El Observador de la Actualidad

EL OBSERVADOR DE LA ACTUALIDAD
Periodismo católico para la familia de hoy
23 de febrero de 2003 No.398

SUMARIO

bulletLa situación por la que atraviesa México requiere políticas que no traicionen la voluntad popular, y sean acordes a la dignidad humana: los obispos de la Región Pastoral Bajío
bulletCARTAS DEL DIRECTOR - Ladrones de futuro
bulletEL RINCÓN DEL PAPA - Dios tiene la última palabra
bulletFAMILIA - Retos y realidades de la adolescencia
bulletPINCELADAS - Las dos ostras
bulletREPORTAJE - Lutero y la Biblia: tristes consecuencias
bulletLA VOZ DEL PADRE LORING - No todos pueden interpretar la Biblia
bulletCULTURA - La persona al centro (II)
bulletCULTURA - Querer y poder
bulletCOMUNICACIÓN - Big Brother 2 a la vuelta de la esquina
bulletCRÍTICA DE MEDIOS DE COMUNICACIÓN - La (in)distinción
bulletTEMAS DE HOY - La globalización: desafío ético (III)

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El Observador toma el pulso de los obispos de la Región Pastoral Bajío

La situación por la que atraviesa México requiere políticas que no traicionen la voluntad popular, y sean acordes a la dignidad humana

Por Rogelio Hernández / Con información de corresponsales


Los obispos de la Región Pastoral Bajío dan sus impresiones sobre la situación política por la que atraviesa el país, desde la fe católica. Temas que van desde el golpeteo a la familia, pasando por la posibilidad de regresión democrática, la pena de muerte y los partidos políticos, el papel de los políticos católicos y las elecciones del 6 de julio, nuestros pastores dan muestra de su interés por la buena marcha de México y por la protección de la persona, como centro y fin de la política. A continuación un recuento de sus principales frases.

Luis Morales Reyes: sobre democracia.- El arzobispo de San Luis Potosí dijo que el retroceso democrático en México sólo se daría si se ejerciera una dictadura en el gobierno, y que de ninguna manera porque algún partido llegara al poder o lo recuperara en contienda electoral.
El presidente de la Conferencia del Episcopado Mexicano recomendó promover los valores de la democracia en los procesos electorales que se avecinan, en cuyas campañas no debe haber antivalores. Pero dijo que no se puede buscar el poder a base de promesas que no se van a cumplir porque se incrementaría el sentimiento de frustración en la comunidad. Aclaró que la democracia es la posibilidad de todos los partidos a acceder al poder en cualquier nivel del gobierno y que esto es bueno para los mexicanos.

José Guadalupe Martín Rábago: sobre políticos católicos.- El obispo de León comentó que "de un político se espera coherencia entre sus actividades públicas y su fe cristiana. De lo contrario se establece una esquizofrenia en la vida. Las convicciones cristianas no pueden ser relegadas al ámbito de lo privado; al contrario, deben ser fuente de inspiración en la vida social y política. La conciencia cristiana debe servir para encontrar criterios de juicio y para sostener el esfuerzo perseverante en la consecución de una sociedad más justa".
También dijo que "de ningún modo debe separarse la política de la religión, si es que entendemos correctamente el significado de política, que es el ejercicio de la responsabilidad que todo ciudadano tiene de contribuir eficazmente a la consecución del bien común en la sociedad, porque cuando se separa la política de cualquier referencia a valores superiores y más concretamente cuando no hay referencia a Dios, entonces se establece el imperio del más fuerte, se deshumaniza la sociedad y se da pie al establecimiento de las más perversas dictaduras".

Mario De Gasperin Gasperin: sobre pena de muerte.- Respecto a la alianza entre el PRI y el PVM donde promueven la pena de muerte, el obispo de Querétaro dijo que la pena de muerte, por ser irreparable; el aborto, por ir contra el inocente e indefenso, y los dos por privar al ser humano del bien primario, la vida, son reprobables en todo lugar.
Y agrega: "Hoy no hay justificante para la pena capital. Así lo percibe el hombre sensible y más el cristiano en la actualidad. Cuando se avanza en democracia pero no se progresa en humanidad, aquella se destruye a sí misma. El respeto irrestricto a la dignidad humana y a la sacralidad de la vida son pilares insustituibles de la democracia. Sin principios doctrinales sólidos y sin valores estables (cuyo último fundamento está en Dios), lo injustificable encuentra justificación sobre todo en la lucha por el poder"

Rodrigo Aguilar Martínez: sobre familia y respeto a la vida.- El obispo de Matehuala y presidente de la Comisión para la Familia en la Conferencia del Episcopado Mexicano dijo que hay prácticas antiguas y nuevas que atentan contra la vida, el matrimonio y la familia. Por ello recomendó luchar contra esas corrientes de antivalores. Dijo que hay grupos que ya no sólo rechazan casarse por la Iglesia, sino que tampoco quieren unirse por el civil; y a la mentalidad de tener sexo sin hijos se añade la idea de tener hijos sin sexo, mediante la clonación o procreación asistida, así como el abuso de anticonceptivos y abortivos.
Para él, en la sociedad no sólo hay un alejamiento de Dios, sino un rechazo de Dios; a Dios se le ve como un intruso, sin considerar que la persona unida con Dios está en paz, en armonía y en plenitud, mientras que quienes se desvinculan viven un fuerte vacío y se afectan en su persona y en su familia.

Jesús Humberto Velázquez Garay: sobre elecciones 2003.- El obispo de Celaya hizo un llamado a la reflexión para las próximas elecciones. En él dice que "sin llegar a un peligroso compromiso partidista, es responsabilidad de nosotros pastores (ministros de culto), orientar a los fieles laicos sobre su deber de actuar y participar, en forma libre, responsable y pacífica en la elección de aquellos que ejerzan en forma legítima la autoridad".
Invitó también a hacer un llamado urgente y prudente a todos los fieles laicos a que venzan el abstencionismo y que ejerzan su derecho a emitir un voto razonado. También, a enterarse de los programas electorales, hablar con los candidatos, manifestarles las necesidades y demandas, y sobre todo, exigir el cumplimiento de los programas. Y hace hincapié en que no es suficiente votar, pues hay que tener la convicción de que la persona por quien se vote es la más capaz y honesta.

EL OBSERVADOR 398-1

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CARTAS DEL DIRECTOR
Ladrones de futuro
Por Jaime Septién


Los llamados "barones de la guerra", sean de donde sean, han puesto al mundo de rodillas. El miedo de los niños, de nuestros hijos, así lo atestigua. Ha cambiado nuestra noción misma de existir. Sabemos (porque lo sabemos) que una tercera conflagración mundial no tendría ganadores. Todos saldríamos perdiendo. Y la maravillosa obra de Dios quedaría reducida a las cenizas del orgullo de una criatura que nunca supo más que odiar a su prójimo.

Hussein o Bush, es la misma baza. Los dos, como reflejo de tantos otros, cuyo poder está en el miedo, en la industria de las armas, en el anacronismo de la viruela o el ántrax, tienen hoy al mundo en un puño. En vano danzan figuras a su lado, actores de reparto como Blair, o Chirac, o Schröeder, o el mismo Fox. Nadie parece tener la altura de esas sombras alargadas y ominosas. Uno sordo, otro salvaje. Levantar el puño de la paz es la opción de millones de seres humanos. Hoy día es la única opción

Y la oración. Y la fe profunda en que Dios ama a su criatura.

Pero Dios le ha dado libertad al hombre. Y éste ha usado la libertad para el mal. Dios no creó robots, sino seres a su imagen y semejanza. Dotados de la capacidad de elegir entre el bien y el mal. Hay algunos que eligen el mal creyendo que eligen el bien. Tal es el caso del presidente de la nación vecina. Entre tanto, hay otros que eligen el mal, a sabiendas que es el mal, y lo convierten en el bien supremo de unos pueblos tiranizados y esclavos del terror. Tal es el caso del sátrapa iraquí Hussein.

Hacía el año de 1955, en lo más denso del régimen comunista, el escritor ruso-judío Izaraíl Métter le preguntó a la poeta Anna Ajmátova (símbolo de la resistencia moral de la intelectualidad rusa en la URSS):

        —¿Por qué pensamos tan poco en el futuro?
        A lo que Anna Ajmátova contestó:
        —Porque nos han enseñado que podría ocurrir que no lo hubiera. El hombre ha creído que tenía un futuro, y si no él, sus hijos, y si no, su arte. Ahora, sin embargo, está claro que todo puede convertirse en polvo.

Es cierto: todo puede convertirse en polvo. Y ya nadie habla de futuro. Ni en los negocios siquiera, un ámbito tan alejado de la vida cotidiana de todos nosotros. Nos están robando el futuro estos ladrones. Y el brillo de los ojos de los niños. ¿Lo habrán visto?

Por lo demás, y espero que hasta los católicos —tan envidiosos y ciegos como lo somos—, veamos en la fuerza del papa Juan Pablo II, en el cardenal Roger Etchegaray, la feroz exigencia de paz y justicia que emana de la Cruz. Ellos son los únicos que han abierto una ventana en el calabozo que han convertido la Tierra los "barones de la guerra". Dos octogenarios maravillosos, movidos por la fresca novedad de la esperanza en Cristo.

Que esa esperanza atraviese los corazones. Para recuperar el futuro.

EL OBSERVADOR 398-2

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EL RINCÓN DEL PAPA
Dios tiene la última palabra


El Papa comentó en reciente audiencia general el salmo 117. Dijo: «En todas las festividades más significativas y gozosas del antiguo judaísmo —en particular en la celebración de la Pascua— se cantaba la secuencia de los salmos que va desde el 112 al 117. Esta serie de himnos de alabanza y de acción de gracias a Dios era llamada el 'Hallel egipcio', pues en uno de ellos, el salmo 113 A, se evocaba de manera poética y casi visiva el éxodo de Israel de la tierra de la opresión, el Egipto de los faraones, y el maravilloso don de la alianza.

«El salmo 117 revela claramente su uso litúrgico dentro del templo de Jerusalén. En su trama, de hecho, parece desarrollarse una procesión, que comienza en las 'tiendas de los justos', es decir, en las casas de los fieles. Éstos exaltan la protección de la mano divina, capaz de tutelar a quien es recto y confía incluso cuando irrumpen los adversarios crueles. La imagen utilizada por el salmista es expresiva: 'me rodeaban como avispas, ardiendo como fuego en las zarzas, en el nombre del Señor los rechacé'.

«Ante este peligro superado, el pueblo de Dios estalla en cantos de victoria en honor de 'la diestra del Señor', que 'es poderosa'. Se da, por tanto, la conciencia de no estar nunca solos, a merced de la tormenta desencadenada por los malvados. La última palabra, en verdad, es siempre la de Dios que, si bien permite la prueba a su fiel, sin embargo no le entrega a la muerte.

«Al llegar a este punto parece que la procesión llega a la meta evocada por el salmista a través de la imagen de 'las puertas del triunfo', es decir, la puerta santa del templo de Sión. La procesión acompaña al héroe a quien Dios ha dado la victoria. Pide que se le abran las puertas para que pueda 'dar gracias al Señor'. Con él 'los vencedores entran por ella'. Para expresar la dura prueba que ha superado y la glorificación que de ella resulta, se compara a sí mismo con 'la piedra desechada por los arquitectos', convertida 'ahora en la piedra angular'. Cristo asumirá esta imagen al final de la parábola de los viñadores homicidas para anunciar su pasión y su glorificación».

EL OBSERVADOR 398-3

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FAMILIA
Retos y realidades de la adolescencia
Por Yusi Cervantes Leyzaola


Con frecuencia, cuando los padres ven a sus hijos adolescentes, les resulta difícil creer que sean los mismos niños encantadores de hace unos años. Este chico de ánimo cambiante, a veces inseguro, a veces arrogante, que en ocasiones nos da con la puerta en las narices, no parece ser el mismo niño que unos meses atrás irradiaba alegría y ternura.

La adolescencia es una época difícil, tanto para padres como para hijos. Pero es también una época fascinante, en la que, si hemos educado bien a nuestros hijos, nos maravillamos al verlos convertirse, paso a paso, en estupendos hombres y mujeres.

Adolescencia es un mal término. Los adolescentes no adolecen de nada. Ser adolescente no significa estar enfermo, tener algún defecto o algún vicio. Esta no es una etapa problema, sino más bien un período de vivencias intensas. Es la maravilla de crecer, descubrir el mundo y descubrirse a sí mismos. Si comenzamos por descartar la imagen negativa de la adolescencia, tan común en nuestra sociedad, tendremos una actitud más adecuada para acompañar a nuestros hijos en este importantísimo momento de su vida.

La OMS identifica la adolescencia como el período que va de los 10 a los 19 años, aunque algunos autores sitúan el fin de la adolescencia a los 21 años. Hay dos etapas. La temprana, de los 10 a 14 años, se caracteriza por el impulso a volcar la atención hacia el exterior y por la desorientación frente a los cambios anatómicos. La tardía, de los 15 a 19 años se distingue por una activa participación y experimentación de los jóvenes en diferentes áreas antes no explotadas.

"En este período —dice la educadora Renata Ortega— los jóvenes requieren de un tiempo de "moratoria" para ensayar el qué y el cómo enfrentarse a las demandas de un mundo adulto, impersonal y exigente. Ello resulta necesario para la construcción de una identidad individual, coherente y autónoma". Los chicos necesitan saber que pueden equivocarse, y enmendar, que pueden estar equivocados, y aprender, todo esto en un ambiente de seguridad, donde tienen suficiente independencia, pero aún bajo la protección de sus padres.

El objetivo de la adolescencia, que han de tener presente tanto padres como hijos, es que el chico pase de niño -dependiente, despreocupado, receptor- a adulto —independiente, responsable, generador—. Esto implica tomar algunas de las decisiones cruciales de su vida. No se trata de lograr un niño grande, sin criterio propio, sin iniciativa. No se trata de lograr una persona adaptada a fuerza de funcionar con normas que no entiende ni aprueba e ideas ajenas, que no ha analizado, aprobado y asimilado. Se trata de que el adolescente llegue a ser una persona libre, autónoma, independiente, útil, capaz de amar, capaz de relacionarse en forma sana con los demás. En verdad, un adulto.

En esta época de cambios internos vertiginosos y frente a una sociedad consumista que no ofrece valores firmes, los jóvenes enfrentan diversos peligros:

Búsqueda de aprobación.- Si los chicos no se sienten aceptados en casa y tampoco se aceptan a sí mismos, buscarán aprobación fuera, aunque esto signifique no ser auténticos y traicionarse o dañarse a sí mismos. La búsqueda de aprobación, de aceptación y cariño está en el origen de muchas malas decisiones —adicciones, malas relaciones, sexualidad precoz o trivial, aceptación de maltratos e injusticias, mala elección de pareja y un gran etcétera— y de una profunda falta de felicidad.

Belleza.- Hemos comprado un concepto de la belleza falso, artificial, irreal. Nos han convencido de que el principal atributo de las mujeres —y uno muy valioso de los hombres— es su físico. Las chicas sufren con mayor frecuencia las consecuencias, pero el problema crece alarmantemente también en los hombres. Los casos de anorexia y bulimia aumentan día a día. Pero aun sin llegar a esos extremos, el daño de la autoestima a causa de no tener el físico que dictan los parámetros comerciales es grave en muchísimos jóvenes.

Sexualidad.- La educación sexual que reciben los jóvenes es incompleta, está distorsionada y alejada de la construcción de una sexualidad plena, responsable y saludable, que verdaderamente sea don mutuo en el amor conyugal. Las mujeres aparecen como víctimas de la sexualidad masculina, con un romanticismo asexuado (está bien enamorarse, pero no sentir deseo) y la percepción de ser para otro, perdiendo el propio centro. Los varones son presionados desde temprana edad a demostrar una masculinidad falsa, que tiene que ver con el poder sobre la mujer, el número de mujeres que ha conquistado y la frecuencia del acto sexual. Estos estereotipos alejan a unos y otras de la posibilidad de desarrollar su sensibilidad, su fuerza y su individualidad. La llamada educación sexual se centra en los aspectos reproductivos y en información técnica, olvidando los aspectos emocionales y los espirituales. Comienza demasiado tarde y con consejos poco realistas, que con frecuencia se reducen a la decisión entre tener o no relaciones. Las jóvenes con frecuencia reciben mensajes anti-sexo y anti-hombres. Faltan modelos de ser hombre y mujer que permitan a ambos sexos desarrollarse con seguridad, expresar sus inquietudes y necesidades, escoger a la pareja adecuada y vivir una sexualidad plena en el contexto del matrimonio.

Enfermedades y embarazo precoz.- La deficiente educación sexual se traduce también en el contagio de enfermedades de transmisión sexual (SIDA, hepatitis, sífilis...) y en embarazos precoces, haciendo padres a chicos que aún no tienen la madurez ni la capacidad plena para serlo. Muchos de esos embarazos no llegan a término a causa de abortos espontáneos o provocados, y en ambos casos, desde luego más en el segundo, las consecuencias emocionales son graves.

La ley del menor esfuerzo.- En esta sociedad de consumo, una buena parte de los adolescentes tienen casi de todo y quieren aún más. Los padres, por debilidad, por no encontrar mejores maneras de demostrar su amor o por inconsciencia, acceden a sus peticiones, o se anticipan a ellas. La consecuencia es que hemos conseguido personas cuya conducta se rige por valores tales como me gusta-no me gusta, me apetece-no me apetece, me lo paso bien-no me lo paso bien.

Adicciones.-Los signos cardinales de una adicción, de cualquier tipo, son: * Obsesión. * Consecuencias negativas en el trabajo o los estudios, en la economía personal y familiar, en la salud psíquica y en la salud física. * Falta de control. * Negación.
Los jóvenes pueden volverse adictos no solamente a sustancias, sino también a relaciones, al sexo, a los videojuegos, al Internet… Las causas son complejas, pero tienen que ver con un vacío existencial y un pobre desarrollo de la fortaleza.

Materialismo.- Hemos trastocado los valores, haciendo del dinero, las propiedades y el poder las metas fundamentales de la existencia. Y estas son las metas que están en la mente de muchos jóvenes al formular los objetivos de su vida.

Violencia.- Los cambios en la adolescencia son vertiginosos, y la confusión interna es grande. Hay desequilibrios y situaciones que violentan su manera de sentir, de pensar, de actuar. El adolescente tiene una enorme presión interna y busca entonces su equilibrio a través de conductas impulsivas que pueden ser violentas. Muchos adolescentes carecen de un ambiente favorable que les ofrezca alternativas para canalizar estos impulsos de manera positiva.

Accidentes.- Los jóvenes están expuestos a graves accidentes, muchos de ellos relacionados con el alcohol y con el exceso de velocidad al manejar. Aún siendo prudentes ellos mismos, se pueden topar en el camino con conductores ebrios o prepotentes.

Tecnocentrismo.- Los logros tecnológicos ponen a los jóvenes en el peligro de no confiar en sus propias capacidades, de no desarrollar sus potencialidades intelectuales y de depender de las máquinas. Se han vuelto expertos en resolver sus problemas oprimiendo botones en la computadora. Investigar, para ellos, es bajar un trabajo del Internet No hay necesidad ni de al menos leerlo.

Generación X.- En ciertos ambientes ésta es una generación sin identidad propia, a la que todo —las religiones, las doctrinas políticas, los desastres del mundo…— le da X. En muchos jóvenes reina la apatía y la falta de compromiso.

EL OBSERVADOR 398-4

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PINCELADAS
Las dos ostras
Por Justo López Melús *


Dijo una ostra a otra, que estaba junto a ella: «Siento un gran dolor dentro de mí. Es algo pesado y redondo y me lastima». Y la otra replicó con arrogancia: «¡Alabados sean los cielos y el mar! Yo no siento ningún dolor dentro de mí. Me siento bien e intacta por dentro y por fuera».

En ese momento un cangrejo que pasaba por allí escuchó a las dos ostras conversando, y dijo a la que estaba sana por dentro y por fuera: «Sí, tú te sientes bien e intacta por dentro y por fuera, pero estás vacía. El dolor que soporta tu vecina es una perla de inigualable valor. Más bien deberías lamentarte. Así no crecerás ni serás de utilidad».

* Operario Diocesano en San José de Gracia en Querétaro.

EL OBSERVADOR 398-5

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REPORTAJE
Lutero y la Biblia: tristes consecuencias


Presentado como gran amante de la Biblia al punto de traducirla y divulgarla por el mundo entero, el heresiarca alemán en realidad no mostró para con la Palabra de Dios el menor respeto o devoción. Sus hijos espirituales sufren hoy las tristes consecuencias.

Lutero, como otros heresiarcas que le precedieron, declaró que él pondría la Biblia sobre todo argumento en materia de religión. Pero, como todos sus progenitores en el error, insistió como aquellos que de todos modos debían prevalecer 'su' propio parecer al interpretar la Biblia.

El árbitro final era, pues, la opinión, y más que la opinión, la voluntad y hasta el capricho de Lutero. Llegó a declarar, en un estallido de soberbia, que lo que él decía y quería era la voluntad y el querer de Dios: «Quien no cree como yo está destinado al infierno. Mi doctrina y la doctrina de Dios son la misma cosa. Mi juicio es el juicio de Dios» (Weimar, X, 2, Abt., 107)».

Los libros que expulsó de la Biblia

Lo primero que podría esperarse de un amor, un amor tan sincero y profundo, como los protestantes dicen que tenía para con la Palabra de Dios, sería un celo al menos igual al de Nehemías, para conservar la revelación íntegra y sin la menor alteración.

En vez de esto, vemos que Lutero rechazó desde el principio de su apostasía libros enteros de la Biblia, como el Apocalipsis de san Juan, la epístola católica del Apóstol Santiago y los libros de los Macabeos, entre otros. Y lo hacía a veces porque le desagradaban o bien porque contradecían abiertamente alguna de sus herejías. Caprichosa manera de acomodar las cosas para su conveniencia, contradiciendo la creencia, parecer y sentir común de todos los cristianos desde la época en que se escribieron los textos sagrados hasta su presente.

Traducciones erróneas deliberadas

Y con tan mal espíritu obró respecto a las Escrituras que él mismo reconocía como inspiradas, que se tomó libertades descaradas. Esmer habla de mil 400 textos que habría traducido mal y en sentido herético. Y Hanzenberg, profesor erudito de la Universidad de Leipzig, llegó a contar no menos de tres mil textos que habían sido traducidos al alemán, para que pudieran servir de argumento para sus herejías, especialmente para su cortesana favorita: la doctrina de la justificación sin necesidad de las obras.

Es de reconocer que entre estos millares de textos adulterados no todos son de importancia capital, sino que les mencionamos aquí para hacer notar la prueba palpable de la falta de sinceridad de Lutero y su mayor falta de amor a la Palabra de Dios.

Su mérito, la estética

Pero no hemos de ser injustos para el heresiarca. Desde el punto de vista estético, la versión que escribió al alemán es una ficción literaria excelente. Sólo que, considerada desde el punto de vista teológico, es sumamente inexacta. Y esto no es porque en alemán no puedan expresarse los conceptos originales del Antiguo y Nuevo Testamento, sino porque deliberadamente quiso traducirlas mal, por conveniencia para sus intereses personales, claro está.

Aquí se hace forzoso diferenciar entre ambas esferas: la traducción de la Biblia tiene que ser la reproducción exacta del pensamiento original en tanto que la elegancia y estilo de expresarse el autor es una cosa muy secundaria. Si acaso pueden unirse ambas esferas, tanto mejor. Pero si no es posible, es preciso sacrificar la elegancia. Lutero no hizo esto.

El aprecio protestante por la Biblia es aparente

Retomando otro pensamiento que señalamos al principio, el honor que los sectarios pretenden tributarle a las Sagradas Escrituras declarándolas autoridad suprema en cuestiones religiosas es un honor apenas aparente, que sólo puede deslumbrar y engañar a los incautos que caen en sus redes, impresionados por la reverencia que parecen tener las sectas para con la Palabra de Dios.

Pero eso es pura ficción, por más que sea visto un auténtico y elogiable esfuerzo por acomodar sus vidas y costumbres a lo que han querido comprender de las Escrituras. Decimos que es ficción y mentira, porque en verdad no es la Biblia sino el sentido particular de cada persona la que obrará como juez. De este modo, si se le antoja, un puñado de personas pueden coincidir en darle un sentido diverso y hasta opuesto a la misma Palabra inmutable de Dios.

El puro antojo, lo que vale

En definitiva, lo que finalmente decide en estos casos no es la Palabra sino el antojo de los que discuten.

¿Qué disparate, herejía o excentricidad religiosa no hemos visto aparecer en estos siglos que median entre Lutero y nosotros? Son aberraciones que no se han originado sino en la interpretación de la Palabra de Dios según el propio agrado, parecer y capricho. ¿No han justificado verdaderas locuras con algún verso que han tomado por único o han cambiado de sentido?

A fines del siglo XVI había en Europa 270 sectas, discordantes todas entre sí y con la Iglesia. Ellas fueron fruto de la corrupta pretensión de sustituir el Magisterio infalible instituido por nuestro Señor Jesucristo y asistido por el Espíritu Santo, cambiándole por el antojo de cada cual. ¿Podría haberse hecho alguna cosa que desprestigiara y destronara más eficazmente a la Santa Biblia?

Hoy en día, considerando tan sólo las sectas y ramificaciones de cierta importancia, se cuentan en el mundo más de 33 mil 800 «iglesias» protestantes, cada cual con su versión e interpretación propia de la Biblia. Y seguirán dividiéndose y oponiéndose unas a otras en tanto su error persista. El espíritu diabólico es de división y no de unidad. Sólo la Iglesia conserva inmaculada su unidad.

Es falso, por tanto, que Lutero descubrió y popularizó la Biblia. Lo que hizo fue descuartizarla descartando libros enteros; corromperla deliberadamente, cambiando muchísimos textos; y, finalmente, en cuanto estuvo en su poder, destruirla, enseñando a sus sectarios que cada individuo es el juez supremo y absoluto de lo que dijo o no dijo Dios.

(Fuente. Cristiandad.org)

EL OBSERVADOR 398-6

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LA VOZ DEL PADRE LORING
No todos pueden interpretar la Biblia


En lo que enseña la Biblia no cabe error alguno , pues es un libro inspirado por Dios. Cada género literario en la Biblia tiene su tipo de verdad. Como en un periódico una es la verdad de un artículo editorial, otra es la verdad de la noticia de una agencia, y otra la verdad del lenguaje de un anuncio.

Así, una es la verdad propia de la parábola, en la cual sólo se pretende enseñar una verdad sin afirmar cada uno de los elementos que la adornan; otra, la verdad de un canto lírico, que debe ser juzgado conforme a las leyes de la lírica; otra, la verdad de un relato. En éstos puede su autor querer afirmar la realidad histórica de lo que narra, pero puede también afirmar sólo la substancia del hecho, sin privarse, por motivos pedagógicos y artísticos, de añadir a lo substancial otros elementos cuya realidad histórica no asegura.

Hay que tener en cuenta que en una mentalidad oriental no es faltar a la verdad ampliar la narración con la adición de detalles no históricos en sí mismos, pero que contribuyen a poner de relieve el suceso central que se trata de transmitir. Distinguir entre la base histórica y los detalles ornamentales no es tarea que pueda realizar cualquier particular, sino personas preparadas para ello con doble preparación científica y teológica. Pero la interpretación de la Biblia no es un quehacer que haya que forjarse a base únicamente de ciencia y competencia, sino, ante todo, mediante la adhesión a la fe y la aceptación humilde de la Palabra de Dios. La recta interpretación de los pasajes de la Biblia pertenece a la autoridad de la Iglesia, que es la que ha recibido de Cristo la misión de enseñar. Los individuos particulares pueden equivocarse al interpretar algunos pasajes oscuros. De ahí la multitud de interpretaciones equivocadas y opuestas entre sí de los protestantes, que admiten la libre interpretación personal.

En los Evangelios, por debajo de los relatos en que se narran los hechos reales de Jesús , en sentido oculto, en segundo nivel, como en un código secreto, suele haber un contenido teológico encerrado en esos relatos . Por ejemplo: la multiplicación de los panes representa la Eucaristía; las Bodas de Caná, la mediación de María, etc.
Para comprender exactamente lo que el autor propone en sus escritos hay que tener en cuenta el modo de pensar, de expresarse, de narrar, que se usaba en los tiempos del escritor. Cada lengua tiene su modo de hablar. Un español dice «me duele la cabeza» , y un francés, «tiene mal en la cabeza» ; un español «se bebe un vaso de cerveza». y un alemán, «la cerveza que sale de un vaso» .

(Fuente: http://www.spiritusmedia.org/ )

EL OBSERVADOR 398-7

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CULTURA
La persona al centro (II)
Derechos humanos, organizaciones y responsabilidad social
Por Rodrigo Guerra López


Las instituciones políticas, el sector productivo, los organismos civiles, las iglesias y en general toda comunidad humana exigen continuamente el bien que les es propio de acuerdo con su naturaleza. Es natural que las organizaciones de cualquier tipo persigan su bien específico, es decir, su realización, su perfeccionamiento. Cada organización posee una finalidad diversa, un "giro", que la distingue y la coloca en un nicho social particular. Sin embargo, el bien específico de un grupo humano para que sin violentar su particularidad sirva auténticamente a las personas involucradas en él, requiere haber asegurado los mínimos de justicia que permiten que al menos éstas sean tratadas precisamente como personas. Los mínimos de justicia no son todo el bien de un grupo pero son la base para que todo otro bien sirva realmente a las personas. Cuando un bien se obtiene pero no descansa en la justicia —sino en su ausencia— tiende a alienar a las personas. Las condiciones esenciales de justicia al momento de trabajar, de producir, de servir o de gobernar permiten que los bienes que exceden lo estrictamente justo se articulen e integren en función de la dignidad humana. Donde no impera la justicia el bien común no se da porque, de hecho, "el bien común consiste principalmente en la defensa de los derechos y deberes de la persona humana".

Esta idea nos parece importante debido a que en algunos lugares y ambientes sensibles a la dignidad humana se realizan actualmente esfuerzos por humanizar las actividades y las relaciones a través de propuestas de valores, códigos de ética, decálogos organizacionales, etc. Estos esfuerzos son muy encomiables. Sin embargo, suponen el que los derechos humanos hayan sido asegurados de manera real. Cuando en un código de ética interno a una organización se plasman compromisos a favor de la verdad, la honestidad, la calidad y la primacía de las personas por encima de las cosas, es preciso verificar con antelación si la agenda básica de los derechos humanos ha sido también cumplida. La responsabilidad social de una organización pasa por los derechos humanos. Por ejemplo, sería una grave farsa afirmar un decidido enfoque de servicio a las personas e ignorar parcial o totalmente los derechos laborales que los trabajadores de una institución pública o privada poseen.

Nuevos desafíos para los derechos humanos

Los derechos humanos han recorrido una historia peculiar en los últimos siglos. Existen tres generaciones básicas que es preciso tomar en cuenta. La primera generación de los derechos humanos se caracterizó por reivindicar los derechos civiles y políticos de las personas. Estos derechos fueron expresados formalmente en el constitucionalismo liberal. En buena medida estos derechos son "libertades" que poseemos y que el Estado no debe impedir, es decir, implican un deber de abstención por parte del Estado. Aquí se encuentran la libertad de pensamiento, de expresión, de asociación, etc.

La segunda generación de los derechos humanos versa sobre derechos económicos, sociales y culturales. Son reconocidos principalmente en la tradición del constitucionalismo social. Estos derechos son exigibles al Estado y nunca se realizan de manera perfecta aun cuando su aspiración sea irrenunciable. En este grupo se hayan el derecho al trabajo, a la educación, a la vivienda, a la salud, etc.

La tercera generación de los derechos humanos se suele calificar como la generación de los derechos de la solidaridad. Estos derechos sólo son realizables con el concurso de todos: individuos, estados, organismos públicos y privados. Nos referimos al derecho al medio ambiente sano, el derecho a la paz, al desarrollo, a la autodeterminación del individuo y de los pueblos, el derecho de propiedad sobre el patrimonio común de la humanidad, etc.

Estas tres generaciones nos permiten atisbar que las diversas épocas colocan el acento en ciertos derechos que resultan amenazados por motivos diversos. Teniendo en cuenta esta premisa, es preciso indicar que hasta hace muy poco la caracterización del tiempo que nos encontramos viviendo - finales del siglo XX y comienzos del XXI - era realizada por parte de algunos como el momento en que el socialismo ha sido vencido y el capitalismo triunfante coloca a la humanidad en una situación de fin de la historia. Sin embargo, tanto los actos terroristas del 11 de septiembre del año 2001, como la corrupción interna de grandes gobiernos y emporios empresariales, la irrupción del fundamentalismo (religioso, étnico, cultural...), el aumento de la pobreza, la impagable deuda externa de muchos países, el pragmatismo rampante y el desencanto postmoderno ante la razón, nos ofrecen nuevas coordenadas para trazar otra parte del mapa de la época emergente.

En este nuevo momento, la afirmación simultánea y valiente de los derechos humanos en sus tres generaciones parece surgir como necesidad por parte de todos. Las omisiones y retrasos en este tema no solo pueden resultar inmorales sino gravemente trascendentes aun desde una óptica puramente práctica. La estabilidad de las democracias y del mercado no se consiguen con declaraciones retóricas y poses convencionales. Para que el Estado y el mercado operen y no se suiciden requieren reconocer activamente sus límites precisos. En parte, estos límites están constituidos por los derechos humanos, es decir, por parámetros ético-jurídicos que permiten que los procesos sociales no se desfonden. Vale la pena insistir: trabajar activamente en este terreno es tarea de todos. ¡En esto consiste colocar a la persona en el centro! Los más vulnerables y marginados en nuestra sociedad, con su presencia y su rostro nos han de recordar a cada paso que debemos luchar continuamente a favor de una vida digna para todos.

EL OBSERVADOR 398-8

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CULTURA
Querer y poder
Por Carlos Díaz


Si asumo un deber y deseo ponerlo en práctica, he de intentar saber hasta qué punto me considero capaz de ejercerlo, es decir, cuáles creo que son los límites de mi poder, cuestión tanto más importante cuanto más realista sea mi planteamiento, pues ¿qué sacaría yo en claro si sé, quiero y debo, pero me resulta imposible realizar ciertos deberes?

Puede ocurrir que mi voluntad quiera y pueda; quiera y no pueda; no quiera aunque pudiera; ni quiera ni pueda, ¡y hasta que una parte de mí mismo se oponga a otra parte de mí mismo en su complejo querer-poder! Si el poder que no puede es la impotencia, ¿qué hacemos con nuestras dolorosas impotencias? La impotencia es el querer que no puede. En el camino del «no puedo» algunas de nuestras frustraciones más comunes son: no sé lo que puedo hacer, o lo que quiero hacer, o lo que debo hacer, estoy confuso y por tanto no puedo hacerlo; sé lo que quiero pero no me atrevo; sé lo que quiero y me atrevería pero no me merece la pena intentarlo; soy incapaz de dominarme para hacer lo que quiero; quiero y puedo, pero no tengo quién me acompañe...

El impotente se siente incapaz, inútil, irrealizado. A tan penosa realidad Aristóteles la denominó akrasía, advirtiendo que puede deberse a que el incontinente abandona la elección, o la conclusión a la que ha llegado; en el akratés falla el nexo lógico entre el conocimiento de lo bueno y su realización voluntaria. Con frecuencia no sólo no hacemos lo que podríamos, sino que perpetramos lo que aborrecemos, como san Pablo.

Aunque podemos más de lo que creemos («ya no puedo más»), nuestro poder tiene límites: yo puedo hacer algo, pero no puedo hacerlo todo, y por eso nuestro poder se tiñe -al menos parcialmente- de impotencia. A lo imposible nadie está obligado. Es la tarea que acometes, y la importancia que le concedes, lo que cubre de gloria tus minutos, de lo contrario expuestos al fracaso. Pero hasta la impotencia de hoy puede convertirse en poder mañana, consistiendo la vida en la forja del carácter. La excelencia moral es resultado del hábito; nos volvemos justos realizando actos de justicia; templados, realizando actos de templanza; valientes, realizando actos de valentía. Disciplina, perseverancia, orden, paciencia, humildad, son virtudes que acrecen el poder.

El poder sigue al ser; él es fuerza, pujanza, vigor. Mientras hay vida hay poder, en distinto grado; puede haberlo incluso después de morir, como en la leyenda del Cid Campeador: poderosa es la memoración que proviene de la evocación de los muertos. Aunque ciertas versiones peliculescas presenten al héroe poderoso como a un Rambo de musculatura correosa y aceitada, renuevo del viejo Hércules, lo cierto es que hasta un enfermo impotente goza de gran poder ante quien, por amarle, se lo confiere: ¿cómo negar la importancia que en la vida del padre amoroso ocupa el hijo menesteroso? Es que el poder brota no sólo de las capacidades propias, sino de las fuerzas que nos confieren quienes nos aman.

Y esto, sin olvidar que el poder compartido es el que más puede. «De poder a poder», a modo de sinergia de poderes, de esa unión se hace la fuerza. No se trata de eludir el poder, sino de ejercerlo en justicia para impregnar a ésta de moralidad, en solidaria comunión con los demás, participadamente, reticularmente. Son los actos de quienes sólo pueden pequeños gestos los que contribuyen a la creación de las grandes gestas. Son las microacciones las que posibilitan los grandes hábitos y las sinarquías en individuos y en pueblos: el auténtico poder nunca brota de la coerción, ni del imperio dictatorial al modo de los poderosos de este mundo, pues —Blas Pascal dixit-— «la justicia sin la fuerza es impotente, la fuerza sin la justicia es tiránica».

Mas, sobre todos nuestros poderes, está el poder de Dios: dichoso el que sabe desarmarse ante Él..

EL OBSERVADOR 398-9

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COMUNICACIÓN
Big Brother 2 a la vuelta de la esquina

Basta de enajenar nuestras mentes con tanta porquería que nos aleja de nuestra realización como seres humanos dignos y felices...
Por Roberth Phoenix / roberth_phoenix@hotmail.com 


¿Recuerdan el año pasado todo el revuelo causado por el estreno de Big Brother? Bueno, pues lo cierto es que de la experiencia no aprendimos nada, pues el reality show resultó ser todo un éxito. Y en vista del éxito ahora viene la secuela que pronostica ser mucho más irreverente y escandalosa que la anterior.

En marzo de este año arranca el Big Brother 2, el cual ya ha tenido más de un millón en solicitudes de los deseosos de ser inquilinos de la famosísima casa de colores. Entre los perfiles que se buscan para ser aceptados en esta segunda emisión del famoso programa se encuentran la gente común y corriente, explosivos, transparentes, sin ningún talento en especial, ex-adictos proféticos, adolescentes neuróticos, treintonas histéricas y todo un catálogo de patologías listas para reventar en el aislamiento de la casa.

El asunto es así de simple: que sea gente popular, malhablada y con cierta "chispa", para que el público se identifique con ella. Diseñados para entretener y satisfacer al vouyerista que los televidentes llevan dentro, con el pretexto de no ser "más que la verdad", de la naturaleza y el comportamiento humano.

Ahora, este tipo de shows, que proliferan peor que las plagas del Éxodo, tiene siempre un gancho económico; pero, seamos honestos, el ganador es lo de menos, la gente se inscribe por salir en la televisión y volverse famosa. Pero la verdad es que a nadie le interesa la "carrera musical" de Azalia, o los poemas del Pato, o la carrera política del Lic. Aun así, todos los mexicanos parecen deslumbrados con la idea de participar en el Big Brother 2, pues la promesa de fama y fortuna es una tentación ante la que pocos pueden resistirse.

En realidad Big Brother no es el único programa donde el ser humano es la gran atracción del circo televisivo, pero sí el más famoso en nuestro país. Programas como Operación Triunfo, La academia, Popstars, Big Brother VIP y Código FAMA no provocan más que el ocio y la pérdida de criterio del televidente, pues en este tipo de reality shows lo importante es el proceso de degradación en grupo, la exhibición explicita y cotidiana de sus patologías más entrañables, de sus deseos y frustraciones, dignos de pena ajena, sean niños, adultos o celebridades en picada.

EL OBSERVADOR 398-10

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CRÍTICA DE MEDIOS DE COMUNICACIÓN
La (in)distinción
Por Santiago Norte


Tengo en gran estima el mérito literario (y ético) que ha alcanzado en su nonagenaria existencia el maestro español don Francisco Ayala. Su obra ha ido madurando conforme los años, lo mismo que su pensamiento. Da la impresión que algunos escritores, intelectuales, filósofos, pasan una especie de "barrera del sonido" cuando llegan a ser ancianos, y lo que antes se cuidaban de decir, cosas "políticamente incorrectas", al umbral de la muerte, lo dicen sin tapujos.

Francisco Ayala es uno de estos casos. Permítame el lector reproducir una frase sobre la decencia y la libertad, que es mucho lo que piensa Ayala, lo que pienso yo y lo que usted, seguramente, también: "Creo que se ha perdido bastante —afirma— la preocupación por la decencia literaria. Hoy se leen cosas que dan vergüenza por su indecencia, pero a eso le llaman libertad. Yo ya estoy duro para escandalizarme, pero se trata de una repugnancia innata ante cosas que se exhiben gloriosamente en las páginas de los periódicos. La prensa rosa, celeste, amarilla es una degeneración del periodismo, un instrumento de trivialización. No vale la disculpa de que el público lo pide. Lograr una lealtad a las convicciones es cuestión de tener un código moral y atenerse a él".

A mí me gustaría mucho que los estudiantes de periodismo leyeran esta frase de Ayala. En ella se contiene el espíritu de una generación que se va extinguiendo conforme pasa el tiempo. Una generación -quizá la última-que se preocupó por la distinción, la diferencia, la moral, el conocimiento a fondo del lenguaje para poder expresar con sentido palabras tan fuertes como libertad, justicia, ética. La reforma de un país comienza por la reforma del lenguaje, nos dijo una y otra vez Octavio Paz.

Por extensión, no sólo lo que se lee en los periódicos escandaliza por su horrenda chabacanería, por su avara trivialidad, por el tedio que recorre líneas y más líneas de espectacularidad inflada; por extensión es la radio, la televisión, las revistas, Internet. Esa "repugnancia innata" ante la indecencia, que dice Ayala, debería ser un ejercicio académico hacia lo bueno, en detrimento de la repetición desoladora.

Hace unos días, Javier Alonso Sandoica, en Alfa y Omega, escribía: "Una civilización se reconoce por su capacidad de propuesta. Decae cuando sólo se nutre de repeticiones". Magnífica idea: la distinción proviene de un espíritu o de una sociedad que aborrece lo vulgar, lo repetitivo, lo in-diferente. La distinción es la plataforma de la que nace la innovación. Querer camuflarse en el éxito de mercado es una tendencia de miles de productos comunicativos que pueblan hoy la nueva Galaxia Guttenberg. Y de comunicadores. Nos queda, sin embargo, la esperanza de que a la larga el espíritu (la distinción) vencerá al mercado, tal como Napoelón pensaba que iba a vencer al sable.

EL OBSERVADOR 398-11

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TEMAS DE HOY
La globalización: desafío ético (III)
Por Humberto M. Marsich, m.x.


Los beneficiarios de la globalización

El mundo se mueve como a dos velocidades: el 20% avanza en el carro de la globalización neoliberal y el 80% restante configura el mundo de los siempre más pobres, o sea, de los excluidos. Compran y no venden y, lo único que aportan es su materia prima regalada y su mano de obra barata. Estas dos sociedades avanzan con un distanciamiento cada vez mayor, configurando dos mundos diferentes, contrastantes y opuestos. Los mundos, hoy, son sólo dos: el mundo de la opulencia y del consumo y el mundo de la pobreza, de la carencia y de la exclusión social.

Por lógica las cosas no pueden seguir así y, desde luego, se está compactando una cultura de resistencia a la hegemonía del "Grupo de los 8" países más industrializados y poderosos, el cual afirma estar preocupado por la pobreza mundial pero en cuanto afecta sus propias ganancias. Reeditan las fracasadas recetas paternalistas del pasado, cuyos efectos son el aumento de la brecha entre ricos y pobres, la opresora deuda externa que imposibilita el crecimiento en las naciones endeudadas, el aumento de la marginación y la concentración del ingreso a niveles preocupantes y asimétricos. La disparidad aparece en los 350 grandes multimillonarios que acumulan fortunas equivalentes al PIB de decenas de naciones en vías de desarrollo.

La globalización en Iberoamérica

Para el continente americano parece hacerse realidad la doctrina Monroe:"América para los... 'americanos' [estadounidenses]". Doctrina que viene aplicada a través del Acuerdo de Libre Comercio de las Américas" (ALCA), que se sostiene en tres patas: el Plan Puebla-Panamá (PPP), el Plan Colombia (PC) y el Tratado de Libre Comercio trilateral: Estados Unidos, México y Canadá (TLC).

El PPP: parece ser una estrategia diseñada por Washington e impuesta a los gobiernos de Centroamérica y México que, formalmente, se plantea como propuesta de desarrollo económico y social incluyente pero que, en el fondo, busca impulsar grandes proyectos de interés para los capitales foráneos, como base de la integración comercial de Mesoamérica al proceso de globalización neoliberal.

El Plan de Colombia: se presenta como un plan humanitario para defender la democracia y salvar al mundo de la amenaza del narcotráfico, pero tiene el propósito de intervenir en el conflicto social y político interno para favorecer a importantes transnacionales del petróleo y del carbón, facilitar la privatización de empresas estatales, proteger a los terratenientes, empeñados en el desarrollo agroindustrial y ganadero, y apoderarse, sin impedimento alguno, de las enormes riquezas del Amazonas.

El TLC: parece que el verdadero objetivo de este tratado era encerrar a México dentro de las reformas de la década de 1980, diseñadas para privatizar y facilitar la inversión de los Estados Unidos. Lo cierto es que no fue un verdadero tratado, puesto que hubo oposiciones fuertes en Canadá, en la opinión pública de México y en Estados Unidos y parece que tampoco se trató de libre comercio, ya que se incluían elementos altamente proteccionistas.

EL OBSERVADOR 398-12

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FIN

 
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