El Observador de la Actualidad

EL OBSERVADOR DE LA ACTUALIDAD
Periodismo católico para la familia de hoy
17 de agosto de 2003 No.423

SUMARIO

bulletREPORTAJE ESPECIAL - El catolicismo en Estados Unidos: entre la crisis, la oferta y la esperanza
bulletCARTAS DEL DIRECTOR - Elogio a mis padres
bulletEL RINCÓN DEL PAPA - El "testamento espiritual" de Paulo VI
bulletORIENTACIÓN FAMILIAR - Mi marido no toma conciencia
bulletPINCELADAS - Mirar al ideal
bulletREPORTAJE - Versiones de la Biblia en español
bulletLOS VALORES DE LOS MEXICANOS - Tradición: un valor que «hace» a la familia
bulletCULTURA - Ética de mínimos y ética de máximos en una democracia dialógica
bulletCRÍTICA DE MEDIOS DE COMUNICACIÓN - Que te vean
bulletPor un periodismo que opine sin herir
bulletPICADURA LETRÍSTICA - Isabel, olor de santidad (tercera y última parte)
bulletTESTIMONIO - Una historia con final feliz
bullet¿Tienes el valor o «te vale»?

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REPORTAJE ESPECIAL
El catolicismo en Estados Unidos: entre la crisis, la oferta y la esperanza
Por JSC / Enviado

Un par de semanas después de asumir su misión, monseñor Sean O'Malley, nuevo arzobispo de Boston, decidió dar el primer paso hacia lo que los periodistas anticatólicos de Estados Unidos llaman «lavar la cara de la Iglesia católico-romana»: ofreció 50 millones de dólares (540 millones de pesos), aproximadamente) a más de 500 personas que han presentado evidencias de haber sufrido abusos sexuales por sacerdotes de esa arquidiócesis.

El doloroso episodio -aunado a las dos renuncias de obispos, la remoción del cardenal Law y los escándalos sexuales de algunos sacerdotes más, proceso que ya alcanza los 19 meses de haber explotado en la prensa nacional y mundial- ha arrastrado a la Iglesia católica de Estados Unidos (el tercer país en el mundo con mayor número de católicos, con cerca de 60 millones de personas) hacia una encrucijada de la cual ni puede ni deber salir igual: o se pierde en la mediocridad de otras múltiples manifestaciones religioso-sectarias de este inmenso país -iglesias tipo barra-de-ensaladas- o se renueva y fortalece.

Lo que está en juego no es cualquier cosa: se trata del futuro de la fe verdadera en el país más poderoso del planeta, aquél que, a través de su millonaria industria de las comunicaciones (cine y televisión) influye en todo tipo de personas, en los sitios más alejados, de las maneras más inverosímiles. Se trata, también, del futuro de la identidad católica de 70 por ciento de los 37 millones de hispanos -la mayoría mexicanos- que hoy habitan «legalmente» Estados Unidos.

Encuentros y desencuentros sobre el futuro del catolicismo

Existen, en las grandes cadenas de librerías de Estados Unidos como Barnes & Noble o Borders, estantes completos de libros que hablan de religión (mezclados, es cierto, con literatura «inspiracional» y «New age»). Muchos hablan sobre religión católica. La mayoría de estos últimos tocan la crisis de los abusos sexuales y el catolicismo que viene en esa nación americana. Los títulos más emblemáticos son: Toward a New Catholic Church (Hacia una nueva Iglesia católica) del ex sacerdote y columnista del Boston Globe, James Carroll; The Courage to Be Catholic (El coraje de ser católico) del biógrafo del Papa Juan Pablo II, George Weigel; The Comming Catholic Church (La Iglesia católica que viene) del converso David Gibson y How to Win the Culture War (Como ganar la guerra de la cultura) del profesor y escritor Peter Kreeft o A People Adrift (La cita de la gente) del columnista Peter Steinfels.

Libros que hablan desde todos los rincones de la ideología cristiana, desde la izquierda radical de Carroll hasta el conservadurismo liberal de Weigel o el anti-intelectualismo de Kreeft, pero que coinciden en un mismo punto: las cosas, en la Iglesia católica de Estados Unidos, no pueden seguir así. James Carroll propone, como tantos ex sacerdotes, el fin del celibato, la permisividad con respecto a los divorciados, el cambio del control natal y la ocurrencia de un Concilio Vaticano Tercero, que incluya a católicos y no católicos. Por su parte, Weigel afirma que los escándalos sexuales son la peor crisis de la Iglesia de Estados Unidos, pero que esos escándalos denotan, simplemente, una «crisis de fidelidad» que podría superarse si los sacerdotes y los laicos se comprometieran con el magisterio de la Iglesia.

David Gibson -quizá por haberse convertido ya adulto al catolicismo-ve las cosas menos complicadas que sus colegas. Para él, en una especie de simplismo muy estadounidense, lo único que tiene que pasar es que en la Iglesia se deseche, de una vez por todas, lo que llama «el clericalismo», esto es, la mentalidad que privilegia la fraternidad entre los sacerdotes sobre el trabajo conjunto con los laicos. «Por esta mentalidad -escribe Gibson-es por la que se dieron los abusos sexuales, por la protección de los sacerdotes abusivos de parte de sus congéneres». La Iglesia católica recuperará su papel en Estados Unidos cuando sea capaz de involucrar a los laicos en acciones y en sus decisiones, apostilla Gibson.

Por su parte, Peter Kreeft define en su libro la guerra que se tiene que emprender para salvar la fe en Estados Unidos de las garras del matrimonio del sexo y el dinero. Una guerra, dice, sin cuartel pues toda, absolutamente toda la sociedad estadounidense se encuentra en crisis. Para este autor «el arma secreta que ha de ganar la guerra (para la fe) es una y muy simple: la santidad». Pero no es fácil convertir a una nación cuyos niveles de consumo triplican los de Europa y septuplican los de países como México. Sin embargo, se trata de la única salida, la única posibilidad no sólo de recuperar el camino de la Iglesia sino de la cultura de la vida, que la Iglesia defiende. Mientras eso sucede, el último de los autores citados, Peter Steinfeld cree que la Iglesia está en el vértice de dos caminos; uno hacia la declinación de su presencia en la Unión Americana, y otro hacia el liderazgo tras una tremenda transformación.

La savia hispana de un árbol plantado en patio ajeno

Mucho de lo que puede pasar en la Iglesia católica de Estados Unidos está en manos de los inmigrantes «legales» de origen hispano, la mayor parte de origen mexicano, país de 104 millones de personas donde 87.9 por ciento de la población se dice católico. Sin embargo, una reciente encuesta -la más larga en su tipo llevada a cabo en la historia, con dos mil 300 entrevistas telefónicas, 436 entrevistas a líderes hispanos y 268 a líderes religiosos de 45 congregaciones en todo Estados Unidos, incluyendo San Antonio, Houston, Los Ángeles y Chicago, las ciudades con mayor población hispana y con un margen de error de uno por ciento- demuestra que la segunda y la tercera generación de inmigrantes (los hijos y los nietos) se están, peligrosamente, decantando hacia las diversas formas de protestantismo que existen en la Unión Americana.

En efecto, la investigación a la que tuvo acceso El Observador (y que todavía se encuentra en proceso) llamada The Hispanic Churches in American Public Life (Las Iglesias hispanas en la vida pública de los Estados Unidos) señala que la afiliación religiosa de los hispanos permanece sobre 70 por ciento de la población inmigrante total; sin embargo, ya hay 23 por ciento de los 37 millones que son protestantes, mientras que 6 por ciento pertenecen a otras denominaciones religiosas y uno por ciento declara no tener ninguna preferencia. Por lo demás, el dato más duro del proyecto es el siguiente: la primera generación de inmigrantes hispanos es 74 por ciento católica; la segunda generación, 72 por ciento, pero la tercera generación, es decir, los nietos de quienes se quedaron a vivir en Estados Unidos, tan sólo son 62 por ciento católicos.

¿Cuál es el motivo de esta deserción? La verdad el asunto es variable. Por ejemplo, dice el San Antonio Express News en su edición del sábado 9 de agosto, un inmigrante como Mario Ramos, de 51 años de edad, hijo de inmigrantes católicos y que ahora es ministro evangélico, dejó la Iglesia católica a los 17 años porque su párroco «no contestaba las preguntas que él le hacía tales como ¿por qué rezamos a los santos?, o ¿por qué tenemos que irnos a confesar?» Según Ramos, los ministros evangélicos sí le respondieron a satisfacción. Y se fue. A un mercado en constante expansión. Basta encender el televisor un domingo por la mañana. Y ver a los tele predicadores haciendo «su trabajo», es decir, presentando su confesión religiosa como se presenta un lote de autos usados: con los mejores modelos, ofertas y descuentos.

Otro estudio, éste del Barna Research Group, realizado en el año 2000, demuestra que, cuando los hispanos dejan la Iglesia católica, mucho de ellos escogen la guía religiosa de las iglesias evangélicas o carismáticas (mucho ruido; mucho brazo en alto; mucha «espiritualidad de masa»), especialmente las iglesias pentecostales, en las que 88 por ciento de los ex católicos hispanos que, por desgracia, dejaron la Iglesia fundada por Cristo dicen que «han vuelto a nacer de nuevo». ¿Cuál es, en el fondo, la oferta? Según el padre Virgilio Elizondo, codirector del proyecto de investigación sobre el papel de las iglesias hispanas en la vida pública de Estados Unidos, y fundador del Centro Cultural México-Americano de San Antonio, tiene la respuesta: «la agresiva oferta pública de muchas iglesias evangélicas, sus excitantes servicios religiosos, su predicación dinámica de la Biblia y su énfasis en las características de la cultura hispana atraen a muchos inmigrantes». Lo dicho: mucho espectáculo, poco sacrificio. La cultura católica corre peligro de desaparecer entre la barra de ensaladas que ofrece el mercado «religioso» de Estados Unidos, en especial a personas con alto sentido religioso como son los inmigrantes hispanos en general, y mexicanos en particular.

Los disneylandias de la mullida religiosidad

En Estados Unidos nacen iglesias cada día. Un país en cuyos billetes está la leyenda «In God we Trust» («En Dios confiamos») no puede ser más que un país profundamente marcado por una espiritualidad mercadotécnica, algo financiera, sin la profundidad que representa la Encarnación de Cristo. Las preguntas de Ramos a su párroco son sintomáticas de la red que tiende el mercado para captar almas. A la dura austeridad del confesionario, donde el hombre se reconoce humilde ante Dios, Estados Unidos está substituyéndola con la mullida atracción de la religiosidad a la carta, donde cada quien hace su menú y donde cada quien puede guiar a sus semejantes hacia una forma de negocio que transita en los límites del cinismo. En un barrio de clase media alta de Houston, por ejemplo, acaba de nacer la «Iglesia Unificada de Champion Forest», con dos o tres mil familias que le rezan a quién sabe quién, pero que aportan, eso sí, cantidades ingentes de dinero a su líder «espiritual». ¿Las instalaciones? Lo más parecido a un centro de atracciones que usted haya visto jamás.

EL OBSERVADOR 423-1

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CARTAS DEL DIRECTOR
Elogio a mis padres
Por Jaime Septién Crespo

Mi familia y yo hemos vivido semanas difíciles, que nos han unido en torno a lo esencial. Primero, nuestro padre al borde de la muerte. Angina de pecho, 87 años de edad: ¿resistirá una operación a corazón abierto? Gracias a Dios y al magnífico trabajo de los médicos mexicanos, resistió, salió adelante, ya se recupera en casa. Más adelante, mi madre con una embolia cerebral. La segunda en sus más de 80 años de vida. Más grave que la primera. Perdió el habla; estuvo en el abismo un día completo. Pero salió adelante. Ya recuperó el habla y las ganas de vivir.

«Están hechos de otra madera», suelo repetir a la gente que me pregunta por su salud. Y es cierto: están hechos con la madera fina, resistente de la fe en Dios. Cuando estaban en diferente hospital su mayor preocupación era que el otro (han estado casados por 62 años) no se enterara de la gravedad de su mal, «para no preocuparlo». Ese constante pensar en la tranquilidad ajena, ¿no es, acaso, una de las más grandes muestras de la abnegación cristiana? En efecto, abnegación quiere decir negación de sí mismo, entrega a los demás. Todo lo contrario al egoísmo depredador, mal de la época. Dicho en frase de Kant: «la perfección para mí, la felicidad para el otro».

Estuve platicando con mi padre antes de entrar a la sala de operaciones. Rescato su sentido del humor, su claridad de juicio y su afable enfrentamiento con la muerte. No que quisiera encontrarla, no; sino que percibía en ella una puerta que se abre, «un cambio de misión», como diría Tolstoi. Siendo doctor, como lo es él, sabía con precisión lo que podría pasarle en el quirófano. Dictó instrucciones, habló de cosas prácticas, pidió toda la protección para mi madre y, acto seguido, confiando en un cirujano católico (Alejandro Rey), tras haberse confesado y comulgado, recibido la unción extrema, fue a las manos de Dios. Triunfó por su fortaleza y por su aceptación de la voluntad divina.

Lo mismo mi madre, quien ha sido el motor de la fe en la familia. ¿Qué madre no lo es? Tras su embolia lo único que le hacía sentido era estar de nuevo en casa, con su marido. Ya que lo ha visto, que ha vivido con él otros días más, en la quietud de un matrimonio que se extiende por seis décadas y diez hijos, se alegra como la primera vez, hace 70 años, cuando veía a un muchacho «poquita cosa» andar en bicicleta frente a su casa. ¡Ésa es la fuerza del amor y no las tonterías de la televisión o las cursilerías del cinematógrafo! «Donde hay amor, ahí está Dios» puso Tolstoi por título a un cuento suyo. Y es preciosa la frase. Porque es verdadera.

Todo triunfo de la carne humana es efímero. ¿Cuánto tiempo más nos vivirán? Nadie lo sabe. Pero están con nosotros, cumpliendo una misión que todavía no termina. Por eso Dios les concedió más tiempo en la Tierra. Porque Dios nos concede el tiempo exacto para cumplir nuestro trabajo, que es el sueño mediante el cual fuimos concebidos. El sueño de nuestros padres y su sueño de eternidad.

EL OBSERVADOR 423-2

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EL RINCÓN DEL PAPA
El "testamento espiritual" de Paulo VI

Juan Pablo II, en reciente audiencia general, considerando que dos días antes (el 4 de agosto) fue el centenario de la elección de san Pío X como sucesor de san Pedro, y el 25 aniversario del fallecimiento de Paulo VI, no hizo su habitual comentario acerca de los salmos y los cánticos bíblicos que se emplean en la Liturgia de las Horas, sino que dedicó la sesión a recordar a los dos pontífices mencionados.

Del papa Sarto (san Pío X) recordó las palabras que empleara Pío XII al elevarlo a los altares durante el Año Mariano de 1954: «Invicto campeón de la Iglesia y santo providencial de nuestros tiempos», cuya obra tuvo «el aspecto de una lucha comprometida de un gigante en defensa de un inestimable tesoro: la unidad interior de la Iglesia y su íntimo fundamento: la fe».

Y refiriéndose luego al papa Montini, llamado a la presencia de Dios el 6 de agosto de 1978, Juan Pablo II dijo: «Era el ocaso del día en el que la Iglesia celebra el misterio luminoso de la Transfiguración de Cristo, 'sol sin ocaso'. Era domingo, Pascua semanal, Día del Señor, don del Espíritu».

«Hoy -continuó el Papa-, en el mismo lugar donde él concluyó su jornada terrena, deseo volver a escuchar idealmente junto con ustedes su testamento espiritual, aquella palabra ultima y suprema que fue precisamente su muerte».

Así, Juan Pablo II reveló el contenido del último Angelus preparado por Paulo VI: «Volviendo la mirada al Cristo trasfigurado había escrito: 'Aquella luz que lo inunda es y será también nuestra parte de herencia y de esplendor. Estamos llamados a compartir tanta gloria, porque somos participantes de la naturaleza divina'".

«Para los creyentes -agregó el papa Wojtyla- la muerte es como el amén final de su existencia terrena. Así ha sido ciertamente para el siervo de Dios Paulo VI, que en el 'gran tránsito' hizo manifiesta su más alta profesión de fe. Él, que a la clausura del Año de la Fe, había proclamado con solemnidad el 'Credo del Pueblo de Dios', lo selló con un último muy personal amén, como coronación de un compromiso por Cristo que había dado sentido a toda su vida».

EL OBSERVADOR 423-3

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ORIENTACIÓN FAMILIAR
Mi marido no toma conciencia
Yusi Cervantes Leyzaola

PREGUNTA

Tengo 2 años de haberme casado. En un principio vivimos por 2 meses en casa de su mamá y cuando teníamos alguna discusión él corría a la recámara de su mamá a contarle todo. Yo muchas veces me quedaba en el cuarto esperando a ver qué iba a seguir. En dos ocasiones me corrió de la casa de su mamá y yo sin saber qué hacer me iba con toda mi ropa. Ya que a él le remordía la conciencia me llamaba a mi celular pidiéndome perdón para que regresara, y yo, como no tenía a dónde ir, pues regresaba.

Cuando nos entregaron nuestra casa nos fuimos a vivir juntos, pero nuevamente comenzaron los problemas. Él, como no estaba acostumbrado ni sabía lo que era tener una responsabilidad, comenzó a tomar vino, pero no era una copa, eran muchas, y además no sólo era el vino sino que también él toma pastillas para los nervios, antidepresivos y anticonvulsivos. Entonces con el vino y tanta pastilla se cruzaba y comenzaba a ponerse agresivo. Ya cuando no podía controlarse ni controlar la situación se iba de la casa. Y yo, desesperada, muchas veces me salía a buscarlo para que volviera, pero nunca tenía éxito.

En una ocasión, como él nunca ha sabido dialogar y siempre cuando hemos tenido algún problema corre a llamarle a la mamá o a alguien de mi familia para darle la queja, estuvimos a punto de divorciarnos. Yo, como lo amo demasiado, le dije que nos diéramos la oportunidad de hacer algo por nuestro matrimonio. No nos divorciamos y comenzamos a ir con una psicóloga, misma que nos ayudó en cuanto a que él dejó de tomar; pero, desgraciadamente, esto duró sólo 2 meses, y cuando asistimos a una sesión con la terapeuta él le dijo que todo iba super bien y que ya no tomaba, entonces ella nos dio de alta. Yo, con la rabia y el coraje de que no hubiera dicho la verdad, me quedé callada. Después, nuevamente en una de las ocasiones que volvimos a discutir y él corrió a casa de la mamá, tuve que llamarle a la psicóloga porque no sabía qué hacer. Desde octubre del 2002 no he dejado de ir a mis terapias; también me aconsejó a que fuera a un grupo para personas que conviven con Alcohólicos (Al-anón) y desde abril estoy yendo a este grupo para tener más apoyo. Por supuesto que mi marido odia al grupo y a mi psicóloga porque me dice que en vez de hacerme bien me están haciendo daño. Yo sé que no es cierto porque es su excusa para hacerme sentir mal y él poderse defender.

En abril volvimos a discutir y él se fue de la casa. Estuvimos por 2 meses separados y tuvimos la oportunidad de hacer un viaje a Estados Unidos. Me rogó mucho y me prometió cambiar; yo, perdiendo mi dignidad, nuevamente cedí y nos fuimos al famoso viaje. En el viaje prometió hacer algo por él y por nosotros para tener una vida buena y feliz. Regresando se fue a vivir nuevamente a la casa y el gusto me duró sólo por una semana, cuando se fue nuevamente y sacó todas sus cosas personales y cosas que él había comprado para la casa (TV, estéreo, cama, etc.)

He estado hablando con él y hasta le he pedido el divorcio porque no es posible que tenga esos arranques. Por más que hablo con él no toma conciencia de las cosas, y lo peor es que su familia le cree todo.

No sé que hacer, lo único que quiero es saber a quién acudir porque soy una persona católica y para mí significa mucho el sacramento del matrimonio.

RESPUESTA

Como has podido constatar por ti misma, no es suficiente con dejar de tomar: el alcohólico necesita modificar su personalidad, es decir, necesita superar lo que en Alcohólicos Anónimos llaman defectos de carácter y que aquí podemos llamar problemas emocionales. Entre las características de personalidad del enfermo alcohólico, beba o no beba, están algunas que has mencionado respecto a tu marido: inmadurez emocional, dependencia, tendencia a evadir los problemas, desintegración interior, depresión, incapacidad de amar, inaccesibilidad emocional, mundo de fantasía, mentiras frecuentes, angustia existencial, incapacidad de tolerancia a la frustración...

A los problemas del alcoholismo hay que sumar los otros que tiene tu marido, por los que le han recetado esos medicamentos. Él es un hombre enfermo. Pero solamente él puede decidir superar sus problemas. Puedes hablar con él hasta el cansancio, rogarle, suplicarle, presionarlo: no va a funcionar. Él necesita tocar fondo, y el tenerte a ti dispuesta a recibirlo después de cada arranque no le ayuda en esto. Tampoco ayuda que en su familia le crean todo, y que lo sigan solapando y protegiendo. No sé si tú ya has hablado claramente con ellos. Si no es así, hazlo. Tal vez no te hagan caso, pero al menos tendrás tranquila la conciencia respecto a haberlo intentado.

No dejes tu terapia con la psicóloga ni al grupo de Al-anón. Son muy importantes para sostenerte y ayudarte a asumir tu propia vida.

Respecto a tu matrimonio, me parece conveniente que acudas al tribunal eclesiástico a plantear tu situación.

Como sabes, no hay divorcio en la Iglesia, pero ésta sí permite la separación cuando la situación es insostenible, y hasta podría analizarse la posibilidad de la anulación.

En todo caso, no aceptes reiniciar la vida con tu esposo a menos que él verdaderamente cambie (no sólo que prometa cambiar): que, como te prometió un día, haga algo por él, es decir, que sane emocionalmente, que adquiera la madurez necesaria para vivir el compromiso y la intimidad que implica el matrimonio. Mientras tanto, vive tu vida, cuida de ti misma, sigue creciendo. Como debes estar aprendiendo en Al-anón, tienes que aprender a separar tu salud emocional de la enfermedad de tu marido. Mantente firme y serena. No sé si tu matrimonio pueda rescatarse, lo que sí sé es que tú puedes rescatar tu vida.

La psicóloga Yusi Cervantes Leyzaola responderá las preguntas que le envíen a la dirección de El Observador: Reforma 48, apdo. 49, Querétaro, Qro. C.P. 76000; o que se le hagan al teléfono 228-02-16. Citas al 215-67-68. Correo electrónico: cervleyza@msn.com

EL OBSERVADOR 423-4

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PINCELADAS
Mirar al ideal
Por Justo López Melús *

Bucéfalo se llamaba el célebre caballo de Alejandro Magno. Sólo Alejandro era capaz de montarlo. Los demás que lo intentaban todos caían por tierra. Un día Alejandro descubrió el secreto: el caballo se asustaba de su propia sombra. Bastaba con no dejarle verla. Bastaba con enfilar sus ojos hacia el sol, sin dejar que se apartase de la dirección del sol, para que Bucéfalo se amansara.

Parece que el mundo está lleno de «bucéfalos», gentes que se pasan la vida mirando las sombras del pasado, asustados por los miedos del futuro. Lo que importa es enfilar nuestra mirada cara al sol, cara a nuestro deber, a nuestra tarea de cada día. No asustarse de los fracasos, y mantenerse firmes mirando al ideal.

* Operario Diocesano en San José de Gracia en Querétaro.

EL OBSERVADOR 423-5

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REPORTAJE
Versiones de la Biblia en español
¿Qué versión de la Biblia es mejor? Un recorrido por las diferentes traducciones de la Biblia en castellano

Al hablar de las versiones en español de las Sagradas Escrituras es imposible mencionar todas las Biblias traducidas a nuestra lengua. Por lo tanto, indicamos algunas que por su importancia o su difusión valen la pena de ser comentadas.

Todas, si no se señala lo contrario, son traducidas directamente de las lenguas originales e incluyen introducciones y notas.

Versiones de 1944 a 1960

Nácar-Colunga (1944). Primera traducción católica de la Biblia completa hecha de las lenguas originales, marcando así una nueva etapa. Se le considera de gran limpieza, claridad y pureza de estilo. Editada en la Biblioteca de Autores Cristianos en 1944, continúa disponible hoy en día en prácticamente todas las librerías católicas. Las notas se han ido reduciendo y no son particularmente fáciles de manejar en las últimas ediciones debido a que se han colocado hasta el final del libro. Ha tenido una gran difusión esta versión.

Bover-Cantera (1947). Conjunto más elaborado. Tiene de fondo un criterio doctrinal: hermanar la más estricta ortodoxia con la sana modernidad. Expone sus principales criterios literarios de traducción que se sintetizan en buscar lo máximo en fidelidad, literalidad, diafanidad e hispanidad. Todo es por respeto al autor, a la lengua original, al lector y al idioma castellano. Es una Biblia de estudio. Editada en la BAC en 1947. Ha sido revisada.

Straubinger (1944-51). La «primera versión católica americana hecha sobre los textos primitivos», así la titula el mismo traductor, de nacionalidad alemana pero radicado en Argentina. Traducción y comentarios de un solo autor. Sin excluir las notas científicas y técnicas, se interesa en comentarios de tipo práctico que hagan descubrir la unidad de toda la Escritura. Esta Biblia comentada es de un gran valor, especialmente en lo que a notas sobre doctrina católica se refiere. Actualmente la ha reeditado en México la librería Beityala (www.beityala.com)

Versiones dese 1960 hasta el día de hoy

Biblia de Jerusalén (1ª edición española de 1967). La traducción original francesa fue realizada bajo la dirección de L'École Biblique de Jerusalén. Primero se editó en fascículos y después ya en conjunto. Es una Biblia que en francés y en distintos idiomas ha tenido una profunda aceptación por sus introducciones, paralelos que ofrece, etc. Y se convierte en un instrumento indispensable para el estudio científico de las Escrituras. Fue revisada en 1973. La edición española ha traducido los textos de las lenguas originales según la crítica textual y la interpretación del original francés. Los títulos, subtítutos, apéndices y notas han sido traducidos del francés. Una Biblia con profundas notas sobre la traducción, aunque en lo referente al antiguo testamento la mayoría se refieren a temas de gramática, lingüística y traducción. Se le considera una «Biblia para especialistas», pero la fidelidad del texto la hace muy práctica y útil para cualquiera.

Biblia Latinoamericana (1972). Es una Biblia de tipo popular, con vocabulario al alcance de todos. Los autores han pretendido relacionar la Palabra con la realidad social que vive Latinoamérica. Los comentarios, traducción y notas van en esta línea. Utiliza distintos tipos de letras (aun en el texto bíblico) para presentar, por ejemplo, las diversas tradiciones del Pentateuco. Ha tenido gran difusión y con el tiempo se ha ido revisando.

Cantera-Iglesia (1975) Revisión de la Bover-Cantera después de su 6ª edición, con el mismo tipo de criterios fundamentales. Se rehizo, sobre todo, la traducción del Nuevo testamento. Buena para cotejar, especialmente en el Antiguo Testamento, el texto en su lengua original. Contiene aparato de crítica textual.

Sagrada Biblia (Ed. Paulinas, México 1978) del P. Agustín Magaña, mexicano de la diócesis de Zamora. Gran conocedor de la lengua castellana y de la griega. La intención del traductor fue presentar al pueblo «un texto de lectura fácil, claro y preciso y digno de la Palabra salvadora». Tradujo todo del griego, cotejando con otras traducciones. Le faltó un criterio más riguroso para la selección del texto. Su lenguaje es popular y bello; mejor el del Nuevo Testamento. Casi no tiene notas. Las introducciones están tomadas de una edición española de la Santa Biblia, del Centro de Ediciones Paulinas. Se encuentra en prensa una nueva edición con introducciones y notas preparadas por el equipo de biblistas de la Universidad Pontifica de México. Ya apareció el Nuevo Testamento de esta edición.

La Biblia (1992) de la Casa de la Biblia (España). Bajo la dirección de Santiago Guijarro y Miguel Salvador, un equipo presenta una traducción totalmente revisada con amplias introducciones y notas. La Biblia tiene un conjunto unitario de introducciones generales, a bloques de libros, y a cada uno de ellos. Además, a pie de página del texto bíblico, hay oportunas notas explicativas. Hay también una selección de pasajes paralelos, lo mismo que una amplia cronología bíblica y numerosos mapas.

Biblia de América (1994). Edición para nuestro continente de La Biblia (1992).

Sagrada Biblia o Biblia de Navarra (Universidad de Navarra). Esta cuidada traducción tomó más de 25 años de trabajo que finalmente han concluido. Dada la magnitud de la obra, se ofrecen tomos por separado para conjuntos de libros (Pentateuco, Proféticos, Sapienciales, Nuevo Testamento, etc.) La Biblia de Navarra es un extraordinario esfuerzo para brindar una versión con una cuidada traducción pero también con una notable colección de notas explicativas profundas y completas pero asequibles y amenas. Las introducciones son muy notables y brindan un completísimo panorama del contexto, historia, geografía y ubicación en las Sagradas Escrituras de cada libro. Una versión muy lograda que permite no solo comprender correctamente el contenido de la Palabra Divina, sino que, además, brinda información completa sobre la relación del texto con la vida cristiana para hoy en día. Muchos la consideran, hoy por hoy, una de las mejores versiones en castellano de las Sagradas Escrituras.

Fuente: Encuentra.com

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Aclaración

En el número pasado de El Observador se publicó en esta misma página un reportaje titulado «La controvertida Biblia latinoamericana».

A las preguntas que hemos recibido de nuestros lectores referentes a si la versión de la Biblia latinoamericana es confiable o de si está aceptada por la Iglesia católica, la respuesta es sí: la Biblia latinoamericana, en cuanto a traducción de los textos sagrados a la lengua castellana es totalmente ortodoxa y, por tanto, es auténticamente la Palabra de Dios y digna de ser tenida y leída, por lo que los cristianos que tienen un ejemplar de esta versión de la Biblia pueden usarla con tranquilidad.

Los «errores» que señala el artículo se refieren exclusivamente a las notas de pie de página, es decir, a las explicaciones doctrinales que hicieron algunos comentaristas acerca de las Santas Escrituras, y que no son, por tanto, parte de la Biblia.

EL OBSERVADOR 423-6

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LOS VALORES DE LOS MEXICANOS
Tradición: un valor que «hace» a la familia
Por Antonio Maza Pereda

Los mexicanos somos un pueblo que atesora sus tradiciones. Esto nos viene desde nuestros antepasados indígenas, que apreciaban mucho sus «raíces»; y, ciertamente, también nuestros antepasados españoles eran un pueblo con mucho apego a sus tradiciones. En otros ámbitos, como lo social, lo religioso y hasta en lo estético, las tradiciones tienen un elevado lugar en nuestra jerarquía de valores. Por eso no deja de sorprender el que este valor ocupe el décimo lugar en la jerarquía de los valores familiares, si bien, en opinión de profesionales y organizaciones dedicadas a la familia, es un valor que está aumentando su importancia en la escala de valores.

Se trata de un valor complejo, con muchas facetas. Abarca las costumbres, tanto familiares como las comunitarias. Incluye el legado de nuestros ancestros y también la religiosidad popular. Forman parte de la tradición las celebraciones, tanto familiares como comunitarias, y también los relatos de familia, mediante los cuales todos los miembros de la misma sentimos que somos parte de un origen común.

Este valor tiene el efecto de «construir» a la familia. Los lazos de la sangre, poderosos como son, no bastan para construir una relación familiar. Por supuesto que el cariño, el trato diario, van construyendo la unidad familiar. Sin embargo, son las tradiciones ,y en particular las celebraciones, las que dan ocasión para que el cariño y el trato amoroso se manifiesten de una manera especial.

Los relatos de familia construyen familia de varios modos. Los hijos se identifican con la familia a través de los relatos de su propia infancia, las historias de los padres y abuelos, e incluso de familiares más lejanos. A través de esos relatos, que generalmente se dan en el seno de las celebraciones y reuniones familiares, los hijos van desarrollando su sentido de pertenencia a su familia y, en parte, a la propia sociedad. Van desarrollando el sentido de tener un lugar en el mundo y, en cierto modo, el sentido de su propio valor al sentirse parte de algo mayor que ellos mismos.

Por otro lado, las tradiciones son un medio privilegiado para transmitir valores en la familia. ¿Qué celebramos? ¿Por qué es importante esa celebración? Ahí hay mensajes muy poderosos, una verdadera pedagogía de los valores y de su jerarquía. Por ejemplo, los padres que celebran su aniversario de bodas como el día en que se fundó la familia, están dando a los hijos un mensaje muy fuerte: «Para nosotros, la creación de nuestra familia es muy importante y es digna de celebración». Cuando le damos importancia a nuestros hijos, celebrando su cumpleaños y su onomástico, y en la celebración les contamos los detalles del día de su nacimiento, sienten la importancia que le damos a nuestra paternidad y maternidad.

Pero no todo lo tradicional es bueno. Cuando exageramos el respeto por la tradición podemos caer en el conservadurismo, en una resistencia al cambio sin examinar si el cambio es o no bueno. Tal vez esta es la razón por la cual se da un abandono de las tradiciones en las generaciones jóvenes; o tal vez sea que perciben que somos fieles a las tradiciones sin serlo a su espíritu.

Nos toca a las familias atesorar el espíritu de las tradiciones, tanto las familiares como sociales, y vigilar que no pierdan su sentido, que sigan vivas y vigentes y que les hagan a nuestros hijos tanto bien como nos hicieron a nosotros.

EL OBSERVADOR 423-7

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CULTURA
Ética de mínimos y ética de máximos en una democracia dialógica
Por Carlos Díaz

Las éticas de mínimos son deontológicas, pues se ocupan del deón (deber, vertiente normativa), indagando qué requisitos mínimos deben ser universalmente cumplidos, pues cuando tengo algo por justo no estoy expresando un sentimiento meramente subjetivo o grupal, relativo a mi cultura o circunstancia, sino que pretendo que lo tenga por justo cualquier ser racional que quiera pensar moralmente, esto es, que se sitúe en condiciones de imparcialidad y de universabilidad, válidas en todas las circunstancias, referidas a normas universalizables que se han ido concretando en los derechos humanos, derechos que la humanidad ha aprendido a través de la historia, a los cuales sería ya inmoral renunciar, y que, por ende, son transmitidos generacionalmente.

Por su parte, las éticas de máximos son éticas de felicidad (agatológicas: referidas al bien y a la autorrealización personal), pues intentan ofrecer ideales de vida buena. Cuando tengo algo por bueno, por felicitante, no puedo exigir ni imponer que cualquier ser racional también lo tenga por bueno, porque ésta sí que es una opción subjetiva, aunque puedo aconsejar seguir su conducta. En consecuencia, se trata de éticas religiosas.

Diferencias y coincidencias.- Mientras en una sociedad pluralista los ideales de felicidad pueden ser distintos, no sucede lo mismo con las convicciones de justicia. «Cuando tenemos algo por justo, nos sentimos impelidos a intersubjetivarlo, a exigir que los demás también lo tengan por justo, porque ciertamente existe una gran diferencia entre los juicios 'esto es justo' y 'esto me conviene', pero también entre los juicios 'esto es justo' y 'esto da la felicidad'. Si digo 'esto me conviene', estoy expresando simplemente mi preferencia individual por algo, y si digo 'esto nos conviene' amplío la preferencia a un grupo, mientras cuando afirmo 'esto es justo' estoy confiriéndole un peso de objetividad que queda más allá de las preferencias personales y grupales: estoy apelando a modelos intersubjetivos que sobrepasan con mucho el subjetivismo individual o grupal. Decir que 'esto hace feliz' es, por contra, bastante más arriesgado, porque ¿quién se atreverá a decir que esto es lo que hace felices a todos los seres humanos, aunque parte de ellos se niegue a aceptarlo?».

¿Significa esto que en la ciudad democrática estén de más las éticas de máximos basadas en las religiones? No, pues «desde cualquier religión o incluso desde la increencia es posible asumir racionalmente una mínima ética cívica pública. El cristianismo, por ejemplo, no es una ética de mínimos de justicia, sino una religión de máximos de felicidad. Los mínimos de justicia le parecen irrenunciables, y se alegra por ello profundamente de que formen parte de la conciencia moral social de nuestro tiempo; pero tales mínimos no agotan el contenido de la religión cristiana, su viva y rica oferta».

Es posible ser creyente y a la vez ciudadano; fe y razón son bueyes de una misma yunta, aunque con dos niveles distintos de exigencia, niveles autónomos, ninguno de los cuales puede pretender absorber al otro, por eso ni la religión puede suplantar a la moral civil, ni la moral civil puede pretender sustituir a las religiones, jamás una ética de mínimos puede pretender ser un equivalente funcional de la religión. Lo laico no entra en competencia con lo religioso, porque no intenta ofrecer una idea del hombre y de la historia desde la que iluminar la totalidad de la vida.

A su vez «en cada grupo puede existir algún tipo de magisterio reconocido, que tenga una especial autoridad dentro de él. Éste es el caso de gran parte de grupos religiosos. Dado que en una sociedad hay diversas esferas y dentro de cada una de ellas un tipo peculiar de organización, siempre que acepten el marco de conjunto, la existencia de magisterios internos a cada una de las esferas es perfectamente democrática. Atentan contra las posibilidades de convivencia que ofrece una moral cívica tanto los que se empeñan en negar a las iglesias su derecho a expresar su opinión en materia moral, como los que creen desde una iglesia que sólo ella está facultada para dar orientaciones morales y que el resto de las iglesias o de los grupos sociales debería someterse a tales directrices.

Lo racional (mínimo) y lo razonable (máximo).- Esto no signifique que las propuestas religiosas no sean racionales, ni que la razón nada tenga que ver con la felicidad, porque la razón humana es sentiente y el sentimiento racional. Por eso tienen razón quienes dicen que no puede separarse de una forma tajante entre lo justo y lo bueno, ni, por tanto, pensar en qué cosas pueden ser exigibles a toda persona sin tener cierta idea de qué es lo que hace felices a las personas. En consecuencia, hay dos tipos de racionalidad, la de aquello que es universalmente exigible, y la razonabilidad de lo que puede proponerse con pleno sentido, sin ser por ello exigible.

EL OBSERVADOR 423-8

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CRÍTICA DE MEDIOS DE COMUNICACIÓN
Que te vean
Por Santiago Norte

Desde la dama voluntaria del Corazón Chorreante de Melcocha, retratada por la prensa en su sección de «sociales» acariciando la cabeza tiñosa de un niño de arrabal, mientras le entrega un inútil juguete de regalo navideño, hasta la gira por África del presidente George W. Bush, abrazando niñas de Zimbabwe, tocando trompas de elefante en Senegal o visitando hospicios de pequeños con sida en Pretoria, apuestan al mismo objetivo: el lente de la cámara.

No basta hacer el bien: hay que aparecer. El efecto perseguido no es aliviar la tiña del chiquillo de arrabal, o levantar fondos para combatir el sida en Sudáfrica. Es salir a cuadro. Cuántas historias hemos oído de presidentes que van a un pueblo y lo ven bonito, pulcro, barrido y cuando se retiran, tras dejar una cauda de promesas imposibles de cumplir, se retiran diez minutos después los tramoyistas oficiales encargados de presentarle otra fachada en otro pueblo a donde va a ir después de comer en la hacienda del cacique muy su amigo. Muchas.

Pero ahora es al revés: ya no se tapa la realidad. Mientras más cruda, mejor. Ahora lo que se modela es la presencia del personaje «haciendo el bien». La imagen es lo único que permanece. A las acciones concretas, reales, se las lleva el viento. Para aparecer como un ser humano bueno, ético, responsable, solidario, sensible, amoroso, preocupado y luchón en el ánimo de la sociedad, ya sea la de Pénjamo o la del planeta, uno tiene que estar ahí, esperando el flash de la cámara, con el desarrapado necesario y suficiente para retratar bien. Puede uno ser malo, inmoral, irresponsable, crápula, duro como roca, egoísta a más no poder, indiferente ante el dolor del otro, un bodoque insufrible, un impresentable en toda la extensión de la palabra, pero si fue visto por «los chicos de la prensa» sobándole los matojos de pelo al tiñoso, ya la hizo.

Será un ejemplo para la buena sociedad guanajuatense o para el que ve noticiarios en la tele de cualquier rincón del mundo. Y hasta el premio Nobel de la Paz le pueden dar (como andan diciendo que se lo van a dar a Bush). O la medalla al mérito «Espiridión González», instituida por el benefactor de las causas inútiles del barrio de San Filiberto el Chico hace 166 años, para combatir las enfermedades del cuero cabelludo en los niños de corta edad e hijos de matarifes del rastro.

La apuesta se traslada del bien real al bien virtual. Quizá sea una de las apuestas más brutales (por inhumana) de todos los tiempos. Nunca como en esta edad de la imagen habíamos conocido tal cantidad de desgracias, de dolores genuinos, constantes y sonantes. Por otra parte, nunca habíamos tenido tal cantidad de reservas alimenticias, tecnológicas y médicas para llevar alivio tanto a los africanos como a los que habitan los cinturones de miseria de grandes y pequeñas ciudades del país. En lugar de canalizarlos a quienes lo requieren, pagamos al fotógrafo para que me vean los cuates que ando metido de lleno en la caridad y el reconocimiento del otro como yo que sufre.

Al otro no le cambié su vida miserable. Aunque así haya quedado para «los anales de la historia». Y cada vez que alguien le reproche a Bush su espantosa carnicería iraquí, sus asesores de imagen sacarán a relucir el beso al leproso en Botsuana, y cada vez que le reclamen a «la Chiquis» sus amigas (o su marido) de andar gastando mucho en trapos y bisutería, les mostrará la foto que apareció en el periódico local (sección de «sociales»; subsección de «penjamenses ejemplares») tocando la calva costrosa «del pobrecito Pascual, antes que ganara pa'l norte».

EL OBSERVADOR 423-9

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Por un periodismo que opine sin herir

«Hay que construir entre todos una cultura en la que el ataque personal esté mal visto: es posible señalar errores y manifestar discrepancias sin insultos ni descalificaciones globales». Lo defiende en esta entrevista Jesús Acerete Gómez, director de programas de la Fundación Coso, radicada en Valencia, una institución que apuesta por mejorar la formación de los comunicadores, técnicamente y éticamente.

Acerete es partidario de fomentar la capacidad de pedir perdón entre el cuerpo periodístico: «Hay un aspecto en el que Juan Pablo II insiste mucho: la capacidad de pedir perdón cuando uno se ha equivocado en sus afirmaciones, o se ha extralimitado en sus juicios».

¿De qué manera los columnistas y tertulianos pueden acercar a las personas, hacerlas menos indiferentes?

La auténtica comunicación debe buscar unir y ser veraz, procurando poner énfasis en lo bueno que tiene «el otro», sea una persona, una institución o un pueblo. Fácilmente caemos en la actitud malsana de resaltar «lo malo»; quizá tiene más morbo, pero desde luego es más destructivo. En primer lugar hay que buscar unir, que es el fin de la comunicación y del lenguaje.

¿Así pues la información nos hace más solidarios?

Sí, en la medida en que una columna de opinión o un comentario de tertulia aciertan a transmitirnos una realidad o un punto de vista que desconocíamos; un hecho alegre o desolador para una persona o un pueblo, por ejemplo, ya nos están sacando del aislamiento y uniéndonos a los demás. Pueden y deben despertar en nosotros el interés por lo que sucede a otros, padecer con ellos, movernos a pensar remedios: hacernos más solidarios. Además ha de ser un trabajo veraz, que es otro aspecto sustancial de la comunicación.

¿Por qué el periodista a veces es mordaz, y hiere con sus palabras?

No es un problema sólo de periodistas. Es un problema humano, quizá más notorio en los periodistas porque comunican más. Por desgracia es frecuente que el profesional sucumba al afán de notoriedad a cualquier precio; si es preciso a costa de la verdad o del respeto que toda persona merece.

(Resumido de Zenit)

EL OBSERVADOR 423-10

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PICADURA LETRÍSTICA
Isabel, olor de santidad
(tercera y última parte)
Por J. Jesús García y García

No seamos de los que temen que los santos distraigan a los demás
hombres de sus ocupaciones temporales [...] no comprendo cómo un
hombre actual puede temer para el mundo un exceso de espiritualidad.
FRANÇOIS MAURIAC

Del 16 de septiembre de 1501 datan estas instrucciones de los Reyes Católicos a Colón: «Primeramente, procuraréis con mucha diligencia las cosas del servicio de Dios, y que los oficios divinos se hagan con mucha estimación y honor y reverencia como conviene; item, porque Nos deseamos que los indios se conviertan a nuestra santa fe católica y sus ánimas se salven, porque éste es el mayor bien que les podemos desear, para lo cual es menester que sean informados en las cosas de nuestra fe, para que vengan al conocimiento della, ternéis mucho cuidado de procurar, sin les hacer fuerza alguna, cómo los religiosos que allá están los informen y amonesten para ello con mucho amor, de lo manera que lo más presto que se pueda se conviertan, y para ello daréis todo el favor y ayuda que menester sea...; otrosí procuréis cómo los indios sean bien tratados y puedan andar seguramente por toda la tierra, y ninguno les haga fuerza, ni los roben, ni hagan otro mal ni daño, poniendo para ello las penas que viéredes ser menester, y ejecutándolas en las personas que en ello fueren culpantes, y haciendo sobre ello los pregones y defendimientos necesarios». No sabían los Reyes que aquí empezaría el «acátese pero no se cumpla».

En lo personal, Isabel remachó su defensa de los indios disponiendo así en el codicilo que agregó a su testamento: «... por cuanto al tiempo que nos fueron concedidas por la Santa Sede Apostólica las Islas y Tierra Firme del Mar Océano, descubiertas y por descubrir, nuestra principal intención fue al tiempo que lo suplicamos al Papa Alejandro Sexto, de buena memoria, que nos hizo la dicha concesión, de procurar inducir y traer los pueblos de ellas y convertirlos a nuestra santa fe católica, y enviar a las dichas Islas y Tierra Firme, prelados y religiosos y otras personas doctas y temerosas de Dios, para instruir a los vecinos y moradores de ellas en la fe católica, y enseñarlos y doctrinarlos en las buenas costumbres, y poner en ello la diligencia debida, según más largamente en las letras de la dicha concesión se contiene; por ende suplico al Rey mi señor muy afectuosamente, y encargo y mando a la dicha Princesa mi hija y al dicho Príncipe su marido, que así lo hagan y cumplan y que éste sea su principal fin, y en ello pongan mucha diligencia, y no consientan ni den lugar que los indios vecinos y moradores de las dichas Indias y Tierra Firme, ganadas y por ganar, reciban agravio alguno en sus personas ni bienes, mas manden que sean bien y justamente tratados, y si algún agravio han recibido lo remedien y provean por manera que no se exceda en cosa alguna lo que por las letras apostólicas de la dicha concesión nos es infungido y mandado.»

Me falta explicar -y lo hago ahora- la insigne rebeldía isabelina de que hablé en un principio: muy añeja y arraigada era en el siglo XV la práctica de las bodas reales no como un asunto sentimental sino como un negocio político, es decir, un simple problema de Estado. No contaban los sentimientos de los príncipes y princesas, quienes, ya desde niños, sabían que tendrían que sacrificarse por el bien de la corona; su futuro matrimonial quedaba decidido, a veces, aunque el afectado ni tuviera uso de razón o apenas entrara en él. Nadie replicaba, porque se argumentaba el bien común y el interés del país. Había, así, un mercado de sangre regia al que se acudía a ofertar o a demandar. Isabel, caso rarísimo, haciendo su propia lucha y contando con una decisiva ayuda divina, rechazó los diversos casamientos que quisieron imponerle y logró hacer valer su preferencia. Y no sólo fue fidelísima a Fernando, sino que no tuvo empacho en llamarlo -allá ella con su opinión- «el mejor rey de España».

La causa de canonización aquí tratada ha sido motivo de enconadas oposiciones, al interior y al exterior de la Iglesia. Los mexicanos sabemos de eso. Lo vivimos con el caso de Juan Diego. Pero las oposiciones más difíciles de entender son las de fuera. ¿Diríamos los católicos a la masonería quiénes pueden ser los héroes de ésta y quiénes no? ¿O decidiría la FIFA quiénes son elegibles para ingresar al Salón de la Fama del beisbol? Así los redactores de la prensa liberalista anticatólica de España carecen del derecho de discutir las decisiones de la Iglesia, la cual tiene procedimientos muy eficaces para el examen de las causas de los santos y los aplica con santo celo. Yo creo en los resultados correspondientes.

Haber expulsado de España a moros y judíos, haber instituido la Santa Inquisición y haber despojado de tierras y libertad a los indios americanos son los cargos más usados para obstaculizar a la presunta santa Isabel. Ninguno la detendrá en su carrera a los altares. Eso espero.

EL OBSERVADOR 423-11

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TESTIMONIO
Una historia con final feliz
De la Iglesia católica a los Testigos de Jehová ...¡y de vuelta al hogar!

Mi nombre es Williams, y toda mi vida he vivido en Villahermosa.

De niño fui criado en una familia católica. Desde siempre tuve curiosidad por todo lo que tratara sobre el deseo del hombre por conocer a Dios. De hecho alguna vez abrigué el deseo de ser sacerdote. Me fascinaba la Biblia.

Muy joven tuve mi primer contacto con los Testigos de Jehová, pero fue en la adolescencia cuando todo tomó un giro definitivo. En mi inexperiencia creí encontrar la religión verdadera de tal modo que ingresé a la organización de los Testigos a pesar de la negativa de algunos miembros de mi familia. Mi hermana menor hizo lo mismo años después.

Progresé rápidamente, tan rápido que a los 19 años fui nombrado siervo ministerial, y al poco tiempo superintendente de la escuela del ministerio teocrático. Llegue a conocer a detalle la historia de la organización, su doctrina y sus procedimientos administrativos y un poco de los judiciales.

Pero en mi estudio de la Biblia fui encontrando cosas que no estaban de acuerdo con lo que la organización enseñaba. Empecé a ver que enseñanzas sobre las que se basa el sistema doctrinal de los Testigos no tienen fundamento ni bíblico ni histórico, como el inicio del reino en 1914, los siete tiempos, etc.

Pronto fueron aclarándose en mi mente más aspectos que son importantísimos, dada su relación directa con nuestra salvación, como la divinidad de Jesucristo, la identidad histórica y espiritual de la verdadera Iglesia de Cristo, y otros.

Pero la gota que colmó el vaso fue el comportamiento de varias personas dentro de la congregación. Puedo decir con una conciencia limpia y tranquila que siempre traté de seguir al pie de la letra lo que creí ser la voluntad del verdadero Dios.

Pensé este asunto por varias noches, en las que estuve sin dormir, hasta que en una de ellas levanté a mi familia para comunicarles mi decisión de abandonar la secta. Mi hermana, sorprendida después de escucharme, me dijo que ella había llegado a la misma conclusión pero que vacilaba en decírmelo. ¡Yo pienso que fue el Espíritu Santo quien nos llevó a la misma conclusión de maneras separadas!

Sobra decir que mi familia se puso muy contenta, especialmente mamá: por fin habría de nuevo unidad espiritual en casa.

Entonces decidí cortar con la organización. No era mi intención lastimar los más hondos sentimientos religiosos de mis antiguos compañeros.

Cierta ocasión en que llegaron a visitarme el anciano, un siervo ministerial (muy indigno en su vida privada, por cierto. Yo fui testigo de cómo él mismo declaró haberse emborrachado, y aun así no fue expulsado, siendo que las normas de la organización indicaban expulsarlo) y una persona a quien yo había instruido tiempo atrás, me interrogaron por la razón de mi ausencia en las reuniones por casi un mes.

Fue cuando declaré nuestro deseo de dejar la organización y volver a la Iglesia católica señalando las razones por las cuales había tomado tal decisión. Fue en verdad una respuesta inesperada para ellos, ya que ni una sola cosa replicaron para disuadirme ni para mostrarme que lo que yo había descubierto en mi estudio de la Biblia y de la historia era falso.

Así renunciamos, y sentimos una gran emoción al participar de nuevo, después de tantos años, en una celebración eucarística.

Ahora frecuento los sacramentos y me encuentro laborando en la pastoral litúrgica de mi parroquia, curiosamente aquella parroquia a la que tantas veces había ido cuando niño.

Hoy regresamos a la casa del Padre, a la casa de todos, que siempre tendrá los brazos abiertos a los hijos que, como yo, alguna vez estuvieron allí y se fueron.

Yo oro por los hermanos que se fueron alguna vez, para que regresen a la verdadera Iglesia.

Ahora amamos y adoramos a aquel que es imagen del Padre, de quien 1 Juan 5, 20 dice «Nosotros estamos en el verdadero, en su hijo Jesucristo; Éste es el Dios verdadero y la vida eterna».

Comparto esta experiencia porque sé que hay muchos Testigos, sobre todo jóvenes, que leen páginas de apologética que, aunque prohibidas por la Sociedad de los Testigos, abren diariamente los ojos de muchas personas que con corazón sincero buscan a Dios, al Dios que en muchos casos ha estado junto a ellos desde el Bautismo dado por la Iglesia católica, pero que, por alguna razón, lo ignoraron y lo fueron a buscar a otras casas. Pero, ¿cómo buscar a nuestro Padre en casa ajena, si nosotros hemos tenido la dicha de nacer en su Casa, la Iglesia, la casa de todos?

Atentamente.
Williams Lezcano,
Villahermosa, Tabasco.
( Fuente: http://apologetica.org/ )

EL OBSERVADOR 423-12

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¿Tienes el valor o «te vale»?
Por María Velázquez Dorantes

¿Tienes el valor o «te vale»? Es una frase realizada por una empresa de televisión abierta que expone ante el público la importancia de los valores morales, que parecen estar en peligro de extinción. Los medios de comunicación, como esta televisora, han encontrado dentro de esta frase -¿Tienes el valor o «te vale»?- la calidad que debe rescatarse dentro del ser humano.

Hablar de generosidad, de honradez, de familia, de un no a la discriminación suelen ser temas difíciles para estos tiempos en los que, lamentablemente, estamos sumergidos en un mundo material en donde las ideas, pensamientos, sentimientos y valores se comercializan como un producto X. Tener el valor para rescatarlos es tener la suficiente firmeza y convicción humana de que cada cosa que realizamos debe ser un beneficio para todos y para uno mismo.

Vivimos dentro de un mundo que corre a la velocidad de la luz, pero a ciegas; se nos ha olvidado la amabilidad por el anciano, la cortesía por una mujer embarazada, la sonrisa por un niño de la calle, la atención para el hambriento, el deber y la justicia por todos los que se están ahogando sin tener culpa de nada.

Es muy cierto que el valor es una fuente principal para sacar adelante los valores humanos; las características que pueden distinguir el mundo de la soberbia del de la generosidad, son aquellas que realmente «no nos valen».

Calidad humana, sentimientos y emociones son instrumentos que se ven abatidos por el devenir de un materialismo superfluo, una contaminación de ideales expuestos a la violencia mental, arribistas a la ayuda y deber moral que le pertenece a cada ser humano, quizás de una forma diferente pero que en el fondo de cada hombre se encuentran presentes.

Es bueno crear frases como ésta, es bueno que los medios de comunicación se preocupen por aquello que se ha convertido en víctima del propio ser humano; la realidad hoy en día de los valores es que somos los consumidores de ellos, pero no es un consumo de abundancia sino de decadencia.

¿ Tienes el valor de sonreír, de no mirar ajenamente a una persona por su color de piel, de no matar con una mirada al anciano sólo por sus arrugas, de despojarte de las actitudes de prepotencia ante quien menos tiene, o realmente «te vale»?

Todos estamos en la posibilidad de alzar la mirada al frente y marcar un «hasta aquí» al sofocamiento del derecho del extraño, al sofocamiento de los valores humanos, y de resaltar la importancia por el derecho, por el bien, por la ayuda, por la amabilidad, por el respeto, por la cortesía, por la solidaridad, por el esfuerzo de vivir en un mundo cada día mejor.

Que tener el valor realmente valga la pena. Porque todos tenemos el valor.

EL OBSERVADOR 423-13

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FIN

 
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