El Observador de la Actualidad

EL OBSERVADOR DE LA ACTUALIDAD
Periodismo católico para la familia de hoy
22 de junio de 2003 No.415

SUMARIO

bulletPORTADA - «Por un compromiso más responsable ante la democracia»
bulletCARTAS DEL DIRECTOR - La felicidad en tiempos de crisis
bulletEL RINCÓN DEL PAPA - Balance de la visita a Croacia
bulletAL PASO DE DIOS - Mejor a tiempo
bulletORIENTACIÓN FAMILIAR - ¿Hará falta una orientación o una terapia?
bulletPINCELADAS - En su casa encontró la inspiración
bulletREPORTAJE - Matrimonio: unidos para ser santos
bulletPREGUNTAS CON RESPUESTA - ¿Tienen alguna ventaja las relaciones sexuales antes del matrimonio?
bulletLOS VALORES DE LOS MEXICANOS - El valor de la cortesía
bulletCULTURA - ¿Alma bella, o corazón duro?
bulletGRANDES FIRMAS - Los miércoles, milagro

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PORTADA
«Por un compromiso más responsable ante la democracia»

El mayor castigo para quienes no se interesan por la política es que serán gobernados por personas que sí se interesan.
Arnold J. Toynbee

Comunicado de los obispos de Coahuila con motivo de los procesos electorales del próximo 6 de julio

¿Por qué hablamos?
Los obispos de las diócesis de Torreón, Piedras Negras y Saltillo, en el estado de Coahuila, nos dirigimos a ustedes deseándoles paz y bien. En este tiempo de elecciones lo que nos mueve a dar nuestra palabra desde la luz del Evangelio es continuar el proceso de concientización que desde hace tiempo los obispos hemos iniciado junto con todos ustedes, hermanos nuestros del pueblo de este estado, pues somos solidarios con sus angustias y esperanzas, sus sufrimientos y alegrías, sus logros y fracasos.

Creemos que este momento electoral es un tiempo magnífico, lleno de oportunidades, porque:
* vivimos en México y en el estado un momento histórico, de búsqueda seria y profunda, de alternativas políticas;
* los sectores sociales de nuestro pueblo, con resonancia en los países de América Latina, luchan por nuevas condiciones de justicia y respeto ciudadano en el proceso de la auténtica democracia;
* entendemos la democracia no sólo como una respuesta a corto plazo, reducida al momento electoral, sino como la exigencia profunda y permanente de parte de todos nosotros, de contribuir a la construcción de un estado de derecho;
* creemos que una verdadera democracia nos garantiza a todos los ciudadanos el ejercicio de nuestros derechos.

¿Desde dónde hablamos? Entendemos la renovación de las Cámaras por medio del sufragio que emitiremos el próximo 6 de julio, como una auténtica intervención popular en la agenda legislativa institucional, pues aquellos a quienes, por medio del voto, enviaremos como nuestros representantes al Congreso, deberán darse a la tarea de elaborar nuevas leyes justas y eficaces, atentos a la realidad que vivimos sus representados, pensando, sobre todo, en los sectores más desprotegidos, cuyos sujetos sociales colectivos son:

* Las mujeres y los hombres del mundo del trabajo, que esperan la elaboración de una legislación que dé solución a sus problemas concretos (salario digno, vivienda adecuada, derecho a la educación y promoción integral de su persona y familia, etc.);
* Los campesinos, que luchan por sobrevivir en condiciones adversas;
* Los migrantes, cuyo sufrimiento reclama un acuerdo legal migratorio para evitar las continuas violaciones a sus derechos, sus muertes y el despojo de su salario por trabajar en condiciones ilegales;
* Los indígenas, con su legítimo descontento ante una legislación que no responde a sus necesidades.

La nueva legislación para estos sectores no es opcional, ni a largo plazo. Al igual que es urgente atender los problemas que afectan a nuestro estado y que desde el Congreso de la Unión, deben implementarse soluciones.

En nuestro estado hay empresas extranjeras que con mucha facilidad terminan sus operaciones, dejando a una considerable cantidad de familias sin ingresos, incluso una empresa nacional que da empleo a muchos trabajadores, pasa por muy serias dificultades en este momento; el delicado fenómeno del narcotráfico, cuyos signos de descomposición social crecen; la proyectada reforma a la Ley Federal del Trabajo, que de no ser la adecuada, afectaría a las zonas industriales; el drama que viven los migrantes y las causas que generan la migración: la pobreza, los salarios bajos y la falta de atención al campo, entre otros.

¿A quiénes nos dirigimos? A los partidos políticos y a quienes resultarán elegidos.

En la contienda política electoral, el apego a la legalidad le otorgará autoridad moral y credibilidad, al proceso político de la nueva democracia.

Cada funcionario público elegido para la Cámara, deberá tomar el perfil de un político responsable, servidor de la comunidad, a quien debe dar cuentas de su gestoría. Es básica la rendición permanente de cuentas, dentro de la nueva propuesta ley de transparencia. Nuestros legisladores, deberán contribuir a la construcción de sujetos ciudadanos colectivos, en la sociedad civil que está emergiendo en el México de hoy.

A nuestros fieles y hombres de buena voluntad.

Les pedimos que continúen responsabilizándose en la promoción de una cultura democrática, acudiendo a las urnas el próximo 6 de julio, para convertirnos en constructores de la historia y no dejar en manos de unos cuantos las decisiones que afectan a todos.

Que María de Guadalupe, Reina y Madre de México interceda ante Cristo, Señor de la historia, para que este proceso electoral sirva para consolidar las bases de la nueva sociedad y que los valores de nuestra fe cristiana, fermento de una vida digna para todos, sean los que guíen a los bautizados a no ausentarse de las urnas el próximo 6 de julio y a emitir su voto libre y responsable.

Unimos nuestra voz a la del Santo Padre, que sugiere como intención de nuestra oración para este mes de junio, pedir por quienes asumen una responsabilidad en la vida pública, para que defiendan e impulsen en cualquier situación el respeto de los valores humanos.

Saltillo, Coah. a 9 de junio del año 2003

J. Guadalupe Galván Galindo.
Obispo de Torreón.

Alonso G. Garza Treviño,
Obispo de Piedras Negras.

Fr. Raúl Vera López, O.P.
Obispo de Saltillo

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La Iglesia y la política

Si yo critico a la NASA y a algunos de sus programas, ¿me estoy entrometiendo en aeronáutica?, ¿estoy invadiendo los quehaceres de los astro-nautas? No nos asustemos, no escandalicemos. Criticar y señalar en política es muy diferente de participar o entrometerse, incluso de ser candidato o dirigente partidista.

(Fuente. Yoinfluyo.com)

EL OBSERVADOR 415-1

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CARTAS DEL DIRECTOR
La felicidad en tiempos de crisis
Por Jaime Septién

Yo no sé si ahora sea más difícil que en el tiempo de mis abuelos ser feliz. A lo mejor ellos se conformaban con menos cosas; eran más pobres, más sencillos. De lo que estoy seguro es que su fe en Cristo era mucho más firme. No tan rebuscada ni tan caprichosa. Tampoco tan golpeada por mensajes contradictorios, la mayoría de ellos provenientes de los medios de comunicación.

Eran, como el título de un ensayo de García Márquez, más felices y menos documentados que nosotros. Ahora somos maestros de todo. La opinión sin fundamento es reina de la actualidad. El «yo digo que las cosas son así y son así porque yo digo», se ha vuelto la norma. La verdad es aquello que a mí me parece que es la verdad. No tengo necesidad alguna de investigar, de estudiar, de prepararme. Basta con que diga «yo creo» para que todo el mundo se calle y reverencie mi opinión. Si alguien me rebate le digo que es un intolerante y asunto arreglado.

Nunca, nunca la magnificación del yo ha traído felicidad a nadie. La tierra no conoce mayor esclavitud que la esclavitud del yo. Ni mayor libertad que abrirse a los otros. Sin embargo, el discurso dominante nos invita a poner al yo en un trono. Con sólo ver los comerciales de la tele caemos en cuenta de esa deificación del yo, de ese volvernos dioses de nosotros mismos. «Tú vales lo que este perfume». «Que nadie te diga lo que debes hacer». «Muestra donde quieras tu naturaleza agresiva, ganadora: usa este jabón que va con tu personalidad»...

Un rasgo que sorprende de nuestros abuelos y de nuestros padres es que se desvelaban por atender las necesidades de su familia y, muy a menudo, de otras familias. Ni siquiera se lo cuestionaban: donde comen diez comen once, se les oía decir. Y no se las daban de héroes ni andaban buscando su autoestima en cada centro comercial que se les atravesara. Tenían tiempo y ganas de conversar. Y tomaban con naturalidad el devenir del tiempo, tanto como la religión de sus ancestros.

En esa fórmula de sencillez había una libertad que no imaginamos en nuestro tiempo convulsionado y difícil. «El hombre busca la felicidad -dice Luigi Giussani-, el cumplimiento de una severidad intensa y feliz. ¿Cuál es el método para encontrarla? Desde que el Señor nos toma por los hombros y nos empuja hacia delante, desde ese momento ya no hay nada que pueda sustituir el don de Dios en la vida». Es cierto: nada. Y los abuelos y nuestros padres lo sabían. Lo saben.

EL OBSERVADOR 415-2

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EL RINCÓN DEL PAPA
Balance de la visita a Croacia

Como es costumbre, después de culminado su viaje apostólico, el Papa dedicó su primera audiencia general a hacer un balance de lo vivido, en esta ocasión, del 5 al 9 de junio en Croacia:

«¡Ha sido mi viaje apostólico número cien! Elevo al Señor desde lo más profundo de mi corazón mi sentida acción de gracias por haberme abierto cien veces los caminos del mundo y de las naciones para que pueda dar testimonio de Él.

«He regresado a la noble tierra croata para confirmar a los hermanos en la fe; he querido llevar a todos un mensaje de paz y de reconciliación, y tuve la alegría de elevar a la gloria de los altares a sor Marija Propetoga Isusa Petkovic.

«En Osijek tuve el gusto de presidir la solemne conclusión del segundo Sínodo diocesano y de conmemorar el 150 aniversario de fundación de la provincia eclesiástica de Zagreb. Invité en particular a los fieles a valorar plenamente la gracia del Bautismo y de la Confirmación. Sólo quien está animado por una fe robusta y por un amor generoso puede ser apóstol de la reconciliación y de reconstrucción moral, allí donde permanecen abiertas las heridas de un pasado doloroso y difícil.

«El domingo 8 de junio, fiesta de Pentecostés, durante la Misa invoqué una renovada efusión de los dones del Espíritu Santo sobre las familias cristianas de Croacia y del mundo. Quise ponerlas a todas bajo la especial protección de la santa Familia de Nazaret.

«La última etapa de mi viaje fue Zadar. Celebré la Hora Sexta, en la fiesta de la Bienaventurada Virgen María, Madre de la Iglesia. Esta festividad, que prolonga la solemnidad de Pentecostés, nos hizo revivir el clima del Cenáculo.

«Durante este viaje he podido constatar también hasta qué punto el cristianismo ha contribuido al desarrollo artístico, cultural, pero, sobre todo, espiritual y moral de Croacia y de su pueblo. Sobre esta sólida base, ahora, a inicios del tercer milenio, la querida nación croata podrá seguir construyendo su cohesión y estabilidad para integrarse armoniosamente en el consorcio de los pueblos europeos».

EL OBSERVADOR 415-3

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AL PASO DE DIOS
Mejor a tiempo
Por Amadeo Rodríguez Magro

Determinadas cosas hay que hacerlas tanto a tiempo como a destiempo. La oración, por ejemplo, se hace en momentos determinados a lo largo del día, aunque también surge de pronto ante una alegría o una necesidad. En cualquier caso, para acordarse de Dios a destiempo, es necesario haberse acordado de Él a tiempo. Si no es así, su presencia se difuminará tanto para nosotros que le recordaremos sólo cuando nos apriete la necesidad. Por eso es conveniente organizar nuestra vida de oración de tal manera que nos mantenga permanentemente cercanos al Señor y eso nos permita ver su rostro dondequiera y en cualquier momento que se manifieste, aunque sea por sorpresa. El que no mantiene su corazón mirando a Dios, no lo verá cuando pasa a su lado en su prójimo y corre el peligro de no descubrir su presencia en los que son su viva imagen entre nosotros, los más humildes y necesitados.

Si les ayuda, sugiero algunos de los momentos en los que hemos de acordarnos de Él: comenzaremos la jornada ofreciéndole todo; como nuestro trabajo es nuestra ofrenda cotidiana, al comenzar y en medio de nuestras tareas hemos de recordarle; un tiempo para poner en común sus cosas y las nuestras es imprescindible, como lo es la celebración de la Eucaristía; le agrada especialmente que recordemos a María y nos pongamos ante su tierna y maternal mirada en diversos tiempos y con diversos ejercicios de piedad; y es inevitable renovar cada día, antes de irnos a dormir, la paz que sólo se encuentra cuando se pone la conciencia, nos duela o no, ante el Único que le puede dar quietud y esperanza.

EL OBSERVADOR 415-4

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ORIENTACIÓN FAMILIAR
¿Hará falta una orientación o una terapia?
Por Yusi Cervantes Leyzaola

PREGUNTA
La presente va con el fin de agradecer su artículo «¿Es un error seguir juntos?», el cual, en estos momentos de mi vida, me ha permitido comprender que no es un error el permanecer junto a mi esposo.

Hace casi 20 años me casé y, como mi esposo es hondureño, me vine a vivir a su país. En un principio uno se cree capaz de vencer todos los obstáculos porque piensa: si soy una persona capaz, con un título universitario y principios morales y religiosos, ¿qué problema no podré solventar? Yo me casé para toda la vida, el divorcio nunca fue una alternativa; gracias a Dios tengo unos padres católicos casados por casi 50 años, y en nuestra familia no hay divorcios. Ahora ésa es sólo la mitad de la ecuación, la otra mitad es mi esposo, y ésa es otra historia.

De hace unos 7 u 8 años atrás, mi esposo empezó a tener problemas económicos que de leves llegaron a graves. Entró en una gran depresión en la que varias veces tuve que quitarle una pistola de las manos con la que pensaba suicidarse. Un día permitió que Jesús actuara, y juntos entramos a una comunidad neocatecumenal. Paso el tiempo, las cosas mejoraron. Yo seguí en el camino, él terminó por retirarse hace como 2 años, y surgió toda clase de problemas ya que él me cuestionaba mi apego a la Iglesia pues yo, para esas alturas, ya había entendido que sólo los planes de Dios me podrían hacer feliz, que iba a ser duro seguirlo, pero que sus promesas eran las únicas que se cumplirían. Durante ese tiempo recibí humillaciones, malos tratos (físicos y mentales); fue capaz de poner al tanto a mis padres, a los cuales, por no vivir aquí, yo había preferido mantener al margen; y lo último que tuve que perdonar fue el leer un e-mail de mi marido a otra mujer, con insinuaciones de que entre ellos hubo algo más que una simple amistad. Gracias a Dios, a su Santa Iglesia y a mi comunidad, pude perdonar esto. Y en una plática que tuve con él, luego de que se confesó con un padre amigo de él, decidimos que lo único que podíamos hacer era: borrón y cuenta nueva. Por el momento las cosas han cambiado, siento casi lo mismo que cuando era recién casada; siempre tengo dudas en cuanto a su conducta, pero no me canso de rezar para que Dios lo libre de la tentación, pues verdaderamente no sé si tendría fuerzas para soportarlo.

Quisiera saber si usted me podría orientar en algo: ¿cree que es necesario hablar más de esto con alguna persona (sacerdote, psicólogo)? Pues a veces me parece que él podría pensar que, como en realidad no le fue tan difícil ser perdonado, lo podría repetir otra vez. Yo sé que para él es difícil, pues su padre siempre ha sido un adúltero reconocido, y mi esposo cree que el papel de la esposa es solo aguantar, como su madre. Me gustaría mucho saber su opinión.

RESPUESTA

No sé si sea necesario, eso solamente ustedes pueden decidirlo; pero sí creo que sería muy conveniente hablar de esto tanto con un sacerdote como con un psicólogo o un orientador familiar. Si bien es cierto que Dios a veces actúa directamente, las más de las veces el camino pasa por un proceso de crecimiento interior, de confrontación de lo que creíamos cierto y que no funciona frente a los problemas reales, de ayuda de personas que saben más o que tienen más experiencia...

En este momento las cosas van bien, pero si los problemas que provocaron todas esas situaciones siguen ahí, aunque ocultos, es muy probable que tarde o temprano resurjan. El borrón y cuenta nueva parece una buena propuesta, pero no es realista. No se pueden borrar la historia, la educación, las experiencias negativas. Es necesario revisar lo que pasó, por qué paso, y encontrar lo que hace falta cambiar para evitar que vuelva a ocurrir. La depresión de su esposo, por ejemplo, aunque parezca superada, si fuera mi paciente me haría preguntarme qué pasó en su infancia y cómo es que pudo llegar al punto de pensar en atentar de esa manera contra sí mismo. Si tuviera que enfrentar otra crisis de iguales o peores dimensiones, ¿qué pasaría?, ¿volvería a derrumbarse?, ¿o tiene ya una mayor fortaleza? Éstas son cuestiones que sería conveniente plantear en una terapia.

En cuanto a la pareja, hace falta preguntarse qué fue verdaderamente lo que llevó a su esposo a la infidelidad. ¿Fue solamente una cuestión personal? ¿Estaba faltando algo a la relación de ustedes? -lo cual no justifica la infidelidad, pero saberlo permite entender qué paso y prevenir que vuelva a suceder-.

Importa mucho saber cómo es que él llego a maltratar y a humillar. Es evidente que él necesita cambiar algunas de sus creencias si pretende tener una buena relación de pareja. Por otro lado, si le preguntáramos, seguramente él también tendría algunas quejas y peticiones que es necesario revisar y valorar.

De modo que sí, efectivamente, mi opinión es que consulten con un psicólogo, y que tengan a un sacerdote de confianza que los dirija espiritualmente. También les serviría mucho aprender acerca de la vida matrimonial, por ejemplo en el Movimiento Familiar Cristiano. Porque todo esto también es materia de estudio.

Espero que esta mejoría de su relación no sólo permanezca, sino que crezca. Por cierto, es natural sentir desconfianza, poco a poco ira desapareciendo si su esposo se empeña en ello; pero procure no actuar desde la desconfianza, sino desde un voto de confianza sacado de su decisión por luchar por esta relación tan valiosa para ambos. Y no se preocupe porque no fue tan difícil perdonarlo; si él es sincero, eso no facilita que vuelva a cometer una infidelidad. Pero sí cabe preguntarse si en el proceso del perdón usted se escuchó lo suficiente a sí misma, es decir, si escuchó su enojo, su dolor, su tristeza, sus necesidades. De no ser así, ese proceso de perdón está incompleto.

Les deseo que esta lucha por su matrimonio tenga éxito, y lo tendrá si ponen todo su empeño y se ponen en manos de Dios. Por cierto, no es cuenta nueva, sino una vieja cuenta renovada por el amor.

La psicóloga Cervantes responderá las preguntas que le envíen a la dirección de El Observador o que se le hagan al teléfono 228-02-16. Citas al 215-67-68. Correo electrónico: cervleyza@msn.com

EL OBSERVADOR 415-5

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PINCELADAS
En su casa encontró la inspiración
Por Justo López Melús *

Un artista dijo un día a su esposa: «Me voy de viaje, en busca de la inspiración para pintar una obra maestra». Un día vio a una novia el día de su boda: «¿Qué es lo más hermoso para ti?». «El amor». Pero, ¿cómo pintar el amor? Luego encontró a un soldado: «¿Qué es lo mejor para ti?». «La paz». Pero, ¿cómo pintar la paz? Más tarde a un sacerdote: «¿Qué es lo principal para ti?». «La fe». Pero, ¿cómo pintar la fe?

Cansado y decepcionado volvió a casa. La esposa lo acogió con ternura y entonces encontró el amor de que le habló la novia y la paz de que le había hablado el soldado. Y cuando sus hijos lo besaban, vio en sus ojos la fe de que le habló el sacerdote. Así pues, en su hogar encontró resumida la inspiración que buscaba fuera de casa.

* Operario Diocesano en San José de Gracia en Querétaro.

EL OBSERVADOR 415-6

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REPORTAJE
Matrimonio: unidos para ser santos
«Tengan todos en gran honor el matrimonio» (Hebreos 13, 4)


Que todos fuimos creados para alcanzar la santidad es un hecho innegable. Y el matrimonio es uno de los caminos que Dios ha establecido para conseguir dicho fin.

El carácter sagrado del matrimonio es reconocido en todas las culturas, pero en los últimos tiempos, fruto de la decadencia moral de la sociedad, se le tiende a ver sin referencia a Dios, como si se tratara únicamente de una cuestión de leyes civiles o, peor todavía, de un asunto privado entre un hombre y una mujer. De ahí que cada vez más parejas decidan vivir en unión libre o, cuando mucho, se dignen a firmar un papelito otorgado por el gobierno a manera de un contrato mercantil en el que, si el negocio no pega, simplemente se clausura.

Hay quienes dicen que mientras vivían en unión libre eran felices, pero que apenas recibieron el sacramento del matrimonio su relación de pareja se vino abajo. Evidentemente en estos casos la culpa no la tiene el sacramento matrimonial, sino la incapacidad de uno o de ambos contrayentes, quizá por falta de madurez psíquica, de aceptar las implicaciones propias del matrimonio; de ahí que suela quejarse alguno de sentirse «esclavizado» o «poseído» por el otro.

El sacramento del matrimonio, al igual que los otros seis, fue instituido por Cristo para santificar; es decir, en este caso Dios llama a los esposos a que ganen el Cielo haciéndose santos en su matrimonio y en su vida familiar. Para ello el Señor regala su gracia en los corazones de los esposos para que cumplan los deberes propios de su estado: la fidelidad a sus promesas, la procreación y educación de los hijos, el sostenimiento mutuo en medio de las alegrías y las dificultades de su vida. Eso sí: el hecho de que Dios dé la gracia necesaria para vivir el matrimonio no significa que «obligue» a nadie a aceptar ese regalo; ya es cosa de cada quién decidirse a abrirlo, a utilizarlo. El que se casa pero no cultiva su vida cristiana difícilmente convertirá su sacramento matrimonial en motivo de santificación y, por tanto, de éxito; que no se extrañe si mañana las cosas están de cabeza.

Los fracasos matrimoniales abundan, tanto que a veces pareciera que es una pérdida de tiempo casarse como Dios manda. Sin embargo, no es así. A continuación mostramos a algunas parejas reconocidas por la Iglesia como modelos de vida cristiana (una ya llegó a los altares, las otras están en proceso de beatificación). ¿Qué hicieron para alcanzar la santidad? ¿Resucitaron muertos, multiplicaron panes o fundaron conventos? No, simplemente aprovecharon la gracia que se les otorgó en el sacramento del matrimonio. (D.R.G.B.)

Beatos María Corsini (1884-1965) y Luigi Beltrame Quattrocchi (1880-1951), italianos. Beatificados por Juan Pablo II el 21 de octubre de 2001.

Louis Wandete (1877-1949) y Valérie Ama(1883-1949), de Costa de Marfil. Este matrimonio africano está en proceso de beatificación.

Ulisse Amendolagine (1893-1969) y Lelia Cossidente (1893-1951), ambos italianos, carmelitas seculares. En proceso de beatificación.

Los italianos Marcello Inguscio (1934-1996) y Anna Maria Ritter (1938-1986), miembros de Missione Chiesa-Mondo. En proceso de beatificación.

Adela Rina Abbo Fontana (1919-1986) y Arístides Calvani Silva (1918-1986), venezolanos. En proceso de beatificación.

Georges-Philias Vanier (1888-1967), y Pauline Archer-Vanier (1898-1967), canadienses. En proceso de beatificación.

Los mexicanos Marina Francisca Cinta Sarrelangue de Balmori (1909, Acayucan, Ver. -1988, México, D.F.) y Eugenio Balmori Martínez (1900, San Luis Potosí, S.L.P. - 1946, Minatitlán, Ver.). Pertenecieron a la diócesis de Coatzacoalcos. Se encuentran en proceso de beatificación.

Los franceses Marie Michelet née Vialle (1900-1989) y Edmond Michelet (1889-1970). En porceso de beatificación.

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Los próximos en llegar a los altares serán los padres de santa Teresita del Niño Jesús

Venerables Marie-Zélie Guérin Martin (1831-1877) y Louis Martin (1823-1894), franceses, padres de santa Teresita del Niño Jesús. Todas sus hijas optaron por convertirse en monjas.
Este podría convertirse en el segundo caso en el cual esposo y esposa sean declarados beatos en una misma ceremonia debido a un proceso conjunto. Su causa de beatificación avanza rápidamente. Sólo falta la firma del cardenal Dionigi Tettamanzi, arzobispo de Milán, para cerrar la fase diocesana del proceso, puesto que en su jurisdicción ocurrió el milagro adjudicado a la intercesión de los esposos. El milagro es la curación del niño Pietro Schiliro, que nació en mayo de 2002 con los pulmones severamente deformados y no era capaz de respirar; se informó a sus padres que moriría en breve, pero ellos dedicaron una novena a los padres de santa Teresita y ahora el niño está perfectamente sano.

EL OBSERVADOR 415-7

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PREGUNTAS CON RESPUESTA
¿Tienen alguna ventaja las relaciones sexuales antes del matrimonio?

Hay quien dice que son convenientes las experiencias sexuales antes del matrimonio, que conviene entrenarse antes de la boda. Esto es falso. Las relaciones sexuales prematrimoniales están prohibidas por Dios; por lo tanto, ni son necesarias, ni convenientes, ni son lícitas. Si fueran buenas, Dios no las prohibiría. Si las prohíbe es porque no son necesarias. Lo normal es que los matrimonios aprendan el ejercicio de la vida sexual después de la boda. Poco a poco. No es necesario precipitarse. Ni conveniente. Nada tiene de particular que al principio no salga todo a la perfección. Es más, quien desde el primer día demuestra mucha experiencia sexual, no puede causar buena impresión al otro.

Algunos dicen: «¿Por qué no vamos a poder hacer lo que nos pide nuestro amor?». Porque les falta el sacramento que les da ese derecho. Yo, antes de ordenarme sacerdote, deseaba decir Misa, pero no pude hacerlo hasta recibir el sacramento que me daba facultades para hacerlo. Y si lo hubiera hecho antes, hubiera sido ilícito e inválido.

El poder dominar los instintos es lo específico del hombre. Cuanto más nos dominamos, más hombres; cuantos menos, más animales. Y convertir al hombre en animal es degradarle.

Hoy algunos quieren presentar como natural toda clase de excesos sexuales. A veces se pone la etiqueta peyorativa de «represión sexual» al dominio del sexo, diciendo que es antinatural y causa de males para la salud. Sin embargo, la historia confirma que la degeneración sexual ha sido el preámbulo de una generalizada degeneración social.

Eso de que la libertad sexual hace a los jóvenes más maduros es una mentira. Los hace más animales y más esclavos de la lujuria. Dice Tony Anatrella , psicoanalista y profesor de psicología clínica: «Las experiencias sexuales no facilitan la madurez, al contrario, frecuentemente, la retrasan».

Además, las relaciones sexuales prematrimoniales son inútiles. No garantizan el éxito en el matrimonio. Porque el matrimonio es mucho más que armonía sexual. La prueba es que la mayoría de los matrimonios fracasados que acuden al psiquiatra han tenido relaciones sexuales antes de casarse.Un estudio llevado a cabo por sociólogos de la Universidad de Wisconsin (EU) sobre una muestra de 13 mil individuos ha puesto de manifiesto que las parejas que tuvieron relaciones sexuales antes del matrimonio fracasaron como cónyuges en un número muy superior al de las parejas que no las tuvieron .

Aunque en las películas vemos continuamente parejas que hacen el coito y no pasa nada, eso es propio de las películas; pero en la vida real, claro que pasa. Las experiencias sexuales prematrimoniales son totalmente inhibitorias. El miedo al embarazo y el remordimiento es lógico que produzcan una inhibición que convierte ese acto en algo totalmente distinto de la máxima entrega realizada por amor dentro del matrimonio.

Hasta el mismo Freud reconoce que el libertinaje sexual es la muerte del amor: «La libertad sexual ilimitada no conduce a mejores resultados. Nada cuesta comprobar que el valor psíquico de la necesidad sexual desciende desde el momento en que la satisfacción resulta fácil... En las épocas en que la satisfacción amorosa no ha encontrado dificultades, el amor ha perdido todo valor, la vida se ha vuelto vacía... Desde este punto de vista cabe afirmar que el ascetismo cristiano ha creado para el amor todo un conjunto de valores psíquicos que la antigüedad pagana no había sabido conferirle».

(Fuente: Pbro. Jorge Loring, Para salvarte)

EL OBSERVADOR 415-8

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LOS VALORES DE LOS MEXICANOS
El valor de la cortesía
Por Antonio Maza Pereda

La cortesía es un valor muy mexicano y, sin duda, tiene su reflejo en la familia como un valor que facilita la convivencia. Está en el octavo lugar en la jerarquía de los valores que tenemos en el ámbito de la familia.

En general se nos reconoce a los mexicanos un aprecio muy singular por la cortesía. Las buenas maneras, los modales, se consideran como sinónimos de la buena educación, como el fruto de una familia que se preocupa de la formación de los hijos. Hay, por supuesto, variantes en la forma como se da la cortesía entre las diferentes zonas del país; por ejemplo, los oaxaqueños o los yucatecos son percibidos como muy corteses, mientras que los norteños son vistos como más rudos, como gente que habla "golpeado". Sin embargo, aun el más descortés de los mexicanos es mucho más cortés que las personas de otras culturas y de otras naciones. ¿Será un valor que nos viene de la parte indígena de nuestra cultura? Puede ser, ya que no percibimos a los españoles como muy corteses; sin embargo, es notable que los españoles de la época de la conquista eran también muy corteses y, aún hoy, se considera a los españoles como más amables que otros europeos.

En todo caso, es un valor que se aprecia en las familias mexicanas. En una de las encuestas que se han hecho sobre los valores de los mexicanos, se consideraba la cortesía (en forma de buenos modales) como un objetivo importante de la educación.

Podríamos decir que este valor está cambiando en las formas. Algunos de nosotros todavía recordamos que, no hace mucho, a los padres se les hablaba de usted.Hoy eso nos parecería muy exagerado a todos nosotros.

Tal vez un punto importante es el origen de esta cortesía. Este valor es el reflejo de un valor mucho más profundo, que es el de respeto. Sin embargo, el respeto no figura entre los diez primeros lugares en la jerarquía de los valores del ámbito familiar. ¿Por qué se dará esto? Ciertamente, el verdadero respeto nos lleva a tratar a los demás con cortesía; pero podría darse (y de hecho se da con mucha frecuencia) cortesía de apariencia, fingida. Una cortesía que se usa para manipular, para lograr del otro su confianza. ¿Será, acaso, que los mexicanos, al no encontrar verdadero respeto, nos conformamos con su forma externa que es la cortesía?

Es notable cómo un poco de buenos modales "lubrica" hasta las situaciones más ásperas en el seno de la familia. ¿Cuántas desavenencias familiares se hubieran evitado si hubiéramos tenido un poquito de cortesía? ¿Cuántas veces nos encontramos con que negamos a nuestro cónyuge o a nuestros hijos la cortesía que prodigamos a los amigos y hasta a los extraños? Alguien decía que el matrimonio está en el terreno de la diplomacia. Pero, tristemente, con la confianza y con la costumbre, a veces nos sentimos dispensados de guardar los modales. También esto se da en el trato entre los hermanos: ¡cuántas veces nos permitimos entre hermanos malos tratos, que ni en sueños le daríamos a los amigos o a los extraños!

Tal vez la cortesía no esté entre los valores supremos; difícilmente nos iríamos a confesar por haber faltado a la cortesía. Pero ¡cuánta falta hace a veces! ¡Cuánto bien se logra cuando se pone un poco de buenos modales es las relaciones familiares! Los pequeños detalles: el saludo por la mañana, la despedida cuando alguno sale, el saludo al regreso al hogar, el dar las gracias por los pequeños favores que todos nos hacemos los unos a los otros, el pedir las cosas por favor, ¡significan tanto! Y, más aún, cuando no son únicamente una exterioridad sino reflejo de un profundo respeto.

Dios está en los detalles, dice el refrán.

EL OBSERVADOR 415-9

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CULTURA
¿Alma bella, o corazón duro?
Por Carlos Díaz

A veces queremos ser almas bellas, mas no pudiendo cambiar al mundo hacia mejor, antes al contrario empeorando y maleándonos poco a poco nosotros mismos en el intento, terminamos por recluirnos en nuestra propia coraza, metamorfoseándonos como corazones duros. Así las cosas, ¿es mayor la fuerza del mal que la del bien, o a la inversa?

El bien puede vencer sobre el mal, pese a la potencia de lo maligno, pero hay que promoverle porque no cae de un cocotero, y es preciso madrugar para acompañar al ángel que pasa, emprender la decisión de ir con él, de tomar el relevo, de aferrar la antorcha, de participar compartiendo. Quien se siente a la puerta de la historia verá pasar su propio féretro, llevado por quienes madrugaron más. Únicamente desde el grupo con el que compartimos podremos aguantar el mal del mundo, elaborar su duelo, dando el paso siguiente: volver a la arena para que donde hubo mal se pueda hacer el bien. Nosotros solos no podemos. A partir de ahí trataremos de ir ensanchando el horizonte sabiendo defendernos sin estar a la defensiva. La tarea: salir de dos en dos para reforestar lo que habíamos encontrado desforestado tras elaborar el duelo. Los hermanos mayores marcharán delante si son verdaderamente nuestros hermanos mayores.

Quien piense que los valores no traen conflicto se equivoca. Lo malo es que generen conflicto y, además, no sean valores. El universo de los valores no es un jardincito epicúreo para descansar en él. Hay una tendencia a depositar los valores en una estantería mientras que el sujeto se queda fuera. Pues no, el ser humano es un animal axiológeno, creador y destructor. En la naturaleza humana está el generar crisis, el construir y destruir, diferencia radical con respecto a los animales, que una vez explorado su propio territorio se quedan dentro de él. En todo «planeta axiológico» podemos llegar a adoptar pautas de comportamiento que hoy ni siquiera imaginamos.

Las crisis resultan inevitables, destruyen valores anteriores y producen valores venideros. A veces, en el saldo, lo negativo es más contable que lo positivo o viceversa, pero en ocasiones este saldo sólo puede cuantificarse algún tiempo después, pues hace falta perspectiva para poder valorar. En el momento en que acaba de escribir La ciudad de Dios ve san Agustín a las puertas de Roma, la ciudad eterna, a los bárbaros y escribe: «El mundo se acaba». Para él, demasiado cerca, aquellos pueblos bárbaros (bárbaros porque no hablaban latín, idioma eterno) traían el fin del mundo. Casi todos los grandes pensadores experimentan una conciencia más aguda de las crisis que las gentes normales, las cuales se lamentan sin reflexionar sobre lo que está pasando.

Así las cosas, ¿al final de todas las crisis de la historia no hay crisis? Entraron los bárbaros y no pasó nada. Cayó el muro de Berlín y no acabó el mundo, ¿significa esto que crisis + crisis + crisis = no crisis? ¿La actual crisis es más crítica que las demás, teniendo en cuenta que si destruimos la naturaleza todo lo demás será imposible? ¿Cómo hablar de crisis, si los valores son eternos?

EL OBSERVADOR 415-10

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GRANDES FIRMAS
Los miércoles, milagro
Por José Luis Martín Descalzo

Aquella tarde a Gabriela -uno de los pequeños personajes de una novela de Gerard Bessiere- le preguntó su amigo Jacinto:

- ¿Qué has hecho hoy en la escuela?
- He hecho un milagro -respondió la niña.
- ¿Un milagro? ¿Cómo?
- Fue en el catecismo.
- ¿Y cómo hiciste el milagro?
- Tenemos como profesora a una señorita que está muy enferma. No puede hacer nada ella sola, sólo hablar y reir.
- ¿Y qué pasó?
- La señorita hablaba de los milagros de Jesús. Y los niños dijeron: No es verdad que haya milagros. Porque si los hubiera, Dios te hubiera curado a ti.
- Y ella, ¿qué dijo?
- Dijo: Sí, Dios hace también milagros para mí. Y los niños dijeron: ¿Qué milagro ha hecho?
- ¿Y entonces?
- Entonces ella dijo: Mi milagro son ustedes. ¿Por qué?, le preguntamos. Y ella dijo: Porque me llevan los miércoles a pasear, empujando mi carrito de ruedas. ¿Lo ves? Hacemos milagros todos los miércoles por la tarde. La señorita dijo también que habría muchos más milagros si la gente quisiera hacerlos.
- ¿Te gusta a ti hacer milagros?
- Sí. Tengo ganas de hacer un montón. Primero, pequeños. Cuando sea mayor voy a hacer milagros grandes.
- ¿Todos los miércoles?
- Quiero hacerlos todos los días, toda la vida.
- ¿No te parece que la vida es también un milagro?
- No -dijo Graciela-. La vida es para hacer milagros.

Gabriela tiene razón, la vida es para hacer milagros, los miércoles, y los jueves, y los domingos. La vida no es para sentarse esperando que Dios haga milagros espectaculares, no es para limitarse a confiar en que Él resuelva nuestros problemas, sino para empezar a hacer ese milagro pequeñito que Él puso ya en nuestras manos, el milagro de querernos y ayudarnos. ¿Es que será más milagroso devolverle la vista a un ciego que la felicidad a un amargado? ¿Más prodigioso multiplicar los panes que repartirlos bien? ¿Más asombroso cambiar el agua en vino que el egoísmo en fraternidad? Si los hombres dedicásemos a construir milagros pequeñitos la mitad del tiempo que invertimos en soñarlos espectaculares, seguramente el mundo marcharía ya mucho mejor.

Y el milagro de amar pueden hacerlo todos, niños y grandes, pobres y ricos, sanos y enfermos. Fíjense bien, a un hombre pueden privarle de todo menos de una cosa: de su capacidad de amar. Un hombre puede sufrir un accidente y no poder volver ya nunca a andar. Pero no hay accidente alguno que nos impida amar. Un enfermo mantiene entera su capacidad de amar: puede amar el paralítico, el moribundo, el condenado a muerte. Amar es una capacidad inseparable del alma humana, algo que conservará siempre incluso el más miserable de los hombres. Pueden hacerlo todos, niños y grandes, pobres y ricos, sanos y enfermos.

Sólo en el infierno no se podrá amar. Porque el infierno es literalmente eso: no amar, no tener nada que compartir, no tener la posibilidad de sentarse junto a nadie para decirle: ¡ánimo!

Pero, mientras vivimos, no hay cadena que maniate al corazón, salvo, claro está, la del propio egoísmo, que es como un anticipo del infierno. «Los verdaderos criminales -decía Follerau- son los que se pasan la vida diciendo yo y siempre yo.»

(Tomado de «Razones para el amor»)

EL OBSERVADOR 415-11

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FIN

 
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