El Observador de la Actualidad

EL OBSERVADOR DE LA ACTUALIDAD
Periodismo católico para la familia de hoy
30 de marzo de 2003 No.403

SUMARIO

bulletHABLA LA IGLESIA - El gran don de la paz
bulletCARTAS DEL DIRECTOR - Un "GPS" ético
bulletEL RINCÓN DEL PAPA - Las lecciones de san José
bulletDESDE EL CENTRO DE AMERICA - ¿Cómo es nuestro Dios?
bulletFAMILIA - La vida familiar y su valor permanente
bulletPINCELADAS - Una tienda para el emperador
bulletREPORTAJE - ¿Oscurantismo en la Edad Media?
bulletALACENA - Harto de la Iglesia católica
bulletIberoamérica devuelve la fe a Europa

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HABLA LA IGLESIA
El gran don de la paz

Por el Card. Carlo Maria Martini*

La paz es el mayor de los bienes humanos, porque es la suma de todos los bienes mesiánicos. Al igual que la paz es la síntesis y símbolo de todos los bienes, de igual modo la guerra es la síntesis y símbolo de todos los males. No se puede nunca desear la guerra por sí misma, porque significa la violación sistemática de los derechos humanos más fundamentales. Podría aparecer, en casos límite, situaciones de legítima defensa de bienes irrenunciables. Sin embargo, en contraste con la acción injusta, que nunca representa un deber ni es meritoria, debe permanecer en los límites estrictamente necesarios para defenderse de manera eficaz. Podrían, incluso, ser necesarias acciones valientes de "ingerencia humanitaria" e intervenciones dirigidas al restablecimiento y al mantenimiento de la paz en situaciones de riesgo gravísimo. Pero tales acciones no significan nunca la paz.

El bien de la humanidad entera

La paz no consiste en la sola ausencia de conflicto, en la cesación de la hostilidad o en el armisticio. No consiste ni siquiera en la exclusión de palabras y gestos ofensivos (Mt 5, 21-24), ni tampoco en el solo perdón o en la renuncia a la venganza, o en el saber ceder con tal de no entrar en el litigio (cfr. Mt 5, 38-47). La paz es el fruto de la alianza duradera y sincera a partir de la alianza que Dios realiza en Jesucristo al perdonar al hombre, restableciéndose y dándose a sí mismo como interlocutor de amistad y diálogo, en vista de la unidad de todos aquellos a quienes Él ama. En virtud de esta unidad y de esta alianza cada uno ve en el otro ante todo a alguien semejante a él mismo, como él amado y perdonado, y si es cristiano, contempla en su rostro el reflejo de la gloria de Dios y el resplandor de la Trinidad. Puede decir al hermano: tú eres sumamente importante para mí, aquello que es mío es tuyo. Te amo más que a mí mismo, tus cosas me importan más que las mías. Y, puesto que me importa en grado sumo tu bien, me importa el bien de todos, el bien de la humanidad nueva: no sólo el bien de la familia, del clan, de la tribu, de la raza, de la etnia, del movimiento, del partido, de la nación, sino el bien de la humanidad entera: ésta es la paz.

La paz y la gracia

Cada una de las acciones contra este "bien común", este "interés general", hunde sus raíces en el miedo, en la envidia y en la desconfianza. Genera los conflictos y alimenta los odios que provocan la guerra. Se necesitará una historia entera y una super historia de gracia para llevar a cabo tal camino. Pero tal es la paz que representa la meta de la aventura humana.

*Arzobispo emérito de Milán. Palabras pronunciadas durante la vigilia de San Ambrosio, en 2001. Tomado de Imdosoc, La cuestión social. Año 11, número uno (enero-marzo de 2003. Páginas 36-37)



Algunos imperativos inmediatos para educar en la paz,
según el cardenal Martini


1.- Cambiar de estilo de vida y criterios de juicio, evitando el consumismo que elimina de nosotros las preguntas serias, las que surgen de los acontecimientos dramáticos que estamos viviendo.

2.- Para evitar ser engañados, ejercitarnos en el arte del diálogo desde nuestra propia identidad de cristianos y desde la riqueza de nuestro lenguaje y de nuestra fe.

3.- Será importante aprender a conocer las otras religiones, en especial el judaísmo y el islam.

4.- Educarnos en gestos, pensamientos y palabras de perdón, de comprensión y de paz, usando una tolerancia cero para cualquier acción que exprese sentimientos de falta de respeto ante la religión o la creencia de otros.

5.- Hacer de las escuelas y las universidades católicas verdaderos foros de educación en el diálogo, la confrontación serena y la reflexión fundada sobre los grandes temas que se discuten en el mundo.

EL OBSERVADOR 403-1

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CARTAS DEL DIRECTOR
Un "GPS" ético

Por Jaime Septién


El "GPS" es un aditamento que sirve para orientarse y localizar a las personas o a las cosas (barcos, aviones, coches) en cualquier lugar del mundo. Hoy más que nunca nos urge a todos un "GPS ético", una guía que oriente nuestra navegación personal por las aguas de nuestra revuelta realidad.

Justamente navegando por los sitios católicos de internet, me encontré este decálogo o guía de valores que no solamente orienta sino que sirve para construir una convivencia mucho mejor que la que ahora padecemos. El "GPS ético", dicen sus autores (en la página electrónica "Arvo") también sirve "para la búsqueda de respuestas a la pregunta fundamental: ¿qué es lo que debo respetar y valorar siempre en mi entorno para hacerlo más humano?". Como se verá, no es un decálogo "confesional". Sirve para toda persona "que busque una ética más humana, defienda la dignidad de todos y desee que su vida, su mundo no naufraguen".

1. La vida.- Tutelar el derecho primario a la vida desde su concepción hasta su término natural.
2.- Los embriones humanos.- Respetar y proteger los derechos de los embriones humanos que no pueden ser objeto de tráfico y manipulación.
3.- La infancia, la juventud.- Fomentar y promover una tutela social de los menores
4.- La familia y el matrimonio.- Tutelar y defender la familia fundada en el matrimonio monogámico entre personas de sexo opuesto y protegida en su unidad y estabilidad.
5.- La educación.- Defender la libertad de los padres en la educación de sus hijos y el derecho de educación de toda persona.
6.- La abolición de la esclavitud.- Ayudar a la liberación de las víctimas de las modernas formas de esclavitud, droga, prostitución, explotación.
7.- La libertad religiosa.- Defender la libertad religiosa y el respeto a la conciencia de las personas.
8.- Una economía justa.- Apoyar el desarrollo de una economía que respete la justicia social y el principio de solidaridad.
9.- La libertad de asociación.- Defender el derecho a la libre asociación de las personas para abordar fines u objetivos que sean de bien común.
10.- La paz.- Exigir un rechazo radical y absoluto de la violencia y el terrorismo, y buscar y fomentar la paz en la sociedad y entre los pueblos.

Para los cristianos el camino se llama santidad. Amar a Dios y amar al prójimo, y hacer a los otros lo que quisiéramos que los otros hicieran con nosotros.

EL OBSERVADOR 403-2

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EL RINCÓN DEL PAPA
Las lecciones de san José


Así habló Juan Pablo II en la audiencia general del miércoles 19 marzo, festividad de san José:

«Celebramos hoy la solemnidad de San José, esposo de María. La liturgia nos lo presenta como 'padre' de Jesús, dispuesto a realizar los designios divinos incluso cuando superan a la comprensión humana. A través de este 'hijo de David' se cumplieron las Escrituras, y el Verbo Eterno se hizo hombre por obra del Espíritu Santo en el seno de la Virgen María. San José es definido en el Evangelio como 'hombre justo', y es para todos los creyentes modelo de vida en la fe. La palabra 'justo' evoca su rectitud moral, el sincero apego a la práctica de la ley y la actitud de total apertura a la voluntad del Padre Celestial. Incluso en los momentos difíciles y en ocasiones dramáticos, el humilde carpintero de Nazaret nunca se arroga el derecho de poner en discusión el proyecto de Dios. Espera la llamada de lo Alto y en silencio respeta el misterio, dejándose guiar por el Señor. Una vez recibida la tarea, la realiza con dócil responsabilidad: escucha con atención al ángel cuando se trata de tomar como esposa a la Virgen de Nazaret, en la huida a Egipto y en el regreso a Israel. Con pocos pero significativos rasgos, los evangelistas lo describen como custodio cuidadoso de Jesús, esposo atento y fiel, que ejerce la autoridad familiar en una actitud constante de servicio. Las Sagradas Escrituras no nos dicen nada más sobre él, pero en este silencio se encierra el estilo mismo de su misión: una existencia vivida en la vida cotidiana de color gris, pero con una fe segura en la Providencia.

Cada día, san José tuvo que proveer a las necesidades de la familia con su duro trabajo manual. Por este motivo la Iglesia lo presenta precisamente como patrono de los trabajadores.

Que san José, santo tan grande y tan humilde, sea ejemplo en el que se inspiren los trabajadores cristianos en toda circunstancia. Que san José, patrono universal de la Iglesia, vele sobre toda la comunidad eclesial y, como hombre de paz, obtenga para toda la humanidad el precioso don de la concordia y de la paz.

EL OBSERVADOR 403-3

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DESDE EL CENTRO DE AMÉRICA
¿Cómo es nuestro Dios?

Por Claudio de Castro S. / cv2decastro@hotmail.com


"...aparentas no ver los pecados de los hombres,para darles ocasión de arrepentirse".


Nuestro Dios es un Dios diferente a todo cuanto podamos pensar o imaginar. Es amable y bueno, misericordioso, paciente. "El Señor es ternura compasión, lento a la cólera y lleno de amor"... "Él perdona todas tus ofensas y te cura de todas tus dolencias". Le gusta con nosotros ir despacio, en la medida de nuestros pasos. Deja crecer el trigo con la cizaña para no dañar el trigo. Paciencia. Ya vendrá el día en que separará lo bueno de lo malo.

Hace poco conducía mi auto y recordé que en el Santuario Nacional del Corazón de María tenían expuesto al Santísimo. Así que me desvié del camino para pasar a saludarlo.

— Eres Dios –le decía –. Creaste todas las cosas. Pero te muestras en un pedacito de pan. ¿Por qué no podemos verte y reconocerte en toda tu majestad?

Entonces, por respuesta, vino a mi mente un pasaje de la Biblia:

"Seis días después, Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a Juan y los llevó a ellos solos a un monte alto. A la vista de ellos su aspecto cambió completamente, incluso sus ropas se volvieron resplandecientes, tan blancas como nadie en el mundo sería capaz de blanquearlas. Y se les aparecieron Elías y Moisés, que conversaban con Jesús. Pedro tomó la palabra y dijo a Jesús: 'Maestro, ¡qué bueno es que estemos aquí! Levantemos tres chozas: una para Ti, otra para Moisés, otra para Elías'. En realidad no sabía lo que decía, porque estaban aterrados" (Marcos 9, 2-6).
Jesús mío, ¿qué pasaría si te viésemos como realmente eres? Seguramente también quedaríamos aterrados, sin saber qué decir o hacer. Tu divinidad es demasiado para un simple mortal.

Qué bueno eres, que te muestras tan sencillo y humilde, en algo que nos es familiar, a lo que no tememos; y que podemos, confiados, acercarnos a Ti. "Tú eres un Dios al que le gusta esconderse..." (Is 45,15).

Me ocurre a mí, que siento tu presencia; sé que estás allí, pero me acerco tranquilo, como si estuviera en medio de mi familia. Me siento cómodo cuando estoy contigo. No te veo como el Juez implacable que vendrá para juzgar a las naciones, sino como el Amigo Bueno, que se ha quedado con nosotros para darnos la salvación eterna.

EL OBSERVADOR 403-4

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FAMILIA
La vida familiar y su valor permanente

Por Marisela Enríquez de Ledesma (Asociación Internacional para la Educación Familiar)


"No hay malas hierbas ni hombres malos. No hay más que malos cultivadores".
Víctor Hugo.

Nadie se atreve a dudar que la familia es la más grande influencia en la formación y construcción de la personalidad del ser humano. Es en ella donde se forman las actitudes que el futuro adulto habrá de tener ante la vida. Es la primera escuela que nos permite abrirnos a la vida, relacionarnos con otras personas. La familia nos brinda la más grandiosa oportunidad de trascender, de dejar huella, de conformar cotidianamente nuestra biografía personal. Es el campo de cultivo más fértil de la persona.

De la familia recibimos el ser, la identidad. En ella —donde se cubren nuestras primeras necesidades de alimentación, afecto, seguridad, apoyo y ayuda incondicional— se reciben las primeras normas de conducta, de convivencia; se aprenden las pautas morales y religiosas, se adquieren valores y virtudes que nos preparan para integrarnos a la sociedad.

La familia humaniza el ser biológico, ya que es donde el hombre encuentra la oportunidad de perfeccionamiento y crecimiento desde lo más íntimo de su ser.

Es en la familia donde, indudablemente, se viven los momentos de mayor felicidad, pero también de mayor angustia; donde se conoce más de cerca la alegría y el dolor, donde se aprende a dar y recibir, donde se es plenamente persona.

Las actitudes de cada uno de nosotros nacen y se hacen primordialmente en la vida familiar, en la convivencia cotidiana con cada uno de los miembros que la conforman.

En las personas con las que convivimos fuera del ámbito familiar podemos apreciar diferentes formas de pensar respecto a una misma situación, y es que cada uno de nosotros ha sido educado en un ambiente familiar único: nuestros conocimientos, habilidades, aprendizajes, gustos, planes, aficiones, todo ello esta condicionado por la educación que se ha recibido en la familia.

La apreciación del mundo, el optimismo o pesimismo para realizar proyectos y tareas, la confianza o desconfianza en los demás seres humanos, y la actitud y los sentimientos o resentimientos ante la vida, tienen sus más profundos cimientos en la vida familiar.

Es la familia la que nos enseña a enfrentar situaciones adversas; es en ella donde se conforma una personalidad fuerte o débil, donde las alas de la libertad toman forma o se deforman. Es en la familia donde se aprende la mejor partitura musical, que habrá de hacer de nuestra vida una obra maestra excepcional que nos encamine al éxito o una pieza mediocre que deje en nosotros un sentimiento de frustración con un vacío espiritual asfixiante.

Este artículo es una invitación a todos los padres de familia para que hagan de su vida familiar el más extraordinario campo de cultivo del ser humano.

Agradezco sus comentarios y los invito a visitar la página de la ASI: www.educacionfamiliar.org.mx  Consultoría: 014421909243 E. Mail: www.consultoriafamiliar@hotmail.com.mx

EL OBSERVADOR 403-5

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PINCELADAS
Una tienda para el emperador

Por Justo López Melús *


Fátima era hija de un hilandero y aprendió muy bien el oficio. Navegaron para vender la mercancía. Naufragaron y su padre pereció. Recogieron a Fátima unos tejedores y aprendió a tejer. También navegaron y naufragaron. Un amo la recogió. La llevó a Estambul y le enseñó a hacer mástiles. Navegaron hacia Java, pero naufragaron en las costas de China...

Según la leyenda, una hermosa extranjera llegaría China, y sabría hacer una sólida tienda para el emperador. No había cuerdas, ni tela, ni mástiles. Fátima preparó las cuerdas con su rueca, tejió la tela, talló los mástiles, y presentó la tienda al emperador..., y se casó con el príncipe heredero. Dios saca bienes de los males. Confiar en Dios, pero no quedarnos con los brazos cruzados. Tres terribles naufragios no pudieron doblegar la energía emprendedora de Fátima.

* Operario Diocesano en San José de Gracia en Querétaro.

EL OBSERVADOR 403-6

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REPORTAJE
¿Oscurantismo en la Edad Media?

Nos han estado vendiendo el mito de que el medievo fue una época de opresión de los débiles y de enriquecimiento de los nobles y el clero.

Los distintos medios de comunicación se han encargado de hacernos creer que la Edad Media fue una época oscurantista, caracterizada por hambre, opresión de los débiles, enriquecimiento ilimitado de los nobles y el clero. Las películas, cada vez que vemos un film ambientado en tal época, presentan a un pueblo muerto de hambre, en medio del barro, vestido con harapos (color marrón o gris, preferentemente) y sin dientes, pidiendo clemencia a un duque o, en su defecto, al enjoyado obispo, que, mientras comen manjares delante del doliente e implorante aldeano, lo miran con fastidio.

El espíritu del medievo
«Hubo un tiempo en que la filosofía del Evangelio gobernaba los Estados...». Con estas palabras León XIII, en su encíclica Inmortale Dei, resumía el espíritu de la Edad Media.

Sin embargo, no es posible defender al cien por ciento de la humanidad de aquel entonces, puesto que cada ser humano tiene la capacidad de pecar y actuar mal si lo desea; pero sí es posible defender un tiempo en que reinó muchísima más concordia, equilibrio y belleza de lo que hoy se quiere reconocer.

Mandatarios cercanos
La época se regía por un sistema jerarquizado, pero no un poder absoluto altivo y distante. Luis XIV, el Rey Sol, saludaba quitándose el sombrero a todas las mujeres que se encontraba en su camino, fuese cual fuese su condición social. Los reyes de Francia, al igual que los reyes de toda Europa, directamente recibían en audiencia a los plebeyos; el palacio de Versalles era continuamente invadido por todas las personas del pueblo que quisieran entrar, como no se entra hoy en la casa de ningún jefe de Estado. Fernando de Castilla, cuando pasaba por una ciudad, se dirigía a una casa y se sentaba a la ventana que daba a la calle, quedando al alcance de cualquier plebeyo que pasara por allí. San Luis, rey de Francia, en la ciudad de Vincennes, mandaba colocar un asiento junto a un roble para atender al pueblo.

Continente sin esclavos
En la Europa medieval se conoció por primera vez en la historia un continente entero sin esclavitud. Lo que existía eran los siervos de la gleba, servidores que no tenían derecho de irse de su campo, sino que tenían que trabajar allí toda su vida. No eran, por tanto, hombres libres en toda la fuerza del término, pero tenían innumerables derechos; por ejemplo, el señor no los podía echar de su tierra, y contaban con una especie de propiedad sobre su casa y sobre una parte de las tierras que cultivaban. El contrato era hereditario e intocable. Cuando terminó la Edad Media ya casi no había más siervos de la gleba en Europa. Quiere decir que la Edad Media produjo en su mayor parte a la clase de los hombres libres.

Trabajadores plebeyos
Las corporaciones reunían a plebeyos libres, con derechos enormes. Ellas mismas eran las que constituían su propia legislación del trabajo, ejerciendo jurisdicción sobre el barrio donde se ejercía su oficio, contando hasta con una especie de policía. Y había ciudades donde el gobierno municipal era ejercido por las corporaciones. Era, por lo tanto, un gobierno de plebeyos.

Los impuestos
Es muy fácil presentar el asunto de los impuestos en forma odiosa: «el clero, riquísimo, no paga impuestos. El pobre plebeyo, trabajando de sol a sol para el enriquecimiento del noble y del clérigo, ése paga impuestos». Pero hay que comprender cómo eran las cosas antes de juzgar.
El clero era la primera clase social, y cualquier persona de la nobleza o de la plebe podía entrar en ella y subir hasta los más altos grados. Hubo numerosos casos de papas que eran hijos de trabajadores manuales y que estaban encima de reyes y emperadores. El clero, además de su misión propia, que es la de salvar las almas, tenía bajo su responsabilidad dos importantes actividades, hoy desempeñadas en gran parte por el Estado: la educación y la salud pública.

Todo lo que hoy gasta un gobierno en educación, en esa época lo pagaba el clero sin ninguna ayuda del rey. Por eso no pagaba impuestos, lo cual es muy razonable.

Los difamadores de la Edad Media dicen que fue una época de analfabetismo. Y agregan que la invención de la imprenta por Gutemberg, en el siglo XV, cambió inmediatamente todo el panorama de Europa, porque se empezaron a divulgar los libros que acabaron el oscurantismo. ¿Cómo puede ser que un libro pueda alterar inmediatamente un continente de analfabetos si nadie puede leer ese libro?

La verdad es otra. Europa estaba alfabetizada. En todas las iglesias había grandes devocionarios (se escribía en pergamino, el papel empezó a ser usado al fin de la Edad Media) atados con cadenas (el libro tenía que ser copiado a mano, siendo raro y caro) donde los fieles iban a rezar sus devociones. ¿Qué analfabetos eran esos? Todavía existen, en templos de Europa, los lugares con argollas donde se ponía la Biblia que los «analfabetos» iban a leer. Por todas partes, en las Iglesias, en los vitrales hay inscripciones. ¿Qué analfabetismo era ése? Muchas de las más célebres universidades de hoy fueron fundadas en la Edad Media. La universidad es una institución medieval, no existía antes. Cuando la Edad Media terminó el clero había llenado a Europa de escuelas primarias y universidades.

En cuanto a la salud pública, el clero cargaba con la totalidad de los gastos. Todos los hospitales de la Edad Media estaban a su cargo o de las ordenes religiosas femeninas.

Según todo indica, el primer hospital que hubo en el mundo fue antes de la Edad Media, creado por una católica llamada Fabiola (que no tiene nada que ver con el personaje de la famosa novela escrita por el cardenal Wiseman). La institución de los hospitales comenzó a esbozarse por la acción de la Iglesia en el Imperio Romano de Occidente, pero con la caída de éste los hospitales desaparecieron. Durante la Edad Media el clero llenó Europa de hospitales, y los principios de la higiene moderna comenzaron a ser practicados: lavar las heridas con agua limpia, recetar dietas, dar calefacción en el cuarto de los enfermos, etc., cosas completamente desconocidas antes.

En la Edad Media se hablaba de una lepra epidémica, que probablemente no era la lepra de hoy, pero era alguna enfermedad que ellos llamaban lepra. El sacerdote tenía que vivir en el leprosario y cuidar de los leprosos. Los primeros leprosarios del mundo fueron cristianos, creados justamente para evitar el contagio. Así, la lepra, que existía en todo Oriente, desapareció en Europa porque el clero convencía a los leprosos de que era pecado mortal vivir en medio de los demás contagiándolos.

Los más ricos
En realidad había dos clases de impuestos: uno era sobre las personas y las tierras. Esta clase no la pagaba ni el clero ni la nobleza. Pero pagaban los impuestos sobre las mercaderías, como todo el mundo. Siendo los principales consumidores, eran los principales pagadores.

La función más lucrativa no era la del noble sino la del comerciante y la del industrial. Frecuentemente se encontraban comerciantes cuya fortuna era tal que prestaban dinero a los reyes. Los reyes, sin ellos, no podían hacer la guerra. Eran más ricos que muchísimos nobles.

Para dar gloria a Dios
Analizando la Edad Media con los datos descubiertos recientemente por el Prof. Fernando Furquim de Almeida, en sus estudios sobre Cluny, y considerando la Edad Media nacida del orden de Cluny, que es la orden benedictina perfeccionada, se puede decir que ella practicaba el lema de san Benito: «Ut in omnibus glorificetur Deus» (Que Dios sea glorificado en todas las cosas). Toda la organización humana de la Edad Media era ordenada para dar gloria a Dios.

¿Todo lo que se acaba de explicar es oscurantismo?

(Resumido de cristiandad.org)

EL OBSERVADOR 403-7

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ALACENA
Harto de la Iglesia católica

Por Germán Sánchez Griese


Sí... estoy harto de la Iglesia católica como me la presentan últimamente los medios de comunicación.

Harto de que me muestren una caricatura de sacerdote que no es sino un homosexual empedernido, un pedófilo enmascarado o un amigo del buen vivir. ¿Es que ya se acabaron los sacerdotes que sean «hombres» normales?

Harto de oír hablar de la rodilla de un Sumo Pontífice que parece llevar a cuestas no sólo su dolor, sino el cúmulo inmenso de los chismes y las habladurías que su enfermedad genera en el mundo de los medios. Tal parece que algunos sólo buscan el escándalo y lo sensacional para hacerlo noticia y pasto de quienes se regocijan con el pesar ajeno.

Harto de escuchar las así llamadas luchas de poder que generan el supuesto vacío de autoridad en el que se halla la Iglesia católica. ¿Qué saben ellos del arte y del amor de dirigir la Iglesia Católica cuándo la encajonan y la etiquetan como una empresa multinacional?

Harto de ver películas como Priest, en donde el sacerdote es un obispo déspota, un párroco concubinario o un joven coadjutor homosexual. ¿Es que sólo existen sacerdotes de ese tipo?

Harto de no ver ni oír por ninguna parte la noticia sensacional de tantas monjas que entregan su vida día a día en la luminosa claridad de un convento de clausura desgranando sus vidas frente al sagrario para pedir precisamente por quienes más calumnian a la vida consagrada.

Harto de que no se haga escándalo ni noticia internacional de las almas consagradas, hombres y mujeres, que pasan largas horas hablando con los encarcelados, con los drogados, o limpiando pacientemente las heces que los enfermos psicóticos dejan como estelas en los hospitales para enfermos mentales, verdaderos lugares alucinantes.

Harto de que el África, con sus miles y miles de escuelas y hospitales regenteados por sacerdotes y religiosas, quede siempre relegado al más profundo silencio, olvidado a pasar sus días en el polvo dorado de la sabana, escondido a los ojos del mundo, debatiéndose siempre en profundas y cruentas guerras civiles cuyos heridos y muertos son siempre cuidados por sacerdotes y monjas.

Harto de ver a una Saffira que a punto de ser lapidada por el Islam levanta olas de estupor e indignación mundial, mientras que a un obispo ruso le es negada, en flagrante violación a las leyes internacionales, el retorno a su lugar de trabajo sin que ninguno de los comités de los así llamados «derechos humanos» abogue por él o sea capaz de alzar su voz un centímetro en los medios de comunicación. Y ni qué decir de tantas mujeres adúlteras como Saffira que todos los días reciben la extraordinaria noticia del perdón de Dios de manos de un sacerdote católico. De esto no hay noticia.

Harto de que los medios presenten las escenas de quienes, por defender una ballena gris o azul o amarilla, se lanzan a los mares en balsas maltrechas, se encadenan a ferrovías, mientras que un grupo de monjes franciscanos en Belén arriesga su vida por un puñado de palestinos sin conmover a la opinión mundial.

Harto de que muchos católicos, como camino y coartada fácil a su falta de celo apostólico o su indiferencia religiosa, digan con despecho frente a esta conjura de los medios: «No quiero oír hablar de la Iglesia católica».

Harto de ver cómo la fe de tantas y tantas personas humildes, sencillas y buenas puede quedar lastimada de por vida, tal y como sucedió en la España de los años ochentas en donde, a base una persuasiva y feroz propaganda, destruyeron la fe de muchas personas, minando el aprecio y la estima por el sacerdote, precisamente a partir de calumnias, tal y como lo están haciendo ahora.

Pero estoy seguro que de esta persecución la Iglesia católica, nuestra Iglesia católica saldrá victoriosa como siempre ha salido, pues a semejanza de los primeros tiempos, son estas persecuciones las que como un bautismo de sangre permiten que se vigorice y se renueve en sus hijos fieles, amantes y siempre leales.

(Fuente: Catholic.net)

EL OBSERVADOR 403-8

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Iberoamérica devuelve la fe a Europa

Por Jesús Colina / Roma


La emigración de católicos de Iberoamérica a Europa —en particular a España— por razones económicas, así como el auge de vocaciones a la vida consagrada, está produciendo un curioso fenómeno: quienes recibieron de los españoles la fe, la traen ahora a la Europa secularizada

El fenómeno de la reevangelización de Europa desde Iberoamérica fue profetizado con sorprendente clarividencia por el cardenal Giovanni Battista Montini, futuro Pablo VI, cuando en 1960 realizó un viaje por Iberoamérica. A su regreso a Italia un periodista le preguntó: «Eminencia, ¿cómo ha encontrado eclesialmente Iberoamérica?» Y el futuro pontífice respondió decididamente: «La he encontrado preparándose para evangelizar Europa».

La anécdota fue revelada por un testigo presencial, el obispo español monseñor Cipriano Calderón, quien citó otra anécdota, en esta ocasión de Juan Pablo II, acerca de la contribución que darán en el futuro los católicos del Nuevo Mundo: estando con un grupo de colaboradores, el Papa se preguntó: «¿Quién va a evangelizar Asia? Los evangelizadores de ese inmenso continente no serán probablemente los europeos, que evangelizaron África y América, pero que ahora pertenecen a un continente cada vez más secularizado, donde las vocaciones misioneras casi ni nacen ni se desarrollan; los evangelizadores de Asia –insinuaba Juan Pablo II– tendrán que ser los iberoamericanos».

La realidad en cifras

No se trata sólo de buenas intenciones. Los números dan razón a la intuición de este Papa. Según el Anuario Estadístico de la Iglesia Católica, en 1985, en América Central (incluida la insular) y del Sur había 13 mil 908 estudiantes de filosofía y teología en los seminarios; a finales de 2000 eran 20 mil 486. En 1985, en esos países había 123 mil 900 religiosas profesas; en 2000 había 129 mil 225, con la diferencia de que antes muchas eran europeas, mientras que ahora la inmensa mayoría son vocaciones surgidas entre jóvenes iberoamericanas. En el mismo período el número de sacerdotes diocesanos y religiosos ha pasado de 53 mil 372 a 62 mil 712.

En cualquier caso, los católicos en Iberoamérica siguen siendo los católicos con menos recursos pastorales. En muchos pueblos de Iberoamérica la escasez de sacerdotes hace que sólo puedan celebrar la Eucaristía una vez al mes. En Cuba hay 20 mil 874 bautizados por sacerdote; en Honduras, 14 mil 35; en Nicaragua, diez mil 809. Para comprender la gravedad de los números, basta pensar que en España hay mil 362 católicos por sacerdote, en Irlanda 870, y en Italia mil 17.

Si se compara el porcentaje de católicos por centros pastorales, se puede comprobar que los iberoamericanos son los que menos recursos tienen, incluso menos que los africanos. Con poquísimos sacerdotes y en ocasiones sin ni siquiera suficientes lugares de culto, es comprensible el éxito que en algunos lugares están experimentado la sectas.

Se puede ver, por tanto, que aquí se juega en parte el futuro de la evangelización. Los números demuestran que los católicos iberoamericanos todavía necesitan de la generosidad de los católicos europeos para madurar eclesialmente y poder seguir formando a jóvenes que un día serán evangelizadores de otros continentes.

Desde hace más de cincuenta años, según la Comisión Episcopal de Misiones y Cooperación entre las Iglesias, cerca de dos mil 300 sacerdotes diocesanos españoles vienen realizando su labor misionera en Iberoamérica. El futuro de la evangelización dependerá con toda probabilidad de Iberoamérica, pero el presente de la evangelización de esta tierra sigue dependiendo en parte de la generosidad de los católicos españoles.

EL OBSERVADOR 403-9

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FIN

 
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