de quién?
bulletTEMAS DE HOY - La globalización: desafío ético (I)

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PORTADA
¿Por qué Dios permite tantos males?
Por Alex Rosal / Católicos Siglo XXI / El Observador


Es la pregunta que solemos hacernos cuando se produce una catastrofe, contemplamos la muerte de niños por desnutrición o guerra en África, o vivimos de cerca una desgracia dolorosa que nos parte en dos el corazón. ¿Por qué, Señor? ¿Por qué este mal? ¿Por qué permites que Bush inicie otra guerra en Iraq, con la casi seguridad de que morirán miles de personas? ¿Por qué... por qué? Ese es el grito unánime de todo ser humano que tiene un poco de corazón. Pero las culpas siempre van contra Dios: ¿Acaso estás ciego o sordo o distraído? ¿Por que no escuchas nuestras súplicas? ¡Dios, despierta ya!, solemos decirle.

¡Dios, Dios!, y Dios siempre calla. ¿Insensible? No, es que, nos guste o no, Dios necesita de nuestras manos para hacer su labor. Ese es su plan, por eso nos da libertad e inteligencia para actuar en este mundo de locos. Y nosotros, sobre todo los cristianos, que seguimos siendo muy zoquetes, mantenemos el viejo vicio de escurrir el bulto a las responsabilidades y acomodarnos en la fácil coartada de echarle las culpas al gobierno, a la sociedad, a las estructuras y, como no, a Dios. Pero Dios necesita de tus manos y de las mías para que este mundo tenga más amor, más paz, menos hambre y más felicidad. Ya lo decía el místico, poeta y escritor Quoist, haciendo hablar a Dios: «Tengo necesidad de tus manos para seguir bendiciendo; tengo necesidad de tus labios para seguir hablando; tengo necesidad de tu cuerpo para seguir sufriendo; tengo necesidad de tí para seguir salvando». Dios necesita de tus manos. Y eso mismo debieron pensar los parroquianos de una pequeña aldea alemana bombardeada durante la II Guerra Mundial. Tras la destrucción de buena parte del pueblo, los habitantes del mismo hicieron inventario y debatieron sobre las distintas reformas y reconstrucciones a realizar. Entre ellas estaba la imagen del Cristo que presidía la iglesia. Era una talla de gran valor artístico y que inspiraba mucha devoción entre los fieles. Desgraciadamente, las bombas habían dañando por completo los dos brazos de la escultura. Tan sólo quedó intacto el tronco, los pies y la cabeza del Cristo. ¿Qué hacer?, se preguntaron. ¿Encargamos a un artista que reconstruya los brazos o dejamos la talla tal como está? Prevaleció la segunda decisión. El Cristo se quedó sin sus originales brazos, pero a la cruz se le añadió una inscripción: «Mis brazos sois vosotros». Teología en vena.

San Basilio el Grande escribió hace muchos siglos unas ideas para ponernos la piel de gallina. Decía: «El pan que no usas, es el pan del hambriento; el vestido colgado en tu armario, es el vestido del que está desnudo; los zapatos que no te pones, son los zapatos del que está descalzo; el dinero que tienes guardado bajo llave, es el dinero de los pobres; las obras de caridad que no haces, son injusticias que tú cometes». Lo dicho: Señor, ¿por qué permites tantos males? Y Dios responde: «Necesito de tus manos para evitarlos».

Yo contra la guerra

«Debemos predicar la paz. Hay que aplicar la no violencia como un método práctico, y no dejar que sea una mofa, como si se tratara de un desahogo de estrafalarios que quieren hacer un show de sí mismos. Deben utilizarse la oración y el sacrificio como las armas espirituales más efectivas en la guerra contra la guerra y, como todas las armas, deben ser utilizadas apuntando deliberadamente no sólo por una vaga aspiración de paz y seguridad, sino contra la violencia y la guerra. Esto implica que también queremos sacrificar y restringir nuestro propio instinto de violencia y agresividad en nuestras relaciones con los demás. Puede ser que nunca triunfemos en esta campaña; pero, triunfemos o no, la obligación es evidente».

Thomas Merton.

EL OBSERVADOR 396-1

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CARTAS DEL DIRECTOR
En la Iglesia no hay extranjeros
Por Jaime Septién


Las organizaciones, humanas, los estados, las naciones, dividen al mundo en "ellos" y "nosotros". "Ellos" son los que hacen las cosas diferentes, a menudo perversamente diferentes. "Nosotros" somos los que, como se dice, "sabemos lo que hay que hacer". Esta lógica ilógica rompe la Iglesia católica. En su seno no hay "ellos". Todos somos "nosotros".

Los exiliados, los inmigrantes, los desterrados lo son en cuanto se encuentran lejos de su patria. Pero no lo son en la Iglesia. En la Iglesia nunca, nadie se encuentra lejos. El católico fuera de su patria no se encuentra "fuera de lugar" si se acoge a su fe. Todo lo contrario. Si conserva sus valores, su ley, su ancla en la Sagrada Escritura, su norte en el Evangelio y el destino de la salvación en el alma, "no está nunca lejos de nada", como explica el escritor italiano Claudio Magris en su ensayo Lejos de dónde, sobre el exilio judío.

Esta luminosa verdad la sentí hace un par de semanas al ser padrino, junto con mi esposa, Maité, y Alberto y Mercedes Arce, de la profesión de votos temporales de dos muchachas indias: Mary Helley y Lilly Sebastián. Dos jovencitas alejadas miles de kilómetros de su lugar (Kerala), entregando su virginidad, su obediencia y su pobreza por tras años al mismo Señor que un párroco les hizo conocer y amar en el sur de la India. Las fronteras son del sentimiento. En Cristo vale la nostalgia, pero no la ruina.

Su profesión dentro del Instituto Ecuménico María Madre de la Unidad, tuvo lugar el 25 de enero pasado. Fecha significativa. Por un lado, la conversión del perseguidor de Cristo, judío que dividía al mundo en "ellos" (los cristianos) y "nosotros" (los judíos "puros"). Es decir, Pablo de Tarso. Y última jornada de la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos. Unidad que se daba ahí, bajo el altar de Santo Domingo, con dos indias, un sacerdote español (el padre Santiago Rodríguez López O.P.), dos parejas de padrinos mexicanas... y el mismo Señor.

Esa es la Iglesia que Cristo fundó. Esa es la Iglesia de la unidad, donde todos debíamos sentirnos en casa. Recibo una carta de la Madre General del Instituto Ecuménico María Madre de la Unidad (española, por cierto). Concluye haciendo "un llamado a otras jóvenes a que se decidan a consagrar su vida, atendiendo el ruego de Cristo en su oración de despedida, antes de consumar su entrega: Padre, que todos sean uno, como Tú y Yo somos uno..."

Por lo demás, unidad ha sido el grito desesperado de Juan Pablo II. Unidad, fue la última petición del beato Juan XXIII antes de morir. Si nos supiéramos uno con el Padre, nuestra patria sería el universo, y nuestro trabajo por el prójimo cobraría sentido. Sentido que no tiene si "ellos"siguen siendo "ellos" y "nosotros" los únicos "puros" del mundo.

EL OBSERVADOR 396-2

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VIENTOS DE HOLANDA
Las nubes son dulces
Por Javier Menéndez Ros / La Haya.


Volviendo de Madrid tras pasar los días de Navidad en familia, y mientras volábamos hacia Amsterdam, mi hija Leyre me sorprendió en el avión con esta pregunta: «¿Papá, las nubes son dulces?». Confieso que al principio no supe qué responder, pero mi hijo Jaime reaccionó más rápido y, con esos aires de superioridad que da el tener cuatro añazos más que su hermana, enseguida le respondió: «Leyre, no digas tonterías, ¡cómo van a ser dulces las nubes!». Pero me pareció que la pregunta tenía más miga de lo que a primera vista sugería.

Sin duda, la asociación de ideas le vendría a mi hija al comparar las nubes algodonosas con esos empalogosos dulces de azúcar que, por algún motivo que se me escapa, sólo se venden en ferias y parques de atracciones. Pero, ciertamente, al asomarte un poco a la ventana del avión era fácil situarte en un mundo irreal, alfombrado por nubes de algodón pintadas con caprichosas formas y colores.

Por eso me pregunto si realmente sería tanta locura mirar al cielo, y, al verlo cargado de nubes, pedir que caiga azúcar sobre nosotros. ¿Acaso no cayó el maná del cielo y alimentó al hambriento pueblo de Israel en el desierto? También muchos de nosotros tarareamos hace unos años aquella canción que decía: "Ojalá que llueva café en el campo…", y nos quedábamos tan anchos. Entonces, si del cielo cae agua, nieve, granizo, pan y hasta café, ¿por qué no iba a poder cumplirse el deseo de un niño de acercar su mano a las nubes, saboreando su dulzura o, simplemente, dejando que lenta, muy lentamente se derramasen copitos de azúcar? Quisiera imaginarme entonces a millares de niños con sus bocas abiertas de par en par, cazando esos copitos dulces y riendo de alegría por tan extraordinario acontecimiento.

Yo hoy quisiera hacerme niño y, con su ingenuidad y limpieza, obtener de Dios el milagro que sólo un pequeño puede obtener: que las nubes grises, que las nubes azules, que las nubes púrpuras, que las nubes blancas, que todas ellas hoy lluevan azúcar sobre un mundo amargo, sobre unos hombres empeñados en exterminarnos unos a otros y la naturaleza en la que vivimos. Que los dulces copos caigan lentamente sobre un mundo en llamas, sobre un mundo cargado de dolor, de odio y de egoísmo; que caigan sobre tantos que no tienen de qué alimentarse. Y así, que quede todo cubierto de un blanco manto dulce sobre el que el sol deje posar una gran sonrisa, la misma que mi hija sintió cuando le contesté que si ella lo creía con fuerza, entonces desde luego que las nubes son dulces.

EL OBSERVADOR 396-3

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INTIMIDADES -LOS JÓVENES NOS CUENTAN-
¿Amor u obsesión?
Por Yusi Cervantes Leyzaola


PREGUNTA:
Quiero pedirle que me ayude a resolver un problema que tengo desde hace ya tiempo y que me tiene inquieto. Hace unos 5 años y medio conocí a una chava muy linda que me dejó sorprendido por su manera de ser y de ver las cosas. Estábamos estudiando la secundaria y es muy inteligente. Me ayudó a salir mejor en mis calificaciones, pero después yo quise demostrarle que podía hacer las cosas sin su ayuda y todo lo que hacia me salía bien, pero hace 3 años me di cuenta de que todo lo que hacia lo hacía por ella y que tal vez ya no era el querer demostrarle que soy bueno, sino que me sentía muy extraño, tanto que cuando estoy solo lo único que hago es pensar en ella. Quisiera estar cerca y contar con su punto de vista. Por el tiempo que ya llevo así me dicen que no es que la quiera sino que es una obsesión. Ayúdeme, por favor, que quiero salir de esto; saber la verdad para decirle a ella con claridad lo que me pasa.

RESPUESTA:
¿Quién te dice que no es que la quieras sino que es una obsesión? ¿Acaso conocen tus sentimientos mejor que tú? Lo primero que hay que decirte es que tienes que dejar de guiarte por la opinión de los demás. Nadie siente lo que tú, nadie te conoce como tú y nadie sabe lo que ha pasado en esa relación como tú y esta chica.

Pensar en ella, querer estar cerca de ella y contar con su punto de vista no es necesariamente una obsesión. Puede ser, sencillamente, que estás enamorado. Obsesión sería si no pudieras concentrarte en tu trabajo o tus estudios, si no pudieras dormir, si perdieras el apetito, si toda tu vida girara en torno al pensamiento y al deseo de estar con ella. En cambio, tenerla siempre presente en tu mente, desear estar con ella, pero ocuparte de tus asuntos y esperar con emoción el momento del encuentro, sería enamoramiento.

Parece ser que ella te ha impulsado a ser mejor sin anularte, y esa es una buena señal. Sin embargo, hacer todo por ella o por demostrarle que puedes, sí puede tener sus peligros. Lo ideal es que hagas las cosas por ti mismo, porque tú decides que eso es lo que hay que hacer, porque eso forma parte de tu proyecto de vida, porque eso es lo que te parece que es bueno. Los demás: padres, pareja, hijos, especialmente, son un importante estímulo, pero no deben ser el eje de la motivación.

No dices si son novios. Si no lo son, y todo este tiempo tú lo has intentado y ella te ha rechazado, entonces sí podríamos hablar de obsesión, pues te estarías aferrando a lo que no puede ser. Pero si son novios, estos signos indican que hay un vínculo fuerte y profundo. No me atrevo a decir que amor, porque con estos datos no es posible saberlo. Si me dijeras que se tienen mucha confianza, que se conocen muy bien, que te preocupas cuando ella tiene algún problema, que procuras su bien y su alegría, que le eres fiel, que te atrae físicamente, que sientes ternura hacia ella, entonces yo podría pensar que sí, efectivamente, lo que sientes por ella es amor de pareja. Que no es lo mismo que estar enamorado. El enamoramiento es el primer paso; a partir de ahí, si verdaderamente les interesa a ambos, deben construir un amor sólido, poniendo en ello no solamente el corazón, sino también la inteligencia, la voluntad, el espíritu, todo el ser.

Tal vez algo que te inquieta, si es que son novios, es que, al haber comenzado tan chicos, les ha faltado experiencia en otras relaciones. En tu caso tal vez te preguntas si sería bueno conocer otras chicas. Y podrías terminar esta relación, claro, y hacer la prueba. Sin embargo, correrías el riesgo de perder a esta chica, en quien encuentras tanto. ¿Qué tal si eres de los afortunados que encontró a su pareja temprano en la vida? Necesitas considerar esta posibilidad. Y te digo esto porque pareces estar molesto contigo mismo por estar enamorado. Quizá sientes que renuncias a tu libertad y por eso calificas de obsesión lo que sientes. Pero tú puedes decidir amar a esta chica, y entonces no estarás renunciando a tu libertad, sino ejerciéndola. Estarás, libremente, optando por la alternativa que consideras mejor para ti. Y eso tal vez no lo entienden esas personas que te dicen que lo que sientes es una obsesión. Se me ocurre que esas personas pueden ser los amigos, resentidos porque no les dedicas el tiempo que quisieran o porque no los acompañas a ligar chavas. Pero si ellos no han estado en verdad enamorados, no pueden entenderte ni valorar lo que estás viviendo. Más significativa me parece la opinión de tus padres. ¿Qué te han dicho ellos? Tus padres te aman y quieren lo mejor para ti, así que lo que ellos te digan debes considerarlo cuidadosamente.

Puedo ayudarte con estas reflexiones, pero no puedo contestar tu pregunta. Solamente tú puedes saber si lo que sientes es una obsesión, enamoramiento o amor. Solamente tú puedes decidir amar o no amar a esa muchacha. Si es obsesión, busca ayuda —un consejero, un orientador, un psicólogo— que te ayude a entender qué te ocurre para que puedas salir de ese problema. Pero si estas enamorado, no tengas miedo. Usa esa fuerza para construir un gran amor.

La psicóloga Yusi Cervantes Leyzaola responderá las preguntas que se le envíen a la dirección de El Observador; Reforma 48, apdo. 49, Querétaro, Qro. C.P. 76000; o que se le hagan al teléfono 228-02-16. Citas al 215-67-68 Correo electrónico: cervleyza@msn.com 

EL OBSERVADOR 396-4

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PINCELADAS
El tesoro cercano
Por Justo López Melús *


Un hombre soñó con un gran tesoro bajo el puente. Se puso en camino y empezó a cavar febrilmente. Un viejo pasó por allí: «¿Qué hace ahí cavando?». «He soñado que había aquí un tesoro». «Yo también soñé con un gran tesoro...». Y le describió la casa y la aldea soñada.

El hombre que cavaba bajo el puente reconoció su propia casa en la descripción del viajero. Corrió a su aldea y empezó a cavar bajo su propia casa. Allí había estado siempre su tesoro. No busques el tesoro lejos ni fuera. Búscalo en tu casa, entre los tuyos, en tu corazón. Y pide a Dios la gracia de saber encontrarlo.

* Operario Diocesano en San José de Gracia en Querétaro.

EL OBSERVADOR 396-5

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DOCUMENTOS
«En la atención a los enfermos, más que en otras cosas, se hace creíble el amor»
Mensaje de Su Santidad Juan Pablo II para la XI Jornada Mundial del Enfermo (11 de febrero de 2003)


1. «Nosotros hemos visto y damos testimonio de que el Padre envió a su Hijo, como Salvador del mundo... Nosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene, y hemos creído en Él» (1 Jn 4,14.16). Estas palabras del apóstol Juan sintetizan muy bien las finalidades de la pastoral de la salud, por medio de la cual la Iglesia, reconociendo la presencia del Señor en los hermanos aquejados por el dolor, se esfuerza en llevarles el gozoso anuncio del Evangelio y ofrecerles signos creíbles de amor.

En este contexto se enmarca la XI Jornada Mundial del Enfermo, que tendrá lugar el 11 de febrero de 2003 en Washington D.C., Estados Unidos, en la basílica dedicada a la Inmaculada Concepción, santuario nacional. El lugar y el día escogidos invitan a los creyentes a dirigir la mirada hacia la Madre de Dios. Encomendándose a Ella, la Iglesia se siente impulsada hacia un renovado testimonio de caridad, para hacerse icono viviente de Cristo, Buen Samaritano, en tantas situaciones de sufrimiento físico y moral del mundo de hoy.

Hay preguntas urgentes sobre el dolor y la muerte que, sentidas dramáticamente en el corazón de todo hombre, no obstante los continuos intentos por eludirlas o ignorarlas por parte de una mentalidad secularizada, esperan respuestas válidas. Especialmente ante trágicas experiencias humanas, el cristiano está llamado a testimoniar la consoladora verdad de Cristo resucitado, que asume las heridas y los males de la humanidad, incluida la muerte, y los convierte en momentos de gracia y de vida. Este anuncio y este testimonio deben ser comunicados a todos, en cualquier lugar del mundo.

2. Es de desear que el Evangelio de la vida y del amor, gracias a la celebración de la próxima Jornada Mundial del Enfermo, resuene con vigor, especialmente en América, donde viven más de la mitad de los católicos. En el continente americano, como en otras partes del mundo, «parece perfirlarse un modelo de sociedad en la que dominan los poderosos, marginando e incluso eliminando a los débiles. Pienso ahora en los niños no nacidos, víctimas indefensas del aborto; en los ancianos y los enfermos incurables, objeto a veces de la eutanasia; y en tantos otros seres humanos marginados por el consumismo y el materialismo. No puedo ignorar el recurso no necesario a la pena de muerte... Semejante modelo de sociedad se caracteriza por la cultura de la muerte y, por tanto, está en contraste con el mensaje evangélico» (Ecclesia in America, n. 63). Frente a esta preocupante realidad, ¿cómo no poner entre las prioridades pastorales la defensa de la cultura de la vida? Para los católicos que trabajan en el campo médico-sanitario, es una tarea urgente hacer todo lo posible por defender la vida, principalmente cuando está en peligro, actuando rectamente con una conciencia formada según la doctrina de la Iglesia.

A este noble fin colaboran ya de manera alentadora los numerosos centros de salud, por medio de los cuales la Iglesia católica ofrece un auténtico testimonio de fe, de caridad y de esperanza. Éstos han podido contar hasta ahora con la colaboración de un número significativo de religiosos y religiosas como garantía de un servicio profesional y pastoral cualificado. Es de desear que surjan nuevas vocaciones que permitan a los institutos religiosos continuar en esta benemérita actividad e incluso acrecentarla con la aportación de tantos voluntarios laicos, por el bien de la humanidad doliente en el continente americano.

3. Este campo privilegiado de apostolado concierne a todas las Iglesias particulares. Es necesario, pues, que cada conferencia episcopal, por medio de organismos apropiados, se esfuerce en promover, orientar y coordinar la pastoral de la salud, para fomentar en todo el Pueblo de Dios la atención y disponibilidad respecto al complejo mundo del dolor.

Para que este testimonio de amor sea cada vez más creíble, los agentes de la pastoral de la salud deben actuar en plena comunión entre sí y con sus pastores. Esto es particularmente urgente en los hospitales católicos, llamados a reflejar cada vez mejor en su organización, que ha de responder a las necesidades modernas, los valores evangélicos, como recuerdan insistentemente las directrices sociales y morales del Magisterio. Eso exige un movimiento unitario entre los hospitales católicos, que abarque todos los sectores, incluido el económico-organizativo.

Los hospitales católicos deben ser centros de vida y de esperanza, donde se promuevan, junto con el servicio de los capellanes, los comités éticos, la formación del personal sanitario laico, la humanización de los cuidados a los enfermos, la atención a sus familias y una particular sensibilidad hacia los pobres y los marginados. El trabajo profesional ha de concretizarse en un auténtico testimonio de caridad, teniendo presente que la vida es un don de Dios, del cual el hombre es solamente administrador y garante.

4. Esta verdad debe ser defendida constantemente ante el progreso de las ciencias y de las técnicas médicas, que buscan la curación y una mejor calidad de vida para la existencia humana. En efecto, es un principio fundamental que la vida debe ser protegida y defendida desde su concepción hasta su ocaso natural.

Como he recordado en la carta apostólica Novo millennio ineunte: «El servicio al hombre nos obliga a proclamar, oportuna e importunamente, que cuantos se valen de las nuevas potencialidades de la ciencia, especialmente en el terreno de las biotecnologías, nunca han de ignorar las exigencias fundamentales de la ética, apelando tal vez a una discutible solidaridad que acaba por discriminar entre vida y vida, con el desprecio de la dignidad propia de cada ser humano» (n. 51). La Iglesia, abierta al auténtico progreso científico y tecnológico, aprecia el esfuerzo y el sacrificio de quien, con entrega y profesionalidad, contribuye a elevar la calidad del servicio ofrecido a los enfermos, respetando su dignidad inviolable. Cada intervención terapéutica, cada experimentación, cada trasplante, debe tener en cuenta esta verdad fundamental. Por tanto, nunca es lícito matar a un ser humano para curar a otro. Y si en la etapa final de la vida son aconsejables tratamientos paliativos, evitando el ensañamiento terapéutico, nunca será lícita acción alguna u omisión que, por su naturaleza y en las intenciones del personal sanitario, vaya dirigida a procurar la muerte.

5. Es mi mayor deseo que la XI Jornada Mundial del Enfermo suscite en las diócesis y en las comunidades parroquiales una renovada dedicación a la pastoral de la salud. Debe prestarse una adecuada atención a los enfermos que están en su propia casa, ya que la hospitalización se va reduciendo cada vez más y a menudo los enfermos se encuentran en manos de sus familiares. En los países donde faltan centros adecuados de atención, incluso los enfermos terminales son dejados en sus viviendas. Los párrocos y todos los agentes pastorales han de procurar que nunca les falte la consoladora presencia del Señor a través de la Palabra de Dios y los sacramentos.

La pastoral de la salud debe reflejarse de manera adecuada en el programa de formación de los sacerdotes, de los religiosos y religiosas, porque en la atención a los enfermos, más que en otras cosas, se hace creíble el amor y se ofrece un testimonio de esperanza en la resurrección.

6. Queridos capellanes, religiosos y religiosas, médicos, enfermeros y enfermeras, farmacéuticos, personal técnico y administrativo, asistentes sociales y voluntarios: la Jornada Mundial del Enfermo os ofrece una ocasión propicia que os mueva cada vez más a ser generosos discípulos de Cristo, Buen Samaritano. Conscientes de vuestra identidad, descubrid en los enfermos el rostro del Señor doliente y glorioso. Mostraos disponibles a darles asistencia y esperanza, sobre todo a las personas afectadas por nuevas enfermedades, como el SIDA, o las todavía presentes como la tuberculosis, la malaria y la lepra.

A vosotros, queridos hermanos y hermanas que sufrís en el cuerpo o en el espíritu, os deseo de corazón que sepáis reconocer y acoger al Señor que os llama a ser testigos del Evangelio del sufrimiento, contemplando con confianza y amor el rostro de Cristo crucificado (cfr. Novo millennio ineunte, n. 16), y uniendo vuestros sufrimientos a los suyos.

Os encomiendo a todos a la Virgen Inmaculada, Nuestra Señora de Guadalupe, Patrona de América y Salud de los Enfermos. Que Ella escuche la invocación que proviene del mundo del sufrimiento y enjugue las lágrimas de quien se encuentra en el dolor; que esté al lado de cuantos viven en soledad su enfermedad y, con su intercesión materna, ayude a los creyentes que trabajan en el campo de la salud a ser testigos creíbles del amor de Cristo.

¡A todos os doy con afecto mi bendición!

EL OBSERVADOR 396-6

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CULTURA
Neoliberalismo globalizador

Por Carlos Díaz


El liberalismo grita: «¡Viva la libertad!». Y bien, ¿qué libertad? Puesto que lo menos que se le puede pedir a un sistema es que sea coherente consigo mismo, veamos:

¿Son libres los espaldas mojadas? Si existe libertad de mercado, y del mismo forman parte los trabajadores, ¿por qué no se permite a los trabajadores, parte esencial del mercado, cruzar cuando lo deseen las fronteras de los países ricos? Para el Primer Mundo supone una amenaza la emigración, los boat-people que escaparon de Vietnam sin rumbo, los que intentaron salir de estampida de Albania a Italia, los que trataron de abandonar el Magreb hacia España en sus frágiles pateras aun dejando la vida en el Estrecho de Gibraltar, los espaldas mojadas que desde México vadean con máximo riesgo el Río Bravo, los que a ciegas buscan desde Haití la Miami prometida, siendo en ocasiones pasto de tiburones.

¿Son libres los precios? Si hay libertad, ¿por qué protegen los países ricos los precios de sus mercancías vendiéndolas a precios de dumping, por debajo del costo de su producción, gracias a las subvenciones estatales recibidas, lo que las hace más competitivas frente a aquellos otros países pobres donde los trabajadores carecen de apoyo? ¿A eso podemos llamarlo competencia leal? Después de doscientos años de capitalismo, bien sabemos que no existe una solidaridad preestablecida; que los mecanismos económicos desregulados llevan a una distribución perversa, antisocial, de la riqueza creada. Y, si hay libertad de mercado, ¿por qué gastan Europa y los EU cuantiosas sumas en destruir excedentes alimenticios para que no bajen los precios que ellos fijan, en lugar de regalarlos a los países empobrecidos para paliar sus hambrunas endémicas?

¿Son libres los que carecen de servicios? Si hay libertad, ¿por qué esas empresas privadas, que entienden el comercio libre como la continuación de la guerra por otros medios, no asumen en libertad los servicios públicos no rentables pero necesarios, y que los pobres no pueden pagar? ¿Acaso no buscan los grandes socializar las pérdidas —que el Estado las enjugue— pero individualizar sus ganancias?

¿Es libre la liberalización? ¿Qué libertad de movilización tiene el carente de caminos, de medios de transporte y aun de fuerzas para caminar; qué libertad de elegir trabajo o estudios cuando sólo hay puestos de trabajo o estudio para el 50% de la población; qué libertad de expresión cuando el acceso activo a los medios sólo alcanza un 1% y el acceso pasivo —por falta de alfabetización, por falta de recursos, etc.— un 60%; qué libertad económica cuando el acceso al crédito es cosa de poquísimos; qué libertad política cuando no se cuenta con los recursos para hacer un partido político y cuando los aparatos estatales o gremiales mantienen un clima de terror, o de temor generalizado?

Mientras dormía el señor Erasmo, llamaron a su puerta. Unos hombres se echaron encima y le ataron las manos. Le dijeron que así era mejor, que con sus manos atadas no podría en el futuro hacer nada malo (se olvidaron de decirle que tampoco podría hacer nada bueno). Después se fueron dejando un guardián a la puerta.

Al principio aquel hombre trató de romper sus ligaduras cuando el guardián no le miraba. Pero, ante la inutilidad de sus esfuerzos, intentó poco a poco acomodarse a la situación. En cierta ocasión consiguió atarse sus zapatos. Otro día logró encender su cigarrillo, y así comenzó a olvidarse de las manos libres. Mientras, el guardián le comunicaba día a día las cosas negativas que hacían en el exterior las gentes de manos libres (se olvidaba de contarle las cosas buenas).

Pasaron muchos años. Aquel hombre se acostumbró a vivir atado; incluso se autoconvenció de que era mejor así. Un día sus amigos sorprendieron al guardián y le quitaron las llaves: «Ya eres libre», le dijeron. Demasiado tarde: las manos de aquel hombre habían quedado atrofiadas para el resto de sus días.

EL OBSERVADOR 396-7

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DILEMAS ÉTICOS
IMSS, ¿seguridad de quién?

Por Sergio Ibarra


Hace unos días el Instituto Mexicano del Seguro Social cumplió 60 años. El presidente Fox y el director de la institución confirmaron al pueblo de México —o sea que usted y yo estamos incluidos— la firme voluntad de fortalecer y apoyar... bla, bla, bla. Su única solución planteada, ¿sabe cuál es? Hay que darle mas lana al IMSS. ¿De dónde? De nuestros ingresos.

El IMSS es motivo de un dilema ético para México. Por un lado, la situación actual ha puesto a la institución en una situación delicada. No hay recursos financieros que alcancen para mantenerle. No hay recursos tecnológicos que respondan a la indispensable descentralización de servicios médicos. No hay suficientes talentos, ni médicos ni enfermeras, para poder satisfacer la demanda. Hace algunos años vimos el surgimiento de las AFORES, es decir, instituciones sustitutas del IMSS para el manejo de fondos de retiro, por el robo masivo de aquellos fondos. Adicionalmente, la administración de las operaciones se ha quedado atrás. El número de casos de clientes insatisfechos contra satisfechos es positivo. Lamentablemente muchos mexicanos no sólo han padecido la prolongación de un padecimiento, sino han perdido la vida por la falta de calidad del servicio y la actitud de quienes sirven. Personalmente, podría compartir con usted, amable lector, no menos de 20 casos que he vivido directamente, donde las amenazas ante la posible demanda o la negación de toda información médica dejan literalmente a su suerte a sus derechohabientes y, claro, muchísimas veces, sin más opción que el aguantarse. ¿Quiere recibir un trato de emergencia digno? Necesita tener alguna influencia o ser cuate de algún diputado o funcionario; sólo así reaccionan, cuando un alto jefe solicita una atención especial. ¿Qué decir cuando una empresa no paga el seguro social? Es prácticamente un boleto a la bancarrota. Ahí sí que son eficaces, deberían dar asesorías de cobranza. Y no dudo que hay historias positivas, pero, por su naturaleza, el margen de error debería ser cero, o casi cero, porque cada error atenta contra vidas humanas.

El dilema nace en el propio origen de esta institución. En los años cuarenta llega a la presidencia Manuel Ávila Camacho. Toca a su administración consolidar el paternalismo de Estado como modelo de gobierno. Hoy el paternalismo ha quedado en la historia. Bien hicieron aquellos gobernantes en crear instituciones que respaldaran sus políticas, que las fijaran para garantizar a los ciudadanos lo que hay detrás de la seguridad social y de los derechos humanos implícitos. Ahí esta el dilema: enfrentar la realidad; el problema ya no es de impuestos, el problema es la viabilidad. ¿Será viable el IMSS en un proyecto de largo plazo?

Hoy existen otras opciones. Se hace preciso hacer partícipe a la iniciativa privada para responder a estas ineficiencias. Cómo católicos no podemos renunciar a que se deje de ver por el que menos tiene y menos puede, pero de ahí a financiar a un monumento a la corrupción existe un precipicio profundo. El dilema es que no es la única solución; así como sí lo fue hace 60 años, hoy ha dejado de serlo. Debemos reconocer que se trata de un asunto complejo con un montón de aristas, o sea que por donde lo quiera tomar uno, el riesgo de picarse es alto.

¿Qué pasaría si todos o una parte de los colaboradores de la iniciativa privada se adscribiesen a un programa de seguros de gastos médicos mayores? ¿Qué pasaría si, para las dolencias menores, se estableciese una iguala con una clínica o con un grupo de médicos? ¿Qué pasaría si cada empresa tuviese la obligación de establecer acuerdos con farmacias que diesen precios convenientes a los medicamentos? Es muy probable que saliese más barato hacer esto que continuar alimentando al elefante blanco. El dilema ético es quedarse callado. No hay que olvidar que uno de los mandamientos es ése: no quedarse callado cuando algo esta mal. Le invito a que haga este ejercicio en su lugar de trabajo; se sorprenderá de los resultados.

EL OBSERVADOR 396-8

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TEMAS DE HOY
La globalización: desafío ético (I)

Por Humberto M. Marsich, m.x.


Globalización, mundialización, internacionalización: son palabras ya muy escuchadas y con una amplia significación. Sin embargo, si las palabras no son de difícil comprensión, sí lo puede ser lo que está aconteciendo en el mundo contemporáneo, bajo estos nombres.

Se trata, indudablemente, de un fenómeno muy complejo y ambivalente en sus dinamismos, y muy dramático en sus consecuencias: a las grandes oportunidades de progreso para todas las economías de las naciones se contraponen reales riesgos de subordinación y de explotación de las economías más débiles; a la esperanza de superación de las desigualdades económicas entre los pueblos, y dentro de un mismo pueblo, se une el riesgo de aumento de las desigualdades entre países ricos y países pobres.

Antes que todo la globalización marca nuestra época histórica, como la industrialización marcó otra. Lo que sí parece enlazar estos dos fenómenos es la misma lógica liberalista con todos sus dogmas y su cinismo. Lo que impulsó el sistema de la industrialización parece ser lo mismo que orienta esta nueva fase global o mundial de la economía, o sea, la "maximización del provecho" aun en contra de la dignidad de la persona humana y de los pueblos. El nuevo capitalismo global no parece diferente del capitalismo "salvaje" anterior.

La globalización, históricamente, nace con la caída del muro de Berlín y del sistema socialista. Es entonces que los países de este bloque se encaminan hacia la democracia y se incorporan a la economía internacional de mercado. La internacionalización de un sistema de comercio basado en normas; la creciente integración de los mercados financieros y otros nuevos acontencimientos institucionales han creado, así, un sistema económico internacional diferente al que existía con anterioridad y que llamamos "globalización".

Qué es la globalización

En general la globalización representa la creciente integración de la economía mundial basada en algunos elementos interrelacionados e impulsores del cambio. Estos son:

- El comercio internacional con menores barreras y mayor competencia.
- Los flujos financieros con inversión extranjera directa y transferencia de tecnología.
- Las comunicaciones con sus medios, siempre más sofisticados, de comunicación y el uso de la internet para operaciones comerciales y financieras.
- Los adelantos tecnológicos en materia de transporte, de electrónica y de biotecnología.
- La movilidad de la población, especialmente de la mano de obra y de los cerebros.

Los medios de comunicación, hoy, han eliminado las distancias entre los países permitiéndonos saber lo que sucede en todo el mundo y en tiempo real; proponen, más o menos conscientemente, la adopción de los modelos de vida de otros pueblos favoreciendo, así, procesos de integración cultural y, también, de uniformidad de comportamientos y de pensamientos socavando, poco a poco, las identidades nacionales y mermando los grupos étnicos. La globalización hace prevalecer lo global encima de lo local; lo más fuerte en contra de lo más débil, cultural y económicamente. Las decisiones económicas y políticas de un país fuerte, hoy, repercuten inevitablemente en todo el "globo" y, justamente, hablaremos de economía y de política global. Para el bien y para el mal: para profundizar vínculos de amistad, para acercar entre ellos a todos los pueblos de la tierra, para vivir solidaridades con motivo de las calamidades naturales, pero también para explotar a los más vulnerables. En la paz, pero también en la guerra.

EL OBSERVADOR 396-9

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