El Observador de la Actualidad

EL OBSERVADOR DE LA ACTUALIDAD
Periodismo católico para la familia de hoy
2 de marzo de 2003 No.399

SUMARIO

bulletCARTAS DEL DIRECTOR - Miércoles de ceniza
bulletCOLUMNA INVITADA - Paz con justicia
bulletAnte todo, imploremos de Dios la conversión...
bulletEL RINCÓN DEL PAPA - El sarcasmo, un martirio frecuente
bulletMariano Azuela Güitrón y la noble función de impartir justicia
bulletFAMILIA - Como si dar la vida fuera el peor pecado
bulletPINCELADAS - El lirio y el pájaro
bulletDOCUMENTOS - Hay mayor felicidad en dar que en recibir
bulletPREGUNTAS CON RESPUESTA - ¿Para qué es el Miércoles de ceniza?
bulletLOS VALORES DE LOS MEXICANOS - La familia como valor
bulletCULTURA - El papel manipulador de los medios en la globalización neoliberal
bulletDEBATE - Juan Pablo II, ¿el último vicario de Cristo antes del fin del mundo?
bulletTEMAS DE HOY - La globalización: desafío ético (IV)

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CARTAS DEL DIRECTOR
Miércoles de ceniza
Por Jaime Septién


Señor, no soy digno
Señor, no soy digno
Pero dí solo la palabra
T. S. Eliot
(De su poema Miércoles de Ceniza)

Amar es el mejor, quizá el único modo de comprender. De comprender al otro, de emprender, juntos, una acción bondadosa, verdadera, cargada del sentido de la vida. Hoy estamos ante la crisis más grave de la comprensión. Lo que es lo mismo: del amor.

La guerra que se nos ha venido encima, es una derrota de la humanidad. También lo es de la religión. Lo ha dicho recientemente el Papa. Porque la religión es la forma suprema de comprensión del hombre. A través de ella, el ser humano se alza por encima de los hierros de su propio cuerpo para encontrar el alma de los demás. Alma que se asemeja a la suya. Comunión de espíritus, no de intereses.

Al pedirnos Juan Pablo ll un Miércoles de Ceniza diferente, nos está pidiendo amor. Hay que leer con todo cuidado el texto que acompaña estas líneas. En él están las claves de la dimensión comprensiva del cristianismo en momentos de derrota de la humanidad. Como una fuente colosal se levanta esta palabra, reflejo de la Palabra, que al cumplirla nos vuelve santos y artistas. Santos porque vivimos desde el amor de Dios. Artistas, porque imitamos sus obras; imitamos a su Hijo.

Hagamos, pues, de este Miércoles de Ceniza la jornada que se nos propone. En la intensidad del amor de Cristo. Ayuno, oración, sacrificio. Demos estas prendas en virtud de nuestra alianza con quien nos amó primero. Para comprender y cambiar. Este 5 de marzo debe ser un día decisivo en cuanto nuestra presencia de católicos, de cristianos, en el mundo. Si a través del Santo Rosario, el ayuno riguroso y el sacrificio alegre, podemos iniciar la conversión de nuestros corazones, habremos dado un paso gigantesco hacia el modo como Cristo (y su Vicario) quiere que comprendamos al hombre —su hermano— en la Tierra.

EL OBSERVADOR 399-1

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COLUMNA INVITADA
Paz con justicia
Por Santiago Martín


No puede haber paz sin justicia y no puede haber justicia sin paz. Sobre estas premisas construye la Iglesia su doctrina acerca de la guerra, incluida la llamada "guerra justa". A éstas habría que añadir el concepto de legítima defensa y la valoración de la relación entre los bienes defendidos y los costos que supondría defenderlos, especialmente en vidas humanas.

Sin embargo, la Iglesia no es una "pacifista", no es una institución que defiende la paz a ultranza, como si ésta fuera el valor máximo. Por eso, en esta situación que tiene a la humanidad entera en vilo, la Iglesia no rechaza la guerra de plano y bajo cualquier concepto. Se limita a decir que la llamada "guerra preventiva" no puede ser aceptada como guerra justa por la dificultad de demostrar las verdaderas intenciones del supuesto y posible agresor. Además, reclama que todo se haga en el contexto de las Naciones Unidas, para evitar cualquier sombra de ilegalidad y para moderar lo más posible la reacción de las multitudes musulmanas, que podrían desbordar incluso a los gobiernos árabes pro occidentales. La Iglesia —con el Papa a la cabeza— insiste en los puntos señalados al principio: no puede haber paz sin justicia y no puede conseguirse la justicia con base en la violencia.

Es necesario que se analicen las causas de la guerra. Puede ser que estén, efectivamente, en la megalomanía de un loco. Puede ser que se encuentren en la exaltación exacerbada de fanáticos islámicos. Pero es sabido que las revoluciones triunfan porque hay causas que las justifican, aunque los medios empleados sean reprobables y éstos terminen por desvirtuar los más nobles fines. Por eso es imprescindible atajar las causas, al menos aquellas que se puedan atajar.

Por ejemplo: el saqueo de las multinacionales —muchas de ellas estadounidenses y el resto europeas o japonesas— de las naciones del Tercer Mundo. Ese saqueo hace que el pueblo odie cada vez más a Estados Unidos, olvidando los valores que tiene ese país y sus aportaciones a la causa de la libertad. Ese odio es un caldo de cultivo peligroso, semejante a la paja reseca que sólo espera que aparezca la chispa para echar a arder. Por eso, o se solucionan las causas o más pronto o más tarde aparecerá la chispa.

EL OBSERVADOR 399-2

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Ante todo, imploremos de Dios la conversión...

1) El 5 de marzo, Miércoles de Ceniza y Jornada por la Paz. 2) El Papa llama a ofrecerla en especial por el Medio Oriente. 3) Para los católicos es día de ayuno obligatorio. 4) Se pide el rezo del Rosario.


«Desde hace meses la comunidad internacional vive con gran aprensión por el peligro de una guerra que podría turbar a toda la región de Oriente Medio y agravar las tensiones ya presentes por desgracia en este inicio de milenio. Es un deber para los creyentes, independientemente de la religión a la que pertenezcan, proclamar que nunca podremos ser felices los unos contra los otros; el futuro de la humanidad nunca podrá asegurarse con el terrorismo y la lógica de la guerra.

«Nosotros, los cristianos en particular, estamos llamados a ser los centinelas de la paz, en los lugares en los que vivimos y trabajamos. Es decir, se nos pide que vigilemos para que las conciencias no cedan a la tentación del egoísmo, de la mentira y de la violencia.

« Invito, por tanto, a todos los católicos a dedicar con particular intensidad la jornada del próximo 5 de marzo, Miércoles de Ceniza, a la oración y al ayuno por la causa de la paz, especialmente en Oriente Medio.

«Ante todo, imploremos de Dios la conversión de los corazones y la amplitud de miras en las decisiones justas para resolver con medios adecuados y pacíficos las contiendas que obstaculizan la peregrinación en nuestro tiempo.

«En todo santuario mariano se elevará hacia el Cielo una ardiente oración por la paz con el rezo del Santo Rosario. Confío que también en las parroquias y en las familias se rece el Rosario por esta gran causa de la que depende el bien de todos.

«A esta invocación común se le acompañará el ayuno, expresión de penitencia por el odio y la violencia que contaminan las relaciones humanas. Los cristianos comparten la antigua práctica del ayuno con muchos hermanos y hermanas de otras religiones, que de este modo quieren desnudarse de toda soberbia y disponerse a recibir de Dios los dones más grandes y necesarios, entre los cuales y de manera particular el de la paz».

(Palabras del papa Juan Pablo II, pronunciadas el domingo 23 de febrero en la plaza de San Pedro, en el Vaticano)

EL OBSERVADOR 399-3

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EL RINCÓN DEL PAPA
El sarcasmo, un martirio frecuente


Juan Pablo II comentó en audiencia general el cántico que presenta el libro de Daniel en el capítulo 3 (52-56), el cántico de los jóvenes judíos que iban a ser sacrificados en el horno ardiente:

«Son tres jóvenes judíos, enmarcados por el autor sagrado en el contexto histórico del reino de Nabucodonosor, el tremendo soberano babilonio que aniquiló la ciudad santa de Jerusalén en el año 586 a.c. y deportó a los israelitas 'a orillas de los ríos de Babilonia'. A pesar del peligro extremo, cuando las llamas rozaban ya sus cuerpos, encuentran la fuerza para alabar, glorificar y bendecir a Dios, convencidos de que el Señor del cosmos y de la historia no les abandonará a la muerte y a la nada.

«El autor bíblico, que escribía algún siglo después, evoca este acontecimiento histórico para estimular a sus contemporáneos a mantener elevado el estandarte de la fe durante las persecuciones de los reyes sirio-helenos del siglo II a.c. Precisamente tuvo lugar entonces la valiente reacción de los Macabeos, combatientes por la libertad de la fe y de la tradición judía.

«El cántico, tradicionalmente conocido como el de 'los tres jóvenes', es como una llama que ilumina en la oscuridad del tiempo de la opresión y de la persecución, tiempo que con frecuencia se ha repetido en la historia de Israel y en la historia del cristianismo. Y nosotros sabemos que el perseguidor no asume siempre el rostro violento y macabro del opresor, sino que, con frecuencia, se complace en aislar al justo con el sarcasmo y la ironía, preguntándole con sarcasmo: '¿En dónde está tu Dios?' (Salmo 41, 4. 11).

«En la bendición que los tres jóvenes elevan desde el crisol de su prueba al Señor Omnipotente quedan involucradas todas las criaturas. Entretejen una especie de tapiz multicolor en el que brillan los astros, se suceden las estaciones, se mueven los animales, se asoman los ángeles y, sobre todo, cantan los 'siervos del Señor', los 'santos' y los 'humildes de corazón'. La alabanza de los tres jóvenes al Dios Salvador continúa de diferentes maneras en la Iglesia».

EL OBSERVADOR 399-4

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Mariano Azuela Güitrón y la noble función de impartir justicia
Conceptos sobresalientes del discurso que pronunció al asumir la representación del Pleno de la Suprema Corte de Justicia de la Nación.


Como es del conocimiento general, al inicio del presente año el magistrado Mariano Azuela Güitrón, por mayoría de votos, fue nombrado Presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) y del Consejo de la Judicatura Federal, por cuatro años, en sustitución del licenciado Genaro David Góngora Pimentel.

El nuevo funcionario expresó que toma el cargo con optimismo realista, confiado en que la SCJN seguirá siendo el árbitro imparcial ante las demás instancias del país. Es nieto del escritor Mariano Azuela y nació el 1 de abril de 1936. Estudió la carrera de Derecho en la Universidad Nacional Autónoma de México. Trabaja en la SCJN desde 1983. EL OBSERVADOR, que se honra con el aprecio particular del ínclito magistrado, rescata algunos de los conceptos que él virtió el día de su ascenso.

Los fines del Poder Judicial. El fin esencial del Poder Judicial de la Federación puede expresarse en una sencilla fórmula: tramitar y resolver "pronto y bien" los asuntos de su competencia. A dicho objetivo debe añadirse el que deriva de la naturaleza de todo centro de trabajo en el que lo fundamental son los seres humanos que suman sus esfuerzos para realizar sus finalidades.

Los alcances de la función de Presidente de la SCJN. Quien cumple con esta función de ninguna manera puede ser considerado ni como cabeza ni como titular de uno de los Poderes de la Unión. Por la naturaleza de la función judicial, su titularidad es compartida, con autonomía e independencia, por los integrantes de este Pleno, por los miembros del Consejo de la Judicatura Federal, por los Magistrados y Jueces, de acuerdo con la competencia que fijan la Constitución y las leyes.

Con qué contamos. Contamos con un Poder Judicial de la Federación renovado, para un México en transformación. Ese optimismo ampliamente justificado debe matizarse con un realismo a que conducen limitaciones, incomprensiones y peligros. El orden constitucional sujeta al Poder Judicial de la Federación a decisiones de los otros Poderes que se le imponen sin posibilidad jurídica de controvertirlos. Además, es propio de la función judicial resolver controversias y fijar criterios en punto de derecho discutibles. De ello se seguirán descontentos y críticas.

Las relaciones de trabajo en el Poder Judicial. La relación lograda se caracteriza por la unidad en lo esencial, la libertad en lo accidental y, en todo, el respeto, la cortesía, la tolerancia e, incluso, el perdón.

Las lides electorales en cualquier ámbito y la democracia. La democracia supone, necesariamente, cierta contienda pasajera, derivada del pluralismo humano del que se siguen cualidades y defectos que ofrecen opciones diversas. Tomada la decisión, lo institucional debe imperar y la unidad fortalecerse.

EL OBSERVADOR 399-5

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FAMILIA
Como si dar la vida fuera el peor pecado

-Testimonio de una joven ante la incertidumbre del embarazo-


Hace ya algunos días que espero en vano mi ciclo menstrual y cada día que pasa me aterra más la idea de estar embarazada. Creerán que mi miedo es probablemente a convertirme en una de tantas madres solteras, pero se equivocan. Estoy casada con un hombre que me ama y a quien amo. Y no sólo eso: si se confirma, éste sería mi tercer embarazo. Entonces, ¿cuál es el miedo? Tal vez comprenden que una responsabilidad como ésta le mueve el tapete a cualquiera. O tal vez piensan que me asusta perder la oportunidad de recuperar la figura que tenía antes. O quizá se dan cuenta de que hoy las mujeres queremos ser madres, esposas, profesionistas y mil cosas más, y que tener muchos hijos dificulta desarrollar los demás aspectos. Y aunque estas cosas efectivamente me inquietan, sé que, sea como sea, podré con la responsabilidad de otro hijo. Sé también que ya habrá tiempo para todos lo demás, que aún soy joven y creo que ha sido el mejor momento para tener a mis hijos, a pesar de que se lleven menos de dos años entre ellos.

Mis hijos son muy pequeños, casi son unos bebés, y yo estoy probablemente embarazada. Imagino que les gustaría preguntarme si me cuidé para no embarazarme, o por qué no lo hice, que si no he pensado en mis otros pequeños. Algunos me dirán que me cuide para la próxima, porque estoy muy joven para llenarme de hijos…

Supongamos que sí estoy embarazada. Tendría que ir a ver al doctor. Si tuviera dinero, tal vez podría evitar ir al Seguro Social, pero como no es así, me encontraré con la asistente que recibe a las pacientes, quien seguramente me preguntará con una voz y una actitud humillante, como si se tratara de algo vergonzoso: "¿Estás embarazada?", a lo que yo tendría que contestar afirmativamente. Y esto ocurrirá cada vez que vaya a revisión -lo sé porque ya lo he vivido-. Es realmente humillante que te miren como si dar la vida fuera el pecado más terrible del planeta. Me provoca mucho coraje, y creo que ese es el miedo que experimento ante la incertidumbre del embarazo, el miedo a enfrentarme a esas actitudes, a reavivar ese coraje contenido por tanto tiempo, a la rabia de no poder decir con alegría: "Estoy embarazada", "Tendré otro hijo". Sé que nuevamente surgirán las voces y los comentarios, las bromas y las preguntas. El doctor o la doctora me preguntará por rutina, con la mejor de las intenciones, cuál será el método que voy a utilizar para evitar futuros embarazos, no sin antes hacerme un comentario personal acerca de mi vida. O tal vez me quiera atemorizar con estadísticas, o con eso de que probablemente sea cesárea, todo con tal de convencerme de que no tenga más hijos. Aunque éste fuera el primer hijo, sería lo mismo, les repito: ya lo he vivido. Al salir de la consulta, la asistente preguntará también: "¿Con qué se va a cuidar?", y esta vez me gustaría decirle: "Y a usted, ¿qué le importa? ¿Acaso no soy libre de decidir? ¿Tengo que decirle a todos lo que haré?". Al ver mi negativa me mandará a pedir una cita con la trabajadora social, amenazando con que si no lo hago no me darán el pase para entrar al hospital. Obligada, tendré que hacerlo. La trabajadora social tratará de convencerme de utilizar el método que ellos quieren, haciéndome creer que es el mejor, que yo lo elegí y me harán firmar un papel donde conste lo acordado. ¿Y si en el último momento decido no ponerme el dispositivo? ¿Van a demandarme porque firmé o me lo pondrán a la fuerza? Pero a mí no me harán firmar, aunque me dé rabia darme cuenta de como con engaños lo hacen con otras.

Finalmente, cuando crea que esa persecución ya pasó, en el momento más difícil físicamente, cuando no puedo pensar más que en que nazca mi hijo para así descansar de tan fuertes dolores, vendrá de nuevo la pregunta, me preguntarán con qué voy a cuidarme, y harta, les diré que con nada, o inventaré algo para quitármelos de encima. Pero no se quedarán conformes, y, ya hospitalizada, cada que haya un cambio de turno volverán a preguntarme. Cada doctor y cada enfermera, lo mismo. Y si les contesto que con nada, casi puedo adivinar sus fastidiosas palabras con las que logran que no desees tener otro hijo, pero no por las razones que pregonan, sino tan sólo por no volverlos a ver ni a escuchar en tu vida.

En fin, todo eso casi termina al salir del hospital, pero no termina del todo. Cuando esté fuera escucharé comentarios como: "De una vez el otro, ¿no?". "Ya cómprate una tele" y comentarios por el estilo. Yo quisiera preguntar a toda esa gente que persigue a las mujeres que somos madres, ¿por qué? ¿Cuál es el afán de evitar que sean engendrados más niños? ¿Quién está detrás de esto? ¿Por qué nos humillan? ¿Por qué nos hacen odiar la maternidad? Tal pareciera que la consigna no es planificar la familia, sino evitar a como dé lugar que haya niños en el mundo. ¿Por qué? ¿Por qué condenan y persiguen a mujeres como yo por el mero hecho de embarazarnos?

Yo comprendo y respeto la decisión de muchas mujeres de tener pocos hijos, uno o dos, pero ¿por qué a ellas se les respeta e incluso se les admira y a nosotras no? Si tanto alardean de defender el derecho de la mujer a decidir cuántos hijos quieren tener, ¿por qué no nos respetan a las que hemos decidido tener más hijos? ¿Acaso un trato digno y respetuoso durante el embarazo, el parto y el puerperio no es un derecho de toda mujer?

Yo creo que una mujer, por el hecho de ser madre, merece un trato de mucho respeto y admiración, y no lo estoy diciendo por mí, porque yo sé que puedo defenderme, ¿pero qué me dicen de aquellas que han perdido el apoyo de una pareja por x o y circunstancia y se ven en la premura de sostener a sus hijos y sacarlos adelante solas? Yo creo que merecen consideración, no humillación y aquello de "¿Para qué tienen tantos hijos?" o el rollo de: "Ya párale ahí". Lo cierto es que, por mucho que planeemos nuestra vida, y aunque en nuestras manos esté en buena medida lograr nuestros objetivos, nunca será todo 100% perfecto, siempre existe el hecho de que somos humanos y nos equivocamos; existen también circunstancias que se nos atraviesan en la vida y que no están al alcance de nuestras manos (accidentes, violaciones, muertes, etc) y que a veces desvían nuestro camino y cambian el sentido de nuestra vida. Y ¿quiénes somos para juzgar, medir o controlar la vida de alguien sólo porque nos parece que no está bien? ¿Quiénes somos para tomarnos esa libertad? Si Aquél quien sí tiene derecho porque nos dio la vida y nos ama más que nadie ha dicho lo que tenía que decir y nos deja libres, y a pesar de lo que hagamos solo nos ama, calla y espera, ¿quiénes somos nosotros para juzgar y opinar cuando sólo deberíamos amar?

Debemos respetarnos unos a otros. Y si hay algo que decir, hacerlo sin ningún filo que pueda herir el alma. (Esther)

EL OBSERVADOR 399-6

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PINCELADAS
El lirio y el pájaro

Por Justo López Melús *

Érase una vez un precioso lirio que vivía feliz a la orilla de un arroyo. Hasta que llegó un pájaro malo que empezó a burlarse de él porque no podía moverse y por su pequeñez, comparado con el lirio imperial que él conocía. El pobre lirio empezó a angustiarse y a envidiar la libertad del pájaro y la superioridad del lirio imperial. Un día trazaron un plan: el pájaro le quitó las raíces al lirio para trasladarlo al lugar donde crecía el lirio imperial. Pero, ¡qué pena!, mientras lo trasladaba, el lirio se secó. No quiso aceptarse como era, y se perdió.

Allí donde nos siembren es preciso saber florecer. No podemos ver las estrellas que queremos, sino las que tenemos encima. Si de noche lloras por el sol, no verás las estrellas. No esperes a que puedas mandar tu luz a lo lejos, alegra e ilumina el rincón donde vives.

* Operario Diocesano en San José de Gracia en Querétaro.

EL OBSERVADOR 399-7

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DOCUMENTOS
Hay mayor felicidad en dar que en recibir

Mensaje del papa Juan Pablo II para la Cuaresma 2003


Queridos hermanos y hermanas:
1. La Cuaresma, tiempo «fuerte» de oración, ayuno y atención a los necesitados, ofrece a todo cristiano la posibilidad de prepararse a la Pascua haciendo un serio discernimiento de la propia vida, confrontándose de manera especial con la Palabra de Dios, que ilumina el itinerario cotidiano de los creyentes.

Este año, como guía para la reflexión cuaresmal, quisiera proponer aquella frase de los Hechos de los Apóstoles: "Hay mayor felicidad en dar que en recibir" (20,35). No se trata de un simple llamamiento moral, ni de un mandato que llega al hombre desde fuera. La inclinación a dar está radicada en lo más hondo del corazón humano: toda persona siente el deseo de ponerse en contacto con los otros, y se realiza plenamente cuando se da libremente a los demás.

2. Nuestra época está influenciada, lamentablemente, por una mentalidad particularmente sensible a las tentaciones del egoísmo, siempre dispuesto a resurgir en el ánimo humano. Tanto en el ámbito social, como en el de los medios de comunicación, la persona está a menudo acosada por mensajes que insistente, abierta o solapadamente, exaltan la cultura de lo efímero y lo hedonístico. Aun cuando no falta una atención a los otros en las calamidades ambientales, las guerras u otras emergencias, generalmente no es fácil desarrollar una cultura de la solidaridad. El espíritu del mundo altera la tendencia interior a darse a los demás desinteresadamente, e impulsa a satisfacer los propios intereses particulares. Se incentiva cada vez más el deseo de acumular bienes. Sin duda, es natural y justo que cada uno, a través del empleo de sus cualidades personales y del propio trabajo, se esfuerce por conseguir aquello que necesita para vivir, pero el afán desmedido de posesión impide a la criatura humana abrirse al Creador y a sus semejantes. ¡Cómo son válidas en toda época las palabras de Pablo a Timoteo: "el afán de dinero es, en efecto, la raíz de todos los males, y algunos, por dejarse llevar de él, se extraviaron en la fe y se atormentaron con muchos dolores", (1 Tm 6,10).

La explotación del hombre, la indiferencia por el sufrimiento ajeno, la violación de las normas morales, son sólo algunos de los frutos del ansia de lucro. Frente al triste espectáculo de la pobreza permanente que afecta a gran parte de la población mundial, ¿cómo no reconocer que la búsqueda de ganancias a toda costa y la falta de una activa y responsable atención al bien común llevan a concentrar en manos de unos pocos gran cantidad de recursos, mientras que el resto de la humanidad sufre la miseria y el abandono?

Apelando a los creyentes y a todos los hombres de buena voluntad, quisiera reafirmar un principio en sí mismo obvio aunque frecuentemente incumplido: es necesario buscar no el bien de un círculo privilegiado de pocos, sino la mejoría de las condiciones de vida de todos. Sólo sobre este fundamento se podrá construir un orden internacional realmente marcado por la justicia y solidaridad, como es deseo de todos.

3. "Hay mayor felicidad en dar que en recibir".
El creyente experimenta una profunda satisfacción siguiendo la llamada interior de darse a los otros sin esperar nada.

El esfuerzo del cristiano por promover la justicia, su compromiso de defender a los más débiles, su acción humanitaria para procurar el pan a quién carece de él, por curar a los enfermos y prestar ayuda en las diversas emergencias y necesidades, se alimenta del particular e inagotable tesoro de amor que es la entrega total de Jesús al Padre. El creyente se siente impulsado a seguir las huellas de Cristo, verdadero Dios y verdadero hombre que, en la perfecta adhesión a la voluntad del Padre, se despojó y humilló a sí mismo, (cfr. Flp 2,6 ss), entregándose a nosotros con un amor desinteresado y total, hasta morir en la cruz. Desde el Calvario se difunde de modo elocuente el mensaje del amor trinitario a los seres humanos de toda época y lugar.

San Agustín observa que sólo Dios, el Sumo Bien, es capaz de vencer las miserias del mundo. Por tanto, de la misericordia y el amor al prójimo debe brotar una relación viva con Dios y hacer constante referencia a Él, ya que nuestra alegría reside en estar cerca de Cristo (cfr. De civitate Dei, Lib. 10, cap. 6; CCL 39, 1351 ss).

4. El Hijo de Dios nos ha amado primero, "siendo nosotros todavía pecadores" (Rm 5,8), sin pretender nada, sin imponernos ninguna condición a priori. Frente a esta constatación, ¿cómo no ver en la Cuaresma la ocasión propicia para hacer opciones decididas de altruismo y generosidad? Como medios para combatir el desmedido apego al dinero, este tiempo propone la práctica eficaz del ayuno y la limosna. Privarse no sólo de lo superfluo, sino también de algo más, para distribuirlo a quien vive en necesidad, contribuye a la negación de sí mismo, sin la cual no hay auténtica praxis de vida cristiana. Nutriéndose con una oración incesante, el bautizado demuestra, además, la prioridad efectiva que Dios tiene en la propia vida.

Es el amor de Dios infundido en nuestros corazones el que tiene que inspirar y transformar nuestro ser y nuestro obrar. El cristiano no debe hacerse la ilusión de buscar el verdadero bien de los hermanos, si no vive la caridad de Cristo. Aunque lograra mejorar factores sociales o políticos importantes, cualquier resultado sería efímero sin la caridad. La misma posibilidad de darse a los demás es un don y procede de la gracia de Dios. Cómo san Pablo enseña,"Dios es quien obra en vosotros el querer y el obrar, como bien le parece"(Flp 2,13).

5. Al hombre de hoy, a menudo insatisfecho por una existencia vacía y fugaz, y en búsqueda de la alegría y el amor auténticos, Cristo le propone su propio ejemplo, invitándolo a seguirlo. Pide a quien le escucha que desgaste su vida por los hermanos. De tal dedicación surge la realización plena de sí mismo y el gozo, como lo demuestra el ejemplo elocuente de aquellos hombres y mujeres que, dejando sus seguridades, no han titubeado en poner en juego la propia vida como misioneros en muchas partes del mundo. Lo atestigua la decisión de aquellos jóvenes que, animados por la fe, han abrazado la vocación sacerdotal o religiosa para ponerse al servicio de la "salvación de Dios". Lo verifica el creciente número de voluntarios que con inmediata disponibilidad se dedican a los pobres, a los ancianos, a los enfermos y a cuantos viven en situación de necesidad.

Recientemente se ha asistido a una loable competición de solidaridad con las víctimas de los aluviones en Europa, del terremoto en América Latina y en Italia, de las epidemias en África, de las erupciones volcánicas en Filipinas, sin olvidar otras zonas del mundo ensangrentadas por el odio o la guerra.

En estas circunstancias los medios de comunicación social desarrollan un significativo servicio, haciendo más directa la participación y más viva la disponibilidad para ayudar a quien se encuentra en el sufrimiento y la dificultad. A veces no es el imperativo cristiano del amor lo que motiva la intervención en favor de los demás, sino una compasión natural. Pero quien asiste al necesitado goza siempre de la benevolencia de Dios. En los Hechos de los Apóstoles se lee que la discípula Tabita se salvó porque hizo bien al prójimo (cf. 9,36 ss). El centurión Cornelio alcanzó la vida eterna por su generosidad (cfr. ibíd 10,1-31).

Para los "alejados", el servicio a los pobres puede ser un camino providencial para encontrarse con Cristo, porque el Señor recompensa con creces cada don hecho al prójimo (cfr. Mt 25,40).

Deseo de corazón que la Cuaresma sea para los creyentes un período propicio para difundir y testimoniar el Evangelio de la caridad en todo lugar, ya que la vocación a la caridad representa el corazón de toda auténtica evangelización. Para ello invoco la intercesión de María, Madre de la Iglesia. Que Ella nos acompañe en el itinerario cuaresmal. Con estos sentimientos bendigo a todos con afecto.

EL OBSERVADOR 399-8

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PREGUNTAS CON RESPUESTA
¿Para qué es el Miércoles de ceniza?


El Miércoles de Ceniza es el principio de la Cuaresma; un día especialmente penitencial, en el que manifestamos nuestro deseo personal de conversión a Dios.

Al acercarnos a los templos a que nos impongan la ceniza expresamos con humildad y sinceridad de corazón que deseamos convertirnos y creer de verdad en el Evangelio.

El simbolismo de la ceniza es la condición débil y caduca del hombre, que camina hacia la muerte: «Hasta que vuelvas a la tierra, pues de ella fuiste hecho» (Gn 3,19). Abraham, por su parte, dijo: «Aunque soy polvo y ceniza, me atrevo a hablar a mi Señor» (Gn 18,27). Esto nos lleva a todos a asumir una actitud de humildad («humildad» viene de humus, «tierra»). La ceniza significa también el sufrimiento, el luto, el arrepentimiento. En el libro de Job (Jb 42,6) es explícitamente signo de dolor y de penitencia.

La costumbre de que los fieles reciban el signo de la ceniza no es obligatoria. Pero sí lo es el ayuno y la abstinencia de carne. Es decir, si por alguna razón no puedo asistir al templo a la imposición de ceniza no cometo ninguna falta; pero si como carne ese día y no ayuno (a menos que por motivos graves de salud me esté prohibido) entonces sí cometo un pecado que deberé confesar ante el sacerdote.

(Con información de Catholic.net)

EL OBSERVADOR 399-9

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LOS VALORES DE LOS MEXICANOS
La familia como valor

Por Antonio Maza Pereda / amaza@att.net.mx 


Indudablemente hay un consenso sobre el hecho de que la familia es uno de los valores que define a la cultura mexicana. En el campo social la familia y la cohesión familiar ocupan los primeros lugares en la jerarquía de valores. En el campo de lo económico y laboral la familia y su bienestar aparecen como el primer motivo para el trabajo. Incluso en el campo de lo religioso la herencia familiar aparece como un valor muy elevado y como uno de los motivos para profesar alguna religión; "Es la creencia que nos heredaron nuestros padres", decimos.

Es tan fuerte este valor que, en muchos casos, nuestro sentido social y de solidaridad se queda exclusivamente en la familia.

¿Por qué, entonces, vemos que las familias se separan, vemos los divorcios y los abandonos? Si apreciamos tanto a la familia, ¿no deberíamos cuidarla más? Una buena pregunta que tiene varias respuestas parciales.

Primero, hay que tener claro que los valores no son la misma cosa que las virtudes. Si dijéramos que el aprecio por la familia es una virtud de los mexicanos, naturalmente algo fallaría en este razonamiento. Una virtud es un hábito bueno, mientras que un valor es solamente la percepción de algo como bueno. Puede ser que no seamos congruentes en nuestros valores, que no los llevemos a cabo. "El bien que veo, no lo hago y el mal que no quiero, eso es lo que hago", decía san Pablo.

En el caso concreto de la familia, es claro que la apreciamos y nos parece un valor importante, pero, a la hora de actuar, ese valor a veces lo dejamos en un lugar menor al que decimos que tiene. En la práctica muchas veces ponemos el trabajo, el ingreso, la diversión y nuestro propio bien por encima de la familia.

Por otro lado, no sé si realmente tenemos una percepción clara de la situación de la familia. Sí, en las generaciones de nuestros padres y abuelos no había tantos divorcios, pero las "casas chicas" eran muy frecuentes. Aparentemente había menos familias rotas, pero sólo era la apariencia. Algunas estadísticas muestran, por ejemplo, que el número de hogares encabezados por mujeres era mayor en los cuarenta que ahora; que había más uniones libres en esas épocas que ahora.

Tal vez un dato más sólido que demuestra que el valor de familia está bajando en nuestra jerarquía de valores es el de que muchos jóvenes están posponiendo la formación de la familia y que, para muchos, esto ya no forma parte de las prioridades de su vida. Incluso se puede decir que el número de matrimonios y de uniones libres crece menos que la población. ¿Qué los sustituye? Las "uniones ocasionales", en las que no hay intención de vivir juntos ni formar familia.

EL OBSERVADOR 399-10

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CULTURA
El papel manipulador de los medios en la globalización neoliberal

Por Carlos Díaz


Un mundo donde existen tantas riquezas produce cada vez más pobres, algo condenado enérgicamente por los padres de la Iglesia: «es la riqueza, dice san Juan Crisóstomo, asesino implacable, fiera indomesticable, déspota más feroz que un bárbaro, enemigo irreconciliable que no sabe de treguas ni depone jamás el odio contra los que la poseen. ¿Por qué, huyendo de la pobreza, perseguís la riqueza, enemiga que es, asesina y más feroz que las fieras? ¿Por qué azuzas a una fiera que debieras domesticar? ¿Cómo, pues, dejará la fiera de ser fiera? Mas, si la sacas de la sombra y la distribuyes entre las manos de los pobres, la fiera se torna oveja; el insidioso, protector; el escollo, puerto; el naufragio, calma. Aun cuando seas opulento, si gastas más de lo necesario tendrás que dar cuenta de la riqueza que te ha sido confiada. No vayas a pensar que por el hecho de que los ricos no paguen aquí sus iniquidades carecen de pecado. Si fuera posible castigar en justicia a los ricos, de ellos estarían llenas las cárceles. La verdad es que, entre los otros males de la riqueza, hay que contar el de que el rico, al cometer la maldad impunemente, no habrá manera de que se detenga en ese camino, sino que recibirá heridas sin remedio y no habrá quien ponga freno a su iniquidad... El cuerpo del ricachón entregado ha sido a la tierra; mas la vista de las grandes construcciones no permite que con él quede enterrada la memoria de su avaricia. Todo el que pasa, al contemplar la grandeza y cultura de la espléndida casa, no dejará de decirse a sí mismo o a su vecino: '¡Con cuántas lágrimas no se habrá edificado esta casa! ¡Cuántos huérfanos se habrán quedado desnudos! ¡Cuántas viudas no habrán sufrido una iniquidad y cuántos obreros no habrán sido defraudados de su jormal!'. De modo que te salen las cuentas del revés: querías gozar de gloria mientras vivías, y ahora ni después de morir te ves libre de acusadores. La casa lleva tu nombre como esculpido en una estela y obliga a que te ultrajen quienes no te vieron en vida». «¿Por qué, mientras los pobres perecen todos los días de opresión, hambre, frío, injurias, tú eres amigo del oro, guardas la plata, tienes por sacrosantos, como si fueran ídolos, los vestidos preciosos y los ornamentos lujosos superfluos? ¡Cuántas almas asesinadas cuelgan de los collares de las matronas enjoyadas! Si vendieras una sola de tus joyas, distribuído su precio entre los pobres, conocerías por las necesidades remediadas cuántos sufrimientos vale tu ornato» (San Zenón de Verona).

Pero... Un simple noticiero televisivo de treinta minutos nos hará contemplar todo tipo de catástrofes naturales y artificiales, todo tipo de escándalos financieros, políticos, eróticos, etc, y tras este baño de porquería uno se pregunta si todo esto no tendrá como objeto despertar en cada televidente la sensación de que su propia vida es menos desastrosa, y que al fin y al cabo todo va bien porque a mí personalmente no me va tan mal como en la tele. La gente feliz y a la vez sencilla sale menos en pantalla, no fuera a ocurrir que por comparación el televidente se sintiera desgraciado y llegase a pensar cómo mejorar la situación. Sólo se nos muestra en la pantalla pequeña a felices gentes de la jet society lejos de nuestras posibilidades, para que no se nos ocurra ni por lo más remoto identificarnos con ellas por la mera vía del ensueño, de la irrealidad o realidad virtual.

Todo, en fin, pensado para que nadie proponga un mundo mejor, donde tal vez los primeros en desaparecer serían los propios medios de masa en su actual configuración. En la geografía del mundo inútil o mapa de nuestros (des)informadores, aprendemos que Iberoamérica ocupa menos espacio que Europa, y mucho menos que EU y que Canadá. ¿Extrañará que los niños jueguen a cow-boys sin que ninguno de ellos quiera hacer el papel de indio?

EL OBSERVADOR 399-11

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DEBATE
Juan Pablo II, ¿el último vicario de Cristo antes del fin del mundo?

Por el Pbro. Miguel Ángel Fuentes, I.V.E.


La llamada «profecía de san Malaquías» es una lista de los supuestos papas y antipapas que tendrá la Iglesia en toda su historia. Según la interpretación más de moda, amparada en supuestas revelaciones marianas, después del actual pontífice vendría «La gloria del olivo», un antipapa que coincidiría con Pedro Romano, y en este tiempo ocurriría la segunda venida de Cristo. ¿Qué pensar de esto?

La Profecía de los Papas es atribuida a san Malaquías, monje de Bangor y obispo de Armagh (Irlanda), que nació en 1094 y murió en Claraval (Francia) en 1148; se cree que fue editada por el santo, cuando en 1139 pasó un mes en Roma, gozando de la peculiar amistad del papa Innocencio II. El texto abarca 111 dísticos latinos —de sólo dos o tres palabras cada uno— que intentan caracterizar las distintas figuras de los papas que se sucederán hasta el juicio final.

Aunque atribuido a dicho autor del siglo XII, el texto de la profecía sólo llegó a conocimiento del público en 1595.

La Profecía gozó de buena aceptación, tanto por parte del clero como de los fíeles, hasta fines del siglo XVII, en que el P. Claudio Francisco Menestrier S. J. († 1705), uno de los hombres más eruditos y autorizados de su tiempo, publicó el libro Refutación de las Profecías, falsamente atribuidas a san Malaquías, sobre la elección de los Papas (París 1669). Su argumentación se resume en los tres puntos siguientes:

1) El primer indicio de falsificación es el hecho de que, durante cerca de 450 años, jamás autor alguno hizo la mínima alusión a la Profecía. El propio san Bernardo no la menciona, aunque conoció de cerca al santo obispo, escribió su biografía y refirió otros vaticinios detallados de san Malaquías. Ninguno de los otros contemporáneos del santo irlandés, que tuvieron estrechas relaciones con él, menciona la Profecía. Tampoco es citada por los historiadores irlandeses posteriores a él. Ni los escritores medievales ni los renacentistas toman en cuenta ese documento que, de haberlo conocido, hubieran ciertamente aludido a él.

2) El argumento del silencio es corroborado por la comprobación de fallas históricas y teológicas en la presunta profecía. Pues no parece posible que un autor movido por Dios haya introducido en la lista de los papas a antipapas como: Víctor IV (1159-64), Pascual III (1164-68), Calixto III (1168-78), Nicolás V (1328-30), Clemente VII (1378-94), Benedicto XIII (1394-1423), Clemente VIII (1423-39), Félix V (1439-49). La finalidad misma de la Profecía —insinuar la época del fin del mundo— parece opuesta a la aserción de Cristo, que declaró solemnemente que no competía a los hombres conocer los tiempos y momentos dispuestos por la Providencia del Padre (cfr. Hch 1,7). Además, la aplicación de los dísticos a los respectivos papas se basa en notas bastante accidentales, lo que le da un sabor de arbitrariedad. Así: Nicolás V (1447-55) estaría designado por «De la pequeñez de la luna» por haber nacido de una familia modesta en un lugar llamado Lunegiana; Pío II (1458-64) es llamado «De la cabra y del albergue» ¡por haber sido secretario de los cardenales Capranica y Albergati!, etc.

3) Las razones negativas: Menestrier y otros historiadores posteriores agregan la explicación probable de cómo pudo haberse dado la falsificación. Debe notarse, en primer lugar, que todas las divisas de los papas, hasta 1590, aluden a características concretas de cada Pontífice: lugar de nacimiento, origen de la familia, cargos ejercidos antes de la elección, símbolos de sus blasones, etc. Mientras que, desde 1590 en adelante, los dísticos se refieren solamente a cualidades morales, cuya aplicación es muy vaga y puede convenir a más de un pontífice: «Varón religioso», «Fuego ardiente», «Fe intrépida», etc.. ¿Qué papa, no siendo del todo indigno, no merecería estos calificativos? Observada la diferencia entre los oráculos anteriores y posteriores a 1590, se presume que se haya forjado la Profecía justamente por entonces.

La refutación del presbítero Menestrier alcanzó gran boga entre los estudiosos de nuestros días. Los adversarios de la profecía la consideran definitiva. No obstante, hay todavía autores contemporáneos de valía que prefieren suspender el juicio sobre el documento, cuando no lo reconocen auténtico.

Es evidente que, después de todo y a pesar de los esfuerzos hasta hoy realizados para averiguar el día del Señor, éste continúa para nosotros envuelto en densas tinieblas. Y ésta es la única conclusión sabia que se puede sacar al respecto.

(Fuente: Instituto del Verbo Encarnado, Argentina)

EL OBSERVADOR 399-12

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TEMAS DE HOY
La globalización: desafío ético (IV)

Por Humberto M. Marsich, m.x.


Cuestionamos moralmente:
a) La "financiarización de la economía" en cuanto se inspira únicamente en criterios de "maximización del capital" prescindiendo de su alto costo humano. Hoy se produce sólo para los ricos de la tierra induciendo, incluso, a adquirir bienes inútiles.

b) La ideología neoliberal economicista con sus clásicos dogmas de libertad total (laissez faire), de autonomía ética, de individualismo ilimitado y sustentado por una visión materialista del hombre.

c) El economicismo antropológico que reduce al hombre a consumidor y el mundo entero a un gigantesco mercado. Quien no compra no vale socialmente y el derecho de ciudadanía lo tiene únicamente el "homo oeconomicus", el hombre de dinero.

d) El debilitamiento del poder político, en cuanto factor legítimo de control del poder económico.

e) La contaminación del ambiente por el abuso de sustancias químicas y la destrucción acelerada de las materias primas, que ponen en riesgo la misma sobrevivencia del planeta. El drama ecológico no tiene sentido para el mundo de las finanzas.

f) La injusta formación de unas "cúspides sociales privilegiadas" que causa desigualdades siempre más profundas y está en el origen de una cultura de muerte.

g) La economía de hambre para la casi totalidad de los países no desarrollados.

h) La ganancia inmoral de enormes summas de dinero, sin necesidad de trabajo, para quienes ya mucho tienen y pueden invertir en bolsa de valores.

i) La violación de la centralidad del ser humano, de su dignidad y de la libertad de los pueblos.

l) La concepción de que no es el trabajo al servicio del hombre sino el hombre al servicio del trabajo y, por lo tanto, sería legítimo explotarlo.

Proponemos los siguientes "correctivos fundamentales" a la globalización actual:

a) Apoyar a los grupos de resistencia (globalifóbicos propositivos y no violentos) en vista de sensibilizar a los políticos para que se moralice y se humanice este sistema. Por globalifóbicos entendemos a aquellos grupos sociales de personas que cuestionan de manera permanente la globalización y su modelo económico neoliberal en cuanto han acarreado más pobreza e injusticias en el mundo:"Son grillos cantores que nos recuerdan, con asombrosa creatividad y perseverancia, que otro puerto al que arribar existe y que vale la pena girar el timón hacia él" (Jaime Miguel Moreno Garavilla, Literatura y video contra la globalización, Sol de S. Juan, 5/01/2003).

b) Pedir mayor atención a las personas (su centralidad como valor principal) a través de un código ético para el sector financiero, aparentemente incontrolable. Se trata de una urgente "alerta ética" para que la persona humana recupere su prioridad.

c) Destinar fuertes capitales para el crecimiento económico y para las necesidades básicas de los países más pobres (economía de comunión y de comunicación de bienes).

d) Dar a entender a quienes más despojan el planeta tierra que somos responsables todos de su vida o de su muerte. De esta óptica debe surgir una nueva ética de responsabilidad planetaria y de sinergía con la tierra. Se pueden y se deben satisfacer las necesidades humanas sin sacrificar el capital natural, o sea, con "sustentabilidad". Es urgente que la comunidad internacional tome conciencia de esta emergencia medioambiental global y llegue a concretas decisiones terapéuticas para evitar, a tiempo, la destrucción del planeta.

e) Establecer una nueva racionalidad política, a partir de los pobres, para acabar con un pasado marcado por la injusticia social y por la simulación de la paz y para quitar la violencia de las reglas del juego del poder. También se nos pide, en este momento histórico, honestidad intelectual y moral para enfrentar con decisión la causa del pobre. Un modelo de desarrollo será "sostenible"no sólo cuando se dejará de destruir la tierra, sino también cuando los mil 200 millones de personas que viven con menos de un dólar diario tengan acceso al agua, al alimento, a la casa y a los servicios sanitarios.

f) Dar fundamento ontológico al positivo proceso de universalización de la historia humana, en cuanto hace referencia a la verdad de la unidad del género humano y supera toda forma de particularismo, de localismo y de nacionalismo. Este proceso, consecuentemente, impulsa hacia la constitución de una institución sobrestatal capaz de responder a esta exigencia universalista. La ONU podría ser el organismo más adecuado, siempre y cuando logre ser más democrático e independiente de los países más fuertes del planeta y sin violar el principio de subsidiariedad.

g) Favorecer el acceso a los mercados de los productos de los países pobres, con el fin de contribuir a equilibrar sus balanzas de pagos y activar el crecimiento económico y, por tanto, producir bienestar para todos.

Consideramos urgente la totalidad de estos correctivos antes de que explote, más violentemente, la rebelión de los excluidos y el reclamo de los pobres. No nos esperamos mucho de parte de los detentores del poder económico ni político; sí esperamos mucho del mundo de los pobres, por su gran sensibilidad espiritual, por su fuerte sentido de justicia y solidaridad, por su inagotable visión del mundo, de Dios y de la tierra. Sólo el mundo de los excluidos tiene los recursos morales y espirituales para construir un mundo nuevo, cuya economía global sea más justa y solidaria.

EL OBSERVADOR 399-13

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FIN

 
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