El Observador de la Actualidad

EL OBSERVADOR DE LA ACTUALIDAD
Periodismo católico para la familia de hoy
8 de junio de 2003 No.413

SUMARIO

bulletPORTADA - Los obispos mexicanos no ceden
bulletCARTAS DEL DIRECTOR - La costumbre de ser impopular
bulletAL PASO DE DIOS - Comprometidos y alejados
bulletFAMILIA - Qué hacer con la rebeldía de tus hijos
bulletActividades para hacer en familia
bulletPINCELADAS - Es cuestión de tres ces
bulletCULTURA - El alma aburguesada
bulletCRÍTICA DE MEDIOS DE COMUNICACIÓN - Modernidad líquida
bulletPICADURA LETRÍSTICA - ¿Seguiremos llevando el nombre servil de Estados Unidos Mexicanos?
bulletEl eneagrama continúa haciendo daño

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Los obispos mexicanos no ceden:
Es necesaria una nueva legislación para que la contribución de la Iglesia católica sea ya reconocida en nuestro país
EL OBSERVADOR / Redacción

Durante esta semana, el debate que ha enfrentado a ciertos partidos políticos con los obispos mexicanos ha tomado un nuevo derrotero. A las diatribas en contra de la supuesta intromisión de la religión en la política, marcadas por un autoritarismo y una discriminación inusuales (la intolerancia disfrazada de tolerancia), la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM) ha dado un golpe de timón, y ha llevado la discusión hacia la eliminación -de una vez y para siempre- de toda forma de discriminación fundada en la religión y en las convicciones religiosas de cada quien. Discriminación que se practica con regular alegría entre "los actores políticos" y el gobierno, quienes parecieran ser los dueños de la democracia y de las elecciones de este año 2003.

No hay normalidad democrática si hay contradicción constitucional
El documento que ha hecho dar el citado golpe de timón es un comunicado a la opinión pública, al ejecutivo federal, al presidente de la Comisión Permanente del Congreso de la Unión y al presidente del Tribunal Superior de Justicia, firmado por el canónigo de la basílica de Guadalupe, padre José Raúl Soto Vázquez, y que la CEM ha puesto al frente de su portal electrónico, con lo que le confiere un carácter abierto a la polémica, sin que sea la posición oficial del episcopado.

El documento no tiene desperdicio alguno. Comienza con una aclaración: la controversia que se ha montado no es entre religión y política, sino entre la predicación (que le es propia a la Iglesia católica) y aquellos que -supuestamente amparados en la Constitución mexicana- quieren impedir, a toda costa, que se predique a los católicos. Más adelante, en el primero de los ocho puntos de los que consta el documento, el padre Soto recuerda que los pactos internacionales que firme México deben ser adecuados en la Constitución para que tengan plena vigencia entre los mexicanos. Y que los pactos internacionales tienen preeminencia sobre las leyes nacionales.

México firmó la Declaración Universal de los Derechos del Hombre, y la adecuación, en 1962, de ésta. En ella se señala la libertad de todos los hombres, su derecho, a profesar un credo. En la adecuación, la eliminación de todas las formas de intolerancia y discriminación fundadas en la religión o las convicciones religiosas. Además, nuestra propia Constitución, en su artículo primero, prohíbe toda discriminación, por cualquier motivo, incluido el religioso. Hay, pues, una terrible contradicción al prohibirse a los ministros de culto participar siquiera en el ámbito de la política.

Y la contradicción -señala el documento- está en la misma Constitución, pues en el artículo primero señala una cosa, y en muchos otros artículos se discrimina a ciudadanos mexicanos, como, por ejemplo, el artículo 130 (Ley de Asociaciones Religiosas y Culto Público), en el que se prohíbe a los ministros de culto opinar sobre el voto o las elecciones. Se les discrimina tajantemente, por lo que es necesario iniciar una controversia constitucional para corregir, entre otros, el artículo 130, perfeccionando el texto y llegando, tras muchas dudas y muchos reclamos infundados a la Iglesia católica, a una legislación definitiva.

El cambio se quedó estacionado como un eslogan de campaña
En el punto número cinco, el padre Soto recuerda que ha sido el propio presidente Fox (tras los ataques a la intimidad de su familia) quien ha dicho que "de ninguna manera (el gobierno del cambio) va a sofocar la libertad de expresión" de la que gozamos los mexicanos. En un exabrupto ya famoso habló también de la "libertad de calumniar" que hay ahora en el país. Resulta, por lo menos, sospechoso "que todo el mundo tenga libertad de opinar menos la Iglesia y los ministros de culto", dice el autor de este documento que ya ha dado varias vueltas esta semana en la prensa nacional. Y añade: "Es tan violento que solamente la Iglesia no pueda exigir justicia, sea vilipendiada con fondos federales (arguyendo libertad de expresión) que tenga que callar siempre, para no ofender los delicados oídos del poder y los partidos. Muchos se alimentan todavía de los eternos prejuicios creados a través de ciento cincuenta años de mentiras".

Por último, recuerda el padre Soto Vázquez, que los obispos solamente siguen los lineamientos marcados por la Santa Sede para todos los católicos del mundo (y México es el segundo país con mayor número de ellos), explicando la necesidad, la urgencia de un voto razonado e informado, mismo que pide el Instituto Federal Electoral (IFE). Lo que los obispos exigen es coherencia: no se puede ser católico y votar por partidos que van en contra del cristianismo y de la ley natural. Se trata de defender el derecho de todos a construir la democracia, y, en el fondo, de descubrir la riqueza de la aportación católica al juego democrático. Quizá la confusión -termina el canónigo de la Basílica- sea que los partidos políticos y los dirigentes del IFE crean que hablan de separación Iglesia-Estado cuando exigen separación de fe y política. Lo primero es correcto, lo segundo, una enfermedad que en medicina se le llama esquizofrenia.

EL OBSERVADOR 413-1

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CARTAS DEL DIRECTOR
La costumbre de ser impopular
Por Jaime Septién

Desde que san Pablo predicó en el Aerópago, en Atenas, los cristianos debemos tener en cuenta que nuestra fe choca de frente en contra de la mentalidad de la época y la ignorancia de la gente, incluso de la gente… de buena fe.

San Pablo hizo un esfuerzo por predicar a los atenienses que no merece otro calificativo que el de admirable. Se tomó en serio a sus escuchas; vio cuáles eran sus taras, pero, al mismo tiempo, se percató (camino al Aerópago) que había una salida: el altar que en Atenas estaba "al dios desconocido". Y por ahí pescó a sus oyentes. Hubo conversiones. Otros se fueron dubitativos, y los más se encogieron de hombros: "Ahí nos vemos luego -dijeron-, y entonces nos hablas de la resurrección de ese tal Jesús...".

Sembrar sin descanso: tal fue la divisa de Cristo y camino para sus apóstoles: para nosotros. Hoy mismo. "Mis elegidos no trabajarán en vano", se lee en Isaías (65, 23). Pero, en nuestro trajín cotidiano, pocos llevamos marcado a fuego esta consigna. Nos desaliente con rapidez el griterío de los tontos.

Hace algunos días, el presidente de la Fundación San Pablo-CEU de España, Alfonso Coronel de Palma, decía, refiriéndose al espinoso tema (allá y aquí) de los cristianos en la política, que "el cristiano (en la política o donde sea) está sujeto a una doble ciudadanía, como habitante de la tierra y testigo del cielo". A mí me parece esto muy pertinente, ahora que los obispos nos recuerdan que, frente a la urna -el próximo 6 de julio-, tenemos que sembrar conciencia, ciudadanía, en medio de la ignorancia, la indiferencia y la mentalidad de nuestro tiempo, marcado por el recurso al "ahí se va" en materia electoral y en casi todo.
"Ciudadanos de la tierra y testigos del cielo". La fórmula funciona. Con el voto debemos pensar qué queremos para nuestros hijos, para nuestra familia, y, al mismo tiempo, qué nos pide Dios que construyamos como camino de salvación para todos. Aunque no sea "popular entre la tropa" actuar así, exigir así, darse así a los demás. Ser cristiano nunca ha sido gratificante. A Cristo, por sembrar la Verdad, lo crucificamos. Hoy perseguimos obispos. Es parte de la misma historia. Nuestra historia.

El hombre aprecia la Biblia pero rechaza su moral
"Está a la vista de todos una situación paradójica: el ser humano de nuestra época, desilusionado por tantas respuestas insatisfactorias a las preguntas fundamentales de la existencia, parece abrirse a la voz que procede de la Trascendencia y que se expresa en el mensaje bíblico. Al mismo tiempo, cada vez soporta menos la exigencia de comportarse en armonía con los valores que la Iglesia presenta desde siempre como fundados en el Evangelio. Asistimos así a intentos de todo tipo para desligar la revelación bíblica de las propuestas de vida más arduas".
(Juan Pablo ll ante los miembros de la Comisión Pontificia Bíblica, 29 de mayo)

EL OBSERVADOR 413-2

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AL PASO DE DIOS
Comprometidos y alejados
Por Amadeo Rodríguez Magro

Entiendo que un cristiano comprometido es aquel que hace lo que tiene que hacer cada día y en todo tiene como motor y guía la fe en Jesucristo. Además, si sus circunstancias se lo permiten y lo descubre como vocación, interviene en la liturgia, en la catequesis o en cualquier otra actividad eclesial y social y, sobre todo, se santifica en el cumplimiento de sus deberes ordinarios y se compromete cristianamente en su ambiente. Ése es el ideal para todos; sin embargo, aún hay cierta distancia -a veces más de la cuenta- entre los cristianos sólo practicantes y los que intentan vivir su fe con un alto nivel de compromiso. Acortar esa distancia es un deseo largamente acariciado en la Iglesia.

Junto a esos dos colectivos está otro que se aleja más cada día, el de los no practicantes; es decir, el de los que están en esa tierra de nadie, que es cada día más amplia y más diversa, que llamamos «indiferencia religiosa». Son los que conocemos como «alejados», que han llegado hasta ahí porque se fueron -los menos- o porque un clima sociológico los ha situado en esa zona socio-religiosa.

Ese ambiente es precisamente el gran reto para los cristianos con mayor compromiso: entrar en él para saber cómo se piensa, se siente y se vive, y, sobre todo, para ofrecer lo que se tiene y los otros necesitan: la fe que le da sentido a la vida. Han de acercarse a ese ambiente conscientes de que en los que están en ese mundo, a pesar de las apariencias, no se ha apagado el Bautismo y, por tanto, no han perdido el sentido de Dios, sólo lo tienen casi sin usar.

EL OBSERVADOR 413-3

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FAMILIA
Qué hacer con la rebeldía de tus hijos
Por Alfonso Aguiló

Un desenfadado estudiante rellenaba en cierta ocasión, sin mucho entusiasmo, el cuestionario de un test de personalidad que les hacían en el colegio. Una de las preguntas le interrogaba sobre qué entendía que les estaba sucediendo a los jóvenes que, como él, atravesaban esa tormentosa etapa de su vida que es la adolescencia. No sé qué sucedería en su familia ni qué entendía exactamente él sobre la pubertad, pero la respuesta fue de antología: «La pubertad es una enfermedad que pasan los padres cuando sus hijos llegan a los catorce o quince años».

Cuando me lo contaron me hizo gracia y pensé si esa afirmación no tendría, efectivamente, una buena dosis de sentido común. Porque, con la llegada de la adolescencia, se produce una profunda transformación: los hijos empiezan a ser más rebeldes, adoptan quizá un cierto aire de suficiencia, a lo mejor no cuentan casi nada, y dan respuestas cortantes, muchas veces parcos monosílabos.

Todo esto es algo natural y lo extraño sería, en todo caso, que esta etapa no se presentara. En nada sorprenderá a una madre prevenida o a un padre sensato, que comprenderán que los años pasan y los hijos crecen, y que esto es lo normal. Ya volverán las aguas a su cauce.

No entrar al choque.- Unos padres ingenuos y asustadizos probablemente se empeñen entonces en imponer una autoridad a ultranza, o dar gritos. Normalmente acabarán por desesperarse al ver que a su hijo apenas le conmueven, y que incluso se afinca aún más en su beligerancia y en su actitud contestataria.

Ante esta situación, estos padres -que apenas han hablado con él en los años anteriores- pretenden introducirse en la vida de su hijo, precisamente cuando él trata de cerrarse.

Tienen que comprender que a estas alturas les será más difícil franquear la barrera de su intimidad porque, entre los sentimientos nuevos que experimentan los adolescentes, está el de no querer dejar entrar a nadie fácilmente en ella.

Si se han descuidado en los años anteriores y, por la razón que sea, tienen poca confianza con sus hijos, el problema tiene remedio, pero será evidentemente más difícil. No puede decirse que no pasa nada por haber perdido las buenas oportunidades que brinda la infancia para preparar a los hijos a hacer frente a la adolescencia.

El tiempo pasa.- Es probable que el chico dijera que la adolescencia es más bien cosa de los padres, porque muchos padres no se hacen cargo de que su hijo ha crecido y tienen por tanto que tratarle ya de distinta manera, y no pretender que siga actuando como en la infancia.

No se dan cuenta, por ejemplo, de que no pueden estar encima de sus hijos todo el día porque, si lo hacen, o los chicos se rebelan y rompen, o se infantilizan y no aprenden a decidir. No comprenden, al menos en la práctica, que es mejor darles responsabilidad y luego pedirles cuentas, porque, de lo contrario, lo que consiguen es problematizar la adolescencia de los hijos.

El adolescente tiende a vivir apasionadamente todo. Por eso es fundamental saber discernir las potencialidades positivas que eso tiene, con objeto de encauzar toda esa fuente de energía.

Inconformismo positivo.- Hay que inculcar en los hijos un inconformismo natural ante lo mediocre, porque resulta incomparablemente mayor el número de chicos y chicas que acaban deslizándose por la pendiente de la mediocridad que por la del mal.

Deben comprender que han sido muchos los que llenaron su juventud de grandes sueños, de planes, de metas que iban a conquistar, y que, en cuanto vieron que la cuesta de la vida era empinada, que todo lo valioso resultaba difícil de alcanzar, y la inmensa mayoría de la gente a su alrededor estaba tranquila en su mediocridad, entonces decidieron dejarse llevar ellos también.

La mediocridad es una enfermedad sin dolores, sin apenas síntomas visibles. Los mediocres parecen, si no felices, al menos tranquilos. Suelen presumir de la sencilla filosofía con que se toman la vida, y les resulta difícil darse cuenta de que consumen tontamente su existencia.

Todos tenemos que hacer un esfuerzo para salir de la vulgaridad y no regresar a ella de nuevo. Tenemos que ir llenando la vida de algo que le dé sentido, apostar por una existencia útil para los demás y para nosotros mismos, y no por una vida arrastrada y vulgar.

Porque, además, como dice el clásico castellano: «No hay quien mal su tiempo emplee, que el tiempo no le castigue».

(Fuente: ACI)

EL OBSERVADOR 413-4

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Actividades para hacer en familia

Si desea pasar más tiempo con su familia de agradable manera, planée diversas actividades con las cuales todos puedan convivir agradablemente. Descubrirá que no sólo es posible reunir a todos alrededor de la televisión. Aquí tiene unos ejemplos:

Plantar una flor.- ¿Han visto sus hijos crecer alguna planta desde la semilla? Pues ésta es su oportunidad. Planten unos cuantos frijoles o unos garbanzos, que crecen muy rápido; pónganlos en macetitas que previamente hayan pintado los niños (una para cada miembro de la familia).

Un cuaderno de campo.- Para adentrarse en el mundo de la naturaleza, pueden hacer entre todos un cuaderno de campo. Seguro que no muy lejos de casa existe algún parque con flores, árboles y alguna planta de hoja fácil de reconocer. Recojan algunas muestras, séquenlas en casa entre periódicos y bajo un montón de libros o algo pesado, y péguenlas en el cuaderno.

Memoria de sonidos.- Fabriquen un juego que ayudará a los hijos a desarrollar su sensibilidad auditiva. Se necesitamos botes de plástico con tapa (por ejemplo, los de los carretes de fotos); hagan parejas de sonidos iguales rellenando dos con idénticas cantidades de arroz, o con un cascabel cada uno, o con clips, etc. El juego consiste en hacer sonar los botes y encontrar aquellos que suenan igual.

Personalizar el álbum de fotos.- Se trata de disfrutar el álbum de fotografías familiares. Para personalizarlo todos pueden intervenir poniendo etiquetas de lo que hacían el día de la foto, el lugar donde estaban, etc., o bien añadiendo alguna frase graciosa que les sugiera la imagen. Cuando el álbum esté listo, pueden ir juntos a enseñarlo a los abuelos, dejando que los niños cuenten la historia de aquellas fotografías.

(Adaptado de Aunalia.com)

EL OBSERVADOR 413-5

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PINCELADAS
Es cuestión de tres ces
Por Justo López Melús *

Hay muchos refranes que expresan la constancia: «la gota de agua perfora la roca». Si tienes un pico y una pala, y cada día los usas, acabarás abriendo camino, aunque te encuentres en terreno rocoso. Sólo hay un remedio para saber hasta dónde se puede llegar, decía Bergson: ponerse en camino y andar. Parodiando a Machado, podíamos decir: «caminante, sí hay camino; lo que hace falta es andar».

Según los expertos, a veces hay que excavar 247 pozos de petróleo para encontrar uno rentable. No desanimarse al cuarto o quinto fracaso. Tal vez la suerte estaba en el sexto. Los grandes sabios suelen tener un 10% de genio. Lo demás es fruto del esfuerzo. El progreso en el estudio es cuestión de tres ces: cabeza, codos y... trasero.

* Operario Diocesano en San José de Gracia en Querétaro.

EL OBSERVADOR 413-6

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CULTURA
El alma aburguesada
Por Carlos Díaz

El burgués se inclina hacia la envidia: él envidia y, una vez que ha alcanzado el objeto de su deseo, entonces desea ser envidiado por los demás. Ni sabe ni quiere ni puede salir de ese círculo. Ciertos privilegios suntuosos reportan satisfacción a sus poseedores exclusivamente porque éstos suponen que los demás no pueden alcanzarlos, pero una vez generalizados ponen de manifiesto su intrínseca trivialidad y dejan de interesar a quienes antes se mataban por rozarlos.

Se trata de una personalidad pasiva, dominada por la necesidad de 'ser vista', donde la reivindicación es siempre receptiva: el egocéntrico aparece entonces como un niño que quiere verlo todo, oírlo todo, formar parte de todo lo que ocurre o se dice a su lado, ser siempre escuchado, servido, admirado el primero; en una conversación se encuentra impaciente por anteponer sus propios recuerdos, las experiencias en las que ha participado, las pruebas que le han convencido; corta la palabra, se adelanta indiscretamente allí donde no ha sido solicitado. En cualquier asunto se muestra impaciente ante toda situación nacida fuera de él e independiente de él. Es que la conciencia reflexiva se desarrolla hasta el extremo bajo el influjo de una cultura de invernadero, y el tema del Narciso se introduce en estas vidas replegadas sobre la contemplación voluptuosa del yo. Es un yo enroscado como un erizo sobre su propia conservación el que forma los segundos, y este negativismo se produce casi siempre por los desaciertos de la formación.

La palabra interés (inter esse), que significa etimológicamente «estar entre», no la vive el burgués desde el 'entre' que nos une. Emmanuel Mounier ha descrito agudamente las cicatrices del dinero en el alma del burgués, aquél que ya no vive para ser sino para tener, aquél que para tener deja de ser, esto es, de relacionarse, o que cuando se relaciona reduce a objetos a los otros sujetos, intentando comprarlos y venderlos, alquilarlos, traspasarlos, etc. Antiguamente había que morir por alcanzar ciertas cosas, ahora basta con pagar dinero por ellas porque el dinero, llave omnipotente, poderoso caballero, todo lo compra; tanto tienes, tanto vales. El rico no es rico y nada más: es nada más y nada menos que rico, como consecuencia de lo cual el adinerado tiende a presentarse como el respetable, por aquello de que una buena capa todo lo tapa.

El burgués se ciega en sus propiedades, se deslumbra con el brillo del oro. Las personas son para él oro en potencia, filón cuyas pepitas hay que extraer, objeto de avaricia. La forma en que el dinero (aunque no sólo el dinero) mina lentamente a personas e instituciones parece fácil de ver en el ojo ajeno, aunque no tanto en el propio: «Y, lo que es más grave de todo -escribe san Juan Crisóstomo-, robas, te adueñas de las riquezas, no obligado por la pobreza ni forzado por el hambre, sino para recubrir de oro el freno de tus caballos, el techo de tu casa y los capiteles de tus columnas. ¿De qué infierno no serás digno por estas acciones cuando al hermano, a éste que es contigo partícipe de los bienes eternos y que ha sido honrado como tú por el Señor, le infliges miles de daños para adornar no ya a los brutos animales, sino los pavimentos y las piedras que no sienten?».
Capilla de los Benavente, iglesia de Santa María de Mediavilla, en Medina de Rioseco (Valladolid, España)

EL OBSERVADOR 413-7

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CRÍTICA DE MEDIOS DE COMUNICACIÓN
Modernidad líquida
Por Santiago Norte

Tras la primera guerra televisada en directo -que se suma a la transmisión del septiembre 11- la conciencia humana ha quedado como adormecida. Una especie de estupidez insomne ataca la capacidad del hombre de «darse cuenta» qué de lo suyo ha sido golpeado, vulnerado, ultrajado. Qué del inmenso patrimonio común ha sufrido una derrota.

En su libro Comunidad. En busca de seguridad en un mundo hostil, una de las mentes más brillantes de nuestro tiempo, el sociólogo de la Universidad de Leeds (Gran Bretaña), Zygmunt Bauman, mete el dedo en la llaga: el problema de fondo es que nuestra sociedad se finca en una «modernidad líquida», es decir, en lazos sociales cada día más distantes, cada día más difusos y cambiantes. El sujeto no tiene dónde (ni para qué) asirse a algo. Y desde la sala de su casa ve cómo el mundo se le cae en pedazos.

Somos, pues, capaces de ver a diario la compleja y efectiva acción de trituración a la que el sujeto humano está sometiendo al planeta. Tenemos las herramientas de tele-visión para penetrar junto con las patrullas de los marines en la casa desvencijada de algún suburbio de algún pueblo perdido en el desierto de Iraq. Nos revolvemos en la butaca al ver al niño que quedó sin padres, sin tíos, sin abuelos y sin brazos ni piernas tras un «ataque quirúrgico» de los de Bush. Pero no podemos hacer nada más que mesarnos los cabellos, rascarnos la cabeza y soltar una de las frases al uso de estas fechas, algo así como «qué brutos estos gringos» o «toma tu merecido, Saddam».

La televisión, piensa Bauman, ha inhibido en la colectividad la tele-acción. En una entrevista reciente (EL PAÍS, suplemento Babelia, 10 de mayo de 2003, pp. 10-11) afirmaba: «Quizá el mensaje más seminal, aunque apenas articulado de modo explícito, de la extensión planetaria de la televisión sea el complejo desfase entre lo que sabemos y lo que podemos hacer; entre lo que desafía a nuestra conciencia y lo que clama por alguna acción; lo que nosotros, testigos pasivos, podemos modificar mínimamente».

Esta brecha, como el mismo Bauman la nombra, entre lo que sabemos por haberlo visto y lo que podemos hacer para aliviar la carga moral que en nosotros despierta el horror tele-visado, es, sin duda alguna, la asignatura pendiente de ser resuelta por una recomposición mundial de los valores objetivos, de los derechos humanos, del respeto a la dignidad del hombre por el hecho mismo de ser hombre. Una recomposición que puede iniciar en casa, en la escuela, en el trabajo de cada quien. ¿Cómo? No es tan sencillo, tampoco tan complejo, ya lo hemos vivido en el tiempo y en nuestras vidas: mediante la (revolucionaria) restauración de la conciencia de que, por encima de todo, dependemos unos de otros.

EL OBSERVADOR 413-8

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PICADURA LETRÍSTICA
¿Seguiremos llevando el nombre servil de Estados Unidos Mexicanos?
Por J. Jesús García y García

El hombre superior necesita que las palabras se acomoden
a los significados y los significados a los hechos.
CONFUCIO

El 22 de enero del presente año el diputado panista Felipe Calderón Hinojosa, respaldado por cuatro de sus colegas, presentó a la LVIII Legislatura, cuyas labores a esta fecha terminaron ya, una iniciativa de reformas y adiciones a diversos artículos constitucionales "para que la denominación del país sea México y no Estados Unidos Mexicanos". La reacción inmediata de algún comunicador fue decir en el más burlón de los tonos: "¡En qué cosas se ocupan nuestros diputados!".

Es cierto que hay una multitud de asuntos que resultan, eventualmente, de mayor urgencia, y hasta algunos que son tratados a veces en prueba contra reloj, con angustioso apremio (digamos, por ejemplo, el presupuesto), pero de allí a considerar intrascendente esta cuestión hay un buen trecho.

He hablado en repetidas ocasiones sobre este particular, la última en los números 272 y 273 de EL OBSERVADOR, correspondientes a los domingos 24 de septiembre y 1 y de octubre de 2000, respectivamente. La nomenclatura ficción que oficialmente usamos me escuece porque, ya lo dije, el nombre de nuestra nación es un rasgo nada deleznable de nuestra identidad (me llamo Juan pero a la fuerza quieren nombrarme Torcuato, y yo no lo acepto).

El escrito de Calderón y socios está lleno de macizos argumentos. Reúno algunos que seleccioné: "...los nombres propios que se confieren a los países o a las personas poseen el carácter polisémico del símbolo, puesto que van más allá de una referencia unívoca para denotar una multiplicidad de significados de toda índole [...] Nombrar es poseer, puesto que sólo nombramos aquello cuyo significado hemos aprendido plenamente y, por consiguiente, podemos considerarlo nuestro a través de la palabra con la cual lo conceptualizamos y designamos [...] El nombre de nuestro país ha sido motivo de debate desde nuestro nacimiento como nación. Una vez consolidada la independencia surgieron diversas propuestas: América Septentrional, América Mexicana, Imperio Mexicano, Nación Mexicana, Anáhuac, República de los Estados de Anáhuac, República de México, México, y Estados Unidos Mexicanos. En el Constituyente de 1824, en razón del triunfo de las ideas federalistas, este último resultó el convenido para designar a nuestro país [a pesar de que] la palabra México no connota per se un régimen de carácter centralista [...] Además, no es necesario especificar en cada documento oficial el régimen vigente en el país [...] Al referirse al nombre que desde entonces recibió nuestro país, los juristas afirman que éste podría interpretarse como una copia del de los Estados Unidos de América, cuyo nombre responde a circunstancias distintas de origen y evolución en términos de significación política [...] En contraste con la designación denotativa de Estados Unidos Mexicanos, la palabra México tiene un carácter connotativo y simbólico que, por consiguiente, resulta más apropiado para nombrar a una nación en la que subyacen tantos significados como cosmovisiones. Dichos significados, al igual que el símbolo, son inagotables y siempre dicen algo más de lo que enuncian [...] De ahí que, al preguntarnos a cada uno nuestro lugar de origen respondemos México y no Estados Unidos Mexicanos".

La iniciativa de los diputados panistas tiene un porvenir incierto. Sería necesario que alguien con mucha capacidad de convocatoria lidereara la idea, olvidándose de falsos pragmatismos o de indudables conformismos: "Ya estuvimos casi doscientos años así. No le muevan". Quizás la LIX Legislatura quiera ocuparse...

EL OBSERVADOR 413-9

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El eneagrama continúa haciendo daño
Por el Pbro. Jordi Rivero

El eneagrama lleva más de veinte años presentándose como un «método de crecimiento espiritual» para «conocerse uno mismo» según «arquetipos de personalidad». Se promueve como una ayuda para adquirir «balance e integridad personal».
Es hora de decir la verdad para evitar que el eneagrama continúe haciendo daño. En 1991 Catholics United for the Faith publicó la devastadora crítica de Tim Pickford sobre el eneagrama titulada: «Evaluation of Enneagram Spirituality». Basándose en los libros favorables al eneagrama, Pickford demuestra que éste método distorsiona los evangelios, contradice la doctrina católica, confunde el lenguaje y, por consecuencia, es una amenaza a la fe. El eneagrama carece de fundamento tanto en la tradición cristiana como en la ciencia. Se presenta falsamente como método psicológico. Pero su verdadera identidad está mas bien en el esoterismo, en «sabiduría secreta» procedente de una amalgama de fuentes gnósticas.

Breve historia.- El eneagrama fue popularizado en el Occidente por Georges I. Gurdjieff (1870-1949), por su discípulo Piotr D. Ouspensky y, en la década de los 60, por el boliviano Óscar Ichazo. Desde joven, Gurdjieff estaba fascinado con todo tipo de conocimiento esotérico: el ocultismo, la comunicación con los muertos, la magia, las sociedades secretas. En busca de estos conocimientos viajó extensamente y, según él cuenta, encontró la Hermandad de Samouni, fundada en Babilonia unos 2500 años antes de Cristo. Allí obtuvo conocimientos esotéricos que sintetizó con otros adquiridos en sus lecturas y viajes. Para el año 1922 enseñaba «cristianismo esotérico» en París.

Según sus discípulos, Gurdjief enseñaba que el eneagrama es un símbolo universal del cosmos y, como tal, es una fuente de conocimiento sobre el cosmos basado en leyes matemáticas. Según él, «todo conocimiento puede ser incluido en el eneagrama y con la ayuda del eneagrama puede ser interpretado. Y en esta conexión, el hombre conoce, es decir, entiende, sólo lo que es capaz de poner en el eneagrama».

Óscar Ichazo también ayudó mucho a desarrollar el eneagrama. Desde su adolescencia, en la década de los 40, participó en grupos esotéricos buscando técnicas para alterar la conciencia, entre éstas el zen, el sufismo, la Kabbalah, el yoga, el budismo, el confusionismo, el I Ching y las enseñanzas de Gurdjief. En 1964, al salir de un estado de «éxtasis divino» que lo mantuvo una semana en coma, Ichazo decidió dedicarse a enseñar. Eventualmente estableció los «Institutos Arica» en varias ciudades. El entrenamiento en estos institutos incluye preparación y medios para encontrarse con seres superiores y con el «maestro interior» llamado «Tub».

Fue Ichazo el que introdujo en el eneagrama la correlación de sus nueve puntos con nueve tipos de personalidad. Según Ichazo, cada persona nace como «esencia pura»; pero, para sobrevivir, se encuentra forzado a desarrollar una personalidad que será su ego. En algún momento entre la edad de los 4 y los 6 años, escoge uno de los 9 patrones básicos de pensamiento. Cada uno de estos patrones de pensamiento está conectado con un patrón de comportamiento. Esta personalidad escogida es la causa de la infelicidad. Entonces, para ser feliz, la persona debe regresar a su esencia, compensando por su «fijación del ego». Esto se logra cultivando el patrón de pensamiento y comportamiento opuesto y complementario al suyo. Debe hacer ejercicios especiales como meditación y las posiciones de mano al estilo budista (mudras). Como nada de esto tiene fundamento en la razón, Ichazo dice haber descubierto los tipos de personalidad del eneagrama durante uno de sus éxtasis y bajo la influencia de un ángel.

Algunos libros sobre el eneagrama han adoptado teorías sicológicas de Freud y Jung queriendo darle credibilidad. Este táctica no debe engañarnos pues la gran influencia de estos hombres sobre el pensamiento moderno ha socavado la fe y la moral. Sin embargo sus ideas se aceptan como dogmas con los que se pretende juzgar a las doctrinas cristianas.

Atracción.- El eneagrama atrae por la misma razón que los horóscopos: a la gente le encanta un medio para rápidamente obtener conocimientos secretos sobre personas y eventos. Ofrece una «espiritualidad» ligera.

Distorsiones doctrinales.- La doctrina sobre el pecado se redefine en términos de limitaciones del tipo de personalidad y, ya que todas las personalidades tienen sus limitaciones intrínsecas, el pecado se percibe como algo inevitable y fuera de la responsabilidad personal. Enseña que nacimos divinos, pero cuando teníamos unos tres años cubrimos la divinidad con un tipo de ego. Uno de los 9 pecados capitales (aunque la Iglesia enseña que los pecados capitales son 7, los promotores del eneagrama enseñan 9), según el eneagrama está en el centro de cada tipo de ego. Si el pecado es causado por la personalidad, la solución que propone el eneagrama es compensar a base de cultivar la personalidad opuesta. Se olvida la necesidad de la redención por Cristo, del arrepentimiento y la conversión.

Aunque el esoterismo es la raíz del eneagrama, se introdujo entre los cristianos por el afán de lo novedoso en la vida espiritual. El hecho de que haya religiosos que lo propaguen sólo ilustra el estado de confusión en que vivimos.

(Fuente: corazones.org)

EL OBSERVADOR 413-10

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FIN

 
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