El Observador de la Actualidad

EL OBSERVADOR DE LA ACTUALIDAD
Periodismo católico para la familia de hoy
25 de mayo de 2003 No.411

SUMARIO

bulletINSTRUCCIÓN PASTORAL - Todos destinatarios y protagonistas de la política
bulletQuien vota por un candidato abortista se hace responsable de la muerte de inocentes
bulletCARTAS DEL DIRECTOR - Y sí importa
bulletLos mártires mexicanos de la persecución religiosa deben fijarse en nuestra memoria y nuestra devoción
bulletAL PASO DE DIOS - Piedad popular
bulletFAMILIA - Signos de un afecto desordenado
bulletPINCELADAS - Geometría cristiana
bulletREPORTAJE - ¿Son 73 o 66 los libros de la Biblia?
bulletJÓVENES - ¿De verdad amas a tu novio o novia?
bulletLOS VALORES DE LOS MEXICANOS - Seguridad, un valor familiar
bullet¿USTED QUÉ OPINA? - Cultura política
bulletCULTURA - La noche
bulletGRANDES FIRMAS - Vía de María
bulletCOMUNICACIÓN - Videojuegos violentos: sin restricción alguna
bulletPICADURA LETRÍSTICA - Ninfas y cupidos, sí; Cristo, no

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INSTRUCCIÓN PASTORAL
Todos destinatarios y protagonistas de la política

Antes de renunciar, por razones de edad, a su cargo de arzobispo de Monterrey, el cardenal Adolfo Suárez Rivera preparó una instrucción sobre la dimensión política de la fe, que contiene criterios pastorales orientadores para ejercer el derecho del voto en las próximas elecciones. Por su extraordinario interés transcribimos algunos párrafos selectos:

* Las próximas elecciones exigen de orientaciones para la feligresía, basadas en el respeto absoluto a la conciencia de los seglares en sus opciones políticas. No podemos, ni debemos, suplir o manipular esa conciencia.

* El voto es un derecho, pero también un deber. Éste se expresa en las siguientes obligaciones particulares:
- Obligación grave de votar.
- Obligación de votar según las exigencias del bien común.
- Obligación de negar el voto a partidos o candidatos cuyos programas no respeten los derechos humanos fundamentales.
- Obligación de votar según la propia conciencia.

* Votar según la propia conciencia, entonces, exige conocer, en la medida de lo posible, las propuestas y plataformas de los partidos y candidatos contendientes, y otorgarles nuestro voto no por posibles beneficios personales sino para fortalecer a la comunidad toda.

* Ningún programa político, proyecto, partido o candidato pueden atribuirse la representación de la Iglesia católica, como si se les debiera identificar sin más con ella, ni siquiera en los casos en que ellos afirmen pertenecer a nuestra Iglesia o estar inspirados por los principios de la Enseñanza Social de la Iglesia.

* Como ministros de una institución religiosa, estamos obligados a respetar la legítima pluralidad de las instituciones políticas, de sus programas y candidatos; y, al mismo tiempo, evitar que la celebración pública de la Misa y de otros actos específicamente religiosos se conviertan o aparezcan como actos de campaña de un candidato o partido; por tanto no aceptemos la realización de actos públicos propios de nuestra Iglesia para pedir el éxito de una campaña o dar gracias por el triunfo de un candidato particular.

* De la misma manera, evitaremos el facilitar los templos o sus anexos, los espacios editoriales parroquiales y foros eclesiales para que los candidatos expresen sus ideas a los fieles.

* Confiamos en que candidatos, partidos y autoridades electorales ofrecerán campañas y elecciones de altura, en las que brillen el respeto y la transparencia y en las que se evite la violencia en cualquiera de sus manifestaciones.

EL OBSERVADOR 411-1

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Quien vota por un candidato abortista se hace responsable de la muerte de inocentes , dice Mons. Arizmendi

La semana pasada, en la homilía pronunciada con ocasión del quinto domingo de la Pascua, monseñor Felipe Arizmendi Esquivel, obispo de San Cristóbal de las Casas, advirtió a los católicos que quienes votan por candidatos que defienden el aborto, se hacen moralmente responsables del mal moral.

Destacó que quien está desgajado o separado de Cristo "pone su seguridad en radicalizar sus posturas".

"Lo mismo pasa entre candidatos a puestos públicos, sobre todo ahora que ya han arrancado las campañas electorales. Sólo se oyen ofensas y descalificaciones a quienes contienden por un partido distinto al propio. La ambición por obtener un triunfo electoral incita a querer derrotar a los otros a como dé lugar, a veces sin reparar en la ética de los procedimientos".

Monseñor Arizmendi explicó, además, que cuando un obispo llama al electorado a reflexionar su voto "para no apoyar a quienes favorecen el aborto, las 'sociedades de convivencia' entre homosexuales y los métodos ilícitos de control natal, entonces se van contra él, diciendo que se está metiendo en política y que viola nuestras leyes".

"No es así -subrayó-; los obispos no hacemos campaña a favor de un partido, pues la Iglesia convoca a todos a la unidad y no está casada con un partido, sólo recuerda deberes básicos para una convivencia social que respete la moral y los derechos fundamentales de las personas, como es el derecho a la vida".

Por ello "si alguien con su voto apoya a los abortistas, se hace responsable de la muerte de muchos inocentes", advirtió el pastor diocesano.

EL OBSERVADOR 411-2

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CARTAS DEL DIRECTOR
Y sí importa
Por Jaime Septién

Yo no sé si el lector se sienta, como se siente un servidor, inmerso en una vorágine de tonterías electorales, de acusaciones sin fondo entre partidos políticos, y como siendo títere de una estrategia sombría, redactada por personajes a los que usted o yo importamos un cacahuate. Del noble derecho que asiste a la política de reclamar su dignidad, su arte de la más suprema caridad, hemos caído -en nuestro país- a un ramplón panorama de cancioncillas pegajosas.

Los partidos políticos están aturrullados, pidiendo el voto que el ciudadano, seguramente, les dará, pero tapándose las narices. El mensaje es muy claro: estamos hartos de este producto nauseabundo que nos venden como «oferta» para darles el poder. Hay destellos aquí y allá; de pronto alguno que quiere servir o que dice que quiere servir. Pero el panorama general, visto a vuelo de pájaro, y sobre todo entre los candidatos a diputados, es de una pobreza excepcional.

Y antes que nadie, son los propios candidatos y sus partidos los que deberían poner sus barbas a remojar. Ya han visto (ejemplo: el Estado de México) que hay una ciudadanía «hasta el copete» de transas, baratijas electoreras, triquiñuelas, bolas ensalivadas, navajazos y trifulcas. El panzón en la sombra, rey del zipizape, puede irse con su tinglado a otra parte. Lo mismo que el leguleyo, el gritón de plaza pública, la revoltosa o el zángano fifi. Hoy, el listón de la sociedad -también de la Iglesia- ha sido puesto muy alto. Para bien del México que queremos. Para mal del México que no queremos. Ese México zurrado por las desfachatez de unos cuantos, que se lo han robado -como el embajador del Tennesse en El otoño del patriarca, de García Márquez- en su perverso maletín.

Nos queda, enhiesta, la dignidad. Sean capaces, partidos y candidatos, de estar a la altura de la dignidad de sus conciudadanos. En esta hora de México, vean por México. Ya, de una vez por todas, dejen de arrimarse a la sombra del árbol de la estupidez -que es un árbol grandote, copudo- y éntrenle en serio a buscar la calidad de vida que tenemos derecho a gozar. Y, por favor, déjense ya de ñoñerías. Estamos grandecitos como para caer en trampas, por más que nos digan que no, que ya cambiaron, que ahora sí, que ésta es la buena, que ya veremos lo que es canela y el bla, bla, bla de cada tres o seis años. Sean hombres y mujeres de compromiso, de propuesta, de caridad. La miseria que asola al país es grande. Y sí importa.

EL OBSERVADOR 411-3

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TESTIMONIO
Los mártires mexicanos de la persecución religiosa deben fijarse en nuestra memoria y nuestra devoción

Son santos desde hace tres años -y hoy es su fiesta- los mexicanos Cristóbal Magallanes Jara y 24 compañeros mártires de la fe, a saber: Román Adame Rosales, Rodrigo Aguilar Alemán, Julio Álvarez Mendoza, Luis Batis Sáinz, Agustín S. Caloca Cortés, Mateo Correa Magallanes, Atilano Cruz Alvarado, Pedro Esqueda Ramírez, Margarito Flores García, José Isabel Flores Varela, David Galván Bermúdez, Salvador Lara Puente, Pedro de Jesús Maldonado Lucero, Jesús Méndez Montoya, Miguel de la Mora de la Mora, Manuel Morales, Justino Orona Madrigal, Sabás Reyes Salazar, José María Robles Hurtado, David Roldán Lara, Toribio Romo González, Jenaro Sánchez Delgadillo, Tranquilino Ubiarco Robles y David Uribe Velasco, todos ellos muertos por ser fieles a la Iglesia católica, ninguno levantado en armas, cada uno perdonando a sus verdugos, con un tiro de gracia en la frente, ahorcados o fusilados por defender su fe y rechazar la "Ley Calles" por culpa de la cual se suspendían los cultos religiosos en todo el territorio nacional.

El poco tiempo transcurrido desde que fueron canonizados no ha bastado para enraizarlos en nuestra devoción, para que los veneremos y los invoquemos suficientemente. Esto hay que remediarlo. "La expresión y los mejores frutos de la identidad cristiana de América -ha dicho Su Santidad Juan Pablo II- son sus santos. En ellos el encuentro con Cristo vivo es tan profundo y comprometido que se convierte en fuego que lo consume todo, e impulsa a construir su Reino, a hacer que Él y la nueva alianza sean el sentido y el alma de la vida personal y comunitaria. América ha visto florecer los frutos de la santidad desde los comienzos de su evangelización. Las beatificaciones y canonizaciones, con las que no pocos hijos e hijas del Continente han sido elevados al honor de los altares, ofrecen modelos heroicos de vida cristiana en la diversidad de estados de vida y ambientes sociales. La Iglesia, al beatificarlos o canonizarlos, ve en ellos a poderosos intercesores unidos a Jesucristo, sumo y eterno sacerdote, mediador entre Dios y los hombres. Los beatos y santos de América acompañan con solicitud fraterna a los hombres y mujeres de su tierra que, entre gozos y sufrimientos, caminan hacia el encuentro definitivo con el Señor. Es necesario que sus ejemplos de entrega sin límites a la causa del Evangelio sean no sólo preservados del olvido, sino más conocidos y difundidos entre los fieles del Continente".

EL OBSERVADOR 411-4

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AL PASO DE DIOS
Piedad popular
Por Amadeo Rodríguez Magro

Hay expresiones que, en la concepción de mucha gente, evocan más lo que han recogido de negativo al paso del tiempo que lo mucho de positivo que encierran. Algo de eso sucede con «piedad o religiosidad popular». Muchos, al escucharla, tienen la impresión de que hay varias versiones de lo religioso y de que lo popular está en escalón más ínfimo en cuanto a la valoración; parece que se cree mejor o peor según sea el nivel de cultura religiosa de los creyentes. Se identifica esa piedad, la popular, con la versión más negativa de lo religioso, la que está envuelta en formas más bien lejanas a la fe.

Hoy, sin embargo, la piedad popular pone de relieve sus valores y se reivindica a sí misma como expresión necesaria de la vida creyente, como un clima que no deberían desconocer y menos menospreciar los que buscan enraizar la fe en el calor de la vida cotidiana y en el clima cultural en el que viven. Cierto que debe tener unos referentes teológicos, litúrgicos y pastorales, en los que moverse como en su tierra fecundante o su clima vital; pero la piedad del Pueblo de Dios, que somos todos, tiene mucho que ofrecer a la oración que el creyente hace tanto en la intimidad y al calor del corazón como a la que comparte en el gozo de la convivencia.

La clave está en que se mueva siempre en el clima vital de las comunidades cristianas: en su vida de fe, en su preocupación misionera, en su servicio de la caridad y, sobre todo, en su experiencia litúrgica. Cuando se alejan de ese ambiente, para buscar senos más aparentemente rentables social o culturalmente, corren el riesgo de perder su verdadera identidad.

EL OBSERVADOR 411-5

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FAMILIA
Signos de un afecto desordenado
Por Yusi Cervantes Leyzaola

La amistad es posible. Más aún, responde a la vocación misma del ser humano, a su tendencia al amor. La amistad es una expresión del amor que exige de quienes la viven una suficiente madurez afectiva. Amistad es ese encuentro donde dos seres humanos se comunican lo mejor de su existencia, es un diálogo entre dos personas que se reconocen como tales, que han logrado un "yo" adulto y por tanto son capaces de relacionarse con un "tú".

La amistad debe ser libre y dejar en libertad. Debe crear y enriquecer, jamás envilecer o mutilar. En la amistad no se debe hacer uso del otro, codiciarlo, atarlo o recargarse en él (esto, en realidad, no debe hacerse en ninguna relación humana). Tampoco se vale influir para que el otro pase sobre sus principios, ni buscar en él justificación para las propias faltas. Cuando estas cosas ocurren, ya no estamos hablando de amistad.

Siempre corremos el riesgo de llamar amistad a lo que no lo es o de, quizá en un momento difícil, desviar una relación que hasta entonces había sido buena. El afecto se nos presenta con su fuerza arrolladora como consuelo, como bálsamo, como estímulo... Y cuando menos pensamos, aquello que llamábamos amistad nos ha perturbado o nos ha alejado de nuestros valores, incluso de los más esenciales.

¿Cómo sabes si nuestra relación es en verdad amistosa? ¿Cómo descubrir si nos estamos engañando a nosotros mismos? El padre Rafael Checa, OCD, en un retiro sobre ascesis, habló sobre ciertos signos de que un afecto es desordenado, de que una amistad no es sana. Son pistas -no las únicas, por cierto- que nos deben alertar, y, si es el caso, llevarnos a tomar las decisiones pertinentes para corregir el problema:

* La presencia del amigo produce una alegría desorbitada, escandalosa o incontrolable.- Por ejemplo, Patricia va por su amigo Jorge al aeropuerto. En cuanto lo ve, corre por los pasillos, con lágrimas de emoción en los ojos.

* Su ausencia trae tristeza perturbadora de la paz interior, morbosa, deprimente, desesperada.- Como Saúl, que, cuando su amiga Sandra salió de viaje, estaba deprimido, no se concentraba en el trabajo, llamaba a casa de Sandra, aun sabiendo que no estaba, y estaba todo el tiempo inquieto.

* El trato del amigo nos aleja de Dios, nos entibia de la piedad y el fervor.- Tal vez porque tenemos miedo de que, al acercarnos a Dios, podemos encontrarnos con la verdad de la desviación de nuestra amistad. O porque estamos tan embelesados con el amigo o la amiga que pareciera que Dios no nos hace falta. O porque pasamos tanto tiempo con él o ella que no nos queda tiempo para ir a Misa y hacer oración.

* Entibia o debilita el afecto hacia las personas a quienes tenemos obligación de amar.- Esto incluye la expresión del afecto y la dedicación que merecen nuestros seres queridos. Por ejemplo, Laura platica horas con su amigo Alejandro, y cuando llega a su casa, ya no siente deseos de compartir nuevamente, ahora con su esposo, sus problemas, planes e inquietudes. O Diego, que pasa tanto tiempo con su amigo Raúl que ya no convive con sus hijos el tiempo que éstos requieren.

* El tiempo que dedicamos a esta persona en las citas, llamadas telefónicas o favores que le hacemos.- Impide el cumplimiento de nuestros deberes. Nos atrasamos en el trabajo, por ejemplo, o definitivamente no hacemos algunas cosas que deberíamos haber hecho.

* Se exige un cierto grado de exclusividad.- Por ejemplo, Olga y su jefe están siempre al pendiente uno del otro y ninguno permite al supuesto amigo establecer con otra persona una relación similar a la que tienen.

* Experimentamos envidia o celo de que nuestro amigo estime a otras personas o sea apreciado por ellas. - Peor aún si establece una relación de pareja con otra persona.

* Los regalos o favores exceden a las posibilidades económicas de la persona (por ejemplo, demasiadas invitaciones a cenar que desbalancean el presupuesto de quien invita) o al uso del ambiente (una joya cara, por ejemplo, no es regalo adecuado entre amigos).

* Las expresiones de afecto expresan más afecto del natural en una amistad o son más íntimas que las socialmente aceptadas.- Como Esther y Mariano, que en público se besan afectuosamente en la mejilla, pero en privado se dan un abrazo demasiado estrecho y un beso en el que se rozan sus labios.

(NOTA- Los ejemplos son nuestros)

¿Qué hacer si nuestro afecto se ha desordenado?

Primero que nada, debemos abrirnos a aceptar la realidad. De nada servirá que lo sigamos negando o que evitemos enfrentarlo.

Dialoguemos con Dios sobre lo que nos pasa. Pidámosle que sea Él quien trace el programa de nuestra amistad, sus límites y sus cauces.

Debemos optar por los bienes mayores: la integridad de nuestra vida y la pureza de la amistad.

Es probable que el afecto desordenado nos esté dando luces sobre carencias en nuestra vida. Necesitamos preguntarnos qué verdaderamente pasa en nuestra vida y en nuestro interior, para entonces buscar la plenitud de ser persona.

Hay que tomar las decisiones prácticas pertinentes, que son diferentes en cada caso, pero sin autoengaños, actuando responsable y honestamente. Estas medidas pueden ir desde renunciar a la relación a marcar distancias, alejarse por un tiempo, cambiar las condiciones de los encuentros, involucrar a otras personas -por ejemplo, la familia- en la relación…)

Ofrezcamos a Dios nuestro potencial erótico y mantengamos viva una relación de amistad con Él.

EL OBSERVADOR 411-6

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PINCELADAS
Geometría cristiana
Por Justo López Melús *

En la geometría se puede dar lo horizontal y lo vertical por separado. Pero en la geometría cristiana estas dimensiones se dan siempre inseparablemente unidas. No hay verdadera opción vertical, hacia Dios, sin amor al prójimo, que implica necesariamente la justicia. Y toda opción horizontal, hacia el prójimo, si es genuina, termina por acercarnos a Dios.

Así lo simbolizan, según el poeta, los maderos de la Cruz:

Los brazos en abrazo hacia la tierra,
el astil disparándose a los cielos.
Que no haya un solo adorno
que distraiga este gesto,
este equilibrio humano
de los dos mandamientos.
Más sencilla, más sencilla,
haz una cruz sencilla, carpintero.

* Operario Diocesano en San José de Gracia en Querétaro.

EL OBSERVADOR 411-7

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REPORTAJE
¿Son 73 o 66 los libros de la Biblia?
Las Biblias católicas tienen 73 libros; las protestantes, sólo 66. ¿Por qué esta diferencia?

Dos versiones del Antiguo Testamento

Cuando, por inspiración divina, el antiguo pueblo hebreo comenzó a escribir la enseñanza religiosa, lo hizo en su lengua nativa: el hebreo. Así, escribió 39 libros, que componen la versión palestinense o hebrea del Antiguo Testamento.

Pero, por motivos de conquista, la lengua hebrea prácticamente desapareció, siendo sustituida por el arameo en tierra palestina, mientras que en el extranjero, donde radicaba la mayoría de los judíos, éstos hablaban el griego.

Los judíos de habla girega sintieron la necesidad de tener el texto sagrado en la lengua que ellos entendían. Fue entonces que se hizo una traducción de la Biblia del hebreo al griego. Estos judíos, además, estaban convencidos de que Dios no dejaba de comunicarse con su pueblo aun fuera de la Tierra Santa, y que lo hacía iluminando a sus hijos en las nuevas circunstancias en que se encontraban; dicha comunicación divina inspiró la escritura de otros textos más, actualmente llamados deuterocanónicos. A la suma de libros deuterocanónicos más los traducidos al griego de la versión hebrea se le llama versión de los LXX (porque se supone que fueron setenta los sabios traductores) o versión alejandrina (porque la traducción se realizó en la ciudad egipcia de Alejandría).

Los judíos de Palestina también llegaron a conocer los textos deuterocanónicos: Judit, Baruc, Tobías, 1 y 2 de Macabeos, Sabiduría, Eclesiástico (Sirácides), y fragmentos de Ester y Daniel.

Los judíos hacen su canon

En el siglo I d. C. surge el cristianismo, que ahora entiende los textos del Antiguo Testamento a la luz de Cristo. Provocó una reacción muy dura de parte de los judíos. Estos empezaron por expulsar a los cristianos de las sinagogas (Jn 15, 18-21), y a matarlos (Hch 7, 5 7-60). Los judíos proscribieron entonces la versión de los LXX porque «favorecía» la interpretación del Antiguo Testamento que hacían los cristianos. Es en este momento (entre el 90 y 100 d.C.) cuando los judíos definen que los únicos libros sagrados (canon) son los 39 de la versión palestinense. Para llegar a esa conclusión se basaron en principios tan absurdos como que los libros inspirados debían haber sido escritos antes de Esdras (como si Dios a partir de esa fecha hubiera perdido la capacidad de comunicarse con su pueblo), y que la lengua de origen fuera el hebreo (digamos que Dios no sabe otro idioma). Así, quedaron expulsados de la lista todos los deuterocanónicos a pesar de que 1 Macabeos y Eclesiástico fueron originalmente escritos en hebreo, aunque sólo se pudieron coservar copias en griego.

La Biblia de los cristianos

Actualmente hay quienes dicen, con tremenda malicia o desmedida ignorancia, que la prueba de que los deuterocanónicos no son inspirados por Dios es que ni los judíos ni la Iglesia primitiva los aceptaron, que ni Jesús ni los escritores del Nuevo Testamento trataron dichos libros como sagrados, y que, mientras el Nuevo Testamento cita prácticamente todos los libros del Antiguo Testamento, no existe ni una sola cita de alguno de los libros deuterocanónicos.

La verdad es que los manuscritos más antiguos del Antiguo Testamento contienen los siete libros deuterocanónicos, excepto el. Codex vaticanus, al que le faltan los libros de los Macabeos.

Además, de las aproximadamente 350 citas en las que el Nuevo Testamento hace referencia al Antiguo, unas 300 utilizan la versión de los LXX y, también hay muchas referencias a los libros deuterocanónicos. Por ejemplo: cuando Hebreos 11, 35 dice que «unos fueron torturados, rehusando la liberación por conseguir una resurrección mejor», se refiere a lo narrado en 2 Macabeos 7, 1-29. En Juan 10, 22 se lee: «Se celebró por entonces en Jerusalén la fiesta de la Dedicación», fiesta que se encuentra en 1 Macabeos 4, 52-59. La idea «o es que el Alfarero no tiene derecho sobre el barro…», de Romanos 9, 21, se inspira en Sabiduría 15, 7. La cita 1 Pedro 1, 6-7 «oro perecedero que es probado por el fuego» se inspiró en Sabiduría 3, 5-6. Apocalipsis 21, 18 describe los materiales de construcción de la Nueva Jerusalén basándose en la descripción que hace Tobías 13, 21.

Es verdad que ni Cristo ni los apóstoles hicieron referencia a todos los libros deuterocanónicos, pero tampoco se refierieron al Cantar de los Cantares, Eclesiastés, Ester, Abdías, Sofonías, Jueces, 1 Crónicas, Esdras, Nehemias, Lamentaciones, y Nahum.

El canon de la Iglesia
Así pues, los verdaderos cristianos tuvieron desde el principio por inspirados los libros del canon alejandrino. Luego san Jerónimo, como opinión meramente personal, consideró preferible aceptar sólo los 39 libros del texto palestinense, pero, reconociendo la autoridad dada por Dios a la Iglesia, cuando tradujo la Biblia al latín incluyó los libros deuterocanónicos aceptándolos como inspirados. El concilio de Hipona, en el año 393, y los de Cartago, en 397 y 419, confirmaron el canon alejandrino, y fijaron el del Nuevo Testamento en 27 libros; lo anterior fue confirmado en el concilio de Florencia, en 1442.

Lutero despedaza la Biblia

Martín Lutero, en el siglo XVI, al hacer una traducucción de la la Biblia al alemán, decidió eliminar del canon los textos deuterocanónicos. Así , sin ninguna autoridad, agrupó los siete libros bajo el título de «apócrifos», señalando: «estos son libros que no se tienen por iguales a las Sagradas Escrituras». Desde entonces los protestantes decidieron confiar en la palabra de Lutero, despreciando lo enseñado por los Apóstoles.

Sin embargo, lo anterior no tiene nada de raro. La nueva religión inventada por Lutero necesitaba eliminar los libros que contradecían las novedades antibíblicas del protestantismo. Por ejemplo, Tobías 12, 12, el 2 Macabeos 12, 39-45 y el 2 Macabeos 15, 14 enseñan que son válidas las oraciones por los muertos; Tobías 12, 9 habla de la salvación por las obras, especialmente la limosna, y Tobías 12, 12- 15 demuestra la intercesión mediadora de los ángeles. (DRGB)

**********

Lutero también quitó libros del Nuevo Testamento

Los protestantes aceptan actualmente los 27 libros del Nuevo Testamento. Sin embargo, se encuentran en una posición contradictoria: por un lado reconocen el canon establecido para el Nuevo Testamento admitiendo la autoridad de la Iglesia católica en los concilios del siglo IV, pero no reconocen esa misma autoridad para el canon del Antiguo Testamento; ahí prefieren conformarse con lo dicho por Martín Lutero.

Sin embargo, estos ciegos seguidores del canon luterano seguramente ignoran que el fundador del protestantismo también eliminó cuatro libros del Nuevo Testamento, a saber: Hebreos, Santiago, Judas y Apocalipsis; lo anterior, porque tales escritos contradecían el recientemente inventado credo protestante. La carta de Santiago, por ejemplo, dice que «por las obras se justifica el hombre, y no sólo por la fe», lo que molestaba enormemente a Lutero. Por eso escribió en el prólogo de su Nuevo Testamento: «Hay que distinguir entre libros y libros. Los mejores son el evangelio de san Juan y las epístolas de san Pablo, especialmente la de los Romanos, los Gálatas y los Efesios, y la primera epístola de san Pedro; estos son los libros que te manifiestan a Cristo y te enseñan todo lo que necesitas para la salvación, aunque no conozcas ningún otro libro. La epístola de Santiago, delante de éstas, no es más que paja, pues no presenta ningún carácter evangélico».

También escribió en contra del libro de Apocalipsis: «Cristo no es enseñado o conocido en ese libro», y «Cada cual puede formar su propio juicio sobre este libro; por lo que a mí concierne, siento tal aversión al mismo que, para mí, esto es razón suficiente para rechazarlo».

Gracias a que Lutero murió los protestantes pudieron reincorporar estos libros a la Biblia.

EL OBSERVADOR 411-8

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JÓVENES
¿De verdad amas a tu novio o novia?

«Cuando al amor le ponemos adjetivos como «lógico» o «razonable» le deberíamos quitar el adjetivo "verdadero»
CHESTERTON.


Es curioso que, cuando se habla de la posibilidad de vivir un gran amor, casi todo el mundo se pone a pensar en la posibilidad de encontrar a alguien que le "dé" un gran amor. ¿No te parece que merecería la pena darle la vuelta al asunto? ¿Seríamos nosotros capaces de entregar a otro un gran amor?

Pueden responder a las siguientes cuestiones y luego mirar los resultados... ¡a ver qué pasa!

1) ¿Estarías dispuesto a perdonar a alguien sus errores, digamos, más de setenta veces?
2) ¿Te imaginas queriendo a la misma persona, digamos, más de cincuenta años?
3) ¿Estás plenamente convencido de que cuando dos personas se aman siempre se puede volver a empezar después de un bache gordo?
4) ¿Crees que es posible ser feliz aunque haya que renunciar a proyectos muy importantes para nosotros si la felicidad de la persona a la que amamos lo requiere?
5) ¿Te sientes capaz de seguir amando a alguien que -vamos a ponernos un poco trágicos- se haya quedado ciego, por ejemplo?
6) ¿Sueñas con ser capaz de dar la vida por otro?
7) ¿Te parece posible eso de amarse "hasta que la muerte nos separe?"
8) ¿Eres de los que piensan que sacrificarse por aquel a quien amamos es la cosa más normal del mundo?
9) ¿Te parecen un error frases como "estoy harto de ser yo el que siempre cede"?
10) ¿Has pensado alguna vez seriamente que si al amor se le ponen límites deja de llamarse amor?

Resultados

+ Si has contestado afirmativamente a todas o casi todas las preguntas pueden pasar dos cosas, que vivas en una nubecita de algodón o que tengas un grado de madurez de esos de caerse de espaldas. Es cierto que lo que aquí hemos expuesto es el amor perfecto -y que, desde luego, es posible- pero no puede lograrse si no es con lucha y esfuerzo personal. Si tienes las ideas claras y quieres vivir un amor así... ¡adelante! Por mucho que cueste ten por seguro que merecerá la pena. No lo dudes.

+ Si has contestado afirmativamente a más o menos la mitad de las preguntas es de suponer que eres una persona bastante realista y que te das cuenta de lo difícil que puede ser vivir un amor hasta el final. Pero no pierdas las esperanzas de lograrlo. Cree firmemente en que el ser humano ha sido hecho para amar y que es capaz de hacerlo. No te conformes con lo que es fácil ni con lo que todo el mundo dice que se puede conseguir. Si el mundo no es feliz es porque no se atreve a intentar la aventura de amar de verdad. No seas tú de los mediocres amando. ¡Conquista tu felicidad!

+ Si la mayor parte de tus respuestas han sido "NO"... ¡la tienes clara! ¿Cómo vas a aprender a amar si ni siquiera crees que el amor exista? Esas frasecitas como "un amor para siempre no existe" o "el amor eterno es una utopía"... pueden quedar muy monas para hacerse el interesante, pero no dejan de ser una tontería. En tu mano está soñar y luchar por una vida que merezca la pena o conformarte con una vida llena de "amores" del montón. ¡Anímate a soñar algo mejor! Los demás te lo agradecerán y tú serás mucho, mucho más feliz.

(Fuente: aunalia.com)

EL OBSERVADOR 411-9

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LOS VALORES DE LOS MEXICANOS
Seguridad, un valor familiar
Por Antonio Maza Pereda

La seguridad es un valor con muchas facetas y que abarca muchos ámbitos, además del de la familia, que es el que veremos en esta nota.

La familia nos hace sentir apoyados, seguros ante las fuerzas (a veces temibles) que están a nuestro alrededor. La familia es el lugar donde podemos ser nosotros mismos, donde no tenemos temor de que no nos acepten, donde sabemos que, al final, siempre nos perdonarán. Es el lugar donde valemos por ser miembros de la familia, no por lo que tenemos o lo que damos.

Claro, esto se da en la medida en que la familia viva otros valores, como la unidad, el amor, la solidaridad, que ya hemos mencionado en estas notas. Una familia donde esos valores no tienen un alto lugar en la jerarquía, es una familia que no da seguridad a sus miembros. Cuando el valor más importante es el económico o el bien personal, relegando los demás valores a un lugar de menor importancia, ocurre probablemente todo lo contrario: la familia es la primera en generar actitudes inseguras en sus miembros, actitudes que se reflejarán en todos los aspectos de la vida del miembro de esa familia.

Como ocurre con todos los valores, en este caso se puede incurrir en fallas por exceso o por defecto. Un aprecio exagerado por la seguridad que da la familia conduce a situaciones de dependencia, donde sus miembros no se desarrollan plenamente por temor a los "de afuera", es decir, los que no forman parte de su familia. Esta situación, por cierto, se da mucho cuando las familias emigran a comunidades con mejor nivel de vida en lo económico o lo cultural. Esa actitud exagerada genera personas cerradas a la sociedad, puede crear situaciones de dependencia que llegan hasta al infantilismo y puede hacer, en ciertos casos, que algunos de sus miembros acepten situaciones de abuso, dominio o violencia por parte de otros miembros de la familia, por temor de perder ese bien de la seguridad que perciben que no encontrarán fuera de la familia. Este fenómeno, que algunos especialistas llaman "familia amalgamada", no es tan raro como podría creerse.

También se dan, desgraciadamente, familias donde la burla cruel, el desprecio o hasta diversos tipos de abuso físico o psicológico generan miembros temerosos e inseguros, que enfrentan al mundo con gran temor, temor que muchas veces se refuerza y hace real por las propias condiciones de inseguridad de la persona.

La situación equilibrada, como siempre, está en un justo medio. Las familias debemos buscar, sobre todo para los hijos pero también para los demás miembros del grupo familiar, que éste sea el lugar donde tenemos la certeza de ser amados por ser quienes somos, donde se nos querrá y se nos perdonará siempre, en donde podemos contar que a todos les preocupa nuestro bien. Esta seguridad, sobre todo en los niños, es uno de los mejores patrimonios que los padres les podemos dejar. Ese sentido de su propia valía, la seguridad en sí mismos, el sentir que hay un lugar donde son amados y apreciados, hace que sean mujeres y hombres recios, firmes en sus convicciones, útiles a la sociedad y a las familias que formarán más adelante. Parafraseando el viejo dicho, detrás de cada gran hombre o mujer casi siempre hay una familia que lo apoyó, lo nutrió, le hizo creer en sí mismo y en su valía. Pero esa seguridad no debe basarse en crear miedo a todos los demás, una paranoia que haga que no confiemos en nadie más, porque todos los que son ajenos a nuestra familia son de dudosa confiabilidad. Ese fenómeno, por desgracia muy frecuente en algunas familias, hace que sus miembros no se desarrollen en lo humano y, a veces, hasta en lo económico, ya que solo emprenderán negocios donde puedan incorporar a miembros de su familia.

La seguridad, por cierto, es un valor que sube en la jerarquía de los valores familiares de los mexicanos. Si consideramos los cinco primeros valores, unidad y amor bajan de la jerarquía, mientras que bienestar económico y seguridad aumentan su importancia, y solidaridad se mantiene. Ojalá sepamos encontrar en éste, como en otros casos, un equilibrio que nos enriquezca como sociedad.

EL OBSERVADOR 411-10

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¿USTED QUÉ OPINA?
Cultura política
Por Genaro Alamilla Arteaga

Al parecer el mexicano, en general, carece de una cultura política que lo hiciera ser conocedor de sus deberes y de sus derechos ciudadanos. Esta carencia es la causa de que sea indiferente a toda la cosa pública. No es extraño escuchar por aquí y por allá: "A mí la política no me importa". Es lo más absurdo que pueda pensar y decir un ciudadano. ¿Por qué habrá personas que así piensan? Queremos creer que, más bien, quieren referirse a los políticos y no a la política como virtud social que todos debemos apreciar.

Cuanto diéramos por que todos los ciudadanos alimentaran en su mente la idea de que la política, en su más alto nivel social, es la que construye la nación, todo el tejido humano para el desarrollo y avance de un pueblo logrando así el bien común.

Entonces, cuantos podamos promover y hacer del conocimiento de nuestros ciudadanos la nobleza de esta virtud social, debemos hacerlo para bien de México. La cultura política da a conocer el valor y la importancia de esa virtud.

Es verdad que no pocas personas no quieren saber nada de la política, y esto se debe a que han visto y, quizá, sufrido el mal actuar de algunos políticos que manchan y desacreditan por su pésima actuación esa virtud social. Ojalá que los conocedores de esa virtud y, sobre todo, los que la ejercen sin manchar su dignidad y nobleza, logren difundir en la ciudadanía un grande aprecio y una práctica honesta y eficaz de la misma para bien de México.

Muchas veces la poca presencia de ciudadanos capaces y honestos en la política ha dejado la injerencia en la misma de incapaces y deshonestos. Se ve, pues, cómo es urgente que todo ciudadano capaz y honesto se interese, para el bien de México, en participar en la política, pues es absurdo que los incapaces y deshonestos ejerzan una injerencia en la cosa pública por la ausencia de ciudadanos capaces y honestos que no quieren comprometerse para lograr el desarrollo del país y el bien común de los ciudadanos. ¿Usted qué opina?

EL OBSERVADOR 411-11

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CULTURA
La noche
Por Carlos Díaz

No lucen soleados rayos para las tres cuartas partes de la humanidad. Es de noche. Es de noche fuera, pero es de noche también en las heridas del alma, en un mundo desalmadamente vulnerado.

¿Cuándo es más de noche? Cuando la rana, deseando hacerse como el buey, se hincha, y explota.

¿Cuándo es más de noche? Cuando para perseguir el ideal de santidad realizo esfuerzos éticos agotadores que hacen penosa mi vida y que además no tienen gran valor a los ojos de Dios, antes al contrario pueden constituir un pecado de lesa autolatría: Dios no nos ha llamado a ser buenos, sino a ser santos, lo importante no es hacer cosas para Dios, sino hacerlas según Dios. No nos pase como a aquel caballero de la armadura oxidada, que de tanto hacer obras buenas, se volvió malo: «Nuestro caballero era famoso por su armadura. Reflejaba unos rayos de luz tan brillantes que la gente del pueblo juraba haber visto el sol salir en el norte o ponerse en el este cuando el caballero partía a la batalla. Y partía a la batalla con bastante frecuencia. Ante la mera mención de una cruzada, el caballero se ponía la armadura entusiasmado, montaba su caballo y cabalgaba en cualquier dirección. Su entusiasmo era tal, que a veces partía en varias direcciones a la vez, lo cual no es nada fácil. Durante años el caballero se esforzó en ser el número uno del reino. Siempre había otra batalla que ganar, otro dragón que matar u otra damisela que rescatar. Con el tiempo, el caballero se enamoró hasta tal punto de su armadura que se la empezó a poner para cenar y, a menudo, para dormir. Después de un tiempo ya no se tomaba la molestia de quitársela para nada. Poco a poco, su familia fue olvidando qué aspecto tenía sin ella». Al final, cuando quiso quitársela, ya era tarde: la armadura se había apoderado de él.

¿Cuándo es más de noche? Cuando creo que debo amar primero a los hombres y luego a Dios, pero eso no sirve para nada, pues nadie es tan perfecto como para merecer amor incondicional, ni tan fuerte como para entregarlo si no recurre más que a la propia buena voluntad. Si, por el contrario, empiezo por amar a Dios sintiéndome amado incondicionalmente por Él, en este amor encuentro a mi prójimo, y en ese amor los antiguos enemigos son mirados y amados como criaturas divinas. Entonces, cuando miro al otro desde ahí, para él también es de día.

¿Cuándo es más de noche? Cuando tenemos un encuentro con los sacramentos sin encontrarnos con el Señor de los sacramentos.

¿Cuándo es más de noche? Cuando la luz de la razón pretende sustituir a la fe. El hecho de no entender muchas cosas en nuestra relación con Dios no es un problema tan serio como el hecho de no aceptar que no podemos entenderlo todo, ni en el momento en que lo deseamos.

Y precisamente entonces, al comprender que la noche es noche cerrada, pero que el alba puede llegar, precisamente entonces el día comienza lleno de modestia a llenarnos progresivamente de luz: el día se abre, la noche se cierra. Nuestro día habrá comenzado en cada uno de nuestros días, y a la vez será el origen de todo día si, pese a ser de noche, sabemos la fuente de donde mana y corre, si sabemos de Quien nos hemos fiado.

EL OBSERVADOR 411-12

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GRANDES FIRMAS
Vía de María
Por Chiara Lubich, fundadora del Movimiento de los Focolares

María es el prototipo y la forma de la Iglesia, y por eso es evidente que en tal sublime criatura pueden encontrar su propio modelo todos los cristianos. Así nos sucedió a nosotros. Hemos descubierto en María nuestra forma, el modelo de nuestra vía de perfección. Por eso los diversos momentos de la vida de María que nos presenta el Evangelio nos parecieron etapas que nuestra alma podía contemplar para adquirir luz y ardor en las diversas edades de la vida espiritual. Y la iluminación fue tan fuerte que hemos llamado a nuestro camino: Via Mariae, la Vía de María. Les expongo muy sintéticamente algunas etapas.

El primer acontecimiento de la vida de María es la Anunciación (Lc 1,25 ss) cuando el Verbo se encarna en su seno. Si tratamos de comprender la vida de algunos santos, vemos que algo análogo sucedió también en ellos. A pesar de que santa Clara de Asís ya vivía con fervor la vida cristiana, su encuentro con san Francisco provocó algo nuevo en ella: hizo desarrollar y crecer a Cristo en su alma, hasta convertirla en una de las mayores santas de la Iglesia católica. Por eso cuando alguien se encuentra con el carisma de la unidad y acepta hacerlo propio, sucede en él algo semejante a lo que le sucedió a María y a algunos santos: Cristo puede nacer y crecer espiritualmente en su corazón, como si se tratara de una actualización del Bautismo.

El segundo episodio de la vida de María es su visita a Isabel para ayudarla. Pero apenas llegada a su casa, encontrando en su prima un alma abierta a los misterios de Dios, sintió que podía comunicarle su gran secreto, y lo hizo con el Magnificat. Así María le contó a Isabel su extraordinaria experiencia. Todos los que eligen a Dios como el ideal de su propia vida se dan cuenta de que, para poner en práctica esta elección, deben empezar a amar. Pero el amor es luz. Y, comprendiendo un poco la intervención de Dios en sus vidas, se dan cuenta del hilo de oro de su amor. Y les cuentan a los hermanos complacidos lo que entendieron. Es su experiencia.

El tercer acontecimiento de la vida de María es el nacimiento de Jesús (Lc 2,7; Mt 1,25). En el Movimiento se ama y se es amado, porque todos quieren amar. Pero este amor mutuo fructifica la presencia de Jesús entre los hombres; se trata de «generar a Cristo» a imitación de María.

María presenta a su Hijo al templo, y se encuentra con el anciano Simeón. Para Ella es un momento de alegría, porque ese hombre piadoso y justo le confirma que el niño es Hijo de Dios. Pero también es un dolor, porque Simeón le dice: «y a ti una espada te atravesará el corazón» (Lc 2,35). También quien quiere vivir la espiritualidad del Movimiento pasa por un momento semejante. Es cuando toma conciencia de que, para poder seguir en este camino, se necesita un «sí» a la cruz.

María experimenta muy pronto el dolor en la fuga a Egipto (Mt 2,13 ss), sufriendo esa persecución que se manchó con la sangre de tantos inocentes. Esto mismo, proporciones hechas, sucede a los que siguen la Via Mariae. El ideal que ellos viven y presentan al mundo está en antítesis con él. Entonces no hay que maravillarse si, cuando empiezan a difundirlo, son atacados con las primeras críticas. Hay que reaccionar amando a Jesús crucificado y abandonado en estas cruces, el perseguido por excelencia, para que el Resucitado siga resplandeciendo en nuestro corazón.

Jesús, a los 12 años, se detiene en Jerusalén para hablar a los doctores del templo. María, al encontrarlo, le dice: «Hijo mío, ¿por qué nos has hecho esto? Piensa que tu padre y yo te buscábamos angustiados» (Lc 2,48). Y Jesús le contesta: «¿Por qué me buscaban? ¿No sabían que yo debo ocuparme de los asuntos de mi Padre?» (Lc 2,49). Estamos en una nueva etapa de la vida de María, cuyo estado de ánimo nos parece que es análogo al de un período típico que atraviesan los que se han encaminado por esta vía . En efecto, ellos advierten, tal vez después de muchos años, que afloran diversas tentaciones, dolorosamente áridas, que, gracias al carisma abrazado, habían desaparecido desde hacía tiempo. Sufren y, dirigiéndose al Señor, le dicen. «¿Por qué te has alejado de mí?». A lo que Él parece responder: «¿No sabías que todo lo hermoso y lo bueno que habías experimentado era mío, y que lo habías recibido por pura gracia?». Así se ponen bases de humildad en las personas, que son tan necesarias para que Cristo pueda vivir y crecer. Probablemente se trata de un período de la «noche de los sentidos», de la que hablan los místicos. Para María también la pérdida de Jesús en el templo en un cierto sentido había significado una «noche de los sentidos»: no lo veía más, no oía más su voz, su presencia se había ocultado a su amor de madre.

Después de esta prueba, por lo que sabemos, María vivió un largo período de intimidad familiar con Jesús. Del mismo modo, los que aceptan con humildad y superan las etapas precedentes, a menudo encuentran una unión con Jesús nueva y más profunda. Y este período, en el cual, sin embargo, las cruces no faltan, puede durar largo tiempo.

Después Jesús empieza su vida pública y María lo sigue en su misión, algunas veces sólo con el corazón, otras en persona. Este momento hace recordar a las personas del Movimiento aquel periodo de su vida espiritual en el cual, acostumbrados a escuchar la voz de Jesús, la sienten como propia y la siguen.

Después le llega a María la hora de la inmolación: es la Desolada. En el Movimiento no faltan sufrimientos análogos a los de María. En efecto, en alguno de sus miembros se pueden constatar síntomas auténticos de la «noche del espíritu», por ejemplo, cuando Dios permite que se pase la prueba terrible de sentirse abandonados por Él , o cuando la fe, la esperanza y la caridad parecen apagarse.

¿Y después de la desolación? María se queda como centro del cenáculo, con todo su carisma de maternidad hacia los Apóstoles, junto a Pedro, a quien Jesús había constituido su cabeza. María ya no sigue a Jesús: ahora, después de la venida del Espíritu Santo, en cierta manera, está transformada en Él. Y, como otro Cristo, Ella también contribuye, a su modo, a la difusión de la Iglesia. A esta meta -salvando las proporciones- se dirigen los que viven la espiritualidad de la unidad y pueden alcanzarla. Es esa etapa que los místicos llaman «unión transformante», cuando a una actividad particularísima, en bien de la Iglesia, se une una particularísima contemplación.

Y al final llega la hora de la Asunción, cuando Dios, desde el Cielo, llama a María. Sólo quien la ha experimentado puede decir algo de esta etapa. Santa Clara de Asís, antes de morir, pronunció esta frase: «Ve segura, alma mía, porque tienes una buena guía en tu viaje. Ve, porque Aquél que te ha creado te ha santificado (.) te ha amado con ternura. Y tú, Señor -agrega-, bendito seas por haberme creado». Tal vez quería decir: porque al haberme creado has procurado tu gloria. Y su muerte fue una muerte de amor.. ¡Que el cielo quiera algo semejante para nosotros!

EL OBSERVADOR 411-13

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COMUNICACIÓN
Videojuegos violentos: sin restricción alguna
Por Gilberto Hernández García

Desde hace algunos años se ha venido debatiendo en algunos países europeos y, sobre todo, en los Estados Unidos acerca del impacto que producen los videojuegos, particularmente los de argumento violento, sobre la población infantil. Por desgracia, en México, aunque se constata un auge en la demanda de este medio de entretenimiento, no hay estudios relevantes ni una legislación que dé claridad en torno al asunto.

A decir de un estudio de psiquiatría infantil elaborado en los Estados Unidos, muchos asesinos múltiples han estado fijados en este tipo de experiencia de vídeo juegos; mientras que algunas cortes aseguran que no había evidencia para comprobar que las imágenes violentas de los vídeo juegos tenían relación con la conducta antisocial. Sin embargo, como dando un revés a estas afirmaciones, en los últimos años son abundantes las noticias que nos hablan de un aumento de la violencia entre adolescentes en las escuelas norteamericanas. Está claro, entonces que el debate va para largo.

Pero ahora la historia podría cambiar. Hace unas semanas se presentó una ponencia en Estados Unidos en donde se hizo un estudio de los cambios metabólicos que sufren ciertas partes del cerebro, sobre todo la parte frontal, que se dedica los controles de impulsos e inhibiciones. Entonces se ha visto que drásticamente cambia esa parte del metabolismo al estar jugando con estos videojuegos, sobre todo violentos. Basado en el descubrimiento de científicos de la Universidad de Indianápolis, se asegura que los juegos violentos sí pueden generar sentimientos hostiles y pensamientos agresivos.

Con una cámara escondida colocada en la habitación de un niño de 12 años, se pudieron observar algunos de los cambios de conducta de los que hablaron los psiquiatras. El juego se llama "Trell kill"; en él sobresalen las peleas y está protagonizado por psicópatas y, por supuesto, es un juego para mayores de 18 años. En el juego hay alrededor de 15 personajes y el premio al ganar cada round es mutilarles alguna parte del cuerpo o hacerlos estallar. Las herramientas que se usan son desde un cuchillo, la pierna de un sujeto que es un bate de béisbol y bisturíes.

Aunque ya existe la advertencia en México, no existe ley federal o estatal alguna que prohiba la venta y uso de este tipo de juegos a menores de edad. Especialistas en el tema aseguran que hay "una desensibilización de las cosas violentas". Lo más preocupante es que alrededor del 90 al 95 por ciento de los videojuegos son altamente agresivos y que el acceso que tienen los niños a ellos es sumamente fácil.

Baste con dar una vuelta por cualquier calle de cualquier población para darse cuenta de que existe gran cantidad de establecimientos de "maquinitas" donde se exhiben sin el menor recato esta clase de entretenimientos; podremos advertir también que no existe restricción alguna para que cualquier chico haga uso de ellas. Además, no será difícil constatar que con darse una vuelta por las plazas comerciales o tianguis se puede encontrar una variedad de títulos de videojuegos violentos, que incluso son recomendados por niños. Además, la oferta de videojuegos pirata en negocios establecidos da mayor oportunidad para que los menores de edad tengan acceso a la violencia cibernética.

Es claro: mientras no exista ninguna ley que regule el comercio de videojuegos violentos en nuestro país, los padres de familia son los responsables primeros de adoptar las medidas necesarias para que los hijos no sean víctimas de los posibles efectos que el uso reiterado de estos juegos puedan provocarles.

EL OBSERVADOR 411-14

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PICADURA LETRÍSTICA
Ninfas y cupidos, sí; Cristo, no
Por J. Jesús García y García

La técnica, el progreso, los afanes mediocres, éstos
son los verdaderos opios de hoy, que no la religión.
JAVIER LARRÁINZAR

No son tan viejos ni tan escasos ni tan intrascendentes que no valga la pena ocuparse de ellos, los episodios antirreligiosos que parecen repetirse sin descanso. Está, como uno de los muchísimos ejemplos, lo que hace apenas cuatro años informó el Wall Street Journal: que en Gran Bretaña el canal de radio y televisión del gobierno, BBC, había hecho una investigación para establecer si el uso de las abreviaturas a.C. (antes de Cristo) y d.C. (después de Cristo) podría ser ofensivo. No se trató de una encuesta pública sino de un estudio que suscribió el profesor Zutano, de la Universidad de Middlesex, ante la suposición de que los no cristianos podrían sentirse excluidos por el uso de esas letras. El ínclito profesor acabó proponiendo que se reemplazara a.C. y d.C. con los términos "antes de la era común" y "era común", respectivamente. El siguiente paso sería prohibir la celebración de la Navidad y de la Pascua, supuesto que en algún lugar habrá alguien que se sienta ofendido por estas fiestas cristianas. En aquel momento estaba próximo el nuevo milenio y supuestamente se querían suprimir las susceptibilidades de los no cristianos; pero éstas eran inexistentes, pues nunca se oyó voz importante que denotara protestas por parte de los judíos, musulmanes o budistas contra las celebraciones entonces en puerta.

Por las mismas fechas en Estados Unidos -allí el in God we trust y la jura del presidente sobre la Biblia son una patraña- un tribunal de segunda instancia acababa de decretar que las oraciones en las ceremonias de graduación, aun aprobadas por los alumnos mismos, no se pueden permitir. Según el tribunal, si un alumno reza públicamente en las ceremonias se viola la libertad de religión -o de no tener ninguna- garantizada por la Constitución del país. Hoy día en varios países primermundistas sigue considerándose ofensivo mostrar una filiación religiosa, sobre todo si es cristiana. Lo "políticamente correcto" exige que reprimamos cualquier efluvio piadoso en "respetuosa consideración" a quienes religiosamente no piensan como nosotros... o que ni siquiera piensan.

Gilbert Keith Chesterton nos cuenta de un escultor comprometido a hacer un monumento escultórico para la Liga de las Naciones, que expresara la apremiante necesidad de paz. Pero el diseño incluía un símbolo cristiano y por esta razón fue rechazado, fundándose en que los no cristianos podían no aceptarlo. Chesterton dedujo fácilmente que el problema no lo planteaban los no cristianos de fuera de Europa, digamos de Oriente, sino los anticristianos de Occidente. Quienes siguen las doctrinas de Confucio o de Buda no se oponen especialmente a un emblema místico relacionado con Cristo. Y el Islam ha dado ya a Cristo un lugar de respeto.

Las personas, prosigue Chesterton, que dispusieron la erección de aquel monumento a la paz "no habrían hecho la menor objeción a que se le cubriera con signos y símbolos que fueron religiosos en otros tiempos religiosos. No se habrían opuesto a una estatua de la paz que llevase la rama de olivo como una estatua de Minerva, ni se habrían opuesto a una figura simbólica de la salida del sol que tuviese la lira o los caballos de Apolo [o bien el tridente de Neptuno]; no les habría molestado que alguien hubiese concebido al sexo femenino en la forma de Diana cazadora o el sexo masculino en la forma de Hércules descansando". Si el cristianismo estuviera en extinción, "no habría razón alguna para que su simbolismo no fuese utilizado siempre por cualquiera, del mismo modo que el simbolismo de las ninfas y cupidos sigue siendo utilizado siempre por cualquiera. El verdadero motivo es que esta religión se diferencia en un detalle de todas esas bellas religiones antiguas: no está muerta. Todos saben en el fondo de su corazón que no está muerta, y nadie mejor que quienes desean que muera".

Tenemos, pues, como primordiales razones por las que una religión es combatida, el que esté viva y que alguna incómoda forma de coexistencia tengamos con ella. Y si, además, está en irrefrenable incremento, como la católica, peguémosle más duro porque es un estupefaciente (¡Oh Marx tan revivido!).

EL OBSERVADOR 411-15

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FIN

 
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D.R. Clip Art de Querétaro, S. de R.L. de C.V. 1995-2006