El Observador de la Actualidad

EL OBSERVADOR DE LA ACTUALIDAD
Periodismo católico para la familia de hoy
3 de agosto de 2003 No.421

SUMARIO

bulletPORTADA - Los doce desafíos de la Iglesia en México e Iberoamérica, según Juan Pablo II
bulletCARTAS DEL DIRECTOR - El reino de la mentira
bulletEL RINCÓN DEL PAPA - Dios se deja conquistar por la humildad
bulletCARTA ABIERTA - Abstencionismo: que no se repita
bulletAL PASO DE DIOS - Hago el mal que no quiero
bulletORIENTACIÓN FAMILIAR - Para no lastimarlo
bulletINTIMIDADES -LOS JÓVENES NOS CUENTAN- Se necesitan dos…
bulletPINCELADAS - Fidelidad en el matrimonio
bulletREPORTAJE - Dime qué cantas y te diré qué crees: la música en la Santa Misa
bulletJÓVENES - «Si Dios reinara en el mundo no existirían las discotecas (antros)»
bulletLOS VALORES DE LOS MEXICANOS - Tolerancia en la familia
bulletCULTURA - Democracia moral: el ciudadano virtuoso
bulletCOMUNICACIÓN - Incendiar al mundo
bulletPICADURA LETRÍSTICA - Isabel, olor de santidad (segunda de tres partes)

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PORTADA
Los doce desafíos de la Iglesia en México e Iberoamérica, según Juan Pablo II
¿Cuáles son los desafíos que tiene que afrontar la Iglesia católica, y en particular sus obispos, en estos convulsos inicios de siglo? El mismo Juan Pablo II ha respondido a esta pregunta al recibir a los obispos de Iberoamérica entre marzo de 2001 y febrero de 2003.

1. Anuncio de Jesucristo.- Para acrecentar la fe de los fieles y hacer que maduren en ellos las enseñanzas del Evangelio. Debe llevarse a cabo mediante la predicación de la Palabra de Dios, la celebración de los sacramentos y el fomento de la caridad. Esto significa presentar ante todo la Persona y misión de Cristo de manera clara y precisa, explícita y profética.

2. Comunión.- Sólo si es claramente perceptible una profunda unidad de los pastores entre sí y con el sucesor de Pedro, como también de los obispos con sus sacerdotes, se podrá dar una respuesta creíble a los desafíos que provienen del actual contexto social. Esto implica la conservación del depósito de la fe en su pureza e integridad.

3. Sacerdotes.- Es particularmente urgente una figura de pastor que no sólo atiende a los fieles cercanos, sino que incansablemente vaya en busca de los desorientados y alejados.

4. Personas consagradas.- Los religiosos deben mantener la comunión y el diálogo con los otros componentes del Pueblo de Dios, y en primer lugar con los mismos obispos, y distinguirse por un especial acatamiento y obediencia a los pastores de la Iglesia y a las directrices de la Sede Apostólica.

5. Seminarios.- Los seminaristas deben ser recibidos, sentirse amados y ser convenientemente atendidos en los seminarios y casas de formación mediante un proceso que ayude a desarrollar la vocación. Esto exige una adecuada selección de los formadores de los seminarios. Al mismo tiempo, la escasez de sacerdotes no justifica que no se haga una debida y exigente selección de los candidatos, ni que disminuya el nivel intelectual que se les ha de exigir.

6. Pastoral vocacional.- La promoción de las vocaciones sacerdotales es tarea de todo el Pueblo de Dios y nadie debe sentirse excluido de este compromiso. Para alcanzar este objetivo, las tres estrategias decisivas son: contar con familias sanas y fundadas en los verdaderos valores; servirse de organizaciones de tipo parroquial, escolar o vinculadas a los movimientos apostólicos que sean capaces de ofrecer una educación basada en la fe, y que propicien un estilo de vida que muestre interés por los demás; el testimonio de los sacerdotes y de las personas consagradas.

7. Laicos.- Es necesario que participen en los ámbitos que les son propios, es decir, la inspiración cristiana del orden temporal, la defensa y promoción de los bienes de la familia y la vida, la cultura, la economía, la política, de modo que asuman sus responsabilidades en estos ámbitos según los criterios del Evangelio. Los obispos han de contar con los laicos, otorgándoles la confianza que merecen y no rehusando atribuirles encargos para los que estén capacitados.

8. Familia.- Es necesaria una sólida preparación de los que van a contraer matrimonio; impulsar las condiciones sociales, económicas y legales que mejor salvaguarden la unidad y la estabilidad los hogares, y promover los movimientos y asociaciones de espiritualidad matrimonial.

9. Misa dominical.- Entre las numerosas actividades que desarrolla una parroquia ninguna es tan vital o formativa para la comunidad como la celebración dominical del día del Señor y su Eucaristía.

10. El mundo de la cultura (universidades y escuelas católicas).- En ocasiones, la cultura que nos envuelve ni siquiera se plantea la existencia de Dios, simplemente prescinde de Él. Para insertar la savia nueva del Evangelio en la sociedad contemporánea la Iglesia debe servirse también de las Universidades y escuelas católicas. Por ello es necesario que las escuelas y universidades católicas mantenga bien definida su identidad.

11. Situación social.- La Iglesia ha de participar en el análisis de los logros y expectativas de la sociedad, tratando de interpretar a la luz del Evangelio los asuntos temporales y sociales para orientar a la misma sociedad, no rehuyendo la denuncia de la injusticia y proponiendo principios de carácter moral que han de orientar la actuación de la vida civil. Debe favorecer el diálogo entre las partes interesadas en caso de conflicto, y ofrecer atención pastoral a los emigrantes.

12. La atención a los pobres, a los necesitados, a los indígenas.- La Iglesia no puede conformarse con la búsqueda de un simple bienestar o comodidad de vida, sino que ha de promover el bien integral de la persona, el respeto de la verdadera dignidad de cada ser humano, lo cual implica el respeto de los derechos humanos fundamentales y del sentido de responsabilidad, solidaridad y cooperación para construir un mundo mejor para todos.

EL OBSERVADOR 421-1

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CARTAS DEL DIRECTOR
El reino de la mentira
Por Jaime Septién

Esta semana usted, lector amigo, y yo, todos, habremos visto, escuchado, leído un número colosal de mentiras que, por convención o acumulación, aparentemente, ya no nos afectan. Nuestro maravilloso idioma ha perdido el brillo y es víctima hoy de cientos de mentirosos profesionales apostados en los medios de comunicación, en la política o en la publicidad; gente bien pagada, bien comida y, sobre todo, bien protegida (para que siga haciendo esa labor cotidiana de engañar, que sería escandalosa si no fuera ya «normal»).

Mienten los candidatos (ganadores y perdedores), los hombres del poder, los que predicen el estado del tiempo, los que hacen encuestas, los que venden jabones, los que anuncian ofertas, los que venden paraísos con vista al mar, los que leen el tarot... Una fiebre recorre nuestro tiempo: la de mentir cada vez más a menudo y a propósito de las cuestiones más serias de la vida en sociedad. Al paso que vamos, es probable que el criterio de verdad sea no el propuesto por la moral objetiva o por la doctrina de la Iglesia, sino por aquel que mienta con más sabiduría.

¿O no es verdad que es mentira la de un aspirante a puesto político que dice anteponer los intereses del pueblo a los intereses de su partido? ¿O no es verdad que nadie le cree al que dice en la tele que, con bases científicas, mañana va a llover? ¿Se acuerdan de las «infalibles» encuestas previas al proceso electoral del pasado 6 de julio? A la vista de los resultados, ¿no es verdad que todas eran mentirosas? ¿Alguien cree que un jabón que se anuncia en horario estelar le va a provocar «cutis de alabastro»? Sabido es por todos que las ofertas de 50% de descuento vienen tras de una subida previa de 50% al producto descontado; que cuando uno compra «un precioso apartamento totalmente suyo en la playa del Encanto», no está comprando nada más que aire compartido entre cuatro paredes, y que «el golpe de fortuna que tendrá un mes después de haberle leído estas cartas del tarot» puede ser, en todo caso, el que no lo atropelle un microbús que circulaba por el camellón, de reversa y en sentido contrario...

Es verdad que decir la verdad compromete a quien la dice. Que la verdad no vende bien en un mundo de ilusiones. Que nadie llega a la silla grande diciendo las cosas como son. Pero hay que hacerlo ya, por el bien de nuestros hijos. «¿Qué dos cosas me pedirías?», preguntó un rey a un sabio. Y el sabio contestó: «Poder decirte tus verdades y un caballo para salir corriendo después». Seamos lo suficientemente valientes para afrontar el peso de la verdad dicha al poderoso y los suficientemente astutos para tener a la mano, siempre, un caballo...

Cuando la mentira es la verdad, el mundo se convierte en una jungla; en un campo abierto a la desconfianza. Por ello, la gran revolución que necesita México no es la revolufia de los balazos; es la de la honestidad, la de volver a reivindicar, en el lenguaje y en los intercambios de la vida cotidiana, la verdad. Cada uno puede empezar a hacerlo. Y, con eso, sentar las bases para tener un mejor país.

EL OBSERVADOR 421-2

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EL RINCÓN DEL PAPA
Dios se deja conquistar por la humildad

Juan Pablo II comentó en audiencia general el salmo 146: «Es la primera parte de una composición que comprende también el salmo sucesivo, el 147, que el original hebreo mantiene en su unidad. Las antiguas versiones griega y latina dividieron el canto en dos salmos distintos.

«El salmo comienza con una invitación a alabar a Dios y después enumera una larga serie de motivos de alabanza, expresados todos en presente. Se trata de obras de Dios consideradas como características y siempre actuales; sin embargo, son de naturaleza muy diferente: algunas afectan a las intervenciones de Dios en la existencia humana y en particular a favor de Jerusalén y de Israel; otras afectan al universo creado y de manera especial a la tierra con su vegetación y animales.

«El salmo nos invita a una doble actitud: de temor religioso y de confianza. No estamos abandonados a nosotros mismos o a las energías cósmicas; estamos siempre en las manos del Señor, según su proyecto de salvación. El Señor se revela como un padre que se inclina sobre las heridas interiores y físicas, presentes en su pueblo humillado y oprimido.

«San Agustín, en la Exposición del salmo 146, pronunciada en Cartago en el año 412, comentaba así esta frase: El señor cura al que tiene el corazón roto. 'Quien no tiene el corazón roto no puede ser curado... ¿Quiénes tienen el corazón roto? Los humildes. Y, ¿quiénes son los que no lo tienen? Los soberbios... Sin embargo la salud perfecta sólo se podrá alcanzar al final del estado mortal presente, cuando nuestro ser corruptible se revista de incorruptibilidad y nuestro ser mortal se revista de inmortalidad'.

«Pero la obra de Dios no se manifiesta sólo cuando cura al pueblo de los sufrimientos. Él, que rodea de ternura y cariño a los pobres, es juez severo de los impíos. El Señor de la historia no es indiferente ante los prepotentes que creen ser los únicos árbitros de las vicisitudes humanas: Dios hunde en el polvo de la tierra a quienes desafían al Cielo con su soberbia».

EL OBSERVADOR 421-3

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CARTA ABIERTA
Abstencionismo: que no se repita
Por Rosa Martha Abascal de Arton

Cuando el 7 de julio se confirmó que casi el 60% de la gente había dejado de votar el 6 de julio, un gran amigo me hizo la siguiente pregunta que verdaderamente me marcó y me dejó reflexionando: ¿Qué pensarías de una reunión donde hubiera diez personas y 4 de ellas decidieran qué hacer y cómo hacerlo sin tomar en cuenta a las otras 6 personas?

El 6 de julio 6 de cada diez personas que pueden votar decidieron por voluntad propia abstenerse de ejercer un derecho y un deber ciudadano: elegir a sus representantes en la Cámara de Diputados.

Hay muchos factores que contribuyeron para que en estas elecciones quien ganara no fuera un partido político o una corriente de pensamiento sino el abstencionismo:

1. La gente no cree en los políticos, en sus promesas.
2. El ciudadano está cansado de ver el derroche en propaganda electoral, cuando hay millones de mexicanos sumidos en la más profunda pobreza.
3. El mexicano está cansado de escándalos amarillistas que buscan «posicionar» a un partido político frente a la ciudadanía.
4. El pueblo de México ya no quiere oír descalificaciones ni insultos, quiere oír propuestas serias, quiere propuestas factibles y realizables, no sueños populistas.
Pero todas las razones anteriores no son suficientes para dejar de ejercitar un derecho y una obligación que tanto tiempo y esfuerzo nos costó a los mexicanos hacer valer.

Es como cuando estamos luchando contra un cáncer (falta de democracia): los tratamientos, las quimioterapias, la medicina, todo parece que va funcionando. De pronto hay una recaída (malas campañas, falta de credibilidad en los políticos...). ¿Dejarías de seguir el tratamiento? ¿Te dejarías morir por un tropiezo? Yo no lo haría jamás, porque la vida, mi vida, y la de la gente que me rodea está de por medio. También con tu voto estás decidiendo tu vida y la de quienes te rodean.

Debemos recordar que no tenemos derecho a quejarnos del gobierno que tenemos, ni de las medidas que ellos adoptan, ni de las leyes que aprueban o no aprueban, si no ejercimos nuestro más básica y primordial obligación como ciudadanos: votar.

Es por eso que te invito como ciudadano mexicano, como persona preocupada por el bien de tu familia, de tu nación, a que influyas en la vida de tu comunidad, en la vida de tu patria, en la vida de tus hijos; hazlo por ti y por ellos, porque lo que hoy sembremos tal vez no lo cosechemos nosotros, pero seguramente ellos si lo harán.
¿Qué prefieres dejar sembrado? ¿Abstencionismo? ¿Falta de compromiso? ¿Comodidad? ¿O prefieres sembrar responsabilidad, compromiso, legalidad, democracia, esperanza...? Está en tus manos. Participa, influye ya, influye hoy.

(Fuente: yoinfluyo.com)

EL OBSERVADOR 421-4

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AL PASO DE DIOS
Hago el mal que no quiero
Por Mons. Amadeo Rodríguez Magro

Por motivaciones de fe o no, la relación cotidiana en familia supone una gran preocupación de conciencia para muchos hombres y mujeres. Sin querer dramatizar, son muchos los que sufren por hacer el mal que no quieren y, sobre todo, por hacer el mal a los que quieren; o, al menos, por no poner todo el bien que debieran. Ciertamente la relación familiar es un gran banco de pruebas para la tolerancia, la compasión, la fidelidad, la ternura, la confianza, en definitiva, para el amor. En la convivencia se puede encontrar la felicidad o el drama: depende de cómo sea el día a día de las relaciones. En cualquier caso, convivir poniendo amor y comprensión es una hermosa manera de santificarse. Todo el esfuerzo que se ponga en lograrlo merece la pena, porque redunda en felicidad para los demás y, naturalmente, también para nosotros.

EL OBSERVADOR 421-5

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ORIENTACIÓN FAMILIAR
Para no lastimarlo
Por Yusi Cervantes Leyzaola

PREGUNTA:
¿Cómo puedo hacer para decirle a mi marido que quiero que nos divorciemos sin lastimarlo? La situación entre nosotros ya es insostenible y él no pone nada de su parte para arreglar las cosas; es más, se enoja en cuanto yo comienzo a querer hablar de nuestros problemas. Yo me siento mal, estamos afectando a nuestros hijos. y por eso decidí ya dejarlo, pero no quiero lastimarlo.

RESPUESTA:
Como debes saber, la Iglesia no acepta el divorcio, pero sí permite la separación cuando la situación se ha vuelto insostenible y dañina para los miembros de la familia. Tendrías que plantear tu caso a las autoridades eclesiásticas competentes para que te den esa autorización. No podrías volver a casarte, pero sí vivir con tranquilidad y ofrecerles a tus hijos un mejor ambiente para crecer, si es el caso.

Pero antes de esto debes preguntarte sinceramente si es verdad que ya hiciste todo lo posible por salvar tu matrimonio. Quizá hace falta pedir, incluso exigir con firmeza a tu marido un tiempo para hablar, ponerle fecha y lugar, y plantear ahí con toda claridad lo que está pasando y las alternativas posibles. No lo culpes ni acuses. Más bien dile: «Estamos mal, ¿qué nos está pasando? ¿Cuáles crees tú que son las causas de nuestros problemas? No se trata de atacarse mutuamente ni de ver quién es la víctima o quién el más malo, sino de sanar su relación matrimonial. También sería valiosísimo que asistieran a un encuentro matrimonial, de los varios que hay. Puedes conseguir que alguien los invite y no ser solamente tú la que insista; si alguien de fuera también lo hace, será más fácil que tu marido acepte.

Si se sigue negando a hablar, plantéalo como un ultimátum, algo así como: «me niego a seguir adelante si tú y yo no hablamos de lo que está pasando en nuestro matrimonio». Que quede claro que no estás pidiendo la separación, sino un verdadero diálogo.

Si pese a todo la separación es inevitable, debes ser consciente de que es imposible no lastimar a tu esposo. Todos van a sufrir: tus hijos, tú, tu esposo, los padres de ambos y otras personas allegadas. Todo divorcio es doloroso. Pueden, eso sí, procurar que haga el menos daño posible. Es necesario proteger especialmente a los niños, hacerles saber que no son culpables de ningún modo por esta ruptura y asegurarles que sus dos padres los siguen amando igual. En cuanto a los esposos separados, es importante que durante el proceso y después de él se traten con respeto, que eviten pelearse, degradarse uno al otro, lastimar la imagen del otro delante de los niños… Aun separados, tienen todavía la responsabilidad compartida de la educación de los hijos, por lo que es necesario que puedan ponerse de acuerdo al respecto.

Insisto: antes de esto tienes que haber hecho hasta tu último esfuerzo. Si pese a todo te separas, no te alejes de Dios por eso. La Iglesia pide a los divorciados (por lo civil) que se mantengan en ella y que eduquen a sus hijos en la fe. Seguirías siendo hija de Dios, eso no hay que olvidarlo.

La psicóloga Yusi Cervantes Leyzaola responderá las preguntas que le envíen a la dirección de El Observador: Reforma 48, apdo. 49, Santiago de Querétaro, Qro. C.P. 76000; o que se le hagan al teléfono 228-02-16. Citas al 215-67-68. Correo electrónico: cervleyza@msn.com

EL OBSERVADOR 421-6

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INTIMIDADES -LOS JÓVENES NOS CUENTAN-
Se necesitan dos…
Por Yusi Cervantes Leyzaola

PREGUNTA:
Tengo 35 años y me encanta un muchacho varios años menor que yo. No somos novios pero hace tiempo sí lo fuimos, y aunque me clavé un chorro con él, tuvimos que terminar porque él tenía novia; ya había durado 3 años con ella.
Bueno, el caso es que nos dejamos y, aunque han pasado los años, yo sigo igual de clavada ni más ni menos, y él creo que siente algo por mí, pero creo que tiene muy en cuenta la edad; aunque me dijo en una ocasión que no le importa, con sus actitudes siento que sí.
La cosa es que no me busca, y me gustaría saber qué piensa usted; yo creo que se me ha vuelto obsesión o es algo enfermizo.

RESPUESTA:
Tienes razón, se te ha vuelto obsesión, ¿o comenzó siéndolo? ¿Qué haces desperdiciando tu tiempo y tu afecto en alguien a quien no le interesas?

De hecho, todo comenzó mal. Empezaste siendo «la otra», la segunda, la mujer con quien engañaba a su novia. Eso habla mal de él como persona, es desleal, deshonesto. Me da la impresión de que se aprovechó de tu necesidad de cariño y de que ha sabido mantener tu interés con unos cuantos gestos.

Que siente algo por ti, creo que sí. Le gustas. Se siente halagado por ti. Puede ser que hasta te quiera, como se quiere un objeto bonito o a una mascota. Perdóname si soy cruel, pero eso que él siente no es amor, y por supuesto, tampoco respeto ni consideración. No le importa la diferencia de edades entre ustedes porque no le importas tú. Así de simple. No le importa lastimarte con tal de inflar su ego. Se necesitan dos para formar una pareja, y él no está dispuesto a hacerlo contigo. En cuánto a ti, ¿qué te sucede? ¿Cómo es que has llegado a desvalorizarte tanto? ¿Por qué te quieres tan poco? ¿Por qué te resistes a ver la realidad? Éste es el fondo del problema, lo que verdaderamente me preocupa.

El camino no es combatir la obsesión que sientes por ese muchacho, sino crecer tú como persona, aprender a amarte a ti misma, a respetarte. Cuando te valores a ti misma, te darás cuenta de que no vale la pena sufrir por ese hombre. No lo necesitas. Sé libre. Vive tu vida, encuentra un sentido propio para ella.

Hay un amor que sí necesitas, el de Dios. Acércate a Él. Que Él llene tus necesidades de afecto, para que no te obsesiones por ningún hombre.

Por cierto, lo que tú sientes tampoco es amor. El verdadero amor es libre y liberador, y tú te has esclavizado a un sentimiento, como dices, enfermizo. La buena noticia es que puedes sanar. Sé que puedes hacerlo.

EL OBSERVADOR 421-7

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PINCELADAS
Fidelidad en el matrimonio
Por Justo López Melús *

Es triste cómo abunda en la sociedad la frivolidad, los productos «descafeinados». Es la cultura kleenex, usar y tirar. Usar y tirar también en el matrimonio, sin importar las consecuencias. Gracias a Dios hay muchos esposos fieles, muchas personas edificantes. Como Isabel Canori, por ejemplo.

Isabel nación en Roma. Era una mujer fuerte, de profunda vida interior. Se casó a los veintidós años y tuvo dos hijas. Pronto su esposo la traicionó y la dejó en la miseria. Pero ella, a las violencias de su esposo respondió con una total fidelidad. Educó a sus hijas y aún le quedaba tiempo para una profunda piedad y un servicio generoso a pobres y enfermos. Esposa y madre, catequista y emprendedora, ofreció su vida por su marido, que se convirtió después de la muerte de Isabel. Juan Pablo II la ha beatificado recientemente.

* Operario Diocesano en San José de Gracia en Querétaro.

EL OBSERVADOR 421-8

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REPORTAJE
Dime qué cantas y te diré qué crees: la música en la Santa Misa

«Cuidad de que lo que cantáis con vuestras bocas lo creáis en vuestros corazones, y que lo que creáis en vuestros corazones lo expreséis con vuestras obras»; éstas eran las palabras con las que se bendecía a los cantores litúrgicos en los primeros tiempos de la Iglesia. Actualmente, a casi 2000 años de cristianismo, aunque ya no se da esta bendición a cantores, coros, salmistas, directores, organistas e instrumentistas sacros, su sentido no puede ser olvidado. Por ello, el músico sacro debe estar en comunión con la liturgia y el Evangelio.

La religión revelada siempre ha contado con una liturgia. Jesucristo conocía bien y participaba en la liturgia sinagogal (casi toda ella cantada). Además, cantó el Hallel, que es un grupo de salmos (113-118) que se cantaban en las tres grandes festividades del año judío.

De igual forma que el Maestro, el músico pertenece a la asamblea; es, sobre todo, un fiel que rinde culto y alaba a Dios. Por tal razón requiere ser un verdadero creyente. Por medio de la música, este cristiano comparte la fe, sirve a la comunidad y expresa el amor de Dios y del prójimo. Sin embargo, cuando se realiza esta labor sólo como un empleo (algunos cantores) o como simple diversión o esparcimiento (en algunos coros juveniles), ese oficio tan sagrado se empobrece.

El canto en la Misa no es algo secundario o meramente decorativo, sino una de las expresiones más auténticas de los signos sacramentales, que posibilita la participación del pueblo.

Con la reforma litúrgica del Vaticano II, las asambleas ganaron en participación pero ha costado un precio muy alto: la baja calidad musical y textual de muchos cantos. Normalmente los que tienen que animar las celebraciones eucarísticas tienen muy buena voluntad, pero carecen de una sólida formación litúrgica y musical. Entre los errores más comunes figuran: favorecer que el canto sea monopolizado por unas cuantas personas; repetir mecánicamente los cantos sin comprensión de lo que se expresa; hablar y distraerse durante la celebración; escoger los cantos porque gustan al cantor, al coro o a la asamblea, sin poner atención en los tiempos litúrgicos o los momentos de la celebración; cambiar los textos de los cantos ordinarios, es decir, aquéllos que sólo tienen su sentido interpretados en un momento dado de la Misa (Señor, ten piedad; Gloria; Santo, Cordero de Dios, etc.); que el cantor y/o los instrumentos se sobrepongan a la asamblea.

«Es preferible no cantar, que cantar mal», opina el canónigo José Pilar Valdés, quien ha sido maestro de Canto Gregoriano en la Escuela Diocesana de Música Sagrada y en el Seminario Mayor de Guadalajara. Y agrega: «Deben evitarse corruptelas respetando los textos de la Misa y las partituras, y no parafraseando cantos con melodías profanas». Ejemplifica esto con el canto de Demos gracias al Señor, demos gracias... Por las mañanas las aves cantan..., el cual, dice, es una «caricatura de la canción popular mexicana Las Gaviotas». Además, refiere que el conocido canto El Pescador (Tú has venido a la orilla...), el cual es muy utilizado como canto de comunión, no corresponde a este momento pues «no tiene nada de Eucarístico y sí mucho de vocacional».

Para san Agustín, el canto de los labios poco valdrá si está en disonancia con lo que expresa la vida: «¿Quieres que la alabanza resulte agradable a tu Dios? No juntes al buen canto la estridencia de tus malas costumbres... Él se fija más en tu vida que en el sonido de tu voz».

Orientaciones para la aplicación de cantos

a) Canto de entrada.- Es imprescindible seleccionar un canto adecuado al tiempo litúrgico correspondiente (Adviento, Navidad, Cuaresma, Pascua). En tiempo ordinario puede ser útil un canto que coincida con la idea central de la celebración, o un canto que refiera procesión hacia la casa del Padre, reunión de la asamblea de creyentes, o gozo por la celebración que se va a realizar.
b) Señor, ten piedad.- Tiene un sentido de grito de petición, de perdón; por lo cual debe cuidarse que la música no sea festiva y que se respete el texto.
c) Gloria.- Es un himno y como tal debe cantarse.
d) Salmo responsorial.- Debe ser realmente cantado, y no debe sustituirse por ningún otro tipo de canto moderno.
e) Aleluya.- Significa «alaben a Yahveh» (Alel= alaba, u = ustedes a, Yah = Yahveh), por lo que resulta redundante cantar, por ejempo, Aleluya a nuestro Dios.
f)Preparación de los dones.- Los textos de los cantos no deben adelantarse al momento de la plegaria eucarística, no deben tener un sentido sacrifical. Por ejemplo, es incorrecto cantar Te ofrecemos, Señor, este santo sacrificio.
g) Santo.- Debe respetarse su texto de acuerdo con el Misal Romano, es decir, debe ser completo, incluyendo en esto que la palabra santo debe pronunciarse tres veces (tal como aparece en la Biblia, y que tiene sentido trinitario). Resulta, por tanto, incorrecto cantar Santo, santo, santo, dicen los querubines..., o bien, Santo es el Señor, Dios creador del universo entero...
h) Cordero de Dios.- Debe cantarse durante la fracción del Pan, no durante el saludo de paz, y, por lo mismo, no puede sustituirse por un «canto de paz», que ni siquiera está previsto en el Misal Romano.
i) Comunión.- Además de los cantos eucarísticos, también pueden ser adecuados aquellos que recuerden la liturgia de la palabra, según la tradición de la liturgia romana.
j) Meditación.- Entre todos los momentos en que se sugieren pausas de silencio, la de después de la Comunión puede dar lugar a un breve canto en que la asamblea más bien escucha a un solista o al coro. Este canto debe tener un carácter más tranquilo y meditativo.
k) Canto final.- Como ocurre después de la bendición final y la despedida de la asamblea, ya no forma parte de la Misa, de ahí que en algunos sitios se acostumbre dedicarlo a la Virgen. En general es conveniente que coincida con el tiempo litúrgico o con la idea central de la liturgia celebrada, o puede ser un canto de alabanza o acción de gracias.

(Fuentes: Jesús Carlos Chavira Cárdenas, «Dime qué cantas y te diré qué crees», www.semanario.com.mx ; «La música en la liturgia», www.capillasantamonica.com.ar

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Ojo con los cantos protestantes

A muchos católicos les gusta escuchar y cantar (incluso en Misa, como «canto de meditación»), la música protestante; por ejemplo, la de Marcos Witt y de Rabito. La opinión de muchos es que no tiene nada de malo porque esos cantos hablan del mismo Dios, y escucharlos es practicar el ecumenismo al que el Papa nos invita.

Sin embargo, los católicos que no tengan una sólida formación en la fe puede no ser nada recomendable escuchar esta música, ya que la letra de una canción lleva siempre la huella de su autor y por ahí se pueden filtrar creencias de nuestros hermanos separados. En muchas ocasiones el católico canta las alabanzas y al mismo tiempo adquiere «frases» e «ideas» al puro estilo protestante. Frases como «somos salvos por la fe», «soy salvo», «no hace falta nada mas que Cristo», «las religiones no salvan» son absorbidas por escuchar cantos protestantes, radio protestante, predicaciones protestantes, televisión protestante, etc. Esto facilita que poco a poco se pierda la identidad del católico. La realidad nos enseña que muchas veces así fue como algunos empezaron y despues terminaron en una secta. De hecho uno de los ganchos que usan las sectas es precisamente el canto apara traer a la gente. Incluso hay compositores católicos que tienen alabanzas con errores muy marcados sobre la fe por la influencia protestante.

Como apunta la constitución Sacrosanctum concilium en su número 112, la música sagrada es «aquella que habiendo sido compuesta expresamente para el culto divino o estando de tal manera vinculada con él, sirve para proclamar la Palabra de Dios; es una forma de oración, fomenta la unanimidad de espíritus entre el pueblo de Dios, y enriquece con mayor solemnidad los ritos sagrados». Por ello hay que tener mucho cuidado a la hora de escuchar y de elegir cantos protestantes en los actos litúrgicos. ¿Por qué escuchar cosas diferentes a nuestra fe teniendo tesoros espirituales de cantos tan grandes en la Iglesia católica (Martín Valverde, Sandy Calderas, P. Zezinho; P. Cesareo Gabaraín, etc.)?

(Con información de Martin Zavala, del libro Respuestas católicas inmediatas)

EL OBSERVADOR 421-9

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JÓVENES
«Si Dios reinara en el mundo no existirían las discotecas (antros)»
¿Quién dijo eso? ¿Un santurrón? ¿Un obispo católico? ¿Una anticuada madre de familia? ¡No: el presidente de una secta satánica!

«Si Dios reinara en el mundo no existirían las discotecas». Esta frase fue pronunciada por el presidente de una secta satánica. Con ella es posible que nos hagamos una idea de lo malo que es para toda persona, en especial los jóvenes, asistir a este tipo de recintos, especialmente creados para el pecado.

Para ver lo que es una discoteca -o «antro», como les gusta decir a los jóvenes de ahora-, veamos lo que se escribió en 1978 en el periódico estadounidense el Dayly News: «Apartados unos de otros por una música ensordecedora, expuestos a una luz deslumbrante, los bailarines hacen todo lo que les pasa por la cabeza, sin mirarse, y sin dirigirse la palabra en ningún momento, como si cada uno se moviera delante de un espejo gritando sin parar: ¡Yo, yo , yo!»

La gran difusión de las discotecas tuvo lugar en 1977; en Estados Unidos pasaron de cien a 18 mil. Todo ello animado por la aparición de películas como Fiebre del sábado po la noche, Footloose, etc. Pero... ¿cuáles son los elementos que convierten una discoteca en un lugar para el pecado y la desintegración de la persona?

1) El recinto. Se trata de un local cerrado, oscuro y con un ambiente cargado (gran cantidad de bióxido de carbono, alcohol, tabaco, etc); según la psicología, estas condiciones provocan un aumento en las agresividad y en la irritabilidad de las personas.

2) Ruido. En medio de la pista de una discoteca hay al menos 20 decibelios de sonido más de los que el oído humano puede soportar. El efecto que tiene sobre la audición es doble: por un parte, aumenta el número de sordos; por otra,al no poder aguantar tanta sonoridad, lo que hace el organismo es «desconectar» las neuronas porque de lo contrario éstas morirían.

3)Las luces. En una discoteca hay normalmente dos clases de luces:
Luces psicodélicas, que son intermitentes y de todo tipo de colores. Son exactamente las mismas que diversas organizaciones utilizan para los lavados de cerebro. En Gran Bretaña han sido prohibidas porque pueden provocar graves daños en la retina, incluso ceguera.

Luces estroboscópicas, que originan una alternancia de luz y de sombras. Dependiendo de la velocidad en la alternancia así será su efecto sobre las personas: una alternancia de 5 veces cada segundo ocasiona una pérdida en el control de la visión más allá de las propias narices; una alternancia de 25 veces cada segundo ocasiona una perdida total de concentración por parte de una persona; una alternancia superior a las 25 veces por segundo ocasiona una falta de control sobre los actos de las personas.

4) Música. En este apartado hay gran cantidad de puntos que es necesario tratar.

El «beat» o ritmo. Es lo fundamental no sólo de la música-disco, sino de todo lo que constituye la música rock. Este ritmo tiene sobre el organismo varios efectos, entre ellos: provoca descargas de adrenalina; estimulación las glándulas encargadas de la secreción de endorfina, que es una morfina natural que se libera cuando el organismo sufre una agresión de gran envergadura, y si se secreta sin que exista agresión alguna provoca en el organismo un estado de sedación; provoca la estimulación de glándulas que favorecen la excitación sexual, hasta tal punto que son incluso capaces de producir el orgasmo.

La letra de las canciones. Abundan los mensajes subliminales (no los percibimos de forma consciente, pero el cerebro, sin darnos cuenta nosotros, los descifra y asimila), en especial los que invitan a la rebelión contra la autoridad en general y contra la Iglesia en particular, al libertinaje (drogas, borracheras, sexo), al suicidio y al satanismo. Pero también hay mensajes propuestos de manera directa. Ambos tipos de mensajes son muy fácilmente asimilados porque las personas se encuentran con las «defensas» muy bajas, al tener casi toda capacidad de razonamiento incapacitada.

El baile. En sus dos modalidades, tanto juntos como separados, con mucha frecuencia supone una incitación directa al sexo, con acentuadas connotaciones eróticas.

5) Otros. En algunas discotecas en el boleto de entrada se incluye el derecho a consumir una bebida alcoholica. En su interior suelen venderse todo tipo de drogas, desde las duras hasta las drogas de diseño tipo anfetaminas, LSD, éxtasis, etc. El 80% de los accidentes que se producen los fines de semana son de chicos jóvenes a la salida de las discotecas. En todas las discotecas hay un cartel que dice: «Prohibida la entrada a menores de 16 años», y sobre esto hay que pensar que, si en un local de estos no puede entrar todo el mundo, es porque algo en él no está bien.

Cris Novoselic, componente del grupo Nirvana, definió lo que es la noche en estos lugares: «La vida nocturna es igual en todas partes: cigarrillos, alcohol y mierda».

Para finalizar veamos lo que dice san Alfonso María de Ligorio: «El que voluntariamente se pone en ocasión próxima de pecar, por el hecho mismo ya ha pecado, aun cuando no tuviera intención de realizar la acción pecaminosa a que se expone». Y la Biblia, en el libro del Eclesiástico 3, 27, advierte: «Quien ama el peligro perecerá en él».

(Fuente: Juventud de Acción Católica de Cuenca, España)

EL OBSERVADOR 421-10

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LOS VALORES DE LOS MEXICANOS
Tolerancia en la familia
Por Antonio Maza Pereda

Cuando hablamos de este valor en el contexto de la familia nos referimos a la capacidad de aceptar que cada uno de nosotros, por más que nos parezcamos, somos diferentes de otros miembros de la familia. Es inevitable que esas diferencias, grandes o pequeñas, generen en ocasiones disgusto, molestia, dificultades para entendernos, distanciamiento. En otras palabras, nuestras diferencias, algo natural y legítimo, hacen que no vivamos plenamente el valor de la unidad, que en esta serie de escritos mencionamos como el número uno de los valores de los mexicanos, en el aspecto de la familia.

La tolerancia es el valor que nos hace aceptarnos como somos los unos a los otros, el que nos hace darle a nuestras diferencias su justo valor, sin exagerarlas; es un valor nacido del amor que nos tenemos los miembros de la familia, es un fruto del respeto que nos tenemos los unos a los otros. La tolerancia es, en última instancia, el resultado de considerar que, no importa cuantas cualidades tengamos, cuantas posesiones o derechos, no somos superiores a los demás en dignidad.

Aquí está el fondo de este valor. Cuando nace de la convicción profunda de que todos tenemos la misma dignidad y que no tenemos que sentirnos superiores como personas, aunque en algunos aspectos si lo seamos, entonces es un valor que construye comunidad en el sentido más amplio del término. No es posible vivir en sociedad, ni siquiera en la sociedad más básica y natural que es la familia, si no hay, de parte de todos, una tolerancia hacia las maneras de ser peculiares de los demás. La convivencia amorosa, enriquecedora, sería imposible sin este valor. Visto desde este ángulo, la tolerancia es un fruto del amor a los demás, un amor que disculpa las fallas y las molestias que los demás nos dan y que se fija en el bien que hay en el otro y no en el mal.

Desgraciadamente, aun los valores pueden corromperse. Según muchos expertos este valor, que ocupa el noveno lugar en la jerarquía de los valores familiares del mexicano, es en la mayoría de los casos, una tolerancia por conveniencia.

Efectivamente, con frecuencia las esposas toleran a los maridos por no tener problemas; los hijos a los padres, porque estos son los que proveen los bienes económicos; los maridos a las mujeres por tener paz y evitarse líos. No aceptamos de fondo al otro, pero lo toleramos por conveniencia.

Esta tolerancia por conveniencia es, en mi opinión, una prostitución del valor; de la misma manera que en la prostitución se cambia la relación sexual, fruto y lugar de cultivo del amor y la unidad de la pareja, por dinero.

Mientras nos sintamos con derecho de rechazar al otro, no es posible tener una auténtica vida familiar que enriquezca, nutra, haga crecer en lo material y lo espiritual, que sane las heridas y que dé a todos los miembros de la familia la seguridad de saber que hay un lugar donde somos aceptados como somos, aun a pesar de nuestras fallas, manías y molestias que damos, casi siempre sin querer, a los demás.

¿Por qué, me pregunto, este valor califica bajo en los valores familiares de los mexicanos? ¿Será acaso un signo de ese individualismo (poner mi propio bien sobre todos los demás valores) que forma parte tan importante de lo que algunos llamamos cultura de la muerte y que, casi sin sentirlo, va apoderándose de nosotros? Esto es algo grave. Si no tenemos una mínima tolerancia por los demás, el valor de la unidad de la familia se deteriora. Y, como dijimos en otra nota sobre valores familiares, es un hecho que la unidad, como valor, está perdiendo importancia en la familia mexicana. Sí, todavía es nuestro valor principal, el número uno, pero la tendencia es a que pierda ese lugar. En el extremo (que no creo que se llegue a dar de manera generalizada) se llegaría a la destrucción de la familia como institución social. Observemos las familias que pierden ese precioso valor de la unidad: ¿Cuántas veces fue por desacuerdos verdaderamente fundamentales y cuantas más fue por verdaderas minucias, pequeñeces que se hubieran podido remediar con un poco de tolerancia de ambas partes? El amor se fue, no por una gran catástrofe, sino poco a poco, con pequeños actos de falta de tolerancia, casi sin sentirlo, hasta que la separación fue tan grande que ya no tuvo remedio.

Cultivemos éste, que es el valor de aceptar y sanar las pequeñas cosas, que tan importantes son en nuestra familia.

EL OBSERVADOR 421-11

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CULTURA
Democracia moral: el ciudadano virtuoso
Por Carlos Díaz

La democracia numérica debe ser a la vez democracia moral, compuesta no solamente por quienes quieren ser muchos, sino que quieren además ser buenos. Entre los líderes de la democracia numérica a veces se oye decir: «si no obtengo tantos miles de votos de diferencia con respecto del principal opositor, puede haber problemas». Esto no está bien, aunque suele ocurrir, pues cuando por un voto no se concede la victoria quedan desacreditados todos los votos. En la democracia moral un solo voto permite gobernar al ganador, porque cada voto es fin en sí mismo, y quien viola un voto lesiona a toda la humanidad, del mismo modo que quien apalea a un niño apalea a todo lo humano que hay en cada miembro de la humanidad. Por eso el demócrata moral derrotado continuará oponiéndose hasta la victoria final, pero no se acogerá a su condición de perdedor por escaso margen para dar un golpe de Estado. Nada de abandonar, maldecir o no reconocer el triunfo ajeno. En la democracia moral se sabe perder, y no sólo ganar; hay que aprender a perder numéricamente si se quiere ganar moralmente algún día, el día de la verdad. Para el demócrata moral, si triunfa el adversario hay que seguir trabajando hasta liberar la polis del asedio de sus secuestradores, cada cual con los medios a su alcance, por eso hay que prepararse mucho.

Mas ¿cómo pasar a una democracia moral? Con lucidez de inteligencia (para lo cual hacen falta maestros no maltratados: entre todos los candidatos a presidentes de la República no sumarán ni medio mientras los maestros anden apaleados) y conversión del corazón. La democracia no es la revolución por decreto, la impaciencia es la enfermedad de los totalitarios. Desde la paciencia laboriosa aparecerán ciudadanos libres donde hubo esclavos, gentes que recuperarán su memoria de humanidad, memoria con la que todos venimos al mundo, lo que todos sabemos por el hecho de ser hombres. Contra amnesia u olvido, memoria y anámnesis. Si la amnesia del pueblo es la ruina de la democracia, porque conlleva la hipermnesia de los tiranos, el sano recuerdo es su floración primera.

Si la democracia numérica se vive como un derecho, con su otra cara, que es la obligación, la democracia moral se vive como un deber, un deber que yo me impongo con alegría, como la oportunidad de construir un mundo más digno. Es un deber sagrado y por tanto sacrificado, en la medida en que uno se da a sí mismo el deber sagrado de cuidar de los demás: por ejemplo, procurando que se tapen las alcantarillas a las que le falta la tapa (¡y las hay con verdadero peligro de muerte!), a fin de que no puedan caer en ellas niños, ciegos, o cualquier viandante. Eso lleva molestias, tiempo, y hasta dinero, claro está. Porque significa abnegación, generosidad, humildad, valores necesarios para el desarrollo de la virtud pública, indisociables de ella contra lo que suele decirse. Los grandes maestros de humanidad han procedido así. Sólo soy libre cuando todos los hombres y mujeres que me rodean son libres. La democracia, decimos con Charles Péguy, ha de ser la organización sistemática de la caridad, de la filantropía, de la buena educación, de la ayuda mutua, así como de la esperanza, ya que se basa en la convicción de que existen extraordinarias posibilidades en la gente ordinaria.

EL OBSERVADOR 421-12

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COMUNICACIÓN
Incendiar al mundo:
En busca de escritores católicos
Por Claudio de Castro / Panamá

Querido amigo: Te presento una nueva editorial católica, Ediciones Ana B.
Iniciamos oficialmente la Editorial el 16 de julio, día de la Virgen del Carmen, quien es nuestra patrona. Colocamos la Editorial bajo su manto. Hemos escogido por guía espiritual al nuevo beato Santiago Alberione, fundador de la familia paulina.

¿Qué necesito para empezar? Tus oraciones. Tu apoyo y tu amistad.

También necesito autores católicos que quieran incendiar al mundo con el amor de Dios. Buscamos editar libros de bolsillo que no tengan más de 40 páginas 8 ½ X 11. Con un lenguaje sencillo, fáciles de leer, que se lean de un tirón. Y que calen hondo al lector. Que ayuden a recuperar el amor a Dios, a la Iglesia, el deseo de santidad. Libros positivos, con un mensaje de esperanza y la Buena Nueva de Jesús. La alegría de ser católico.

Nosotros haremos nuestra parte. Dios hará lo demás.

Los libros se ofrecerán a librerías de Panamá, Chile, Argentina, Colombia, España, Brasil, Estados Unidos, y otros países.

¿Qué tenemos para empezar? Contamos con la bendición del arzobispo de Panamá, nuestra confianza en el buen Dios, y nuestra fe. Es todo.

Sentimos en lo más profundo del corazón una certeza de que el Padre desea este proyecto. Esto me mueve a seguir, a pesar de los muchos inconvenientes.

Los primeros libros serán editados en septiembre de este año, luego vendrán CDs de música, reflexiones y postales con fotos y pensamientos.

¿Que es casi imposible? ¿Que es una locura? Para ambas preguntas hay una respuesta afirmativa. Lo sé. Pero sabemos también que no estamos solos, que el Buen Dios nos acompaña en este proyecto. Y, sí, es una locura. ¿Acaso no somos los católicos unos locos de amor por Dios? Hay que lanzarse en ocasiones con los ojos vendados al mar de Dios, sobre todo cuando somos portadores de un mensaje maravilloso: «Que Dios nos ama, que las puertas del Paraíso se abrieron para todos».

¿Eres católico y escritor? Bienvenido a nuestra pequeña editorial.

Claudio de Castro, Editor.
Ediciones Ana B.
Panamá, R. Panamá
edic_anab@yahoo.com.ar
cv2decastro@hotmail.com

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Títulos disponibles
(a partir de septiembre)

Cuando ya no puedo más
Colección: Cuadernos de espiritualidad
A veces la vida nos enfrenta a problemas para los que no encontramos solución. Surge entonces un grito desesperado: «Señor, ya no puedo más». Este libro te guiará hasta el final del camino, donde te aguardan la esperanza, la paz interior, la fortaleza y la fe. Un librito acogedor que todos debiéramos leer.

Para ser santos
Colección: Panes y peces
Todos somos pecadores. ¿Quién podrá ser santo? Un sacerdote nos dio una sabia respuesta: «Santo no es el que nunca peca, sino el que siempre se levanta». Estás llamado a la santidad y tienes los medios a tu alcance. Sólo falta que te decidas. Este maravilloso libro te ayudará a iniciar el camino, en la Escuela de María.

El camino del perdón
Colección: Caminos de santidad
«El Señor sembró en tu alma buena simiente... Pero con ingenua sorpresa, has descubierto que el enemigo ha sembrado cizaña en tu alma». Estas palabras de san Josemaría Escrivá inician este libro extraordinario que nos enseña que se puede perdonar y pedir perdón. Sobre todo perdonarnos a nosotros mismos.

¿Por qué soy católico?
Colección: Cuadernos de espiritualidad
Un libro interesantísimo que conmueve y nos muestra el mundo de un católico que lo es por convicción. Y tú, ¿por qué eres católico?

EL OBSERVADOR 421-13

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PICADURA LETRÍSTICA
Isabel, olor de santidad
(segunda de tres partes)
Por J. Jesús García y García

Acuérdate de que tenemos que rendir cuentas ante Dios,
y las cuentas que nos va a pedir a nosotros, los reyes, son mucho
más estrechas que las que pide a ninguno de nuestros súbditos.
ISABEL I DE CASTILLA

La investigación histórica sobre la reina Isabel, efectuada entre 1958 y 1989, requirió el examen de más de 100 mil documentos, muchos de ellos inéditos, de los cuales se seleccionaron, recopilaron y anotaron críticamente 3 mil 160, encuadernados en 27 volúmenes enviados a la Congregación de las Causas de los Santos. La aprobación de la positio (edición de las investigaciones y testimonios del proceso diocesano) se logró en sólo dos años. Conforme se acerca el quinto centenario de su muerte (26 de noviembre de 2004), aumenta la esperanza de que -ese día, de preferencia, o uno más o menos cercano- la espiritual y virtuosa Isabel I de Castilla sea beatificada y posteriormente pase a formar parte del santoral. Empero, a mi juicio, habría que evitar colgarle a la Católica otros títulos que ella misma sin duda rechazaría, como ese de «La Primera Mujer del Segundo Milenio», que con buenas razones se le puede disputar, o el otro de «Madre de América», desechable por elemental recato y porque más parece un título para María Santísima.
Es tan abundante la bibliografía isabelina que nada importante se desconoce de esta mujer heroica y sólo hay discrepancias en cuanto a datos históricos secundarios. Verdadera controversia únicamente la hay en el terreno de las interpretaciones de inspiración política, rozadas a menudo por un sectarismo emanado o pariente de la leyenda negra antiespañola.

Cuando a alguien se le declara santo se le constituye en ejemplo de conducta para el pueblo de Dios. La ejemplar fe católica que profesaba Isabel inspiraba sus actitudes más profundas. Sus cartas a fray Hernando de Talavera en busca de dirección espiritual bastarían para conocer el alma de esta mujer que, como se ha dicho, «vivía y reinaba desde Dios y para Dios». En suma, la reina manifestó su profundo amor a la Iglesia y al Papa en mil momentos y circunstancias, dificilísimas algunas de éstas, como cuando, por conducto del nuncio respectivo, se atrevió a reprender al pontífice Alejandro VI por la conducta poco edificante de éste. Además, consciente de la necesidad de una auténtica coherencia de vida en los sacerdotes y religiosos, emprendió en España una intensa reforma eclesiástica.

En lo civil y administrativo, el aquí y el ahora de Isabel determinaron su actuación entera, independientemente de la bondad intrínseca del contexto. Aquí es preciso hablar algo de la conquista de América: durante el siglo XV se había desatado una contienda entre los reinos ibéricos por la conquista de más tierras y logro de mayores hazañas. Llevaba la ventaja Portugal que, al amparo de la tradición medieval que atribuía al Papa una autoridad soberana en los asuntos temporales, había obtenido, entre 1418 y 1481, cinco bulas pontificias que, yendo cada vez más a lo expreso, reconocían a los reyes lusitanos el derecho de ocupar y conquistar la parte sur del continente africano. En esta coyuntura se presentó Cristóbal Colón, ávido también él de aventuras y de enriquecimiento, a despertar el espíritu de competencia de los reyes de Castilla y Aragón. Parece que por la mente de éstos -una vez llegado Colón a americanas latitudes- no pasó alguna vaga idea de que los habitantes de las islas y tierra firme recién halladas pudieran ser los dueños legítimos, sino que las consideraron res nullius -cosa de nadie-, y aplicaron sin más el principio jurídico de que la ocupación material de lo no perteneciente a ninguno es modo válido de adquirir la propiedad, y pidieron al Papa en turno no iguales sino mejores concesiones que las concedidas a Portugal. Jugó mucho para estos afanes la perspectiva del beneficio económico, pero, gracias sobre todo a Isabel, se introdujo firmemente la idea de la propagación de la fe.

Pronto los Reyes ordenaron a Colón: «...Sus Altezas, deseando que nuestra santa fe católica sea aumentada y crecida, mandan y encargan al dicho Almirante, Virrey y Gobernador, que por todas las vías y maneras que pudiere, procure y trabaje a traer a los moradores de las dichas islas y tierra firme a que se conviertan a nuestra santa fe católica... traten muy bien y amorosamente a los dichos indios, sin que se les haga enojo alguno y procurando que tengan los unos con los otros mucha conversación y familiaridad, haciéndose las mejores obras que se pueda...»

Pero ya había ocurrido, según Gonzalo Hernández de Oviedo, que «seis indios llegaron con el primer Almirante a la corte de Barcelona, por abril de 1493; y ellos, de su propia voluntad o aconsejados, pidieron el baptismo, e los Católicos Reyes por su clemencia se lo mandaron dar que, juntamente con sus Altezas, el serenísimo Príncipe don Juan, su primogénito y heredero, fueron los padrinos...». Después, en abril de 1495, atracaron en Sevilla cuatro naves en las que enviaba el Almirante, «según lo relata quien allí los vio, quinientas ánimas de indios e indias, todos de buena edad, dende doce años hasta treinta y cinco... e vinieron ansí como andaban en su tierra, como nacieron, de lo cual no habían más empacho que alimañas, los cuales todos vendieron, y aprovecharon muy mal, que murieron todos los más que no les probó la tierra». Tras muchas digresiones de todo género y estériles divagaciones, el 20 de junio de 1500, mediante empeñosas instancias de Isabel, se ordenó poner en libertad a los llevados de las Indias y volverlos al lugar de su origen; pero muchos, en el ínterin, habían sido compelidos a trabajos serviles.

EL OBSERVADOR 421-14

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FIN

 
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