El Observador de la Actualidad

EL OBSERVADOR DE LA ACTUALIDAD
Periodismo católico para la familia de hoy
6 de julio de 2003 No.417

SUMARIO

bulletPORTADA - Vota informado, vota razonando, vota libre y secretamente... pero vota
bulletCARTAS DEL DIRECTOR - Tu voto construye la casita del corazón de México
bulletEL RINCÓN DEL PAPA - Pablo VI, un padre y un maestro
bulletFAMILIA - Enseñe a sus hijos que votar no es una pérdida de tiempo
bulletPINCELADAS - Saber responder
bulletDOCUMENTOS - Los católicos en la vida política: compromiso y conducta
bulletPREGUNTAS CON RESPUESTA - ¿Es verdad que la Iglesia obliga a votar por determinados partidos políticos?
bulletNUESTRO PAÍS -El gobelino… la esperanza y el buen amigo
bulletCULTURA - La democracia directa y participativa: poder popular
bulletINTERNACIONAL - La Santa Sede no es una potencia política sino moral
bulletTESTIMONIO - Señor diputado, señora diputada, ¿quién es usted?
bulletALACENA - Institutos electorales locales
bulletDecálogo para ejercer cargos públicos

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PORTADA
Vota informado, vota razonando, vota libre y secretamente... pero vota

¿Para qué sirve el voto? La democracia significa la participación de todos los ciudadanos en la toma de decisiones sobre los temas que incumben a todos. Como es muy complicado que todos participemos al mismo tiempo en cada decisión, para ello elegimos representantes y gobernantes, para que tomen las decisiones y gobiernen con el poder que nosotros les hemos otorgado con nuestro voto.

¿Por qué es importante el voto? Con nuestro voto decidimos quiénes nos gobiernan y representan durante un periodo determinado. Para ello podemos elegir, de entre los programas de gobierno que nos presenten los partidos políticos o coaliciones, el que nos parezca mejor. No podemos perder la oportunidad de participar en la toma de decisiones en favor de México.

Requisitos para votar.-
* Ser ciudadano mexicano, es decir, tener 18 años de edad cumplidos al día de la elección y un modo honesto de vivir.
* Estar inscrito en el Registro Federal de Electores.
* Tener credencial para votar con fotografía.

Tu voto es libre y secreto.- Cada ciudadano debe votar por la opción que considere mejor. Nadie puede obligarte o presionar a votar por otra. Es necesario votar en secreto para defender nuestra libertad a elegir. Tu voto debe ser razonado. Debemos informarnos bien acerca de las diversas opciones y pensar muy bien en nuestro voto. Para lograr esto, debemos interesarnos en la política y estar convencidos de que nuestro voto es la mejor voz.

Cuando vayas a votar, fíjate muy bien.-
* Que en la casilla no haya propaganda de ningún partido político o coalición.
* Que haya un lugar especial para votar sin que nadie te vea y con plena libertad (cancel electoral).
* Que nadie intente convencerte o presionarte sobre quién debes votar.

¿Delitos electorales? No los permitas, ¡denúncialos!
El Código Federal de Instituciones y Procedimientos Electorales (COFIPE) establece que el voto debe ser:
* Universal, porque todos los ciudadanos mexicanos tenemos el derecho y la obligación de votar.
* Libre, porque cada uno de nosotros decide por qué partido político, coalición o candidato a votar, sin que nadie pueda obligarnos a hacerlo de determinada manera.
* Secreto, porque cada uno de nosotros decide por qué partido político, coalición o candidato votar, sin que nadie pueda obligarnos a hacerlo de determinada manera.
* Directo, porque son nuestros votos los que deciden, es decir, nadie más decide por nosotros a la hora de votar.
* Personal, porque cada ciudadano, en lo individual, emite su voto por sí mismo, sin asesoramiento alguno.
* Intransferible, porque no podemos transmitir a otra persona nuestro derecho a votar.

Para garantizar que nuestro voto sea plenamente libre y secreto, es importante conocer cuáles son los delitos electorales y las sanciones que se aplican a quienes los cometen, así como las autoridades ante quienes pueden denunciarse.

Los delitos electorales los pueden cometer:

-Funcionarios electorales, cuando:
* Alteren, sustituyan, destruyan o hagan uso indebido de los documentos del Registro Federal de Electores.
* Alteren los resultados electorales, sustraigan o destruyan boletas, documentos o materiales electorales.
* Presionen o induzcan a los electores a votar por un partido político, coalición o candidato determinado, en el interior de la casilla o donde se encuentren formados para votar.
* Expulsen de la casilla, sin causa prevista por la ley, a representantes de partidos políticos o coaliciones o coarten cualquiera de sus derechos.
* Permitan que voten ciudadanos que no cumplan con los requisitos de ley.
* Permitan que se introduzcan en las urnas ilícitamente una o más boletas electorales.
Sanción de 50 a 200 días multa y de 2 a 6 años de prisión.

- Los candidatos y funcionarios partidistas, cuando:
* Ejerzan presión sobre los electores para que voten por un partido político o candidato, o para que no voten.
* Amenacen o ejerzan violencia sobre los funcionarios electorales.
* Obtengan y utilicen, a sabiendas, y en su calidad de candidato, fondos ilícitos para su campaña electoral.
* Difundan de manera pública y dolosa noticias falsas sobre el desarrollo de la jornada electoral o los resultados.
Sanción de 100 a 200 días multa y de 1 a 6 años de prisión.

-Los servidores públicos, cuando:
* Obliguen a sus subordinados a votar por algún partido político, coalición o candidato.
* Condicionen la prestación de un servicio público, el cumplimiento de programas o la realización de obras a cambio del voto en favor de un candidato, partido político o coalición.
* Destinen ilegalmente fondos, bienes o servicios públicos en favor de un candidato, coalición o partido político.
* Den apoyo a partidos políticos, coaliciones o candidatos a través de sus subordinados, usanso el tiempo correspondiente a sus labores.
Sanción de 200 a 400 días multa y de 1 a 9 años de prisión.

-Los ministros de culto religioso, cuando:
* Induzcan expresamente al electorado, durante los actos públicos propios de su ministerio, a votar en favor de un candidato, partido político o coalición, o a la abstención.
Sanción de hasta 500 días multa.

Los ciudadanos, cuando:
* Traten de impedir o impidan que se instale una casilla.
* Voten más de una vez en la misma elección.
* Voten o pretendan votar con una credencial de otra persona.
* Recojan, sin causa prevista por la ley, credenciales para votar.
* Obstaculicen el desarrollo normal de las votaciones.
* Introduzcan en la urnas o sustraigan de las urnas ilícitamente boletas electorales.
Sanción de 10 a 100 días multa y de 6 meses a 3 años de prisión.

Si eres afectado o testigo de alguna de estas conductas, denúncialas ante la Fiscalía Especializada para la Atención de Delitos Electorales (FEPADE), o en cualquier Agencia del Ministerio Público Federal o del Fueron Común. FEPADETEL: 01 800 833 7233

Recuerda que votar es elegir tu futuro y el de tus hijas e hijos.

Con información del Instituto Federal Electoral.

EL OBSERVADOR 417-1

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CARTAS DEL DIRECTOR
Tu voto construye la casita del corazón de México
Por Jaime Septién

Hoy los mexicanos que tenemos edad de votar, nuestra credencial vigente y no estamos impedidos por alguna cuestión de extrema gravedad, debemos ir a la casilla electoral que nos corresponda para emitir nuestro deseo de un país mejor para todos.

Convertir este 6 de julio en una jornada de fiesta cívica. La obligación moral llevarla hasta los límites del privilegio. Porque es un privilegio poder votar libre, secreta y directamente. Muchos países ya quisieran tener la alternativa tan variada que posee el nuestro. Es la hora de decidir qué deseamos para las futuras generaciones de mexicanos. Sembrar hoy para que otros -los hijos de nuestros hijos- cosechen mañana.

La democracia -definida como un sistema de vida en el que se busca el bien de la mayoría y donde la mayoría decide quién la representa- ha llegado para quedarse en México. En buena hora. Porque la democracia, entendida desde la Doctrina Social de la Iglesia, es la mejor forma de gobierno porque en su raíz se encuentra el respeto a la dignidad de la persona, y el reconocimiento de que la persona es más importante que el Estado.

Hoy tenemos que ir a votar todos. Porque el que no vota hoy, pudiéndolo hacer, no tiene derecho ninguno a quejarse mañana. Dejar que otros decidan por nosotros es despreciarnos a nosotros mismos; es valorar en muy poca cosa nuestra capacidad de influir en el desarrollo de nuestra sociedad, de nuestra comunidad, de nuestro querido México.

El voto, por lo demás, no agota sus posibilidades en la urna. Es apenas la primera piedra del edificio de una sociedad más justa a la que tenemos derecho a aspirar, y la que tenemos la responsabilidad de constituir de manera plena, para que nuestro derecho sea respetado y nuestra familia goce de más calidad de vida.

Es decir: el voto es el primer paso hacia la participación ciudadana en los asuntos de la cosa pública (la res pública o la república). A través de esa papeleta cruzada con nuestra voluntad de vernos dignamente representados en los diferentes niveles de gobierno, estamos haciendo patente nuestro deseo de no ser -¡nunca más!- súbditos sino ciudadanos. Si es posible, ciudadanos de tiempo completo.

El que ama a Dios ama a los hombres. Y ese amor se verifica en los hechos. La urna es una llaga abierta, la llaga de nuestra historia, que requiere del cuidado de los mexicanos para poder sanar y hacer florecer a la patria. Mientras haya hambre, pobreza, abandono, habrá una tarea para todos los que nos decimos hijos de Dios e hijos de la Iglesia: la tarea de la solidaridad.

Hoy es, pues, el día señalado para que esa niña o ese niño que nos miran esperanzados en la sombra, sepan que cuentan con nosotros, que no los vamos a abandonar a su suerte; que vamos a elegir a nuestros mejores mexicanos y mexicanas para que, con ellos y ellas, cercanos a ellos y ellas, participando con ellos y ellas y limitándolos (as) si se quieren salir del camino («salir del guacal» decimos aquí), guíen al país hacia el lugar que Santa María de Guadalupe nos señaló como su casita: la casita del corazón de México.

EL OBSERVADOR 417-2

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EL RINCÓN DEL PAPA
Pablo VI, un padre y un maestro

Juan Pablo II, en la audiencia general, recordó la figura de su predecesor, Pablo VI, en el cuadragésimo aniversario de su elección como obispo de Roma:

«El Hijo de Dios confía a Pedro su grey, su Iglesia, contra la cual las puertas de los infiernos no prevalecerán (cfr. Mt 16, 17-18). Antes de hacer entrega de esta misión, Jesús hace una petición de amor: 'Simón de Juan, ¿me amas más que éstos?' (Jn 21, 15ss). Pregunta inquietante que, repetida tres veces, recuerda la triple negación del apóstol. Pero éste, a pesar de la amarga experiencia, protesta humildemente: 'Señor, Tú lo sabes todo; Tú sabes que te quiero'.

«¡El amor es el secreto de la misión de Pedro! El amor es también el secreto de los que son llamados a imitar al Buen Pastor en la guía del Pueblo de Dios. 'Encargo de amor es apacentar a la grey del Señor...', le gustaba decir a Pablo VI, haciendo suya una conocida expresión de san Agustín.

«'Simón de Juan, ¿me amas más que éstos?'. Cuántas veces habrá escuchado resonar en su interior estas palabras de Jesús mi venerado predecesor, el siervo de Dios Pablo VI. Han pasado cuarenta años desde su elección a la cátedra de Pedro, y veinticinco años de su muerte. Su ministerio de pastor universal de la Iglesia duró quince años y estuvo marcado sobre todo por el concilio Vaticano II y por una gran apertura a las exigencias de la época moderna.

«Yo también tuve la gracia de formar parte de las sesiones conciliares y de vivir el período del posconcilio. Pude apreciar personalmente el constante compromiso de Pablo VI por el necesario aggiornamento de la Iglesia a las exigencias de la nueva evangelización. Al sucederle en la cátedra de Pedro, mi preocupación ha sido la de continuar la acción pastoral que él comenzó, inspirándome en él como en un 'padre' y en un 'maestro'.

«Pablo VI quería que la comunidad eclesial se abriese al mundo, sin ceder al espíritu del mundo. Al final de sus días, el mundo entero pareció redescubrir su grandeza y se acercó a él en un abrazo conmovido».

EL OBSERVADOR 417-3

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FAMILIA
Enseñe a sus hijos que votar no es una pérdida de tiempo

Si usted acude a votar estará dando una valiosa lección de civilidad a sus hijos. Desgraciadamente no todos los ciudadanos se inscriben en el padrón electoral; otros no votan porque perdieron su credencial y la reposición no se les entregó a tiempo; pero lo peor es que hay quienes sí tienen su credencial y no acuden a votar porque eso implica el esfuerzo de ubicar e ir a la casilla el día de la elección e invertir un rato en cumplir sus deberes ciudadanos. Hay quien alega que ningún candidato le satisface, y que por eso prefiere no ir a votar; sin embargo, ¿no sería preferible acudir a las urnas y tachar toda la boleta de manera que el voto no favoreszca a nadie? ¿Acaso no es ésa también una forma de expresar nuestra opinión? ¿Se imagina si todos los que están insatisfechos con las candidaturas hicieran lo mismo? Realmente sacudirían al país.

En algunos países el voto es realmente obligatorio y se penaliza la abstención, mientras que en otros se ha abolido la norma de obligatoriedad. Lo cierto es que dicha norma de obligatoriedad legal reduce en gran medida las cifras de abstención.

Pero en nuestro caso particular somos muy libres de ir o no ir a votar, mas hemos escuchado en repetidas ocasiones que las elecciones democráticas no sólo son un derecho sino una obligación, una obligación moral, obviamente. Así que, aunque nadie nos multe por no asistir a las urnas, asistamos. Que los niños y adolescentes, al vernos, aprendan que interesarse por el futuro de México no es una pérdida de tiempo.

Concientizar a las nuevas generaciones es, ciertamente, una tarea de todos, pero especialmente de los padres de familia. De algún modo las autoridades ya están haciendo su parte a través de las consultas a menores de edad, a las cuales usted puede invitar a sus hijos.

La de este 6 de julio, Consulta Infantil y Juvenil 2003, es organizada por el IFE, la SEP y el UNICEF como «un recurso para desarrollar los valores de la democracia pacífica y civilizada, entre la infancia y la juventud». Precisamente una de las obligaciones asignadas al Instituto Federal Electoral (IFE) por la Constitución es la de impulsar la educación cívica en México. Este ejercicio cívico permitirá también obtener una radiografía de los deseos, las inquietudes y las ideas de la infancia y de la juventud.

La consulta está pensada para que participen niños y jóvenes de 6 a 17 años, y, de acuerdo con lo aprendido en las anteriores, el secretario de Educación Pública, Reyes Tamez, ha señalado: «Ahora sabemos que para asegurar su bienestar [el de los niños]es necesario escucharlos y saber cómo experimentan las condiciones en las que vienen, qué anhelos los mueven, qué problemas los atemorizan, qué desean para sí mismos, para su familia, para su país, y cómo proponen lograrlo». También ha indicado la importancia de ofrecer a niños y jóvenes algo más que una participación pasiva o únicamente simbólica. «Se requiere buscar nuevas fórmulas de participación social que verdaderamente puedan despertar su interés, su reflexión, su creatividad y su capacidad de compromiso», agrega.

El gobierno, pues, ha aceptado su responsabilidad en la educación cívica de los menores de edad. Hagámoslo nosotros también. (DRGB)

EL OBSERVADOR 417-4

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PINCELADAS
Saber responder
Por Justo López Melús *

El cristiano responsable debe prepararse bien, debe formarse en profundidad para saber responder a las tonterías antirreligiosas que se nos dicen a veces. Hay que tratar a los demás con respeto. Pero nada de complejos. Nada de ir por ahí como pidiendo perdón por ser discípulos de Jesucristo, que es la mayor dignidad que puede haber. Nada de ser cristianos por dentro, que luego lo niegan o lo ocultan en la realidad de la vida, como le pasó a Pedro cuando una pobre criada lo interpeló.

Hay que saber responder. El millonario barón Rotschild encontró una vez al comediógrafo Tristán Bernard y le dijo: «Me dicen que es usted muy ingenioso y divertido. A ver, diviértame un poco». Y el escritor le respondió: «Me han asegurado que es usted riquísimo. A ver, enriquézcame un poco».

* Operario Diocesano en San José de Gracia en Querétaro.

EL OBSERVADOR 417-5

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DOCUMENTOS
Los católicos en la vida política: compromiso y conducta
¿Debe un cristiano desentenderse de la vida política de su nación? Y, si se inmiscuye en ella, ¿puede adherirse a cualquier ideología? ¿Las cuestiones temporales nada tienen que ver con la vida eterna? Para responder ofrecemos un extracto de la nota doctrinal emitida por la Congregación para la Doctrina de la Fe a fines del año pasado. Tales enseñanzas son esenciales para el católico que pretenda seguir siéndolo.

Los cristianos, afirmaba un escritor eclesiástico de los primeros siglos, «cumplen todos sus deberes de ciudadanos» (Carta a Diogneto, 5, 5) La Iglesia venera entre sus santos a numerosos hombres y mujeres que han servido a Dios a través de su generoso compromiso en las actividades políticas y de gobierno. Entre ellos, santo Tomás Moro, proclamado patrón de los gobernantes y políticos, que supo testimoniar hasta el martirio la inalienable dignidad de la conciencia.. Afirmó con su vida y su muerte que el hombre no se puede separar de Dios, ni la política de la moral.
Las actuales sociedades democráticas exigen nuevas y más amplias formas de participación en la vida pública por parte de los ciudadanos, cristianos y no cristianos.

Mediante el cumplimiento de los deberes civiles comunes, de acuerdo con su conciencia cristiana, los fieles laicos desarrollan también sus tareas propias de animar cristianamente el orden temporal. «Los fieles laicos de ningún modo pueden abdicar de la participación en la política» (Christifideles laici, n. 42).

No es tarea de la Iglesia formular soluciones concretas -y menos todavía soluciones únicas- para cuestiones temporales, que Dios ha dejado al juicio libre y responsable de cada uno. Sin embargo, la Iglesia tiene el derecho y el deber de pronunciar juicios morales sobre realidades temporales cuando lo exija la fe o la ley moral.

En el plano de la militancia política concreta, el carácter de algunas opciones en materia social, el hecho de que a menudo sean moralmente posibles diversas estrategias para realizar o garantizar un mismo valor sustancial de fondo, la posibilidad de interpretar de manera diferente algunos principios básicos de la teoría política, y la complejidad de los problemas políticos, explican el hecho de que generalmente pueda darse una pluralidad de partidos en los cuales puedan militar los católicos para ejercitar su derecho-deber de participar en la construcción de la vida civil de su país. Esta obvia constatación no puede ser confundida, sin embargo, con un indistinto pluralismo en la elección de los principios morales y los valores.

La Iglesia es consciente de que la vía de la democracia, aunque sin duda expresa mejor la participación directa de los ciudadanos en las opciones políticas, sólo se hace posible en la medida en que se funda sobre una recta concepción de la persona. Se trata de un principio sobre el que los católicos no pueden admitir componendas, pues de lo contrario se menoscabaría el testimonio de la fe cristiana y la unidad y coherencia interior de los mismos fieles. El respeto de la persona es, por lo demás, lo que hace posible la participación democrática.

Se asiste a tentativas legislativas que se proponen destruir el principio de la intangibilidad de la vida humana. Los católicos, en esta grave circunstancia, tienen el derecho y el deber de intervenir para recordar el sentido más profundo de la vida y la responsabilidad que todos tienen ante ella. Juan Pablo II ha reiterado muchas veces que quienes se comprometen directamente en la acción legislativa tienen la «precisa obligación de oponerse» a toda ley que atente contra la vida humana. Para ellos, como para todo católico, vale la imposibilidad de participar en campañas de opinión a favor de semejantes leyes, y a ninguno de ellos les está permitido apoyarlas con el propio voto (cfr. Evangelium vitæ, n. 73.).

Ya que las verdades de fe constituyen una unidad inseparable, no es lógico el aislamiento de uno solo de sus contenidos en detrimento de la totalidad de la doctrina católica. El compromiso político a favor de un aspecto aislado de la doctrina social de la Iglesia no basta para satisfacer la responsabilidad de la búsqueda del bien común en su totalidad. Ni tampoco el católico puede delegar en otros el compromiso cristiano que proviene del Evangelio de Jesucristo.

Cuando la acción política tiene que ver con principios morales que no admiten derogaciones, excepciones o compromiso alguno, es cuando el empeño de los católicos se hace más evidente y cargado de responsabilidad. Éste es el caso de las leyes civiles en materia de aborto y eutanasia, que deben tutelar el derecho primario a la vida desde de su concepción hasta su término natural. Del mismo modo, hay que insistir en el deber de respetar y proteger los derechos del embrión humano. Análogamente, debe ser salvaguardada la tutela y la promoción de la familia, fundada en el matrimonio monogámico entre personas de sexo opuesto y protegida en su unidad y estabilidad, frente a las leyes modernas sobre el divorcio. A la familia no pueden ser jurídicamente equiparadas otras formas de convivencia, ni éstas pueden recibir, en cuanto tales, reconocimiento legal. Así también, la libertad de los padres en la educación de sus hijos es un derecho inalienable, reconocido además en las declaraciones internacionales de derechos humanos.

No puede quedar fuera de este elenco el derecho a la libertad religiosa y el desarrollo de una economía que esté al servicio de la persona y del bien común.

Ningún fiel puede apelar al principio del pluralismo y autonomía de los laicos en política, para favorecer soluciones que comprometan o menoscaben la salvaguardia de las exigencias éticas fundamentales para el bien común de la sociedad. No se trata en sí de "valores confesionales", pues tales exigencias éticas están radicadas en el ser humano y pertenecen a la ley moral natural. Éstas no exigen de suyo en quien las defiende una profesión de fe cristiana, si bien la doctrina de la Iglesia las confirma y tutela siempre y en todas partes.

La promoción del bien común no tiene nada qué ver con la "confesionalidad". En las sociedades democráticas todas las propuestas son discutidas y examinadas libremente. Aquellos que, en nombre del respeto de la conciencia individual, pretendieran ver en el deber moral de los cristianos de ser coherentes con la propia conciencia un motivo para descalificarlos políticamente, negándoles la legitimidad de actuar en política de acuerdo con las propias convicciones acerca del bien común, incurrirían en una forma de laicismo intolerante. Si así fuera, se abriría el camino a una anarquía moral, que no podría identificarse nunca con forma alguna de legítimo pluralismo.La marginalización del cristianismo, por otra parte, no favorecería el futuro de proyecto alguno de sociedad ni la concordia entre los pueblos, sino que pondría más bien en peligro los mismos fundamentos espirituales y culturales de la civilización.

La fe en Jesucristo, que se ha definido a sí mismo «camino, verdad y vida» (Jn 14,6), exige a los cristianos el esfuerzo de entregarse con mayor diligencia en la construcción de una cultura inspirada en el Evangelio.

EL OBSERVADOR 417-6

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PREGUNTAS CON RESPUESTA
¿Es verdad que la Iglesia obliga a votar por determinados partidos políticos?

No, no es así. No lo hace porque ningún político ni ningún partido es el Camino, la Verdad y la Vida; pero, sobre todo, porque la Iglesia no viola la libertad de nadie.

La libertad es un don que conlleva una gran responsabilidad. Y nosotros, como católicos, estamos comprometidos a ejercer nuestra libertad siempre para hacer el bien y nunca para violar los derechos ajenos.

Para votar el ciudadano debe ser capaz de discernir con objetividad, sometiéndolo todo constantemente a la prueba. La medida es siempre Cristo, a quien todo debe someterse. La Iglesia, inspirada por el Espíritu Santo, simplemente nos enseña fundamentos sólidos para realizar dicho discernimiento y actuar en el campo social.

Ningún gobierno, partido o político se puede confundir con el Reino de Dios, pues éste se encuentra muy por encima de cualquier propuesta gubernamental que pudiera exisitir. Así, la Iglesia jamás nos dirá por qué partido o candidato votar. Eso cada quien lo debe decidir, según su conciencia.

Los políticos saben qué teclas tocar para encender las emociones. Con frecuencia echan mano de la manipulación de los sentimientos hacia la patria, la raza, el sufrimiento de los pobres, la libertad, etc. También llega a crearse un mito en torno a un político o se destruye su reputación basado en la repetición de falacias. El verdadero cristiano no se debe llevar por las emociones ni por la fiebre que incita a las masas. No debe dejarse engañar por promesas. La prosperidad de los pueblos requiere un largo proceso de construcción y fortalecimiento de un sistema de gobierno, de educación, de trabajo, etc., bajo un estado de derecho que proteja justamente a todos los ciudadanos. Esto no se consigue con la demagogia. Hay que estar preparado para tomar opciones que no sean necesariamente populares pero sí justas. Recordemos cómo Jesucristo fue condenado por las masas porque matarlo «era conveniente».

(Fuente: Padre Jordi Rivero / Corazones.org)

EL OBSERVADOR 417-7

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NUESTRO PAÍS
El gobelino… la esperanza y el buen amigo
Por Fernando Sánchez Argomedo

Hace ya algunos años un gran amigo me contó algo que se me quedó grabado para toda la vida, y me hizo entender que siempre habrá esperanza de un mañana mejor, de un futuro diferente.

Los seres humanos y nuestra historia son como la obra de un artista que teje un gobelino, o un tapiz magistralmente trabajado. La obra de arte mientras está en proceso de construcción parece ser todo un desastre, hilos que se cruzan sin sentido, colores que se mezclan sin combinar, espacios sin tejer que no tienen razón de ser, accidentes, nudos y ¡desastres!
- «Esto de ninguna manera es una obra de arte», dirá cualquier persona que con un poquito de sentido común vea ese lado del tapiz o gobelino.
- «No señor», dirá un amigo, «esto sí es una obra de arte, así como lo ves complicado y sin sentido es la obra de un ser que sabe lo que hace».
- «¿Cómo?», dirá nuevamente el que ante sus ojos solo ve hilos cruzados sin sentido. «Pero ve nada más, ese hilo de color rojo que cruza sin definir de donde viene y a donde va, y mira ese enjambre de nudos, que solo se estorban, y aquel otro que está suelto y que está completamente fuera de cuadro… que barbaridad, como puedes decir que es una obra de arte».
El amigo paciente y sereno, mira con ojos sabios y dice:
- «Pues es una obra de arte», se levanta e indica al amigo, «ven, demos la vuelta al gobelino»… y ante la mirada de sorpresa con ojos grandes y redondos del amigo, se descubre el otro lado el gobelino.
- «¡Que barbaridad!», dice, «pero si esto es una verdadera obra de arte, es un bellísimo paisaje, y además muestra una vereda que se dirige al sol en el horizonte».
- «¡Te lo dije!, es una obra de arte».

Así como la historia de este gobelino es la historia de la humanidad, por medio de la cual Dios construye e hila con la vida complicada de nosotros los seres humanos una obra de arte.

Este comentario se quedó grabado en mi mente y espíritu para toda la vida y lo recuerdo cada instante cuando las cosas parecen no funcionar, la situación parece caótica y nuestro México parece no tener salida. Pero es que Dios está construyendo una obra de arte con cada uno de nosotros.

Parece que algunos no lo vemos, pero México, nuestra amada patria, está pasando por un momento histórico, un momento sin igual, de esos que suceden cada siglo. Estamos ante la gran oportunidad de ser esos hilos entretejidos y tramados para reconstruir el gobelino llamado México.

Ese gran amigo, ahora convaleciente en su casa, fue quien con sus comentarios y con su testimonio me recuerda cada día que México y nosotros, a pesar de nuestros grandes defectos, tenemos ESPERANZA, y la gran oportunidad de construir un México nuevo. Lo que queda es Influir, y ¡yo influyo en este momento!

(Fuente: yoinfluyo.com)

EL OBSERVADOR 417-8

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CULTURA
La democracia directa y participativa: poder popular
Por Carlos Díaz

«Democracia» es un término griego introducido por Herodoto, que significa etimológicamente poder popular. Por su parte, la célebre Oración fúnebre de Pericles, considerada como la primera herencia teórica de la democracia ateniense, denomina al régimen de Atenas democrático «por no depender del gobierno de pocos, sino de un mayor número». Allí todos los ciudadanos son iguales en cuanto a su derecho a hablar en la asamblea (isogoría).

Su correspondiente latino es república, término que significa «cosa pública». El protagonista de la democracia es el pueblo, de ahí que subrayando ese protagonismo se haya definido a la democracia como «gobierno del pueblo, para el pueblo y por el pueblo», antítesis tanto del despotismo ilustrado que pedía «todo para el pueblo pero sin el pueblo» como de la democracia censitaria o selectiva de la tradición liberal francesa tanto de Benjamin Constant como de Guizot (el cual tuvo, por cierto, una importante metedura de pata predictiva cuando pocas semanas antes de la Revolución de 1848 lanzó su célebre aserto «¡el sufragio universal no llegará nunca!»).

Poder popular

Mas ¿qué quiere decir pueblo? De su comportamiento puede esperarse lo mejor y lo peor. En todo caso por pueblo no siempre se ha venido entendiendo lo mismo, y así los clásicos griegos estiman que el pueblo lo forman grupos sociales muy reducidos.

Aristóteles considera que cien mil ciudadanos sería ya una multitud incontrolable que acabaría con cualquier polis; todavía durante el siglo XVIII el propio Rousseau pensó la democracia perfecta para los pequeños cantones suizos donde casi todos los ciudadanos se conocen y donde basta con agitar la campana o casi con dar un grito para convocar a todos en asamblea: la mejor democracia directa sería aquella que sin mediadores ni representantes eligiesen todos y cada uno de los ciudadanos contemplando sin mediaciones el rostro concreto del convecino (quizá las nuevas tecnologías de las autopistas informáticas favorezcan en el futuro la vuelta a aquellos orígenes). En virtud de tal presencialismo que rechaza la representación y opta por una democracia como soberanía popular única e indivisible, Rousseau rechaza incluso la teoría de Montesquieu relativa a la separación de poderes comparando los argumentos que dan los prestidigitadores japoneses que ante la vista de los espectadores cortan a un niño en pedazos y lanzan éstos hacia arriba, después de lo cual el niño cae abajo vivo y entero.

Por otra parte, las antiguas democracias directas fueron originariamente agrarias y artesanas donde los márgenes de enriquecimiento desigual eran limitados y controlables a ojos vista, tangibles, mientras que las actuales democracias se han ido tornando tecnológicas, dando lugar a fabulosas acumulaciones dinerarias invisibles, con la subsiguiente dificultad de su control, y a inconmensurables disparidades de fortuna.

Eso hace que hoy nos encontremos ya en la democracia de masas, en la cual no cabe la democracia directa, sino sólo la representativa.

EL OBSERVADOR 417-9

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INTERNACIONAL
La Santa Sede no es una potencia política sino moral

«La Santa Sede es una potencia, pero una potencia moral», aclaró el arzobispo Jean-Louis Tauran, secretario de la Santa Sede para las Relaciones con los Estados, durante la conclusión del congreso «Iglesia y orden internacional», celebrado recientemente en la Universidad Pontificia Gregoriana.

La Santa Sede como potencia moral tiene, «si puede decirse así, una estrategia: dar voz a la conciencia de las personas y de los pueblos, constituyendo una especie de corpus moral internacional», añadió el prelado francés.

«La razón de ser de la Santa Sede en el seno de la comunidad de naciones es ser la voz que la conciencia espera, sin menguar por esto el aporte de las demás tradiciones religiosas», afirmó.

Le escuchaban en la misma mesa, entre otros, el arzobispo anglicano emérito de Canterbury, Lord George Carey de Clifton; el metropolita ortodoxo de Francia, Emmanuel, que representaba al Patriarcado Ecuménico de Constantinopla, y el obispo luterano Béla Harmati, presidente de la Iglesia Luterana Evangélica de Hungría, en representación de la Federación Luterana Mundial.

Monseñor Tauran subrayó los principios que defiende y promueve la Santa Sede: «el carácter central de la persona humana y de sus derechos, la promoción humana, la defensa de la paz y el aprecio de la democracia».

En este sentido, el prelado vaticano consideró que en estos momentos «la paz y la convivencia civil están amenazadas por expresiones distintas de un poder totalitario, la obsesión por la seguridad, la ideología y por la búsqueda de privilegios para algunas categorías de ciudadanos».

En relación al desarme, monseñor Tauran dijo que «la Santa Sede, potencia desarmada por excelencia, alentó siempre los esfuerzos para conseguir el desarme», y citó algunos de los tratados a los que adhirió, como el de no proliferación nuclear, firmado en Moscú en 1971, o el reciente contra las minas antipersonales, de 1997.

«Durante la crisis iraquí la Santa Sede manifestó que no comparte el principio de la 'guerra preventiva', y solicitó el respeto de la Carta de las Naciones Unidas, que establece los criterios de comportamiento en caso de amenaza o de agresión a la paz», explicó Tauran, y recordó que «la Santa Sede defendió siempre la libertad de conciencia y religión, no sólo como libertad de culto sino también como posibilidad para los creyentes de participar en la vida social y política del país del que son ciudadanos».

En síntesis, concluyó, «la Santa Sede se opone a cualquier visión unidimensional del hombre y propone una visión abierta a su componente individual, social y trascendente».
(Fuente: AICA)

EL OBSERVADOR 417-10

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TESTIMONIO
Señor diputado, señora diputada, ¿quién es usted?
Por Antonio Maza Pereda


Después de una larga campaña y muchos cientos de millones de pesos (que, por lo que leemos en la prensa, podrían haber dado agua potable o escuelas a muchos mexicanos que carecen de ellas), llegamos al final de una campaña electoral en el más lamentable estado de confusión. Hoy, señores y señoras candidatos, sabemos muy poco sobre ustedes, que desean ser nuestros representantes en el Poder Legislativo.

Yo he votado en todas las ocasiones en que he debido hacerlo y me siento orgulloso de ello. Creo firmemente que votar es un deber, no importa que nuestro voto vaya a ser robado en las mismas urnas, desaparecido en las «caídas del sistema» o burlado de otras maneras. Yo, en mi conciencia, estoy satisfecho de haber cumplido con mi deber de ciudadano. Hoy, sin embargo, creo que me es sumamente difícil cumplir con ese deber a conciencia.

Mi obligación, entiendo yo, es votar por los candidatos que tengan una opinión que concuerde con la mía, en cuanto a lo que debe ser la marcha de la nación. Yo voto por ellos, para que lleven mi voz al Congreso y, por medio de ellos, mi opinión y la de los que opinan como yo, sea escuchada. Si estoy en minoría, mi voz no llegará al Congreso. Con eso estoy de acuerdo. Yo creo en la democracia; creo que la opinión que debe ser determinante es la de la mayoría. Y estoy dispuesto, porque soy demócrata, a aceptar que esa mayoría mande y a darle mi apoyo real. No es demócrata el que, habiendo perdido su corriente de opinión, hace todo lo posible para lograr que la mayoría tenga obstáculos para gobernar. Puesto de otro modo, el que hace tal cosa no cree que la mayoría tenga derecho a gobernar.

Sin embargo, hoy me encuentro impedido de votar responsablemente. No, nadie me ha puesto obstáculos, ni me han quitado mi derecho al sufragio. Pero no sé quiénes son los que se proponen para que yo vote por ellos. ¿Quiénes son ustedes, señoras y señores candidatos? Si no sé quiénes son, ¿cómo puedo votar responsablemente por ustedes?
Sus campañas han sido lamentables. No se han debatido ideas, se han manejado imágenes y frases publicitarias. Y esos no son elementos suficientes para conocerlos.

¿Quién será mejor? ¿El que me dice: «No vengo a ver si puedo, sino porque puedo vengo»? Sin duda, ese lema me recuerda los tiempos en que la bravata de Jorge Negrete, ídolo de mis abuelos, emocionaba a los mexicanos. «No voy a frenar: ¡Propongo acelerar!». Sí, pero, ¿en qué dirección? «Por ti, por todos» me dice una sonriente y barbuda cara desde un cartel. Otro más me dice: «Porque tengo esperanza le doy mi confianza» No sé por qué, me suena a la explicación que daba alguien al que habían estafado. Y esos son los lemas buenos. Otros ni siquiera a ese nivel llegan. ¿Qué información me da esa colección de generalidades? Por cierto: tal vez sea yo un anticuado, pero me hubiera gustado ver, aunque fuera una vez, el concepto Patria en esta propaganda. Al parecer, ya no es mercadológico hablar de patriotismo. Qué lástima.

Yo tengo que votar para tres puestos de elección popular. Con diez u once partidos en competencia, tengo que escoger entre treinta y tres personas. Ya solo el conocer sus nombres es una hazaña, no digamos recordar sus lemas. Y, por supuesto, como casi ninguno ha sido tan amable de decirme como piensa, mi confusión es mayúscula. Me dicen que los candidatos a gobernadores sí han hecho un mejor esfuerzo por definir sus ofertas. ¡Qué bien! Desgraciadamente, en mi entidad no votamos más que por diputados y autoridades locales.

Para poder votar responsablemente yo tendría que conocer, al menos, las respuestas a algunas preguntas muy básicas, como las que siguen:

¿Quién es usted? ¿Cuál es su edad? ¿De qué vive? ¿Tiene familia? ¿Qué ha estudiado? No es que yo piense que la edad da sabiduría en automático, pero creo que si usted no ha vivido los problemas que tenemos padres y madres de familia para sostener y educar a nuestros hijos, no apoyará las propuestas que nos faciliten nuestra labor. Si usted ha vivido hasta ahora de su trabajo, me gustaría saber cuál es. Si vive de su partido político, creo que le será muy difícil ser independiente. Hará lo que su partido le diga. No sabrá lo que es ser un pequeño empresario que padece para pagar su nómina cada viernes, o lo que sufre el empleado al que el dinero no le alcanza. O no sabrá lo que es ser ama de casa y trabajadora a la vez, más que de oídas. Y me gustaría saber también el origen de su dinero. Ojalá tenga algunos estudios. Me dicen que hay diputados y diputadas que firman con su huella, porque no saben leer. No tengo nada contra ellos; tal vez representan a sectores que tampoco saben leer. Pero creo que le costará más trabajo enterarse de lo que contienen las propuestas de ley que tiene que aprobar en mi nombre.

¿Cómo piensa usted, sobre los grandes problemas nacionales? Eso, creo yo, es el punto central. Usted, señor o señora, será electo para tomar decisiones muy complejas. Las va a tomar en mi nombre y en el de los electores que, como yo, les demos nuestro voto; pero también en el de los que no pueden votar aún, en el de las futuras generaciones. ¿Cómo piensa que se debe resolver la reforma fiscal, laboral; la reforma del Estado, la situación energética? ¿Está usted dispuesto a tomar decisiones o se dedicará a criticar y a posponer los problemas en vez de enfrentarlos? Ya perdimos tres años valiosísimos en el triste espectáculo de un Congreso incapaz de decidir sobre los grandes temas nacionales, y dedicado a buscar quién paga el costo político de las determinaciones dolorosas. ¿Debemos esperar otros tres años iguales? Por supuesto, siempre es más cómodo (y rentable políticamente) criticar y posponer. ¿Hasta cuándo?

¿Votará usted según los intereses del país o según las indicaciones que le dé su partido? Hasta ahora, creo, hemos vivido un lamentable malentendido. Usted y muchos como usted se ven y son vistos por una buena parte de la prensa, otros medios e incluso de la población, como representantes de sus partidos ante el Congreso. No es así. Usted está ahí para representar a sus electores, no a su partido. Si su partido votará las iniciativas en un sentido diferente del que quieren sus electores, ¿votará usted de acuerdo con su partido o con sus electores? Claro, para esto se requiere que usted nos conozca, nos visite, haga reuniones y debates a nivel local para conocer las opiniones de sus representados. Algo que nunca han hecho los diputados en toda la historia de México. Para eso, creo yo, están los tiempos en que usted no está en las sesiones ordinarias y extraordinarias del Congreso. ¿Está dispuesto a aprovechar esa enorme cantidad de tiempo que le pagamos los contribuyentes para que usted se forme una opinión razonable y equilibrada? Si se da el caso, ¿está dispuesto a votar de acuerdo con los intereses de la nación, aunque no le convenga a su partido? No se asombre. Eso pasa todos los días en los países de tradición democrática acendrada.

Como ve, no estará fácil votar el día de hoy. Bueno, lo que no será fácil será votar responsablemente. Claro, iré y votaré. No creo que estas fallas se resuelvan con la abstención. Más aún, sospecho que algunos partidos están apostando a la abstención y por eso han hecho estas campañas sin sustancia. Un pueblo que no vota es un pueblo fácil de manipular. Si por algo votaré será porque la democracia siga creciendo y profundizando en el alma de este país, que se merece los mejores diputados. Posiblemente usted sea un de esos diputados que este país merece tener. Desgraciadamente, hoy no puedo saberlo, usted no me ha dado la información necesaria para que tome una decisión adecuada. Tendré que confiar en la suerte.

EL OBSERVADOR 417-11

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ALACENA
Institutos electorales locales

Si tiene alguna duda acerca de las elecciones en su entidad, puede obtener respuestas en las siguientes direcciones y teléfonos:
DISTRITO FEDERAL - Av. Ejército Nacional 1130, Col. Los Morales Polanco, Deleg. Miguel Hidalgo, México, D.F. Tel. (55) 21 22 20 00 - Web: http://www.iedf.org.mx

ESTADO DE MÉXICO - Paseo Tollacan No. 944, Col. Santa Ana Tlapaltitlán, Toluca, Estado de México. Tel. (722) 275 73 00 - Web: http://www.ieem.org.mx

GUANAJUATO - Centro de Convenciones, Carr. Pueblito de Rocha s/n, Guanajuato, Gto. Tels. (473) 732 20 00, 732 10 16, 732 20 05, exts. 110 y 130 - Fax 732 14 64 - Web:
<http://www.ieeg.org.mx/>

QUERÉTARO - Av. Carrizal 11, Col. Carrizal 76030 Querétaro, Qro. y *Av. Bambú 10, Col. El Carrizal Querétaro, Qro. Tel. y fax: (442) 215 28 29 - 215 48 50 - Tel. * 216 16 04 - Web: http://www.ieq.org.mx

SAN LUIS POTOSÍ - Nicolás Zapata 1300, Esq. las Fuentes, Col. Tequisquiapan, San Luis Potosí, S.L.P. Tel. (444) 433 24 70 al 73 - Web: http://www.cee-slp.org

VERACRUZ - Juárez No. 69, Col. Centro, Xalapa, Veracruz. Tel. (228) 842 06 00 - Web: http://www.iev.org.mx
Con información del IFE: Tel. 01 800 433 2000 - Web: www.ife.org.mx

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Decálogo para ejercer cargos públicos
Los obispos de la Región Pastoral «Don Vasco» proponemos un decálogo de principios para ejercer cargos públicos con sentido ético:

1 Respetar la dignidad de la persona humana.
2 Procurar la justicia y honestidad.
3 Hacer del ejercicio del poder político un servicio competente y eficaz.
4 Respetar, proteger y garantizar los derechos humanos.
5 Promover el bien común.
6 Hablar con la verdad, sin engaños ni mentiras.
7 Ser promotores de la reconciliación del pueblo.
8 Tener la solidaridad como principio clave del desarrollo de la nación.
9 Estar siempre inclinados al diálogo, concertación y búsqueda de acuerdos justos.
10 Buscar la responsabilidad social por la participación ciudadana.

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FIN

 
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