El Observador de la Actualidad

EL OBSERVADOR DE LA ACTUALIDAD
Periodismo católico para la familia de hoy
6 de abril de 2003 No.404

SUMARIO

bulletPlegaria por la paz
bulletLa ceguera contra la Verdad que supone una guerra
bulletEL RINCÓN DEL PAPA - La caducidad humana y el devenir del tiempo
bulletCARTAS DEL DIRECTOR - Hacia la sencillez
bulletFAMILIA - Angustia ante la muerte
bulletPINCELADAS - Cuida bien este día
bulletREPORTAJE - El papa Pío XII dio órdenes de salvar a los judíos
bulletLA VOZ DEL PADRE LORING - Todo lo puede, todo lo sabe, todo lo ve
bulletLOS VALORES DE LOS MEXICANOS - El valor del bienestar económico
bullet¡Votemos con responsabilidad!
bulletCULTURA - Evitable discordia: declaración en pro de una ética mundial
bulletINTERNACIONAL - Gracias, gran líder George W. Bush
bulletPICADURA LETRÍSTICA - Lo de Iraq era predecible

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Plegaria por la paz

Al Creador de la naturaleza y del hombre,
de la verdad y de la belleza, suplico:

Escucha mi voz,
pues es la voz de las víctimas de todas las guerras
y de la violencia entre los individuos y las naciones.

Escucha mi voz,
pues es la voz de todos los niños que sufren y sufrirán
cuando los hombres pongan su fe
en las armas y en la guerra.

Escucha mi voz
cuando te ruego que infundas en el corazón
de todos los hombres la sabiduría de la paz,
la fuerza de la justicia y la alegría de la confraternidad.

Escucha mi voz,
pues hablo por las multitudes de todos los países
y de todos los períodos de la historia
que no quieren la guerra y están preparados
a caminar por sendas de paz.

Escucha mi voz
y concédenos discernimiento y fortaleza
para que podamos responder siempre al odio con amor,
a la injusticia con la dedicación total a la justicia,
a la necesidad compartiendo de lo propio,
a la guerra con la paz.

¡Oh, Dios! Escucha mi voz y concede a todo el mundo tu eterna paz.
Amén.

(Del Discurso en el «Peace Memorial Park» de Hiroshima, Japón. Febrero 25, 1981)

EL OBSERVADOR 404-1

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La ceguera contra la Verdad que supone una guerra
Por Miguel Ángel Velasco Puente*


"¡Que la verdad no venga a estropearme una buena noticia!", es una afirmación que suele atribuirse a ciertos responsables del sensacionalismo periodístico, pero en realidad nos cuadra perfectamente a la inmensa mayoría, y no sólo de la profesión periodística. Podría decirse que tal afirmación define al tipo humano más genuinamente representativo de la cultura dominante hoy en el mundo. No puede esperarse otra cosa de una cultura en la que Dios, es decir, la única Verdad, fuente de toda verdad, queda, como mucho, relegado —o eso se pretende— a la intimidad de la conciencia.

Cuando no se reconoce que Dios es Dios

No se puede uno fiar -se dice- de las noticias que dan, en una guerra, uno y otro bando. Antes que la verdad es la propaganda interesada lo que resplandece -más bien, oscurece- en dichas noticias. Esta dinámica, sin duda, resulta especialmente notoria cuando se ha dado ese terrible paso del enfrentamiento armado entre los hombres, pero es exactamente la dinámica del quehacer cotidiano cuando falta esa clave de la vida que es amar la verdad más que a uno mismo. Hoy, desgraciadamente, esa clave quizás falta más que nunca. Es lo que sucede cuando no se reconoce que sólo Dios es Dios. Sencillamente, porque no es posible amar si falta un Tú que me permita, justamente, descubrir la auténtica razón de ser de mi yo.

Puede pensarse que, antes o después, la verdad se impone, y es cierto que la realidad es testaruda, pero la cerrazón del hombre —es decir, el pecado, llamémoslo por su nombre— llega a extremos inauditos, hasta el punto de incapacitarse para reconocerla. Para reconocer la verdad sin sombra de engaño alguno es preciso no estar encerrado en el propio caparazón, es preciso quitarse esas orejeras que la cultura dominante se empeña en ponernos a todos estableciendo como un axioma que sólo existe lo que yo decido que exista y como yo lo decido. Así sucede que, al no reconocer que la Verdad es más grande que yo, me condeno a la mentira permanente de una realidad que ha perdido su significado, precisamente al quedar cercenada, reducida a los límites de mi yo solitario, incapaz ya de reconocer la más mínima verdad. Todos sabemos bien que no hay peor mentira que una verdad a medias... Bueno, sí la hay: una verdad menos, mucho menos, inmensamente menos que a medias, como hoy es el caso.

¿Por qué ni Bush ni Hussein le hicieron caso al Papa?

Es verdad que el régimen de Sadam Hussein en Iraq es perverso. ¿Acaso es menos verdad que perversa es la situación en Palestina, y en otros muchos lugares del mundo? El Papa Juan Pablo II, ya en el mes de octubre pasado, escribía sendas misivas a Sadam Hussein y al Presidente Bush, a quien pedía expresamente que, antes que a Iraq, dirigiera su mirada a pocos kilómetros de distancia, a Tierra Santa. Trabajar por la paz en Palestina, ¿no es facilitar el camino para la paz en todo el Medio Oriente? La respuesta del presidente estadounidense llegó en diciembre: comprensiva hacia la preocupación del Santo Padre por el conflicto israelí-palestino —por cierto, en violencia armada desde hace ya largos y angustiosos años—, pero inflexible respecto a la imperiosa urgencia prioritaria del conflicto —entonces todavía no armado— iraquí. ¿No se pone bien de manifiesto lo que sucede —aun admitiendo buena voluntad— cuando se contempla la realidad sin tener en cuenta la totalidad de los factores? Esta derrota de la humanidad —en palabras de Juan Pablo II—, que es la guerra, está tanto en el daño espantoso del sufrimiento de las víctimas, cuanto —más aún si cabe— en la ceguera que supone respecto a la Verdad.

«No penséis que he venido a traer paz a la tierra. No he venido a traer paz, sino espada; he venido a enfrentar al hombre con su padre, a la hija con su madre, a la nuera con su suegra; y enemigos de cada cual serán los que conviven con él». Estas palabras de Jesús en el evangelio según san Mateo pueden parecer escandalosas. Sin embargo, son el más certero retrato de lo que supone reconocer y acoger la verdad o rechazarla, quitarse las orejeras que no dejan verla, o empecinarse en mantenerlas. El mismo Jesús lo explica a continuación: «El que ama a su padre o a su madre más que a Mí, no es digno de Mí; el que ama a su hijo o a su hija más que a Mí, no es digno de Mí. El que no toma su cruz y me sigue no es digno de Mí».Y concluye: «El que encuentre su vida, la perderá; y el que pierda su vida por Mí, la encontrará». Aquí está la clave de la vida: amar la verdad más que a uno mismo.

El verdadero modelo humano de los santos

Ésta, justamente, fue la sabiduría de los santos, la de Juana María Condesa y Dolores Rodríguez Sopeña, a las que el Santo Padre acaba de beatificar, y la del padre Rubio, Pedro Poveda y las tres grandes mujeres Genoveva Torres, Ángela de la Cruz y Madre Maravillas, que el próximo 4 de mayo serán proclamados santos por el Papa en Madrid. Los santos no son una categoría más o menos rara de seres humanos. Son el verdadero modelo humano. Al no cercenar la Verdad, descubriendo con el estupor de un niño su grandeza, se dejaron abrazar por ella, y ése fue, y es, el secreto de su propia grandeza.

*Director del semanario católico español Alfa y Omega.

EL OBSERVADOR 404-2

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EL RINCÓN DEL PAPA
La caducidad humana y el devenir del tiempo


En audiencia general Juan Pablo II comentó el Salmo 89:
«El orante del salmo 89 pone en el centro de su oración uno de los temas más explorados por la filosofía, más cantados por la poesía, más sentidos por la experiencia de la humanidad de todos los tiempos y de todas las regiones de nuestro planeta: la caducidad humana y el devenir del tiempo.

«Al inicio de su canto, el salmista opone con insistencia la eternidad de Dios al tiempo efímero del hombre. Ésta es su declaración más explícita: 'Mil años en tu presencia son un ayer, que pasó; una vela nocturna'.

«Como consecuencia del pecado original, el hombre vuelve a caer por orden divina en el polvo del que había sido tomado. El Creador, que plasma en toda su belleza y complejidad la creatura humana, es también el que reduce 'el hombre a polvo'. Y 'polvo', en el lenguaje bíblico, es también la expresión simbólica de la muerte, de los infiernos, del silencio sepulcral.

«En esta súplica es intenso el sentimiento del límite humano. Nuestra existencia tiene la fragilidad de la hierba que despunta al alba; enseguida oye el silbido de la hoz que la convierte en un haz de heno. A la frescura de la vida muy pronto le sigue la aridez de la muerte.

«Como sucede con frecuencia en el Antiguo Testamento, a esta debilidad radical el salmista asocia el pecado: en nosotros se da la finitud, y también la culpabilidad. Por este motivo nuestra existencia parece que tiene que vérselas también con la cólera y el juicio del Señor: '¡Cómo nos ha consumido tu cólera y nos ha trastornado tu indignación! Pusiste nuestras culpas ante ti... y todos nuestros días pasaron bajo tu cólera'.

«La vida humana es limitada, 'aunque uno viva setenta años, y el más robusto hasta ochenta', afirma el salmista, y los mismos años se parecen a 'un soplo'. Ésta es la gran lección: el Señor nos enseña a 'contar nuestros días' para que, aceptándolos con sano realismo, 'entre la sabiduría en nuestro corazón'. Pero el salmista pide a Dios algo más: que su gracia sostenga y alegre nuestros días, aun frágiles y marcados por la prueba».

EL OBSERVADOR 404-3

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CARTAS DEL DIRECTOR
Hacia la sencillez

Por Jaime Septién


América Latina es la "gran esperanza" de la Iglesia católica. Quizá por ello el papa Juan Pablo ll la ha visitado 18 ocasiones. Y sigue con absoluto interés todo lo que pasa o deja de pasar en este nuestro suelo. Tras la Asamblea Plenaria de la Comisión Pontificia para América Latina, llevada a cabo la semana pasada, Su Santidad dirigió un discurso duro, directo, sin concesiones a todos los católicos del Continente. De una manera muy breve, voy a tratar de resumir las indicaciones del Papa para enfrentar, juntos, los retos que le impone al Evangelio el nuevo milenio:

1. Hablar, cada vez más, de Jesucristo, en todos los ambientes y bajo todas las circunstancias. Los católicos no debemos olvidar nunca que si hablamos, si actuamos, hablamos y actuamos en nombre de Jesús.

2. Las estructuras de la evangelización son importantes, pero mucho más lo son las personas. Por tanto, hay que hacer todo por evitar la burocratización de la Iglesia, que Jesús nunca la quiso sentada tras un escritorio.

3. Tanto estructuras como organizaciones de la Iglesia en América Latina deben responder al modo de ser de los habitantes de estas tierras, fecundadas por el cristianismo hace cinco siglos; es decir, deben ser sencillas para facilitar el acercamiento con los pobres, la opción preferencial de la Iglesia.

4. No hay que inventar métodos complicados o pastorales tortuosas para llegar a todos los grupos de nuestra sociedad con el mensaje de salvación. La fecundidad del Evangelio, su originalidad, es lo suficientemente atractiva como para lograr la conversión de la gente.

5. La entrega a Jesús debe ser cada día más radical. Por tanto, hemos de apartarnos de lo que no reconozca a Cristo como el único Señor de la Iglesia y del mundo. De nuevo: todo ha de estar fecundado por Cristo; todo ha de confabular para que su santo nombre sea esperanza para la gran masa de desheredados del continente.

6. La expansión de las sectas (lo dijo el Papa en portugués) avanza a un ritmo preocupante, sobre todo entre los más pobres. Es un auténtico desafío para todos los católicos sobre cómo acoger en la Iglesia verdadera a las personas que necesitan ser acogidas, por una valerosa evangelización y una certera catequesis, sobre todo a las personas adultas.

7. Evangelización en profundidad, presencia continua y activa de los pastores, obispos y sacerdotes, con sus feligreses; relación personal de los fieles con Cristo, son algunas de las ideas clave para afrontar de manera resuelta el grave e insidioso problema de las sectas en América Latina.

8. Los jóvenes, las familias y las vocaciones sacerdotales requieren hoy una especial atención. Para favorecer su camino de salvación, hay que hacer de la Iglesia una escuela de comunidad. Una escuela en donde haya plena sintonía y obediencia a las directrices autorizadas por sus pastores.

No hay misterio: la sencillez de la Palabra de Cristo, la sencillez del testimonio del enamorado de Cristo, expresada en la libertad de la obediencia al Magisterio de su Iglesia, son las claves para el triunfo del Evangelio en nuestra América de la esperanza. ¿Queremos un testimonio? El Papa mismo es el testimonio.

EL OBSERVADOR 404-4

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FAMILIA
Angustia ante la muerte
-Carta a hombre acongojado-

Por Yusi Cervantes Leyzaola


Llegó a mi consultorio con una angustia mortal; con la pregunta existencial más trascendente, con aquella que se topa de cara con la muerte. "¿Y si todo aquello en lo que he creído no es cierto? ¿Cómo puedo saber que es verdad que hay otra vida? ¿Y si la muerte es la nada absoluta, si es la absoluta imposibilidad de existir?"

La lógica se desmorona ante realidades tan superiores a nuestra mente. Y esto es parte del problema. Usted se ha guiado toda su vida por la razón. Su fe se fundamenta en la razón. Eso ha sido bueno para usted y le ha permitido ayudar a muchas personas. Pero cuando la razón llega a su límite, se encuentra usted sin herramientas para conocer las realidades divinas.

Sé que salió de mi consultorio sin la respuesta que buscaba. Y yo me quedé con el desazón de no haberle podido ayudar en algo que para mí es transparente, pero que no puedo explicar con razones. No he dejado de pensar en usted desde entonces. Éste es otro intento de explicarle lo que creo, es decir, que hay un punto en que es necesario saltar al vacío, soltar a la razón y abandonarse en manos de Dios.

El ser humano tiene varias herramientas para conocer la realidad, incluida la divina. Una de ellas es la inteligencia. Pero no es la única. La percepción de Dios no nos llega a través de la razón, sino por una revelación, una intuición y una gracia. A través de la razón podemos, eso sí, llegar al convencimiento de que Dios existe. Incluso, ya que tenemos la percepción de Dios, podemos razonarla. Pero la experiencia de Dios es otra cosa. Ni siquiera tenemos palabras que puedan explicarla.

Somos hijos de Dios, nuestro espíritu es su aliento, tenemos su marca desde el momento mismo de existir, por eso lo buscamos permanentemente, por eso esta nostalgia, por eso este anhelo por lo infinito. Es decir, en cierto modo, la angustia que usted experimenta es señal de que lo que teme es falso. La lógica de la creación indica que aquello que los seres buscan sinceramente, eso que responde a su naturaleza, es aquello para lo que fueron creados. Y si usted anhela una vida después de la muerte, es porque así está marcado en su ser, porque sabe, desde ya, que su espíritu no desaparecerá.

Creo que hay una parte en el alma capaz de percibir a Dios, y ésta no tiene nada que ver con la inteligencia ni con los sentidos. Es más, ni siquiera está en la conciencia, aunque lleve hasta ésta su percepción de Dios. Hay algunos caminos privilegiados para tocar lo divino desde la tierra, por ejemplo, el amor, la mística y el arte.

Con frecuencia los grandes artistas —músicos, pintores, poetas...— manifiestan que no son los autores de sus mejores obras, sino que sintieron ser meros instrumentos de algo o alguien más allá de ellos mismos. Pienso que esto es porque estaban en contacto, aun sin saberlo, con una realidad divina. Todo esto no podemos explicarlo con la razón. Como tampoco puede la razón comprender al amor. Es cierto que hay muchos aspectos del amor que hemos logrado entender. Desde diferentes campos de la ciencia hemos tratado de abordar el fenómeno del amor. Pero siempre hay algo que se nos escapa, que no podemos medir ni pronosticar, que no tiene explicación a partir de los impulsos neurológicos o los mecanismos del inconsciente. Por ejemplo, ese perdonar al amado, contra todo sentido común.

Y entre los grandes amores, tenemos el testimonio profundo, sentido, de los místicos. La fe se convierte en ellos una llama en el corazón, más allá de cualquier razonamiento. Quienes han llegado a esos puntos elevados del espíritu anhelan la muerte para por fin poder ver al amado, pero viven con plenitud cada día, en el gozo que les da cumplir su misión. Cuando se ha tenido una experiencia de la presencia de Dios, no importa qué tan graves hayan sido después los problemas, depresiones o enfermedades, o qué tan áridos hayan sido los tiempos de sequedad, o cuántos errores se hayan cometido; no es posible dudar del amor de Dios, no es posible olvidar el impacto de su mirada.

Con todo esto solamente quiero hacer hincapié en que la razón y la percepción sensorial son solamente una parte de nuestro ser. La certeza de que existimos más allá de la muerte nos la da otra parte del alma, esa que está en contacto directo con Dios en el fondo del ser, donde somos templos del Espíritu Santo.

Una dificultad que encontramos para comprender el mensaje cristiano, explica el teólogo Peter Knauer, S.J., es nuestra manera habitual de pensar: "tenemos un cuadro, nuestro pensamiento. Y todo lo que viene pensamos que hay que encuadrarlo ahí… Cuando en realidad el mensaje cristiano no puede ser encerrado".

No podemos encuadrar la realidad divina en nuestra mente: nos rebasa infinitamente. Pero lo que no podemos comprender por la razón lo sabemos por el amor. Si nos sabemos amados por Dios, entonces sabemos que son ciertas sus promesas y que Él nos espera más allá de la muerte.

La clave es saberse amado por Dios. Es como el niño a quien su padre lleva por primera vez a la escuela. No hay razonamiento posible que le explique que su padre vendrá por él a la salida; pero el niño sabe que su padre estará ahí, porque lo ama. Por eso sé que, aunque yo no lo entienda, y aunque no tenga la más remota idea de cómo es eso, y aunque tengo miedo y me siento abrumada por esa inmensidad desconocida, sé que Dios me espera al final del camino. No encuentro el modo de transmitirle esta certeza. No hay modo de convencerlo si usted quiere ser convencido por la razón. Se trata de confiar. Le pido a Dios que le ayude a ser como un niño que espera a su Padre, porque de los niños es el Reino de los Cielos.

EL OBSERVADOR 404-5

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PINCELADAS
Cuida bien este día

Por Justo López Melús *


Has escrito ya muchas páginas en tu libro, dice Tagore. Unas alegres y claras, otras tristes y oscuras. Pero aún queda una página en blanco, la que has de escribir en este día. Piensa y procura que ésta sea la página más bella. Cada mañana, al despertar, recuerda que aún has de llenar la mejor de tus páginas, la que quieres dejar en el libro que estás escribiendo con tu vida. Piensa que siempre te falta por escribir la página más bella.

«Cuida bien este día», se lee en un libro sánscrito. En su transcurso se encierran todas las posibilidades de tu existencia. El día de ayer no es sino un sueño, y el mañana es sólo una visión. Pero un hoy bien empleado hace de cada ayer un sueño de felicidad, y de cada mañana una visión de esperanza. ¡Cuida bien este día!

* Operario Diocesano en San José de Gracia en Querétaro.

EL OBSERVADOR 404-6

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REPORTAJE
El papa Pío XII dio órdenes de salvar a los judíos


Los detractores de Pío XII no se cansan de acusarlo por el supuesto "silencio" y hasta "complicidad" de su pontificado ante la persecución nazi contra los judíos. Una profesora de Historia del Holocausto, en el Barnard College de Nueva York, Susan Zuccotti, afirma en su último libro El Vaticano y el Holocausto en Italia que «Pío XII nunca usó los términos 'judío' o 'raza'. El Papa expresó a menudo en términos generales su dolor por el sufrimiento de los civiles inocentes, pero sin aludir explícitamente a los judíos».

Sin embargo dos nuevos documentos prueban definitivamente los arriesgados esfuerzos papales a favor de los perseguidos.

El periodista Antonio Gaspari, de la revista Inside the Vatican, encontró los documentos en cuestión. Pero antes de que se descubrieran, muchos intelectuales sostenían que los actos de sacerdotes, religiosas y laicos católicos a favor de los judíos durante la Segunda Guerra Mundial eran meras iniciativas personales, desligadas del Papa. Sin embargo, los nuevos documentos prueban que el Papa dio órdenes directas para ayudar a los judíos.

Las pruebas

Giovanni Palatucci es un héroe de la policía italiana. Murió a los 35 años en el campo de concentración de Dachau, en febrero de 1945, tras cuatro meses de torturas por haber salvado la vida de cinco mil judíos. Era responsable de la oficina de extranjeros de la comisaría de Fiume, y su deber era proporcionar datos para detener y deportar a los judíos; pero, en lugar de eso, les proporcionaba documentos de viaje para que pudieran huir. Entonces fue acusado de alta traición y detenido por la Gestapo en septiembre de 1944. Le cambiaron la pena de muerte por prisión en Dachau. Según los historiadores, Palatucci coordinó su labor con su tío, monseñor Giuseppe Maria Palatucci, obispo de Campagna, un pequeño pueblo en Salerno al sur de Italia, donde se ubicó el mayor campo de concentración del sur de aquel país.

Los nuevos documentos muestran que no sólo hubo coordinación entre Palatucci y su tío, sino entre su tío y el Vaticano.

Se trata de la carta Nº 28436, enviada por el Vaticano al obispo Palatucci el 2 de octubre de 1940, notificándole que el papa Pío XII donó la suma de tres mil liras, e hizo redactar una carta, firmada por el cardenal Maglione, secretario de Estado de Pío XII, que dice textualmente: «Esta suma debe usarse para ayudar a los que sufren por razón de raza, y comunica la bendición apostólica, que con todo el corazón imparte a Su Excelencia y al rebaño confiado al cuidado pastoral». En la Italia de esos años la expresión a chi soffre per ragioni di razza (los que sufren por razón de raza) sólo podía hacer alusión a los judíos.

En una segunda carta, la Nº 31514, el futuro Pablo VI, Giovanni Battista Montini, entonces funcionario de la Secretaría de Estado, notificó a monseñor Palatucci que el Papa le enviaba la suma de diez mil liras —la cantidad era considerable en esa época— «para distribuirla en ayuda a los judíos internados». Y es que Giovanni no siempre conseguía la emigración de todos los judíos, y en ese caso los enviaba al campo de concentración de Campagna, confiándolos a la protección de su tío, el obispo del lugar.

La condena del nazismo

Por otro lado, la Santa Sede condenó públicamente el nazismo. Una de las pruebas más evidentes es la inclusión en el famoso Índice de libros prohibidos del Vaticano de la obra El mito del siglo XX, de Alfred Rosenberg, el ideólogo del partido nazi.

Pero lo más significativo es que el papa Pío XI aprobó la resolución el 9 de febrero de 1934, es decir, exactamente dos semanas después de que Hitler nombrara a Rosenberg jefe ideológico del partido nazi. El cardenal Eugenio Pacelli, futuro Pío XII, era entonces secretario de Estado del Vaticano.

La agencia católica Zenit encontró recientemente el documento original en latín en el que el Santo Oficio aclaraba los motivos por los que incluía al libro de Rosenberg en el Índice: «Este libro desprecia y rechaza completamente todos los dogmas de la Iglesia católica, e incluso los mismos fundamentos de la religión cristiana —explica el documento—. Defiende la necesidad de fundar una nueva religión y una nueva Iglesia alemana. Enuncia el principio, según el cual, hoy es necesario que haya una nueva fe mítica de la sangre, una fe en la que se cree que la naturaleza divina del hombre puede ser defendida a través de la sangre, una fe apoyada por una ciencia que establece que la sangre nórdica representa ese misterio que supera y que se sustituye a los antiguos sacramentos».

El mensaje de Navidad

El alemán Francois de Beaulieu, actualmente pastor protestante en Francia, ha revelado al semanario francés Reforme su aventura, cuando era sargento radiotelegrafista en 1942, en Berlín. Fue sorprendido a la salida del cuartel con un documento top secret en el bolsillo, que habría debido destruir, en lugar de conservar y difundir. El documento era la traducción al alemán del radiomensaje de Pío XII para la Navidad de 1942. El sargento fue arrestado y enviado a juicio.

Sin embargo, Beaulieu, antes de su detención, había logrado copiar el mensaje y difundirlo, suscitando entre sus amigos una gran conmoción. En el mensaje Pío XII hablaba de exterminio de inocentes en razón de su nacionalidad o su raza.

El radiotelegrafista se salvó de la pena de muerte, pero se le condenó a prisión por difundir un «documento subversivo y desmoralizador».

Beaulieu explica que Pío XII no mantuvo silencios absolutos porque en su mensaje de Navidad habla claro, aunque tal mensaje llegó a Berlín sólo en pocas copias clandestinas.

«El Papa no podía hacer mucho mas —escribe el anciano—. Habría debido quemarse ante el Vaticano para despertar las conciencias del mundo entero... ¿De qué hubiera servido si el Papa se hubiera quemado ante el Vaticano? Hacía falta que todos los sacerdotes y todos los pastores protestantes en Alemania se sublevaran. ¿Por qué pensar que el Papa solo habría tenido el poder de detener a Hitler cuando sacerdotes y pastores, obispos y arzobispos, y, en la práctica, todos los cristianos, no lo hicieron?».

(Fuentes: AICA y ZENIT)

EL OBSERVADOR 404-7

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LA VOZ DEL PADRE LORING
Todo lo puede, todo lo sabe, todo lo ve


Dios tiene todas las perfecciones posibles en grado infinito, y no puede tener ningún defecto. Si no, no sería Dios.

El hombre puede hacer grandes cosas, pero el hombre no puede hacer el sol ni el universo. Dios sí. Nada es imposible para Dios. Todo aquello que puede ser hecho, lo puede Dios. Dios puede hacer todo lo que no es contradictorio . Pero lo que no puede ser hecho, lo absurdo, lo contradictorio, es imposible que nadie lo haga, ni siquiera Dios: por ejemplo un círculo cuadrado. Un círculo no puede ser cuadrado porque dejaría de ser círculo. Por eso un círculo cuadrado es un absurdo; y Dios no hace absurdos.

Dios conoce todos los secretos de la naturaleza, y todos los acontecimientos de la historia, tanto los pasados como los venideros. Para Dios todo es presente. Para Dios no hay tiempo. Dios también conoce todos tus pecados, no sólo los de obra, sino también los de deseo y pensamiento. Pero Dios también conoce perfectamente —y te lo recordará el día del premio— todas tus buenas obras y hasta tus buenos deseos . Un muchacho, que salió triunfante ante una ocasión de pecar, decía que el pensamiento que le había salvado era éste: «Qué diría mi madre si se enterara. Pues Dios no sólo se entera, sino que te está viendo. ¿No te da vergüenza?».

Dios no es vengativo, perdona siempre a quien le pide perdón. Pero como también es infinitamente justo, no puede perdonar a quien no le pide perdón. Sería una monstruosidad impropia de la justicia de Dios. Jesús habló de «la blasfemia contra el Espíritu Santo» como de un pecado imperdonable porque es un rechazo obstinado a convertirse al amor misericordioso de Dios. Es no querer arrepentirse. Y Dios no puede perdonar al que no quiere arrepentirse

Fuente: http://www.spiritusmedia.org

EL OBSERVADOR 404-8

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LOS VALORES DE LOS MEXICANOS
El valor del bienestar económico

Por Antonio Maza Pereda / amaza@att.net.mx


Continuando con los valores de los mexicanos en el ámbito familiar, el segundo lugar en estos valores lo ocupa el bienestar económico, el progreso económico.

Esto se ve de muchos modos. Por ejemplo, al hablar de ganar dinero, el motivo más frecuentemente mencionado por las encuestas es poder mejorar el nivel de bienestar para la familia. Este bienestar, se sobreentiende, es económico. No se piensa en un bienestar psicológico, social ni mucho menos espiritual. Al restringir el concepto de bienestar a lo físico y lo económico, sin duda se empobrece el concepto.

Podría alguno decir: "Es que eso no es un valor, eso es materialismo". Efectivamente, podría verse así, pero es muy difícil pensar que el bienestar económico y, dicho más crudamente, el dinero, no sean valores. La lógica nos dice que no son ni buenos ni malos, pero si son preferidos sobre otros bienes, ahí sí puede haber bondad o maldad. El punto está más bien en si este valor lo ubicamos en el lugar correcto. Pero, por supuesto, en la familia se debe buscar la prosperidad, el bienestar, el desahogo económico. Esto no solo es lícito; es muy bueno. Lo que podría discutirse es: cuál es el lugar adecuado de este valor en esta jerarquía.

En este caso, es sumamente preocupante que el bienestar material y el progreso económico estén, en la jerarquía de valores de los mexicanos, por encima de los valores de solidaridad, amor y seguridad que, según las investigaciones en que he participado, ocupan los siguientes lugares.

Pero aún más preocupante es que, de acuerdo con expertos en este tema, el bienestar económico sigue creciendo en importancia en la jerarquía de los valores de los mexicanos mientras que el valor de la unidad pierde importancia; a la larga, una década o tal vez menos, el dinero será más importante que el valor de unidad en la familia.

Dos aspectos importantes. El primero: esto ya está ocurriendo en muchas familias. Muchos dejan solos al cónyuge y los hijos (y a veces a los hijos en manos de familiares, porque la pareja sale del hogar) para buscar dinero. La migración externa e interna, el trabajo fuera de la localidad, generalmente tienen una lógica: "Sí, no nos veremos por mucho tiempo, pero es para mejorar, así tendremos más dinero".

Y esto ocurre probablemente en todas las clases sociales, no sólo entre los campesinos empobrecidos; también entre profesionales con buen ingreso se da esta opción del bienestar por encima de la unidad. Y no se diga con respecto a otros valores. La solidaridad entre miembros de la familia se da siempre, pero mucho menos en los aspectos que signifiquen desembolso. Hasta en el amor. ¡Cuántas familias viven una unidad formal, pero hay grandes divisiones internas por asuntos de dinero, por inequidades o injusticias reales o imaginadas en los repartos de bienes o de herencias!

El segundo aspecto: podríamos caer en un prejuicio si pensáramos que esto ocurre sólo porque el dinero es escaso y, por lo tanto, sólo en las familias con privaciones económicas, se le daría importancia a este valor precisamente por su carencia. No es así; hay consenso en que existe una relación directa: a mejor situación económica, más valor se da al bienestar económico y más fácilmente se sacrificarían otros valores por razones económicas. En grupos focales con personas de diversos niveles económicos, consistentemente los grupos más solventes le daban mayor jerarquía al dinero que a los demás valores. Claro, como en todo, hay muy meritorias y claras excepciones, pero no dejan de ser eso, excepciones.

¿Qué hacer? ¿Despreciar el dinero y despreocuparnos del bienestar de la familia, para dedicar más tiempo o atención a otros valores? No, por supuesto. Como en muchas cosas de esta vida, el equilibrio es fundamental. Y eso es lo que hay que buscar; una armonía de los valores, un equilibrio entre ellos que permitan vivir una vida plenamente, integralmente humana.

EL OBSERVADOR 404-9

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Mensaje de los obispos al pueblo de México (extracto)
¡Votemos con responsabilidad!


Acercándose el 6 de julio, fecha en que se llevarán a cabo elecciones federales, estatales y municipales, los obispos de México sentimos la obligación de recordar al pueblo el deber de todos los ciudadanos de participar en forma libre y responsable en la elección de legisladores y gobernantes.

El voto es un medio para manifestar nuestra aprobación o desaprobación a los candidatos, a los partidos políticos, a los programas que ofrecen y a su desempeño como gobernantes. Es por eso que el voto debe ser razonado, personal, libre y secreto.

En las elecciones presidenciales del 2000 una mayoría del pueblo de México votó por un cambio hacia un sistema de gobierno democrático. Los cambios esperados y anhelados lamentablemente no han podido conseguirse con la rapidez y eficacia deseadas, tanto por razones externas, como es la situación internacional actual, como internas, especialmente por la falta de consensos y acuerdos entre los actores políticos y las fracciones parlamentarias en el Congreso. Esos cambios, por otra parte, en los procesos de una transición democrática, no pueden darse en un lapso de tiempo tan corto; debemos, por lo demás, reconocer que el cambio empieza a darse en nuestra sociedad y podemos advertir ya algunos signos, como son: mayor respeto a la libertad de expresión; una más clara separación e independencia de los tres poderes ejecutivo, legislativo y judicial; mayor transparencia en la información; voluntad política para combatir la impunidad y la corrupción; estabilidad en los índices macroeconómicos y otros más que se podrían mencionar.

Este sentimiento de frustración e impotencia para conseguir una transformación rápida de la situación social, económica y política en nuestra nación trae consigo el riesgo de que el ciudadano se desaliente y pierda el interés de contribuir con su voto a la consolidación de la democracia. El abstencionismo representaría un paso atrás en el proceso democrático de México. No debemos dar cabida a la apatía cívica. Queremos, por ello, recordar la enseñanza del concilio Vaticano II de que "los fieles laicos de ningún modo pueden abdicar de la participación en la política".

México, D. F. a 25 de marzo del 2003

+ Luis Morales Reyes, presidente de la CEM
+ Abelardo Alvarado Alcántara, secretario general de la CEM

EL OBSERVADOR 404-10

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CULTURA
Evitable discordia: declaración en pro de una ética mundial

Por Carlos Díaz


En una sociedad pluralista y multicultural como la de hoy se trata de buscar al menos un acuerdo máximo en los mínimos y al menos un acuerdo mínimo en los máximos, toda vez que la moral racional de mínimos resulta común a todos los humanos, sin por ello rechazar los máximos que viven las religiones más minoritariamente en sus iglesias, en la medida en que no se opongan a dichos mínimos éticos dialógicos. Se intenta, pues, sumar y no restar, detectar cuáles son nuestros valores comunes, compartidos por creyentes y no creyentes, para construir una ética cívica donde se superen intolerancias recíprocas, aunque la experiencia cotidiana nos vaya enseñando que la honradez, la bondad, la responsabilidad, etc, no son patrimonio exclusivo de nadie; más aún, la misma experiencia nos enseña que a veces quienes tienen otras creencias religiosas o ni siquiera las tienen nos dan lecciones de rectitud, compromiso ético, defensa de los valores humanos, etc. El pluralismo ha devenido tan inevitable, que ni siquiera en el interior de las iglesias existe monismo; tan es así, que a veces el entendimiento parece más fácil en ciertos aspectos con los situados fuera de la propia Iglesia, que con quienes están dentro.

Ahora bien, sociedad pluralista no quiere decir que no haya entre los ciudadanos nada en común, como si todo se resolviese en meras preferencias individuales, sino todo lo contrario: precisamente el pluralismo es posible en una sociedad cuando sus miembros, a pesar de sus ideales distintos, demuestran tener en común unos mínimos morales que les parecen innegociables y a los que han ido llegando libremente y no por imposición, mínimos morales desde los que es posible construir juntos una sociedad más justa. En la ciudad pluralista los valores compartidos son: el valor intocable de cada persona humana, su dignidad, los derechos humanos, la libertad, la igualdad, la solidaridad. Y aunque en la práctica ocurra que todo eso sea continuamente violado y conculcado, ello no nos exime de la obligación de seguir trabajando en su favor, siquiera sea a través de la crítica de lo que hay.

Las grandes religiones de la humanidad han manifestado también su reconocimiento -por razones intersubjetivas- de un mínimo moral común a toda la humanidad, compuesta por creyentes y por no creyentes, en su Declaración en pro de una ética mundial (Chicago, 1993), con la idea de lograr paulatinamente intereses más concretos. De momento la declaración se articula en principios todavía muy generales, el central de los cuales consistiría en una exigencia ética universalmente aceptada («todo ser humano ha de ser tratado humanamente porque posee una dignidad inviolable») y el siguiente en una regla ética común a las distintas tradiciones religiosas, la regla de oro («no hagas a nadie lo que no quieras que te hagan a ti»). El seguimiento de estas dos reglas conllevaría una transformación marcada por cuatro directrices presentes también en todas las religiones:

a) La no-violencia y el respeto a la vida («¡no matarás!»).
b) La solidaridad y la búsqueda de un orden económico justo («¡no hurtarás!»).
c) La tolerancia y el compromiso por una vida vivida con veracidad («¡no mentirás!»).
d) La igualdad de derechos y la hermandad entre varón y mujer («¡no prostituirás ni te prostituirás!»).

EL OBSERVADOR 404-11

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INTERNACIONAL
Gracias, gran líder George W. Bush

Por Paulo Coehlo


Gracias por mostrarnos a todos el peligro que Saddam Hussein representa. Tal vez muchos de nosotros hubiéramos olvidado que él utilizó armas químicas contra su pueblo, contra los kurdos, contra los iraníes... Hussein es un dictador sanguinario, una de las más claras expresiones del mal de hoy en día.

Sin embargo, ésta no es la única razón por la cual le estoy agradecido. En los dos primeros meses del año 2003 usted ha sido capaz de mostrar muchas cosas importantes al mundo, y por eso merece mi gratitud. Así es que quiero decirle: gracias.

Gracias por mostrar a todos que el pueblo turco y su Parlamento no están en venta ni por 26 mil millones de dólares.

Gracias por revelar al mundo el gigantesco abismo que existe entre la decisión de los gobernantes y los deseos del pueblo. Por dejar claro que tanto José María Aznar como Tony Blair no conceden la mínima importancia ni tienen ningún respeto por los votos que recibieron. Aznar es capaz de ignorar que el 90% de los españoles están contra la guerra, y Blair no se inmuta con la mayor manifestación pública realizada en Inglaterra en los últimos 30 años.

Gracias porque su perseverancia forzó a Tony Blair a ir al Parlamento inglés con un dossier falsificado, escrito por un estudiante diez años atrás, y presentarlo como «pruebas contundentes recogidas por el servicio secreto británico».

Gracias por lograr que Collin Powell se pusiera en ridículo al mostrar al Consejo de Seguridad de la ONU algunas fotografías que, una semana más tarde, fueron públicamente impugnadas por Hans Blix, el inspector responsable del desarme de Iraq.

Gracias porque su posición hizo que el ministro de Relaciones Exteriores de Francia, el Sr. Dominique de Villepin, en su discurso contra la guerra, tuviese el honor de ser aplaudido en el plenario. Honor que, por lo que sé, sólo había sucedido una vez en la historia de la ONU en ocasión de un discurso de Nelson Mandela.

Gracias porque, a causa de sus esfuerzos por la guerra, es la primera vez que las naciones árabes —generalmente divididas—, han condenado unánimemente una invasión, durante la reunión celebrada en El Cairo la última semana de febrero.

Gracias porque su retórica, afirmando que «la ONU tiene una oportunidad de mostrar su relevancia», logró que hasta los países más reacios terminaran tomando una posición en contra del ataque a Iraq.

Gracias porque su política exterior ha hecho declarar al ministro de Relaciones Exteriores de Inglaterra, Jack Straw, en pleno siglo XXI, que «una guerra puede tener justificaciones morales», y con esa declaración perder toda su credibilidad.

Gracias por intentar dividir una Europa que lucha por su unificación; es una señal de alerta que no será ignorada.

Gracias por haber conseguido lo que pocos han conseguido en este siglo: unir a millones de personas en todos los continentes luchando por la misma idea —aun cuando esta idea sea opuesta a la suya.

Gracias por hacernos sentir nuevamente que, aunque nuestras palabras no sean oídas, por lo menos son pronunciadas, y esto nos dará más fuerza en el futuro.

Gracias por ignorarnos, por marginar a todos aquellos que tomaron una actitud contra su decisión, pues el futuro de la Tierra es de los excluidos.

Gracias porque, sin usted, no habríamos conocido nuestra capacidad de movilización. Quizá no sirva para nada en el presente, pero seguramente será útil más adelante.

Ahora que los tambores de guerra parecen sonar de manera irreversible, quiero hacer mías las palabras que un antiguo rey europeo dirigió a un invasor: «Que su mañana sea hermosa, que el sol brille en las armaduras de sus soldados - porque durante la tarde yo le derrotaré».

Gracias por permitirnos a todos, un ejército de anónimos que se manifiestan por las calles intentando parar un proceso ya en marcha, conocer la sensación de impotencia, aprender a lidiar con ella y transformarla.

...Por lo tanto, aproveche su mañana y la gloria que ella aún pueda traerle. Gracias porque no nos escuchó y por no tomarnos en serio. Pero sepa que nosotros le escuchamos y no olvidaremos sus palabras. Gracias, gran líder George W. Bush. Muchas gracias.

(Fuente: http://www.yoinfluyo.com/home.shtml  )

EL OBSERVADOR 404-12

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PICADURA LETRÍSTICA
Lo de Iraq era predecible

Por J. Jesús García y García / jjgar2003@yahoo.com.mx


Hijo de tigre, pintito. / De tal palo tal astilla.
REFRANES POPULARES

Sí lo era, en más de un sentido, pero me referiré centralmente a éste: se piensa que muchos hijos siguen la conducta de los padres, no por razones de herencia genética, claro está, sino por emulación. ¿George Bush hijo, igual al padre? ¡Recontra!

Veamos si usted encuentra similitudes entre lo que ahora pasa en Iraq, de lo que es responsable el hijo, con lo que pasó a finales de 1989, de lo que fue protagonista el padre: tras declarar que "había agotado todas las posibilidades de un arreglo pacífico", el presidente Bush de entonces logró el apoyo de los líderes del Congreso y el beneplácito de la Gran Bretaña para invadir a Panamá con el objeto de "reinstaurar la democracia" en el país del canal interocéanico; aplastó al gobierno del general Manuel Antonio Noriega y a toda la resistencia organizada, y desató una intensa cacería para capturar al gobernante en desgracia. Media humanidad o más consideró tal intervención como un grave retroceso en la historia, pues el uso encaprichado —y además ventajosísimo— de la fuerza en contra de la soberanía de un país contradice flagrantemente los principios jurídicos que se supone rigen modernamente las conductas internacionales. La Carta de la Organización de las Naciones Unidas fue mandada muy lejos (esta organización iba tomando un parecido —que hoy ya es completo— con cierta famosa carabina).

Transcribo una opinión vertida en ese diciembre de 1989 por un recalcitrante izquierdista —Gastón García Cantú— con quien, en tal caso, sólo se podía estar de acuerdo: "La invasión a Panamá es un acto criminal [...] De permitirse la agresión contra Panamá, el destino de nuestros pueblos lo habrán sellado los Estados Unidos. El gobierno de Bush no tiene facultad alguna, en el orden jurídico, para lanzar a su ejército y asesinar a civiles y soldados que defienden a su patria, con el pretexto de capturar a un jefe de Estado. Sea quien fuere el general Noriega, Panamá no es parte de la jurisdicción política del Estado de la Unión Americana y nadie, en sano juicio, podrá admitir la validez de los argumentos del gobierno de los Estados Unidos para explicar su asalto nocturno contra una nación indefensa".

Hace menos de quince días tuvimos noticia de que, en un pronunciamiento insólito, en la Cámara de Senadores el Partido Acción Nacional llamó "ilegítimo, déspota y autócrata" al presidente estadounidense de hoy, George W. Bush, a quien exigió ordenar la inmediata salida de las tropas invasoras de Iraq. "Bien poco —agregó el declarante, Federico Ling Altamirano— es lo que se podía esperar de un gobierno presidido por alguien con tan escasa legitimidad como Bush". Y recordó que el actual mandatario estadounidense no fue electo por los ciudadanos, sino por la Suprema Corte "para salir de un agujero legal". Por tanto, "poca legitimidad se podía esperar de las acciones de un presidente nombrado en esas circunstancias. Y menos se podía esperar cuando observamos que ha estado rodeado por los más feroces halcones y perros de la guerra del Pentágono y de los abusivos militares de Estados Unidos [...] Poco se puede esperar de alguien que tiene la filosofía de que Dios no es imparcial en esta guerra [...] Y Osama Bin Laden le pudo responder: '¡Alá tampoco!', haciendo verdaderamente dramático, ridículo, pensar que las dos grandes religiones monoteístas de la Tierra se enfrenten en una guerra porque ninguno de sus dioses únicos es imparcial". El legislador panista afirma que hasta ahora no se ha desmentido que el objetivo de esta guerra contra Iraq es el petróleo, pero hay otra posible explicación: el país grandulón (que debe desarmarse, ¿eh?) simplemente se está vengando, en Saddam Hussein, de lo que Osama Bin Laden hizo a Nueva York el 11 de septiembre de 2001.

Muchos hombres —yo creo que los más sensatos— mantienen la idea de que la guerra es un acto de suyo ilícito, y que sólo debe ser autorizada en ciertas y limitadas circunstancias (esto nos da una división sencilla: hay guerras justas y guerras injustas; las llamadas preventivas son injustas por definición). Este principio de algún modo fue reafirmado en la Carta de las Naciones Unidas en 1945. Los estados miembros se obligaron a resolver sus conflictos por medios pacíficos. Les quedó prohibido el uso de la fuerza, y la guerra siguió siendo considerada como un acto ilegal. La única entidad que puede hacer la guerra son las propias Naciones Unidas. Hacer lo contrario es caer en el primitivismo de hacerse justicia por propia mano. Bajo un disfraz de civilización, los Estados Unidos son un país primitivo (y lo son, también, sus principales aliados: Inglaterra y —qué pena— España). "La guerra es la salida cobarde a los problemas de la paz", decía Thomas Mann.

EL OBSERVADOR 404-13

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FIN

 
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