El Observador de la Actualidad

EL OBSERVADOR DE LA ACTUALIDAD
Periodismo católico para la familia de hoy
13 de abril de 2003 No.405

SUMARIO

bulletCARTAS DEL DIRECTOR - Televisión y engaño en Iraq
bulletEl ciclo inútil de la guerra
bulletAUTOR INVITADO - Votar con la cabeza
bulletEL RINCÓN DEL PAPA - Dios está cerca, aunque guarde silencio
bulletDILEMAS ÉTICOS - "Yo os digo que si estos callan, gritarán las piedras" (Evangelio según san Juan)
bulletFAMILIA - Vivir como persona que se sabe amada
bulletPINCELADAS - Diógenes y las lentejas
bulletMensaje de Juan Pablo II para la XVIII Jornada Mundial de la Juventud
bulletJÓVENES - Él te vio
bulletCULTURA- Del querer al hacer
bulletVIENTOS DE HOLANDA - Ante la guerra de Iraq
bulletPANTALLA CHICA - ¿Quién está con Dios?
bulletTIEMPOS DEL MUNDO - Un crimen de estado llamado condón (I)
bulletTESTIMONIO - Passion, las últimas horas de la vida de Jesús

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CARTAS DEL DIRECTOR
Televisión y engaño en Iraq
Por Jaime Septién


La guerra de Bush ha sido la guerra más documentada desde el punto de vista del periodismo. Cerca de 500 periodistas fueron "empotrados" en unidades militares de avanzada, mientras mil 500 periodistas más anduvieron rondando en diferentes puntos de la geografía del Medio Oriente.

Este acontecimiento inusitado no quiere decir que sea la cobertura más veraz que haya habido de un conflicto bélico. Ni por asomo. Ya se sabe que la primera víctima de una conflagración de este tipo es la verdad. Sin embargo, ha sido imposible para el Pentágono evitar la filtración de imágenes y reportes que han arañado la verdad.

La imagen, tanto como la independencia o la ética periodística, tienen una dimensión iconoclasta. Por más robusto que sea un imperio, por más desarrollada que tenga su capacidad de control, siempre habrá un elemento de imagen, de contenido, que lo desnude. Desde el "Guernica" de Picasso hasta el fondo de las informaciones en vivo de Nick Robertson en CNN, las imágenes quedan en la retina de la gente que se olvida de la retórica y se aferra a su condición de visionario de la realidad real.

Este es el quid de la cuestión: los receptores de todo el planeta sabemos que hemos sido engañados. Así se nos ha educado por la televisión y la publicidad. Algunos hemos habilitado aparatos paralelos de interpretación de las secuencias informativas. Otros, bien pocos, no. Y eso trae como consecuencia una sociedad que se vuelca a la televisión no para ver a la corresponsal o al enviado diciendo cosas, sino para tratar de descifrar el fondo de la imagen, justo donde se ve un ciudadano apesadumbrado frente a un bote de basura, comiendo desperdicios, o donde una aldea inerme arde en llamas.

En la estrategia de desenmascaramiento, como en todas las estrategias, a unos les va mejor que a otros. Unos atinan, otros no. Pero todos estamos ya equipados para montar nuestra propia versión de los hechos. El montaje de teología, encabalgado a la tecnología de destrucción, las constantes invocaciones de Bush y Hussein a Dios o Alá, no penetran nuestras conciencias.

Los eslóganes han terminado por saturar al receptor que, al menos en esta guerra, ha sabido discernir con claridad que ahí lo que hay es una mezcla de intereses petroleros, hegemónicos (del dólar) y mezquinos de Estados Unidos, y una terquedad brutal de un sátrapa (auspiciado por Estados Unidos en su primera etapa) que se aferró al poder sin importar, para nada, su pueblo.

Si bien es cierto que Estados Unidos utilizó una estrategia de choque en contra de la crítica o la mera suposición de la crítica o de la información pasada al enemigo a través de las pantallas o los periódicos de la Unión Americana, también lo es que lograron el efecto contrario: la guerra más documentada de la historia ha acarreado el repudio más generalizado de la historia.

Basta ver la reacción de los niños, habituales de la tecnología de la imagen. Se han sacudido la modorra y le han entrado con más intensidad que nunca a la rebelión y la protesta. No movidos por sus mayores, sino porque han tenido acceso en directo a los horrores de la guerra, sin entender, para nada, la retorcida palabrería del Pentágono. Conclusión: han reforzado dos cosas: su opción por la paz y la decepción de los Estados Unidos de América. A mi juicio, Bush no tiene idea de lo que ha hecho contra su país.

EL OBSERVADOR 405-1

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El ciclo inútil de la guerra
Por Mayela Fernández de Vera


No hay guerras cortas. La sangre de los inocentes se filtra en los mantos freáticos del subsuelo y luego brota en los manantiales, dando de beber a los niños que llenan sus venas de rencor. Los trigos regados se tiñen de rojo y dan de comer a los corazones tristes y sin esperanza, donde el espíritu no crece más y el hombre se acaba. Los muertos viven en el dolor de los vivos y los vivos mueren de dolor por los muertos. Con nada se borra la guerra, es como el abismo del mar: profunda y nadie sabe hasta donde llega.

Absurdo es que las vidas se trunquen así, nada justifica la forma cruel y abrupta en que sus latidos cesan. ¿Quién puede consolarse con una explicación ? ¿A quién le importan los honores fúnebres del hombre que se desechó como una cosa? ¿Quién le devuelve a la madre el beso de su hijo? ¿Quién a un hijo el de su madre?

EL OBSERVADOR 405-2

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AUTOR INVITADO
Votar con la cabeza

No debes tomar en cuenta tus preferencias, sino el bien de la nación
Por Jean Meyer


Mi abuelo materno solía decirme, cuando yo tenía apenas diez años, que el derecho de votar era el deber de votar; no quería que fuese obligatoria esa forma suprema de participación política; conocía demasiado bien el sentido blasfematorio y la burla sangrienta que representaba el 99.9% de participación electoral, y el 99.8% de sufragios obtenidos por la lista única del totalitarismo; había vivido cerca de cinco años bajo la bota nazi, en su Alsacia natal, provincia francesa violentamente anexada por Hitler. Por lo mismo ponía encima de todo la democracia política.

Él consideraba la posibilidad de votar como un privilegio, privilegio otorgado a todos, privilegio que hace de nosotros unos ciudadanos, es decir, habitantes de la ciudad de los hombres, gozando de un hermoso derecho: el de escoger a nuestros representantes en las diversas instancias —municipal, regional, nacional, estatal y federal—; y también de escoger a los que gobiernan, desde la alcaldía hasta la presidencia. Ese privilegio obedece a múltiples y antiguas prácticas y tradiciones que terminaron formando, a lo largo de los dos últimos siglos, lo que llamamos la democracia representativa, la cual descansa en la soberanía del pueblo (todos nosotros), un pueblo que delega su poder precisamente por la vía electoral. No ejercemos el poder, renunciamos sabiamente a él para confiarlo, un tiempo nada más, a los que designamos.

En ese preciso momento, cada tres años, cada seis años, según la elección calendarizada, volvemos a ser, durante unos minutos —el tiempo que tome el ritual del voto— el pueblo soberano y todopoderoso. Podemos castigar a los que no supieron gobernar bien o que abusaron de nuestra confianza para, cínicamente, medrar, robar, destruir, destruir un pueblito, una ciudad, la economía de un estado o del país, destruir finalmente, y eso es peor, la confianza en las instituciones democráticas.

Por eso mismo mi abuelo tenía toda la razón cuando decía: «derecho de votar es deber de votar». Añadía, porque a ese antiguo maestro de primaria no se le quitó nunca la costumbre de enseñar y sermonear, que había que votar con la cabeza y no con el corazón, con la razón y no con la pasión. «Hijito —me decía—, no debes votar forzosamente para el partido o para el candidato que te gusta más; si no tiene posibilidades de ganar, tienes que votar para el menos malo, incluso para el menos peor de los partidos o de los candidatos. No debes tomar en cuenta tus preferencias, sino el bien de la nación». Hace cosa de 50 años predicaba ya el «voto útil». Así que, amiga lectora, amigo lector, hazle caso al viejo maestro alsaciano y no dejes de votar, y de votar con la cabeza.

(Revista Signo de los tiempos, abril de 2003)

EL OBSERVADOR 405-3

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EL RINCÓN DEL PAPA
Dios está cerca, aunque guarde silencio


Juan Pablo II comentó en la audiencia general el cántico del profeta Isaías del capítulo 42 (10-17):

«Los exégetas lo atribuyen al llamado Segundo Isaías, un profeta que vivió en el siglo VI a. C., en tiempos del regreso de los judíos del exilio de Babilonia. El himno comienza con un llamamiento a 'cantar al Señor un cántico nuevo'.

«La 'novedad' del canto que invita a entonar el profeta consiste ciertamente en la apertura del horizonte de la libertad, como cambio radical en la historia de un pueblo que ha experimentado la opresión y la estancia en tierra extranjera.

«Después el profeta pone en la escena al Señor, representado como el Dios del Éxodo que ha liberado a su pueblo de la esclavitud de Egipto. Con el regreso de los judíos de la deportación de Babilonia está a punto de tener lugar un nuevo éxodo, y los fieles tienen que ser conscientes de que la historia no queda en manos del destino, del caos, o de las potencias opresoras: la última palabra le corresponde a Dios.

«Al entrar en la escena el Señor habla. Comienza recordando que 'desde antiguo' guardó 'silencio', es decir, no intervino. El silencio divino es con frecuencia motivo de perplejidad para el justo, e incluso de escándalo. Sin embargo, este silencio no indica una ausencia, como si la historia quedara en manos de los perversos y el Señor permaneciera indiferente e impasible. En realidad, ese estar callado desemboca en una relación parecida a los dolores de parto de la mujer. Es el juicio divino sobre el mal, representado con imágenes de aridez, destrucción y desierto, que tiene como meta un resultado vivo y fecundo. De hecho, el Señor hace surgir un nuevo mundo, una nueva era de libertad y de salvación.

«Cada día el creyente sabe percibir los signos de la acción divina, incluso cuando está escondida por el devenir aparentemente monótono y sin meta del tiempo. Descubrir con los ojos de la fe esta presencia divina en el espacio y en el tiempo, así como en nosotros mismos, es fuente de esperanza y de confianza, incluso cuando nuestro corazón está turbado y sacudido».

EL OBSERVADOR 405-4

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DILEMAS ÉTICOS
"Yo os digo que si estos callan, gritarán las piedras" (Evangelio según san Juan)

Por Sergio Ibarra


Las piedras tácitas e inmóviles que Dios, según el evangelio de san Juan, hubiera podido transformar en hijos de Abraham; las piedras del desierto que Jesús no quiso transformar en panes, aunque hubiese sido invitado para ello por el adversario; las piedras enemigas que fueron recogidas para lapidarlo; las piedras sordas de Jerusalén, que eran menos sordas que los fariseos.

Era el domingo, en el que, al menos por un día, la humanidad tuvo un Rey: el día en que Pedro le decía a la gente: "Hosanna al hijo de David", y la gente lo repetía con él. El cortejo que, al acercarse a aquella ciudad sorda, opuesta y llena de furia, era portador de la esperanza. Aquel cortejo era portador de un poco de libertad y de amor. Los ciudadanos, los mas atrevidos, han cortado a lo largo del camino, desde el monte de los Olivos, ramas de palmera, ramos de olivo, ramas de mirto, y las agitan en todo lo alto mientras claman las apasionadas palabras de los salmos. Las voces gritaban una y otra vez: "Bendito el Rey que viene en nombre del Señor. Paz en el cielo y gloria en las alturas".

Los doctores de la iglesia judía, envueltos en sus capas doctrinales, le dicen a Jesús: "Reprende a tus discípulos. ¿No sabes que tales palabras sólo al Señor pueden dirigirse y al que venga en su nombre?". Sin detenerse, Jesús les dice: "Yo os digo que si estos callan, gritarán las piedras".

¿Cuál es el mensaje que Jesús le manda a la muchedumbre y los doctores? No era únicamente una respuesta en la que refiere a uno de los objetos que repetidas ocasiones aparece en el Nuevo Testamento; este objeto representativo de violencia, de cobardía, pero también de sordera, de necedad, de insensibilidad. Esta vez Jesús, el Rey, el nuevo Rey, ha hecho una declaración de guerra. Ha hecho una advertencia en la que, aun cuando quienes le apoyan se callaran, su nuevo reinado haría gritar a los otros, a las piedras.

Jesús entra al templo para acabar con el templo. Un templo que se había convertido en el punto de reunión de sus enemigos, de los enemigos de Dios, quienes han manipulado a la muchedumbre, quienes han convertido este espacio en un club de lo que podríamos llamar, en términos modernos, de rufianes disfrazados de sabios. Jesús ha herido a los sacerdotes, ha arrojado a sus aliados, a sus secuaces, quienes no se quedarán con las manos cruzadas. Jesús, al purificar el templo, los ha puesto en evidencia. El nuevo Rey ha declarado la guerra al engaño, a la mentira, a la codicia, a la usura. Así fue aquel domingo.

Hoy, a casi dos mil años de distancia, las advertencias de Jesús en relación a la presencia de otros cristos, que hablarían en su nombre, que intentarían, como aquellos sacerdotes, a toda costa engañar y llevar al hombre por otros caminos, resuenan más y más como una señal de alarma ante las tantas voces, las tantas declaraciones que en días de guerra por lo menos deben de tener decepcionado al Cristo verdadero, al Cristo que no requirió ni de aviones, ni de bombas, ni de cañones, ni de misíles para cambiar la historia, para dejar una lección a la humanidad de cómo enfrentar con valor lo que hay que enfrentar con valor.

¡Cuánto alejan al hombre de Dios estos actos absurdos, salvajes y violentos! El dilema ético que nos plantea este Domingo de Ramos es: ¿Cuántas veces levantamos los ramos hacia Jesús, no sólo para amarle, sino para ser cada día más una de esas piedras a las que Jesús se refirió, una de ésas que se decidan y griten con la fe, que nos enseña Jesús, a los sordos?

EL OBSERVADOR 405-5

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FAMILIA
Vivir como persona que se sabe amada

-Entrevista al teólogo Peter Knauer, S.J. , primera parte-
Por Yusi Cervantes Leyzaola

«En el Padrenuestro decimos 'hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo'. ¿De qué voluntad se trata? ¿Cuál es esa voluntad de Dios que se hace siempre en el cielo y que le pedimos que se haga entre nosotros también? Yo creo que es el amor del Padre al Hijo, un amor que es eterno. Y ésta es su voluntad eterna: Dios quiere que nos sepamos amados con este mismo amor.

«La voluntad de Dios no es primero que amemos, sino que nos sepamos amados. La comunión con Dios consiste en saber que Dios nos ama, no según nuestra medida, no de una manera que cambia cada día: Dios nos ama incondicionalmente.

«Dios no tiene otro amor que el que tiene para con su propio Hijo. Y nosotros quedamos asumidos en él. Jesucristo ha venido a proclamar esto. Creer en Jesucristo como Hijo de Dios significa saberse amado por Dios, junto con Él, según su medida y a causa de Él. Somos bautizados en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Éste es nuestro fundamento. Es nuestro dogma trinitario. Y se trata de esto: saberse amado por el Padre con ese amor con que ama a su Hijo desde toda la eternidad y que es el Espíritu Santo. Luego, creer es saberse lleno de este Espíritu».

Angustia existencial

Suave y seguro a la vez, el Dr. Knauer continúa hablando: «En el fondo, me parece que el hombre siempre está en crisis. La fe nos aporta una comunicación tal con Dios que ya no me dejo llevar por la angustia por mí mismo, la cual viene de lo pasajero y mortal de nuestra existencia. Si esta angustia tiene la última palabra, vivimos de un modo egoísta.

«La fe nos da una comunicación tal con Dios que ni siquiera la muerte puede acabar con ella. Ésta es nuestra esperanza. Entonces ya no actuamos guiados por la angustia, porque es más fuerte la certidumbre de la comunicación con Dios.

«La comunicación con Dios no nos da la esperanza de que vamos a encontrar solución a todos nuestros problemas. Esto pertenece a la vida humana, en la que tenemos que usar nuestra razón. Pero la fe libera a la razón de fines falsos, por ejemplo, de la auto justificación».

— Entonces, para no perder la esperanza, ¿debemos fincarnos en la comunión con Dios?

«Más bien es la comunión con Dios la que nos viene por el mensaje cristiano y nos da un nuevo punto de partida. No somos nosotros quienes buscamos, no somos nosotros los que nos esforzamos para alcanzar a Dios sino que Dios se ha hecho hombre para que nos sepamos en comunión con Él».

— Y el papel del hombre es aceptar ese mensaje.

«Sí, admitir que su última realidad es aceptar que Dios lo ama de una manera definitiva. Saber esto ya cambia el resto. Las buenas obras son fruto de la comunión con Dios, no el presupuesto. Primero es la gracia de Dios. Saber que Dios nos ama es lo que nos cambia en el interior. Luego vendrán obras no solamente correctas, sino de veras buenas.

«Obras buenas son las que salen de un corazón bueno. Para tener un corazón bueno, la condición anterior es que nos sepamos amados por Dios.

«Todo pecado tiene algo de contraproducente. Yo busco algo para mí que a la larga y en el conjunto destruye. Ésta es la esencia del pecado: su carácter contraproducente, esquilmante, empobrecedor, destructor del bien (universalmente tomado) que intenta lograr en un nivel particular.

«¿Qué es lo nos impide ser razonables? Es esta angustia por nosotros mismos. De esta angustia profunda quedamos liberados con el amor que Dios nos tiene. Este es el fundamento. Y amar a Dios es aceptarlo. La oración es nuestra respuesta a su palabra y en ella le decimos que confiamos en su amor".

Comprender el mensaje

-¿Cómo puede un ser humano llegar a confiar en que Dios lo ama?

«No es por mi imaginación o por mi esfuerzo, sino por este mensaje cristiano, que tiene su origen en Jesucristo y que se me explica de tal manera que yo pueda de veras entenderlo.

«Dios quiere decirnos algo que podamos entender. Mucha gente cree que el misterio sería algo que no entendemos, pero entonces, ¿por qué Dios lo comunica? Dios quiere ser entendido. Misterio es algo que no podemos ver por nuestras propias fuerzas; no tiene su medida en el mundo. Que Dios me ama infinitamente no lo puedo ver en lo finito; por eso hace falta que se me proclame. Pero debe ser inteligible. Me parece sumamente importante entender la fe. De otro modo la tomamos como un sobre cerrado y eso no sirve de mucho.

«El mensaje cristiano pretende ser palabra de Dios. Y ¿quién es Dios? Nosotros, que nos distinguimos de la nada, somos referidos a Él. Dios es el sin el cual nada existe (figura 1). Pero ser creados todavía no es comunión con Dios. El mensaje cristiano nos dice cómo somos integrados en una relación con Dios Padre para con el Hijo, que es el Espíritu Santo. Todo el mensaje de Jesucristo consiste en que participamos en su relación de amor eterna (figura 2)".


La psicóloga Cervantes responderá las preguntas que le envíen a la dirección de El Observador: Reforma 48, apdo. 49, Querétaro, Qro. C.P. 76000; o que se le hagan al tel. 228-02-16. Citas al 215-67-68. Correo electrónico: cervleyza@msn.com.

EL OBSERVADOR 405-6

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PINCELADAS
Diógenes y las lentejas

Por Justo López Melús *


Diógenes «El Cínico» estaba un día cenando lentejas. En cambio, el filósofo Aristipo vivía con lujo adulando a Alejandro Magno. «Si fueras sumiso al rey, no tendrías que comer esa basura de lentejas», le dijo Aristipo. Diógenes le contestó: «Si aprendieras a comer lentejas no tendrías que degradarte adulando al rey; no necesitarías tantas cosas».

Un consejo: recorre los escaparates de una ciudad, llenos de artículos, repitiendo como hacía un antiguo filósofo: ¡Esto me sobra, esto me sobra, esto me sobra! Interioriza, si puedes, la frase de santa Teresa: «¡Sólo Dios basta!».

* Operario Diocesano en San José de Gracia en Querétaro.

EL OBSERVADOR 405-7

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Mensaje de Juan Pablo II para la XVIII Jornada Mundial de la Juventud, Domingo de Ramos
"¡Ahí tienes a tu Madre!" (Jn 19,27)


¡Queridos jóvenes!

1. Es para mí motivo de renovada alegría poder dirigirles de nuevo un mensaje especial con ocasión de la Jornada Mundial de la Juventud, para testimoniarles el afecto que les tengo. Conservo en la memoria, como un recuerdo luminoso, las impresiones suscitadas en mí durante nuestros encuentros en las Jornadas Mundiales: los jóvenes y el Papa juntos, con un gran número de obispos y sacerdotes, miran a Cristo, luz del mundo, lo invocan y lo anuncian a toda la familia humana. Mientras doy gracias a Dios por el testimonio de fe que ustedes dieron recientemente en Toronto, les renuevo la invitación que pronuncié a orillas del lago Ontario: "¡La Iglesia los mira con confianza, y espera que ustedes sean el pueblo de las bienaventuranzas!".

Para la XVIII Jornada Mundial de la Juventud, que ustedes celebran en las diversas diócesis del mundo, he escogido un tema en relación con el Año del Rosario: "¡Ahí tienes a tu Madre!" (Jn 19,27). Antes de morir, Jesús entrega al apóstol Juan lo más precioso que tiene: su Madre, María. Son las últimas palabras del Redentor, que por ello adquieren un carácter solemne y constituyen como su testamento espiritual.

2. Las palabras del ángel Gabriel en Nazaret: "Alégrate, llena de gracia" (Lc 1,28) iluminan también la escena del Calvario. La Anunciación marca el inicio, la Cruz señala el cumplimiento. En la Anunciación, María dona en su seno la naturaleza humana al Hijo de Dios; al pie de la Cruz, en Juan, acoge en su corazón la humanidad entera. Madre de Dios desde el primer instante de la Encarnación, Ella se convierte en Madre de los hombres en los últimos instantes de la vida de su Hijo Jesús. Ella, que está libre de pecado, "conoce" en el Calvario en su propio ser el sufrimiento del pecado, que su Hijo carga sobre sí para salvar a la humanidad. Al pie de la Cruz en la que está muriendo Aquél que ha concebido con el "sí" de la Anunciación, María recibe de Él como una "segunda anunciación": "¡Mujer, ahí tienes a tu hijo!" (Jn 19,26).

En la Cruz, el Hijo puede derramar su sufrimiento en el corazón de la Madre. Todo hijo que sufre siente esta necesidad. También ustedes, queridos jóvenes, se enfrentan al sufrimiento: la soledad, los fracasos y las desilusiones en la vida personal; las dificultades para adaptarse al mundo de los adultos y a la vida profesional; las separaciones y los lutos en las familias de ustedes; la violencia de las guerras y la muerte de los inocentes. Pero sepan que en los momentos difíciles, que no faltan en la vida de cada uno, no están solos: como a Juan al pie de la Cruz, Jesús les entrega también a ustedes su Madre, para que los conforte con su ternura.

3. El Evangelio dice después que "desde aquel momento el discípulo la recibió en su casa" (Jn 19,27). Esta expresión, tan comentada desde los inicios de la Iglesia, no sólo designa el lugar en el que habitaba Juan. Más que el aspecto material, evoca la dimensión espiritual de este recibimiento, de la nueva relación instaurada entre María y Juan.

Ustedes, queridos jóvenes, tienen más o menos la misma edad que Juan y el mismo deseo de estar con Jesús. Es Cristo quien hoy les pide expresamente que se lleven a María "a la casa de ustedes", que la reciban "entre bienes de ustedes" para aprender de Ella, que "conservaba todas estas cosas, y las meditaba en su corazón" (Lc 2,19), la disposición interior para la escucha y la actitud de humildad y de generosidad que la distinguieron como la primera colaboradora de Dios en la obra de la salvación. Es Ella la que, mediante su ministerio materno, los educa y los modela hasta que Cristo esté formado plenamente en ustedes.

4. Por esto repito también hoy el lema de mi servicio episcopal y pontificio: "Totus tuus". He experimentado constantemente en mi vida la presencia amorosa y eficaz de la Madre del Señor; María me acompaña cada día en el cumplimiento de la misión de Sucesor de Pedro.

María es Madre de la divina gracia, porque es Madre del Autor de la gracia. ¡Entréguense a Ella con plena confianza! Resplandecerán con la belleza de Cristo. Abiertos al soplo del Espíritu, se convertiran en apóstoles intrépidos, capaces de difundir alrededor de ustedes el fuego de la caridad y la luz de la verdad. En la escuela de María descubrirán el compromiso concreto que Cristo espera de ustedes, aprenderán a darle el primer lugar de vuestra vida, a orientar hacia Él vuestros pensamientos y vuestras acciones.

Queridos jóvenes, ya lo saben: el cristianismo no es una opinión y no consiste en palabras vanas. ¡El cristianismo es Cristo! ¡Es una Persona, es el Viviente! Encontrar a Jesús, amarlo y hacerlo amar: he aquí la vocación cristiana. María les es entregada para ayudarlos a entrar en una relación más auténtica, más personal con Jesús. Con su ejemplo, María les enseña a posar una mirada de amor sobre Aquél que nos ha amado primero. Por su intercesión, María plasma en ustedes un corazón de discípulos capaces de ponerse a la escucha del Hijo, que revela el auténtico rostro del Padre y la verdadera dignidad del hombre.

5. El 16 de octubre de 2002 he proclamado el Año del Rosario y he invitado a todos los hijos de la Iglesia a hacer de esta antigua oración mariana un ejercicio sencillo y profundo de contemplación del rostro de Cristo. Recitar el Rosario significa de hecho aprender a contemplar a Jesús con los ojos de su Madre, amar a Jesús con el corazón de su Madre. Hoy les entrego idealmente, también a ustedes, queridos jóvenes, el Rosario. ¡A través de la oración y la meditación de los misterios, María los guía con seguridad hacia su Hijo! No se avergüencen de rezar el Rosario a solas, mientras van al colegio, a la universidad o al trabajo, por la calle y en los medios de transporte público; habitúense a rezarlo entre ustedes, en sus grupos, movimientos y asociaciones; no duden en proponer su rezo en casa, a sus padres y a sus hermanos, porque el Rosario renueva y consolida los lazos entre los miembros de la familia. Esta oración les ayudará a ser fuertes en la fe, constantes en la caridad, alegres y perseverantes en la esperanza.

Con María, la sierva del Señor, descubrirán la alegría y la fecundidad de la vida oculta. Con Ella, la discípula del Maestro, seguirán a Jesús por las calles de Palestina, convirtiéndose en testigos de su predicación y de sus milagros. Con Ella, Madre dolorosa, acompañarán a Jesús en su pasión y muerte. Con Ella, Virgen de la esperanza, recibirán el anuncio gozoso de la Pascua y el don inestimable del Espíritu Santo.

6. Queridos jóvenes, sólo Jesús conoce el corazón de ustedes, sus deseos más profundos. Sólo Él, que los amó hasta la muerte (cfr. Jn 13,1), es capaz de colmar las aspiraciones de ustedes. Sus palabras son palabras de vida eterna, palabras que dan sentido a la vida. Nadie fuera de Cristo podrá darles la verdadera felicidad. Siguiendo el ejemplo de María, sepan decirle a Cristo un "sí" incondicional. Que no haya en la existencia de ustedes lugar para el egoísmo y la pereza. Ahora más que nunca es urgente que sean los "centinelas de la mañana", los vigías que anuncian la luz del alba y la nueva primavera del Evangelio, de la que ya se ven los brotes. La humanidad tiene necesidad imperiosa del testimonio de jóvenes libres y valientes, que se atrevan a caminar contra corriente y a proclamar con fuerza y entusiasmo su propia fe en Dios, Señor y Salvador.

Sepan también ustedes, queridos amigos, que esta misión no es fácil. Y que puede convertirse incluso en imposible, si sólo cuentan con ustedes mismos. Pero "lo que es imposible para los hombres, es posible para Dios" (Lc 18,27; 1,37). Los verdaderos discípulos de Cristo tienen conciencia de su propia debilidad. Por esto ponen toda su confianza en la gracia de Dios que acogen con corazón indiviso, convencidos de que sin Él no pueden hacer nada (cfr Jn 15,5). Lo que los caracteriza y distingue del resto de los hombres no son los talentos o las disposiciones naturales. Es su firme determinación de caminar tras las huellas de Jesús. ¡Sean sus imitadores así como ellos lo fueron de Cristo! Y "que Él pueda iluminar los ojos del corazón de ustedes para que conozcan cuál es la esperanza a que han sido llamados por Él; cuál la riqueza de la gloria otorgada por Él en herencia a los santos, y cuál la soberana grandeza de su poder para con nosotros, los creyentes, conforme a la eficacia de su fuerza poderosa" (Ef 1,18-19).

7. Queridos jóvenes, el próximo Encuentro Mundial tendrá lugar, como saben, en 2005 en Alemania, en la ciudad y diócesis de Colonia. El camino es aún largo, pero los dos años que nos separan de esta cita pueden servir para una intensa preparación. Que les ayuden en este camino los temas que he escogido para ustedes:
- 2004, XIX Jornada Mundial de la Juventud: "Queremos ver a Jesús" (Jn 12,21);
- 2005, XX Jornada Mundial de la Juventud: "Hemos venido a adorarlo" (Mt 2,2).

Mientras tanto, ustedes volverán a encontrarse en sus Iglesias locales para el Domingo de Ramos: ¡vivan comprometidos, en la oración, en la atenta escucha y en el compartir gozoso estas ocasiones de "formación permanente", manifestando la fe ardiente y devota! ¡Como los Reyes Magos, sean también ustedes peregrinos animados por el deseo de encontrar al Mesías y de adorarlo! ¡Anuncien con valentía que Cristo, muerto y resucitado, es vencedor del mal y de la muerte!

En este tiempo amenazado por la violencia, por el odio y por la guerra, testimonien que Él y sólo Él puede dar la verdadera paz al corazón del hombre, a las familias y a los pueblos de la tierra. Esfuércense por buscar y promover la paz, la justicia y la fraternidad. Y no olviden la palabra del Evangelio: "Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios" (Mt 5,9).

Al confiarles a la Virgen María, Madre de Cristo y Madre de la Iglesia, los acompaño con una especial Bendición Apostólica, signo de mi confianza y confirmación de mi afecto hacia ustedes.

Desde el Vaticano, el 8 de marzo de 2003.

EL OBSERVADOR 405-8

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JÓVENES
Él te vio


La oración final de Jesús fue por ti. Su dolor final fue por ti. Antes de ir a la cruz Jesús fue al huerto. Y cuando habló con su Padre tú estabas en sus oraciones. Cuando Jesús miró hacia el Cielo estabas en su visión.

Nunca se había sentido tan sólo. Lo que tenía que hacer, sólo Él lo pudo hacer. Un ángel no lo podía hacer. Ningún ángel tiene el poder para romper las puertas del infierno.

Un hombre solo tampoco podía hacerlo. Ningún hombre tiene la pureza para destruir el pecado. Ninguna fuerza en la Tierra puede enfrentar la fuerza del mal y ganar, excepto Dios.

Y Dios no pudo darte la espalda. No pudo porque te vio.

Él te vio lanzado dentro de un río de vida que no pediste. Te vio con un cuerpo que se enferma y un corazón que se debilita. Te vio mirando en el pozo de tus propias faltas y en la cueva de tu propia tumba. Te vio en tu jardín de Getsemaní, y no quería que estuvieras solo.

Él quería que supieras que Él ha estado ahí siempre. Sabe lo que es estar en medio de un complot. Sabe lo que es estar en confusión. Sabe lo que es estar atormentado entre dos deseos. Sabe lo que es el hedor de Satanás.

Y, tal vez más que todo, sabe lo que es rogar a Dios que cambie de idea y oír a Dios decir suave, pero firmemente: "No". Porque eso fue lo que el Padre le dijo a Jesús. Y Jesús aceptó la respuesta.

En la víspera de la cruz, Jesús hizo su decisión. Prefirió descender a los infiernos por ti que ir al Cielo sin ti.

(Fuente: Comunidad Juvenil Universitaria "Vida Nueva")

EL OBSERVADOR 405-9

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CULTURA
Del querer al hacer

Por Carlos Díaz


En la medida en que se pueda, la acción será el fruto final de la madurez vital. Mucho hablar y poco hacer no es de recibo. «Yan-kieu dijo a Confucio: tu doctrina me complace, maestro, pero no me siento con fuerzas para practicarla. El maestro le contestó: los débiles emprenden el camino, pero se detienen a la mitad; tú ni siquiera tienes voluntad para iniciar el camino; no es que no puedas, sino que no quieres». En la Parábola de Buda sobre la casa en llamas, Bertold Brecht trazó la misma imagen: «No hace mucho vi una casa que ardía. Su techo era ya pasto de las llamas. Al acercarme advertí que aún había gente en su interior. Fuí a la puerta y les grité que el techo estaba ardiendo, incitándoles a que salieran rápidamente. Pero aquella gente no parecía tener prisa. Uno me preguntó, mientras el fuego le chamuscaba las cejas, qué tiempo hacía fuera, si llovía, si no hacía viento, si existía otra casa y cosas parecidas. Sin responder volví a salir. Esta gente —pensé— arderá antes de que acabe con sus preguntas».

Algunos hacen que las cosas buenas sucedan, porque trabajan para ello; como la hormiga, día a día acarrean su alimento para el invierno. Otros observan lo sucedido, sin trabajar; como el buho, abren mucho los ojos, pero no hacen nada más. Los terceros preguntan por qué sucedió. Como los papagayos, hablan y hablan, pero tampoco hacen nada. Y los últimos ni siquiera se interesan por lo ocurrido; como la cigarra, todo el día cantan y luego mendigan.

La flojera acaba con nosotros, pues produce exceso de confianza y terquedad, imprevisión (el perezoso no distingue entre lo prioritario y lo derivado, entre lo urgente y lo importante), desorganización (es tarea fácil hacer que las cosas simples parezcan complejas, lo difícil es hacer que lo complejo parezca simple), disritmia, inconstancia y carencia de interés y voluntad: ¡es sorprendente el tiempo que se necesita para concluir algo en lo que no se está trabajando! Resulta difícil remontar como águila cuando se trabaja como ganso. El perezoso se estorba a sí mismo, cuando comienza a preguntarse si es la hora de irse, ya pasó la hora de irse. Al perezoso se le hielan las migas entre la boca y la mano; después, la sociedad llora el bien que el perezoso demora. La ociosidad camina con tal lentitud, que todos los vicios la alcanzan. En suma, no haciendo nada se aprende a hacer: a hacer el mal, de ahí que a quienes nada hacen el diablo les encuentra trabajo.

Cuando no se lucha contra la flojera se producen los siguientes mecanismos de defensa: negación («no rompí el coche», sabiendo que miento, lo cual nos causa vergüenza, culpabilidad, angustia); racionalización («me fue mal en el examen porque la maestra no preguntó lo acordado», en realidad no estudié); proyección («mi profesor no me estima», en realidad yo no le estimo a él, y transfiero mis propios sentimientos hacia su persona para justificar así la mala relación, culpabilizandole); reactividad («soy el más valiente de mi clase», en realidad temo ser el más cobarde: deformo la realidad); identificación («quiero que mi hijo sea médico»: pretendo superar mi propia frustración obligando a que otro logre lo que yo no pude, romanticismo adolescente que construye la vida sobre la fantasía); desplazamiento («estos lectores son todos tontos», y así busco unas víctimas sobre las que trasladar mi frustración); represión («son todos/as ustedes maravillosos», porque si dijera la verdad me harían el vacío: gasto todas las energías para ocultar mi desagrado, terminando agotado, y cuanto más a la defensiva, menos capacidad para resolver los conflictos); regresión («tengo siete años», dice el niño de nueve, porque quiere volver hacia el pasado más seguro; ante la incapacidad de enfrentar un conflicto, doy marcha atrás: me como las uñas, etc); huida (huyo cuando hago lo que el otro quiere y yo no; no reclamamo lo que es mío ni pido lo que necesito; me autocompadezco atribuyéndome la maldad de todo, etc).

¡Cuántos enemigos llevo dentro, Dios mío!

EL OBSERVADOR 405-10

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VIENTOS DE HOLANDA
Ante la guerra de Iraq

Por Javier Menéndez Ros


Resulta imposible escaparse a la principal noticia que inunda los telediarios, los periódicos, la radio e internet, referente a una de las mayores desgracias que puede sufrir el ser humano: la guerra. No es éste un conflicto que nos haya pillado por sorpresa, pues las partes involucradas en él estuvieron cinco meses debatiendo sobre su conveniencia y oportunidad o falta de ellas.

Pudimos ver el esfuerzo denodado de los inspectores de Naciones Unidas por descubrir armas prohibidas en Iraq y por lograr compromisos para su destrucción. Su trabajo fue lento y difícil y, aunque consiguieron algunos frutos, éstos no fueron suficientes para la impaciencia de los Estados Unidos. Desde el momento en que éstos movieron pieza, adelantando al Golfo Pérsico un gran contingente de tropas, buques, aeronaves y toda la logística que eso lleva aparejada, se hacía difícil pensar que fueran a dar marcha atrás. Resultaría como lanzar un órdago y tirar las cartas antes de dejar contestar al contrincante. Sería retirarse avergonzado y eso no va con los estadounidenses.

Ciertamente parece que se mide por otro rasero el caso de Israel, país al que la resolución 242 de la ONU conminó hace más de 30 años a retirarse de los territorios ocupados y también país que cuenta con un armamento militar potencialmente más peligroso que el que tiene Iraq. No parece probable que por ahora nadie esté pensando en atacarle por ello.

Lo que se está haciendo es ensanchar y agrandar de forma peligrosísima la separación entre el denominado "mundo cristiano occidental" y el mundo árabe. Este último muy dividido, pero que, a causa del ataque anglo-americano, parece que tiende a olvidarse de diferencias para unirse en la lucha contra la agresión injusta. Parece que en Arabia Saudí se están formando colas con centenares de iraquíes previamente huidos del régimen de Saddam para volver a su país y luchar por su religión, por su tierra, que no por su líder. Es un dato significativo. Veo en los telediarios imágenes que no por frecuentes dejan de ser terribles. Cuerpos destrozados, sangre, dolor y odio, mucho odio, porque los civiles están muriendo como moscas, y no hace falta ser un vidente para prever que lo que se está creando es carne de cañón para el terrorismo islámico del mañana.

Robin Cook, el dimisionario ministro laborista de Relaciones con la Cámara y jefe de los laboristas en los Comunes, que renunció a su cargo por no estar conforme con la postura de Blair sobre Iraq, escribió hace poco un artículo, esclarecedor como pocos de los que he leído. En él comentaba las incongruencias de Estados Unidos y Gran Bretaña que, en los años ochenta y cuando les interesaba utilizar a Iraq, le proveyeron con agentes de ántrax, y construyeron fábricas de productos químicos y municiones. Algo parecido a lo que hicieron los yanquis ayudando a Bin Laden y sus compinches cuando les interesó que peleasen contra los soviéticos.

El gigante estadounidense parece que tiene todo ya muy pensado. Mientras aún están guerreando, salen noticias tan chocantes como que un contrato de 4.8 millones de dólares para la reconstrucción del importante puerto iraquí de Um Qasar ya ha sido otorgado por la Agencia Estadounidense para el Desarrollo Internacional (USAID) a Stevedoring Services of América (SSA), con sede en Seattle. O que, por ejemplo, la armada yanqui haya adjudicado el principal contrato de lucha contra los incendios de los pozos de petróleo en Iraq a una filial de Halliburton, multinacional presidida hasta hace tres años por el actual vicepresidente del gobierno, Dick Cheney, empresa que ya tiene adjudicado el suculento contrato de la logística que necesita el ejército estadounidense. Al menos está planeado otorgar ocho contratos más a empresas civiles del país del dólar para reconstruir lo "recientemente destruido", por un valor superior a los 900 millones de dólares. Todo esto sin olvidar el fantástico negocio que las empresas armamentísticas y de alta tecnología están haciendo ya con esta guerra. Así que, mientras unos hacen el negocio del siglo, a otros no les queda sino morir, enterrar a sus muertos y alimentar su corazón con odio, rencor y ánimos de venganza.

Por lo demás, a otros se les presenta la ocasión perfecta para salir a escena, desempolvando viejas banderas anarquistas, republicanas y de toda índole. Los republicanos pueden salir reforzados e incluso ganar las próximas elecciones, y los anarquistas pueden hacerse con el poder deseado, pues solemos usar la sangre vertida para tener más poder.

Nosotros, los cristianos, no podemos sino expresar, clara, rotundamente, como lo ha hecho el papa Juan Pablo II, nuestra oposición al presente conflicto sólo querido por uno de los dos bandos. Primero porque soy hombre y segundo porque soy cristiano, me opongo a esta guerra.

EL OBSERVADOR 405-11

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PANTALLA CHICA
¿Quién está con Dios?

Por el Grupo Inter Mirifica


Parecía imposible una guerra en estos tiempos del internet y la globalización, ahora que no hay secretos, cuando los medios de comunicación se han convertido en investigadores privados y las televisoras han penetrado en la intimidad de tantas personas y han comerciado con ella; hoy, que los celulares están integrados a las orejas de millones; ahora, que se conocen con detalle los horrores del Holocausto, cuando hay miles de libros que acusan los errores y consecuencias de éste; cuando las películas muestran casi en carne viva los sufrimientos de los combatientes, pareciera que una guerra sería ciencia ficción.

Todo se sabe, todo se ve y, a pesar de la opinión pública, de las manifestaciones y de la oposición de la ONU, los intereses económicos y políticos de Estados Unidos manchan la historia del siglo XXI con una guerra. Este país, tan interesado en la protección de las especies animales, en el progreso de la humanidad, buscador incansable de la democracia, generoso siempre en ayuda humanitaria, prototipo de la humanidad... La televisión estadounidense muestra el cinismo de las explicaciones absurdas del asesinato; el rating de los noticiarios de las televisoras mundiales se ha incrementado con imágenes frescas del odio y la destrucción.

Bush habla de Dios y manifiesta que está de su lado; Hussein habla de Dios y dice que está con él. Bush se presenta como el salvador del mundo; Hussein se nombra mesías de su pueblo. Nosotros, los cristianos, sabemos que ninguno está con Dios; la verdad sólo la encontramos en la Biblia: Dios es amor. «Hermanos queridos, amémonos los unos a los otros, porque el amor procede de Dios. Todo el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios. Quien no ama no conoce a Dios, porque Dios es amor. Si alguno dice: 'Yo amo a Dios' y odia a su hermano, es un mentiroso: pues quien no ama a su hermano a quien ve, no puede amar a Dios a quien no ve» (1 Jn 4, 7-8. 20). «Hermanos queridos, no crean en cualquiera que pretenda poseer el Espíritu. Hagan más bien un discernimiento para ver si pertenecen a Dios, porque han surgido en el mundo muchos falsos profetas. Ellos son del mundo, por eso hablan según el mundo, y el mundo los escucha. Nosotros pertenecemos a Dios. El que conoce a Dios nos escucha. En esto distinguimos el espíritu de la verdad y el espíritu del error» (1 Jn 4, 1. 5-7)

A partir del descubrimiento de la verdad en la Palabra de Dios, debe surgir en nuestro interior el deseo de hacer algo, evitar convertirnos en parte de los televidentes que reciben las noticias pasivamente. Nuestra acción comienza con la oración, y ésta puede encontrar su fuente en la lectura de la Biblia.

Te invitamos a que leas por la noche, reflexiones y que participes con tu oración para pedir a Dios por todos aquellos seres humanos que aparecen en tu pantalla y por los que sufren más allá de las lentes de las cámaras. «Ésta es la confianza que tenemos en Él; que si pedimos algo según su voluntad, nos escucha» (1 Jn 5, 14.15).

EL OBSERVADOR 405-12

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TIEMPOS DEL MUNDO
Un crimen de estado llamado condón (I)

Por Carlos Alberto Becerril


En los próximos 15 minutos, 76 adolescentes se habrán iniciado sexualmente en territorio mexicano, pero la mayoría de ellos, en el mejor de los casos, lo harán pensando que el condón es una especie de panacea que alejará todos los problemas que pudiera acarrear el acto sexual, desde el embarazo no deseado hasta la posible infección de enfermedades venéreas o incluso del síndrome de inmunodeficiencia adquirida.

Tal es el cariz que el propio Estado le ha impuesto a las campañas de «información» que difunden los diferentes organismos relacionados con la salud sexual, la mayoría de ellas bajo el esquema de la utilización del condón como un salvoconducto para los riesgos de la sexualidad en los jóvenes; pero omitiendo conscientemente otras alternativas —la abstinencia y la relación monogámica— como parte de un verdadero proceso de educación que lleve a la integración familiar.

Engañados por la publicidad

Año con año millones de jóvenes y adolescentes en México inician su vida sexual, la mayoría de ellos sin tener la madurez, el conocimiento ni la información adecuada para dar un paso que los convertirá en adultos, más allá de la edad fisiológica, fenómeno que ha desencadenado la propia desintegración de la familia como el núcleo más importante de la sociedad.

Más que una revolución, como algunos han querido ponderar al fenómeno de la «liberación sexual» iniciado en los años sesenta del siglo XX, y cuyo efecto es aún hoy resentido por la sociedad, en realidad la llamada «libertad» sexual es una antecámara de muerte que afecta a millones de víctimas, principalmente adolescentes, hombres y mujeres, que son engañadas por campañas, incluso de carácter oficial, que inducen a la practica del sexo sin una mayor responsabilidad, pero eso sí, con la utilización de un condón.

Sólo han bastado algunas décadas para que los usos y costumbres respecto al sexo se modificaran y se asumiera una nueva realidad en cuanto a su comportamiento sobre la acción reproductora del ser humano.

En una parte importante de esa sociedad se ha generado una actitud que desborda todos los limites establecidos y contradice tradiciones milenarias de las principales religiones del mundo en donde la practica de la abstinencia antes y fuera del matrimonio, más que una recomendación, es una ley por cumplirse.

No es mera casualidad que esta convención social, hoy olvidada por muchos, se haya dictado en las más diferentes y alejadas civilizaciones, tanto en tiempo como en distancia, en donde la abstinencia sexual antes del matrimonio es un comportamiento derivado del propio desarrollo humano y su praxis a través de los siglos.

Más que una ley religiosa, es una ley humana producto de la experiencia de miles y miles de años de la misma sociedad en las más diversas culturas en la defensa de la familia.

Por ello, el valor intrínseco de la abstinencia como una practica real en nuestra sociedad moderna no puede ser relegada y mucho menos condenada como un mero dogma de organizaciones de carácter moral o religioso.

El avance de la liberalidad sexual

Tradiciones milenarias se han hecho añicos ante el embate de quienes han hecho del sexo un negocio más y la eventualidad y causalidad del acto sexual se ha transformado en una especie de industria en donde grandes intereses comerciales se enfocan en un nuevo nicho, el comercio sexual, pero no solo en el hecho carnal mismo, sino en todo aquello que contuviera alguna connotación sexual.

El efecto se empieza a sentir en México, en donde, a pesar de existir fuertes estructuras de corte tradicional, las estadísticas indican que día a día el avance de la liberalidad sexual avanza y hace presa a millones de jóvenes que tendrán que enfrentar una realidad diferente.

De acuerdo con una información de especialistas de la Universidad Nacional Autónoma de México, proporcionada por la Dirección General de Atención a la Comunidad Universitaria (DGACU), en México la vida sexual de los jóvenes comienza entre los 15 y 19 años y el 44 por ciento de ellos no utiliza métodos preventivos ni anticonceptivos.

En el país el 54.8 por ciento de los jóvenes mantienen relaciones sexuales en forma constante y el 34.3 por ciento ha estado involucrado en embarazos no deseados; en el país existen 56 mil 933 casos de síndrome de inmunodeficiencia adquirida (SIDA) y esto sólo es la punta del iceberg de la recurrencia actual del virus de inmunodeficiencia humana (VIH) entre la juventud.

Los números siguen creciendo y la campaña oficial propone como única alternativa para detener un problema social y de salud que se acumula, la utilización del condón.

http://www.yoinfluyo.com/index.shtml 

EL OBSERVADOR 405-13

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ENTREVISTA
Passion, las últimas horas de la vida de Jesús


Este filme, dirigido y producido por el católico Mel Gibson, y protagonizado por el también católico Jim Caviezel, podría verse en las salas de cine a mediados de este año si es que se encuentra una compañía distribuidora.; pero ser católico en Hollywood no es nada sencillo, y nadie quiere saber nada de esta película. Passion está causando más ataques que otra cosa. Pero no se vale ocultar la fe, más bien hay que estar dispuestos a dar una respuesta a quien nos pida cuenta de nuestra esperanza (cfr. 1 P 3. 15). Es lo que hace Gibson en esta entrevista.

¿Por qué decidió realizar una película sobre Jesús?

He estado madurando la idea desde hace aproximadamente diez o doce años. Fue entonces cuando empecé a profundizar en las raíces de mi fe. Me sentía impulsado a una lectura más íntima de los Evangelios. Ahí fue cuando la idea empezó a cuajar dentro de mi cabeza. Empecé a ver el Evangelio con gran realismo, recreándolo en mi propia mente para que tuviera sentido para mí, para que fuera relevante para mí. Eso es lo que yo quiero llevar a la pantalla.

Existe ya un gran número de películas sobre Cristo. ¿Por qué una más?

No creo que otras películas hayan logrado penetrar en la verdadera fuerza de esta historia. O son inexactas en la narración histórica, o tienen mala música, o son de mal gusto. Esta película mostrará la pasión de Jesucristo tal como sucedió. Es como regresar en el tiempo.

¿Cómo puede estar tan seguro de que su versión es tan fiel a los hechos?

Porque hemos hecho una investigación. Yo estoy contando la historia como aparece en la Biblia, sin glosas. Habla por sí misma. El Evangelio es un guión completo y eso es lo que nosotros estamos filmando.

Esta película parece un cambio de rumbo respecto a las famosas producciones de Mel Gibson. Su especialidad es la acción, la aventura y el romance. ¿Qué le motivó a realizar una película religiosa?

Estoy haciendo lo que siempre he hecho: cuento historias con en el idioma que mejor hablo: el del cine. Pienso que la mayoría de las historias son historias de héroes. Las personas quieren contagiarse con algo superior, y al tocarlo con la imaginación prácticamente participan de ello, y así elevan su espíritu. No hay ninguna historia que tenga un héroe mayor que éste. Es la historia del amor más grande que se puede tener: dar la vida por alguien. Dios que se hace hombre y los hombres le matan. Si esto no es acción, entonces, ¿qué es acción?

¿Estará dispuesta la gente a ver una película como ésta?

Pienso que todos lo estaremos. Esta historia ha inspirado arte, cultura, gobiernos, reinos y países; ha tenido una influencia en el mundo mucho mayor de lo que usted se pueda imaginar. Creyentes y no creyentes por igual, todos nosotros hemos recibido su influencia. Muchas personas buscan el sentido de la vida planteándose un gran número de interrogantes. Vendrán a ver la película buscando las respuestas. Algunos las encontrarán, otros no.

Entonces, ¿no es una película sólo para cristianos? La película Gandhi fue un gran éxito, pues no era sólo para hindúes. Esta película es para todos. Para creyentes y no creyentes.

Pero, si esta película quiere llevar el Evangelio a la vida, ¿no piensa que será ofensiva para los no cristianos? Por ejemplo, el papel de los líderes judíos en la muerte de Jesús, ¿no resultará ofensivo?

No es una historia de judíos contra cristianos. El propio Jesús era judío; su madre era judía y también sus doce apóstoles. Es verdad que la Biblia dice: «Él vino a los suyos, pero los suyos no le recibieron». Yo no puedo ocultarlo. Pero eso no significa que los pecados del pasado fueran peores que los pecados del presente. Cristo pagó el precio por todos nuestros pecados. La lucha entre el bien y el mal, y el poder abrumador del amor están muy por encima de la raza y la cultura. Esta película habla de fe, esperanza, amor y perdón. Son realidades que servirían al mundo, especialmente en estos tiempos tan turbulentos. Esta película quiere inspirar, no ofender.

Aún así, muchos pensarán que usted pretende forzarlos a aceptar sus propias creencias.

Yo no me he inventado esta historia, pero es verdad que creo en ella. Es algo que uno lleva dentro de sí mismo y tiene que salir. Simplemente trato de narrarla bien, mejor de lo que se ha hecho anteriormente.

La pasión de Cristo, tal como la narran los Evangelios, fue muy violenta. Si usted es sumamente fiel a esa narración, ¿no cree que la gente podría presenciar escenas demasiado violentas?

Para algunas personas podrían resultarlo, pero..., ¡eh!, fue así. No hay nada de violencia gratuita en esta película. Creo que un menor de doce años no debería verla, a no ser que sea muy maduro. Es bastante fuerte. Nos hemos acostumbrado a ver crucifijos bonitos colgados de la pared. Decimos: «¡Oh, sí! Jesús fue azotado, llevó su cruz a cuestas y le clavaron a un madero», pero ¿quién se detiene a pensar lo que estas palabras significan realmente? En mi niñez no me daba cuenta de lo que esto implicaba. No comprendía lo duro que era. El profundo horror de lo que Él sufrió por nuestra redención realmente no me impactaba. Entender lo que sufrió, incluso a un nivel humano, me hace sentir no sólo compasión, sino también me hace sentirme en deuda: yo quiero compensarle por la inmensidad de su sacrificio.

¿Y qué nos dice del idioma? Está grabando en dos lenguas muertas: latín y arameo, el idioma que hablaba Jesús. Además, no planea poner subtítulos. ¿Esto no causará rechazo en el público?

Las pinturas de Caravaggio no tienen subtítulos, pero las personas captan el mensaje. El ballet del Cascanueces no tiene subtítulos, pero las personas entienden el mensaje. Yo pienso que la imagen superará la barrera del idioma. Ésa es mi esperanza. Simplemente estoy intentando ser lo más real posible. Verlo en los idiomas originales es como una sacudida. La realidad sale al encuentro y te golpea. Contacto pleno. Yo sé que nosotros sólo estamos recreando, pero lo hacemos lo mejor que podemos, para transmitir la experiencia de estar allí realmente. Y pienso que es casi contraproducente decir algunas de estas frases en un idioma moderno. Te obliga a completar la frase. Es como cuando uno escucha: «Ser o no ser», instintivamente uno se dice a sí mismo: «He ahí la cuestión». Pero si oyes las palabras, dichas como las pronunciaron en aquel momento, te pueden conmocionar.

Al terminar esta película, ¿no le desilusionará volver a materias menos sublimes?

No, me encantará hacer algo más ligero. Hay una tremenda carga de responsabilidad en esta película, no se puede dejar nada a medio hacer. Espero hacer justicia a la historia. Tampoco se puede agradar a todos, pero, repito, ése no es mi objetivo.
(Fuente: ZENIT)

EL OBSERVADOR 405-14

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FIN

 
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