El Observador de la Actualidad

EL OBSERVADOR DE LA ACTUALIDAD
Periodismo católico para la familia de hoy
18 de mayo de 2003 No. 410

SUMARIO

bulletPOR LA CONSOLIDACIÓN DE LA DEMOCRACIA - Consejos para votar con la cabeza
bulletCARTAS DEL DIRECTOR - El origen de la distorsión
bulletDESDE EL CENTRO DE AMÉRICA - El proyecto de María
bulletORIENTACIÓN FAMILIAR - Validar la experiencia
bulletEn torno a la angustia ante la muerte
bulletPINCELADAS - Ortodoxia y ortopraxis
bulletREPORTAJE - ¡Solteros otra vez!
bulletPREGUNTAS CON RESPUESTA - ¿Es malo llamar «padre» al sacerdote?
bulletNueva brujería que fascina a los jóvenes
bullet¿USTED QUÉ OPINA? - Los políticos chapulines
bulletCULTURA - Democracia y desobediencia civil
bulletCRÍTICA DE MEDIOS DE COMUNICACIÓN - ¿Por qué la radio?
bulletDILEMAS ÉTICOS - La Pascua no termina el Domingo de Resurrección
bulletCONTEXTO ECLESIAL - Mensaje de los obispos a las familias mexicanas
bulletEL RINCÓN DEL PAPA - El antídoto más eficaz contra los riesgos del consumismo

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POR LA CONSOLIDACIÓN DE LA DEMOCRACIA
Consejos para votar con la cabeza

La ciudad comenzará a saturarse de gallardetes, espectaculares, pasacalles, volantes, folletos y cualquier cantidad de propaganda que dificulta al ciudadano tomar una decisión

El sábado 19 de abril iniciaron oficialmente las campañas de los candidatos que buscarán el voto ciudadano para ocupar diversos puestos. Los partidos deben haber echado mano de los magos de la mercadotecnia para que su mensaje convenza a los votantes de que sus candidatos son la mejor opción. La ciudad comenzará a saturarse de gallardetes, espectaculares, pasacalles, volantes, folletos y cualquier cantidad de propaganda que dificulta al ciudadano tomar una decisión. Algunos consejos que podrán ayudarte a decidir el sentido de tu voto:

1. Infórmate a quiénes vas a elegir. Todos los mexicanos elegiremos diputados federales, pero hay algunos estados en donde también se renovará el congreso local, el gobernador, las autoridades municipales o jefes delegacionales.

2. Conoce qué funciones realizan estos servidores públicos. Esto te ayudará a saber quién está haciendo promesas que no podrá cumplir.

3. Investiga cuáles son los principios del partido que potula a los candidatos. Por lo general, todos hacen las mismas propuestas; la diferencia está en cómo y para qué; a esto responden los principios del partido.

4. Procura asistir a algún foro de propuestas de varios candidatos, así como ver o escuchar por la televisión o la radio, programas que presenten los puntos de vista correspondientes.

5. Recuerda que Roma no se hizo en un día; las grandes obras requieren tiempo.

6. Vota con la cabeza, no con el corazón ni con el hígado.

Además, contribuye a la transparencia del proceso electoral denunciando cualquier anomalía y revisa si tu nombre está en el padrón electoral.

Éstos son los teléfonos para denuncias de carácter electoral: Si llamas del Distrito Federal comunícate al 5346-3103; si lo haces del resto del país marca 01800-8337 233. RED Ciudadana.

EL OBSERVADOR 410-1

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CARTAS DEL DIRECTOR
El origen de la distorsión
Por Jaime Septién

Debo a mi amigo entrañable, el filósofo español Carlos Díaz, muchos momentos de reflexión. Muchas horas de compañía con sus libros, sus artículos, sus acertijos filosóficos y su testimonio sabio, sabio y hondo, como corresponde al modelo de intelectual cristiano que Carlos encarna a la perfección.

He leído con admiración algunos de los diez títulos que Carlos Díaz ha editado en Trillas sobre las virtudes. Hasta ahora el que mayor impresión ha causado a mi esencia de lector y de cristiano es La virtud de la humildad, un genuino tratado de aquella virtud que nos hace invencibles ante el mundo.

Entre las muchas citas que la erudición de mi amigo Carlos trae a cuento, hay una de Timothy Radcliffe, quien fuera superior de los benedictinos, que, en verdad, me hizo pararme de mi sillón de lectura. ¡Claro! —dije para mis adentros— ¡Ésta es la clave para interpretar la mayor parte de las puyas que lanzan los “intelectuales” descreídos y los “periodistas” sabelo-todo en contra de la Iglesia católica, de las órdenes religiosas, de los obispos y los sacerdotes!

Primero, déjeme el lector resumir la larga cita de Radcliffe que Carlos Díaz pone para delimitar qué es el éxito, qué la humildad y qué la felicidad: las vidas de los monjes sólo se confirman no ascendiendo a nada, sino siendo hermanos; la escala del éxito en la vida religiosa del monje es la humildad; la vida del monje adquiere forma no por ser promovido sino por encontrar el camino al reino, y, finalmente, las vidas de los monjes tienen sentido “porque hay en ellas una ausencia de ascenso en la que se puede revelar la gloria de Dios”.

Por añadidura, diría yo, el éxito del cristiano es amar a Dios por sobre todas las cosas y al prójimo como a sí mismo. Y hasta donde yo me acuerdo nadie ha llegado a presidente de la república, gobernador del estado o millonario de los de la revista Forbes atendiendo a la regla del amor. Los monjes, como los benedictinos, nos enseñan en dónde radica el éxito en la vida nuestra: en ser hermanos del hermano; en la salvación personal; en la obediencia ciega a la voluntad divina.

Esa es la cuestión. Sin olvidar, para nada, que la Iglesia está formada por hombres y mujeres de carne y hueso; que los obispos, los sacerdotes, los laicos tenemos, también, ansia de poder o de prestigio, nuestro verdadero éxito no se nos esconde, antes bien si queremos mirarlo lo vamos a encontrar muy rápido: en nosotros mismos, en nuestra alma que tiene sed de Dios, en la relación estrecha que mantengamos con Jesús. Es decir, en la humildad, en el no ascenso, en la Presencia.

Y eso los “intelectuales” no lo entienden. Los “periodistas” o los “comunicadores”, menos. La Iglesia fundada por Cristo no se nutre del éxito como la organización política. Y muchas veces quieren “verla” desde la óptica que “ven” al poder. Se equivocan de cabo a rabo. Nuestro éxito, como el de los monjes, es encontrar (y difundir) el camino del Reino.

EL OBSERVADOR 410-2

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DESDE EL CENTRO DE AMÉRICA
El proyecto de María
Por Claudio de Castro S. / cv2decastro@hotmail.com

Trabajaba en un proyecto especial, recopilar testimonios marianos. Recibí historias de diferentes países. Y todas me enseñaron algo significativo, en lo que no dejo de pensar: “Los hombres tienen hambre de Dios”. Es una necesidad real, de los pobres y los ricos, que no hemos podido saciar.

También hay una gran necesidad de oración. Muchos de los testimonios terminaban con esta súplica: “Le pido que rece por mí”.

Existen cientos de miles y tal vez millones de personas cuya pobreza es la falta de Dios. No saben lo que es el amor del Padre. Nunca lo han experimentado. Ni han sentido la ternura de la Madre.

Decía un sacerdote amigo: “La Iglesia está en el mundo, pero no es del mundo. Por eso estamos expuestos a tantos peligros”.

La falta de Dios es la mayor tragedia del hombre. Algunos teólogos dicen que esto justamente es el infierno: pasar la eternidad alejados de Dios. ¡Las personas están hambrientas de Dios! ¡Apenas lo conocen!

Te toca a ti llevarles aunque sea un bocado del Amor Eterno. Que experimenten su paz. Que encuentren la riqueza que hay en nuestra Iglesia, al amparo de la Reina del Cielo.

No importa cuántas veces caigas haciendo este apostolado. María siempre te extenderá la mano y te dará las fuerzas necesarias para volver a empezar. ¡Levántate! Confía en Ella. Y todo irá bien.

He aprendido que la Virgen nos une, y nos orienta, para que nos acerquemos a Jesús.

Encontrar al Hijo, a través de la Madre. Esto es un regalo del cielo. Dejarnos llevar por María, conducidos por su amor.

En momentos así nos sale del alma una oración fervorosa: “Danos, María, un poco de tu amor para que podamos amar a tu hijo Jesús con el amor que tú lo amas”.

EL OBSERVADOR 410-3

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ORIENTACIÓN FAMILIAR
Validar la experiencia
Por Yusi Cervantes Leyzaola


El conflicto puede ser cualquiera de los que encontramos cotidianamente en toda relación humana. El problema es que con frecuencia no los enfrentamos de la manera más adecuada. Por ejemplo, fijémonos en este breve diálogo de un matrimonio:

Ella.- Me siento desplazada.
Él.- No tienes por qué sentirte así, tú eres lo más importante para mí.

Ella lo expresa bien. No dice: “tú me desplazas”, no está juzgándolo, sino que asume la responsabilidad de sus sentimientos y dice: “me siento…”. Pero él no la escucha verdaderamente. No respeta y menos valida la experiencia de su esposa. “No tienes por qué sentirte así”. ¿Qué derecho tiene él para decirle a su mujer cómo sí y cómo no tiene que sentirse? Claro, la intención de él, al menos conscientemente, eso esperamos, no es controlar los sentimientos de ella. Tal vez lo que desea es que no se sienta de esa manera —desplazada— y está expresando su propia confusión: no entiende, no encuentra motivos para que ella se sienta así.

Pero entonces lo indicado es que exprese esa confusión y que le pida a ella que le explique por qué, en qué ocasiones, en qué circunstancias se siente así. Esto implica un paso fundamental: validar la experiencia de su esposa.

Validar la experiencia significa aceptar como cierto y válido lo que el otro siente, piensa y vive. Si ella se siente desplazada, ese es un hecho innegable: así se siente. Y no dejará de sentirse así por el mero hecho de que el marido considere que no debería ser así. Lo que a él le corresponde ahora es tratar de entender por qué ella se siente así. Y en este diálogo podrán salir a la luz actitudes equivocadas de una y otra parte, cosas que se dan por supuestas y que tal vez son erróneas, malos entendidos, deficiencia en la información... Este diálogo puede ir más allá, y llevarlos a una revisión de su relación, de sus prioridades, de lo que entienden por ser matrimonio, de los límites frente a otras personas, especialmente frente a las familias de origen, y frente al trabajo de cada uno. A partir de esa declaración de ella, de ese expresarle a su esposo: “me siento desplazada”, la pareja tiene la oportunidad de mirarse, de conocerse más, de cambiar algunos aspectos en su vida que pudieran estar funcionando mal o funcionando a medias. Pero la condición es que tengan una auténtica disposición para expresarse a sí mismos y para escuchar al otro.

Cuando él dice: “No tienes por qué sentirte así”, es probable que se esté poniendo a la defensiva. Y en ese momento se cierran las puertas a una auténtica comunicación. A él no le preocupa lo que ella siente, no está interesado en conocer la experiencia de ella: lo que desea es no ser atacado, no ser descubierto en alguna falla. Está tan interesado en sí mismo que no es capaz de salir y enterarse de qué es verdaderamente lo que le ocurre a la persona que tiene enfrente. Y, evidentemente, no tiene la valentía de aceptar los propios errores. Es más, cierra la puerta a la posibilidad de que se le manifiesten. Así que termina el breve diálogo con algo que equivale a decir: tú estás mal, yo estoy bien. Ella se seguirá sintiendo desplazada, y además, no escuchada.

Ejemplos de situaciones similares hay muchos, aunque los problemas sean diversos. Y claro, caemos en el error de no validar la experiencia del otro tanto hombres como mujeres. Es importante prestar atención a esto: si alguno de nuestros seres queridos se siente solo, triste, enojado, cansado, ignorado... debemos aceptar esto como un hecho, respetar lo que el otro dice, siente y vive. Sólo a partir de esta aceptación se puede entablar un verdadero diálogo que enriquezca la relación y que nos permita crecer en el amor.

La psicóloga Yusi Cervantes Leyzaola responderá las preguntas que le envíen a la dirección de El Observador: Reforma 48, apdo. 49, Santiago de Querétaro, Qro. C.P. 76000; o que se le hagan al teléfono 228-02-16. Citas al 215-67-68. Correo electrónico: cervleyza@msn.com

EL OBSERVADOR 410-4

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En torno a la angustia ante la muerte

Estimada Yusi: Leí su artículo titulado «Angustia ante la muerte». Me gustó el enfoque que usted le da, pues, efectivamente, la razón es limitada y, como dice Pascal, «el corazón tiene razones que la razón desconoce»... Sólo el amor nos da la certeza que aquel hombre acongojado buscaba.

La gente que tiende a racionalizarlo todo suele confiar ilimitadamente en la ciencia y necesita ver a Dios bajo la lente del microscopio para poder creer en Él y así sentir seguridad.

No obstante, lo que la ciencia hace es ir en busca de un «mecanismo» que explique por qué las cosas ocurren como ocurren.

Lo que la ciencia no puede ni podrá hacer es decir qué explica este «mecanismo»... pues para hacerlo tendría que recurrir a otro «mecanismo» que explique el primero y así el problema sigue indefinidamente sin solución.

Por otro lado, si este hombre se siente inseguro es porque cree que podemos considerar racionalmente a la «nada» como fundamento opcional de nuestra existencia. Si piensa que el universo y la vida pueden fundamentarse en «el azar», «la suerte» o, lo que es lo mismo, la «ausencia de intención e inteligencia», vale decir «la nada», no es de extrañar que sienta temor por la posibilidad de regresar a «la nada» de donde viene.

Pero, ¿es real esta posibilidad? ¿Puede una energía cósmica sin inteligencia y sin vida darse el ser a sí misma y producir a la postre vida e inteligencia? ¿Cómo puede producir lo que no tiene? Y, si tenía originalmente «en germen» la vida y la inteligencia, ¿de dónde le viene esa potencia? «Desde la lógica todo es posible, depende del axioma de donde partamos» decía una amiga; sin embargo, ¿es lógico pensar que el efecto puede no estar contenido en la causa que lo genera?

Por lo tanto, aunque la razón es fría y limitada, si buscamos con humildad la verdad, tendremos que admitir la existencia de Dios como fuente del ser, de la vida, del amor y de todas las perfecciones, pues no encontramos en las cosas razón suficiente para existir por sí mismas.

Reciba un afectuoso saludo.
Felipe García.

EL OBSERVADOR 410-5

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PINCELADAS
Ortodoxia y ortopraxis
Por Justo López Melús *

Sumar y no restar. En vez de reduccionismo, complementariedad. Combinar ortodoxia, ortoestética y ortopraxis. Fe, esperanza y caridad. Apoyarse en la ortodoxia, la doctrina recta, la Revelación. Desde ahí, pasar a la ortoestética, sensibilidad, ternura de corazón, don de sabiduría. Para desembocar en la ortopraxis, la acción, la justicia, las obras de misericordia.

En resumen, de la cabeza al corazón, y del corazón a las manos. Si no se llega a la ortopraxis, es que no funciona bien la ortodoxia y la ortoestética. Si todo se reduce a la ortopraxis, hay peligro de activismo, y, si no se ve fruto, de cansancio, de abandono de la fe.

* Operario Diocesano en San José de Gracia en Querétaro.

EL OBSERVADOR 410-6

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REPORTAJE
¡Solteros otra vez!
Algunas causas de nulidad en el matrimonio religioso

Si hacemos una encuesta parroquial, encontramos que hay muchos que, habiéndose casado en la Iglesia, después de un divorcio civil se han unido a otra persona viviendo en adulterio.

¿Por qué muy pocos de aquellos cuyo matrimonio ha fracasado acuden a los tribunales eclesiásticos para buscar una solución cristiana a su situación?

Las causas son múltiples. Unas veces creen erróneamente que los tribunales de la Iglesia son carísimos. La verdad es que dichos tribunales cobran por el trámite de nulidad $6000 pesos, debido a que se establece todo un proceso judicial que consume muchas horas de los peritos en cuestiones matrimoniales. Además está previsto para personas con pocos recursos un subsidio adecuado hasta llegar a ser, en casos de extrema pobreza, totalmente gratis.

Otras veces se escudan en el falso pretexto de que las causas de nulidad son interminables y pueden durar años y años. El Derecho Canónico, sin embargo, establece que el proceso no debe durar, salvo casos excepcionales, más de doce meses en primera instancia. La apelación, siempre obligatoria, puede durar de dos a seis meses, y si durara más, los interesados pueden recurrir al obispo para que tome cartas en el asunto.

No faltan quienes creen que conseguir una declaración de nulidad es tan complicado que prácticamente nadie puede lograrlo. Pero lo cierto es que muchos podrían resolver su situación, aunque hay que decir que no en todos los casos.

Todo esto da por resultado que ni cinco de cada cien matrimonios fracasados acuden a los tribunales eclesiásticos para solucionar su problema.

La responsabilidad de los sacerdotes
Es preciso que los sacerdotes instruyan a la feligresía y ayuden a las parejas que fracasan, ofreciéndoles orientación segura, para descubrir si en su caso deben someter al juicio de la Iglesia la posible invalidez del matrimonio que un día celebraron ante la comunidad cristiana.
Si un matrimonio fué nulo desde el primer momento, por alguna causa que hay que detectar y estudiar, las personas que se encuentran en esa situación no tienen por qué seguir viviendo juntas, ya que no son ni han sido nunca marido y mujer: solo lo eran en apariencia.

Qué es la nulidad
Si por algún defecto, según las leyes de la Iglesia, no hubo matrimonio sacramental a pesar de haber existido una ceremonia en un templo católico, la Iglesia simplemente declara que NUNCA hubo matrimonio y que por lo tanto los aparentemente casados son libres, pudiendo casarse sacramentalmente si lo desean.
La Iglesia, quede claro, no «divorcia» a nadie. No tiene la facultad para ello.

¿Cuándo hay matrimonio?
Según el Derecho Canónico, para que dos personas puedan contraer matrimonio válido deben:
a) Ser hábiles, es decir, no tener impedimentos matrimoniales. b) Ser capaces de consentir en forma libre y deliberada. c) Manifestar su consentimiento en casarse.

Impedimentos para casarse
En principio todos pueden contraer matrimonio, pero a veces, por una serie de razones, el Derecho Canónico limita la facultad para casarse. Los impedimentos al matrimonio son:
1. La edad: No pueden contraer matrimonio válido los varones menores de 16 años y las mujeres menores de 14.
2. La impotencia: Consiste en la incapacidad por parte del hombre o de la mujer de realizar la cópula sexual. La impotencia ha de ser antecedente al matrimonio, cierta y perpetua (incurable). No hay que confundirla con la esterilidad (incapacidad de tener hijos). La impotencia se debe a defectos orgánicos, funcionales o psíquicos; la de carácter psíquico no suele ser impedimento porque por lo general es curable.
3. El ligamen: Es la prohibición de contraer nuevo matrimonio a la persona que ya está válidamente casada con otra que todavía vive.
4. Disparidad de culto: Prohibición de contraer matrimonio al católico con un no bautizado.
5. Mixta religión: Hay que conseguir la dispensa cuando se trata de un matrimonio entre una parte católica y otra protestante u ortodoxa.
6. El Orden sagrado: Los ordenados de diácono, presbítero u obispo no pueden contraer matrimonio canónico. Sin embargo, después del concilio Vaticano II la Iglesia ha vuelto a la ordenación diaconal de personas casadas.
7. El voto público y perpetuo de castidad: Afecta a quienes han emitido votos públicos de carácter perpetuo en un instituto religioso. No afecta a los que hacen votos privados, en un instituto secular, en una sociedad de vida apostólica, o emiten votos públicos pero no perpetuos.
8. El rapto: No puede haber matrimonio entre un hombre y una mujer raptada o al menos retenida con miras a contraer matrimonio con ella, a no ser que después la mujer, separada del raptor y hallándose en lugar seguro y libre, lo quiera.
9. El crimen: Afecta al conyugicida que, de forma individual o en complicidad con otros, da muerte a su cónyuge o al cónyuge de la persona con la que se quiere casar. La muerte tiene que producirse con la finalidad matrimonial.
10. Consanguinidad: Se prohíbe el matrimonio entre los ascendientes y descendientes, tanto legítimos como ilegítimos, y entre tíos y sobrinos y entre primos hermanos.
11. La afinidad: Es la prohibición de contraer matrimonio entre el varón y los consanguíneos de su mujer, y entre la mujer y los consanguíneos de su marido, pero solo en línea recta (padrastro e hijastra, suegro y nuera, yerno y suegra). En otros términos, la afinidad sólo es impedimento entre el viudo(a) y sus cuñados(as) y otros parientes colaterales.
12. Impedimento de pública honestidad: Cuando existe un matrimonio inválido o un concubinato notorio y público, no puede haber matrimonio válido entre el varón y las consanguíneas de la mujer y viceversa.
13. Parentesco legal de adopción: Surge por la adopción y afecta al adoptante y al adoptado y a sus ascendientes y descendientes, así como a los adoptados con los hijos carnales del adoptante.
Quienes contraen matrimonio sin que cualquiera de estos impedimentos haya desaparecido, es como si no se hubieran casado.

Otros criterios de nulidad

Como el consentimiento es la causa del matrimonio, implica que los contrayentes tengan uso de razón al darlo. Una persona con síndrome de Down, alguien con un bajo coeficiente intelectual, y un trastornado mental no estarían en condiciones de casarse válidamente.

También es causa de nulidad la incapacidad de asumir las obligaciones esenciales: personas normales pueden, por la mala educación recibida o por malos hábitos sexuales, ser incapaces para cumplir con lo pactado. El matrimonio les resulta un contrato imposible y el Derecho Canónico los tiene por incapaces de casarse. Por ejemplo, un hombre con tendencias homosexuales desde su adolescencia, a pesar de haberse casado y tenido hijos con su mujer, podría no poder refrenar su atracción hacia los de su mismo sexo y ser incapaz de serle fiel a su esposa.

Desconocimiento de la identidad del Matrimonio.- Aunque parezca extraño, personas hay que van a la boda sin conocer los elementos mínimos que configuran al matrimonio. Si se casan sin despejar sus errores respecto al matrimonio, la boda no tiene valor.

Error sobre la persona y sus cualidades: Puede suceder que una de las partes engañe dolosamente a la otra acerca de sus cualidades, ocultando defectos de suma gravedad que harían nulo el matrimonio, por ejemplo: enfermedad grave, matrimonio civil con otra persona, internamiento en un centro psiquiátrico, el embarazo de otro, haber estado en la cárcel, la ocultación de la esterilidad, pertenencia a otra religión, graves desviaciones sexuales, etc. Puede decirse que el error provocado dolosamente hace nulo el matrimonio.

La simulación: Fingir que uno se quiere casar cuando en realidad no se quiere. Razones para esta simulación pueden ser la presión de los padres, el adquirir una nacionalidad o una mejor posición social, adquirir una herencia o legitimar los hijos naturales, etc.

Matrimonio condicionado: Se hace depender la validez del contrato al cuplimiento de una condición: si terminas la carrera, si te conviertes al catolicismo. Hay condición propia cuando el hecho es futuro e incierto (si llegas a ser ingeniero), e impropia cuando la condición pertenece al pasado o al presente: si eres fértil, sino has estado en la cárcel. Las condiciones de cumplimiento incierto y futuro hacen siempre inválido al matrimonio.

El miedo: Cuando existen amenazas de un grave mal si no se casan, no hay libertad y el matrimonio es nulo. Ejemplos: amenaza de muerte, expulsión de la casa paterna, miedo reverencial a los papás, amenaza de suicidio, desheredación, golpes, etc.

(Resumido de Jesusvivo.com)

EL OBSERVADOR 410-7

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PREGUNTAS CON RESPUESTA
¿Es malo llamar «padre» al sacerdote?

Muchos creen que cuando los católicos le decimos al sacerdote «padre» estamos desobedeciendo la Biblia, donde se lee que Jesús dijo: «No llamen a ningún hombre su padre en la tierra, porque ustedes tienen un Padre, quien está en el cielo» (Mt 23, 9).

¿Habrá alguien capaz de prohibir a una niña que le diga «padre» a su padre terreno? ¿Acaso la palabra «padre» no se inventó precisamente para designar a nuestro terrenal progenitor? El sentido común nos dice que Jesús no estaba prohibiendo este tipo de uso de la palabra «padre». De hecho, para prohibirlo habría que quitarle a la palabra su significado cuando se aplica a Dios, porque el concepto del rol de Dios como Padre no tendría significado si destruimos el concepto de la paternidad terrena.

Pero en la Biblia el concepto de paternidad no está restringido a sólo nuestros padres terrenales y a Dios. Por ejemplo, José le dice a sus hermanos acerca de una especial relación con el rey de Egipto: «Así que no eras tú quien me mandó aquí, sino Dios; y Él me ha hecho a mí un padre para el Faraón...» (Gn 45, 8). Job indica que el tuvo un papel de paternidad con los menos afortunados: «Yo era un padre de los pobres...» (Job 29, 16). También se aplica a aquellos quienes tienen un relación espiritual fraterna con uno; por ejemplo, Eliseo dice a Elías «¡Mi padre, mi padre!» (2 Re 2, 12).

Algunos sostienen que el uso de la palabra cambió con el Nuevo Testamento, pero no es así. San Esteban se refiere en hechos 7, 2 a «nuestro padre Abraham», y en Romanos 9, 10 san Pablo habla de «nuestro padre Isaac». Y no son las únicas citas donde se le llama «padre» a otros que no son Dios. Entonces, ¿la Biblia se contradice? No. Jesús era criticado por los líderes judíos, quienes amaban los sitios de honor y ser llamados «rabinos» (maestros) por los hombres. Entonces, al responder Jesús, lo que hace es una hipérbole (exageración para ir al grano) para mostrar a los escribas y fariseos qué pecadores y orgullosos eran por no ser humildes delante de Dios, origen de toda autoridad, fraternidad y enseñanza, y que se estaban poniendo a sí mismos como la última autoridad, figuras paternales, y maestros.

Cristo usó hipérboles frecuentemente; por ejemplo, cuando declaró: «Si tu ojo derecho te hace pecar, sácatelo y tíralo» (Mt 5, 28). Evidentemente al decirlo no intentó que esto fuera aplicado literalmente, porque, de otra manera, todos los cristianos estaríamos privados de la vista.

(Resumido de Apologética.org)

EL OBSERVADOR 410-8

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Nueva brujería que fascina a los jóvenes

Entre los fenómenos esotéricos citados por "Jesucristo, portador del agua viva", el reciente documento de la Santa Sede sobre la Nueva Era, se encuentra la Wicca, una nueva forma de brujería que está extendiéndose entre jóvenes y adolescentes en muchas partes del mundo.

Para comprender mejor este fenómeno, la agencia católica Zenit entrevistó en Roma a Carlo Climati, escritor italiano que acaba de publicar en España el libro Los jóvenes y el esoterismo: Magia, satanismo y ocultismo: la patraña del fuego que no quema.

¿Qué es la Wicca? Es un culto neopagano originado en el mundo anglosajón y se presenta como una especie de “brujería buena”. No es ni una secta ni una organización con líderes o estructuras precisas. Es, simplemente, una corriente de pensamiento esotérica a la que se puede adherir cualquier persona sin un compromiso particular.

¿Qué propone esta corriente de pensamiento? Es una mezcla de paganismo, magia y superstición. Además, se da una veneración exagerada a la naturaleza, hasta el punto de ser divinizada y adorada. Los seguidores de la Wicca creen en la reencarnación. Practican una serie de ritos mágicos: desde encantamientos de amor hasta ceremonias para “atraer el dinero”. A veces se dirigen a espíritus, entes no físicos o divinidades paganas.

¿Por qué se presenta la Wicca como “brujería buena”? Porque sus seguidores dicen que no quieren el mal para nadie y que rechazan el satanismo. Sin embargo, Wicca no puede ser considerada como un culto positivo, ya que a veces propone ritos con los que se quiere ejercer poder sobre las personas. Otro aspecto negativo es el de la superstición: los seguidores de la Wicca están convencidos de que las piedras, las hierbas, y el viento contienen unas energías capaces de producir efectos sobre la vida cotidiana; de este modo, acaban convirtiéndose en esclavos de objetos y talismanes.

¿Es verdad que la Wicca tiene éxito entre los jóvenes? Por desgracia, sí. Algunas películas han hecho popular la Wicca. Algunas revistas para adolescentes hablan de ella con frecuencia, proponiéndola como una especie de “religión alternativa”. Las chicas, sobre todo, quedan fascinadas por la idea de ser “brujas buenas”, y utilizan los ritos de la Wicca para resolver los problemas de la vida cotidiana. Se encierran en su habitación y preparan auténticas ceremonias con velas, incienso y pequeños altares dedicados a alguna divinidad rara.

¿Cree que esto puede tener riesgos? El riesgo que se oculta detrás de la Wicca es la invitación a creer que hay una “magia buena”, una especie de “aliada” para resolver los problemas de la vida diaria.

¿Qué efecto tendría la Wicca en la conducta de los jóvenes? A largo plazo, existe el riesgo de difundir entre los jóvenes la falta de compromiso. Confían en algo ajeno a su propia vida para resolver un problema. Renuncian a comprometerse para alcanzar un objetivo, dejando todo en manos de las presuntas “energías” de algún rito o amuleto. Es la ley del “quiero todo y cuanto antes”. ¿Me gusta una chica? En vez de conquistarla con simpatía y dulzura, el seguidor de la Wicca confiará en un rito mágico. ¿Tengo una duda sobre el futuro? En vez de utilizar la cabeza para encontrar una solución inteligente al problema, se abandona en brazos de la Wicca. Lo mismo sucede con los exámenes en el colegio y la universidad.

¿Es posible ayudar a los jóvenes para que no corran estos riesgos? Es necesario alentar una nueva “cultura del compromiso” que valore los pequeños esfuerzos de la vida cotidiana para alcanzar un objetivo particular. Si queremos conquistar a una chica, no hay que comprar un amuleto, sino regalarle un ramo de flores. Es oportuno promover una “cultura del límite”, hacer comprender a los jóvenes que no pueden tenerlo todo. Hay que saber aceptar sus propios límites. Si no logro tener el amor de un chico o de una chica, no sirve de nada recurrir a la Wicca para cambiar la situación. Debo aceptar este pequeño fracaso y volver a la vida de todos los días, buscando con nuevo entusiasmo el verdadero amor. Un descubrimiento de la cultura del límite y el compromiso personal puede ayudar a los jóvenes a ser más fuertes, a afrontar mejor la vida, superando incertidumbres y miedos, sin necesidad de recurrir a las supersticiones de la Wicca.

(Fuente: AICA)


EL OBSERVADOR 410-9

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¿USTED QUÉ OPINA?
Los políticos chapulines
Por Genaro Alamilla Arteaga / gealar_@hotmail.com

La política es una virtud noble que puede hacer el camino hacia el desarrollo de los pueblos y naciones. Ya desde antiguo se ponderaba por su aspecto positivo al Homo politicus, porque desde que nace, el hombre lo es.

No dejamos de afirmar la nobleza de la política: gracias a ella los pueblos avanzan, se abren los cauces para el bien común que conlleva el respeto de los derechos humanos, y es, al mismo tiempo, un área para ejercitar o practicar la unión y la solidaridad de los ciudadanos para que, unidos, hagan de los pueblos y las naciones el hogar común de todos.

No cabe duda que la política es una virtud que ennoblece al hombre y crea el bien de la sociedad asegurando así su honesto desarrollo.

Otra cosa será hablar de los políticos. Los hay que, haciendo uso de los valores que encierra la política, son factores positivos para el desarrollo, avance y prosperidad de los pueblos.

Pero, lamentablemente, también hay políticos que hacen uso indebido de la política: la consideran escala para ejercer el poder público lamentablemente no siempre honesto. Son políticos advenedizos, oportunistas y ambiciosos para llegar al poder en beneficio propio y/o de los suyos.

Cuando un ciudadano se inserta en un partido debe ser porque ha considerado el valor de su ideología, la nobleza de sus principios y la honestidad de sus medios para alcanzar la responsabilidad del poder público. En verdad que los partidos deben ser una verdadera escuela de formación para lograr funcionarios capaces y honestos. Si los políticos no son egresados de un partido, escuela positiva de formación, el ciudadano queda insatisfecho y anda en la búsqueda de la formación política que no encuentra; y así un político se convierte en “político chapulín” que hoy está en un partido , mañana en otro, y después en un tercero o cuarto, y así tenemos a los políticos chapulines que brincan de un partido a otro sin encontrar sosiego. Estos políticos chapulines en realidad andan en la búsqueda de “huesos” que satisfagan su ambición de poder y de dinero; desgraciadamente hay no pocos de éstos entre nosotros. ¿Usted qué opina?

EL OBSERVADOR 410-10

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CULTURA
Democracia y desobediencia civil

Por Carlos Díaz

Ante la pasada invasión de Iraq uno se pregunta: ¿qué actitud tomar ante las leyes democráticas legales pero inmorales: acatarlas, contraviniendo la propia conciencia? Ciertamente no. ¿Desobedecerlas asumiendo entonces el riesgo de vivir de algún modo en la ilegalidad? Sí. Aunque el ejercicio de la democracia como disidencia por motivos morales no sea cómodo, hacer democracia verdadera puede también consistir en desobedecer ciertas formas de democracia falsa. Desde que san Agustín en el siglo V la acuñó con el lema «la ley injusta no es ley», la desobediencia usa la objeción de conciencia frente a las leyes injustas. Las leyes humanas a veces son incompatibles con la conciencia moral de los individuos, los cuales optan por desobedecerlas.

El término «desobediencia civil» se acuña a mediados del siglo XIX, aunque entronca con una larguísima tradición que se remonta a Sófocles, cuando Antígona entierra a su hermano Polinice contra la expresa prohibición de Creonte, el tirano de Tebas, inaugurando así un modelo de desobediencia a las leyes de la ciudad para cumplir las «leyes no escritas» que le mandaban enterrar a su hermano. Esta acción antepone el dictamen de la propia conciencia respecto a los mandatos legales. Ya a las puertas del mundo moderno John Locke (1632-1707) termina su segundo Tratado sobre el gobierno civil considerando la posibilidad de que el pueblo retire su consentimiento al monarca si éste no cumple los pactos. La revolución estadounidense comienza con un acto de desobediencia a las leyes del té (1775) y formula en la Declaración de Independencia (1776) el derecho del pueblo a darse a sí mismo la forma de gobierno que estime conveniente e igualmente a derrocar al gobierno despótico. La Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano de la revolución francesa (1789) recoge, asimismo, el derecho de resistencia al opresor. También Henry David Thoreau (1817-1862) reacciona contra el esclavismo de la democracia formal estadounidense: «Cuando una sexta parte de la población de una nación que ha emprendido la tarea de ser el refugio de la libertad es esclava y todo un país es injustamente invadido y conquistado por un ejército extranjero y sometido a la ley marcial, creo que no es demasiado pronto para que los hombres honestos se rebelen y revolucionen». Thoreau actuó y se atuvo a las consecuencias: por negarse a pagar un impuesto para la guerra (objetor de conciencia fiscal temprano) fue detenido y encarcelado en 1846.

John Rawls define a la desobediencia civil como «un acto público, no violento, consciente y político contrario a la ley, cometido con el propósito de ocasionar un cambio en la ley o en los programas del gobierno». La desobeciencia civil, u objeción de conciencia, puede ser total o parcial. Desde luego, existe una forma perversa de insumisión que no es sino complejo de Edipo rebelde, la del ciudadano a quien todo urtica porque tiene piel de bebé. Sin embargo, la desobediencia civil sólo está legitimada cuando además de existir una injusticia seria y duradera, los recursos institucionales no son operantes o hay fundamento para pensar que no van a serlo. Antes que desobedecer a las leyes hay que intentar cambiarlas, bien por la vía judicial o por la vía política. De lo contrario lo que se fomentará es la falta de respeto a la legalidad y el que cada cual haga la guerra por su cuenta; lo que dará lugar a un cierto estado de anomía.

Una administración que trata a los ciudadanos como súbditos y unos poderes públicos que tienden a ver el poder como medio de obligar a los ciudadanos a someterse proporcionan justificación ética para rebelarse. Sin embargo, el hábito de la picaresca (esa forma de desobediencia tan poco civil y tan arraigada) debe hacer pensar si el recurso a la desobediencia civil va a producir más males que bienes o más bienes que males. La desobediencia civil no puede ser un nuevo manto ideológico para tapar y gorificar la falta de sentido cívico y de solidaridad con el bien publico.

EL OBSERVADOR 410-11

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CRÍTICA DE MEDIOS DE COMUNICACIÓN
¿Por qué la radio?

Por Santiago Norte

Los espacios noticiosos de la radio gozan de cabal salud en México. Esa es la primera conclusión que se puede sacar de la novena entrega de la encuesta sobre consumo cultural y medios de comunicación del periódico Reforma. Una encuesta que debería abarcar más áreas del país, aunque la podemos utilizar como guía para saber cómo usamos los medios y qué hay detrás de las conductas de los mexicanos frente a ellos y a su entorno.

Respecto a 2001, lo sucedido en 2002 con la radio es un salto espectacular. Y 2003 traerá la consolidación de un medio noticioso por excelencia, sobre todo por la combinación entre elecciones intermedias y guerra en el Pérsico. La radio se ha convertido en el medio calificado para informar a los usuarios de medio país.

Es cierto que la batalla contra la televisión es muy cerrada, todavía ganando la televisión en porcentajes de audiencia: 85 contra 79 por ciento que utilizan todos los días la televisión y el radio, respectivamente.

Pero mientras la televisión representa un ruido de fondo, una imagen a la que se le cree pero no tanto, la radio informativa posee una categoría de veracidad que muy pocas veces se alcanza a verbalizar por parte de los encuestados, pero que es tan real como lo ha sido siempre la palabra hablada, sobre todos entre nosotros, los mexicanos.

No quiero levantar aquí un monumento a favor de la relación radiofónica entre usuario y medio. Pero sí creo que ante la opulencia de la imagen repetitiva e insidiosa, la radio hablada, la radio informativa y formativa está subiendo como la espuma. Alguien que sabe muy bien de lo que habla, el periodista Miguel Ángel Granados Chapa, ha dicho que “el porcentaje del público al que le gusta escuchar noticiarios dio un salto enorme en 2002, respecto del año anterior”.

¿Por qué la radio? ¿Ha agregado este medio algún elemento nuevo de persuasión al público? ¿Ha innovado sus técnicas? La verdad es que el salto espectacular del que habla Granados Chapa no corresponde a fortaleza del medio sino, creo yo, a una mayor necesidad de encontrar alternativas de verdad por parte de los usuarios. Alternativas que no encuentran ni en televisión ni en internet. Es decir, que no están en la imagen tele trasmitida o tele recibida.

Hay como una duda existencial frente a la imagen. Y la radio viene a ocupar ese vacío, ese momento de duda, esa pulsión —si se me permite el término— de todos por que “nos hablen”, porque “nos cuenten” las cosas como son en realidad, no como aparecen en una imagen que —ya sabemos— responde a intereses “superiores”, distintos, en los que alguien me está queriendo vender algo.

La radio informativa recupera, así sea fugazmente, el sentido de la palabra, el sentido del lenguaje, que es comunicación al otro para motivar su acción o su reflexión. Los que trabajamos en ella sabemos reconocer esa fugacidad, pero también esa capacidad de crear vínculos —de complicidad— que en ningún otro medio se produce. Una magia que viene de la palabra y la escucha. Del valor perdido del lenguaje, único protagonista de la radio.

También en esto vamos de bajada. Pero es alentador que el público se sacuda de vez en cuando al imperio de la imagen y “baje” al sótano de la palabra, para encontrar ahí, escondido, el valor de la comunicación oral, tan reverenciada entre nuestros antepasados remotos e inmediatos.

EL OBSERVADOR 410-12

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DILEMAS ÉTICOS
La Pascua no termina el Domingo de Resurrección

Por Sergio Ibarra / sibarra@gmi.com.mx

Cuando llegó la noche de aquel mismo día, el primero de la semana, estando las puertas cerradas en el lugar donde los discípulos estaban reunidos por miedo de los judíos, vino Jesús y, puesto en medio, les dijo: «Paz a vosotros».

Y extendió hacia ellos las manos, mostró por una parte y otra las señales sangrientas de los clavos, y abrió la túnica por el pecho para que vieran la herida de la lanza en el costado. Algunos se levantaron y pudieron ver arrodillados en los pies desnudos los dos agujeros profundos entre moretones. Pero no se arriesgaron a tocarlo, quizás temerosos de que desapareciera de improviso. Era Él, con su rostro y con su voz y las señales innegables de la crucifixión; había algún cambio en su aspecto. Llenos de dudas lo miraban. Para deshacer estos titubeos Jesús les dijo:

«Paz a vosotros. Como me envió el Padre, así también Yo os envío. Recibid el Espíritu Santo. A quienes remitiereis los pecados les son remitidos, a quienes se les retuviereis le son retenidos».

No quería ya otro alimento que aquel que había pedido, casi siempre en vano, en toda su vida. Pero para aquellos hombres carnales, y quizás más que los de hoy, era necesaria una prueba también carnal; quien piensa únicamente de la materia y de materia se alimenta, érale menester una prueba. Pues Tomás, una vez enterado de lo que había ocurrido, incrédulo, dijo a sus compañeros: «Si no viere en sus manos la señal de los clavos y metiera mi dedo en el lugar de los clavos y metiere mi mano en su costado, creeré». Ocho días después, estando reunidos los discípulos, con Tomás, Jesús apareció y le dijo: «Pon aquí tu dedo y mira mis manos; y acerca tu mano y métela en mi costado y no seas incrédulo sino creyente». Y Tomás le contesto: «Señor mío y Dios mío». Jesús entonces le dijo: «Porque me has visto creíste; bienaventurados los que no vieron y creyeron».

Sesenta o sesenta y cinco generaciones han pasado, y aún los propios cristianos, cuando la fe se pone a prueba, queremos pruebas. Ése es el dilema. Tenemos como nuestro gran Maestro al único que ha resucitado. Al único. Ésa es la gran diferencia con cualquier otra religión. Y Él ha tenido muchos discípulos que se manifestaron como tales. Muchos que nos dieron con sus vidas un testimonio de aspirar a ser discípulos de Jesús. Ojalá que muchos de quienes aspiramos a serlo tengamos la fe de algunos de ellos. La fe requiere de lo que Jesús hizo por nosotros, manifestarse.

Hoy, que es un día de fiesta para nosotros los cristianos, para nosotros los católicos, y hay que celebrar, le sugiero hacerlo escuchando a uno de estos discípulos distinguidos de Jesús, a un genio de la música: Gustav Malher. En 1894 publicó su segunda sinfonía dedicada no solo a Jesús, sino, de manera muy particular, a la resurrección del Resucitado, de aquel a quien le pidieron pruebas.

Malher, quien no necesitó pruebas, se expresa en el quinto y último movimiento de una de sus obras maestras: «Suavemente aparecen los sonidos de los santos y de las criaturas celestiales y la gloria de Dios aparece, milagrosamente penetra en nuestro corazón. No más pecados, no más castigos, no más recompensas, sólo la bendición del amor para todos nosotros».

Felicidades; la Pascua, el paso de la muerte a la vida, inicia el Domingo de Resurrección, pero dura 50 días.

EL OBSERVADOR 410-13

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CONTEXTO ECLESIAL
Mensaje de los obispos a las familias mexicanas


Resumen del documento que el episcopado mexicano difundió al término de la LXXV Asamblea Plenaria, celebrada del 28 de abril al 2 de mayo, en la que se reflexionó sobre «La familia, santuario de la vida, buena nueva para el tercer milenio».

Dios es el autor del matrimonio y la familia, los cuales constituyen uno de los bienes más preciosos de la humanidad. La familia es un patrimonio humano. Si llegáramos a perderla, nos privaríamos de la célula vital de la sociedad. Reconocemos el esfuerzo de tantas familias por conservar los principios y valores de su identidad natural y cristiana; sin embargo, constatamos con dolor que muchas familias se van desintegrando. Algunos ya no valoran el matrimonio como el camino para fundar una familia desde la base del amor de alianza fiel e indisoluble entre un hombre y una mujer. Es significativo en este sentido que hasta se llegue a querer «legitimar» una parodia del matrimonio, como son las llamadas «sociedades de convivencia».

Cuando se cede a la tentación de las relaciones prematrimoniales o se sufre la violencia injusta de la violación, se da con mucha frecuencia el hecho de la maternidad adolescente que, a menudo, termina en el aborto. Queremos ayudar a estas jóvenes madres solteras, ofrecerles comprensión, solidaridad y apoyo para que encuentren una solución humana y cristiana, ya sea aceptando generosamente conservar a su hijo o dándolo en adopción.

La sexualidad es un don de Dios, ordenado al amor y con una base biológica natural: el ser humano es varón o mujer, con diferencias biológicas, genéticas, psicológicas y espirituales que les complementan y enriquecen recíprocamente. Con la sexualidad, los esposos entran en comunión y a través de ella se convierten en padres, colaboradores de Dios para la transmisión de la vida. No se puede banalizar la sexualidad reduciéndola sólo a un medio de placer que instrumentaliza a las personas, como en el caso de la explotación de niños y mujeres, además de propiciar la transmisión de graves enfermedades, como el SIDA y el papiloma humano.

En el sacramento del matrimonio el amor de los esposos está llamado a ser único, indisoluble y santo. Esta verdad contrasta con la creciente mentalidad divorcista. Muchos consideran que el matrimonio es un arreglo privado que se puede deshacer cuando quieran.

La celebración del sacramento del matrimonio debe ser digna y acercar a todos los participantes al Señor Jesús, Esposo de la Iglesia. Nos preocupa que muchas veces se reduzca sólo a un acto social, no respetando su dignidad.

Dios ha querido que la familia sea el santuario de la vida. A los esposos toca la decisión del número y espaciamiento de sus hijos, de manera responsable. Es grave que tantos esposos y quienes no lo son recurran a medios anticonceptivos, llegando incluso a esterilizarse para evitar el embarazo o, lo que es peor, recurrir al aborto. No se puede ser católico y promover el «derecho» al aborto. Exhortamos al conocimiento sin prejuicios de los métodos naturales de regulación de la fecundidad y a la educación para ejercer la paternidad responsable.

Los hijos, fruto y signo del amor de los esposos, son un don de Dios. No pueden ser considerados como un «derecho» y recurrir a la procreación asistida por medios inmorales como la «fecundación in vitro». Por otro lado, nos parece injusto que tantos niños sean abandonados a causa del divorcio y queden como huérfanos de padres vivos.

Dios ha dado al hombre la capacidad de transformar la naturaleza. Los avances de la ciencia y la biotecnología, orientados éticamente, benefician a la familia. Respetando el estatuto y la integridad del embrión humano y rechazando la clonación humana, la ciencia se mantiene al servicio de la dignidad del hombre y no se frena en su avance. Por eso, lamentamos la existencia de embriones humanos congelados, como si fueran sólo «cosas» a disposición de otros, siendo verdaderos seres humanos.

La paz en la familia es fuente de paz para la nación y la humanidad. Por eso nos entristece la presencia frecuente de la violencia intrafamiliar. La pobreza, la miseria y la falta de medios adecuados de salud son una violencia a la que se ven sometidas nuestras familias, provocando el doloroso fenómeno de la migración, que repercute directamente en la desintegración familiar.

Lamentamos el asesinato de tantas personas, como por ejemplo el de las mujeres de Cd. Juárez, y que sea otra expresión de impunidad. Otra forma de violencia es el aumento del narcotráfico y la drogadicción que destruye a los adolescentes y jóvenes.

Ante éstas y muchas otras situaciones que afectan a nuestras familias, los obispos de México nos sentimos impulsados por el Espíritu Santo a manifestarles la compasión del buen samaritano. No podemos dejarlas a la orilla del camino, llenas de miedo y dolor, amenazadas por ladrones que les quieren quitar la fe, la paz, la unidad y la fidelidad, la alegría de los hijos, la serenidad del diálogo doméstico, la solidaridad con la vecindad, la hospitalidad.

Como fruto de nuestra asamblea y a una sola voz, los obispos queremos decir: ¡Basta! a toda destrucción de nuestras familias. Nos comprometemos a atender esmeradamente a la familia desde nuestro ministerio. Con toda la fuerza de la nueva evangelización llamamos hoy a nuestros sacerdotes, a los consagrados y a los laicos a establecer un compromiso firme y audaz por anunciar, celebrar y servir el Evangelio del matrimonio, de la familia y de la vida en un espíritu de comunión. Es urgente que todos nos capacitemos. Promoveremos la formación de los agentes necesarios para impulsar esta nueva cultura.

Llamamos a las universidades, escuelas y maestros católicos a cumplir con su vocación de formar a sus alumnos en la recta conciencia moral sobre los temas de la sexualidad, el matrimonio, la familia y la vida, en comunión y fidelidad con el Magisterio de la Iglesia.

Nos dirigimos a los medios de comunicación masiva. Queremos trabajar con ustedes en un esfuerzo conjunto para la elaboración de contenidos que respeten y promuevan el matrimonio, la familia y la vida.

Invitamos a los empresarios a que tomen en cuenta el necesario apoyo a la familia de sus trabajadores no sólo en el aspecto económico, sino también educativo, moral y de sano esparcimiento.

Exhortamos a los legisladores a impulsar la creación y aprobación de leyes que promuevan y defiendan los derechos de la familia y la dignidad del ser humano, desde la fecundación del óvulo hasta su muerte natural, como lo establece la Constitución de los Estados Unidos Mexicanos.

EL OBSERVADOR 410-14

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EL RINCÓN DEL PAPA
El antídoto más eficaz contra los riesgos del consumismo

En reciente aduciencia general Juan Pablo II dirigió sus comentarios a lo que fue su quinto viaje apostólico a España

«Dos fueron los momentos principales de esta peregrinación pastoral: el gran encuentro con los jóvenes, en la tarde del sábado, y la santa Misa, con la canonización de cinco beatos.

«En la base aérea de Cuatros Vientos, en Madrid, la vigilia de los jóvenes, que tuvo como telón de fondo la oración del Rosario, me dio la posibilidad de volver a presentar en síntesis el mensaje de la carta apostólica Rosarium Virginis Mariae y del Año del Rosario que estamos celebrando. Invité a los jóvenes a ser cada vez más hombres y mujeres de sólida vida interior, contemplando asiduamente, junto a María, a Cristo y sus misterios. Precisamente ahí está el antídoto más eficaz contra los riesgos del consumismo, a los que está sometido el hombre de hoy. Ante las insinuaciones de los valores efímeros del mundo visible, que presenta un cierto tipo de comunicación mediática, es urgente contraponer los valores duraderos del espíritu, que sólo se pueden alcanzar recogiéndose en la propia interioridad a través de la contemplación y la oración.

«Tuve la alegría de proclamar santos a cinco hijos de España: Pedro Poveda Castroverde, sacerdote y mártir; José María Rubio y Peralta, sacerdote; y las religiosas Genoveva Torres Morales, Ángela de la Cruz y María Maravillas de Jesús. Estos auténticos discípulos de Cristo y testigos de su resurrección son un ejemplo para los cristianos de todo el mundo.

«Este quinto viaje apostólico en España me ha confirmado una profunda convicción: las antiguas naciones de Europa conservan un alma cristiana, que constituye una sola cosa con el 'genio' y la historia de sus respectivos pueblos. El secularismo amenaza, por desgracia, los valores fundamentales; pero la Iglesia quiere trabajar para mantener continuamente despierta esta tradición espiritual y cultural».

EL OBSERVADOR 410-15

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FIN

 
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